La recuperación del debate sobre la Educación para la Ciudadanía

 

Ángel Martín

(Por Ángel Martín, profesor de Filosofía en un I.E.S. y presidente de la SFPA, a quien damos la bienvenida como autor de Deseducativos) A pesar de que quien esto suscribe pensaba que este debate ya estaba agotado, acaba de resurgir en el espacio bloguero la cuestión a raíz de un artículo en Antes de las Cenizas que ha migrado a Deseducativos. Eso está bien, porque permite revisar aquellas polémicas después de caída la polvareda y pasado el revuelo de entonces. Voy a comenzar con un resumen, y después llevaré a cabo una crítica no solo del texto en sí, sino también de los comentarios, entendidos como líneas de opinión generalizadas. Vaya por delante mi admiración por Serenus Zeitbloom. Se trata de un destacado argumentador y su calidad como docente y redactor es extraordinaria y bien conocida. Pero vayamos al asunto que nos ocupa.

Resumen (se lo puede ahorrar si ha leído el artículo).

En primer lugar se dice que este tema permanece en un tenso silencio. El autor posteriormente se excusa en una preferencia por la filosofía en su docencia frente a la ciudadanía y que “no hay color” entre una y otra. Además reconoce el “enrarecimiento” de las materias de filosofía que se han visto mezcladas con la ciudadanía.

A continuación se plantean dos preguntas esenciales. La primera alude a la necesidad de que un alumno conozca el contexto socio-político en el que se halla. La segunda si la EpC puede contribuir a ese conocimiento. La respuesta del texto es positiva en ambos casos. Considero difícil responder negativamente a la primera pregunta (pero no imposible), así que la dejaré de lado por hoy.

Respecto a la segunda, se recurre a continuación a una serie de tesis para sustentarla que sí resultan cuestionables y sobre las que desearía reflexionar:

  1. Se indica que Historia no puede cumplir esa función por la extensión que ha de abarcar.
  2. Se señala que “quedan abiertas multitud de cuestiones […]”, pero que no se tratará de éstos, sino que se irá a lo esencial: la necesidad de la misma. No obstante, se reconoce que de esos detalles “dependerá el éxito del asunto”.
  3. Se defiende la unidad entre Ética y Ciudadanía con una materia de tres horas, como propuesta, pese a la amenaza de quedar “los contenidos de los que hablábamos” (es de suponer que esos contenidos son los propios de ciudadanía, aunque inversamente, podría referirse a los específicos de Ética) “en un «segundo o tercer plano»”.
  4. Se habla de un aspecto interesante: el problema de la vigilancia del cumplimiento del programa.
  5. Se plantean alternativas organizativas distintas.
  6. Se distinguen unos contenidos en la materia de corte científico descriptivo (“un campo de conocimiento abierto a la verdad y a la crítica” aclara más abajo) frente a otros de contenido prescriptivo o valorativo (“supuestos ideológicos nada científicos presentes en el curriculum que hacen de ésta una forma de ideología de cariz adoctrinante”). Lo que se propone, por último, es denunciar éstos para que aquéllos refuljan conforme al seguro camino de la ciencia.

Análisis:

1. Sobre la Sustancialidad de la EpC.

Respecto a la primera aseveración indicada relativa a la Historia, en primer lugar quisiera recordar que la materia recibe el nombre de Ciencias Sociales. Geografía e Historia.  El autor defiende que existen unos contenidos positivos relativos a la ciudadanía que sería conveniente conocer (en el punto 6 que hemos señalado). Si tales fuesen necesarios, cosa que aceptamos, no parece adecuado que pudieran estar bajo otro rótulo que no fuera Ciencias Sociales. La legislación especifica que los contenidos de esta materia (no discutiremos sobre nombres):

«[…] contribuyen a facilitar en las alumnas y alumnos una comprensión organizada del mundo y de la sociedad, pero que, al mismo tiempo, les inician en la explicación de la realidad en que viven.» (Decreto 112/2007, de 20 de julio, del Consell, por el que se establece el currículo de la Educación Secundaria Obligatoria en la Comunitat Valenciana, DOCV 5562 del 24/7/2007, pág. 30471. Me ciño al de la Comunidad Valenciana, pero podría extenderse a las otras con facilidad).

Si examinamos sus objetivos podemos leer, en resumen, que:

«[…] en cuarto de ESO se sintetizan las bases históricas de la sociedad actual y las transformaciones económicas, políticas y sociales producidas desde el siglo XVIII hasta la actualidad. Se hace, además, hincapié en la historia contemporánea española, singularmente en la configuración del Estado democrático en España y en su pertenencia a la Unión Europea.» (Ibid. 30472-3)

Por tanto, a la luz de estos textos considero probado que las Ciencias Sociales cumplen esa presunta (y solo presunta, por lo que diremos después) función descriptiva de la realidad social actual. Si no lo hace esta materia habría que preguntarse, más bien, por qué no cumple, o no puede cumplir con ese objetivo que se marca. No obstante, una cosa es defender la existencia de una materia independiente de Ciencias Sociales, y otra revisar cuáles son los problemas curriculares de la misma. Además, considero contradictorio proponer la existencia de esa materia diferente a las Ciencias Sociales si el objetivo es precisamente enseñar contenidos científico-descriptivos (ver 6). La única explicación que se me ocurre es que el autor defienda la especificidad de la EpC frente a otras materias (como las Ciencias Sociales), lo cual tampoco es tan extraño, dado que nos encontramos con una materia realmente existente. Así que la línea de razonamiento no es descabellada, más bien al contrario, es precisamente la seguida por sus defensores. El problema es la contradicción en que se incurre defendiéndose de este modo. Pues o bien las Ciencias Sociales no tienen ese contenido científico-descriptivos o bien no tratan sobre los asuntos relativos al contexto sociopolítico, una o ambas alternativas legitimarían la EpC. Los textos anteriores niegan ambas posibilidades con suficiente claridad. De ello se deduce la ilegitimidad de la materia desde ambos flancos.

Por tanto, los aspectos 1, 2 y 5 indicados anteriormente caen de forma inmediata. No hace falta pensar en modos de impartir contenidos positivos de la sociedad actual, porque ya se hace, como prescribe la legislación. Solo hay que leer la ley y que alguien se ponga a cumplirla (por ejemplo, los profesores de Ciencias Sociales, los cuales por cierto, es de suponer que lo hacen).

Otra cosa sería decir: «como estos docentes no hacen correctamente su labor, aquí venimos nosotros, profesores de Ciudadanía, a enmendarles la plana». Esta línea de razonamiento, tampoco es extraña, esta vez, a aquellos profesores de filosofía, que se consideran áulicos (por utilizar una expresión de José Penalva que utiliza en otro contexto, pero puede aplicarse aquí). Semejante argumento: tratar de remendar los errores de otros, es muy habitual en la enseñanza, y así nos va. Lógicamente no es lo que defiende el autor del texto: es una opinión que revolotea entre ciertos sectores de nuestro gremio.

¿Se agota el conocimiento del presente con las ciencias sociales? Consideramos que también cabe hacer una clasificación de los tipos de organizaciones políticas, y una crítica desde posiciones teóricas diversas. Ésa es la esfera propia de la filosofía política. El conflicto y el debate entre esas clasificaciones son pertinentes y necesarios, de lo que se deduce la necesidad irrenunciable de la filosofía, muy en contra de quienes la encuentran un saber accesorio o prescindible, o, lo que es peor, positivamente superado.

Dado que EpC no es filosofía política se puede señalar que:

(1). No se dedica a la “descripción” propia de las ciencias sociales.

(2). No se dedica a la clasificación crítica propia de la filosofía política.

Por tanto, (3). Solo puede tener espacio como encomio o panegírico, es decir, como un género retórico.

No se puede defender la especificidad de la EpC sin adoptar una concepción exenta de la misma, y he ahí el quid de la cuestión. No son casuales, ni accidentales esos contenidos “perversos” que el autor del texto critica. Pero no ya solo los contenidos, échese un vistazo a los criterios de evaluación y demás. Esos elementos son su propia sustancia, su raison d’être. Cabría concebirla como parte del género adulatorio, y si se observa desde esta perspectiva se podrá comprender mucho de su naturaleza como asignatura.  A ello se añade el problema de quienes entienden que la crítica a la EpC es eo ipso la crítica a la Democracia (así, en mayúscula), y que quien lo hace defiende una suerte de carlismo tradicionalista intolerable en la actualidad. No obstante, en aras de la tolerancia, espero que se observen exclusivamente los argumentos, y se deje la política en paz.

2. Sobre la dualidad hecho/valor y otros tópicos del positivismo.

Pero, por si no fuera suficiente, leyendo los comentarios, y mucho más allá de la tesis del autor, que distingue entre contenidos científicos e ideológicos, se aportan opiniones de una ingenuidad filosófica verdaderamente increíble que habrá que atribuir a que en los comentarios se puede decir de todo con una impunidad general.

En primer lugar cabría destacar que o bien el autor entiende la Ética como una disciplina sobre hechos, dado que acepta como posible la unión entre Ciudadanía (por 3), -que recordamos debiera tratar sobre contenidos científicos descriptivos-; o bien trata sobre otra cosa distinta. Supondremos que esa otra cosa es o pura ideología (en aras de la exhaustividad vamos a considerarlo así ahora, aunque no se resuelva en el texto), en cuyo caso también debiera desaparecer del currículo y ser absorbida por la Ciudadanía (de ahí las dudas que hemos presentado en el apartado 3 de nuestro resumen); o bien alude a una posición prescriptiva/valorativa de la misma (la que posee el legislador, por cierto, como se verá más adelante); o bien a una forma de retórica como hemos comentado antes. Nosotros vemos que en el fondo late aquí la distinción tradicional entre hechos y valores que se refuerza hasta el límite en los comentarios. Se defiende en ellos que:

“[…] el único enfoque posible (y para mi el adecuado) sería el de la más extremo distanciamiento y frialdad: objetividad pura y dura. Se trataría de describir lo que hay (y lo que ha habido) sin entrar a valorar nada”.  [Francisco Javier, 20 marzo 2011].

Resulta muy interesante analizar la teoría que envuelve ese comentario y que comparten muchos otros. Se basa en esa distinción antes mencionada entre hecho/valor, sumado a un ciencismo o cientificismo craso. La idea sería que los aspectos no delimitados por los márgenes de la ciencia no merecen el nombre de conocimiento, ni por lo tanto, merecen formar parte del currículo. Ya la Ética afrontó este problema distinguiendo entre ética y metaética para salvaguardar cierta apariencia de cientificidad en su área de saber. No obstante, la cuestión está muy lejos de ser tan simple. Y es que se toma a la ciencia como un saber único, en la medida en que su método permite el conocimiento de la verdad. No es solo que quepa dudar de la validez gnoseológica del término ‘valor’, sino de la dualidad misma entre hechos y valores, y de la unidad de la ciencia misma (por no decir de su verdad, y no hace falta ser Feyerabend para ello).

Pero leamos, un poco más, lo que nos dice la legislación respecto a las Ciencias Sociales:

«La Geografía y la Historia ofrecen una visión global del mundo, a la vez que impulsan el desarrollo de valores que inducirán a los escolares a adoptar una actitud ética y comprometida en una sociedad plural y solidaria» (Ibid. 30471).

«[…] se desprende que estas disciplinas sirven no sólo para el estudio de sus correspondientes contenidos propios, sino para transmitir una serie de valores que permitirá a las alumnas y alumnos comprender el mundo en que viven. Entre ellos merecen especial atención algunos tan fundamentales como la solidaridad, el respeto a otras culturas, la tolerancia, la libertad o la práctica de ideas democráticas.» (Ibid. 30472).

No terminaríamos de reproducir la miríada de textos que regresan con los mismos términos a esta cuestión. Hemos citado los de Ciencias Sociales, por no detallar los de EpC, materia que podría ser tildada de acientífica (en lugar de dudar de su materialidad, como proponemos aquí). Así, en contra de lo que podría pretenderse, el plano “descriptivo” queda completamente arruinado, no ya en EpC, sino en toda área de conocimiento que aparece en el currículo.

El problema es que, lejos de disolver la dualidad hecho/valor, semejantes concepciones que aluden a una descripción pura (¿y qué pudiera ser tal cosa?) no vienen sino a profundizar en la dualidad misma, cada vez de modo más elemental y agotador. Este texto está muy lejos de poder ofrecer una crítica sistemática de tales teorías: el positivismo constituye hoy la ideología dominante y a ella va indefectiblemente unida la concepción de los valores como la esencia misma de la Ética:

«La Educación ético-cívica de 4º de ESO se concibe como una reflexión más  filosófica (sic.) sobre los valores, instituciones y retos de la democracia liberal en España y el mundo. Una ética cívica no debe derivar (sic.) en un nihilismo o en un relativismo que disuelva todos los valores. Los valores del respeto al otro y del reconocimiento de la diferencia no equivalen a la aceptación acrítica de toda idea o práctica que sea contraria a los derechos humanos.» (Ibid. 30495).

Además, ese positivismo, al final tampoco puede ahorrarse su referencia a los valores. Para la filosofía de la ciencia de Laudan o J. Echeverría sin ir más lejos, la noción de objetividad pasa a ser concebida como un “valor epistémico”. Se acaba entonces inmerso en un lodazal de difícil navegación: ¿qué distinguiría un valor epistémico de uno no epistémico?, ¿tal vez su cientificidad? Semejantes peticiones de principio encontramos en estos ámbitos.

En conclusión, el texto analizado constituye una expresión perfecta de la defensa razonada de la EpC. No obstante, por los argumentos expuestos, consideramos que semejante defensa es insostenible. Y a ello hemos añadido cuáles son los presupuestos filosóficos que amparan esta concepción general, cuestionables de principio a fin. Ciertamente, reconocemos que el autor no aclara qué concepto de la Ética defiende y, de hecho, nosotros tampoco lo hemos hecho. Pero sí que se observa con claridad qué concepción defiende nuestra legislación. Creemos que no existe mayor reivindicación de la Ética y la Filosofía que la necesidad de afrontar tales opiniones para sacar a la luz su dudosa consistencia.

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51 comentarios en “La recuperación del debate sobre la Educación para la Ciudadanía”

  1. 11 abril 2011 a 23:41 #

    Vayamos a donde vayamos en reflexiones perecederas en lo educativo, qué bueno es hablar de la sociedad en la que vivimos en lugar de dioses que nunca estuvieron vivos.

    http://pocoquedecir.wordpress.com/2011/04/11/leche-galletas-y-a-ti-corazon/

  2. Manuela Silva
    12 abril 2011 a 10:57 #

    Ay!, pero si ya ha dicho D. Mariano que si gana cambiará la asignatura EpC por otra llamada algo así como “Conocer Europa”. A mi me gusta más, porque espero nos den billetes, low cost eso si, para ir a Paris o a Berlin con los alumnos. ¿Enseñarles filosofia? a quien se le habrá ocurrido semejante cosa. Por cierto ¿hay alguna otra asignatura que a lo largo de la Historia de la Educación también haya desaparecido para siempre?. Seguro que hay muchas. Yo desde que se que soy una Dinosauria me encanta el Paleolitico y odio los meteoritos.
    Saludos a todos, y a seguir, animo.

  3. Mari
    12 abril 2011 a 21:26 #

    El deber ser. ¿Qué importa a nadie cómo deberíamos ser? Esta apatía endeble y pobre, esa falta de confianza en el hombre, ese no tener entusiasmo porque el hombre salga de su animalidad… y qué hay de esa calma que antecede a la tempestad… No sé que querrá éste ahora, no querrá situarme en… darme unas migajas del pastel. Callaré que el que calla otorga, como dice el dicho y apañaré lo que pueda ¿Para que hablar? ¿y si me roban las ideas? Tú no lo dijistes, ¿por qué tengo que decirlo yo ahora?
    Atención, pronto elecciones, igual…
    El deber ser, ¿cómo deberíamos ser? y ¿para qué ser así? ¿tal ve para ser más feliz?, pero ¿para ser más felices quiénes?… Educación para la ciudadanía o ciencias sociales o… qué más da, si de lo que se trata es de que podamos vivir sin sobresaltos… sin asaltos, sin que me asalten, y para que mis niños puedan jugar por la calle y en el parque… ¡josú, y yo con estos pelos!

  4. serenuszeitb
    12 abril 2011 a 22:24 #

    Antes de nada deseo agradecer a Angel su interés por mis tribulaciones; el que comprendiéndolo lo leyera y además lo contestase cumple con creces las aspiraciones de un texto que fue escrito con la esperanza de suscitar alguna lectura y alguna respuesta tan perspicaz como la que nos ocupa.

    Lo cierto es que puedo suscribir la práctica totalidad de lo que Angel expone. No obstante haré algunas precisiones: la principal es que la cuestión que me parece más relevante es la primera: ” ¿Consideramos necesario que el alumno al finalizar su ciclo de escolarización obligatoria tenga conocimientos básicos acerca del medio social, político y jurídico -nacional e internacional- en el que vive?”, que precisamente no es tratada pero parece que el autor de la respuesta acepta, aunque apunta que también esta cuestion podría ser contestada negativamente y supongo que sustentada con argumentos racionales -naturalmente me interesan tales argumentos.

    La segunda cuestión que planteo [¿Puede una asignatura como Educación para la ciudadanía contribuir a este propósito?] no tiene a mi entender demasiado empaque. Y se seguía de mi respuesta positiva a la primera cuestión -sin mucha profusión de argumentos, lo reconozco,”me parece tan esencial ese conocimiento como que el alumno conozca el medio geográfico y natural”-. Con mi respuesta a la segunda cuestión sólo trataba de darle una utilidad razonable a ese espacio real que ocupa la EpC en los planes de estudios: ¿no podría servir a aquel objetivo?.

    Coincido con Ángel en para alcanzar dichos contenidos y objetivos no necesitamos salir de las ciencias sociales, por supuesto [el problema es simplemente de facto, de la necesidad de una ampliación de ciertos contenidos ]. No pretendo [ y agradezco que el autor de este post me exima explícitamente de esa pretensión] enmendar la plana a ningún colectivo, pero tampoco es descabellado que también el departamento de filosofía pueda hacerse cargo de esos contenidos y objetivos, al fin y al cabo impartimos (quizá habría que interpretar el verbo en pasado) Sociología en segundo de bachiller sin mayores problemas de conciencia. Además comprenden contenidos jurídicos que no pertenecen específicamente a ninguno de los departamentos citados y tampoco están ausentes los contenidos filosóficos -su limitación vendría dada simplemente por la edad y madurez propia del alumno al que van dirigidos ( sea de segundo, tercero o cuarto de ESO) y al que deberían adaptarse.

    Por descontado que no me preocupa demasiado si esos contenidos los englobamos bajo el rótulo de EpC o por el de Fundamentos jurídico-políticos del mundo contemporáneo… o Introducción a ….. Lo esencial es determinar qué contenidos son pertinentes, qué objetivos se cumplen o no y cómo podrían mejorarse.

    Respecto al asunto de lo descriptivo y lo valorativo. No pretendía yo argumentar ni en favor ni en contrar de tales distinciones. Con la denuncia de “supuestos ideológicos nada científicos presentes en el curriculum de la materia y que hacen de ésta una forma de ideología de cariz adoctrinante más que un campo de conocimiento abierto a la verdad y a la crítica.” … me refería simplemente a la aceptación dogmática de ciertas valoraciones y al presunto parcialismo político.

    Muy interesante me ha parecido la conclusión de que una disciplina tal “solo puede tener espacio como encomio o panegírico, es decir, como un género retórico”. En efecto, se sigue de las premisas que se enuncian, pero espero que no estemos obligados a aceptarlas necesariamente.

    Por último sí quiero contestar a la cuestión de qué concepción de la ética y de la filosofía defiendo. Podría decir que ninguna, pero simplemente lo ignoro. Sí sé que en su origen está la vivencia (conciencia) de esa tensión entre Diógenes y Aristipo, de Sócrates con Gorgias, de Aristóteles con Platón, del imperativo catégorico y el utilitarismo, de Schonpehauer y Hegel… o de Wittgenstein consigo mismo.

    Un cordial saludo

    • Ángel
      16 abril 2011 a 0:11 #

      La respuesta de Ximo que agradezco por encima de cualquier otra exigiría un análisis mucho más extenso del que procede. Solo comentaré una cosa por ahora respecto a la ominosa primera pregunta: “¿Consideramos necesario que el alumno al finalizar su ciclo de escolarización obligatoria tenga conocimientos básicos acerca del medio social, político y jurídico -nacional e internacional- en el que vive?”. Voy a ensayar dos posibles argumentos para responder que no a ella, a ver qué pasa, aunque no esté de acuerdo con mis propias palabras. Si tuviera que decir algo contra la necesidad de esos conocimientos básicos etcétera podría decir:

      1. La educación obligatoria tiene como objetivo ofrecer unas herramientas que permitan el aprendizaje autónomo del alumno. Más que centrarnos en que aprendan datos por otro lado prescindibles como los ríos de España o la capital de Sudán, lo que los estudiantes necesitan es desarrollar su capacidad de aprendizaje conforme a sus propias motivaciones, de modo que podríamos cambiar nuestro enfoque educativo del magistrocentrismo y del logocentrismo a la atención del alumnado y de sus necesidades, intereses y motivaciones. Dado que esos conocimientos básicos al final conducen a un academicismo estéril que nada aporta al alumnado, no debiéramos temer a una sustitución de los mismos por una educación emocional del discente que permita el pleno desarrollo de su personalidad a partir de la labor orientadora del docente. Ello no excluye el hecho de que se puedan aprender tales contenidos, es más, esto sería deseable e incluso animaríamos a nuestros estudiantes a ello, pero no sería necesario, que solo es lo que este argumento pretende rebatir. Por supuesto, la repetición no tendría sentido, del mismo modo que el currículo (o programa) se debe comprender de un modo mucho más flexible, y menos académico. Al final nuestros estudiantes, si se les enseñan prácticas democráticas, relativas a la organización y gestión tal vez no del centro en su totalidad, pero de algunas parcelas del mismo, serían sin duda unos excelentes ciudadanos tolerantes y solidarios para la sociedad, con capacidad de aprender a aprender esas cosas.

      2. La noción de conocimiento constituye una forma anticuada de comprender el fenómeno del aprendizaje que ha sido sustituida por la más moderna noción de competencia. Aunque ésta contiene un elemento cognoscitivo, articula otros elementos, como los relativos a la decisión de medios o pautas de acción ante una situación dada. Se trata de un enfoque contextual de la enseñanza, por tanto. Lógicamente el contexto del que no podemos sustraernos es el de nuestra sociedad actual, y podríamos decir que buscamos una competencia social y ciudadana para nuestros estudiantes… ¿pero implica esto necesariamente la adquisición de conocimiento? Pues aquí recurriría a la distinción entre los tipos de conocimiento: puede que un conocimiento teórico no sea el adecuado para desarrollar esta competencia, puede que una materia o asignatura (o varias) no fuese la adecuada para desarrollar esta competencia. Esta línea no eliminaría tanto el conocimiento en sí, cuanto el núcleo disciplinar que lo articula (las ciencias sociales, que no están exentas de problemas gnoseológicos, por cierto). Considerada secundaria esa matriz, podríamos decir que no se buscan alumnos con conocimientos sino con competencias, una forma moderada de responder negativamente a la primera cuestión.

  5. Francisco Javier
    13 abril 2011 a 11:13 #

    Estimado Ángel,

    desde que me he enterado que con esta asignatura podremos por fin superar el nihilismo, ya no sé qué pensar. ¡Qué fuerte!

    Una pregunta para los filósofos: eso de los valores, ¿no era “cosa de derechas”? Cuando yo estudiaba los valores se asociaban con la filosofía más conservadora (fenomenología, cristianismo.) ¿No es un poco raro?

    Una aclaración: mi preferencia por un planteamiento distante, objetivo, no se vincula tanto al positivismo, como a un enfoque rigurosamente filosófico, en tanto que me parece más neutral que el catecismo laico que se nos quiere vender con esta asignatura que tanta polémica suscita. No se trata a mi juicio de mostrar y legitimar que vivimos en el mejor de los mundos posibles -que me parece que es lo que vende esta asignatura, que de crítica auténtica tiene poco-, como de dejar espacio libre a la reflexión de quienes más y mejor han pensado (incluidos los malditos.) Por razones evidentes, en 2º de la ESO no creo que esto sea posible y carece de sentido.

    Un saludo.

    • Francisco Javier
      13 abril 2011 a 11:18 #

      Se me olvidaba: en 4º de la ESO, tampoco. La cosas no andan muy bien que digamos.

      • Ania
        14 abril 2011 a 15:56 #

        Ni tampoco en 3º…

        Bueno , las mates , mejor porque al salir de clase , en la “parti” estudian lo que no hacen en clase y cuando vuelven al instituto el profe de mates y física cree que lo que saben y vierten en sus exámenes lo han aprendido de él.

  6. elena
    13 abril 2011 a 14:16 #

    No voy a entrar a discutir su texto punto por punto puesto que no lo he leído pero llama la atención que lo encabece con la imagen de una quimera. Puede que la educación para la ciudadanía, incluso la educación integral de la persona en su más amplia acepción sea una utopía, pero desde luego no es una quimera.
    Ignoro los contenidos de la asignatura en los niveles superiores pero sí tuve acceso al conocimiento de sus objetivos en primaria y no veo dónde está el problema. Basta circular un poco por la red, leer los periódicos o escuchar los telediarios para darse cuenta de la empanada mental que supone la convivencia, la tolerancia o la comprensión de culturas diferentes a la nuestra, que si la permisividad o no en el uso del pañuelo por las mujeres musulmanas, que si dejar o quitar de las aulas los crucifijos y cualquier otro símbolo de identidad religiosa, que si permitir la injerencia de los padres en la formación de sus hijos. Estas y otras cuestiones son tratadas en esta plataforma, en los medios de comunicación y por supuesto, en la barra del bar, sin embargo, a decir de muchos no son objeto de tratarse en la escuela. ¿qué es entonces la escuela? ¿Un sustituto alternativo a otras fuentes de conocimiento? ¿un lugar dónde dejar a los niños cuando los padres tienen cosas más importantes que hacer?
    Si algo ha puesto de manifiesto esta crisis es una total y absoluta incultura de lo que significa vivir en democracia. No conocemos la Constitución e ignoramos lo más esencial del funcionamiento de las instituciones democráticas. Comenzamos por ignorar las consecuencias del voto en blanco o la abstención y terminamos, en nuestra ignorancia, lanzando palos de ciego contra todo lo que se menea: el género, la inmigración, la religión, el sindicalismo o la militancia en cualquier organización.
    Existe una crisis, sí, pero no es crisis económica la que deba preocupar (esa yo la conozco bien desde que nací), la verdaderamente preocupante es la crisis de valores. La que es capaz de señalar al débil como enemigo, la que es intolerante con el diferente, la que premia al corrupto (veanse las listas electorales), la que no reconoce el esfuerzo y el talento, la que nos viste de derechos y despoja de responsabilidades porque fomenta el victimismo e incapacita para la acción.
    La cuestión es ¿pueden tratarse estas cosas desde una asignatura con X horas semanales? Rotundamente no. Como dice Jose Antonio Marina “a un niño lo educa toda la tribu”. Hay cosas que no se pueden enseñar desde una asignatura, pero sí se puede desde esa asignatura enseñar la Constitución, los fundamentos democráticos y el contenido de la carta de los Derechos Humanos y reflexionar sobre ellos.

  7. Mari
    13 abril 2011 a 22:40 #

    Valores de derecha e izquierda.

    ¿Puede vivir el hombre sin valores? ¿Sin principios?

    Cuántos litros de tinta se han gastado a lo largo de la historia escribiendo sobre el deber ser. El hombre debe ser justo, paciente, perseverante y libre (que no libertino). Esto lo habrán dicho muchísimos a través de los tiempos, aunque con matices diferenciadores. La virtud está muy relacionada con la justicia… Si tuviésemos que buscar un punto común a todas las éticas conocidas, incluidas las religiosas (al menos sobre el papel), seguramente encontraríamos ésta, la
    justicia, pero ¿qué justicia? Éste sí sería un buen tema para debate, si lo que se pretende es solucionar los problemas educativos partiendo del análisis de la realidad, aunque cabe la posibilidad que los intereses son otros.
    ¿Qué entiende la derecha por justicia?, ¿qué la izquierda?, ¿qué los excelentes? ¿qué los que se han estado preguntando a lo largo de su vida qué es realmente la justicia?
    Tengo la sospecha que para unos la justicia equivale a la más absoluta igualdad y son los hombres, en cuanto justos, los que aseguran que que así sea; para otros equivale a una igualdad ligada al esfuerzo y también los hombres serían los encargados de…; otros la identifican con dios, la justicia de dios, él es el justo por excelencia y es él el único que puede administrarla en función de la bondad y maldad y del arrepentimiento de los pecados del hombre (ya que acepta la parte instintiva como algo intrínseco y de muy difícil control), él tendrá que resignarse con los designios de dios; otros consideran que son los excelentes los que tienen que administrarla en función del grado de excelencia nacida de la propia naturaleza y del esfuerzo. En fin…

    • elena
      14 abril 2011 a 16:11 #

      Hola Mari, evidentemente no. No se puede vivir sin valores ni principios. Ni siquiera se puede vivir sin creencias.
      Es cierto que hay una serie de valores que se atribuyen a la derecha, la izquierda o la Iglesia y que además esos valores entre en conflicto entre sí, es por ello que ya no se buscan los valores absolutos y que todo parece empañado de un relativismo desconcertante. Pero como bien dices, no se puede vivir sin valores y cada uno ha de encontrar aquellos que le ayuden a elegir con criterio y honestidad. Ya no vivimos en una dictadura dónde estaba claro qué se consideraba bueno o malo, incluso las personas religiosas se plantean los dictados o normas que proceden del Vaticano. Temas como el aborto, el uso de preservativos o la sexualidad también llenan rios de tinta y amenizan rios de cerveza en la que cada cual defiende sus posturas en base a sus principios, valores o creencias.
      Con la justicia sucede lo mismo.Tradicionalmente se viene representando la justicia con una mujer que sujeta en sus manos una balanza. La idea es que cuando una persona fallece se pesan sus obras, a un lado se ponen las buenas y al otro lado se ponen las malas. Si las buenas acciones superan a las malas el alma va al cielo, al Párnaso o cuantos escenarios haya imaginado el hombre para premiar su buen hacer. Si son las obras malas las que superan en peso, el alma se condena. Las buenas acciones tienen una recompensa mientras que las malas tienen un castigo. Esta es la idea de justicia que nos han enseñado. Según esto, un sistema educativo justo sería un sistema que recompensa al buen estudiante y sanciona al malo.
      Pero me temo que las cosas no son tan sencillas. Sucede que la naturaleza es caprichosa, y en ocasiones da altas capacidades intelectuales o artísticas a quienes tienen una escasa capacidad de trabajo y otras, al contrario, dota de menor capacidad a quienes tiene una notable capacidad de esfuerzo. Nuestra Aguirre o la cólera del PP pretende premiar a aquellos estudiantes que saquen mejores calificaciones ignorando su capacidad de trabajo y sancionando así a quienes esforzándose no consigan la excelencia, además de no solucionar

    • elena
      14 abril 2011 a 16:13 #

      nada puesto que es algo que extraofialmente ya se está haciendo. Las políticas de izquierdas confunden igualdad con igualitarismo y pretenden en base a no se qué principios pedagógicos pasar a los malos estudiantes de curso premiando así tanto la falta de capacidad como la falta de esfuerzo. Ambos pasan una tabla rasa ya sea por arriba o por abajo ignorando al individuo y en consecuencia hacen o pretenden un sistema educativo injusto y carente de valor porque justo es también dar a cada individuo lo que necesita y exigirle conforme a sus capacidades.

  8. Mari
    13 abril 2011 a 22:47 #

    Perdonen las erratas… la tableta, no la de chocolate, la iPad

  9. Mari
    14 abril 2011 a 21:37 #

    Elena, el problema principal, desde mi punto de vista, es la dejadez generalizada, hablamos de alumnos adolescentes y de jóvenes, pero si observáramos a muchos adultos ¿qué veríamos? Mire a su alrededor. Mientras más derechos tenemos más queremos y mientras menos deberes tenemos menos queremos. La balanza está claramente inclinada y costará equilibrarla. De momento sólo hay voces descarriadas, estamos en época de profundización, pero pocos son los que quieren hablar claro, culpamos a los débiles, cómo siempre, aunque la verdad creo que es otra cosa bien distinta. La casa está muy deteriorada, tenemos que arreglarla, y tenemos que comenzar por elaborar un proyecto sólido entre todos (éste es el primer dilema que encontramos, muchos vemos problemas sociales endémicos, pero cada uno queremos solucionarlo de forma distinta, ¿qué hacer?) y después comenzar a desarrollarlo.
    Un saludo

    • elena
      14 abril 2011 a 23:56 #

      En una ocasión, una amiga mía, cuando contábamos la tierna edad de 16 años llevó a su padre al psiquiatra, se había sumido en una depresión que le alejaba del mundo y le había convertido en un fantasma, una sombra. El psiquiatra, al verlo, le dijo a mi amiga: tu padre ya no tiene remedio, pero tú sí.
      Cuando yo miro a mi alrededor veo sombras, personas desesperanzadas que se resisten a abrir los ojos y mirar la realidad. Prefieren pensar que todo esto es una ilusión transitoria en vez de aceptar que la ilusión transitoria han sido los últimos años de bonanza donde podías vivir feliz en tu casa rodeado de todo tipo de lujos e ignorando el dolor que esos lujos le producían al resto del mundo. Es curioso, nunca ha habido tanto acceso a la información como hay ahora y nunca se ha estado tan desinformado. Tanta tecnología nos ha cegado, pero los niños, los jóvenes, todavía tienen un mundo que descubrir, y según miren y comprendan el mundo, así sera. Si les enseñamos a competir vivirán en un mundo competitivo, si el enseñamos a cooperar vivirán un mundo cooperativo. Si sabemos qué clase de mundo queremos para nuestros hijos, sabrémos qué les deberemos enseñar.

      • Jesús San Martín
        15 abril 2011 a 7:31 #

        Elena esta semana ha sido mi cumpleaños. Ni que decir que me han regalado chocolate por todos los sitios. ¿Crees que lo único que quiero comer en mi vida es chocolate? La respuesta es evidente, no. Pues eso mismo pasa con la cooperación y la competición, cada cosa tiene su momento y su lugar. Si enseñas a tu hijo sólo a cooperar no sabrá competir cuando tanga que hacerlo, y te aseguro que el amigo no va a cooperar con él si le gusta la misma chica, quiere el único mismo puesto o cualquier otra circunstancia de recursos escasos. Por el contrario, si sólo le enseñas a competir no sabrá cooperar en el amor, ni saber sacrificarse por sus hijos, ni gozar con los amigos. Comer sólo chocolate en la vida da muchísima sed.

      • Raus
        15 abril 2011 a 11:29 #

        Es difícil decirlo mejor y con tan pocas palabras, querido Jesús. Cooperar y competir según en qué y cómo. Por cierto, feliz cumpleaños. Como estás delgado, te lo puedes permitir. Lo del chocolate, digo.

  10. Mari
    15 abril 2011 a 15:08 #

    Mi casa funciona si todos los que vivimos en ella nos preocupamos de que así sea; tenemos que acostumbrar a los hijos a colaborar, porque sin cooperación y coordinación ni las grandes ni las pequeñas obras hubieran llegado a ser. No creo que una casa funcione si la madre es la esclava o el padre o ambos de los hijos o del otro o… Una casa funciona bien, si existe esta cooperación (por supuesto teniendo en cuenta los límites de edad y rol principalmente) y mejor aún cuando todos son libres (que no libertinos) y conscientes (estén educados en esto), por ello hay que ser prudentes a la hora de promoverla (soy partidaria de la justicia proporcional a la contribución sin olvidar que no todos somos igual de altos, etc. desde la cuna; Elena, usted dice: “porque justo es también dar a cada individuo lo que necesita y exigirle conforme a sus capacidades”; totalmente de acuerdo, si ese dar a cada uno lo que necesita significa – si la persona en cuestión tras exigirle… no quiere hacer su parte – darle lo preciso para que cubra sus necesidades básicas (en la escuela, se socialice… pero no que pase de curso sin haberse esforzado y comportado).
    Pasaría lo mismo en un centro educativo si cada uno aporta su parte (con los límites mencionados), y en un barrio y en…

    En cuanto a la competitividad, estoy de acuerdo con Jesús, aunque imagino que sólo en parte. La competencia también es necesaria, y agregaría que es necesaria sobre todo con uno mismo. Y también hay que ser muy prudentes a la hora de fomentarla. Así, desde mi punto de vista, habría que concienciar en una cooperación sensata y en una competitividad con uno mismo y con los demás igualmente sensata, pero, junto a esto, los padres han de ir concienciando a sus hijos en la necesidad de conocerse, de hacerse conscientes de sus propias capacidades, y en la lucha, deben aprender a luchar por lo que quieren con sabiduría y ética (¿qué ética?). No todo vale en la competencia. ¿Cuál sería aquí el papel de la escuela?

    Jesús, felicidades y que le aproveche.

    Un saludo

  11. Juanjo
    15 abril 2011 a 19:12 #

    Probablemente no te haya entendido, Ángel, pues observo una contradicción. De que el contenido de la EpC no sea descriptivo ni filosófico concluyes que es retórico; y también afirmas que no es posible separar absolutamente un contenido descriptivo, de toda valoración. Pero si no existe un abismo entre ser y deber ser, entonces es posible que el contenido de la EpC, no siendo descriptivo ni filosófico, tenga algún valor cognoscitivo y no sea pura retórica. En efecto, podría decirse que la EpC es una inextricable mezcla de contenido descriptivo y filosófico. Descriptivo, en cuanto da idea de qué es una democracia moderna cual la española; filosófico, en la medida en que se remonta a su fundamento ideológico. Tal contenido tiene por lo menos el valor cognoscitivo del conocimiento de un requisito para saber si la historia avanza en pro, o en contra de las ideas, para saber cuan racional es este animal que llamamos hombre.
    Saludos.

    • Ángel
      15 abril 2011 a 22:57 #

      Hola Juanjo. Agradezco mucho tu comentario, y quisiera analizar algunos elementos que aparecen en él. En primer lugar cuando articulo el par descriptivo/filosófico (primer elemento entrecomillado), aún no he articulado la dualidad descriptivo/valorativo que aparece más adelante. Estos conceptos no los establezco yo, sino que vienen dados por la concepción positivista vigente, que conduce a continuas contradicciones por falta de definición.

      Tampoco afirmo que no es posible separa un contenido descriptivo de toda valoración. De nuevo es una tesis que refleja la misma legislación vigente, y que se refleja textualmente.

      Mi objetivo es mostrar que en los propios términos de esa legislación la materia misma es completamente prescindible, es una inconsistencia. Y esto lo hago exclusivamente en respuesta a los intentos positivos de recuperación de la misma. El alcance de mi propuesta, por tanto, es muy limitado, y solo pretendía continuar con un debate que seguramente tiene las horas contadas. Pero si existe, alguna explicación debe tener, por ello propongo considerarla desde esa función retórica.

      Por otro lado, tampoco considero que la retórica carezca de valor cognoscitivo (y fíjate con qué palabras nos entendemos una y otra vez, a pesar de la oscuridad de las mismas). Tus palabras ya denotan lo que yo quería decir: “inextricable mezcla”. De tu comentario deduzco que opinas que la EpC es Filosofía, es más, es “La” Filosofía ([…] “da idea de qué es una democracia moderna cual la española filosófico, en la medida en que se remonta a su fundamento ideológico”). No obstante, la EpC no puede sustituir a la Filosofía, a menos que consideres “que permite conocer si la historia avanza en pro o en contra de las ideas”. Yo directamente no entiendo esta afirmación: ese hegalianismo histórico no lo comparto, pues considero que tantas ideas había en la Edad Media como en Atenas como en nuestro presente (diría incluso que menos). Opinas además que ese avance es hacia la razón del género humano (“este animal que llamamos hombre”). Se trata de una tesis ilustrada en definitiva. Si me permites continuar con la deducción, entiendo que ese avance es hacia la democracia que la EpC eleva a categoría última o fin de la historia. De este modo se alcanza lo que algunos han llamado “fundamentalismo democrático” y otros “esencialismo democrático”. EpC cumple una función nada trivial de legitimación, pero confundirla con filosofía es un error. Es confundir la filosofía con la ideología (palabra que tu empleas sin sentido peyorativo parece), que aunque democrática, no deja de ser ideología.

      Un saludo.

      • Juanjo
        17 abril 2011 a 11:46 #

        Hola Ángel.
        No considero que la EpC sea siquiera parte de la filosofía. Convenimos en que es una ideología; pero una ideología fundada en una concepción filosófica de la libertad, la de Jhon Stuart Mill, y precisamente por eso es susceptible de reflexión y crítica filosófica. Además, por ser ésta la ideología que nos ha tocado vivir, pues ha querido la historia que vivamos en este estado democrático, nos conviene someterla a una apasionada reflexión y crítica filosófica. Ahora bien, para reflexionar y criticar apasionadamente algo es preciso haberlo aprendido apasionadamente antes. Y a los alumnos que no lleguen a interesarse por la filosofía, el adoctrinamiento de la EpC les sirve por lo menos para saber si sus gobernantes actúan movidos por los ideales democráticos o por la riqueza y el poder, para saber si la historia (de la democracia contemporánea) avanza en pro o en contra de ideales democráticos, para saber cuan racional (coherente con sus propias ideas) es este animal que llamamos hombre. Nada de hegelianismo, nada de ilustración, nada de fundamentalismo democrático.
        En efecto, Ángel, uso la palabra “ideología” con el significado de “conjunto de valores o ideales” y, por tanto, sin sentido peyorativo alguno. Lo malo no es tener una ideología, lo malo es tener solamente ideología o no tenerla en absoluto.
        …Espero que esta vez haya conseguido expresarme con un poco más de claridad.
        Saludos. Y gracias a ti.

      • Ángel
        17 abril 2011 a 17:28 #

        Me resulta una concepción extraña la que presentas aquí.
        Indicas que:
        1. Debemos aprender la ideología que nos ha tocado vivir y que adoctrina respecto a tres ámbitos: a) Si los gobernantes democráticos actúan movidos por los ideales democráticos o por la riqueza y el poder. b) Si la historia (de la democracia contemporánea) avanza en pro o en contra de ideales democráticos. c) Para saber cuan racional (coherente con sus propias ideas) es este animal que llamamos hombre.

        Atribuiría las tres características que indiqué a esos ámbitos. El primero lo entiendo como esencialismo democrático; el segundo es un hegelianismo histórico y el tercero una concepción claramente ilustrada (adornada, eso sí, por una fórmula que utilizas de forma pseudo-poética “este animal que llamamos hombre”, que me hace pensar acaso si quien escribe bajo tu nombre no es en realidad un extraterrestres que observa desde la lejanía nuestras vicisitudes “este animal [que los vulcanianos] llamamos hombre”. Como si no fueran algunos hombres mismos, los de habla hispana más en concreto, entre los que nos incluimos tú y yo, quienes se designen así, pero bueno).

        2. Remites esa ideología a la filosofía de J.S. Mill (¿y por qué de Mill, y no de Rousseau y Montaigne, o de los revolucionarios franceses, o de Kant?), y añades que nos conviene someterla a la filosofía (pero no todos tienen la obligación de hacerlo, dado que hay alumnos que pueden no interesarse por la filosofía). Ademán señalas que previo a la crítica es necesario un aprendizaje (que calificas de apasionado). Por cierto que tampoco acabo de entender esa referencia a la pasión: Una reflexión apasionada tiende a no ofrecer buenos resultados. Además, creer que los alumnos de segundo o de tercero de ESO se van a apasionar por estas cosas durante una hora a la semana, o que se les puede adoctrinar adecuadamente es simplemente ridículo (ya podríamos haberles dicho a los chinos que les basta con poner una asignatura en lugar de un campo de reeducación, o a la ex-URSS que lo de Siberia se resolvía con una hora a la semana). Por cierto, esto ya dice mucho de la ineficacia argumentativa de considerar la materia como adoctrinadora.

        Por otro lado no sé cómo este objetivo: “Promover el conocimiento y la valoración de las principales normas de circulación” puede ayudar a nada de lo que dices. De todos modos quisiera recordar que comienzo mi argumentación reconociendo con Serenus en la necesidad de que un alumno conozca el contexto socio-político en el que se halla, lo que digo es que eso ya se hace en Ciencias Sociales, por lo que la materia es redundante, superflua y retórica. Parece que no niegas nada de esto.

        Por último, creo que el problema de fondo está en el uso del término ‘ideología’. Parece que no observas contradicciones y problemas en esos ideales, sino que das por sentado que son así, y que son los de nuestra época, y que son por tanto los que hay que aprender. Al final dices que es mejor tener ideología que no tenerla en absoluto. Consideras un mal menor que el Estado adoctrine a que los estudiantes no tengan doctrina. Puede que creas que existe algo así como una ‘crisis de valores’. Esto es imposible de acuerdo con la propia noción de valor que usas, pero en fin, es solo una hipótesis.

      • Juanjo
        19 abril 2011 a 0:29 #

        Hola Ángel.
        No me parece que la EpC sea redundante, porque de hecho en ninguna asignatura se enseña el funcionamiento de un estado democrático y la base ideológica en la que se apoya, cuya idea central es la de que el individuo es libre de hacer con su vida lo que quiera siempre que no dañe a nadie; idea ajena a Montaigne, Rousseau, Kant y a los revolucionarios franceses, al menos tal como J. S. Mill la desarrolló. Incluso me parece que tal asignatura es de interés general; porque da la casualidad de que vivimos en uno de esos estados democráticos y si se ignora el funcionamiento democrático de un estado y la ideología que lo sustenta resulta obvio y apodíctico que no se puede juzgar si sus gobernantes obran conforme a él o siguiendo sus deseos de obtención de poder y riqueza, ni se podrá saber si su historia es la que debería haber hecho un estado democrático, ni puede analizarse críticamente sulegitimación.
        Con todo esto no quiero decir que interese lavar el cerebro de los chavales, pero sí darles qué pensar. Por poner un ejemplo: a mí, como a la mayoría de nosotros, se me adoctrinó en el catolicismo, lo cual me hizo pensar mucho, como a la mayoría de nosotros, y al final supe, como la mayoría de nosotros, que no era católico y que muchos que dicen serlo tampoco lo son. La carga lectiva de la catequesis, según creo recordar, era de una hora semanal durante dos cursos.
        Y respecto a las normas de circulación, efectivamente, poco tienen que ver con lo que digo: es un caso de limitación de libertad individual para no perjudicar a los demás. En cualquier caso el profesor puede decidir que algunos puntos no merecen mayor explicación.
        Un saludo.

      • Ángel
        20 abril 2011 a 9:18 #

        Agradezco mucho tus comentarios, Juanjo, que me parecen muy interesantes, la verdad:

        Parto de tu enunciado: “ninguna asignatura se enseña el funcionamiento de un estado democrático y la base ideológica en la que se apoya”. Consiste en una conjunción. Por lógica elemental, si uno de los enunciados es falso, toda la oración se considera falsa (principios de extensionalidad). El primero de ellos es empíricamente falso. No hay contradicción. Solo diferimos en la noción de ideología. Mientras que yo sí le atribuyo un contenidos negativo, tú te lanzas a una aceptación de la misma en pos de un ideal. Aceptas que es, en dos palabras, buena ideología. Y al contrario que tú, no considero positivo en absoluto tratar sobre ideales vacíos, sino sobre los aspectos materiales realmente existentes. Tampoco, atención, he negado la necesidad de estudiar el plano conceptual de la democracia (y de otros sistemas políticos, como la tiranía o el totalitarismo), pero desde una perspectiva filosófica. Tú supones la siguiente tesis: “si la ideología es de la democracia, entonces es buena ideología” porque tu punto de partida dogmático (fundamentalista) es la bondad del sistema (democrático) pero entendido como ideal (por el que además ha de regirse la historia, como tan hegelianamente afirmas). No obstante, si se examina materialmente la democracia, se descubrirá que muchos de esos ideales son ficciones o mitos que se disuelven ante un mínimo análisis riguroso: por ejemplo, la noción de valor o de soberanía popular, y otras muchas.

        Considero, en suma, que la democracia existe por la confluencia del desarrollo histórico efectivo (y no del ideal) que, como es evidente, está necesariamente entrelazado con el conflicto entre distintas líneas teóricas que se llegan a plegar ideológicamente (no hay un mundo de hechos y otro mundo de ideas). Desentrañar ese pliegue es el reto de la verdadera filosofía, rechazar las ideologías es el reto de atreverse a ser persona.

      • Ángel
        20 abril 2011 a 12:28 #

        Cierto, me refería al principio de composicionalidad de Frege, y no al de extensionalidad de la teoría de conjuntos, que entiende que los conjuntos están determinados por sus elementos. Y por ello me remito a la tabla de verdad de la conjunción.

      • 25 abril 2011 a 7:59 #

        Ángel, ¿debiera deducir de la lectura que mantienes con Juanjo, que tus comentarios están menos contaminados de ideología porque aplicas el método filosófico? O si prefieres planteado de otra manera, ¿los comentarios de un jurista o de un economista que no aplicasen el método filosófico serían por ello más ideológicos?

      • Ángel
        25 abril 2011 a 10:56 #

        Hola Emilio. No sé en qué sentido se debiera deducir tal cosa. Ahora bien, creo haber precisado (siquiera superficialmente, claro está) qué entiendo por ideología. Curiosamente no se me pregunta qué entiendo por filosofía (¡y menos mal!), puede que porque das por sentado que al ser profesor de filosofía ya empleo algún “método filosófico” (que por cierto, no podrás ser único, porque no es el mismo método el cartesiano que el dialéctico que el trascendental).

        No sé en qué sentido si un jurista aplicase el “método filosófico” (¡cuál?) sería más ideológico que si lo hiciese un filósofo. Pondré un ejemplo: Averroes era ambas cosas. Hay que distinguir aquello a lo que uno se dedique del enfoque que emplee. Se puede ser filósofo sin ser profesor de filosofía evidentemente. Ello no añade un “plus” de ideología ni nada por el estilo.

        Habría que realizar dos tareas:

        1. Justificar que el tema es de índole filosófica: creo que el tema de EpC lo es (como crítica a la ideología, forma parte del trabajo filosófico, lo lleve a cabo un jurista, un fontanero o un parado)

        2. Justificar la propia posición al respecto (ello convierte el discurso que uno emite en algo más que mera ideología que se opone a otra: lo convierte en filosofía).

        Yo justifiqué el primer punto en la medida en que atribuí la EpC a una situación de predominion del positivismo, del ciencismo y del fundamentalismo; y he tratado de justificar el segundo utilizando argumentos (más bien esbozos de los mismos), además entrando en polémica con otras interpretaciones (la de Serenus, la de Juanjo).

        Otra cosa sería que un economista aplicase sus categorías económicas al problema, y tratase de emitir dictamen al mismo, clausurando el debate. Es una forma de reduccionismo que sería preciso criticar, pero creo que nadie ha llegado a ese punto aquí (y no digo que alguien no lo pueda hacer).

        Yo mismo puedo clausurar el debate sobre EpC sin recurrir a la filosofía, de forma reduccionista si afirmo: EpC es una pérdida de tiempo, porque una materia de una hora semanal es insignificante para el alumnado. Lógicamente tendría que probar esta tesis desde la perspectiva pedagógica (quiero decir institucional-administrativa). Esta opción técnica, aunque lo resuelve rápidamente (creo que es intuitiva, pero se puede discutir), se deja otros aspectos del fenómeno sin investigar, y aunque efectiva, resulta empobrecedora.

        Un saludo.

        [Por cierto, no me aclaro con este sistema de respuestas de comentarios: Administrador!!]

    • Ángel
      19 abril 2011 a 15:20 #

      Hola Juanjo,

      Siento tener que considerar falaz la afirmación de que “ninguna asignatura se enseña el funcionamiento de un estado democrático”. Creo que yo he aportado pruebas de que esto no es así, y tú simplemente lo das por sentado a priori pero sin una lectura de la legislación como la que ofrezco y de ello se sigue el resto (“[…] vivimos en uno de esos estados democráticos y si se ignora el funcionamiento democrático de un estado […]”). No sé en qué te basas para asumir apodícticamente esa ignorancia por parte de los estudiantes -y no digo que no la haya, pero al menos no es debida a la letra del currículo.

      Me alegra saber que te ciñes a la filosofía de Stuart Mill, aunque sea con una sentencia como que “el individuo es libre de hacer con su vida lo que quiera siempre que no dañe a nadie”, una versión más de la ‘regla de oro’, por cierto. Curiosamente su nombre ni aparece en el currículo de la materia (tampoco Montaigne, Rousseau ni Kant), parece que la filosofía no le importaba tanto al legislador como a ti Mill.

      Por otro lado respecto a la categoría política que manejas: obrar conforme al estado democrático/por deseo de obtención de poder o riqueza me pregunto: ¿Acaso las decisiones de los estados democráticos emanadas de los políticos no buscan ‘por derecho’ poder y riqueza? ¿Acaso un político que busque poder no ha de poder llevar a cabo acciones que convengan al estado democrático? ¿Comenzamos a dar ejemplos? Es cierto que añades la conjunción “y riqueza”, se supone que personal, claro, y supongo que á algún tipo de riqueza tendrá derecho (un platonismo radical que me parece admirable, sin duda). Pero en algunos estados democráticos realmente existentes sin riqueza no se puede alcanzar el poder. Tal vez habría que decirles a los estadounidenses que no sabe qué es la democracia, porque no se ajustan al ideal.

      Respecto a la historia posible de un estado democrático que se ha de ajustar, de nuevo, a la idea del mismo, considero que se trata de una afirmación meramente idealista sin ningún asidero en la realidad histórica que es la propia de las sociedades políticas. El estado de autonomías se está realizando por ejemplo, pero esto puede (o no) ser un rasgo positivo (o negativo) de ese estado democrático ideal. Esto asumiendo, “ex hypothesi”, que existe una sola noción de ese estado democrático (sería la reflejada en la Constitución de turno), como si no cupiera crítica a esa noción, o ambigüedad –podríamos ver las decisiones del Tribunal Constitucional para despertar de ese sueño dogmático.

      Consideras, además: 1. Que no puede alcanzarse la crítica a la legitimación sin la ideología previa, al parecer, pero no ya de forma distributiva en una sociedad, sino en una misma persona (lo que podría derivar en una elegante esquizofrenia). 2. Que la mayoría de nosotros no somos católicos, justo antes de empezar las vacaciones de Semana Santa, después de las de Navidad, y con las Iglesias vacías para celebrar matrimonios o bautizos. 3 Que “algunos puntos [del currículo, del temario vaya] no merecen mayor explicación”. Con esto: apaga y vámonos. Literalmente.

      Te adjunto el bloque de contenidos de tercero de ESO para Ciencias Sociales de la Comunitat Valenciana y el criterio 5 y 6 de evaluación de la página siguiente (Decreto 112/2007, de 20 de juliopor el que se establece el currículo de ESO en la Comunitat Valenciana, DOCV 5562 del 24/7/2007, pág. 30482:

      Bloque 3. Organización política y espacio geográfico
      – La organización política de las sociedades
      • El Estado como entidad política y geográfica.
      • Funciones y tipos de regímenes políticos. Identificación de los principios e instituciones de los regímenes democráticos.
      – Organizaciones supraestatales. El papel de la Organización de las Naciones Unidas.
      – La organización política y administrativa de España y de la Unión Europea
      • Funcionamiento de las instituciones españolas y europeas.
      • El modelo autonómico español. La Comunitat Valenciana.

      5. Identificar los rasgos característicos de la sociedad española actual y su estructura social, analizar las desigualdades que le son propias.
      6. Identificar y localizar, a través de la representación cartográfica, los Estados y las áreas geoeconómicas y culturales del mundo. Conocer la organización político-administrativa de la Unión Europea y de España, con referencia específica a la Comunitat Valenciana.

      • Juanjo
        19 abril 2011 a 23:09 #

        Gracias, Ángel, por el bloque de contenidos. En él se observa claramente que no se atiende al propósito o ideal que explica, da sentido, justifica y legitima el funcionamiento de un estado democrático. Para atender a este ideal o ideales es preciso tratar el tema de los derechos humanos, el papel de la ONU en la resolución de conflictos internacionales, la ayuda al tercer mundo, la barrera entre lo público y lo privado, el papel de las OONNGG, la igualdad entre los sexos, el respeto y atención a la tercera edad y a los más desfavorecidos, la integración social de los discapacitados… Pues es en la garantía de todos estos objetivos en donde el estado democrático encuentra su razón de ser. Y todo esto sí forma parte del contenido de la EpC. Tú mismo has reconocido que la EpC tiene una función legitimadora nada desdeñable, sin embargo, tú mismo la desdeñas tachándola de retórica ideológica; pero nada hay de peyorativo en la ideología, en el discurso acerca de ideales, a no ser que se parta de supuestos positivistas, aquellos que tú mismo rechazas, entrando en contradicción contigo mismo.
        Un afectuoso saludo para ti y para el resto de sufridos lectores.

      • Ángel
        20 abril 2011 a 9:20 #

        [No se ha publicado donde tenía que hacerlo]

        Agradezco mucho tus comentarios, Juanjo, que me parecen muy interesantes, la verdad:

        Parto de tu enunciado: “ninguna asignatura se enseña el funcionamiento de un estado democrático y la base ideológica en la que se apoya”. Consiste en una conjunción. Por lógica elemental, si uno de los enunciados es falso, toda la oración se considera falsa (principios de extensionalidad). El primero de ellos es empíricamente falso. No hay contradicción. Solo diferimos en la noción de ideología. Mientras que yo sí le atribuyo un contenidos negativo, tú te lanzas a una aceptación de la misma en pos de un ideal. Aceptas que es, en dos palabras, buena ideología. Y al contrario que tú, no considero positivo en absoluto tratar sobre ideales vacíos, sino sobre los aspectos materiales realmente existentes. Tampoco, atención, he negado la necesidad de estudiar el plano conceptual de la democracia (y de otros sistemas políticos, como la tiranía o el totalitarismo), pero desde una perspectiva filosófica. Tú supones la siguiente tesis: “si la ideología es de la democracia, entonces es buena ideología” porque tu punto de partida dogmático (fundamentalista) es la bondad del sistema (democrático) pero entendido como ideal (por el que además ha de regirse la historia, como tan hegelianamente afirmas). No obstante, si se examina materialmente la democracia, se descubrirá que muchos de esos ideales son ficciones o mitos que se disuelven ante un mínimo análisis riguroso: por ejemplo, la noción de valor o de soberanía popular, y otras muchas.

        Considero, en suma, que la democracia existe por la confluencia del desarrollo histórico efectivo (y no del ideal) que, como es evidente, está necesariamente entrelazado con el conflicto entre distintas líneas teóricas que se llegan a plegar ideológicamente (no hay un mundo de hechos y otro mundo de ideas). Desentrañar ese pliegue es el reto de la verdadera filosofía, rechazar las ideologías es el reto de atreverse a ser persona.

      • Observador
        20 abril 2011 a 12:11 #

        Revisa, Angel, esas nociones de lógica elemental…..

      • Ángel
        20 abril 2011 a 12:29 #

        [OTRA VEZ – ¡no me aclaro!] Cierto, me refería al principio de composicionalidad de Frege, y no al de extensionalidad de la teoría de conjuntos, que entiende que los conjuntos están determinados por sus elementos. Y por ello me remito a la tabla de verdad de la conjunción.

      • Juanjo
        20 abril 2011 a 19:02 #

        Quizás, Ángel, movido por la pasión del rigor y la pulcritud, te ciñes tanto a la letra que no comprendes bien lo que quiero decir. Así, cuando digo que en ninguna asignatura se enseña el funcionamiento de un estado democrático y la base ideológica en la que se apoya, no quiero decir que primero se enseñe el funcionamiento y después la base, sino que se enseña el funcionamiento democrático desde el ángulo de su base ideológica.
        Lo que yo no comprendo es de dónde deduces que yo acepto acríticamente la bondad de la ideología democrática y del sistema. No es su bondad, es su facticidad lo que afirmo, pues, como bien dices, “no hay un mundo de hechos y otro mundo de ideas”, y es una obviedad que estamos fácticamente viviendo en un estado democrático y en su ambiente ideológico. De ahí la pertinencia de la EpC, que mostrando cómo el sistema democrático se basa en la ideología imperante en el medio, o sea legitimándolo, da un ideal de democracia que sirve para juzgar conforme a él a los gobernantes y votar en consecuencia. Pero además podemos reflexionar sobre este ideal y estudiar su génesis y evolución histórica, revisar su fundamento filosófico y depurarlo lógicamente. Es decir, este ideal no sólo nos permite ser críticos con el poder político democrático (democracia material), sino también con el mismo ideal, merced a la reflexión; pues con una hora a la semana no hay peligro de que la EpC lo grabe en el corazón con caracteres indelebles. Ahora bien, lo que no podemos hacer es juzgar la bondad de una idea, ideal o ideología desde la idea abstracta del bien, desde el Bien en sí; porque es precisamente la idea, el ideal o la ideología lo que determina la bondad de cualquier cosa. Paradójicamente no podemos prescindir de la ideología en la medida que somos libres, en la medida que valoramos, preferimos y escogemos. Únicamente cuando, como animales que somos, nos movemos por instintos o necesidad, únicamente entonces carecemos de ideología. Incluso aquel que actúa siguiendo una revelación mística debe decidir si es Dios o el demonio quien así se le revela.
        Si tú dices que no hay contradicción en tu exposición, no la hay. ¡No pasa na!
        Pero que sepas que haberla, lo que se dice haberla… “hayla”.
        Saludos, Ángel.

      • Juanjo
        21 abril 2011 a 16:54 #

        Pido disculpas por haber cometido el error de usar “facticidad” y “fácticamente” en lugar de “factualidad” y “factualmente” respectivamente.

      • Ángel
        21 abril 2011 a 19:03 #

        Discúlpame, Juanjo, por esa pasión que me atribuyes. Me sorprendo sobremanera por tus comentarios una y otra vez, pero voy poco a poco. Así, “funcionamiento” ahora se ha convertido en “base ideológica”. Una y otra vez te remites a ese ideal de democracia que se convierte en el criterio de medida para la democracia real, que es ideológico (me gustaría pensar que según tus palabras, aunque ya no sé). Ese ideal de democracia será más bien el tuyo (y puede que el de Mill) que el que aparece en la propia legislación.. No obstante, no existencia ciencia de lo particular.

        Me admira además la capacidad para desentenderte de los textos legislativos que presento. Acaso porque te guías por el ideal de las materias de enseñanza, en lugar de por lo que dicen las leyes al respecto (lo cual me parece que no se ajusta a ese ideal democrático tan personal, por cierto). Pero si lees el texto, indico que la EpC en efecto funciona como retórica del estado democrático, y creo que la tuya es una de esas retóricas emotivas. Y ya alcanza cotas de sutileza admirables cuando se afirma que gracias a que solo es una hora a la semana “no hay peligro de que lo grabe [el ideal] con carácter indeleble”. Es decir, que fue premeditado dotarla de una ridícula hora a la semana. Realmente maquiavélico, porque si hubiera tenido mayor carga, entonces sí, parece, permitiría grabar ese ideal de forma indeleble. Así que la convirtieron en una molesta maría. Parece que ni tú mismo confías mucho en ese ideal, del que contemplas la posibilidad de depurarlo lógicamente (que ya no sé qué quiere decir, ¿acaso axiomatizar ese ideal?) y de criticarlo. Ello ayudará, por otro lado, a los alumnos de segundo de ESO a conocerlo y “votar en consecuencia”.

        Pero es que además, insinúas que o actuamos por ideología o por instinto o necesidad. En fin, cada vez me resulta más borroso tu planteamiento. Pero eso de los instintos humanos supongo que será metafórico, y de lo de actuar por ideología, me resulta meramente dogmático. Estipulas acríticamente que EpC es pertinente porque enseña a votar adecuadamente (y solo hay que mirar la historia para advertir que la gente ya sabía votar antes de ella), no tratas de desmentir tu fundamentalismo, que niegas de nuevo dogmáticamente, sino que lo refuerzas cada vez con mayor ahínco. Y asumes una noción de ideología laxa y superficial puesto que para ti, cualquier palabra pronunciada o pensamiento de cualquier tipo ya es ideología, y la asocias a un decisionismo enternecedor, como el de la revelación mística. Esa noción incluiría a la filosofía, por tanto, como parte de ese concepto general de ideología. La crítica al ideal también sería ideología, y así “ad infinitum”, e idea e ideal.
        Y ya para concluir me remito a tus propias palabras, todo esto “paradójicamente”.

        Aquí tenemos a un Estado que se encarga de inculcar la moralidad (hablas del bien y no del poder para la política) a sus ciudadanos según su decisión de lo que es el bien. En definitiva sí es su bondad lo que afirmas pero amparándote en su facticidad y en una noción de ideología que utilizas como protección ante cualquier fisura en tu discurso.

        Pero no importa, dado que “ex contradictione quodlibet”, y si decretas que mi exposición es contradictoria, pues cualquier cosa le sigue. Siempre podemos acudir a Mill, o a ti para que nos aclares con tus paradojas nuestras contradicciones.

        Un saludo.

      • Juanjo
        24 abril 2011 a 1:54 #

        Hola Ángel.
        No es que yo quiera, o decrete, que tu discurso sea contradictorio, para deducir de ello cualquier cosa que me interese afirmar. A mí lo que me interesa es comprender lo que dices. Y me parece que el problema no es que yo carezca de la preparación requerida, sino de que tu discurso es ininteligible por contradictorio. Pues según él el contenido de la EpC es redundante, superficial y retórico -además, la retórica tiene contenido cognoscitivo-. Y es redundante porque ya lo dan las ciencias sociales, que, sin embargo, no son retóricas. ¿No es esto una contradicción? El mismo contenido es y no es retórico. Pero no acaba aquí, el contrasentido continúa: además de ser pura retórica, a la EpC le reprocha cumplir una función nada trivial de legitimación que las ciencias sociales, enseñando lo que la EpC enseña, no cumplen. Y no cumplen porque no enseñan ideología, asombrosa cosa que es pero no es; es, en tanto la EpC legitima, no es, en tanto redunda. Pero aún hay más: a este extraño ser llamado ideología, que al mismo tiempo y en el mismo sentido es y no es, lo divide en dos categorías, la buena y la mala ideología; no obstante, ser persona consiste en rechazar toda ideología. En tu discurso dejas claro que consideras la EpC mala ideología, arguyendo que está vacía, pero entonces ¿como puede tener contenido cognoscitivo la EpC? ¿En qué te basas para afirmar tal vacuidad? ¿Acaso es por eso por lo que es una mala legitimación de la democracia? En este caso deberías enseñarnos una legitimación mejor, una legitimación fundada en valores llenos y concretos. ¿O es una mala legitimación tal vez porque consideras que la democracia es un sistema ilegitimable? En este otro caso debieras decirnos qué sistema político es preferible y por qué. Y en cualquier caso debes explicar qué entiendes por ideología y que diferencia a la buena de la mala, a la llena de la vacía, si es que no quieres ser tildado de dogmático.
        Respecto a mi planteamiento, al parecer es tan ajeno al tuyo, que cuanto más lo aclaro menos lo entiendes. No obstante, creo que si empiezas por entender el tuyo, una vez lo logres, no tendrás mayor dificultad en entender el mío.
        Un cordial saludo.

      • Ángel
        24 abril 2011 a 20:13 #

        Estimado Juanjo, parece que mi planteamiento te resulta harto complejo de comprender. Y lo cierto es que no me extraña, a la luz de las exposiciones que haces del mismo, desde tus propias categorías que lógicamente impiden una comprensión cabal. Es tu concepción de ideología la que abarca todo lo que no es instinto, es tu ideología la que decreta el uso de los conceptos, y por tanto, no queda mucho diálogo posible.

        Terminaré con éste, por tanto, a la espera de tu postrera respuesta y esperanzado de que podamos continuar otro día, tal vez con mejor motivo. Afirmas que atribuyo contenido cognoscitivo a la retórica de la EpC, y que es contradictorio con la existencia de las ciencias sociales, que “no son retóricas”. Y me indicas que tal cosa es una flagrante contradicción. “El mismo contenido es y no es retórico”, dices.

        Me da la sensación de que reduces los términos a decisiones de todo o nada, de blanco o negro, y que no haces una lectura detenida de mis palabras, pero parece que de nada sirve insistir. Unos mismos contenidos (como los que permiten conocer el funcionamiento de una sociedad democrática) pueden ser estudiados desde diversas maneras y perspectivas,
        (cito mis palabras, que es muy triste, pero procede: “¿Se agota el conocimiento del presente con las ciencias sociales? Consideramos que también cabe hacer una clasificación de los tipos de organizaciones políticas, y una crítica desde posiciones teóricas diversas. Ésa es la esfera propia de la filosofía política”).

        Por lo tanto yo me he referido a dos formas diferentes y sustantivas de hacerlo. Además habría que sumar los modos retóricos (añadiré otra palabra: sofísticos), como los de la EpC. Su problema no es el objeto de estudio: la democracia actual e histórica, sino el modo. Perdona que haga estas simplificaciones formales. Por tanto, en efecto: “El mismo contenido es y no es retórico”. Y tú, confundiendo forma con materia, me atribuyes un contrasentido. La revolución de los astros puede ser estudiada de forma científica por la astronomía de Kepler (incluso del primer periodo en que trataba de ajustar las órbitas a los sólidos platónicos), o de forma retórica (sofística) por los astrólogos, como John Dee. ¿Acaso conocer los signos del zodíaco y la relación con los tipos de personalidad no es poseer un conocimiento? Pero la cuestión es: ¿constituye eso una descripción de la realidad? Es pura superchería, pero nadie negará el éxito o la utilidad de la misma. Lo que digo es que así sucede también con la EpC.

        Además yo he señalado en qué sentido es retórica, por eliminación. Y, sobretodo, me he basado en el excelente texto de Serenus para esos análisis, que he dado por válidos en todo momento. Y de él he extraído esa necesidad de atribuir un contenido descriptivo a la materia, y la constatación de que existen elementos perversos que es preciso podar. Mi tesis es que tal cosa no es posible. Y he presentado argumentos que en ningún momento has tratado de refutar, sino negando la mayor en todo momento.

        Por otra parte, descubro cierta superficialidad en la lectura de mi texto, dado que dices: “además de ser pura retórica, a la EpC le reprocha cumplir una función nada trivial de legitimación que las ciencias sociales, enseñando lo que la EpC enseña, no cumplen”.

        Me parece que o no has leído bien, o no me he expresado con claridad. Desde el principio he dudado de que las Ciencias Sociales no cumplan también esa labor de legitimación, puesto que incorporan referencias directas y textuales (que he presentado) a la transmisión de valores democráticos. También lo hacen en cierta medida, y como no quiero ser ese filósofo áulico del que hablo que les dice a otros docentes lo que deben hacer, que ellos se las compongan con lo que les toca. Pero eso no obsta para revelar el problema, puesto que es uno específicamente filosófico que, de nuevo, he pretendido mostrar con claridad: el del positivismo asociado a la referencia a los valores.

        De nuevo, y siguiendo con tu lectura, construyes una determinada definición de ideología y luego extraes conclusiones como la máquina de Lulio: dejando hacer. Al igual que ella, sin consciencia. Porque no he sido yo quien he distinguido buena y mala ideología. Eres tú quien lo ha hecho, pero no explícitamente. Yo, he sacado a la luz esa distinción que tú ejerces pero no aclaras: tú afirmas que debemos guiarnos por el ideal de la democracia [Ideología especial], y yo señalo que eso es ideológico porque ese ideal es un puro fantasma (del que incluso tú desconfías). Pero además extiendes la noción de ideología a cualquier elección que no se haga por instinto [Ideología General]. Entonces yo afirmo que, supongo, considerarás que hay ideologías [especiales] malas (las que no son democráticas) y buenas, (las que sí lo son). Y a ello contrapongo mi tesis de a la ideología [general] se contrapone la verdadera filosofía (cosa que tú pareces negar, pero no sé), que además caracterizo: no se pliega a ideas desprendidas de la realidad. Eso es precisamente lo que tú haces una y otra vez, por cierto.

        Así que creo, en efecto, que respondo a tus palabras: “qué entiendes por ideología y que diferencia a la buena de la mala, a la llena de la vacía”. Espero que esté claro con lo anterior.
        No obstante, por primera vez creo que has comprendido: la EpC es mala ideología, porque toda ideología lo es, pero no porque esté vacía (no sé de dónde extraes esa tesis, tergiversando mi argumento), porque tiene un contenido que pretende ensalzar acríticamente, como la fe en un Cristo nazareno, que debemos levantar y en quien debemos creer, aunque seamos ateos.

        Pero, he aquí que, albricias, me diriges una crítica, por primera vez, digna de destacar sobre todas: “deberías enseñarnos una legitimación mejor, una legitimación fundada en valores llenos y concretos. […] debieras decirnos qué sistema político es preferible y por qué.”
        He aquí que me pides que dé un contenido positivo, y no meramente negativo. Que me moje, en una palabra, y que diga lo que pienso al respecto de la democracia desde las categorías que ando utilizando. Y me atribuyes, con incertidumbre eso sí, que tal vez no considere la democracia un sistema legítimo. Por fin hemos llegado al quid del asunto. Me temo, de nuevo, que no has leído con detenimiento mi primer texto, en particular cuando afirmo:

        “A ello se añade el problema de quienes entienden que la crítica a la EpC es eo ipso la crítica a la Democracia (así, en mayúscula), y que quien lo hace [yo en este caso] defiende una suerte de carlismo tradicionalista intolerable en la actualidad. No obstante, en aras de la tolerancia, espero que se observen exclusivamente los argumentos, y se deje la política en paz.”

        Siento decirte, Juanjo, que no puedo hacerlo en tus propios términos. En primer lugar porque yo no asumiría sin crítica que sean los valores “llenos y concretos” los que funden un sistema político legítimo. Creo que la apelación a los valores es en sí misma ideológica. Pero lo siento, no quiero repetir lo que ya escribí, pero pareces no haber advertido:

        “Este texto está muy lejos de poder ofrecer una crítica sistemática de tales teorías […] Ciertamente, reconocemos que el autor no aclara qué concepto de la Ética defiende y, de hecho, nosotros tampoco lo hemos hecho.”

        En efecto, esa es una tarea pendiente, y que tal vez no lleve a cabo nunca. Pero ya hay otros que la están haciendo, sin duda mejor que yo. En fin, mi estimado Juanjo, diría que tus pertinaces dudas han servido para que aclare más mi postura y concluya con la necesidad de un trabajo posterior, lo que siempre da ánimo. Por otro lado, muy ilustrativos me han resultado tus dislates, propios de una poderosa corriente que estoy muy lejos de poder afrontar solo. Cuando me ofrezcas textos legislativos como los que presento, o unos conceptos unívocos como los que he tratado de utilizar, o un artículo de la calidad del de Serenus, podremos continuar nuestra conversación. Hasta entonces, te cedo la última palabra para que cierres el debate con la convicción leibniziana de que las mónadas, en efecto, no tienen ventanas.

        Un saludo.

    • 20 abril 2011 a 6:47 #

      Aún cuando comparto bastantes de las cosas que dices me cuidaría muy mucho de pensar que en el caso del Estado español estaríamos ante un Estado liberal al estilo de lo que Stuart Mill concibiera. Si nos atenemos a lo factual es evidente que la realidad de los géneros se está anteponiendo, a mi modo de ver de manera excesiva, sobre los derechos individuales.
      Decir que no tengo nada contra la filosofía, más bien al contrario, pero que no deberíais olvidar que estáis en foro de educación donde no sólo se tratan temas de vuestra especialidad o pensando si un “filósofo” les daría el visto bueno. Para el caso de una materia como EpC, los aspectos jurídicos, económicos, sociales, culturales etc. serían importantísimos tanto en lo que tiene que ver con la Constitución del 78, como la U.E. o la propia globalización.

      • Juanjo
        20 abril 2011 a 19:26 #

        Cuando nombro a J. S. Mill, me refiero, Emilio, a la idea de democracia que nos da la EpC, no a la democracia que de hecho tenemos aquí y ahora; bastante más chapucera, como se podría esperar.
        Un saludo,.

  12. Un profesor de Universidad
    15 abril 2011 a 23:44 #

    Yo no entiendo nada.
    Con enseñar la Constitución, cómo funciona la ¿democracia?, y poco más, ya deberían estar todas las bases para que una correcta formación para ser “ciudadanos” se llevase a cabo de una forma adecuada.
    Otra cosa es darnos Soma disfrazada de asignatura.
    No se debe hacer política en ninguna asignatura, ni adoctrinar a nadie, salvo que el sujeto quiera adoctrinarse. Seamos ciudadanos y no borregos. Que no nos pieran nuestras ideas políticas para intentar justificar el adoctrinamiento que se desea imponer. Quines se quejaban de la imposición de la religión en el colegio no pueden defender ahora algo similar, pero que les gusta porque permite inculcar sus ideas progres en las mentes en formación de nuestros adolescentes.
    Bueno, a votarme negativamente, pero es lo que pienso, y si pica, ajo y agua.

    • Francisco Javier
      16 abril 2011 a 11:23 #

      A mí me parece correcto lo que dices. Claro que la asignatura tiene un evidente sesgo ideólogico, del mismo modo que los detractores de la religión en la escuela, entre los que me encuentro, dirán que los valores cristianos (muchos comunes al ideario laico, de los cuales proceden) son “ideológicos”. Tampoco me parece tan progre de todos modos esta asignatura, en la que muchas cosas aparecen como incuestionables (“esencialismo democráticos”, “fundamentalismo democrático”) y en la que a mi modo de ver late -como se ha apuntado- cierto hegelianismo, que contempla el Modelo del Pensamiento Único occidental como final de la historia. Por supuesto, el modelo económico no se cuestiona y a partir de ahí nos encontramos en un abismo entre la realidad (determinada social y materialmente) y las Ideas (vs. ideologías.) Los “valores” deben de tener su reflejo en la realidad, pues de lo contrario las contradicciones los harán ineficaces y muy poco creíbles. El debate es sin duda complejo.

      • Un profesor de Universidad
        16 abril 2011 a 18:33 #

        Ciertamente el debate es complejo.
        Sobre esos vídeos, son muy interesantes, pero en el primero el conferenciante dice algo que es totalmente erróneo. Indica que no se pueden realizar cambios en el capitalismo, que no es posible. Creo que este hombre necesita un curso de Historia
        La Historia, la de verdad, no la inventada por unos intereses u otros, nos enseña lo que ha funcionado y lo que no ha funcionado.
        El verdadero problema de que un sistema, sea comunismo, democracia, o lo que sea, no funcione, son los gobernantes, de ahí que la democracia, con un capitalismo moderado es el único sistema que funciona y podrá funcionar, ya que con él se evita el poder absoluto (aunque algunos intentan conseguirlo dentro de una democracia). La Dictaduras, sean del signo que sean, son malas, porque otorgan demasiado poder. De ahí que el comunismo, al ser una dictadura de unas determinadas ideas, no puede funcionar, y así ha sido hasta ahora.
        El ser humano necesita libertad, necesita tener incentivos para superarse, y todo ello se puede lograr con un capitalismo moderado y con una democracia con políticos coherentes, pero desgraciadamente esto último cada vez es menos escaso. Estamos ante la profesionalización de los políticos, y eso nos lleva a la ruina moral y económica.

      • Francisco Javier
        17 abril 2011 a 10:12 #

        A mí no me parece, que el conferenciante diga que no se pueden realizar cambios en el Capitalismo, sino que más bien lo que denuncia es que la Ideología Dominante Única, Planetaria, es asumida como un gran A Priori, como un Absoluto, más cierto que Dios, como la única Verdad, por el Poder y la Población en su conjunto. Esto es asumido sin reservas por la Izquierda (socialdemócrata.) Lo que denuncia el conferenciante es que ya no somos capaces ni tan siquiera de pensar en otra posibilidad, algo que todavía era posible en Occidente hasta que sobrevino la gran derrota (con claridad a partir de los años 80). De ahí que lo que intenta este Señor es provocar a las masas, hacerlas reflexionar, reivindicar la dignidad, la justicia, el conocimiento (en vez de la caridad o la beneficencia o las supuestas buenas intenciones.) Como siempre la alternativa es compleja (el problema de salir de la negatividad), pero creo que es necesario intentar pensar, de lo contrario estaremos condenados a nuevas formas de totalitarismo cada vez más complejas y poderosas.

      • Un profesor de Universidad
        17 abril 2011 a 20:11 #

        Sí, todo eso está muy bien, pero para evitar entrar en sistemas totalitarios es preciso que nos demos cuenta que estamos en el siglo XXI, y que las ideologías hace mucho que dejaron de tener sentido. Los políticos se aprovechan de las masas e incumplen sus promesas, intentan dominar a jueces, medios de comunicación, piden préstamos a los bancos (y en lugar de devolver el dinero les hacen favores), etc.
        Creo que todo podría funcionar algo mejor, aunque habría que comprobarlo, si para poder gobernar (ser alcalde, minsitro, presidente), fuese necesario cumplir unos requisitos. Aunque eso no sería una garantía de que se fuese a actuar bien, lo que no es lógico es que para un determinado trabajo te exigan unos determinados estudios o/y capacidades, y para ocupar puestos políticos, en muchos casos, lo que más se valora es ser un trepa y un sinvergüenza, ya que así se logra una buena posición en el partido en el que se milita (o si no se puede medrar en él, se cambia uno de partido y ya está).
        Creo que no hace falta realizar grandes cambios en la sociedad, pero sí poner unas reglas de juego que impidan los desmanes de quienes, se supone, tienen que gobernarnos.
        Lo de que se considera que la Ideología Dominante está aceptada por todos, no creo que sea así. Lo que sí creo es que, como el sistema que mayoritariamente está en estos momentos funcionando, es el único que ha funcionado míinimamente bien, no se quieren más experimentos, que tal y como se ha venido demostrando, sólo nos llevan a la miseria, a la falta de libertad, y a la anulación del ser humano como entidad individual y con derechos.

      • Francisco Javier
        18 abril 2011 a 11:24 #

        Tal vez nos veamos obligados a hacer nuevos experimentos: la posibilidad de una fractura planetaria del Sistema de Sistemas (Capitalismo, Sociedad de riesgo, Post-política, Postmodernidad) no es en modo alguno descartable. Por desgracia, estas sacudidas de la historia no suelen ser agradables y los fantasmas del totalitarismo siempre están presentes. Para mí, una primera condición de habitabilidad es que todo el mundo participase del bienestar y la libertad alcanzados en ciertas zonas pequeñas del planeta (la Europa del bienestar), pero incluso en esas zonas opulentas, los retrocesos sociales son evidentes y la tensión crece (la vida en Francia o Alemania es hoy más difícil que hace unas décadas.) Hoy esa posibilidad es un sueño. Las diferencias aumentan, los pobres siguen siéndolo y están al margen del sistema (qué pinta por ejemplo África en el contexto económico mundial, a quién le importa), los ricos son cada vez más poderosos,…. ¿Justicia?

        Coincido contigo en la necesidad de una regeneración de las instituciones políticas, marcadas por la corrupción y la estupidez. Un saludo.

  13. Mari
    17 abril 2011 a 22:12 #

    Conozco someramente las diferentes corrientes filosóficas e ideológicas, pero creo, tal vez erróneamente, que la ideología nace de la observación, reflexión, conceptualización y organización de las diferentes formas de gobierno, creencias, etc. que los hombres han han vivido. Tras la organización más reciente, hoy podríamos distinguir dos grandes bloques ideológicos: el conservador y el transformador. Dentro de cada uno de estos bloques podríamos diferenciar un número nada despreciable de variaciones, desde las más rígidas a las más flexibles. Muchas de estas variaciones han sido ensayadas y sus resultados… depende para quién, para la mayoría casi todas malas, unas por unas cosas y otras por otras, pero todas con un denominador común los vicios del hombre. El ideal sería dar con una, sino buena, al menos digna para una mayoría.
    La filosofía también nace de la observación de la realidad y de la reflexión tras la que el deber ser entra en juego. ¿Cuál pensamiento filosófico de los conocidos es el verdadero? Filosofar es plantearse cuestiones reales, cuestiones sobre la existencia, la verdad, la ética, etc. ¿quiénes somos, de dónde venimos, cómo vivimos y cómo deberíamos vivir? es reflexionar sobre estos y otros asuntos semejantes; y hacerlo mediante la observación del presente, lo que otros contaron habían observado, sus reflexiones y conclusiones, etc. Los diferentes pensamientos filosóficos son los que van a marcar las distintas corrientes ideológicas, educativas, etc. A veces estos pensamientos tienen la fuerza de un ciclón y cambian el destino de los hombres a mejor, otras, a peor.
    No es cuestión de perderse entre los pensamientos asombrosos de los grandes filósofos, es cuestión de recoger, resumir, entendernos y recrear. Estoy convencida que la filosofía es como la poesía, a veces contiene palabras y enunciados que pueden ser interpretados según los intereses y necesidades de quien los aprehende. No obstante la considero esencial para ser aprendida por los adolescentes y jóvenes (la historia de la filosofía debería ser obligatoria, estudiada a la vez que la de la literatura, pintura, etc. e historia), como esencial considero que nuestros alumnos aprendan a participar, conozcan las reglas de la participación democrática, participen…, conozcan la Constitución, etc.

  14. Mari
    19 abril 2011 a 23:04 #

    Aprender a participar en casa, en la escuela, con los amigos, etc. es saber cuál es nuestra función o funciones en la sociedad, como ciudadano, padre, etc. Sabemos que cualquier profesional tiene que cumplir con unas funciones (acciones, etc.) que son las propias de su profesión, unas veces escritas, otras, no; el sacerdote, el médico, el panadero, etc. conocen sus funciones, todos saben cuáles son sus deberes y sus derechos y conocen formas de hacer su trabajo, técnicas y métodos. Los ciudadanos, aunque no como profesional, sí debemos conocer nuestras funciones como miembro de un proyecto común, tenemos que conocer nuestros deberes y derechos y cumplirlos y conocer las formas de participar: como profesional, como padre, como vecino… y como miembro de una comunidad mayor; tenemos, por tanto, que conocer las reglas del “juego” social, y si no nos las explican, ni nos permite “jugar”, ni entrenarnos, ni tener responsabilidades, será imposible que lleguemos a ser buenos “jugadores”, de inventar nuevas jugadas, de mejorar las técnicas del juego, las reglas, etc.
    No podemos permitirnos, a estas alturas de la historia, repartir injustamente el pastel, no es cuestión sólo de filosofías, religiones, ideas políticas (miaja más a la derecha o más a la izquierda) se trata de situarnos, de saber dónde estamos y hacia dónde debemos ir (ética). Este juego de la cuerda, los unos a un lado y los otros al otro, poco va a solucionar, son fuerzas perdidas, hoy para ti, mañana para mí, y si, de cuando en cuando, se rompe la cuerda. Los alumnos tienen que conocer la historia de su país y del mundo, sin sesgar… Esto sí se enseña… esto no, como desojando una margarita; hay que enseñarlo todo… lo que nos dé tiempo enseñar, hasta a descubrir a los manipuladores, aprovechados, etc. ¿Cuándo?, a veces, cuando venga al caso; otras, cuando toque; ¿dónde?, en casa, en la escuela, etc. porque es verdad que enseña toda la tribu (aprendemos cosas buenas y malas; y es en lo que aprendemos mal y malo donde tienen que estar muy pendiente los más allegados, con el fin de corregirnos), pues anda que no estoy yo aprendiendo mucho aquí.
    Ahora bien, si lo que se pretende es que jueguen sólo dos y que los demás seamos recogepelotas, pues poco hay que enseñar, con saber cuando tenemos que recoger las bolitas, será suficiente, qué angustia, menos mal que esto ya pasó a la historia en países como el nuestro. Hace unos años estaba convencida que enseñando a los alumnos el significado de los derechos humanos (aprobados democráticamente y hoy ratificados por la mayor parte de los países de la Tierra), y poco más, sería suficiente para que la mayoría de mis alumnos comprendieran qué es la igualdad, la justicia y la libertad bien entendida, pero… aún queda mucho camino por recorrer.

  15. Mari
    25 abril 2011 a 0:02 #

    La democracia (desde mi criterio) no es una ideología en sí misma, sino un acuerdo entre ideologías. Para discutir sobre ideologías tendríamos que salirnos de la democracia en sí, porque lo verdaderamente democrático es el acuerdo y el pacto entre diversas ideologías.
    La democracia es la forma de gobierno más humana (pactada por hombres) y la más objetiva de las conocidas, ya que para entender al otro hay que salirse de uno mismo, etc.; no obstante, no todas las ideologías de un país democrático caben dentro de esa democracia, porque el acuerdo de una mayoría crea un marco, unos mínimos con los que hay que estar de acuerdo para formar parte de la misma y no todas las ideologías están dispuestas a pasar esta criba.
    Estoy convencida que, con la fuerza de las palabras, la democracia no será desplazada por una ideología, a no ser que ésta sea más humana (beneficie a una mayoría claramente).
    Ahora una cosa es la democracia y otra su desarrollo, entre virtudes y vicios de unos, otros y otros y… pero aún así, teniendo que estar sometida a constante feedback, es, para muchos, la mejor forma de gobierno de las conocidas.

    • elena
      25 abril 2011 a 0:28 #

      La democracia es el poder del pueblo. Y esta democracia ha relevado ese poder al derecho a votar o no votar cada cuatro años. Una pamplina.

      • Mari
        26 abril 2011 a 14:33 #

        Sí, elena, del pueblo que tiene ideologías y se agrupa en torno a ellas. En cuanto a lo de la pamplina… completamente de acuerdo.
        Una cosa es una ideología y otra el partido político al que pueda dar lugar. La ideología es la teoría y el partido… la práctica (y ya sabe lo que pueden acarrear algunas prácticas), una persona sola poco puede hacer, por eso tendemos al agrupamiento y, una vez instalados allí, comienzan las luchas intestinas, por… influencias, poder, ni agua para el que… los linchamientos colectivos son maldades del hombre, aunque toda regla puede tener su excepción.

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