Lucie Aubrac


Maximiliano Bernabé Guerrero

Voy a contar una historia, real, aunque con las licencias literarias u ortopédicas que me tome, que serán pocas. Ya sé que el papel de Abuelo Cebolleta aún por edad no me corresponde, pero hay que ir haciendo méritos. Se trata de unos episodios de la vida de Lucie Aubrac (1912-2007), quien hizo méritos sobrados para ser considerada la santa patrona laica de los profesores, si esta categoría existiera. Contar esta historia me vino a la cabeza el otro día, cuando fui a donar sangre. Resulta que cuando ya me habían pinchado el brazo, yo como cobardica que soy mirando para el otro lado, va la enfermera y me dice:

-Oiga usted, esto es muy raro.

-¿Qué es muy raro? -le respondo yo-

-Su sangre, o lo que sea este líquido. Para empezar, es blanco.

-Analícenlo, que aquí tienen aparatos -digo nervioso mientras observo como ella llena un tubito y se lo lleva a la boca.

-Sabe dulce. Esto va a ser…

-No se me convierta en una Nosferatu de centro de salud de barrio, por favor.

-Esto sabe a… ¡Esto es horchata! Usted no puede donar esta sangre. ¿A qué se dedica usted?

-Soy profesor.

-Ah, ya comprendo. Se nos presentan bastantes casos últimamente.

Compañeros profesores, no donen sangre ni se hagan análisis. No podemos permitirnos el capricho ni la frivolidad de hundir a la industria horchatera valenciana. Y menos en estos tiempos de crisis. Que los pobres seguro que ya sufren la competencia china.

Lucie Aubrac era profesora de instituto, de Historia, desde mediados de la década de 1930. Cuando comienza la II Guerra Mundial, el Ejército Francés moviliza a su marido, Raymond Samuel, ingeniero de profesión. Como habrán deducido fácilmente por su apellido, él era judío. Alemania invade Francia en 1940 y la pareja, junto a un hijo pequeño, pasa por innumerables vicisitudes. Finalmente, consigue un destino en un liceo de Lyon. Ella y su marido comienzan a involucrarse en el movimiento de Resistencia contra el invasor y el gobierno colaboracionista de Pétain. Al principio en actividades bastante inocentes e incruentas: imprimir pasquines y repartirlos, auxiliar a huidos, etc. Hasta que la mala suerte les visita en Marzo de 1943. En una redada, por otro asunto, la policía detiene a Raymond. Él intenta hacer creer que se llama François Vallet y que sólo esta complicado en actividades de mercado negro. Todo para que no salga a la luz su apellido judío, condena a muerte segura. De hecho él, en contra del uso habitual, venía utilizando el apellido de su esposa. La policía no suele ser tonta y desconfía. Aquel sujeto les parece sospechoso y ya están por pasar el caso a la GESTAPO. Y entonces interviene Lucie.

Viendo que la vida de su marido no es que penda de un hilo, sino que está ya en el cubo de la basura, sin encomendarse a nadie, una mañana se dirige al palacio de justicia y entra en el despacho del juez o del procurador de la república (fiscal), ahora no recuerdo, de quien depende la detención preventiva de Raymond. Ella sola. Ha dejado el niño al cuidado de una vecina. No se ha echado una pistola al bolso por una simple razón, no tiene ninguna. Se planta delante del poderoso funcionario, al otro lado de una imponente mesa e, imperturbable aunque las piernas le tiemblan algo, le dice:

-Me llamo Lucie Aubrac y soy la representante del General De Gaulle para el gran Lyon. Si antes de que salga mañana el sol no ha puesto usted en libertad al detenido Villet, le aseguro que no lo verá ponerse esa tarde. Adiós y buenos días.

Sin esperar respuesta se dio la vuelta y salió del despacho. Nunca había jugado al póquer pero pensó que no le había salido mal del todo el farol. Al día siguiente, bien temprano, Raymond estaba libre. No acabaron aquí sus aventuras, más bien empezaron. Hay que decir que previamente, en el verano de 1940, cuando su marido estaba prisionero en un campo de concentración del Ejército Alemán, ella, con una combinación de audacia y buena suerte, también consiguió su libertad. A partir de este suceso de 1943 ya no pueden elegir un camino en la vida, la elección ya ha sido hecha. La implicación de ambos en la Resistencia crece y ya se convierte de hecho en la representante de De Gaulle. Las acciones crecen en importancia, sabotajes, tiroteos y esas cosas. Ella es expulsada del cuerpo docente, incluso sufre alguna detención. Su marido es detenido también, ahora ya no hay dudas de cuál es su nombre verdadero. Definitivamente, era un hombre con mala suerte. O con una muy buena. En Junio de 1943, un comando de la Resistencia le libera durante una conducción de presos. Incluso Lucie, embarazada, empuña el subfusil y participa en el combate. Nadie se andaba con muchas contemplaciones en aquellos tiempos; ningún integrante de la escolta alemana sobrevivió para ir a contarle la aventura a su “fräulein”. Desde entonces ya no hay vuelta atrás, ambos se saben cercados por las fuerzas alemanas y las de los colaboracionistas franceses y finalmente, tras varias peripecias y huidas, consiguen pasar al Reino Unido, donde nace su segunda hija, Cathérine.

Estos son, resumidos, los hechos más notables de la vida de Lucie Aubrac, los que le dieron alguna, merecida, fama. Su proyección pública no terminó ni mucho menos con el fin de la guerra. Algunas de sus acciones y opiniones posteriores fueron controvertidas y hasta objeto de polémica. Incluso llegó a fotografiarse con Ho Chi Minh, en la época en que éste estaba en guerra contra Francia. Pero resulta que, junto a todos los sacrificios y privaciones que ello implica, una de las pocas ventajas que tiene ser un héroe es que te has ganado el derecho a que, hagas lo que hagas, no te critique un mindundi como yo. Pues eso, a lo que iba: ¡Olé sus xxx…, Madame Aubrac! Con “x” y puntos suspensivos, que los profesores, al menos actualmente en España, tenemos moral de ursulinas o de solteronas inglesas, de ésas que viven rodeadas de gatos pero odian a sus semejantes.

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Categorías: Rebelión

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7 comentarios en “Lucie Aubrac”

  1. Jesús San Martín
    28 febrero 2011 a 19:06 #

    Bombín es a bombón como cojín es a x.
    ¡Esta mujer tenía 3 x!
    Ella junto con cualquiera de nosotros damos la media normal de 2x.
    ¡Hecho de menos 1789!

    Yo, como tú, no me he atrevido a decir cojones. ¡Cualquiera lo hace! Si calificas a un bobo como lo que es y te echa los perros y te tacha de fascista (bien lo sabe por serlo)

    Iba a decir que me he descojonado leyendo la parte referente a la horchata de chufa, pero para “des-” primero hay que tener.

    • Jesús San Martín
      1 marzo 2011 a 7:39 #

      ¡Vaya H! si parece una supernova de lo que des-brilla

  2. Raus
    1 marzo 2011 a 5:09 #

    Ante tanta sandez y despropósito, ya es para que al cuerpo docente le hirviera la horchata, pero no. Tal vez lo que ocurra, querido Maximiliano, es que las inauditas tragaderas del profesorado no sean tales, sino que, lo que le echen, se lo coma con irreflexivo gusto y buena descarga salivar. Porque yo, la verdad, ya estoy empezando a creer que la sección crítica es minoritaria, y que antes falla el órgano norteño que las glándulas sueñas. Gracias, en cualquer caso, por este estimulante relato, tan graciosamente contado.
    Un abrazo.

  3. Francisco Javier
    1 marzo 2011 a 18:52 #

    Lo que con este relato sacas a la luz es de suma importancia, pues refleja muy bien la tendencia creciente en nuestras sociedades opulentas del Bienestar a la docilidad. Cada vez somos más dóciles, los ciudadanos somos dóciles, nuestra política es dócil, ¡fijémonos en los sindicatos, lo que fueron y lo que son! No sé que será, pero ya no parece que corra sangre por nuestras venas, sino horchata como dices. La corrección política, el miedo, la manía de edulcorarlo todo, la pusilanimidad generalizada (nuestra educación de niños en mantillas), el infantilismo enfermizo, los psicólogos que todo lo curan, …, es difícil encontrar ya gente tan combativa. ¡Son los tiempos que corren! Un saludo, Maximiliano.

  4. José Penalva
    2 marzo 2011 a 9:23 #

    Buen artículo, Maximiliano, que va al fondo del problema de esta España que nos ha tocado vivir. Gracias.

  5. Maximiliano Bernabé Guerrero
    2 marzo 2011 a 16:52 #

    Gracias por vuestros elogios. Las arterias llenas de horchata de tetrabrik y el “celebro” de blandiblú, y así nos va. Y si empiezas a llamar a las cosas por su nombre algunos compis te recomiendan que te apuntes a yoga o a taichi. Eso los bientencionados, los malintencionados hablan del facha a sus espaldas.
    Cuando estaba en aquel institutillo (un IESO lleno de carteles de paz y amor) en el que lo pasé un poco mal pero donde tanto aprendí de la secta, durante un tiempo unos cazurros con ínfulas de delincuentes, alumnos del mismo, se dedicaban a cortar por la noche con una radial un tramo de la valla. Como la “gracia” se repetía y daba lugar a que los sospechosos fueran los reyes del insti-talego, yo fui a ver a la directora y le dije algo así: “Como cabeza de una dependencia de la Administración Pública, tienes obligación de denunciar esto. Si no lo haces incurres en delito (ahora no recuerdo el artículo del Código Penal). Si tú no vas, voy a ir yo a la Guardia Civil a denunciar”.
    Y ella me respondió:
    “Uuuy, Guardia Civil, pero ¿Por qué dices esas palabras tan feas? Aquí podemos solucionarlo con medidas educativas…”
    Javier dices, “¡fijémonos en los sindicatos, lo que fueron y lo que son!” Ahora los temibles ToJo y Candi nos amenazan con movilizaciones contra los recortes. Un mes después de que les regalaran toneladas de vaselina -supongo- para que les metieran lo de la jubilación a los 67, y de doblar el espinazo frente a Merkel. Yo he conocido este mundillo desde dentro, y sé que todo estaba ya medio pactado desde el Verano de 2010. Huelguita general-paripé mediante.

  6. 6 marzo 2011 a 9:34 #

    Lamento ser tan reiterativo pero sin las variables de género es imposible entender un mundo como el de la enseñanza en nuestros días. ¿O acaso creéis que la actual feminización del profesorado no está influyendo en lo que aquí se comenta? Obama ha encargado a Warren Farrell la elaboración de un estudio con la intención de crear en la Casa Blanca, a imagen del que ya existe para mujeres y niñas, de un Consejo asesor en temas masculinos y, la primera petición de la Comisión formada al efecto, es la de aumento de maestros varones y una enseñanza más adaptada a los niños. Esperemos que aquí no haga falta llegar a los niveles de fracaso de aquel país para empezar a poner remedio a una situación que casi todos y todas prefieren ignorar.

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