Angelitos en el limbo

Antonio Gallego Raus

ESTAR EN BABIA

1

Me cuenta un camionero que a él no le gusta mucho el GPS. Le parece, cómo no, una herramienta útil para viajar, pero dice que, confiándote a él, no sabes por dónde vas, que no acabas nunca de aprender la ruta. Cierto: con él no hace falta prestar mucha atención a las poblaciones por las que pasas ni a los cambios de vía. Esto me recuerda lo que a mí mismo me pasó hace ya años, cuando estudiaba Psicología por la UNED. Para pagarme los estudios, trabajé un año de basurero. (Dicho entre paréntesis: Eran otros tiempos, y nada tenía de extraño que los estudiantes fuésemos a la vendimia o buscásemos algún trabajo de media jornada para pagarnos los estudios. Hoy puede observarse un sano cambio de actitud o de mentalidad en nuestros chicos, quienes, seguramente conmovidos por la miseria de los inmigrantes, les dejan a ellos las labores de temporeros y otros trabajos más o menos duros. Son así de solidarios, tal es la democrática educación que han recibido en hogares y escuelas. Ellos, pobrecitos, se conforman, simplemente, con la asignación diaria y los incontables extras sonsacados a sus papás a base de gruñidos, protestas, morros hinchados y sabrosas imprecaciones. Un cambio de mentalidad notable que, por ser eso, un cambio, hemos de celebrar como un inequívoco signo de progreso. Que ya nos dicen sus nuncios que aquél sólo viene de la mano del cambio. Ese cambio de mentalidad de nuestros estudiantes, consistente en no querer trabajar en penosas labores es, cómo no, un extraordinario avance que nosotros, si no fuésemos tan fachas y retrógrados, celebraríamos por todo lo alto.)

Perdón por el excurso. Retomemos el hilo. Todos los días, durante tres horas o más, recorríamos en camión las calles de un pueblo bastante extenso. Un compañero y yo íbamos atrás, en los estribos del vehículo, colocando y descargando los contenedores. Pasaron por los menos 3 meses y yo no me había aprendido el recorrido. Bastaba, claro está, con que lo supiera el chófer. Por de noche, todas las calles parecían iguales, y más al estar iluminadas por una macilenta luz amarilla que lo homogeneizaba todo. No obstante, el motivo principal de que no lo aprendiera era que no le prestaba ninguna atención, o que fuera muy escasa. Iba pensando en mis cosas, descuidado de si ahora tocaba girar a la izquierda, a la derecha o seguir adelante. Por desgracia, el camionero cayó enfermo y cogió la baja durante una larga temporada. Se contrató a uno nuevo, natural de un pueblo vecino, que, como es lógico, desconocía la ruta. Mi compañero sí la conocía, en parte porque era oriundo de la localidad en cuestión. Durante unos días mi compañero hacía señas al nuevo camionero para indicarle qué debía hacer, dónde girar, dónde parar, etc. Pasé vergüenza. Yo no estaba seguro de qué debía hacer el camionero en cada cruce de calles. Pedí disculpas a mi compañero y le prometí prestar atención a la ruta para aprenderla cuanto antes. Así lo hice y, en cuatro o cinco noches, memoricé el recorrido casi por completo. De ese modo, yo también podía indicarle al chófer qué debía hacer (él nos veía por los retrovisores del camión). En unos días de esfuerzo memorístico intenso aprendí lo que no había conseguido aprender durante varios meses de distracción, varios meses de estar en la inopia.

2

Me cuenta un amigo, profesor de música en su propia academia, que muchos de los padres que llevan allí a sus hijos, se quejan amargamente de que a éstos les mandan muchos deberes para casa. ¿Es así? (Estos padres son de Valencia; lo digo por si la información fuera pertinente.) A mí me extraña. Hace unos años, una asociación de padres de mi pueblo (de Albacete), me encargó estar al frente de un curso en que unos quince críos, tanto de Primaria como de Secundaria, debían hacer los deberes y estudiar. Tenían dos horas, de las 18 a las 20. Digo que me extraña porque la mayoría de los días casi todos los alumnos acababan sus deberes en poco más de una hora u hora y media. Rara vez precisaron las dos. Si esto mismo sucede en Valencia, ¿por qué se quejan tanto los padres que llevan a sus hijos a la academia de mi amigo? Creo saber por qué.

 

LAS PRUEBAS DEL DELITO

1

Los chavales de aquel curso que acabo de mencionar me comunicaron, tras las tres primeras semanas de su comienzo, que sus maestros estaban quejosos conmigo. Les pregunté por qué a los chavales. “Porque, ahora –me contestaron- llevamos los deberes mucho peor hechos que antes del curso”. Me quedé sorprendido, pues en el aula había un buen ambiente de estudio. Había conseguido que uno de los críos de secundaria, insolente e incorregible, se quitara del curso tras hablar con su madre. Ni estudiaba ni dejaba estudiar. Sin él la clase quedó tranquila, al menos la mayor parte de los días. ¿Por qué, ahora, llevaban los deberes peor que antes? Tras meditarlo, caí en la cuenta. “Juanito, dime, ¿tus padres te ayudaban a hacer los deberes antes de venir aquí, a este curso?” “Sí”. Varios compañeros contestaron lo mismo. Ahí estaba la razón. Convoqué a los padres a una reunión y tuve una charla con ellos.

2

Anteayer, Miguel, un conocido con quien me llevo muy bien, me llamó al teléfono. Estaba preocupado por la muy mala marcha de su hijo en los estudios. Ahora cursa 3º de Primaria y le aprueban por los pelos, o por caridad. Yo ya no me dedico profesionalmente a la psicología, pero Miguel quería conocer mi opinión. Al niño sólo lo vi una vez, hace unos años. Aparentemente parecía normal. Le dije a Miguel que antes de nada debíamos conocer el cociente y el perfil intelectuales del niño para descartar cualquier problema de retraso o dificultad de aprendizaje. Debía hablar con la orientadora. Miguel asintió y me dijo que me volvería a llamar más adelante. Antes de despedirnos le pregunté si ellos, los padres, le ayudaban a hacer los deberes. “Sí, todos los días. Hay días que nos lleva varias horas, es agotador. ¿Por qué lo preguntas?” “Ya te lo explicaré, Miguel. Cuando tengas los resultados (si acaso la orientadora se presta a pasarle los tests), llámame.” “De acuerdo, Antonio. Hasta luego y gracias”. “De nada, Miguel. Hasta luego”.

3

Fernando, un amigo, me cuenta cosas de su hijo. Entre otras, que hace los deberes a regañadientes. El niño, a quien sí conozco, tiene 7 años y es espabilado. Sus padres también le ayudan a hacerlos. Le pregunté por qué a Fernando. Me contestó que la madre del crío teme que la maestra ponga en ridículo al niño delante de toda la clase si lleva mal los deberes. Que diga, por ejemplo: “Mirad, niños, este dibujo que veis aquí es lo que no debéis hacer nunca. Fijaos qué mal hecho está…” Comprendo que, si tal miedo atenaza a esa madre, acabe haciéndole el dibujo al hijo, o las cuentas, o lo que sea. Lo comprendo.

4

Hablo con Milagros, una amiga. Le pregunto sobre la cuestión. Me confirma mis temores: cuenta que las madres con las que trata están ocupadísimas con los deberes de sus hijos, que se despiden unas a otras con un “me voy, que tengo que estudiar lo que le mandan al crío”. De hecho, necesitan cada vez más tiempo para estudiar ellas las lecciones del hijo, con tal de poderle ayudar. Me puedo imaginar su agobio.

 

CAUSAS

1

Amigos míos, esto es más serio de lo que parece. Ignoro cuántos son los padres que ayudan a hacer los deberes a sus hijos. O cuántos de ellos se los hacen parcial o totalmente. Me temo que muchos. Lo que sí puedo asegurar es que es un problema que ya otros países occidentales conocen bien, al menos los anglosajones. Su existencia demuestra que no es cierto que los padres se desentiendan de los estudios de sus hijos. De todo hay, por supuesto, pero son bastantes los que, sin duda, dedican mucho tiempo a ellos, incluso aquél que, sencillamente, no les corresponde.

¿Por qué ayudan los padres a sus hijos a hacer los deberes, o por qué, en último extremo, se los hacen? Hay varias razones, ya analizadas en el artículo “Los padres, el peso de una ausencia”. Vuelvo a ellas aquí. Se les ayuda por el hiperproteccionismo reinante, por una concepción mema de la infancia: la concepción de que los niños se frustrarán patológicamente si algo contraviene sus deseos y expectativas, si algo les sale mal. De ahí esta nefasta política de educación subsidiaria presente tanto en las escuelas como en los hogares.

2

Hay más razones. Cuando hablé con Fernando, el padre preocupado por el mal rendimiento académico de su hijo, le dije que hoy muchos padres comparan socialmente a sus retoños con los de sus vecinos, amigos o conocidos. Sí, como quien compara el coche propio con el que tiene el colindante y sólo se queda tranquilo si el suyo es igual o mejor. Ni más ni menos. Fernando me respondió: “No me hables de comparaciones, por favor, no me hables. Estoy hasta el gorro de que las madres se llamen por teléfono unas a otras para enterarse de cómo han salido en los exámenes los chavales…” Así es, por gordo que parezca. Muchos padres, al parecer, no pueden consentir que su hijo lleve mal los deberes a la escuela, como si los deberes también señalaran el estatus social del niño, a semejanza de la ropa y el calzado de marca. Mi hijo no puede ser menos que el del vecino en nada, tampoco en esto de los deberes.

3

Y todo esto es consecuencia de una concepción constructivista de la educación. La ingenua idea de que es el alumno (el niño) quien va construyendo el conocimiento a su ritmo en función de sus naturales necesidades cognitivas y asistido por un guía sutil, contrasta brutalmente con la realidad más palpable. Jamás han sido los niños y alumnos tan heterónomos y dependientes del padre y del maestro como hoy día. En el modelo de enseñanza “centrado en los contenidos” (por emplear la tonta expresión de los pedagogos), es el niño quien lleva a cabo la mayor parte del trabajo, quien se ve obligado a ser independiente. En el modelo “centrado en el alumno”, el alumno es ese rey epulón al que el adulto ha de proteger y servir: ha de hallar la manera de motivarlo (investigación e innovación educativas), ha de encontrar su peculiar forma de aprender (atención a la diversidad), de adaptar el currículo a su (supuesta) capacidad especial (a. c. para acnees.), de hacerle sentir acogido (planes de acogida), de orientación psicopedagógica… Es la hora del niño-alumno asistido y del padre-maestro asistente. Irónicamente, el constructivismo, con su amoroso abrazo de oso hiperproteccionista, aboca al infantilismo perpetuo del discente y a la creación de una escuela ortopédica y asistencial.

 

CONSECUENCIAS

¿Pero tan malo es, acaso, que los padres ayuden a sus hijos a hacer los deberes? ¿No es, en realidad, lo que deben hacer unos padres responsables? Es decir, preocuparse por lo que aprenden sus hijos, por cómo van en tal o cual asignatura, por ver si progresos o retrocesos. Indudablemente, los padres tienen que estar atentos a cómo van sus hijos en los estudios, pero de ahí a hacerles parcial o totalmente los deberes, supervisarlos o corregirlos media un abismo. Esa ayuda es, en realidad, nefasta. Y quiero explicar pormenorizadamente por qué.

Conste, si acaso no estaba claro, que hablo de niños perfectamente normales, sin ningún tipo de discapacidad intelectual ni nada por el estilo. Ni de niños a los que, por su corta edad, haya que enseñarles a leer.

EL MAESTRO

Empecemos con el maestro. Cuando los padres ayudan a sus hijos a hacer los deberes, el maestro va a corregir el trabajo hecho, en parte, por los padres, no por los alumnos. Es exactamente lo que hacían (¿hacen todavía?) con algunos de mis alumnos del curso que he mencionado. Lógicamente, el maestro:

-Creerá que el alumno en cuestión ha entendido y asimilado bien la lección, cuando no es así necesariamente.

-No tendrá adecuada información sobre qué dificultades particulares tiene el alumno (tal alumno en particular o en general), de modo que no verá necesario explicar más o mejor los problemas mal resueltos o no resueltos.

-Vivirá en la inopia, supervisando deberes que ya han sido supervisados, corregidos o hechos por otros adultos.

-Confiado en que la lección ha sido asimilada por sus alumnos, puede estar tentado a pasar a explicar la lección siguiente del programa.

-En vista de que cuantos deberes manda para casa vienen siempre bien resueltos, quizá decida mandar más, o más complejos.

Es decir, los padres, en general, reciben de los centros una información eufemística del rendimiento académico de sus hijos: “progresa adecuadamente” y “promoción automática”; y, al tiempo, los padres se las arreglan para que los maestros reciban una información errónea y despistante de sus alumnos. Cuando yo reuní a los padres de aquel curso les dije que no volvieran a ayudar a sus hijos a hacer los deberes, pues, así, lo que los maestros corregían no eran los deberes de los hijos, sino los de los padres (e hijos). Puesto que los exámenes los harán los niños, no los padres, los deberes deben ser afrontados y hechos por los niños, no por los padres. Esta mutua ocultación o falseamiento del rendimiento del alumno es nefasta para su progreso académico.

Huelga decir que la ayuda que aquí impugno y critico no es aquella en la que el padre o hermano le toma la lección al niño. Por ejemplo: comprobar si el crío se sabe la lista de preposiciones, los ríos de España o lo que sea. No me refiero a ese tipo de ayuda. Me estoy refiriendo a cuando el padre supervisa los deberes del crío y, si detecta un fallo, le obliga a repetirlo. O cuando el padre le explica las cosas al hijo, en especial cuando es de manera constante. O cuando, en última instancia, el propio padre pone ejemplos de cómo hacer algo (un dibujo, por ejemplo), o, por fin, si ese padre acaba haciendo él el ejercicio. Lógicamente, cuanto mayor sea la intervención paterna, peor.

¿Es incluso contraproducente supervisar los ejercicios del niño, aunque sea éste quien lo acabe resolviendo bien? Mi opinión es que sí, que es inapropiado. Ahora lo vemos.

EL ALUMNO

El crío no atiende en clase porque sabe que lo que no entienda bien se lo explicará de nuevo los padres. Tampoco atenderá bien a estos, pues sabe que, en última instancia, los deberes acabarán estando bien, por ser competencia de sus padres. No se verá en el trago de presentar al maestro unos deberes regulares o mal hechos: sabe que salta con red. Como no siente la necesidad de prestar atención de verdad, le pasa lo que a mí me pasó aquel año con el recorrido del camión de la basura: que no asimilará los contenidos de la lección ni a tiros. Lo que no capte en clase, se lo enseñará papá por la tarde. Si los deberes se le atragantan un poco, recurrirá a sus padres para que le resuelvan la papeleta.

¿Por qué digo que es incluso contraproducente supervisar los ejercicios del niño aunque acabe resolviéndolos bien? Porque esa supervisión lo hace ser más vago y perezoso. Él sabe que sus padres no van a permitir que lleve mal los deberes a clase, y se aprovecha. No tiene por qué dar lo máximo de sí: con que preste una ligera atención bastará. Si el resultado no es el correcto, papá-asistente estará ahí para dirigirle, ayudarle, corregirle o, en última instancia, hacerle el trabajo. ¿Es así como se desea forjar la personalidad, inteligencia y autonomía del niño?

Por otro lado, y no menos importante, tenemos las luchas diarias que libran padres e hijos a la hora de hacer los deberes. Remolonean, protestan, gruñen, reniegan. Es natural: ellos saben que cuanto más oposición pongan, más ayuda recibirán de sus condescendientes padres y menos tendrán ellos que esforzarse y atender la lección. Además: ¿por qué habrían de querer hacer un trabajo del que no se les ha hecho responsables? No son ellos quienes se ven obligados a responder por las tareas académicas: son los padres quienes se hacen cargo de la realización y calidad de ellas. Por tanto, es lógico que se muestren renuentes a hacerlas. En realidad, no son sus deberes.

 

CONSTRUCTIVISMO EN EL HOGAR

Lo mismo que ocurre en la mayoría de los centros ocurre en la mayoría de las casas. La misma mema concepción de niño frágil y quebradizo impera en unos y otras. El constructivismo, lejos de dejar que el niño se las apañe por sí solo, que se las vea con el mundo (y no estamos hablando de nada traumático), que madure y crezca, lo que hace, en realidad, es impedir su natural desarrollo volitivo e intelectual. ¿Cómo van a tener una adecuada compresión lectora si jamás se les ha presionado para que presten verdadera atención a lo que se les explica? En su irreverencia de niño-rey, viven en la inopia, ajenos a la realidad, sabedores de que mamá-clueca y papá-clueco estarán ahí para protegerlos del mundo con su plumífero calor, para sacarles las castañas del fuego.

¿Cómo no van a estar quejosos los padres de que sus hijos reciben demasiadas tareas para casa? ¡Si es que son ellos, los solícitos padres, quienes deben aprenderse la lección, guiar, corregir o adecentar el trabajo del chico!

Lo que los padres deben hacer es establecer un horario sensato para realizar los deberes (de tal a tal hora), animar o presionar con firmeza al crío para que los haga, no dejarle salir de la habitación hasta que los remate;  interesarse por cómo van en los estudios. Hablar con sus maestros. Y alentarlos, pero jamás hacerles los deberes. Eso es lo contrario de ayudarles.

Si es usted maestro o profesor no se confíe con que es el alumno quien hace solo los deberes. En muchos casos no es así. Si es usted padre, hágale un favor a su hijo, hágase un favor a usted mismo: deje que sea él quien se responsabilice de sus deberes diarios. O dígame: ¿Quién tendrá que hacer el examen: usted o él?

 

SOBRE EL INFORME PISA Y DEMÁS PISOTONES

Han salido publicados los resultados del Informe Pisa. De nuevo, España colista entre los países desarrollados. No importa, somos la cabecera en fútbol, que es lo que importa. Quien no tiene cabeza, tiene que tener pies.

Varias cosas quiero comentar que me han llamado la atención.

1

Tras publicarse el informe en cuestión, oigo en la radio algunas sesudas interpretaciones del desastre. Uno de los tertulianos (no recuerdo, ni quiero, el nombre del programa) asegura que, según los expertos educativos, no se conocen, en realidad, las variables que hacen posible el éxito (y el fracaso, claro). Parece ser –añade- que la única clara es la valoración que se hace del profesorado. Ah, amigo, no ha dicho usted nada. Claro, cuando el profesor es respetado, el alumno le hace caso. Y si el alumno respeta al profesor es porque, igualmente, respeta a sus padres. No conozco a ningún alumno irrespetuoso con sus profesores que no lo sea también con sus padres. Y quien educa al niño para que respete a sus adultos ¿quién es? Pues el padre. Por tanto, una variable capital (y no digo suficiente), de la que nadie habla (o no me consta) es la relación entre padres e hijos. Si el padre no ha enseñado al hijo a respetarle (al adulto por extensión), todo lo demás está viciado. En fin, de esto ya hable en otro lugar.

2

Leo que los alumnos de Corea del Sur, líder en el Informe Pisa, trabajan 10 horas diarias. Como si lo oyera: alguien objetará que no importa tanto la cantidad de horas de trabajo como la calidad de estas. Falso: la calidad es fruto de la cantidad. Cuanto más te entrenas en algo, mejor eres en ello y más conoces tanto la materia de estudio como tus facultades (potencias y debilidades) para enfrentarte a ella. Y más eficaz acabas siendo con tu método de trabajo. Por cierto, pregunta inocente: ¿En Corea del Sur tienen una escuela constructivista?

3

Los alumnos de Shangái han obtenido resultados sorprendentes. Leo que el 25% de ellos fue capaz de resolver un complejo problema matemático, frente a sólo el 3% de los de OCDE. Hace unas semanas, creo que fue nuestro estimado y sagaz Jesús San Martín, nos previno del avance espectacular de los Chinos (o de los asiáticos) en la lid económica. Yo había oído en el repugnante telediario que en China la dificultad para conseguir plaza universitaria es escalofriante. Los resultados están a la vista. Nada nuevo bajo el sol: “la necesidad es la madre de la ciencia”. Podemos rechazar un modelo tan terriblemente selectivo, pero lo cierto es que ese mismo proceso de selección oriental nos acabará barriendo del mapa. Eso sí que nos va a parecer terrible.

Me parece a mí que sí tenemos claras varias variables del éxito: 1. niños respetuosos con sus adultos (gracias a unos padres que se lo han inculcado). 2. Intenso trabajo y disciplina para los alumnos (lo que no evita, precisamente, el trabajo del maestro).

4

Aquí vivimos en la inopia constructivista, en el limbo, entre los mullidos algodones de la comprensividad igualitarista. En ese mismo repugnante telediario (y da igual el canal y la hora), el secretario de Estado de Educación, Mario Bedera, nos dice (parafraseo) que la diferencia en los resultados viene determinada por la individualización del aprendizaje. Es decir, que se obtienen mejores resultados allá donde se ofrece una enseñanza individualizada, a la carta. Aclarado el misterio. Todo el mundo a dormir tranquilo a su casa. Lo que este señor nos pide es que el alumno reciba más arropamiento constructivista, más apoyos, más refuerzos. Que los maestros se comprometan más, que los padres se esfuercen más, que todos hagamos fuerza por aprendernos la lección: que la aprendamos por el alumno. Sí, porque esta es la desastrosa concepción constructivista que aquí tenemos. La de, hiperprotectores, estar pendientes de todos y cada uno de los actos de nuestros retoños, para ver qué hacen o dejan de hacer (un amigo, padre de dos criaturas, también harto de esta atención paterna cuasi patológica, lo expresó hace poco con un escatológico exabrupto: “¡dejad ya de mirar a los críos, que estáis a ver si se tiran un pedo o se lo dejan de tirar!”), para ver si es o no líder entre los amigos, para ver cómo se relaciona, qué dice, qué hace, a qué juega… Y, por supuesto, una concepción constructivista que, por estar centrada en el alumno, no le quita ojo ni un segundo, lo lleva en volandas, bajo palio de oro, impidiendo que tropiece, que se equivoque, que se vea amonestado por la maestra; que le quiere ahorrar todos los sinsabores de la escuela, de la vida, del mundo. Por eso, esos padres, bienintencionados pero errados hasta la tonsura, ya le adecentan el cuaderno de deberes a su hijo, ya se los hacen. Quizá ya falte menos para que una providencial y definitiva ley ordene que sean los padres quienes vayan a septiembre. Sería el último acto de esta trapisonda que tiene por cabecera lo que sólo debería tener por los pies.

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Categorías: Diagnósticos, Soluciones

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52 comentarios en “Angelitos en el limbo”

  1. 12 diciembre 2010 a 11:29 #

    Me parece muy bien todo lo que aquí se expone pero siempre considero que un joven debe respetar a un adulto si éste le respeta aél y hay muchos profesores que no respetan

    • Francisco Javier
      12 diciembre 2010 a 11:46 #

      He pasado por bastantes centros y no es esa mi experiencia. No hay muchos profesores que no respetan a los alumnos. En primer lugar, porque el perfil del profesor brutal, déspota, etc. es hoy en día muy poco frecuente. Y en segundo, porque la ley no permite este tipo de comportamientos. Cuando hay un conflicto entre alumno y profesor, enseguida media la inspección y el profesor sabe de sobra, que siempre lleva las de perder. Al menos en la pública (eso es lo que yo he palpado), el profesor tiene mucho cuidado y suele medir sus palabras. Y estoy de acuerdo en que si se da el caso de un docente que no respeta a un alumno (le insulta, le pega, etc.) – y hay pruebas fehacientes de que es así-, debe ser inmediatamente llamado al orden y sancionado si es preciso.

    • Jesús San Martín
      12 diciembre 2010 a 15:28 #

      La falta de respeto de un profesor a un alumno no es mayor que la una persona a otra. El respeto, o su carencia, no van unidos a la profesión. Incluso una falta de respeto por un alumno no implicaría que yo se lo faltase a él, por lo que no es conveniente azuzar a un alumno a faltar el respeto porque su profesor no lo mantenga.
      Es conveniente ser cauto con los calificativos: los carga el demonio. Cuando dice “muchos profesores”, qué quiere decir ¿un 70%? ¿un 60%? ¿un 50? ¿acaso un 10%?. El número está muy por debajo de ese 10%, pero aunque fuera un 10% se deduciría que un 90% son respetuosos, mostrando la falsedad de la afirmación “mucho profesores que no respetan”. Si hay profesores que son irrespetuosos, y lo serán porque lo conlleva la persona, habrá que decir: “hay un pequeño grupo de profesores que …” añadiendo todos las descalificaciones pertinentes. De esta manera podremos centrarnos en lo que es importante, y a todos interesa, la educación. El descrédito de la profesión, con calificativos no adecuados, sólo sirve a quienes hacen negocio de la educación.

      • Francisco Javier
        12 diciembre 2010 a 18:30 #

        De verdad, Jesús, te aseguro que faltas de respeto (en la Pública, al menos, que es lo que yo conozco), lo que se dice faltas de respeto (que ahora la población española se ha vuelto de un susceptible que no veas), son muy poco frecuentes. Personalmente yo no sé de ningún caso entre mis colegas que haya habido un incidente de este tipo. Sí he visto, por el contrario, algunos casos (unos cuantos, bastantes) de agresiones de alumnos o de padres furibundos a trabajadores de la enseñanza (y muchas -bastante graves- entre alumnos)-por ejemplo: tirar piedras a profesores a la salida del instituto, insultos graves (tuve un alumno que lo más fino que te decía era “¿qué a tal el finde, profe, de putas?”), pinchazos de ruedas, robos al profesor, tirar tizas u otros objetos (una profesora ya mayorcita de música, me contaron que daba clase parapetada en una barricada de libros para defenderse de los proyectiles que le lanzaban sus alumnos) etc…. (se podría escribir un libro al respecto.) Y lo que sí puedo asegurar es que el respeto por los profesores en general está muy lejos de ser el razonable (se habla, y no es exageración, de violencia de baja intensidad.) Esta falta de respeto está relacionada directamente, como resulta obvio, con el escaso nivel académico de nuestros alumnos.

        En fin, me temo que la idea que subyace a lo de que muchos profesores no respetan es la de “que el profesor debe ganarse el respeto” (idea muy extendida entre el profesorado evangelizado.) ¿Y cómo se gana uno el respeto? Pues siendo guay, con empatía juvenil, no siendo un muermo,… Creo, en la línea de lo que plantea el artículo de Raus, que mucho ganaríamos si le dijésemos a los alumnos: “si tal profesor te aburre, te aguantas y le respetas como Dios manda, que es un adulto, es tu profesor y tú te callas”, pero eso no es democrático, es de fachas, bla-bla-bla.

    • 12 diciembre 2010 a 19:36 #

      Yo creo que no se puede respetar “condicionalmente”. Se debe respetar, y punto. Si no te respetan, debes hacerte respetar, lo que es muy distinto de ser irrespetuoso.

    • 15 diciembre 2010 a 0:53 #

      Querida Hilde:
      Empezaré por felicitarla a usted: es una de las pocas o quizás la primera persona que entra en este foro manteniendo posturas críticas y a la vez teniendo la natural confianza de no esconderse en el anonimato. Habrá comprobado que no somos lobos esteparios que nos comemos cruda a la gente. Por lo demás, su postura es crítica a medias, ya que empieza manifestando su acuerdo y termina con su objeción relativa al respeto. En la línea de las anteriores réplicas, quisiera tranquilizarla y decirle, como profesor que ha pasado por los niveles de EGB (lo que antes era la primaria) y la actual secundaria, que no voy a discutirle que haya profesores que por principio no respetan a los alumnos, pero, por fortuna, eso no es hoy la regla, sino la rarísima excepción. Y aun le diré más: los que se señalan con esa conducta no reciben la aprobación del colectivo. Una de las cosas buenas del paidocentrismo hoy reinante en la enseñanza es que el respeto al alumno es un principio fuera de discusión. Es una cosa lógica y que se cae por su propio peso en un país avanzado. En España el problema viene ahora por el otro lado: primero, porque hemos llevado tan lejos el respeto al niño que lo hemos convertido en una perniciosa intangibilidad (esto está muy próximo a lo que tan certeramente analiza y critica el autor del artículo); segundo, porque los episodios más graves y más frecuentes de falta de respeto se producen en el sentido contrario, es decir, en el de falta del respeto (a veces, brutal) del alumno hacia el profesor, cosa que es, dicho sea de paso, uno de los problemas de la enseñanza de hoy, lo cual no puede decirse en el sentido contrario. Hoy hablaba con una amiga que me contaba que, a otra amiga suya, su hija, de nueve años, le había dicho que si le ponía la mano encima, la denunciaría; hace un par de semanas, oí decir al nada sospechoso juez Emilio Calatayud que es una barbaridad etiquetar como maltratador a un padre que daba una bofetada a su hijo. Del deseable respeto hemos pasado al ultrarrespeto y por ahí se nos están colando desde absurdos como el de esa niña de nueve años hasta algunos monstruos que pegan a sus padres. A falta de buenos resultados, al menos, podremos presumir de que en nuestra escuela no hay ningún niño perseguido por la falta de respeto de sus profesores ni ningún Hans Giebenrath machacado por un sistema inmisericorde. No está mal, pero no debería ser incompatible con un sistema más eficaz y razonable.

  2. Anonimo
    12 diciembre 2010 a 11:29 #

    No se si tendrás razón, pero que gusto dar leer algo bien escrito. Y a mi me ha servido de mucho. Muchas gracias.

    No soy de los que le hacen los deberes, si el niño no los hace, se quedan sin hacer. Como mucho me pregunto por qué hoy nos lo hizo o que tipo de deberes hace con más gusto o en que tiene más problemas.

    No se mucho del mundo de la educación en cuanto a tesis pedagogicas o corrientes de pensamiento o ejercicio, pero como padre con colegial me pregunto una cosa.

    ¿La propia existencia de los deberes en casa es necesaria?, quiero decir, pasan miles de horas en los colegios tantas o mas que yo en el trabajo y yo no me llevo el trabajo a casa. Entonces, pienso si se les manda trabajar en casa será porque se considera que esas horas en el colegio no son suficientes, y entonces ¿por que no son suficientes?, ¿por qué el maestro no puede atender a tanto niño en una clase?, ¿por qué los programas son excesivos y mal planteados?. Puedo entender que la misma idea de “hacer los deberes” es algo que forma parte de la propia educación del crio, pero no acabo de entenderlo.

    Estoy hablando de primaria, instituto y por supuesto universidades entiendo que es ya otra cosa muy distinta. Yo en la universidad no tenia deberes, tenia trabajo que investigar y proyectos que terminar (hablo de la universidad de Aberdeen donde estudié; tal vez aqui por lo que leo de vez en cuando, sea diferente)

    Muchas gracias de nuevo. Y un cordial saludo

  3. Alfredo Amat Osuna
    12 diciembre 2010 a 11:40 #

    He de decirte que me has dejado maravillado con el artículo. Acabo de comprender algo que lo tenía a medio palmo del rostro y no era capaz de comprender.
    Yo tengo dos primos, mellizos, de once años que no consiguen buenas notas y ahora sé porque es.
    Las peleas con sus padres son apoteósicas tarde a tarde. Cuando llega la hora de hacer los deberes llega también la hora de los gritos, de los insultos, de los lloros… Tardan siglos en ”acabar” los deberes. Porque además les mienten y les dicen a sus padres que tienen menos deberes de los que en realidad tienen.
    Para que los acaben, mis tíos tienen que hacer los deberes con ellos y ayudarles en todo. Solos no saben, y ya sé porque es. Mis padres se empeñan en decir que yo les tengo manía a mis primos cuando digo que necesitan más dureza por parte de mis tíos.
    Sinceramente pensaba que eran un poco faltos de capacidad mental, pero ahora veo donde está el problema.

    Una vez vista la causa, incluso conociendo el remedio, lo veo de muy difícil aplicación.
    Imagino la situación en la que yo voy a una casa como las anteriores citadas y les explico a esos padres que lo están haciendo mal, porque no deben ser los que tiran bombas de humo sobre los resultados de su hijo, sino que deben ser los que obliguen a su hijo a hacerse responsable de sus fracasos. Lo considerarían una desfachatez en el mejor de los casos y en el peor saldría perseguido por una escopeta.
    Lo que yo veo es que aun dándose cuenta de la situación y del problema, estos padres no van a cambiar (no todos, supongo que algunos sí, aunque serán minoría) porque sigue venciéndoles su peligroso amor paternal. Además, en mi opinión, ese sector de la sociedad que generalizamos como ”padres” sigue instalado en la España de otras épocas, donde lo más importante en la vida es el honor de la familia y la opinión de terceras personas acerca de su vida, anteponiéndose a lo verdaderamente esencial, que es el crecimiento y la educación de sus hijos

  4. Luzroja
    12 diciembre 2010 a 12:15 #

    A esta realidad que tan bien ha dibujado Antonio en su artículo, hay que añadir un paso más: la forma de evaluar en las escuelas de primaria y en los institutos.

    En todo el tramo de la ESO del instituto de mi localidad, se evalua de la siguiente manera: 60% la nota de los exámenes, 20% el comportamiento y el otro 20% los deberes.

    Ante este panorama, los padres que se enteran de tal medida se lanzan como locos a corregir, hacer los deberes e incluso “pasar a limpio” los cuadernos de sus hijos, porque en ellos se fijará el profesor para obtener ese 20 % de la nota.

    • 13 diciembre 2010 a 0:12 #

      Creo que se referirá al trabajo realizado por el alumno. Este trabajo resume el que ha tenido lugar en el aula y en su casa. Es cierto que, si puntuamos por el trabajo realizado en clase, hay alumnos brillantes que no lo son tanto y alumnos oscuros para los que brilla el trabajo.
      El problema es que los alumnos no atienden ni rinden en clase porque en casa, papi y mami o alguien, les proporcina una base suficiente para poder enfrentarse lo visto en ese día. Quizás el problema sea que los rendimientos esperados de una sesión escolar son muy bajos. O, ¿cómo es posible sintetizar 6 horas en el IES con 3 en casa?
      Este trimestre he cambiado la estrategia de corrección: Me llevo a casa el trabajo de clase y lo califico.¡Qué sorpresas me he llevado! Os animo a hacerlo.
      De todas maneras mi puntuación se reparte en: 50% pruebas, 40% trabajo en clase y 10% comportamiento

  5. 12 diciembre 2010 a 12:56 #

    La “trampa tippex” llamo yo a ese efecto de “aseado” que tanto preocupa a los padres sometidos al imperativo de la competitividad social a través de los hijos, lo que les lleva a suplantarlos, despersonalizarlos y, en última instancia, atrofiarlos, y todo ello sin humillación evidente y con su buen cargamento de piedras infernales de las buenas intenciones. Como maestrillo con su librillo, entre mis “imposiciones” -que les cuestaq comprender y asimilar- esta la prohibición tajante de usar el enmascarador tippex. Conmigo tachan y retachan y vuelven a tachar y a reescribir. Así conocen, con la sombra de la verdad rayada, el nivel exacto de su competencia expresiva. ¿Objetivo de curso? Llegar a la página limpia, si pueden…
    Por otro lado, me gustaría hacer una puntualización sobre un razonamiento. Es cierto que cuanto mayor dedicación a una actividad mejores son los resultados, pero ha de hacerse la salvedad, y la conozco por mi experiencia deportiva, que el entrenamiento excesivo degenera a veces en el sobreentrenamiento, lo que conduce a un agotamiento, un “pasarse de forma”, que nos impide incluso rendir al nivel habitual. Soy del parecer de Zabaleta en sus “Errores celebrados”, cuando, acerca del trabajo intelectual, inicia su discurso diciendo: “Quien quisiere trabajar, descanse”. Es cita que entusiasma, inicialmente, a los alumnos, aunque la continuación ya no es tan de su agrado, porque pone ante sus ojos el absurdo de las “empolladas”, las “velas heroicas” y otras carencias metodológicas que explican a la perfección lo que este articulo ejemplifica: que los alumnos no saben estudiar, ni quieren aprender a hacerlo. No me canso, igualmente, de recomendar el cuento de Clarín “El jornalero”, donde se describe a la perfección la dureza del trabajo intelectual.

  6. Maximiliano Bernabé Guerrero
    12 diciembre 2010 a 13:03 #

    Un gran artículo, como todos los de Antonio Gallego Raus. Me temo, y me apena, que incidir en uno de los meollos de la degradación actual de la enseñanza, la relación entre padres e hijos, va a hacer que estas reflexiones no sean muy populares entre muchos sectores, “progres” y “fachas” por igual. En España, mentar la familia es mentar la bicha, se da por asumido que es el refugio dulce, protector y que marcha muy bien, frente a la frialdad del mundo exterior. Y ay de aquél que ose cuestionar este axioma. Yo, dese hace tiempo, cuando oigo “familia” primero pienso en la acepción siciliana del término: Nuestros cuadernos, los de “nuestro” niño han de ser los mejores. Parece que estamos oyendo a un Michael Corleone elegido para el consejo escolar.

  7. Jesús San Martín
    12 diciembre 2010 a 15:04 #

    ¿Quién dijo: “la inspiración siempre me pilla trabajando”?
    Es una pregunta que deberían contestarse aquellos que duden de la afirmación de Raus: “la calidad es fruto de la cantidad” (de horas de trabajo). La lección más elocuente es ponerse frente a El David, de Miguel Angel, y observar como los estudiantes de bellas artes de desesperan intentando dibujarlo. No pueden ni dibujarlo, y delante de sus ojos lo tienen tallado en piedra.

    De acuerdo, contigo Juan, en que hay que descansar, pero para poder trabajar más, para evitar el agotamiento que tan sabiamente indicas.

    Quizá te gustaría ojear El trabajo intelectual, de Guitton. Fue uno de los dos libros de lectura obligatoria cuando impartí gestión del conocimiento. Te voy a contar una anécdota de los camisas pardas en relación con él. Mis creencias físicas hace tiempo que me llevaron al ateismo, es una convicción como la contraria, a la que respeto profundamente, pues estoy firmemente convencido de que el hombre es un ser profundamente creyente. El libro de Guitton, en el momento que lo recomendé, estaba editado por Rialp, que posteriormente y vía un camisa parda, me enteré que era la editorial del Opus Dei, y eso era razón suficiente para denostar al libro y a mí para acusarme de pertenecer a La Obra (yo, ateo, no agnóstico). Recordé la quema de libros, que tan negros presagios han traído siempre, y la hoguera de Giordano Bruno. La inquisición siempre permanece con distinto nombre, y los inquisidores siempre son los mismos: los depositarios de la verdad absoluta, esos que deciden lo que crees y piensas, aunque sea lo contrario a tus profundas convicciones. Como no pueden derramar palabras derraman sangre.

    He sido bueno, así que voy a pedir a los Reyes Magos de Oriente que me traigan el libro de Zabaleta, aunque teniendo en cuenta el precio del petróleo quizá no me viniese mal el carbón.

    • 12 diciembre 2010 a 16:30 #

      Al respecto siempre recuerdo el elogio interesado que hacía Juan Goytisolo de “Los heterodoxos españoles”, de Menéndez Pelayo, un autor diametralmente opuesto al creador de “La reivindicación del conde don Julián”. Decía de él que era una guía perfecta para saber por quién, de nuestro pasado cultural, tenía que interesarse. Estaba publicado en la BAC, algunos de cuyos volúmenes honran mi librería, por cierto.Tomo nota aplicada del libro de Guiton, a ver si le encuentro un hueco en el zigurat de lecturas pendientes…
      Te agradezco la recomendación.
      ¡Y que yo descubriera el placer por el estudio en tercero de carrera! De ahí me vienen las fuerzas para aspirar al centenariato…, porque, de otro modo, hasta las cenizas me van a oler a ignorancia.

  8. Francisco Javier
    12 diciembre 2010 a 18:46 #

    El aprender las cosas por uno mismo cuanto antes, es sin duda la mejor forma de desarrollar la autonomía. Y cuando se aprende así, es cuando uno en caso de zozobra pide ayuda de verdad: es cuando entra en escena el hermano o la hermana (o padre o vecino), que te explica ese problema de matemáticas que ha podido contigo, o esa frase que se resiste a ser traducida. Pero si te dan las cosas cuasi-masticadas entonces no se tensa la inteligencia, la memoria, la imaginación, nada, …., y cuando llega el día del examen resulta que a pesar de los deberes no hemos asimilado y nos suspenden. Así es. Estupendo, como siempre, un saludo, Raus.

  9. Jesús San Martín
    12 diciembre 2010 a 19:34 #

    Francisco Javier

    Yo tampoco he visto nunca la falta de respeto en un profesor, simplemente quería dejar abierto un número para encerrar el caso excepcional que pueda darse, pero no por ser profesor sino porque una persona irrespetuosa trabaja como profesor. Y con ese número mostrar la contradicción de decir muchos.
    Por otro lado no creo que estemos analizando correctamente la cuestión, porque haber profesores que faltan el respeto a los alumnos los hay y muchos, aunque no de palabra sino de hechos, ellos son:
    1.- Los que no enseñan a los alumnos aquello que pueden aprender.
    2.- Los hipócritas, que defienden el modelo logsiano y llevan a sus hijos a la privada..
    3.- Los cobardes, que callan como rameras ante el desastre que ven.
    .
    .
    .
    La lista es sobradamente conocida entre nosotros y no merece extenderse. Sonia se ha presentado voluntariamente a la lapidación, en el artículo anterior, para mostrar los casos.

    Que el profesor mande callar y todos se callen es democrático, porque esa potestad emana de las leyes del parlamento, parlamento elegido por votación por todos los españoles, bastante más que los presentes en clase. Ya me he visto con algunas de esas maniobras cuando han querido conculcar mis derechos, y la ley está para lo malo y también para lo bueno, creo que el presente de indicativo es:
    Yo me jodo
    Tú te jodes
    Nosotros nos jodemos
    No vale sólo la primera persona del singular. Cada uno tiene sus obligaciones y sus derechos.

    Por lo que respecta a esa autonomía de la que hablas y de pedir ayuda puedo comentarte el caso de mis dos sobrinos. Uno llegó a la conclusión errónea de que podía aprender matemáticas por mi repetición continua, error del que salió el primer día que fue a preguntarme; por el contrario, su hermano venía a preguntarme preguntas específicas sobre problemas muy trabajados y siempre encontraba un hueco para atenderle. El caso que más recuerdo, porque lo comento el primer día de clase es el siguiente: un alumno vino a tutoría porque no sabía calcular “tal cosa”, dime la definición de “tal cosa”, no me la sé, pues vete y cuando te la aprendas vuelves. En tutorías esbozo la solución de los problemas, o resuelvo un paso específico donde se han quedado trabados, los problemas que yo resuelvo les son tan inútiles como pretender que se les quite el hambre con lo que yo como. Hay que tragar mucho agua para aprender a nadar, y cada vez que yo salía de la piscina la rellenaban porque se había quedado a la mitad.

    Raus

    Muy probablemente los angelitos salgan del limbo antes de dos años. Esa falta de cultura por el buen trabajo, de la que hacemos gala, nos la escupe Chapman (que no es Soros pero se le parece bastante) a la cara:

    “There is no changing the culture and attitude of Portugal, Spain, Italy, Greece and Southern France. They are what they are and have been for centuries. They will never have the work ethic of northern Europe and, thus, they will never be competitive.”

    Es un párrafo sacado de

    http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=22367

    donde se analiza nuestra expulsión del euro (que nos expulsen o no, no es relevante, la forma puede cambiar, pero el fondo no). El tiempo lo he puesto yo: dos años, porque en ese tiempo los bancos y cajas de ahorro tienen que renegociar 200.000 millones de euros (algo así como infinito gordo) y dado que si los bancos y cajas prestan al gobierno entonces el gobierno no tiene para prestarles a ellos, y por ahí fuera creo que no nos prestan nada.

    Tus certeras reflexiones, que indican el desastroso estado de la educación como un mero reflejo del estado social, se harán instantánea y desastrosamente evidentes. Son esos momentos en los que algunos pueblos quedan en la cuneta de la Historia, y el triste consuelo de haberlo previsto no nos privará del llanto.

    Espero con ansiedad el 19 de diciembre.

    • Ania
      13 diciembre 2010 a 22:07 #

      Sr. Juan San Martín;

      Me gustaría creer que todo el país pagará por el abandono en que está la educación.

      Me gustaría creer que la frustración y el sufrimiento que vengo arrastrando en este trabajo van a “socializarse”.

      Me gustaría creer que este “pueblo” que desprecia la asignatura de Historia, “quedará en la cuneta “de la misma.

      Me gustaría que todos sufrieran como perros lo que yo he sufrido por todas las veces que he querido dar clase y me han cerrado la boca a puñetazos de censura, de amenaza y de desprecio.

      Me gustaría que los buenos fueran al cielo y los malos al infierno.

      En este momento en que escribo…Justiciera … Presa del rencor…:

      Me gustaría que hubiera un Juicio Final, un 19 de diciembre, un Apocalipsis… now…

      Pero no creo que será así,

      No somos tan importantes,…(no los de Secundaria al menos)…

      La justicia es solo una posibilidad y el Ojo por Ojo una antigua ley del Talión…

      Nuestros alumnos irán aprendiendo lo que les haga falta para sobrevivir,

      Se adaptarán al mundo que viene y aprenderán , a marchas más o menos forzadas lo que necesiten saber.

      Yo seguiré siendo una mediocre profesora en la Secundaria.

      No habrá Ojo por Ojo,

      No habrá Apocalipsis,

      Y será mejor que así sea.

      • una lectora.
        14 diciembre 2010 a 0:36 #

        Amén

    • Jesús San Martín
      14 diciembre 2010 a 9:09 #

      Sí, hoy estás rara Ania, no me refiero sólo al Aaaaaaaaaaa de más abajo, te ha dado por llamarme Juan (cosa que hacía la señora Mari.), Sr. y de usted. Cuando he empezado a leer tu post creía que estabas respondiendo al artículo que estaba acabando ayer, pero luego me he dado cuenta de que todavía no lo he mandado.

      El 19 de diciembre no es el apocalipsis, es el día que sabré si el estado de alarma se prolongará. Mejor sería que no hubiera Apocalipsis, pero lo habrá, y apuesto tableta de choco negro si no te la comes. Raus, como psicólogo, te lo explicará mejor que yo; las tres etapas de negación son: no hay problemas, hay problemas pero no me afectan a mí, tengo problemas pero son pequeños. ¿Te suenan? ¿Quizá de algún político? Las verás en muchas personas durante los dos próximos años.
      Nadie que trabaja con amor desarrollando sus dones es mediocre: es genial. Por el simple hecho de ser persona eres importante y especial, no hay ni ha habido nadie tan singular como tú, eso es válido para todas las personas sin excepción.

      ¿Dónde has visto un árbol sin tronco con muchas ramas? Sin tronco no hay nada, el tronco sois los profesores de secundaria, las raíces los de primaría. Corta las raíces y no habrá tronco, corta el tronco y no habrá ramas, corta las ramas y volverán a crecer.

      • Ania
        14 diciembre 2010 a 17:29 #

        Yo puedo estar rara, Jesús, tú, a veces pelín desabrido.

        El ” Aaaaaaaaaaa!” fué un intento -fallido por lo visto- de plasmar por escrito el alarido de estupor que me produjo la frase de la madre de una de las alumnas de la tutoría de 1º de Bachillerato de Mari Cruz, cuando en la preceptiva reunión aludió a lo mucho que ella: ¡la madre! iba a tener que estudiar debido a la exigencia añadida que Mari Cruz les señalaba iba a suponerles el Bachiller en relación a la ESO. No era a tí, Jesús, sino a Mari Cruz , a quien glosaba.

        Con respecto a a lo del nombre…estoy rodeada de “Juanes.” Y muy queridos por cierto.

        En lo referido al “usted”, pues no te ofendas, que eres un señor mayor que dirige tesis universitarias a licenciados en ingeniería y eso nos impone a muchos: nada que tenga porqué ofenderte. Si te hubiera dicho “señor Jesus, pitoniso” o algo por el estilo…

        Con respecto a las tres etapas de negación te diré que las reconozco , me vienen a la mente imágenes de compañeros del instituto evolucionando -o involucionando tal vez-a su través y me empiezan a subir los furores, así que mejor me planto antes de darme al choco o a algo aún peor.

        No ha estado de más que me recuerdes que soy genial-aunque ya lo sabía-. Lo que no me hace tanta gracia es lo de “ser genial como todas las personas sin excepción”: ¡Ay, ese igualitarismooooo!

        Un abrazo, y no me incites a Raus que también es un pozo de ciencia y escribe muy bién.

      • Jesús San Martín
        14 diciembre 2010 a 18:13 #

        Ania, por dios, no te me enfades que caes muy bien, y estaba bromeando contigo, además espero que me estimes no tanto (porque no es posible), pero casi, como a tus queridos Juanes. Yo de pelín nada, siempre a lo burro, lo de desabrío ¡pufffff! y me quedo corto, y si algo me preocupa es que no me consideren raro porque entonces me acuerdo del rebaño. Me estoy partiendo con lo de señor mayor, aunque es cierto que tengo platino en el pelo, oro en los dientes y plomo en la tripa, o quizá esté bromeando como con la tabla de raíz de siete.
        Sí que eres genial, y pienso lo mismo de cualquier ser humano si se dedica a sus habilidades naturales (lo siento), la verdad es que somos ¡la leche!
        Es más fácil dirigir una tesis que dar una clase: sólo tienes un alumno, está en el despacho y le hablas de lo que te emociona ¿qué más quieres? La educación que das a tu Juan pequeño, a cuántas tesis equivalen.

        Te debo una tableta de choco negro en desagravio, y tú compra un kg de garbanzos, que la deuda está otra vez en máximos históricos y ya no necesito esperarme al 19 de diciembre

        http://www.eleconomista.es/espana/noticias/2674033/12/10/Zapatero-convoca-un-Consejo-extraordinario-para-debatir-la-prorroga-del-estado-de-alarma.html

        (los estados de alarma preventivos son como las guerras preventivas)

        un abrazo

  10. 12 diciembre 2010 a 19:45 #

    Antonio: En primer lugar quiero felicitarte por tu magnífico artículo, continuación, creo, del insuperable “Los padres: el peso de una ausencia”. Yo soy maestro y padre de dos hijos, uno en 6º de Primaria y otro en 4º de la ESO. Incluso para los que vemos desde el interior las miserias del Sistema Educativo, mantener una línea de educación coherente con nuestros propios hijos cuesta un gran esfuerzo. Aunque sé que esto no debe ser ninguna excusa, la desorientación y las contradicciones son continuas. Imagínate para todos aquellos que no acaban de , o no les dejan, ver las consecuencias del modelo de educación que padecemos y me refiero también a la educación familiar. Permíteme que entresaque algunas noticias de la prensa provincial para intentar explicar mi punto de vista. Son las relacionadas con temas de enseñanza, sólo de los dos últimos días. El bombardeo es incesante.
    Diario SUR, 11-12
    Portada y Pág. 7
    El bachillerato por libre, se estrena con un batacazo. EL 97% de las personas que se han presentado a los exámenes ha suspendido.
    …el coordinador provincial resalta que estos exámenes responden a una necesidad de flexibilizar el sistema educativo y dar la oportunidad de ser bachiller a aquellos que algún día fracasaron o simplemente abandonaron la enseñanza reglada por razones diversas.
    Pág. 23
    Tres años de cárcel para la mujer que agredió a una maestra por un bocadillo. La mujer empujó a la docente de su hijo tras enterarse de que el menor no había podido comerse su merienda durante el recreo.
    Pág. 29
    En su columna de opinión, Pedro Aparicio, tras analizar el informe PISA concluye:
    Que nadie se inquiete por el informe PISA; no será ningún estorbo electoral. Esta democracia tan mediática va a darnos la solución. Una medida simple pero eficaz. No consiste en un pacto entre los dos grandes partidos para reformar la educación, ni en dedicar a ésta más recursos, ni en recuperar valores como el esfuerzo, la calidad o el mérito. Consiste en dejar pasar unos días hasta que televisiones, radios y periódicos dediquen su atención a otros asuntos.
    Diario SUR , 12-12
    Portada, Págs. 3 y 4 y editorial
    La difícil tarea de enseñar.
    Los nuevos retos de la educación desbordan a los docentes, que demandan 1.300 maestros más para atender escuelas cada vez más complejas.
    Destaca y analiza estos titulares:
    Déficit de atención y fracaso escolar, Conflictividad en el aula, Reciclaje en tecnología e idiomas, Interculturalidad y NEE.

    Pág. 5
    Los maestros , la clave del sistema finlandés que lidera PISA.
    A esto se suma un sistema que huye de la memorización, inculca entre los menores la solidaridad en clase para que ningún compañero repita y que “da a cada alumno una atención personalizada”, según analizaba el Secretario de Estado Mario Bedera. Un ejemplo para tomar buena nota.
    Pág. 6
    Innovación para motivar. Profesores luchan contra el hastío del alumnado con propuestas originales. El IES… y el CEIP…apuestan por un Club de la Ciencia y el flamenco para ganarse el interés de los estudiantes. Los docentes aseguran que renovar las clases les hace recuperar la ilusión por su profesión. “Cómo hacer jabón en clase y no fracasar en el intento”, “Por qué se corta la leche” o “La percepción del tiempo” son sus últimos proyectos
    Suplemento domingo, Págs.10 y 11
    La tortura coreana. En el sistema educativo con los mejores resultados académicos del mundo, los alumnos hincan los codos 11 horas al día, descansan sólo los domingos y rebosan tecnología.”Los profesores son ogros. Muchos utilizan la tortura Psicológica”, alerta una universitaria.
    La campanada de Shangai. El momento cumbre de este proceso de formación llega con el “gaokao”, la temida selectividad. Antes del examen son frecuentes los suicidios.
    Todo esto es una gota en el Océano de la información periodística española y no digamos de la audiovisual. Tratar de forjarse un criterio propio ante este galimatías se antoja muy dificultoso. Mis disculpas por si no he sabido explicarme con más claridad.

    • Francisco Javier
      12 diciembre 2010 a 22:22 #

      Estimado José Antonio,

      lo que dices es muy interesante y plantea un problema de enorme complejidad. De entrada y sin tiempo ni base como para entrar a fondo, lo que está claro es que los medios masivos de deformación de masas hacen su labor muy bien: deformar aún más la mente caótica de la masa. Conseguir una visión clara y global de los problemas es algo que está al alcance de muy pocos, tal vez es una imposibilidad.

  11. Mari Cruz Gallego
    12 diciembre 2010 a 19:57 #

    Un ejemplo personal: el otro día tuve una reunión con los padres de mi tutoría de 1º de bachillerato. Cuando les comentaba el esfuerzo que sus hijos debían hacer en esta nueva etapa( bla bla bla) todos los padres asentían solemnemente hasta que una madre levantó la mano y con resignación dijo: “Qué remedio, nos tocará ponernos a estudiar duro a nosotras también”.

    • Jesús San Martín
      12 diciembre 2010 a 20:21 #

      Otro ejemplo personal, hoy a medio día. Llamo a una doctoranda reclamándole el trabajo semanal que no me ha llegado, estaba hecho pero se le había olvidado mandármelo, y en ese momento estaba dando clases a su hijo de cálculo (en la universidad). Nos hemos reído y hemos soñado con que pase a segundo donde su madre no pueda darle clases. ¿Pensabais que no sucedía en la universidad?
      Mis sobrinos, de los que he hablado anteriormente, los heredé cuando la matemática se había vuelto tan abstracta que su madre no podía explicársela.
      El único alumno con el que estoy decidido a malgastar todo mi tiempo, porque es muy burro, pero me cae bien, y no siempre, es Jesús San Martín.

    • Ania
      13 diciembre 2010 a 22:37 #

      Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!

      • Ania
        13 diciembre 2010 a 22:39 #

        Mi “aullido” se ha debido al comentario de la amatxu de la tutoría de Mª Jesús

      • Ania
        13 diciembre 2010 a 22:41 #

        De la tutoría de Mari Cruz quería decir: espesa estoy: ¡perdones!

  12. 12 diciembre 2010 a 22:44 #

    Desde pequeño, mi madre, que es maestra, estuvo a mi lado tomándome las lecciones y ayudándome con aquello que yo no entendía. Con los años, poco a poco fue soltándome, y yo me fui soltando también. Esto es como montar en bicicleta o coger la cuchara. Hay que enseñar y después, ir dejando. Inculcar un hábito de estudio y de trabajo en casa es fundamental, sobre todo para que el niño comprenda que su obligación es ir sacando año tras año los estudios. Recuerdo que en octavo, ya tan sólo mi madre me tomaba algunas lecciones que tenía que memorizar, pero sólo para convencerme a mí mismo de que me sabía las cosas. En BUP, ya me manejaba yo solo. ¿Por qué los hijos hoy no son capaces de manejarse solos? Esa es la pregunta. Hay que ayudar pero no hacerles las cosas, porque si no, se acostumbran a quererlo todo ya hecho.

  13. Limbania
    13 diciembre 2010 a 8:47 #

    Estoy de acuerdo con que los padres hoy se pasan de sobreprotectores. Sin embargo, tengo que manifestar mi desacuerdo con parte de lo que se dice en el artículo.
    Tengo tras hijas responsables en la eso y el el colegio.
    Una de ellas, que tenía problemas de obesidad de pequeña, se pasaba en 6º de pimaria toda la tarde haciendo deberes donde la mayor parte del tiempo se dedicaba a copiar los enunciados de los ejercicios (bastantes simplones) y rellenó muchas libretas. Yo le decía que no los copiara, para que tuviera tiempo de corretear un poco, que falta le hacía, pero ella insistía en obedecer a su profesor.
    Otra hija, tambien muy responsable, se quejaba de que el maestro le había mandado ya tres veces los mismos problemas de matemáticas, de un nivel ínfimo y también con copia del enunciado.
    Fijémonos en la asignatura de inglés. Después de rellenar bastantes libretas con ejercicios repetitivos y aburridos a más no poder durante varios años…¿Cuál es el resultado?¿Salen sabiendo inglés los escolares? Me temo que la respuesta es negativa. Por no hablar del escaso nivel de los libros de texto.
    En cuanto a la introducción de los trabajitos y exámenes teóricos en Educación Física, me temo que responde más bien a los deseos de autobombo del colectivo de educadores de gimnasia, más que a una necesidad formativa.
    En definitiva, lo peor de lo peor: mucho tiempo perdido en tareas tediosas, propias de un monje amanuense con poco aporte de conocimiento. Deberes sí, pero no así.

    • Ana Belén
      13 diciembre 2010 a 11:49 #

      Hola,

      pues sin ánimo de molestar no me parece muy correcto que usted le dijera a su hija que no copiara los enunciados si su profesor le mandaba hacerlo. No puede ser bueno que los maestros y profesores remen hacia un lado, los padres hacia otro y los chavales estén en medio. En mi opinión su hija es una alumna trabajadora y, como usted dice, responsable, entonces ¿por qué cuestiona la decisión de su profesor? Que a usted le parezca que copiar un enunciado es un ejercicio inútil es sólo su punto de vista. Aunque le parezca una pérdida de tiempo, copiar un simple enunciado favorece algo tan importante como la comprensión escrita y contribuye a mejorar la ortografía, un aspecto muy descuidado actualmente y que sólo se puede mejorar leyendo y escribiendo. No copiar un enunciado es, en mi opinión insisto, una manifestación más de la vagancia que inunda los colegios e institutos y es un mal hábito que se coge en Primaria.

    • Jesús San Martín
      14 diciembre 2010 a 12:17 #

      ¿Ha intentado comprender la solución de un problema de matemáticas cuyo enunciado no esté presente?
      En otra entrada comenté que basta prolongar los lados de un triangulo y trazar una línea paralela a uno de los lados por un vértice del triángulo para demostrar que sus ángulos suman 180 grados. ¿Le parece trivial? A todos los profesores de matemáticas que leen el blog les resulta evidente, a los demás lo dudo (alguno estará cogiendo el papel y el lápiz). Lo que para usted tiene un nivel ínfimo no lo tiene para su hija, no crea que el maestro no sabe lo que se hace.
      Coja el queso de bola, córtelo de arriba abajo y tendrá dos pedazos, repita la operación con un segundo corte de arriba abajo y tendrá cuatro pedazos. Dé usted un tercer corte y consiga ocho pedazos, no seis, y si no lo consigue castigada a la esquina hasta que la vea (la esquina)

  14. Raus
    13 diciembre 2010 a 14:01 #

    Estimados amigos: gracias a todos por vuestras palabras y aportaciones. Es mi intención escribir un artículo que verse sobre cuál debe ser el papel de los padres en los centros escolares, cuestión planteada hace un par de meses por Mariano. Ayudado e inspirado en las observaciones, reflexiones e información que aquí habéis dejado, compondré dicho artículo, en el cual intentaré contestaros a todos. Haré lo posible para publicarlo cuanto antes.

    Un abrazo a todos.

  15. Limbania
    13 diciembre 2010 a 14:04 #

    Lo de copiar o no copiar los enunciados no es lo importante, que la niña los copiaba (a mi pesar por el tema de su salud) y no quiero que mi mensaje se diluya por ahí. Lo importante es que seamos un poco críticos los docentes (yo también lo soy) y nos planteemos la relevancia de las tareas que mandamos. Es decir, qué le aportan a los alumnos.
    Mi queja viene porque muchas veces se evalúa la tarea y no el resultado. Como en el caso del inglés que comenté: después de bastantes cursos, montón de libretas rellenas , tres horas de clase a la semana los alumnos (aprobados) no saben decir ni mú si los pillas por sorpresa. Los trabajitos y exámenes teóricos de educación física son una expresión de “esta-asignatura-no-va -a-ser menos”. Muchos profesores aprueban por trabajos a sabiendas de que esos trabajos no han dejado huella.
    Aprender es árduo y así ha sido siempre y así será.
    Pero una cosa es eso y otra fingir que se enseña y fingir que se aprende a través de tareas repetitivas , carentes de nivel o mecánicas, como son muchas de las actividades que proponen los libros de texto.
    Repito: la cuestión básica es qué le aportan esas tareas a los educandos. Seamos sinceros, en bastantes ocasiones muy poco.

  16. 13 diciembre 2010 a 17:07 #

    Vale, pues en otro momento en que tenga mas tiempo y ganas te enumeraré lo que yo considero faltar al respeto que a lo mejor no es lo mismo que suele considerarse. Para mi un trato discriminatorio es una falta de respeto, por ejemplo. Y echar a un alumno de clases durante un mes obligándole a permanecer en el pasillo, también

  17. 13 diciembre 2010 a 17:18 #

    También os quiero decir que esos padres de los cuales hablais que ayudan a sus hijos a hacer los deberes seguramente ellosno tuvieron ninguna ayuda así que algo falla en vuestro razonamiento. Ellos no tuvieron ayuda y los profesores en su época eran represivos, pegaban,te obligaban a estar de rodillas y esto ya en parvulario….

  18. 13 diciembre 2010 a 17:18 #

    También os quiero decir que esos padres de los cuales hablais que ayudan a sus hijos a hacer los deberes seguramente ellos no tuvieron ninguna ayuda así que algo falla en vuestro razonamiento. Ellos no tuvieron ayuda y los profesores en su época eran represivos, pegaban,te obligaban a estar de rodillas y esto ya en parvulario….

    • Raus
      13 diciembre 2010 a 19:05 #

      Señora hilde2008, por razones obvias me siento aludido o interpelado por usted. Para empezar, le diré que cualquier maestro que falte el respeto a sus alumnos debe ser apercibido por quien corresponda. Hace poco, un amigo me aseguró que la maestra de uno de sus hijos se dedicaba a poner motes a los alumnos. Obviamente, esto es intolerable. Y si condenable es esto, condenables son cualesquiera otras formas de castigar desproporcionada e injustamente al alumno, tanto si hablamos del presente como si hablamos del pasado. Lo que molesta de sus palabras, señora, es que afirme que “muchos” profesores faltan el respeto a sus alumnos. Lógicamente, el colectivo de profesores puede sentirse agraviado (yo no soy docente). Imagine usted que alguien afirmase que “muchas madres faltan el respeto a sus hijos”. Sería una acusación que habría que probar. Las generalizaciones que no encierran ofensa para nadie pueden emitirse sin riesgo de que nadie pida explicaciones y pruebas, pero no así las que sí la encierran.

      Ahora bien, la principal cuestión tratada en este artículo es otra, a saber: el hecho de que los padres estudien los temas del chico, supervisen, corrijan, adecenten o, en última instancia, le hagan los deberes. Esta es la práctica que yo denuncio y critico con mayor o menor acierto. Y entiendo que es nefasta por muchas razones. Es más: creo que es a ojos vista nefasta.

      Usted dice que en algo fallará mi argumento si tenemos en cuenta que los padres que hoy ayudan (de la manera descrita) a sus hijos no recibieron ayuda de los suyos y, además, tuvieron profesores represivos. Francamente, no veo la conexión. El hecho de que antes los profesores fueran, según usted, represivos, no significa, en absoluto, que no ayudar a los hijos sea académicamente malo. Si capto bien su intención, diría que usted piensa que todas las prácticas pedagógicas propias de una época escolar represiva son malas, así, en bloque. Algo parecido a condenar la clase magistral arguyendo que la utilizaban los maestros en el franquismo. En tal caso, también sería mala (represiva) la práctica de enseñar a leer a los alumnos: en tiempos del franquismo también se les enseñaba a leer.

      Por lo demás, disiento de usted cuando afirma así, por las bravas, que “los profesores en su época eran represivos, pegaban,te obligaban a estar de rodillas y esto ya en parvulario…” Aquí ni siquiera se ha molestado en matizar o moderar la generalización con el uso de algún cuantificador indefinido (algunos, muchos, bastantes…), sino que mete a todo el colectivo de docentes en el saco de los represores. De los diez o doce maestros que tuve en la infancia, uno era represivo. Me truncó los estudios. Poca estima tengo a los maestros represivos. Pero de ahí a acusar en bloque, como usted lo hace, media un abismo.

  19. 13 diciembre 2010 a 17:29 #

    Enhorabuena, Antonio. Estoy absolutamente de acuerdo con lo que dices. Tiene esto que ver con lo que muchas veces hemos señalado, la ausencia de la educación de la voluntad. De lo que se trata es de forjar esa voluntad que las pseudociencias de la psicopedagogía han perdido en su afán cientificista. Los padres son sobreprotectores y producen debilidad en los hijos, debilidad que dura toda la vida. Porque la voluntad es fruto de la virtud, que es fuerza y, por ello, como bien has señalado, requiere esfuerzo. El niño, con su esfuerzo reconocerá sus límites y sus capacidades se desarrollarán, llegará tan lejos que él ni lo sospechaba. Ahora bien, con la ayuda, se atrincherará en la vagancia, la pereza, el vicio natural del hombre, que la psicopedagogía constructivista quiere potenciar. El esfuerzo es la madre de la virtud. Y ello supone el ejercicio continuado de una tarea y que ello se convierta en hábito. Cuando el trabajo es un hábito, no se puede vivir sin él. Y es en el trabajo donde nos viene la inspiración, que decía Einstein y ya se ha señalado. O como nos decía un profesor de historia en octavo de EGB, “el talento, señores, está en el culo, en ser capaz de estar ocho horas seguidas estudiando.” Esta frase de un profesor en un momento adecuado ha sido directriz en mi vida. Hay más sabiduría y sentido común aquí que en todos los planes de apoyo, refuerzo y no sé qué más de la LOGSE… Y lo que venía a decir dicho profesor, seco, huraño y serio, pero sabio, es que el valor es el esfuerzo. Y nada hay sin esfuerzo, aun siendo todos distintos. El esfuerzo nos garantiza poder llegar a donde podemos llegar, pero nunca eliminará las diferencias. Por eso, otro mal de nuestra enseñanza es el aburrimiento del inteligente. Éste tiende a amoldarse al sistema, incluso sufre las burlas de los compañeros. Es un tema importante éste que debería ser tratado aquí. Por eso el nivel de excelencia en nuestras aulas es mínimo. El sistema educativo favorece la mediocridad y la convivencia con el compañero discrimina al mejor, al esforzado, responsable e inteligente. Éste resulta hoy en día ser objeto de burla, y esto es muy grave. Saludos.

    • Raus
      13 diciembre 2010 a 19:15 #

      Gracias, Juan Pedro. Muchas son las aportaciones importantes que se han hecho aquí. La cuestión de la voluntad (de su agostamiento) también lo es. La trataré en el próximo escrito. Llevas toda la razón: la voluntad es hija del esfuerzo, como lo es la responsabilidad o el talento (lo cual no significa que sólo cuente el entrenamiento y el esfuerzo. También cuentan las dotes naturales de cada cual, pero éstas necesitan cultivarse para llegar a sazón).
      Saludos.

    • Bolboreta
      14 diciembre 2010 a 8:59 #

      “el talento, señores, está en el culo, en ser capaz de estar ocho horas seguidas estudiando.”
      Al leer esta frase me has recordado una semejante que decía uno de mis profesores en BUP. La denominada las tres “ces”: Cabeza, Codos, y Culo.

      • Ana Belén
        14 diciembre 2010 a 17:56 #

        Ya me había encantado la frase del maestro de Juan Pedro, pero esta también es buenísima. ¡Las tres ces!
        O tempora, o mores!

        Un saludo a todos y mis felicitaciones a Raus por su artículo, que se me había olvidado comentarlo.

    • Raus
      14 diciembre 2010 a 18:00 #

      Gracias, Ana Belén.
      Saludos.

  20. Jesús San Martín
    13 diciembre 2010 a 17:38 #

    Estoy con una compañera en la universidad y me acaba de comentar la nueva matemática pastelera. La forma de saber cuantos pedazos de tarta quedan, tras comerse dos Anita y tres Juanito, es colorear los comidos y contar los no coloreados. Según mi amiga les ha dicho, pero melones basta de gastar “rotu” y a contar, respuesta: no nos lo han enseñado.

    • 13 diciembre 2010 a 20:35 #

      Toda esta caricaturesca historia lúdico-pedagógica es una metáfora de la sinrazón de las sandeces habituales que se venden como grandes innovaciones didácticas y sólo son eso, sandeces.

  21. Francisco Javier
    14 diciembre 2010 a 9:10 #

    Leo aquí y allá (por última vez) declaraciones de nuestros burócratas y especialistas de la educación (a raíz de PISA) y me pregunto: ¿para qué sirven estos informes en un país como este? Siendo optimista podría decir que para nada. Pero no es así: son contraproducentes. Tal vez, en otros lugares, sirva para reflexionar, corregir ciertas deficiciencias, no lo sé. Lo que sí sé es que aquí, en España, el nivel de soberbia, de autoritarismo, de desverguenza, de impunidad, es de tales dimensiones, que el efecto es, como digo, contraproducente: excita las locuras, potencia las tendencias destructivas, enmaraña el diálogo hasta hacerlo literalmente imposible, hace que los que mandan y ordenan radicalicen sus errores perennes (al fin y al cabo se trata de un negocio y hay que defenderlo como sea, aunque haya que emplear las técnicas más viles y dañinas para la sociedad, para los gobernados.) De los gestores y especialistas la locura se desparrama entre el pueblo, lo cual es esencial para el mantenimiento de los intereses de aquéllos y desde el pueblo asciende a la política en un ciclo absurdo y sin fin. Creo que aunque los resultados (del PISA) hubiesen sido todavía mucho peores, hubiésemos asistido a la misma escena siniestra. Lo dicho: contraproducente.

  22. 15 diciembre 2010 a 1:37 #

    Antonio, no sé si voluntaria o involuntariamente, le estás dando la razón a Zapatero cuando dijo aquello de que la culpa del fracaso educativo la tenían los padres: ya está claro: ¡son ellos los que hacen mal los deberes! En consecuencia, lo que dices medio en coña de que acabarán yendo a los exámenes de septiembre no es sino lo que deberían hacer si fueran coherentes. Ya en serio:
    1.- Lo queramos o no, lo que los tiempos nos mandan a los profesores es que también ejerzamos de tales con los padres. Una cosa que yo les he dicho siempre a esas mamás que se me aprenden los pronombres mejor que sus hijos es que lo que tienen que hacer ellas es obligar a sus hijos a estudiar y a enfrentarse con el desentrañamiento del saber, no estudiar ellas. Otra, esa tan útil que aconsejas de que les hagan un horario a sus hijos, porque eso ayuda mucho a organizarse.
    2.- Desde hace ya bastantes años, tengo observado que lo que hacen los chicos en casa apenas vale para nada: ¿cuál puede ser la razón de que un niño que en clase apenas es capaz de construir dos frases correctas, luego, si le mandas trabajos hechos en casas, te traiga unos primores dignos de Santo Tomás? Cualquiera puede adivinarla. Consecuencia: todo lo que puedo, lo evalúo a través de ejercicios puestos en clase, comentarios, exámenes, lo que sea: lo que viene de casa ya está bajo sospecha. Consecuencia: cuando los alumnos perciben que el sistema es este, se dedican a trabajar en serio, y así es como aprenden. Es una fórmula viejísima que habrá sido discutida por los pedagogos, pero que sigue siendo avlada por la experiencia y ya sabes el refrán: si la experiencia va al pedagogo o el pedagogo a la experiencia, malo para el pedagogo.

    • Raus
      15 diciembre 2010 a 6:17 #

      Te juro, Pablo, que, si se la he dado, ha sido involuntariamente. El médico me tiene prohibido escuchar a Zapatero (sin querer lo oigo, pero no lo escucho nunca). Vaya usted a saber a qué se refería el presi al decir eso. Lo que yo sí sé es que él no tiene mucho control sobre sus rollizas niñas. Supongo que ellas, ante la histórica foto, le recordaron al augusto papi lo del talante y lo de la tolerancia y él, consecuente como es, dio su bendición a los estrafalarios atuendos. Aunque también es posible que pensase para sí: “esta es la “gótíka” que colma el vaso (de mi talante)”.
      Sabio eres al evaluar cuanto puedes en clase: tal es el panorama que tenemos. Francamente, no atino a entender cómo hay maestros o profesores que no perciben algo raro entre el nivel del ejercicio hecho en el aula y el “hecho en casa” de muchos alumnos.

    • Jesús San Martín
      15 diciembre 2010 a 7:42 #

      Muy bueno Pablo. La ironía va tener que ser nuestra arma, y nuestra medicina reirnos, sanamente, de nosotros y nuestras circunstancias.

  23. Francisco Javier
    5 febrero 2011 a 12:45 #

    Ayer vi casualmente que había bastantes vídeos de Inger Enkvist colgados en youtube. A propósito del “constructivismo” esto es lo que dice:

    • 5 febrero 2011 a 13:13 #

      Muy útil vídeo en el que sintéticamente se ponen en cuestión dos disparates de “la deconstrucción de la educación”: el constructivismo y la escuela comprensiva.

      Muchas gracias, Francisco Javier.

  24. Francisco Javier
    5 febrero 2011 a 12:55 #

    Añado un vídeo más de Mario Bunge (un deseducativo a tener en cuenta, un buen amigo), en el que se expresa con claridad meridiana sobre el CONSTRUCTIVISMO-RELATIVISMO.

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