El docilitador (o el cortaúñas)

Juan Poz

docilitar: Hacer a alguien dócil, suave, apacible, capaz de recibir fácilmente la enseñanza. (RAE)

Antes siempre, aunque no sin reparos, ponía “Docente” en la casilla dedicada a la “profesión” en el impreso de renovación del DNI. La última vez que me caducó tuve que escoger entre la realidad y la ficción. Escogí la realidad y acabé poniendo Docilitador. Declarar mi profesión a los demás, por el motivo que fuera, suponía el embarazo de tener que defender unos periodos de vacaciones con un periodo ciceroniano capaz de persuadir a mis interlocutores de la bondad de mis argumentos, es decir, de la hórrida aspereza del desempeño profesional. Desde que me declaro docilitador, en vez de docente, la percepción ajena de mi trabajo ha cambiado de modo radical. Donde antes se precisaba una elocuencia ática, ahora recibo una compasión empática que justifica e incluso ve cortos esos periodos vacacionales: “Debe de ser muy duro, ¿no?” “¡Ciento ochenta adolescentes a tu cargo! Yo tengo dos y ya estoy desesperada…” “¡Qué valor, encerrarte con tantas fieras! ¡Y cada uno hijo de su padre y de su madre!” “¿Y dices que nos has hecho ningún curso de artes marciales? ¡Admirable!” “El vuestro sí que es estrés, no el de esos controladores salvajes…”

La degradación franca de las condiciones de mi puesto de trabajo y de mis funciones en un IES me han obligado a este cambio que se adecua a la perfección al nombre de mi nueva profesión. De poder explicar la crisis intelectual del 98, según el oportuno estudio de Inman Fox, a la labor de docilitación actual, media un abismo, en efecto, pero, sin pretender ser cínico, porque la situación es lo suficientemente patética como para no caer en el vicio retórico, es evidente que, desde la perspectiva material, el progreso ha sido notable: pocas horas de trabajo previo; pocas horas de corrección posterior; jornada laboral aceptable; vacaciones espléndidas; insufribles reuniones que se convierten en ocasión idónea para que el cuerpo se exprese libremente en forma de sopor tan invencible como disculpable (¿quién puede luchar contra la naturaleza cuando ésta se desata?); clases de docilitación que desarrollan el espíritu de mando y que exigen dominar la añosa  y previsible retórica del “por vuestro bien, vuestro futuro, vuestra autoestima, vuestra integración social, el día de mañana, personas de provecho, etc.”

Como en cualquier disciplina, también en la docilitación hay algunos insoslayables highlights –discúlpeseme el barbarismo, producto de la afición a las piezas estelares de la ópera– que se repiten a lo largo de la impartición de la materia:

“He dicho que está prohibido desperezarse en clase”

“Siéntese bien, hombre de Dios, la espalda contra el respaldo de la silla, los codos sobre la mesa, que no está Vd. en un bar, sino en una clase”

“¡Pero cómo se le ocurre escupir en el suelo! ¿Dónde se ha creído Vd. que está! Coja un papel, limpie esa porquería y tírelo después a la papelera, inmediatamente”.

“Haga el favor de no sorber los mocos, que es de muy mala educación –y un puntito nauseabunbo–. Los pañuelos de papel están para algo, ¿no le parece? ¿Pero es que nadie le ha dicho que convertir las narices en una cafetera es algo que está mal visto socialmente”

“¡Pero quiere dejar de darle pataditas a su compañero de delante! ¿Es que no recuerda cuáles son los animales que se expresan mediante coces?”

“¡Quieren hacer el favor de hablar de uno en uno! Levanten la mano, si quieren hablar, y háganlo a medida que yo les diga que pueden hacerlo. ¿Pero cómo es posible que en más de seis meses de curso que llevamos aún no hayan entendido una orden tan sencilla como ésta?”

“¡Vd., ese chicle, a la papelera! ¿Pero cómo es posible que ¡a las ocho de la mañana! esté Vd. ya  masticando chicle? ¿Ha desayunado? ¿Cómo que tantos de Vds. no han desayunado? ¡Pero cómo creen que funciona el cerebro! O le dan Vds, su alimento, hidratos de carbono de asimilación lenta, o no me extraña que se despisten Vds. con esa facilidad asombrosa… Tomen nota de lo que ha de ser un desayuno saludable…”

“¡Que no griten, por el amor de Cristo! ¡Quién les ha dicho que los seres humanos se entienden a gritos proferidos al tiempo! ¿No se dan cuenta de que cada vez que gritamos  dejamos de ser personas? Lo propio de las personas es el diálogo, ¡y por riguroso turno!; lo propio de los animales, chillarse amenazadoramente al unísono”.

“¿Cuántas veces les he de decir que no les está permitido insultarse entre Vds., que los insultos son manifestaciones violentas que sólo conducen a un mayor grado de violencia? ¡Hale, Vd. a la última fila, de espaldas a la clase, coja un libro de la biblioteca de clase y comience a copiar hasta que suene el timbre!”

“¿Cómo que no ha traído el material? ¿Entonces a qué viene Vd. a la clase, a pasar el rato, a hacer vida social, a molestar, de “visita”? ¿Y le parece normal? Ni un papel ni un bolígrafo ni nada… Pues así aquí no lo quiero: vaya a la sala de profesores y diga que está Vd. expulsado por no haber traído el material mínimo indispensable.”

“¡Pues claro que se va a sentar con su compañera y va a hacer el ejercicio con ella, hasta ahí podríamos llegar! Y más valía, la verdad, que la imitara un poco y se pusiera Vd. a trabajar”.

“Veamos, he explicado el ejercicio diez veces ¿y me quiere Vd. hacer creer que no lo ha entendido? Para entender algo, amigo mío, hay que hacer un esfuerzo por comprender; no puede uno repantigarse en la silla, como si hubiera venido a una sesión del Circo de la Alegría, en vez de a una clase. El conocimiento se aprende, sí, pero primero se aprehende, con su hermosa hache intercalada, y eso sólo puede salir de Vd., desgraciadamente…”

“¡Ay, que desgraciado poder tienen Vd. en sus inconscientes manos! ¡Un poder que no se lo merecen! Fíjense bien en lo que les digo: nadie, absolutamente nadie, tiene poder sobre la Tierra para hacerles a Vds, estudiar, si Vds. no quieren, ¡nadie!; ni nosotros ni sus padres ni las autoridades: ¡nadie! Si Vds. dicen que en esas ociosas molleritas no entra el más mínimo conocimiento, pues no entra. ¿No es una tragedia? ¡De calibre mayor!”

Podría seguir rellenando “planas” que en modo alguno servirían para enmendárselas a quienes nos las presentan impolutas, inmaculadas, llenas de insignificancia y triste determinismo; pero como botón de muestra casi da en sotana… He ahí, pues, parte de los contenidos de la profesión docilitadora, una tarea que tiene otras labores anejas como las de vigilancia de patios, de pasillos, de puerta de acceso al centro, de aulas, de acompañante de accidentados al ambulatorio, etc. muy propias de la capacitación profesional de quienes han hecho una carrera universitaria y han pasado unas oposiciones de las que, es un suponer, han salido investidos con la acreditación de un alto grado de competencia profesional. Sí, la profesión docente en la Secundaria se parece cada día más a la de los cirujanos que, por falta de plazas en la Sanidad, están empleados de pedicuros en los geriátricos y han cambiado el bisturí por el cortaúñas.

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas, Diagnósticos

Autor:Juan Poz

Profesor de Secundaria y Bachillerato en un instituto público de Barcelona, y autor del blog Diario de un artista desencajado.

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20 comentarios en “El docilitador (o el cortaúñas)”

  1. Jesús San Martín
    16 febrero 2011 a 11:53 #

    Me he reído mucho, que falta me hacía.
    Por aquí hablan de rellenar la casilla como desasnador de pollinos. A nosotros, en vez de enseñarnos artes marciales, nos dotan con unas tijeras, cuyas hojas sobrepasan los diez centímetros, y que nos informan colocar sobre la mesa siempre que un alumno entre en el despacho.
    Teniendo en cuenta tu artículo, te diré que los días que me resulta más fácil dar clase, son los días primaverales, de un cielo azul intenso y una temperatura exterior de unos 25ºC. Señalo a la calle y pregunto ¿no estaríais en El Retiro mucho mejor que aquí, aguantando el rollo de las matemáticas? No sé si consigo que alguno disfrute de tan buen día, pero si sé que todos los que se quedan se sienten como un perro lleno de pulgas, y el marcador queda empatado; posteriormente, el día del examen, desempatamos, ganando yo por goleada.

    Un abrazo

    • 16 febrero 2011 a 12:02 #

      No, Jesús, disculpa que te contradiga y te quite el mérito: son goles en propia puerta…
      En vez de tijeras, cuando llega la primavera, como cultivo también el músculo, voy con t-shirt bien ajustada al bíceps, que avise…
      Gracias por la complicidad.

  2. Mari Cruz Gallego
    16 febrero 2011 a 13:28 #

    Hola Juan: en verdad que la mayor parte de nuestra labor se limita, en muchas ocasiones, a lo que describes. Pero que no me venga nadie (que alguno caerá por aquí) a decir que la culpa la tiene la sociedad y los adolescentes de hoy día, ¡pero si han sido así por los siglos de los siglos! La diferencia es que antes había autoridad, potestad, para decidir quién estaba capacitado para seguir una clase y quién, al incumplir las normas, debía marcharse del aula (y abandonar el instituto, evidentemente). Lo cual generaba la ventaja, la gran ventaja, de dejar desarrollarse intelectualmente a los alumnos que así lo decidían. Hoy siguen existiendo esos alumnos, ¡claro que sí!, pero la mayor parte de las veces te los encuentras en silencio en medio de una clase de garrulos gritando.

    Pero luego hay otras ocasiones en las que das con clases especiales, con alumnos brillantes intelectualmente (aunque a lo mejor sus notas digan lo contrario) y el problema entonces no son ellos, sino un sistema que no te deja sacar todo el potencial que encuentras.

    Yo tnego la suerte este año de tener varias clases de ese tipo: un 1º de la ESO que me hizo prometer el viernes que hoy les iba a explicar cómo evolucionan las palabras del latín al castellano (fíjate lo que he tenido que condensar para explicar tema tan arduo en 1º) pero eso sí, no he dado otra clase con alumnos más atentos que esta; un 3º donde me insistieron el lunes que hoy les tenía que llevar el Cancionero de Petrarca para leer poemas en clase y un bachillerato que, aunque suspende el 70% de la clase por falta de estudio, hay un 30% que es capaz de comentar en profundidad las ideas humanísticas que hay en un fragmento de Manetti…en fin, perdón por el rollo personal, pero hoy es de esos días que debería tener grabados y proyectármelo cuando me suceden cosas de las que describes…

    ¡Si mis alumnos hubieran estudiado en un sistema de excelencia! ¡Cuánto se habría podido sacar de ellos!

    • Jesús San Martín
      16 febrero 2011 a 18:21 #

      Hola Mari Cruz. Voy a aprovechar tu entrada para dar fundamento matemático a la necesidad de buscar excelencia. Sigo la línea descrita en mi post
      http://deseducativos.com/2011/01/27/de-la-chica-y-la-vanguardia/#comment-7772
      relativa a distribución normal de capacidades mentales que tienen las personas. Repito ahora un poco para centrar el tema.
      La altura de las personas sigue una distribución normal, tendrá una media, y luego variaciones sobre ella. Cuanto más te alejes de la media (cuanto más alto, más bajo) memos probable es encontrar tales personas, pero existen. Precisamente las personas más altas son las que encontramos jugando al baloncesto, pero no sólo en ese deporte, sino en cualquier otro, y en particular tenemos a Nadal en el tenis. Nos encanta ver a la naturaleza hacer tales derroches, y nos enorgullecemos cuando son de nuestra tierra, sin embargo, lo que siempre se ha llamado, en román paladino, “la puta envidia” evita que gocemos de semejantes maravillas en la actividad intelectual: todos analfabetos, todos igualados al nivel de la incompetencia. Semejante estupidez perjudica a todos. Pensemos un poco ¿dónde es más probable que Nadal forme una escuela de tenis cuando se retire? Aquí, lógicamente, y será más fácil para nuestros conciudadanos jugar al tenis mejor: los que estén dotados tendrán mayor facilidad para destacar, y nos darán buenas horas de disfrute, los menos dotados aprenderán mejor. Este último punto es importante, porque si permitiéramos que las personas más dotadas intelectualmente se desarrollaran, y brillaran como les corresponde, los menos dotados tendrían un espejo en el que mirarse y las lecciones de tales personas. Si tuviéramos una escuela de excelencia, donde se exigiera el trabajo que corresponde, los alumnos aprenderían esas herramientas, igual que podrán aprender las técnicas de Nadal cuando se retire. Las personas agraciadas con dones intelectuales, mañana serían mejores médicos, mejores profesores, mejores ingenieros, para todos nosotros y para nuestra sociedad. La puta envidia no sólo mata al que está al lado, mata al que está infectado por ella: su trabajo será peor, porque estará dirigido por incompetentes; sus enfermedades más largas, porque los médicos no serán competentes; las carreteras por las que circula, más peligrosas, por la ya expuesto y así sucesivamente. Cuando alguien cree que la puta envidia protege a su hijo, se equivoca, también se lleva a su hijo por delante, porque la naturaleza dota a todos de maravillosas capacidades, y habiendo quitado la excelencia en el colegio se quita en todas las ramas, incluso aquella donde su hijo pudiera destacar. Basta pensar un poco para darse cuenta de que, la puta envidia, a quien más daño hace es a su portador, porque los demás seguirán trabajando, mientras el otro se corroe en su envidia:” y los doctorandos fueron doctores antes que los envidiosos, aunque salieron más tarde de la meta”.
      Quiero hacer otra reflexión. Atendiendo a la distribución normal, y la población española, algunas personas han tenido que ser agraciadas para llegar a producir grandes obras merecedoras del Nobel en ciencias y en literatura, para ser grandes pintores, grandes filósofos. ¿Dónde están? No los hay, porque ni siquiera hay doctores honoris causa, candidatos al Nobel, españoles citados como grandes pensadores ¿Por qué? por esa carencia de la escuela de la excelencia que mencionas. Y los próximos agraciados, en la lotería de la naturaleza, no tendrán maestros próximos de los que aprender. Maldigo mil veces a los que arrastran al lodo a tan maravillosas posibilidades, y diez mil veces a sus descendientes, que necesiten del médico que no pudo ser, por su puta envidia.

      • Francisco Javier
        17 febrero 2011 a 10:02 #

        Jesús, yo esa puta envidia de la que hablas, la veo perfectamente reflejada en todos esos programas -y en la Industria de la Cultura en general- en los que la chusma es protagonista (tipo Gran Hermano, Operación Triunfo, shows tipo “Belén Esteban” y otras barbaridades semejantes). En el fondo lo que hay en estos programas, que ven millones de seres, es resentimiento y odio a la Cultura, una forma grosera de negación de todo valor y de autoafirmación de la estupidez como valor supremo. Lo excelente es ser un patán, un vago, un macarra, un medioce absoluto (o peor), y hacer ostentación de serlo, llevarlo por montera.

      • Raus
        17 febrero 2011 a 10:43 #

        Excelente este artículo de Poz. Esa labor de docilitar o de urbanizar siempre ha sido propia del maestro. Cuando yo era niño, el maestro nos pasaba revista a las manos para ver si las llevábamos limpias o sucias. Sí, pero hasta cierto punto. Cuando esa labor de docilitar pasa a ocupar el primer plano, mala cosa. Entonces, lo de enseñar lengua o matemáticas se torna secundario. Muchas veces se ha dicho y lo he dicho aquí: a la escuela hay que ir educado, urbanizado, al menos lo suficiente como para que la principal labor del maestro sea enseñar material académico.
        Mucha razón lleva nuestro amigo Jesús al hablar de la envidia, lepra del alma que decía el santo. Existe ese odio a la cultura, como bien apuntas, estimado F. Javier. Ya lo creo. Y recelo contra lo excelente. Además, la zafiedad y el exabrupto encajan perfectamente en el molde posmoderno de libertad: la libertad apetitiva. Es un signo de este falso tipo de libertad dar muestras públicas de no estar sujeto a ninguna regla o norma civilizada. Rascarse la axila o la entrepierna, hurgarse la nariz, eructar o proferir tacos a porrillo son actividades propias de quien quiere dejar clara su independencia libérrima, la cual no es otra cosa que puro egoísmo. Ya lo sabíamos: la idiotez es egoísmo. Es vivir de espaldas a los demás, sin respeto por el otro.

  3. Helena
    16 febrero 2011 a 17:06 #

    Sí, es una verdadera pena que por falta de consideración al profesor como conocedor de una materia y transmisor de conocimientos, nos hayamos quedado en entretenedores del tiempo, viendo cómo nos miran sin entender nada.
    No es que los chicos de hoy en día sean menos inteligentes o capaces que los de dos o tres generaciones atrás, sino que no se les ha enseñado a valorar el valor del trabajo bien hecho y la posibilidad de aspirar a superarse a sí mismos.
    Eso sí, desvergüenza (bueno, ahora se llama frescura y espontaneidad) sin ningún reparo hacia la labor del profesor como encargado de impartir la asignatura.

  4. Francisco Javier
    16 febrero 2011 a 20:44 #

    La imagen del circo, del domador de fieras, se complementa a la perfección con la imagen carcelaria, que en un reciente artículo proponía Antonio Sánchez: los centros deseducativos son una curiosa mezcla de circo, con barrotes, en los que lo único que se pretende es mantener retenida y entretenida a la muchachada a fin de que cual hordas salvajes no se desmanden por las calles, ociosos, entregados al vicio y la auto-destrucción,… y de presidio. Y nosotros debemos velar por el orden social, conseguir que no se despierte la fiera, que para eso hemos opositado, para ser domadores y dar espectáculo. Y para hacer bien éste, nuestro trabajo no se requiere mucha ciencia, de ahí que en un futuro muy cercano las plazas de domador -de DOCILITADOR, como bien dice Juán- podrán ser cubiertas por profesionales de todo tipo: desde animadores de campamento, hasta amas (o amos) de casa con un cursillo de inteligencia emocional. Como mencionas al final del artículo, el desperdicio de materia gris es tremebundo, siendo esta una de las causas principales de malestar docente, -si bien es esta una situación que afecta a un gran número de colectivos, que teniendo mucho que ofrecer, se ven empujados a hacer cualquier cosa y dando gracias por percibir mil euros a fin de mes. En el caso de la enseñanza existente, uno de los aspectos que más desánimo me produce es la imposibilidad de realizar cualquier actividad cultural, que no entre en la categoría de lo didáctico, ocioso, diver, entretenido. Salirse del circo es muy difícil, casi imposible ¡y un peligro!, ya que alguna fiera poría ponerse nerviosa.

    Por último decir, que coincido plenamente con el comentario de Mari Cruz. El desperdicio más grave no se da entre los docentes, que al manos cobran, sino entre los alumnos, que pudiendo aprender tanto, ¡con los medios de que disponemos!, aprenden tan poco y terminan por someterse a la dinámica circense.

  5. Maximiliano Bernabé Guerrero
    17 febrero 2011 a 12:09 #

    Enhorabuena a Juan Poz. Y muy bien la mención de Jesús a la “puta envidia”, con perdón. Con perdón porque muchas veces colocamos este epíteto de honrada profesión a colectivos deleznables como politiquillos, sátrapas autonómicos…
    La puta envidia como debelador del mérito y en el esfuerzo.
    En el deporte no cuenta mucho. Voy yo a esa escuela de Nadal (que tarde muchos años en montarla), pretendo entrar, me ven poniendo la raqueta mirando a Bilbao y la pelota a Cádiz, y no duraría ni diez minutos allí.
    En la música y en la danza (me refiero a las serias) tampoco. Una nulidad no logará abrirse paso más allá del nivel inicial del conservatorio.
    En estos campos se acepta sin mayores problemas que el estar dotados para ellos no es una cuestión democrática sino bastante arbitraria. Y el que se coma las uñas de envidia, pues menos hambre pasa.
    Pero en la enseñanza ya estamos en otros pagos. “Mi niño es mu listo y olé”. Aquí ya empezamos a oír que “los niños son esponjitas”, que las élites hasta que llegaron los psicopedas progres detentaban el monopolio del saber, y otras memeces. Yo creo que el origen del mal está en cierta concepción ilustrada, luego continuada y ampliada por la izquierda política, que viene a decir que el saber hace libres (y el trabajo en Auschwitz también, esto lo digo yo). No me extiendo sobre esto porque Francisco Javier y otros ya habéis escrito magistralmente sobre ello aquí mismo.
    Y en las disciplinas científicas, al menos, el mérito va bandeándose. El que vale, vale, y el que no, que se busque la vida. Pero, ay, en las humanidades, ya entramos de lleno en la ciénaga de los caimanes. Ahí ya cabe cualquiera. Total, como dejamos de hacer comentarios de texto rigurosos, se mezcla la lengua y la literatura en los libros en un “mix” atroz, en inglés se colorean signos fonéticos, filosofía, latín y griego arrinconados, la clase de francés es un taller de crêpes…
    Y otra cosa, os dejo este enlace, leed la noticia:

    http://news.yahoo.com/s/ap/20110216/ap_on_hi_te/us_teacher_suspended_blog

    En España, también se está empezando a despedir a interinos que no quieren plegarse a las directivas de los psicopedas. Disfrazan el cese como “rendimiento inadecuado e incompetencia”.

    • Ana Cuesta
      17 febrero 2011 a 12:21 #

      Da miedo sólo pensar que se puedan plantear despidos a los profesores discrepantes. Da pavor. Vamos camino de un fascismo educativo pasito a pasito, del que va a ser muy difícil sustraerse.

  6. María José
    17 febrero 2011 a 15:45 #

    Pienso que l@s adolescentes de hoy día son víctimas de unos padres que no les hacen caso, una sociedad que va cada vez peor, unos políticos ineptos que en su día inventaron la ESO y con ello, comenzó el declive del sistem educativo. La “generación perdida” actual tiene muchas dificultades para salir adelante en los estudios porque no entiende lo que lee, bueno, más bien porque no lee, no sabe expresarse por escrito con corrección, muchos no son capaces siquiera de copiar bien del libro y de la pizarra y no me refiero sólo a niños de primaria, los hay de 15-18 años que se encuentran en esta circunstancias. Por si fuera poco, tienen como compañer@s varias “moscas cojoneras” que no les dejan escuchar a l@s profesores ni realizar el trabajo en un ambiente adecuado. Con todos estos datos, no debe sorprendernos que nos encontremos a la cola en cuanto a resultados académicos.
    ¿Qué hacen los responsables políticos de Educación? En vez de otorgar más recursos económicos y personales, nos bajan el sueldo (para desmotivarnos màs aún) y nos reducen el personal. Ahora se habla incluso de añadirnos horas lectivas para el curso que viene.

    • Francisco Javier
      17 febrero 2011 a 17:28 #

      Lo de aumentar el número de horas lectivas es ya una realidad en muchos centros. Acogiéndose a eso de que “por necesidades del Centro” se podrán incrementar los períodos lectivos por encima de las 18 horas, que venía siendo lo usual; también las complementarias (más guardias), y con la excusa perfecta de la crisis, la realidad es que trabajamos ahora más que en el curso anterior. Ello va unido a una reducción en las vacaciones y en una insistencia creciente en que en los meses de junio y de septiembre, aunque no haya clase, ni nada que hacer, se debe estar en los centros (lo de fichar está al caer y el trabajar en julio a veces planea.) ¡Cómo si no le metiésemos horas a mansalva en casa con preparación de clases; corrección de exámenes, ejercicios; elaboración de materiales (por ejemplo, mantenimiento y ampliación de blogs y páginas web, entre otras cosas); y perfeccionamiento en nuestra disciplina (uno debe seguir formándose, si no quiere acabar bobo.)

      Y los responsable políticos no hacen nada, por tantas y tantas razones que se han venido elucidando en este blog: puramente ideológicas, rentabilidad electoral, prejuicios, el poder de la Secta, mucha cobardía y estupidez. Con todo esto, la única solución que se les ocurre es que los profesores trabajen full time, que motiven, que cambien, que inventen algo, que aprueben mucho, que adopten planes de mejora (evaluaciones de las evaluaciones, planes de lectura, más pedagogía, más reuniones co padres, más de todo) etc.: una verdadera obsesión. El problema es que NO es ese el problema: yo puedo, tras los pésimos resultados de los alumnos, flagelarme, rezar doscientos Padrenuestros, copiar 1000 veces “soy un profesor malo y no sé motivar”, leerme tres libros seguidos de Vigotsky (y la LOE 10 veces),…, pero llegará la evaluación y veré lo mismo: 600 sanciones (entre castiguitos, castigazos, expulsiones, notas a casa, regañinas, etc.), 80 % de alumnos con más de tres (y cuatro) suspensas; bachilleratos en los que ni un sólo alumno aprueba todas,… Una estrategia, en definitiva, MUY POCO inteligente. En vez de sentarse, reconocer el problema (que ni siquiera hemos alcanzado esta fase, sin la que no hay nada que hacer) y afrontarlo, por lo que se opta es trabajar mucho, ponerle mucho empeño y abnegación, pero ¿para qué? Trabajar está bien, pero trabajar porque sí es una solemne tontería y no lleva a ningún lado, es improductivo -en todos los ámbitos laborales. ¿No se entiende? Pues no.

      • 17 febrero 2011 a 23:02 #

        ¡Estás sembrao, Francisco Javier!

  7. Helena
    18 febrero 2011 a 16:05 #

    Hay una imagen falsa y distorsionada de los que nos dedicamos a la docencia. ¡Hay que ver estos frescos que tienen varios meses de vacaciones al año y encima no quieren hacer nada!
    Nadie ve la cantidad de horas de horas que hay que dedicar a preparar las clases, fuera sólo se ve el cómputo de horas de clases semanal. Pero no ven, cuando ellos han salido un viernes a las 15 h. y hasta el lunes, y cuantos fines de semana, nos hemos tenido que quedar preparando cosas para el lunes, o escribiendo. Por eso no es comparable con la dinámica de 8 a 3, pero todo llegará. (nos llegará)
    ¡Y claro!¡ de ahí el empeño de convertirnos en funcionarios con más horas que nadie! Y si el bedel tiene que fichar¿cómo no va a fichar un profesor? ¡qué den ejemplo! Pero nuestro trabajo es distinto. Para saber si cumplimos hay un número de alumnos que se quedan sin clase si no vamos. Es público y notorio cuando cumplimos y cuando no.
    Pero no, hay que llenarnos de trabajo inútil: rellenar aplicaciones varias en el ordenador, informes, autoinformes….tutorías de asistencia obligatoria para los alumnos

  8. Jesús San Martín
    18 febrero 2011 a 19:28 #

    Un artículo de Becerra. Sus ideas suelen ser bastante polémicas, pero da otros puntos de vista. En particular, en el siguiente artículo

    http://www.eleconomista.es/economia/noticias/2839667/02/11/Nino-Becerra-y-las-razones-del-fracaso-del-modelo-universitario-espanol.html

    razona de dónde vendrá la exigencia de calidad en la enseñanza.

    Termina con la frase:

    “tendría consecuencias para el partido que dijera a la gente que “su chica o su chico no tiene nivel suficiente para ir a la universidad”.”

    Tema discutido hasta la saciedad en el foro.

    Y en el medio del artículo encontramos:

    “La situación actual la explica de manera muy gráfica: “sería gracioso -si no fuese porque es trágico- oír Hacen falta ingenieros”, pero “se olvidan añadir: que esté dispuestos a percibir 1.100 euros mensuales y a aceptar unas condiciones que nadie se hubiese atrevido ni siquiera a insinuar hace una década”.”

    Becerra no está exagerando. Hace dos años, un antiguo alumno, ingeniero superior, comenzó a dar clases en un concertado, porque eso era precisamente lo que le ofrecían (recién terminada la carrera): trabajo de mileurista. El martes me visitaba otro antiguo alumno y me comentaba que ofrecían 1700 euros para un ingeniero superior, cinco años de experiencia y coche propio. Obviamente, no son estadísticas, de hecho, hace tres semanas hablaba con otro antiguo alumno, le habían ofrecido cambiarse de trabajo y se había hecho, según sus palabras, el sheriff del pueblo.
    El problema es el ciclo vicioso. No hay sueldo acorde para la profesión, por lo tanto bajará la demanda en las escuelas politécnicas, no habrá ingenieros, por lo que caerá el tejido industrial y vuelta a empezar.
    En líneas generales, muchos ingenieros son contratados como comerciales, y ese trabajo no les gusta.

  9. Helena
    18 febrero 2011 a 20:38 #

    No lo he leído todavía…pero claro que tendría consecuencias para el partido que optase por considerar la enseñanza como un servicio que está por encima de la satisfacción del clientes. Actualmente nadie soporta un suspenso, ¿por qué cuando sacamos las notas de un examen se nos llena la revisión con alumnos mendigando hasta la nausea el aprobado y discutiendo la centésima y la décima como si les fuera en ello la vida? ¿Por qué lo que no han conseguido de modo legítimo estudiando para examenes con un nivel de parvulario lo tienen que conseguir como sea en la revisión?

    Un suspenso merecido, y bien encajado por el que no ha estudiado, supone una oportunidad de reconocer en qué se ha fallado y que se puede hacer mejor, pero no de cara al mero aprobado, sino a la actitud con la que se aborda el curso que se está haciendo y lo que se espera de la titulación, y de sí mismo, y ¡ay amigo, ellos no son responsables de nada!. Pero eso da absolutamente igual, se trata de que yo tengo que aprobar, aquí y ahora, ya. Y el sistema actual está pensado para que los docentes cada vez estemos más condicionados por la satisfacción de los alumnos: encuestas de valoración de las que depende nuestra estabilización o nuestra promoción, denuncias de los alumnos ante instancias varias. Y las múltiples comisiones de coordinación docente varia, para controlar desde la propia profesión por los neoconversos pedagogicos, y si tienes algún problema con los alumnos siempre queda el ¡algo habrá hecho!

    Claro que quien se atreva a cambiar eso pierde votos, pues los padres hoy en día, o al menos algunos de ellos no ejercen de tales, están enamorados de sus hijos, (las madres imitan a sus niñas en el modo de vestir) y no pueden aceptar ni un suspenso, ¡que me dice usted de mi niñooo! Cuando puede ser muy saludable si se le da su justo valor.
    En fin, ya ha salido en este foro el falseamiento de los resultados escolares en la evaluación continua de los hijos que son ayudados por sus padres.
    Y los chicos, que han promocionado automáticamente porque ¡ellos lo valen! pues vienen cada día con más humos.
    Son muchos factores, pero todos favorecen la minimización y el desprestigio de los docentes.

  10. Helena
    18 febrero 2011 a 21:05 #

    Yo creo que la universidad, o al menos, esas carreras sin límite de alumnos, o con nota de corte más baja se han convertido en una prolongación de la educación obligatoria. Y si la educación obligatoria ya se ve como una guardería de niños grandes….pues la conclusión es dolorosa…pero que nadie se quede sin su título…. basura.
    Quizá una buena diversificación de las opciones en edades más tempranas derivaría hacia una profesionalización de gente, que luego no serán frustrados pon no encontrar un empleo acorde a su titulación.
    Pero en fin, las líneas no parece que vayan en ese sentido….

    Nadie sin título universitario.

  11. Ana Belén
    19 febrero 2011 a 21:52 #

    Un artículo estupendo y real como la vida misma. Yo también estoy empezando a considerarme docilitadora, sobre todo cuando tengo grupos en ESO. Me ha gustado mucho el comentario de Mari Cruz, describe con gran precisión la situación en la que se encuentran muchos alumnos que, si existiera otro sistema, podrían sacar lo mejor de sí mismos, pero es que precisamente este sistema está diseñado para impedir eso. Por eso, no tienen perdón ni ningún tipo de disculpa aquellos que siguen pretendiendo que veamos lo negro, blanco. Un saludo.

  12. marcelino orbés
    5 mayo 2011 a 12:31 #

    Así que es usted docilitador…

    Le haré el comentario plagiando las 1001 noches: “Sus palabras sobre el estado del educando canturrean a la manera del alegre estribillo del sol del mediodía. La pena es que los cerebros de gran parte del alumnado sean un pozo tan hondo, tan hondo, que dicho estribillo alcanza el fondo convertido en un susurro asmático”.

    Me alegra verle. Saluz.

    • 5 mayo 2011 a 21:04 #

      ¡Cuánto bueno, Marcelino, leerlo! Deseo que aquellos achaques hayan pasado a mejor vida y “reabra” el curso en su blog, donde tan a gusto descansa servidor de la incivil docilitación y tanto deleite hallamos los amantes del ingenio, la gracia y la sensatez. Con todo, desencajo más que docilito, todo sea dicho… Me alegra mucho leerle. Un abrazo.

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