La ironía como forma de enseñanza

Juan Pedro Viñuela Rodríguez

La ironía es el instrumento intelectual del filósofo. Por medio de ella podemos destruir el dogma. De lo que se trata es de mostrar que no existen pensamientos completos, que todo pensamiento es fragmentario, no en el sentido de los posmodernos, sino de los escépticos. Se llega a la ironía por medio de una buena dosis de escepticismo. Pienso que la ironía es la actitud que está a medio camino entre el sarcasmo y el cinismo, entendiendo este último en el sentido peyorativo, no en el filosófico. En el filosófico identifico sarcasmo con cinismo.

La ironía es el escarpelo del intelectual. Nos permite ver más allá de lo inmediato. La ironía es la duda que se le ofrece al dogmático para salir de la cerrazón de su pensamiento. Es apertura a las nuevas posibilidades. Es la contingencia del pensamiento y los límites de la razón. Por eso la ironía surge con Sócrates. Cuando la razón había sufrido un fuerte varapalo con los sofistas que la llevaron al relativismo. No confundir relativismo con escepticismo. El escepticismo necesita de la ironía, porque ella es una forma de duda frente al pensamiento único. El escepticismo no es negación, esto es nihilismo y cinismo, sino búsqueda a partir de la duda. La ironía es el estado mental que nos permite la duda. La ironía es distancia frente a las verdades establecidas. Y ello requiere que no nos tomemos demasiado en serio. El problema es el de la creencia. Ésta otorga seriedad, rigidez, una mirada angosta, pero que pretende ser total y única. La ironía es la actitud que nos vacuna contra esta enfermedad del alma. La ironía es alegría y liberación, por eso Sócrates anda, aunque preocupado por la virtud pública, despreocupado, de todo lo que todo el mundo piensa que es lo importante. Por eso la vida de Sócrates es alegría de vivir. Es el secreto que Buda adquiere también, y no precisamente en el camino de la abstinencia y el ayuno, sino en el de la vida y su disfrute moderado. La ironía nos enseña que nada importa demasiado y que de nada demasiado. Es moderación, alegría, socarronería, complicidad, reconocimiento del límite humano, de nuestra contingencia. Por eso es un antídoto contra el dogmatismo, la creencia y el fanatismo. La ironía requiere del ejercicio de la duda, pero no renuncia a la búsqueda del conocimiento, ni al poder de la razón, aunque sabe de sus límites. Es la actitud que nos lleva a afrontar dignamente la docta ignorancia. Pero insisto en que la ironía nos permite luchar contra el dogmatismo sin renunciar al poder de la razón y a la posibilidad de alcanzar la virtud y cierto grado de conocimiento. El cínico, sobre todo en su versión política y posmoderna, es un dogmático nihilista, que niega la posibilidad de la virtud, la ética y el conocimiento y se instala en la clandestinidad del todo vale. El cínico traspasa la ironía y niega la docta ignorancia. Al admitir el relativismo, admite que todo vale. Se encuentra en una contradicción tremenda. Su defensa del relativismo le lleva al absolutismo del poder. Por ello el mejor ejemplar del cínico es el político, que creyendo que nada es verdad y todo vale, defiende en última instancia que la verdad reside en el poder, por eso, desde su atalaya, se ríe del resto de sus congéneres y los considera ilusos. De ahí que se arrogue el derecho de manipularlos, engañarlos y domesticarlos. Y ese es el peligro que Sócrates vio, y lo entendió como degeneración de la democracia. Por eso introduce su aguijón de tábano, para despertar las conciencias.

No todo es posible, no todo se puede defender. El poder no es la verdad; la retórica y la demagogia dependen del más fuerte, pero el bien de la polis depende del hombre más justo. Y para eso es necesario poner en cuestión al sofista, al político y al poeta que se dedican a engañar al ciudadano con bellos discursos. Sócrates no renuncia a la verdad, ni a la virtud, reconoce su ignorancia; pero ello le impulsa al conocimiento, no al relativismo y el cinismo que de ello se sigue. Y para eso tiene que desenmascarar al poder. Y ese es el ejercicio de la ironía, ejercicio sumamente peligroso; en su caso le cuesta la vida, y, en general, al que la ejerce le cuesta la soledad, la incomprensión y, en definitiva, el ostracismo. Sócrates es un tábano, molesto, pero necesario.

Es imprescindible que el ciudadano salga de ese estado inconsciente y encandilado en el que el poder lo tiene a base del engaño. Por eso la ironía es el aguijón del sabio. La ironía abre una brecha en nuestras certezas y seguridades, nos compromete porque nos hace ver en nuestro interior. Pero siempre se ejerce dulcemente, desde la sonrisa: Sócrates, Buda. Por su parte, el sarcasmo, participa ya, de alguna manera, de la desesperación. Es lo que le ocurrió a la corriente directamente sucesora de Sócrates, los cínicos. Estos desesperan de que se pueda construir una polis justa. A los ciudadanos no se les puede despertar ya con un suave aguijoneo, necesitan del sarcasmo, de la burla brutal, es tal su estado de somnolencia, engaño y autoengaño. Esa es la terapia de los filósofos cínicos, la burla, la agresión intelectual, el escarnio. Pero no porque estos hayan perdido la confianza en la mejora del hombre. Todo lo contrario. Quieren hombres de verdad, no caricaturas, ni marionetas. Por eso los cínicos filósofos desconfían absolutamente del poder, porque el poder corrompe, pero no sólo al poder, sino a los que son manejados por este, porque en definitiva el hombre busca prebendas en el poder, se hace súbdito él solo. De ahí que los filósofos cínicos sean unos escépticos casi nihilistas, en cuanto a la posibilidad de una sociedad justa, solo creen en el hombre en tanto que posibilidad que no debe regirse por la ley de los hombres, sino por la de la naturaleza. Los filósofos cínicos apuestan por el individualismo radical, he aquí su contradicción, el hombre sin sociedad es imposible.

Pero el hombre no es un animal social como las hormigas, sino sociablemente insociable, que diría Kant. Por eso la ironía socrática, como ejercicio del sano escepticismo, es una actitud más realista. Y por eso se encuentra entre el nihilismo al que nos aboca el cinismo del poder y el individualismo, algo exagerado, pero excelente antídoto contra el poder, de los filósofos cínicos.

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Categorías: Soluciones

Autor:Juan Pedro Viñuela Rodríguez

Profesor de ética y filosofía. Autor de Fin de milenio y otros ensayos. Una mirada etica a la tecnociencia y el progreso y Filosofía desde la trinchera. Director del seminario de CTS del IES MELÉNDEZ VALDÉS, y de la revista de ensayos Esbozos.

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18 comentarios en “La ironía como forma de enseñanza”

  1. Francisco Javier
    2 enero 2011 a 11:46 #

    ¡Larga vida a Sócrates! ¡Y también a Buda! (aunque con cuidado). Excelente reflexión, Juan Pedro. Una gran idea la de traer a colación la “ironía”, una actitud cada vez más infrecuente en estos tiempos que corren. Un saludo.

  2. Puri Moral
    2 enero 2011 a 14:21 #

    ¡Saludos! coincido con tu análisis y reivindico el uso de la suave ironía socrática y también cervantina.

  3. 2 enero 2011 a 15:54 #

    Me encanta su publicación! Concuerdo con este análisis.
    Creo que mucho aprenderían nuestros alumnos sobre el lenguaje y sus modos de uso si los introdujeramos a este ejercicio. Pero la ironia requiere de un cierto grado de inteligencia, por lo que se vuelve cada vez más infrecuente.

  4. Ana Belén
    2 enero 2011 a 16:45 #

    Hola!
    Un artículo interesantísimo. Cuánta ironía se hace necesaria en estos tiempos para sacar al ciudadano de su estado de inconsciencia y conformismo, como bien señala el autor. Un saludo a todos y feliz año nuevo!
    (Y que este año comience de una vez el principio del fin de esta nefasta ley educativa que padecemos)

  5. Raus
    2 enero 2011 a 17:12 #

    La ironía ha sido utilizada por grandes pensadores y universales hombres de letras. La ironía, para serlo, ha de ser sutil. Decía Bily Wilder que lo malo de la sutileza es que puede pasar desapercibida. José Antonio Marina no es entusiasta de la ironía, porque, según él, es despistante, ambigua para el que la oye. Alguna vez, al usar la ironía, he sido malinterpretado, en especial cuando la he dicho por escrito. Y hoy, por desgracia, es probable que la mayor parte de los alumnos no fuera capaz de entender ningún pensamiento sutil. Mas nada de todo esto pesa en demérito de la ironía, la cual, expuesta correctamente y ante el interlocutor adecuado, atrapa y deleita el intelecto como pocas otras cosas de este mundo. Gracias, Juan Pedro, por traernos con mano maestra las joyas del pensamiento clásico, siempre actuales en su condición de intemporales.

  6. Ania
    2 enero 2011 a 20:55 #

    Especialmente sabio, en esta ocasión, Juan Pedro.

    Aunque vuestros alumnos cada vez sean más incapaces de captarla…

    ¡¡Ironizad, ironizad, mientras podáis malditos!!

  7. Francisco Javier
    3 enero 2011 a 9:38 #

    El caso de Buda merece especial atención. Ayer mismo aparecía una vez más en Redes nuestro querido Punsett entrevistando a un monje budista, Matthieu Ricard, gran predicador de la felicidad (y biólogo) y por lo visto uno de los seres más felices en este mundo. Como era de esperar salieron todos los tópicos que más de una vez han sido ya discutidos en este blog: importancia de fomentar la compasión, como modo de transformación de este mundo injusto y egoista; descubrimiento de la empatía, como emoción fundamental del ser ético (según Punsett esto es muy nuevo, ¡por lo visto el Cristianismo no ha existido!); pertinencia del budismo en la educación: menos contenidos académicos y más formación de buenas personas, más felices, más plenas, más humanas, más solidarias, más meditativas y hasta más críticas. Yo no sé apenas del budismo, que es una tradición ajena a la cultura en la que he sido formado, pero oyendo estas cosas así dichas, no puedo dejar de tener la imprensión de estar oyendo un discurso bastante vacuo. Pues lo que no percibo en ningún caso es un cuestionamiento de verdad del status quo. No es extraño, pues la idea de transformar el mundo es ajena al budismo. Cuando se insiste en la importancia de desarrollar el sentido cítico en la educación (lo que se hace continuamente). ¿En qué sentido se habla de crítica? ¿Hasta dónde llega la crítica? Palabras y palabras: palabrería. ¿Hasta dónde llega la sonrisa (irónica) de Buda? No le habléis de Comunismo.

  8. Jesús San Martín
    3 enero 2011 a 10:15 #

    Juan Pedro, un artículo redondo, del que sólo podemos felicitarte. Excelente advertencia, casi desconocida, de que alcanzada la iluminación por Buda él rechaza el ascetismo. Hay una conexión artística entre Grecia y el budismo, que quizá conozcas: la representación antropomórfica del buda se da por influencia de las estatuas griegas de sus dioses, vía el contacto de la ruta de la seda; anteriormente el Buda era representado por la higuera (árbol debajo del cual alcanzo el nirvana).

    Francisco Javier, a la muerte de Sakyamuni (el buda histórico) se produjeron dos corrientes, siendo ganadora la proselitista que veías el otro día por televisión. El Buda siempre considero la búsqueda del conocimiento como una actividad individual, además de advertir claramente que él era una persona no un dios, pero a la vista de las representaciones “arbóreas”, en forma de higuera, es evidente que no atendieron a algo tan evidente.

    En el budismo Zen advierten que leer sutras no da la sabiduría, si acaso aumenta tu memoria, es una manera de decir que se tiene o no se tiene, pero no sirve fingirlo, tal como la empatía, la caridad, o cualquier otro comportamiento que quieran indicar, todo ello es lo que se denomina “la creación del acto”. Lo que vengan a decir estos monjes budistas tiene el mismo valor que lo que dicen los curas sobre “El Sermón de la Montaña”: el sabor del chocolate lo conoces cuando lo comes no cuando te lo explican.

    • Francisco Javier
      3 enero 2011 a 12:34 #

      Gracias, Jesús, por tus eruditas observaciones. A mí me no me parecería mal que nuestros alumnos leyesen sutras o que recitasen el catecismo (no hay mucha diferencia): por lo menos leerían algo. Ahora bien, la educación de buenas personas puede ir acompañada de otras enseñanzas morales. Por ejemplo, explicar a los alumnos que si su jefe les explota más de lo necesario, podemos optar por sentir compasión por él, o también organizarse para hacerle la puñeta, adueñarse de su empresa, o (lo cual es muy poco piadoso) tirarle por la ventana si la cosa se pone muy mal.

      Por lo demás, creo que llevas toda la razón, la sabiduría budista tiene mucho de ritual, de práctica repetitiva, y la lectura de manuales de auto-ayuda o los sermones mejor o peor intencionados sirven de poco: en general creo que provocan un plus de jaleo mental a la mente ya de por sí caótica del occidental medio. En absoluto niego la profundidad insondable del budismo y su enorme interés, tan sólo tengo cierta prevención con la recepción del mismo en una cultura tan poco seria como esta, la occidental, a la que hemos llegado -y que es negación de sí misma en todo lo mejor que una vez tuvo.

      • Jesús San Martín
        3 enero 2011 a 12:54 #

        Esas enseñanzas morales de las que hablas, creo, son en esencia lo que han comunicado los sabios y los místicos, desgraciadamente todo pierde su frescura original y se calcifica. No me parece mal tirar por la ventana, Cristo cogió el látigo para expulsar a los mercaderes y si al final viniese y se diese una vuelta por Fátima ¿qué crees tú que haría? Observa lo que se hace ahora en el nombre del socialismo o del liberalismo de Adam Smith, lo arrastran por el fango, sin entrar a discutir si las ideas originales ya han cumplido su labor y no son eficaces en nuestra sociedad. Por eso, como dice Juan, nosotros debemos mantener el dedo en la llaga, o invitar a pasear por el foro como hace Raus, o más claramente, como el nombre DESEDUCATIVOS: quítate toda la doctrina calcificada, sé crítico y piensa por ti mismo.

  9. 4 enero 2011 a 15:30 #

    Desgracciadamente, BIlly wilder lo vio a la perfección: el peligro de la ironía es pasar desapercibida. Cuando la ironía es tan fina como la agudeza de cacumen de quien sea un maestro en su uso, lo habitual es no captarla, como le ocurre a todos esos espectadores que son incapaces de reírse con Buster Keaton porque él nunca lo hace, reír. Luego están los eternos aspirantes a irónicos que no pasan de meros aficionados, como le ocurre a Juan Goytisolo, un ironista de brocha gorda. La escuela inglesa es bastante mejor que la española, para iniciarse en el difícil arte de la sutileza. Recomiendo encarecidamente la “Agudeza y arte de ingenio” de Baltasar Gracián, dos tomos en 4º que ningún ironista profesional puede dejar de leer, si en algo se estima el ejercicio de labor tan poco reconocida. Lo que peor se sobrelleva en el ejercicio de la ironía es la soledad de la incomunicación, porque difícilmente se es irónico, si no es en público; se trata de una practica social, pero poco sociable, a juzgar por las heridas que deja abiertas, a veces, de por vida, porque la ironía, también ha de decirse, es un arma muy agresiva, con efectos deletéreos. Y hablando de heridas, Juan Pedro, el “escarpelo” del que hablas, ¿es la herramienta de ebanistería? Conocía el “escalpelo” del cirujano, pero hasta tu artículo ignoraba que existiera la variante con “r”, que nombra una herramienta propia de los ebanistas. ¡Qué blog tan magnífico! No se lee un artículo del que no saques una enseñanza complementaria, a modo de adehala.

    • Francisco Javier
      4 enero 2011 a 17:12 #

      Añado una recomendación para todos aquellos interesados en las sutilezas de la ironía: el concepto de ironía fue clave en el pensamiento romántico, que lo empleó especulativamente en la filosofía (Fichte), la crítica literaria (F. Schlegel, Solger) y en la poesía (Novalis). Dos genios maravillosos de la ironía: Heine y Hoffmann.

  10. 5 enero 2011 a 16:23 #

    Gracias, amigos, por vuestros enriquecedores comentarios. Interesantes y provechosas esas reflexiones sobre Buda. Habrá que tenerlas en cuenta. Y muy acertadas esas advertencias de que la ironía, en un mundo torpe, puede pasar desapercibida. En verdad eso es algo que vamos notando hace ya un tiempo en la educación. Y, la sociedad en general, tampoco está para muchas ironías. Las cosas no pintan bien para la inteligencia, al menos para la de verdad, para la emocional…no sé… Juan, gracias por tu observación, quise decir escalpelo, pero cometí una falta, al verla e ir a corregirla y anunciarla, me di cuenta de la existencia de ese instrumento y que cuadraba con lo que quería decir, así que ambos aprendimos. Gracias a todos y saludos.

  11. patricia
    5 enero 2011 a 18:43 #

    El ejercicio de la ironía se está perdiendo porque ya nadie capta la sutileza del lenguaje.La ironía es una forma de dejar al poder al desnudo.Cuando uno descubre el poder de las palabras y puede entender su contundencia replicante, cuando ya nada se teme , aparece la ironía como una saeta cuyo destino no se puede truncar.

  12. Francisco Javier
    12 enero 2011 a 15:06 #

    Slavoj Žižek – Capitalistas, sí…, pero zen…

    30 de diciembre de 2009 por Isaías Garde ·
    Archivado en Zizek Slavoj

    http://bibliotecaignoria.blogspot.com/2009/12/slavoj-zizek-capitalistas-si-pero-zen.html

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