Y estos, ¿para qué están aquí?

Los pakistanís (¿pa’quí stan?), o sea ¿para qué están aquí? Así es como mi preparadora de oposiciones nos abrió los ojos a los inocentes aspirantes a las plazas de orientación educativa. Sí, así es como llamaban a nuestros colegas en los institutos (entre otros nombres). Han pasado ya algunos años de aquello y, desde luego, mi experiencia ha aumentado enormemente, y también mis conocimientos: he leído magníficos libros que me han hecho entender la “manía” de algunos hacia los orientadores. Manía que no entendía al principio, pero, claro, mi idea de la orientación educativa no tenía mucho que ver con la realidad que me encontré después.

En todos estos años como orientadora educativa ha aumentado mi perplejidad, y en no pocas ocasiones, mi absoluta decepción. Os voy a ser sincera, he tenido que hacer todo un pausado ejercicio de reflexión para responderme honestamente a esta pregunta (¿para qué estoy aquí?) en muchas ocasiones. Lo que voy a escribir a continuación trata de dar respuesta a la pregunta. Es una opinión (personal e intransferible), es decir, que es mía y sólo mía, y no pretendo sentar cátedra. Y además, esta opinión tampoco es inamovible, puedo cambiarla, si la realidad me demuestra que me equivoco…o si lo hace otro compañero de profesión o “experto” pedagogo; pero con pruebas, claro, no mediante verdades neopedagógicas.

Empezaré explicando que en esto de la orientación educativa los perfiles de formación previa más comunes son los de pedagogía, psicopedagogía, psicología y también sociología. Según sea la formación de base del orientador en cuestión, creo que se observan diferencias a la hora de entender nuestro papel en los centros. Los pedagogos y psicopedagogos entienden el trabajo del orientador más centrado en aspectos metodológicos, los sociólogos en aspectos sociales y de convivencia y los psicólogos se centran en el diagnóstico y tratamiento de los problemas escolares.  Hablo en términos muy generales, indudablemente (y ruego me permitan utilizar el genérico masculino; yo, como mujer, me siento identificada con el mismo).

Todos debemos trabajar desde la óptica de la pedagogía constructivista y la escuela inclusiva (según el “espíritu” de nuestra vigente ley educativa), y es aquí donde comienzan mis problemas, porque entre lo que yo sé de psicología y lo que veo que se hace en nuestras escuelas hay un abismo (me van a permitir que me centre en lo que más conozco, en la psicología). No sé en nombre de qué psicología o de qué psicólogos se justifica tanta sandez.

Voy a comenzar explicando lo que considero que NO es papel de un orientador:

NO es papel del orientador ser el animador sociocultural o el dinamizador de la convivencia en el centro: considero firmemente, además, que no es papel de ningún profesor animar a los alumnos. No creo que el objetivo prioritario de los centros escolares sea el de la convivencia, como le he oído decir incluso a nuestro Ministro de Educación. Es algo así como si el objetivo prioritario de una planta de fabricación de tuercas fuese la convivencia. Que se convive en los centros, no hay duda; igual que se convive, queramos o no, mejor o peor, en cualquier lugar de nuestro planeta en el que coincidan dos o más seres humanos. Pero repito, no creo que ésta deba ser (otra cosa es que lo sea en realidad) la finalidad de la escuela.

NO es papel del orientador ser el comisario político en el centro: no debemos ser portavoces acríticos de lo que algunos “expertos”, que no han pisado un aula desde que dejaron la universidad (y eso con suerte), o que la han pisado como profesores universitarios (es decir, siguen sin tener ninguna experiencia con la educación de niños y adolescentes), dictaminan sobre la educación y sobre lo que algunos profesores formados y con experiencia (estos sí) deben aplicar en las aulas. Yo al menos, observo un grandísimo desfase entre la teoría y la práctica de la educación, y honestamente no puedo exigir a mis compañeros que hagan cosas en las que yo misma no creo; y que, además, no se fundamentan en teorías contrastadas sino en simples “modas pseudointelectuales”.

NO es papel del orientador ser el psicólogo de cabecera de alumnos y padres de alumnos: y aquí sí hay una gran confusión. Los que somos psicólogos, aún podríamos asesorar con conocimiento sobre aspectos no relativos al aprendizaje de los alumnos (pero, repito, no es nuestro papel). Pero es que, en el caso de orientadores sin formación en psicología, este asesoramiento, podría ser calificado de intrusismo. Sobre todo en las etapas de Infantil y de Primaria, profesores y padres acuden al orientador por problemas absolutamente alejados de la práctica educativa: mi niño se hace pipí en la cama o se le cae el pelo porque ha nacido el hermanito, tengo problemas con el régimen de visitas de mi expareja,  no quiere comer lentejas, el niño se pelea en el parque con el vecino… En estos casos, se puede orientar (siempre y cuando sepamos de qué hablamos), y si se trata de problemas graves, derivar a otros servicios especializados, de los que sí debemos tener conocimiento.

NO es papel del orientador ser un cajón de sastre (o desastre): dado que la escuela se ha convertido en una especie de oráculo al que la sociedad acude para resolver todos sus problemas, desde el botellón a la paz mundial o la recapitalización de la banca, todo el profesorado anda desorientado (¿y esto dónde lo meto yo en mi programación?..No sé…ah¡ ya¡ al orientador). Pues bien, no creo que los orientadores seamos “los chicos para todo”, porque al final “el que mucho abarca poco aprieta” (que es justamente uno de los mayores problemas de la escuela actual).

Y ahora pasaré a lo que, según mi modesto parecer, SÍ es papel del orientador:

es papel del orientador diagnosticar la causa de problemas de aprendizaje en los niños: y si consideramos necesaria la intervención de servicios ajenos a la escuela, hacer un informe de derivación. Quiero ser, en este punto, muy clara: cuanto antes se descubra el problema y se le ponga remedio mejor será el pronóstico. El fracaso educativo es acumulativo, de no ser tratado en un primer momento, el problema se agrava y es de muy difícil solución cuando el alumno llega a la etapa de secundaria.

es papel del orientador tratar los problemas de aprendizaje: o diseñar el tratamiento para que lo desarrollen los profesores de “Pedagogía Terapéutica”. Pero aquí, aparte de que existan buenos y malos orientadores, como en todas las profesiones, es la propia ley la que pone trabas importantes a nuestro trabajo. Imaginen ustedes a un médico que debe tratar un infarto agudo de miocardio, pero con una condición previa: bajo ningún concepto puede internar al paciente enla UCI, debe tratarlo en planta, con los medios de que allí disponga (la UCI es tremendamente segregadora). Pues bien, eso es lo que se le pide a los orientadores: traten al alumno, pero que nadie note que le pasa algo, utilicen los medios del aula (aprendizaje cooperativo, tutoría entre iguales, dos profesores en el aula…), si es pequeño no puede sacarlo del aula para tratarlo y si es mayor intente no sacarlo.

es papel del orientador asesorar a alumnos, profesores y padres sobre hábitos y técnicas de estudio: recuerdo que lo nuestro es orientación “educativa”, y sí, yo también creo que el alumno es el centro, pero no porque se le tenga que dar un título sí o sí, sino porque es el que tiene que aprender, y también, por mucho que algunos se escandalicen, tiene que ser evaluado. Los hábitos se tienen que crear en la etapa de Primaria, e incluso en la de Infantil; y un hábito se crea a base de repetir ciento y una veces la misma conducta, no porque al infante se le diga, con la mejor voluntad del mundo, que tiene que ser bueno y estudiar. Cuesta mucho convertir una conducta en hábito, máxime cuando la conducta es de por sí poco atrayente (como sería el caso del estudio). Y cualquier docente, orientador o “experto” que le diga que es fácil hacerlo le está mintiendo, simple y llanamente. No, los niños no tienen una curiosidad innata por las leyes de la gravitación universal, el clima mediterráneo, las fronteras de Egipto, la Guerra de la Independencia o la fotosíntesis. Curiosidad, sí, en general, para algunas cosas, pero no para otras… y en ocasiones, la curiosidad les dura bien poco. Aprender cuesta trabajo, pero se puede optimizar mediante técnicas, y aquí el papel del orientador es muy importante.

es papel del orientador asesorar sobre metodología en el aula: sobre todo para los profesores que lo piden (algunos no lo necesitan, son excepcionalmente buenos, hay personas con capacidades innatas para enseñar, a los que la pedagogía de moda les puede llegar a hacer mucho daño). La metodología se aplica sobre contenidos, no hay otra forma de hacerlo. El “pedagogismo” puro y duro, aplicado sobre la nada, es lo que tenemos, con los resultados que ya conocemos. “No se puede ordenar una habitación vacía”, la frase no es mía, no recuerdo donde la leí, pero estoy absolutamente de acuerdo. Tampoco puede un orientador sucumbir a la metodología “de moda”. Por ejemplo, ahora todo se soluciona con aprendizaje cooperativo, como si el aprendizaje individual fuese una aberración.

es papel del orientador orientar académica y laboralmente a los alumnos (sobre todo académicamente).  El sistema educativo es complejo y conforme se avanza en las diferentes etapas, la posibilidad de elección se amplía. Hay además muchísimos cambios legislativos (en esto de la educación, hay una verdadera incontinencia legislativa ¿será que no tenemos claro lo que queremos?). Es necesario pues, asesorar a alumnos (y también a sus padres) en los itinerarios que pueden seguir. Paradójicamente, estos itinerarios permiten a un alumno dejar la Secundaria en 2º de ESO y acabar enla Universidad… ya ven, imaginación (y poco esfuerzo) al poder.

es papel del orientador derivar los problemas a servicios sanitarios y sociales, cuando se trate de asuntos que escapan al ámbito escolar. Y una vez derivados, se debería trabajar conjuntamente, con una comunicación fluida entre los diferentes servicios, aspecto que actualmente, según mi experiencia, es prácticamente inexistente.

es papel del orientador traspasar la información pertinente del alumno cuando cambia de etapa o de centro, para facilitar la continuidad en el trabajo que se venía haciendo con el mismo. Información que debe ser veraz, pero que desgraciadamente no lo es en muchas ocasiones. ¿Cuántas veces se pasa a alumnos de 6º a 1º de ESO sin haber repetido nunca en la etapa y sin estar preparados, diciendo que lo están? ¿Qué se ve obligado a hacer el profesor?… pues bajar el nivel, si en su grupo hay muchos de estos alumnos. Y esto de bajar el nivel no se limita ala ESO, continúa en el Bachillerato y enla Universidad.

es papel del orientador organizar el contenido de las tutorías, y creo además, que en muchas ocasiones, debería ser el propio orientador el encargado de impartir las tutorías. Los profesores a los que se le asigna la tutoría no son especialistas en muchos de los temas que se tratan en las mismas, y con la mejor intención del mundo (o no) pueden estar enfocando mal sus contenidos.

Y sobre todo, es papel del orientador ser crítico y honesto (como deben serlo todos: profesores, inspectores, políticos… todos) observar lo que no funciona y no acatar sin más lo que los “expertos” se empeñan en imponer.

Esto es lo que creo, pero la burocracia, nuestra querida amiga, que tantas horas nos hace perder a todos (orientadores, profesores, directores, jefes de estudio, secretarios…) nos obliga a rellenar papeles y papeles, que no van a ningún sitio. Qué os voy a contar de la programación por competencias básicas (en las que paradójicamente no es básico saber escribir o leer bien, parece ser).

Creo que los orientadores deberían pasar más a las aulas, y ver con sus propios ojos lo que ocurre dentro de ellas (para no convertirse en asesores del tipo “pisamoquetas”). Miren, yo con esto del aumento a 20 horas lectivas, tengo que dar tres sesiones de “Alternativa a la Religión” (esa auténtica aberración pedagógica), pero me permite observar “in situ” cosas que a algunos “expertos asesores” les debe parecer que ocurren en otros planetas pero no en el nuestro. Para mí, esta experiencia directa vale más que 200 créditos de formación “pedagogista” impartida por ponentes mediocres, que se limitan a esparcir a los cuatro vientos las consignas educativas de moda.

Repito, lo que acaban ustedes de leer es una opinión, y es seguro que muchos compañeros me considerarán una especie de mutación peligrosa dentro de la orientación educativa, pero intento ser honesta como persona y como profesional. Creo que sí estamos para algo en los centros, si la ley y nuestra “pedagogía” nos dejan.

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Categorías: Diagnósticos, Soluciones

Autor:Pilar Guirado

Soy de Albacete y trabajo actualmente como orientadora educativa en un IESO. Soy Doctora en Psicología por la UAB. Estudié Psicología en Valencia y he ejercido como profesora universitaria en la Universidad de Castilla-La Mancha.

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32 comentarios en “Y estos, ¿para qué están aquí?”

  1. Mari Cruz Gallego
    22 noviembre 2011 a 15:47 #

    Hola, Pilar: me ha gustado mucho tu artículo. Creo que hacía falta algo así en Deseducativos. Y creo que necesitamos más profesionales como tú por estos lares. Un saludo.

  2. El pobrecito profesor
    22 noviembre 2011 a 18:01 #

    He leído con detenimiento su artículo y quiero felicitarla. Después de conocer varios centros y orientadores, quiero decirle que no está sola en su incredulidad con la actual deriva pedagógica de la enseñanza. En mi instituto actual, de difícil Compensatoria, la Orientadora se desvive por hacer bien su trabajo y no deja de enjuiciar de manera crítica la actual situación -aunque como todos hacemos, casi a escondidas-. Siempre he encontrado su apoyo y su comprensión ante la terrible realidad a la que nos enfrentamos, y la inutilidad de nuestro esfuerzo -el de ella también-.
    A lo mejor resulta que casi nadie cree realmente en el estado actual de nuestro sistema educativo…salvo los que gobiernan -desde los equipos directivos y sus cargos intermedios con sus horarios, cooperantes de CEPS, y sindicalistas para arriba-. Vamos, los que no pisan un aula.
    Así que ánimo, porque parece que somos muchos los que remamos en este barco que se hunde. O, me lo digo a mí mismo, el que no se consuela es porque no quiere.

  3. Mariano
    22 noviembre 2011 a 18:34 #

    En líneas generales coincido con el artículo, valiente y lúcido, insólito por venir de una profesional de la orientación educativa. La figura del orientador ha servido para llevar a cabo lo que en este magnífico artículo se dice que NO hay que hacer. Enhorabuena por el texto.

  4. 22 noviembre 2011 a 19:40 #

    Gracias por la sinceridad y valentía que supone un artículo así. Y no te preocupes por los orientadores, psicólogos, psicopedagogos y sociólogos que van a dejar de ser tus amigos a partir de ahora: tendrás muchos más amigos entre los profesores de a pie.

    Saludos desde Crisis Educativa

  5. 22 noviembre 2011 a 19:45 #

    Buen artículo y además honesto. Comparto en particular la idea de que los orientadores den las sesiones de tutoría en las aulas. Puestos a dedicar una hora lectiva a esa tarea, que sean los especialistas, como en cualquier otra materia, los que desarrollen el plan de acción tutorial. Ganamos en calidad y no supone más gasto: nos quitan las horas a los profes y se las ponen a los orientadores.

    • 23 noviembre 2011 a 9:14 #

      Esa hora pueden darla los orientadores si la tutoría personal se lleva a cabo aparte, cosa que no siempre ocurre

  6. Alfonso Salas
    22 noviembre 2011 a 20:36 #

    No todos los orientadores son pisamoquetas. Yo he tenido la suerte de que la orientadora de mi Centro hace bien su trabajo, tanto para los profesores como con los alumnos.
    No deberíamos confundir los “pisamoquetas” y los arribistas con los compañeros de fatigas.

    Me encantan la competencias olvidadas aludidas (saber escribir y saber leer).

    Yo añadiría la competencia “escuchativa”.

    Salud y paciencia.

  7. epatado
    22 noviembre 2011 a 22:20 #

    Soy profesor de los de “a pie”. 18 horas lectivas más tutoría. 5 asignaturas diferentes. 120 alumnos en total.

    Muy interesante su artículo, Pilar. La enumeración de sus funciones me reafirma en la idea de que no debiera asignarse un orientador por instituto. Cada orientador debiera ocuparse de tres o cuatro. El ahorro subsiguiente podría invertirse en infraestructura, desdobles, etc. Un saludo.

  8. 23 noviembre 2011 a 9:13 #

    El problema es que la mayoría de orientadores no hacen las funciones que SÍ debieran hacer, por ejemplo asesorar a profesores en metodologías, etc. Simplemente diagnostican en base a tests dudosos problemas que derivan, llenan papepelos que no sirven para mejorar las aulas y que hacen que se mantenga el apodo de pakistaníes y la pregunta de para qué están en los centros.

  9. Otra oveja negra
    23 noviembre 2011 a 17:31 #

    Yo también soy orientadora y psicóloga. Y también pienso como tú. La carta que tú has escrito la hubiera escrito yo. Eso hace que me sienta bicho raro en mi profesión, que me sienta como un pingüino en un garage en las reuniones con otros orientadores que nos obligan a celebrar cada vez con más frecuencia, que muchos de los equipos directivos con los que he trabajado estuvieran deseando que me fuera a otro centro, que por otra parte muchos de los compañeros con los que también he trabajado no quisieran que me fuera, y sobre todo que me suela llevar fatal con educadores sociales, trabajadores sociales, ONGs variadas y demás “personal de apoyo” con el que cada vez más tenemos que lidiar (perdón, contar).
    Suelo ser “un elemento incómodo” en los centros por los que paso.
    No me gusta mi trabajo, después de quince años han conseguido que lo aborrezca y que no le encuentre sentido, como tú dices. Pero sí creo que podríamos ser útiles en los centros si nuestras funciones estuvieran realmente delimitadas y fueran útiles y posibles (lo de ahora es un sinsentido), y si tuvieran algo que ver con lo que estudiamos (muchos de los planteamientos que se supone que tenemos que defender, difundir y aplicar son completamente incongruentes con los principios de psicología que estudié). Yo también estoy de acuerdo en, por ejemplo, llevar las tutorías, pero eso sí, si, como digo, se delimitan nuestras funciones y tareas, porque a veces los propios profesores parece que nos tienen ahí para el consultorio de la señorita Francis: que si este niño me dice su madre que no se lava las manos antes de comer, que qué hacemos (alumno de 3º de ESO), que si los padres de fulanita se han divorciado… Muchos tutores aceptan cualquier, he dicho CUALQUIER cosa que les pidan, y consideran que los orientadores tenemos que respaldarles en su “tragar con todo”. Yo no trago con todo, no hago todo lo que me pidan ministros, consejeros, inspectores, directores, padres ni tutores tampoco. Eso hace que también en ocasiones haya tenido problemas con otros compañeros, aunque, como ya digo, la mayoría suelen agradecer mi forma de enfocar la orientación, que se basa, pese a todos los obstáculos que supone la legislación vigente, en ayudar en vez de en poner piedrecitas en el ya de por sí difícil camino. Y, tal como están las cosas, parece ser que eso no es poco.
    Quiero añadir que también he trabajado en Primaria, y que allí las cosas son algo mejores en cuanto a que el trabajo es más concreto y se centra más en el diagnóstico y tratamiento educativo de los problemas de aprendizaje. Lo que no me gusta es que los Equipos de Orientación, al menos los que he conocido de cerca, sí que son correa de transmisión pura y dura, acrítica y sumisa de la Administración. En esos años mi trabajo fue muy apreciado por los maestros de los colegios que llevaba, mientras que para los compañeros de Equipo, una vez más, supuse un grano en el…
    En fin, cosas de ser rebelde. Al menos uno no está tan solo como a veces piensa.

  10. Cocinero de 2ª
    23 noviembre 2011 a 20:01 #

    Me parece muy bien dicho. Desafortunadamente, no todos los orientadores son como tú, sino que abundan los poco profesionales. Por ejemplo, puedo dar fe de que, recientemente, en un claustro, una orientadora pidió colaboración a los profesores para organizar talleres durante el recreo, según ella, los alumnos en el recreo estaban “perdiendo el tiempo”. Así de repugnante.

  11. Otra oveja negra
    24 noviembre 2011 a 10:32 #

    Perdón por intervenir otra vez. En absoluto quiero acaparar el debate. Pero al leer algunos comentarios al artículo me ha venido a la mente otra cuestión que creo importante.
    Es frecuente, ante las críticas a los orientadores, oír cosas como: “no, pero en mi centro hay una orientadora que trabaja muchísimo”, “bueno, yo he conocido orientadores que trabajan como burros”…
    Cuidado con esto. ¿Qué es “trabajar mucho”? Yo también he conocido orientadores que trabajan mucho mucho, y en mi opinión su labor era más negativa que positiva. Echan muuuuchas horas, más que nadie si hace falta, realizan entrevistas eternas con madres hablando de problemas matrimoniales, organizan y llevan a cabo “escuelas de madres-padres” consistentes en conversaciones de lo más variopinto (desde cómo se hace una tortilla de patatas hasta la insatisfactoria vida sexual de las madres), tienen muchas reuniones con organismos varios, organizan todo tipo de eventos para favorecer la “convivencia”, la “paz”, la “coeducación”…
    Yo no trabajo “mucho”, solo las horas que me pagan, que cada vez son más (las horas) y cada vez menos lo que me pagan por ellas. Digo que no a muchas cosas que me parecen absurdas, innecesarias, redundantes, perjucidiales y a veces hasta humillantes. No pretendo hacer mucho, parecer que estoy muy ocupada ni echar horas a destajo. Sí intento que lo que hago tenga algún sentido, sea eficiente, tenga una mínima base científica y esté relacionado con lo que entiendo que deben ser las funciones de un orientador (básicamente las que apuntaba Pilar). Así que no me parece un halago lo de “trabaja mucho”, más bien lo pongo bajo sospecha. Y esto tampoco lo entienden muchos compañeros “traga con todo” de los que hablaba en mi anterior intervención, ni por supuesto la mayoría de los equipos directivos.

    • ytantoquesï
      24 noviembre 2011 a 18:12 #

      Se te olvida otros “trabajos” como hacer de vendedora intermediaria a tutores y pedagogos terapeutas de joyas de artesanía hechas por madres de alumnos insistiendo encarecidamente en que nos probásemos y comprásemos todo tipo de pendientes, anillos, pulseras…Lo juro., contar chistes verdes, negros y de todos los colores en las reuniones con tutores y pedágogos terapeutas, -todas ellas reuniones semanales obligatorias, nos ponía y sigue poniendo falta al tutor que falte o llegue tarde ( cumplimenta actas semanales de asistencia que hacen constar que estamos con ella toda la hora).

      Añade también “trabajos” la creación y mantenimiento de grupos de Ddiversificación Curricular con alumnos drogadictos, absentistas y objetores escolares; haciendo de “madre” con ellos llevándolos en su vehículo particular a todo tipo de eventos e instando a los tutores a hacer lo mismo transgrediendo la ley que lo prohibe y vendiéndolo todo como un plus de dedicación y profesionalidad . Y , sí , a eso se le llama “traga con todo”: los compañeros le seguían y le siguen la corriente porque según muchos que te insulten a diario ciertos alumnos “va con el sueldo” y no sigo porque son acciones más dignas de un programa de “zumbados” que de un centro educativo y de unos “profesionales” de la educación .

  12. 24 noviembre 2011 a 11:51 #

    Tanto Pilar como Otra Oveja Negra nos demuiestran que lo que importa no es el puesto, sino la persona que lo ocupe. Como idea, la figura del orientador se probó en algunos centros antes de sewr creada de manera efectiva. Recordemos un órgano que se llamaba SOEV y que se dedicaba a la orientación Eductiva y Vocacional. Las cosas buenas que puede hacer un orientador ya está dichas, pero el problema es que esta figura ya nació pervertida, porque, desde principios de los 90, los partidos pretendieron ejercer el control político de la enseñanza no de forma nebulosa, y de ahí nacen los orientadores, los PT’s, los cursos de equipos directivos, los vigilantes de la pureza de las esencias y la lengua propia en el País Vasco y en Cataluña… De manera más o menos explícita, todos llevaban en su cartera la misión del control político ideológico Logsiano, nacioalista, religioso, rtransversalista…) y se dedicaron más a la fiscalización inquisitorial del disidente y a la extesión de su credo que a esas sanas y necesarias tareas que estaban en su agenda. La política ha pervertido y encanallado el mundo educativo desde hace ya muchos años y estas policías políticas que menciono se han implicado tanto que se han echado a perder y se han desprestigiado ellas solas.

  13. 24 noviembre 2011 a 12:03 #

    Otra cosa: las tutorías, que considero imprescindibles, para los tutores, los cuales conviene que tengan cuantas más horas mejor con los grupos a los que tutelan. Darle las tutorías al orientador me temo que caería inevitablemente en el error de que estos profesionales serían tutores de grupos a los que durante la semana solo vería en esa hora, cosa que la experiencia ha demostrado que es nefasta. Y, ya que he cogido carrete. Querida Oveja Negra: no sabes cuán de acuerdo estoy contigo en eso de que del trabajo lo que importa es la calidad, y no la cantidad. Yo también he conocido nefastos orientadores y PT’s de apostólico talante que echaban 100 horas semanales con la siguiente distribución: 10 para cosas sensatas, 30 para programas disparatados, 30 para conspirar y 30 para tecnoreuniones (su afición favorita) tediosas en las que incluso enganchaban a profes y servían solo para crearse una vitola de expertos imprescindibles. ¡Ojo!, y algunos, de las diez horas de cosas sensatas, limaban cinco porque llegaban tarde de las reuniones. Los burócratas orwellianos están de más en los centros.

  14. ytantoquesï
    24 noviembre 2011 a 18:48 #

    Yo sigo sin ver necesaria la figura del orientador fijo en los centros. Más bién me decanto por una figura itinerante que intervenga en los centros a demanda de los claustros.

    Tengo mis reservas hasta con las figuras de los tutores cuando , como a menudo ocurre , aprovechan el cargo para ganar poder personal en el centro a costa de otros profesores y no para dar el servicio educativo y coordinador que soslayan . Ésto no es óbice para que , en caso de serlo, dispongan del tiempo necesario para hacer una atención más individualizada de los alumnos que lo requieran. En este sentido es demencial que un tutor de un grupo pequeño y normal tenga la misma liberación lectiva que la de un tutor al cargo de un grupo numeroso y con graves complicaciones individuales añadidas. Ësto es el pan nuestro de cada día y existe una profunda injusticia , arbitrariedad, egoismo y absoluta falta de compañerismo y humanidad entre compañeros y directivos endiosados que con tal de poner a cada uno su cliché legal de horas lectivas asignadas ya no se ocupa más que de exigir y vivir lo mejor posible.

    Uno se ve a menudo una pieza intercambiable cual fusible de quita y pon en manos de una cuadrilla de depredadores. Y ha de dar las gracias encima ….por tener trabajo

    En fin.

  15. El pobrecito profesor
    24 noviembre 2011 a 19:22 #

    Yo discrepo en la necesidad de las tutorías, al menos tal y como están enfocadas. He perdido el tiempo en muchísimas de sus horas semanales, con actividades que casi nunca me creía y que hacía o no, según mi conciencia -y la voluntad de mis alumnos-. Recuerdo una que me propusieron, con alumnos de 4º todos repetidores y hormonados, que consistía en que, para sentirse miembros del grupo, cerrasen los ojos y se confiaran unos a otras reconociéndose por el tacto. Creo que hay que ser subnormal o casi maniaco para imaginar algunas de esas actividades que tan bien encuadernadas se nos ofrecen en cada reunión tediosa que se sufre con los orientadores.
    En mi centro, la línea oficial -de la que discrepa la orientadora pero la dirección no le hace ni caso, ni tampoco a los profesores- consiste en que los alumnos estén en el centro hasta que tengan el título, ya sea con 16, 18 o hasta 19 años. Los alumnos no hacen nada, a los disrruptivos -por llamarlos eufemísticamente así- se les consiente todo, porque son pobrecillos marginados sociales que bastante hacen con aguantar en el centro. El caso es que no sé si realmente aguantan o están más bien felices en él, porque nadie se quiere ir una vez cumplida la edad. Yo creo que están encantados con los colegas y sin pasar frío afuera ni sufrir la tabarra de los padres, que también están encantados porque a ver qué hacen con ellos en sus casas.
    Así que este año estoy con otro cuarto y esta es mi clase de lengua de hoy:
    (Estamos viendo palabras diferenciadas por la situación de su tilde)
    – Maria, sustantivo. María, verbo
    – ¿Pero qué estás diciendo?
    – No, sé, es lo que he copiado de esta, como ayer no vine.
    – Pero será hacia, preposición, y hacía, verbo.
    – Yo qué sé, es que no entiendo bien su letra.
    – ¿Me puedes conjugar el verbo “María”?
    – Yo marío, tú marías…
    – ¿Pero eso existe?
    – Yo qué sé, Bueno, pero al menos lo he hecho. Eso cuenta, ¿eh?.
    – A ver, otro ejemplo, diferencia entre té y te.
    – …
    – Si digo “te quiero”, ¿como se escribe?
    – Pues se escribe junto, tequiero.
    (en ese instante me puse el dedo en la sien como Robert de Niro en “Taxi driver”)
    Cuento esto porque esos alumnos, según el jefe de estudios adjunto que tuvo a bien asistir a la reunión de preevaluación de ayer, afirmó que deberán tener el título al final de este curso porque todos han llegado hasta donde han podido y tienen ya 17 ó 18 años. No se van a ir sin nada.
    La orientadora no asistió a la reunión.
    Y lo que yo me pregunto -y muchos compañeros de mi instituto también- es cuándo nos tocará la suerte en el próximo traslado, porque algunos estamos empezando a estar verdaderamente afectados de algo raro, y nosotros sí que nos queremos ir de allí.
    A lo mejor es que necesitamos una buena Orientación.

    • Francisco Javier
      24 noviembre 2011 a 19:48 #

      Nos lo tendremos que tomar con sentido del humor, pobrecito profesor. A mí al menos me ha hecho mucha gracia tu comentario. Y que la suerte te acompañe.

    • ytantoquesï
      25 noviembre 2011 a 20:23 #

      En mi zona , al verbalizar ante otros colegas situaciones como las que describes y contraviniendo las consejas de la programación neurolingüística- (yo también estoy de acuerdo con la PNL en ésto): dicen:

      “como para cortarse las venas”.

      No te aconsejo pues que lo expreses de esa forma . Mejor será que sigas confiando en que el traslado a otro instituto mejorará ese síndrome raro

      Un saludo afectuoso, compañero .

  16. Francisco Javier
    24 noviembre 2011 a 19:42 #

    La figura del orientador responde a un cambio en el modelo social y educativo. Yo lo que no sé es hasta qué punto dicha figura es efecto de una necesidad o tiende más bien a crearla, generando así una patologización excesiva y perniciosa. (Creo que ambas cosas.) En este sentido, recuerdo un alumno – mal estudiante pero bastante sensato-, al que tras muchas citas con la orientadora terminó harto ya que lo único que deseaba es cuanto antes empezar a aprender un oficio y que le dejasen en paz, pues a su buen entender su cabeza estaba perfectamente y no necesitaba intervención psi- de ningún tipo.

    Hemos de reparar que antes de la LOGSE no había orientadores en los institutos de Bachillerato y la acción tutorial tenía un peso mínimo . Yo, al menos, no recuerdo ni una sola cita con padres, ni ninguna actividad de “tutoría” en los cuatro años del BUP y el COU (salvo una sesión en COU a cargo de un profe de matemáticas en la que nos habló de la oferta de la Universidad.)

    Por lo demás, el artículo me parece muy interesante y aclaratorio. Parte de los problemas y de las tensiones son desde mi punto de vista culpa del nefasto sistema logsiano en el que la mezcla de colegio e instituto ha generado unas ambigüedades casi insalvables y muy perjudiciales para la convivencia y la enseñanza. Es en las etapas iniciales donde debe estar el peso de la orientación (especialistas educativos, apoyos, terapeutas, mediadores,…..), pero en los institutos el enfoque debería ser otro, no infantiloide.

    Termino: en los cursos destinados a profesores la administración debería ser muy escrupulosa a la hora de contratar a los especialistas. Sobre todo en ciertos asuntos, tiene que tratarse siempre de personas con una experiencia docente real. De lo contrario, como nos ha sucedido a muchos, se acaba por aborrecer a los pedagogos, renunciando si hace falta -es mi caso- a los sexenios (a partir de un momento, he decidido sólo hacer cursos que de verdad me sean útiles y me hagan un poco feliz al menos.)

    • ytantoquesï
      25 noviembre 2011 a 21:05 #

      Los interventores y “asesores externos” , atraidos por orientadores amiguetes y directivos trepa-logsianos y/o estúpidos están haciendo auténticas incursiones-escabechina en los centros provocanndo muchísimos más problemas de los que solucionan . Se lo pasan, eso sí, bomba, practicando jueguecitos sicológicos en el aula y fuera de ella , a sus anchas, con alumnos , tomándose cafecitos con sus colegas donde comentan las ocurrencias de los críos mientras algunos de éstos , de sus profesores- aquí no se salva ni el tutor cuando el sicólogo de turno consigue insertarse exitosamente en el “dispositivo educativo” de un centro-, han sido convertidos en chivos expiatorios de neurosis colectivas, manejos directivos para desprestigiar a no afines y prácticamente siempre: quitar tiempo para enseñar y aprender conocimientos que es o debería ser primordial en un centro educativo.

      Un auténtico peligro esos asesores que se meten en las hora de tutoría de los centros: “a ver qué pasa”; o sacan a los alumnos de clases:”total, si van a estar molestando igual”. Yo los comparo a las zorras entrando al corral a asesorar a las gallinas.

      Con perdón de las zorras y de las excepciones a la regla porque ,como ha dicho Pablo, depende también de las personas que , como Pilar y oveja negra, sean capaces de marcar diferencias .

      También me parece interesante la diferenciación que hacen Pilar y Pablo sobre la actuación de tutores, PTés y orientadores en Primaria y en Secundaria. Debo matizar que mis comentarios se refieren a la Educación Secundaria que es lo que conozco.

  17. Otra oveja negra más
    24 noviembre 2011 a 19:43 #

    Coincido plenamente con la articulista. Yo también soy orientadora y licenciada en Psicología. No me gusta mi trabajo; no estudié Psicología para esto, aunque lo hago lo más digna y honradamente que puedo, y creo tener el aprecio de la mayoría de mis compañeros de claustro, y no pocos conflictos con otros orientadores.
    Los mejores momentos de mi jornada laboral son cuando entro en el aula para enseñar Psicología en el Bachillerato. Por eso estoy preparando la adquisición de una nueva especialidad.

  18. Pilar Guirado
    25 noviembre 2011 a 8:10 #

    Gracias a todos por vuestros comentarios. El artículo seguro que se me ha quedado corto, el tema es complicado. Saludos a las “ovejas negras”, si no nos callamos podemos formar “rebaño”…aunque a mí lo de los rebaños también me da miedo. El tema de las tutorías me genera muchas dudas personales… yo creo que, efectivamente, el tutor debe ser un profesor o profesora que conozca bien a los alumnos porque pase muchas horas con ellos, pero a veces, hay temas en tutoría que no se pueden plantear bien si no se sabe de lo que se está hablando. NO creo que lo orientadores debamos ser tutores, pero sí pasar a las tutorías más a menudo. Incluso algunas de las charlas que ofertan ONGs y demás organizaciones, podrían ser impartidas directamente por orientadores (no se qué currículum tendrán algunos “ponentes” que van a los centros, pero miedo me da preguntar por lo que escucho en sus intervenciones).
    Respecto a la “patologización” de la educación, totalmente de acuerdo. Tenemos ACNEES generados por el sistema educativo. Una de las tareas de los orientadores sería la de evitar diagnósticos pseudopsiquiátricos en alumnos que simplemente están por civilizar.
    Gracias de nuevo a todos.

  19. 25 noviembre 2011 a 9:17 #

    Soy de esos que no es que no huyan de las tutorás, sino que, además, las piden. Como empecé en EGB y allí prácticamente eras tutor por obligación, siempre me ha parecido una tarea más, como dar Lengua o corregir exámenes. He sido, pues, tutor durante un montón de años, y no debo de haberlo hecho tan mal, a juzgar por mi relación con los padres de muchos de mis tutelados. Y es que esa es una de las principales labores del tutor: la relación con los padres. Puede realizarla cualquier profesor y conviene que sea uno que conozca bien al alumno, es decir, que lo trate bastante. La tutoría no debe desquiciarse: con ser el profesor que habla con los alumnos de sus problemas; que canaliza la resolución de estos; que se ocupa de resolver asuntos concernientes a su grupo tales como las juntas de evaluación; que les orienta y les advierte acerca de asuntos de la vida escolar tales como periodos de exámenes, posibles salidas de las distintas ramas, normas de comportamiento; que está atento a ellos para lo bueno y para lo malo (para eso un tutor es un equivalente del padre y que les escucha (muy importante), ya tienes de sobra para una buena tutoría. Jamás he hecho dinámicas ni actividades raras, jamás se han metido asesores ha hablar de droga, de tampax, de preservativos o de bandas en mis tutorías, entre otras cosas, porque muy pronto empecé a desconfiar de esos asesores por lo que veía de ellos. Y, por supuesto, jamás he aceptado un plan de acción tutorial entregado por jefatura u orientación, ¡faltaría más!, eso hubiera sido como si el jefe de departamento me hubiera dicho cómo tenía que dar las clases. Los planes de orintación tutorial que en algunos centros me han dado han ido invariablemente a la papelera nada más acabar la reunión en la que se me dxieron, entre otras cosas, porque, además, muchos de ellos etaban plagados de monsergas y estupideces y, por si fuera poco, en muchos casos me hablaban de lo que tenía que hacer con los chicos personas que sabían bastante menos que yo de cómo tratar con los chicos. Por último: en la primera tutoría de cada curso, siempre les digo a mis chicos que en tutoría se hablará de sus problemas, pero que, si no hay problemas n i asuntos de los que hablar, que se estudiará. Al final lo que sucede es que las dos terceras partes de las tutorías se las pasan estudiando, que es cosa de mucho provecho.

    • El pobrecito profesor
      25 noviembre 2011 a 18:27 #

      Así sí.
      Cuando he podido, he hecho lo mismo que usted en mis tutorías (he sido tutor 11 años, y este es mi primer curso que he pedido no ser tutor: hay alumnos que ya no quieren ser tutorandos, sobre todo si pasan de los 17 años -4º de ESO- como era mi caso los últimos cursos).
      Un saludo.

    • teacher
      27 junio 2012 a 7:24 #

      Esta profe ha llegado a proponer a su Consejería de Educación que se eliminen, o replanteen, las sesiones de tutoría. En mi comunidad autónoma, la tutoría es considerada una especie de “hora libre” por los alumnos, en la que se hace más bien poco. Bailando al son que marque el orientador de turno, les pasamos interminables cuestionarios de los que sólo se molestan en rellenar las preguntas tipo test simple o múltiple, pero que se cuidan muy mucho de completar cuando la tarea requiere elaborar un simple parrafo argumentativo. Luego se supone que debemos entablar un debate sobre el tema propuesto en gran grupo, solo que si el tema que se ofrece a una clase de 4º de ESO es la énesima versión del ¿Cómo empleas tu tiempo diario? o ¿Cómo es tu lugar de estudio en casa?, es muy probable que no se animen mucho a participar.

      Prácticamente nunca salgo satisfecha de una sesión de este tipo, por eso huyo de las tutorías, prefiriendo cualquier otra actividad lectiva o complementaria. Siempre digo de broma que los profes nos dividimos en dos grupos: los que somos más de la “materia”, y los que son más de la “actitud”. Yo pertenezco al primer grupo, es decir, que llevo mal el papel de animadora sociocultural Cuando he pretendido dedicar tiempo de las tutorías a estudiar otras materias, o a solucionar dudas de inglés, los alumnos me han mirado como si estuviera loca, literalmente.

      Y en cualquier caso, ¿existe la hora de tutoría semanal en sistemas como el británico, el finlandés o el alemán? Yo nunca he oído hablar de esto.

  20. 25 noviembre 2011 a 9:22 #

    Ruego perdonéis ese “ha hablar” y otros patinazos del anterior comentario y dew otros; estoy un poco pocho de la vista (aparte de mi habitual torpeza digital) y pasan estas cosas. Gracias, besos y abrazos.

  21. teacher
    27 junio 2012 a 9:09 #

    Estupendo artículo. Es verdad, no todos los orientadores son iguales. El otro día, sin ir más lejos, en la pausa para fumar descubrí que la orientadora de uno de los centros donde trabajo este año… ¡es antilogsiana!

    Los he conocido de todos los pelajes. Involucrados, bienintencionados, carotas, despistados, incluso competentes. El principal problema se encuentra en la indefinición inherente al cargo. Llevo un par de años recibiendo de esta persona un cuestionario donde se me pide como tutor que priorice lo que será la actuación de su departamento para ese año: elaboración de informes psicopedagógicos, trato con las familias, asesoramiento metodológico al profesorado, gestión del plan de Acción Tutorial y otra más que no recuerdo. Es como si nos quisieran recordar cuál es su papel en los centros, como si reivindicaran su labor. Mal estamos si tenemos que explicitar nuestras funciones.

    Sinceramente concuerdo con los que han criticado el exceso de patologización de nuestros chicos. Con qué gracia lo expresa Pilar Guirado más arriba: “Tenemos ACNEES generados por el sistema educativo. Una de las tareas de los orientadores sería la de evitar diagnósticos pseudopsiquiátricos en alumnos que simplemente están por civilizar.” Suelo decir que mejor están no diagnosticados, pues a partir de este momento se convierten en muebles, en troles, entre disruptivos y pasivos, acostumbrados a rellenar una fichitas con poca sustancia, un bajo nivel de exigencia, y muchos se hacen irrecuperables ya para los restos. Luego te piden que elabores una adaptación curricular y que le des atención individualizada en un aula de 28 alumnos de 1º ESO, con 5 repetidores manipuladores, problemas de disciplina, un aula calurosa y mal ventilada, y cuando pretendes aplicar un enfoque comunicativo a la lengua extranjera. Ya, y el pino de nariz también te lo hago.

    Termino comentando que en mi C.A., concretamenta la de Canarias, los orientadores desparecen de los centros los jueves para reunirse en no sé qué milagroso lugar a arreglar el mundo… pero no lo consiguen, y vuelven a reunirse la semana siguiente, a intentarlo de nuevo. Les confieso qué me da una envidia insana, poder escapar un día, a hacerme mi terapia de grupo semanal con compañeros de mi especialidad.

    De los programas de Diversificación Curricular ya hablaré en otro post, para no aburrir al personal.

    • Mariquilla
      27 junio 2012 a 10:03 #

      Decían un eminente pensador -esto es lo que se escribe cuando no se recuerda el nombre- que los filósofos de la modernidad no se avergonzaban de ser filósofos sino no de ser físicos. A nuestros orientaciones les ocurre algo similar: no se avergüenzan de ser orientadores, sino de no ser psiquiatras. Lo suyo es el diagnóstico -con el acierto que todos conocemos- y la prescripción del tratamiento – el mismo en todos los alumnos, en todos los centros y en toda la geografía nacional- y queda para los manijeros, los simples profesores, su aplicación. Es cierto que no todos son iguales, algunos podrían aprovecharse en dar alguna maría inventada para rellenar horarios. Pero a ver quien le pone el cascabel gato. Se resisten con uñas y dientes.

  22. prpa
    6 diciembre 2016 a 21:59 #

    Y

  23. Chelo Orientadora (superguay me creo)
    6 diciembre 2016 a 22:08 #

    A los orientadores se les debería de dar una carga lectiva no inferior 10 horas semanales (sinceramente, para lo que hacen, no creo que se note. De hecho ¿a alguien le importa si falta el orientador ese día? No, porque no se nota.) Con ello se solucionan varias cuestiones: 1) El orientador hace trabajo útil. 2) El orientador, al dar clases, tomaría conciencia de lo qué es la enseñanza,aprendería algo y se dejaría de gilipolleces que no nos dejan trabajar a los demás.
    PD: espero que los que (no) trabajan de orientadores no se enfaden solo por haber dicho la verdad.

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  1. Veamos la labor del orientador… « Cuaderno de orientación - 12 marzo 2012

    […] Y estos, ¿para qué están aquí? Los pakistanís (¿pa’quí stan?), o sea ¿para qué están aquí? Así es como mi preparadora de oposiciones nos abrió los ojos a los inocentes aspirantes a las plazas de orientación educativa. Sí, así es como llamaban a nuestros colegas en los institutos (entre otros nombres). Han pasado ya algunos años de aquello y, desde luego, mi experiencia ha aumentado enormemente, y también mis conocimientos: he leído magníficos libros que me han hecho entender la “manía” de algunos hacia los orientadores. Manía que no entendía al principio, pero, claro, mi idea de la orientación educativa no tenía mucho que ver con la realidad que me encontré después.En todos estos años como orientadora educativa ha aumentado mi perplejidad, y en no pocas ocasiones, mi absoluta decepción. Os voy a ser sincera, he tenido que hacer todo un pausado ejercicio de reflexión para responderme honestamente a esta pregunta (¿para qué estoy aquí?) en muchas ocasiones. Lo que voy a escribir a continuación trata de dar respuesta a la pregunta. Es una opinión (personal e intransferible), es decir, que es mía y sólo mía, y no pretendo sentar cátedra. Y además, esta opinión tampoco es inamovible, puedo cambiarla, si la realidad me demuestra que me equivoco…o si lo hace otro compañero de profesión o “experto” pedagogo; pero con pruebas, claro, no mediante verdades neopedagógicas. […]

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