¿Por qué estudiar música?


Luis Sanjuán

El título de esta entrada puede resultar sorprendente. Lo normal -se dirá- sería haber escrito justo lo contrario: ¿por qué no estudiar música? Eso sería lo normal o, más bien, lo que se acomoda a la tendencia dominante. Porque lo que está efectivamente de moda es incentivar a toda costa la participación activa en cualquier esfera de la cultura. Está de moda, por ejemplo, matricular a los hijos en un buena cantidad de actividades culturales -cuantas más, mejor-, con el fin de procurarles una buena formación, pero sin cuestionar si el número de esas actividades o su carácter se adecúan realmente a ese fin.

Un ejemplo claro de cómo esta falta de cuestionamiento tiene lamentables efectos en la realidad es el de la enseñanza musical especializada. Y por eso la pregunta inicial debe ser siempre la de por qué estudiar música, si es que tenemos en cuenta lo que ha dicho siempre el sentido común, que es todo lo contrario, lo de no meterse en camisa de once varas, a no ser que haya razones suficientemente poderosas para hacerlo.

Una aclaración, antes de seguir adelante. Por enseñanza musical especializada entiendo aquélla cuyo objetivo es la formación musical profesional. En nuestro país eso quiere decir la que se imparte oficialmente en los conservatorios profesionales de música o la que proporcionan diferentes iniciativas privadas con su mismo objetivo. Quedan, pues, excluidas de mi reflexión otras formas de educación musical, como las que tienen lugar en las enseñanzas obligatorias o en centros cuyo propósito es cubrir la demanda de una práctica musical aficionada.

Pues bien, la pregunta es tanto más pertinente cuanto que prácticamente nadie se la hace, ni los padres, ni los alumnos, ni las instituciones. Y hay que hacérsela si no se quiere ninguna de estas tres cosas:

1.- Desaprovechar el dinero público manteniendo a los profesionales que imparten dichas enseñanzas en funciones de entretenimiento y no de formación seria.

2.- Provocar la ineficacia de esos mismos profesionales, que al fin y al cabo son la espina dorsal de la música del futuro. Es el proceso típico del “quemado”, alguien que se acostumbra a realizar tareas que están muy por debajo de su competencia profesional y que, víctima de una aburrimiento mortal y generalizado, ya no es capaz de distinguir cuándo debe aplicar su esfuerzo y su saber hacer, si es que no lo ha perdido por el camino.

3.- Causar el disgusto y la repulsión hacia la música en todos los alumnos que no estaban preparados para una enseñanza musical especializada y que sí podían haberlo estado para un contacto más liviano y ligero con la actividad musical.

¿Por qué puede suceder todo esto? ¿No se trata de una exageración disparatada? ¿Es que la música es sólo para unos pocos elegidos, y al resto que le zurzan?

Pues sí, así es, la música, a nivel profesional -insisto-, es sólo para unos pocos, lo mismo que la arquitectura, el ciclismo de competición o la astronáutica; y nadie se lleva las manos a la cabeza porque no salten astronautas, ganadores del Tour o arquitectos cada vez que se da un puntapié a una piedra. Pero que no se me malentienda, no creo que hagan faltan unas condiciones innatas mozartianas para ser un buen músico, bastan el interés y el trabajo.

Interés y trabajo. Una mala combinación en estos tiempos que corren. Y es aquí donde está el meollo de la cuestión. Hoy se da por entendido -resabios de una pedagogía de nuevo cuño mal digerida- que el gusto no debe corromperse con un exceso de trabajo y que el placer se aviene mal con la exigencia de un entrenamiento continuo y sin concesiones. Craso error. El interés está ahí precisamente para mantener firme el ánimo cuando el esfuerzo de un trabajo duro, cuyos frutos son tardíos, no se ve recompensado a las primeras de cambio. Y esto vale no sólo para la música, sino para cualquier actividad cuya dificultad intrínseca exija mucho tiempo de dedicación.

Esta es la realidad, dura para algunos, pero realidad al cabo, y que, por tanto, es inalterable, aunque disguste a la mayoría: la música es difícil. Nadie lo va a decir, no vende, no es políticamente correcto. La música no es “Operación Triunfo”. Es un trabajo de años, un trabajo artesanal, delicado y minucioso, que conlleva grandes dosis de paciencia y disciplina diaria, especialmente en el caso de la practica de instrumentos solistas (guitarra, piano, etc.), pero cuyos resultados son extraordinarios, maravillosos, si se siguen los pasos adecuados y hay buenos profesores que alivien la tarea. Por cierto -no lo dije-, es uno mismo el que aprende; el profesor se limita a facilitar, a veces enormemente, el aprendizaje, pero no dispone de la varita mágica de producción de músicos en cadena.

Dicho todo esto, debería quedar clara cuál es la respuesta a la pregunta con que se iniciaba la reflexión. Si quieres ser un músico, si quieres que tu hijo lo sea, adelante, pero no te dejes llevar por veleidades inconsistentes. No malgastes el dinero de todos, ni eches a perder el amor que el músico que enseña y el que aprende deben guardar como oro en paño. El valor del premio es, sin duda, impagable, pero la cuesta es empinada, muy empinada a veces, acorde con lo incalculable de la ganancia. Que nadie se ponga luego a criticar a quien no debe o a soltar eso de que las uvas no estaban maduras. Quizá lo que no estaba suficientemente madura era esa supuesta pasión por la música, que acaso solo fuese más pretendida que verdadera, como casi todas las “pasiones” que pululan por la escena del presente.

(Nota de Deseducativos: Damos la bienvenida a Luis Sanjuán, Profesor de Guitarra en el Conservatorio de Ávila.)

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35 comentarios en “¿Por qué estudiar música?”

  1. Francisco Javier
    23 enero 2011 a 10:44 #

    La música no es “Operación Triunfo”.

    Pues en España sí que lo es. Si observamos aquí el que más o menos hace sus pinitos en el mundo de la creación tiende a considerarse ya un “artista”. Estamos en un país lleno de artistas. Es una pena que no dispongamos de más términos -los alemanes sí tienen: “Künstler “(Goethe) y ” Artist” (un cantante de varietés.) Pero no sólo hay mucho artista, sino que además quieren ganar dinero con su arte, mucho dinero. Y hasta se enfadan mucho algunos porque les bajan las canciones de la interné. Mi punto de vista al respecto es que lo mejor que le podría pasar al mundo del “arte” es hundirse; me importa un …. que se hunda la Industria de la Cultura, o mejor: me alegraría infinito.

    Mi agradecimiento al autor de este artículo tan juicioso y con sustancia.

  2. Jesús San Martín
    23 enero 2011 a 11:28 #

    Me habría encantado escribirlo yo, con estas palabras te expreso mi opinión.

    “….. la música es difícil. Nadie lo va a decir, no vende, no es políticamente correcto. ……. Es un trabajo de años, un trabajo artesanal, delicado y minucioso, que conlleva grandes dosis de paciencia y disciplina diaria, especialmente en el caso de la practica de instrumentos solistas (guitarra, piano, etc.), ….. el profesor se limita a facilitar, a veces enormemente, el aprendizaje, pero NO DISPONE de la varita mágica de producción de músicos en cadena.”

    y el que opine lo contrario que engendre hijos criados y ya licenciados

    Un fuerte abrazo y bienvenido

  3. Helena
    23 enero 2011 a 11:42 #

    Es el triunfo de las teorías pedabóbicas llevadas también al conservatorio.
    Aprender a aprender….. nada, sin esfuerzo y disfrutando.

  4. 23 enero 2011 a 11:49 #

    Considero que hay un error de planteamiento. La música que se imparte en los centros, como enseñanza obligatoria, no tiene el objetivo de formar músicos profesionales, como tampoco lo tiene el que niños de infantil, cuando hacen garabatos, se conviertan, al llegar a primaria, en arquitectos. Quizás, veinte años después, lo sean, pero eso es otra historia.
    El objetivo, en ambos casos, es que el alumno se vaya formando en diferentes disciplinas, conociendo multitud de técnicas que le servirán mañana, seamúsico, arquitecto o vendedor de paneles japoneses. Es decir, forma parte de una cultura general, necesaria a nivel personal, además de profesional.
    “Desaprovechar el dinero público manteniendo a los profesionales que imparten dichas enseñanzas en funciones de entretenimiento y no de formación seria”.
    El dinero público dedicado a la música está, como mínimo, tan bien gastado como el que se dedica a lengua o matemáticas, pero a los compañeros de música, de educación física…,no se les ha valorado igual, y en algunos casos ni siquiera tienen nombre: son “el de música”, “el de gimnasia”…
    Le aseguro que las enseñanzas que se imparten no tienen “función de entretenimiento”, ni mucho menos; a menos que discutamos lo que entendemos cada uno por entretenimiento. Si todo lo que no sea estar pegado al violín ocho horas es “entretenimiento”, entonces sí.
    “Causar el disgusto y la repulsión hacia la música en todos los alumnos que no estaban preparados para una enseñanza musical especializada y que sí podían haberlo estado para un contacto más liviano y ligero con la actividad musical.”
    Ni se causa repulsión hacia la música en las clases de música, ni se causa repulsión hacia la arquitectura o la pintura en las clases de Plástica. Se ofrecen recursos, se despiertan potencialidades, se descubre lo que cada alumno es capaz de de crear con música, con pinturas Alpino o con palabras. Es una enseñanza básica, necesaria, que le va a permitir, entre otras muchísimas cosas, conocer el lenguaje para descifrar un concierto, un cuadro o un poema. Lo que no está reñido, ni mucho menos, con que más tarde sea astronauta o pirotécnico.
    “Si quieres ser un músico, si quieres que tu hijo lo sea, adelante, pero no te dejes llevar por veleidades inconsistentes. No malgastes el dinero de todos, ni eches a perder el amor que el músico que enseña y el que aprende deben guardar como oro en paño”.
    No se trata de lo que tú quieres que sea tu hijo, no puedes adivinarlo y Mozart solo hay uno en toda la historia. Se trata de que tu hijo conozca disciplinas, técnicas, enrede con ellas y, con el tiempo, decida si quiere o no ser músico. Cuando descubra que la música, o la pintura, o la narrativa le gustan sobremanera, entonces lo llevas al conservatorio o donde convenga en cada caso.
    Menospreciar una disciplina como la música me resulta, cuando menos, atrevido. Le invito:
    1.- A que conozca qué se imparte en esta asignatura y cómo se imparte.
    2.- A descubrir la relación guarda la música con el resto de disciplinas (un mundo apasionante).
    3.- A comprender cómo ayuda la música en múltiples aspectos de la persona, en su capacidad creativa, en sus relaciones..
    4.- A que se informe sobre la formación de estos profesionales que, como el resto, han pasado una oposición donde no se valora, menos mal, el virtuosismo con tal o cual instrumento, sino la capacidad para trabajar con la música, como medio, infinitas capacidades; más o menos como en otras materias; el profesor de lengua también hace referencias a la historia, a la geografía…
    5.- A que indague sobre los infinitos campos en que la música tiene presencia, y cuyos objetivos son tan diferentes como interesantes.
    En todo caso, no hay que preocuparse en exceso, la Educación Musical viene perdiendo horas a pasos agigantados, siendo así que, por ejemplo, en la enseñanza obligatoria hay menos horas de Música que de Religión. Podríamos, por esas mismas, plantearnos cualquier otra materia: Filosofía, Tecnología, Educación Física,…Nos ponemos con Lengua y Matemáticas, a toda mecha, y desde peques los ponemos las pilas para llenar el mundo de ingenieros y abogados, eso sí, en paro. Curiosamente, la gente que está en paro no es por falta de C.V. sino por exceso; quizás porque estudiaron mucho pero no llegaron a aprender nada. Porque aprendían de memoria miles de folios y, al día siguiente, como un “copy-paste” lo plasmaban en un folio en blanco. Evidentemente, lo que les quedaba en su “disco duro” era lo mínimo para seguir sobreviviendo; eso sí, con rimbombantes discursos llenos de nada. ¡Pero capacidad para crear, para inventar, para sobrevivir más allá del día a día, la justita!
    No se le pueden negar a un alumno herramientas que despierten su curiosidad, su afán creativo, su necesidad de conocer y descubrir, su interés por lo que le rodea: los conciertos de música también, sean flamenco o gaita de fole.
    ¿Qué relación guarda la música con la lengua, las matemáticas, la historia…? Piense en ello. Quizás cambie su visión de esta materia.
    Saludos.

    • Francisco Javier
      23 enero 2011 a 13:20 #

      “Quedan, pues, excluidas de mi reflexión otras formas de educación musical, como las que tienen lugar en las enseñanzas obligatorias o en centros cuyo propósito es cubrir la demanda de una práctica musical aficionada.”

      A ver si leemos.

      El autor de este artículo, al que tengo la suerte de conocer es profesor (y concertista) de guitarra en un Conservatorio Superior (desde hace muchos, muchos años), y conoce perfectamente el tema, así que todos esos puntos en los que Usted se permite dar lecciones resultan de lo más vergonzoso. En absoluto el autor menosprecia la música, que es le aseguro una de las cosas que más le apasionan en esta vida y en la que es una de las personas más solventes, más serias, más eruditas y con más talento que jamás he conocido (nunca he escuchado a nadie tocar a Bach con la sensibilidad, con la belleza de este músico.) Por otra parte, el resto de sus alusiones son de lo más improcedente y hasta un insulto: no sólo se trata de un músico, sino de una persona con una formación exquisita (científica, filosófica, literaria, lingüística.) Guárdese, por favor, las lecciones para sus alumnos y sea más respetuoso, que ya está bien de tanta bobada.

      • Ana Belén
        23 enero 2011 a 13:57 #

        Hola!

        lo primero quisiera darle la bienvenida al autor del artículo y felicitarle por su artículo. A continuación me gustaría responder a algunas de las cosas dichas por Alonxo, y ya de paso aprovecho para unirme a la respuesta que le ha dado Francisco Javier.

        Dice usted: “El objetivo, en ambos casos, es que el alumno se vaya formando en diferentes disciplinas, conociendo multitud de técnicas que le servirán mañana, sea músico, arquitecto o vendedor de paneles japoneses. Es decir, forma parte de una cultura general, necesaria a nivel personal, además de profesional”.
        Estas palabras no son más que la paja que nos llevan vendiendo los impulsores de la nefasta ley que padecemos. En el caso de que el objetivo fuera ese, desde luego les ha salido el tiro por la culata, porque yo todavía no he conocido a ningún alumno de la ESO que conozca esa multitud de técnicas. Y le digo más, es que todavía no he conocido a ninguno ni de Bachillerato, salvo raras excepciones, las flores en medio del desierto, como las llamo. Pero es que no hace falta mi opinión al respecto, sólo hace falta mirar los resultados de los últimos veinte años, los de la nefasta ley, para ver hacia donde hemos ido. Pero en una cosa sí estoy de acuerdo con lo que dice y es en su afirmación de la cultura general, que es necesaria a nivel personal. Por supuesto que lo es, entonces ¿por qué la eliminación de las materias humanísticas de los planes educativos?

        “Se ofrecen recursos, se despiertan potencialidades, se descubre lo que cada alumno es capaz de de crear con música, con pinturas Alpino o con palabras. Es una enseñanza básica, necesaria, que le va a permitir, entre otras muchísimas cosas, conocer el lenguaje para descifrar un concierto, un cuadro o un poema. Lo que no está reñido, ni mucho menos, con que más tarde sea astronauta o pirotécnico”.
        Bueno, ¿en serio tiene usted alumnos a los que la LOGSE les ha conseguido despertar la potencialidad suficiente para interpretar, que no descifrar, un cuadro, un concierto o un poema? ¿Ha hecho usted la prueba? Si no es indiscreción, ¿de qué materia imparte usted clase?

        “Nos ponemos con Lengua y Matemáticas, a toda mecha, y desde peques los ponemos las pilas para llenar el mundo de ingenieros y abogados, eso sí, en paro. Curiosamente, la gente que está en paro no es por falta de C.V. sino por exceso; quizás porque estudiaron mucho pero no llegaron a aprender nada. Porque aprendían de memoria miles de folios y, al día siguiente, como un “copy-paste” lo plasmaban en un folio en blanco. Evidentemente, lo que les quedaba en su “disco duro” era lo mínimo para seguir sobreviviendo”.

        Está usted terriblemente equivocado. La situación del paro en España no tiene nada que ver con lo que usted dice. Estamos en un país que no invierte en cultura ni en investigación ni en nada que no haya sido ganar dinero fácil y rápidamente. Y así estamos. Ojalá se impartieran esos niveles de Lengua y Matemáticas que usted desprecia desde pequeños, probablemente otro gallo cantaría, porque eso significaría que se comienza a hacer algo para luchar contra esta lacra y salir de este fango en el que estamos metidos.

        “Le aseguro que las enseñanzas que se imparten no tienen “función de entretenimiento”, ni mucho menos; a menos que discutamos lo que entendemos cada uno por entretenimiento. Si todo lo que no sea estar pegado al violín ocho horas es “entretenimiento”, entonces sí”.
        Pues nuevamente discrepo. El sistema educativo vigente sólo sirve para tener encerrado durante seis horas al día a jóvenes que si no estuvieran ahí estarían en la calle. Créame, la enseñanza de calidad es otra cosa. Pregunte cómo es en Alemania o en Japón. Luego hablamos. Y ahórrese el decir que son enseñanzas elitistas, separatistas y demás istas. Para que lo sepa, a mí misma se me dijo el primer día de curso que en MAE lo que tenía que hacer era “entretener”. Y por último, claro que la enseñanza musical viene perdiendo horas en la enseñanza obligatoria, es que esa es la tónica general de este sistema y además música padece otro problema: las afines. A saber en cuantos centros está siendo impartida por gente que no sabe ni poner las notas en un pentagrama. Y no me lo invento. También lo he visto.
        ¿Interpretar un concierto o un cuadro? No me haga reir. Por favor.

      • 23 enero 2011 a 15:32 #

        Ciertamente, mi interpretación es errónea. Quizás porque en algún párrafo, en varios, del artículo se alude a lo público y yo lo relacioné con los centros públicos. No siendo así, doy por retirado mi comentario.
        No se preocupe Francisco Javier, no me duelen prendas en reconocer mi error y pedir perdón por ello a Luis Sanjuán. Seguro que sabrá entender, algo que usted parece que no, que, en todo caso expreso una opinión que entendía diferente a la suya y, en ningún caso, realizo ataques personales ni, como usted dice, insulto a nadie. Para pedir respeto, hay que tenerlo. Usted tiene razón en advertirme del error, pero su comentario no es un ejemplo de respeto, precisamente.

      • 23 enero 2011 a 15:51 #

        Ana Belén:
        “El objetivo, en ambos casos, es que el alumno se vaya formando en diferentes disciplinas, conociendo multitud de técnicas que le servirán mañana” (Alonxo)
        “Estas palabras no son más que la paja que nos llevan vendiendo los impulsores de la nefasta ley que padecemos.” (Ana Belén)
        “Pero en una cosa sí estoy de acuerdo con lo que dice y es en su afirmación de la cultura general, que es necesaria a nivel personal. Por supuesto que lo es, entonces ¿por qué la eliminación de las materias humanísticas de los planes educativos?” (Ana Belén?
        ¿En qué quedamos?, ¿en´que sí o en que no?
        Y, ¿Dónde he dicho yo que haya que eliminar materias humanísticas?

        ¿en serio tiene usted alumnos a los que la LOGSE les ha conseguido despertar la potencialidad suficiente para interpretar, que no descifrar, un cuadro, un concierto o un poema?
        Bueno, se hace lo que se puede, pero sí le puedo decir que algo saben. No son Picaso ni Gaudí, pero saben analizar un poema, descifrar (sí, descifrar) una pintura o leer y, depende del nivel, interpretar una partitura.

        “Estamos en un país que no invierte en cultura ni en investigación ni en nada que no haya sido ganar dinero fácil y rápidamente.”
        Absolutamente de acuerdo y ese es el principal motivo por el que ninguna de las Leyes de Educación ha cuajado. Ayer leí, creo que en este foro, a alguien que decía que cuanto menos se invierta en cultura, mejor.

        “Ojalá se impartieran esos niveles de Lengua y Matemáticas que usted desprecia desde pequeños”. ¿Los desprecio? No, amiga, no desprecio la lengua ni las matemáticas, lo que desprecio es que se minusvaloren otras materias.

        Si la Música está siendo impartida por personas que no tienen ni idea, no queda otra que denunciarlo. Pero eso no justifica que a los que sí tienen idea, no se les valore, a ellos y a su materia.

      • Jesús San Martín
        23 enero 2011 a 16:16 #

        El niño malcriado y consentido entra en la cristalería, se le recrimina su comportamiento hasta la saciedad, se le advierte de que vuelve a las andadas, y él quiere hacernos creer que quien le dice ¡basta! es el malo, y todavía quiere culpabilizarle por la descripción correcta y exacta de los hechos. El niño, posteriormente, describe en su pizarra electrónica los hechos como a él le convienen, sin atenerse a la fidelidad del hecho cpompleto, para que sus amiguitos los vean ¡Qué pena!

    • José Miguel
      23 enero 2011 a 15:33 #

      Cuando alguien empieza con términos como “despertar potencialidades”, “descubrir capacidades”…, se me disparan todas las alarmas; es la manifestación del principal síntoma de la infección del virus logsiano: hablar y no decir nada.

      • Ana Belén
        23 enero 2011 a 16:24 #

        Desde luego señor Alonxo, tiene usted un problema de comprensión lectora. No he dicho que usted haya dicho que hay que eliminar las materias humanísticas, lamentablemente ya han sido reducidas a la nada. Pregunto por qué este sistema que usted tanto defiende lo ha hecho, las ha ido eliminando paulatinamente de los planes de estudio, pero por otro lado procura, según usted, una formación cultural general necesaria.
        Sobre que sí o que no, no le entiendo. ¿Que sí o que no qué?
        Puede que no desprecie la Lengua y las Matemáticas, pero se desprende de su comentario que no es partidario de su adecuado estudio desde edades tempranas. ¿O le he entendido mal?
        En cuanto a la denuncia que usted propone acerca de personas que imparten materias de las que no tienen idea…
        primero, lo están haciendo porque la administración se lo ha impuesto,
        segundo, ¿denunciaría usted a un compañero al que la administración le ha endosado una materia que no es la suya amparándose en que es una afín a su asignatura?
        Por otra parte, no sé dónde ha visto usted una falta de respeto en la respuesta de Francisco Javier. Para faltas de respeto todas las que usted ha soltado en sus respuestas y comentarios al artículo “Vendo crecepelo”.
        Mire, sin ánimo de polemizar ni enzarzarme en una discusión que no llevaría a ninguna parte, permítame darle mi opinión sobre su actuación en este foro en general: opina usted diferente a los que formamos parte de este foro, ya lo sabemos. Entonces, ¿qué busca? porque no aporta nada, su postura ya está clara, lo único que hace es repetirla machaconamente con cada nuevo comentario a todo nuevo artículo o cuestionar con total falta de respeto las opiniones de los demás. ¡Y luego acusa usted al resto de falta de respeto! ¿Ha leído usted los objetivos de este blog? Pues si no está de acuerdo, ¿qué quiere?. Algunos (por no decir todos) estamos ya un poco hartos de leer siempre lo mismo en sus mensajes. Que adora usted el sistema, que el sistema funciona, que lo que no funciona es por culpa de profesores como los que aquí escribimos, que el país va bien, que los políticos de izquierdas son los mejores y los de derechas lo peor…Que ya aburre, en serio. Sepa usted que en este país no hay políticos serios, ni de izquierdas ni de derechas. Lo que hay es una tropa de demagogos en el sentido más etimológico del término.
        En fin, la pena es que no es usted el único que opina así. Ese es el problema de este país. Mean por encima de nosotros y decimos que llueve. Lo malo es que no sólo les fastidian ustedes, nos fastidian a todos.

      • 23 enero 2011 a 17:19 #

        “Pregunto por qué este sistema que usted tanto defiende lo ha hecho”. ¿Cuál es el sistema que tanto defiendo? Como mucho sabrá lo que no defiendo, que es lo que critico; pero defender…defender…no sé a qué se refiere.
        Le decía que: “El objetivo, en ambos casos, es que el alumno se vaya formando en diferentes disciplinas, conociendo multitud de técnicas que le servirán mañana”. Usted me dijo que eso es paja de no sé qué ley…; pero reconoce que es necesaria lo que llamamos “cultura general”, que yo habia citado antes. Entonces no me quedó claro si “era paja” o “es necesario”. Solo eso.
        “Puede que no desprecie la Lengua y las Matemáticas, pero se desprende de su comentario que no es partidario de su adecuado estudio desde edades tempranas. ¿O le he entendido mal?” Será que no me he expresado bien, pero hasta ese punto….
        “¿denunciaría usted a un compañero al que la administración le ha endosado una materia que no es la suya amparándose en que es una afín a su asignatura?” Si no estoy dispuesto a denunciarlo, ( no al compañero, que no es el causante del problema, sino a la administración que lo permite), tendré que estar dispuesto a aceptarlo. No me quejaré de aquello para lo que no tengo agallas de denunciar. ¿Para qué me sirve? Quizás ahora entienda el por qué de algunas de mis críticas. De qué me sirve rajar en un foro de ZP, de Rajoy, del Ministro y de mi director, si no hay una propuesta concreta para mejorarlo. Resulta qu e todos somos muy buenos, y el resto del mundo, incluídos muchos compañeros (aquí se les llama de otra forma) son malísimos, pero no hacemos nada por mejorarlo.
        Mire, en mi comentario anterior he pedido perdón al autor del artículo por mi interpretación errónea. Si alguien se ha percatado de ello, puede hacérmelo saber sin necesidad de utilizar expresiones como:
        “todos esos puntos en los que Usted se permite dar lecciones resultan de lo más vergonzoso”.
        “Por otra parte, el resto de sus alusiones son de lo más improcedente y hasta un insulto”.
        “Guárdese, por favor, las lecciones para sus alumnos y sea más respetuoso, que ya está bien de tanta bobada.”
        Quizás a usted, parece que así es, no le parezcan expresiones faltas de respeto. Le propongo que si alguna vez tiene que hacer una correción a alguien, en lugar de utilizar esas expresiones, diga, por ejemplo:
        Alonxo, debes haber interpretado mal el texto, revísalo y observa que se habla de enseñanza “especializada”…
        ¿No le parece más correcto?
        Ni he dado leccionesni, mucho menos, he insultado a nadie. Me he limitado a dar mi opinión. El problema es que, como no suele coincidir con el común de los foreros, se interpreta como algo personal, pero tenemos que aprender a diferenciar una cosa de otra. Yo no compartiré sus ideas, pero las respetaré y, en todo caso, no entraré a descalificarla por lo que opine. hay que diferenciar.
        Hace usted referencia al foro “Vendo crecepelo”. No le voy a pedir que me haga una lista de los insultos que se han vertido hacia mi persona, le llevaría mucho tiempo.
        Yo comprendo que no le guste lo que opino, es muy lícito. A mí sí que me gusta y me interesa lo que usted opina y lo que opinan los demás. Y no estando de acuerdo en buena parte de lo que se dice, respeto lo que cada uno aporte. No me supone ningún problema leer propuestas difrentes a las mías, bien al contrario, me resultan enriquecedoras. Comprendo que mis comentarios a usted no le aporten nada, en cuyo caso puede pasar por encima de ellos. Personalmente, como ya sé lo que van a decir según quienes, no me molesto en leerlos. Es fácil. Ahora bien, no verá en mí una sola alusión a que nadie deje de opinar lo que le venga en gana.
        Me sorpende esa manera de verlo. Menos me hubiera impresionado el que aludiera a quienes vierten comentarios repletos de insultos. Fíjese en que, ni si quiera en ese caso yo voy a pedir a nadie que deje de participar; así vemos cómo se retrata cada uno.
        ” ¡Y luego acusa usted al resto de falta de respeto!”
        No, al resto no, a quien falta al respeto, como le he mostrado. ¿Ve como no se pueden hacer afirmaciones gratuítas?
        “Sepa usted que en este país no hay políticos serios, ni de izquierdas ni de derechas.”
        No podía estar más de acuerdo con usted en eso.
        “En fin, la pena es que no es usted el único que opina así. Ese es el problema de este país. Mean por encima de nosotros y decimos que llueve. Lo malo es que no sólo les fastidian ustedes, nos fastidian a todos.”
        ¿Quién le fastidia a usted? ¿Yo? No me considero tan importante.
        Saludos.

      • Ana Belén
        23 enero 2011 a 18:15 #

        Señor Alonxo, con usted es imposible llegar a ningún punto en común. Mezcla usted tocino y velocidad con una facilidad pasmosa.
        Antes de dar por zanjado este diálogo, que va camino de ser un diálogo de besugos, un par de cosas. En el final de mi anterior mensaje me faltó una “a” delante de ustedes. Quería decir que la clase política gobernante no sólo les fastidia a ustedes, los que le bailan el agua, sino también a los que no se la bailamos. No me refería a que usted me fastidie. Se da por aludido a la mínima.
        Critica usted que nos quejamos sin hacer nada. Sepa usted que no hacemos tal cosa. Estamos en ello. Pero comprenderá que esto es una lucha titánica, es luchar contra nada menos que la Administración pública o contra el gobierno. ¿Cree que es fácil? Los que critican y no hacen nada son los que critican en el café y no pasan de ahí. Deseducativos se creó como un espacio común de opinión de aquellos que no comulgamos con este sistema educativo y también para organizar desde aquí acciones que promuevan el cambio. Si en algo me equivoco, que David me corrija.
        Dice también que sabré lo que critica pero no lo que defiende. Vamos a ver, criticar, lo que se dice criticar, critica a todos los que mediante la argumentación y el sentido común destapan las miserias de este sistema educativo, la LOGSE y su derivada la LOE. Si ahora resulta que usted no es partidario de estas leyes educativas, pues entonces le recomiendo que relea sus intervenciones, porque desde luego, si no es usted partidario de estas leyes educativas, lo aparenta muy bien.
        Una de sus más recurridas afirmaciones, la que recuerdo ahora es aquella en la que usted dice que de puertas para adentro el aula nadie se mete en sus clases y en la organización y desarrollo de las mismas. Eso es verdad, pero se le olvida que las clases de cualquier profesor no están aisladas del resto del sistema ni de las demás asignaturas: si hay un problema de no saber estar por parte del alumnado, si hay un problema de niveles paupérrimos que se arrastra ya desde la Primaria…, ¿eso a usted no le influye? pues a mi sí.
        De nada sirve que ahora diga que no descalifica a nadie y que no pretende dar lecciones. Es que lo lleva haciendo desde que puso los pies en este foro.
        En fin, al menos concordamos en la opinión sobre la clase política.

      • 23 enero 2011 a 18:40 #

        “Señor Alonxo, con usted es imposible llegar a ningún punto en común.”
        Claro que sí, pero para eso no bastará con que yo diga, ya lo he hecho, en qué puntos coincido con usted. Para llegar a un punto de encuentro ambos tenemos que dar pasos.
        “Quería decir que la clase política gobernante no sólo les fastidia a ustedes, los que le bailan el agua…” Celebro que sea usted la mitad de crítica que yo con la clase política y sus actos igualmente lo demuestren.
        “Los que critican y no hacen nada son los que critican en el café y no pasan de ahí.”
        Absolutamente de acuerdo. Yo he dicho lo mismo, ampliado a los foros. Y no, no solo es la administración, aquí también se han citado como enemigos a los compañeros. Eso no lo va a solucionar la administración. También se habla de quienes aprueban a alumnos que no lo merecen: Eso es tarea de cada uno. En fin, que no todo es echar balones fuera. Creo yo.
        Sí, relea mis intervenciones y dígame en qué punto digo expresamente defender la LOGSE, la LOCE o la LOE. Critico a quienes las llevan criticando durante décadas y no han hecho nada por cambiar. Es muy diferente.
        “Una de sus más recurridas afirmaciones, la que recuerdo ahora es aquella en la que usted dice que de puertas para adentro el aula nadie se mete en sus clases y en la organización y desarrollo de las mismas. Eso es verdad, pero se le olvida que las clases de cualquier profesor no están aisladas del resto del sistema…”.
        Cierto, pero entre ese punto y el no poder hacer nada por culpa del resto del mundo hay un abismo. ¿No cree? Supongo que no es necesario decir que estamos en el mundo, como el resto de seres, y nada de cuanto en él ocurra nos es ajeno. Ahora bien, que tenemos un alto porcentaje de libertad para enseñar y educar a nuestros alumnos, lo digo y lo mantengo. En mi clase jamás ha entrado nadie a decirme lo que he de hacer. Lógicamente, eso ya lo hemos hablado, hay (como en cualquier trabajo), hay un horario, unas normas…Y todo, todo, es mejorable. Pero de eso a estar en un sin vivir, hay un gran trecho. Personalmente no encuentro tantos impedimentos para realizar mi trabajo, y no entiendo por qué eso puede molestar a alguien.
        “De nada sirve que ahora diga que no descalifica a nadie y que no pretende dar lecciones. Es que lo lleva haciendo desde que puso los pies en este foro.”
        Efectivamente no sirve de nada lo que diga porque para eso están los comentarios a la vista de todos. Y por eso, le he mostrado, con argumentos, en qué baso mi opinión, con frases concretas. Por tanto, lo que no sirve es afirmar gratuitamente lo que cada uno quiera. Le invito nuevamente a que revise los comentarios y haga una valoración de cómo se expresa cada uno. Que una cosa es opinar lo que a cada uno le venga en gana, por estrambótico que parezca, y otra muy diferente el insulto. Y no es que yo opine eso y usted lo contrario, esto es demostrable. Mo me parece muy provechoso andar entresacando descalificaciones, pero si lo desea puede empezar y valorar usted misma.
        “En fin, al menos concordamos en la opinión sobre la clase política.”
        Un placer.

  5. 23 enero 2011 a 13:02 #

    Bienvenido, Luis, un placer tenerte por estos pagos.
    A tenor de lo que refieres he vuelto a pensar algo que siempre me resultó muy chocante. Porque viene a demostrar que a veces las cosas caen por su propio peso y al mismo tiempo pone de manifiesto uno de los detalles que ya preludiaba lo que vendría después. El Instituto de San Lorenzo de El Escorial, antes de que se disgregase para formar desde él un Instituto de Enseñanza Musical, compartía los alumnos del Conservatorio y los alumnos digamos “no profesionales”, esto es, los que simplemente recibían una elemental cultura musical de pocas horas, en el mejor de los casos. Ya en aquella época el interés de los padres porque sus hijos dominasen profesionalmente un instrumento era enorme, aceptando sin rechistar el ir de aquí para allá con el niño y el cello, o admitiendo de igual modo que el vástago estuviese sometido, como tú bien dices, a una enseñanza disciplinada, repetitiva, y en muchísimos momentos, tediosa. El número de alumnos que no volvían a tocar las teclas del piano en su vida tras completar los estudios era muy considerable (y eso que allí enseñaba Ana Curra, la de los Pegamoides) porque una vez que habían complacido a sus padres huían de la música como de la peste. Literal, eh, yo tenía una alumna que se graduó con excelentes notas en piano y que vomitaba cuando lo veía. ¡Es más, a nuestra profesora de Música, pianista, no había quien la hiciera cantar en la Camerata de Música Antigua que habíamos formado en el Instituto con alumnos tan excelentes! Sin embargo, ya se oían las primeras voces de los padres progres (muchos, maestros de la Escuela del pueblo, por qué será) contra los métodos “tradicionales” y “autoritarios” de los profesores del Instituto. El cello resistía, a duras penas, pero lo que era seguro es que las Matemáticas se iban a ir a tomar por…
    No sé si conoces la película “El maestro de música”. En una secuencia, el alumno, agotado, le pregunta al maestro: -¿Por qué nos obligas a tanto? Y él viejo bajo le contesta: -Porque así os rebeláis. Y rebeldes sois mejores.
    Totalmente de acuerdo con lo que expones, Luis. Un fuerte abrazo.

  6. Xoia
    23 enero 2011 a 15:29 #

    Vaya, se ha tocado un tema que yo conozco muuuuuuuuuuuuy de cerca.

    La música, a nivel profesional, le da cien vueltas a carreras que el común de los mortales considera “difíciles”. A veces pienso que sólo es superada por la danza clásica y algunos deportes tales como la gimnasia rítimica, la natación sincronizada y pocos más.

    Exige unos niveles de sacrificio, de esfuerzo, una constancia, una paciencia, una dedicación… totalmente incompatibles con el modo de vida “que mola” actualmente. Un estudiante de música de conservatorio, pero no uno “de relleno”, sino uno de esas “raras avis” que se lo toman en serio y piensan dedicarse profesionalmente a la música culta, siempre es un incomprendido. Donde él ve esfuerzo y horas de trabajo, los demás creen ver unos minutillos diarios de diversión. Donde él ve sudor, tensión, repetición de pasajes hasta la saciedad, dificultades técnicas que exigen horas de entrenamiento, los demás tan sólo ven una afición, un pasatiempo. Donde él ve años de trabajo duro, otros creen que es cuestión de simple inspiración momentánea…

    Y sobre todo, donde él ve una ocupación profesional seria y exigente, otros ven tan sólo un adorno para el curriculum, un papelito para colgar en la pared, un instrumento decorativo para el salón o un recurso para amenizar una reunión de amiguetes: “Menganito, que tú tocas el piano, vamos a tal bar donde hay uno y amenizas un poco la velada…”

    Donde él sueña con Chopin, Schubert o Stravinsky, otros sólo ven “un aburrimiento, vaya tostón de música clásica, mejor nos tocas La Cumparsita, que la conocemos todos, eso que tocas tú es para entendidos…”

    Y sobre todo, donde él ve una salida laboral válida en sí misma, otros tan sólo ven un complemento. Todavía hoy es frecuente, cuando un chaval realmente piensa dedicarse a la música culta en serio, que desde fuera no se entienda y salgan comentarios del tipo: “¿Y sólo vas a estudiar lo del conservatorio? ¿No te vas a sacar una carrera? ¿No puedes compaginarlo con la universidad?” Como si la música no fuese en sí misma cien veces más exigente que muchos supuestos “carrerones” que hay por ahí…

    En fin, a nivel musical seguimos siendo el país de la pandereta, pero ahora se ha sustituido la pandereta por los niñatos de Operación Triunfo. Es cierto que cada vez hay más chavales en los conservatorios, pero la mayoría no están ahí por el motivo que deberían estar, sino porque a sus padres les viene estupendamente tenerlos ocupados toda la tarde con infinidad de actividades: así no dan la murga en casa y además creen que es bueno y educativo para ellos.

    Creo que la enseñanza musical es buena para todos, pero eso debería significar fomentar las escuelas de música, los coros de aficionados, las enseñanzas no regladas… La música como afición es buena y contribuye enormemente al desarrollo del cerebro, de la personalidad, a la cultura general que uno debe poseer. Pero los conservatorios se supone que están para otra cosa, y esta sociedad española no acaba de entenderlo, ni lo entenderá jamás, como nunca será capaz de ver la verdadera diferencia entre Marta Argerich y Richard Clayderman. Así nos va…

    Saludos a todos.

  7. 23 enero 2011 a 17:32 #

    Bienvenido, señor Sanjuán.

    Ya está aclarado que su artículo parte de la realidad de conservatorios y escuelas especializadas. Y le doy toda la razón. La música, lo sé por experiencia, es una disciplina maravillosa y endiabladamente difícil.

    En la enseñanza obligatoria, el cantar es otro.

    En Primaria, la formación musical es mínima, de tal forma que, cuando los alumnos empiezan la Secundaria hay que partir prácticamente de cero. Particularmente, considero un error que la enseñanza de la Música no tenga más peso en estas primeras etapas, pues es el momento idóneo para familiarizarse con negras, corcheas y demás solfa.

    Sobre todo si las enseñanzas mínimas prescritas para la ESO contemplan que el niño debe saber:

    – Leer una partitura.
    – Reconocer y analizar, con espíritu crítico, audiciones de todo género y condición.
    – Improvisar.
    – Cantar.
    – Iniciarse en la creación.
    – Conocer y manipular las nuevas tecnologías musicales.
    – Conocer y reconocer instrumentos.
    – Trabajar el oído rítmico y melódico.

    No hay horas para tamañas ambiciones. Y los libros de texto tratan de satisfacer todas estas demandas hasta hacer imposible un aprendizaje medianamente serio de tales objetivos. Yo lo he intentado todo. Pero si vuelcas tus energías en la enseñanza del lenguaje hay poco tiempo para la interpretación. Si te dedicas a preparar e interpretar arreglos, acabas por abandonar la enseñanza del lenguaje. Etcétera.

    Al final, la disciplina acaba convirtiéndose en una “asignatura-piñata”, llena de pequeñas cosas inservibles. A propósito de las nuevas tecnologías, este verano tuve la ocurrencia de hacer unos apuntes interactivos para que los alumnos tuvieran acceso a ellos a través del blog. Una vez más, se ha demostrado que las TIC las aprovechan, esencialmene, los alumnos muy motivados, aquéllos a quienes les daría igual un colorista power point que treinta ejercicios de ritmo y lectura. Es una verdad de perogrullo, pero quiero que así conste.

    Ya apenas uso el libro de texto, pues sólo añade confusión a lo que necesita pausa, constancia y claridad de ideas. Además, suelen tratar los diferentes aspectos de la Música como compartimentos estancos: la altura-la duración-el timbre-la intensidad, sin llegar a relacionarlos nunca y obviando el carácter cíclico de todo aprendizaje.

    A mí me asombra que los profesores de Música veamos sin atisbo de extrañeza la imposibilidad de enseñar solfeo. Por lo general, se buscan juegos musicales que estén al alcance de todos, como un modo de disfrutar la Música sin ninguna otra pretensión académica. Pero es que el curso tiene más de 70 sesiones, y tanto disfrute llega a cansar casi tanto como la constante impartición teórica; además de encontrar techo muy pronto.

    Para el año que viene querría poner un libro de iniciación al lenguaje de una editorial granadina, un libro que se usa en escuelas de música y conservatorios. Back to basis. Para las cuestiones crítco-creativo-interpretativas, ya me arreglo por mi cuenta.

    Pero resulta que cada lección teórica va acompañada de una serie de fichas pensadas para responder… en el libro. Y – oh, generosos legisladores – como sabéis, en Nadalucía los libros son gratis por decreto, y deben pasar de unos alumnos a otros durante cuatro años. Así que parece complicado que pueda incluirlo como libro de texto en el plan de gratuidad, del mismo modo que obligarles a su compra (15 euros) es políticamente incorrecto.

    Qué cosas, ¿eh?

    • 23 enero 2011 a 18:17 #

      “A mí me asombra que los profesores de Música veamos sin atisbo de extrañeza la imposibilidad de enseñar solfeo”. Nacho, lo que te pasa a tí con el Solfeo me ocurre a mí con la Lógica. ¡Menos mal, que se te ve el pelo!

      • 23 enero 2011 a 23:20 #

        Ya me supongo, Antonio, ya me supongo…

        Sí, la verdad es que echo de menos entrar más en este magnífico foro, pero es que, últimamente, no sé que han hecho con los días que les faltan horas.

        Será la crisis…

        Un abrazo.

    • Francisco Javier
      24 enero 2011 a 10:12 #

      Hola Nacho,

      tomo nota de lo del libro que recomiendas. Me pasaré por la tienda de música para adquirirlo. El aprendizaje de la música en Secundaria es un asunto, cómo no, delicado, que daría mucho que hablar. Me limito a señalar un problema: el carácter abierto del Currículo tiene la ventaja de dar libertad al docente para programar de acuerdo a sus intereses e ideas. Pero el inconveniente -por eso esta asignatura es ( o fue, que ahora se han olvidado bastante de ella) una de las preferidas de la pedagogía “radical” – es la dispersión, la falta de un programa con una secuencia lógica y progresiva: yo repito y repito lo mismo en 2º, en 3º, en 4º. … Un abrazo.

      • 24 enero 2011 a 13:58 #

        Hola Francico Javier:

        El libro es de la editorial si bemol. Me he dado cuenta de que ha podido inducirte a error ese “Back to basis” que sigue a mi descripción del mismo. Por si acaso, me apresuro a aclarar que no se llama así, sino “Teoría del Lenguaje Musical y Fichas de ejercicios”, volumen 1 (primer curso de grado elemental), de, como dije, Ediciones Si bemol. Está elaborado por Pilar de la Vega Sestelo y Antonio García-Palao. El volumen 2 puede servir para 2º de ESO, y ambos como material de repaso en 4º.

        En el resto, completamente de acuerdo.

        Un abrazo.

    • José M
      24 enero 2011 a 18:50 #

      Hola, estimado Nacho (comimos con la mismo tribu el sábado pasado).

      De los criterios de evaluación del BOE no deduzco que haya que saber “leer una partitura”, tal como lo entendemos los músicos, o al menos yo:

      “7. Leer distintos tipos de partituras en el contexto de las actividades musicales del aula como apoyo a las tareas de interpretación y audición.

      A través de este criterio se trata de comprobar el grado de compresión de algunos de los signos y símbolos usados para representar la música y la utilización funcional de la lectura musical. Lo que se valora no es la capacidad para solfear, sino la destreza con que el alumnado se desenvuelve en la lectura una vez creada la necesidad de apoyarse en la partitura para interpretar una pieza musical o para seguir mejor una obra durante la audición.”

      ¿Alguien entiende o cree entendible eso de la “utilización funcional de la lectura musical” y la destreza-desenvoltura-lectura-necesidad, que sin embargo y misteriosamente no son lo que conocemos por solfeo?

      Otro ejemplo del poco interés por la formación musical que nuestros programadores o curriculadores muestran es este otro criterio:

      “4. Participar en la interpretación en grupo de una pieza vocal, instrumental o coreográfica, adecuando la propia interpretación a la del conjunto y asumiendo distintos roles.

      Se trata de comprobar si el alumnado, independientemente del grado de desarrollo técnico alcanzado, participa activamente y con iniciativa personal en las actividades de interpretación, actuando indistintamente como cantante, instrumentista, bailarín, director, solista, etc., intentando concertar su acción con la del resto del conjunto y colaborando en la consecución de unos resultados que sean producto del trabajo en equipo.”

      Da igual que lo hagan bien o mal, es suficiente con que participen e intenten concertarse. Sería como si en Matemáticas diera igual que 5 x 3 = 53, siempre que el alumno-ado haya participado.

      Por cierto, sé de un maestro que en el colegio, sí, en el colegio, usa el libro Ritmo y Lectura que se usaba en el Conservatorio. Los alumnos buenos llegan al instituto sabiendo leer partituras sencillas sin tener que pararse a escribir el nombre de las notas. Los malos, pues ya sabemos, las notas ni en el pentagrama ni en la flauta.

      • Francisco Javier
        24 enero 2011 a 19:29 #

        Hola José M:

        no me atrevía a decirlo, porque no me siento con muchas ganas de desarrollar la cuestión, ni de abrir ahora un nuevo frente de insultos contra ellos: los pedagogos. Y en la música creo que se encuentran algunos de los más temibles ingenios patagogos. Toda la parafernalia de la LOGSE alcanzó una cota sublime de retórica en la música, ya que es una asignatura perfecta para la experimentación permanente y ensayar diabólicamente con un profesorado verde las ideas más chorras (creativas dicen) del mundo (algo que suele provocar todo tipo de orgasmos ente la secta pedaboba.). Todos los de música hemos asistido a esos cursos en los que se nos intentaba hacer bailar el corro de la patata, improvisar en trance sobre una pentatónica, dirigir el futuro coro que iba a ser el aula (ja, ja¡) o, tirados en el suelo, darnos masajes mientras tomamos conciencia de nuestro plexo solar,…., también (más modositos, pero secta, secta, secta, los seguidores de Orff -un compositor filonazi, por cierto)………………………………………….. Cuando empecé a dar clase las pasé de todos los colores y sé que había institutos (muchos, la mayoría) en los que los profes de música también las pasaban canutas, aunque lo ocultasen, (mi primer jefe de departamento me contaba que en T…. . su compañera tenía que dar clase parapetada debido a los objetos que desde el frente le regalaban sus “alumnos”.) Este colega, que muy pedagógicamente me endosó cinco 2º de ESO dos 3º (uno de ellos compuesto de alumnos maniaco depresivos) y un 4º del que fui su tutor (en total casi 30 alumnos, con los de diver), me mostró el camino. Y mientras yo ensayaba pedagogía radical, él -que sabía de verdad- se reía con suave ironía de mis propuestas modernistas y me recomendaba como libro de texto el de Casares: un libro al estilo antiguo, farragoso e imposible (en la ESO), pero que, según él, era el más indicado para hacer sufrir a toda esa pandilla de salvajes que me hacían la vida imposible.

        Suficiente, de momento. Un saludo.

      • 24 enero 2011 a 20:19 #

        Tienes razón, José M.

        La lectura musical que prescribe el BOE es una cuadratura del círculo por la cual el alumno debe comprender aquello que no domina.

        En cuanto al segundo punto, me limitaré a recordar esa reciente moda del lip dub: horas de trabajo y ensayo para que los nenes posen un segundo a cámara mientras hacen como que cantan. Enternecedor.

      • 24 enero 2011 a 20:28 #

        Qué cierto, FJ.

        No hace mucho, asistí a un curso de “recursos vocales en el aula”. Entre algunas partituras e ideas interesantes, tuve que tragarme la música más pestosa que pueda imaginarse (“hay que partir de los intereses de los alumnos”, ya sabes) a la que había que acompañar con coreografías preescolares que ruborizarían a Teresa Rabal. Los dos que estábamos de secundaria no sabíamos dónde meternos. Y allá que estaban las maestras, ufanas y felices, bailando con el señor Don Gato.

        Y es que ya nos han metido a todos en el mismo saco de Primaria, y tanto da si debes enseñar a la Señora Corchea o la polifonía medieval.

        Todos a mover las putas caderas y a mover la manito como un girasol ciego.

        Con perdón.

    • 25 enero 2011 a 10:40 #

      Tengo una opinión particular, o más bien una convicción, sobe el tema de la lectura (la lectura de una partitura y el conocimiento del lenguaje musical, me refiero). No creo que tenga utilidad o sentido aprender a “leer” cuando ni siquiera se sabe “hablar” ni papa. Y esto vale probablemente para todo bicho humano, imberbe o adulto, aunque mucho más, por razones obvias, para el infante.

      Incluso en una enseñanza especializada, como en la de un conservatorio, creo que esto debería ser así. Primero hay que “hablar”, la lectura viene después y no es tan difícil; en realidad, es lo más fácil. Yo acostumbro a enseñar al principio básicamente por imitación. He tenido alumnos excelentes que empezaron a leer en serio cuando la cosa era ya demasiado complicada para pillar de oído (y de vista) lo que yo hacía con el instrumento. No les quedó más remedio y, pese a su resistencia inicial, pronto se dieron cuenta de que era cuestión de mero ejercicio, ejercicio sobre algo que ya sabían hacer (oír, comprender). Esta clase de alumnos goza luego de un oído extraordinario y de una flexibilidad envidiable para quien, para su desgracia, se ha visto esclavizado inmisericorde y absolutamente al papel y al atril.

      ¿Cómo pueda realizarse esto en el marco de la educación obligatoria? Ni idea, no tengo conocimiento suficiente de cómo está diseñado el currículo, ni siquiera del número de cursos que hay ni de su cambiante distribución. Pero para mí está claro. Hay que olvidarse de abstracciones preliminares y hacer música. Luego vendrán las abstracciones a facilitar la trasmisión y fijación de lo que ya se hace.

      Supongo que será parecido en el caso de la lógica, al que se refería Antonio. Primero, digo yo, habrá que pensar. Las formalizaciones deberían venir después. Pero, claro, ¿cómo se enseña a pensar donde tanto pensamiento falta por lo común?

      • Jesús San Martín
        25 enero 2011 a 12:00 #

        Si sirve de algo, enfoco los teoremas como comentas. Primero los veo, luego “trasteo” con ellos, haciendo ejemplos, que indiquen por donde puede ir la demostración y los posibles problemas y finalmente empieza una serie de borradores por aproximación. Cuando ya está acabado, hay que leerlo un montón de veces para pulirlo.
        Me imagino que tiene que ser bastante parecido a componer, y desde luego lo es a escribir.
        Espero que los de la secta saquen lo que hay de común, y es: ver como lo hace el maestro, mirar con los ojos muy abiertos, atender como piden Antonio y Raus, y luego hartarte a trabajar. Cada vez que te equivoques vas a preguntar al maestro. Al final es fácil, como comentaba Marile, al final, después de haber gastado un saco de sal.

    • marile
      4 febrero 2011 a 9:43 #

      Hola Nacho. He encontrado esto por la red y he pensado que te gustaría.

      La música nos ayuda a recuperar la calma y a interiorizar y expresar nuestros sentimientos. Es buena para el espíritu. Algo carente hoy en día donde tanta importancia se le da a la prisa, la competencia y la utilidad en todas y cada una de nuestras acciones. La música nos ayuda a ser más felices.

      Un saludo.

  8. Jesús San Martín
    23 enero 2011 a 22:46 #

    Ana Belén, en relación con tu preocupación con las asignaturas humanísticas, he encontrado el post de debajo, en

    http://www.fedeablogs.net/economia/?p=8480

    observa el análisis que hace para explicar la efervescencia de la Física de principios del siglo XX. Hace un par de días yo comentaba en un post que no había aparecido ningún genio de la Física tras Einstein, a la vista del análisis, quizá lo que no ha aparecido es la fusión con el humanismo, ni aparecerá.

    ******

    DFC diciembre 27, 2010 en 17:04
    Efectivamente la correlación entre un sistema universitario eficiente y la prosperidad de una determinada sociedad es clara
    Antes de mediados del siglo XIX la ciencia era, en sí, poco más que una “filosofía” en el sentido de que los desarrollos tecnológicos no los hacía “científicos” sino emprendedores con mentalidad práctica y empírica (ingleses en suma), mientras que la ciencia tenía casi como única misión derribar la cosmo-visión de raíz mítica (religiosa) sobre la que se sustentaba el Antiguo Régimen (feudal), (leer a J. Habermas al respecto)
    Todo esto cambia desde mediados del siglo XIX, y ese cambio se produce en las universidades alemanas, donde la relación estrecha entre el ambiente universitario humanista y filosófico en ebullición, se encuentra con la colaboración estrecha entre la gran industria y el ámbito universitario que produjo una pléyade de genios, a finales del siglo XIX y principios del XX, como no se ha vuelto a repetir, de hecho el estado actual de la ciencia fundamental, en especial de la Física, es producto de los trabajos de los científicos que se formaron en esas universidades: Einstein, Planck, Heisenberg, Schroedinger, Born, Pauli, Oppenheimer, Fermi, etc….Tratar de comparar a Hawking o Penrose con Planck o Einstein es para echarse a reír
    Todos estos personajes unían, a su inquietud científica, una previa inquietud “filosófica” por que, llegados a las fronteras del conocimiento vigente, para poder avanzar un paso, hay que aventurarse en una forma de “filosofía” fecunda que fue lo que hicieron esos genios
    A partir de esa época, es propio del capitalismo reciente que la primera fuerza productiva haya sido la Ciencia Aplicada, que dio un impulso a la tecnología inmenso, que es el motor del desarrollo y el bienestar
    En USA se hizo un intento de copia de la universidad alemana y durante decenios han “vivido” de la importación de los cerebros europeos, pero nunca llegó a ese nivel de excelencia, porque, pienso, les falta el sustrato humanista efervescente (paradógicamente)
    Además de lo antes mencionado, las sociedades producen lo que pueden, no lo que quieren, y esto está en gran parte basado en sus escalas de valores, en los valores que la sociedad hace suyos, los cuales están basados, en gran parte, en los modelos que se sugieren como de “éxito”
    La sociedad española creó todo un género literario llamada “Picaresca”, lo cual no es casualidad, y este tipo de valores que implica, se ha ido, pienso yo, reforzando en los últimos años. Si ahora echamos un vistazo a la trayectoria profesional de los políticos que “lideran” este país, ¿que vemos?. Bueno, si ahora echamos un vistazo a los “héroes” y “famosos” televisivos, es para echarse a llorar
    Estamos diciendo gritos a nuestra juventud que el esfuerzo, el trabajo bien hecho y la profesionalidad no llevan a ningún lado, que hay atajos por los que se puede llegar a la fama, al dinero y al prestigio sin hacer el “primo”, y esto se aplica a todos los ámbitos del trabajo y del estudio
    La página del autor es

    http://dfc-economiahistoria.blogspot%5Bpunto%5Dcom/

    sustituir [punto] por un punto

    • Borja Contreras
      24 enero 2011 a 20:33 #

      Jesús, un post interesante, sin duda.
      Si me permites apostillar, mirando al Renacimiento nos encontramos que el primer desarrollo intelectual lo llevan a cabo los humanistas recuperando una ingente cantidad de textos de los viejos griegos. Éstos son leídos con interés y su influencia es decisiva para el segundo gran desarrollo, posterior en el tiempo, que es el de la ciencia.
      El biógrafo de Galileo llegó a falsificar la fecha de nacimiento del ilustre científico para hacerlo coincidir con la de la muerte de Miguel Ángel. Así pretendía acentuar simbólicamente la continuidad que todos veían clara entre ambos periodos.
      Por cierto, está publicada en español la autobiografía de Heisenberg. En ella resalta la importancia que para él tuvo el aprendizaje del griego durante el bachiller y las lecturas de los filósofos en su lengua original. Lo considera decisivo para su obra posterior…
      Lamento no poder dar la referencia del libro -tiene muchos años y no sé si será fácil de encontrar- pero lo regalé hace tiempo a un compañero de física.
      Saludos

      • Jesús San Martín
        24 enero 2011 a 21:27 #

        Hola Borja, excelente comentario.
        En relación con lo de Heisenberg, creo que Schröedinger era un fuera de serie en lo relativo a las lenguas clásicas.
        Hoy subía paseando desde el despacho, pensando en este post, y recordaba lo que me habían enseñado sobre Sto Tomás en el instituto, y caía en la cuenta que el hombre estaba sentando las bases de la conservación del momento angular. Y en cuanto a la Física ya sabes la frase: empezaron haciéndola los físicos, continuaron los matemáticos y acabarán haciéndola los filósofos. Seamos realistas, la mecánica cuántica y el origen del universo, más ahora que Penrose habla de un ciclo infinito de creación y destrucción del mismo, necesitan de la filosofía.
        El Renacimiento me ha llamado más la atención por la coincidencia de tantos genios, que por sentar las bases de la ciencia moderna Por qué sucedió aquello? También me voy a la Grecia de Pericles. ¿Y la ilustración?. Está claro que no es cuestión de cantidad, porque más personas hay ahora en una ciudad grande que en toda la Italia renacentista o la Grecia clásica.
        A ver si recuperamos a los clásicos y nos dejamos de sandeces.
        Un abrazo

  9. Raus
    24 enero 2011 a 9:59 #

    Bienvenido, Sanjuán. Un artículo excelente.

  10. 24 enero 2011 a 23:02 #

    No he podido leer todos los comentarios más que de un modo muy superficial. Lamentablemente, no dispongo en este momento de las mejores condiciones para hacerlo. Pero a la luz de lo que visto aquí o allá, me gustaría aclarar algunas cosas, aunque sea sólo a modo de apuntes. (Por cierto, no puedo más que agradecer los elogios inmerecidos de los comentaristas, especialmente los de mi amigo Javier, que es el que me ha indicado la existencia de este espacio web, tan necesario).

    En primer lugar, es muy importante distinguir entre la educación musical especializada, la que se imparte en los conservatorios, y cuyo objetivo es la excelencia profesional de sus futuros titulados, de la enseñanza musical obligatoria o aficionada. Soy un defensor a ultranza de la educación musical y artística como pilar de la formación global de toda persona. Hay aquí un asunto muy peliagudo, porque, en mi opinión, las administraciones no han sabido establecer con acierto el objetivo de esta formación “obligatoria” no especializada, ni se han proporcionado los medios adecuados para que los profesores, que, en realidad deben ser músicos muy completos, aunque no, por supuesto, instrumentistas virtuosos, puedan desarrollar su labor, tan crucial, de un modo adecuado. Y cuando asombrosamente, contra todo pronóstico, tratan de hacerlo y lo logran en gran medida, se debe, más que a metodologías (aunque sí que las hay muy perniciosas), a la voluntad y al talento de algunos magníficos docentes, auténticos héroes de nuestro tiempo, que hay por ahí.

    Pero el problema fundamental, el problema decisivo (y de esto sí habría mucho que hablar), un problema que compete y asola a cualquier profesor de música, de conservatorio o de enseñanzas obligatorias, es que (lo siento, pero es así), la música ya no forma parte de la vida de nadie, y es difícil, si es que no simplemente la cuadratura del círculo, enseñar sobre algo cuya presencia en nuestra “civilización” (?) no es más que, en la mayoría inmensa de los casos, la de un producto soez y vacío del mercado. Pero, bueno, supongo que esto es un mal que afecta a todas las cosas. Será que habrá que pensar más sobre esto impensable, el que ahora no parezca que haya, al cabo, más que una gran y pasmosa nada o nadería envuelta con celofán o no, que eso es lo de menos. Gran, dificilísima paradoja para cualquier educador de cualquier clase.

    En fin, espero que perdonéis lo deslavazado y falto de ilación de estas reflexiones a vuela pluma, más un testimonio de que sigo las conversaciones que otra cosa.

  11. Francisco Javier
    26 enero 2011 a 15:30 #

    En la última resolución en la que se convoca el concurso de traslados ha habido, como seguramente muchos sabréis, algunas novedades. Es de lamentar, sin embargo, que se repita el mismo error respecto a la música, que en las anteriores leyes. En el baremo el título superior de música puntua 1. 5 , una miseria que dice mucho de la ignorancia musical de los responsables de Educación. Un título superior de música vale menos que un B2 de la Escuela de Idiomas o que un Master (3 puntos.) ¡Incomprensible!

    En otro orden de cosas, el autor de este artículo hace una reflexión fundamental que comparto sobre cuál es el problema fundamental de las asignaturas artísticas y en particular de la música. Se habla a menudo de una sociedad amúsica, que debemos entender en su sentido literal: una sociedad en la que la música se niega. El punto de partida de la asignatura de música es el de luchar contra la realidad, y la realidad es que la música en tanto que producto masivo, espectacular, invasivo, a menudo lesivo y agresivo (los oídos no tienen párpados), condiciona (motiva) de un modo tan potente al sujeto, que la labor de liberar los oídos y la mente requiere un esfuerzo titánico, lleno de complejidades y condenado a la casi irrelevancia. El dogma constructivista (base de la pedagogía musical) de que hay que partir de los “gustos del alumno, para a partir de ahí bla-bla-ba, resulta de lo más gracioso. ¿Qué es eso de los gustos del alumno (los suyos propios)? Una vez más, se invierten los términos y se presuponen cosas que no son: en la sociedad pos-moderna los gustos no son nuestros gustos, son los de Otro, y sólo a través de esfuerzo, de negación, de pensamiento, nos orientamos hacia la libertad y el arte.

    Un saludo y mi agradecimiento al autor por este artículo.

    • 26 enero 2011 a 22:22 #

      Sí, totalmente de acuerdo, y no sólo en la música (me temo), aunque en la música el problema es bien patente. El verdadero reto es encontrar un camino en que, muy al margen del “gusto” reinante, el docente sea capaz de llegar a eso quizá subyacente en el alumno (en todo hombre) que sigue reclamando arte, música, como quiera llamarse, eso a lo que, de forma tan soez y destructiva, sigue apelando el subproducto del mercado para tratar de colmarlo o pseudo-colmarlo, porque lo que hace es más bien condenarlo al subdesarrollo o, peor, a la deformación. Pero la necesidad, aun corrompida, está ahí y es en ella en lo único en que puede asentarse la labor del docente. Precisamente por eso tal vez sea menos desesperante en este sentido la educación de niños pequeños, donde la deformación todavía no ha podido ejercerse de forma tan completa. Siempre he creído que la labor de los maestros, figura tan injustamente desconsiderada, es absolutamente vital, porque a ellos, en primer lugar y antes que a nadie (por no aludir a los padres, naturalmente), les corresponde fijar en el niño la barbarie reinante (y cumplir así la función que las administraciones, en cuanto poder fáctico o cercano a él, en general desean o desearían), o bien, contra la voluntad de la tendencia dominante contrarrestar el efecto de esa barbarie y plantar las semillas para la posibilidad de una futura rebeldía, única forma de estar en el tinglado reinante sin ser un asno.

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