La Historia ha muerto


David López Sandoval

Cuando hablamos de la muerte de ciertas disciplinas -las lenguas clásicas, la Filosofía, la Literatura-, generalmente olvidamos que todo comenzó con aquella quijada de asno que se hundió en el cráneo de la Historia y que, ya cadáver, la transformó en Ciencias Sociales. La asnada, que ya viene de la Primaria, donde aparece integrada en algo que recibe el difuso nombre de Conocimiento del Medio, alcanza en la Secundaria y el Bachillerato proporciones apocalípticas. En la taifa murciana que por ahora me paga el sueldo, por ejemplo, los planes de estudio de la disciplina abarcan ese brumoso reino de fantasía que va de la Historia Universal y Regional, pasando por la Geografía física, política y económica, hasta la Historia de España; ocurriendo al final que los cráneos previligiados que han perpetrado el crimen someten a los alumnos a un cacao maravillao tan aberrante e inasumible que termina siendo, no solo odiado, sino automáticamente olvidado. La esotérica, la demencial lógica que guía dichos currículos provoca además que el estudiante tenga noticia de la Antigüedad o la Edad Media únicamente durante el primer ciclo de la ESO, que en 4º y en 1º de Bachillerato el programa, centrado en las épocas Moderna y Contemporánea, sea casi idéntico, y que en tan solo un curso -el último de Bachillerato- se imparta la totalidad de la Historia de España, desde Atapuerca a la actualidad.

A la Historia la han matado, no por menoscabo de horas, como ha ocurrido con otras asignaturas, sino por colapso, como sucedió en su día con la Literatura. La Historia, en su dudosa condición de ciencia social, soporta desde hace años el hedor de un mejunje en el que se intenta maridar lo geográfico con lo artístico, lo económico con lo climatológico, lo estadístico con lo medioambiental. Y, por si esto no fuera suficiente, se ha talado sin pudor alguno el tronco que la erguía, el de la Antigüedad y de la Edad Media, relegando su estudio a niveles demasiado prematuros -cuando se supone que se puede pasar aún de puntillas sobre ciertos temas que, en el caso de Hispanistán, pondrían en grave peligro la versión oficial de lo que somos-, sacrificándolo en pro de esa suerte de adanismo que procura la exclusividad de lo contemporáneo. Al matar a la Historia, han acabado también con el resto de materias que requieren un conocimiento histórico previo.

Pero lo cierto es que lo que debería inquietarme de este panorama no logra siquiera sorprenderme. Ya estoy curado de espanto, pues donde antaño viera estulticia, hogaño me he acostumbrado a apreciar la omnipresente voluntad de transformar la sociedad desde la enseñanza; propósito este, por otra parte, que jamás ningún factótum de la reforma ha tenido la vergüenza torera de ocultar. En esta labor de ingeniería que dura ya más de veinte años, la Historia, una de las principales sacrificadas, ha sido la línea de flotación, el punto débil de una presa más importante, muchísimo más peligrosa: las Humanidades, concebidas estas como un conjunto de disciplinas cuyos frutos, en las mentes aún moldeables de los discentes, pueden escapar, ay, al control del Gran Hermano. Y es que, muertas las Humanidades, ya nada podrá provocar los primeros destellos de pensamiento crítico, por mucho que tal sintagma se haya convertido en el mantra preferido de la reforma. El móvil es obvio y ya lo apuntaba Hayek cuando mencionaba la especial tirria que los totalitarismos han tenido siempre a cualquier disciplina que fuera proclive al debate, a la crítica o al mero comentario, y de la que además no se esperase ninguna aplicación social consciente, sino que incluso pudiera causar placer estético, curiosidad improductiva, “decadente” satisfacción. Que una Literatura, por ejemplo, anime a la actividad espontánea, y aun pueda ofrecer frutos absolutamente imprevisibles, es algo inaceptable para un régimen que aspira a fiscalizar hasta el papel higiénico que usamos. Así que, muerto el perro, se acabó la crítica.

Y el perro, insisto, son las Letras de toda la vida, convertidas ahora, no solo en ese itinerario basura donde dan con sus huesos la mayoría de los alumnos que terminan renqueando la ESO o que vienen rebotados de una FP cada vez más colapsada, sino en el último recurso que posee la LOE -antes la LOGSE- para salvar el culo y maquillar las estadísticas -ya de por sí descorazonadoras- del fracaso escolar.

Uno de los muros contra los que solemos estrellarnos los profesores de Literatura es el escaso, ridículo, inexistente bagaje histórico que poseen los alumnos. Dicho de otro modo: la mayoría de los estudiantes no tienen ni puñetera idea de Historia, ni de España ni de Europa. Esto hace muy difícil, casi imposible, impartir clases de Literatura con un mínimo de rigor. Cuando les pregunto si conocen qué ocurrió en algunas fechas importantes, quiénes fueron Copérnico o Miguel Primo de Rivera, cuánto duró el Imperio Romano o la Segunda Guerra Mundial, la mayoría, en sus ratos buenos, suele encogerse de hombros, y, cuando está algo insoportable, acostumbra a soltar alguna barbaridad digna de antología. Observo sus rostros de seres recién traídos a la adolescencia y me inquieto al pensar que su ignorancia, en el fondo, no es más que una extraña bendición, pues les libera de todo vínculo con la realidad.

Por este budismo de Estado transitan hoy las nuevas generaciones de hispanistaníes, llenos a rebosar de ese ruido informativo que es la nada elevada a la décima potencia. Y no saben, pobrecitos, que esa realidad histórica a la que no sienten ningún apego -crisis económica y política mediante- está a punto de propinarles la mayor y más dolorosa paliza de sus cortas vidas.

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Categorías: Diagnósticos

Autor:David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura. Administrador del blog.

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26 comentarios en “La Historia ha muerto”

  1. 2 diciembre 2010 a 11:14 #

    Un brillante artículo. A esto se añade la desconfianza de los logsólogos hacia la transmisión del conocimiento, que consideran reaccionaria desde su credo constructivista. Borrar el pasado es la mejor manera de crear el Hombre Nuevo, votante conformista y subvencionado, al que aspiran estos miserables revolucionarios de salón, que disfrutan, empero, de todas las prebendas del capitalismo opresor.
    Saludos.

  2. 2 diciembre 2010 a 11:14 #

    Con permiso, le enlazo y le cito.

  3. 2 diciembre 2010 a 16:09 #

    David, ocurre que un artículo como éste se me pasa por la cabeza desde hace mucho tiempo en todos los principios de curso. Afronto nuevamente la tarea de explicar el desarrollo de la cultura occidental desde su emplazamiento inicial en las ciudades jonias del VII a.C. hasta el descalabro de las Guerras mundiales. Veo el campo de operaciones y cómo se despliega ante los ojos la línea de la Historia. Sé que mis alumnos no pueden ubicarse de ninguno de los modos, que les voy a hablar de tierras y tiempos en un lenguaje que oirán como el que oye noruego, que no me entenderán cuando les dibuje a Pericles, cuando les cite a San Pablo, cuando me ponga barroco, ilustrado o romántico. Será como el teatro del absurdo.
    Y sigo año tras año en la inútil tarea, sabiendo que ellos no tienen la culpa. No puedo ponerlos a parir. Desde que eran pequeños se ha hecho todo lo posible para que no sepan nada. Para que no puedan situarse de ninguna de las formas. Para que sean de ningún lado, y sólo puedan ir hacia ninguna parte. El viaje hacia ninguna parte. La basura ésta que algunos llaman “educación”.

  4. Raus
    2 diciembre 2010 a 19:04 #

    Excelente, David. Es cierto, vivimos en el aire, sin raíces. La negación de la historia ha servido para crear el molde de ese Hombre Nuevo de que habla José Miguel. A lo cual hay que unir el mito de la tabla rasa, según la cual el ser humano carece de naturaleza, de instintos, de inclinaciones. Lo que quiere esta caterva de necios es una página en blanco para escribir en ella sin estorbos, con total libertad, los principios y dogmas de su propio régimen despótico. Para imponer a los demás la forma de pensar y actuar “correcta”. Los niños, como dice Antonio, nada entenderán, nada entienden. Están condenados a vivir en una presente amnésico, demencial: en un presente sin pasado, ajenos al hecho de que la civilización es el resultado final de una evolución (historia) cuajada tesoros y miserias, de avances y retrocesos, de aciertos y errores. Acabarán creyendo, pobres, que los móviles se crían solos en las estanterías del Corte Inglés.

  5. Gerardo Mora Rubio
    2 diciembre 2010 a 19:27 #

    Enhorabuena, fantástico artículo que resume muy bien los que nos dedicamos a impartir Historia. Un saludo de un compañero.

  6. 2 diciembre 2010 a 20:09 #

    Soberbio artículo, David. A este paso vais a conseguir que los más simples consigamos comprender la situación. Para satisfacer mi curiosidad, en mi completa ignorancia, he buscado por la red y encontrado algún argumento expuesto por Hayek en su obra “Camino de servidumbre” (1944)acerca de la inviabilidad del socialismo desde un punto de vista económico y, en un plano más filosófico y político, su incompatibilidad con la libertad individual cuando afirma,que “necesariamente lleva al establecimiento de un régimen totalitario, ya que los que llegarían al poder serían los peores elementos de la sociedad”. ¿En quién estaría pensando?

  7. Maximiliano Bernabé Guerrero
    3 diciembre 2010 a 8:53 #

    La lectura de este soberbio artículo me ha hecho pensar en mis tiempos de estudiante, en 3º de BUP, curso 1988-89. La semilla del mal estaba plantada antes de 1990, como bien ha dicho David en otros artículos. A pesar de que, en general, tuve muy buenos profesores, hubo excepciones, que hoy comprendo. Aquel curso, en la asignatura Historia de España (Prehistoria- Década de 1980, con un par…) nos tocó una profesora que empezó diciendo que lo importante de la Historia eran los intercambios económicos y la bonancibilidad del clima, no las batallitas ni los reyes. Lo de bonancibilidad lo decía todos los días 3 o 4 veces, y se me quedó grabado. Decía que la Historia no era tan importante y, por ello, nos pasamos el primer trimestre rellenando mapas de la Península Ibérica (Ay del que dijera España) con los afluentes de los principales ríos. Decía que los libros no eran tan importantes, y nos controlaba los cuadernos en los que teníamos que escribir unos resúmenes primorosos. A mí siempre me ha gustado mucho la Historia, aquéllo lo aborrecía, pero como era facilito, sacaba Sobresaliente. No obstante, la tomó conmigo porque, a pesar de que mi caligrafía era legible, siempre tuve mala letra, y una afición, que me dura todavía, a hacer dibujitos en los márgenes. A pesar de que estaba obligada, por los hechos objetivos, a ponerme buena nota, en cada cuaderno, en cada examen, me escribía cosas como “Escribiendo así y con cuadernos tan sucios nunca llegarás a nada”. Literalmente. Y, amigos, puede que no se haya equivocado. Supongo que esta mujer habrá disfrutado mucho en los tiempos que vinieron después.

  8. 3 diciembre 2010 a 9:13 #

    No estoy de acuerdo en que la historia haya muerto, simplemente se ha ampliado. Sí comparto el desatino de dividir el temario como dices, debería darse una edad en cada curso de la ESO y con una mirada que englobase la historia política, socioeconómica y cultural.

  9. 3 diciembre 2010 a 9:33 #

    Excelente reflexión, David. Esto es algo, que como Antonio, me planteo continuamente. Tus reflexiones han dado una forma más clara a mis ideas. La dimensión histórica en la enseñanza está abandonada por conveniencia de la ideología del poder. El conocimiento del pasado nos lleva a la posibilidad de un pensamiento crítico y disidente. El Pasado es entendido casi como una justificación de nuestro presente paradisíaco. Si no conocemos el pasado, nuestras raíces, no podemos proyectar el futuro. Y, como sabemos, el objetivo fundamental de la educación es la adaptabilidad, no la capacidad de transformación de la realidad. Por eso, el pasado no interesa. O, interesa, mejor, de forma falseada. Si queremos individuos felices y adaptables, como señala Raus., es necesario que sean ignorantes de su pasado y que su mente, desde el conductismo y el constructivismo, sea concebida como una tabula rasa. Gran error y, sobre todo, gran engaño manipulador. Con ello, los teóricos de la educación, quieren convertir a ésta en un experimento de ingeniería social al mejor modo orwelliano.

  10. Jesús San Martín
    3 diciembre 2010 a 12:10 #

    Os dejo la lista de las Diez Estrategias de Manipulación que se realizan a través de los medios de comunicación masiva, que elaboró Noam Chomsky

    Observad como técnicas números 5,6,7 y 8 encajan perfectamente en el proceso de manipulación tantas veces advertido en este foro: veréis a Punset y a la secta, al vaciado de contenidos y a la pauperización de la enseñanza, a los esclavos defendiendo a los esclavistas. El resto de las técnicas son ahora muy frecuentes con la crisis.

    1. La estrategia de la distracción

    El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a la granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

    2. Crear problemas y después ofrecer soluciones

    Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
    3. La estrategia de la gradualidad

    Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.
    4. La estrategia de diferir

    Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.
    5. Dirigirse al público como a criaturas de poca edad

    La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.

    6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión

    Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
    7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad

    Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.
    8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad

    Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…
    9. Reforzar la autoculpabilidad

    Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!
    10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen

    En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

    • Francisco Javier
      3 diciembre 2010 a 21:23 #

      Muy inteligente lo que dice Chomsky. Un texto que debería ser leído y releído en la clase de esa asignatura tan bonita que es “Educación para la ciudadanía”. No sé si todavía serán capaces de entender algo así, pero al menos ya que está esa asignatura (por llamarla de algún modo) que sirva para algo. Me ha parecido muy acertado (como todo lo que dices) que nos hayas regalado esta maravilla. Gracias, Jesús.

  11. 3 diciembre 2010 a 12:36 #

    Gracias a todos por vuestros comentarios. A ver si puedo responder con un poco más de tiempo.

    Una pregunta rápida, sin embargo, para Eduideas: ¿qué significa eso de que la historia “se ha ampliado”?. Me lo explique.

    Un saludo.

  12. 3 diciembre 2010 a 13:25 #

    Todas las asignaturas con sustancia se han ido devaluando en los diseños curriculares.

    Como muy bien señala David, la Literatura y la Historia se han ido diluyendo en un magma más difuso e inasible. Es el odio al conocimiento, a la cultura, al saber, a la memoria, a la tradición. Es uno de los corolarios inevitables de la Pedagogía, tal como ésta se ha introducido en el sistema educativo español.

    Las Sociales ya fueron un invento de la EGB de la ley 70. Una presunta modernez, como la intoxicación de monemas y lexemas y la postergación de los dictados y de la gramática normativa, poco innovadores para los tecnócratas opusdeístas de aquella época. Luego llegaron los de la LOGSE, con el “Conocimiento del medio”, “cono” para los amigos, que diluye conocimientos científicos, sociales e históricos en la nada, aderezada con las particularidades de cada Comunidad Autónomo. Formación del espíritu nacional, o nacionalista. O necionalista. Un monstruo, un bodrio, una vía hacia el adoctrinamiento necio y la necedad institucionalizada. La propia Iglesia Católica ya se había puesto al día, suprimiendo el estudio de la Historia Sagrada, en un país donde se lee poco la Biblia, por la insustancialidad que se enseña desde entonces, auténtico precedente de los temas transversales, de las ciudadanías y de lo políticamente correcto.

    De esta forma, los estudiantes pierden todos los referentes que les permiten interpretar el mundo, entender de verdad el contexto en el que se mueven (no el estúpido “entorno” de los pedagogos), carecen de conocimientos, que como son propios de una escuela memorística, tradicional y academicista, por supuesto que hay que eliminar, triutrar y erradicar y sustituir por competencias, juegos e innovaciones curriculares, que deberán evaluarse en relación con los objetivos, tan innovadores ellos, del currículum oficial. Así sale luego lo que sale.

    Estas constataciones nos llevan a reafirmar que la crítica al actual currículum, que se sufre desde la primaria en adelante, no es cuestión de vindicar sólo una materia mutilada o en peligro de extinición, por grace que sea este asunto. Es preciso cuestionarse todo el plan de estudios en su globalidad, en su concepción empobrecedora y analfabetoide, en su insoportable levedad y en una visión de conjunto que nos permite ver una ramplona, muy insuficiente y pobretona enseñanza, meta siempre perseguida, aunque no sea explícitamente, por esa infame turba de pedagogos y los cómplices desertores de la tiza, que tanto daño llevan haciendo a la escuela en España sin que nadie les ponga freno y se decida a dar valor a lo que realmente tiene valor. Sólo un giro copernicano nos haría cambiar este desolador panorama. Y no parece que los tiros vayan por ahí. Por lo menos en las agendas de los que cortan el bacalao y en las intenciones de los que aspiran a cortarlo o tienen posibilidades de ello.

    • Jesús San Martín
      3 diciembre 2010 a 14:50 #

      Mariano, lo centras perfectamente con la frase “los estudiantes pierden todos los referentes que les permiten interpretar el mundo, entender de verdad el contexto en el que se mueven”. Porque para entender ese contexto debemos hacer la síntesis de muchos conocimientos individuales, que no se nos pueden dar precocinados y empaquetados en un popurrí como ahora hacen con la asignatura de historia. El médico debe conocer el funcionamiento integrado del cuerpo, pero para lograrlo estudia por separado diferentes materias, hasta que finalmente puede abstraerlo como un todo. Da lo mismo hablar de historia, de medicina, de física o de matemáticas, el proceso es el mismo. Esta pedagogía me recuerda a las tortillas congeladas y envueltas en plástico que hay en las tiendas; uno puede pelar las patas, freírlas, batir los huevos, mezclarlo todo y ponerlo en la sartén con mucho tiento, proceso lento claro está, o introducir la pseudotortilla en el microondas, rápido donde lo haya. Cada cual que se responda qué clase de tortilla come y quiere que sus hijos coman, pero no vamos a conseguir sibaritas (ciudadanos críticos no manipulables) con la plasti_tortilla.

  13. Francisco Javier
    3 diciembre 2010 a 13:52 #

    Al Neoliberalismo no le interesa nada la historia, que no forma parte de sus planes de exterminio. En el final de la historia, una vez culminado su proceso dialéctico e inmersos en el mejor de los mundos posibles. ¿qué interés puede tener ya la historia? De lo que se trata es de crear un inmenso rebaño de seres dóciles, “competentes” y dispuestos a desfilar felices hacia su propio holocausto. La historia potencia la autoconciencia, el sentido crítico y cierta tristeza, que es justamente lo que hay que proscribir. Las pasiones tristes deberían ser prohibidas. Un individuo triste consume menos (imperdonable), genera gastos (consultas psiquiátricas) y trabaja peor (genera menos plusvalía.)

    La educación es un filón extraordinario (¡un gran descubrimiento!). Se trata de un sector estratégico vital para los intereses del Capital-Estado y el modelo tradicional con sus humanidades y sus métodos obsoletos resulta inoperante y no se adapta bien al “futuro” -pieza clave en el mecanismo psicológico de autoinmolación del rebaño. Y es tan interesante por una doble razón:

    1) En primer lugar es un mercado excelente para el negocio de las nuevas tecnologías: la venta de computadoras, pizarras digitales, software educativo y todo tipo de electrodomésticos cibernéticos -todo ello unido a los inmensos beneficios que las empresas de mantenimiento generan-, ¡qué gran negocio!

    2) Y más importante: las instituciones educativas son un medio ideal para formar al rebaño en la religión del Capital , para dar forma al rebaño. En este proceso el Capital-Estado ha encontrado un aliado perfecto en el Biopoder psico-pedagógico, que celebra cada nueva conquista.

    En el nuevo espacio de juego así definido (fin de la historia, sociedad postmoderna) es perfectamente lógico, que la historia no tenga ninguna relevancia. Al fin y al cabo, con unos poquísimos historiadores es más que suficiente para cubrir las necesidades de los archivos y bibliotecas. ¿Para qué historiadores? ¿Para acabar impartiendo un saber muerto en las aulas de un instituto a unos alumnos a los que este saber les importa cero y que además no les sirve para nada?

    Pero algunos se niegan a creer y ofrecen resistencia. Yo aplaudo a todos aquellos que se niegan a creer, que se ríen a carcajadas de la parafernalia posmoderna, que practican el sabotaje, que son unos verdaderos irresponsables, que disfrutan como niños con todo aquello que no sirve absolutamente para nada, que practican la ironía y el insulto contra los siniestros, que son unos verdaderos inútiles. Y muy en especial aplaudo a todos aquellos incorregibles docentes del Medievo, que se entusiasman por la historia.

    • Francisco Javier
      3 diciembre 2010 a 19:39 #

      Y se me ha olvidado felicitar al autor por tan estupendo artículo (que abre un nuevo tema). Gracias, David.

  14. 3 diciembre 2010 a 15:23 #

    Hablando de colapso, la sobrecarga de asignaturas va también en esa línea. En secundaria, 6 asignaturas diferentes cada día, 6 profesores diferentes, todos mandando tareas y trabajos a tutiplen…
    Y la puntilla la han puesto con asignaturas como la educación física, donde ahora también hacen exámenes escritos y trabajos… consumiendo un tiempo muy precioso que deberían dedicar a otras asignaturas (lo siento por los profesores de EF, pero que los chavales dejen de trabajar las matemáticas por que tienen que hacer un trabajo de Educación Física es demencial).

    Me ha encantado el artículo.

    • Erasmo
      5 diciembre 2010 a 18:41 #

      Esta es una consecuencia de esa chorrada lamentable que es el designio curricular. Muchas miniasignaturas que no van a ninguna parte para que el alumno se motive y no se aburra. Al final no se aprende nada ni se estudia nada. Todo se trivializa.

  15. Raus
    3 diciembre 2010 a 18:37 #

    Creo que viene a pelo que coloque aquí las reflexiones de una profesora de historia que me remitió un amigo al correo.
    De nuevo, copio y pego:

    El síndrome Belén Esteban
    Como profesora, las preguntas de los alumnos que más me cuesta responder convincentemente son sobre porqué hay que estudiar cosas que a ellos les parecen inútiles o absurdas, como la Historia o la Geografía. Yo tengo claro qué me aportan a mí, pero de todas las razones que hay para estudiar estas cosas, yo les hago hincapié en lo necesarias que son estas disciplinas para comprender el mundo en el que viven: las coordenadas de espacio y tiempo, que al fin y al cabo son las que tratan la Geografía y la Historia , nos ayudan a conocer el sitio que ocupamos en el mundo y a comprender de dónde vienen todas nuestras realidades. Que todo eso les puede parecer ajeno y absurdo, pero que muchas de las cosas que estudian tienen que ver con su vida real y que, quieran o no, les afectan.

    Por ejemplo, ¿quieres saber por qué tienes a tu lado a un compañero que viene de Ecuador? ¿por qué habla el mismo idioma que tú? ¿quieres entender por qué un señor, por nacer con el apellido Borbón, va a ser “rey” y el Estado Español le va a dar mucha pasta (que vendrá de los impuestos que tú pagues de mayor)? ¿por qué lo que digan unos señores europeos en Bruselas va a repercutir – y mucho – en tu vida? Todo eso es geografía. Todo eso es Historia.

    Algunos entienden qué quiero decir, otros no. Yo no llevo mal las preguntas, las protestas… son críos. Es normal. Donde me desarman del todo y me dejan sin respuestas es cuando me dicen que todo eso les da igual. Que para qué quieren saber dónde está Marruecos, si no van a ir nunca. Para qué conocer el tipo de elecciones que hay en España, si ellos no tienen la intención de votar jamás. Que les resbala que haya una guerra en Irak, que media África se esté muriendo de hambre o que la Unión Europea diga “bla”. Si ni siquiera les interesa eso, imaginaos lo complicado que me resulta hacer que se interesen por lo que hacían señores de hace cinco siglos, por muy apasionante que yo intente pintarlo.

    Y, Lo que llevo peor con diferencia, es esa actitud de orgullo con el que exhiben su ignorancia y su cortedad de miras. Esa actitud de “no sirve para nada, no me interesa. Eso que cuentas y a lo que dedicas tu vida es una mierda. Yo quiero jugar a la Play / irme de compras al Centro Comercial y ya”. La tienen conmigo, que enseño Historia, pero también que los profes de lengua, de biología, de matemáticas. El desprecio por los libros, por el Arte, por la Cultura , por las Ciencias… no es algo tan raro, y puede conmigo.

    Últimamente esa actitud está más de moda que nunca. Tenemos una perfecta encarnación en la dichosa Belén Esteban, que no sabe nada, no quiere saber nada y se jacta de ello. La mala educación, la zafiedad y la ignorancia puestos en un pedestal día tras día. Todo el mundo la aplaude porque ella es “auténtica” (signifique lo que signifique eso). Conozco a mucha gente a la que le gusta ver a la Esteban y es curioso, porque hay toda clase de personas entre su público. Entre ellos, los que más me llaman la atención son dos tipos: la gente que tiene (o cree que tiene) más educación que ella y la ve como un divertimento, incluso algunos como un consuelo (yo soy mejor que ella), o los que son como ella, que han visto como la ignorancia y la mala educación también te pueden hacer triunfar en la vida y que hay que sentirse orgulloso de ello. Eso me da miedo: que se extienda y que sirva de ejemplo a más bobos, que opinen que el no saber nada es estupendo. Que el presumir de ser zafio e inculto se convierta en políticamente correcto y sea bien visto.

    “Eh, que yo no quiero ayuda de nadie, que no necesito ayuda, leche” dice la Esteban en un momento de estos cuatro minutos de despropósitos. “Como yo no he pillado esa revolución -la industrial- tres narices me importa”- un argumento que podría haber empleado uno de mis peores alumnos.

    En fin… lo grande es que estoy convencida de que la mayor parte del público (y muchos de los de las mesas) no tenían ni idea de que la chica estaba metiendo la zarpa hasta el fondo y más allá y reían y aplaudían porque lo decía el regidor.

    Entendedme: yo no critico a la gente que no sabe. Yo no sé mucho de tantísimas cosas… tampoco creo que tenga que ser motivo de vergüenza el no haber estudiado, el no hablar correctamente o el tener lagunas de conocimiento. Lo que me revienta es la actitud contraria, la exhibición con orgullo de la ignorancia y el menosprecio a cualquier cosa que huela a sapiencia. Me duele el desprecio a la educación, en todos sus sentidos. Me duele… y me da una pena que me muero.
    La ignorancia…..es tan atrevida!!!

    VIDEO BELEN ESTEBAN

    • Jesús San Martín
      3 diciembre 2010 a 20:18 #

      Una de “peros” (no es el masculino de peras, como podría pensar la a-Ida)

      Te puede importar un carajo, pero eso no impide que te afecte. Te puede ser indiferente la localización de Marruecos y su religión, pero como es vecino habrá inmigración y sus creencias religiosas y costumbres serán distintas. Tampoco te importará la historia, pero si lo hiciese sabrías anticiparte a los problemas que te va a traer la inmigración del país vecino en una época de profunda crisis. Tú quieres ser como “La Belén”, pero un mamarracho hace gracia, dos aburren. Los técnicos siempre encuentran trabajo, pero “La Belén” acabará así

      http://es.tv.yahoo.com/blog/article/64687/page-7/erika-eleniak-del-baador-rojo-al-chndal-de-terciopelo.html

      No te importará la literatura, pero si lo hiciese habrías leído

      “Los molinos del tiempo muelen despacio, pero muelen muy fino”

      ¿Sabes lo que significa fino? Pues ahora tienes una buena oportunidad de ver a los molinos del tiempo, y no han hecho más que empezar, pero, y este pero lo pongo yo, no me eches a mí la culpa de tus decisiones.

    • 3 diciembre 2010 a 21:02 #

      Y el cáncer de lo que comentáis sobre el desapego por el saber está absolutamente extendido desde edades tempranas. ¡Cómo desprecian cuanto ignoran! Cada día se regodean orgullosamente en su propia ignorancia, aún más cuando descubren que me llevan los demonios. Por cierto, todos imitan a la perfección a Belén Esteban cuando dice aquello del pollo o “Yo, por mi hija,…”. A la perfección.

    • 6 diciembre 2010 a 9:39 #

      He pasado por la experiencia traumática de ver el vídeo que adjuntas. Tengo para mí que alguien, alguna ONG, alguna Asociación de mujeres maltratadas o el propio fiscal motu proprio deberia tomar la iniciativa para denunciar por degradación intolerable, por abuso esclavista y por inhumanidad a los creadores (y cómplices) de lo que acabo de ver. ¡Ah, Solana, Goya, vuestro pueblo sigue intacto, inmodificable, genéticamente puro!

      • Francisco Javier
        6 diciembre 2010 a 10:26 #

        No es este para nada el único caso en el que en la TV se expone a un friki para regocijo de la chusma. Lo del código ético en los medios de masas -como muestra este vídeo- no funciona. Y la educación es la primera que se resiente de esta degradación tan poderosa. Confío en que no se trate de genética, porque si es así habrá que ir pensando en emigrar.

  16. Francisco Javier
    3 diciembre 2010 a 19:37 #

    Me ha encantado la reflexión de esta profesora de historia. A pesar de que uno acaba recubriéndose con una coraza para no resultar herido, a mi todavía me sigue doliendo en el alma cuando mis alumnos dicen alguna bestialidad contra mi amado Bach. ¡Qué le vamos a hacer! Un saludo, Antonio (y gracias por compartir estas reflexiones tan acertadas.)

    • Raus
      3 diciembre 2010 a 19:47 #

      De nada, Francisco Javier. Muy acertadas, es verdad. Me gustaron mucho cuando las leí, y creo que aquí han encajado a la perfección.
      Creo que Bach es el músico que más me gusta. Es perfecto.

Trackbacks/Pingbacks

  1. Slaps 2010/12/09 | Qmunty - 22 diciembre 2010

    […] La historia ha muerto. Sobre la farsa de la inteligencia emocional. […]

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