Alumnos sumisos y profesores autoritarios

Se escucha con frecuencia a muy eminentes pedagogos decir que no se ha de educar a los alumnos para ser acríticos y obedientes. Pero sucede que las dos palabras no son sinónimas, y que si no es legítimo exigir a los alumnos que sean acríticos, sí lo es exigirles que sean obedientes. Me explicaré. Cuando un juez se niega a casar a dos homosexuales, ¿alabamos su espíritu crítico e insumiso? No, un juez no puede legislar, y tiene que actuar según unas leyes con las cuales no siempre estará de acuerdo. Y si cree que un delito merece quince años de cárcel, pero el código penal estipula solo diez, pues solo le podrá imponer diez. ¿Eso quiere decir que el sistema exige a los jueces ser sumisos y acríticos? Sumisos a las leyes que tienen que aplicar, desde luego que sí, pero nadie les pide que sean acríticos. Si un juez cree que el matrimonio homosexual es contrario a derecho, o que cierto delito merece más pena que la que establece el código penal, es legítimo que defienda su opinión a través de la prensa o de las revistas de estudios jurídicos. Y los legisladores, antes de elaborar las leyes, deben escuchar a jueces y juristas, en cuanto que son entendidos en la materia. Pero una vez que las leyes están promulgadas, los jueces deben atenerse a ellas. Si cuando necesitamos una transfusión de sangre, el hematólogo se niega a hacerlo por razones de conciencia porque es testigo de Jehová, lo denunciamos sin tardanza, no celebramos su carácter insumiso. ¿Es eso un atentado a la libertad religiosa? En absoluto, simplemente, quien crea que las transfusiones son inmorales, en lugar de hacerse hematólogo, que se haga electricista. Del mismo modo, quien crea que las leyes solo deben cumplirse cuando estás de acuerdo con ellas, que funde una comuna ácrata, pero que no se meta a juez.

Yo discrepo de los programas de bachillerato. ¿Sería legítimo explicar el que creo que debería haber, y no el que me mandan? Eso dejaría a los alumnos completamente desguarnecidos frente al examen de selectividad. No, tengo que explicar obedientemente el programa que me mandan, por mucho que disienta de él. Entonces, ¿el sistema necesita de profesores acríticos y sumisos? Sumisos sí, porque si cada uno explica lo que le parece, se generaría un caos en la enseñanza. Ahora bien, nadie nos pide que seamos acríticos. Puedo criticar el sistema todo lo que quiera, pero mientras mis ideas no sean aceptadas, me quedan dos posibilidades: o pido la excedencia y pongo un puesto de cacahuetes, o ejerzo mi oficio de profesor obedeciendo las leyes educativas de mi país.

Un ejemplo más. ¿Sería legítimo que un conductor desobedeciera las normas de tráfico de su ciudad porque le parecen que están mal hechas? A lo mejor tiene razón, pero aun así, debe obedecerlas. ¿Esto quiere decir que tráfico exige conductores sumisos y acríticos? Sumisos sí, pues de lo contrario la circulación sería imposible, pero no tienen por qué ser acríticos. Quien crea que el semáforo que está en tal sitio debiera de estar ubicado en tal otro, y que tal calle de dirección única estaría mejor siendo de doble dirección, puede denunciarlo, proponer cambios, u ofrecerse a sí mismo para mejorar las cosas presentándose para alcalde. Pero mientras tanto, debe obedecer. Obedecer sumisamente una ley de la cual discrepar no es ser acrítico.

Y ahora la cuestión decisiva: ¿no están entre nuestros alumnos los futuros jueces, que habrán de juzgar obedeciendo unas leyes con las cuales no siempre estarán de acuerdo? ¿No están entre nuestros alumnos los futuros profesores, que tendrán que explicar obedeciendo unas directrices programáticas con las cuales no siempre estarán de acuerdo? ¿No están entre nuestros alumnos los futuros conductores que habrán de conducir obedeciendo unas normas de tráfico y unas órdenes de los agentes con las cuáles no siempre estarán de acuerdo? Si esto es así ¿No sería bueno ir enseñando a nuestros alumnos un poco de obediencia, la misma obediencia que tendrán que practicar cuando sean jueces, profesores o conductores?

Y si han de aprender obediencia, la educación ha de ser necesariamente autoritaria. Y hay que decirlo sin complejos. Según alguno de los eminentes pedagogos a los que aludí al principio, entre las contradicciones de la escuela está la de pretender “conseguir buenos demócratas en una institución jerarquizada”. Esta afirmación oculta dos despropósitos. El primero, que una sociedad democrática también es una sociedad jerarquizada: la diferencia con la dictadura está en que los ciudadanos podemos elegir y deponer a nuestros jerarcas. Pero por muy democrática que una sociedad sea, en la carretera han de mandar los policías de tráfico, en la facultad el decano, en la aeronave la tripulación, y en la clase el profesor. El segundo, que con ese argumento nos cargamos la educación en sí misma. ¿Para qué sirve la autoridad de los padres? Pues para educar a los hijos. ¿Por qué es necesario educar a los hijos? Para que puedan en el futuro prescindir de la autoridad de los padres. ¡Qué contradicción! Aprender a prescindir de la autoridad de los padres obedeciendo a los padres. ¿Cómo vamos a enseñar a hacer una cosa obligando a hacer la contraria? Pues así es, y quien lo considere tan aberrante, que no se dedique a educar. Decía Chesterton, que “no puede haber una educación libre, porque si dejáis a un niño libre, no le educaréis”. Esto es así porque, en principio, ningún niño quiere ser educado. De lo contrario, una ley de educación obligatoria sería tan superflua como una ley que obligara a beber cuando se tiene sed. El gobierno, según quienes abominan de la educación autoritaria, tendría que limitarse a construir centros de enseñanza, igual que construye fuentes, y luego dejar que los niños se acerquen a ellos guiados por el mismo instinto que lleva a los sedientos a acercarse a las fuentes.

Ahora mismo, cuando se habla de convertir a los docentes en autoridad pública, dicen algunos que la autoridad hay que ganársela. Quienes así opinan están confundiendo dos cosas distintas. Un juez, para ejercer su función, necesita estar dotado de una autoridad que le permita mantener el orden en la sala de audiencias y sancionar las malas conductas que durante el juicio se puedan producir. Si no fuera así, su labor sería inviable. Ahora bien, es cierto que la autoridad moral de un juez se la tiene que ganar él, con la serenidad de sus actuaciones, la imparcialidad de sus juicios y la ecuanimidad de sus sentencias. Una cosa es la autoridad o el prestigio moral que pueda uno adquirir a lo largo de su vida por su buen hacer profesional (y es cierto que eso se lo tiene que ganar cada cual), y muy otra cosa la autoridad que se pueda necesitar para el ejercicio cotidiano de su profesión (y esa sí debe estar reconocida por ley). La polémica de si la autoridad del profesor debe ser avalada por una ley o si debe ganársela por sí mismo es falsa, porque en ella se está utilizando la palabra “autoridad” con dos significados distintos. Ahora bien, muchos de quienes la plantean saben que es una falsa polémica, confunden adrede los dos significados de la palabra autoridad, para no tener que admitir algo que atenta contra la corrección política y contra la propia imagen, siempre tan gratificante, de vanguardista y novedoso. Pero esto es empeñarse en negar algo que es de sentido común: que para que una escuela funcione, el profesor ha de mandar y los alumnos han de obedecer.

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10 comentarios en “Alumnos sumisos y profesores autoritarios”

  1. Leira
    13 septiembre 2011 a 11:34 #

    “Para que una escuela funcione, el profesor ha de mandar y los alumnos han de obedecer”.

    Estupendo artículo. Ya está bien lo de la escuela chachi piruli, guay del paraguay, guardería de niños y adolescentes.

  2. Francisco Javier
    13 septiembre 2011 a 12:21 #

    La confusión sesgada entre “autoridad” y “autoritarismo”, al igual que la gira en torno al supuesto concepto de “educación crítica” tienen su misma raíz en una concepción tan dogmática como falsa de la educación, cuyos efectos negativos atacan tanto a la propia educación, como por extensión a la calidad de la democracia. ¿Qué entienden los ideólogos de la pedagogía postmoderna? Sus ideas delirantes se basan en una modalidad de relativismo débil, cuya única defensa es precisamente una dogmática, tan férrea (y mucho menos inteligente) y autoritaria como la Escolástica. Pues para poder llegar a desarrollar un sentido crítico responsable, un cierto grado de autonomía, es necesario la capacidad de razonar, disponer de mecanismos de reflexión, de autoridad, de conocimiento, de sensibilidad ética y estética, que sólo pueden madurar a través de un serio trabajo con uno mismo- justamente lo contrario, que propician la Escuela de la Ignorancia y el infantilismo social dominantes. En realidad la “actitud crítica”, que proponen estos señores pedagogos y su coros de abducidos no es nada distinta de la que se puede contemplar en cualquiera de los programas de debate que inundan nuestra Super-Telebasura. Todo el mundo opina, todo el mundo tiene su razón, su “derecho a expresarse”, con independencia de la competencia sobre el asunto es cuestión que se trate. ¡Curioso modo de entender la democracia! El resultado es de sobra conocido y no merece comentario.

    Por otra parte,desde un punto de vista médico (y yo diría que de sentido común), estas confusiones son lesivas para la salud del niño, del adolescente y también del adulto. Lejos de generar mesura, comprensión, capacidad de escuchar, inteligencia,…., lo que provoca es lo contrario: ruido, hiperactividad, trastornos de atención, inseguridad, confusión de valores, rabia, violencia, personalidades desequilibradas (lo que muy frecuentemente encontramos en niños educados según criterios “vanguardistas”.) No soy psicólogo, ni psiquiatra, por lo que personas como Antonio Raus podrían argumentar esta idea con mayor solvencia.

    Menciono un libro de uno de los grandes espíritus críticos del XX, que considero muy interesante:

    The Authoritarian Personality, Studies in Prejudice Series, Volume 1
    T.W. Adorno, Else Frenkel-Brunswik, Daniel J. Levinson and R. Nevitt Sanford, Harper & Brothers, Copyright American Jewish Committee, 1950.

    http://www.ajcarchives.org/main.php?GroupingId=6490

    Por lo demás, lo evidente es, como se ha repetido hasta la saciedad, que sin autoridad no hay clase que valga, ni es posible aprender. Así estamos de bien.

    Un excelente artículo.

  3. 13 septiembre 2011 a 12:54 #

    Excelente artículo de Moreno Castillo y excelente comentario de Fº. Javier. Creo que hemos de insistir en la idea de que no sólo los alumnos deben obedecer a sus maestros, sino también los hijos a los padres, pues en los hogares está instalada la misma suerte de ideas irracionales que hoy malogra y desquicia la escuela. Ojalá sólo fuera el maestro quien careciese de autoridad ante el niño. No es así: el caos, los gritos, las discusiones, la rebeldía y el malestar continuo se han adueñado de la mayoría de los hogares, casi todos ellos dominados por la creencia nefasta de que la educación debe ser democrática.
    Y sí, querido Fº. Javier, vas completamente encaminado: la privación de autoridad de los adultos genera una cantidad impresionante de trastornos psicológicos en los niños (y en los adultos, por supuesto). La cantidad de chicos con trastornos de personalidad en España es realmente alarmante, por no hablar de conductas adictivas, riesgosas o temerarias. Cuando al niño se le enseña a obedecer, su fuerza de voluntad madura y se forja convenientemente. Obedecer sistemáticamente al adulto permite que el niño aprenda a tolerar la frustración, y esto es esencial para el desarrollo normal de la personalidad. Por no hablar de lo catastrófico que resulta para la capacidad de reflexión la educación permisiva. En fin, intentaré hablar de estas cosas en algún artículo.

    Saludos.

  4. Mariano
    13 septiembre 2011 a 13:55 #

    Lúcido y acertado artículo de Moreno Castillo, defensor del sentido común y de la lógica más elemental, con argumentos impecables. Es inconcebible que la pedagogía oficial, pseudoprogre, pseudovanguardista y pseudomoderna, defienda la mediación, la intermediación de los padres y la negación de uno de los papeles inherentes a la función del profesor.

    Por supuesto, sin una estructura disimétrica, es imposible dar clase, pues las funciones del docente y del discente tienen que estar basadas en una jerarquía natural, dependiente de las funciones distintas de cada uno de ellos. Es tan obvio que aburre y avergüenza tener que repetirlo.

    Pero si para el conocimiento ese papel del profesor es absurdo, para la convivencia y la presunta educación en valores (de la que tanto se jactan quienes no quieren oír hablar de la escuela analfabeta) es aún más nefasto. Ni que decir tiene que el modelo de sociedad que la anomia de la LOGSE provoca es la de unos hooligans descerebrados que sólo se dejarán guiar por la abulia, la falta de motivación. Al final, la ley del más fuerte y la dictadura del dinero,

  5. 13 septiembre 2011 a 15:17 #

    La falta del debido respeto, la disciplina y el autocontrol imperantes desde hace algunos años en nuestras aulas producen comportamientos vergonzosos en la vida adulta.

    Digo lo anterior porque me viene a la memoria un suceso acaecido hace algunos años. Mi mujer y yo fuimos a Valencia para ver una exposicion de Sorolla de sus enormes cuadros procedentes de la Spanish Society de Nueva York. Ya estábamos en la sala, al cabo de unos minutos irrumpieron una manada de ingleses vociferantes y con atuendos más propios de ir por casa que de un evento cultural.

    No llevarían ni quince minutos cuando una de las integrantes del grupo, de unos 50 o más años, se sentó en el suelo apoyando su espalda en un pilar. La guía, una chica joven que vestía con corrección y a la que no hacían caso alguno, preguntó a la elementa si se encontraba bien, esta, le “propinó” un “que estaba cansada” con una chulería digna de mejor causa. ¡Ni quince minutos aguantó la susodicha! Seguro que entraron directo del autocar al recinto sin hacer cola como había hecho la mayoría de la gente.

    El público, atónito, no daba crédito al “espectáculo”.

    En resumidas cuentas, no me extrañaría que el comportamiento ordinario, vulgar y bajuno de estos sujetos tenga que ver con la “comprehensive school” que se practicó (ahora no lo sé) en el Reino Unido años ha.

    Quizá sea una extrapolación sacada de contexto.

  6. Jesús San Martín
    13 septiembre 2011 a 18:09 #

    Una vez Antonio (el que vive con Platón en la Caverna) comentó el honor que era poder escribir en este blog que tiene tan ilustres y magníficos pensadores y que se hace realidad día a día. Pienso lo mismo, mi enhorabuena y sentida admiración por todos y en este momento por ti.

    Me acaba de llegar un correo con una contestación de una funcionaria a los demagogos de turno que no desmerece en lo más mínimo de este blog, y abusando lo voy a publicar en tu artículo por dos razones: una, que es el último y trae más lectores, y dos, que la calidad de tus artículos atare aún más lectores por lo que se dará más publicidad a la carta.
    Un abrazo a todos.

  7. Jesús San Martín
    13 septiembre 2011 a 18:11 #

    RESPUESTA AL ARTICULO DE OPINION ” LA DICTADURA DEL FUNCIONARIADO”
    DE M. MARTIN FERRAND.

    Sr. Martín Ferrand son muchos ya los comentarios despectivos y
    miserables que se están lanzando contra los funcionarios, esa casta,
    como usted los llama de la que yo formo parte.
    Pero es precisamente su artículo de opinión, por venir de quien viene,
    todo un profesional del periodismo, al que yo, sinceramente creía,
    objetivo y sensato, el que me ha encendido sobremanera y no quiero pasar
    por alto mi oportunidad de respuesta porque no ha podido ser más
    subjetivo, más insensato y sobre todo, más erróneo en sus planteamientos
    contra nuestra “casta”.
    En primer lugar, ni yo ni ninguno de los muchos compañeros a los que
    trato nos sentimos ni tenemos porqué sentirnos servidores de nadie, y
    mucho menos queremos ser servidos.
    Le aclaro que en mi declaración a Hacienda no consta que sea servidora
    de nadie, sino una empleada por cuenta ajena; en este caso, mi empresa
    es la Junta de Andalucía, a la que accedí por cierto tras unas duras
    oposiciones y que tras, 25 años de servicio como Administrativa (es
    decir 8 trienios), teniendo un complemento de exclusividad que me obliga
    a trabajar, como mínimo, 110 horas más al año que al personal que no lo
    tiene y gestionando un Negociado, cobro 1.500 EUR, de los cuales usted
    se cree muy dueño de rebajar un 20%.
    Comenta que por la crisis es el funcionariado el que tiene que ver
    disminuidos sus ingresos, ¿por qué?, ¿es que en épocas de “vacas gordas”
    el Gobierno hace conmigo reparto de beneficios?
    ¿Está usted quizás dispuesto a darme algo de sus ingresos cuando éstos
    sobrepasen lo que habitualmente cobra?
    ¿Está dispuesto acaso a hacerlo algún profesional “libre” de este país?
    Le pongo un ejemplo muy concreto.
    Un vecino de mi bloque, trabajador de la construcción, tan discreto en
    ingresos como yo hasta el “boom” urbanístico, ha podido invertir y
    comprar 2 pisos más en Sevilla capital.
    Es cierto, ahora está en paro y yo y toda mi casta hemos contribuido a
    que pueda cobrar el subsidio de desempleo, porcentaje que pagamos todos
    los meses aunque a nosotros no nos haga falta, pues jamás lo cobraremos.
    Además, usted pretende rebajar mi sueldo un 20% para “repartir” con él
    y muchos como él que ahora no les va bien.
    ¿Hablaría usted para que me cediera uno de sus pisos y así dejar la
    hipoteca del único pisito que poseo y que me está quitando el sueño?
    Los dos creemos que él no estaría dispuesto, ¿verdad?.
    Pues yo tampoco a darle un 20% de mi sueldo.
    Habla también de que pretendemos vivir sin la incertidumbre que acompaña
    a otros ciudadanos.
    Pues sí, Sr. Martín, de eso se trata, aspirar a ser funcionarios es
    aspirar a poco materialmente en la vida, nunca seremos ricos, pero
    aspiramos a la estabilidad en el empleo, recurso al que puede aspirar
    cualquier persona, usted también, aprobando unas oposiciones.
    Por tanto, si yo he aspirado a “ganar poco y vivir tranquila” es un
    derecho adquirido y no, no me he adueñado de nada ni considero mi puesto
    hereditario.
    Mis hijos se lo tendrán que currar y posiblemente más que los suyos, por
    venir de una familia más humilde o sencilla como quiera llamarlo.
    Y es en este punto donde más me enciendo, ¿con qué derecho se cree para
    proclamar a los cuatro vientos que mis dos hijos (estoy separada) tengan
    que vivir con un 20% menos de lo que viven?
    Ah!.., y yo declaro hasta el último céntimo que gano (y todos sabemos
    que eso no es así en todas las profesiones, pues hay mucha “economía
    sumergida”).
    Por lo tanto no intente “calentarle” el ánimo a nadie con el hecho de
    que son los ciudadanos quienes con sus impuestos me retribuyen, nosotros
    también contribuimos y mucho a las arcas del Estado.
    Y una cosa más, considero el trabajo de esta casta mucho más importante
    para el país que el de su profesión, por ejemplo.
    Si no escribe un día un artículo no pasa absolutamente nada, pero si mis
    compañeros de la Sanidad , la Enseñanza , los Cuerpos de Seguridad… no
    acudieran a su trabajo… ¿qué ocurriría?
    En fin, Sr. Martín piense más lo que escribe antes de hacerlo.
    Yo lo suscribo por entero, y, en lo que se refiere a la Sanidad , diré
    (y hace mucho que quiero decirlo): Llame Ud. a un fontanero, o a un
    electricista, por ejemplo, un 24 o un 31 de Diciembre a las 04 horas de
    la madrugada (y relato dos casos auténticos ocurridos con esos dos
    profesionales).- ¿Cree que acudirá alguno a su domicilio?
    – ¿Cuanto cree que le cobrará?
    – ¿Le hará factura o le tendrá que pagar en cash? además de tener que
    darle las gracias, aunque al día siguiente fallen las reparaciones. Yo
    se lo digo: – Después de llamar a los de la Compañía de Seguros de su
    domicilio, no irá nadie.
    Al día siguiente, tampoco. El primer día laborable se presentará uno que
    le facilitara el portero de su finca.
    – Le dirá que, si quiere que repare la avería, le tiene que pagar en
    mano (creo que a eso se le llama dinero negro).
    – Estarán en su casa: uno 7 minutos y el otro 14 minutos- Le cobrarán:
    uno 80 EUR por 7 minutos y otro 93 EURuritos por 14 minutos.
    ¡¡¡ No está mal !!!
    (Por cierto al electricista se le tuvieron hasta que prestar las
    herramientas)
    Ahora le diré que pasaría si Ud. (o el electricista o el fontanero de la
    historia) un 24 o un 31 de Diciembre a las 04 horas de la madrugada se
    diera una fenomenal torta con su coche (Dios no quiera) después de venir
    de una fiesta de esas a las que sólo pueden ir los que tienen sus
    ingresos (aunque, la verdad, ustedes siempre suelen ir de gorra a esos
    saraos, cosa que no nos ocurre a ningún funcionario:
    – Acudirán la policía y los Servicios de Emergencia (todos ellos
    funcionarios que tienen la suerte de trabajar ese día).
    – Le llevarán a las urgencias de un Hospital Público (donde se le
    admitirá aunque Ud. no tenga cartilla de la Seg. Social.
    – Le atenderán celadores, administrativ@s, auxiliares de enfermería,
    enfermer@s, divers@s técnic@s, médic@s, etc… (todos ellos funcionarios
    que también tienen la suerte de trabajar ese día).
    – Pongamos que sufre un traumatismo craneo-encefálico (repito: Dios no
    quiera).
    Se le llevará a un quirófano ya preparado y bien limpio (también entran
    en esta función l@s limpiador@s que también tienen la suerte de trabajar
    ese día).
    – Se le intervendrá durante varias horas esa misma noche (no el día
    siguiente o el otro).
    ¿Sabe cuanto cobrará por hora el que más cobrará (en este caso los
    médicos y neurocirujanos)? – Alrededor de 15 Euros netos.
    El resto se lo lleva Hacienda (aquí no vale lo del dinero negro)
    Imagínese lo que cobrarán los demás… ¿Sabe qué ocurrirá si la
    operación no es de su agrado? Ud. (o el electricista o el fontanero de
    la historia) nos demandará.
    Iremos todos a los Tribunales y tendremos muchos problemas.
    ¿Sabe qué ocurre si uno de sus artículos, o la reparación, no es de
    nuestro agrado?
    ¡¡¡ NADA !!! Entonces, Sr. Martín Ferrand, ¿sigue opinando que se nos
    debe bajar un 20 % nuestras retribuciones? Si es así, a Ud., y a los que
    piensan como Ud., sólo tengo que decirles:¡¡¡ Váyanse a hacer puñetas
    !!!**//*

    • 13 septiembre 2011 a 18:37 #

      Muchas gracias, Jesús, por este buen rato. Como decía uno muy cabreao que ya no está: ¡A la mierda, Martín Ferrand!

      • Jesús San Martín
        13 septiembre 2011 a 20:17 #

        El buen rato nos los hace pasar la funcionaria, no yo, pero su nombre no venía en el correo y cuando intento localizarlo en la red sólo encuentro su artículo sin firma. Vayan nuestras felicitaciones para ella y las “heces” para el Martinico.

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  1. Deseducativos: alumnos sumisos y profesores autoritarios | Το βλέμμα του Οδυσσέα - 16 septiembre 2011

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