Liberalismo y enseñanza

Soy funcionario público en un sistema hiperburocratizado y con una marcada impronta colectivista. Al mismo tiempo, soy un individuo de ideas liberales, que no cree en el Estado como planificador central. El reproche que podría hacérseme, tan obvio como infundado, consistiría en señalar la contradicción y sugerirme mi egreso de la enseñanza pública para inmediatamente pedir asilo en el sector privado. Digo que carecería de fundamento porque nada hay más liberal que intentar procurarse los mejores trabajos que el mercado ofrezca. Y la fuerte intervención estatal en este campo ha determinado que sea el sector público el que proporcione mejores sueldos y condiciones laborales. Siendo así, tengo la conciencia muy tranquila.

De hecho, defender ideas liberales en la enseñanza es asunto espinoso y poco popular entre los compañeros del gremio, por una sencilla razón: de implantarse tales ideas ocurriría que nuestra envidiable posición de funcionarios comenzaría a cuestionarse. Esto no significa que hubieran de suprimirse unilateralmente los derechos adquiridos, pues otro principio liberal es el de respetar los contratos que se establecen entre las partes. Pero es cierto que las futuras generaciones de docentes se embarcarían en una aventura bien distinta, como es la de la libre competencia.

Por si queda alguna duda, no se niega aquí la legitimidad del puesto bien ganado en oposiciones libres (cuando han sido enteramente libres). Lo que se trata de argumentar es que ese puesto no tendría por qué estar asignado a una plaza específica de modo vitalicio. Dicho de otro modo, entraríamos en el juego de la oferta y la demanda al que están acostumbrados otros profesionales.

Pero, ¿es realmente posible un sistema educativo que responda a estos principios? ¿Qué es un sistema educativo liberal, en realidad?

Hay una respuesta clara para la primera pregunta: Sí, es posible. En cuanto a la segunda, sucede que la interpretación de lo que habría de ser un sistema liberal no es unívoca.

Pese a los recelos que inspira en una sociedad acostumbrada a la tutela del Estado, es indudable que las reformas que se demandan desde los grupos más críticos con el sistema vigente comparten con el liberalismo un ethos común:

[…] una escuela que proporcione una buena formación cultural y sirva como instrumento de promoción social, requiere en primer lugar un ambiente académico donde rijan unas normas de disciplina que deba asimilar el alumno y que se basen en el respeto al profesor y en el deber de estudiar. Sólo el respeto a estas normas garantiza el derecho a la educación del que quiere aprender.

La supresión de la disciplina, de los exámenes y de cualquier forma de selección de los alumnos en función de su rendimiento escolar explica el fracaso de la escuela pública tras las sucesivas reformas socialistas. La izquierda, al allanar el camino hacia los títulos académicos mediante la supresión de cualquier forma de exigencia, los ha despojado de cualquier valor y, por tanto, ha quitado a los chicos sin recursos que sólo tienen la escuela como instrumento de movilidad cualquier posibilidad de destacar y prosperar.

Las citas anteriores, que acaso podrían firmar la mayoría de los asiduos a este blog, están escritas por Álvaro Vermoet: un liberal. Promoción social, disciplina, derecho a la educación, exigencia, respeto y deber de estudiar. Palabras que la LOGSE y su secuela han desustanciado en aras de un igualitarismo a la baja. Y lo han hecho, precisamente, por ser fieles a su propio ideario colectivista, en el que no importa tanto la libertad (y la selección que inevitablemente comporta) como la “redistribución del conocimiento”.

Dicho esto, y como se ha señalado en un análisis reciente, el colectivismo no es propiedad exclusiva de la izquierda, sino de todos aquellos partidos que aspiran a mantener las exageradas atribuciones del Estado moderno. Un vistazo a los programas de los cuatro partidos con mejores perspectivas de voto sirve para darse cuenta de que a ninguno se le pasa por la cabeza desprenderse de un mecanismo de control tan poderoso como es el de la educación. Algunos, ciertamente, tratan de incorporar parte de los principios expuestos más arriba, pero sin contemplar la opción de que la sociedad civil pueda adquirir mayor protagonismo en su desarrollo.

Los profesores nos quejamos, con razón, de la mala gestión de los recursos. Si, por ejemplo, un plan determina que todos los institutos tendrán pizarras digitales, esas pizarras se instalarán aun a pesar de que una mayoría del claustro no quiera o no sepa manejarlas. Si la partida presupuestaria refleja que hay que instalar un ascensor se hará a expensas de otras necesidades más perentorias, como puedan ser reparar el techo o ampliar el número de aulas. Del mismo modo, y por motivos que jamás se llegan a conocer, ciertos institutos gozan de las mayores comodidades mientras que otros son invariablemente postergados. Nada de esto es sorprendente, pues una característica de la planificación central (ya sea estatal o autonómica) es la deficiente, y en muchos casos arbitraria, asignación de recursos. Hoy mismo, un sindicato ha hecho pública una encuesta en la que el 93% de los enseñantes considera que el mantenimiento de los ordenadores asignados a los centros es “casi inexistente”. Teniendo en cuenta que se han repartido hasta la fecha más de 400.000 ultraportátiles entre el alumnado andaluz, el asunto es grave. Asimismo, es de maravillar que toda esa infraestructura, tan proclive a la obsolescencia, se haya creado mucho antes de que existan materiales didácticos suficientes y la voluntad necesaria para usarlos.

Como no podía ser de otra manera, los recursos humanos también se distribuyen de forma ineficiente. El precio a pagar por la condición vitalicia de funcionario es la inmovilidad laboral. Los pocos institutos que se salvan del naufragio suelen estar atestados de profesores al borde de la jubilación, pues sólo el acúmulo de años de servicio faculta para intentar el salto a ese reducido grupo de centros. Para cualquier profesor es indispensable practicar la virtud del estoicismo, ya que, sea cual sea su ambiente de trabajo, la única salida consiste en fiarlo todo al tiempo y a la cosecha burocrática de puntos. Y todavía peor: la misma arbitrariedad que observamos en la asignación de recursos materiales se da en lo que respecta a los humanos. Conocidas son las, así llamadas, comisiones de servicio, por las que un profesor X puede sortear los susodichos obstáculos legales y acceder temporalmente a una plaza que no es la suya.

Si somos sinceros, resulta embarazosa hasta la rotación misma de las jefaturas, que, en aras de una democracia interna mal entendida, puede llegar a recaer – rotando, rotando – en ese compañero o aquella colega que no dan un palo al agua y acostumbran a llegar tarde a su puesto de trabajo. Por no hablar de los “liberados de la tiza” que se atrincheran en la vida muelle de los CEPs o en lossindicraufors de clase. Sindicatos que, por cierto, son rehenes de las ayudas millonarias que el Estado les dispensa, lo que los incapacita para mantener una postura independiente.

El afán igualador y colectivista es el polvo que ha traído estos lodos, como la pretensión de crear un Cuerpo Único a partir de titulaciones de muy distinta categoría. O la creación de una línea pedagógica oficial que obliga a la uniformidad monolítica del magisterio. ¿Nadie ha pensado en lo deprimente que resulta la compilación anual de programaciones indiscernibles y repletas de indicadores en los que sólo unos pocos iluminados creen? ¿A nadie le parece extraño que en un país de cuarenta y pico millones de habitantes prevalezca un modo único de enseñar y de recibir esas enseñanzas? ¿Alguien cree que la polémica entre, pongamos por caso, comprehensivos ycontenidistas va a desaparecer algún día por convencimiento de la parte contraria? Es poco probable. Y eso ocurre porque, por fortuna, no hay un solo modo de entender las cosas, y menos en un ámbito tan escurridizo como el del aprendizaje. La trifulca entre unos y otros tiene lugar porque, dependiendo de quien maneje los hilos políticos, se da prioridad a esta o aquella moda pedagógica. En un sistema liberal el modo de enseñar carecería de importancia frente al valor intrínseco de los aprendizajes; es decir, mientras se pudiera demostrar de un modo objetivo que el proceso ha dado los frutos apetecidos.

Por estas y otras muchas razones, soy escéptico en lo que toca al futuro de la enseñanza públicaas we know it. Vermoet abunda en el problema:

Como el liberalismo no cree en la fatal arrogancia que supone una planificación estatal de las necesidades humanas, cede a la sociedad la respuesta a sus propias demandas y rechaza el monopolio de los servicios públicos. La izquierda ha aprovechado su defensa de una economía intervenida, de la existencia de los servicios públicos y de los monopolios estatales para hacer creer que sólo un Gobierno de izquierdas se preocupará por la escuela pública; que lo que interesa a la escuela pública es que gobierne la izquierda.

Lamentablemente, muchos liberales han limitado su discurso a la defensa de la privatización del sistema educativo y de la libertad de los padres para educar a sus hijos sin intromisiones, con lo que han negado legitimidad a cualquier reforma que trate de introducir en la escuela pública principios liberales como el fomento del esfuerzo y la responsabilidad individual de los alumnos. La ausencia de un discurso liberal en la enseñanza pública ha dejado el camino libre a la perpetuación en ésta de la ideología socialista, que controla el conjunto del sistema educativo

Para abordar la mayoría de los debates actuales y cambiar el actual estado de cosas resulta insuficiente limitar el discurso liberal a propuestas como las privatizaciones o la educación en casa (homeschooling). Lo que verdaderamente necesita la escuela es que se potencien en su seno valores tan liberales como el esfuerzo, la responsabilidad, la eficacia y la transparencia en los resultados, y que los centros públicos vuelvan a ser instrumentos de promoción social.

Lo que falta en esta reflexión de D. Álvaro es que la derecha también ha contribuido a ello, pues, ya que citamos a Hayek, esta propensión es rasgo de los “socialistas de todos los partidos”. Nada hay menos liberal que una concertación subvencionada, hallazgo del PSOE que los populares han explotado con creciente entusiasmo. El propio Vermoet así lo admite:

De acuerdo con el sistema actual, el Estado cubre la totalidad de los gastos de la escuela pública, a la cual asigna docentes en régimen de funcionariado. Como si se partiera de una demanda insuficiente, el Estado asume el gasto de los centros públicos con total independencia de los resultados que cosechen y de la elección de los padres. Hay, por otro lado, un régimen de conciertos, por el cual el Estado cubre los gastos (nunca del todo) de algunos centros privados, a condición de que las enseñanzas que impartan sean gratuitas (nunca lo del todo). La concesión del concierto es discrecional: no hay vinculación a los resultados o a la demanda, aunque sí se consigue someter los centros concertados a esa burocracia de la escuela pública moderna, o sea socialista.

Y no sólo eso, sino que muchos concertados seleccionan a sus alumnos aun cuando la ayuda estatal debería obligarles a observar los mismos criterios que los prescritos para los centros públicos. En este punto, sin embargo, conviene matizar una cosa: esta selección se produce también entre colegios e institutos estatales. De un lado, por la adscripción territorial. De otro, porque ciertos centros más afines a la línea oficial derivan a los alumnos problemáticos a otros de la misma zona, convirtiéndose estos últimos en una especie de lazareto escolar.

Como se ve, el liberalismo no implica necesariamente la privatización inmediata de la enseñanza (aun cuando sería el estado ideal de un liberalismo puro) pero sí la incorporación de ciertos principios y medidas liberales.

Vermoet propone el cheque escolar, por el cual el Estado abonaría directamente a las familias el dinero destinado a la educación de los niños en aquellos centros, públicos o privados, que tuvieran a bien elegir. El Estado debería exigir unos requisitos imprescindibles de homologación, fijar unos contenidos comunes, establecer evaluaciones externas y garantizar la transparencia de los resultados:

Veamos un símil: si el Estado quisiera financiar la alimentación de toda la población, podría o bien subvencionar supermercados a cambio de la gratuidad de ciertos productos, o bien dar una ayuda diaria por persona. El cheque escolar no pretende ayudar a los centros educativos, ni darles estabilidad ni seguridad. Pretende ayudar a las familias que, sin ese cheque, jamás podrían permitirse llevar a sus hijos a la enseñanza privada. Pretende igualar a pobres y a ricos a la hora de elegir colegio. Pretende, en definitiva, que los centros se tomen tan en serio la educación de los pobres como la de los ricos.

Sobre la evaluación y el valor de los títulos académicos, esto es lo que dice Vermoet:

En cuanto a los títulos académicos, los imparten entidades, públicas o privadas, que tienen derecho a evaluar directamente a cada alumno antes de otorgarle alguno. Esto es, desde luego, más eficaz que imponer requisitos a los centros, inspeccionarlos y luego confiar en su criterio para impartir las titulaciones. ¡Cuánto mejoraría la enseñanza si diéramos más libertad a los centros para gestionarse y controláramos desde fuera los resultados! Y no hay que olvidar que examinar a los alumnos sale más barato que contratar inspectores y funcionarios.

Hoy, muchos profesores se quejan de que las pruebas de diagnóstico no determinan nada, de que muchos alumnos ingresan en los institutos sin los conocimientos mínimos, y hasta se ha renunciado a una mejora económica porque la evaluación que podía aprobar tal incentivo dependía única y exclusivamente de los profesores evaluados. La evaluación externa confiere valor a los títulos y alienta la libre competencia entre escuelas, lo cual, en buena lógica, sólo podría redundar en un beneficio para el ciudadano que acude a estas instituciones.

En resumen:

La liberalización necesaria no pasa por la utópica privatización de toda la escuela pública, previa laboralización de todos sus funcionarios, sino por fijar claramente quién es el propietario de los centros públicos y permitirle gestionarlos con autonomía o privadamente, por devolver la autoridad –moral y legal– al profesor, por establecer un sistema de financiación como el cheque escolar y por generalizar las pruebas de evaluación externas y transparentes.

Este es el plan liberal, que ustedes pueden analizar con más calma en el correspondiente enlace. Un verdadero cambio, desde luego, pero también una apuesta por la libertad.

Y, ahora, que llueva.

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Categorías: Diagnósticos

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55 comentarios en “Liberalismo y enseñanza”

  1. 11 noviembre 2011 a 12:39 #

    Me parece un estupendo artículo divulgativo. España, que inventó la palabra “liberalismo” a principios del siglo XIX, y que tiene una Constitución de 1812 basada en principios de libertad individual, es el país de Europa en que hay un menor conocimiento de los principios liberales.

    En España se sigue hablando de derechas e izquierdas, en vez de hablar de liberales y totalitarios (sean de derechas o de izquierdas, como decía Hayek). Esta anomalía empobrece enormemente un debate abierto y sano, en casi cualquier campo de la vida pública. Las escuelas concertadas, por ejemplo, son una muestra de esa anomalía que “produce monstruos”.

    Me permito recomendar, a los que estén interesados, que sigan el desarrollo de las “free schools” en Gran Bretaña, porque ese es el camino que está siguiendo cada vez más Europa: http://www.nodosele.com/blog/2011/09/07/inglaterra-apuesta-por-las-free-schools/

    • 12 noviembre 2011 a 12:22 #

      ¿Escuelas que pueden organizar entre un grupo de padres y profesores en plan amiguete? ¿Y que se pueden montar hasta en el propio domicilio como los justamente denostados colegios de piso, algunos de los cuales eran indignos almacenes de niños que no tenían ni patio? ¿Yese dice usted que es el camino que se está siguiendo cada vez más en Europa, señor Quintana? ¿Y a eso se le llama Free Schools? ¡Menudo invento para ahorrar dinero en derchos sociales! No sería la primera vez que los conservadores ingleses emprenden caminos que, bajo la vitola del liberalismo, acaban en grandes retrocesos, y no solo de carácter social. Acordémonos de Margaret Thatcher y echemos un vistazo a su aplicada imitadora de aquí, Esperanza Aguirre. Mírate en ese ejemplo, Nacho, liberalismo real: Esperanza Aguirre, cuyo programa acabaría convcirtiéndome en un esclavo infravalorado y mal pagado. ¿Liberalismo escolar? No, gracias. Lo que no puedes hacer, Nacho, escoger el desastre logsero andaluz y a eso llamarle escuela pública: la escuela pública es otra cosa, justamente lo que han traicionado los socialistas en Andalucía.

      • 12 noviembre 2011 a 12:36 #

        A mí me parece muy bien que usted lo ridiculice, yo me limito a poner en conocimiento de quien no lo conozca lo que se está haciendo en países como Gran Bretaña, dentro del proyecto de “Big Society” que lleva a cabo el gobierno actual: http://exteriores.libertaddigital.com/la-idea-de-big-society-o-la-revolucion-punk-de-cameron-1276238116.html

      • 12 noviembre 2011 a 16:57 #

        Señor Quintana: no ridiculizo nada, me limito a dejar ahí una serie de interrogantes que, como suponía, resultan incómodos para su elogio de la autodenominada Free School. Si lo único que puede aportar usted como respuesta es un autocomplaciente artículo sacado de “Libertad Digital”, reconozca que bien poca cosa es, porque los argumentos de los que son juez y parte tienen muy poco recorrido.

      • Helena
        28 abril 2012 a 12:33 #

        Me parece que no has entendido a Nacho

    • 13 noviembre 2011 a 18:16 #

      Estimado Emilio:

      Gracias por sus palabras. He visto que trabaja usted en Estocolmo (por cierto, muy interesante su blog) así que tal vez sería instructivo conocer de primera mano los experimentos que con el cheque escolar se están haciendo en el país escandinavo.

      Un cordial saludo.

  2. El pobrecito profesor
    11 noviembre 2011 a 15:38 #

    Gran artículo. Como casi siempre, coincido con el contenido de sus reflexiones y admiro la claridad y calidad a la hora de exponerlas. Siga aportando estos comentarios que ayuda a expresar ideas que otros compartimos, pero que, al menos en mi caso, no sé escribir tan certeramente.
    Ello puede deberse, quizás, a los años que uno lleva ejerciendo esta profesión tan frustrante y, por qué no decirlo, “desintelectualizadora”.
    Un saludo.

    • 13 noviembre 2011 a 18:17 #

      Muchas gracias, profesor. Haremos lo que podamos hasta que se nos vacíe el disco duro.

  3. Antonio Fernando
    11 noviembre 2011 a 16:10 #

    Lo del cheque escolar tiene mucha gracia: ¿ Cuánto sería el importe ?¿ Cubriría el precio de cualquier centro ? ¿ Si sus padres lo eligiesen, el gitano y el morito que van a la pública podrían ir al Liceo Francés o al Colegio Alemán con el chequecito neocón ?
    ¡ Menuda milonga !

    • 11 noviembre 2011 a 16:23 #

      Estimado Antonio Fernando:

      Cuando no pueden ir, desde luego, es ahora. Se estimaría un precio medio del coste por alumno, y a partir de ahí podrían funcionar otro tipo de mecanismos (becas). En cualquier caso, es lógico pensar que la liberalización traería un aumento en la variedad de la oferta, lo que contribuiría a abaratar los precios. Ya no sólo habría Liceo Francés y Colegio Alemán (que es donde ya van los hijos de los PPSoicos, por cierto, y no el gitano y el morito). Lo que es indudable es que seguiría habiendo centros resrvados a una élite, lo que no quiere decir que deban ser necesariamente los mejores.

      Lo de neocón no tiene mucho que ver con esto. La liberalización no es patrimonio de los ultraconservadores, puesto que los ultraconservadores no son particularmente liberales en muchos aspectos. Ellos, probablemente, preferirían que la Iglesia siguiera controlando de algún modo el sistema público. Y no es este el caso.

      Milongas, las de Gardel.

      Un saludo.

    • Jose
      15 noviembre 2011 a 16:23 #

      ¿A qué viene lo del “morito”?
      Parece ud., con su argumento en contra del cheque escolar (sobre lo cual yo no tengo una opinión definitiva) adoptar una pose “progre” (para entendernos) pero demuestra su actitud rancia y racista con ese mote.
      Métase el calificativo por el orto, por favor.

  4. 11 noviembre 2011 a 16:28 #

    Estimado Nacho, coincido con la crítica que, desde el liberalismo se hace a la escuela pública actual, sobre todo, en la que se centra, en la española. Comparto algunas de las medidas para crear una escuela de excelencia. Pero, afirmo, que sí es posible una escuela pública de excelencia. Y eso creo que se le escapa al liberalismo. Está bien que el liberalismo en la escuela pretenda corregir errores para garantizar la calidad educativa y no se proponga la privatización. Pero eso puede ser que venga después. Y eso es un principio de desigualdad. Pero, de todas formas, ése no es el objetivo así que no es menester criticar. En resumen puedo decirte que me sumo a tu propuesta de escuela liberal, siempre y cuado no sea el primer paso hacia la privatización. Y esto tampoco quiere decir que no pueda haber escuela privada, todas las que quieras. El sistema capitalista socialdemocrático es mixto.

  5. Antonio Fernando
    11 noviembre 2011 a 17:17 #

    Lo que se necesita es una regeneración completa de la escuela pública. Los valores de esfuerzo, respeto y eficacia son de sentido común.
    Hace años, también había escuela pública y era buena, con sus funcionarios y todo.
    El problema ha sido la Logse socialista y sus onerosas secuelas. Si se lograse acabar con ellas, se recuperaría el nivel que tuvieron antaño los institutos públicos y no haría falta ninguna escuela liberal cuyo concepto es confuso y equívoco por polisémico.
    Un cambio radical en la legislación educativa sería la solución necesaria. Lo que no sé es si realmente interesa una escuela pública eficiente en España.
    Si a los peperos sólo les interesa subvencionar los colegios de monjas y llevar a sus hijos a colegios de élite,¿ quién va a cambiar la situación ? Está claro que no van a ser los socialistas. Tampoco veo que haya muchos liberales en el sentido que se expone en el artículo. ¿ Lo arreglará el cheque ?
    Un saludo.

  6. Juan
    11 noviembre 2011 a 19:08 #

    Rebatir los argumentos liberales uno a uno llevaría demasiado tiempo, que no tengo. Pero baste decir que el cheque escolar, idea en la que se insiste machaconamente desde posturas liberales y neoliberales, es algo que cae por su propio peso: sólo los padres formados-educados-preocupados por la educación de sus hijos se esforzarían en enterarse e informarse y molestarse para hacer una buena elección de colegio para sus hijos. Además habría centros de distintas categorías. ¿Es eso lo que se quiere? Es decir, ¿castigar a los hijos de unos padres que por mil y una razones, no están lo suficientemente formados como para que consideren la educación de sus hijos un tema fundamental? Eso es un sálvese el que pueda, peor que lo que tenemos, que ya es decir.
    Al contrario, es mucho mejor que el Estado garantice las mismas posibilidades de educación y formación para todos sin discriminación; posibilidades, no se puede garantizar, como intentan los socialistas de pacotilla, los mismos resultados, que siempre dependerán de los méritos personales. Aquí aparece el tema de la autonomía de centros: ¿por qué razón los alumnos de un curso determinado de Cuenca, por ejemplo, han de cursar un programa distinto del de los chavales de Pontevedra o Gerona o Cádiz del mismo curso? ¿Por qué aceptar que un centro desarrolle programas distintos dentro de una misma ciudad, o de la misma Comunidad o del mismo país? ¿Por qué introducir, qué manía, el mundillo empresarial de la competencia, de la demanda y de la oferta, de los beneficios, en el mundo de la educación? ¿No hay ya bastantes problemas?

    Saludos desde Crisis Educativa

    • Juan Poz
      11 noviembre 2011 a 21:33 #

      No sé Juan si es tan fácil como tú insinúas rebatir todos los argumentos del artículo que comentamos. En cualquier caso, lo cierto es que la enseñanza pública se construye con los dineros que salen de los ciudadanos, y si se trata de un bien básico, esencial, lo que le toca a cada ciudadano ha de volver a él para administrarlo como considere conveniente: unos recurrirán a la enseñanza pública, que, como la sanidad, ha de ser un bien esencial en el que el estado vuelque, de forma exclusiva, sus recursos; y otros irán a la privada, sin que, por ello, necesariamente hayan de ser penalizados a pagar el doble, lo que aportan al estado vía impuestos para los que van a la pública y lo que les cuesta la plaza privada, porque eso es una injusticia. Una vez establecido el costo de la plaza, el estado se ha de limitar a transferir ese dinero a donde escojan las familias: unos irán a la públia, otros a la privada. El resto del valor de cada plaza en la privada, cae del lado de los padres. A causa de la inmersión lingüística, y para evitarla, he llevado a mi hijo a una escuela absolutamente privada, y no me ha dolido empeñarme hasta las cejas para poder hacerle frente al poder omnímodo e irrespetuoso de los poderes públicos. ¿Por qué se me ha de privar a mí de un beneficio del que gozan quienes no se oponen a ess poderes? Que conste que no me quejo, pero tampoco olvido que el estado ha sido injusto conmigo. En cualquier caso, estoy dispuesto a aceptar que el estado garantice la igualdad de acceso a la educación ejerciendo una discriminación en favor de quienes menos recursos tengan para que aquélla se materialice. No obstante, me parece indignante que el sistema público trate por igual a todos a quienes pueden pagarse unos estudios en el extranjero y a quienes no tienen nada, porque esa es otra injusticia añadida. He hecho cálculos, desde mi puesto de Secretario de un IES, de lo que cuesta una plaza de Secundaria al estado y el resultado es un escándalo tan mayúsculo en estos tiempos de crsis, y en cualesquiera otros, que no sé qué diabólico pacto de silencio oculta realidades tan hirientes. Asciende a unos 6.000 euros, por alumno y año. Un costo de sociedades riquísimas, no ricas. Y si buscan remedios para rebajar gasto público, lo primero que haría sería cmenzar a cobrar una matrícula que se cobrara desigualmente, según la renta, a quienes llevan a sus hijos a la pública, desde la gratuidad total hasta cubrir casi el 60% del costo total. ¡Cómo cambiaría el sistema educativo! De la noche a la mañana desaparecían los problemas de disciplina y se valoraba ipso facto la institución como una inversión imprescindible e indiscutible para el futuro de los hijos.
      Lo que quería comentarte, sin embargo, era la inquietante dimensión paternalista de tu discurso, porque erigirte en defensor de quienes, siendo ciudadanos libres, mayores de edad y legalmente responsables de sí mismos y de sus hijos menores de edad en el caso de tenerlos, es tanto como convertirlos en seres con una evidente minusvalía legal, puesto que te tomas la “libertad” -es decir, justo lo contrario- de pensar por ellos y de decidir por ellos. Es un ejemplo meridiano de la tentación totalitaria que padecen las buenas intenciones. Quien como yo haya sido educado en un estado autoritario (de militares y curas era mi colegio, para mas inri) no necesita leer en Arendt Los orígenes del totalitarismo -aunque lo haya hecho por amor al pensamiento libre-, porque los ha mamado día a día y sabe reconocer la pulsión totalitaria en las expresiones más solidarias y bienintencionadas.
      Un saludo cordial, de Juan a Juan

    • 13 noviembre 2011 a 12:19 #

      Es posible que la conciencia de lo que cuesta una plaza escolar modificara en algo las conductas despreocupadas de ciertos padres. En cualquier caso, dar al ciudadano la posibilidad de elegir siempre es menos paternalista que elegir por él. Difícil será fomentar la responsabilidad civil cuando sistemáticamente se niega la posibilidad de ejercerla.

      La Escuela Pública de hoy no garantiza esa igualdad de “posibilidades” más de lo que lo haría este modelo, por motivos que se exponen en el artículo. Por cierto que en el texto de Vermoet se habla de fijar unos contenidos comunes y homologar los títulos, con lo que la autonomía de centros sería relativa a la gestión y al ideario pedagógico.

      La competencia, lejos de suponer un problema, es lo que ha provocado que usted y yo podamos intercambiar ideas desde el salón de nuestra casa, casi en tiempo real. Entre otras muchas cosas, claro está.

  7. 12 noviembre 2011 a 7:42 #

    Respecto al cheque escolar, Nacho, copio y pego aquí las mismas dudas que ya expresé en otro foro.

    a) De la crítica liberal al modo de financiación de la enseñanza en España -que cree que gran parte de sus males se arreglaría cambiando a los beneficiarios de la subvención estatal- no tendría dudas si no fuese porque asimila, una vez más, libre competencia económica al ideal de libertad de elección de las familias, como si de la ley de la oferta y la demanda dependiera exclusivamente la solución a la disyuntiva familiar y el rendimiento de los estudiantes. Casi un acto de fe haría falta para convencerse de que, de manera natural, la competencia en ese supuesto mercado de la enseñanza no terminaría optimando sólo el negocio de las instituciones educativas. Casi un milagro tendría que ocurrir para que no prevaleciera el ánimo de lucro sobre otras prioridades que, de primeras, no hacen más ricas a las empresas.

    b) Los defensores del cheque escolar obvian, por otra parte, una cuestión de fondo que necesita ser aclarada: la financiación pública -si bien ahora de manera indirecta- de los centros privados. Para mí es una arcana paradoja que una empresa privada deba ser subvencionada por el Estado. Si la actual Ley de Conciertos es una aberración, nada cambiaría el cheque escolar, que los seguiría financiando -insisto, esta vez indirectamente-.
    c) Si bien se dice que el nuevo sistema necesitaría un sistema de evaluación externa de centros, ¿qué o quiénes serían los encargados de tal cosa? ¿El Estado, principal competidor de los centros privados?

    d) ¿Sobre qué parámetros se calcularían los costes educativos de cada estudiante? ¿Sobre los parámetros de costes de un centro público o de un centro privado? Porque se convendrá conmigo en que, dependiendo de qué tipo de institución fuera, la cuantía podría variar bastante.

    Urge una nueva concepción de lo público aplicada a la enseñanza que supere, de un lado, el ideal socialdemócrata de una educación tutelada por el Estado, y, de otro, la pretensión liberal de desviar su financiación a las familias. La primera ha fracasado por la intromisión constante e interesada del poder ejecutivo en los diversos planes. La segunda, sin haberse aplicado todavía en España, parte de una contradicción insalvable: pretender que el Estado financie, en un supuesto mercado de libre competencia, a sus competidores. En contra de lo que se cree, ambas posturas coinciden en dos aspectos, uno acertado y otro equívoco: aparentemente no ponen en cuestión la necesidad de que el Estado esté presente al menos en la etapa más básica de la instrucción de sus ciudadanos, y no se cuestionan -aquí es donde yerran- de dónde debe provenir esa intervención, esto es, consideran natural que el poder ejecutivo del Estado -Presidente del Gobierno, Ministerio de Educación- sea el que asuma dicha responsabilidad.

    • 13 noviembre 2011 a 12:45 #

      Hola, querido David:

      Respecto a los puntos que señalas:

      a) La libre competencia no garantiza que todos los intervinientes busquen la excelencia. Se hace necesario que el valor de lo ofertado (en este caso, una buena formación) pueda medirse en términos comparativos. En este sentido, unas pruebas externas al final de cada etapa (como también propone Deseducativos) pueden servir de guía para que el ciudadano conozca el valor real de lo que se le ofrece.

      b) El Estado no financia a las escuelas, según este modelo, sino a los mismos ciudadanos a los que obliga. Las escuelas ineficientes verán reducido su cupo de matrículas, mientras que aquellas que garanticen una buena formación de acuerdo a unos parámetros establecidos verán aumentar las demandas de ingreso. Si las escuelas públicas proveen una buena formación serán estas las que salgan favorecidas frente a sus competidoras.

      c) A este respecto resulta interesante la idea de Juan Poz, aplicable a este planteamiento:

      “Tan es así, que hace poco se me ocurrió la idea de proponer una reforma legislatiiva que apartara la creación del sistema educativo del ámbito parlamentario, que se constituyera, por decirlo así, como “otro poder del estado”, como el judicial. Se requeriría, por lo tanto, un consenso total que permitiera definir el significado y la estructura de la escuela pública como un bien no excluyente ni condicionado por la lucha ideológica. Fijar un marco que permitiera desarrollar nuestra labor con independencia de la presión partidista para que haya este o el otro currículo, para que haya más o menos horas de esto o de lo otro, para evitar que se impongan o se eliminen asignaturas por capricho gubernamental, para evitar, por ejemplo, como pasa aquí en Cataluña, que un sistema educativo esté al servicio de la construcción nacional que propugnan algunos partidos, en vez de al servicio de los alumnos y de sus intereses plurales.”

      El Estado no debe considerarse competidor de sus propios ciudadanos, sino facilitar el que estos puedan cumplir con las obligaciones impuestas desde el mismo con la mayor libertad de elección posible. Entre los encargados de diseñar esas evaluaciones debería poder contarse con representantes cualificados de uno y otro modelo de gestión.

      d) Ya ha señalado Juan Poz el coste anual de una plaza en Secundaria: 6.000 anuales. Más de lo que cuestan muchas plazas en la privada. La competencia contribuiría a rebajar esos costes, a todas luces desorbitados.

      Un abrazo.

      • Francisco Javier
        13 noviembre 2011 a 17:03 #

        “Ya ha señalado Juan Poz el coste anual de una plaza en Secundaria: 6.000 anuales. Más de lo que cuestan muchas plazas en la privada. La competencia contribuiría a rebajar esos costes, a todas luces desorbitados.”

        Pues a mí no me cuadran mucho las cuentas. ¿Cuánto cobraría un profesor en la privada-privada de acuerdo a esos ingresos y qué horario tendría? Si piensas en, es un suponer, un centro de 200 alumnos, los ingresos por cheque escolar ascenderían a 1.200.000 Euros. Dado que en un centro así la plantilla de profesores debe tener en torno a unos 40 docentes (a 20 horas lectivas, de acuerdo a las nuevas ordenanzas de la dama de hierro madrileña; estoy describiendo un centro como muchos de los de la CM), sólo el gasto de sus nóminas ya rebasa con creces los ingresos del cheque escolar (en torno a los 1.500.000 Euros. ) Con 6000 Euros anuales es imposible que un centro privado obtenga beneficios y ni tan siquiera que exista. La única solución que se me ocurra es que los docentes perciban sueldos nunca superiores a1000 Euros y que trabajen mucho más, a ser posible también por la tarde, que este es un trabajo muy bonito y vocacional.

      • 13 noviembre 2011 a 17:45 #

        Hola, Francisco Javier:

        200 alumnos los hay en mi Instituto contando sólo 1º y 2º de ESO (7 grupos con una ratio entre 25 y 30). Sin contar FP, tendríamos al menos unos 200 más. Así que en mi claustro somos 43 profesores para 400 alumnos, una proporción que dobla a la que tú haces. No habría espacio para ponerse a hacer todos los números que se precisan, pero, como dato, adjunto aquí el enlace de los mejores colegios privados españoles. En Andalucía, el coste de estos colegios está bastante lejos de esos 500 euros mensuales. Por hablar de Madrid, un colegio tan elitista como el San Patricio puede llegar a costar, como máximo, 560 euros al mes:

        http://aula2.elmundo.es/aula/especiales/2006/100colegios/andalucia.html

        Lo que está claro es que este modelo cambiaría muchos aspectos en los que respecta a financiación, salarios, modos de organización, etc.; algunos, a buen seguro, impredecibles.

        Un saludo.

      • Francisco Javier
        13 noviembre 2011 a 18:33 #

        Querido Nacho, llevas razón en que los números son complejos y habría que hacer muchos. Es verdad, que en mi instituto al ser de especial dificultad existe por ejemplo un grupo de compensatoria con 10 alumnos (la mayoría de etnia gitana) y hasta han sido generosos permitiendo asignaturas de bachillerato con grupos minúsculos. Lo que sí te puedo decir es que muchos de mis compañeros están en las 20 lectivas (y más guardias) , de acuerdo a las instrucciones en liza de Esperanza Aguirre. Cada vez trabajamos más y con menos derechos. Lo que no entiendo es porqué abogas por una posibilidad que iría con toda seguridad contra ti mismo (de ahí que me pareciese “suicida”.) Un saludo.

      • 13 noviembre 2011 a 18:54 #

        Las directices de Aguirre sobre las 20 horas son cualquier cosa menos liberales.

        Abogar contra mí mismo… Es interesante: Hace poco, un compañero muy crítico con el sistema educativo me decía que votaría a un conocido partido de izquierdas aun a pesar de que sus propuestas educativas auguraban una extensión del desastre actual. Me hablaba de convicción y de ideas.

        Supongo que se me puede aplicar el cuento, aunque, si te digo la verdad – y tú lo sabes bien, querido profesor de Música – la expectativa de pasarme cuarenta años confinado en estos primeros ciclos de la ESO me hace pensar que acaso no sea tan malo imaginar otros escenarios posibles. Si eso me acarrea soportar el papel de “malo”, pues qué se le va a hacer… Al fin y al cabo, estamos hablando.

  8. Luzroja
    12 noviembre 2011 a 8:58 #

    El cheque escolar no vendría a solucionar el problema de la enseñanza en España, porque principalmente se centra en la ley educativa LOGSE e HIjas, que han convertido la enseñanza en un perpetuo patio de recreo dirigido.
    La libertad de elección de centro que parece ser conllevaría la presencia del cheque escolar, es falsa. Muchos padres no tienen dónde elegir (los que vivien en pueblos con sólo una escuela) otros, no lo harían por las circunstancias del lugar donde se vive, otros por dejadez, otros por saturación de matrícula en el centro de su gusto, otros por movilidad laboral que determinaría que su cheque escolar le sirivese para pagar la enseñanza que le quedase en la nueva localidad, y no la que quisiese, y así una casuistica generadora de más desequilibrio.

    Los centros deberían ser de titularidad pública o de titularidad privada, y los que quieran ésta última que la paguen en su totalidad, no se puede pedir un cheque escolar para pagar la escuela privada amparándose en que se tiene derecho a la escolaridad que uno quiera para su prole, el derecho que se tiene es a la escolaridad pública y debería estar garantizado en todo el territorio nacional para todos los alumnos, el derecho a la enseñanza privada no existe.

    La presencia de los conciertos no aguanta la menor bofetada argumentativa

    • 12 noviembre 2011 a 16:49 #

      La verdad clara y simple como el agua de un arroyo de montaña y todo lo que se diga contra esto es pura hojarasca verbal para defender planteamientos insostenibles.

    • Juan Poz
      12 noviembre 2011 a 17:00 #

      Estamos de acuerdo en que sólo ha de haber dos vías: la pública y la privada non concertada. Ahora bien, cuando el estado ofrece un servicio a los ciudadanos lo hace con el dinero que ha recaptado a través de los impuestos que estos pagan, de donde se deriva que se produciría una discriminación entre quienes pagan impuestos y optan por la privada y quienes pagan impuestos y optan por la pùblica. ¿Es eso justo? A mí me parece que no. Por otro lado, discrepo en que los servicios ofrecidos por el estado hayan de ser universalmente gratuitos, porque constituye otra injusticia. Cuando el precio de la factura que se ha de pagar por un servicio excede de los recursos que el país puede allegar para subvencionarlo, me parece de justicia que cada uno colabore con el esfuerzo del estado según sus propios recursos, porque me parece indignante que un buen número de profesionales liberales que se embolsan sus buenos monisos cada més, por el hecho de tener en su barrio un Instituto al que solo acaban yendo alumnos de la zona acaudalada en que está, les subvencionemos entre todos la enseñanza, deficitaria, recuerdo. Instituto, por cierto, al que la Administración educativa correspondiente no envía un inmigrante ni en pintura, aunque cree auténticos guetos en otros barrios. En resumen, que el debate escuela pública/escuela privada tiene algunas variantes sobre las que se habría de meditar con calma para poder fijar políticas justas. Vuelvo a recordar el costo de una plaza de Secundaria: 6000€ alumno/año. ¡Un lujo que no se permiten ni en Alemania, cuya economía está sosteniendo la zona euro frente al “alegre” desplfarro de ciertos países! En cuanto a que la enseñanza pública ha de ser la unica que ofrezca el estado para todos, recuerdo que hay una diferencia esencial entre países como Francia, con una cultura educativa alejada de las luchas partidarias en lo esencial, y España, donde cada partido intenta imponer sus criterios ideológicos sobre cómo ha de ser el sistema educativo. Tan es así, que hace poco se me ocurrió la idea de proponer una reforma legislatiiva que apartara la creación del siistema educativo del ámbito parlamentario, que se constituyera, por decirlo así, como “otro poder del estado”, como el judicial. Se requeriría, por lo tanto, un consenso total que permitiera definir el significado y la estructura de la escuela pública como un bien no excluyente ni condicionado por la lucha ideológica. Fijar un marco que permitiera desarrollar nuestra labor con independencia de la presión partidista para que haya este o el otro currículo, para que haya más o menos horas de esto o de lo otro, para evitar que se impongan o se eliminen asignaturas por capricho gubernamental, para evitar, por ejemplo, como pasa aquí en Cataluña, que un sistema educativo esté al servicio de la construcción nacional que propugnan algunos partidos, en vez de al servicio de los alumnos y de sus intereses plurales. Va para largo el debate, está claro…
      r

      • Luzroja
        13 noviembre 2011 a 15:03 #

        Juan, en tu escrito tratas dos asuntos: la titularidad de los centros y lo que se debe enseñar en ellos.
        Con respecto al primer asunto defines como injusto que quienes decidieran enviar a sus hijos a una escuela privada se verían en la obligación de pagar lo que esa escuela cobrase y lo consideras injusto porque vía impuestos este padre paga además la escuela pública a la que tiene derecho por ley.
        Mucho me temo que considerar esto injusto es infantil, a fin de cuentas lo único que se pone patente es la libertad del padre para aceptar o no la enseñanza pública que le dan gratis, si no la acepta se paga otra.
        Esto ocurre con prácticamente todo lo que es gratis: las bibliotecas (muchos no pisan ninguna de ellas en toda su vida, en cambio la pagan vía impuestos) el AVE (en mi provincia no hay ni un km de Ave, en cambio la pagamos vía impuestos) los polideportivos municipales (de muy bajo costo para el usuario porque el resto se paga vía impuestos, injusticia para aquellos que pudiendo apuntarse al polideportivo municipal no lo hacen y se apuntan a un gimnasio de pago) la sanidad (si no me guta tengo la libertad para irme a un médico de pago de mi elección y no se me ocurre pasarle la minuta al Estado)…hay infinidad de servicios que se satisfacen vía impuestos aunque cada hijo de vecino use los que le interesen o los que pueda usar.
        Considerar que la enseñanza de libre elección debe pagarla el estado porque ya se recauda para ello vía impuestos, supone determinar que aquellos que tienen 5 hijos se aprovechan más del servicio y los que no tienen hijos son unos primos pues pagan por algo de lo que no se sirven.

        Con respecto al segundo asunto, opino igual que tú, la enseñanza debería ser de competencia exclusiva de quienes saben: profesores y maestros, y no algo al servicio del régimen político de turno, y considero que en un 90% debería ser la misma para todo el territorio nacional.

    • El pobrecito profesor
      13 noviembre 2011 a 18:16 #

      Totalmente de acuerdo.
      El debate inteligente siempre es enriquecedor. A mí, este me está sirviendo para aclarar ideas.

  9. Francisco Javier
    12 noviembre 2011 a 11:57 #

    Estimado Nacho,

    un texto suicida y que plantea demasiados interrogantes. Los tres primeros párrafos me parecen claramente inconsistentes (y bastante cínicos) y espero que no sirvan de inspiración a futuros gobernantes, pues si ya la cosa está mal, esta línea de pensamiento que defiendes significaría el remate de la Educación Pública, ya definitivamente convertida en una sistema asistencial.

    1 ¿Qué sentido tendría opositar (y te recuerdo que la oposición que tú y yo hicimos, digan lo que digan, de fácil nada) cuando la condición vitalicia y las ventajas que se desprenden de la condición de empleado al servicio del Estado desaparecen? ¿Por qué reservar este cambio a las futuras generaciones de docentes y no empezar ya mismo, que de repente nos digan: “se acabo”, ahora eres un simple contratado y lo pactado ya no rige (los pactos y las leyes valen hasta que dejan de valer)?

    “Esto no significa que hubieran de suprimirse unilateralmente los derechos adquiridos, pues otro principio liberal es el de respetar los contratos que se establecen entre las partes. Pero es cierto que las futuras generaciones de docentes se embarcarían en una aventura bien distinta, como es la de la libre competencia.” ¡Qué risa!

    “Lo que se trata de argumentar es que ese puesto no tendría por qué estar asignado a una plaza específica de modo vitalicio. Dicho de otro modo, entraríamos en el juego de la oferta y la demanda al que están acostumbrados otros profesionales.” Pues eso, ¿para qué hacer el enorme esfuerzo de opositar? ¿Opositar a qué?

    2. En las condiciones de libre competencia y autonomía de centros, serían las propias entidades escolares las encargadas de establecer las condiciones tanto de selección de profesorado como de alumnado, sin que el Estado se inmiscuya metiendo sus narices. Muy bien, ¿los centros de titularidad pública podrían negarse a admitir a docentes problemáticos (por ejemplo, los que tiene un alto índice de absentismo por razones de salud)?; ¿negarse a matricular a determinado tipo de alumnado -muy abundante, por cierto, ya sabemos a lo que me refiero-, que no se adapta a las altas exigencias ni al espíritu del centro en cuestión?; ¿derivamos a esos alumnos al Colegio del Pilar, al “Estudios”, al Colegio Británico?

    3. Un programa liberal de tal calado ha de ir acompañado de un análisis económico hiper- detallado en el que quede claro hasta el último céntimo la cuantía del cheque escolar y el modo de financiación (privada) de los centros. ¿De qué modo se haría? ¿Alcanzaría con los beneficios del cheque para sostener una estructura tan costosa como es un centro escolar, por no hablar de las Universidades: hay que pagar a los profesores (se supone que dignamente), hay que pagar al personal de servicios y mantenimiento (personal administrativo, ordenanzas, empresa de limpieza, personal de mantenimiento, bibliotecario,……..), hay que mantener los costos derivados del centro (desde luz, agua, teléfono, impuestos, material para los departamentos, informática, etc.)

    No llegaría, por lo que los centros privados en su libre competencia, tendrían que cobrar un plus a su clientela, tanto más elevado, cuanto más magnífico sea (si tiene piscinas, MAC en vez de WINDOWS, Tai-Chi, intercambio de idiomas con prominentes centros de los EEUU,…?

    David lo plantea bien en sus objeciones, a las que me remito.

    4. ¿Por qué no se pueden implantar en el Sistema Público los valores de exigencia, respeto y mérito, que -eso sí lo comparto- la “Izquierda” se ha cargado? Claro que se puede. Lo único que hace falta es tener el valor de hacerlo, y que la población asuma (por Ley) que estudiar es algo serio y requiere un enorme esfuerzo. Es el adagio que caracteriza a este espacio de Deseducativos y sobre lo que una y otra vez se insiste con razón (con argumentos, datos, diagnósticos y propuestas de solución.)

    En resumen, lo de siempre:

    Privada sí, pero de pago.

    Concertada no, ni un duro.

    Pública desde luego, pero no esta.

    Dos enlaces:

    http://en.wikipedia.org/wiki/School_voucher#Opponents

    http://www.chequeescolar.org/

    Un saludo.

    • Francisco Javier
      13 noviembre 2011 a 17:13 #

      Perdón por mi incompetencia digital: ¿sabe alguien por qué aparece a veces el mensaje “Tu comentario está pendiente de moderación.” No es la primera vez que me sucede.

      Nacho, gracias por el artículo: siempre es bueno conocer al enemigo (me refiero a gente como Milton Friedman.) Un saludo.

      • 13 noviembre 2011 a 19:19 #

        Francisco Javier, si introduces más de un enlace en tu comentario, el sistema te identifica como spam y pasas a ser moderado por el Sumo Pontífice Moderador.

  10. 12 noviembre 2011 a 13:34 #

    Pensé que abogaríais más bien por libertarismo y enseñanza y no por liberalismo y enseñanza. En fin…

    • Francisco Javier
      12 noviembre 2011 a 16:32 #

      Este es un espacio plural y en absoluto las ideas que en el artículo se defienden son compartidas por todos los que conformamos el mismo. Cada artículo refleja tan sólo lo que cada individuo tiene a bien expresar.

    • Juan Poz
      12 noviembre 2011 a 17:01 #

      Por cierto, ¿no es un oxímoron “pedagogía libertaria”?

  11. Jose Luis
    13 noviembre 2011 a 18:29 #

    Alvaro Vermoet, asesor de educacion de la Comunidad de Madrid, es el padre de la idea del bachillerato de excelencia de dicha Comunidad.

  12. Jose Luis
    13 noviembre 2011 a 18:32 #

    Ah, olvide: Alvaro es tambien el que esta detras de la linea dura del PP, a traves de FAES, etc.

    El cheque, esa idea que sirve para dejar que se hunda la publica y dar rienda suelta a la privada.

    Enhorabuena, Nacho.

    • 13 noviembre 2011 a 18:45 #

      Gracias, José Luis, pero esa no es la idea original del cheque, sino la libertad de elegir (Milton Friedman, sí).

      No sé cuál es la línea dura del PP ni me importa demasiado. Este modelo no lo han discurrido los conservadores hispanos ni creo que tengan intención alguna de implantarlo.

      Un saludo.

      • Jose Luis
        13 noviembre 2011 a 18:50 #

        Ah, Milton Friedman, gran pensador educativo, tienes razon. En la hispania no habiamos caido en la cuenta de lo que es la educacion hasta que hablo Friedman. Y, claro, las ideas se imponen en este pais sin grupos que las apoyen, sin instituciones, sin intereses,… Y el cheque aqui en Hispania lo apoya Friedman, no la linea dura del PP, a traves de la CCMM.

      • 13 noviembre 2011 a 18:59 #

        Lo que tú quieras, pero no veo yo que se haya “impuesto” el cheque por ningún lado. En su lugar tenemos una desastrosa educación pública y un antiliberal sistema de conciertos educativos.

        Y no, Friedman no habla de educación como podría hablar un pedagogo, sino que traslada sus ideas económicas (y sociales, y, fíjate tú, hasta éticas) a ese campo.

    • Jose Luis
      13 noviembre 2011 a 19:12 #

      Pues eso, “traslada ideas”

      • 13 noviembre 2011 a 19:17 #

        Hombre, José Luis, el artículo es lo que pretende: transmitir una idea. Si lo que quieres es una “proposición no de ley”,o algo así, te has equivocado de hombre.

        Pero, en fin, quedo a la espera de más argumentos que no se limiten a señalar lo malos que son los peperos.

      • Jose Luis
        13 noviembre 2011 a 19:20 #

        Trasladan ideas eticas tambien la logse con la educacion para todos. Son planteamientos eticos, trasladados idealisticamente.

        No se trata de lo malos que son los peperos, sino de la ingenuidad y de los inventos educativos.

        De todos modos, te felicito: eres muy bueno utilizando argumentos de modo demagogico.

      • 13 noviembre 2011 a 19:22 #

        Gracias de nuevo, José Luis. Seguiré esforzándome para que mis argumentos lleguen a ser exactamente los que a ti te gustan.

    • 13 noviembre 2011 a 19:20 #

      En efecto, Álvaro Vermoet existe. No es un ectoplasma ni un personaje de Pirandello.

      Y, así es, la FAES existe.

      Pero, vamos, que lo de que se trata es de dar argumentos que vayan más allá del ad hominem.

    • 14 noviembre 2011 a 0:17 #

      Da la impresión de que este chico es un ejemplar más de la efebocracia que la superficialidad y bajo nivel del mundo político español están poniendo de moda: de repente, te salen Pajines, Aídos, Figares que no tienen talento, currículum ni experiencia y ahí los tienes, mandando disparates o pontificando porque se han leído siete artículos. En los partidos políticos españoles -en todos- hay cada vez más, en general, con estos dos méritos exclusivamente: desparpajo y fidelidad ciega a su mentor. Este Vermoet me parece que no tiene mucha idea del mundo del que habla, se limita a tocar de oído musiquillas del agrado de quienes le han puesto.

  13. Juan Poz
    13 noviembre 2011 a 20:19 #

    El cálculo de lo que cuesta la plaza lo he efectuado teniendo en cuenta el sueldo de los profesores, el del personal auxiliar (administrativos y cosnerjería) más el presupuesto anual de mantenimiento del instituto. Es sencillo: se suma todo, se divide por el número de alumnos y ¡zas!, por arte de birlibirloque nos salen esos 6000 eurazos que sí, en efecto, son de un lujo que les pondría los dientes largos a los alemanes, esos indeseables ahorradores calvinistas que se privan de todo para que, al parecer, otros se permitan lujos así… Y es que no saben vivir, qué demonios…
    Más datos. El colegio privado/privado al que lleve a mi hijo, para huir de la imposición del modelo monolingüístico catalán, me salió por 7200€ al año, lo que da idea del nivel de mis privaciones…
    En la universidad privada-dentro-de-la-pública, que la realidad tiene estas cosas tan hilarantes, la matrícula, también de mi hijo, asciende a 7500€ al año, lo que explica mis privaciones crónicas…
    Corolario: la educación obligatoria en nuestro país ni puede ni debe ser gratuita, porque esa es otra de las “bondades” del sistema que ha deparado “maldades” sin fin. Se ha de pagar. Y se ha de pagar en una escala que vaya dese la gratuidad total de quienes nada tienen hasta sus buenos 2000 o 3000 euros de quienes lo tienen todo y a quienes todo se les regala en un sistema que al establecer el acceso a los centros por zonas, permite que haya escuelas públicas sin que en ellas hayan visto nunca un inmigrante ni en pintura.

    • Francisco Javier
      14 noviembre 2011 a 9:28 #

      Los ciudadanos deberían saber muy bien el gran coste para el Estado (el dinero de todos) que supone la escolarización de sus hijos. En este sentido, es muy poco educativa la ligereza con la que nuestra sociedad ha interiorizado la repetición de curso como algo normal y sin importancia. A ello ha contribuido ante todo el modelo logsiano. Los alumnos ven como algo normal repetir, tripitir y lo que haga falta (muchos hasta se ufanan de ello), cuando lo lógico sería percibirlo como algo preocupante, hasta dramático.

      Otro capítulo es el de las becas, que se otorgan a menudo sin ningún control y sin tener en cuenta que el sentido de una beca viene dado por el mérito y el aprovechamiento de la misma; es un mecanismo valioso de justicia social -un derecho-, pero que conlleva también obligaciones.

      La enseñanza pública podría salir más barata si se racionalizase su gestión (evitar todos los gastos superfluos, exceso de cursos inútiles, grupos reducidos con unos resultados que no conducen a nada, planes inútiles, etc., etc.)

      • Multiculturas
        15 noviembre 2011 a 18:31 #

        Los ciudadanos debían saber muy bién que hay “razas” y colectivos pivilegiados y subvencionados hasta el punto de que , con el dinero de las becas para libros u el resto de útiles que el resto se compra y paga de su bolsillo ellos y sus familias se lo gastan en móviles, coches y joyas y vienen a clase día tras día sin libros ni material, con las manos en los bolsillos-en los móviles más bién, sí, en esos aparatos “prohibidos “en los centros educativos, para el resto, porque ellos son raza priv ilegiada-como digo.

        Los ciudadanos debían saber que en algunas comunidades educativas la escuela llega a ser tan “inclusiva”con dichos colectivos que las autoridades educativas nos imponen la presencia de colectivos “intermediarios” entre “ellos” y “nosotros”, que nos proponen programas de actividades de integración y protagonismo- os sonrojaríais si leyérais uno de ellos-, para esas criaturas que , dado el nefasto comportamiento y nulo aprovechamiento de la mayoría de los mismos en el día a día, constituyen en la práctica un despilfarro mayor, un premio para la desvergüenza , una humillación para los que compran, pagan, cumplen y quieren estudiar, y una deseducación y , peor aún , un agravio añadido para el resto de los colectivos docentes y discentes que, además de putas , se nos exige que pongamos la cama en esta esperpéntica farsa.

        En la escuela pública . Con el dinero de “todos.” Ésto se permite y se promueve. Desde arriba como digo. El que pueda soslayarlo que lo haga. No lo tiene fácil , no en algunas comunidades; no si quiere conservar el empleo.

        Ah! ¿Que los ciudadanos saben ya que esos colectivos no se los encuentran en la escuela privada ni en la concertada? .

        ¡¡Claaro!!

  14. Mariano
    15 noviembre 2011 a 19:20 #

    El debate que suscita esta entrada es interesante y lleno de matices, no exento también de peligros. Por supuesto, las cuestiones planteadas merecerían una reflexión más detallada, para la que ahora carezco de tiempo, lo cual no excluye que se puedan fijar algunas posiciones y constatar ciertas realidades:

    1. Es evidente que la escuela pública en España no funciona bien y no ofrece un servicio de calidad. Las evaluaciones que se han hecho sólo se aproximan superficialmente a este hecho y no abordan la raíz de los males del sistema. La prueba más palpable de este fenómeno es que los padres de las clases medias ilustradas, en un porcentaje muy importante, han ido abandonando la opción de los centros públicos y se decantan por la privada y la concertada.
    2. Es posible una enseñanza pública de calidad, con unas condiciones mínimas que eviten la perversión del sistema, mediante algunas decisiones:
    a. Suprimiendo la escuela comprensiva, ineficiente y provocadora de un bajo nivel de conocimientos, actitudes y rendimiento académico.
    b. Estableciendo un riguroso procedimiento de selección del profesorado, que prime al buen profesor especialista, valore más los ejercicios prácticos, la capacidad expositiva y la formación del docente en profundidad.
    c. Implantando un adecuado sistema de incentivos y de control del rendimiento del profesorado, a través de los resultados académicos y de la valoración de una formación permanente que no sea psicopedagógica, sino científica.
    d. Devolviendo el prestigio al profesorado mediante un reconocimiento real de su labor que le conceda el protagonismo real frente a todo el entramado pedagógico (inspectores a dedo, orientadores, asesores, pseudoexpertos).
    e. Fomentando la disciplina académica, el esfuerzo y el rigor y buscando los mejores resultados, contrastables empíricamente.
    Esta escuela pública de calidad sólo sería posible si los poderes públicos creyeran en ella y los parámetros pedagógicos cambiasen radicalmente respecto de los que hoy priman.
    3. Los conciertos educativos han sido una mala solución al problema de los centros privados subvencionados que escapaban al control de las administraciones educativas. La concertada no se puede suprimir de un plumazo (pues es el refugio de muchos padres ante el fracaso de la LOGSE y la degradación de la pública), pero sí debería ir suprimiéndose paulatinamente, reconociendo su carácter subsidiario y de anomalía dentro del sistema.
    4. La enseñanza privada, por supuesto, tiene derecho a existir en un mercado libre. Pero lo que los poderes públicos deben hacer es mejorar el servicio público de enseñanza para que los alumnos con talento de familias sin rentas altas tengan la oportunidad de competir, algo que no pueden hacer en el actual modelo comprensivo.
    5. El cheque escolar supone el desmantelamiento del servicio público de educación, implica una dejación de los poderes públicos en la gestión de la educación y provocaría aún más desigualdades y caos en el sistema. Quizá en un artículo posterior habría que argumentar más in extenso este aserto tan contundente y no fundamentado.
    6. El copago en la educación pública no es una medida socialmente injusta ni contraproducente, siempre que se costeara sólo una parte del coste escolar y siguiera una escala progresiva en función de la renta. Para que fuera una medida socialmente justa sería preciso hacer una de las revoluciones pendientes más importantes que necesita España: luchar contra el fraude fiscal. Hoy lo vemos con las becas: no acceden a ellas asalariados modestos y sí las disfrutan evasores fiscales flagrantes. Hasta que no se resuelva el grave problema de la desigualdad entre quienes tienen –tenemos- unas finanzas transparentes y quienes, teniendo un alto nivel de ingresos, son oficialmente pobres, establecer un sistema de pago proporcional a los ingresos declarados, sería otra injusticia social.
    7. El Estado de las Autonomías ha sido un fracaso en la gestión de la educación. El aumento del poder de las taifas está representando un disparate y una pesadilla en la gobernación de los asuntos educativos. Es imprescindible que esos entes llamados comunidades autónomas dejen de tener la competencia sobre la enseñanza. También debería ser objeto de otro artículo fundamentar este categórico aserto. Pero me imagino que más de uno puede aportar ejemplos sangrantes del desmadre autonómico.
    8. Liberal es un término polisémico, como socialista. Yo me identifico con muchos de los valores del liberalismo (libertad individual, competencia y competitividad), pero me cuesta mucho trabajo coincidir con quienes se llaman liberales, como doña Esperanza Aguirre (autócrata y totalitaria, heredera de Fraga y Thatcher). Por supuesto que la competencia y la competititvidad son base del progreso, pero siempre que sean libres y no amañadas. De la misma manera que no oculto mi inspiración socialdemócrata, lo cual no me obliga a identificarme con una política reaccionaria, estúpida y antisocial, como la de Rubalcaba y sus acólitos, (Zapatero sólo ha sido un chiquilicuatre con argucias para llegar y mantener el cargo, pero sin sustancia) que es un pilarista sin sensibilidad alguna para con una escuela pública que desempeñe la función de compensación de desigualdades de base y que crea en lo que ha sido la escuela pública en otros lares y en otros tiempos. Hay que especificar lo que se entiende por liberalismo, izquierda, libre elección de centro, escuela para todos, porque, en caso contrario, pueden ser sólo eslóganes.
    9. No desdeño todo lo que dice Álvaro Vermoet, por muy de FAES que sea, pero le echo en falta que critique los disparates que han perpetrado en educación quienes se reclaman del liberalismo. La misma falta de claridad y compromiso he detectado en otros que, ubicándose en la izquierda, como Antonio Elorza, no han contribuido en nada a desenmascarar la inmensa estafa social que han representado las políticas educativas que nos han conducido al desastre actual de la educación, que sólo los más cafres y hooligans siguen negando. Recordemos la respuesta bunkerizada y tribal de los de NO ES VERDAD.
    10. La financiación de la educación me parece un asunto muy complejo, máximo en tiempos de crisis (o de ruina, como dicen los menos optimistas). Por eso será difícil desmontar el bodrio de la concertada. Pero sí que habría que racionalizar el gasto, como ya se ha apuntado en DESEDUCATIVOS, a través de la supresión de todas las paridas costosas e ineficientes, procurando no dañar más las ratios, las condiciones de trabajo del profesorado, arrumbando el despilfarro tecnológico y quedándose con la esencia. Aun así, no será nada fácil durante los próximos años.

    De lo expuesto en los párrafos anteriores se deduce que en España el cambio que requiere la educación está tan lejos de la realidad inmediata, tan distante de los crudos hechos, tan dependiente de cambios estructurales más profundos que los meramente educativos, que los que pensamos como yo lo tenemos muy crudo. Y seremos incomprendidos o tildados de todo en cualquier debate educativo.

    El único dato positivo en todo este caos es que cada vez se oye más y en todas partes que la situación de la educación es insostenible. Algo es algo. Otra cosa es que frente a esta realidad insoslayable se acierte con el diagnóstico de los males. Y no digamos nada de la terapia, nada sencilla de llevar a la práctica. Aunque muchas de las medidas que habría que tomar son del más elemental sentido común, como diría Ricardo Moreno Castillo.

    Aunque lo que digo sea discutible –en todo sano debate debe ser así- espero no añadir más confusión.

    • 15 noviembre 2011 a 19:37 #

      No sólo no añade confusión, querido Mariano, sino que enriquece – y mucho – el debate. Agradezco el tono y la intención polemizadora, sin caer – como es tan frecuente cuando se menta la bicha liberal – en anatemas y enquistamientos desagradables.

      No puedo añadir demasiado a lo ya dicho, pero en tu comentario se atisba una confluencia entre dos posturas aparentemente enfrentadas.

      El problema es, por un lado, la tentación totalitaria de todo gobierno cuando tiene en sus manos la gestión y el diseño educativos: las antiliberales directices europeas apuntan al utilitarismo y al timo competencial, pues se concibe el aprendizaje no como un fin en sí mismo, sino como una plataforma para el desarrollo económico, lo que hará que no sea ni una cosa ni otra.

      Y, por otro, el escandaloso despilfarro de recursos, no sólo en lo que concierne a todas las excrecencias burocráticas que ya ha señalado Deseducativos, sino en lo que toca a unos centros cada vez más dependientes de las nuevas tecnologías.

  15. Mariano
    15 noviembre 2011 a 19:25 #

    . Fe de errores:

    Donde dice “No desdeño todo lo que dice Álvaro Vermoet, por muy de FAES que sea, pero le echo en falta que critique los disparates que han perpetrado en educación quienes se reclaman del liberalismo” falta un “no” delante de “critique”.

  16. Mariano
    15 noviembre 2011 a 22:52 #

    Lo que no veo es por qué lo público tiene que ser totalitario. En España la tendencia de las diferentes comunidades autónomas es al autoritarismo, dentro de un cierto desorden y caos en el que todos meten la cuchara.
    Una escuela pública puede ser plural y respetar la iniciativa de los profesionales, dentro de unos límites, claro, y puede ser autoritaria, estalinista, escuela única y planificada desde el Comité Central. Igual que una escuela pública puede tener nivel, ser selectiva, agrupar y distribuir racionalmente a los alumnos según sus capacidades y rendimientos (me llamarán segregador los de siempre) o ser comprensiva y analfabeta, como la que tenemos.
    Respecto del despilfarro, en España no nos hemos deshecho de ese estatalismo franquista combinado con el clientelismo de las subvenciones, las concesiones públicas y los contratos estatales impregnados de corruptelas y tráfico de influencias. Algún día deberá investigarse quién se está lucrando con las pizarras digitales.

    Pero puede haber una administración estatal concebida como servicio público, con controles multidireccionales regida por los principios de mérito y capacidad, interés general y respeto al bien común. Ya sé que es más irreal que una fantasía de Disneyworld, sobre todo en un país que ha heredado las estructuras sociológicas de la España de la Restauración más el estatalismo franquitsa, con un barniz pseudoizquierdista y unas identidades localistas espurias, excluyentes y empobrecedoras.

    Justamente de eso es de lo que se trata: de que la educación se conciba como un servicio público al ciudadano, quien a partir de una determinada edad también debe asumir obligaciones.

    Por otro lado, el concebir la educación, la cultura y el aprendizaje como un fin en sí mismo o como una palanca para la economía nada tiene que ver con un presunto totalitarismo estatal. Es más bien, a mi modesto entender, un reflejo de la visión puramente utilitarista que caracteriza la tecnocracia y en cierto modo impregna el discurso pedagógico.

    Por supuesto que el modelo actual, además de fomentar el analfabetismo y dejar como casi única salidad huir del sistema, es económicamente poco rentable. Y es que, nos guste o no, una de las perspectivas lícitas de la educación, no la única, es su rentabilidad económica, España necesita una mano de obra cualificada, adaptada a las necesidades del mercado. Los parados, igualmente, tendrán que formarse de manera permanente, para adaptarse al mercado, No soy partidario de la dictadura del mercado (hecho que se asocia comúnmente con uno de los significados del polisémico término “liberalismo”), pero la educación no puede estar de espaldas al mundo (por parafrasear el título del libro de Gregorio Luri). Otra cosa es que pasemos de que los planes de estudios los hagan los necios de los psicopedagogos a que nos los hagan la CEOE y el FMI, que todo puede llegar.

    • Polícrates
      18 noviembre 2011 a 3:36 #

      “Algún día deberá investigarse quién se está lucrando con las pizarras digitales.”

      Estupenda pregunta. Probablemente en estos momentos nadie esté obteniendo grandes beneficios. De momento veo editoriales repartiendo generosamente pizarras digitales y portátiles (de gratis total oiga vd. que ya las pagarán los papis vía impuesto revolucionario). El interés de estas editoriales por vender libros no cesa de menguar: no suelen admitir las devoluciones de los sobrantes de los minoristas, se retrasan en las entregas incluso de pedidos grandes y ya no hablemos de la dulce tarea de conseguir manuales para los alumnos que se incorporan al sistema escolar pasado el 3 de octubre.

      Al grano. Cuando Zapatero presentó sus planes de estímulo incluyó entre ellos su proyecto de escuela 2.0 y las intenciones quedaron muy claras: creación de una industria editorial 2.0 con un gran potencial de expansión (se entiende que hacia Hispanoamérica). El resto de la alocución, mucho me temo, era puro decorado para disfrazar las verdaderas intenciones que no pueden ser otras más que las de crear un mercado cautivo lo suficientemente grande como para financiar el desarrollo de los proyectos empresariales de estas editoriales.

      Recordará vd. alguna noticia sobre la digitalización de las aulas surcoreanas. Los progres de este lado del mundo se ponen el babero al leer los planes del ínclito ministro de instrucción pública del otro lado del mundo. Lo cierto es que los coreanos llevan años probando diversos gadgets y softwares para el uso diario en el aula sin encontrar la solución adecuada. Hará un par de meses el gobierno surcoreano anunciaba la eminente digitalización de los manuales escolares con el consiguiente ahorro para las familias. Difícil de creer en un país donde el precio de los manuales escolares, según datos de un profesor americano afincado en esas tierras asiáticas, acostumbra a oscilar entre los 3000 y los 8000 won (1,95 – 5,2 €). Las grandes corporaciones tecnológicas surcoreanas parecen estar tras ésta operación. ¿Para qué correr riesgos invirtiendo capitales propios pudiendo meter la mano directamente en la faltriquera del Estado?

      Las contradicciones del mercado planificado vs. mercado libre: el segundo es el malo pero sólo el primero impone obligaciones de compra.

  17. Mariano
    16 noviembre 2011 a 0:14 #

    Una nuestra de liberalismo

    No están mal estas declaraciones de la presidente de Madrid, sobre la dicotomía instrucción/ educación dosctrinadora, lo que pasa es que otras medidas salvajes y brutales nos van a llevar por el camino de la ruina en la píbica, una vuelta de más al deterioro.

    • elena
      18 noviembre 2011 a 12:55 #

      Bien, ya tiene dos patas para la mesa
      1.- Los profesores, que dicho sea de paso son unos vagos, que se dediquen a instruir.
      2.- Los padres, que dicho sea de paso son unos irresponsables, a educar.
      Con otras dos ya podrá apoyar el tablero sobre el que escribir una nueva ley.

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