Necesito mejorar

Queridísimos amigos Deseducativos, de siempre y ocasionales:

Si algo no os voy a perdonar en la vida es que, a veinticuatro de junio, día de san Juan y de las hogueras, me hayáis puesto deberes. Yo esperaba pasarme un plácido verano de funcionario egoísta y profesor ocioso (si hemos de creer el diagnóstico del al parecer cándido -en el sentido volteriano del adjetivo- y bienintencionado Salvador Sostres), pero está claro que necesito mejorar y tendré que hacer mis tareas.

Mi artículo titulado Un “periódico” bastante penoso ha tenido una acogida similar a las de las malas tardes de Curro Romero, en otras palabras, a algunos solo les ha faltado lanzarme rollos de papel higiénico a la cocorota, si bien unos pocos se han mostrado de acuerdo con mi postura. Sea bienvenida la discrepancia, auténtico motor de la verdadera democracia y, en consecuencia, un poco de capa caída últimamente por España o, al menos, por algunos ámbitos de la vida española, por ejemplo, el educativo, donde cada vez es más mayoría y más silenciosa la mayoría silenciosa. Dichas estas bobadas, intentaré contrarreplicar.

Empezaré por decir que mi artículo tiene, en efecto, un tono agresivo que algunos me censuráis, pero conviene tener en cuenta que ese artículo es una réplica, por lo que, si alguien se molesta en leer el escrito de Sostres que lo motivaba (me temo que muchos no lo habéis hecho), plagado de comparaciones indecentes, insultos generalizados como el de llamarnos gandules a todos, perlas estalinianas de decapitador (como esta frase: “Queridos funcionarios, vuestra hora ha llegado. Y no inspiráis ninguna lástima”) y otras lindezas que omito por no aburriros, seguro que podrá entender que una persona perteneciente al colectivo que este individuo tan arbitrariamente arrastra por el lodo se sienta ofendida y reaccione. Resumiendo: creo que mi tono agresivo es comparable a la respuesta de alguien que da una bofetada a quien previamente le ha propinado una coz brutal, artera, y gratuita. Porque así de innoble y oportunista es el artículo de Sostres: publicada el 13 de mayo a favor de corriente de la decisión de bajarnos el sueldo (una agresión insólita perpetrada contra un colectivo de trabajadores) y de la bochornosa e injustificable ola contrafuncionarial de los sectores peor informados y peor intencionados de la población y de la opinión, esta puñalada demagógica halaga los más bajos instintos de esos sectores con un artículo plagado de mentiras, de interesadas omisiones (¿ignora este señor la sempiterna congelación salarial que hemos sufrido los funcionarios o se la calla por conveniencia? Yo tengo muy claro que es lo segundo.) y de cínicas apelaciones a conceptos como ternura o generosidad que hubieran dado vergüenza a alguien que la tuviera. En pocas palabras: cuando estábamos en la picota, el tierno y generoso señor Sostres, sin el menor escrúpulo, echó a la pira la brazada de leña que representa su artículo. Hace falta ser muy ingenuo o un poco masoquista para ser funcionario y aplaudir este discurso, por eso, aprovecho aquí para decirle a Limbania que no le estaba sugiriendo que leyera o dejara de leer este o aquel periódico, puedes leer lo que quieras, querido amigo, faltaría más, sino que simplemente le estaba diciendo que, si es funcionario, cuando lea “El mundo”, piense en la patada en el trasero que le propinó el 13 de mayo el señor Sostres y, al menos, en esta otra que encontrará en mi antiguo blog, de la que lo más interesante aparece en un enlace que me temo que ya no conduzca a ningún sitio. También aprovecho para comentarle a Jose, con respecto a su puntualización acerca del absentismo de un 20% entre los funcionarios, que estoy de acuerdo con él en que eso es inadmisible, pero le aclararé que, aunque en mi artículo generalizaba -porque respondía a uno que también generalizaba-, llegados al momento de una argumentación más sosegada, yo defiendo solo a los funcionarios honestos, que somos la mayoría, y que esa mayoría estaría muy de acuerdo en que se despachase a los vagos y sinvergüenzas que ensucian nuestra imagen, pero esa decisión no depende de nosotros y si no se toma obedece a razones por las que se debería preguntar a otros. No obstante, supongo que usted y yo estaremos de acuerdo en una cosa: en que en el sector privado también hay vagos, ineptos y sinvergüenzas, en un porcentaje que no creo que se diferencie del que hay en el público, conviene no ser ingenuos o maniqueos, yo también podría contarle ejemplos análogos a los del hospital de su pueblo, pero a lo mejor le resultarían más convincentes los lamentos de los empresarios en torno a este asunto que a veces trascienden a la prensa.

Otra objeción que se me hacía era la de que yo atacaba a El Mundo, cosa que es cierta, como también es cierto que hice algo que no debí hacer: extrapolar mi réplica a la columna de Sostres hacia una crítica al director del diario y a su línea informativa. No debí haberme salido del asunto que trataba, lo reconozco, lo cual no representa que retire mis críticas a la política informativa del diario (la general y de los grandes temas, porque, parcialmente, este medio ha tenido aciertos que aplaudo, como todos), pero allá cada cual con sus opiniones. Con lo que no estoy de acuerdo es con que este periódico nos apoye, o, al menos, con que lo haga de forma coherente y desinteresada. Mi amigo Nacho Camino, con quien supongo que un día u otro me tomaré unas copas, me adjunta unos cuantos enlaces que conducen a artículos en los cuales El Mundo critica cómo los males de la enseñanza que todos conocemos, señalamos y padecemos son perpetrados por… el gobierno andaluz. No tengo nada que objetar (y lo sabes) a las críticas al deterioro de la enseñanza, al maquillaje de las cifras, a la presión sobre el aprobado, a la falta de concreción en nuestros derechos y obligaciones, al despotismo que se está instalando en los centros…, pero sucede que esas cosas, aquí en Madrid, las está haciendo el gobierno de Esperanza Aguirre, con cuya política educativa El Mundo es muy complaciente, pero no debemos preocuparnos, porque sus desmanes los denuncia… ¡Justamente, Nacho: El País!, periódico para el que, como tú y yo sabemos muy bien, la LOGSE y la política educativa andaluza son el colmo de lo superfantástico en la docencia: de esto estamos todos al cabo de la calle (o deberíamos): ni a uno ni a otro medio les interesa lo más mínimo la enseñanza, sino su política y la de los partidos a los que en general defienden. Políticos, prensa y hasta sindicatos han estado siempre bastante en contra de los funcionarios; últimamente, yo he criticado en mi blog a todos sin importarme etiquetas. Pero te digo que, si alguna persona ha sido especialmente agresiva contra nosotros, esa ha sido Esperanza Aguirre, de cuyas políticas El Mundo es un conspicuo valedor (tengo algunos artículos en mi blog difunto).

Y esto nos hace volver al artículo de Sostres, que entre sus inocentes y espontáneas ocurrencias deja caer esta: “Que el colegio público deje paso a la escuela concertada y no hace falta que los maestros sean funcionarios. Una medida entre tantas”. ¡Qué casualidad, justo y coincidente con las políticas de Aguirre, quien ya tiene conseguido que, en Madrid capital, la enseñanza concertada alcance el 70%! A costa, naturalmente, de asfixiar a la pública. ¡Con qué facilidad lo formula Sostres, como si fuese una carta a los Reyes Magos! Menos mal que no dependemos de los caprichos de este personaje, que demuestra una aversión tan visceral, gratuita e irracional hacia los funcionarios, pero sin duda es un eficaz y pernicioso propagandista del celo contra lo público de la presidenta madrileña. Algunos me censuráis que le dé importancia y notoriedad con mi respuesta; craso error: no creo que las respuestas de Deseducativos den más notoriedad que las columnas de  El Mundo, desde donde Sostres nos ha hecho mucho daño azuzando la fobia antifuncionarial. Además, tampoco está de más que de vez en cuando los sumisos funcionarios devolvamos algún golpe, pienso. Otros me decís que, cuando me cebo en él, estoy cayendo en una argumentación ad hóminem injustificable, pero yo pienso que no lo es en este caso por dos razones. Primera: no he criticado personalmente a Sostres, sino el mal estilo, la mentira y la saña injustificada que él de modo personal -que es distinto- imprime en su artículo. Segunda: sí que sería en este caso justificable y coherente como argumento una crítica personal de Sostres, porque, ¿quién es este señor? ¿Os habéis parado a hacer alguna averiguación? Yo, sí, y veréis lo que sale. Salvador Sostres colaboró en programas televisivos como el titulado Arucitys, un engendro de auténtica telebasura, donde participan excelsos personajes como Alfonso Arús o un tal Dani el Sucio. Quien quiera ver un edificante acto cultural, que contemple la presentación que en ese programa se hace de un libro de Risto Mejide. Se pudo ver también a Sostres enCrónicas marcianas, donde al parecer no tenía empacho en disfrazarse de las cosas más extravagantes. También aparece por ahí peleándose con un tal Yoyas al más puro estilo histrión o protagonizando actos tan ejemplares como solicitar pasta para su blog, así, a lo crudo. Tuvo una columna en el diario Avui, en el que se cansaron de él y le echaron, a pesar de que se manejó en unos términos de catalanismo tan repulsivos como los que utiliza en su famoso artículo Hablar español es de pobres, juzgue cada cual el calificativo que le merece y piense que no es ni mucho menos el único en el que esta gran pluma expresa las mismas ideas y el mismo talante. En fin, no quiero aburriros: en Internet hay un verdadero caudal de información acerca de la bufonadas y provocaciones de este sujeto, un producto típico del actual ruedo ibérico que cada vez se parece más al guiñol absurdo que tan bien retrató Valle-Inclán, así estamos cien años después. A lo que voy: no es en absoluto un ataque ad hóminem, sino coherente y muy significativo, señalar la clase de persona que escribió el artículo titulado “Queridos funcionarios”, pura porquería calumniosa -me ratifico- que no sirve precisamente para añadir gloria a la imagen de El Mundo. Es necesario que se sepa que esos planteamientos proceden de alguien capaz de hacer lo que he contado y de vomitar hoy un carretón de basura sobre los funcionarios y de hacer lo mismo ayer sobre la lengua española y quienes la hablan. Y todo con la misma insolvencia intelectual, la insolvencia de quienes en el fondo no creen en nada más que en su propio medro, que persiguen con un afán grosero y carente de principios y límites. No creo que los funcionarios ni ninguna persona decente tengamos que soportar los ataques sometidos al cálculo y el interés de personajillos de esta calaña, la cual es lícito desenmascarar para limpiar la porquería que ha querido echarnos encima. Perdonadme si me he extendido más de lo que suelo, sabéis que me gusta ser breve.

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas

Autor:Pablo López Gómez

Hola amigos. Me llamo Pablo López y abro este blog porque me parece extraordinario estar integrado en un sitio como TEXTOS DESEDUCATIVOS, al que está conectado y que sirve de pantalla y plataforma para quienes pertenecemos al mundo de la educación y no nos levantamos todas las mañanas repitiendo tres veces: "Si Álvaro Marchesi no existiera, habría que inventarlo". Puede que algunos me conozcáis ya, porque soy el único responsable ante Dios y ante la Historia de ese blog que se llama La garita del guachimán.

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13 comentarios en “Necesito mejorar”

  1. Xoia
    25 junio 2010 a 12:50 #

    Pablo, lo de El Mundo no tiene nombre desde hace mucho tiempo. Como tampoco lo tienen algunos diarios de Internet que se ceban con el funcionariado de mala manera. Creo recordar ahora uno que se llama Libertad Digital o algo así que tiene unas perlas… (no me hagáis mucho caso, hablo de memoria, puede que el nombre del diario digital sea otro).

    Y tampoco es admisible el rollo superprogre de El País.

    Bueno, y mejor no hablamos de diarios locales y regionales, que hay también cada basura…

    En realidad la prensa sigue la voz de su amo, y poco más. Y lo mismo podemos decir de la televisión. Cada vez se nota de modo más descarado el color político y la mano que da de comer a cada medio de INCOMUNICACIÓN.

    Todo mi apoyo, personalmente opino que te has defendido y estabas en tu derecho. Sigo sin entender que los funcionarios traguemos carros y carretas, y los profesores más, pues nos critican doblemente, por ser funcionarios y por ser profesores. Creo que ya está bien de aguantar y de mantener la calma frente a ciertos individuos. ¿Por qué ese señor puede ponernos a la altura del betún impunemente y no podemos ni tan siquiera defendernos? ¿Es que tenemos “complejo de funcionario”? ¿Es que empezamos a interiorizar las críticas y a asumirlas como legítimas? ¿Es que debemos entonar el “mea culpa” continuo por el simple pecado de ser funcionarios? ¿Es que hemos asumido que nos merecemos la degradación a la que nos están sometiendo? ¿Acaso en nuestros trabajos son todo ventajas, acaso no tenemos inconvenientes?

    A veces pienso que toda la gente que tanto nos critica en el fondo se autorretrata y exterioriza lo que ellos harían si fuesen funcionarios. Cuantísimas veces oímos cosas por ahí del tipo: “voy a ver si me hago funcionario para rascarme los huevos toda la vida”. Claro, que esa gente no suele conseguir llegar a funcionario porque para eso hay que estudiar y ese tipo de gente es demasiado vaga para eso.

    Y por cierto, es verdad que los funcionarios vivimos de los impuestos de los españoles, eso no lo niega nadie. Pero lo que también es verdad es que la economía nos relaciona a todos y el sector privado también se beneficia de los impuestos, y mucho (anda que no hay subvenciones por ahí…) Y no menos cierto es que la situación económica de los funcionarios revierte en el sector público. ¿O acaso los funcionarios no consumimos? Así que yo no tengo tan claro eso de que “los españoles me pagan el sueldo”. En el momento en el que voy a un restaurante a cenar, yo también le pago el sueldo al camarero, y eso no me da derecho a tratarlo como a un trapo. En el momento en que me compro una casa, le pago el sueldo al banquero que me da la hipoteca, al arquitecto, al aparejador, a los albañiles… Sí, les pago el sueldo, exactamente igual que ellos me pagan el sueldo de funcionaria. Es así de simple, la economía nos relaciona a todos: todos pagamos el sueldo de todos.

    Y por cierto, ya que mi sueldo revierte en el de los demás, yo ya he decidido hace tiempo que esta menda no compra ni un solo periódico. Así de simple. Quieren libertad de mercado absoluta, por mí estupendo, yo ejerzo esa libertad y me niego a comprar la basura que me venden. Si a nivel de institutos, colegios, hospitales y centros con empleados públicos en general hiciésemos lo mismo y los centros dejasen de comprar periódicos, tal vez se lo pensarían más en el momento de criticarnos tan alegremente.

    • 27 junio 2010 a 23:21 #

      Xoia, una de las razones que más poderosamente me impulsaron a escribir el anterior artículo y este fue eso que mencionas del “complejo de funcionario”. Tanto callarnos no es bueno, porque sirve para que los gañanes como Sostres se crezcan y, lo que es peor, para que algunos lleguen a pensar que les damos la razón, que nos merecemos los palos y que nos callamos por mala conciencia. Mal que nos pese, a veces hay que ensuciarse y descender a la arena a responder, o acabas convirtiéndote en el payaso de las bofetadas. El no hacer aprecio corre el riesgo de convertirse en la táctica del avestruz. Los tiempos bajan muy revueltos y la leche de algunos está cada vez más agria: como no nos acostumbremos a defendernos, puede llegar un día en que lo lamentemos profundamente.

  2. Jose
    25 junio 2010 a 13:38 #

    Que sí, que basicamente tienes razón, con matizes que podríamos limar amigablemente.
    El tema de “los funcionarios” va por otra parte.Por ej. hoy hemos sabido que de los 160
    “funcionarios” de Cazalilla solo 6 lo han sido por oposición.
    Te ahorro el comentario de los que me parece.
    Hace más de 10 años que no compro un periodico.
    Pero leo deseducativos ( entre otras cosas variopintas)

  3. Francisco Javier
    25 junio 2010 a 16:12 #

    Pablo,

    llevas toda la razón del mundo. El artículo en cuestión no expresa otras cosa que resentimiento e irresponsabilidad; la rabia de un energúmeno.
    Considero que merecería una respuesta abierta, por lo que no estaría mal que enviases una carta al diario EL MUNDO. De este modo comprobaríamos la supuesta dignidad y la liberalidad, que algunos de los que aquí han escrito le adscriben. Por lo demás, considero que todos los periódicos dejan muchísimo que desear (sí, “bastante penosos”), lo que no quiere decir que alguna que otra vez se publiquen buenos artículos y que haya estupendos periodistas y profesionales.

    Un saludo.

  4. Mari
    25 junio 2010 a 16:40 #

    Gente trabajadora y gente vaga la hay en todas partes. Yo tampoco me gasto ni un euro en periódicos. Hago mi trabajo lo mejor que puedo, estoy en mi puesto de trabajo el tiempo que tengo que estar y currando, sobre todo por respeto a los que no pueden moverse de suyo y tienen que currar hasta su hora, y por respeto a los que no tienen trabajo y ya les gustaría tenerlo. Y ni me inmuto cuando alguien habla mal de los funcionarios, no me doy por aludida, porque no me veo descrita. Vamos que empiezo a leer, cosas como las que apuntas, y me aburro. Y no, no he leído el artículo.

    ¿Qué hay funcionarios que se pasan? Seguro. ¿Qué en el resto de países europeos los funcionarios se toman sus trabajos mucho más en serio que nosotros? Puede, eso dicen algunos ¿Qué piensan que los españoles somos unos pícaros? También puede, al menos, de eso tenemos fama. ¿Qué muchos de los que critican a los funcionarios se escabullen en sus trabajos cada vez que pueden y dejan de pagar el IVA? Esto es mezclar churras con merinas, pero es que un amigo mío funcionario lo afirmaba el otro día.
    – Puede – le contesté, y le pregunté – ¿Es que los funcionarios no dejan de pagar el IVA cada vez que pueden?
    – Pues mira, también algunos lo hacen, yo no lo hago, y entre otras cosas, por dignidad – me contestó.

    Después me contó una pequeña historia de un conocido suyo, administrativo en una empresa de materiales de construcción, casado y con cinco hijos. Este señor al parecer tuvo malas experiencias con algún que otro funcionario y por ello siempre echó peste de ellos, generalizando. Por ello, aprovechaba cualquier momento para lanzarles dardos verbales envenenados. Hoy, de sus cinco hijos, tres son funcionarios… Y está muy orgulloso de ello.

    Y es que no se puede generalizar, ni hablar muy alto, que las cosas no son tan blancas ni tan negras como a veces nos parecen, que son más bien grisáceas. Bueno, digo yo. Y ahora me acusarán sabe dios de qué…

  5. José Mari
    25 junio 2010 a 19:51 #

    Os animo a ti y a Nacho a que nos pongais aquí los enlaces de la Junta de Andalucía. Me gustaría leerlos.

  6. 25 junio 2010 a 23:15 #

    He estado viendo vídeos del Sostres ese en Youtube y la verdad es que parece un poco cafre. Se merecía el tirón de orejas. Concretamente he visto dos. En uno aparecía con una euforia que otros peor pensados que yo atribuirían a la cocaína, dándole la razón a Anglada (el nazi de Vic) y afirmando sin rubor que la presunción de inocencia no puede aplicarse a los musulmanes, y que son ellos los que deben demostrar que no son terroristas.. Como se ve , a los funcionarios todavía nos ha tratado con dulzura. En el otro vídeo aparece discutiendo acaloradamente con el Yoyas. Lo bueno es que el Yoyas tiene razón.

  7. 26 junio 2010 a 7:13 #

    Hace mucho tiempo que deje de comprar ningún periódico, todos , y lo digo con pena son basura y marcados ideologicamente.

  8. 26 junio 2010 a 9:20 #

    Estimados compañeros, permitidme unas palabras al respecto. No he tenido nunca dudas acerca de la conveniencia de defenderse de las invectivas de que los profesores sois objeto en cuanto que funcionarios y demás. De la conveniencia de contraatacar. El medio que utiliza Sostres para placear su corrosiva bilis es un periódico de gran tirada, lo cual hace más grave y peligrosa la ofensa difamatoria; y más necesaria la réplica. No es hora de callar o de seguir callado. Creo, eso sí, que los estados deben articular medios para combatir sistemáticamente la vagancia de aquellos que sirven a la cosa pública, sean profesores o no. Así pues, doy mi apoyo a Pablo en este particular. Callar y hacer la vista gorda ante el que se dedica a estorbar, malear y degradar algo es práctica extendida en nuestra permisiva escuela y, más en general, en nuestra sociedad. Creemos a menudo, erróneamente, que el hecho de no prestar atención al malhechor, al sandio o al difamador de pocas luces será recibido por éstos como un acto de desprecio, y que ello será suficiente castigo. Nada más lejos de la realidad, pues el desprecio que recibe el sandio no es general, ni mucho menos. Si el que podría amonestar con buen criterio, calla por desprecio, resulta que el difamador sandio solo recibirá apoyo de los pocos o muchos que lo secunden en sus ideas. Por eso los matones, chulos y revienta-clases (entre otros) se hacen pronto dueños del cotarro. En psicología se extendió la pamema de que al niño que está haciendo algo malo no se le debe prestar atención; pues esa forma de desprecio sería suficiente para que enmendase su conducta. Nada más lejos de la realidad. Imaginen ustedes con qué regocijo recibirían los maleantes y ladrones de una sociedad la noticia de que, en adelante, nadie les prestará atención. Pues lo mismo ocurre con todo el que hace algo mal, ya hablemos de periodistas como Sostres o alumnos revienta-clases: hacer caso omiso de sus palabras o actos no los arredra o desanima en absoluto. Al revés, se crecen al no ver oposición. Además de que, como digo, de no todo el mundo reciben despreciativo ninguneo.

    Por lo demás, deseo decir que, en mi opinión, no es conveniente para nuestros propósitos (sanear la educación y la enseñanza de este país) traer a la mesa asuntos un tanto ajenos a los aquí tratados. Porque no debe interesarnos otra cosa que hacernos fuertes en todos aquellos puntos que tenemos indubitablemente en común. El Mundo, en mi opinión, tiene mucho de qué penar, pero como el resto de periódicos. Lo bueno (o lo malo) es que podemos hablar de infinidad de cosas relativas a la educación y la enseñanza sobre las que reinará el acuerdo general; y también de otras sobre las que, inevitablemente, habrá discusión. Sin salirnos del ámbito de la educación y la enseñanza (las separo), ya tenemos mucho de qué hablar.

    Hoy, cuando groseramente se confunde igualitarismo con democracia, decir que algo se ha “politizado” es decir, por desgracia, que se ha corrompido; que se ha corrompido en el juego mercantil de intereses particulares y espurios. No debería ser así. Una sociedad en que las palabras “política” y “corrupción” se han hecho sinónimas, tiene muchos motivos para alarmarse y reflexionar. Nosotros no podemos menos que hablar de política, por más que no lo deseemos. Pero con la intención de despolitizar la enseñanza y la educación: sanearlas. Debemos dejarnos guiar por lo que nos dicte la razón y el sentido común, nada más. Lo que hoy podemos decir de todos los partidos políticos fuertes y de sus respectivos voceros públicos (periódicos, canales de radio y televisión, sindicatos, etc.) es que están “politizados”: corruptos. ¿Unos más que otros? Da igual, el menos corrupto expele hedentina.

    Un saludo.

    • 26 junio 2010 a 11:44 #

      Raus, una vez más estoy de acuerdo contigo. La dejadez frente al estulto o al tóxico lo único que ha traído es el Imperio de los sinvergüenzas. El tipejo ese del articulillo miserable debería ser contestado con una denuncia por difamación.
      Gracias por preocuparte tanto, Pablo. Es un lujo compartir espacio en este blog contigo.

  9. 27 junio 2010 a 10:19 #

    Eso es, el Imperio de los sinvergüenzas, y también el de los tontos. No en vano, vivimos en una “idiocracia”. Las relaciones entre idiotez y sinvergonzonería son muy muy estrechas, Antonio. El idiota se conduce atendiendo a razones personales, particulares; es decir, a su opinión y prejuicios, ya que es incapaz de rozar siquiera la razón universal. Por eso a los tontos se les llama “espabilalistos”. Van a la suya, egoístamente. Como hace el sinvergüenza puro (aunque éste no sea necesariamente idiota). De ahí que, muchas veces, no sepamos si estamos tratando con un tonto o con un sinvergüenza.

    ¿Por qué hoy abundan tanto? Hay varias razones de peso. Todos, incluido yo, nos hemos dejado guiar por ellas en más de una ocasión:
    1) se deja libre al intoxicador por miedo a ser considerado un enemigo de la libertad de expresión.
    2) Otra razón es el temor a que la discusión con el sandio le dé una publicidad indeseable.
    3) Y otra, por fin, es la aprensión que cualquier persona sensata siente de “rebajarse” a discutir con el prevaricador o sujeto de baja estofa.

    Por desgracia, todas estas razones, y otras quizá, dejan expedito el camino a todo aquel que desee decir lo que le dé la gana sin necesidad de probar y justificar nada. Vía libre para los más zoquetes y libertinos. Empero, una sociedad civilizada y realmente democrática debe saber reconvenir a los sinvergüenzas e idiotas a tiempo, sopena de soportar la degradación de la convivencia ciudadana, la cultura y la razón.

    Un abrazo.

  10. 10 agosto 2010 a 14:55 #

    Os invito a leer la opinión que he dejado en este post que acabo de publicar en mi blog, sobre el tema del “servicio público”:

    http://observadorsubjetivo.blogspot.com/2010/08/bien-comun-bien-de-nengun.html

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