El nudo gordiano: educación española y Estado de partidos

Solemos utilizar la expresión “nudo gordiano” para referirnos a un problema cuyo análisis resulta harto difícil pero cuya solución es bien sencilla. Se podría decir que un “nudo gordiano” es tanto o más nudo cuanto mayor es nuestra obsesión por adentramos en su examen, cuanto más abordamos el estudio de sus causas, cuanto más nos embebemos en las múltiples formas que adopta, cuantas más salidas, enmiendas o incluso efugios barruntamos para acabar con él. Sin embargo, al decir que su solución suele ser fácil, pensaba en aquella anécdota legendaria que nos presenta a Alejandro Magno atizándole una buena estocada ante el asombro de los circunstantes. Y pensaba en esto porque, si se dan cuenta, la moraleja nos enseña que el nudo gordiano es insoluble cuando se piensa, y que deja de ser un problema cuando se actúa.

Voy a intentar demostrarles aquí que el problema de la educación española es la viva imagen de ese nudo gordiano. Pues, mientras analizamos antecedentes, causas, intenciones, desarrollos y todas esas complicidades y responsabilidades que lo perfilan y sustentan, la trabazón se resiste, parece volverse inextricable, nos impele a la resignación de las cosas otorgadas como por arte de naturaleza y hace que nada mejore o, al menos, cambie sustancialmente. Y, sin embargo, al mismo tiempo, nos presenta delante de nuestras narices la solución simple, diáfana de la acción, de ese firme, valiente, tajante mandoble.

Suele haber unanimidad cuando se trata de identificar las causas de la decadencia de la enseñanza española. Tanto la influencia de la comprehensive school y de las antiguas pedagogías de los años veinte y treinta del siglo pasado, como los espurios propósitos que un sector de la izquierda, representado por el PSOE, ha terminado por cumplir contra viento y marea, se han convertido, a estas alturas, en el lugar común al que siempre recurre la cada vez más amplia crítica antipedagógica. Pero sorprende que, a pesar de los acertados diagnósticos, no sólo nada haya mejorado, sino que, envueltas en una vorágine de aparente sectarismo político, las cosas hayan empeorado de forma evidente. ¿No será que, aunque nuestros argumentos parezcan  suficientes y suelan satisfacer la orientación ideológica de una parte de la antipedagogía, el desengaño existencial de la otra y el desahogo de ambas, no hemos conseguido despojarnos de cierta parcialidad, de cierto prejuicio que nos impide abordar el problema con una mayor ambición? Lo cierto es que el tiempo se esmera en torturarnos ofreciéndonos, una y otra vez, la misma película: criticamos al actual gobierno por su manifiesta inoperancia e indigencia intelectual, culpamos al anterior de no haber estado a la altura de las necesidades reales de los estudiantes, insistimos en el hecho de que nadie está interesado en la enseñanza salvo para utilizarla como arma electoral y abanderar movimientos en pro de la nación catalana o la historia española, a favor de la familia cristiana o de la laicidad del Estado; discutimos, nos indignamos… ¿Y para qué? Para que todo siga igual. Por supuesto que sí. No tengan la más mínima duda.

No ignoro, insisto, que la mayoría de diagnósticos que describen el estado actual de la enseñanza buscan sus causas en la asimilación de ciertas tesis pedagógicas que asumimos históricamente con retraso. Quizá una de nuestras grandes tragedias sea que todavía no nos hemos podido quitar de encima el sambenito de ser el furgón de cola europeo al que sólo llegan las sobras -ni siquiera los frutos tardíos- de lo que los bárbaros del norte devoran con fruición. Sin embargo, la contumacia con que se sostienen aún hoy las tesis constructivistas, la ceguera pedagógica de grupos políticos y sindicales, ese oscuro dolce far niente del que siempre han hecho gala la derecha y sus grupos de presión cuando han tocado poder, en definitiva, los casi cuarenta años de reformas educativas, ¿son sólo el resultado de la charanga y la pandereta, de la estulticia, de la ceguera de unos responsables públicos que se han dejado intoxicar por el búnker pedagógico de las Facultades de Educación?

Ya me he referido en multitud de ocasiones al hecho, tantas veces pasado por alto, de que la LOGSE no nació de la nada sino que fue el resultado de un proceso que duró aproximadamente dos décadas. La mayoría de sus postulados, que fueron introduciéndose con calzador en la vida de colegios y de institutos a lo largo de los años ochenta, tuvieron su origen en la franquista Ley Villar Palasí. Que acostumbremos a olvidar que por aquel entonces ya habían aparecido en escena los mencionados ICE, y que los conceptos heredados del constructivismo, las voces que hablaban de la necesidad de una escuela participativa, las ideas de programación didáctica o comunidad educativa empezaban a calar con calculado sigilo, únicamente significa que en los habituales diagnósticos algo ha estado fallando, pues hasta ahora muy pocos se han atrevido a no ignorar el momento histórico y político donde empieza todo el tinglado.  Por eso cada vez estoy más convencido de que la coincidencia en el tiempo de Transición política y reforma educativa no es casualidad, sino mensaje cifrado que la historia ha lanzado al vaivén del oleaje para que hoy se nos vayan revelando tanto los motivos por los que se ha consumado el desastre educativo, como la nueva perspectiva que, sin duda, habrá de identificar los principales obstáculos que existen para emprender su necesaria regeneración.

No voy a hablar aquí de todos los pecados originales que cometió nuestra sacrosanta Transición política; no mencionaré siquiera el oscuro consenso que la hizo posible y que dio como fruto el sorprendente oxímoron de una Constitución constituida sin proceso constituyente, creada para evitar la ruptura democrática con la dictadura que la precedía. Hay mucha bibliografía sobre el caso. Sí hablaré, sin embargo, de lo que se inauguró en 1978, el régimen político que aún hoy mantiene todo este tinglado y que, entre otras cosas, convierte el problema educativo español en algo endémico e insoluble.

El concepto de Estado de partidos vuelve a oírse hoy en los medios, sobre todo en su variante más culta y a la vez, curiosamente, más popular y divulgada de partitocracia. Pero han de saber ustedes que el término no es nuevo y que ni siquiera, en su origen, poseía rasgos tan peyorativos como los que se le atribuyen ahora. La fórmula Estado de partidos surge durante la breve existencia de la República de Weimar, en un momento en que, basándose en el reconocimiento constitucional de los partidos políticos, Thoma, Radbruch, Kelsen y otros constitucionalistas alemanes creen necesario reconocer a éstos como órganos intermediarios entre el Estado y la sociedad. Gerhard Leibholz, quien fuera presidente del Tribunal Constitucional Federal alemán tras la Segunda Guerra Mundial, le dio forma definitiva en su famosa sentencia, de la que reproduzco el siguiente fragmento:

«Así como en la democracia plebiscitaria la voluntad de la mayoría de ciudadanos activos se identifica con la voluntad general del pueblo, en la democracia de partidos la voluntad de la mayoría de ellos se identifica con la voluntad general, que sólo nace en virtud del principio de identidad (partido y pueblo), sin la mezcla de elementos estructurales de representación».

En otras palabras, el Estado de partidos supone una superación del parlamentarismo y traslada a las distintas organizaciones políticas, de su seno natural, la sociedad civil, al lugar privilegiado donde se sitúa lo estatal, hecho este que supuestamente conseguía integrar a las masas en el Estado y concluir la fórmula más perfecta, según algunos, de democracia.

En 1945 las potencias vencedoras conocen muy bien las causas del desastre de la última Gran Guerra, no obstante aplican un remedio que es consecuencia del miedo a la libertad. Este remedio no es otro que la instauración de un Estado donde la sociedad civil goce de libertades públicas y exista libertad económica, pero se destruyan los últimos rescoldos de la libertad política al estatalizar el ámbito de lo civil. Convirtiendo a los partidos políticos -que, en teoría, deben ser los representantes de los ciudadanos, de la pluralidad ideológica de la sociedad- en órganos financiados por el Estado, e institucionalizándolos como únicos representantes de la soberanía popular, se consigue el control ideológico de la sociedad y el sabotaje de cualquier atisbo de inestabilidad. El Estado de partidos es, en definitiva, la solución que, en plena Guerra Fría, las potencias occidentales observan para frenar el avance de los partidos comunistas en sus territorios y el posible resurgimiento de las ideologías totalitarias.

¿Qué supone esto en la práctica? No hace falta acudir a países como Alemania, Italia, Grecia, Irlanda o Países Bajos -partitocracias todos ellos-; basta con echar un vistazo a lo que tenemos dentro de nuestras fronteras. En la práctica, el régimen político español adquiere la forma del Estado de partidos porque participa de las tres peculiaridades básicas que lo identifican:

a) Su Constitución consagra la no separación de poderes del Estado.

b) Su Constitución estataliza entes -partidos políticos, sindicatos, asociaciones de empresarios- que, por su naturaleza, pertenecen en realidad a la sociedad civil.

c) Su Constitución instaura la proporcionalidad en el método de las votaciones, rompe por tanto con la representación del elector y prohíbe el mandato imperativo de éste.

Pues bien, estas tres características son los tres obstáculos contra los que, sin saberlo, choca una y otra vez toda crítica al sistema educativo español, toda voluntad de regenerarlo, de transformarlo. Esto explicaría, además, que la destrucción de la enseñanza no sólo haya sido una de las labores más concienzudas realizadas por el régimen salido de 1978, sino que, sobre todo, nada se haya hecho por evitarla. Así pues, hagamos un esfuerzo, centrémonos en los motivos por los que el régimen político actual frustra cualquier tentativa de acción de protesta e impide el cambio de sistema de enseñanza.

Que el Estado de partidos estatalice la totalidad de los recursos de lo civil, que traslade a los agentes representativos de la sociedad al seno del Estado, provoca una serie de consecuencias, de las cuales tal vez el amordazamiento de la ciudadanía sea la más grave e irrefutable. Me dirán que, habiendo libertades individuales, dicho amordazamiento es una exageración; a lo que yo responderé que las libertades individuales no sirven de nada si no existen cauces de representación efectivos de los individuos, esto es, libertad política. Al haber sido negados estos cauces (la iniciativa legislativa popular no es más que una boutade sin realidad expresa), la sociedad se ha acostumbrado a vivir separada, desgarrada de la cosa pública, en una suerte de resignación que transige con los desmanes de una clase política que nada le debe. Partiendo de esta base -uno de los más graves problemas que sufre actualmente, no sólo España, sino la mayoría de los países europeos-, desvelemos de qué manera influyen las tres peculiaridades del Estado de partidos antes citadas.

Cuando se habla de no separación de poderes enseguida se piensa en la dependencia de la Justicia, dejando a un lado la que quizá sea la inseparación más alarmante de todas: la del Ejecutivo y el Legislativo. Nuestra Constitución, al prever únicamente la elección de los diputados del Parlamento, consagra el predominio de uno de los tres poderes sobre todos los demás. Así pues nos encontramos con que la rama ejecutiva de gobierno, representada por el partido mayoritario en el Congreso, es la que controla a los parlamentarios salidos de unas elecciones legislativas, por lo que se arroga el derecho de legislar y, a la vez, de ejecutar lo legislado. Esto, obviamente, afecta a todas las leyes, y, por lo que nos toca, supone un primer obstáculo para, no sólo influir en los gobernantes, sino tratar de promover iniciativas que deroguen la actual ley educativa. Pero, sobre todo, la inseparación de poderes sirve para explicarnos dos asuntos de relevancia: uno es la incapacidad de los sucesivos gobiernos para arreglar el desastre de la enseñanza; otro es el poder que adquieren ciertos grupos de presión -en el caso de los partidos de izquierda, el búnker pedagógico; en el caso de los partidos de la derecha, la Iglesia y sus grupos afines-. Que los supuestos representantes de los ciudadanos, los llamados a promover las leyes, se deban exclusivamente a las cúpulas de sus respectivos partidos y estén controlados por el ejecutivo de turno significa que toda ley aprobada responderá a los intereses partidistas y a los lobbies que, requeridos como expertos -y no sólo como expertos, sino como hombres afines a la ideología del partido-, vivan al amparo del poder. Con la no separación de poderes, consagrada -insisto- en nuestra Carta Magna, se consigue que las leyes atiendan a motivaciones egoístas, partidistas e ideológicas, sin que la ciudadanía tenga nada que decir, y que dichas leyes no obtengan freno alguno ni se vean sometidas al debate ciudadano -los debates en el Parlamento son la pantomima de los hechos consumados-. Por eso no es de extrañar que leyes como la LOGSE o la LOE salgan adelante, que no haya nadie capaz de derogarlas, y, lo que resulta más sangrante, que los sucesivos gobiernos no hayan sido capaces de darse cuenta (¿o sí?) del grandísimo mal que están provocando.

Las consecuencias de la estatalización de los agentes políticos y sociales de lo civil van íntimamente ligadas a las expuestas anteriormente y afectan sobre todo a los cauces de participación que los profesores poseemos para reivindicar un cambio en el sistema educativo. ¿Por qué no existe actualmente ningún partido político ni ningún sindicato de ámbito nacional que represente nuestras propuestas? ¿Por qué los partidos que tocan poder o los sindicatos que se convierten en mayoritarios suelen traicionar los postulados que los han aupado? La explicación es bien sencilla: porque ninguno de ellos se debe a los que dicen representar sino a los intereses de sus cúpulas dirigentes. En el caso de los partidos esto se demuestra con la absoluta independencia y libertad -de hecho, una vez situados en el Estado, son los únicos órganos que gozan de libertad política- con que actúan, sin reparar, no ya en sus bases, sino en quienes los han votado. La capacidad que poseen de generar pequeñas y grandes felonías sin que los ciudadanos puedan influir en ellos es tan grande, descarada y evidente que no voy a insistir en ello, así como tampoco señalaré el hecho antes mencionado de que, cuando necesitan asesoramiento, generalmente se rodean de supuestos expertos afines a sus postulados ideológicos. Los partidos están financiados por el Estado y la Constitución los convierte en el único eslabón posible entre éste y la sociedad, por tanto no es de extrañar que leyes como la actual LOE respondan a necesidades partidistas y estén tan alejadas de la realidad de las aulas.

El caso de los sindicatos es similar al de los partidos, pues, por su financiación y su preeminencia en ciertos sectores estatales, son asimismo órganos del Estado que suelen ignorar de la misma manera a quienes dicen representar. Pero poseen un añadido que les otorga una importancia inusitada y una responsabilidad mucho más incontestable. El Estado de partidos convierte a las asociaciones sindicales en órganos estatales con similar categoría que la que poseen los partidos y, sin embargo, permite que actúen aparentando cierta independencia del poder establecido, pues, ya sea por su ideología de clase, ya sea por el corporativismo desideologizado que les mueve, pueden simular que todavía se deben a sus afiliados o al sector laboral que dicen representar, aunque la realidad descubra que, bajo el disfraz de agentes sociales, se oculta el verdadero rostro de unos colectivos que en la práctica son correa de transmisión de los partidos políticos. Esto es de vital importancia para comprender hasta qué punto los sindicatos de la enseñanza son culpables del desastre. Y no sólo por su porfía en encastillarse en posiciones cercanas a la pedagogía fin de siècle, sino por la desmesurada trascendencia -muy superior a la que ciertamente poseen- que el actual régimen político les procura. Si los sindicatos de la enseñanza no recibieran subvenciones y se financiaran exclusivamente con las cuotas de sus afiliados, veríamos por fin la envergadura, la capacidad de influencia y el poder de representación que en realidad poseen. Y acaso nos sorprenderíamos del giro radical que, impulsados por la necesidad de sobrevivir, adoptarían muchos de ellos en algunos de sus postulados. Como único medio de participación social que tienen los ciudadanos españoles, el sindicalismo vertical es uno de los obstáculos más infranqueables con que se topa la acción de protesta educativa.

Pero es que, por si fuera poco, el tinglado de la representación sindical, los requisitos para presentarse a las elecciones y el sistema y mecánica del propio proceso electoral están planteados para desactivar cualquier tipo de peligro que amenace al sistema educativo actual, a las bases pedagógicas que lo sustentan y a los responsables que de él viven. ¿De qué formas?

1.- Se desactiva al elemento peligroso obligándole a no salir de su Comunidad Autónoma. Por lo que el objetivo de cambiar el sistema educativo español queda postergado al tener el sindicato minoritario de turno, si quiere ser algo, que circunscribirse a reclamaciones y problemas del terruño -que son graves, por supuesto, pero que aparcan, insisto, el objetivo general y auténtico que supongo les empuja a nacer-.

2.- Se desactiva al elemento peligroso obligándole a representar, o a aspirar a la representación de tan solo un sector de la enseñanza. De ahí que se caiga en la contradicción de pretender una transformación de la enseñanza reivindicando, por ejemplo, un cambio en la Secundaria y sin tener en cuenta la Primaria, la FP o la Universidad. Así pues, la mayoría de sindicatos anti-sistema nacen muertos, pues nacen siendo asociaciones de profesores de Secundaria. Por mucho que se federen e intenten sortear la primera desactivación antes citada.

3.- Se desactiva al elemento peligroso obligándole a acatar unas reglas establecidas para perjudicarle y para que, a ojos de los demás, aparezcan a medio plazo desvirtuados por la situación. La primera desvirtuación que tienen que asumir es presentarse a unas elecciones con listas cerradas, lo cual pone en cuestión, ya en el principio, la esencia democrática de tales asociaciones, por muy asamblearias e igualitarias que éstas sean. En segundo lugar, no tienen más remedio que aspirar a unas juntas de personal y a unas mesas sectoriales hechas a imagen y semejanza de los sindicatos del pesebre; esto es: donde quedan unificadas la Primaria y la Secundaria. A pesar de que en sus respectivos programas aparezca como aspiración primordial la separación de las mesas, al final tienen que tragar, pues su representatividad, y por tanto su fuerza, es minoritaria. En tercer lugar, si logran hacer algo de ruido, enseguida el sistema les planta delante de sus narices el siguiente dilema para seguir manteniéndose vivos: o sigues fiel a tus principios de cero liberados y cero subvenciones (y por lo tanto, tal y como están las cosas, te estancas y no aspiras a crecer, pues, sobre todo si has llegado a este punto, vas a sentir la necesidad de multiplicarte en los centros de enseñanza, y para eso necesitas liberados y subvenciones), o tragas con las liberaciones y la pasta que el Estado te tiene reservada (por lo que crecerás, te multiplicarás, llegarás a ser algo pero, ay, a partir de ese momento, con el alma vendida a Mefistófeles, tendrás que despedirte de tus reivindicaciones más básicas).

La última de las características del Estado de partidos que cité antes es la proporcionalidad en el sistema de votaciones, la cual hace necesarias las listas de diputados -abiertas o cerradas, eso no importa- que concurren a las elecciones. Este postulado primordial también influye de manera definitiva en nuestro sistema de enseñanza; explica, además, cómo surge, quiénes se llevan el gato al agua durante su desarrollo y, sobre todo, cómo se presenta el estado actual de las cosas. Para explicar la representación proporcional hago míos los argumentos expuestos en un artículo por Vicente Dessy Melgar:

«La representación proporcional concede status constitucional a partidos políticos que de otra forma no lo lograrían. Ustedes no puedo elegir a una persona en la que confían o a la que conocen de su distrito para que les represente: sólo pueden elegir un partido. Y las personas que pueden representar al partido son elegidas exclusivamente por éste. Aunque las personas y sus opiniones siempre merecen el máximo respeto, las opiniones adoptadas por los partidos (típicos instrumentos de ascenso personal y de poder, con todas las oportunidades de intriga que ello implica) no deben identificarse con las opiniones humanas normales: en el caso de los partidos, se trata de ideologías. Con la representación proporcional, el candidato busca la elección como representante de un partido, sea cual sea el espíritu de la constitución. Si resulta elegido, lo es principalmente, si no únicamente, porque pertenece y representa a un determinado partido. Por tanto, su principal lealtad se debe a éste y a su ideología, no a los electores. Nunca se enfrentará con el compromiso de votar en contra de su partido. Por el contrario, está moralmente ligado a él, pues en su representación fue votado en el Parlamento. [..] El sistema representativo bajo el que el diputado fue elegido lo despoja de responsabilidad personal; lo convierte en una máquina de votar. Lo que necesita la política son individuos que puedan juzgar por sí mismos y estén preparados para asumir responsabilidades personales. Aunque pudiera parecer que el efecto de la representación proporcional, esto es, el aumento del número de partidos, es deseable, significa, sin embargo la inevitabilidad de los gobiernos de coalición. Supone dificultades en la formación de cualquier nuevo gobierno y su mantenimiento estable en el poder. Gobierno de coalición, fruto amargo de este sistema, significa que los partidos pequeños puedan ejercer una influencia desproporcionadamente grande en la formación y en la dimisión del gobierno y por tanto en sus decisiones. Pero lo más importante es que eso supone la descomposición de la responsabilidad, porque en un gobierno de coalición la responsabilidad de todos sus miembros se reduce de modo inevitable. Con el tiempo, el público se acostumbra a la idea de que no puede hacer responsables de sus decisiones a ninguno de los partidos políticos ni a sus dirigentes ya que pueden haberles venido impuestas por la necesidad de formar una coalición. Con la representación proporcional, en el caso de que un partido fuese derribado por una mayoría de ciudadanos, el gobierno podría no abandonar el poder. Buscaría un partido menor suficientemente fuerte para gobernar con su ayuda. ¿Les suena? Así el dirigente censurado del partido mayor continuaría presidiendo el gobierno, en oposición directa al voto mayoritario, gracias a la ayuda de uno de los partidos menores, cuya política suele distar mucho de representar la voluntad de la mayoría. ¿Les sigue sonando?»

Si se atreven a aplicar ustedes toda esta batería de hechos irrefutables al origen, aprobación, desarrollo, aplicación y estado actual de la LOE, se percatarán de lo inextricable que es la tela de araña que teje a su alrededor el Estado de partidos y, sobre todo, de lo definitiva que es su influencia en el devenir legal que ha ido forjando este reino de la ignorancia programada que es nuestro sistema educativo.

Así pues, cuando en el principio de mi disertación acudía a la metáfora del nudo gordiano y hacía el distingo pensamiento/acción, no era ajeno al criterio, tantas veces citado por numerosos pensadores, que expone que pensar es ya una forma de actuar. Sin embargo, tampoco debemos olvidar que el pensamiento-acción casi siempre tiende a recluirse en el ámbito de la idealidad, y más si nos acercamos al discurso que desde hace años lleva cuestionando nuestro sistema de enseñanza. La crítica antipedagógica se da una y mil veces contra el muro de la falta de acción, a pesar de que posea todos los recursos existentes del pensamiento, porque, como ya he dicho, el régimen otorga libertades individuales y, sin embargo, diluye cualquier cauce que haga posible su realización. De esta contradicción, insisto, se nutre el nudo gordiano, que es tanto o más nudo, cuanto más se piensa en él.

Una vez delimitados los obstáculos para la acción, tal vez estemos preparados para descubrir que la misma negación acarrea consigo la posibilidad afirmativa de actuar, y que el tajo a la trabazón educativa pasa por abandonar para siempre cualquier apuesta regeneracionista que actúe dentro del sistema. Aquí está el quid de la cuestión; porque, si se dan cuenta ustedes, la idea de regeneración supone volver a generar algo que supuestamente existía antes de su corrupción; lo cual, dado el panorama que les acabo de exponer, es imposible, pues nunca se generaron cauces de libertad política en España, y, por lo tanto, jamás hubo posibilidad de actuar: las reglas del régimen han impedido la acción colectiva.

Superando esta obcecación regeneracionista, atreviéndonos a enarbolar por vez primera la bandera de la verdad de los hechos al tiempo que nos despojamos de la servidumbre de los prejuicios, observaremos que la ecuación Verdad=Libertad habrá de ser el punto de partida para la acción concertada. Con este sencillo algoritmo las tesis pedagógicas se diluirán como un azucarillo en el agua, pues, sin la mentira del régimen político que las sustenta ni la sumisión de unos profesores que acaban de rebelarse contra ellas, nada habrá ya que las mantenga con vida. Pero, para que esto ocurra, para que el mandoble sobre el nudo sea todo lo eficaz que cabe esperar de él y no se convierta en una mera pataleta simbólica, la acción debe centrarse en la lealtad, no solo del docente y el discente a la materia educativa, sino de todo el edificio de la enseñanza a esa misma materia, que no puede tener expresión sin el criterio de los profesores. Por ello, la acción de la lealtad habrá de promover con especial firmeza la devolución de los órganos de representación a los docentes y apartar definitivamente a sindicatos y partidos políticos.

Verdad, Libertad, Lealtad. La comprensión -y asimilación- de estos tres principios afirmativos que surgen de la negación política del Estado de partidos es quizá el requisito más importante para la acción. Ahora bien, el actuar precisa de un quartum datum insoslayable que, al mismo tiempo, es motor de todo lo demás: la audacia. Por tanto, expuestas así las cosas, permítanme que acabe con una serie de preguntas, cuyas respuestas revelarán el valor de quienes ven el actual sistema de enseñanza como un problema:

¿Quién estaría dispuesto a asumir públicamente que el hecho de que los profesores jamás hayan contado en las negociaciones con el ministerio se debe en exclusiva a que en el régimen no existen mecanismos reales de representación política? ¿Seríamos capaces de admitir públicamente que, mientras se mantenga la verticalidad estatal de partidos y sindicatos -representativos de una ideología pero jamás representantes del ciudadano-, un sistema de enseñanza que pretenda situar al docente en el centro de las decisiones -como no se cansa de repetir el ministro Gabilondo– sería poco menos que una utopía? ¿Podríamos aceptar, también públicamente, que acabar con la omnipresencia de una única escuela pedagógica sería imposible mientras el Ejecutivo de turno continuara teniendo la vergonzosa potestad de legislar y, por lo tanto, de orientar ideológicamente leyes que ningún poder del Estado puede ni está dispuesto a cuestionar? ¿Nos atreveríamos a considerar ante los demás que el mayor obstáculo quizá para unas reválidas estatales vinculantes sería presentado por gobiernos autonómicos y grupos políticos de signo nacionalista -alguno de ellos tiene el dudoso honor de haber participado intensamente en el ominoso parto de 1990- crecidos a la sombra de una ley electoral proporcional que los beneficia y les otorga una importancia inusitada en el Parlamento? ¿Querríamos enfrentarnos a la certeza de que nada -ni siquiera nuestra querida Carta Magna, creada con el único fin de no ser cumplida- garantizaría mejor el derecho a la libertad de cátedra que poner coto al incesante mangoneo de las editoriales de libros de texto, pertenecientes en su mayoría a grupos de comunicación que, desde la Transición, llevan involucrándose tanto en la política nacional -todos ellos practican el deporte nacional del mecenazgo a algún partido político para asegurarse, por supuesto, la prebenda correspondiente- que a la postre se han convertido en grandes corporaciones de fabricación y manipulación de eso tan metafísico a lo que se suele llamar “opinión pública”?

¿Estaríamos dispuestos a admitir, en definitiva, que sin cambio político jamás será posible una reforma de la enseñanza?

(Adaptación de la conferencia pronunciada en la Sociedad de Filosofía de la Provincia de Alicante. 1 de marzo de 2011)

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Categorías: Diagnósticos, Soluciones

Autor:David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura. Administrador del blog.

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34 comentarios en “El nudo gordiano: educación española y Estado de partidos”

  1. Antonio Javier Abellán Cano
    2 marzo 2011 a 18:59 #

    Quiero felicitar a David por su ponencia de este texto en Elche, dentro del curso que organiza la sociedad de filosofía de la provincia de alicante. Muy interesante, valiente y realista. Y, aunque yo comparto un cierto pesimismo con Felipe, es grato saber que hay gente con criterio que es optimista. Muchas gracias y ánimo.

  2. Pascual Pérez Royo
    2 marzo 2011 a 19:20 #

    Soneto a nuestros centros.

    Si no hay educación valgan proyectos
    y pásennos las hordas por encima.
    Duerman los sabios, sin luz y circunspectos,
    pues ya la orientación reina en tarima.
    No importa qué enseñar, todo es valores;
    El tártaro ya pisa con sus cascos
    las ruinas del saber, yermas de flores
    y llenas de graffitis y otros ascos.
    Verás aquí graduar sin desagrado
    en claustros que ya dan la sopa boba,
    pues título se llama al regalado.
    Barrido está el honor con negra escoba,
    con prisa se ha pisado aquel legado,
    y “Pisa” nos dio el réquiem con gran soba.

    Don Pasquale

  3. Manuel
    2 marzo 2011 a 20:08 #

    Aun estando de acuerdo en la mayor parte del razonamiento, creo que olvidas uno de los problemas fundamentales, la muy mayoritaria aceptación por parte del profesorado (de donde debería surgir la necesidad de cambio y llevarlo a la práctica en los centros) de las reglas del juego. La minoría que critica y propone son eso, minoría. Quizá algunos murcianos hemos confundido una reivindicación profesional justificada (cuya profundidad se ha detenido en cuanto se comenzó a hablar de rascarse el bolsillo con huelgas), con un ansia de renovación del sistema educativo que no va más allá de la queja mañanera de sala de profesores.

    • 3 marzo 2011 a 17:49 #

      Manuel, el texto intenta abordar el problema educativo desde un punto de vista estrictamente político y legal. El margo legal (constitucional) hace imposible la reacción ciudadana porque no existen cauces para la libertad colectiva o política. El silencio de los docentes, la aceptación de esta realidad se debe, en gran medida, al desconocimiento de la verdadera esencia del régimen político. Historiadores y medios de comunicación llevan vendiéndonos la moto de la “transición modélica”, sin cesar de repetir que esto que tenemos es una “democracia”. Y quien es capaz de percibir que algo no funciona lo hace habitualmente en ese prejuicio que consiste en creer que aquí hubo algo llamado democracia al principio y que, con el tiempo, se ha ido pudriendo. Esto no es verdad, porque los mecanismos legales inscritos en la Constitución que cercenan tanto la representación ciudadana en las instituciones como la separación de poderes (requisitos para que exista democracia) están ahí desde 1978. Nada ha cambiado.

      Gran parte del silencio “indocente” se debe a que no se concibe nada más allá de la propaganda del régimen.

      Un saludo.

  4. Borja Contreras
    2 marzo 2011 a 21:37 #

    David, agradecido por tu clarividencia en este asunto.
    Un paso más, creo, habría que dar: cómo se inserta este asunto en la ofensiva por hacer de la enseñanza un apéndice sumiso del sistema económico.
    Ahí tienen mucho que decir algunas de las editoriales que citas, véase Santillana, editora en España del afamado y tantas veces citado informe PISA.
    Un saludo.

    • 3 marzo 2011 a 18:01 #

      Borja, fue un auténtico placer compartir contigo mantel, sobremesa y ponencia. Hay que hacerlo más a menudo (lo del mantel y la sobremesa, quiero decir).

      El tema del sistema de enseñanza es poliédrico (parafraseando a mi Valcárcel de mis entretelas, que hablaba de una “izquierda poliédrica). Bueno, pues el caso es que el abordaje político o legal se queda cojo si no tenemos en cuenta el económico. Como muy bien señalaste en tu intervención, resulta necesario explicar, dar respuesta a muchos porqués: ¿por qué Bolonia?, ¿por qué PISA?, ¿por qué la OCDE? A lo que yo añadiría alguno más: ¿por qué la entrada en la CEE coincide prácticamente con el advenimiento de las primeras avanzadillas LOGSE? El tema es complicado y apasionante, sin duda.

      Ahora bien, también dije que hay países que comparten un mismo sometimiento a la economía internacional y que sin embargo son más impermeables a las reformas educativas. Yo creo que las presiones internacionales, el que un país sea un apéndice más o menos sumiso al sistema económico depende en gran medida de la capacidad de decisión y de la vitalidad de su sociedad civil. Tras treinta y seis años de dictadura, y tras casi cuarenta años de Estado oligárquico de partidos, la sociedad civil española es la viva imagen de la servidumbre voluntaria.

      Un abrazo.

  5. Mª Ángeles Pérez
    3 marzo 2011 a 2:16 #

    ¡Gran trabajo, David! Acabo de compartirlo con mis compañeros de clase de CC.PP. y Sociología a través de FB, conociéndolos seguro que también comparten mi opinión.
    Y, ¿no crees que somos nosotros, los ciudadanos: profesores, alumnos, padres, los que nos hemos resignado a vivir dejándonos llevar por esta situación? ¿Qué estamos haciendo realmente más allá de lloriquear y quejarnos de lo mal que van las cosas? Esa es la triste realidad, que ahí queda todo, en quejas, la mayoría de veces de puertas para adentro, y no hechos y actuaciones… Somos nosotros los, que en parte, dejamos actuar ´libremente´ a los políticos; pensamos que por crear un grupo en FB aludiendo a la mala gestión del actual gobierno vamos a arreglar el mundo… ¡Tenemos que despertar! Y actuar de verdad o… no, ya nos han vencido, ¿Qué va a hacer un chico que se limita a vivir en la ignorancia que sus gobernantes le proporcionan contra ellos? Nada, todo lo concebirá como correcto. Y ante eso, ¿qué hacen los profesores? Los míos, en vez de aprovechar las horas de clase para enseñar, reivindicar, decirme a mi y a mis compañeros las poquísimas oportunidades que vamos a tener cuando terminemos nuestros estudios. Y ¿si ya salimos derrotados, a dónde vamos? En fin…
    Un saludo,
    Mª Ángeles.

    • Jesús San Martín
      3 marzo 2011 a 9:33 #

      Si lo ves tan claro, como para condensarlo en la frase
      “vivir en la ignorancia que sus gobernantes le proporcionan contra ellos”
      es que vamos por buen camino.
      La dinámica de los grupos no es lineal. No se produce un incremento proporcional a los que ya han visto el problema. Es como la rotura de una presa. Hay que hacer el agujerito, para que salga el agua, según va saliendo crece muy poco a poco, desgastando las paredes, pero a partir de cierto momento el agujero crece a pasos agigantados porque se arrancan trozos de pared y la presa colapsa de golpe.
      En Murcia ya ha habido trozos de pared arrancados, y en Andalucía ha pasado lo mismo con los pseudo-funcionarios nombrados a dedo. Ahora, con todos los políticos llevando a sus corruptos en las listas, han aumentado la presión del agua. El paro aumentando, los impuestos aumentando, el sueldo bajando y ellos robando como siempre, pues más agua para la presa. Es tan extraordinariamente lento que parece que no pasa nada, pero sí pasa y mucho. (Entre el crack del 29 y el inicio de la Segunda Guerra Mundial pasaron 10 años)

      • Mª Ángeles Pérez
        3 marzo 2011 a 11:38 #

        No digo yo que no; pero gracias a la educación que está/ estamos recibiendo la juventud de hoy en día, recibiendo no, más bien la que se limita/ nos limitamos a asimilar, procedente de la televisión, la redes sociales, etc, vamos a necesitar más de 10 años para que esto pueda ir a mejor y no a peor.
        Le voy a contar algo. Soy estudiante de la ´maravillosa´ Universidad de Murcia, pues bien el curso pasado, concretamente durante uno de los cuatrimestres, tuvimos una profesora a la que en 3 meses únicamente vimos y, por tanto tuvimos la oportunidad de disfrutar de sus clases, porque son buenas, a mi parecer, todo hay que decirlo, ¿tres, cuatro semanas? sí, más o menos; ni un mes de los tres que teníamos que haber tenido. Y se preguntará ¿qué hicieron Uds. ante esta situación? ¡NADA! Primero fue algo así como “¡qué bien no tenemos clase!”; luego pensábamos “y si no viene a impartir sus clases, ¿qué vamos a estudiar para el examen?” y finalmente, seguimos comentando “no puede ser que no tengamos clases, estamos PAGANDO por ellas”… Pero en ningún momento nadie se llegó a plantear o, si lo hizo no lo llegó a comentar entre sus compañeros lo que en realidad estaba pasando: “estamos perdiendo un maravilloso tiempo de adquisición de nuevos conocimientos”… En ningún momento se planteó la posibilidad de, todos juntos, poner una reclamación formal, no sé, algo, lo más mínimo, más allá de la tertulia en la cantina; creo que ahí también influía “el miedo” al suspenso…
        Este curso, no estoy en Murcia, por lo que lo que voy a contar tampoco es exacto al 100%, pero de nuevo se volvió a repetir la historia… Un profesor de baja desde el primer día de clase, allá por el 20 de septiembre y el sustituto no aparece hasta la primera semana de noviembre, ¿qué se hace? me han comentado que NADA, otra vez. Otro profesor que misteriosamente no se presenta al inicio del curso académico, me comentan que les hacen saber el material que tienen que preparar para el examen de febrero y ¡viva la Pepa!… Esa es la triste realidad, sí, quizás piense que es un caso aislado, yo creo que no, no quiero ser pesimista, pero ante estas situaciones ¿qué ocurre? Unos (la mayoría) no quieren complicarse mucho la vida; esperar a ver que pasa es mucho más fácil. Mientras tanto los que sí quieren cambiar las cosas ¿qué hacen? resignarse a ver como no tienen apoyo de sus semejantes y emplear su tiempo en cultivarse por sí mismos, porque al fin y al cabo acaban pensando: “¿por qué tengo yo que dar la cara por ese que prefiere estar tirado en el sofá, a lo Homer Simpson (el famoso ´free rider´, viendo (mirando, diría yo) la televisión?”.
        No, “nosotros” solucionamos el mundo pinchando con nuestro ratón del ordenador en la opción “me gusta” de FB en cualquier página que diga algo así como “las cifras del paro se han vuelto a incrementar este último mes en España, actuemos”; es que ya ni lo comentamos.
        Whoops, ¡qué pesimista!…

      • Jesús San Martín
        3 marzo 2011 a 14:02 #

        Ya di la solución a este problema. Tienen ustedes representante de alumnos a nivel de:
        1.- de clase. El delegado que puede protestar anónimamente
        2.- de facultad. Que puede tratar el tema en la junta de la facultad, anónimamente
        3.- de universidad. Que puede llevar el tema a la junta de la universidad, anónimamente.

        También está el defensor universitario. Igualmente existe el registro para enviar escrito al director del departamento, al subdirector (vicedecano) de alumnos y al vicerrector de lo mismo.

        Ahora mismo estoy corrigiendo un artículo, que me han mandado, sobre el dilema del prisionero en redes. Es la historia que usted dice: me callo y que otro cargue con la venganza del profesor o puede ser que nadie hable y pierda mi tiempo. No sólo eso, el resto de profesores vagos sabrán que es gratis no ir a clase y se verán perjudicados en otras asignaturas. Mi principio: si me dan sin querer no la devuelvo, si me dan a propósito la devuelvo multiplicada por diez; con el tiempo la gente aprende que no sale gratis tocarme las narices y las dejan en paz. La gente que muestra esa cobardía la sufre en todos los aspectos de su vida, pues se callará cada vez que le meen y se justificará diciéndose que es abono.

        Un placer tener a los alumnos en el foro.

    • 3 marzo 2011 a 18:12 #

      Gracias, Mª Ángeles. Más arriba le he comentado a Manuel que el silencio de la sociedad española está causado en gran parte por la inexistencia de cauces de participación y representación ciudadana. Hemos sido sometidos a experimentos de lógica pavloviana que han creado una conducta social dócil, sumisa y hasta connivente. Tampoco hay que olvidar que ya en nuestro gen histórico está el famoso grito de “¡vivan las caenas!”.

      La aportación de los estudiantes universitarios en todo esto no resulta fácil; es más, creo que lo tenéis bastante jodido (y te aseguro que en mis tiempos la cosa no era muy diferente). La Universidad española está muerta y disecada; no se puede esperar de ella que sea el epicentro de ninguna revuelta. Para colmo, las asociaciones de estudiantes (todas ellas correas de transmisión de algún partido o de algún sindicato) monopolizan cualquier acción de protesta. Una salida para este abrumador silencio al que os enfrentáis sería que unos pocos tomarais la iniciativa, pero para eso deberíais tener claro que cualquier asociacionismo que surja aprovechando los recursos del sistema habrá de nacer cadáver, y que, sobre todo, hay que forjarse previamente un criterio lo suficientemente sólido que os haga delimitar bien el espacio de actuación y los objetivos.

      No sé, creo que me estoy yendo por las ramas. El caso es que me agrada muchísimo tu visita. Seguimos hablando.

      Un saludo

  6. Suero de Quiñones
    3 marzo 2011 a 7:17 #

    Admirado David,
    Gracias por su iluminada exposición.

    Un abrazo.

  7. 3 marzo 2011 a 9:29 #

    Sencillamente magistral. Era ya necesario el análisis que conjugara nuestro déficit democrático con el malestar en la educación. Enhorabuena, David.

    • 3 marzo 2011 a 18:16 #

      Juan Pedro, muy agradecido. Yo no me atrevería a llamarlo “déficit democrático”, pues eso sugiere (aunque sé que no ha sido tu intención) que aquí hay una democracia deficitaria, pero democracia al fin y al cabo. Y no. Lo que hay aquí es un régimen político muy bien definido por el constitucionalismo alemán que nada tiene que ver con la democracia representativa. Es como llamar ajedrez a un juego que se practica sobre un tablero cuadriculado pero con las reglas del parchís.

      Un abrazo.

    • Juan Pedro Viñuela
      4 marzo 2011 a 10:53 #

      Efectivamente, David. Estoy de acuerdo. Es la terminología que utilizo, pero quiero decir lo mismo. Saludos.

  8. Ana Belén
    3 marzo 2011 a 15:38 #

    Un artículo increíble, David. Gracias una vez más por compartirlo. La conferencia debió de ser increíble. Recuerdo un comentario tuyo a un artículo hace ya bastante tiempo en el que planteabas todo esto. La pregunta es: ¿entonces no se puede hacer nada porque no hay cambio posible en la política de este país y por tanto, no es posible un cambio en la educación? Porque entonces habría que reunirse, tomar decisiones y promover alguna actuación. ¡Por la formación de un partido político nacido en Deseducativos!
    ¡Saludos!

    • 3 marzo 2011 a 18:22 #

      Gracias, Ana Belén. ¿Qué hacer? Yo creo que Deseducativos y todos aquellos que quieran “deseducarse” no deberíamos significarnos con ninguna iniciativa política. Lo nuestro es el sistema de enseñanza. Lo cual no significa, sin embargo, que no podamos abordar el tema desde todas las perspectivas que seamos capaces.

      Y lo del partido político lo descarto absolutamente. Cualquier iniciativa política que pretenda participar y beneficiarse del sistema estará condenado a ser fagocitado, a la larga, por éste. Es lo que le va a pasar a UPyD, por ejemplo, o a IU si llegan algún día a ser algo en el régimen actual. Aunque tampoco hay que esperar tanto: su participación en el Parlamento, su acatamiento de las reglas (con todo lo que eso conlleva: subvenciones, reglamentos, etc.) los desacredita, a mi parecer, desde el principio.

      Un abrazo.

      • Ana Belén
        4 marzo 2011 a 10:36 #

        Ergo, ¿no se puede hacer nada más que hablar del asunto con el propósito de que cada vez haya más personas conscientes del problema? ¿y qué se consigue con eso si el problema de fondo es político? Mi interpretación del tema después de leer tu artículo es que la única posibilidad de cambio es la vía política. Otra pregunta que me gustaría hacer está relacionada con el asunto de los cambios en la situación política de los países occidentales que se dieron durante la Guerra Fría. Todos ellos son partitocracias pues, pero desde luego sus sistemas educativos no han sufrido los destrozos que ha sufrido el nuestro. ¿Por qué entonces si el objetivo de fondo es, supuestamente, el mismo, es decir, el control ideológico de la población?
        Saludos!

  9. Maximiliano Bernabé Guerrero
    3 marzo 2011 a 16:34 #

    Magnífica exposición, David. Me quedo, sobre todo, con la frase: “abandonar para siempre cualquier apuesta regeneracionista que actúe dentro del sistema”. Desmadre autonómico, sindicatos subvencionados que ahogan y manipulan la protesta de los trabajadores, seis partidillos nacionalistas árbitros de la política de esa nación que dicen querer fragmentar. Hay que pegar el tajo, aunque no seremos nosotros, profesores, quienes lo hagamos.
    Hay una anécdota histórica que seguramente ya he contado aquí, porque últimamente estoy un poquitín pesado. Si así es perdonadme esta senilidad temprana. Se trata de Mustafá Kemal, el fundador de la Turquía moderna. Este hombre occidentalizó el país, bien que un poco a la fuerza: prohibió la poligamia y la “sharia”, cambió el día de descanso del viernes al domingo, dio igualdad jurídica a la mujer… Y llegó el momento de sustituir el alfabeto árabe por el latino. Tarea ardua. Como suele ser habitual, se convocó un comité de expertos que presentó sus conclusiones que, más o menos, eran éstas:
    “-Mire usted Don Mustafá, esto es muy difícil. Proponemos que durante cinco años convivan los dos alfabetos. Durante los cinco años siguientes se usará preferentemente el latino pero se permitirá el otro también. En un periodo de diez años se irán reduciendo las ediciones de libros en árabe y… En resumen, hace falta una generación para esto, nos tememos que nosotros no veremos el resultado”.
    A lo que Kemal contestó:
    “- 5, 10 años, una generación…. Así no se implantará nunca. Les doy tres meses. En tres meses toda la burocracia oficial y todas las imprentas tienen que usar el alfabeto latino. Apáñenselas como puedan”.
    Y en tres meses se hizo.
    Pues lo mismo, con el edificio logse-loesiano: Patadón, demolición, fuego purificador. Es decir, DEROGACIÓN FULMINANTE CON EFECTO DEL MISMO DÍA DE PUBLICACIÓN EN EL BOE. Y luego empezará la verdadera batalla, que será dura, porque en 20 años se ha hecho mucho daño.

    • 3 marzo 2011 a 18:30 #

      Maxi, patadón, por supuesto, pero, yo creo que propinado por nosotros, sin esperar, sin intentar presionar para que otros lo den. Lo digo por ese posibilismo que has mencionado varias veces por aquí y que consiste en aprovechar el cambio de partido político en el poder. No hay manera de presionar con las reglas actuales, amigo, porque tratar de hacerlo supone seguirlas, en cierto modo. Y las normas que existen lastran cualquier movimiento que vaya de abajo hacia arriba.

      Yo creo que una vez que reconozcamos (con todas sus consecuencias) que estamos fuera, podremos actuar de manera efectiva. Ahora mismo estamos situados en una suerte de territorio de nadie, de “sí pero no”, de “esto es una mierda pero hay que seguir el camino trazado por otros”, que nos vuelve muy débiles y dubitativos.

      Un abrazo.

    • Francisco Javier
      3 marzo 2011 a 18:31 #

      Yo también debo de estar con la senilidad temprana. Lo que afirmas es perfecto: así de fácil (y de difícil.) ¡Derogación fulminante!

  10. 3 marzo 2011 a 16:58 #

    No puedo estar más de acuerdo con su artículo, David. Ahora nos damos cuenta de que el problema no reside en uno o en otro partido, como algunos tratan de justificar, sino del sistema al que todos se apuntan y del que todos comen.
    Tan es así que, como dice, esto viene de largo, lo que parece deshacer las argumentaciones que trataban de convertir a Zapatero en el culpable de todos nuestros males y, al propio tiempo, nos avisa de que la derecha no podrá hacer mucho por cambiar en 2012, en el caso de que no les toque salir otra vez al balcón de Génova a celebrar otra derrota. Ya vimos lo que hicieron en otro momento.
    Por otra parte, como dice Manuel, “creo que olvidas uno de los problemas fundamentales, la muy mayoritaria aceptación por parte del profesorado (de donde debería surgir la necesidad de cambio y llevarlo a la práctica en los centros) de las reglas del juego”. Esto lo hemos evidenciado en numerosas ocasiones pero, como los “pedabobos” (expresión que alcanza el clímax de la creatividad), no nos dejan ver el bosque, no pasamos de ahí, de la palabrería. Eso cuando no viene un ilustrado a deducir que de esa expresión se deduce que los profesores somos los culpables. Pues no sé si tenemos algo de culpa, si somos parte del problema; en lo que coincido con usted es en que sí somos parte de la solución. Y, repito, nadie va a venir a sacarnos las castañas del fuego.
    Ya alabé la valentía de los compañeros murcianos, sea cual fuere su reivindicación. Y sí se podría avanzar si todos estuviésemos dispuestos a secundar una protesta contra este sistema que nada favorece nuestra, cada vez más penosa educación. Para ello, en primer lugar nos tenemos que poner de acuerdo, no en si son galgos o podencos-ahí se nos van las fuerzas-, sino en lo que pretendemos, más allá de diferencias en el método particular, que ya se podrá debatir más tarde. ¿Cómo se pueden aunar fuerzas desde la verdad absoluta, desde el insulto, desde la descalificación a los pedagogos, a los que consideramos al alumno como protagonista, a los que hablan de vocación, a las que rechazan a todos los teóricos no afines a su ideología, a los que no están por mirar más allá y descubrir que hay otro mundo en educación…? ¿Es delito que se pida mayor equidad y práctica?, ¿Es delito que en el proceso de enseñanza se considere necesario empatizar con el alumno? Debe serlo cuando en lugar de rebatirlo con argumentos, hay quien se dedica a descalificar e incluso insultar por ello. ¿Qué pensarán de quien dice que “el niño amado siempre tendrá más recursos para enfrentarse a la vida? No quiero ni imaginármelo. Por menos de eso te llaman “pederasta”. ¿Qué pensarán estos “no-pedabobos” de quien sobre la educación de los niños dice que “Lo único importante es encontrar el juguete que llevan dentro”? O “Hablar de juego es hablar de disfrute, y una idea así reivindica la felicidad y el amor como base de la educación”. Y “el amor es básicamente tratar de ponerse en su lugar”. ¿No es esto lo que llamamos “empatía”?
    Igualmente, Mª Ángeles Pérez incide en lo mismo, la resignación en la que nos encontramos. Como dice, existe el miedo a protestar por las posibles represalias. Es el pago que tenemos que asumir, y ese paso nadie lo va a dar por nosotros. Los sindicatos no van a solucionarnos nada, así es que hemos de estar dispuestos a asumir riesgos. Y no creo que eso se deba hacer desde la cobardía del anonimato. Cuando un colectivo considera que está en posesión de la verdad no debe pensar en las consecuencias, sino reivindicar esa verdad y luego denunciar las represalias y amenazas. Las hemerotecas están llenas de protestas de estudiantes en los 80 e incluso en los 90; y también de los profesores. Hoy no se mueve nadie por otro, ya esté con una depresión de caballo.
    Hay que decir a cada uno, al menos se les caerá la cara de vergüenza, lo que convenga en cada caso: corrupciones varias, trapicheos, liberaciones, mangoneos…Y, al mismo tiempo, actuar para ir cambiando paulatinamente el sistema.
    Nadie dijo que fuera fácil ni que salga gratis, los pequeños pasos que damos son a base de grandes tortazos. Aún así, vale la pena. ¡Quien lo probó lo sabe! Quien no lo probó habla y habla y habla…pero su palabrería, como usted dice, no sale de la cantina. ¡Para ese viaje no necesitamos alforjas!
    Lo dicho: ¡Gracias por el artículo, David!

    • 3 marzo 2011 a 18:41 #

      Gracias, Alonxo. Y me alegra que coincidamos.

      Verá, en Murcia estuvo a punto de ocurrir algo que hacía tiempo no sucedía: un grupo de profesores iban a plantar cara, al margen de los sindicatos, a los recortes valcarcelianos. ¿Qué pasó al final? Se empezó a hablar de no dividir, de sumar esfuerzos, etc., y en esto que llegaron los sindicatos y terminaron por monopolizar las protestas, convirtiéndolas en meras reivindicaciones salariales que en realidad esconden una estrategia que tiene como horizonte las elecciones de mayo. Muchos profesores nos cabreamos, pero otros muchos acataron creyendo que hacían lo correcto. Éstos fueron una gran mayoría que ha terminado bailando al son que marcan los sindicatos. ¿Y sabe por qué? Porque en esta profesión no sólo sobran prejuicios ideológicos, sino que faltan criterios profesionales, tener las cosas claras, vamos. Te encuentras con muchos que creen que el principal problema educativo es que hay Religión en las aulas o EpC; que faltan ordenadores o que la sociedad se ha vuelto excesivamente consumista. En fin, qué le voy a contar.

      Esto demuestra que son necesarias webs como la de Deseducativos. Aunque cansado últimamente, estoy muy orgulloso de haber participado en la creación y mantenimiento del blog. De haberle hecho posible a usted y a otros muchos que intercambien ideas y opiniones. Yo creo que esto es un paso en la dirección adecuada. Pero también creo que queda mucho, mucho tiempo para el desvelamiento final.

      Un saludo.

      • 3 marzo 2011 a 21:29 #

        No es que muchos crean que el principal problema sea la Religión, la EpC o los ordenadores; es que ese es el único tema de conversación de los políticos, y solamente en campaña. Por qué hablan de esos temas y no de otros? Muy fácil, son temas accesibles a todo el mundo y por ello, son el único pozo del que pueden sacar votos de cualqueira. Venden mucho, como las vacaciones o el sueldo. Se imagina que hablasen de lo que realmente nos interesa? En primer lugar sería poco menos que imposible, pues lo desconocen; y luego, sería un auténtico peñazo para el vulgo que únicamente espera que le digan lo que quiere oir, por estrambótico que fuera. Lo que nos puede diferenciar es no caer en ese mismo error y no entretenernos en nimiedades y plantar cara de una santa vez al “sistema”.

    • Francisco Javier
      4 marzo 2011 a 13:04 #

      Por un lado, mencionas la “penosa educación” y por otro te declaras partidario de las tesis de Paidocentrismo (+ enseñanza comprensiva, pedagogismo, constructivismo, enseñanza lúdica, etc …) Yo, con todos mis respetos, creo que eso es una contradicción. Son justamente esas tesis las que fundamentan la Escuela actual, por lo que no sé muy bien qué es lo que se debe cambiar entonces. Por otra parte, el Paidocetrismo es ya muy antiguo y sus problemas terribles ya fueron denunciados y demolidos con todo rigor en los años 50 en una conferencia pronunciada por Arendt -entre otros – (Crisis en la educación.) En la conferencia (artículo) la eminente politóloga -una figura clave del pensamiento del s. XX- afirmaba que la principal víctima de este modo de entender la educación eran los propios niños, con consecuencias muy graves para su personalidad (trastornos mentales, delincuencia, bajo rendimiento académico.) Por ello se declaraba “conservadora” en la educación, ¡no en la política! (Una cosa es la Escuela y otra el mundo de los adultos, de aquéllos que justamente son ya ciudadanos, los responsables de la educación de los nuevos en el mundo y los que deben representar la autoridad.)También en este blog llevamos unos cuantos artículos “deconstuyendo” pacientemente todos sus principios, sin que -en mi modesto entender- se hayan realizado réplicas de calado. Creo haber escrito con todo respeto y educación (y objetividad.). Espero, que si le da por responder o desea aclarar o no, lo haga en el mismo tono.

      Aprovecho de paso para sumarme a los elogios a este artículo tan interesante y que pone en un primer plano -lo que no se había hecho con tanta claridad- la Política. Gracias, David.

  11. Jesús San Martín
    3 marzo 2011 a 20:50 #

    Excelente exposición de cómo el nivel uno impone el nivel dos. Se aplica a cualquier circunstancia. Lo guardo en mis ficheros.

  12. 3 marzo 2011 a 23:44 #

    Como bien le he comentado otras veces a David, aunque no estoy de acuerdo con muchos de los análisis sobre la carencia de legitimidad de origen de la Constitución española, sí coincido, por desgracia, con el diagnóstico de los resultados a los que el sistema político nos ha abocado. David sabe que mi opinión sobre la corrupción generalizada del sistema es más un análisis de falta de legitimidad de ejercicio que de legitimidad de origen. El hic et nunc, el aquí y ahora de nuestro sistema político es el de una crisis institucional gravísima que en lo sociológico se podrá paliar, amortiguar o llevar al letargo con la telebasura, los grandes acontecimientos deportivos y las salidas masivas de los españoles cada fin de semana largo o puente de guardar. Y en lo político con el blindaje del statu quo, pese a que nunca ha sido tan evidente su putrefacción estructural. Y eso cada vez con menos medios, más incertidumbres y más consciencia de que vivimos en un país que poco se compadece con las imágenes más mercadotécnicas del discurso buenista, del optimismo antropológico o de la propaganda impostora. El desastre del sistema educativo, que es el negociado del que se ocupa este blog, entre el autismo, el agit-prop de los hooligans que lo siguen defendiendo y la apatía conformista y escéptica de la mayoría, discurre paralelo a la construcción de un modelo social, político e institucional que puede hacer crack cuando menos lo esperemos. Mientras tanto, los profesionales del poder huyen hacia delante y niegan la mayor. Es lógico, no les queda otra opción. Reconocer los hechos tal cuales son llevaría aparejadas consecuencias que ellos no podrían soportar: ni saben mangonear de otra manera ni podrían justificar por qué ellos no deberían ser relevados después de su maravillosa gestión. Al respecto de todo esto, muy veraz y clara la visión expresada por el artículo/a> de Xabier Pericay, que es muy lúcido y coincidente en parte con las tesis y enfoques de esta entrada de David.

    • Francisco Javier
      4 marzo 2011 a 12:36 #

      Lo que dice del MIR docente (es decir, pedagogía a raudales en estado puro) no me mola nada. Por otra parte, además de que no mola, me parece una propuesta inviable en un país como este. En Alemania funciona algo así: no hay oposiciones y para entrar a ser profesor (en Primaria y Secundaria, en la Universidad no sé cómo) basta estar una año o dos -no recuerdo- en prácticas (te pagan mientras) y pasar por una serie de trámites (cursos, trabajos, etc.) Pero eso es en Alemania, donde la docencia no atrae mucho y hasta tienen (o han tenido, que ahora la cosa está más difícil) necesidad de profesores. Pero aquí, dado que son miles y miles los aspirantes a trabajar de profesor, ya sabemos la razón, me temo que lo único factible seguirá siendo la oposición. Por lo demás, lo que comentas me parece muy inteligente y acertado. Un saludo.

  13. 4 marzo 2011 a 17:14 #

    Discrepo abiertamente de tu análisis David. Es verdad que de buena gana aboliría toda la legislación de género, como modificaría de raíz el sistema educativo o, yendo más allá, establecería los mecanismos propios de un estado federal para dotar de un cauce institucional a la cuestión territorial en nuestro país y con ello ceñir la influencia de los partidos nacionalistas al terreno que les es propio, como establecería listas abiertas y derogaría la paridad por ley, pero todo ello no me lleva a cuestionar ni la Constitución que como toda norma democrática es perfectible, ni pondría en duda la legitimidad democrática del sistema por mucho que a mí me gustaría una representación y sobre todo unas políticas diferentes.

    La democracia no es algo que se da de una vez y para siempre sino que es algo por lo que hay que pelear cada día y, aunque en mi opinión se hacen necesarios cambios no sólo en el texto constitucional, también en la praxis institucional y ciudadana, como vengo diciendo, ello no debe ser óbice para reconocer que nuestro sistema político es homologable a cualquier otro de nuestro entorno y adolece de males muy parecidos. Nada hay que impida la creación de una nueva fuerza política, aunque no sea tarea fácil, mal que comparte nuestro sistema con muchas otras democracias, como tampoco la conformación de una nuevo sindicato, cosa que a mí no me seduce nada, o el impulso de cualquier acción desde la ciudadanía cosa que me gusta mucho más.

    Para desgracia nuestra nos ha tocado vivir una época en la que el pensamiento dominante se autodenomina débil, relativista, constructivista y de él beben los movimientos políticos y sociales que más fuerza tienen en la actualidad y de ahí deriva, en mi opinión, el lamentable estado de cosas en el que vivimos, tanto en lo relativo a la educación como tantas otras cosas: feminismo, nacionalismo. Por eso tengo la sensación de que nos va a tocar bregar muy duro para cambiar este estado de cosas lo que exige no sólo cambiar el pensamiento dominante también crear un movimiento social que sea capaz de ejercer de sustento de la nueva propuesta, y todo eso significa una labor de no se sabe si lustros o décadas porque en estos asuntos no hay regla: el muro de Berlín cayó cuando nadie lo preveía y las revueltas en los países del norte de África han dejado con el culo al aire a todos los servicios secretos del mundo, pero mucho me temo que por ahí debamos ir.

    La actual apatía ciudadana no es exclusiva de nuestro país, se produce en toda Europa, al igual que la domesticación de los sindicatos, o la dificultad para identificar algo que haga diferente a esta izquierda de la derecha, son males de nuestro tiempo y están vinculados a fórmulas políticas y movimientos sociales más propios de otra época que de la nuestra, por eso nuestra tarea debe ir justamente en la dirección de crear algo nuevo capaz de superar con ventaja lo actualmente existente y, eso respetando lo que yo creo debe permanecer: el sistema democrático como la mejor forma de organización política conocida hasta el presente, sin poner límites a todo lo que haya que mejorar: división de poderes, participación ciudadana, transparencia en la gestión, y siempre con el convencimiento de que seguramente no lleguemos nunca a un estado en lo que no reconozcamos que hay cosas que haría falta mejorar.

  14. Álvaro
    11 marzo 2011 a 10:04 #

    Un análisis muy exhaustivo y documentado David, enhorabuena.

  15. Fermat
    13 marzo 2011 a 11:52 #

    Siendo esto así, pienso que tenemos una dictadura económica en toda regla, con la mayoría anestesiada por las hipotecas, con poco margen de maniobra, si bien, en otros tiempos las condiciones eran mucho más duras, ahora son quienes otrora defendían los derechos de los pobres, quienes ejercen el control y el poder sobre las masas ( que somos las personas).

    Si el profesorado está así de mal, con sus buenos sueldos y su jornada ciertamente reducida con respecto a la población trabajadora en general, imagínese como estarán quienes o bien no tienen trabajo, o es temporal y de pésima calidad, muy lejano a los objetivos de calidad del milenio, o ni tan siquiera pueden acceder a algo tan básico como una vivienda digna.

    Tal y como promulga la Constitución Española, la Carta Social Europea y los Estatutos de la Organización de las Naciones Unidas ( interesante leer los preámbulos). Esto sin hablar de lo más básico aún, que nuestro país firmó pero no acaba de cumplir, que son los Derechos Humanos.

    Todos nacemos iguales… ¿ esto se cumple?

    ¿ Que forma de libertad es esta, cuando parece que hay que pagar para ser libre?

    ¿ Esto es democracia o econocracia, donde manda única y exclusivamente la economía y el dinero ?

    Las instituciones están formadas por personas. Sin personas no existen estados, ni empresas, ni familias, ni nada.

    Para poder avanzar y progresar, no debemos dejar de ser humanos.

  16. Patalete
    3 mayo 2011 a 23:56 #

    ¿David López es el mismo Aquiles de Ácratas.net?. Creo que si y estamos esperando que vuelvas a escribir en aquel blog o periódico digital. Te leía alli como a un “maestro” de los de antes. Y espero que vuelvas.

    Un cordial saludo. Patalete

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