Exámenes

logo propuestasSeamos sinceros. Nadie, en su sano juicio, cree en la veracidad de un informe de departamento, ni siquiera los burócratas de la Consejería de turno. Todo el material de la enseñanza se ha convertido en un gigantesco palimpsesto. Los directivos utilizan la PGA del año anterior para elaborar la nueva. Los jefes de seminario copian las actas variando la fecha y los participantes en las supuestas reuniones. Los tutores recortan y pegan conclusiones de otros años. Al final, en cualquier informe valorativo, los centros “están preparados” porque el año pasado, porque hace cinco, diez años “estaban preparados”; los temarios “se imparten casi en su totalidad” porque así lo dejó escrito el antiguo jefe de departamento en otra memoria de otro fin de curso; los apoyos “funcionan” porque “funcionaron” entonces.

Los sectores más críticos con las últimas leyes educativas siempre han creído que el papeleo que implantó la LOGSE no era sino una excusa para mantener al personal más o menos controlado y también para justificar la labor docente ante los padres y ante la sociedad. Pero, en realidad, ha sido otra la intención. La burocracia que asfixia actualmente colegios e institutos sólo es útil como salvaguarda de un sistema que no exige nada verificable, abomina de los resultados y de las calificaciones, defiende la promoción automática y confía en el advenimiento del Espíritu Santo para la inculcación de conocimientos. Únicamente el papel y la letra impresa definen, otorgan patente de fenómeno, de hecho perceptible, a algo que, tanto en la teoría como en la práctica, es absolutamente virtual. Sin la burocracia, la LOE no existiría. Sin la burocracia, la LOE no sería necesaria -qué triste, ay, qué absurda una ley que no es necesaria-, porque, desde que la LOGSE instaurase la promoción automática, la enseñanza carece de mecanismos autoevaluadores que le otorguen visibilidad, realidad, facticidad, que midan el verdadero estado de las cosas.

Aunque asistimos en los últimos años al nacimiento de esas pruebas de diagnóstico que las Comunidades Autónomas se han visto obligadas a llevar a cabo, está todo tan en el aire que nadie conoce a ciencia cierta la profundidad del abismo educativo. Si, además, sumamos a lo dicho que las pruebas no son vinculantes, que cada región las elabora según unos criterios que muchas veces trascienden la mera responsabilidad educativa y que surgen de la necesidad de cumplir con la estadística impuesta por el fantasmagórico Tratado de Lisboa, podemos llegar a la razonable conclusión de que la enseñanza en España se alimenta casi exclusivamente de la impostura institucional.

El nivel de inteligencia y eficacia de una ley es inversamente proporcional a la cantidad de papeleo que exija. La burocracia actual es fruto de la ausencia de exámenes estatales en las etapas obligatoria y post obligatoria. E insistimos en el adjetivo “estatales”, porque es vital que una futura instrucción pública no divida sus criterios en diecisiete excepciones a la regla. Las pruebas han de ser vinculantes en cada ciclo y deben servir para orientar al alumno -y a su familia- tanto en la competencia que se posee como en los itinerarios para los que habrá de estar más capacitado.

Así pues defendemos una Enseñanza Primaria Obligatoria repartida en, al menos, dos ciclos con dos reválidas -en Deseducativos no tememos a ciertas palabras- al final de los mismos. La primera prueba servirá para medir la capacidad y los conocimientos de los alumnos y será vinculante para decidir si estos repiten -al menos una vez- el último curso de ese primer ciclo. El segundo examen se llevará a cabo al final de la etapa e, independientemente de los itinerarios que se elijan en el futuro -Bachillerato, FP o Iniciación Profesional-, tendrá que revelar si los alumnos cumplen o no con los objetivos de las diversas materias. Acabar con el engañoso concepto de “competencias básicas” -a partir de ese segundo ciclo de Primaria- es también una prioridad para Deseducativos. En su lugar, puesto que los profesores instruyen y no educan, debe restablecerse el valor de los contenidos de las diversas disciplinas. Por ello, la repetición de curso en la etapa básica -una vez en el primer ciclo; dos veces por curso en el segundo- se hace, también, tan necesaria, concebida como un sencillo mecanismo de afianzamiento de esos mismos contenidos. El itinerario post obligatorio de Iniciación Profesional -no lo confundamos con el de Formación Profesional-  serviría para dar una salida laboral a aquellos estudiantes que no superasen la última prueba de la Primaria. De una duración de tres años, en él sí tendría sentido combinar todos esos elementos comprensivos que actualmente posee la ESO con una fuerte presencia de materias destinadas a futuros contratos de aprendizaje.

En los ciclos post obligatorios, la presencia de reválidas es también crucial. Por ello la división de la Formación Profesional y del Bachillerato en dos ciclos no sólo servirá para calcular la labor llevada a cabo por los centros y sus necesidades, sino, por supuesto, para obligar, tanto a profesores como a alumnos, a buscar, mediante el esfuerzo personal y compartido, el grado de excelencia suficiente. El título de ambas etapas ha de depender de la superación de dichas reválidas.

Pero no pensemos, por último, que los diferentes itinerarios condenarán a los alumnos a cierto tipo de guetos según sus capacidades o resultados académicos sin posibilidad alguna de remisión. El nuevo sistema de enseñanza deberá prever mecanismos de “reenganche” a cada una de las etapas post obligatorias mediante cursos puente o exámenes de ingreso. Lo que no puede ser -y lo que no puede ser no puede ser y además es imposible- es que los centros públicos continúen siendo expendedurías de títulos e ignoren así esa cosa tan antigua, pero tan condenadamente ineludible, como es el mérito personal.

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12 comentarios en “Exámenes”

  1. Antonio Reveriego
    20 noviembre 2009 a 19:33 #

    Hola colegas:
    Me sorprende que penséis así. Los profesores y las profesoras además de instruir , educamos, queramos o no (¿sabéis lo del curriculum oculto?) . Me parece un criterio falso y peligroso valorar el rendimiento de un alumno o una alumna solo por unas pruebas escritas.
    Un saludo. Prefiero mejorar la educación, no deseducarme.

    • José Miguel
      19 enero 2011 a 17:41 #

      Las pruebas escritas no solo sirven para valorar el rendimiento de los alumnos, sino también para distinguir la profesión docente de la realidad paterno-maternal. Es decir, educando, usted como docente es exactamente como los padres. Usted no cobra por “educar”, cobra por enseñar, es decir, usted no es más educador ni menos educador que los padres, pero sí es enseñante de una materia académica, y la realidad de su sueldo viene justificada por esa distinción. Educar a un alumno lo pueden hacer muchas instancias extramuros del instituto. Enseñar matemáticas, biología, literatura… Si usted cobrara por “educar”, se cometería una injusticia con los padres, que no cobran, o con los tíos, tías, primas, primos, amigos, amigas…, el vecino, etc… ¿Aprueba las oposiciones por “ser educado” o por dominar una determinada materia académica?

    • José Miguel
      19 enero 2011 a 18:04 #

      Me suele inspirar cierta inquietud quien dice: “soy educador”. Automáticamente me prevengo de tal sujeto.

  2. 20 noviembre 2009 a 19:46 #

    Estimado Antonio,

    Lo del currículo oculto es el invento de la pólvora. Claro que un profesor educa, siempre lo ha hecho. Lo que ocurre es que ahora las prioridades han cambiado. La instrucción, la enseñanza de una disciplina ha predispuesto a la educación del discente desde la noche de los tiempos. Pero en estos momentos es al revés. La importancia dada a la transversalidad, a la educación en valores, a la educación para la ciudadanía ha logrado hacer explícito lo que siempre ha estado implícito. Podría decirse que, en ciertos “momentos curriculares” de la materia, ésta es la que queda implícita.

    Si esto lo llevaran a cabo centros privados que anteponen ideología o fe a los contenidos que se imparten, no le daría la menor importancia; allá ellos. Pero el problema existe cuando es la escuela pública la que se convierte en adoctrinadora.

    Por otro lado, los exámenes, las pruebas y los trabajos de aula son el único indicador fiable de lo bien o mal que funciona un sistema educativo. Pero esto se ha convertido en un tabú que nadie con capacidad de decisión se atreve a poner en cuestión. Fíjese que en el borrador de propuestas para el tan cacareado Pacto Educativo, son capaces de encomendarse a las encuentas de PISA o de la OCDE antes que a las valoraciones que se puedan llegar a hacer dentro de nuestro país. ¿Y sabe por qué? Porque ahora mismo no hay nada cuantificable que sirva para hacernos una idea de la profundidad del agujero.

    No debemos confundir la atención a un alumno en particular -cuyo rendimiento depende tanto de las pruebas escritas como de otras muchas cosas- con el valor de unas pruebas vinculantes que han de realizarse para efectuar un diagnóstico de todo el sistema. Hoy, al no existir éstas -las que se elaboran las CCAA son una pantomima-, las conclusiones son susceptibles de infinitas interpretaciones, aun de manipulación.

    Siento que usted no lo haya entendido así, o, si lo ha hecho, que no comparta nuestro punto vista. No obstante, sus intervenciones siempre serán bien recibidas.

    Un saludo.

  3. Luis Sandoval
    21 noviembre 2009 a 21:08 #

    O sea lo siempre que ya sabíamos por la sabiduría popular, que “cada maestrillo tiene su librillo”.

  4. 31 diciembre 2009 a 19:16 #

    Una propuesta sensata y bien planteada. Tengo alguna duda, no obstante, en relación con la identificación que se da por supuesta, entre enseñanza común y enseñanza obligatoria. En el sistema educativo alemán, por ejemplo, los niños son separados a los diez años, en tres modalidades de enseñanza obligatoria (el Gymnasium, la Realschule y la Hauptschule) según sus resultados académicos y atendiendo a las recomendaciones de sus profesores.

    Lo cierto es que carezco de experiencia profesional relevante para emitir un juicio definitivo. Tan sólo cuento con mis impresiones en las guardias y en los recreos, con los chavales de 1º y 2º de la ESO, a los que nunca he impartido clase (mi especialidad es la filosofía). Creo que en estos dos cursos al menos, el modelo comprensivo ya hace estragos. Algunos niños lo único que consiguen es alimentar su frustración e impedir sacar provecho a sus compañeros.

    Sería interesante contar con opiniones de maestros adscritos, que anteriormente trabajaron con chavales de estas edades, en la segunda etapa de la antigua EGB.

    • pericles
      15 febrero 2014 a 22:59 #

      Trabajo en la enseñanza desde 1984 primero como maestro siempre en 7º y 8ª de EGB y luego como licenciado en la ESO y Bachillerato.

      El fracaso escolar no es del 20% de media como se afirma, el verdadero fracaso escolar esta camuflado con la atención a la diversidad, los planes individualizados y otras coartadas. Yo lo cifraría en un 50-60% y creo que soy generoso.

      Reto a cualquiera que entre en 2º de ESO y ponga un dictado, una redacción, un problema que implique un división de dos cifras y que haga leer una página de un libro. Luego hablamos

  5. Mateo
    24 enero 2010 a 23:39 #

    Estimado Enriquef, antes de la Logse nadie trabajó con alumnos de 15 y 16 años que no quisiesen seguir estudiando. Algunos sueltos, quizás, por empeño de sus padres, pero nunca un 50% de la clase(resultado de concentrar el 35% del fracaso escolar en la pública por las repeticiones)

    Mientras no se le busque una alternativa al alumnado en función de sus intereses (como tú bien apuntas) TODOS los alumnos seguirán perdiendo dos años, por mucho que intentemos hacer cribas en la promoción del alumnado. Y LO PEOR, el sistema privado seguirá dando ventaja a los niños de papá.

    En el café para todos el profesor da media clase, y los disruptores dan la otra mitad. Ese es el problema de la ESO. Que pasen en pésimas condiciones sólo es la consecuencia. 😉

  6. Limbania
    28 mayo 2010 a 14:29 #

    Estoy pleenamente de acuerdo con lo que aquí se defiende, pero quiero resaltar que la aportación de Mateo introduce una observación importante. Nuestro eterno problema es y será que impartimos clases a quienes no les interesa un comino, debemos ayudar a quien no quiere ser ayudado.
    Los necesarios exámenes no sirven en este contexto más que para poner de relieve este hecho: que los IES son guarderías de parados, almacenes del stock demográfico, recipientes – incubadoras donde la gente espera a tener 18 o más años. Por eso lo políticos, politiquillos y politicastros no los quieren, los delatarían.
    Y ahora quieren endosarnos a los de 18 anos!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! S.O.S

  7. jacobo
    17 noviembre 2010 a 22:43 #

    ¿Quién juega en la selección española?
    ¿Los mejores, no?
    Pues lo mismito en la educación, que estudien los mejores, que enseñen los mejores.
    Y dejémonos de monsergas que tanto daño hacen a todos.

  8. Helena
    19 enero 2011 a 17:15 #

    Pienso que la educación es tarea primordial de los padres: ellos son los que enseñan a los hijos a relacionarse con otros: a pedir las cosas, a tratar con respeto, a esperar su turno…. a manejar los cubiertos… La tarea educativa de los maestros creo que se limita, o más bien debería, limitarse a reforzar lo inculcado por los padres y a no deshacer o contradecir esa tarea. El maestro no puede suplir lo que no han hecho los padres. Ahora bien, su tarea primordial es enseñar y transmitir conocimientos, y lógicamente, el progreso del alumno debe medirse por la adquisición de conocimientos, y la evaluación de esos conocimientos forma parte de la tarea y competencia del enseñante. Y ello debe trasladarse al sistema de formación, sólo el progreso académico del alumno, medido en la adquisición de conocimientos, debe condicionar el paso de los alumnos a otro nivel. Creo que ello revertiría en la mejora de la consideración de los docentes, la autoridad no la da el que te proteja un delito del CP, sino el reconocimiento a la labor del docente como tal y a su consideración de alguien que realiza un servicio público, en virtud del cual valora a los alumnos con los criterios objetivos que le permiten medir su progreso académico. No cabe la filosifia del alumno/cliente bajo el lema “el cliente siempre tiene la razón”. No cabe supeditar la superación de niveles académicos a criterios externos a la superación de los conocimientos exigibles en cada nivel: plazas en el curso al que se incorporan, interés en conservar el instituto del pueblo……o que los alumnos hagan la comunión todos juntos.

  9. santi
    13 septiembre 2011 a 15:47 #

    Me parece muy interesantes las propuestas que aquí se hacen. Yo añadiría que esas pruebas de nivel (reválidas) tuviesen carácter único y nacional. Así se desenmascarían comunidades y colegios con bajos resultados reales pero magníficas notas artificiales.

    El Ministerio de Educación se llamó en tiempos de Instrucción Pública … con ese cambio comenzó la decadencia.

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