Historia de David


Maximiliano Bernabé Guerrero

Voy a contar un cuento de todos conocido, aunque no tanto como pensamos. De hecho, de él lo único que se suele oír es un episodio. Hace mucho tiempo había un hombre llamado Jessé, ganadero de mediana importancia, que tenía ocho hijos, el más pequeño de los cuales tenía por nombre David. David Ben Jessé, David, hijo de Jessé, a pesar de que no era el primogénito. Ya veremos por qué adquirió tanta importancia. Sucedió que en aquellos días estalló una de las periódicas guerras entre Israel y los habitantes de la costa, los filisteos. El rey de Israel, Saúl, reunió un gran ejército, para el que fueron reclutados los siete  primeros hijos de Jessé, o sólo los tres mayores, que sobre esto no se ponen de acuerdo las versiones. A David no lo llamaron por dos razones; por su corta edad, ya que tenía sólo quince años, y para no dejar desamparado a su anciano padre. De este modo, sus hermanos mayores marcharon a la guerra mientras David quedó al cuidado del gran rebaño de ovejas de Jessé. Todos los días, muy temprano, salía a apacentarlo y hasta una hora avanzada no regresaba al aprisco. Sin embargo, la vocación de David no era ser pastor sino soldado. En secreto, pues no quería apenar a su padre, envidiaba a sus hermanos. Un buen día, consiguió el permiso paterno para dejar las ovejas al cuidado de un criado y él llevar víveres a sus hermanos. Así pues, se encaminó hacia el campamento de Saúl con gran contento, pues por primera vez iba a ver un ejército en armas. Por el contrario, lo que contempló cuando llegó no es que no le gustara, es que hizo venirse abajo sus ilusiones más recónditas. En lo que allí sucedía no había traza alguna de heroísmo ni de orden. Desde el comienzo de las hostilidades, las dos huestes acamparon una frente a la otra, pero no tuvo lugar ninguna batalla. Del campo filisteo salió un paladín gigantesco, uno de sus jefes más temibles, llamado Goliat. Sus más de dos metros de altura, su inmensa fuerza y su larga experiencia en el combate hacían que nunca hubiera sido derrotado. Bastaban sólo sus voces para aterrorizar a cualquier adversario.

“¡Que salga alguien a pelear conmigo! ¡No hay hombres en Israel!” Todos los días lo mismo. Según los usos de la época, no se podían iniciar operaciones hasta que un guerrero israelita respondiese al desafío. Pero nadie respondía. Esto fue lo que vio David. Las tiendas y parapetos llenos de miedo, y de vergüenza a la vez. Lo que oyó fue peor aún, las voces del gigante:

“¡Salid de una vez! ¿No hay hombres en Israel? ¿Voy a tener que envejecer aquí? ¿Ni uno sólo se atreve a luchar conmigo?”

David no pudo contenerse por más tiempo y les dijo a sus hermanos:

-¿Cómo aguantáis esto? Es una vergüenza.

-Tú cállate. Además ¿Qué haces aquí? Has abandonado a nuestro padre. Vuelve, y recuerda que no eres más que un niño. Y date prisa no lleves leña a la espalda de regreso.

-¡No sois hombres si soportáis esto!

Acertó a pasar por allí cerca el Rey Saúl con su séquito y le llamó la atención el revuelo. Como no había mucho que hacer y el aburrimiento hacía presa en él, la curiosidad le movió a acercarse y a enviar a uno de los cortesanos al grupito de habladores.

-Su Majestad quiere saber qué sucede aquí.

Eliab, el hermano mayor, se adelantó y, viendo una ocasión de oro para enviar al niño de vuelta a casa, en un arranque de osadía se dirigió directamente al Rey.

-Majestad, nuestro hermano pequeño, David, ha venido a traernos suministros, y ahora no quiere marcharse, y nos estorba nuestra labor de soldados. Nuestro anciano padre le espera.

-¿Soldados, vosotros sois soldados? -estalló de una vez David-. Y estáis aquí escondidos como conejos mientras un sucio filisteo os insulta. Dejadme a mí, yo daré buena cuenta de él.

-Majestad, no lo toméis en cuenta, es sólo un niño. Mandad azotadle, si es vuestro deseo.

-¿Es cierto eso que estás diciendo, muchacho? -intervino por fin Saúl, quien comenzó a acariciar la idea de enviar al mozalbete contra el coloso; total, nada se perdía por intentarlo-. ¿De verdad puedes enfrentarte al gigante?

-Majestad, sí puedo. Es cierto que soy muy joven, pero no me da miedo ése a quien llamáis Goliat. Me he enfrentado a enemigos peores. Soy pastor, y varias veces he matado a osos y leones que amenazaban mis ovejas.

-Majestad -volvió a intervenir Eliab, ya sin altanería, sino con lágrimas en los ojos-, no le hagáis caso y perdonadle la insolencia. Es nuestro hermano pequeño, casi un niño, y la alegría de la vejez de nuestro padre. Él moriría si algo sucediera a David. Mandadle a casa, os lo suplico, ya servimos nosotros en vuestro ejército.

Empero, Saúl cortó la discusión y ordenó que armaran a David y que se dispusiera para el combate. En ese preciso instante otra andanada de improperios de Goliat hizo temblar el campamento israelita, mientras a David le ceñían coraza, grebas y yelmo. No bien se hubo visto con armas dignas de un príncipe se dio cuenta de que apenas podía caminar con tanto peso, tal era su falta de costumbre. Así pues, arrojó espada, escudo y todo lo demás y exclamó. “Así no puedo, dejadme que luche a mi estilo”. Dicho esto cogió su cayado de pastor y su honda y se dirigió hacia donde estaba el gigante, con paso lento pero firme. A modo de divisoria entre las dos formaciones había un arroyuelo; al atravesarlo, David escogió cinco guijarros, los guardó en la talega que colgaba de su cintura y parsimoniosamente continúo su camino hacia Goliat. Éste, desde que le vio aproximarse, redobló las injurias y burlas. “¡Ya no hay hombres en Israel que me enviáis un muchacho! ¿Qué será lo siguiente, vuestras mujeres? Ja, ja, ja”. Impertérrito, David continuaba su avance, mientras colocaba una de las piedras en la honda y comenzaba a girar ésta, al principio lentamente, luego imprimiéndole velocidad mientras tomaba puntería valiéndose del brazo que empuñaba el cayado. Goliat, entre tanto, no cejaba. Hasta se había quitado el yelmo, pues tanta carcajada le sofocaba. “Muchacho, ¿Qué soy yo, un perro, para que vengas a mí con piedras y palos?” David, miró su impresionante envergadura y entonces precisamente soltó uno de los extremos de la cuerda de la honda. Un proyectil voló y fue a dar en la frente de Goliat, quien cayó inconsciente al suelo. El silencio se hizo en los dos ejércitos, que contemplaban con expectación la escena. Silencio roto por alguien en el campo de los filisteos que dijo: “Así no vale, las piedras no. Esto había de ser un combate a espada; como caballeros”. Los murmullos se extendieron. David no los oyó, simplemente se anudó la honda al cinturón y echó a correr hacia donde yacía el gigante, quien hacía por incorporarse una vez que se recuperaba del golpe. Cuando hubo llegado, sin más dilación, arrebató la  tremenda espada de la mole quejumbrosa que era Goliat, de un solo tajo, le cortó la cabeza y la mostró a sus huestes, que estallaron en gritos guerreros mientras se lanzaban en persecución de los filisteos, en quienes un miedo súbito y paralizante había hecho presa. Ni los más viejos recordaban una victoria de tal magnitud. Y había sido un muchacho desarmado quien la había conseguido. David, quien con el tiempo llegó a ser el rey más grande de su pueblo. Pero ésa es otra historia.

 

Esta historia, políticamente incorrecta si seguimos los dictados de la miope cultura oficial española del todos y todas, es la recreación de un esquemático episodio que aparece en el Primer Libro de Samuel de la Biblia. Recreación que no es de un servidor, ni mucho menos, sino que pertenece a la rica tradición -Mitológica, folklórica y religiosa- judía que desarrolla pasajes bíblicos, bien en el Talmud y otros textos, bien simplemente en canciones y poemas. ¿Y qué tiene todo esto que ver con nuestra posición como profesores “antipedagógicos” ante la situación de la enseñanza española, ante la situación española en general, en este invierno de 2011? Pensemos: un muchacho que se enfrenta a un enemigo imbatible, a quien vence debido a tres causas:

–          No sabe que es imposible. Ni se lo plantea.

–          No duda un momento de que la razón le acompaña.

–          Usa sus humildes armas, no las que quieren colocarle otros.

Somos servidores públicos. Olvídense de funcionarios, interinos, laborales y demás términos. Servidores. Que sirven. Durante unos años éramos los “pardillos” porque en la empresa privada se podía ganar más dinero. Ahora somos los culpables de la postración en que ha sumido a España el desgobierno. ¿Tienen ustedes una honda y unas piedrecillas? De seguro que sí, y también es seguro que nosotros vamos a encontrarnos dificultades  dentro de poco tiempo, menores que las de David, por supuesto. Ya se han quitado el yelmo y se ríen de nosotros.

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Categorías: Rebelión

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11 comentarios en “Historia de David”

  1. Jesús San Martín
    7 enero 2011 a 13:40 #

    Algunos de los guijarros no los daba Esperanza Moreno Lorenzo en “Carta a un profesor”: colapsar la consejería de solicitudes de todo tipo (certificados, solicitudes de ayudas…) presentadas a través del registro de salida de los centros, nada de telepáticamente.
    ¡Más piedras! ¡Qué nuestra honda es la cabeza!

  2. Metodología de la Investigación / Pasos para hacer monografía
    7 enero 2011 a 14:15 #

    La verdad es que muchas veces podemos hacer grandes proezas, lo que pasa es que escuchamos las criticas de los medas, que nos dicen, eso es imposible, tu hacer esto o aquello? Y nos dejamos llevar por lo que dicen los demás, el miedo que nos infunden los otros nos paralizan y nos refugiamos en acostumbrarnos a vivir siempre humillados.
    Gracias .

  3. Pasos para hacer mamografía/ Es que lo había entendido mal
    7 enero 2011 a 15:22 #

    ¡¡Bravooooooo!!

    (-aunque las últimas frases me desconcierten un tanto y vayamos a dar en desbandada-), ja, ja…

  4. patricia
    7 enero 2011 a 17:05 #

    SI TODOS TIRÁRAMOS UNA SOLA PIEDRA, SÓLO UNA PIEDRA , EL CIELO SE NUBLARÍA DE PRONTO, COMO UN ECLIPSE , Y MUCHOS , QUE HACEN DAÑO AL MUNDO ,A MUCHA GENTE , TENDRÍAN TEMOR DE TODOS LOS DAVID PARA LOS QUE NADA ES IMPOSIBLE.

  5. Francisco Javier
    7 enero 2011 a 17:18 #

    Precioso cuento. No me extraña que en mi primer colegio de monjas benedictinas de clausura, mi asignatura preferida fuese la historia sagrada. Estas pobres místicas del Convento de San Plácido, en pleno centro de Madrid, fueron víctimas de los nuevos tiempos y por culpa de Juan XXIII (que también dio la puntilla a lo poco de estética que quedaba en la Iglesia) las obligaron a dar clase (en vez de dedicarse a la vida contemplativa) , por eso de la apertura a la sociedad, y seguramente hasta algún psico-pedagogo les dio un cursillo, pues recuerdo bien como intentaban explicarme la teoría de conjuntos, la gramática moderna de los arbolitos y hasta lo de las “fichas”. Sin éxito, ya que lo único que aprendí fue lo de David y Goliat, el cuento de Jonás y la ballena y otros mitos maravillosos de la historia sagrada.

    Dicho esto, podrías aclarar un poquito la frase: “Ya se han quitado el yelmo y se ríen de nosotros.”

    Un abrazo y espero que los Reyes se porten bien este año, dimita todo Cristo, los manden a …, y brille la estrella de nuevo.

  6. Raus
    7 enero 2011 a 17:40 #

    Oportunísimo y emocionante relato, Maximiliano. El David del gran Miuel Ángel es gigantesco, tanto como la hazaña que llevó a cabo. No hay enemigo pequeño si el valor es grande.
    Un abrazo.

  7. Jesús San Martín
    7 enero 2011 a 20:05 #

    Dejo otra piedra

    http://www.facebook.com/pages/Bajar-el-Sueldo-a-los-Politicos/125525324180136

    los maestros somos muchos, a firmar y a pasarlo.

  8. Maximiliano Bernabé Guerrero
    8 enero 2011 a 12:41 #

    Gracias por vuestros comentarios. La historia de David es simplemente un cuento. Y es algo más, es el relato del triunfo de la voluntad y el coraje; un cuento que aparece en todas las mitologías y/o religiones. Pensemos en las aventuras de Ulises. Con el añadido de que David, que sólo era medio hebreo, un pastor no un aristócrata, que después de su triunfo frente al gigante fue proscrito y se convirtió en bandolero y mercenario, acabó siendo un gran rey. Tantos pasos atrás y adelante, tantos inconvenientes y carencias creo que nos pueden servir a un colectivo tan individualista, adocenado y miedoso como somos los profesores. Lo de “se han quitado el yelmo y se ríen de nosotros” refleja que al final nuestros políticos se retratan frente a los servidores públicos; tanto el Psoe (gobierno nacional) como el Pp (ahora Murcia) nos cercenan derechos y fomentan que aparezcamos como los causantes de la crisis. Es comprensible, ya que muchos de nuestros políticos no han presentado un curriculum ni se han presentado a una oposición en su vida. A los veintitantos se subieron al coche oficial y ahí siguen. Zapatero es un ejemplo. Eso, se ríen de nosotros. Yo creo que es hora de que reciban una pedrada.
    Francisco Javier, ten cuidado y no te crees enemigos con tus críticas a Juan XXIII. Hay mucho guitarrero parroquial y acólito del “Viva la gente, es lo que nos gusta más” que se acabó reciclando en psicopeda y profe comprometido vocacional.

  9. Javier
    8 enero 2011 a 16:07 #

    Excelente. Maximiliano.

    A ver cuantos millones de piedras podemos tirar. Yo estoy allegando tiradores ya… Y estamos lanzando.

    Un abrazo.

  10. José Miguel
    8 enero 2011 a 18:03 #

    No es por importunar, pero lo de “servidores públicos” no sé yo si cabe trocarlo en “siervos públicos” dada la actitud de una gran mayoría de miembros del gremio docente. Y no digamos cuando vayan injertando poco a poco en lo centros esas nuevas funciones de los directores, el ROC y similares, todo ese neomedievalismo camuflado en los decretos, leyes… de nuestra sacrosanta democracia coronada.

    • Ania
      8 enero 2011 a 21:29 #

      A mí sí que me gusta lo de “servidores públicos”. Me gustaba que direcciones de los primeros centros en los que trabajé nos aleccionaran a empeñarnos todos, incluyéndose ellos, recordándonos que “está(ba)mos al servicio”.

      Hoy en día , sin embargo, al hilo de lo que dice José Miguel, el espíritu de servicio a menudo es confundido con el de servilismo y el altruísmo y la independencia de criterio, que no el ir de pasota, está dando en uniformidades miedosas y muy alienantes.

      A lo mejor siempre ha sido así…Sólo quería destacar en este post que hace años que no oía hablar del trabajo en los términos de servicio que utiliza Maximiliano, que me recuerda tiempos mejores, más altruístas y solidarios.

      Tu historia de David me ha encantado.

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