Maestros y profesores

logo propuestasA menudo, los profesores hablamos de las fallas del sistema. Denunciamos la promoción automática, la comprensividad, la falta de disciplina, la vulgarización de los contenidos, etc. Aquí lo hemos hecho en la mayoría de las entradas precedentes. Pero hoy queremos ser justos y demandar las mismas exigencias a quienes les ha sido encomendada la noble y difícil tarea de instruir.

Hoy queremos poner bajo el foco a los docentes.

Ya les adelanto que lo que aquí se escriba quizá no contente a ninguno de los dos polos en que se ha escindido el gremio de enseñantes: ni al de quienes aplauden el sistema vigente, ni al de sus feroces detractores (entre los cuales, por cierto, me incluyo). Temo que disgustará especialmente a los maestros de Primaria, pero también a muchos colegas de Instituto. Sea como sea, yo soy sólo el mensajero. Échenle la culpa al Informe McKinsey.

Se trata de un estudio publicado en 2007 por Michael Barber y Mona Mourshed, de McKinsey & Company. Su título: “How the World’s Best-Performing School Systems Come Out On Top” (“¿Cómo hicieron los mejores sistemas educativos del mundo para alcanzar sus objetivos?”). En él se analizan los diez sistemas que ocupan los primeros puestos en el Informe PISA, así como otros doce que están experimentando rápidas mejoras.

Las conclusiones más notables de dicho informe se resumen en estos tres puntos. Los mejores sistemas educativos del mundo lo son porque:

– Consiguen a las personas más aptas para ejercer la docencia;

– Desarrollan sus capacidades profesionales hasta convertirlas en instructores eficientes.

– Garantizan que el sistema sea capaz de brindar la mejor instrucción posible a todos los niños.

En principio, esto no debería sorprender a nadie. El rendimiento de cualquier equipo de trabajo es directamente proporcional a la calidad de los miembros que lo forman. Perogrullo. Lo interesante es comprobar de qué modo se consigue tal grado de cualificación, y en qué medida incide ésta en la calidad del aprendizaje.

Para empezar, un diagnóstico que debería hacernos pensar, por si aún no habíamos caído:

El impacto de los docentes con bajo desempeño es particularmente severo en los primeros años de escolaridad. A los 14 años, las posibilidades de que un alumno con problemas de aprendizaje se gradúe con el nivel más bajo exigido de calificaciones finales desciende a apenas un 6%. Aun en un buen sistema, aquellos alumnos que no avanzan con rapidez en sus primeros años de escolaridad por no estar expuestos a docentes de suficiente calidad, tienen escasas posibilidades de recuperar los años perdidos.”

Hemos repetido muchas veces en este blog la imagen de “la casa por el tejado”, “la catedral por el cimborrio”, “el domus por el compluvium” y hasta, como apuntó mi amigo Javier Veiga, “la Etxe por el Teilatu”. Ahora que se proyecta infantilizar la enseñanza post obligatoria, no estaría de más recordar lo obvio: que por mucho que se alargue en el tiempo la imposición de cursar estudios, es por la etapa infantil por donde deberíamos empezar a ponernos serios. Si nuestros niños de Primaria acaban este ciclo leyendo y sumando con dificultad (es decir, en un estadio de analfabetos funcionales), de nada sirve que el Instituto se llene de profesores de apoyo. Ya es tarde.

Ocurre que es en Primaria, precisamente, donde las demenciales ideas pedagógicas que se han descrito en otras entradas han calado con más fuerza. Sin embargo, los sistemas exitosos no hacen otra cosa sino descubrir la pólvora, esto es:

Todos ponen un fuerte foco en aritmética y lengua durante los primeros años de escolaridad, basados, en parte, en investigaciones que demuestran que la habilidad temprana en capacidades fundamentales está íntimamente relacionada con un amplio espectro de resultados futuros. También existe una creciente tendencia a alinear los estándares globalmente, particularmente con referencia a las evaluaciones del Informe PISA y de otros importantes sistemas de evaluación escolar”.

Admírense del “descubrimiento”. Resulta que es esencial que los niños se instruyan en las habilidades básicas desde muy pequeñitos. Uno diría que éste es el concepto que siempre ha dictado el sentido común, incluso en aquellos sistemas que, peyorativamente,  los iluminados pedagógicos califican como “tradicionales”. Sin embargo, en España no es infrecuente encontrarse con gurús y gurusas que minimizan el potencial formativo de dichas habilidades, so pretexto de que vivimos en la era de las calculadoras y los procesadores. Entre ellos, por desgracia, muchos maestros de Primaria.

Y admírense también de que tales sistemas fijan unos estándares de excelencia claros y precisos, es decir unos procesos de evaluación que midan de manera fiable y objetiva los resultados del aprendizaje. Nosotros, en cambio, “progresamos adecuadamente”:

Todos los sistemas con alto desempeño reconocen que es imposible mejorar algo que no se mide. Monitorear los resultados les permite identificar y difundir mejores prácticas, indicar con precisión las áreas más débiles y hacer que las escuelas respondan por sus resultados“.

Pues cómo no. Si los docentes queremos que nuestros alumnos respondan por sus resultados, y no por evanescentes criterios de transversalidad y bonhomía, ¿no es contradictorio que no pasemos nosotros por una prueba semejante? Todos estos países verifican sus resultados por medio de exámenes (palabra tabú en España) e inspecciones externas, más o menos independientes de las oficinas estatales a las que reportan las escuelas. Ojo: inspecciones que no se dedican a solicitar el Anexo I del Modelo II de la Norma Implementada V, sino a cotejar dichos resultados a la luz de los procesos, identificar posibles márgenes de mejora y evaluar el trabajo de los centros siguiendo unos indicadores de referencia.

Los tres objetivos antes citados -atraer a los mejores docentes, desarrollar la eficiencia profesional de éstos y garantizar una instrucción general basada en estándares de excelencia deben partir de unas condiciones fundacionales básicas: evaluaciones rigurosas, expectativas claras, apoyo diferenciado para docentes y estudiantes, y suficiente financiamiento, instalaciones y recursos.

El primer objetivo se logra “por medio de un ingreso a la capacitación docente altamente selectivo, procesos efectivos de selección de los aspirantes más apropiados y buenos salarios iniciales. Con estas premisas se eleva el estatus de la profesión, lo que facilita la atracción de candidatos aún mejores”. Y, ¿saben cuál es el atributo docente más valorado y que mejor incide sobre los logros académicos? El nivel lingüístico, medido en razón del vocabulario y de otras pruebas estandarizadas. Otra constatación: enseñar es un acto de elocuencia, de maestría retórica. De tan obvio, es posible que a muchos se nos haya olvidado.

Pero es que, además, dichos sistemas “reclutan a sus docentes en el primer tercio de de cada promoción de graduados”. El primer 5% en Corea del Sur, el 10% superior en Finlandia y el 30% superior en Singapur y Hong Kong. Es decir, se selecciona a los mejores cerebros. A la inversa, prosigue el informe, los peores sistemas “rara vez atraen a la docencia a las personas adecuadas”, que en muchos casos proceden del tercio inferior de sus respectivas promociones.

Otro procedimiento selectivo que parece dar buenos resultados es el que se ha empezado a utilizar en Inglaterra, “pionera en el uso de técnicas de marketing y reclutamiento tomadas de los negocios para elevar la oferta de postulantes calificados”. La mayoría de estos sistemas admiten que pueden cometer errores, y también han desarrollado mecanismos para despedir a docentes ineficaces.

En Finlandia, apenas 1 de cada 10 candidatos es aceptado como docente. En primer lugar, debe proceder del 10 o 20% superior en su promoción. Luego es sometido a una evaluación sobre aritmética, lengua, resolución de problemas, conocimientos y capacidad académica en general (procesamiento de datos, razonamiento y capacidad de síntesis). Más adelante, una serie de entrevistas y ejercicios grupales evalúan su motivación para enseñar y aprender, así como sus habilidades comunicativas e interpersonales. Una vez completado este ciclo, las escuelas reclutan a sus profesores individualmente.

Si la selección de personal se rige por criterios de mérito y eficiencia, el desarrollo profesional de estas capacidades dista mucho del planteamiento habitual en nuestro sistema educativo. La formación pedagógica que se facilita a los futuros docentes no se basa en peregrinas teorías fuertemente ideologizadas, ni en apuntarse a un sinfín de cursillos inútiles e infantiloides: “Cada docente debe informarse acerca de mejores prácticas específicas. En general, esto sólo puede lograrse por medio de la demostración de tales prácticas en un contexto real. […] La noción de que las ideas externas por sí mismas derivarán en cambios en las clases y en las escuelas tiene graves defectos como teoría de acción”. Esta última frase pueden apuntársela en su diario nuestros políticos, los sindicatos verticales a los que subvencionan y los pretendidos “expertos” que martirizan al gremio con ponencias sobre, pongamos, la salud de género en un contexto educativo multicultural. Los peores sistemas apenas dedican una pequeña proporción de su oferta formativa al entrenamiento en escenarios reales (a diferencia de lo que ocurre con médicos, enfermeras, religiosos, abogados o consultores), “el lugar donde ésta sería lo suficientemente precisa y relevante para lograr la mayor efectividad”. En Japón, por ejemplo, docentes experimentados en cada materia brindan entrenamiento persona a persona. En Inglaterra, los mejores instructores reciben menores cargas horarias de clase con el fin de que dediquen más tiempo a ayudar a sus colegas novatos. Asimismo, los nuevos docentes son eximidos en su primer año de cierto número de horas lectivas, de modo que puedan dedicar más tiempo a mejorar su planificación y capacitación. Exactamente lo contrario de lo que ocurre en España, donde los profesores en prácticas son arrojados a los leones sin más pertrecho que su propia ilusión y, acaso, un par de sumiales. Del mismo modo, los requisitos para acceder a la dirección de las escuelas son especialmente exigentes. A éstos, remunerados con salarios altos, se les libera de cargas administrativas y son considerados “líderes de instrucción” que dedican su tiempo a supervisar problemas educativos y no a rellenar cientos de inútiles informes.

En lo que respecta al apoyo personal de los alumnos, se describe el caso finlandés. Como promedio, hay un docente de educación especial por cada siete maestros de clase: “Los docentes especiales brindan apoyo uno a uno o en pequeños grupos a los estudiantes en riesgo de sufrir retrasos, y asisten al 30% (¡!) de los alumnos de una escuela cada año.” “La educación especial ha sido desestigmatizada en Finlandia, por dos razones. Primero, por el alto número de estudiantes que toman parte en el programa. En segundo lugar, por la práctica de enviar también ocasionalmente a los mejores alumnos a recibir una instrucción adicional: esto pone en claro que la intervención no es necesariamente señal de bajo rendimiento”.

Una constante de estos sistemas es que fijan altos objetivos y luego monitorean su labor en comparación con las expectativas iniciales. Como dato que podría despertar algunas conciencias, las puntuaciones de estos países en PISA muestras escasa correlación entre los resultados y el entorno familiar de cada estudiante.

Por último, las únicas Comunidades de Aprendizaje que se manifiestan en los sistemas estudiados las componen profesores de las distintas disciplinas, quienes analizan, desarrollan y comparten periódicamente una serie de lecciones modelo.

Además de las que corresponden a políticos y psicopedas, también los docentes debemos empezar a hacernos algunas preguntas:

¿Vamos a decir, de una vez por todas, que el problema de la Enseñanza en este país empieza por la Primaria, y, más exactamente, por la abducción que ésta ha sufrido a manos de la sacrosanta Pedagogía?

¿Vamos a reconocer que, como lo demuestran las últimas oposiciones andaluzas, los procesos de selección de personal son completamente ridículos?

¿Estamos dispuestos a competir, pues no otro es el modo de que los docentes gocen de mejor estatus y más amplias perspectivas de promoción?

¿Admitiremos que aprobar unas oposiciones no puede justificar la torpeza o la desidia de los malos profesionales?

Son preguntas sencillas. Quizá duras. Pero necesitan ser respondidas.

Si a alguien le resultan incómodas puede consolarse pensando que es tan sólo un informe. Para más inri, elaborado por esos yanquis neoliberales que no tienen ni pajolera idea de los valores progresistas que han llevado a Europa a la cima del mundo.

En Deseducativos, por supuesto, no nos sentimos amenazados por ellas; al contrario, pensamos que son necesarias si lo que se pretende es acabar con este delirio al que llamamos enseñanza española. Por ello experimentamos un profundo hastío cuando la “cuestión docente” salta a los medios de comunicación y se centra tan sólo en el tema de la autoridad o del respeto y obvia la dudosa función que actualmente se obliga a cumplir a los profesores en sus aulas, el pertinaz escamoteo de méritos y privilegios al que se han visto sometidos y el esotérico sistema de formación permanente que les han impuesto dominaciones, virtudes, potestades, principados, arcángeles y ángeles del empíreo educativo, CP’s y sindicatos pesebreros.

Que la autoridad hay que ganársela es una solemne estupidez. La autoridad de maestros y profesores debe quedar establecida a priori en cualquier debate sobre su estatuto. Reforzar legalmente la autoridad de los docentes -como se acaba de hacer en Madrid- puede ser una solución y, por lo tanto, no nos oponemos a ello. Pero tampoco pensemos que aquí reside el abracadabra de la enseñanza. El robustecimiento legal es sólo un paso de los muchos que se han de dar para que la figura del profesor vuelva a ser respetada.

Otro, no menos importante, consiste en descargarle de todas esas funciones que el Estado, en su labor de creador de lo moral, le ha venido adjudicando desde hace décadas. Los maestros y profesores han de ser vistos de nuevo como expertos en su trabajo y en sus respectivas disciplinas y no como transmisores de la doctrina estatal ni como representantes de la pantomima pedagógica oficialista. En su labor debe prevalecer, por supuesto, el derecho constitucional de la libertad de cátedra, secuestrado desde hace décadas por un modo de ver la educación inflexible, dogmático, atrasado y absolutamente irreal. Las programaciones didácticas, los innumerables planes y proyectos concebidos en las cocinas de las Facultades de Educación tienen que desaparecer de la vida diaria de los centros de enseñanza y ser sustituidos por los indicadores de éxito o de fracaso que se extraigan de las distintas reválidas estatales. Qué mejor prueba de que un colegio o un instituto cumplen los objetivos  que el índice de aprobados y suspensos de dichas pruebas.

Asimismo, los centros de enseñanza tienen que volver a ser regidos por los claustros. El Consejo Escolar o bien ha de desaparecer o bien convertirse en mero órgano consultivo. Que las familias y los ayuntamientos intervengan en el devenir de la enseñanza no es democracia sino intrusismo. Que el voto de los alumnos sea vinculante en las cuestiones disciplinarias no es igualdad sino delirio. Los docentes no se dieron cuenta de la trascendencia del hecho cuando la LODE comenzó a escatimarles estas funciones tan significativas. Gran parte de las explicaciones al escaso reconocimiento social de nuestro trabajo parte, sin duda, de aquella ley.

Por último, en Deseducativos consideramos que la formación de los profesionales de la enseñanza es vital -como habrán podido deducir del Informe McKinsey-, pero rechazamos por completo que esa formación dependa de las asociaciones sindicales o de los centros de profesores y recursos. Los cursos de ampliación, profundización o investigación deben estar homologados sólo por universidades y entidades superiores de prestigio, y por profesionales expertos. También se ha de acabar con el ridículo oxímoron -que no parece sonrojar a nadie en este país- de “promoción horizontal”, y tratar de incentivar a los docentes a fin de que intensifiquen su labor investigadora y amplíen horizontes académicos. Las pruebas de acceso deben ser rigurosas y estatales. El cuerpo de catedráticos ha de recuperar el prestigio perdido. Los títulos adquiridos durante los años de trabajo tienen que reconocerse en su justa medida.

En fin: puro sentido común.

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47 comentarios en “Maestros y profesores”

  1. *******
    21 noviembre 2009 a 6:57 #

    Otro problemilla que veo en la educación es la falta de vocación. El 90% del profesorado actual lo es porque tiene vocación de funcionario de alto nivel: muchas vacaciones, altos sueldos etc.
    Veo, en el sentido literal, como el profesorado está deseando dejar al alumnado para ir a la secretaría a hacer trabajos burocráticos, esos que tanto critican con la boca chica, pero que aman por encima de la docencia. Veo como babean al director de turno para que les dé un carguito de secretario, jefe de estudios, coordinador de ciclo, de plan o proyecto educativos (por cierto planes y proyectos que solo sirven para rellenar papeles, ,cortar árboles y justificar tiempo y dinero empleados en ellos) o simplemente algún trabajito burocrático que les “libere” del “trauma” de estar en clase con sus alumnos.
    Las oposiciones no sirven para nada, no se detectan los docentes con vocación, no aprueban los mejores sino los más dotados de memoria. Punto.
    Luego cuando se comprueba que generaciones enteras no saben hacer la o con un canuto (como ocurre en la actualidad), la culpa es de la LOGSE, la LOE, los progres , los padres o el tiempo .
    Evidentemente si un maestro de primaria estuviera a lo que hay que hacer, que es enseñar las cuatro reglas básicas (le pongan el nombre que le pongan), la resolución de problemas, el razonamiento lógico, la expresión hablada, la expresión escrita, la lectura compresiva, la crítica de lo leído y/o escuchado, despertar el amor por la lectura en general, el aprender a dialogar y debatir, y que todo ello estuviera impregnado de alta moral y amor por la verdad y la justicia. Ese docente demostraría amor por la docencia y la humanidad, y ninguna ley educativa podría ponerse en el camino de la excelencia suya y de sus alumnos. Pero no, ahora los docentes se afanan en hacer los “papelitos burocráticos” lo más “monos” y “políticamente correctos” posibles para deslumbrar a idiota de turno.

    ¡VOCACIÓN, FALTA VOCACIÓN DOCENTE!

    • 21 noviembre 2009 a 8:45 #

      Estimado *******:

      Le aconsejo que lea usted este artículo:

      http://deseducativos.com/2009/11/11/vocaciones/

      Le puede aclarar muchas cosas.

      Un saludo.

    • Profesora
      11 febrero 2010 a 20:44 #

      Estimado señor o señora, miembro o “miembra” de nuestra progre comunidad.

      A muchos de nosotros nos sobra vocación, a la inmensa mayoría. Pero la vocación por sí sola no sirve para nada sin un sistema educativo serio (y no la porquería que tenemos), sin una sociedad que valore nuestro trabajo o que, por lo menos, no se empeñe continuamente en criticar nuestra vacaciones, lo bien que vivimos y bla, bla, bla.

      Es más, estoy segura que incluso sin vocación se puede llegar a ser buen profesor. Es un ejemplo bobo, pero se puede ser un buen dentista y dudo mucho que alguien tenga “vocación” para andar urgando en la boca de otro.

      Además, la excusa de la “vocación” es estupenda para exigirnos a los profesores que realicemos funciones de guardería que no tienen nada que ver con la enseñanza y para obligarnos a aguantar todo lo que nos quieran echar encima.

      No señor, no hay que exigirnos vocación a los profesores, no paso por ahí. Si tenemos vocación, pues mejor, sobre todo para nosotros, porque es más agradable trabajar si siempre has querido dedicarte al trabajo que te toca hacer. Pero no se nos debe exigir vocación.

      Lo que se nos debe exigir es PROFESIONALIDAD, que es una cosa muy distinta.

      Un saludo.

      • MARIA QUIARO
        17 enero 2011 a 13:13 #

        Tiene usted mucha razon en cuanto a lo de la vocacion… es posible que la tengamos pues si establecemos una relacion entre el sueldo pirrico y las exigencia la misma exige mucha dosis de compromiso, pero tambien es cierto que la vocacion no sustituye a la formacion… los docentes debemos tener muchisimo de lo ultimo, da lastima ver la escasez de manejo del lenguaje oral y escrito y del manejo de logica que mucho tiene en su haber…. a veces es suficiente quedarse en un curso y repetir todos los años el mismo proyecto “total solo se trata de cumplir con la administracion”…. estoy muy de acuerdo que la vocacion es importante pues nos compromete a ser cada vez mejor pero debemos reconocer nuestas fallas y comenzar a mejorar… por cierto es Hurgar…. gracias por las observaciones…. todo sirve si lo tomamos con ojo critico y no criticòn

      • Ania
        17 enero 2011 a 20:58 #

        Totalmente de acuerdocontigo , “profesora”, pero si lees el comentario de “José Luis” explicando el sistema de acceso a la profesión en Alemania y lo comparas con el que tenemos aquí, ni siquiera se nos puede exigir demasiada “profesionalidad” porque nadie te enseña “la profesión ” y cada uno hace lo que puede por su cuenta y sin ayuda ( cada maestrillo tiene la triste costumbre de guardarse su librillo) y nos vamos curtiendo en el ambiente que hay, no en el que debería de haber.

        Me da mucha pena que la mayoría de nosotros hayamos desperdiciado tanto tiempo y energías formándonos en solitario, a salto de mata, a causa de no haber tenido la oportunidad de hacerlo , con ayuda y de forma graduada y sistemática, por ejemplo al modo alemán,

    • Ramón del Valle
      15 septiembre 2010 a 19:15 #

      Su comentario me parece una falta de respeto, amén de una clara demostración de su ignorancia acerca del trabajo que realizan los maestros de este país cada dia. Tal vez usted se crea a pies juntillas esos artículos publicados en este blog que hacen referencia a multitu de estudios, sin facilitar el acceso a los mismos, para que los lectores podamos comprobar la veracidad de los datos que manejan.

      Cualquiera se cree capaz de enmendar la plana a cualquier docente, especialmente a los maestros.
      En fin, lamentable.

    • 19 septiembre 2011 a 18:43 #

      Salvo excepciones, lo de las oposiciones (aunque a veces han sido una burla), comparto buena parte de lo que escribes. Creo que también lo comparten muchos de los que colaboran en este foro aunque te acribillen a negativos, no hay peor ciego que el que no quiere ver.

    • Victia
      18 abril 2012 a 23:55 #

      Los profesores no somos curas. No nos hace falta la vocación para desarrollar muy bien nuestro trabajo. Simplemente, nos gusta nuestro trabajo, como a usted el suyo (me imagino). Lo de la vocación me recuerda a los tiempos de Franco. Somos profesionales y nos encanta enseñar, pero no me hable de la vocación, que me dan ganas de vomitar.

  2. Profesora
    11 febrero 2010 a 20:47 #

    Por cierto, quería decir “hurgar” en la boca de otro, no “urgar”. Si es que las prisas no traen nada bueno…

  3. Borja Contreras Ortiz
    11 febrero 2010 a 21:47 #

    Tiene gracia.
    Te ponen a hacer tareas que no tienen nada que ver con la docencia, te obligan a rellenar papelitos de todos los colores, informes que nadie lee, asistir a cursillos plagados de memeces…
    Te ponen a vigilar a los niños, a cerrar puertas, a perder horas lamentablemente con patochadas como la atención educativa, te multiplican las reuniones inoperantes y necias…
    Machacan a los mejores a base de quemarlos, le roban la ilusión a todo el que llega alegre a la docencia, pensándose que va a ser profesor…
    ¡Y resulta que ello es porque nos va la marcha burocrática!
    El pim-pam-pum al docente es ya un deporte nacional. ¡Menos mal que nos quedan los árbitros de fútbol!

  4. Ania
    11 febrero 2010 a 23:39 #

    Viendo como está el panorama encuentro una forma de impartir justicia aceptando dar clase de materias de las que no tengo ni idea. Hago limonada del limón, me explico.

    Como en general suelo estar en el camino de hacerlo bien , invirtiendo tiempo y energía pues, cada vez que me ningunean y me putean desconfiando de mí y faltándome al respeto, yo cojo por banda el libro de texto con el solucionario y que les vayan dando a todos.uséase que me guardo para mejor ocasión, o para nunca, todo el material interesante que he recopilado y hasta dejo de conseguir material nuevo hasta que se me pasa el cabreo.

    Dicho cabreo , mayormente se diluye durante las vacaciones o con el advenimiento de algun estímulo positivo de alguno de los implicados en mi entorno educativo.

    Me consuelo pensando que pago a los malos alumnos y a los que les dan jabón a mi costa con su misma moneda: un mal profesor.

    Cuando veo la estupidez que me rodea me alegro de no ser un profesor excelente

    Ojo por ojo!! y que les vayan dando.

  5. Luzroja
    12 febrero 2010 a 16:42 #

    Esto de la vocación viene a cuento de que hemos de ser educadores, dirigentes de dinámicas de grupo, modificadores de la conducta y animadores-distractores.

    La vocación que se nos exige viene a sustituir a aquella casi ya perdida de pastorear almas (la vocación eclesiástica) nosotros debemos ser los nuevos conductores de los nuevos rebaños.

    Pero como los maestro y los profesor, se deben, por decencia, a enseñar ciencia, lo de andar pastoreando ovejas es vocación ajena.

  6. *******
    21 febrero 2010 a 8:38 #

    Siento profundamente que se hayan dado por aludidos de forma personal. Y lo siento porque vds. , los que participan en este blog son esa parte crítica y necesaria para que la educación no se estanque en simple burocracia y fracaso, son un minoría pero tan necesaria como el oxígeno para que la llama siga ardiendo.
    Imagino que estarán sufriendo en “sus carnes” la mediocridad de la educación y el “borreguismo” del 90% del colectivo, y si no me equivoco, algún que otro rechazo por salirse del redil por parte de sus propios compañeros y equipos directivos.
    En cuanto a que el profesor se debe a enseñar y no pastorear no podría estar más de acuerdo. Enséñenles “eso” a sus compañeros “pastoreados por los equipos directivos o autoridades político-educativas”.
    No se dejen engañar por cantos de sirenas políticas y reclamen la libertad para enseñar hasta llegar a la excelencia. Rechacen que les conviertan en simples administrativos que cumplimentan extensos y necios cuestionarios, elaboran extensos y necios planes y/o proyectos y hasta falsifican notas para subir las fatídicas estadísticas, en aras de lo políticamente correcto.
    Sigan diciendo la verdad, porque la verdad les hará libres y conseguirá subir el nivel educativo de nuestros jóvenes.
    Yo por mi parte les leo cada día con una alegría íntima, porque pienso que todo no está perdido en nuestra educación gracias a maestros y profesores como ustedes.
    Sin más reciban un cordial saludo, mis disculpas si les ofendí en algo y mucho ánimo.

  7. Jose Luis L
    25 julio 2010 a 22:28 #

    No llevo mucho tiempo en el oficio, pero sí el suficiente como para ver la deficiencias del mismo. La verdad es que creo que la enseñanza no es nada complicado, aunque en las últimas décadas se ha desmandado todo tanto, que za no sabemos ni por donde empezar para enderezar el rumbo y saber a dónde ir. Creo que es importante tener vocación, pero no necesaria condición. Como han dicho aquí, hay buenos profesionales que no han tenido porqué sentir desde el principio esa llamada al oficio. Para lo que sí puede ayudar la vocación o el interés por esta profesión es para lo siguiente: he leído con mucho interés el artículo que habla, entre otras cosas, sobre la buena (o correcta) preparación del docente y es más que evidente que ésta no se da en España (ahí tenemos las Oposiciones). No hace falta decir que estoy totalmente de acuerdo con el contenido del artículo. Pero a lo que iba: desde hace unos años me dedico a la enseñanza en Alemania, así que me encuentro actualmente en condiciones de comprar al menos un poco la preparación del futuro profesorado en ambos países.
    Sin que ésta sea perfecta en Alemania, he de decir que al menos asegura una cierta calidad (más que mínima) en la preparación del profesorado y puede llegar a exigir tanto esfuerzo de esos futuros profesores, que la vocación (o las verdaderas ganas de ser profesor) juega un papel importante.
    Me permitiré relatar muy brevemente cómo funciona, ya que me parece interesante fijarse en lo bueno de nuestros vecinos europeos (a veces me pregunto para qué la U.E., si no tomamos lo bueno de los demás), para mejorar lo propio:
    El estudiante universitario debe decidir en los primeros años si la signatura que estudia (pongamos inglés o historia) va a ir enfocada a la enseñanza. A los estudiantes se les permite realizar muy pronto unas prácticas en un instituto para tomar un primer contacto y asegurarse más o menos de que eso puede ser lo suyo.
    Al terminar sus estudios realizarán un duro examen de conocimientos de su materia (algo que hace que sobren unas oposiciones, que no sirven más que para memorizar contenidos en gran medida) y accederán a una plaza en un instituto, con un tutor y unas pocas horas, para empezar a aprender de verdad el oficio. Paralelamente asistirán a numerosos seminarios en su universidad para continuar aprendiendo más aspectos del oficio de profesor/a con sus correspondientes exámenes y trabajos. En el instituto, tras unas semanas, comenzarán a dar algunas clases bajo supervisión y en el siguiente año escolar incluso serán responsables de un clase en su asignatura si todo va bien. Al final realizarán otro gran examen enfocado a su actividad docente, visitas con valor de examen y deberán realizar un trabajo final.
    Si todo va bien, tendrán una nota y ya serán profesores en su materia. Por último tendrán que buscar un instituto dispuesto a contratar al nuevo profesor/a, para lo cual no sólo la entrevista en el centro, sino también sus notas serán importantes.
    No puedo olvidar decir que estos futuros profesores, mientras realizan su formación en el instituto, perciben un salario suficiente para vivir y poderse centrar totalmente en su preparación profesional.

    Como se puede ver, en la misma U.E. conviven sistemas tan dispares y con resultados tan diferentes.
    Espero con ansia el momento en el que copiemos lo bueno de nuestros vecino para nuestro beneficio y que la inversión de dinero que esto supone no sea el gran obstáculo para aplicarlas.
    Me gustaría hablar de otros aspectos, pero creo que debo centrarme aquí en este aspecto.

    Recibid mis felicitaciones por esta página, ha sido una gran alegría encontrarla!

    • José Miguel
      17 enero 2011 a 22:42 #

      Respecto a Alemania y su sistema educativo permítaseme traer aquí unas palabras de Thomas Mann, tomadas de su “Doctor Faustus”, fechadas en un 25 de abril de 1945: «¿Es construcción enfermiza preguntarse cómo en lo porvenir Alemania, de cualquier forma que sea, osará abrir la boca cuando se trate de problemas que conciernen a la humanidad?»
      Ya vale del papanatismo europeísta y dediquémonos a reorganizarnos nosotros mismos. No hace falta ir fuera (de hecho, muchos principios que han llevado a la bancarrota de la enseñanza los trajo el PSOE de otros países de Europa), debemos barrer la basura en casa y desde casa, que para eso es nuestra basura.

  8. sonia
    28 agosto 2010 a 10:43 #

    No veo por ningún lado mención alguna a la enseñanza en comunidades con “lengua propia”. Mi experiencia en la comunidad gallega en un colegio en el que el 100% de los alumnos es castellanohablante y los contenidos se dan en un 90% en gallego, es desastrosa.
    Escucho a mis compañeros lamentarse de que “no se enteran”, de que se pasan una mañana entera explicando un problema y siguen sin enterarse. Y yo, ingenuamente les pregunto que si no será porque está en gallego, a lo que me responden: “Si se lo explico en castellano” ¿Entonces, para qué tienen el libro en gallego si no se enteran? ¿Hay que doblegarse a la doctrina nacionalista aunque a los alumnos ni les interese, ni sea su lengua materna, ni se enteren? ¿Esa es la calidad de enseñanza de las que tanto se les llena la boca? ¿Por qué hay que dar las clases en gallego por decreto ley cuando ni los mismos profesores gallegos lo saben usar correctamente?
    SPAIN IS DIFFERENT

    • sonia
      29 agosto 2010 a 10:24 #

      Muchas gracias, David.

  9. José Miguel
    17 enero 2011 a 21:38 #

    Del artículo discrepo rotundamente de esta afirmación: “Los docentes no se dieron cuenta de la trascendencia del hecho cuando la LODE comenzó a escatimarles estas funciones tan significativas.”. Pues no. Hubo profesores que ya vimos las orejas al lobo del despropósito educativo. Hace tiempo que estaba perfectamente analizado el derrotero ideológico del PSOE, el causante del desaguisado que ahora padecemos (y la falta de reacción del PP, que no ha hecho prácticamente nada por aliviar esta pesadilla). Y aquella denuncia no tuvo precisamente consecuencias muy positivas para algunos. Pero, como ahora, muchos callaron como muertos, gran parte de ellos apoyaron todo esto. Eso sí, cuando la ESO empezaba a introducirse en las aulas, se dio una estampida de muchos colegas a la periferia del aula, despachos, coordinaciones sin fin, etc. etc. … Es un aspecto que no se toca en este artículo: la calidad moral del propio gremio. Este es un gremio en el que el docente está en la más desoladora soledad, hasta diríamos aislamiento, y no te digo, si te opones al dogma educativo vigente. Gran parte del perjuicio surge de los propios miembros del gremio. Lo de la “vocación”, “formación”, etc. es bastante discutible. Hemos tenido los mayores medios económicos y recursos que se hayan podido tener en la historia de la educación. No hace falta irse a Finlandia a buscar parámetros. Llevo veinte años en la enseñanza y tengo mis propios parámetros, como muchos colegas, para constatar la degeneración del nivel académico. En casa ya tenemos suficientes datos.

  10. Pascual Pérez Royo
    2 marzo 2011 a 21:00 #

    La burocracia en la educación

    Ahora, cuando van las cosas tan mal en la educación española, y como desde hacía mucho tiempo que no marchaban, y a pesar de todos los medios técnicos de que disponemos, aunque los países más avanzados de Europa nos superen, observo con perplejidad la paradójica presencia de un perfecto, como inútil, engranaje burocrático y administrativo en nuestro sistema de enseñanza secundaria.
    En cuanto a los centros, las tareas y funciones están perfectamente organizadas y distribuidas entre equipos docentes y directivos. No faltan normativas de toda índole, ni reuniones pedagógicas y didácticas cada día, casi a cada instante: reuniones de tutoría con el orientador del centro, reuniones para los miembros de cada departamento, horas de atención a padres, comisiones de coordinación pedagógica, cursos y seminarios de trabajo opcionales y obligatorios para todo el claustro donde debatir, compartir y adquirir problemas y pesadas y técnicas nociones sobre pedagogía, tan hueras como difíciles de aplicar a la realidad de la enseñanza. Y cada uno de estos conciliábulos, agrupamientos y comisiones acarrea un ingente despliegue de papeleo y gestión burocrática, estimulada fundamentalmente por los cargos políticos de la administración docente y sus valedores “a pie de cañón”: inspectores, orientadores, jefes de estudio y otros cargos de los que abundan en la estratificada jerarquía de los actuales centros de la e.s.o. Esta formulación, producción, cumplimentación y archivo de formularios, actas, unidades didácticas, planes tutoriales, partes disciplinarios y expedientes, esconden, desgraciadamente, el más manifiesto fracaso escolar y, por ende, de todo el sistema, de los alumnos españoles desde la existencia del sistema público en tiempos de democracia, y me atrevería a decir que podríamos remontarnos a los tiempos de la dictadura e incluso de la Segunda República sin encontrar una crisis tan profunda en lo que se refiere al simple, y al mismo tiempo complejo y delicado, acto de enseñar y aprender.
    La abundantísima gestión documental y administrativa se genera y crece en orden inversamente proporcional al descenso de los resultados académicos y culturales de nuestra educación, es decir, conforme se acrecientan las deficiencias humanísticas, lingüísticas y científicas del alumnado, sus carencias de educación, motivación y esfuerzo, aumenta en proporción casi geométrica la cantidad y enrevesamiento de los documentos, informes y otras especies similares, supuestamente instrumentadas para solventar los citados problemas, pero que en realidad, y ahora presento la parte central de mi postulado, no tratan sino de ocultar y sepultar bajo una montaña de papeleo y cínico fingimiento toda la problemática, inoperancia y fracaso del sistema. De tal forma que, en realidad, los políticos, los demagogos y los pedagogos teóricos, esconden su auténtica conciencia de nulidad de la actual legislación y de su engendro más deforme desde el mismo acto del nacimiento, la actual educación secundaria obligatoria, con una aparente y azarosa barahúnda administrativa, con el fin único de dar una falsa sensación de control, orden y seguridad. Falsa constatación de orden en el sistema, pues ni siquiera la documentación de un proyecto, problema o carencia asegura su cumplimiento, en el primer caso, o solución en el segundo, si dicho sistema no dispone, como así sucede, de los medios efectivos, materiales, personales y económicos para resolver esos fallos y, sobre todo, si las “cabezas pensantes” se siguen empecinando en que para una situación social confusa y envenenada en que el adolescente campa en muchos casos a sus anchas en la indisciplina y ausencia total de interés por aprender, aquí aparecen los padres, el mejor remedio es interponer entre el alumno y el profesor un parapeto o trinchera de papeleo.
    Desgraciadamente, parece ser que la respuesta predominante, conforme se va sucediendo una legislación a otra y una reforma sigue a otra reforma, es sustituir unos impresos por otros, ejecutar más y más instancias en vez de atajar de cuajo la raíz del problema, de forma valiente y decidida. ¿Y cuál es ese profundo problema se me preguntará? La respuesta, dura de oír, la sabemos todos, aunque nos duelan los oídos y la conciencia, y podemos formularla mediante la expresión de otra pregunta, esta vez más directa y concreta: ¿qué podemos hacer realmente por esos chicos y chicas adolescentes que obligados por los padres, los centros y el sistema acuden a diario a clase sin ningún interés por aprender y con escasísimas posibilidades de titular durante su vida escolar? Podemos ignorar la realidad de su desmotivación y su fracaso, seguir obligándoles a desenvolverse en un plan de estudios del que nada esperan y obtienen tan poco como un amasijo de partes, informes, pretendidas adaptaciones curriculares y sobre todo bastantes ocasiones para el conflicto, buscado o no por ellos, con sus profesores y jefes de estudio. No se trata de condenar al fracaso o al ostracismo académico a muchachos que desde los doce o trece años, si no antes, han perdido el tren del ritmo académico, sino de reconocer y entender que necesitan una alternativa viable y adaptada a sus necesidades vitales, intelectuales, escolares y profesionales, es decir, simple y llanamente una formación profesional temprana y accesible a su capacidad intelectual, lingüística, etc. Cuanto antes mejor y no a expensas de la obtención de un graduado en secundaria logrado a los 16 años e imposible de alcanzar para ellos en su situación de carencias vitales, culturales y hasta cognitivas. Pero, ¿por qué se oculta esta sencilla respuesta con un arsenal burocrático y legislativo? ¿Por qué se les niega sus derechos con el sofisma de que se les presta ayuda, al tiempo que se conculca el de sus compañeros, obstaculizados en su aprendizaje por el habitual mal comportamiento de estos alumnos? ¿Por qué no se reconoce simple y llanamente la evidencia y la realidad de ser diferente, de no estar capacitado para un determinado plan de estudios o currículo académico y sí para otro que desgraciadamente no existe y no se quiere instituir?
    Las respuestas a estas preguntas son varias y complejas, pero podemos indagar y deducir algunas de ellas. Todo el sistema escolar y académico no está organizado y pensado para dar la solución al problema y sí para su gestión, que es algo muy diferente. Una vez que se ha montado una superestructura apoyada guberna- mentalmente, con sólidas y extensas bases legislativas, y sostenida por una ya anticuada y caduca teoría pedagógica, aunque vigente, basada en la falacia de que todo el mundo puede si quiere y se le apoya, desde luego con “papeleo y adaptación”, resulta obvio que todo el personal requerido para estas funciones, una vez que ha tomado posesión de su cargo y lleva años justificando su razón de ser y de estar en el sistema, estos “gestores del problema”, no van a permitir de ninguna manera un desmoronamiento de la burocracia que les justifica y les perpetúa como clase poderosa y dirigente en dicha organización. La burocratización se ha jerarquizado e institucionalizado hasta extremos inconcebibles e irrevocables para desgracia del sentido común y del funcionamiento lógico, espontáneo y natural del proceso de enseñanza-aprendizaje. En otras palabras, ¿realmente interesa a tantos pedagogos, teóricos, inspectores, directores, jefes de estudio, orientadores, profesores terapéuticos, con muy buena intención muchos de ellos, y otros muchos gestores del “desastre”, abandonar su reino tan duramente conquistado? ¿Acaso no tienen campo abonado en los centros escolares en los que hace poco más de una década ni siquiera sonaba esta terminología profesional?; centros, aquéllos de bachillerato, que funcionaban correctamente, en los que apenas había problemas de indisciplina, donde los alumnos leían, maduraban, llegaban a la facultad en un amplio porcentaje, etc., etc. Personalmente, creo que a muchos no les interesa que el sistema cambie, a pesar de que, o porque precisamente, España es el país con peor nivel de lectura y de matemáticas de Europa, el que tiene mayor índice de fracaso escolar y de absentismo en las aulas. Toda esta problemática retroalimenta el sistema, lo justifica, mantiene un complejo y bien engranado aparato de burocracia, de gestión de fallos y carencias, de constatación documental del problema, y a lo sumo de asignación del remedio parcial o la chapuza. Estas palabras resultan durísimas de oír y también de decir, pero más duro es, en mi opinión, callar la verdad de la que una gran parte de los profesores es poseedora, aunque se vea obligada a callar, so pena de ser tildado dicho profesor disidente de bicho raro o mal profesional por los gestores del fallo, clase dominante, como hemos dicho, en nuestros centros, que le culparán y recriminarán; no por no haber realizado bien su función y misión docentes, es decir enseñar, sino por no haber rellenado tal informe, no haber entregado a tiempo la “adaptación” o memoria, de cara a quedar bien y satisfacer el imperativo burocrático oportuno, para pasar a llenar los ficheros y carpetas donde se acumulan, como las hojas secas y muertas de los bosques, los papeles de los “departamentos de orientación”.

    Pascual Pérez

  11. Violeta
    6 marzo 2011 a 15:25 #

    Puedo parecer novel profesora,
    mas experta profesional soy,
    Antes que nada ¡anhelosa del alumno que ama aprender!
    En otra época que recuerdo, mas ¿quién la piensa ahora?
    viví otra realidad, quizá idílica, hoy un ensueño.

    Mi clase A sólo pregunta: ¿Y si en el examen ponen xjuaguruju?
    Ante lo cual responder debo innúmeras explicaciones al problema XY.
    Añoro el alumno que busque aprender, no aprobar.

    ¿Dónde se halla?

    En mí clase B

    No hay mayor alegría profesional que la de los jueves a primera hora
    ante una veintena de alumnos que preguntan el porqué de las cosas,
    sin nombrar pruebas, sin apelar al resultado, buscando quizá lo mismo….
    Mas denotando un interés que muere.

    Violeta

  12. Cristina
    19 septiembre 2011 a 18:09 #

    La formación que reciben los futuros maestros es penosa. El drama es que no basta con seleccionar a los estudiantes que entran en las escuelas de Magisterio: habría que echarlas abajo y volverlas a levantar… con otros profesores, claro. Yo estoy en tercero de Magisterio. En primero tuve una profesora de ciencias que decía, entre otras barbaridades, que un cuerpo más masivo en caída libre llega antes al suelo que uno ligero. En segundo tuve a otro que entregó unos apuntes con perlas como “tal vez halla venido” y “le hace ilución”. Tiemblo pensando qué me encontraré este año. Y por supuesto todos repiten los mismos mantras como los clásicos “lo importante no es tanto la formación intelectual sino la formación humana” y “hay que usar las TIC porque estamos en el siglo XXI”. El hecho es que cuando yo entré en la facultad de educación la nota media para obtener una plaza era bastante alta. O sea, que en cierto modo se seleccionó a los mejores. Pero claro, los ‘mejores’ ya venían bastante estropeados de la secundaria. Recuerdo estar delante cuando una compañera revisaba un trabajo con el profesor y casi me caigo de la silla de lo mal redactado que estaba y las faltas de ortografía que tenía. El profesor se limitó a decirle que había que cuidar las faltas. La muchacha aprobó y, como era la única asignatura que le quedaba para terminar, es posible que ahora esté dando clase al hijo de alguno de ustedes. Yo veo muy difícil romper el círculo porque a los estudiantes de Magisterio, no sólo se les exige muy poco, sino que se les mata todo espíritu crítico (el que piensa, pierde). Si a eso le sumas un profesorado inepto, consigues crear unos maestros mediocres (por no decir algo peor). Y es una pena, porque es obvio que nosotros genéticamente no somos peores que nadie y hay chicos muy capaces y con mucha vocación. El final del cuento ya lo sabemos.

    • Ania
      12 marzo 2012 a 18:34 #

      Está bastante claro que con el tema de la ortografía , entre otros , NADIE está poniéndole el cascabel al gato.

      Si no podemos disponer de autoridad; si pagamos con sangre cada vez que exigimos; mientras tengamos que estar considerando el aprobar al mayor número de gente posible para dar gusto a nuestras autoridades administrativo-académicas y a hacer de guardería y de siquiatras desahogo para padres angustiados y/o agresivos LA ORTOGRAFÍA Y LAS HUMANIDADES se seguirán yendo a la eme.

  13. ernesto
    9 marzo 2012 a 21:55 #

    vocación.

    (Del lat. vocatĭo, -ōnis, acción de llamar).

    1. f. Inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de religión.

    2. f. advocación.

    3. f. coloq. Inclinación a cualquier estado, profesión o carrera.

    4. f. ant. Convocación, llamamiento.

  14. Anónima
    15 marzo 2012 a 9:03 #

    ¡Estos padres de la LOGSE! ¡No saben ni escribir!

    “Elije el camino hacia tus derechos”

    http://www.elconfidencial.com/espana/2012/03/15/el-psoe-demuestra-con-una-errata-en-sus-carteles-que-la-educacion-es-un-problema-94386/

    Escoria los padres de la LOGSE, necios paletos sus defensores.

    • Chavesito
      15 marzo 2012 a 12:21 #

      Andalusía abansando con la LOGSE mas lo que haiga devajo de la alfomvra.

  15. Mariquilla
    16 marzo 2012 a 16:08 #

    Pues ahora tendremos huelgas por falta de aire acondicionado. Si es que no estamos conformes con nada.

    http://www.libremercado.com/2012-03-16/la-comunidad-valenciana-le-quita-un-mes-de-vacaciones-a-los-profesores-1276453193/

  16. Victia
    15 abril 2012 a 0:04 #

    Ya estamos con la tontería de la vocación. Lo que hay que hacer es enseñar bien. Los maestros tienen serias carencias. Nos llegan a los institutos sin saber leer, expresarse, escribir, con muchas faltas de ortografía, comprensión nula. Y con estos niveles tenemos que lidiar los titulados superiores. A los que sí nos han exigido una carrera difícil de cinco años, y no de tres. Falla el magisterio y la falta de respeto al profesor en general La vocación, para los curas.

    • Mariquilla
      15 abril 2012 a 9:01 #

      Los profesores de la universidad alargan mucho más la cadena de carencias de los
      docentes: Nos mandan de los institutos alumnos sin la preparación necesaria para continuar estudios superiores. Es que a nosotros, dicen en los IES, nos llegan sin tener la “ortografía” y comprensión lectora que garantice un aprovechamiento progresivo acorde con la eximia formación que impartimos. ¡Qué os vamos a decir!, tercian en los colegios; los alumnos de infantil se incorporan a primaria sin la madurez y hábitos de socialización requeridos para el aprendizaje de los instrumentos básicos de la cultura. ¡Cómo no!, afirman en las escuelas infantiles.Los padres se han desentendido por completo de la adecuada formación preescolar de sus hijos y nos los encomiendan ” tanquam tábula rasa” a nosotros; cuando ya nada podemos hacer. Aquí todo el mundo tiene la adecuada respuesta para soslayar responsabilidades. Si los padres tienen empleada de hogar o niñera ya sabe a quien tienen que endosarle el desastre educativo nacional: las empleadas de hogar y las niñeras son las responsables. A mi que me registren.

    • Mariquilla
      15 abril 2012 a 17:59 #

      Desde la cruz a la raya.Todos “haciendo aguas” mayores.

      http://www.libertaddigital.com/opinion/pablo-molina/el-chollo-universitario-en-peligro-64141/

      • Francisco Javier
        15 abril 2012 a 19:56 #

        Artículo breve pero contundente. Lleva razón y me alegro mucho que se digan estas verdades amargas. Por supuesto, ningún rector dimitirá, porque en España por principio nadie dimite (¡con tanto paro!)

  17. Victia
    15 abril 2012 a 22:44 #

    ¿Qué cadena? La cadena viene rota desde primaria. Llega rota a secundaria. A la facultad llegan los mejores, que son mediocres dada la exigencia por lo bajo que se les ha aplicado en el Instituto. A los profesores de secundaria, a partir del segundo ciclo, se les fuerza a aprobar o si no lo hacen, deben dar explicaciones por escrito y elaborar un montón de informes y de papeles que no sirven nada más que para marear la perdiz. El chaval no es tonto, es un vago de mucho cuidado.

  18. desaparecidos
    16 abril 2012 a 16:00 #

    Que le pasa a esta pagina que no hay nuevos artículos desde hace tiempo. ¿Tiene algo que ver que los que mandan son los otros que tampoco son mejores?

    • Mariquilla
      16 abril 2012 a 16:08 #

      Que de asuntos falta, enmudeció la lira. Hay poetas pero no poesía.

      • Francisco Javier
        16 abril 2012 a 19:26 #

        No entiendo muy bien, mariquilla, el comentario. Respecto a las personas que de vez en cuando parecen echar de menos artículos o que el blog tenga más actividad, repito lo que ya dije una vez. Quién tenga ganas de proseguir o quiera tomar las riendas puede ponerse en contacto con David, que ha tenido hasta ahora la santa paciencia de mantener esto, y ponerse a trabajar.

        Sí hay poetas y poesía: basta con mirar la cantidad de artículos, enlaces, noticias, etc., que aparecen en otros blogs en la línea de Deseducativos.

        Y ante la duda: yo también espero y así lo creo, que este foro no haya sido, ni sea una plataforma ideológica afín a lPP. Si así fuera sería para mí del todo decepcionante, un timo en el que desearía no haber participado.

  19. Mariquilla
    16 abril 2012 a 20:50 #

    No digáis que agotado su tesoro,
    de asuntos falta, enmudeció la lira.
    Podrá no haber poetas, pero siempre
    habrá poesía. (G.A. Bécquer).

    No son estos tiempos para recitar rimas, amigo F.Javier.

    Asistí a una escuela mixta unitaria, 40 niños y niñas de 6 a 10/11 ó 12 años, sin calefacción, sin cuadernos (con pizarra), con pupitres remendados y anclados,.. pero mi maestra, doña Juanita, tenía poesía (alegría y orgullo de ser nuestra maestra). Fui alumna becaria en un destartalado instituto de provincia, solo niñas , con tarima polvorienta, bancos ennegrecidos, textos de segunda-tercera o cuarta mano… pero mis profesoras y profesores (sólo dos varones), sin coche, sin ordenador, sin teléfono… tenían poesía (alegría y orgullo de darnos clase). Fui alumna de una facultad de letras y mis compañeros y compañeras aspiraban, como yo, a seguir con orgullo y satisfacción los pasos de los que nos precedieron (también con poesía) y lo hicimos en centros en los que el compañerismo, el trabajo, la modestia y la ausencia de egoísmos -(poesía)- presidía nuestras actuaciones. Hace años que todo este largo poema (en el mejor sentido del término) desapareció y dudo de que se recupere por medio de uno u otro color político o mediante esta o aquella ley. O llevamos nosotros el cambio a las aulas o nadie lo hará mediante una decisión política

    • Francisco Javier
      17 abril 2012 a 8:36 #

      Bien, creo que lo más oportuno sería cerrar Deseducativos de una vez.

  20. Mariquilla
    16 abril 2012 a 21:41 #

    No le falta razón a C.Losada

    http://www.libertaddigital.com/opinion/cristina-losada/no-todo-es-dinero-64179/

  21. Mariquilla
    18 abril 2012 a 20:53 #

    Una profesora escribió la carta que os adjunto y ha pedido que la reenviemos.

    DERECHOS, QUE NO PRIVILEGIOS

    Según el Diccionario de uso del español de María Moliner, privilegio es la excepción de una obligación, o posibilidad de hacer o tener algo que a los demás les está prohibido o vedado, que tiene una persona por una circunstancia propia o por concesión de un superior. Por el contrario derecho es la circunstancia de poder exigir una cosa porque es justa.
    Soy funcionaria, me dedico a la docencia y trabajo en un instituto de educación secundaria, en este país. Y no, yo no tengo privilegios.
    El sueldo que cobro es un derecho que me gano honradamente con mi trabajo. Está regulado por un convenio en el que participan y firman todas las partes interesadas. Es transparente, cualquier ciudadano puede saber lo que cobro. Hacienda conoce perfectamente mis ingresos, en mi declaración no cabe el fraude ni la picaresca. Mis ahorros, pocos, están en entidades bancarias completamente controladas por el estado, y no en paraísos fiscales. Me levanto todas las mañanas a las seis y media para ir a trabajar. Cuando regreso estoy cansada, porque, aunque no lo parezca, este oficio es agotador. Diariamente doy cuenta de mi trabajo primero a mis alumnos y por supuesto a sus padres, luego a mi director y si es preciso al inspector de mi zona, porque yo sí tengo jefes. Obtuve mi puesto de trabajo aprobando una oposición, que por si alguien no lo sabe, es una prueba muy dura, y no hubo “enchufismos” de ninguna clase. Si tengo que ir a trabajar en coche, el vehículo es propio y pago la gasolina, yo no tengo coche oficial ni chófer. Si he de quedarme a comer, me pago la comida, yo no cobro dietas. El café y el almuerzo corren por mi cuenta, y hasta los bolígrafos rojos que gasto para corregir los ejercicios de mis alumnos, los compro con mi dinero. Los libros de texto y de lectura que necesito para trabajar, de momento, nos los ceden, gratuitamente las editoriales, tampoco les cuestan un euro a la Administración.
    No, yo no tengo privilegios. Alguien podría pensar que disfruto de un mes de vacaciones más que el resto de mortales. Pero durante el curso escolar trabajo prácticamente todos los domingos, y cuando no trabajo en domingo es porque lo he hecho en sábado. Si cuentan todos estos días, verán que suman más de 31, que son los que tiene el mes de Julio. Cuando llevo a mis alumnos de excursión o de viaje, les dedico las 24 horas, dejando a mis hijos y a mi familia.
    No, yo no tengo privilegios. Y sin embargo me siento privilegiada. Sí, me siento privilegiada porque considero que mi trabajo es muy importante y valioso y realizo un servicio social. Me siento privilegiada cuando veo crecer y madurar a mis alumnos, los veo superar sus dificultades y aprender, y yo estoy ahí ayudándoles, aunque solo sea un poquito. Me siento privilegiada cuando mis alumnos me saludan por la calle, casi siempre con una sonrisa y cuando hablo con sus padres con la cordialidad propia de quienes comparten objetivos. Me siento privilegiada cuando encuentro a antiguos alumnos y me hablan de sus vidas, de sus éxitos y sus proyectos. Y sobre todo me siento privilegiada porque trabajo rodeada de extraordinarios profesionales que se dejan la piel día a día para llevar a buen puerto esta nave que la Administración se empeña en hacer zozobrar.
    Sí, estos son mis privilegios, pero puedo asegurarles que no le cuestan ni un euro al contribuyente.
    Con todo, no crean que quiero ponerme medallas, nada más lejos. En el fondo me siento como el siervo inútil del Evangelio, al fin y al cabo solo cumplo con mis obligaciones. Pero es importante no confundir derechos con privilegios. Los recortes en Sanidad y Educación, son recortes en derechos y no en privilegios. Que no os confundan. No veáis enemigos donde hay amigos, ni verdugos donde hay víctimas como vosotros. Confundir es un arma de poder para camuflar al verdadero culpable.
    Con todo lo que está cayendo sobre los docentes, lo que más me duele no es la pérdida de poder adquisitivo, sino el menoscabo moral al que se nos está sometiendo. Solo pido a la sociedad, respeto. A los políticos, honestidad, porque muchos han olvidado el significado de esa palabra, si es que lo conocieron alguna vez. También les pido valentía, porque pisotear al débil es de cobardes. Los culpables de esta crisis son mucho más poderosos que nosotros y sí tienen privilegios, que lo paguen ellos. Por la dignidad del docente, que es lo que no nos pueden quitar.

  22. teacher
    26 junio 2012 a 3:24 #

    Uff, después de leer todos los comentarios… Pero no, voy a hablar de los maestros de idiomas que quedaron adscritos a los institutos, dando clase en el primer ciclo de secundaria. No sé si en sus repectivas CCAA ocurre, pero en la mía, ubicada en el sur, esto sucedió en muchos centros. Y ahora tenemos que sufrirlos hasta el final de su vida laboral, así lo negociaron los sindicatos en los 90. Están haciendo mucho daño los de idiomas, concretamente, y he podido comprobarlo con las dos lenguas con las que he trabajado: francés e inglés. Unos, porque no la hablan; otros, por aficionarse a las bajas (tienen en torno a los 55 años; tampoco son tan mayores). Da pena, penita, pena.

    • Viki
      26 junio 2012 a 8:53 #

      Estoy en una sección bilingüe de inglés. En mi centro son como una casta superior. Cobran un complemento específico porque dicen saber inglés, dan clases de todo y no les da vergüenza preguntar a los titulados superiores contenidos de lo que tienen que impartir porque tienen carencias para dar clase en la ESO. De todo, no se puede saber. Tienen un convenio que hace que los recortes no les afecte porque no se les puede trasladar. Hablo de Castilla La Mancha. Además, cobran otro complemento más por estar en un instituto. Nunca deberían de haberlo pisado, pero lo socialistas siempre han aplicado la tabula rasa por lo bajo.

      • teacher
        26 junio 2012 a 18:08 #

        Gracias por contestarme e inspirarme. En Canarias son los primeros en completar su horario con su materia “de especialidad”, y por lo que veo, si nos les da la gana de ser tutores, no lo son. Tienen una suerte de derecho de pernada por antigüedad y ¿quizá por la mala conciencia del sistema con ellos por abandonarlos a su suerte en los institutos?, ¿para paliar su complejo de inferioridad? No me queda muy clara la respuesta, compañera. El caso es que el curso pasado tuve que hacer verdaderas piruetas para completar mis horas, impartiendo Lengua, refuerzo educativo (apoyo) y hacerme cargo de una tutoría (todo esto en mi año de funcionaria en prácticas), para que el maestro pudiera estropear a una remesa más de alumnos con su mediocre inglés. Y eso en una comunidad que necesita “la” lengua franca internacional como agua de mayo, y que a pesar de llevar más de 50 años viviendo principalmente del turismo, no-es-capaz-de-enseñar-inglés-a-sus-alumnos. No quiero gritar, por eso destaco entre guiones.
        Y mientras tanto, la prueba oral de inglés en PAU se va retrasando un curso más cada año, y no me sorprende. Estoy a punto de proponer a las autoridades un examen oral a los profesores de inglés, no con la aviesa intención de colocarme delante de profes que llevan más de 20 años de funcionarios, dios me libre, a la hora de elegir centro o en los concursos de traslado. No, pero sí podría servir para establecer quién debe ocupar la mayoría de las horas lectivas impartiendo la lengua extranjera, y quién completar este horario con clases de apoyo, materias afines y tutorías. Y si no, que se reciclen, demonios. Parece mentira este sistema funcionarial, que permite que alguien apruebe las opos de un idioma hace 25 años sin obligarle a renovarse. Aquí también hablo de los profes de secundaria.

  23. Viki
    26 junio 2012 a 19:40 #

    Hemos tocado fondo. Mejores tiempos vendrán, aunque no sé si algunos ya los veremos.

    • teacher
      26 junio 2012 a 21:25 #

      Yo, que te voy a confesar que últimamente lloro mucho, (y en ocasiones veo muertos: la educación en España) confío en que veremos tiempos mejores. En teoría me quedan más de 20 años de docencia, mejor que lo sienta así. ¡Ay!

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