Hegel sobre la pedagogía “moderna”

Resulta al final que lo actual no es tan moderno, o que hasta las últimas novedades a la boloñesa desprenden ya un cierto hedor decimonónico ….

Kant enseña que la experiencia no puede volar por encima del entendimiento, pues, de otro modo, la facultad de conocimiento se convierte en razón teórica, que por sí misma no produce sino quimeras. Esta doctrina esotérica ha justificado que la ciencia renuncie al pensamiento especulativo. A esta doctrina popular puede acompañar el griterío de la pedagogía moderna, supuestamente exigida por la necesidad de los tiempos, que dirige la mirada a la necesidad inmediata. Esta pedagogía sostiene que el conocimiento ha de ceñirse a la experiencia, y que en lo referente a la habilidad en la vida pública y en la privada el conocimiento teórico llega a ser incluso nocivo, de manera que lo esencial es la ejercitación y la formación práctica, y que eso es lo que debe comentarse.

Hegel, prólogo de Ciencia de la lógica

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Categorías: Diagnósticos

Autor:borjalucena

Profesor de Filosofía Secundaria

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23 comentarios en “Hegel sobre la pedagogía “moderna””

  1. Anias
    23 octubre 2011 a 9:10 #

    Pues muy bien. Y que?. Vaya mierda de Post.

    • Ania
      23 octubre 2011 a 15:01 #

      Deje de estropear mi bonito nick, si no le importa.¡¡ Búsquese otro, ande!!

  2. Juan Poz
    23 octubre 2011 a 10:11 #

    Te retratas en nueve palabras y la incorrección de cuatro signos prosodemáticos. ¡Enhorabuena! Has dejado el listón altísimo. A veces, nada mejor para un troll que dejarlo hozar en el barrizal de su incapacidad expresiva: a diferencia de ellos, los cerdos se embarran pra poder regular la temperatura del cuerpo.

    • Anias
      24 octubre 2011 a 9:36 #

      Oh! siiii, lo ha dicho Hegel, y si lo dice Hegel es verdad, y como yo pienso lo mismo que Hegel tambien YO tengo razon. Argumentum ad verecundiam. Acritico, vacio, pedante. Hegel huele a muerto, y basarse en un muerto de hace siglos asi sin mas redes y sin mas contextualizacion es cuando menos un ejercicio de pedanteria suma. Repito, vaya mierda de post.

      Juan Poz, no te esfuerces, no pondre acentos jamas. Aprende a leer, no se trata de juntar letras y comprobar si estan los acentos, se trata de ver que se dice y por que. Es evidente que no sabes hacerlo. Lo tuyo se llama argumentum ad hominem, que se resume en “quien lo dice es tonto y por tanto no vale”, aunque tambien se acerca mucho al argumentum ad hominem tu quoque, conocdio como “pues tu mas y se lo voy a decir a mi papa”. Patetico. Como el mensaje esta escrito por un Troll, segun tu, el mensaje mismo no es bueno. Quememos al mensaje y al mensajero. Torquemada sigue vivo.

      Ania, a mi no me molesta que tu tengas un nick parecido, es mas, me da lo mismo. Por otro lado es el nombre de uno de los concursantes de gran hermano, es decir, que tampoco es tan glamuroso ni te has esforzado tanto en encontralo. Es solo eso, un nombre absurdo, y por supuesto falso, como el tuyo. Crece. De todas formas si te ha molestado, lo siento, no era mi intencion. Mi intencion es demostrar lo estupido del post. OJo no de quien lo ha escrito, que ni siquiera le conozco, pero el texto es muy poco interesante.

      Libertad de expresion se llama.

      • 24 octubre 2011 a 15:34 #

        Libertad de ofensión se llama.

      • Alfonso
        24 octubre 2011 a 17:49 #

        ¿Son acaso los eructos expresión?
        ¿Sí?.
        ¿De qué?
        Búscate un buen psicoterapéuta.

      • Ania
        24 octubre 2011 a 21:44 #

        Anias, no he dicho que mi nick sea “glamouroso” sino precioso. También me da a mí lo mismo que tú veas o no Gran Hermano y menos aún que lo relaciones aleatoriamente con mi nick.

        En cuanto a tus recomendaciones hacia mi persona sobre “madurar”. Si es para parecerme a alguien que se muestra como tú prefiero seguir “verde” a tornarme podrida.

    • Jesús San Martín
      29 octubre 2011 a 17:45 #

      Querido Juan, un gran amigo me suele contar la anécdota con la que el maestro de su pueblo enseñaba a “los sabios” que despreciaban a los acentos. El maestro pedía a tal dechado de virtudes que saliera a la pizarra y escribiera “la pérdida de mi madre” y posteriormente le pedía que quitara el acento. Un saludo y ojala hubiera más como tú que no supieran leer.

  3. Francisco Javier
    23 octubre 2011 a 17:27 #

    Lo que estaría bien que nos explicases es si Hegel hace esta afirmación en sentido crítico, o si sería partidario del modelo boloñés. En mi gran desconocimiento de este monstruo del pensamiento, supongo que -a pesar de su conservadurismo- no vería con buenos ojos semejante sandez como es el Plan Bolonia (demasiado inteligente para tragar con bodrios de este cuño, además de ser un idealista y como buen idealista especulativo en grado sumo.). La crítica al positivismo tiene su raíz en Hegel-vía Marx, Escuela de Frankfurt, Neomarxismos. A mí me parece muy bien que se citen estas cosas.

    • 23 octubre 2011 a 18:24 #

      Francisco, uno sale de dudas aquí: Hegel, G. W. F., “Escritos pedagógicos”, México, F.C.E., 1991. Un libro imprescindible. Buen post, Borja. Un saludo.

      • Francisco Javier
        24 octubre 2011 a 17:16 #

        Muchas gracias, Antonio. Tomo nota.

  4. 23 octubre 2011 a 19:22 #

    Sobre esta cuestión he hablado en varias ocasiones en estas páginas. Su relevancia, contra lo que pueda creer alguno –o alguna- de los visitantes de este blog, es extraordinaria. Es pertinente este tipo de citas porque nos ayuda a comprender el origen y naturaleza de nuestros problemas actuales. Y he insistido mucho en el hecho de que la psicología académica o científica más influyente del siglo pasado (y en gran medida del presente) fue el conductismo, paradigma de clara y férrea raigambre positivista. Y el conductismo era –es- contraria a la teoría. Esto afecta directamente a la escuela: si la teoría nos parece anti-científica y especulativa (en el sentido de inútil), el papel del maestro queda en entredicho. La utilidad de aprender contenidos teóricos será cuestionada. Y si los maestros no han de ser transmisores de contenidos, su función queda desdibujada y necesitada, en el mejor de los casos, de reinventarse.

    Es decir, el positivismo inspira la aparición de alguno de nuestros más feos fantasmas en la escuela y en la política:

    1. Es contrario a la teoría. (Muchas veces he dicho que la APA, referente nosológico para los psicólogos del occidente, se declara a-teórica: la teoría les parece anticientífica).
    2. Las tonterías y necedades de la corrección política nacen, igualmente, de las entrañas del positivismo. Éste nos dice que el hombre es fruto de la experiencia, que carece de naturaleza. De aquí al constructivismo social media un paso: la realidad es una construcción social. O dicho de otra manera, el conocimiento no es objetivo, no es independiente del sujeto. Y puesto que todo es una construcción social (una convención) y carecemos de inclinaciones naturales, podemos conseguir que el ser humano se comporte de acuerdo a la ideología que inventemos y establezcamos por convención social (por ejemplo, podemos conseguir a través de la educación que niños y niñas, al no tener inclinaciones naturales, tengan el mismo comportamiento -verbigracia, que jueguen a los mismos juegos-).

    Hay más cosas derivadas del positivismo, pero sólo las dos antedichas bastan para dinamitar y poner patas arriba un modelo de escuela sensato. Como para no reparar.

    Gracias al autor por traernos una cita de tanto calado.

    • 24 octubre 2011 a 7:23 #

      En realidad, me he dejado en el tintero uno de los puntos más importantes acerca de cómo nos ha afectado el positivismo en el mundo académico. La secta y los pedagogos logsianos atribuyen el fracaso escolar a las diferencias económicas y de clase. Es decir, ellos creen que los alumnos con padres de clase social baja (obreros y demás) están condenados al fracaso escolar, mientras que el éxito está asegurado, o casi, para los alumnos con padres de estatus social alto (universitarios y con buenos ingresos). Esto es una falacia tremenda que ya Moreno Castillo y otros autores han refutado. Por mi parte, añadiré la siguiente reflexión: los padres de los alumnos actuales tienen, en términos generales, más cualificación académica que lo alumnos de hace unas décadas. Sin embargo, los alumnos de hace unas décadas eran mucho más competentes que los de hoy día.

      La creencia estulta de que las diferencias de clase determinan el éxito o el fracaso del alumno tiene parte de su origen en la teoría marxista de la lucha de clases. Pero también del positivismo de la psicología conductista. Nos dice el conductismo que las diferencias intelectuales entre las personas son debidas al ambiente (ambientalismo). Es decir, la inteligencia de Fulano de Tal es una consecuencia de sus experiencias, de su entorno. Hoy sabemos que esto es falso, sabemos que la inteligencia se hereda en más de un 70%, pero esto es algo que a los progres les parece reaccionario. Prefieren pensar que la inteligencia es producto del ambiente: de esta manera tiene base para emprender su labor de reformadores sociales.

      Es decir, la corriente positivista y demás corrientes consanguíneas (ambientalismo, empirismo, empiriocriticismo, etc.) han afectado gravemente a la escuela al establecer el dogma de que los seres humanos estamos determinados por el ambiente (determinados, no ya influidos), y que, en consecuencia, el éxito o fracaso de tal o cual alumno es debido exclusivamente a su entorno material y cultural. De esta manera, el alumno (más en general, el sujeto) es eximido de toda responsabilidad o culpa: si fracasa no es porque no haya estudiado o porque carezca de inteligencia, etc., no, si fracasa es porque el ambiente en que vive no es el adecuado. El alumno con éxito tiene éxito porque goza, en cambio, de las condiciones materiales, culturales, motivacionales y familiares adecuadas. Por esto mismo, la escuela que propugnan los miembros de la secta pedagógica exculpa siempre al discente si fracasa y carga toda la responsabilidad del fracaso sobre el sistema, especialmente sobre el profesorado y la infraestructura: o bien no hay medios materiales (ordenadores, proyectores, televisiones, etc.) o bien no hay medios humanos competentes (profesores que sepan motivar al crío).

      Espero que el lector atine a comprender a cuánto alcanza la necesidad de que comprendamos con claridad cuáles son los orígenes filosóficos e históricos de la escuela que tenernos. Las ideas y creencias que la degradan cada día deben ser objeto de análisis, crítica y refutación.
      Saludos.

      • Cristina
        24 octubre 2011 a 16:08 #

        Raus, es gracioso que a secta haga tanto hincapié en la correlación entre resultados escolares y nivel socio-económico cuando precisamente la existencia de tal correlación es una prueba (otra más) del fracaso del sistema. De todas maneras, ahora nos quieren vender la moto de la ‘equidad’. Las autoridades educativas españolas se vanaglorian de tener uno de los sistemas más equitativos del mundo. El comentario del Ministerio al informe PISA 2009 dice: “En equidad, España es uno de los ejemplos más sobresalientes de la OCDE. El entorno socioeconómico y cultural, influye, pero no determina los resultados del alumno. Este factor no impide a un alumno progresar en sus resultados académicos. El rendimiento escolar depende sobre todo de lo que ocurre dentro del centro educativo.” Claro, que ahondado un poco se ve enseguida que lo que llaman equidad es en realidad igualación a la baja: lo que pasa realmente en España es que hay muy poco alumnos con resultados excelentes, de ahí la tal ‘equidad’. Si es que quien no se consuela es porque no quiere.

      • Francisco Javier
        24 octubre 2011 a 17:32 #

        Lo que pasa, Cristina, es mucho más grave: es que hay muchos alumnos que no quieren estar en un centro de secundaria, que son objetores auténticos y que el sistema igualitario español no tiene ni idea de qué hacer con ellos. Por eso se maquillan los datos, se echa la culpa a los docentes y se inventan mil trampas para desviar la mirada. (Comprobado empíricamente.) Saludos.

      • 24 octubre 2011 a 17:46 #

        Totalmente de acuerdo contigo, Cristina. Es más, fíjate en algo (aparentemente) asombroso: en Pisa, los alumnos españoles que peor lo hacen son… ¡tachán!: los que tienen padres universitarios; es decir, los que proceden de familias material, social y culturalmente más pudientes. Sin embargo, son los que más éxito (o menos fracaso) tienen en la escuela. En otras entradas ya he explicado cómo está adulterando en este sistema la llamada evaluación continua. No hay equidad que valga en un sistema que condena a tantos alumnos al fracaso. Hablar de equidad es vergonzoso en grado superlativo.

      • Cristina
        24 octubre 2011 a 18:30 #

        Vaya, Raus, esto es muy interesante. Y, ¿esos datos son públicos? Quiero decir, ¿es posible ver la relación entre los resultados escolares de un alumno con el resultado de las pruebas de PISA? Se podrían explicar muchas cosas…

      • 24 octubre 2011 a 20:20 #

        Estimada Cristina, este dato, entiendo que objetivo, lo dio Antonio Cabrales (con quien, por cierto, no coincido en muchas cosas, pero esto va aparte). Con sus propias palabras:

        “(…)Y, por cierto, el problema español se concentra en los hijos de padres educados. Los chicos españoles con padres poco educados lo hacen como la media europea. Los chicos con padres universitarios, mucho peor. Seguro que no es solamente por las consolas, pero los universitarios españoles estamos haciendo algo mal con nuestros hijos.”

        Le dejo el enlace en que sale:
        http://www.antoniociccone.eu/wp-content/uploads/2008/11/cc-quality-of-education-system-9-with-tables.pdf.

        En el siguiente encontrará una hipótesis mía para explicar este aparente desajuste o contradicción:
        http://deseducativos.com/2011/01/27/de-la-chica-y-la-vanguardia/
        Saludos.

  5. 24 octubre 2011 a 8:21 #

    A todos un saludo, también para Anias, aunque haya dejado una mierda de comentario.

    Creo que tenéis razón cuando apuntáis al positivismo, al conductismo y demás como hermanos de la estulticia pedagógica actual. Lo que ya no sé es si, efectivamente, existe una vinculación genealógica. Lo que yo me pregunto es si no será una estulticia más antigua que todo eso, una forma de idiotez más anclada en las raíces misma de la civilización europea moderna. De hecho, las palabras de Hegel son anteriores a esas corrientes citadas.

  6. 24 octubre 2011 a 12:59 #

    Efectivamente, Borja, en realidad, la discusión sobre si razón o si experiencia se remonta, como bien sabes, no ya a Hegel, sino a los mismos griegos, y, en mi opinión, tanto el racionalismo como el empirismo han acabado generando ideas y caminos tanto provechosos como desastrosos. A mi juicio, tanto un ismo como el otro pueden resbalar cuando se les lían los cables y acaban defendiendo, directa o indirectamente, alguna forma de subjetividad o relativismo. En el caso que nos ocupa, sí puedo asegurar que el conductismo bebió, hasta la embriaguez, de las fuentes empiristas precedentes y que, como he dicho, el conductismo negó la naturaleza humana (“todo depende del ambiente”) y la utilidad de la teoría. La veta anti-teórica, anti-racionalista del conductismo es fortísima, como sabes. Observa, por lo demás, que la misma posmodernidad, en la que todavía andamos sumidos, es claramente positivista (anti-racionalista). El diccionario la define así: “Movimiento artístico y cultural de fines del siglo XX, caracterizado por su oposición al racionalismo y por su culto predominante de las formas, el individualismo y la falta de compromiso social.”

    El conductismo si recogió el testigo del discurso de David Hume, quien murió un poco después de que naciera Hegel. Bien puede ser que el pensamiento de Hume ya hubiera prendido en la mollera de los pedagogos “progresistas” de la época. Y, seguramente, Hegel, estaba al tanto de los desarrollos positivistas en la pedagogía de la época. Obviamente, esto lo digo con la necesaria cautela. Conjeturo que lo que Hegel critica es una visión positivista de la enseñanza. En cuanto a fechas se refiere, tal cosa pudo ser, pues, como digo, Hume fue algo anterior a Hegel.

    Hume fue un pensador notable, no lo negaré. Pero admito que no es santo de mi devoción. Se describe a Hume como escéptico, pero yo creo que rozó el negativismo (la negación de la evidencia y lo objetivo). Negar la posibilidad de lo objetivo (o la posibilidad de conocer lo objetivo) no puede ser muy rentable para la escuela, pues el escepticismo, cuando se vicia en sí mismo, acaba negando la necesidad del maestro como transmisor de conocimientos. Por tanto, en mi opinión, ojo a Hume y a desarrollos filosóficos-psicológicos posteriores.
    Saludos.

    • Francisco Javier
      24 octubre 2011 a 17:26 #

      Estimado Raus, gracias por las aclaraciones. A mí me parece, que la psicología se constituye como ciencia desde premisas positivistas. No sé si pudo ser de otro modo. El caso es que las corrientes principales de la psicología (corrígeme, que de esto tú sabes mucho más) tienen su raíz en el positivismo: desde el psicoanálisis (Freud era un positivista, con mucha imaginación, pero positivista), hasta las corrientes estructuralistas y post-estructuralistas (que a pesar de su impronta especulativa, a menudo bastante irracional, se encuentran mucho más cerca de Hume que de los racionalismos), por no hablar del conductismo, que es bestialmente positivista. Sea como sea, la psicología, que es la fuente principal de la que se nutren los pedagogos (psicología de segundas) nos ha fastidiado pero que bien a los que hemos caído en esto de la enseñanza. Un saludo.

      • 24 octubre 2011 a 18:31 #

        Efectivamente, estimado amigo: la psicología se constituye como ciencia desde premisas positivistas. Hasta donde yo sé, la pretensión de Freud era hacer ciencia, sí, ciencia positiva. Las corrientes estructuralistas hacen hincapié en el influjo o función de la estructura, en detrimento del individuo en sí. El conductismo es, como dices, bestialmente positivista. Decía la mujer de Einstein que su marido era capaz de “ver” con ayuda de lápiz y papel lo que los demás científicos de la época sólo podían ver con ayuda de complejos aparatos telescópicos. Con esto quiero decir que ciencia se puede hacer especulando, porque especular es, diccionario en mano: “Meditar, reflexionar con hondura, teorizar.” Es lo que hicieron los fundadores de nuestra civilización. Hoy, sin embargo, y por culpa de las frías corrientes positivistas, humeanas, ha pasado a significar algo peyorativo: “Perderse en sutilezas o hipótesis sin base real”.

        Los filósofos geniales y científicos aprioristas como Einstein demuestran cómo el poder de la razón puede alumbrar grandes y ocultas verdades, y no perderse en sutilezas o hipótesis sin base real. El referente científico por excelencia del conductismo fue Newton. Y hay que tener en cuenta que Hume quiso trasladar el método de Newton a las ciencias del hombre. Por eso se llamó a Hume el Newton de las ciencias morales. Esas ciencias morales son las que hoy tenemos infiltradas en escuela y sociedad. El desprecio por el saber teórico parte del positivismo.

        Con todo esto no estoy queriendo decir que se pueda hacer ciencia prescindiendo de la observación formal. Eso sería una burrada tremenda. Pero sí digo que, contra la creencia actual, se puede especular de forma provechosa y que los principios del empirismo son falsos. La lógica no es el resultado de la experiencia, sino anterior e independiente de ella. Previa a ella. Las lentes de la lógica guían y estructuran nuestras experiencias. Sin una teoría fuerte sólo se hace ciencia de andar por casa, de poco alcance. Si la especulación no se somete al dictado de la observación formal, podemos caer en el vacío. En fin, entramos en una discusión milenaria de gran calado. Aquí no podemos.

        Sí, así es, Fº Javier, la pedagogía se nutre de la psicología conductista. Y de esto sí que debemos hablar para confutar sus excesos y errores.
        Un saludo.

  7. Indispuesto
    25 octubre 2011 a 19:34 #

    “Esta pedagogía sostiene que el conocimiento ha de ceñirse a la experiencia”

    Curiosamente, la pedagogía oficial actual no se aplica el cuento a ella misma. No observa las consecuencias de sus “hipótesis”. Por ejemplo, establece que la evaluación no debe hacerse solo a partir de exámenes, pero no estudia las consecuencias que ello tiene en el aprendizaje de los alumnos.

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