Chorizos a la madrileña

Gracias por dar pie a la reflexión, Pablo, con un artículo tan brillante. Suscribo todo lo que dices y vamos a seguir tirando del hilo un poco, si me permites que añada unas pequeñas consideraciones a tu artículo.

La situación es la siguiente: la enseñanza privada en Madrid acoge al 46% de los alumnos de la Comunidad, escolarizando la privada-privada el 20% de los alumnos, siendo superada tan sólo Madrid por el País Vasco, donde la privada atiende al (¡tachán!) 49,9% de la población, aunque lo concierta todo, pues sólo un pequeñísimo porcentaje, al igual que en Navarra, rehúye el chollo. Esto significa que las movilizaciones en Madrid atañen a poco más de la mitad de la población escolarizada en edades de enseñanza obligatoria. O sea, que a poco menos de la mitad la huelga, desde el primer momento, se la pela, cuando menos.

Sigamos con la cifras. La enseñanza pública escolariza al 76,7 % de la población inmigrante, la privada-concertada al 17,6% y la privada-privada al 5,8%. ¿Cómo logra esto la concertada? Muy fácil, con el beneplácito de la Administración, la vista gorda de la Inspección y la aquiescencia de los padres. Lo explica muy bien Carlos María Casado en esta entrada. No hay que olvidar que una mayoría muy ostensible de la población de Madrid lleva votando a doña Esperanza y riéndole sus malditas gracias un montón de tiempo. Lo cual quiere decir que el 20% de un poco más de la mitad de los estudiantes madrileños son inmigrantes escolarizados en la pública (en Madrid el 13, 6% de los escolarizados es población inmigrante). Y esto no quiere decir nada desde el punto de vista docente. En teoría, y como se espera de nosotros, los profesores de la pública, podemos atender a todos los alumnos y muchos inmigrantes son excelentes estudiantes. Pero, aun así, sí implica algo preocupante: como bien sabemos, la población inmigrante no se moviliza contra el Estado español, por muchas razones. Y esto significa que del 54% al que le podías llegar al alma, una parte más o menos del 20% no sabe, no contesta. Te quedas con un 43%. (Inciso: durante la huelga llegó al Instituto una mamá ecuatoriana preguntando si se hacía huelga –el miércoles– y si le iban a poner falta a su hijo si no venía a clase. El conserje le inquirió por el grupo en que estaba su hijo. –En primero de bachillerato, contestó-. Así de fácil).

Ahora quita, de este cuarenta y poco, muchos de los escolarizados en la básica pública. A estos también se la pela lo que nos pase en los Institutos. Es más, algunos nos detestan con todas sus fuerzas, los padres porque piensan que somos unos “vándalos comeninios”, y los maestros porque no temen declarar que no sabemos “tratar a los alumnos” y que “deberíamos currar como ellos, con vocación y a jornada completa”. No hay más que ver los Foros de pedagogos aúlicos o leer a personajes como el tal Alonxo, si logra uno entender algo entre tanta maraña.

Podemos estar hablando de la mitad de los alumnos con los que contábamos antes. Esto es, algo así como el 21,5 %. Más o menos, este es el porcentaje de alumnos, en el mejor de los casos, que puede sentir un poco de preocupación por lo que aquí nos pasa en la Taifa de Madrid a propósito de la enseñanza secundaria pública, y que puede ser que tenga a alguien que se preocupe. Los datos, si alguien quiere cotejarlos, me los ha proporcionado el propio Ministerio.

Digamos que la cosa no les afecta a tantos como se podía pensar. Doña Espe se ha ganado tan exiguo porcentaje golpe a golpe, reglamento a reglamento. Y a ella, ¿qué le va en esto? ¿Se trata de una intención privatizadora voraz movida por un afán de lucro desmedido, como piensan los llamados a sí mismos “progresistas”? ¿O tal vez una efusión contumaz de apertura de mercados y opciones para los emprendedores patrios de la enseñanza, cual proclaman los que se autodenominan adalides del “liberalismo” y devotos de san Milton Friedman (por ejemplo, echad un vistazo a esto que da mucha risa).

Que no entienda nadie que no respeto a los que hacen profesión de fe “progresista” o a los que creen por encima de todo en la “libertad de mercado”. Me parecen respetabilísimos en sus convicciones, tanto como los que confían en el advenimiento de la segunda venida de Cristo o en el paraíso comunista gracias a la dictadura del proletariado. Lo que me molesta es que intenten aplicarles tales términos a la política de doña Espe, o que se emocionen demostrando su cercanía librepensante a tan altas y libertarias miras. No. La política de nuestra bienamada presidenta es muchísimo más macarra. No admite parangón.

Me explico. Estamos ante una de las evoluciones del paternalismo franquista. El Estado, esto es, el partido, lo controla todo y lo provee todo. Si tienes que llevar a tu hijo a una institución supuestamente educativa porque le ha llegado la edad, y no te importa o no se te ocurre llevarlo a otro sitio más que al instituto del barrio, el Estado te pone un instituto. Si no quieres porque vete tú a saber qué, por ejemplo, porque hay poco nivel y está lleno de inmigrantes (esto lo puedes oír perfectamente en un Tribunal, doy fe), o porque no puedes atender al niño de las pelotas y necesitas que te lo cuiden hasta por lo menos los dieciocho años, pues el Estado te paga el colegio concertado de la Hijas del Perpetuo Socorro, que mola mazo, y encantados todos de la vida. La enseñanza en ambos es idéntica, porque el Estado se ha encargado de que todos comulguen con la misma mierda de Ley. Se confunden los que se creen que luchan contra la “privatización” de la enseñanza en Madrid. Nunca ha estado tan estatalizada. Y se equivocan como para jartarse a reír los que afirman que se trata de una pretensión “neoliberal”, para bien o para mal, según lo consideren. Aquí no hay sociedad civil. Todos acatan las mismas patrañas y sirven al mismo amo. Los supuestos empresarios que habrían de oponer su iniciativa a la directriz política constituyen curiosamente un poder tan estatal y clientelar como los propios partidos que dominan el poder público. Porque ese empresario orgánico resulta ser la Iglesia. (Repárese en el concepto de “empresario orgánico”, tipo Florentino Pérez o Rouco Varela, crucial noción para entender lo que aquí estamos tratando. Se podría decir que existen en todos los países, con especial raigambre en las Repúblicas bananeras. Y sí, existen por todos los lados. Lo que pasa es que aquí, en Hispanistán, no conocemos otro tipo.)

Téngase por tanto en cuenta que la presunta “libertad de elección de Centro” que esgrimen ciertos colectivos libertarios como derecho inalienable santificado en la Constitución significa bien poco cuando resulta que el poder político, sea del signo que sea, en el Estado central a su rollo y en las Autonomías a su bola, ha logrado eliminar cualquier iniciativa que pretendiese proponer una opción diferente e independiente, y somete todas las elecciones al estrecho imperio de su Ley (la misma para todos por los siglos de los siglos, porque en lo básico todos los partidos políticos llevan de acuerdo en esto una porrá de años, ajenos al desaliento, impasible el ademán).

Las diferencias entre los Centros no estriban en sus propuestas de enseñanza, sino en factores externos, colaterales. Al fin y al cabo, tan mediocres son los unos como los otros, como cantan los resultados, y que la elección para evitar la pública tenga que recaer sobre las ya mencionadas Hermanitas del Perpetuo Socorro, por ejemplo, pone de manifiesto la cutre, triste y casposa oferta que se le propone al pobre padre de familia que quiere ver a sus retoños alejados de las hordas moras o calés. De cualquier manera, al padre preocupado le trae al fresco que lo que le ofrezcan sea un timo manifiesto, porque a él le interesan otras cosas (el mantenimiento de una posición social, la despreocupación, el que le quiten de encima al bicho el mayor tiempo posible para poder seguir echando horas inútiles en la oficina, las relaciones públicas), y estará incluso encantado de pagar de más lo que sea necesario si también se le ofrece transporte, comedor, extraescolares, fiesta de la fundadora del Perpetuo Socorro, viaje a Roma y verano entero en Irlanda. Que los privados mantengan una diferencia en Selectividad de cuatro puntos entre lo que los alumnos sacan y las notas del bachillerato, esto es, que les inflen el expediente con un descaro digno de luz y taquígrafos, que su enseñanza sea un trola manifiesta, eso le da igual, porque al fin y al cabo, el de las Hermanitas del Perpetuo Socorro, como todo el mundo sabe “siempre ha sido un buen colegio”.

Por supuesto que para beneficiar a unos y a otros, al usuario del servicio y al empresario orgánico, el poder político hará la vista gorda cuando sea necesario. No importa, todo quisque está de acuerdo. Ocurre en la privada y en la pública. Para que prosperen ciertos inventos de la pública que tienen su peculiar demanda (el bilingüismo, el bachillerato internacional, el reciente bachillerato de excelencia –¡joder, como el Caudillo!–, la conversión de los centros en guarderías de alta seguridad), el poder político no tiene ningún inconveniente en ponerse silbando mirando a Soria, y para que los padres de la privada puedan estar contentos en lo colateral, pues se le dice a la Inspección, que como si oyese llover, que ni controlar matrículas, ni notas, ni escolarización, ni capacitación del profesorado, ni nada que pueda sentar mal al padre preocupado y libertario digital o a la empresa clientelar en la que ya estudió también el abuelito –en esa época valía una pasta, como le ocurría al Pilar, pero ahora es casi gratis, ¡¡¡¡¡biennnnnn!!!!–. Sabemos que quien hace la Ley hace la trampa. Y aquí en esto de la Ley, pssst, pero en lo de la trampa somos la hostia.

Y entonces el lector atento pensará: –¿por qué el poder político, y en lo que ahora nos atañe, la señora Aguirre, mantiene este engaño día tras día, por qué no muestra ni el mínimo decoro con la población que encantada acude solícita a las urnas para votarle en lugar de ciscarse en la urna, por qué no tiene ni siquiera ya no un amor por lo común, que sería mucho pedir, sino el suficiente amor propio como para poder acostarse diciendo: –¡qué pedazo de colegios regento!, aunque sólo fuera por los privados? Simplemente porque la clase media de Madrid le importa un bledo, ya sea libertaria digital o progresista alonxiana. La clase media, pasado a mejor vida el trabajo industrial en el que encontraba su fuerza, «no es más que carne de cañón del estrés laboral y de una carrera constantemente amenazada por la precariedad» de la que sólo parecen salvarse los funcionarios, un «resto arqueológico que por motivos de estabilidad política se mantiene como realidad para unos pocos» y que

en claro retroceso salarial frente al segmento de los supersalariados, son más bien un trapo que neoliberales y políticos agitan de cuando en cuando, ya sea como refugio en la selva de la incertidumbre laboral, ya como diana de las iras sociales contra su supuesto privilegio y su proverbial ineficacia burocrática.

No me voy a poner aquí a desarrollar estas ideas porque no quiero abusar de la paciencia del lector, pero se pueden seguir bien argumentadas en el libro desde el que las cito, el Manifiesto por Madrid del Observatorio Metropolitano.

¿Y al padre de clase media, honesto varón o encomiable mujer, sea proclive a la guardería de alta seguridad o a la guardería pía, no le importa que al político que cuida de él y de sus hijos no le importe ni un carajo ni él ni la enseñanza de sus hijos? Pues, por lo visto, no.

Un saludo, Pablo, y ahora a la espera de que, como en otras ocasiones, a los profesores los sindicatos les vuelvan a vender por su cochino plato de lentejas.

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas, Diagnósticos

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14 comentarios en “Chorizos a la madrileña”

  1. 29 septiembre 2011 a 15:33 #

    Muy buen análisis, Antonio. Un placer leerlo y tremendamente lúcido. Un saludo.

  2. Francisco Javier
    29 septiembre 2011 a 16:09 #

    Los directores de IES de Madrid reunidos y en acuerdo mayoritario han redactado este comunicado, que se leerá ante los medios de comunicación:

    http://www.adimad.org/2011/09/comunicado-aprobado-por-la-asamblea-general-de-adimad/

    http://www.adimad.org/wp-content/uploads/2011/09/escrito_asamblea_28092011_definitivo.pdf

    Un saludo.

  3. Calíope
    29 septiembre 2011 a 23:11 #

    Estimado compañero: Gracias por tu artículo.
    Solo una cuestión que quiero comentarte. Soy maestra de escuela y nada más lejos de la realidad la visión que das de los maestros. Para nada opino que los profesores de secundaria no sepáis tratar a los alumnos, ni que nosotros lo hagamos mejor o peor. Más bien pienso que vuestra situación es muy peor y más difícil que la nuestra (con tener la nuestra lo suyo, esto es, considerarnos algo así como un cuida-niños o poco más).

    Tampoco pienso que tengamos más vocación ni nada parecido, cada uno está donde está y tiene su función, tan admirable una como otra. En absoluto pienso que trabajemos más por tener más horas lectivas tampoco. Simplificar que el trabajo de un docente son las horas lectivas es mentira simplemente (en cualquier nivel educativo) además de servir para desprestigiar al profesor y encanallar al personal contra él (por si no ocurría ya antes).

    Conozco un poco de la situación de algunos institutos por referencias de profesores amigos y os admiro enormemente, de la misma forma en la que admiro a mis compañeros maestros. Sencillamente nosotros somos los primeros docentes y, en cierta medida, de lo que hagamos nosotros veréis vosotros los resultados. Es igual, los dos estamos en lo mismo, y siempre me pareció absurda esta división entre la escuela y el instituto, este cierto ‘pique’ entre ambos cuerpos. Un buen número de maestros también somos licenciados y algunos hasta estamos haciendo una tesis doctoral (si me disculpas decir esto) pero, por azares de la vida, estamos entre alumnos de otras edades.

    Me preocupa lo que está pasando con vosotros ahora, siento si no hacemos más los maestros para ayudaros, pero te aseguro que esto forma parte de nuestra lucha igual que la vuestra. Finalmente, puedo decirte que, de los maestros que me rodean, casi todos opinan lo mismo. Gracias por leerme. Saludos

    • 30 septiembre 2011 a 15:21 #

      Gracias por tu comentario, Calíope. Y por tu apoyo. Un cordial saludo.

  4. Calíope
    29 septiembre 2011 a 23:16 #

    Que vuestra situación es mucho peor, corrijo. Conozco un poco la situación, corrijo.
    Perdón por los errores, he escrito sin revisarlo.
    Gracias.

  5. Calíope
    1 octubre 2011 a 0:24 #

    Gracias a tí por tus estupendas reflexiones. Es un placer leerte. Otro cordial saludo.

  6. 1 octubre 2011 a 10:19 #

    Bueno, como ya dije, estimado tocayo, brillante el artículo de Pablo y brillante este tuyo. Eso sí, me parece que los chorizos que aquí nos presentas son incomibles y extremadamente indigestos (incluso sin hincarles el diente).
    Saludos.

  7. 1 octubre 2011 a 10:50 #

    Sinceramente, señor articulista, no esperaba ni mucho menos alusiones a mi persona en tan excelente comentario. ¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
    No obstante, observo con deleite y hasta con euforia que sus calificativos, o mejor, “descalificativos”, no son ni rastro de lo que eran, lo que celebro enormemente. Porque hablar de un “tal Alonso” o “progresía alonxiana”, como todos advertirán, no tiene nada que ver con aquello de “una cierta cantidad de cretinos han entrado al trapo de su última sandez de modo tan neurasténico.” Ni de lejos.
    O aquello otro, en ese caso más dirigido a la diana que tanto parece incomodarle y que solo falta que nos diga por qué: “Estamos perdiendo el tiempo en discusiones inútiles con obnubilados como Alonso”. No parece que en seis largos meses, vacaciones incluidas, no haya sido capaz de abstraerse de lo que tanto le perturba, sino que vuelve y “re-vuelve” (por la reiteración en su comentario) a tropezar con la misma piedra.
    Le remito de igual modo a aquello de:” Ruego a los colegas de Deseducativos que intenten no hacerles ni caso”, que en román paladino sería: “Consejos tengo que para mí no quiero”. Por si fuera poco, y mucho tiempo antes de las citas señaladas, ya demandaba la no-atención del resto de “foreros”, y lo hacía de este modo: “Yo creo que ha llegado el momento de hacer como si no existiera.” ¿Alguien lo entiende?
    En fin, la hemeroteca es un pozo sin fondo, pero no vamos a ahondar en un asunto que se revela, como vemos, paradójico. Fíjese que solo remitimos aquellas referencias que evidencian ese extraño comportamiento, decir una cosa y hacer la contraria. Obviamos, como decía, calificativos y “descalificativos” que por sí mismos dan muestra de quien se encuentra detrás de ellos, lo que nos evita la tarea.
    Gracias, en todo caso, por esa magnífica evolución desde el insulto puro y duro a las moderadas calificaciones que presenta en su artículo.
    Por mi parte, sí que le prestaré la atención que considere, sí que responderé a sus escritos cuando crea conveniente, los criticaré cuando estime oportuno, y jamás pediré que nadie deje de leerle o mostrar interés por lo que dice. Y aún más, no le descalificaré; eso nos diferencia.
    Quizás si nos centramos en lo que se dice y dejamos a un lado las querencias y diferencias “fundamentadas” exclusivamente en quién lo dice, avancemos algo en este diálogo. Como sugerencia, sin más.
    Porque ya sabemos cómo acaban, o como siguen, estas “discusiones”; para concluir que el “culpable” es quien opina y no quien insulta. Ya lo vimos. Queda constancia para futuras visitas a la hemeroteca. No vaya a ser que…

  8. anton
    1 octubre 2011 a 16:00 #

    Echad una ojeada a esto:
    http://personasnogenero.blogspot.com/2011/08/hay-que-salvar-los-ninos.html

  9. Francisco Javier
    4 octubre 2011 a 10:49 #

    Me pasan este vídeo de Alicia Delibes, la verdadera “especialista” en educación de la CM.

    Y también este enlace sobre sus colaboraciones en LD:

    http://www.libertaddigital.com/opinion/alicia-delibes/

    Un saludo.

    • Ania
      9 octubre 2011 a 23:49 #

      No sabía que esta mujer dijera cosas tan interesantes.

      He leído uno de los artículos suyos del digital sobre la seducción que ciertos islamistas integristas tienen para gentes supuestamente progres y preparadas, concretamente la fascinación que ejerce sobre una reputada periodista el imán que predicó y fué llevado a juicio por recomendar formas de pegar a sus mujeres sin dejarles marcas,y así…

      Pues es verdad, doy fe de que los hay pero que muy seductores. Comparto la preocupación de Delibes por el tema. Hay mujeres muy “perdidas”. No es difícil impresionarse por sus moreneces y por su autoestima por las nubes que subyacen en su sensualidad, sosegado discurso y suaves y a un tiempo firmes modales que algunos de ellos pueden llegar a exhibir. Será que tenemos en ciernes nueva savia imánico-arábiga para nuestro devaluado , primario y embrutecido macho ibérico. ¡¡Ay Alá, …perdón…Dios!!

      Muchas gracias por el vídeo y por el enlace, Francisco Javier.

      Un saludo.

      En fin.

  10. Francisco Javier
    9 octubre 2011 a 11:05 #

    “100.000 niños y niñas no terminan el colegio cada año, pero todos pueden recibir una educación excelente”, ha dicho Botín al comienzo de la presentación del proyecto, cuyo principal objetivo es reducir las desigualdades educativas en España a la par que formar a potenciales líderes.

    http://www.elimparcial.es/contenido/78873.html

    ¡¡¡Por favor, firmemos y hagamos campaña contra esta asquerosidad!!!

  11. Ana Belén
    9 octubre 2011 a 16:25 #

    ¡Ay Dios! ¡éramos pocos y parió la abuela! pero ¿quién le da vela a la Botín en este entierro? este es el país de “tócame Roque”, aquí cualquiera, si hay pasta de por medio, puede meter el guante en la enseñanza. Si se lleva a cabo esa disparatada iniciativa, estoy deseando saber cómo les va a esos voluntarios. A lo mejor resulta que eso es lo que nos pasa a los disidentes de la LOGSE, que nos falta liderazgo. Llamarlo asquerosidad es decir poco, Francisco Javier. A saber qué espúreos fines perseguirán con ese programa.

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