Educación humanística y democracia

Leo la última obra de Martha Nussbaum Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades, y me adhiero a su tesis principal, no así a otras que aparecen en el texto. Lo que en líneas generales viene a defender Nussbaum es que la educación se ha dirigido hacia la técnica y la utilidad mercantil. Esto es un error porque a la larga no habrá tanta rentabilidad porque en definitiva lo que se producirá será un déficit democrático. El cambio en la educación ha obedecido a una serie de valores que son los de la sociedad capitalista neoliberal. Una sociedad que ha supuesto que el valor principal es el productivo y que la educación, en ese sentido, tiene que ir dirigida a la productividad. Eso ha hecho que se eliminen las humanidades y las artes de los currículos, tanto de secundaria, como universitarios. Esto se ha hecho coincidir con el hecho de que la educación ha sido considerada como una actividad en la que el alumno es pasivo y la actividad fundamental es la de la memorización sin sentido. Es en esto último en lo que estoy en desacuerdo, pero de esto he hablado ya en muchos otros escritos. Nussbaum se adhiere, a mi modo de ver, de forma acrítica a los nuevos modelos de innovación pedagógica confundiendo sus raíces socráticas, que yo comparto, con la psicopedagogía actual. Su modelo es fundamentalmente el socrático, Rousseau, la escuela de Dewey y Tagore. Comparto estas tres fuentes, y he defendido la recuperación del espíritu socrático en la educación. Así como defiendo que, precisamente, debido a la inspiración de Sócrates, la enseñanza es un proceso dinámico en la que el alumno no puede permanecer pasivo. La actividad socrática es la de indagación en tu propio interior, el conócete a ti mismo como modo de conocer a los demás y así mejorarte y participar en la construcción de la polis. Pero también considero que la memoria es importante. Y que la memoria no es una cuestión pasiva, la memoria es intencional y está cargada de afectividad. Igual que la razón. El problema es confundir la razón, con la razón lógico-matemática. Así como la inteligencia, con la inteligencia lógica. Tanto la razón como la inteligencia tienen una carga afectiva importante. El hecho de  no haber entendido esto, nos ha llevado a graves problemas. La separación de la inteligencia de las emociones y afectos, por un lado, y, por otro, la confusión de que la inteligencia es la inteligencia lógico matemática han construido un mundo instrumental. Y esto unido a la ideología neoliberal, la productividad como valor máximo de la sociedad, nos ha llevado a un tipo de sociedad desproporcional, injusta y desigual.

Todo ello está reflejado en la educación. La educación es, como sabemos, el medio que utiliza el poder para transmitir sus valores. Los valores científico-técnicos desde el Renacimiento, ligados a la dominación de la naturaleza y a la producción fueron los que prevalecieron desde la Ilustración, inspirados ya en Bacon hasta nuestros días. El objetivo del saber era el de dominar a la naturaleza, el del poder. La razón matemática había mostrado ser un instrumento fabuloso para conseguir el conocimiento de la naturaleza que nos otorgaría poder y dominio.La Ilustración defendió la razón como forma de emancipación. Pero hubo una forma perversa de entender esta razón, la instrumentalizada, aquella que la alejaba de los afectos y de la ética. Éste es el camino que siguió la educación. Lo que al poder, cada vez más capitalizado y economicista desde la revolución industrial, le interesaba era este tipo de razón e inteligencia. Y el modo de transmitirla era por la educación.

Por eso en la educación empezó a primar el aspecto científico-técnico sobre el humanístico y restringió la razón y la inteligencia al ámbito cientificotécnico. Esto es un tremendo error. Error que, hoy en día, se ha hecho mucho más profundo al haber triunfado la ideología neoliberal productivista. Lo único que tiene valor y que interesa, se piensa, o, mejor, se cree, es lo que es productivo, lo que crea riqueza material. Bien, pues si eso es así, sumado a que la inteligencia, hablando popularmente, es de ciencias y no de letras, entonces las disciplinas interesantes son aquellas que van encaminadas a la productividad.

Esta ideología es un mal irreversible para la sociedad. El papel de la educación no es la productividad, si bien ésta sea necesaria. Sino que el objetivo de la educación es formar ciudadanos. Cuando el objetivo de la educación es el de la productividad, los alumnos y futuros ciudadanos se convierten en mercancía. Por eso se habla tanto hoy en día de que el fin de la educación y lo que debe conseguir el alumno es adaptarse al sistema globalizado y cambiante en el que vivimos. Se instrumentaliza al ciudadano convirtiéndolo en una pieza más del engranaje dirigido meramente a la producción. Además, como para conseguir esto lo que se hace en la educación es eliminar las humanidades y las artes, pues entonces lo que sucede es que el futuro ciudadano pierde la conciencia de sí mismo como un ser social, construido históricamente y en interrelación con los demás. Y nuestras relaciones no son sólo las relaciones productivas, ni vivimos en un eterno presente. La democracia es una conquista histórica que hoy en día corre un grave peligro porque el poder político, que se asienta en el poder de los ciudadanos, ha caído en manos del poder económico. Los ciudadanos, poco a poco, dejan de ser tales y en pro de la productividad se convierten en mercancía perfectamente reemplazable. De ahí lo de la flexibilidad del mercado laboral y la adaptabilidad del trabajador, como lo del mito de la formación continua. Eso sí, a cargo, o del estado, o del propio trabajador, siendo siempre el beneficiario el gran empresario. La economía capitalista ultramoderna los convierte en individuos consumistas y nihilistas; y el sistema de educación contribuye a ello.

Las humanidades, las artes, así como una verdadera enseñanza de la ciencia, son absolutamente necesarias para la formación de ciudadanos. Y hay una cosa importante, no hay democracia si no hay ciudadanos. Y los ciudadanos se forman por medio del sistema educativo, entre otras cosas. La educación es un vehiculo de transmisión de valores, y si los valores que se transmiten son los de la productividad, pronto nos quedaremos sin ciudadanos; es decir, sin democracia. Y es necesario tener en cuenta y saber que esto es lo que le interesa al poder económico, de esa forma podrá absorber totalmente al poder político. Las humanidades, como una sólida educación científica que muestre el valor del saber por el mero hecho de saber, no por producir y sojuzgar a la naturaleza, son absolutamente necesarias para la educación del futuro ciudadano. Las humanidades nos ayudan a conocer nuestro pasado en su nivel histórico y artístico, así como a conocer la historia de las ideas filosóficas, religiosas y políticas que están detrás de los acontecimientos que narra la historia. En la educación humanística encontramos el sentido de la construcción de nuestra sociedad. Nos damos cuenta de que el presente no es algo eterno, que es una conquista. Además, el arte y las humanidades hacen uso de la inteligencia cordial o afectiva. Es decir aquella que potencia una cualidad biológica innata que es la empatía. Por medio de la educación humanística y artística aprendemos a ponernos en lugar del otro. Es curioso que  una de las tesis sobre el origen de los derechos humanos en la Ilustración tenga que ver precisamente con el desarrollo de la novela y el retrato. Ambas cosas hicieron posible la amplificación de ese comportamiento, con base etológica y genética, que es la empatía. Muy interesante esta tesis. Los derechos universales del hombre tienen una raíz biológica, la empatía, y una raíz cultural, que no es ni más ni menos que la historia de la civilización occidental, en todas sus dimensiones. Si no aprendemos esto olvidamos los valores importantes y cambiamos la jerarquía de los valores, en la que la primacía la van a tener la productividad y la materialidad. Las humanidades tienen que tener una amplia presencia en los planes de estudio de secundaria, pero también en la universidad, que el alumno tome conciencia de que con su trabajo va a formar parte activa de la polis, no sólo de la cadena de producción. Y un apunte más que me gustaría hacer sobre la enseñanza de la ciencia y la tecnociencia. Fundamentalmente la enseñanza de ésta va dirigida a la productividad, al para qué sirve y cuánto voy a ganar. La enseñanza de la ciencia habría que incardinarla en su propia historia y en la historia universal. Por dos razones fundamentales. Si enseñamos la ciencia desde su dimensión histórica se nos desvelarán los valores heroicos de la ciencia: el saber por el saber, la dedicación plena a la resolución de los misterios del universo, el placer intelectual y estético del conocimiento del universo. La disciplina y el esfuerzo que esto requiere. Por otro lado, la historia de la ciencia nos enseña que la ciencia es una actividad más en la sociedad que está inmersa en el acaecer dinámico de la misma, que los valores imperantes en un tipo de sociedad afectan al desarrollo científico, así como los descubrimientos científico-técnicos transforman la sociedad y al propio individuo produciendo nuevas formas de ser y pensar. Formas de pensar y de valorar que puede ser que nos interesen o que no. El caso es que la ciencia y la tecnociencia son mucho más que la mera productividad económica que de ella se desprenden. Existe algo que va mucho más allá de la riqueza y la productividad y es la dignidad del individuo y la justicia de la polis. Y la enseñanza de la dignidad, la libertad y la justicia no tienen ánimo de lucro, no son instrumentales, son la raíz de la formación del verdadero ciudadano.

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Categorías: Diagnósticos, Soluciones

Autor:Juan Pedro Viñuela Rodríguez

Profesor de ética y filosofía. Autor de Fin de milenio y otros ensayos. Una mirada etica a la tecnociencia y el progreso y Filosofía desde la trinchera. Director del seminario de CTS del IES MELÉNDEZ VALDÉS, y de la revista de ensayos Esbozos.

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17 comentarios en “Educación humanística y democracia”

  1. 27 agosto 2011 a 12:11 #

    ¡Excelente artículo!

  2. Enrique Morata
    29 agosto 2011 a 8:36 #

    Ver mi libro :”Cómo enseñar filosofía”, en internet,sobre el mismo tema.

  3. 30 agosto 2011 a 9:37 #

    Hola a todos de nuevo. Antes de hacer los comentarios a los nuevos artículos publicados, quiero decir algo que juzgo de máxima importancia. Dije en una de mis últimas intervenciones que abandonaba Deseducativos mientras siguiésemos consintiendo la entrada a ciertos sujetos que por aquí pululan, cuyas aportaciones a este sitio no son otras que las que manan de su procacidad, estupidez y fanatismo. Sigo pensando lo mismo: entiendo que Deseducativos debe ser una casa seria, muy seria (lo que no está reñido, por supuesto, con el humor y la ironía de buen cuño), precisamente porque lo que algunos denunciamos como causa de nuestros males en la escuela es que ésta se haya llenado impunemente de alumnos desvergonzados y maleducados, fruto amargo de una política pseudoprogresista iniciada en la LOGSE (o, si se quiere, con la Constitución) y en el seno de las mismas familias. Pienso que debemos ser ejemplo de que la impunidad para con el sinvergüenza ha tocado a su fin, por lo menos en esta casa, se entiende. Pienso, por tanto, que no debemos consentir la entrada a ningún indeseable, so pena de reproducir aquí los mismos males que afectan a la escuela de la falsa progresía. Si lo consentimos, estaremos pecando de incoherentes.
    Hace unos días recibí un correo de mi querido amigo David Sandoval en que anunciaba que en Deseducativos va a haber una moderación más adecuada de los comentarios. Con esto me basta para confiar en que los indeseables que tanto abajaron con su presencia el nivel de este espacio, o bien se comporten como es debido, o bien se les ponga de patitas en la calle sin más contemplaciones.

    Un afectuoso abrazo a David y todos los deseducativos.

  4. Francisco Javier
    4 septiembre 2011 a 12:59 #

    No he leído el libro de Martha Nussbaum “Sin fines de lucro”, pero no me parece nada convincente -y hasta contradictorio- la defensa de las Humanidades y que por otra parte se adhiera, como nos comenta Juan Pedro, de forma acrítica a los nuevos modelos de innovación pedagógica.” El Estado desempeña a través de todos sus mecanismos de poder una labor educativa de primer orden: no sólo educan los padres, la sociedad y en último término los docentes, sino el Estado a través de la Ley. Y lo que las leyes educativas transmiten al ciudadano es contrario al sentido de responsabilidad. La educación al no ser valorada en justicia (ni en sentido moral, ni económico) y ser entendida como un derecho del que no se desprende ningún deber, produce resultados profundamente desalentadores (la realidad.) La instrumentalización es total en un doble sentido: 1) como formación de máquinas esquizoides/neuróticas de producción-consumo (ejercito de reserva); 2) como vida en bruto que hay que someter a los controles socializadores del Biopoder. De ahí el discurso ambivalente, que se mueve entre el pragmatismo descarnado y el cinismo humanoide- en el que todas las propuestas ilustradas aparecen transfiguradas de modo más perverso (los modelos de innovación pedagógica con toda su carga de paternalismo/maternalismo, de patologización generalizada, etc.) Quiero decir, que el discurso humanista ha sido, es, también perfectamente instrumentalizado; ¿quien negaría que la educación está para formar ciudadanos libres, empáticos solidarios, etc. ?…. No sé muy bien qué pensar de todo esto. ¡Si al menos se estudiasen las ciencias con el rigor y a disciplina debidas! Pero no es precisamente el caso. Por supuesto, las “humanidades” son imprescindibles en tanto que es a través de ellas como el hombre puede conquistar su dignidad y una idea de su lugar en el mundo.

    Un abrazo, Juan Pedro.

  5. 7 septiembre 2011 a 3:39 #

    Francisco Javier, tienes toda la razón. Por eso aludí a mi desacuerdo con algunos aspectos de la obra. Y esos desacuerdos nos llevan a las contradicciones de las que hablas. Pero la esencia es importante, no hay democraca sin humanidades, ni tampoco sin ciencia básica e historia de la ciencia. Un abrazo.

  6. 9 septiembre 2011 a 7:51 #

    Estimado Juan Pedro, estoy totalmente de acuerdo en la necesidad de vigorizar (o de resucitar) las Humanidades en la escuela (por tanto, en la sociedad). Sin el conocimiento crítico que nos aportan, nuestro destino es el páramo intelectual en que nos hallamos. Por mi parte, he hablado bastante de la veta anti-teórica de la psicología conductista-positivista. Como ya dije, baste tener en cuenta que la APA, el referente nosológico para la mayor parte de los psicólogos occidentales, se declara ateórica. El positivismo confía en los datos de los sentidos y repudia las operaciones de la razón, lo que aboca a un experimentalismo barato, de corto aliento y resultados pírricos. Nada que pueda sorprendernos: no puede existir una ciencia fructífera si se desdeña la teoría profunda. Por eso gran parte de la psicología que se hizo en el siglo pasado y en el presente adolece de superficialidad. Es casi estéril. Lo que quiero decir, Juan Pedro, es que cuando te cargas la teoría, no sólo aniquilas la filosofía o la historia: también te acabas cargando la ciencia. Nuestra escuela está ya en sus estertores, o muerta, más bien. Ya ni siquiera es capaz de formar productores de alto nivel. Carlos Elías nos alertó sobre el dramático descenso en las matriculaciones en física y química que estamos padeciendo. Y es un mal que afecta a todo el orbe occidental (incluso mundial). Dicho a las bravas: ni letras ni números; nuestra escuela se está vaciando de contenidos sólidos, de teoría concienzuda. No sólo nos hemos cargado las humanidades, tan necesarias, sino que el estado de la ciencia es, asimismo, preocupante.
    Es decir, en el mismo seno del positivismo hallamos la bomba de relojería que, al fin, ha estallado hasta vaciar la escuela de verdadero conocimiento. El positivismo quedó varado en una discusión bizantina acerca de qué podemos considerar objetivo y real sin temor a equivocarnos. Irónicamente, en su prurito objetivista, en su deseo de hablar sólo con un lenguaje certero, científico y objetivo, terminó por no atreverse a afirmar que tal o cual cosa del mundo es objetiva. Cualquier objeto, cualquier configuración real le pareció al positivista estar teñida de subjetivismo. Le pareció que todos los objetos de “ahí fuera” son, en realidad, constructos de la mente, de la subjetividad. A la pregunta de si hay algo real u objetivo, el positivista responde, las más de las veces, que no hay manera de saber qué es real e independiente del sujeto. Bertrand Russell se lió en este enjambre y no supo salir. Quiso convencernos de que lo único objetivo eran las configuraciones atómicas, pero no logró identificar ninguna de éstas con nada de lo que vemos y experimentamos. El positivismo, pues, desemboca en subjetivismo y relativismo por la vía del escepticismo. Y una vez que nos metemos en los dominios del relativismo, las humanidades, la ciencia y la escuela se van todas a pique.
    Hay, a mi entender, otras causas para explicar el páramo intelectual que sufrimos. El relativismo y el igualitarismo van de la mano. Las huestes igualitaristas, con su torticera forma de mitificar y desvirtuar la democracia, han contribuido enormemente a acabar con la escuela. Si todos los alumnos han de aprobar y obtener un título, los programas de estudio deben eliminar todo vestigio de competición entre los alumnos. Consecuentemente, la escuela se ha enervado, ha perdido nervio. Para colmo, la competición es una actividad típicamente masculina, cosa que atenta contra la ideología feminista-igualitarista que hoy nos domina con mano de hierro. Positivismo, igualitarismo y feminismo conspiran, cada uno a su manera, contra la escuela del saber, del rigor, la selectividad y la competición.
    La mitificación de la democracia ha traído consigo la exaltación de sus supuestos valores. Yo diría que los correligionarios de la secta pedagógica no están preocupados por formar a alumnos productivos (eso es ya cosa del pasado más o menos lejano). Antes al contrario: detestan o dicen detestar una visión productivista de la escuela. Ahora su preocupación es, únicamente, la de que los alumnos aprendan a comportarse democráticamente, que aprendan sus supuestos valores. De ahí todo ese rollo de “educar en valores”. Me parece que estamos ya, amigo Juan Pedro, en una fase en que el intelecto ha quedad atrás, incluso el que estaba implicado en la producción fabril o industrial. Ahora ya sólo queda la simple emoción (“inteligencia emocional”), los valores democráticos (“educación en valores”) y la felicidad (lo importante es que mi niño sea feliz). Obviamente, todo está muy mezclado. Para las fuerzas empresariales es realmente muy importante que los sujetos sean muy felices (aunque se trate de la felicidad del burro), pero no porque ahora estén dominadas por un sentimiento de filantropía, sino porque se ha descubierto que un trabajador feliz rinde más que uno que viva amargado. Pero la escuela, insisto, ha llegado al final de su camino: ni humanidades, ni ciencia, ni lógica aristotélica, ni Arte (con mayúsculas): ya sólo queda el arrumaco ñoño de quien quiere imponer y extender la democracia (su tórpida idea de democracia) y sus valores por la fuerza, ayudándose si es preciso de todos los recursos del despotismo legal (y si no que se lo pregunten a aquel político que tuvo la feliz ocurrencia hiper-democrática de controlar el juego de niños y niñas en los recreos). El saber ha muerto y con él la escuela.

    Un cordial saludo.

  7. 9 septiembre 2011 a 8:10 #

    Excelente comentario, que comparto de principio a fin. Lo que te sugiero, aunque hay muchos temas que señalas y que se deberían desarrollar, y en cierto modo en otras ocasiones lo hemos hecho, es que este comentario es, por sí mismo, un artículo extraordinario. Un saludo.

  8. 9 septiembre 2011 a 12:56 #

    Gracias, Juan Pedro. Lo ampliaré un poco y lo enviaré para artículo. Al paso que llevamos, me parece que se acabó aquello de ser de letras o de números. A partir de ahora todos los alumnos serán de “Emocionales” o de “Demócratas”. Pero en el sentido más chabacano y torcido de ambos términos.
    Un saludo.

  9. 9 septiembre 2011 a 14:10 #

    Me parece muy importante tu aportación Raus en el sentido de que no es sólo un problema de Humanidades. Lo que está pasando con las facultades de ciencias da una idea cabal de cómo está nuestra enseñanza. El sistema ha degenerado tanto que para entrar en la facultad de Físicas basta con un 5 pero para ser fisioterapeuta hace falta más de un 8. Esto está fuera de control y el desastre es para todo tipo de estudios: Humanidades, Sociales y Matemáticas y Ciencias.

  10. 9 septiembre 2011 a 16:17 #

    Efectivamente. Y estudiar un grado de física, de historia, de matemáticas…son cuatro años y un grado de fisioterapia u óptica, son otros cuatro años. Esa igualdad señala la patología de nuestra enseñanza. Eliminar las humanidades y las ciencias, producen cerebros y personas demasiado críticas. Por eso el objetivo de Bolonia y de la Logse, no es la consecución de ciudadanos, ni la de el saber (aquello que decía Kant, que la universidad era el tribunal de la razón), sino la adecuación y adaptación a la sociedad en la que vivimos. Es decir, se producen artefactos intercambiables. De ahí que ni el saber científico, ni su historia, así como el humanístico, tengan cabida en nuestros institutos y universidades.

  11. Jesús San Martín
    11 septiembre 2011 a 16:09 #

    Este es el segundo año consecutivo que mis alumnos de ingeniería no saben cómo produce energía el Sol. Uno alentó la hipótesis de combustión y le respondí que de ser así quemaría diariamente el equivalente en carbón al tamaño de la Tierra. Estos estudiantes tienen como especialidad las centrales nucleares de fisión y los doctorados en fusión y no tienen ni idea de lo que son. Siendo así, cómo van a ser conscientes de lo que supone el arsenal americano y ruso con las consecuencias sobre la Guerra Fría. Tampoco sabrán por qué Irán quiere un arma de fisión: un portaviones es difícil de hundir, pero una cabeza atómica hunde una flota entera y a ver quién es el presidente que se atreve a jugar a la ruleta rusa. Pero si no saben ni lo que deberían saber, cómo van a saber geografía, porque de saberla sabrían que Rusia e Irán son países ribereños del Mar Caspio donde se discute cómo repartir la extracción del petróleo, y el planteamiento de ambos países es diferente, y uno entiende por qué los rusos no han vendido sus sistemas antiaéreos a sus “amigos” iraníes frente a las amenazas americanas. Pero si además de geografía supieran historia, entenderían por qué los americanos han puesto el escudo antimisiles en Polonia y los polacos contentísimos de ello. También sabrían que se está formando un paralelismo con el Orient-Express, pero esta vez a China, que nos devuelve al escudo en Polonia, y ahora la felicidad cae del lado americano.
    Todo se resume en la frase más cruel, y acertada, que he oído jamás desde el punto de vista social: “mientras haya burros iremos a caballo “
    Un placer leeros. Saludos.

  12. 13 septiembre 2011 a 8:07 #

    Lo irónico de todo esto, Emilio y demás compañeros, es que hoy a los llamados expertos se les llene la boca con aquello de las competencias. Es irónico porque nadie puede ser competente si se le priva de competir o se le castiga o prohíbe que lo haga. Los gurús de la pedagogía han creído que la única manera de extender la justicia social es eliminando las diferencias de clases desde la escuela; una idea que nos viene importada de la izquierda transatlántica. La escuela ha sido rigurosamente sometida a los dictámenes igualitaristas: prohibido competir. En vez de competir, colaborar; en vez de disputar, compartir. A los niños se les dice que lo importante no es ganar sino participar, y que todos son campeones. Se han creado las condiciones necesarias para abortar la competición dentro de la escuela. El resultado evidente es una escuela de incompetentes. Porque una cosa hubiera sido combatir la competencia desleal y otra creer que toda competencia es, de por sí, desleal. La competitividad establecida en un determinado sistema (económico, deportivo, escolar…) puede llegar a ser cruel y despiadada, pero su cabal eliminación es nefasta para todos o la mayoría. Una sociedad sensata debe hallar una fórmula que combine equilibradamente la competitividad y la colaboración y asistencia al débil de verdad. Pero ya estamos a muchas leguas de la sensatez. Cuando se abole la competición de la escuela (o de lo que sea), tampoco es posible la colaboración, porque un alumno o ciudadano incompetente no puede ser útil a ningún proyecto mancomunado. Una valiosa lección que podemos extraer de todo este desaguisado es que para ser competente hay que saber competir, y que sólo el competitivo puede colaborar o ayudar provechosamente con sus semejantes. Sólo el competente puede ayudar al que lo necesita. Por tanto, competitividad y colaboración no son cosas incompatibles, sino complementarias.

    La escuela democrática –tal como la entienden los gurús de la pedagogía- es la escuela de la colaboración, la escuela en la que todos participan por igual y todos colaboran en un proyecto común, impidiendo que haya ganadores y perdedores. ¿Cuáles son los rasgos de la escuela democrática (según la entienden los pedagogos progres)?: colaboración entre alumnos, igualdad entre maestro y pupilo, participación activa del alumno (su opinión también cuenta), enfatización de las emociones fraternales (empatía, compasión, generosidad…), diversión, motivación… El modelo pre-LOGSE es tachado de: jerárquico, clasista, competitivo, egoísta, despiadado, insolidario, autoritario, represivo, aburrido, severo… Deseo hacer la siguiente pregunta: ¿Alguien se ha preguntado por qué la mayor parte del profesorado de Primaria es femenino? Creo saber por qué: Porque se piensa que en esa etapa la transmisión de contenidos académicos no es tan importante como la transmisión de valores (democráticos); y, en tan caso, la mujer está naturalmente más preparada que el hombre para llevar a cabo esa transmisión de valores democráticos. Repare el lector en una cosa de la máxima importancia: los valores que propugna la escuela democrática (llamémosla así, aunque en cursiva) coinciden a la perfección con los valores que el feminismo de género atribuye a las mujeres. La mujer, según esta visión, está mejor dotada para difundir los valores y relaciones democráticos que el hombre: a ella se le atribuyen rasgos más marcados de solidaridad, compasión, empatía, permisividad, tendencia a la resolución pacífica de conflictos, comprensión de la personalidad del otro, trato humanitario del semejante, dulzura… Es decir, la escuela democrática es para los pedagogos logsianos la escuela de las mujeres, la escuela anti-machista, la escuela en que la típica competitividad masculina es sustituida por la amistad, la solidaridad, la coparticipación, el amor… No cuenta tanto la enseñanza académica como inculcar valores democráticos en los alumnos.

    Puesto que el hombre está naturalmente inclinado a la competición y el egoísmo y la mujer naturalmente inclinada a la colaboración y la solidaridad (al menos según la visión dominante del feminismo de género), y la competición es vista como una suerte de atentado contra el concepto de democracia igualitarista, el hombre tiene el paso vedado en la enseñanza de las primeras etapas escolares. Sencillamente, se le declara no apto para trasmitir valores democráticos, que es lo que realmente desea trasmitir el pedagogo progre.

    Y aunque no son pocas las mujeres que detestan la escuela democrática y reivindican una escuela competitiva y de calidad, todavía no son suficientes como para invertir el curso de la corriente. Las voces femeninas discrepantes con el paradigma LOGSE todavía son minoritarias. De hecho, la mayor parte del profesorado de Primaria es pro-LOGSE. A la maestra se le va a confiar de manera implícita la tarea de gobernar a los chicos en clase con las solas armas de la empatía, la dulzura, el diálogo y demás suertes diplomáticas y seductoras. La maestra que eche mano de la disciplina, la autoridad y la sanción o desee una escuela competente, podrá ser vista como una mujer desnaturalizada, poco maternal. Por todo esto y mucho más es imprescindible arrancar de nuestras instituciones este nefasto feminismo de género que ha expulsado al hombre del sistema y que presiona a las mujeres a emplear métodos educativos por completo ineficaces. Porque, más allá de las inclinaciones naturales de hombres y mujeres, tenemos lo que nos dicta la razón. Y ésta, a mi juicio, ya hace mucho tiempo que nos está diciendo a gritos que los niños no pueden ser educados con consignas democráticas ni sólo a base de cariño y dulzura maternales: también necesitan disciplina, orden y obediencia. Cosas todas éstas que, con mayor o menor esfuerzo, tanto mujeres como hombres, tanto maestras como maestros pueden enseñar a los niños.

    Una última reflexión: seguramente esta es la primera vez en la historia que la escuela se disocia del modelo económico vigente. Puesto que ya estamos en una etapa post-cognitiva, post-intelectual, ya ni siquiera es posible la producción tecnológica y fabril en las proporciones de pasados decenios (véase “La Razón Estrangulada”, de Carlos Elías). La intrusión paquidérmica del feminismo de género y demás arietes igualitaristas en la escuela sólo ha servido para lanzar a la sociedad a toda una generación de chicos incompetentes o poco competentes. Sin embargo, el mundo laboral, el mundo de la economía, sigue siendo terriblemente competitivo y exigente. Nos hallamos, pues, en una contradicción crítica de la que sólo podremos salir cuando el feminismo de género y demás ponzoñas igualitaristas sean erradicados de nuestras instituciones (lo cual no significa que deban ser sustituidos por políticas clasistas).
    Saludos.

    • Francisco Javier
      13 septiembre 2011 a 12:24 #

      ¡Ya tienes otro artículo!

      Un abrazo, Antonio.

  13. 13 septiembre 2011 a 15:28 #

    Otro para ti, Fº Javier.

  14. 13 septiembre 2011 a 15:43 #

    Efectivamente, otro artículo frutp de la ampliación de parte del primero. Saludos.

  15. 15 septiembre 2011 a 13:58 #

    Raus, has tocado un tema, y bien, que finalmente hacía falta que alguien tocase. Mi felicitación porque creo que se trata de una importante aportación en este proyecto de deslindar por dónde debería ir un sistema alternativo al que, o con el que, por desgracia, nos ha tocado lidiar.
    Un saludo

  16. 15 septiembre 2011 a 14:30 #

    Emilio, prometo tratar este asunto en próximo artículo, aunque, como siempre, no puedo precisar fecha. Intentaré que sea lo antes posible, más que nada porque yo también creo, contigo, que es preciso hablar ya de estas cuestiones, rompiendo el cerco de tabú políticamente correcto que las rodea.

    Saludos.

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