En qué nos hemos equivocado

Alessandro Baricco es un escritor italiano conocido y apreciado en muchos países. Esta es la traducción de su intervención el pasado 28 de octubre en la Leopolda de Florencia 2011, una especie de foro anual de la izquierda italiana. Son palabras que han causado gran impresión en su país. Se trata de una especie de confesión improvisada de los errores que ha cometido su generación, con la idea de que las nuevas generaciones no sigan por el mismo camino.

La intervención de Baricco pone sobre la mesa temas tan importantes como la meritocracia, el significado de la igualdad, o la dinámica virtuosa del riesgo, que van más allá de cuestiones políticas, y que tienen una relación directa con el mundo educativo.

Soy responsable de la traducción, en la que he intentando conjugar la legibilidad con cierta fidelidad a lo que el autor ha querido decir.

Emilio Quintana                      

Intervención de Baricco en YouTube:

EN QUÉ NOS HEMOS EQUIVOCADO

Buenas noches. La verdad es que yo había venido aquí para escuchar, pero parece que aquí es imposible estar solo de oyente. Yo no aspiro a convertirme en Presidente del Gobierno, es tarde. Hace veinte años que tuve treinta años. Mi tiempo ha pasado, las cosas que quería hacer he intentado hacerlas; tenía treinta años, muchas ideas, mucha voluntad, mucha rabia. Soy uno de los responsables del mundo que está ahí afuera. Mi obligación es escuchar, punto. Puesto que Matteo [Matteo Renzi, organizador de la Leopolda]me obliga a hablar, me gustaría decir la única cosa que puede que os sirva para algo. Hacer el repaso de algunos de los errores que hemos cometido, para que no los cometáis vosotros. O al menos, hacer el repaso de algunos de aquellos errores que he entendido que lo eran, porque está claro que hay otros que, ni yo ni otra gente, hemos comprendido todavía.

Pero algunos los recuerdo bien. Uno es que nosotros nos hemos movido siempre partiendo de la idea de que estábamos trabajando en la defensa de los desfavorecidos, de los marginados, de los sin voz, de las víctimas de la injusticia. Este es un espléndido punto de partida. Y cuando no lo reconozco en las intervenciones que he escuchado, siento que hay algo que me perturba. Pero voy más allá, porque nosotros, bajo la coartada de estos principios, y en su nombre, hemos fomentado un sistema de protección, de privilegiosy de defensas, de una zona un poco oscura e impenetrable de este país, como si tristemente todo tuviera que mantenersegracias a la mediocridad y a una cierta vocación de servilismo. No sé cómo hemos llegado a esto, pero ha pasado. No tenéis por qué cambiar el punto de partida, es el justo, pero no acabéis llegando a este resultado.

Si me esfuerzo en comprender en qué nos hemos equivocado, quizá hay un punto que vagamente me aparece con más claridad.

Pensábamos que podíamos proteger a los desfavorecidos paralizando el sistema de alguna forma, a través de una serie de derechos y tutelas que fuera firme y estable. Ahora sabemos (tanto yo como otros) que lo mejor que se puede hacer por los débiles es concederles un sistema dinámico, no un sistema garantista. No es cierto que el riesgo se cebe con el débil, el riesgo es una oportunidad para el débil. Un sistema garantista, paraliza un país, paraliza el crecimiento, paraliza el entusiasmo, la esperanza, las posibilidades de cambio. No permite la movilidad social, encadena la capacidad, es un sistema asfixiante, y el rico padece con la asfixia, pero tampoco gran cosa. El pobre, muere en la asfixia.

Otro de los errores que hemos cometido es que no hemos sabido pronunciar las palabras que se correspondían con el nombre de las cosas. Pongo un ejemplo. Sabíamos que lo mejor era que los mejores fueran los que dirigieran las cosas, pero no hemos sido capaces de pronunciar la palabra “meritocracia”, porque es fea. Pero lo peor es que no hemos sabido encontrar otra palabra alternativa, de modo que no hemos hecho aquello a lo que la palabra corresponde.

Pensábamos que la escuela era un instrumento para crear “igualdad”, pero sabíamos que de la escuela iban que salir los que tarde o temprano tendrían que tomar las decisiones en este país. De ahí otro concepto que no hemos logrado articular: “clase dirigente”. No hemos encontrado otra forma de decirlo. Y no encontrar una forma de decir las cosas, significa no hacer las cosas.

Una de las experiencias personales que encuentro más extendidas socialmente, y que es una de las cosas más deprimentes que tiene este país, es esta: que cuando te encuentras delante de alguien que tiene la responsabilidad de tomar decisiones (en la oficina de Correos, en la ópera -porque uno tiene que trabajar con ellos-, en el partido), te encuentras en el fondo delante de alguien al que le falta una educación, una escuela. No sabes por qué está ahí, pero sabes que nadie se ha preocupado de que tenga conciencia de que forma parte de lo que se conoce como “clase dirigente”.

Otro error que hemos cometido es que durante años hemos ido a remolque. Cuando los otros movían pieza, nosotros reaccionábamos. Hemos jugado toda la vida con las negras. Me he pasado media vida intentando no morir democristiano, y la otra media intentando no morir berlusconiano. ¿Os parece que eso es vida? ¿Y nuestra partida? La nuestra, la que jugamos nosotros, la que no depende de que los otros muevan primero. No os quedéis esperando a ver cómo se mueve el otro. En el partido, en la escuela, en la familia. Hay que dar el primer paso, porque el que va a remolque al final lo que busca es el pasteleo. No piensa en ganar. Y nosotros, mi generación, se ha hecho conservadora. La izquierda en la que he crecido es la cosa más conservadora que existe hoy en Italia.

¿Y sabéis por qué se ha ido siempre a remolque? ¿Sabéis por qué nos sentábamos a la mesa y pedíamos las negras? Porque teníamos miedo a perder.

Mirad, os lo digo sinceramente. He crecido en una izquierda que siempre ha querido ganar el partido en los despachos. No en el terreno de juego. En los despachos. Y ha sido muy frustrante. Nos hemos acostumbrado a que cuando el otro ganaba era porque había hecho trampa. Siempre. ¿Pero es eso posible? ¿Es posible que siempre el que gana sea porque ha hecho trampa? ¡Venga ya! Eso es estadísticamente imposible. Por Dios, ¿no será que a veces gana porque es mejor que nosotros? Ah, pero si vamos con las negras, es posible justificarse. Teníamos, no sé por qué, teníamos mucho miedo a perder, es decir, a arriesgarnos. Si no te arriesgas, no ganas nunca. Hemos arriesgado muy poco. Yo mismo he librado algunas batallas en el campo de la cultura, junto a otros, en el terreno de los fondos que se dedican a la cultura, en la forma de gestionar los recursos culturales del país.

Ahora, cuando me pongo a pensar en esas batallas, veo como una especie de lentitud. Por eso estoy aquí, porque creo que vosotros sois más dinámicos […] A veces he intentado convencer a cierta gente de la necesidad de cambiar las cosas. Pero esa gente no habría cambiado nunca su forma de pensar, ni siquiera dedicándoles toda una vida. Porque a esa gente, lo he visto luego, no hay que convencerla. Hay que pasar de ella. Mi generación, por tanto, ya ha vivido en el miedo a perder, en la incapacidad para arriesgarse. Podéis estar tranquilos. Nunca tengáis miedo a perder, que además es algo que trae mal de ojo. Gracias.

Alessandro Baricco

(Damos la bienvenida a Emilio Quintana, Doctor en Filología Hispánica y profesor del Instituto Cervantes de Estocolmo. Forma parte del Grupo Nodos Ele, dedicado a la investigación sobre el aprendizaje en la era posdigital: http://www.nodosele.com/blog)

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Categorías: Diagnósticos

Autor:Emilio Quintana

Emilio Quintana es Doctor en Filología Hispánica. Profesor del Instituto Cervantes de Estocolmo. Forma parte del Grupo Nodos Ele, dedicado a la investigación sobre el aprendizaje en la era posdigital: www.nodosele.com/blog

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10 comentarios en “En qué nos hemos equivocado”

  1. Mariano
    15 noviembre 2011 a 23:53 #

    Bienvenido al blog con su sugerente entrada, que aporta bastante reflexión sobre problemas no demasiado distintas a las nuestras.

  2. javier usero
    17 noviembre 2011 a 6:54 #

    Gracias, Emilio, por tu trabajo de desbrozarnos el terreno para entender un poco mejor la realidad…
    Hablando un d’ia con uno de mis hermanos, conveníamos en que los criados en familias pobres al final del franquismo gozábamos de muchas más oportunidades de progreso que los chicos que se crían hoy… Y Baricco me aclara dos de las causas por las que eso era así: una,que el sistema (escuela incluida) era meritocrático y que la sociedad nos parecía algo (no mucho) más dinámica…

    Emilio, mi admiración y respeto para ti.

  3. 17 noviembre 2011 a 9:12 #

    Yo creo que el problema de la izquierda es que, cuando funciona, muere de éxito: el aburguesamiento (entiéndase como mejora de la calidad de vida) deviene en pérdida de conciencia de clase lo que a su vez desemboca inevitablemente en el abandono de los valores de la izquierda. Claro, que las conquistas no son definitivas. A veces se retrocede y nos empobrecemos – está ocurriendo ahora – pero entonces ya hemos dejado de identificarnos con una clase social desfavorecida (de hecho hasta hemos dejado de hablar de ‘clase socia’ por considerarlo un término marxista rancio) así que nuestras aspiraciones políticas pasan por encontrar un hueco en el sistema y no por cambiarlo: fin de la izquierda. Esto no es nada nuevo. Margaret Thatcher (que no era de izquierdas pero que era muy lista) lo sabía, y por eso lo primero que hizo fue convertir en propietarios a la gran masa obrera que vivía de alquiler. Una vez con hipoteca, la gente empezó a identificase con la burguesía y a ir cada uno por su lado por miedo a perder sus privilegios.

    No creo que un estado garantista sea necesariamente malo. Por definición, un sistema dinámico no puede ser mejor para los débiles porque parten de una posición de desventaja frente a los fuertes. La meritocracia sólo es posible cuando se han garantizado ciertos mínimos (la famosa igualdad de oportunidades).

    Respecto a lo que comenta Javier Usero, yo también lo he pensado pero realmente no lo tengo muy claro. El sistema educativo actual es un asco (el de antes tampoco era para tirar cohetes, ojo) pero ahora también hay mecanismos para progresar. Pienso por ejemplo en las becas que hay para estudiar idiomas en el extranjero, algo que en nuestra época era impensable. Supongo que lo que ocurrió fue que, al salir del tercermundismo, España necesitó masivamente de profesionales y ahora simplemente esos huecos están copados.

  4. 17 noviembre 2011 a 12:45 #

    ” ¿no será que a veces gana porque es mejor que nosotros? ”
    Tú lo dices, que dijo Cristo a Pilatos. La izquierda y su fijación cuando pierde de que perdió en el minuto 90 y por error arbitral…

  5. Ania
    17 noviembre 2011 a 18:33 #

    Cuando uno tiene las espaldas cubiertas económicamente por PATRIMONIO FAMILIAR , de salud , emocional u sobre todo ECONÓMICO; puede permitirse el lujo de no actuar melifluamente, de arriesgarse, ser “dinámico” no caer en “pasteleos”, pasar de “la gente” y conjurar valientemente el “mal de ojo” que según el señor Barico trae consigo “el miedo a perder ” que constituye el pecado propio de la gente de su generación.

    En mi opinión, el que habiéndoselo podido permitir, ha vivido “pasteleando” y paralizado ha sido un cobarde y el que no, ha sido un prudente que ha hecho lo que debía y podía hacer: en Italia y en España, en lo que respecta a la generación a la que tal señor califica y de la cual Emilio Quintana transcribe y yo agradezco como no puede ser de otra forma.

    Un saludo.

  6. Francisco Javier
    19 noviembre 2011 a 18:55 #

    En los tiempos que corren son frecuentes estos virajes conservadores de la izquierda posmoderna. A mi este señor no me da ninguna buena vibración y lo único que se me ocurre es pensar que en vez de lamentarse ahora, se lo podría haber pensado mejor antes. De este señor tan sólo conozco un libro sobre música, “El Alma de Hegel y las vacas de Wisconsin”, que a nadie recomiendo, un libro para olvidar (gratuito, banal, lleno de tópicos posmodernos, pensiero debole de lo peor.)

    Si es interesante el tema de fondo: la idea de que es posible una sociedad más homogénea y armoniosa a través de la educación. ¿Es posible? Un dato objetivo (entre otros muchos también objetivos) muy importante que nos indica que hemos ido por muy mal camino es que a fecha actual las diferencias sociales lejos de disminuir se han incrementado, lo cual quiere decir que España es un país más subdesarrollado. Se trata de un fracaso más de las leyes educativas impulsadas por el Socialismo. La contradicción inherente, quizás insalvable, a las propuestas educativas más o menos revolucionarias (la LOGSE y derivados), está en que afuera de las verjas de los reductos en los que reina la COMPRENSIVIDAD (la “Escuela compasiva”, como la ha denominado Borja Contreras) lo que existe es la pura y dura COMPETITIVIDAD. Frente a la lógica del Mercado, donde cualquiera es en potencia una víctima, las ideas angelicales, por muy bienintencionadas que estén, acaban siendo puro vacío retórico. La izquierda, es mi opinión, debe comprender que no se trata de salvar su mala conciencia, su connivencia y casi diría admiración por la enormidad del Capitalismo (algo que ya se encuentra en Marx), sino de tomar de verdad en serio qué modelo de sociedad defiende y ser consecuente con sus principios.

    El asunto, soy consciente de ello, es infinitamente complejo. La educación nunca es sólo la educación, sino que es todo (economía, historia, sociedad, ética, política,..)

    Un saludo y gracias por la traducción.

  7. teacher
    8 julio 2012 a 13:25 #

    Siento discrepar con la primera frase del comentario de Francisco Javier más arriba: “En los tiempos que corren son frecuentes los virajes conservadores de la izquierda posmoderna” (de fecha 19 de nov de 2011, lo sé, ¿dónde estarás ahora, FJ, para responderme?). Y mi discrepancia es total, pues me parece una muestra de espléndida madurez que alguien perteneciente a la izquierda oficial se replantee el éxito de su ideología y la posible responsabilidad de ésta en el (relativo) fracaso de la sociedad actual. Doy la bienvenida a todo el que desde cualquier postura ideológica se plantea y replantea sus postulados. Que nos comuniquen al resto de la sociedad sus reflexiones. Queremos saber.

    Sin embargo, en el estupenda conferencia de A. Baricco se habla de una Italia que podría ser el la antítesis de la España de los últimos 30 años, donde ha sido la derecha, si se me permite recordarlo, la que ha tenido que jugar negras e ir a remolque de una izquierda que no en vano ha gobernado la mayoría de los años posteriores a la transición. Parece ser que después de 40 años de dictadura (o dictablanda, según el momento analizado) católico-derechona, este país se ha resistido a votar a la derecha. Vaya, pues a mí no me sorprende lo más mínimo. Pero el tiempo pasa, y las cosas cambian…

    Con el segundo párrafo del comentario de FJ, no puedo estar más de acuerdo. La izquierda ha cometido un error garrafal con la LOGSE; bien intencionado, es verdad, pero error y garrafal, al fin y al cabo. La comprensividad (y “compasividad”), el igualitarismo y angelismo de nuestros colegios e institutos ha perjudicado a todos, pero especialmente, y esto es lo más doloroso, a los hijos de las capas más desfavorecidas de la sociedad. Precisamente a los que pretendía compensar de sus deficiencias de partida. Vamos, que la “igualdad de oportunidades” a la que pretendía servir de vehículo se queda en papel mojado. ¿Se puede hablar de fracaso de la izquierda? Sí, en esto en particular, sí.

    Ahora no hay que hacer leña del árbol caído. Reconocer que el fracaso del sistema educativo no sólo es español, y no sólo es de la izquierda, pues leyendo aquí y allí la prensa extranjera se observa que en otros países también se están replanteando sus premisas de partida, repensándose el esquema. En Gran Bretaña se han impuesto los “free schools” y las “accademies” desde la época de Blair (colegios e institutos financiados parcialmente por empresas privadas, generalmente situados en barrios desfavorecidos, a los que lo único que se les pide es que mejoren resultados), y ahora se plantean volver a los antiguos O levels, más exigentes que los actuales CGSE (exámenes nacionales al final de la enseñanza secundaria obligatoria). En Francia Sarkozy intentó elevar los niveles, con la oposición de las sindicatos de profesores; ahora Hollande habla de la necesidad de mejorar la educación. ¿Se lo permitirán unos sindicatos más preocupados por defender los intereses de horarios y sueldos de sus afiliados que por la calidad educativa? Le va a costar, pero espero que lo consiga. Suecia ha vuelto a los exámenes nacionales al final de cada etapa educativa, conscientes de que tenían un problema y de que sólo la cultura de la evaluación permitirá salir de él.

    Y empezar la trabajar en la buena dirección, que tampoco es que haya que cambiar el sistema de arriba abajo. El anuncio de reválidas nacionales es una estupenda noticia en este sentido.

    • 12 agosto 2012 a 7:01 #

      “La comprensividad (y “compasividad”), el igualitarismo y angelismo de nuestros colegios e institutos ha perjudicado a todos, pero especialmente, y esto es lo más doloroso, a los hijos de las capas más desfavorecidas de la sociedad.”

      En ese especialmente hay que añadir, porque esa es la realidad objetiva, a los varones. Obviar la dimensión de género de la actual crisis educativa a lo que conduce es a no dar con todas las claves que la explican y por tanto dificultar la superación de la misma.

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  1. Baricco en Deseducativos | EQ - 15 noviembre 2011

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