Enseñanza y liberalismo

Evidentemente este artículo se escribe con la pretensión de contrastar mi visión de la enseñanza y su papel social con la que expresaba nuestro compañero Nacho Camino días atrás. No se trata de darle respuesta minuciosa, argumento por argumento, sino de exponer una visión diferente desde un punto de partida similar.

No sólo por miedo a perder “privilegios” profesionales se puede uno oponer a una enseñanza organizada desde parámetros liberales, sino también por convicción política y filosófica.

Dejaré de lado aspectos importantes, pero que alargarían en exceso un artículo ya excesivamente extenso, aun a costa de dar una visión excesivamente parcial de un asunto tan complejo. No entraré con detalle en la consideración funcionarial del profesor, a mi juicio básica para evitar intromisiones ideológicas unidireccionales, ni en el cariz confesional de la mayor parte de la patronal privada que pondría en cuestión el pluralismo en caso de producirse una privatización aún más masiva del servicio público de la enseñanza.

Arrancaré desde la perspectiva liberal que, al menos en su vertiente clásica, busca asignar funciones entre los dos actores en que se divide la nación: el Estado y la Sociedad Civil.

El Estado sirve para poner los medios que permitan articularse a la segunda y asegurar la autonomía del individuo. En todos los casos, incluidos los credos neoliberales al estilo de Hayek, incluyen como papel del Estado la defensa de la libertad individual.

La posición del individuo en una sociedad, su status, depende inicialmente de las condiciones en que se produce su nacimiento, lo que determina la clase social a la que pertenece. El papel del Estado es, pues, decisivo para establecer las condiciones que permitan la promoción social –o en su caso el descenso- de los individuos en función de sus méritos. Por eso un buen grupo de pensadores liberales ha considerado que es una de las funciones del Estado garantizar la igualdad de oportunidades. Sea uno o no liberal, parece de justicia que en una sociedad moderna sea éste un principio básico, dejados atrás los privilegios por nacimiento de las sociedades del Antiguo Régimen.

No cabe duda de que la Enseñanza es el elemento clave para que dicha igualdad se produzca de mejor o peor manera. Por eso desde todas las ideologías se mantiene la necesidad de una enseñanza pública y accesible para todos. La concreción de este desiderátum admite, por el contrario, controversias varias.

Gozan de predicamento entre las derechas políticas –conservadoras, liberales, neocon o neoliberales- dos soluciones: la privatización del servicio, desde el presupuesto de que la puesta en práctica de este servicio público debe estar exclusivamente en manos de la sociedad civil, y el cheque escolar, que parece dejar en manos del “consumidor” y de su libre concurrencia en el mercado la elección de la enseñanza que desea recibir.

Ambas opciones son, desde mi punto de vista, malas, en el sentido de que arrastran consecuencias negativas de cara al presupuesto principal: la igualdad de oportunidades. Y además, también desde mi punto de vista, parten de una visión de la enseñanza excesivamente restrictiva, ya que reducen el servicio a “producto mercantil”.

En el fondo, ambas opciones hacen trampa, ya que el resultado no es la libre elección de centro por parte del “cliente”, sino antes al contrario, la libre elección de “clientes” por parte de las empresas prestatarias del servicio.

No olvidemos que el objetivo de cualquier empresa es ganar dinero. Cuando el montante asignado en el cheque escolar es una cantidad fija, sólo hay dos caminos para optimizar los beneficios: aumentar el número de “clientes” y disminuir los gastos. Evidentemente, los alumnos con problemáticas especiales, sean sociales –familias desestructuradas, marginalidad, subculturas- o físicas –deficiencias cognitivas, dificultades motoras, privaciones sensoriales- suponen un suplemento de coste, por lo que es una clientela indeseada, a evitar, puesto que perjudica el objetivo de la empresa.

Por otra parte cobra una especial relevancia la fama de la empresa, imprescindible para tener una demanda que permita evitar a la clientela indeseada. Y para obtener esa fama, no nos engañemos, se desarrolla una propaganda que no necesariamente tiene que ver con la enseñanza impartida. De hecho, y es perfectamente visible en las universidades privadas españolas, se compite por hacer atractivo el paquete: ordenadores, idiomas, tutorización, grupos controlados… La oferta secundaria gana importancia, produciéndose un efecto indeseado: la primacía del envoltorio sobre el contenido del paquete.

Precisamente la inflación de universidades –sobre todo públicas- ha llevado a un incremento de la acción propagandística que incluye la consideración a todos los efectos del estudiante como un “cliente” y la puesta en marcha, en aras de la competencia, de “planes de calidad” como esos que con justicia en Andalucía llaman “planes de soborno”. Ya están en vigor en muchas universidades y se controla al profesor para que su “excesiva exigencia” no desanime a los “clientes”.

En el caso de la universidad, la competencia no sólo no está elevando la calidad real, sino que, de una manera parecida a lo que ocurrió con la aparición de las televisiones privadas, está empujándola a la baja.

Y todo esto ocurre por el reduccionismo antes señalado de considerar la enseñanza como un mero producto de mercado, sometido a las leyes de oferta y demanda. Es algo más importante para el conjunto de la sociedad civil, lo que justifica una intervención del Estado para regularla adecuadamente, evitar la segregación económica camuflada en “libre elección” y garantizar la efectiva realización de la igualdad de oportunidades.

Es lo único que hace factible que las mejores inteligencias avancen en el proceso de conocimiento lo más posible, obteniéndose de ello un beneficio colectivo que se sigue de la inversión colectiva en enseñanza.

Desde luego hablamos de un “servicio público”, pero no es lo mismo hablar de enseñanza que de envíos postales o de transporte ferroviario, que también lo son. La naturaleza de este servicio es infinitamente más compleja y, a la larga, más decisiva socialmente ya que de su correcto desempeño depende, en última instancia, que los trenes funcionen o que el correo se distribuya adecuadamente.

Si además somos conscientes de que de una buena enseñanza depende la posibilidad de elegir con criterio, y a eso le llamamos libertad, estaremos de acuerdo todos en que tanto la autonomía personal como la democracia real dependen también de una buena prestación de este servicio. Por eso el papel del Estado es decisivo, y una buena enseñanza pública la única posibilidad de garantizarlo. Y además es una herramienta fundamental para la articulación de la Sociedad Civil, como supieron ver con nitidez los Ilustrados, conscientes de que una sociedad democrática es inviable sin un cuerpo social formado, culto, capaz de elegir, inmune en lo posible a la demagogia, a la superstición, a las creencias absurdas. Voltaire escribió:

“Quien puede convencernos de tonterías puede hacernos cometer atrocidades”.

La Historia está llena de ejemplos…

Estamos de acuerdo en que el sistema actual no funciona. Las causas se han analizado reiteradamente en estas páginas: un sistema delirante, un igualitarismo equivocado que dificulta el avance de los mejores sin ayudar a los que presentan carencias –antes bien , por lo general desincentivándolos con una “pedagogía compasiva” dañina- y una actuación de algunas administraciones que se parece a la de los brokers que se adueñan de una empresa con la intención de destruirla y liquidarla entre su clientela política, derivando los fondos públicos a bolsillos privados por decreto y sin vergüenza alguna. Se les llama conciertos.

La sobrevaloración de procedimientos y competencias en detrimento de los contenidos es el más nítido ejemplo de esos “paquetes vacíos” bien envueltos y con lazo que nos vende la pedagogía oficial esperando que nadie ose abrirlos, no sea que se constate su absoluta nada.

El Estado debe recuperar su función en este terreno, pero que ello ocurra es extremadamente difícil dadas las posiciones en que se encastillan los partidos políticos. Y siempre el beneficio es para algunos mientras que la mayoría sale perjudicada, incluso sin darse cuenta.

Deberíamos conseguir que la atención se centre de una vez en lo que hay dentro del paquete.

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Categorías: Diagnósticos

Autor:borjacontreras

Profesor de filosofía

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15 comentarios en “Enseñanza y liberalismo”

  1. Ana Belén
    16 noviembre 2011 a 12:59 #

    Ojalá lo consigamos, pero es difícil por todo lo que ya sabemos: no les interesa abrir el paquete, saben de sobra que no hay nada en él, pero eso les da lo mismo. Como muy bien dice el autor “de una buena enseñanza depende la posibilidad de elegir con criterio, y a eso le llamamos libertad…” y de ahí surge la verdadera democracia, que es inviable sin un cuerpo de ciudadanos formado y capaz de elegir. La Ilustración, ¡qué maravillosos pensamientos!. Pensamientos que hoy en día, al menos en este país, no interesan a quienes tienen la sartén por el mango y, lo que es peor, que cuentan con un gran apoyo popular que les permite cargarse el país robando la auténtica libertad de los ciudadanos de una forma velada. Y encima hay que oir sus mentiras ocultas entre la demagogia de la que unos y otros hacen gala en campaña. ¿Les habéis oído defender la enseñanza pública como única garantía de la igualdad de oportunidades? A mí se me llevan los demonios. Un saludo y enhorabuena al autor del artículo.

  2. Francisco Javier
    16 noviembre 2011 a 15:36 #

    La idea de “libre consumidor”, tan apreciada por los liberales, presupone una libertad que a mi juicio no existe o como poco es problemática. La educación semeja un campo de batalla ideológico en el que lo que prima es la lucha por la autoconservación y la defensa de privilegios de clase. La libertad radica justamente en sacar a la luz lo que esconden todos esos paquetes para que brille el vacío que albergan.

    Un buen artículo, Borja.

    • Borja Contreras
      16 noviembre 2011 a 23:08 #

      Ana Belén y Francisco Javier, gracias por vuestros comentarios. La idea ilustrada sobre la educación es la que hoy se sustituye por otra centrada en los mercados, que considera como centro de la existencia humana su carácter económico y busca exclusivamente –y con notable éxito- la formación de consumidores y productores.
      Es notable que no haya habido en nuestras sociedades democráticas un debate sobre la transformación del sistema, que se ha producido incluso con supuestos ideológicos –demagógicos- de signo contrario.

  3. 16 noviembre 2011 a 17:28 #

    “Es algo más importante para el conjunto de la sociedad civil, lo que justifica una intervención del Estado para regularla adecuadamente, evitar la segregación económica camuflada en “libre elección” y garantizar la efectiva realización de la igualdad de oportunidades.”

    “de una buena enseñanza depende la posibilidad de elegir con criterio, y a eso le llamamos libertad…”

    Me centraré en estas dos ideas extraídas del texto, una por mí y la otra por Ana Belén, pra expresar mis discrepancias. Empiezo por la segunda. Son, las citadas, palabras nobles, elevadas, irreprochables, es cierto, pero no estoy tan convencido de compartir el corolario al que conducen: que solo la educación pública es capaz de ofrecer esa buena enseñanza. De hecho, la realidad es justamente la contraria: la enseñanza pública, por arte maléfica de los partidos gobernantes, está perdiendo a pasos agigantados el prestigio que hasta no hace muchos años (antes de la LOGSE) tenía. La situación actual, mutatis mutandis, me recuerda la creación de la Institución Libre de Enseñanza -repito, por si no se ha prestado atención: Institución Libre de Enseñanza-, fundada por quienes se oponían a los criterios políticos marcados para la escuela pública, es decir, se trató de una rebelión contra el inmovilismo estatal de entonces. Pero es que en estos días de tanta politización del sistema educativo,sucede exactamente lo mismo: quien quiere una excelente enseñanza ha de ir a buscarla lejos del encorsetamiento oficial, que lo pudre todo. Ahora bien, si las palabras de esa cita expresan un deseo, entonces me sumo a él de mil amores, pero para ello hemos de repensar la labor del estado y ver de qué manera la otra “santa” aspiración, enunciada en la primera cita, se lleva a cabo.

    Me llama la atención el planteamiento: como la educación es algo muy importante para la sociedad el estado se ha de arrogar el derecho de “regularla adecuadamente”, de modo que garantice “efectivamente” la igualdad de oportunidades. Hay en este planteamiento un componente religioso que me produce escalofríos. Probablemente el autor está alejado de esa posición religiosa -pero no olvidemos que, literalmente, religión quiere decir re-ligar, es decir, atar corto y estrecho- pero la “fe” inequivoca que manifiesta en las bondades del estado le debería llevar a una reflexión sobre su pegajoso espiritu adhesivo, a juzgar por las conclusiones que de la acción del estado saca. Confieso que cada vez que he leído estado en este artículo me ha sonado como a “mercado”, o mejor dicho, “los mercados”, esto es, una instancia cuya capacidad de error es nula e infinita su capacidad de acierto, lo que es una simpleza total.
    Señalaba antes que si el estado fuera el encargado de promover el bien social que se deriva de la enseñanza pública, ¿quiénes mejor, entonces, que los socialistas, para hacerlo realidad (efectivo)? Sucede, si contemplamos sin anteojeras la realidad, que ha sucedido exactamente lo contrario: los socialistas han hundido en el descrédito la escuela pública; es decir, que hablar del estado como un ente capaz de “regular adecuadamente” la educación no sólo me parece excesivo, sino casi casi un pecado de lesa ingenuidad. Quiero recordar, a modo de argumento contundente, que es el sistema educativo público el que ha creado centros-gueto para almacenar en ellos a “los otros”, que no tienen nada de fantasmas, por cierto, sino de realidades marginadas, de manera que, fomentando los conciertos, “los nuestros” se vean libres de los infinitos problemas que se dan en esos centros. Esa es, al menos, la base de la acción educativa del estado en Cataluña, donde la imposición política estatal -recuerdo, para incrédulos, que el toparca de Cataluña es el máximo representante del estado en Cataluña- de la imposición de un sistema monolingüe supone, a mi juicio, un “secuestro” de lo público en aras de una opción política entre las muchas que actúan dentro de la sociedad. Concluyo, señorías… La idea de que el estado pueda devenir ese ente regulador que establezca la verdadera, y efectiva, igualdad de oportunidades me parece, sencillamente, un desatino. A la realidad me remito.
    De hecho, el autor concluye su visión del asunto con una vaguedad sólo propia de quien ha sido más animado por la fe de los buenos sentimientos que por la claridad del análisis riguroso. Dicho sea con toda la cordialidad del mundo, porque, al menos yo, trabajo en la pública y no me mueve más interés que conseguir que mis alumnos dispongan del mayor caudal de saberes que les permita escribir, como quería Fritz Perls, el guión de su propia vida.

    • Francisco Javier
      16 noviembre 2011 a 19:36 #

      Tal vez lo que sucede es que no tengamos un Estado sino, más bien, un Estaducho de un Paisucho denominado España, que se compone de una multiplicidad de “Comunidades Autónomas” aspirantes todas a ser paisitos.

      La cuestión es qué hacer con “los otros” y el problema de la Izquierda es que en su demagogia infinita no ha sabido, o no ha podido, o no le ha dado la gana de reconocer que su “pedagogía compasiva” ha sido y es un verdadero desastre. Desde el momento en que se impulsó el sistema dual público (con la LOGSE como religión), la educación entró en el abismo. ¿Qué hubiese sucedido sin los “conciertos”? La capas sociales más desfavorecidas son las que por razones obvias menos resistencia pueden mostrar, ya que lo que tienden a hacer es reproducir lo que son y les es -por lo general- bastante indiferente la calidad de los centros en los que sus hijos son educados. No sucede igual entre las clases más “formadas” y pudientes, por lo que para taparles la boca se incentivaron los concertados, a los que como es sabido una buena parte de los docentes llevan a sus niños.

      El problema en mi opinión no es el Estado: es el Mal Estado.

      • Francisco
        22 noviembre 2011 a 22:13 #

        Ademàs deberias recordar, qué politico dio vida a los centros privados, a punto de desaparecer por sus graves problemas económicos. Si fue Felipe González, presidente socialista, supuesto pretendiente de lo público, quien creó los colegios concertados, dándole un enorme balón de oxigeno a esos centros privados que estaban desapareciendo. Además no es cierto que los profesores llevemos a nuestros hijos a esos centros, sino que sabemos que la verdadera educación y preparación hay que realizarla en casa, sigueindo muy de cerca la evolución que nuestros hijos realizan durante su formación académica. Como ves soy profesor y mis hijos acuden a la pública, la ínica que garantiza que conozcan la verdadera sociedad de la que formaran parte, y a la que tendrán que enfrentarse si quieren cambiar la misma.

    • Borja Contreras
      16 noviembre 2011 a 23:33 #

      Estimado Juan Poz, su comentario me deja un tanto preocupado. Desgranaré lo motivos de esa preocupación:
      1.- No digo que la pública sea la única enseñanza capaz de ofrecer lo necesario al alumno. Digo que es la única garantía posible para que todos puedan acceder a ella independientemente de sus condiciones socioeconómicas. Lógicamente partiendo del supuesto de que existiera un buen sistema de enseñanza.
      2.- Estoy de acuerdo en que no se da esa situación. Pero el pequeño artículo no es descriptivo, sino que pretende explicar por qué, a mi juicio, es necesaria una enseñanza pública y por qué, también a mi juicio, los sistemas que proponen dejar el asunto en manos privadas no son aceptables.
      3.- Para tener fe en el estado hay que estar mal de la cabeza, y creo que no es mi caso. Las instituciones que ejercen el poder deben ser siempre vigiladas, controladas y puestas en cuarentena. Eso no quiere decir ni que no deban existir, ni que siempre cumplan sus funciones como deben. Hoy el estado es patrimonializado por los partidos políticos, lo que perjudica la posibilidad de un cambio que permita controlar el ejercicio del poder más allá del momento electoral. David López Sandoval tiene escritas interesantes tesis sobre la imposibilidad de modificar el sistema educativo en el contexto de la partitocracia en que nos desenvolvemos como gatos panza arriba.
      4.- Me temo que todo el comentario se basa en un equívoco: confundir un ejercicio de teoría política con una descripción de la realidad política. A mi modo de ver el papel del estado en materia educativa no debería ser ocupado por las empresas que se dedican a este campo, aún menos dignas de confianza que el estado. Esto no significa que esté, ni mucho menos, de acuerdo en cómo el estado ejerce su función. Creo que lo hace al menos tan mal como usted refleja en su comentario e incluso que actúa como mamporrero de los intereses privados.
      5.- Para terminar, dos consideraciones: el paso del tiempo me ha proporcionado algo así como una tonsura monacal. Ahí termina mi vínculo con la fe.
      Y además, la culpa de este intercambio la tiene el señor Mariano. Si hubiese publicado sus extensos y atinados comentarios en el post de Nacho Camino sólo un par de días antes, me habría ahorrado mi escrito, mucho menos claro que su aportación a este debate.
      Y, por supuesto, agradecerle su comentario que entiendo cordial en todo momento.

      • 23 noviembre 2011 a 18:51 #

        Ah, eso sí, desde luego, la cordialidad siempre por delante. Entiendo que aquí venimos a cruzar los floretes dialécticos y a tratar de salir con bien del cruce de razones e ingenios. Lo más probable, Borja, es que yo no me haya explicado bien, lo que es congruente con mi tesis de que dominar la expresión del pensamiento (¡y más aún la del sentimiento!) lleva toda una vida, y que exigirla acabada y perfecta incluso en niveles de bachillerato es no saber, quien sostiene lo contrario, de qué está hablando. Como ya daba a entender en mi comentario, coincidimos en más cosas de en las que divergimos. Por ejemplo, que el estado ofrezca una red educativa me parece esencial y cuanto mejor sea, mejor para quienes la escojan, pero ello no ha de significar que al ciudadano se le haya de imponer porque carece de medios o bien a quien los tiene se le niegue la financiación de un derecho universal, que, al tiempo, es una obligación legal. A mí me parece que lo que ha de desaparecer es la hipocresía de las concertadas y dejar dos sistemas: pública y privada, sabiendo que todos tenemos derecho a esa aportación básica que cubra lo que cuesta en la pública, y si alguien quiere, después, algo más caro, que se vaya a la privada pagando la diferencia de su bolsillo. Eso me parece justo. Ya sé que hay quienes tienen del estado una concepción de instancia caritativa y paternalista, pero no es mi caso, como ya he dejado escrito con ocasión de otro comentario en el artículo de Camino. También me parece que la enseñanza pública, por dejación de las autoridades, ha seguido un camino de descrédito del que quizás no podamos reponernos en muchos años, y buena parte de culpa la tiene la perspectiva “asistencial” que se le ha dado al sistema. Finalmente, soy partidario de que haya algo así como un “Poder educativo” independiente del poder político para poder organizar un sistema que, al estilo del francés, viva al margen de las luchas partidarias, sin permitir que éstas se lleven por delante los esfuerzos ímprobos de quienes tratamos, en ella, de sacar adelante una concepción adecuada de nuestra función y de la del sistema en su conjunto. Sé que es una utopía, peo ¿qué sería de nosotros sin ellas?
        Un saludo cordialísimo, Borja. Y disculpa que haya tardado en contestarte, pero andaba extraviado en mil asuntejos mucho menos importantes que contestar a tu amabilidad dialéctica.

  4. 16 noviembre 2011 a 17:46 #

    Poco a poco se intenta, desde las administraciones, que vaya calando en los padres, en los alumnos y en la sociedad en general, el consabido lema de la empresa privada: “el cliente siempre tiene la razón”. Así es imposible enseñar. Los principios de autoridad e independencia del profesorado son incompatibles con ése y otros conceptos venidos de la empresa privada a la escuela pública. Así nos va: alumnos que reclaman su derecho a ir a PDC, padres pidiendo que a su niño se le haga una adaptación, etc

    Por otro lado, lo que más me preocupa de los “paquetes vacíos” bien envueltos, es que cada vez veo más profes en esa onda, preocupados de que “su proyecto” tenga todos los ingredientes decorativos del momento (Tics, virtual, competencias,etc ) aunque el contenido sea “dibujar la O con un canuto”.

    • 16 noviembre 2011 a 18:53 #

      Tal y como están los tiempos, dibujar la O con un canuto implica no pocas competencias básicas satisfactoriamente adquiridas…

      • El pobrecito profesor
        16 noviembre 2011 a 19:20 #

        De hecho, en mi centro a lo más que se aspira es a que copien cualquier cosa y se callen. Se garantiza el título si mantienen esa actitud los cuatro años de la ESO.
        No todos lo consiguen, claro.

  5. Manuel L
    16 noviembre 2011 a 21:10 #

    Observo que, sobre este o cualquier otro contraste de opiniones, en el que participan muy mayoritariamente trabajadores pertenecientes a la denominada enseñanza pública (aunque nuestro sueldo salga del mismo sitio), subyace la idea de la evidente (por no puesta en duda) superioridad de la concertada en sus resultados académicos.

    Que yo sepa, a pesar de que a la pública le haya tocado bailar con la más fea en la fiesta que nos corrimos la pasada década, sus resultados en las pruebas objetivas publicadas no han sido muy diferentes a los de la escuela de gestión privada.

    • 16 noviembre 2011 a 23:03 #

      Estoy de acuerdo, Manuel. No sé por qué se está suponiendo esto. Las razones de la existencia de la concertada poco tienen que ver con los resultados, que no distan mucho de los de la pública.

  6. Borja Contreras
    16 noviembre 2011 a 23:39 #

    Totalmente de acuerdo con vosotros. Los motivos tienen más que ver con dos cosas: es un símbolo de estatus social, como un buen coche o un abrigo de piel, y proporciona relaciones potencialmente útiles en el futuro, sobre todo si uno estudia en el colegio del Pilar.

  7. Ana Belén
    17 noviembre 2011 a 11:31 #

    Por desgracia es cierto que toda esta porquería está calando de un modo altamente preocupante entre el profesorado. En mi centro de este año lo primero que me dijo el director fue que no fuera muy exigente con los de 4º de ESO. Mi jefa de departamento se refiere a los alumnos como “clientes” y no es partidaria de la LOGSE ni mucho menos, pero nuestra especialidad es Latín, y si yo en 4º complico las cosas, no habrá “clientes” en 1º de BAC, y entonces vendría inspección, nos quitarían horas, mi media plaza desaparecería y a ella le endiñarían MAEs o afines…, esto es un problema de tal calado que la sociedad en general no se hace una idea, es más, si se comenta algo de esto te llaman exagerada, como me pasó a mí hace unos días. Os cuento la anécdota: en un taller de conversación de inglés, el profesor, canadiense, propuso como tema la educación. Nos contó que había colaborado recientemente en un IES como asistente de conversación y que le había llamado la atención, negativamente claro, la actitud de los alumnos de 2º de ESO. “Nadie levantaba la mano, no hacían caso en general y en los pasillos todo era desorden y gritos”, decía y que ” en Canadá no era así”. Imaginaos lo que pensé yo al oír tales cosas. El caso es que expresé mi opinión sin profundizar demasiado, (y eso que con semejante propuesta temática me costaba contenerme) y una señora me dijo que me veía muy negativa. Una gran parte del problema está en la sociedad misma y con eso cuenta la clase política. Ya no se trata sólo de los jóvenes, nadie tiene ni pajolera idea de en qué mundo viven. Me gustaría saber cuánta gente de la que va a votar el domingo lo va a hacer con un mínimo de rigor y criterio. Estamos atados de pies y manos. Ojalá la crisis sirva para hacer a la gente en general reflexionar un poco sobre lo que verdaderamente importa.

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