El gallinero

Pensaba titular este artículo con algo referido a la descomposición de la sociedad civil en la España actual, pero posteriormente lo he pensado mejor y me he decidido por mi querencia por lo esperpéntico. Más que nada porque en estos tiempos el adjetivo civil puede significar que existen otras, notablemente la militar y la eclesiástica, algo que ya no se da. Apunto por tanto a la sociedad en su conjunto. Es ya lugar común en este foro que pertenecemos a una sociedad enferma, especialmente nosotros los profesores, cuando toleramos, convivimos con, y hasta jaleamos alguna vez un sistema educativo que es una de las causas de la postración económica en la que nos vemos sumidos. También va camino de convertirse en tópico el que mientras no cambie nuestro sistema electoral proporcional, nuestra organización territorial en comunidades autónomas y no tengamos una separación de poderes nítida (sobre todo, jefe de gobierno elegido directamente) no se pondrá coto a nuestro desastre educativo. Estos temas han sido tratados aquí con mucha mayor profundidad y detenimiento, por lo que me centraré en el cambio perceptible que se ha dado en nuestra sociedad en los últimos años. Perceptible por nosotros mismos. No hace mucho aún nadábamos en una, chabacana por lo autocomplaciente, satisfacción del nuevo rico: “Lo bien que vivimos, lo bien que comemos, como en España en ningún sitio, somos el milagro económico europeo…” Ahora resulta que aquí no hay futuro y que hay que aprender alemán aceleradamente para podernos apuntar a la emigración. Tanto, tanto esplendor, para acabar otra vez con la maleta atada con cuerdas haciendo cola en la estación abarrotada. Puede que ambos extremos no pasen una criba objetiva y rigurosa, sin embargo, lo que parece que sí es cierto es que ocupamos los primeros lugares en estadísticas, europeas y en algún caso mundiales, en campos que nos deben hacer sentir tan orgullosos como son la obesidad infantil, consumo y tráfico de drogas, redes de pornografía infantil, prostitución tanto en consumo como en redes de tráfico de menores y mujeres, circulación de dinero negro o directamente derivado de actividades mafiosas, y alguno más. En nuestro ámbito, la enseñanza, también se ha contribuido, con unas tasas de fracaso escolar y de analfabetismo entre titulados nada desdeñables. Y ya en el ámbito de nuestras relaciones laborales y humanas como profesores, con ese estado de marasmo imbécil, mezcla de miedo y pasotismo, con que acogemos cualquier medida absurda e irrealizable que nos endilgan los pedagogos de cámara a sueldo de los políticos (Ay, competencias básicas, competencias…) o simplemente aventamos nuestra frustración de mindundis emasculados: Tras airadas quejas de recreo todo lo que suele dar de sí nuestra energía es para juntarnos en corro y hacer la vida imposible al compañero “facha y rarito” y chivarnos de él al dire. Exactamente igual que hacen las gallinas, animales de valor y coraje legendarios como se sabe, cuando una de ellas está enferma o les sueltan en el corral un pollo de otra especie. Lo pican hasta matarlo.

Parafraseando al gran Vargas Llosa ¿Cuándo se jodió España? Sobre esto hay varias teorías.  Javier Orrico dice en sus escritos que nuestra sacrosanta transición democrática empezó bien pero que las cosas comenzaron a torcerse en algún momento entre 1981 y 1983. Yo me atrevería a decir que ni siquiera empezó bien. Tengo una teoría que por personalísima y subjetiva es imposible contrastar científicamente; y que además nunca he contado a nadie. Se trata de que los regímenes políticos que nacen viciados por un pecado original acaban siendo devorados por el mismo, que les cercena todo desarrollo y al que acaban sucumbiendo. Algo parecido a ese tema tan recurrente en los relatos de terror anglosajones del s. XIX o de las primeras novelas policíacas (como en “El Signo de los Cuatro” de Conan Doyle): Se trata de que un fulano, marinero o soldado en su juventud, se hace rico misteriosamente en las colonias y vuelve a la patria para llevar en la madurez una vida holgada; pero como resulta que para hacer dinero tuvo que traicionar y matar a algún camarada, el espectro de éste o (en el género detectivesco) el mismo muerto, que no lo estaba tanto, vuelven para hacerle la puñeta y al final lo acaban matando o empujando al suicidio. Por esta misma razón indemostrable, un régimen que nace viciado en su origen, nunca tendrá un desarrollo pleno. Los ejemplos son múltiples. Omitiré los españoles para no levantar suspicacias, pero no me voy muy lejos.La III República Francesa nació teñida de sangre por la cobarde capitulación ante Prusia y la feroz represión dela Comuna y, al cabo de los años, terminó también entre sangre y capitulación, nuevamente ante Alemania, en 1940. Si preguntamos a cualquiera qué suceso inauguró nuestra sacrosanta transición, seguramente hablará de la muerte de Franco, hasta puede que de algún suceso anterior con coche volando por los aires. Si se anima un poco, incluso nos tarareará alguna letrilla chorra del tipo “Libertad sin ira, libertad…”. Pocos sin embargo volverán la vista hacia la vergonzosa retirada del Sahara Occidental llevada a cabo entre Noviembre de 1975 y Febrero de 1976. Nuestro ejemplar y solidario régimen principió su andadura entregando a Marruecos, no una colonia, sino una provincia, cuyos habitantes, aunque morenos y con nombre árabe, estaban provistos de DNIs idénticos a los nuestros. Para justificar esta traición se esgrimen variados argumentos. Yo me quedo uno del que se habla poco, el poderío económico y político del “lobby” promarroquí en España, que en nuestros días goza de mejor salud que nunca, pues sus peones políticos están en el poder desde 2004, año que deben de tener grabado con letras de oro en su galería de trofeos, al menos, su mes de marzo. Galería en la que también deben de pender algunas cabezas de aquellos compatriotas nuestros que ahora llamamos saharauis, cuyos hijos acogemos unas semanas en verano. Y es que somos de un solidario que “no se pué aguantar”. Que sí, que en 1975 nos zafamos de un marrón de tres pares de …, de una guerra incluso; pero cuando huyes de un problema te lo acabas encontrando hecho un monstruo al cabo de los años.  Y aún hay otra gran mancha de cobardía en nuestra supuestamente inmaculada transición: la connivencia que tuvimos, la complacencia con que los sectores progresistas miraron al independentismo radical vasco y al terrorismo. Cómo contribuimos con dinero público a institucionalizar al nacionalismo (en su origen racista y vaticanista, no lo olvidemos) como patrón político, cultural y educativo en el País Vasco. Cómo –yo no me excluyo, aunque era un niño por aquel entonces- volvíamos la vista hacia otro lado ante la exclusión mafiosa de un sector de la población vasca, y ante los entierros de guardias civiles. Cómo jaleábamos a grupos de supuesto rock del tipo “Kortatu” y “Negu Gorriak”. Aún recuerdo cuando en el BUP, a mi instituto, nos llegaron dos compañeros, hijos de emigrantes en el País Vasco retornados. A pesar de que sus familias no eran “abertzales”, venían contagiados del ambiente y nos contaban ufanos cómo los matones de Jarrai entraban en las clases y las suspendían, o decidían que ese día no se daba clase en muestra de solidaridad con los “presos”. Y nosotros embobados. Ambas cobardías acabarán pasándonos factura. Y me gustaría equivocarme.

Llegados a este punto, muy bien se me podrá espetar: ¿Qué diablos tiene que ver el conflicto del Sahara, o el llamado problema vasco con el desbarajuste de la enseñanza española en 2011? A partir de aquellos ya lejanos tiempos se ha ido imponiendo en nuestra sociedad un clima insoportable de hedonismo infantil, de ausencia de compromiso, de evasión ante lo poco agradable, y en los aspectos educativos y familiares, de ese paidocentrismo que tan bien retrata Antonio Gallego Raus en sus escritos. Varias veces me dije “Si en España idolatramos tanto al niño, lo hemos convertido en el centro del sistema e, incluso, hemos mimetizado sus gestos y reacciones, como consecuencia, al menos, el niño español debe gozar de una posición envidiable de bienestar en comparación con otros países”. Dos situaciones en las que recientemente me vi metido me pusieron en mi sitio:

Anécdota 1ª: A finales de 2010 mi esposa, hija de corta edad y yo mismo tomamos un autobús urbano en Alcalá de Henares. La niña iba sentada en un carrito de niño, de los más ligeros que existen, de los que pueden plegarse y no ocupan mucho más que un paraguas. También subió una mujer con un niño de pocos meses en un carro considerablemente más voluminoso. El autobús iba medio vacío, o medio lleno, pero en ese momento en el cerebro de la conductora se produjeron varios cortocircuitos. En lugar de arrancar el vehículo empezó a gritar por la megafonía que uno de los dos carros tenía que bajarse inmediatamente porque en su reglamento de transportes se estipulaba que sólo podía viajar un carro por autobús. No se apeó de ahí y en su rostro se pintaban a partes iguales el nerviosismo y el miedo. Hablé con ella y le dije que en el autobús había sitio para varios carros más, ella me dijo que en las siguientes paradas podían subir más viajeros, yo le dije que en ese caso no tenía de qué preocuparse, que, puesto que nosotros no llevábamos ninguna prisa, nos bajaríamos y esperaríamos el siguiente. No hubo manera. La gente empezaba a impacientarse. Yo, ingenuo, pensé que ahí estaría la solución, que los viajeros harían entrar en razón a la chófer marmolillo. Mi sorpresa fue que los comentarios eran de este jaez “¡A ver, ella hace lo que tiene que hacer! Es que si no, igual la echan. Es que como se entere su jefe! Estos inmigrantes se creen con derecho a todo”. Esto último, supongo que fue porque la mujer y su bebé eran negros. Al final, le dije a esta que se quedara, saqué a mi hija de la silla y la acomodamos precariamente en un asiento del autobús. Yo plegué la silla y se la mostré a la conductora, solicitando su permiso. Lo único que me permití decirle fue que esperaba que fuera tan valiente cuando algunos gamberros le quemasen un asiento o, simplemente, le llenasen el suelo de pipas.

Anécdota 2ª: También en 2010, pero unos meses antes, mi hija, entonces de año y medio de edad, fue objeto de amenazas por parte de unos vecinos, quienes repetidamente le azuzaron un perro de grandes dimensiones mientras paseaba en compañía de su madre. Se divertían así. Después de repetirse varias veces el incidente, yo vencí mis ganas de cargar con cartuchos de postas una de mis escopetas y dar rienda suelta a mis instintos y denuncié el hecho ante el Cuerpo Nacional de Policía. Tuve que argumentar una y mil veces ante la agente que me atendió que no se trataba de una riña de vecinos, que era lo que ella pretendía poner en el atestado, que yo no había tenido ningún trato, ni bueno ni malo con los agresores. Ella me recalcó una y otra vez, que los mismos derechos tenían ellos como yo, que estábamos en un estado garantista. En realidad yo sólo les conocía de vista, y lo cierto es que siempre me habían parecido un cruce entre los asesinos de Puerto Hurraco y algunos personajes de “La Matanzade Texas”. Pasados unos días, me permití visitar a la juez encargada del caso. Ella, tras recibirme de modo altivo y displicente, me dijo más o menos lo mismo, que una riña de vecinos como mucho sólo daba para un juicio rápido. Le expliqué, con paciencia, que no se trataba de ninguna riña. Todo lo que conseguí fue que me dijese que no pensaba aceptar los testigos que yo había propuesto. Finalmente, conseguí que el juicio rápido se suspendiera y que se tramitara, al menos, como uno de faltas. En ambas vistas tuvimos que soportar todo un despliegue de provocaciones y desplantes de chonis y chorvos poligoneros mientras los funcionarios judiciales, presos de su corrección “garantista” miraban con aire autista. Durante todos esos meses, fiel a mi afición por los temas policíacos, investigué sobre los agresores. Son lo que puede llamarse una familia “ni-ni”. Padres en torno a los cuarenta y cinco años, hijo e hija veinteañeros. Todos muy gordos, por cierto. Estudios básicos o aún menores. Ninguno trabaja más que en asuntos esporádicos, tipo camarero o reponedor de supermercado. El padre, hace unos años, cuando trabajaba como camarero en un bar a unos quinientos metros de su casa, logró hacer colar un grave accidente de moto como laboral, y hoy cobra una pensión por ello. Finalmente el juicio se celebró, hubo varias intervenciones dignas de “Princesas de Barrio”, y dos meses después, tuvimos sentencia. Libre absolución para los denunciados. De su lectura se deduce que si hay algún culpable, estos son mi hija y su madre porque “sienten verdadero temor hacia los perros”. Yo sólo pretendí evitar a tiempo uno de los, cada vez más frecuentes, casos de heridas o muerte causadas a niños pequeños por perros peligrosos. En España. Un estado garantista.

Eso, en esta época de corrección, solidaridad y equidad. Me vienen a la mente otras en las que supuestamente teníamos menos de las tres cosas, aunque de otra cosa que no nombro, para dar y tomar. Épocas duras, pero puede que menos mediocres que la actual. Me acordé de mi vecino Joaquín, quien por sí solo merecería un artículo, aunque sólo sea porque es un héroe de guerra, a pesar de que él no quiera reconocerlo. Hizo parte de la GuerraCivilEspañola de 1936-1939 en la XIIDivisióndel Ejército Popular de la República, por tierras de Guadalajara, donde sacudieron estopa a los giuseppes a base de bien. Me contó que él y su hermano se habían agenciado una gallina que mantenían y alimentaban, al objeto de enviar los huevos a una sobrina de poco más de un año de edad que vivía en Madrid, entonces frente de batalla. Cuando alguien veía la gallina, se le iluminaba la mirada y, echando mano a la bayoneta, preguntaba “¿Y esa gallina?” bastaba que otro le respondiese “Eso no se toca, los huevos son para una niña de Madrid”. Todo el –hambriento- mundo respetó a la gallina y a los huevos que, semanalmente, llegaban a su pequeña destinataria. Y mi vecino Joaquín y sus compañeros no eran hermanitas de la caridad precisamente. Tenían una broma que gastaban a los recién llegados a la trinchera. Decían “¿Quién quiere la bota?” Cuando algún novato respondía afirmativamente deleitándose por anticipado con un trago de tinto, le pasaban la bota. Alguien le tiraba la bota. La bota era de las de calzarse, y tenía un pie de italiano dentro.

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas, Diagnósticos

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39 comentarios en “El gallinero”

  1. Francisco Javier
    18 octubre 2011 a 8:28 #

    A propósito de perversiones y esperpentos, Javier Marías escribió en el País Semanal del domingo 16 de octubre un artículo titulado “La perversión de los viejos”, que tiene íntima relación con los asuntos que mencionas.

    http://www.elpais.com/articulo/portada/perversion/viejos/elpepusoceps/20111016elpepspor_20/Tes

    Respecto a los errores de la transición, como podemos comprobar ahora, uno de los más graves fue sin duda una mala comprensión del Estado de la Autonomías, cuyas tensiones y contradicciones nos están afectando muy gravemente. Es absurda la confusión entre competencias estatales y autonómicas, en especial en todos aquellos ámbitos que son prioritarios para el buen funcionamiento de un Estado (sanidad, educación, justicia, política económica, equilibrio funcionarial, modelo lingüístico, defensa, policía, medio ambiente…)

    Un saludo, Maximiliano.

  2. BillyBod
    18 octubre 2011 a 10:37 #

    Fuerte y tremendo tu artículo, Bernabé. Dan ganas de… de maldecir, porque salir con la pistola (ni siquiera la de bala de mierda) ya no es nuestro estilo. Y porque nosotros (profes, ex-profes, padre, madres, tías) también entramos en la lista de maldiciones. Apabullante para empezar el día. Lo peor es que me parece que esto no se arregla con un votito el día 20N, ni con una indignacioncita… ¿con qué coño se arregla? ¿tú que crees?

  3. Jesús San Martín
    18 octubre 2011 a 13:05 #

    ¿Evitamos una guerra en Marruecos? ¡No! ¡la aplazamos! Yo sólo hablo de números. El fosfato tiene un periodo de renovación en la naturaleza de 10.000.000 de años, es decir, que a escala humana cuando acabemos con él habremos acabado. Sí, ya sé que se puede extraer de los huesos y de las aguas residuales, pero no deja de ser el que se ha extraído de la mina. Se estima que el fosfato se agote en 2050 (con consumo actual) y Marruecos tiene las mayores reservas.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Ciclo_del_f%C3%B3sforo

    Claro, que los chinos y los indios son un porrón de porrones de millones y quieren comer carne, por lo que habrá más demanda de fosfato. ¡Vamos Jesús que las vacas no comen fosfato! ¡ya! pero las vacas comen pienso, que si gastan fosfatos, y cada kilo de carne necesita de 10 kilos de grano. El fosfato se irá agotando, pero nosotros seguiremos con la fea costumbre de comer, por lo que el fosfato se encarecerá y hará cada vez más rico a quien tiene las reservas, y comprará armamento para hacerse con esas islas que tiene enfrente y que dice que son suyas.

    Ya sé que la memoria no sirve de nada, pero si no tuviera memorizado: el ciclo del fosfato, las poblaciones chinas e india, la cantidad necesaria de grano para producir un kilo de carne, la geografía y algo de economía y política no podría analizar nada, y en consecuencia no podría comprar más tabletas de choco negro, que en contra de lo que piensa una forera no producen atracones.

    Espero que los del CNI tengan fichada la página y la lean de vez en cuando y pasen a sus sesudos analistas el de arriba, porque el futuro tiene la manía de llegar.

    Antes de que nadie dude de mi análisis numérico_chocolático, indicar que nuestro forero más querido, cuando yo daba números, él siempre argumentaba eso de “ la derechona para acá y para allá, que no pasaba nada (argumento, como se observa, razonado y acreditado con datos)”. No me voy a centrar en la quita del 20% de la deuda española, pero si algún ingenuo lo duda yo apuesto tableta de choco negro del 70%. A lo que me refiero es a este antipatriota que afirma, en mi línea, que la crisis es de aúpa.

    http://www.elconfidencialdigital.com/Articulo.aspx?IdObjeto=30316

    ¿Qué pasa con la importación de pebbles?

    Saludos

  4. 18 octubre 2011 a 13:24 #

    Gracias por citarme, amigo Maxi. Y gracias por este certero artículo que abofetea nuestras adormiladas conciencias. Los pesares por lo que está pasando (la crisis económica) me parecen propios de un tonto; es decir, de alguien por completo ciego a las evidencias. Llevas razón en que la cosa ya nació torcida, y no es menos cierto que el desarrollo de nuestra sacrosanta democracia ha tenido musas picassianas: todo ha ido componiéndose con proporciones grotescas. Sólo sabemos dolernos de la crisis que afecta a ese órgano tan finamente inervado llamado bolsillo. En cambio, muy pocos han sido los espíritus lúcidos que, durante años, han llorado la crisis de inteligencia y de sentido común que venimos padeciendo. Antes que las largas colas del paro, ya teníamos en casa la basura en la televisión y en la radio, apestándonos las meninges con efluvios de princesas arrabaleras y grandes hermanos. Y ya teníamos la crisis de la lengua, tan sabia e inútilmente denunciada por Lázaro Carrater y algún otro bienhablado. Y la crisis del arte, llorada por Vargas Llosa y otros pocos ínclitos. Y la crisis de la educación que reciben nuestros niños en los hogares y en las aulas, la cual, simplemente, ha consistido en dejar hacer al pequeño a su antojo y en darle todos los caprichos que deseara (y ahora, a buenas horas, nos vienen con programas dietéticos (¡el estirón!) para devolverles la cintura y la salud perdidas). Y la crisis de la decencia y la urbanidad; ésa que ha llevado a millones de jóvenes a las salas abortistas o al abismo de las drogas. Y las crisis en la justicia, por la cual hoy tenemos reinstaurado el ignominioso delito de autor, la quiebra de la presunción de inocencia y demás aberraciones legales… Todas estas crisis y muchas otras, cortadas por el mismo patrón, eran ya evidentes desde hace mucho, pero mucho. Evidentes hasta la náusea. Pero no recuerdo que nadie saliese indignado a la calla a exigir unos medios de comunicación decentes, una vuelta a la sensatez en cuestiones educativas, una reivindicación de la decencia y la urbanidad más básicas o una defensa de la lengua castellana hablada y escrita. Todas estas crisis pasaron desapercibidas, alimentadas, en realidad, por los millones y millones de necios e inconscientes que hoy, ante la crisis económica, se preguntan qué puñetas nos ha pasado. Señores, la crisis no es nueva: estaba ante nuestras narices ante nuestra pasividad o connivencia. Así que, amigos, tenemos lo que nos merecemos. Lo que se merecen los tontos y los contumaces: basura.

  5. Fernando
    18 octubre 2011 a 13:39 #

    Amen

    • 18 octubre 2011 a 14:50 #

      ¿Que amemos a quién, señor Fernando? ¿Que amemos en general, o cómo?

  6. Fernando
    18 octubre 2011 a 15:22 #

    (En hebreo, אמן Amen; en árabe آمين Āmīn) es una palabra semítica que suele traducirse como «así sea». Si se considera – y puede hacerse- una palabra castellama, se escribiría amén, por aquello tan difícil, pero que hasta usted conoce, de que se coloca tilde a las agudas terminadas en -n y -s. Posiblemente es éste el error que como buen profesor me advierte. En agradecimiento, le concedo, en aras a sus conocimientos, que siga considerándola tal como yo la he escribo y usted ha entendido´: presente de subjuntivo del verbo amar en proposición exhortativa. Ejemplo “amen a Dios sobre todas las cosas y al projimo como a ustedes mismos”. Y aluego dicen que el profezorado de nozotros nostá vien preparao. Perdone la pedantería pero tenga en cuanta que estoy en un centro plurilingüe y ningún idioma se nos resiste.

    • 18 octubre 2011 a 20:15 #

      Por lo que veo, presume usted de conocer hebreo y otros idiomas. El que se le resiste, mira por dónde, es el castellano. Se lo voy a explicar, y lo entenderá a la perfección, gracias a lo muy inteligente que es usted.
      Escribe usted:
      “Si se considera – y puede hacerse- una palabra castellama, se escribiría amén, por aquello tan difícil, pero que hasta usted conoce, de que se coloca tilde a las agudas terminadas en -n y -s.”
      Entre ese “si se considera” y ese “se escribiría” no hay entendimiento, salvo el que usted, en su arbitrariedad macarrónica, le quiera ver. ¿Le sugiero emplear una alternativa correcta o eso le ofendería en su condición de políglota?
      Escribe usted que “se coloca tilde a las agudas terminadas en –n y –s.”
      Es muy fácil comprender que aquí lo correcto es hacer uso de la conjunción disyuntiva: n “o” s. Sin embargo, usted, tan leído, no lo comprende.
      Le advierto de todos estos errores, es verdad, mas no en calidad de profesor, pues no lo soy, caballero. En aras de sus conocimientos, añadiré que prójimo se escribe así, tal cual lo acaba de leer, con tilde, pues es esdrújula y no llana. Por lo demás, se come usted algunas comas.
      ¿Está usted en un centro plurilingüe? ¿Dando clases o recibiéndolas? Si acaso las da de español, dedíquese a otra cosa por el bien de los alumnos, que ninguna culpa tienen de que usted esté tan mal avenido con él. Si las recibe, no da muestras de aprovecharlas, pero le alabo la decisión.
      Y mire, si usted viene aquí a decir amén, es porque quiere, o porque no sabe argumentar contra aquello con lo que no está de acuerdo. Pues sepa que decir amén (o amen, en hebreo de pedante) no es decir nada de sustancia.
      Por último: cuando usted desee poner de tonto a alguien, cuídese de decirlo de tal manera que el resultado no demuestre que el tonto es usted. Como esto le va a resultar tarea imposible, lo mejor es que se abstenga de querer insultar a quien nada malo le ha hecho, al menos que a mí me conste.

  7. El plurilingüe Fernando
    18 octubre 2011 a 21:22 #

    ¡Vaya por Dios! Con Nebrija he tropezado y lo que es peor, también sabe lo de las esdrújulas. Si es que hay días que sería mejor no levantarse. Tomo nota de sus observaciones que haré llegar a mis compañeros plurilingües. Como verá, doy clases y las recibo .Ahora, afortunadamente, de un ilustre humanista que aún no ha recibido el reconocimiento que merece y que soy el primero en proclamar. De personas como usted está muy necesitada nuestra patria. Dé a conocer su valía a los cuatro vientos y si su modestia se lo impide, hágalo por orgullo nacional y colectivo. También podriamos decir por l orgullo nacional o colectivo. Que así conste. Jozú lo que zave la jente de afuera.Un cordial saludo.

    P.D. Ya le he dicho a mi hijo que se deje de tonterías y arregle el corrector ortográfico del ordenador. El puñetero se hace el remolón porque en el fondo lo que quiere es que compre uno nuevo. To ze andará.

    • 19 octubre 2011 a 7:41 #

      Señor Fernando, guarde usted sus ironías y yo guardaré las mías. Fue usted quien las inició innecesariamente con su amen hebreo. Porque, como le he dicho, nada le impide cuestionar o rebatir con razones las mías. Me parecerían mejores, aunque fueran erróneas, que sugerir, como usted hace, que yo pontifico con dogmas de fe. Mi tesis es muy sencilla: antes que la crisis económica nos azotara, ya padecíamos otras de gran calado. Si usted cree que no es así, discútalo con argumentos.

      Por lo demás, ni a usted ni a nadie le voy a tolerar practicar el insulto injustificado o el menosprecio hacia mi persona. Cuando usted escribió “por aquello tan difícil, pero que hasta usted conoce”, su intención evidente fue la de faltarme al respeto. Dígame usted, por favor, en qué momento le he faltado yo el respeto a su persona, dígamelo. Lo máximo que he hecho ha sido responder con una ironía a la suya. Porque mire usted, de lo que trata, precisamente, el artículo de mi buen amigo Maximiliano es de la impunidad de que goza hoy día el que falta el respeto o agrede al otro. Yo estoy cansado de esa impunidad. Es la misma que se nos ha colado en las aulas, para recreo y divertimento de chavales inverecundos y despóticos, malcriados, en general, por sus confundidos padres. Es un patrón que se repite por sistema en nuestra sociedad y en nuestras instituciones. A ambas, a sociedad e instituciones, las encuentro profundamente enfermas. Pues bien, insisto, si usted tiene algo que oponer a esta opinión, estaré encantado de oírlo. Las ironías o los sarcasmos no aportan nada a la cuestión, como usted comprenderá.
      Reciba un cordial saludo (dicho sin ironía).

      • Fernando
        19 octubre 2011 a 8:19 #

        Amén y que Dios reparta suerte. Un cordial saludo.

  8. Luzroja
    18 octubre 2011 a 21:55 #

    De la lectura del artículo se desprende una emoción: la cobardía, entendida como aquella emoción que nos lleva a permitir lo inadmisible y a atacar al débil.

    No he podido evitar (al leer el artículo) pensar que actualmente las leyes, que protegen derechos, atacan al individuo.

    No siempre lo legal es moral y contravenir la legalidad por ser inmoral debería ser un acto de valentía no apto para cobardes.

  9. Frank
    18 octubre 2011 a 22:52 #

    Señores, haya paz. Que seguro que tienen más puntos en común que diferencias. Y no se les ocurra analizar este breve comentario… ni sintáctica ni semánticamente.

  10. Cristina
    19 octubre 2011 a 1:00 #

    Creía estar más o menos de acuerdo con el tono general del artículo, hasta que he llegado a la parte del paidocentrismo. Me cuesta entender cómo ha llegado a la conclusión de que el problema es que en España se idolatra al niño. ¿Y de qué manera se idolatra al niño? Hablamos de un país donde no es raro meter en guarderías a críos de tres meses y donde los padres esperan que unos desconocidos (los profesores) enseñen las normas básicas de convivencia a sus retoños porque no pueden/quieren pasar tiempo con ellos. ¿No será que el problema es exactamente el contrario?

  11. Jesús San Martín
    19 octubre 2011 a 7:18 #

    Hablando de gallineros. A ver si ahora dicen que defienden la escuela pública

    http://www.elconfidencial.com/espana/2011/10/19/gabilondo%2Dconcede%2Del%2Dginer%2Dde%2Dlos%2Drios%2Da%2Dun%2Dmaestro%2Dde%2Dcolegio%2Dconcertado%2D86146/

  12. Bodoque
    19 octubre 2011 a 8:51 #

    Pues a mi el articulo no me ha gustado. “Sociedad enferma” es el concepto clave. Tan sartriano todo. Pero no ves que si esta enferma necesitaremos un doctor???. Un doctor, un jefe, un arreglador de saludes (este palabro es para fastidiar a los linguistas/semanticos/sintacticos), en definitiva un pedagogo. Mas de lo mismo…. El mundo no me gusta, pobre de mi, pobre de nosotros que estamos condenados en un pais miserable oh!! Max Estrella.
    Un articulo aburrido y redundante.

    • 19 octubre 2011 a 13:25 #

      Por si acaso no estaba claro el mensaje de Maximiliano y el mío propio (aquí y en otros artículos), he aquí otro botón de muestra más: el que nos trae alguien que dice hacer uso de palabros para fastidiar; en este caso para fastidiarme. La provocación por la provocación. ¿O qué razón aporta Bodoque para justificar este concreto deseo de fastidiar(me)? ¿Alguna razón? ¿Alguna razón para querer fastidiar a quien, en este caso, es faltado primeramente al respeto por otro visitante? Salvando las distancias, se repite aquí el mismo patrón que denuncia Maximiliano en el caso de los dueños del perro. Es sencillo de entender: carta blanca para provocar.

      Lo que se esconde detrás la práctica masiva de la provocación impune que nos asola es, en realidad, uno de los más graves problemas que gangrenan y degradan nuestra democracia. En el imperio de la Opinión queda prohibido pedir cuentas a nadie. O dicho de otra manera: nadie tiene que rendir cuentas por nada. Ahora, cuando la crisis económica nos sacude con fuerza, aparecen voces indignadas pidiendo que los máximos responsables del batacazo (políticos, empresas constructoras y banqueros) rindan cuentas. A buenas horas. Mientras vivíamos bien la mayoría, con cierta holgura económica, cualquier disparate político ha sido posible: la cuestión es que, pese a todo, la cosa rulaba (o parecía rular). La nevera estaba llena. Cuando ya todo se ha torcido, nos damos cuenta de que la práctica libérrima del todo vale y el imperio de la Opinión nos han llevado a la ruina.
      Neciamente convencidos de que todas las opiniones valen lo mismo y de que todas son respetables, hemos dejado medrar un estado político grotesco. Los que han detentado el poder en diferentes ámbitos públicos, no se han visto obligados a justificar sus opiniones, decisiones y actos. Ni políticos, ni banqueros, ni empresarios codiciosos, ni pedagogos logsianos se han visto obligados a demostrar públicamente la bondad o veracidad de sus afirmaciones. Y esto sólo ha sido posible porque la razón, las evidencias, la lógica y las pruebas, exigibles en cualquier sistema formal de pensamiento, han caído en gravísimo desuso, denostadas por un mal entendimiento de la democracia.
      La impunidad para el trasgresor compadece bien con un Estado de Opinión, mientras que es fuertemente repelido en un Estado de la Razón, donde, sencillamente, hay que demostrar y probar públicamente lo que se afirma (ni más ni menos que como ocurre en el mundo de la ciencia). Pero no, aquí el pedagogo de turno no se ha visto obligado a demostrar nada. Por eso mismo ha podido levantar un fabuloso castillo de sandeces y farfolla. El relativismo del todo vale nos ha traído estos lodos.
      ¿Qué he de hacer en lo sucesivo? Cuando no me guste lo que alguien diga por estos pagos, ¿por qué no me habré de dirigir a él con expresiones faltonas del tipo “hasta usted comprende esto”? ¿O por qué no diré esto o lo otro sólo por fastidiarlo? Entre la libertad del pedagogo logsiano para decir lo que le venga en gana y la libertad del visitante de estas páginas para hacer lo propio, no hay ninguna diferencia de sustancia. Tampoco con las prácticas injustificadas de políticos corruptos, banqueros-escualo o empresarios sin escrúpulos. Todo esto pertenece al macro-conjunto de quienes no tienen que rendir cuentas por dar su sacrosanta opinión.
      Menos mal que no estamos en una sociedad enferma.

      • Fernando
        19 octubre 2011 a 15:47 #

        “Cuando esperaba oír nuevas de tus descuidos e impertinencias,……………………, las oí de tus discreciones, de que di por ello gracias particulares al cielo, el cual del estiércol …..” No, no. Aquí no cuela. Ni siquiera escribiendo Yahveh donde he borrado Sancho Amigo convencería a nadie de que se trata de un texto hebreo. Es evidente, y hasta yo puedo saberlo, que corresponde al Quijote. Entrecomillo el párrafo y cambio de tercio.

        Leo emocionado sus palabras sobre la libertad de expresión, que comparto plenamente. Llegará el tiempo, no lo dude, en el que florecerá nuevamente algún sitema, no digo que haya de ser necesariamente la censura previa pero sí algo parecido, que ponga orden en el caos y acabe con el sacrosanto Estado de Opinión al que tan acertadamente, como siempre, usted se refiere. Hay paises que lo han conseguido (Cuba, China, Irán,Corea del Norte, etc.), preservando así las buenas costumbres del país y, sobre todo, el buen nombre de sus gobernantes. No perdamos, en consecuencia, la esperanza.

        Permítamente unas palabras en defensa, si no de todos, si al menos de algunos pedagogos. No porque yo lo sea, sino porque en mi trabajo he tenido ocasión de relacionarme con ellos y hasta son mis amigos (con perdón). Le sorprendería comprobar que tienen figura humana, inteligencia, sentimientos y realizan actividades más complejas que las que yo mismo – y usted ya conoce mi capacidad y dominio de múltiples lenguas– podría realizar.

        No todos son logsianos. Sin ir más lejos el de mi centro es asturiano. Ni todos son pedagogos de turno. El de mi centro es orientador fijo, nada de turno, tras haber superado con éxito sus oposiciones. Si usted lo conociera seguro que coincidiría conmigo, pues está muy lejos de mi intención dudar de su probada objetividad. Espero que el “amén acentuado” del que he dejado constancia haya zanjado nuestras antiguas diferencias. Reciba un cordial saludo tan sincero como el suyo.

        P.D. He pasado el corrector ortográfico y no se ha encendido ningúna luz ni ha sonado alarma acústica alguna. En cualuquer caso, me someto a su opinion para rectificar lo que proceda.

      • anele
        20 octubre 2011 a 1:02 #

        ¿Un mal entendimiento de la democracia? Puede añadir, sea lo que sea eso. Yo en cambio, creo que la hemos entendido muy bien. Así nos va.

      • 21 octubre 2011 a 11:06 #

        Le agradezco que usted se haya dignado dar sus razones. Algo es algo.
        Dice usted:
        “Llegará el tiempo, no lo dude, en el que florecerá nuevamente algún sitema, no digo que haya de ser necesariamente la censura previa pero sí algo parecido, que ponga orden en el caos y acabe con el sacrosanto Estado de Opinión al que tan acertadamente, como siempre, usted se refiere. Hay paises que lo han conseguido (Cuba, China, Irán,Corea del Norte, etc.), preservando así las buenas costumbres del país y, sobre todo, el buen nombre de sus gobernantes. No perdamos, en consecuencia, la esperanza.”
        Déjeme que le aclare algunas cosas. Una cosa es tener derecho de opinión y otra, muy distinta, tener derecho de ofensión. Por ejemplo, usted puede dar una opinión contraria a las mías, eso es lícito, pero a lo que usted no tiene derecho es a incluir una ofensa hacia mi persona en su opinión (me refiero, como usted podrá suponer, a cuando usted dijo: “por aquello tan difícil, pero que hasta usted conoce”). ¿Cree usted tener derecho a ponerme de tonto? Pues no, oiga, usted no tiene derecho a hacer tal cosa (y si lo hace, demuéstrelo). Por tanto, tal opinión suya, en la medida en que incluye una ofensión (o un intento), debe ser censurada o reprobada. O, si lo prefiere con otras palabras: usted debe ser llamado al orden para que no vuelva a repetir su intento de ofender. Si usted (o cualquier otra persona), no diera muestras de querer rectificar (y desde luego usted no lo ha hecho), usted, antes o después, debería ser expulsado de este sitio (o de cualquier otro del estilo). ¿Por qué? Porque aquí no queremos maleducados incorregibles que no distingan entre dar una opinión y querer ofender.

        Cree usted que la censura previa o algo parecido (supongo que la censura posterior al dicho o la acción) nos convertirá en un país parecido a Cuba, China, Irán… Tras la capa de fina ironía de sus palabras se deja ver que usted está en contra de la censura. Cuánto me alegro por usted. Le envidio profundamente, amigo. Yo, fíjese, encuentro infinidad de actos censurables que me hacen fruncir el ceño muchas veces al día. Me parecen censurables, por ejemplo, la pornografía infantil, el asesinato, el robo, la tortura, defecar en la calle, copular en el metro, la pornografía en horario infantil o accesible a niños, la extorsión, la estafa, la mentira, el cotilleo, la indecencia, la impudicia, etc., etc. Cómo envidio su enorme tolerancia hacia todas estas cosas, como envidio que a usted nada de todo esto le parezca censurable, digno de prohibirse y de ser perseguido por la ley o, cuando menos, moralmente afeado por la sociedad (por cada ciudadano de bien).

        O quizá usted se refería a que ninguna opinión debería ser objeto de censura, so pena de acabar siendo como China o Irán. ¿Está usted seguro de que todas las opiniones son respetables y que, por tanto, ninguna debe ser censurada? Porque ya sabe usted, en su condición de experto políglota, que censurar significa, entre otras cosas “corregir, reprobar o notar por malo algo”. Pero como usted no es amigo de reprobar ninguna opinión, usted no vería censurable la opinión, por ejemplo, de que la pornografía infantil es algo magnífico. Ni le parecerá reprobable la opinión de que las personas negras deben ser explotadas en el trabajo, ni la opinión de que los niños del tercer mundo deben ser explotados laboralmente, o la opinión de que el holocausto nazi no existió jamás, etc. Todas estas opiniones existen en el mundo, señor mío, y a usted no le parecen merecedoras de reprobación, de censura. Sin duda, es usted un gran virtuoso de la tolerancia progre.

        ¡Qué bien estaríamos sin censura de ningún tipo! ¡Cuánto mejor nos luciríamos el pelo si nada de todo lo anterior y muchas más cosas de ese jaez fueran objeto de censura, reprobación, prohibición y punición! Llegará el día, ya muy próximo, en que gracias a Tolerantes como usted, la Libertad de Expresión alcance su más alto grado de perfección. Ese día, el pornógrafo infantil, el torturador, el ladrón o el racista podrán expresar su opinión pública y libremente, incluso con orgullo, sin temor a que nadie les afee el gusto, le repruebe por ello o, incluso, les prohíban seguir expresándose libremente. Claro que sí, todas las opiniones son respetables, cómo no. Ese día, los Represores como yo o como Maximiliano ya no podremos quejarnos de que el dueño salvaje de un perro salvaje utilice al animal para ir dando sustos a la gente, ni podremos quejarnos de mil cosas similares. En realidad, ese día, tan glorioso y pletórico de tolerancia y libertad, ya está aquí en gran medida, motivo que aprovecho para felicitarle, señor Fernando.
        Sí, ya estamos en ese día en que enciendes la televisión y te encuentras:

        – Glorificado al analfabeto más chabacano, (http://www.youtube.com/watch?v=I910KIUDAuE)
        – ensalzado al parásito, (http://www.youtube.com/watch?v=dGdJiOgmfRw)
        – encumbrado al drogadicto (al protagonista de la hazaña le pagan algunas discotecas para que asista a ella. (shttp://www.youtube.com/results?search_query=toma+lacasitos&aq=f)
        – sublimada la prostituta de lujo o el prostituto de postín (http://www.youtube.com/watch?v=yAOqzZiJBK8) (http://www.youtube.com/watch?v=NANOBN-9yj4).
        – o engrandecido quien no tiene más mérito que ser homosexual y odioso alcahuete: Jesús Vázquez, Jorge Javier Vázquez, Jordi González, Jaime Cantizano, Maxim Huertas, Luis Rollán, Santi Villas, Jesús Mariñas, etc.

        La lista completa de encumbramientos bochornosos es demasiado larga como para osar exponerla aquí. Enhorabuena, caballero Fernando: ésta es la sociedad sanísima, libérrima y ajena a toda censura que usted parece desear.

        Contra su opinión, Fernando, lo cierto es que no hay sociedad que se pretenda civilizada que no censure opiniones o conductas de diferentes maneras y en diferentes grados: desde el mero afeamiento verbal, el reproche moral o, en casos graves, la reclusión carcelaria. Las leyes civiles y penales establecen qué es aceptable, loable o punible (otra cosa es que haya leyes perversas). Y ninguna institución eficaz permite la libertad de expresión en su seno. En un congreso de medicina oncológica los ponentes son médicos y, de antemano, la opinión del chamán está vedada, censurada de antemano (para horror y escandalo de usted, supongo). En una escuela sensata, la opinión del alumno sobre cuestiones académicas ni importa ni aporta nada de valor (salvo en caso extremadamente excepcionales). El alumno, en clase, no tiene libertad, ni debe tenerla, para expresarse cuándo y cómo desee, sino que habrá de ser el maestro el que conceda el uso de la palabra, la apruebe o la deniegue.

        Por lo demás, incluso las opiniones que no son ofensivas pero sí manifiestamente falsas, deben ser, cuando menos, corregidas y controladas, en especial cuando son dichas delante de menores. Así, por ejemplo, ningún maestro debe ser libre para transmitir a sus alumnos que 2 y 2 son 8, ni (ejemplo más realista) enseñar una versión creacionista del mundo o el universo (ésa puede ser su opinión, pero no es respetable que la quiera enseñar a los niños).

        Teme usted, Fernando, que una sociedad en que se practique la censura termine siendo como China o Cuba. Pues no, estos regímenes que usted censura (y yo también) no son reprobables porque empleen la censura estatal, sino porque censuran opiniones e ideas que no merecen ser censuradas. Lo que yo he propuesto es que todos los ciudadanos de un país civilizado (en especial quienes tienen poder político o financiero) deberán probar públicamente (luz y taquígrafos) la bondad de sus afirmaciones, opiniones, dogmas, credos o teorías. Cuando la razón y la experiencia los contradigan, las ideas defendidas deberán desecharse y, llegado el caso, pedir responsabilidades a quienes las propusieron o impusieron. Y esto, es decir, probar la bondad de las afirmaciones y rendir cuentas ante la sociedad, son formas de controlar la democracia y de mantenerla sana. Porque, oiga, usted me dirá cuándo un talibán ha probado públicamente la veracidad de sus creencias. Usted me dirá cuando los mandatarios de los regímenes comunistas han probado públicamente la bondad de sus credos. Nunca jamás. Así que, allá donde usted ve un peligro para la democracia, yo veo justamente lo contrario: veo la garantía de la democracia.

        Por último, podría usted explicarme cómo es posible que usted, que cree que todas las opiniones son respetables y ninguna merecedora de censura, cómo es posible, digo, que usted no respete mis opiniones y por qué trata usted de ofenderme o mofarse de mi persona y mis opiniones. Se ve que no practica con el ejemplo. Porque, señor mío, si todas las opiniones son respetables para usted, también las mías lo deberían ser. Haría usted bien en revisar el corrector ortográfico de su ordenador y su sistema lógico.
        Posdata: permítame decirle a usted que jamás he creído que todos los pedagogos sean logsianos, ni tal he dicho. De hecho, he argumentado en estas páginas a favor de una pedagogía realmente científica (otra cosa es que yo esté equivocado). Inger Enkvist o Penalva se declaran pedagogos, pero, desde luego, tienen muy poco de logsianos.
        Buenas tardes a todos.

  13. 19 octubre 2011 a 9:35 #

    Muchas gracias por vuestros comentarios. Cristina, estoy totalmente de acuerdo contigo, yo decía que en España se idolatra al niño, pero sólo de boquilla, para permitirle todo y acabar criando a un delincuente mimado por atracones de sentimiento de culpa. Evidentemente, España es uno de los sitios de Europa con una infancia más miserable: esos niñitos de tres meses de que hablas estabulados en guarderías, y más y más. Coincido con Raus y con Jesús en que esta crisis es mucho más que económica, es el fin de un mundo y de una época. Y con Billy en que esto no lo arregla ni unos votos ni unas manifestaciones con malabares y tamborileros. ¿Qué lo arreglará? No lo digo para que no se me acuse de cosas malas. Arreglo como tal no creo que tenga, pero habrá cambios, traumáticos y con violencia, como son los cambios de verdad.
    Bodoque, no me mientes a Sartre. Claro que es menester un médico, un cirujano, un matarife… Si miramos la Historia, yo tiro más por el lado de Cromwell o de Mustafá Kemal. Creo que se me entiende.

  14. El pobrecito profesor
    19 octubre 2011 a 17:33 #

    Hoy, indagando en mi tercero donde nadie lee a pesar de llevarles los libros de la biblioteca porque no les sale traérselos de casa, el tema del día era la pelea prevista para después de las clases -“con lo que pillaran”- entre dos grupos de amigos de varios cursos por cuestiones del fútbol…
    Y eso que mi centro es coeducativo, inclusivo, apuntado al programa por la paz y la no violencia, y todos los programas que se puedan imaginar creados por ese entramado transversal capaz de hacer imposible enseñar matemáticas, lengua, literatura, ciencias, música, historia, tecnologías…

  15. Fernando
    20 octubre 2011 a 9:11 #

    ¿Quién le iba a decir a usted, pobrecito profesor, que hacía oposiciones, no para enseñar sino para cooeducar, incluir, pacificar, antiviolentar,…?, porque es justamente por esto por lo que los centros de “enseñanza” se multidisfrazan, mutan, renacen, perecen, inventan, yerran, ignoran… Pero no se quede en la superficie. Seguro que en su centro, como en el mios, han surgido los servidores “desinteresados de tanta intoxicación. Coordinadores de…, expertos e…, que durante tiempo han venido quejándose de la cojera del centro y de la necesid de dotarlo de muletas que le permita alcanzar la perfección educativa máxima también conocida como educación integral. Allí aparecieron ellos para sacrificarse en aras de esta finalidad última y ultimadora del proceso educativo. No conozco los conocimientos que tan delicadas tareas requieren, pues yo solamente puedo ofrecer eso a lo que usted se refiere: enseñar una de las las marginales materias tradicionales que todavía se imparte:lengua, matemáticas,…y otras antiguallas . Sé, eso sí, por observación directa, que estos programas estrella deben estar en manos de profesores muy inteligentes y y sobre todo reflexivos, de ahí la necesidad de que las generosas reducciones horarias que se les otorgan, aparte de la subvención, las tengan que realizar en la fria soledad de su casa. Mi experto en igualdad así emplea las cinco horas de reducción que la dirección del centro le asignó al comenzar el curso. ¿Dudar de su honorabilidad en la dedicación? A nadie, absolutamente a ninguo de mis compañeros le pasa por la cabeza. En fin, le dejo con su decepción pues otro experto nos ha pedido colabolación en la preparación de la tradicional festividad española del dia dé Halloween y tendré que interrumpiur mañana mi clase para no caer en falta.

  16. El pobrecito profesor
    20 octubre 2011 a 16:08 #

    Fernando, mañana mismo tienen actividades y charlas sobre “Una correcta alimentación”, o “Por una Alimentación saludable” -ya no leo ni los carteles bien- desde el recreo hasta el final de las clases los de primero de bachillerato -la semana pasada fueron los de cuarto-.
    Las prepara la responsable de actividades extraescolares junto con vicedirección -ambos los mismos desde hace lustros- con sus correspondientes reducciones horarias -y sus viajes fin de curso: el curso pasado a Italia la bella, con menos de 20 alumnos elegidos. Cuentan que se lo pasaron la mar de bien-.
    Su mayor problema parece ser que este año han reducido el dinero, y andan buscando como locos colaboradores gratuitos…Por lo visto, no encuentran a nadie.

    • Fernando
      21 octubre 2011 a 10:11 #

      ¿ Les han impartido ya las charlas divulgativas sobre “sexo seguro”? A nosotros nos toca al final del trimestre, pero ya he visto por los pasillos al experto externo, un médico en paro simpático y con gafas redondas que viene todos los años con su cargamento de preservativos y plastilina. ¿Para qué la plastilina?. Las sesiones suelen terminar con la elaborción por los alumnos/as de penes y vaginas, artificiales naturalmente, pero que los alumnos suelen hacer ya con gran perfección. Son de lo más interesantes las sesiones según me cuenta la mayoría de compañeros/as que asisten a las reuniones para cuidar del orden entre los alumnos como corresponde a un acto académico de tanta relevancia: ya sabe usted, las risitas, insinuaciones, etc. Pues la función del profesorado es justamente evitarlas mientra habla el gran gran gurú..Se imparten cuando dice el experto, a la hora que el experto decide y están patrocinadas y costeadas por el ayuntamiento. El centro se limita a “tener un detalle” de agradecimiento, faltaría más, con este personaje que ya es como de la familia.

  17. Ania
    20 octubre 2011 a 16:19 #

    Un gallinero es ésto Maximiliano, un gallinero, vaya que sí. Lo has descrito tal cual es.

    Cuando le dices a Cristina que en este gallinero se idolatra al niño “de boquilla” porque lo que se hace es estropearlo y maliciarlo vuelves a acertar. Así son los institutos y así se comporta y educa la gran parte de las familias y vecindades españolas: puñaladas y maltratos varios entre adultos y atenciones desmesuradas a los niños…Los niños son los principes y princesas idolatrados-alegría del hogar , mientras se dejan lucir y mangonear de aquí para allá . Luego ocurre que empiezan a crecer y rebelarse y a hacerse adultos. En ese momento la abuelita, la tía y ese familiar que le idolatraba le empieza a ignorar, a criticar, a renegar de él y a maltratar al adulto en ciernes para evitar que llegue a hacerlo, -esto , a pesar de estarlo perpetrando en serie, no encontrarás a ni Dios que lo reconozca-“con lo que yo quiero a mis hijos, nietos, sobrinos, etc…” PERO HACER LO HACEN… y a lo bestia-.

    El niño aturdido se niega a crecer, se niega a dejar de ser el objeto central de afecto y atención; empieza a hacer el gamberro, a quedarse embarazada adolescente, a comportarse ilógica y extrañamente :no le interesa hacerte mayor, maldita sea,… y hace bién. :¿Qué coño haríamos la mayoría de nosotros en su caso?

    Maldita sociedad esquizofrénica.

    • 20 octubre 2011 a 16:28 #

      Una vez dije que los cuidábamos hasta los diecisiete años y trescientos sesenta y cuatro días entre algodones llamándolos “menores”, y el día trescientos sesenta y cinco ya no teníamos el mayor reparo en meterlos treinta años en Alcalá-Meco con todas las de la Ley. ¡Somos cojonudos!

    • Cristina
      20 octubre 2011 a 22:18 #

      Bueno, yo no creo que haya atenciones desmesuradas a los niños. Por el contrario, creo que normalmente se les hace muy poco caso. No hay más que ver el tiempo que pasan los menores en las guarderías, en los colegios o solos delante de la tele. De hecho, en cierto modo, en España hasta se podría hablar de abandono generalizado. Después, es verdad, que la falta de atención se intenta compensar con dinero o con una libertad mal entendida.

      • 21 octubre 2011 a 14:09 #

        No, es que yo no estoy hablando de sus padres. Esos no les hacen ni el maldito caso. Yo estoy hablando de quienes están con ellos realmente. Los que les tratan como si fueran rosas de pitiminí. Sus maestros y profesores.

  18. Jesús San Martín
    21 octubre 2011 a 9:35 #

    Las dos afirmaciones son ciertas. Están desatendidos emocionalmente (se les aparca en la guardería y se les manda a campamentos para que no molesten) y se les consiente todo por el sentimiento de culpa derivado de la primera acción. Pero como se está diciendo en otros comentarios, ha llegado la hora de recoger la cosecha. Yo me daría con un canto en los dientes si, como dice Pablo, sólo nos saliera un Berlusconi. Los impuestos subiendo, los salarios bajando, el paro subiendo y la gentuza con mayordomos y subiéndose el sueldo y chupando de la teta que se recarga con nuestra sangre. La gente se “encabronará”. La sociedad es de blanco o negro. Cuando llueva, lloverá a lo grande.

  19. El pobrecito profesor
    21 octubre 2011 a 19:13 #

    Lo que pasa es que la guardería sigue hasta más allá de los 16 años.
    Caso real: esta mañana oigo a una alumna de 16 años de tercero, que ya no trae ni los libros, que su madre no quiere ni una expulsión más o la corre a golpes, que ella aprovecha mientras está en la escuela -parece que no se enteró que ya viene al instituto- para fregar y hacer la comida tranquila en casa.
    ¿Cuándo piensan ocuparse un poco de los hijos algunos padres?

    • Jesús San Martín
      21 octubre 2011 a 20:11 #

      La guardería está ahora en la universidad. El comportamiento infantil es alucinante, no sólo hablan en clase, escuchan el mp3 o se mandan mensajes, es que ha habido que cerrar el área de descanso “por mal comportamiento”. Comentándolo, una amiga me contó la anécdota que le narró su hija: durante la caída (creo que de BlacBerry) los alumnos atendían en la clase del instituto porque no se distraían mandando mensajes.
      En realidad cerrar el área de descanso es cobardía. A quien no respete las normas se le expedienta, el resto de gamberros se comportan y los demás pueden utilizar la zona de esparcimiento. La culpa no es de ellos, es de quien teniendo autoridad para limitar los desórdenes no la emplea.

    • Ania
      22 octubre 2011 a 14:44 #

      ¿Y porqué las inspecciones y Direcciones de los institutos no se emplean a fondo en apartar de la enseñanza secundaria a los que han cumplido 16 años y , ni cumplen las normas ni dan un palo al agua?

      ¿Porqué tanto celo en exigirnos papeleos estúpidos, jornadas exhaustivas y cursillos inoperantes y tanto boicoteo y desidia en obligarnos a hacer el papeleo operativo que nos permitiría librar al instituto de esos alumnos que tanto molestan a todo el que quiere trabajar?

      Que yo sepa la ley ya es bastante mala al obligarnos a tenerlos hasta los 16. Lo que no tiene ni pies ni cabeza es que sigan estando a los 18. No podemos culpar a la ley. Tenemos la culpa nosotros y nuestras direcciones. No se puede consentir tener a unos inútiles jodiendo a todo dios en el instituto , partir de los 16 hasta después de los 18 , sólo para que papá y mamá sepan que están recogidos y “no estén en la calle” haciendo picias y/o drogándose

      Pues no creo yo que compense pues el que está de drogarse llega a clase colocado y refuerza la dosis en el recreo, en el comedor ,etc…que es una vergüenza: ¡Ah , claro que estamos para que en lugar de fumarse al día siete porros las criaturas se corten un pelín y se fumen sólo cuatro o cinco! : ¡Que gran labor social hacemos! . Si es que para éso hemos estudiado y opositado : para hacer de Narconon , de cárcel preventiva y/o de guardería ursulina de caridad. Lo mismo servimos para un roto que para un descosido: ¡Somos la leche!

      • Luzroja
        23 octubre 2011 a 9:31 #

        Ania, en relación con el para qué estamos los maestros y los profesores que tú describes en tu escrito, hoy en la Ser, la locutora, a tenor del reciente premio Principe de Asturias otorgado, en Ciencias Sociales, al psicólogo estadounidense Howard Gardner, por su teoría de las inteligencias múltiples, la locutora, digo, ha sacado la siguiente conclusión: los profesores en lugar de enseñar meros conocimientos, deberán descubrir la inteligencia particular de sus alumnos.

        Así que Ania, olvídate de lo que sabes, y además de pastorear al rebaño, deberás descubrir la inteligencia particular que cada oveja tiene. Según Gardner, todos tenemos alguna o varias de las ocho inteligencias por él descritas (aunque por lo visto están saliendo algunas más)

        Y para ilustrar toda esta nueva “dimensión” en la que debemos convertirnos, me atrevo a copiar lo que decía la propuesta para una ley de Educación para Aragón respecto a la formación del profesor.

        Párrafo quinto del punto 3.1.2 (De la propuesta)

        “Para este cambio continuo necesitamos un profesorado altamente cualificado y con complejas competencias profesionales, entendidas como un conjunto integrado de conocimientos, capacidades y actitudes relacionadas con: el dominio específico de su área de conocimiento, la organización de la institución escolar y el diseño curricular, las características evolutivas de la infancia y la adolescencia, la comunicación interpersonal y la resolución pacífica de conflictos. A ello hay que añadir otras competencias no menos importantes como el dominio lingüístico y de las tecnologías de la información y la comunicación, el trabajo de colaboración y en equipo, los valores de una sociedad multicultural y el propio aprendizaje como un continuo para la adaptación a los rápidos cambios del conocimiento, sociales y tecnológicos”.

  20. Ania
    22 octubre 2011 a 15:04 #

    Y , lo que es más triste todavía: las Direcciones e inspecciones cuando intervienen es , las más de las veces , para hacérselo pasar mál al profesor de turno y para disculpar y dar la razón al “ilegal” de turno( ( al pestiño disruptivo mayor de 16 y a sus sacrosantos progenitores , muchos de ellos acosadores en serie de profesores-y hacen bién si bién les sale-…Ya que nuestras directivas les vienen permitiendo hacerlo.

  21. Ania
    23 octubre 2011 a 14:44 #

    Bueno, Luz Roja,

    Todo el último párrafo que transcribes me temo que nos resulta -estúpidamente- familiar a los profesores de todas las comunidades afectadas por la LOE. No sólo tenemos que saber nuestras materias sino hebreo, arameo, sánscrito y todos los mantras que dicha ley nos ha adjudicado.

    En cuanto a la aplicación práctica de las teorías sobre las inteligencias múltiples al aparato educativo, si se llegara a llevar a la práctica , supongo que los maestros seríais los primeros afectados por el cambio y , para cuando llegaran a Secundaria, nos los mandaríais ya bien seleccionados y perfectamente clasificados por “tipos de inteligencias”. Los de Secundaria podríamos estar tranquilos porque los del los CEP y los de las editoriales estarían como acostumbran al quite para vendernos a todos los materiales adecuados para cada caso.

    Nada que , si vienen mal tipificados, será vuestra culpa. En fin Luz, que vamos a tener que volver a nacer para que puedan vender a gusto tanta moto. Que no estamos ya para estos trotes.

    Confieso que el libro me intriga y me parece interesante aunque me temo que podría prescindirse de la locutora pedagoga.

    Un saludo afectuoso.

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