Crimen y castigo

Ahora que tanto se habla de la precariedad de los profesores interinos me viene a la mente una historia que sucedió hace unos meses. Ha pasado el tiempo e, incluso, ha cambiado el gobierno autonómico, pero puede ser útil conocerla. Durante el pasado invierno, en un lugar de España de cuyo nombre no quiero acordarme, a un maestro interino, le revocaron el nombramiento y le excluyeron de la lista; en buen castellano, le echaron, por rendimiento insuficiente y falta de capacidad funcional, puestos de manifiesto en  las siguientes actuaciones, detalladas en la resolución de cese. Por razones de protección de datos la revelación de nombres compete al interesado, por ello omito todos:

  • No fomenta la integración del alumnado en las actividades del centro. No les informa de las normas de convivencia. No analiza con los demás docentes las dificultades o logros de los alumnos.
  • No facilita a las familias información sobre las dificultades o logros de los alumnos.  Revisadas las agendas de los niños se atestigua que no existe ninguna anotación.
  • No favorece el trabajo en equipo, ni colabora en los trabajos que se realizan en el equipo docente. Tampoco participa en la evaluación interna, ni en la práctica docente, ni en la evaluación de las actividades complementarias, ni en la biblioteca, ni en el uso de los materiales audiovisuales (…) por ejemplo, no sabe emplear DELPHOS ( n. de t. una aplicación informática).
  • No desarrolla estrategias para favorecer las normas de convivencia en el aula (…), por ejemplo, no recoge a sus alumnos en la fila por la mañana, se limita a recriminar verbalmente a sus alumnos dando fuertes voces (…) o imponiendo castigos tales como poner alumnos en un rincón…
  • Mientras que las mesas (de los alumnos) están colocadas de dos en dos, hay alumnos que están sentados solos. En ningún momento se levantan las persianas… Los elementos decorativos no se corresponde (sic) con la parte del currículo que se está desarrollando. Hay dos tablones de corcho totalmente desorganizados en los que solamente figuran datos sobre los alumnos que emplean los servicios de comedor y transporte y datos de contacto de los alumnos –tutores legales, teléfonos.  El uso de la pizarra es inadecuado. Escribe amontonando las palabras en algún espacio libre de la pizarra, que no borra hasta que no está completamente utilizada. Emplea una letra inadecuada…
  • Es descuidado y desaseado.  Produce una emisión excesivamente rápido (sic) de la palabra, que origina precipitaciones y atropellamiento en el habla, con una emisión defectuosa de la voz. Parece presentar una alteración de la fluidez verbal, hablando de sílabas y fonemas finales (sic). El volumen es excesivo, con escasa vocalización, sin inflexiones y la necesaria expresividad.
  • No se constata que tenga ninguna programación en el aula.
  • El poco trabajo que realiza es individual, sin que exista ninguna estrategia de modificación espacial o grupal, (…) empleando exclusivamente el libro de texto.
  • En cuanto a la evaluación, solamente se realiza evaluación final de aprendizajes, sin que se constate la existencia del empleo de instrumentos variados y descriptivos, calificando únicamente el examen escrito…
  • No se aprecia tampoco el empleo de ninguna estrategia de autoevaluación o coevaluación del alumnado, ni de evaluación de su propia práctica docente.
  • En una reunión cuando se hablaba sobre un alumno con necesidades específicas de apoyo educativo lo calificó como “un puto psicópata”. No colabora con la orientadora.

Esta sarta de horrendos crímenes, más otros triviales que me callo, aparecieron también en un informe de un inspector educativo, redactado tras la observación del “acusado” durante una sola mañana. Es obvio que este informe fue copiado en la resolución de cese, pues lo reproduce literalmente. Por si esto fuera poco, en el expediente consta un informe dela Dirección del Centro, en el que se imputan al “reo” los siguientes hechos:

  1. Al presentarse en Dirección no conoce el significado del vocabulario habitual del profesorado como “horas de exclusivas”. Su vocabulario es escaso y relaciona los viajes con una “rueda”. Se presenta sin ningún tipo de material.
  2. Informan de un examen que ha realizado (los alumnos) con notas del 1 al 10, fomentando el ridículo.
  3. Les hecha (sic) fuera de clase si se portan mal. Pasea dando vueltas a una columna del hall. En las visitas realizadas a su aula se observa alumnos desmotivados y al profesor sentado en la silla, dando indicaciones desde ella.

 Asimismo consta en el expediente un escrito de recogida de firmas de nueve padres de alumnos del “ajusticiado”, donde se incide en que el  “interfecto”

realiza exámenes en clase, sin avisar, y puntuando de 1 a 10. Que realiza castigos generales de silencio y brazos cruzados de mucho tiempo. En definitiva, son unánimes (se supone que los alumnos) en la desmotivación que les provoca el profesor y sólo desean que vuelva el anterior profesor.  No están contentos.

Tras abrírsele el correspondiente  expediente disciplinario, el culpable redactó un escrito de alegaciones, en el que se pueden leer cosas como éstas:

  • Me incorporé al colegio el ___ de ________, sin documentos porque no sé la responsabilidad que se me dará.
  • El resto de la semana y la siguiente, por estar sin mi vehículo, pido ayuda a los compañeros para trasladarme con ellos hasta el lugar de trabajo mientras llegaba mi coche. Excepto la primera semana, el resto de los días nadie me quiso echar una mano. Necesité contratar un taxi para desplazarme hasta el pueblo. Encontré muy rara la falta de solidaridad, pero acepté, no sin gran pesar, que fuesen ésas sus costumbres.
  • Desde el primer momento noté frialdad y distanciamiento, especialmente por parte del equipo directivo, y seguí pensando que serían falsas apreciaciones mías. Inevitablemente, la sensación de aislamiento me sumió en un estado anímico de ansiedad y desánimo poco recomendable. Día a día intento convivir con esta negativa sensación.
  • Reconozco no ser una persona con experiencia en primer curso, siendo consciente de lo que me queda por aprender, perfeccionar y modificar.
  • Desde el mismo día en que me incorporo, entiendo que la directoria se pone en contacto con el servicio de inspección porque ha recibido información previa del director del colegio X, quien le hace advertencia sobre mi labor durante dos meses en aquel centro hace dos cursos.
  • Desde el primer momento se me está analizando “con lupa”, pero nadie me aconseja, advierte o ayuda.
  • Tuve un retraso de cinco minutos, porque el taxi que me llevaba al principio no llegó puntualmente. Si ha surgido algún retraso en los cambios de horario fue porque al principio pude distraerme con algún tema de los alumnos en clase. A ellos les intento tratar con respecto. Si algún día hice un comentario desafortunado sobre alguno, lo hice con mis compañeros de ciclo, en tono informal, y nunca pensando que pudiese trascender y llegar a oídos de otras personas.
  • Entiendo perfectamente el malestar de los padres, preocupados porque sus hijos tuvieron tres profesores en mes y medio, pero creo que yo no debo ser la persona que pague las consecuencias. Siento muchísimo en su solicitud pidan que el tutor no esté con los niños, sólo “por si toma represalias”. Creo que soy considerado con ellos y jamás he pretendido tratarlos mal.
  • Entiendo que necesito organizarme más intensamente para establecer una disciplina más sólida, pero no veo en ello un gran motivo de preocupación. Necesito tiempo.
  • Lo cierto es que entre estos dos cursos, he trabajado en otros colegios, como Y, en la ciudad de Z, en la que me sentí integrado y contento con mi labor.
  • Reconozco que durante la mañana en que fui visitado por el inspector me encontré muy nervioso porque no se me informó en ningún momento del seguimiento previo que se me había estado haciendo.
  • Se me reprocha la no participación en actividades del colegio, cuando precisamente la semana anterior me había desplazado con mis alumnos a ver una obra de teatro a Z.
  • Se indica que tengo una emisión defectuosa de la voz y que vocalizo poco. Creo que éstas son mis condiciones naturales, pero podría modificarlas con el paso del tiempo.
  • Nunca se me explicó que llevar el pelo más largo de lo normal me diese un aspecto descuidado y desaseado.
  • Para concluir sólo puedo decir que esta situación me ha dejado decaído y deprimido, especialmente por no encontrar ayuda y comunicación en mis compañeros.
  • Tengo el firme propósito de: programar más concretamente, mejorar la expresión, cambiar frecuentemente los murales de clase, vigilar el establecimiento del orden. Y sobre todo mantener una relación cordial con los alumnos que estén bajo mi responsabilidad, para que entienden que siempre estaré ahí para ayudarles.
  • Todas las personas no tenemos la misma fortaleza, quizás yo necesite más ayuda de parte de los demás. Mi vocación es la enseñanza y pese a los obstáculos encontrados en estos dos centros, el resto del tiempo he disfrutado con mi trabajo.
  • Si es posible, y por el mantenimiento de mi honor y dignidad, tengo la intención de seguir con mi cometido; de no ser así, porque no se me permita, me gustaría volver a mi provincia donde soy bien acogido y trabajo felizmente.

Entre la incorporación de este profesor cesado y el inicio de este procedimiento, pasaron diecisiete días naturales.  Vuelvan a leer, si es que lo hicieron con premura, y juzguen.

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas, Diagnósticos

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7 comentarios en “Crimen y castigo”

  1. 3 septiembre 2011 a 8:51 #

    ¡¡Madre mía!!
    Si eso ocurrió hace meses y en condiciones digamos “normales”, no quiero pensar qué puede pasar ahora que a los directores se les ha otorgado el poder de sancionar a sus compañeros (al menos en Andalucía). Por cierto, una función menos que tiene la inspección y que supongo que llevará aparejada una rebaja del sueldo, ¿no?

    Saludos (entrañables para esta persona) desde Crisis Educativa

  2. Antonio
    3 septiembre 2011 a 9:53 #

    Esta persona con ayuda del centro y de los compañeros hubiera podido efectuar su labor correctamente. La triste realidad de los centros es esa: mucha falta de solidaridad. Si una directiva se ensaña contigo la llevas cruda. Una pena que no podamos hacer nada por este compañero.

  3. Francisco Javier
    3 septiembre 2011 a 11:19 #

    Estremecedor testimonio de la dura realidad a la que (necesariamente) ha abocado nuestro sistema educativo. Llaman la atención varias cosas, como el hecho de que una persona que se encontraba integrada en su trabajo, de repente se vea inmerso en un infierno. Un infierno que no sólo consigue traumatizar hasta la enfermedad a un trabajador, sino que además logra perfectamente que éste se sienta culpable, responsable en su soledad de los cargos (absurdos en su mayoría) que se le imputan. Que ningún compañero haya intentado apoyarle es también muy significativo, cuando es evidente que hay razones de sobra para hacerlo y que esta persona es receptiva y dispuesta a modificar su labor. Una vez más, aparece el asunto de la vocación como un requisito indispensable, un deber de todo docente que se precie. Entrar en estas formas de subjetivismo impresentable es lo peor que alguien dedicado a la enseñanza puede hacer. Un docente debe realizar su trabajo de acuerdo a unas normas; su sentir interior o su vocación religiosa (así parece que algunos estúpidos entienden nuestro trabajo) es un asunto estrictamente privado sin significatividad objetiva. ¡Que no somos misioneros. ni monjas de la caridad, ni el ejército de salvación, ni una ONG, ni una Secta (bueno, algunos sí)!

    Si analizamos uno por uno los “cargos criminales” observaréis que la gran mayoría son valoraciones de tipo subjetivo dogmático (tan sólo lo de la programación me parece relativamente importante), lo cual muestra -como ya hemos venido denunciando en Deseducativos- el fundamentalismo pedagocrático al que hemos llegado. Una pena. Espero que este compañero pueda volver a un lugar más humano, de lo contrario lo va a pasar muy mal y no sería de extrañar que acabase pasando por la consulta del médico.

    Un abrazo, Maximiliano y muy buena tu tarea de hacer públicos testimonios como este.

  4. Lozano Andaluz
    3 septiembre 2011 a 13:19 #

    Estimados Comentaristas,

    Con mis respetos a todos, considero que NI LA PROGRAMACION AUSENTE son motivo de tal saña ordenancista y represora…
    Si uno se sabe lo que ha de explicar y organiza unas notas al margen del libro o un cuaderno de notas (yo uso un pequeño skinmole con gomilla) ES SUFICIENTE…

    BERNABÉ, GRACIAS.

    • Francisco Javier
      3 septiembre 2011 a 18:46 #

      Pues llevas toda la razón,

      en Alemania, al menos en la región de Hesse, la programación (el plan de estudios, que es mucho mejor) viene fijada por el Estado para cada asignatura: es mucho más claro, más objetivo, centra mejor las cosas (en vez de la dispersión y gratuidad propias de la LOGSE-LOE.) La programación tiene mucho de obsesión y más si tenemos en cuenta que al final en la gran mayoría de casos se emplean libros de texto (que incluyen prolijas programaciones y guías didácticas.) Lo de ser imaginativos en las programaciones, muy creativos (eso era y es un mantra de la pedagogía oficial) siempre me ha parecido poco serio y carente de objetividad, además de anti-didáctico al no establecer una secuencia lógica de conocimientos comunes para todos los alumnos. Tal vez, lo que sí es importante sea fijar en algún documento (programación) son lo criterios de CALIFICACIÓN, más que nada para como estrategia de supervivencia.

      Un saludo.

  5. Ania
    3 septiembre 2011 a 19:35 #

    Creo que falta acusarle de dar la espalda a los alumnos.

    El muy tunante se hubiera defendido aduciendo que necesitaba volverse para escribir en el encerado. Fuera bromas, Esta última acusación me la hicieron en su día a mí.

    Creo que esos expedientes se les están abriendo también a funcionarios de carrera.

    Vivimos un tiempo en que, al menos en la ESO, si haces exámenes “del 1 al 10”, mal y si no los haces también. El caso es cuestionar al profesor y al “diferente”. El ser “de otra provincia” puede predisponer a la manada a convertirlo en víctima propiciatoria. Es lastimoso que adultos educadores que predican la convivencia, pluralidad , tolerancia, etc..para los alumnos, se comporten como secta intransigente con sus iguales los profesores recién incorporados. ¡Que cada centro es un mundo , coño!. Centros que organizan rimbombantes “programas de acogida” para los alumnos y al profesor recién llegado ni se le “acoge”, ni se le explican aspectos del funcionamiento. Se espera que sea adivino y suponen que las prácticas del centro , algunas bastante peculiares, son lo normal en todas partes, llegando a considerar que el sujeto , si no las conoce y observa desde el principio, actúa con negligencia y de mala fe. Empiezan a dejarle de lado y a actuar actitudinal y administrativamente en su contra hasta conseguir que cada vez lo haga peor.¡17 días!..

    Los centros educativos públicos de este país debieran de ser públicos de verdad y no cortijos . Ahí deberían de estar atentos los inspectores. Por el bien de todos.

    Saludos.

  6. Mariano
    4 septiembre 2011 a 20:59 #

    Acabo de leer tu artículo, Maximiliano. Es alucinante cómo el principio de arbitrariedad y la indefensión pueden llegar tan lejos. Estamos inermes ante el poder. El relato es sobrecogedor y más propio de un régimen dictatorial que de un sistema con garantías.

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