El nuevo profesor (I). Condiciones de acceso a la función pública docente

Mariano

Esta semana van a empezar en muchas comunidades los procedimientos selectivos para el ingreso y acceso a la función pública docente, o sea, las oposiciones para ser profesor de instituto, escuelas de idiomas, formación profesional y enseñanzas artísticas.

En DESEDUCATIVOS se ha insistido mucho en la importancia de una buena selección del profesorado como un elemento central de una escuela que funcione bien. Veremos, sin embargo, que este es uno de los aspectos donde la secta pedagógica tiene más interés en clavar sus garras, con las que están consumando, y aún van a ahondar más, uno de sus habituales estropicios.

Ya desde 2004 hay un ejercicio del “procedimiento selectivo” que sustituye a la clásica exposición oral de las oposiciones libres, que venía precedida de una preparación (la encerrona). Un ejercicio de madurez al que no se podía tildar de memorístico, en el sentido más peyorativo del término, de aprender como un papagayo. Dejando aparte que frente al discurso pedagógico al uso, la memoria haya que reivindicarla como han hecho en DESEDUCATIVOS Francisco Javier González-Velandia y otros con mucho acierto.

Este nuevo ejercicio oral, que introdujo Pilar del Catillo para hacer un guiño a los sindicatos, consiste en elaborar una programación didáctica de un curso en particular, defenderla (aquí se puede llevar de casa el “speech” memorizado) y luego desarrollar una unidad didáctica, elegida de entre tres de las quince que el opositor ha desarrollado en el enésimo “nivel de concreción” de su programación. Evidentemente, con este nuevo tipo de prueba no se mide tanto la capacidad del futuro profesor de preparar una exposición oral a partir de textos y de ver cómo explica un tema cuanto de verificar conocimientos didácticos, que además, según el BOE, tienen que ser necesariamente la sarta de objetivos, contenidos, metodología, evaluación, atención a la diversidad y demás exigencias de la secta pedagógica. Con este nuevo ejercicio lo importante ya no es comprobar si el futuro profesor puede dar una “lección magistral”, sino si conoce el currículum y todos los palabros de la jerga pedagógica. Para los poderes públicos este conocimiento es un requisito esencial en la selección del profesorado.  Muy interesante e ilustrativo es al respecto el artículo de Iván Pérez Miranda en El futuro del pasado, publicado por la Universidad de Salamanca. Texto en el que se mencionan el libro de María Ruiz La secta pedagógica, el Panfleto antipedagógico de Moreno Castillo o el artículo Contra la pedagocracia, de Maximiliano Bernabé Guerrero como lo que son, esto es, publicaciones de referencia rigurosa y científica para el análisis de los asuntos educativos, donde no van a tener los que detentan el poder la exclusiva de hacer “textos científicos” sobre educación.

Se agradece a Pilar del Castillo, la autora del desafuero de sustituir el examen oral por la programación didáctica, la supresión de la obligatoriedad de saberse la LOGSE (había en las oposiciones libres desde la década de los noventa quince temas de didáctica y legislación educativa comunes a todas las materias que significaban saberse de memoria la doctrina pedagógica oficial), algo así como demostrar que los aspirantes a funcionarios públicos docentes conocían los Principios del Movimiento Transversal o Constructivista.

Es, por tanto, constatable que a los futuros profesores se les viene exigiendo desde hace años un conocimiento de la jerga pedagógica, en detrimento de otros saberes que para dar clase se consideran menos importantes por el “establishment”. ¿Cuál va a ser la utilidad y aplicación de este aprendizaje para su práctica docente? Pues pueden ser una “paja” nula o lo que es peor, una serie de prejuicios perniciosos con los que los profes así formados se incorporen a las aulas pertrechados de doctrina coincidente con los dogmas de la pedagogía oficial.

Afortunadamente, todavía hay en los procesos selectivos un ejercicio teórico y otro práctico, lo que puede fomentar que al menos los aspirantes a profesor, que ya empiezan a ser en las últimas promociones, hijos de la LOGSE, estudien algo y se preparen. Son restos de lo que ciertos líderes sindicales y un exministro de Educación de cuyo nombre no quiero acordarme llamaban despectivamente formación “academicista”.

Otro hecho digno de mención es que proliferen como nunca academias y centros de preparación de oposiciones para profesores, muestra y exponente de que la formación que proporcionan las universidades no es suficiente para hacer frente a unas pruebas selectivas como las del acceso a la docencia con el estudio autónomo del recién licenciado. Este fenómeno del renacimiento y expansión de las academias para suplir las carencias de la “enseñanza superior” tendría que ser motivo de reflexión, pues es muy significativo.

Sin embargo, lo que me gustaría resaltar en este artículo es la novedad que se introduce en la convocatoria que va a tener lugar en junio de 2010. Este año hay un hecho innovador respecto de otras convocatorias, que ya se había decidido en el nuevo Real Decreto que regula el acceso a la función pública docente aprobado en 2007, pero que no entra en vigor hasta el presente curso escolar: el requisito de haber cursado el Máster de Formación del Profesorado para poder presentarse a la oposición.

Como quiera que este Máster no ha empezado hasta el presente curso 2009-2010, es esta convocatoria la primera en la que quien quiera ser profesor deberá estar en posesión de este título académico (con algunas excepciones para ciertas especialidades de determinados cuerpos).

El Máster de Formación del Profesorado (MFPS) requiere un artículo propio, que ya he prometido para DESEDUCATIVOS y que trataré de analizar de la forma más sintética posible. Análisis provisional, pues sólo tengo datos directos de una universidad. Y referencias de segunda mano de otras tantas.

¿Quiénes están exentos de este requisito de tener el Máster para presentarse a la oposición?

  • Quienes estén en posesión del CAP.
  • Quienes puedan acreditar haber impartido, hasta el término del curso 2008/2009, docencia durante dos cursos académicos completos, o en su defecto doce meses en períodos continuos o discontinuos, en centros públicos o privados de enseñanza reglada, debidamente autorizados en las enseñanzas de ESO o Bachillerato.
  • Los que tengan alguna de las siguientes titulaciones universitarias, siempre que la hayan obtenido antes del 1 de octubre de 2009:
  • Los Maestros/as.
  • Los Licenciados en Pedagogía.
  • Los Licenciados en Psicopedagogía.

Los que obtengan dichas titulaciones a partir del 1 de octubre de 2009, tendrán que realizar el Máster, sin excepción alguna.

Dado que aún no se ha regulado la formación pedagógica y didáctica para los grupos siguientes, también estarán exentos del máster:

  • Los Profesores de Enseñanzas Artísticas Profesionales.
  • Los Profesores de Enseñanzas Deportivas.
  • Los Maestros de Taller.
  • Los Profesores Técnicos de Formación Profesional (591), siempre que accedan con una titulación de Técnico Especialista o Técnico Superior, exclusivamente.

Veamos qué consecuencias tiene esta normativa a través de algún caso práctico: un licenciado en Pedagogía se puede presentar a cualquier oposición, de Lengua, de Historia o de la especialidad que él elija; ya ha demostrado que es apto para la docencia. Un licenciado en Filología o en Filosofía o en Historia o en Ciencias Exactas o en cualquier otra ciencia, con tesis doctoral, que haya dado clase en universidades españolas o extranjeras y que tenga publicaciones en su campo, hasta con dos o tres carreras afines, no se puede presentar a la oposición. Si no tiene el CAP ni el Máster ni un título en el que haya estudiado pedagogía, que se despida de que le admitan la instancia. El que no haya pagado el peaje establecido por la secta pedagógica no puede acceder a la función pública docente. Por el contrario, quien esté en posesión de una titulación pedagógica se puede presentar a la especialidad que desee en las oposiciones para ser profesor de la enseñanza pública.

Luego, una persona que tenga el CAP en cualquier especialidad (Inglés, Lengua Castellana y Literatura, Filosofía) está habilitado para presentarse a la asignatura que le plazca, aunque no sea aquella en la que hizo las prácticas ni la “didáctica específica”. Lo mismo sucede con el Máster. Se puede presentar todo aquel que esté en posesión de ese título, independientemente del área de conocimiento a la que concurra. Lo más importante es la formación “pedagógica”. Esta es la moto que se nos ha estado vendiendo: hay que mejorar la formación inicial, que consiste siempre en haber pasado por el aro de las titulaciones “didácticas” ad maiorem pedagogorum gloria.

Más datos de lo que le preocupa al MEC sobre la formación inicial del profesorado. Si un profe lleva dos años de interino o de contratado en la enseñanza oficial española (antes de 2009) puede presentarse a la oposición sin CAP ni Máster.  Siempre que haya dado clase en la enseñanza pública; se entiende que ya está formado. ¿O es que dispone de bula porque a los sindicatos les interesa esa clientela, más inquieta y captable que los que tienen la plaza fija, que les dan la espalda? Ahora bien, si ha impartido clase en el extranjero o en la universidad, entonces esa experiencia no le exime de pasar por el aro de las titulaciones pedagógicas. Ya sé, cosas de los pactos sindicales, pero si la experiencia docente ya equivale a formación para dar clase, no se entiende la discriminación. Además, el haber trabajado en la enseñanza universitaria, o en la Sorbona, o en un liceo francés o británico, aunque el profesor haya estado cinco o diez o quince años enseñando parece que no justifica una formación para dar clase. La chapuza y la incongruencia no pueden ser mayor.

La selección de los docentes, ya hemos dicho, debería ser uno de los aspectos más importantes de una buena enseñanza. Y es clave para el mañana de la educación. Por eso, la secta quiere influir y mangonear en el proceso, porque es consciente de la importancia de su control para aumentar su poder en la enseñanza.

Pensemos que en un futuro no muy lejano (dentro de tres años), muchos de los estudiantes que cursen un Máster  habrán hecho un grado boloñés más corto que las actuales licenciaturas. Y tengamos en cuenta que el Máster tiene sólo un cuatrimestre de teoría, del cual un tercio es de psico-socio-pedagogía y los otros dos tercios están pensados como didáctica específica o, en todo caso, “complementos de formación”. Se ha sustituido un quinto de carrera por medio curso teórico (lo de pagar por hacer prácticas es algo frente a lo que los estudiantes deberían rebelarse), en el que el componente de “didáctica” tiene un peso aplastante. Otro de los grandes logros de la adecuación de la universidad española al proceso de Bolonia.

Cabe suponer, pues, que esta innovación en la formación inicial será un avance más de la pedagogía estulta, un descenso en la formación previa con la que accederán a los procedimientos selectivos los nuevos titulados. Y una exclusión de los que no pasen por caja para pagar el peaje a los pedagogos, a quienes el Ministerio entrega una parcela de poder más, para variar. Aumenta de esta forma la carga lectiva que los psicosociopedagogos tendrán en la enseñanza universitaria a costa del público general, no de los que eligieron ser pedagogos, al ser de inserción obligatoria en toda España las tres asignaturas que se les otorgan en el MFPS a estos ilustres profesionales.

Otra observación nada irrelevante: las normas que regulan el acceso a la función pública docente, las bases de los procedimientos selectivos y las asignaturas obligatorias del Máster son normas básicas, dictadas por el MEC, de las que no se puede escapar nadie. Esto demuestra que cuando al poder central le interesa, no deja la regulación de la educación en manos de ninguna autonomía, ni territorial ni universitaria.

En otro orden de cosas, no extrañará a nadie que se diga que los sindicatos de profesores, especialmente los de “clase” (llenos ellos de fugitivos de las aulas y de las clases lectivas y docentes), apoyen entusiastamente esta normativa de acceso. Tanto UGT como CCOO están encantados con el MFPS, como podemos ver en sus publicaciones.

Lejos, muy lejos, quedan, pues, los deseos de quienes se identifican con el Informe McKinsey, mencionado por Nacho Camino en  DESEDUCATIVOS y por otros autores en la página web de ANCABA.

Los licenciados de las últimas promociones que no hayan hecho el CAP, que en algunas universidades se hacía por correspondencia con tres o cuatro tutorías al año y respondiendo un examen tipo test a partir de unos libros gordos de Petete llenos de sandeces pedagógicas que había que memorizar como un catecismo educativo (si es que esta basca viene de donde viene), o pasan por las horcas caudinas del Máster de Formación del Profesorado o ya pueden decir adiós a la docencia.

Y ahí está la pregunta: ¿qué formación inicial necesita un profesor?, ¿científica o didáctica?, ¿qué es formación didáctica?, ¿van a seguir mandando en este asunto los pedagogos oficiales?, ¿qué requisitos previos debería exigirse a un futuro docente para acceder a una oposición e incluso a una interinidad?, ¿cómo se mide su capacidad pedagógica o didáctica?

NOTA: Si alguien está interesado en las fuentes legales de los requisitos de acceso a la docencia, exenciones, titulaciones, mencionados en esta entrada, le puedo facilitar los enlaces. En unos casos los he copiado y en otros los he resumido.

(Imagen: J. R. Mora)

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas, Diagnósticos

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23 comentarios en “El nuevo profesor (I). Condiciones de acceso a la función pública docente”

  1. 27 junio 2010 a 8:52 #

    Un profesor necesita ambas formaciones, científica y didáctica, pero es que no se le da ninguna de las dos, por las barbaridades del sistema de acceso: puede ser interino un licenciado sin demostrar nada, solo paciencia para subir en las listas y encima esa “experiencia” (o aguante) acumulado valdrá más que los méritos académicos, incluso aunque sea un doctorado justamente en pedagogía… En el máster no se aprende didáctica, como tampoco se aprendía en el CAP. Debería pasarse primero la oposición teórica (temas) y solamente después acumular experiencia y cursillos: primero has de dominar tu materia y luego aprender a transmitirla (que es imprescindible)

  2. Xoia
    27 junio 2010 a 15:12 #

    Yo me presenté a la oposición dos veces. La primera fue en el 2002, cuando regía el método del examen teórico sobre legislación y la encerrona en la que había que exponer oralmente un tema frente al tribunal. El examen teórico sobre legislación se podía aprobar perfectamente sin tener ni idea de leyes y, por supuesto, sin memorizar la LOGSE ni estudiar nada de pedagogía. Bastaba con tener sentido común y leerse lo que dice la LOGSE, no era necesario memorizarlo. Vi gente que se sabía los artículos de memoria y no lo superó. Otras personas que hicieron menos uso de la memorieta de papagayo y más uso del sentido común y de la logica sí lo superaron.

    La seguda vez fue en el 2004, cuando se sustituyó la exposición oral del tema por la defensa de una programación y una unidad didáctica de la misma. En parte el asunto puede tener cierta lógica, pues se trataba de ver si eres capaz de programar una asignatura, si tienes idea de cómo la vas a evaluar, el tiempo aproximado que te debería llevar cada tema, el orden en el que vas a secuenciar los contenidos, etc… Pero en la realidad el asunto puede ser muy curioso. Yo me preparé mi propia programación, entre otras cosas porque carezco de picaresca. Pero no todo el mundo lo hizo así. Muchos interinos se llevaron la programación de los departamentos en los que habían estado trabajando. Y muchos opositores que prepararon el examen en academias se llevaron programaciones estándar que les vendían esas academias. Así que, lo que se supone que se va a valorar en esa prueba, resulta que ya no es tan fácil de valorar.

    Por lo tanto, lo de la defensa de la programación es peliagudo. Además está el carácter subjetivo que rodea forzosamente la calificación del tribunal para esa prueba. Yo la superé porque algo en mi manera de hablar, de expresarme, o lo que fuese, gustó en el tribunal. Tal vez porque tengo la suerte de no sufrir pánico escénico ante ningún tipo de tribunal, jamás me pongo nerviosa hablando en público, es más, me encanta hacerlo. No llevé nada preparado. Ni siquiera usé la hoja “chuleta” que te dejan usar porque es totalmente innecesaria para una prueba tan sencilla. No supe ni qué hacer en la media hora que me dejaron sola para preparar la exposición, no llevé juguetitos, ni ordenador, ni presentación en Power Point, ni “ná de ná”. Hubo gente que se llevó material de todo tipo y no la superó. Incluso hubo gente que se vistió especialmente para la prueba, de traje, y no la superó. Yo fui con unos vaqueros “zarrapastrosos” y una camiseta cutre y sí la superé. Así que lo tengo clarísimo, tuve la suerte de “caer bien”. Si hubiese tenido la mala suerte de “caer mal”, es decir, de coincidir con un tribunal amante de las presentaciones por ordenador, la buena presencia, etc, seguramente no habría superado la prueba. Se trata de una prueba total y absolutamente subjetiva y, como tal, no sirve para nada. Pese a que a mí me vino bien ese tipo de prueba, pues conseguí pasarla, considero que era más justa la encerrona tradicional.

  3. 27 junio 2010 a 23:11 #

    Lo que nos desvelas asusta, Mariano, porque aquí ya no se trata de arrinconar los conocimientos específicos de lo que se supone que vas a enseñar, que es gravísimo, ni de imponer una pedagogía que al final es tan inútil que, metidos en clase, no les sirve ni a sus defensores, sino de algo mucho peor: que todo esto se hace para colocar a los fieles. El diseño que presentas, en que tener Magisterio, máster o Pedagogía, puede ser más útil para enseñar una materia que el conocimiento de esa materia, significa que esas especialidades se van a convertir en algo así como el “carné del partido”, la llave para conseguir puestos en la enseñanza, para ser profesor de todo sin saber nada de nada. ¿Va usted a matarse estudiando biología, lingüística, matemáticas, historia o química? ¡No sea imbécil!, búsquese una buena cédulade adhesión inquebrantable a los principios de la pedagogía: trabajará usted menos y llegartá más lejos. Los boletines oficiales son un arma letal.

  4. Ana Belén
    27 junio 2010 a 23:54 #

    Hola!
    por supuesto que este sistema no es el mejor. Yo también creo que el sistema antiguo era más justo y lo de los méritos es inadmisible, que un curso cutre on line cuente medio punto en el mismo apartado que un máster no tiene pies ni cabeza, pero volvemos a lo de siempre, todo el mundo ha tragado y nadie ha protestado, o ha protestado pero no de forma oficial… y así seguimos.
    Con respecto a la referencia que hacía eduideas sobre los interinos, me gustaría decir algo, por la parte que me toca, es cierto que un licenciado puede acceder a una interinidad sin demostrar nada, pero como ya se ha dicho alguna vez en Deseducativos, o al menos yo creo haberlo leído, a enseñar se aprende enseñando, no? ¿cómo podemos aprender los nuevos si no es un aula? no creo que haya otra manera, desde luego la manera no es teorizando sobre la enseñanza en cursillos controlados por la secta pedagógica. Por supuesto, la necesidad de formación científica está fuera de toda duda. Yo tuve en el instituto profesores estupendos, los mejores para mí, y empezaron a dar clase mucho antes de superar la oposición, muchos de ellos con vacantes conseguidas recién salidos de la facultad, allá por los años 80. Y llegaron a ser grandes profesores. Hoy ocurre algo similar en alguna que otra especialidad, entre ellas la mía, y en algunas comunidades, no en todas, no hay gente suficiente para cubrir el cupo de interinidades y sustituciones, qué se hace en esos casos entonces? es preferible que los alumnos se queden sin profesor o peor aún, que amorticen plazas aprovechando que no hay personal? Y una última cosa, que no me canso de repetir, la vida de los interinos conlleva muchos sacrificios y renuncias personales, y los que además de interinos somos nuevos, vamos a dar con nuestros huesos a lugares más recónditos que allí donde Jesucristo perdió las sandalias, lugares a los que, por cierto, mucha gente no quiere ir. Resumiendo, no se debe generalizar .

    • Xoia
      29 junio 2010 a 21:10 #

      Totalmente de acuerdo contigo, Ana Belén. Es más, tal vez en los años 70 y principios de los 80, época en la que salieron plazas como churros en la enseñanza pública, se podía entrar de interino de forma fácil. Tengo entendido que ni siquiera era necesario opositar, simplemente había que tener el título y apuntarse a una lista, una especie de “bolsa de trabajo”. De esto último no estoy segura, me lo han contado, pero si alguien me lo puede confirmar o desmentir, lo agradeceré.

      El caso es que antes podía ser relativamente “sencillo” llegar a ser interino (suponiendo que obtener la licenciatura correspondiente sea sencillo, que es mucho suponer…)

      Pero ahora para ser interino debes opositar por narices. Y normalmente no vale con presentarse al examen para cumplir con un mero trámite. Hay mucha competencia y, si quieres optar a una interinidad, debes obtener una calificación en la oposición relativamente decente.

      Así que yo también discrepo con eso de que para ser profesor interino “entra cualquiera”.

      • 29 junio 2010 a 21:43 #

        Ahora se accede a las listas de interinos con diversos méritos. Uno de ellos es el de haber obtenido buenas calificaciones en al menos uno de los ejercicios. En algunas especialidades se puede entrar en la lista con sólo aprobar. Si dejamos aparte el peaje de cursos “pedagógicos” que es de obligado cumplimiento y dudosa utilidad, hay un criterio de selección para entrar en la lista de interinos.

        Durante los años 70 y parte de los 80 la entrada en las listas de interinos se hacía sin ninguna transparecnia por asignación direcyta, estos es, a dedo. Y luego las asambleas de PNNs pactaban con el Ministerio un baremo, en el que el principal mérito era haber sido interino.

        Con posterioridad las direcciones provinciales y luego las CCAA iban confeccionando baremos para la selección de los interinos, en el que el criterio fundamental era haber estado contratado. A medidados de los 80 hubo una gran polémcia con los centros en crisis procedentes de la apliación de la LODE, muchos de ellos laicos. Y el MEC alcanzó a un acuerdo para integrar a esos profesores en las listas de interinos.

        Después, es preciso mencionar la fórmula privilegiada que tuvieron de acceder a oposiciones restringidas profesores contratados de distintos organismos y los famosos PNNs, que tuvieron una oposición superlight a la que sólo se podían presentar ellos.

        El ligar la interinidad al proceso selectivo y conceder un gran valor a la nota de la oposición y a los métritos académicos es una innovación del ministro Suárez Pertierra a principios de los 90. .

      • Ania
        1 julio 2010 a 15:57 #

        Querida Xoia,

        En el País Vasco,a principios de los 80 se puso como condición para acceder a las interinidades ,además de la preceptiva titulación, estar en posesión del CAP y del título EGA que equivale a un 5º de la EOI en Euskera. Luego te ponían a impartir “a pelo”, las distintas asignaturas en euskera, sin libros de texto-te los fabricabas tú-, dejando el aprendizaje de los vocabularios específicos de las distintas materias (el título EGA no te capacita en ello) , a los enseñantes que hemos viniendo actualizándonos por nuestra cuenta y/o haciendo cursillos , siempre pendientes de lo que Euskaltzaindia( Real Academia de la Lengua Vasca) ha venido inventando sobre la marcha , diciendo y desdiciéndose, a lo largo de muchos años. Todavía hoy , las mejores editoriales siguen sin publicar en euskera porque no les es rentable y mucho peor aún con respecto al material complementario: DVDés, Vídeos, Filmografía, etc…que sigue sin haberlo apenas , en euskera. LO que hay en éuskera en internet es ridículamente insuficiente, etc…

        Todo lo anterior , aplíquese a las condiciones de ingreso como interino de los docentes de ciencias sociales y naturales dado que , cuando ha interesado e interesa, porque hay pocos docentes disponibles, como ha sido y es el caso de ciertas especialidades de Formación Profesional y Tecnologías varias, han entrado y siguen entrado interinos en bolsa, sepan Euskera o no, porque hacen falta , y punto.

        Yo, personalmente , hace tiempo que pienso que con el título y un tiempo prudencial de interinaje debiéramos de convertirnos en personal laboral fijo con contrato indefinido. Bastante tenemos con los contínuos cursos de formación y puesta al día en nuestras materias, TIC e idiomas (aquí el bilingüismo se convierte en trilingüismo, como os podréis imaginar).

        “Maldades de los Sindicatos” es un término que, en boca de mi médico, me pareció muy adecuado, aplicado a los sindicatos CCOO y UGT tan afanosos ellos , a lo largo de estos últimos tres años, en someter a oposición en el País Vasco, un año sí y otro también a profesores interinos que llevábamos lustros y algún decenio sin ser convocados , con los años y cargas familiares encima que os podéis imaginar.

      • Xoia
        1 julio 2010 a 16:23 #

        Pues sí, Ania,en las comunidades “nacionalistas” el problema de la enseñanza se acentúa. Se acentúa en dos vertientes: en la selección del profesorado en la escuela pública y en la huída de un gran sector de la población a la escuela privada por motivos lingüísticos.

        Me llamó la atención el gran número de vascos que se presentaron a las oposiciones de Física y Química de Castilla y León en el 2004. Supongo que en parte fue porque el examen cayó en Burgos, muy cerquita de su casa. Pero hablé con varios y más o menos todos decían lo mismo. Que no podían con el euskera, ya que no lo habían aprendido de pequeños (y no se trata de un idioma fácil), así que estaban haciendo lo imposible por huir de allí porque se sentían “perseguidos” por el gobierno vasco y sus leyes. Y algo similar puede decirse de la gran cantidad de gallegos que se presentan a las oposiciones todos los años en Castilla y León. Como les queda cerca y aquí no hay problemas de idioma, aquí se vienen unos cuantos, normal…

        Todo esto se debe a la fragmentación del sistema de taifas que soportamos. Un sistema nacional sería más justo a esos niveles, tanto para profesores, como para alumnos. Oposiciones centralizadas en Madrid, igualitas para todos, fuésemos de la comunidad que fuésemos. Y luego, si finalmente te destinan al País Vasco, pues que se fomente que aprendas euskera, que se te valore en la puntuación, que te den las posibilidades de formación necesarias, etc, pero no poner el idioma como un impedimento.

        Lo grave del asunto es que se produce una “discriminación” de los que no sabemos euskera. Un vasco-parlante (no sé si se escribirá así) puede optar a un puesto de funcionario en Castilla y León, pero yo no puedo optar a un puesto similar en el País Vasco. Lo mismo es extensible a Galicia, Cataluña y, con la que está cayendo, supongo que a Valencia, Baleares… La fragmentación por motivos lingúísticos y las consecuencias humanas que tiene es imperdonable.

        No tengo nada contra el euskera, de hecho me parece una lengua preciosa. Pero que se valore más para un puesto de profesor de Física los conocimientos de lengua vasca que el nivel de dominio del Electromagnetismo, simplemente da que pensar. Creo que se debería fomentar la enseñanza del euskera entre los chavales, así como su aprendizaje por parte de los profesores, pero no de esa forma.

        Además el problema es especialmente grave para los alumnos “de fuera”. En comunidades con tal problema lingüístico, debe ser un horror tener que ir a vivir un tiempo. Me refiero a lo siguiente: si yo trabajo en Telefónica, por poner un ejemplo, y me destinan un año allí, sólo un año, ¿qué hago con mi hijo, que no es vasco, no ha hablado euskera en su vida y sólo va a vivir allí un año? ¿Cómo narices se adapta ese chaval? Pues está claro, no me quedaría más remedio que mandar al chaval a un cole privado de la iglesia donde la imposición del euskera fuese más “light”, explicarle mis circunstancias a la madre superiora, y ya está, el niño exento de euskera, como debe ser en una situación así…

  5. Francisco Javier
    28 junio 2010 a 9:36 #

    Que un profesor necesite formación didáctica,…., es discutible. Tal vez , unas orientaciones de supervivencia, sobre lo que se debe y no se debe hacer, unos materiales organizados de apoyo,…, nada que no pueda ser resuelto a nivel de departamento. Tal vez, esa sería una buena idea: que los jefes de departamento y los profesores con experiencia se encargasen de ofrecer el apoyo didáctico y humano a los pobres profesores que se estrenan (una “tutoría”). Los pedagogos sobran siempre.

  6. Xoia
    29 junio 2010 a 21:02 #

    Pues hoy me he quedado “a cuadros” con lo que me ha comentado un compañero interino sobre la oposición. Resulta que este año, al menos en Castilla y León, incluso el examen de la parte de la especialidad, es decir, el examen de conocimientos DE VERDAD y no de discutibles ideologías político-pedagógicas se ha reducido a la mínima expresión. Es la caña, mi compañero estaba francamente indignado y con razón.

    Resulta que antes la oposición tenía una primera parte eliminatoria que consistía en el desarrollo escrito de un tema a escoger entre dos seleccionados al azar y una parte práctica que podía consistir en realizar una traducción, un comentario de texto, interpretar una obra musical con el instrumento escogido por el opositor, resolver una serie de problemas de Física o Matemáticas, interpretar un corte geológico, reconocer una serie de especies vegetales, minerales… etc, según la especialidad. Sólo aprobando esas dos partes, la teórica y la práctica, se podía acceder a la segunda parte de la oposición.

    Bueno, pues ahora los conocimientos del futuro profesor se puede decir que ya se valoran menos que saber vender la moto pedagoguay. Porque ese examen ya no es eliminatorio y además se ha suprimido la parte práctica. Vamos, que se puede pasar a la siguiente fase de la oposición sin saber hacer una traducción, sin saber resolver un problema de Física, sin saber interpretar decentemente una obra musical… Y para facilitar aun más el acceso, el tema teórico a desarrollar ya no se escoge entre dos, sino entre CINCO temas seleccionados al azar.

    Todo esto con el propósito de darle la mayor importancia posible al desarrollo y la defensa de la programación y de la unidad didáctica. Y además la puntuación ha cambiado. Ahora se ponderan con mayor peso específico los “méritos” que antes. Veo bien que se valoren méritos como la experiencia, en el caso de los interinos. Pero no hasta el punto de que pueda quedar mejor colocado un interino que deja el examen teórico en blanco por el simple hecho de llevar 10 años de interino que un opositor novel que hace un examen teórico perfecto pero no tiene ni un punto en experiencia porque simplemente no ha tenido oportunidad de empezar a trabajar.

    La oposición es algo muy serio, se trata de dar un puesto de trabajo a alguien pagado con dinero público procedente de nuestros impuestos. Y ese trabajo tiene una carga de responsabilidad mayor de lo que mucha gente cree, se trata de formar a los futuros integrantes de la sociedad. Así que debería ser un proceso serio y objetivo, y no la merienda de negros en la que puede transformarse de seguir así.

  7. 3 julio 2010 a 8:05 #

    Las oposiciones libres, sin trampa ni cartón, históricamente tan criticadas por los enemigos de los principios de la libre competencia, o de la competencia a secas, han constituido la vía más limpia y honesta para el acceso a la función pública. La más democrática. La más igualitaria. La única oportunidad de que han dispuesto los que no tenían un padrino o un dedo que los designara. Cierto es que muchos temas de los cuestionarios son prescindibles y hasta absurdos. Cierto es también que el sistema se ha ido degradando. En la universidad hace más de dos décadas que no existen. Los cuerpos docentes universitarios son el único cuerpo funcionarial de titulación del grupo A al que no se accede por una serie de exámenes exigentes a los que pueden concurrir libremente sus pretendientes. Y esa selección endogámica, no siempre respetuosa con los principios de mérito y capacidad, es una de las causas de los males que afectan a la enseñanza superior.

    Es importante no dejar pasar sin críticas ni contrapropuestas la degradación del sistema de selección del profesorado que se vive desde la LOGSE, así como a la formación inicial institucional, necia y pedagogizante desde la ley 70. Las transferencias a las autonomías han añadido más desventajas: endogamia, localismo, trabas para la movilidad territorial. Por no hablar de los concursos de méritos y sus muy discutibles baremos.

    ¿Qué se debe exigir a un futuro docente? En primer lugar, un buen profesor debe tener una formación sólida en su especialidad. Esta es una “conditio sine qua non”, que si olvidamos o menospreciamos en los procesos selectivos, puede llevarnos a prescindir de profesionales con conocimientos en sus respectivos campos. Y a no obligar a que los licenciados sin la plaza tengan que hacer un repaso general de toda la carrera, ponerse al día. La preparación de lo que los incalificables llamarían una oposición academicista –para la gente que la prepara bien- es un estudio enciclopédico, exhaustivo, que terminará repercutiendo de forma positiva en los alumnos que cuenten con el privilegio de tener a un profesor bien formado.

    ¿Qué es la formación didáctica? Pues un profesor aprende su oficio dando clase. No hay recetas universales ni bálsamos de Fierabrás. El “savoir faire” de la docencia se aprende en el oficio, quizá en el ejemplo de los que fueron nuestros buenos profesores. Y, en todo caso, a partir de la experiencia de sus colegas más antiguos y de los mejores profesionales docentes de su campo. Desde luego, toda la sarta de sandeces de la pedagogía establecida no enseña a desenvolverse en el aula. Pensar que con “la teoría del currículum”, “el aprendizaje significativo”, “la enseñanza cooperativa”, la teórica del “método x” o del “método y” o la memez del momento alguien va a aprender a dar clase, con todo lo que ello implica, es de un candor carmelita o de una deshonestidad intelectual propia de un político curtido y con el colmillo retorcido.

    La didáctica no puede estar en manos de la secta. Formación científica y didáctica son las dos caras de la misma moneda. Si a un futuro profesor se le pide que redacte un comentario de textos, que resuelva problemas, que haga una traducción, en suma, que aplique los conocimientos de su especialidad a diversas actividades prácticas que forman parte del aprendizaje sistemático, ya se le está pidiendo que muestre su capacidad docente. Por eso es tan alarmante que degraden o supriman (en Castilla y León, en Castilla- La Mancha) el ejercicio práctico, posiblemente el más importante del sistema de las oposiciones.

    ¿Qué decir de la prueba oral? Es muy importante que un tribunal compruebe cómo expone, explica y desarrolla en público un tema de su especialidad un aspirante a profesor. Por el contrario, si recita los objetivos, contenidos, competencias, unidades didácticas, poco sabemos de cómo va a dar clase ese opositor. Nos va a contar un rollete estandarizado con todos los lugares comunes de la didáctica galvanoplástica. A lo sumo veremos su fluidez verbal, su capacidad de comunicación. Pero en un contexto de pedagogía inane.

    Aprenderse la jerga pedagógica, hablar en su espantoso sociolecto, manejar sus pseudoconceptos y demostrar una familirización con los dogmas, falacias, sofismas y aporías de la psicosociopedagogía no indica que un futuro profesor conozca más de su oficio. A la hora de resolver los problemas reales con los que se va a enfrentar en el aula toda esa retahíla de tópicos pedagógicos es totalmente inaplicable.

    Los psicosociopedagogos nos dirán que además de saber matemáticas o historia un profesor tiene que ser capaz de motivar, tratar a los adolescentes (o a los niños), saber llevar una clase y resolver los problemas del día a día. Claro que sí: es cierto que ser profesor no sólo implica estar preparado para transmitir conocimientos. Pero todas esas capacidades, propias del buen docente, de ser un buen comunicador, de tomar iniciativas para hacer frente a las dificultades del aula, de saber llevar a sus alumnos, no se van a aprender en un curso de psicosociopedagogía.

    La pedagogía académica que se enseña en España –y no sólo aquí- es un conjunto de trivialidades y en ocasiones de errores conceptuales. Ellos, en su visión cortoplacista, que tanto distinguen entre saberes útiles e inútiles, representan el ejemplo más preclaro de estos últimos.

    Se podrían dar puntos a un profesor en un procedimiento seletivo viendo cómo da clase un aspirante, entrando en su aula y evaluando su docencia. ¿Quién evaluaría y con qué criterios? Complejo asunto. Dos pistas: deberían evaluar especialistas en activo y no pedagogos. Y los criterios no pueden ser los de la didáctica fracasada. (Claro: si el que evalúa va a penalizar a los que den lecciones magistrales y va a aupar a los que aprueben a todos para acabar con el fracaso escolar; va a sobrevalorar a los que trabajan por parejas, hacen redacciones cooperativas o juegan al corro de la patata en el aula con niños y niñas de 16 añazos, pues apaga y vámonos)

    Otro día habrá que hablar del Máster, que algunos quieren que sea el procedimiento selectivo para el acceso a la docencia, en lugar de las “tradicionales” oposiciones. Pero traigo aquí un aperitivo de lo que les están enseñando en algunas universidades. Se advierte que el enlace que he incluido y las reflexiones del sociopedagogo de guardia, profesor de la asignatura “Familia, sociedad y educación” en el Máster de Formación del Profesorado de Secundaria en la Universidad Complutense de Madrid, pueden herir la sensibilidad del espectador. Se recomienda tener la vomitera a mano.

    • 3 julio 2010 a 9:23 #

      Mariano:

      Magnífico apunte. ¿Por qué no lo conviertes en propuesta de Deseducativos para que lo debatamos? Si no te parece mal, yo aporto algunos detalles.

      PROPUESTAS PARA EL ACCESO A LA FUNCIÓN PÚBLICA DOCENTE

      1.- Fin del Máster pedagógico. Los futuros profesores habrán de cursar obligatoriamente el Máster de Invesitgación.

      2.- Dos vías de acceso a la función pública docente: “agregado” y “catedrático”.

      3.- Agregado:
      a) Oposiciones: examen teórico, examen práctico y encerrona.
      b) Prácticas: un año de prácticas evaluadas por una comisión compuesta por catedráticos de la especialidad que harán un seguimiento riguroso del opositor.

      4.- Catedrático:
      a) Oposiciones: ídem.
      b) Elaboración, presentación y defensa ante un tribunal de un trabajo científico.
      c) Prácticas: ídem.

      ¿A alguien se le ocurre otra cosa?

      Un saludo.

      • 3 julio 2010 a 11:09 #

        Como he sido profesor del Máster de Formación del Profesorado, entiendo que es imprescindible hacer un apunte sobre el mismo, como ya he señalado, provisional, porque los datos que tengo son parciales. Aunque a mi juicio son alarmantes.

        Sobre la propuesta de oposiciones, me pondré a ello. Hay que añadir algún aspecto más. Tienen que existir unas pautas generales de carácter común a toda España. porque los datos que llegan de las distintas Comunidades Autónomas indican que en este punto también hay una cierta dispersión.

        Por supuesto, tomo nota de tu propuesta, que me parece muy acertada.

        Un abrazo

    • Francisco Javier
      3 julio 2010 a 10:25 #

      Mariano, eres genial.

      Creo que este texto (como sugiere David) debería aparecer como artículo para ser debatido como se merece.

      Un saludo.

    • Ania
      3 julio 2010 a 21:00 #

      Un profesor en un ambiente de los que se describen ya no es sino uno más de un grupo de pasatiempo seudoeducativo. El profesor que entra en una dinámica de esas es porque está tan desautorizado, desvalorizado e indefenso en clase que ya le da lo mismo aguantar lo que le echen para conservar un poco más un puesto de trabajo. Lo único bueno que tiene algo así es que los colaboradores se aburran y fracase el experimento.Si, por el contrario , tuviera éxito, el resto de participantes se encargarían de hacer prescindible al profesor. Espero no serlo si ha de llegar esa mierda a las aulas . La mamá que “tenga miedo” a los adolescentes o esté aburrida en su casa que vaya al siquiatra, se busque un hobby o se pague unas clases que no sean las mías. El que quiera entrar a mi clase que sea con mi consentimiento , bajo mi supervisión e pagando, que no estoy dispuesta a admitir injerencias gratis. Desde luego que parecemos estar en los umbrales de “la escuela asilo siquiatrico”.

      • 3 julio 2010 a 22:16 #

        Mariano, la perla que nos traes el del quince. ¡Qué imbelicidad más imbécil la de los Feito y compañía!
        Esta frase sola es para hacer una tesis doctoral sobre la estulticia contemporánea: “En los grupos hay además personas ajenas al aula (“desde alumnos de psicología de la Autónoma que realizan allí las prácticas hasta madres de alumnos, así como estudiantes de cursos superiores que dedican a esta tarea la hora de alternativa”), cuya función es garantizar que haya interacción. Su tarea no es tanto poseer conocimientos de la materia que se aborda cuanto asegurar que la interrelación existe y que todo el mundo recibe bien la información.”
        ¡Un pelotón de fusilamiento! Y además se jalean entre ellos: “Lecturas dialógicas. Consiste en la lectura de un pequeño texto durante aproximadamente 10 minutos para después comentarlo en grupo. Suele ser un texto literario, explica Feito, que es utilizado como punto de partida para el debate. Así, no solamente se intercambian opiniones sobre el texto concreto, sino que éste sirve como orientación para discutir sobre todo tipo de temas relacionados. Participa en los grupos un profesor de lengua, y suelen estar presentes algunos adultos (habitualmente, madres de alumnos) lo que genera un debate intergeneracional enriquecedor para ambas partes. “Algunas madres me han comentado”, asegura Feito, “que antes de estas lecturas cuando se encontraban con un grupo de adolescentes, sentían miedo. Ahora los ven de forma muy distinta”.
        ¡¡¡ LOS VEN DE FORMA DISTINTA !!! ¡¡¡ AAAAAAAHHHHHH !!!

  8. Mari Cruz Gallego
    4 julio 2010 a 8:03 #

    Esa actividad no es más que una variante de intervención social en contextos desfavorecidos: es la típica actividad que se realizaba – o realiza- en barrios marginales en centros sociales y culturales, integrando a todos los componentes del barrio, con el fin de hacerles sentir útiles. No es una mala actividad en ese contexto, el problema viene cuando un instituto se convierte en un centro de intervención social, que por supuesto sólo lo será en ciertos centros de ciertos barrios, nunca veremos un instituto de élite acabar de esta forma. Así, la supuesta integración y democratización de la enseñanza no es más que la perpetuación de las clases sociales, aunque esta última frase me haya quedado un tanto marxista.
    Un saludo a todos.

  9. 4 julio 2010 a 8:42 #

    Esto ha sido demasiado para mí. Cierto es que no he encontrado nada que no supiera ya, pero la pureza de las tonterías, su concentración tóxica y su abundancia han desbordado mis pocas defensas. Yo, a este señor Feito y su recua de parroquianos, les pediría que fueran consecuentes con sus ideas. Porque si tanto lamentan la enseñanza tradicional, si con tanta vehemencia la acusan de retrógrada (o fascista, cavernícola, clasista…), ¿con qué morro hacen uso de los productos, bienes, servicios e inventos producidos por quienes fueron alumnos del sistema tradicional? Sin ir más lejos, Feito quiere el uso intensivo de las nuevas tecnologías en clase. ¿Pero tiene la decencia de explicar al respetable (alumnado y mamás presentes en las misas pedagógicas éstas) que la pizarra digital, el ordenador y todo lo demás son inventos de alumnos de la escuela tradicional: de la clase magistral, el empolle, el cultivo de la memoria, un docente que daba órdenes, etc.? Hace falta ser muy, pero que muy desvergonzado o muy idiota para hablar pestes de los métodos tradicionales de enseñanza al tiempo que se hace uso de los ingentes frutos de éstos. El médico de la escuela tradicional me cura, el ingeniero de la escuela tradicional inventa el coche en el que viajo tan ricamente, el arquitecto de la escuela tradicional me diseña la cómoda casa en la que vivo, el informático de la escuela tradicional me monta el ordenador con el que trabajo… Ah, pero da igual: yo me cisco en la escuela tradicional.
    Qué asco me da esta gente.

  10. Francisco Javier
    4 julio 2010 a 10:56 #

    Acabo de leer el artículo. El desvarío es tal que provoca risa. En fin, lo que más me ha molado es la figura del “ciberalumno”. ¡Qué pasada!

  11. 4 julio 2010 a 13:03 #

    Lo gravísimo de esto es que uno de los que está “estudiando” este modelo es profesor del Máster de Formación del Profesorado de la UCM, requisito indispensable para presentarse a las oposiciones para los recién licenciados. Y es un señor que escribe barbaridades sobre la autoridad del profesorado en las páginas de EL PAÍS. Y que se atreve a pontificar con sus disparates y a descalificar tosca y groseramente a los profesores honrados y resistentes que capean el temporal como pueden.

  12. candela
    8 julio 2010 a 11:53 #

    hola, necesito informacion rapida por favor. necesito hacer la prueba para acceder al tecnico superior (opcion c), mi pregunta es si alguien puede guiarme para elegir el mejor centro o instituto en valencia para prepararmelo. gracias

  13. David
    19 agosto 2010 a 16:47 #

    Buenas Mariano,

    Muy bueno el artículo.

    Yo tengo dos preguntas:

    Si yo diese clase durante dos años en centros privados, ¿estaría exento de tener que realizar el Máster o esto es sólo válido para las personas que han dado clase (dos años) anteriormente al curso 2008/2009?

    ¿Hay alguna especialidad de FP que no requiera este MFSP? ¿Para el FP de Desarrollo de aplicaciones informáticas se requiere?

    Un saludo

    • 1 septiembre 2010 a 21:01 #

      Trato de responder a las preguntas que formulas:

      1. La experiencia docente que exime del Máster de Formación del Profesorado sólo computa si es anterior a 2009.

      2. De momento, el requisito de formación para los Profesores Técnicos de Formación Profesional está pendiente de una normativa de desarrollo, porque lo que establece la normativa es que para ese cuerpo se regulará una formación didáctica específica.

      Es difícil prever cómo van a integrar esa formación pedagógica dentro de los grados y postgrados del nuevo sistema universitario.

      Un saludo

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