La farsa de la inteligencia emocional en la educación

 

Juan Pedro Viñuela Rodríguez

Sólo el sabio es libre y, comparado con él, un rey es un esclavo. Porque la libertad es el derecho a actuar con independencia, la esclavitud una privación del actuar independientemente.

Zenón. En Diógenes Laercio

Leo una entrevista a la escritora y filósofa Elsa Punset. Siento discrepar de la señora Punset que, junto con muchos otros, la casta de los políticos y psicopedagogos, que se autoproclaman los nuevos redentores a través de un saber científico que, ahora sí, al ser tal, garantiza el fin de los males de la educación, creen que han dado con la piedra angular de la educación. Nada más y nada menos que la inteligencia emocional. Creo que estos señores están muy equivocados. Primero creen descubrir el Mediterráneo, segundo confían en la ciencia como en una religión y, tercero, no plantean ninguna posibilidad de transformación y cambio social, sino que se pliegan a la adaptación; es decir, sumisión y obediencia al orden establecido. Analizo someramente estas tres cuestiones.

Digo que estos psicopedagogos creen descubrir nuevas cosas, cuando en realidad son conocidas desde los inicios de la ciencia y la filosofía, desde la Grecia clásica. Elsa Punset, que es filósofa, lo debería saber. En los sofistas, Sócrates y Platón está muy claro lo que ella dice. Y, si no, que recuerde, un poco, la teoría del aprender y del amor en Platón. Que relea, el Fedón, el Banquete y el Fedro. Me explico. Se ha puesto muy de moda, en concreto de la mano del divulgador científico Eduardo Punset, el asunto de la inteligencia emocional y la aplicación de la misma a la educación. Todo arranca de la obra, de hace unos doce o trece años, de Goleman, Inteligencia emocional. La tesis fundamental, que en gran parte comparto, es que la inteligencia en occidente ha sido identificada con la inteligencia lógico matemática. Siendo los modelos de genios el del científico. Pero, curiosamente, en muchos de los casos, estos eran unos inadaptados sociales; es decir, que habrían fracasado socialmente. Y esto sería así porque su inteligencia emocional, la base de las relaciones sociales, habría fracasado por diversos motivos. Lo que posteriormente intenta demostrar Goleman desde la neurofisiología y en parte lo consigue, y los estudios de entonces hacia acá lo siguen confirmando, es que nuestras facultades cognitivas superiores, las que tienen su sede en los lóbulos frontales, están relacionadas, a través de redes neuronales (para ello habría que introducir aquí el concepto de red neuronal y el de la teoría modular del cerebro) con el sistema límbico, que es el que regula nuestras emociones.

Efectivamente, todo esto es cierto. No hay razonamiento sin emoción. Nuestra vida es, fundamentalmente, emocional y pasional. Es un error que viene desde Aristóteles, como ya he dicho aquí -y en esto no siguió a su maestro Platón- considerar al hombre como un animal racional. Esta definición, unida al triunfo de las ciencias naturales basadas en el método hipotético deductivo y matemático dio lugar a una definición reduccionista de inteligencia y esta quedó relegada a la inteligencia lógico matemática. Pero esto ha sido un terrible error. La actividad científico técnica ha sido entendida desde la inteligencia, pero no así la actividad artística, la vida en grupo, la estabilidad emocional, la acción política, etc. Y, sobre todo, la acción ética. Por supuesto que la inteligencia es emocional y que emociones, sentimiento y razón son inseparables. Ya lo decía Platón cuando distinguía tres partes en el alma que son inseparables: dos emocionales -la irascible y la concupiscible- y una racional que dirige a las otras dos. Nuestra inteligencia es racional, pero es la razón la que dirige a las emociones. Por seguir el símil de Kant, estas, por sí mismas son ciegas, mientras que la razón sola está vacía. Pero la cosa queda bien clara en la teoría del amor de Platón y su definición de filosofía. El amor es la búsqueda, un impulso, un rapto, una emoción, de lo que no se tiene. Un deseo. Deseamos lo que no tenemos. El amor es búsqueda. Es algo dinámico que nos impulsa, una pasión. La filosofía es, en su etimología, el amor de la sabiduría, el amor de la verdad, del conocimiento, del bien y de la belleza. Es decir, el filósofo, todo hombre en algún momento, busca lo que no tiene. Y lo que no tiene es sabiduría. No sabe lo que es la verdad, ni el bien, ni la belleza, ni la justicia. No las posee, y como no las posee, pues las desea. La filosofía es dialéctica, como el amor. Va de lo concreto a lo universal. El amor quiere la belleza de un cuerpo bello. La búsqueda de la belleza (el saber de ella) le impulsa (deseo, amor, enamoramiento) a poseer el cuerpo que participa de la belleza. Pero este es el primer escalón del conocimiento de la belleza. El amor, al proceder dialécticamente, va de lo particular a lo universal. Es decir, de la contemplación de la belleza en un cuerpo bello a la contemplación de la belleza de las leyes de la ciencia y, por último, la justicia de la polis. Pero, claro, para proceder dialécticamente necesitamos de la guía de la facultad racional del alma, los lóbulos frontales. Existe un mecanismo de feed-back entre las emociones y la razón y este se expresa en las redes neuronales que van desde el sistema límbico a los lóbulos frontales del neocortes. Y la educación, la filosofía, la dialéctica, todo es lo mismo, consiste en que la razón sea capaz de domar a las emociones, no a su eliminación. Y esto es lo que Platón nos demuestra al unir su teoría del aprender con su teoría del amor y su teoría de la educación del ciudadano. Y todo esto, que olvidó la razón instrumental científica, lo sabían muy bien los clásicos, los sofistas, Sócrates y Platón.

Los sofistas enseñan por medio de la retórica, que es el arte del discurso que consiste en convencer de algo, independientemente de la verdad de ese algo. Los sofistas piensan que la verdad es relativa, por eso no intentan hablar a la razón, no creen en ella. Les pasa como a los políticos actuales y a los pseudocientíficos de la psicopedagogía, por eso dirigen su discurso a las pasiones. Lo que nos hace cambiar de opinión son nuestras emociones. Pero, claro, las emociones, las pasiones, son las que nos esclavizan, mientras que la razón domina (domestica) las pasiones, no elimina, digo, porque el dominio de la pasión es precisamente la virtud. Por eso la razón nos hace libres. Y por eso el conocimiento es un camino hacia la libertad, que va desde el individuo a la sociedad y de la sociedad al individuo. Los sofistas, al dirigir su discurso sólo a las pasiones, convierten la democracia en demagogia y a los ciudadanos en súbditos. Ese es el peligro que ven Sócrates y Platón. Por eso Sócrates se declara ignorante, sólo sé que no sé nada, y entonces (teoría del amor platónica) necesito de la verdad. La búsqueda de la verdad es mi pasión, dirá Sócrates, pero no me dejo convencer por el discurso retórico que habla a las emociones, sino que utilizo el diálogo, la razón. Analizo desde la razón lo que se me dice. Y así educo y domino mis pasiones. La educación es el dominio de las pasiones por medio del conocimiento y, por supuesto, de la educación de la voluntad.

Otra de las cosas importantes que han olvidado los psicopedagogos, algo que, como no es observable, se les ha traspapelado en su pseudosaber. La voluntad es el querer o no querer. No somos libres de esto, son las emociones con las que hemos nacido por dotación genética. Ahora bien, sí somos libres de hacer o no hacer lo que queremos o deseamos, y en esto consiste la educación de la voluntad. Las teorías de la psicopedagogía, basadas en el constructivismo, mera filosofía idealista, sin ninguna base en las neurociencias -por eso la psicopedagogía es un gazpacho de teorías inconexas y contradictorias- han olvidado el tema de la voluntad.

En consecuencia, nada nuevo bajo el sol. Solo retórica recubierta de mito científico. Y esta es la segunda cuestión a tratar. En las palabras de Punset se trasluce que hay una identificación entre ciencia y verdad. Pero, ¡por dios!, esto es un error elemental, que no les permitiría a mis alumnos de bachillerato. En esta identificación se basa el cientificismo, esto es, la conversión de la ciencia en religión e ideología. ¿Por qué será que los psicopedagogos suelen cometer este error?, ¿por qué siempre quieren sostener la verdad de su discurso en el supuesto hecho de que sus teorías son científicas?, ¿no indicará esto, precisamente, lo contrario? La psicopedagogía, en su pretensión de ser una ciencia, quiere seguir el modelo empirista, pero este es algo ya caduco. Además, mezclan teorías cognitivas, con conductitas, otras de la Gestalt, otras constructivistas y, luego, echan mano de la neurofisiología y el resto de las neurociencias. Pero todo para justificar una ideología. Y ahí es donde entramos en el tercer punto.

Estoy ya más que cansado de escuchar que el objetivo de la educación es la adaptación. ¡No señor! De ninguna de las maneras. Si todo proceso de educación hubiese sido mera adaptación a la sociedad cambiante, no hubiese habido ninguna transformación social. Si el objetivo de la educación es la adaptación a la sociedad cambiante -lo que hay que entender aquí es el mundo laboral dominado por el mercado- entonces apaga y vámonos. Se acabó la lucha por la justicia social. Todos obedientes y sumisos al dios mercado. De ninguna de las maneras, el objetivo de la educación es el conocimiento y la virtud pública. Por supuesto que el conocimiento implica una técnica, la posibilidad de realizar un trabajo para el que continuamente tendrás que seguir aprendiendo, pero esto no es un fin en sí mismo. El fin es alcanzar la libertad por el conocimiento y la virtud. Por otro lado, unión, donde las haya, entre la razón y las emociones. Es más, esto supera, incluso, la cansina inteligencia emocional. Aquí estamos hablando ahora de la mayor inteligencia humana, la inteligencia ética. La mayor construcción que el hombre haya hecho jamás. Y esa inteligencia ética tiene que ver con el gran proyecto ético de la humanidad que nace en Grecia y se impulsa con la Ilustración que es el de la búsqueda de la dignidad humana: libertad, igualdad y fraternidad. Esos son los objetivos de la educación, no la adaptabilidad al sistema como meras piezas de recambio.

Los psicopedagogos le están haciendo el juego al poder económico-político, en definitiva son los sofistas actuales. Educar para adaptar. El conocimiento como forma de aceptar la verdad establecida, el orden social vigente y el pensamiento único. En definitiva, educar para la sumisión. Lo siento, pero esta demagogia me resulta ya cansina. Es la antesala del fascismo en el que nos adentramos.

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Categorías: Diagnósticos, Panlogsianismo

Autor:Juan Pedro Viñuela Rodríguez

Profesor de ética y filosofía. Autor de Fin de milenio y otros ensayos. Una mirada etica a la tecnociencia y el progreso y Filosofía desde la trinchera. Director del seminario de CTS del IES MELÉNDEZ VALDÉS, y de la revista de ensayos Esbozos.

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61 comentarios en “La farsa de la inteligencia emocional en la educación”

  1. 29 noviembre 2010 a 17:24 #

    ¡Otro “facha repulsivo” al que voy a tener que ponerle este enlace en el plazo de pocos días! Helo ahí:

    Las jaurías de la secta no van a dar abasto para enganchar a esta plaga.

    • 30 noviembre 2010 a 16:14 #

      Gracias, Pablo. Soy un escéptico intelectualmente. Y en el ámbito político creo que la actividad intelectual excede las rigideces de la derecha y de la izquierda. Pero me encanta estar dentro de los que defienden la libertad y están contra el engaño y la máscara. Ahora se nos llama, por ello, fachas, pues me encanta estar dentro de ese grupo, si es así. Saludos.

  2. Maximiliano Bernabé Guerrero
    30 noviembre 2010 a 9:09 #

    Un gran artículo.
    “La conversión de la ciencia en religión e ideología. ¿Por qué será que los psicopedagogos suelen cometer este error?”
    Puede ser porque muchos psicopedagogos y sus acólitos, han sido acólitos de verdad, catequistas, cursillistas, monaguillos… Dicho esto sin intención de escarnio hacia el Cristianismo, una de las bases de nuestra cultura (venga, apedreadme un poco, por facha, que me gusta). Esta gente siempre ha buscado ser lo más del barrio; cuando lo guay era ser el plasta guitarrero del “Viva la gente”, ellos lo eran. Luego se hicieron psicopedas, que mola mazo, pero no olvidaron sus -pocos- hábitos mentales del pasado: La ciencia es la verdad, y el que lo niegue es un retrógrado. En otro tiempo lo habrían denunciado a la Santa Inquisición por judaizante.
    Dejando mis razonamientos sanchopancescos, estoy totalmente de acuerdo con Juan Pedro. Creo que a la inteligencia, como a la democracia, cuando se le empieza a poner adjetivos, nos adentramos por sendas siniestras.
    Para Pablo: Como dice esa canción que tanto nos gusta “…que tes ennemis expirants, voient ton triomphe et notre gloire…” Vers la Victoire!.

    • 30 noviembre 2010 a 16:18 #

      Di que sí Maximiliano.

    • Francisco Javier
      30 noviembre 2010 a 17:50 #

      Estimado Maximiliano,

      llevas camino de acabar en el infierno. Muy agudo y esclarecedor tu comentario. Entre nuestros amigos los psico-pedagogos hay, es verdad, mucho de cristiano renegado, o indigestado. De ellos conservan, sin embargo, la furia por la condena y una tendencia clara al puritanismo (sin ningún fundamento, a diferencia de la religión cristiana, infinitamente más seria y profunda, que el desvarío pedagógico.) También es cierto, aunque no se quiera reconocer (es pecado) o se olvide, que el Cristianismo es junto con la tradición grecolatina fundamento de nuestra tradición (para bien o para mal.) Sobre este asunto, tengo pensar escribir algunas reflexiones.

      Un saludo.

    • 30 noviembre 2010 a 18:44 #

      Siempre he sostenido el origen clerical y monjil de la pedagogía en España. De hecho, la secta llegó de la mano de opusdeístas y teresianas. Y el espíritu sectario, en el que ellos desempeñan el papel de sumos sacerdotes o de meros acólitos por supuesto que les ha quedado. Pablo siempre ha definido a los orientadores y psicólogos como los nuevos curas, que pretenden que no nos desviemos del recto camino y se entrometen en la vida de las demás.

      Los cursillos pedagógicos funcionan como una verdadera catequesis. Con todos los respetos. Por eso se oponen al pensamiento libre y en lugar de debatir y rebatir, anatemizan.

      • 30 noviembre 2010 a 19:29 #

        Y no pasemos por alto otra cosa: las alarmantes semejanzas entre la inquisición y la corrección política en todas sus manifestaciones, tanto en los planteamientos como en la acción.¿Es o no cierto que ambos engendros represivos utilizan el anatema como instrumento preferente?

  3. Raus
    30 noviembre 2010 a 15:06 #

    Estimado Juan Pedro, varias cosas demuestras en este profundo artículo. Para conocer el presente hay que conocer el pasado. Cuando no conocemos nuestras propias raíces culturales, nos vamos por las ramas, vivimos en un perpetuo presente igual que los brutos. Como nuestros queridos psicopedagogos no saben nada del pasado, o muy poco, nada saben del presente. Lógicamente, el repudio de la historia corre pareja del repudio de la memoria. Han de ser la reflexión filosófica, el pensamiento crítico, lógico y racional, los instrumentos que nos sacarán (ojalá) de las tinieblas. Los que miran al futuro y repudian el pasado, lo ignoran todo y dejan todo yermo a su paso, como hordas de Atila.

    Llevas toda la razón cuando criticas el concepto de educación como mera adaptación a la sociedad cambiante. La libertad, la igualdad y la fraternidad son objetivos de una escuela que se base en la transmisión de contenidos, en el juicio crítico informado y formado por el estudio de las diferentes disciplinas. Una escuela ilustrada. La escuela actual, que es cualquier cosa menos ilustrada, no puede aspirar a formar el juicio crítico de sus alumnos. Consecuentemente, sólo puede aspirar a que éstos se adapten a los cambios sociales. Y adaptarse significa, principalmente, comprar. Así es: la escuela de los psicopedagogos le hace el juego al mercado más sandio.

    Una matización con la que vas a estar de acuerdo. Es cierto que la inteligencia humana es emocional y que emociones, sentimiento y razón son inseparables. Pero hay que tener cuidado con llevar demasiado lejos este hecho. Los psicopedagogos, en su ignorancia supina, lo llevan. Se trata de una inseparabilidad biológica, cerebral, pero ya está. No hay inseparabilidad ontológica. Vayamos a los ejemplos para no liarnos. Si yo pienso en 2+2, es cierto que la solución aritmética se acompaña de una determinada emoción (leve, desde luego). No puedo evitarla. Ni puedo evitar la sensación de estar ante una evidencia: la evidencia de que la solución es 4. Si pienso que “todos los hombres son mortales” y que “Pedro es un hombre”, deduzco que “Pedro es mortal”. Inevitablemente, sentiré algo al hacer la deducción, no soy una máquina. El sistema límbico trabaja lo quiera yo o no. Siento cosas al pensar racionalmente. Sin embargo (y aquí viene lo importante) la legitimación formal o la validez de esos resultados lógicos NO está basada en lo que yo sienta o deje de sentir. Si 2 + 2 son 4, no son 4 porque yo sienta que sea así. Lo que yo sienta da igual. La existencia o inexistencia del sujeto (subjetividad) es indiferente: haya o no sujeto, 2 y 2 son siempre 4. La validez de la lógica y el pensamiento racional no se puede derivar de nuestros sentimientos o emociones. Cuando se hace tal cosa, se cae en las telarañas del subjetivismo y el relativismo, como bien sabes, Juan Pedro. Indudablemente, muchos de estos nuevos redentores de la inteligencia emocional acaban confundiendo estas cosas.

    Sobre las cuestiones de la voluntad, que tan magistralmente tratas aquí, quiero hablar en un artículo próximo. Deseo explorar, entre otras cosas, las relaciones entre conocimiento y voluntad.

    Enhorabuena, Juan Pedro. Magistral.

    • 30 noviembre 2010 a 16:17 #

      Absolutamente de acuerdo, Antonio. Tu matización es importante. Sobre todo en lo que concierne a la lucha contra el relativismo. Muy acertado. Espero tu artículo. gracias.

  4. 30 noviembre 2010 a 21:27 #

    En efecto, hemos sufrido una idolatría de la ciencia que ha llevado a la ridiculez de hablar de las “ciencias sociales” y del carácter “científico” de cualquier disciplina, por más que sea imposible en ellas la falsación. Aún hay quien habla de “ciencias políticas”, que parece propiamente un oxímoron. No hay duda de que esa divinización de la ciencia es tan ridícula como la renuncia a la razón en aras de esa inteligencia emocional que parece dar cuenta de todo aquello que caería del lado de las razones del corazón pascalianas o de la famosa “razón vital” que inició Ortgega y que siguió María Zambrano, aunque pronto vio ésta la consanguinidad de dicha razón y la poesía, de ahí la filosofía poética que caracteriza a Zambrano, cuyos libros tengo yo distribuidos entre los estantes de la filosoffía y de la poesía en mi biblioteca.
    Dicho lo anterior, y una vez manifestada mi conformidad con la perspectiva que nos marca Juan Pedro, me gustaría defender. dentro de mis nulas posibilidades filosóficas, a los sofistas, una escuela cuyo nombre va unido a la demagogia en vez de a la más trascendental de las innovaciones filosóficas, aquella que, en palabras de Clement Rosset -conviene dejar a los entendidos que se expresen con sus propias palabra, no con las deturpadoras de sus parafraseadores- “reemplaza la idea de naturaleza por las ideas de convención y de institución, sustituyendo la filosofía de la physis por una filosofía del nomos(…) Al criticar la idea de naturaleza, [el pensamiento sofístico] es el primero que instruye un proeso cuya revisión, después de veinte siglos de platonismo, señalará, con Montaigne y pascal, los inicios de la filosofía moderna”. Un poco más adelante, Rosset nos revela la exacta dimensión de la filosofía sofística: “Conocemos las tres grandes tesis del Tratado de Gorgias: 1) Nada es.l 2) Aunque algo fuese, ese algo no podría ser pensado. 3) Aunque algo fuese y fuese pensado, ese algo escaparía al lenguaje. Esta afirmación del no-ser, en la que una tradición platónica no quiso ver más que un brillante sofisma, era una de las primeras manifestaciones de un tema fundamental del pensamiento trágico: la afirmación de la incapacidad humana para reconocer o constituir una naturaleza; de ahí la vanidad del pensamiento, que sólo refleja sus propios órdenes, sin apresar existencia alguna; de ahí también una cierta inaptitud del propio hombre para la existencia”.
    En fin, quizás me desvío del tema, pero no quería dejar pasar la oportunidad de reivindicar a los sofistas, los primeros filosofos del “presente”, del aquí y ahora.

    • Jesús San Martín
      1 diciembre 2010 a 9:42 #

      No sólo es imposible la falsación, sino que sus sacerdotes creen en la certeza de su único dios, cuando hasta en la Física se sabe que las leyes son válidas en un marco dado (La gravitación de Newton no puede explicar el movimiento de Mercurio) y las más sagradas reglas, tal como la conservación de la energía, se toman en solfa (Principio de incertidumbre de Heisemberg). Si no hubiesen eliminado la filosofía, los hechiceros de la secta habrían leído a Popper y no habrían confundido la nueva religión con la ciencia, de tal forma que no estarían mezclando rabo de lagartija con ancas de sapo.
      Esta sinvergonzonería de arroparse con el nombre de la ciencia lleva a cosas un tanto ridículas, como esos carteles de “doctor en lectura profunda del tarot” que tanto abundan por El Retiro, y casos sangrantes como lo de “ingeniería financiera” que todos estamos empezando a sufrir. Pero en ambos casos, igual que con la secta, no dejan de ser estafadores.

  5. javier
    1 diciembre 2010 a 8:28 #

    Sobrevir al comisariado sociopolítico de los grupos profesionales que se integran en unas siglas politicas y sindicales es como ser el protagonista de “matrix”. Además de lo personal lo preocupante es que quienes controlan la educación, su contenido, sus actores activos controla gran parte de la sociedad y determina su futuro por muchas décadas.

    • Jesús San Martín
      1 diciembre 2010 a 9:57 #

      El problema no estriba en ser el protagonista sino en el control social presente y futuro. Sin embargo ese control se produce no por su actividad sino por nuestra inactividad. Esa inactividad es negar nuestra propia naturaleza, pero quien se niega a sí mismo, y acepta la derrota, bien merece ser esclavo o convertirse en zombi hasta el día de la muerte física. Fíjate bien en ellos, y verás o que están muertos o que son esclavos atados por un puñado de palabras y vanas creencias, ni siquiera se necesita una cuerda.

  6. 1 diciembre 2010 a 9:44 #

    Sí es cierto eso de que existe una relación entre los psicopedagogos y la religión. El hecho de que muchos de sus máximos representantes procedan del opuseismo y otras sectas, sería necesario probarlo documentalmente. Ahora bien, para mí esto carece de importancia. Lo que me preocupa es el aspecto religioso de la secta. Digo esto porque la estructura de sus pensamientos (ideología, sistema de creencias) coincide con el de la religión, más bien, con el de una secta, que sería una religión radicalizada.

    En primer lugar, su pensamiento es acrítico. No admiten la crítica porque se creen poseedores de la verdad absoluta. Y ello, además, se suma, a su cientificismo, que, como sabemos, es otra forma de religión; la religión de la ciencia. En segundo lugar, su discurso es redentor. No hay salvación más allá de la secta. El que discrepa es un disidente, un hereje, vive en el error y está condenado. Lo políticamente correcto es una forma de integrismo de las ideas. Y, la secta de los psicopedagogos, animada por la progresía política, acumula todo el pensamiento políticamente correcto que existe. El pensamiento cerrado, excluyente es intolerante, fanático y, en su extremo, violento. De momento, la violencia, es la exclusión. Por eso, al considerarse poseedores de la verdad absoluta tratan de imponerla. En los sistemas pseudodemcráticos en los que vivimos, más bien, partitocracias oligárquicas, el pensamiento hegemónico se impone por la fuerza, vía administrativa, sin contar ni con la ciudadanía, ni con los interesados. En este caso el cuerpo de profesores. Por el contrario, éste es engañado y seducido. Ésas son las tretas del poder absoluto que se ejercen desde las mismas entrañas de la supuesta democracia.

    Su pensamiento es un pensamiento cerrado, llámese, también, pensamiento único. Pero un pensamiento único es un pensamiento cero. El pensamiento es diálogo. La secta psicopedagógica al eliminar la disidencia, elimina la diferencia de pensamiento y la posibilidad del diálogo. Por eso, si la actitud científica y filosófica es la de la crítica, que necesita de la pluralidad de ideas, la de la religión es la de la creencia. Los psicopedagogos creen en sus “teorías”, no las discuten, ni las debaten. Son dogmas. Por eso son practicantes de una religión no de una ciencia ni de pensamiento crítico alguno. Como decía Ortega, en las creencias se está, las ideas se tienen. Cuando uno tiene creencias, igual que opiniones, es esclavo de ellas. Cuando uno tiene ideas las discute desde la razón. A las creencias nos sentimos atados por las emociones, a las ideas llegamos por medio de la razón.

    Y, por último, el pensamiento de los psicopedagogos es un pensamiento religioso, una creencia, porque a la base de su actitud redentora subyace la idea de salvación. Todo aquel que siga nuestro pensamiento se salvará. Sólo el que cree alcanzará el reino de los cielos. Es decir, que la visión que del acontecer histórico tienen procede del cristianismo y de la secularización de su idea de historia. La historia como historia de la salvación del hombre por medio de la verdad y la obediencia. Esto es típico de todo pensamiento utópico postilustrado, y, como hemos señalado, es una de las perversiones de la razón ilustrada. Pues la psicopedagogía, que participa de todas estas cosas que venimos comentando ha de ser entendida, en conclusión, como una religión, en su forma más dogmática y fanática, la secta.

  7. Francisco Javier
    1 diciembre 2010 a 12:11 #

    Estupendo comentario y estupendo artículo. Un saludo, Juan Pedro.

    • 1 diciembre 2010 a 17:33 #

      Gracias, Francisco Javier. Por mi parte espero las reflexiones que anuncias sobre el tema. Saludos.

  8. Ana Belén
    1 diciembre 2010 a 18:08 #

    ¡Hola!
    Poco o nada nuevo puedo aportar a lo que ya se ha comentado sobre este magnífico artículo. Enhorabuena a su autor y muchas gracias por el enriquecimiento que aporta una lectura con tanto jugo como esta.

  9. Jesús San Martín
    1 diciembre 2010 a 18:39 #

    Juan Pedro, con cabezas y palabras como las tuyas, compañeras de otros maestros de deseducativos en los que mirarse, más que una lucha contra la sinrazón esto se me antoja un placer, y un honor estar cerca de quien afirma “Pero me encanta estar dentro de los que defienden la libertad y están contra el engaño y la máscara”.
    Un abrazo.

    • 2 diciembre 2010 a 8:06 #

      Gracias, Jesús. La verdad es que esta lucha en la que andamos todos metidos -a pesar de los momentos de desesperanza- nos eleva al placer intelectual del conocimiento: desenmascarar los engaños del poder. Saludos.

  10. 21 diciembre 2010 a 22:53 #

    Sólo es un artículo, pero coincide en lo que yo vengo pensando o más bien, intuyendo, sobre el asunto de marras y otros asuntos:

    1. Que mucho de lo que plantea esta “teoría” ya se sabía pero con otros nombres, más científicos e históricos por supuesto, pero que en su nueva “apropiación” sirve para otros fines y objetivos: enajenar y mediatizar a la gente.

    2. Que se inscribe en una tendencia de la que ya antes me había ocupado, que hiere muchas susceptibilidades, pero que, lamentablemente, muchos se niegan a aceptar, es decir, esta teoría de la inteligencia emocional forma parte de una moda que ahora se conoce como autoayuda, superación personal, liderazgo y otras babosadas para “débiles mentales” que ahora son profusamente practicadas por los que ahora muchos llamamos como sectas o terapias destructivas. Esto no significa que muchas de las técnicas y terapias utilizadas no tengan validez o no sean efectivas, sino que dichas técnicas quedan en manos de intereses aviesos o simplemente lucrativos.

    3. Que me gustó que el autor del artículo haya contrapuesto el asunto de la inteligencia “emocional” con el de la inteligencia “ética”, la que evidentemente tiene mucho mas sentido y resulta menos ambigua.

    4. Que el autor no exagera cuando dice que el auge de estas teorías nos ubica en “la antesala del fascismo” (¿dónde he escuchado esto?). Otros le han llamado también “El regreso de los bárbaros” o regreso al oscurantismo.

    Un saludo.

    • 21 diciembre 2010 a 23:02 #

      Luis, otro saludo para tí, desde estas tierras. Bienvenido al blog.

  11. JuditMF
    27 diciembre 2010 a 21:08 #

    Hola Juan Pedro,
    después de eliminar todo el ruido (a propósito de los psicopedagogos) del que has revestido el verdadero centro del texto, esto es, la educación emocional, fundamentalmente veo una paradójica contradicción: si la educación es el dominio de las pasiones por medio del conocimiento y, por supuesto, de la educación de la voluntad; ¿cómo es posible que el objetivo de la misma sea la libertad, la igualdad y la fraternidad? Para romper esta contradicción te limitas a asumir que estas máximas son producto del conocimiento. Sin embargo, basta observar alrededor para darnos cuenta de que vivimos en una sociedad cada vez más controlada, vigilada y dominada. Por tanto, algo falla en tu lógica. En mi opinión, el error parte de asumir que libertad, igualdad y fraternidad son producto del conocimiento cuando en realidad son sentimientos (o si esta palabra te produce revulsión, valores, según gustes). De hecho, la libertad tú no la piensas, la sientes o no la sientes; igual pasa con la igualdad y la fraternidad. Son fenómenos que van desde dentro, del propio ser, hacia afuera; de lo particular a lo general; de la persona a la sociedad.
    En segundo lugar, cometes otro error fundamental que constituye la base de tu argumentación: aquello que tú determinas como posibilidad de transformación, esa escuela basada en el conocimiento a través del cual supuestamente alcanzaremos la libertad, la igualdad y la fraternidad, en realidad es la institución por excelencia que mantiene el statu quo, es decir, la escuela es la herramienta que el orden establecido utiliza para retroalimentarse, para que las personas nos pleguemos y adaptemos a ese mercado social que denuncias. Pero este error parte de un error aun más profundo: los pretendidos objetivos de la escuela. La popularización de la escuela se produjo en el s. XVIII en un contexto predominantemente industrial. Su función principal consistía en convertir a los niños y a las niñas en futuras piezas dentro del engranaje social de la industria, una forma de control para los futuros trabajadores de las fábricas en auge. Como verás, esta escuela decimonónica está muy alejada de la “escuela” ilustrada de la que hablas.
    Los paradójico del asunto es que en el s. XXI persiste una escuela decimonónica totalmente obsoleta, inútil, desgastada y que se ha demostrado repetidas veces fracasada. La verdad es que el modelo escolar actual está completamente agotado y no responde a las verdaderas necesidades. Y no me refiero a unas necesidades de un mercado social predominante, no; sino a unas necesidades de generar una sociedad futura (que a fin de cuentas es la consecuencia irrefutable de la escuela) basada en la libertad, la igualdad y la fraternidad. En medio de este caos revolucionario proliferan una multiplicidad de nuevos modelos educativos de entre los cuales resaltas el de la educación emocional.
    Comparto contigo máximas como libertad, igualdad y fraternidad. Para mí más que máximas son metas alcanzables, y ese el eje que me moviliza en mi práctica profesional. Es a través de estos valores, como bien indicas, que podemos alcanzar la dignidad humana. Y la clave, para mí, reside en la educación emocional. Ahora bien, ¿qué es educación emocional? He aquí el tercer y último gran error de tu texto. Si bien es cierto que “no hay razonamiento sin emoción”, te equivocas al afirmar que “nuestra vida es, fundamentalmente, emocional y pasional”. En realidad nuestra vida es, fundamentalmente, razón Y emoción. La educación emocional pretende encontrar el equilibrio entre el razonamiento y la emoción, porque lo que sí está científicamente demostrado a través de la neurociencia y del empirismo es que ambos interactúan en nuestra vida cotidiana.
    Pretender el dominio de una de las partes es lo que nos condena al fracaso en la meta de la libertad, la igualdad y la fraternidad: bien porque el control de las emociones por parte de la razón no nos deja producir esos sentimientos en nosotros, bien porque el control de las emociones por encima de la razón convierte a los sentimientos en pasiones descontrolados transformando la libertad en libertinaje, aniquilando la igualdad y la fraternidad en base al egocentrismo y la expansión de uno mismo. La verdad es que cualquier tipo de control sea en el sentido que sea sólo puede generar destrucción e involución.
    Es aquí donde radica la base científica y la parte innovadora de esta materia. Pero eso es algo que una lectura superficial sobre el tema no puede mostrarte.

    • Jesús San Martín
      27 diciembre 2010 a 22:15 #

      Por favor, Judit Mercedes, me puedes dar la referencia donde se prueba tu afirmación “…está científicamente demostrado a través de la neurociencia y del empirismo es que ambos interactúan en nuestra vida cotidiana.” (se sobreentiende: el razonamiento y la emoción). Quizá haya trabajos que demuestren lo contrario, que la amígdala cortocircuita el cortex, pero tú eres la experta en el tema, y no hay más que hablar. No te preocupes por la revista, la localicaré.

      Doctores tiene DESEDUCATVIOS para responderte y como vienes con tus propias ropas, la Ciencia, y no con un lenguaje prestado para embaucar a bobos, no tendrás problemas para iniciar un fructífero diálogo del que todos nos beneficiaremos, especialmente si los dioses tienen a bien que algún doctor visite tu blog y lea “ecología emocional”.

      Un saludo.

      P.S. No te preocupes por el ruido, tenemos filtrado gaussiano.

      • JuditMF
        28 diciembre 2010 a 0:37 #

        Hola Jesús,
        por supuesto que no tengo problema en que quien quiera visite mi blog y que comente cuanto guste. Pero no mezcles la velocidad con el tocino y atiende a lo que lees, porque en ningún momento he afirmado que “ecología emocional” sea algo científico. Ni siquiera he mencionado el concepto en mi comentario. Creo que es una práctica poco noble que pongan palabras en mi boca para hacerse notar más (supongo que de ahí te vienen los 2 “me gusta” a tu comentario, porque por el resto…). Pero te lo pondré más fácil para que no tengas que pensar demasiado: puesto que no soy científica, jamás afirmaría que lo que escribo en mi blog es científico, sino simple y llanamente mis impresiones, al igual que tu compañero Juan Pedro en su blog. Sencillo, ¿no?

        Ahora bien, lo que sí he dicho es a propósito de las relaciones estrechas entre el sistema límbico y el lóbulo prefrontal (especialmente el izquierdo como regulador de las emociones). Cuando hablamos de un secuestro emocional se deben producir necesariamente dos cosas:
        1.- Se activa la amígdala: actúa como una especie de alarma emocional, activando las emociones más intensas y su consecuente respuesta fisiológica. Esto es algo que pasa más a menudo de lo que nos creemos, a todos en mayor o menor medida.
        2.- El lóbulo prefrontal izquierdo inhibe su actividad como regulador de las emociones que “dispara” la amígdala. En una situación normal, el lóbulo prefrontal izquierdo regula la respuesta emocional activada por la amígdala. Es algo realmente fascinante si te paras a pensar, incluso romántico. Y es aquí de donde parte la idea de esa interacción razón-emoción, entre otras.

        Obviamente, no soy experta en la materia y me limito, como cualquier persona de las aquí presentes, a leer información contrastada y entenderla. ¿De eso se trata el conocimiento, no? Además, entiendo que cualquier estudio científico puede ser refutado, y en materia neurocientífica no creo que haya nada definitivo, ni ninguna verdad absoluta. Por lo tanto, será muy enriquecedor para todos que esos doctores que andan por aquí nos ilustren con sus interesantes conocimientos en la materia. Por lo menos para mí 🙂 y supongo que para Juan Pedro que es el que abre el tema de debate.
        Por cierto, sé bienvenido a mi blog siempre que gustes y quieras usar un tono cordial 😉

      • Jesús San Martín
        28 diciembre 2010 a 9:23 #

        Hola Judit Mercedes.
        Me encantan las vacaciones, uno se puede acostar tarde y levantarse mucho más tarde, que me imagino que es la forma como el lóbulo prefrontal izquierdo se comunica con la amígdala para sincronizar las “emociones racionales”, y no veas en ello contradicción como yo no lo vi en tu expresión “paradójica contradicción”.
        Mi formación científica es escasa, y menor en la aburrida y asquerosa física, donde no hay verdades absolutas, ni siquiera la conservación de la energía, el momento lineal, o el momento angular; pero como te decía, mi formación en ella es escasa y me ha llevado, como indicas, a confundir “la velocidad con el tocino”, siendo esta expresión tuya la que prueba empíricamente que Juan Pedro está equivocado cuando dice que tu escrito es un conjunto de tópicos. Por cierto, no sé si debo decir “comprobado empíricamente” o “demostrado por el empirismo” como empleas en tu post, espero tu docta opinión, más que nada porque las demostraciones son teóricas y las comprobaciones empíricas, y sobre todo porque el empirismo es una teoría filosófica que nada tiene que ver con la neurociencia.
        Si me lo permites un momento, retomo tu idea de que no hay verdades absolutas, tan usada por engaña bobos, con la finalidad de poner al mismo nivel el tocino y la velocidad, como yo hago. Y retomo la idea con la finalidad de darte, como no hay verdades absolutas tampoco es verdad que tú estés viva, pero no se te ocurra comprobarlo poniéndote delante del metro.
        No estoy seguro de las dos afirmaciones siguientes ”.. no soy experta en la materia y me limito, como cualquier persona de las aquí presentes, a leer información contrastada y entenderla. ¿De eso se trata el conocimiento, no?”. Eso de que “la gente de este blog se limita a leer información y entenderla”, probablemente sea falso, quizá hagan algo más, aunque no mucho. Y la otra afirmación “leer información contrastada y entenderla. ¿De eso se trata el conocimiento, no?” tiene, al menos dos puntos débiles: el primero, que la guía telefónica es información contrastada, pero no es conocimiento, y el segundo es que alguien por primera vez tuvo que generar el conocimiento, no limitarse a su transferencia.
        Cuando dije “doctores tiene DESEDUCATVIOS”, no me refería a doctores en medicina que nos iluminen en neurociencias, simplemente parafraseaba “doctores tiene la iglesia”, por lo que mucho me temo que la fina ironía de Polícrates:

        “Es terrible. Ya está ocurriendo con el inestimable concurso y colaboración de una legión de tontos útiles bienintencionados para quienes la palabra modestia ha perdido por completo su casto significado.”

        no la hayas entendido.

      • Jesús San Martín
        28 diciembre 2010 a 9:32 #

        Lo siento, me he comido la palabra consejo.

        “Y retomo la idea con la finalidad de darte un consejo”

        Me quedo con la duda de si el lóbulo pre-post-frontal-lateral no ha conectado la muela del juicio con el estomago y ha entendido que “no habiendo desayunado, bien estaba comerse la palabra consejo”

      • Polícrates
        28 diciembre 2010 a 10:18 #

        Pero también hablóles a ambos bandos
        Menelao, excelente
        por el grito de guerra:
        “Eschchadme tambień a mí ahora,
        pues que el dolor alcanza
        mi alma especialmente:
        es mi opinión que argivos y troyanos
        ya ahora se separen,
        puesto que muchos males
        habéis sufrido a causa
        de mi propia porfía
        y de la iniciativa de Alejandro.
        Y aquél de entre nosotros,
        bien uno, bien el otro,
        para el que estén dispuestos
        la muerte y el hado, que se muera,
        mas los demás cuanto antes separaos.
        Dos corderos traed, el uno blanco,
        negra la otra, para Sol y Tierra;
        nosotros para Zeus
        hemos de traer otro.
        Y aquí traed de Príamo la Fuerza,
        para que él en persona
        sancione el juramento,
        puesto que son sushijos altaneros
        e indignos de confianza;
        no vaya a ser que alguno, en su arrogancia,
        de Zeus infrija los jurados pactos.
        Siempre flotan al aire
        las mentes de los jóvenes varones;
        en cambio, en todo aquello
        en que un viejo interviene,
        hacia atrás y adelante
        él mira al mismo tiempo,
        para que entre ambas partes se produzca
        lo que con mucho es más favorable.”

        Homero, “La Ilíada”, canto III (95-115).

  12. 27 diciembre 2010 a 22:55 #

    Estimada JuditMF, antes de responderte, te ofrezco otro pequeño artículo sobre el tema de la inteligencia emocional en la enseñanza que es una ampliación del anterior. Tu artículo es un caos y un conjunto de tópicos y aliteraciones. De modo que, de entrada, te aclaro un poco con lo que sigue.

    Más sobre inteligencia emocional, felicidad y libertad.

    Lo de la inteligencia emocional y su aplicación a la enseñanza me parece, a pesar de su base en las neurociencias y de su verdad, mera ideología. No se trata de negar la inteligencia emocional, eso es erróneo. El hombre, en tanto que ser social, se desarrolla emocionalmente en relación con los demás. Y es importantísima la infancia para ello. El problema es que lo que se persigue, desde la política educativa, meramente ideológica, que aquí ha encontrado un filón, es el adoctrinamiento. Se me parece mucho esto a lo de “Un mundo” feliz de Huxley. De lo que se trata es de tener adormecido y feliz a la ciudadanía. Es la manera de ejercer el control. Todo aquel que no se adapta al modelo Standard es que tiene un problema de inteligencia emocional y ahí tiene que intervenir el orientador, psicopedagogo, cual ingeniero, para enmendar el desastre y devolver el rostro de felicidad atontada al infante. No es que yo piense que el niño no deba ser feliz, cuanto más mejor. Cuanto más alegre, mejor. Pero la idiosincrasia de cada cual es inalienable. Tampoco, por mucho que hagamos, el infante estará exento de frustraciones, de éstas se aprende y son inevitables, tanto en la infancia como en la vida adulta. Las frustraciones nos ayudan a conocernos, a saber cuál es nuestro lugar y cuáles son nuestros límites y cómo tenemos que convivir con ellos. Es lo que decía Ortega, yo soy yo y mis circunstancias, si no salvo a éstas, no me salvo yo. Salvar mis circunstancias, esto es, todo aquello que me determina y condiciona, es un ejercicio de libertad. Ser yo es ser dueño de mis circunstancias, ser capaz de trascenderlas en la medida que las conoces y actúas desde ellas. La adaptación a las circunstancias es desconocimiento de las mismas y esclavitud. No se trata de crear mentes sumisas sino autoconscientes y liberadas. El ideal del sabio es el conócete a ti mismo. En el conocimiento de uno mismo está nuestra liberación. Pero ese conocimiento puede acarrearnos infelicidad y frustración. Nadie ha dicho que el camino del conocimiento, la virtud y la libertad, todos ellos vinculados causalmente, sea fácil; ya el viejo mito de la caverna platónica nos avisaba del peligro de la ascensión por la pared de la misma, que simbolizaba el conocimiento. Y también nos advertía del peligro que corre el sabio cuando vuelve a la caverna y les cuenta a los esclavos que viven en las apariencias, el engaño y la autocomplacencia.

    Me parece que la utilización política de la inteligencia emocional va en la dirección de la distopía de Husxley, lo que se pretende es proporcionar el soma que atonta y adormece plácidamente a los súbditos. Éste no es un mundo feliz, es un mundo esclavo. Hay que hacer notar aquí, que en la distopía de Huxley, se utiliza la ciencia, biología, para fabricar a los clones, concepto importante. De lo que se trata es de crear seres absolutamente iguales. Y, por otro lado, la psicología, como método de adoctrinamiento de la conciencia por medio del control de los estímulos. La propuesta política actual, basada en la teoría de la inteligencia emocional, concepto que en teoría es admisible y sobre el que la investigación en las neurociencias está abierta, no varía mucho de la novela que comentamos. De lo que se trata es, en nombre de la felicidad, de perseguir la clonación de la psique de los niños. Crear individuos exactamente iguales, predecibles y repetibles. Anular toda particularidad como si fuese un defecto o una enfermedad social. Esto es un atentado contra la persona. De lo que se trata es de educar en la persona. Ello quiere decir, educar en la diferencia, la particularidad, la libertad. La persona es tal porque es irrepetible, porque es un fin en sí mismo, no un medio. La psicopedagogía instrumentaliza al hombre y lo convierte en un medio. Anula su dignidad. El fin está claro. Lo que le interesa a las diversas formas de poder es el control. Y para ello lo que quieren son individuos, no personas, maleables. De ahí su concepto de adaptación. Lo que importa es la sociedad cambiante. El individuo no tiene identidad, tiene que adaptarse al cambio. Se hipostasía (se convierte en cosa autónoma) el cambio social y se aliena al hombre. El cambio social, por el contrario, no es una sustancia, es resultado de la acción humana. Si lo convertimos en sustancia independiente de la praxis humana, estamos aniquilando la libertad del hombre. Por el contrario, el objetivo de la educación, no debe venir marcado por la psicología, que convierte al hombre en un objeto, sino por la ética, que es la que aporta la dignidad humana. Nuestra historia desde los griegos para acá, es la historia de un gran proyecto ético. Cuyo progreso nunca está garantizado, es siempre contingente. Este progreso, que no es automático, sino que depende de la voluntad humana, pretende sacar al hombre de la coseidad, la esclavitud, la opresión y la alienación, y otorgarle dignidad. Pero ese proceso ético no está marcado por la adaptabilidad, sino por la lucha contra la opresión, contra los pensamientos totalitarios, contra las ideologías enmascaradoras, como la que subyace a las teorías pedagógicas actuales, contra la religión en tanto que mito. El proyecto ético de la humanidad es un proyecto en busca de la libertad. El primer ejemplo lo tenemos en la figura de Sócrates. Habría que releer el “Critón o el deber del ciudadano” y “La Apología de Sócrates”, para entender qué significa realmente educación y cual es su relación indisoluble, a menos que queramos eliminar a la persona, con la ética. Decía Sócrates que una vida sin análisis es una vida que no merece la pena de ser vivida. También, que es mejor padecer una injusticia que cometerla. Esto, por supuesto, es inadaptación, es virtud. El análisis de uno mismo es nuestro autoconocimiento que nos permite el dominio racional de las pasiones, no la extirpación de las mismas. Sin pasión no hay ni vida, ni conocimiento. Sin pasión ni emoción, tampoco existe vida social. Pero nuestro autoconocimiento produce la diferencia. Ser libre implica seguir nuestra propia ley, autodeterminarnos. Ejercer la libertad es ejercer el derecho a la disidencia, piedra angular de la democracia, como he defendido en otros lugares. Sin disidencia no hay diálogo, y sin éste, no hay democracia. Si uniformamos a la ciudadanía, nos quedamos sin ciudadanos y sólo nos quedan replicantes, clones, aparentemente felices o, mejor, satisfechos, pero esclavos preparados para la adaptación al sistema.

    El sabio sabe que el pensamiento es discrepancia. Que la virtud le enfrenta al vicio y a la comodidad de la cotidianidad. Todos los sabios han pretendido seguir la virtud, ejercicio de la libertad, pero ello les ha llevado a la confrontación con la sociedad, con el orden establecido. Pero lo que es curioso es que, precisamente estos sabios, empezando por Sócrates, ya mencionado, han unido la razón con las emociones y esa unión consistía en la búsqueda de la virtud y la excelencia. Uno de los sabios modernos más ejemplares fue Spinoza. Creo que los psicopedagogos deberían recuperar su figura. Además les recomiendo una obra, “Las emociones en Spinoza”, del neurofisiólogo de prestigio mundial, Antonio Damasio en la que se hace un estudio de la ética spinozista a la luz de la neurofisiología. Spinoza entendió muy bien que existe una relación entre la facultad de la razón y las emociones. La virtud procede de una idea adecuada de mis emociones, mientras el vicio procede de una idea inadecuada. Pero este conocimiento le lleva al sabio a la libertad, pero ésta choca contra lo políticamente establecido. No olvidemos que Spinoza fue perseguido por católicos, protestantes y judíos. Él no persiguió la felicidad, sino la virtud. Ni su objetivo fue la adaptación, sino la verdad. De actitudes como éstas está plagada la historia. Y son estas historias las que producen progreso ético-político. Lo que ocurre es que el caso de Spinoza es ejemplar, porque nos ofrece una ética, demostrada more geométrico, en la que se analizan todas las emociones y sentimientos humanos y se nos enseña cual es el camino a seguir del sabio cuando por medio de la razón consigue tener una idea adecuada de sus emociones y sentimientos. Lo de la adaptabilidad, que el discurso educativo políticamente correcto repite hasta la saciedad de forma cansina, no es más que el fruto de la ideología política. Hemos llegado al fin de la historia, no es posible pensar ni a ésta ni al orden social de otra forma. Es necesario un hombre nuevo. Por eso la obra que Fukuyama escribe después de “El fin de la historia” es “El nuevo hombre”. Un hombre construido para la adaptabilidad al modo de sociedad que tenemos, que según los ideólogos es la mejor y la última. La educación juega el papel, junto con los medios de comunicación de masas, de transmisión de esta ideología, de este pensamiento único totalizador. Como ciudadano, no puedo renunciar al derecho a la disidencia, como persona no puedo admitir ser cosificado y como filósofo, no me creo esa patraña del fin de la historia y el pensamiento único. Ya ha habido muchos mensajes de esos a lo largo de la historia. No quiero Mesías ni redentores. Quiero hombres. Y es la educación ilustrada, que se incardina en el gran proyecto ético de la humanidad, la que puede proporcionarlos.

    • Jesús San Martín
      27 diciembre 2010 a 23:14 #

      Juan Pedro, como artículo que es, sería bueno que figurase como tal, de lo contrario quedará oculto entre los comentarios que no tienen mayor relevancia, y sería una pena.

    • JuditMF
      28 diciembre 2010 a 0:47 #

      Hola de nuevo Juan Pedro,
      sigo sin tener claro un aspecto fundamental en el que basas toda tu argumentación: hablas de uso político en lo relacionado a lo emocional. Sin embargo, es un hecho real y contrastable que el número de currículos escolares que contemplan estas prácticas educativas son mínimas. Más bien el debate está en “la calle”, por lo que el uso político de la inteligencia emocional no tiene sentido ni lógica.
      Por lo que leo, sigo teniendo la sensación que no profundizas en la verdadera naturaleza de la educación emocional. No sé de dónde has sacado la idea de que la inteligencia emocional aliena (o pretende alienar) la idiosincrasia de cada uno. Y tampoco sé de dónde extrapolas que la inteligencia emocional pretenda la no-frustración. Me parecen afirmaciones tan absurdas como a ti, con lo cual la conclusión que me queda al final es la misma que antes: no estás hablando de inteligencia emocional.
      En fin, un placer 😉

      • Francisco Javier
        28 diciembre 2010 a 10:51 #

        Para aprender de la inteligencia emocional nada mejor que la Ética de Spinoza, que sí que era un tipo inteligente.

        “PROPOSICIÓN XXXI. Si imaginamos que alguien ama, o desea, u odia algo que nosotros mismos amamos, deseamos u odiamos, por eso mismo amaremos, etc., esa cosa de modo más constante. Si, por el contrario, imaginamos que tiene aversión a lo que amamos, o a la inversa, entonces padeceremos fluctuación de ánimo.”

        Ordine geometrica demonstrata.

        Es sólo una proposición de ese enorme edificio que es la Ética. De verdad, es una pérdida de tiempo la moda de las emociones; es una moda para vender libros y para fabricar individuos a la medida de la ideología dominante (buenos consumidores, buenos “demócratas”, buenos currantes, buena chusma.)

    • JuditMF
      28 diciembre 2010 a 0:51 #

      Por cierto, gran ilustración con “Un mundo feliz” de Aldous Huxley. Coincido contigo en que el control de las emociones y el uso político de estas prácticas nos llevarían a una situación similar. ¡¡Buf!! Eso sería terrible, ciertamente 🙂

      • Polícrates
        28 diciembre 2010 a 2:47 #

        Es terrible. Ya está ocurriendo con el inestimable concurso y colaboración de una legión de tontos útiles bienintencionados para quienes la palabra modestia ha perdido por completo su casto significado.

  13. 28 diciembre 2010 a 10:04 #

    Estimada Judit,

    Yo no he visitado tu blog, por tanto no sé si lo que usted vierte allí son sus impresiones o no. Lo que sí sé es que lo que yo escribo en el mío en los tres apartados, digamos de autor, Pensamientos contra el poder, publicado recientemente en papel 364 pp, Reflexiones de un francotirador, en fase de publicación y Reflexiones marginales, son fundamentalmente filosofía. En algún caso, sobre todo en el primero y el tercero, son impresiones particulares. En el primero porque se trata de un diario filosófico y en el tercero porque son al margen de algo, generalmente, comentarios. Y digo que son fundamentalmente filosofía porque son paradoxa. Es decir, la doxa es la opinión particular y consuetudinaria, la filosofía es paradoxa, el intento de trascender la opinión, particular, que viene a ser general. Pero, de todos modos, en mi quehacer filosófico aprendí que no se debe discutir sobre términos, sino sobre problemas. En cuanto a sus últimos comentarios creo que no ha entendido lo que yo digo, porque al final viene a coincidir en parte con lo que denuncio. Creo que usted no ha entendido mis dos artículos y que no maneja bien el principio de no contradicción, porque me acusa, en su primera intervención de violarlo, cuando no es realmente así. Por otro lado, y antes de entrar en el comentario de su intervención, le tengo que decir, que el debate no está en la calle, sino que actúa como modelo educativo. Y que la piedra angular de mis artículos es que lo de la inteligencia emocional no es algo nuevo, sino muy antiguo. Ahora bien, que hoy en día contemos con un amplio respaldo de las neurociencias, pues, por supuesto. Yo mismo he citado a ciertos autores imprescindibles. Por otro lado, usted creo que no entiende que la educación, y esto también está a la base, es un sistema de control. Y se controla por las emociones y sentimientos. Y conste que no le tengo reparo a estas palabras. No hay inteligencia ni conocimiento sin emociones y sentimientos. También tiene que aprender a distinguir, tanto en el ámbito neurológico, como en el filosófico y psicológico, lo que son los sentimientos de lo que es lo emocional. Además, insisto, en la psicología no se contempla el estudio de la voluntad, por la propia metodología de la psicología. Y como todo modelo pedagógico actual se basa en ésta, pues ha quedado fuera de la enseñanza, produciendo un tremendo daño, y esto no está en la calle, sino en la escuela. La voluntad: querer o no querer, no es el objeto de la educación, sino la motivación y dinamización. Todo ello basado, primero, en el conductismo y luego en el constructivismo. He dedicado dos artículos extensos en este blog a desentrañar los problemas epistemológicos de todo ello y a rastrear sus raíces en el pasado.

    Pero vamos con su intervención. Dice usted que he montado un ruido del que he revestido mi artículo sobre los psicopedagogos. Pues, claro, es de estos de donde viene la farsa de la inteligencia emocional. Y llamo farsa porque es algo ya muy conocido. No hay educación ni conocimiento sin emoción y sentimiento. Y esto lo he probado y nadie me lo ha falsado. No pongo en cuestión las neurociencias, al contrario, he encontrado una base empírica, como hace Damasio, para el estudio de las pasiones. Cuestión fundamental en la ética. Ya el viejo Aristóteles decía que la ética no es un conocimiento teórico, sino práctico, depende de la acción. Saber qué es la virtud no te hace virtuoso, es necesario el ejercicio. Pero para este ejerció es necesario la valentía, la voluntad. Fuerza. Y todo ello va, como dices, de dentro a fuera.

    Primero, no entiendo esa paradoja que señalas. Yo digo que la educación es la consecución de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Y ello requiere del dominio de las pasiones. Usted dice que todos estos valores son sentimientos. Efectivamente, lo son, pero no emociones. Las emociones son primarias y animales, residen en el sistema límbico. Los sentimientos son producto de la interacción con los lóbulos frontales, por tanto, de la educación. Pero, además, te proporciono un argumento más, pragmático histórico. Los valores, que asumimos por los sentimientos, de fraternidad, libertad…son una conquista histórica y biográfica. No nacemos con estos sentimientos, requieren de la educación. Y el conocimiento, de la historia, la filosofía, la literatura, las humanidades en general, así como la historia de la ciencia, nos acercan a esos sentimientos, emociones domesticados. Son más que sentimientos, valores. Por eso forman parte del ámbito de la filosofía, la ética, en concreto, no de la psicología. Son valores porque son guías de nuestra acción. Pero, primero debemos aprehenderlos. He puesto la h porque es decisiva.

    La segunda contradicción, o error fundamental es, simplemente, un invento de usted. Vamos a ver, yo sostengo que la escuela es el vehículo de, digámoslo así, domesticación. Ahora bien, mi ideal educativo es que la educación debería perseguir la ilustración, con todo lo que ello significa. Su error grave es que confunde, o no es capaz de distinguir, dos niveles en la lectura. Por eso, luego, viene a mantener lo que yo digo, pero mal expuesto. En fin. Después, estando, como digo de acuerdo con lo que expone, viene a insistir en lo de máximas cuando habla de libertad,… mejor prefiere llamarla metas. Ahí estamos de acuerdo. Pero, como le digo, tienen un nombre y se llaman valores. Los valores son accesibles de dos formas, intelectualmente y por mimesis. Ambos métodos tiene a la base los sentimientos, por el hecho, simplemente, de que el hombre es un animal social. Pero, insisto, es ineludible el estudio del conocimiento, a nivel de conceptos, para que sean accesibles estos valores. El conocimiento, por sí mismo, muestra esos valores.

    Y mi tercer error. No me entero, ahora resulta que el defensor de la inteligencia emocional soy yo. No es eso, se confunde usted de nivel. Precisamente lo que es el gran proyecto de la humanidad es el proyecto ético en el que estamos embarcados desde los griegos y que recuperamos en la ilustración. Y le insisto, la ética es conocimiento, emociones, sentimientos y valores. Insisto, el hombre es fundamentalmente pasional. La razón, que siempre, por el paradigma científico que se inaugura en el renacimiento, se ha entendido como lógico-matemática es mínima y, además, ésta también está calada de sentimientos. Sólo basta echar un vistazo a las biografías de los máximos científicos. La razón es más amplia que la razón matemática y la culminación de la razón es la razón ética. El gran proyecto de la humanidad, en el que por supuesto participa la ciencia, la tecnología, la política, la jurisprudencia…es el proyecto ético.

    Y usted dice:

    La educación emocional pretende encontrar el equilibrio entre el razonamiento y la emoción, porque lo que sí está científicamente demostrado a través de la neurociencia y del empirismo es que ambos interactúan en nuestra vida cotidiana.

    Su error grave, no el de los estudiosos, neurocientíficos, es separar razón de emoción. Hay unión, lo que sucede es que la educación, y debido a la plasticidad del cerebro, va modelando, digámoslo así, el cableado, y creando y recreando nuevas redes neuronales. Su error procede de una visión de la razón anclada, como le dije, en el paradigma de razón matemático-lógica. (En las primeras páginas de Inteligencia emocional de Goleman esto queda absolutamente claro. Pero, mejor, leer a José Antonio Marina) Tampoco me gusta lo de científicamente demostrado. Eso es una coletilla que, permítame, debe obviarse. Se puede hablar de contrastación, grados de corroboración y, además, hablando de niveles neurofisiológicos y bioquímicos. De ahí, a una generalización psicológica y una ideología, que pretende pasarse por científica, pedagógica, va un trecho importante que el método científico impide.

    Y, por último, como parte de un error hace usted un gazpacho entre libertad y libertinaje, igualdad, egoísmo, en fin, que no es necesario comentar. Pero es curiosa una cosa. Coincidimos en los valores falsos que proliferan en la sociedad y que la educación debe resolver. Lo que ocurre es que su perspectiva, como he señalado, no es innovadora y que sería mejor un regreso a la ética de Aristóteles, Spinoza y Kant. No por muertos y viejos tienen menos razón.

    Y termino con un texto del viejo Aristóteles en el que habla del origen de la ciencia. Usted misma puede juzgar si se puede separar el conocimiento de los sentimientos.

    “Que no es una ciencia productiva resulta evidente ya desde los primeros que filosofaron; en efecto, los hombres -ahora y desde el principio- comenzaron a filosofar al quedarse maravillados ante algo, maravillándose en un primer momento ante lo que comúnmente causa extrañeza y después, al progresar poco a poco, sintiéndose perplejos también ante cosas de mayor importancia…Ahora bien, el que se siente perplejo y maravillado reconoce que no sabe…Así pues, si filosofaron por huir de la ignorancia, es obvio que perseguían el afán de conocimiento y no por utilidad alguna.” ARISTÓTELES. Metafísica.

    Llevo veinticinco años comentando este texto con mis alumnos.

    P.D. Siento decírselo pero mi lectura sobre inteligencia emocional no fue superficial. Como filósofo de la ciencia leo asiduamente a los científicos y el tema de la vida y la inteligencia ha sido una de mis constantes.

  14. 28 diciembre 2010 a 10:06 #

    Estimado Jesús, escribí el articulo que he utilizado como respuesta poc después del de La farsa… y por eso no lo mandé. el tema estaba bastabnte discutido. ahora creo que, quizás, sea oportuno.

  15. 28 diciembre 2010 a 10:10 #

    Estimado Jesús, escribí el artículo que he utilizado como respuesta poco después del de La farsa… y por eso no lo mandé. El tema estaba bastante discutido. Ahora creo que, quizás, sea oportuno. Me ha encantado tu última crítica, llena de ironía y un buen conocimiento de la metodología de la ciencia. Eran muy necesarias esas aclaraciones y la ironía mejor que nada para ello. Me has ahorrado una segunda intervención porque quería hablar del método científico en la intervención de Judit. Gracias. Saludos

    • Jesús San Martín
      28 diciembre 2010 a 13:03 #

      Juan Pedro, lamento haberte ahorrado una intervención, pues como dice Francisco Javier, tus intervenciones deben tener una entrada como artículo, con las que nos harías un buen servicio. Gracias por los artículos que nos dejas en las intervenciones. Un saludo.

  16. 28 diciembre 2010 a 11:21 #

    Gracias Francisco Javier por la cita. Leer a Spinoza es siempre gratificante. Y, como bien dices, cualquiera que hubieses cogido vendría perfectamente al hilo de la argumentación. Lo de la inteligencia y educación emocional son una farsa y un camelo. Más pan y circo posmoderno. Como digo, recuperar a Aristóteles, Spinoza y Kant. He reflexionado mucho sobre esto último. Espero ser capaz de escribir un artículo algún día.

    • Francisco Javier
      28 diciembre 2010 a 12:15 #

      Harás un buen servicio a todos. A todos estos predicadores de la inteligencia emocional hay que pararles los pies. Creo que todos estos comentarios que haces deberían sin más pasar a tener una entrada como artículo. Merecería la pena y creo que puede suscitar debate. Un saludo.

    • Raus
      28 diciembre 2010 a 14:52 #

      Como bien dice Juan Pedro, no es suficiente conocer qué es lo correcto para obrar bien. En esto no soy socrático. Mi opinión es que la validación de la ética (qué acto es o no admisible, o en qué grado) sólo puede correr a cargo de la razón universal, no de emociones y sentimientos que, lógicamente, no son universales. Entre el pensamiento ético adecuado y el hecho ético adecuado hay mucho trecho. Y es en este punto donde los seres humanos necesitan de ciertos sentimientos o cualidades emocionales, susceptibles de ser entrenadas desde la infancia. La escuela actual, junto con los demás agentes educativos, fracasa porque desdeña la razón (necesaria para conocer el bien) y la voluntad (para hacer el bien). Gracias, Juan Pedro, por compartir estas valiosas reflexiones. Trato estas cuestiones en un artículo próximo. Allí seguiremos con ellas si lo deseáis.

  17. 28 diciembre 2010 a 15:53 #

    Me parece que lo que hay aquí de fondo es una cierta carencia de la que hace gala la Psicología contentadiza. Consiste tal carencia en no haber prestado atención al pensamiento occidental salvo en los últimos ciento cincuenta años y ponerse ahora a descubrir mediterráneos, a estas alturas de partido, y encima con ínfulas, porque una ciencia en mantillas y con chupete, la Neurofisiología, ayuda de vez en cuando afirmando algo que parece riguroso. La consideración del pensamiento, especulativo o práctico, como una síntesis de sensibilidad y lógica arranca en los diálogos de Platón y en nuestros días llega hasta el concepto de “inteligencia sentiente” de Zubiri, muchísimo más sutil que el de “inteligencia emocional” que manejan los psicólogos, pasando el tema por todas las épocas y todos los movimientos filosóficos. Tanto desde el racionalismo (“Las pasiones del alma” de Descartes) como desde el empirismo (los análisis sobre los sentimientos que ofrece Hume en la Tercera parte del “Tratado sobre la naturaleza humana”) se ha puesto de manifiesto siempre en la Modernidad que el objetivo del estudio de lo humano es la elaboración de una teoría política a partir de la investigación sobre las pasiones y los modos lógicos de conocimiento. El problema que se plantea entonces es el siguiente: ¿por qué se le da ahora una relevancia especial a esto, como si nos hubiese sido desconocido hasta ahora? ¿los psicólogos estudian las cosas como si hubiesen llegado a este planeta antes de ayer, como si se hubiesen caído de un guindo? (perdona Antonio, que yo te tengo en mucha estima y sé que tú eres un psicólogo ilustrado) ¿a quién puede resultarle chocante o novedosa una tesis que inauguraron los griegos hace 2500 años? ¿quién se puede creer que no lo tenemos en cuenta constantemente como una de nuestras rutinas docentes, sociales, vitales, y que nos somos una civilización de “gestión de la inteligencia sentiente? ¿Por qué ahora esta moda, refrendada por los prebostes de la pedagogía americana y el Dalai Lama? O dicho de otra forma, y abordando una pregunta que Judit no se plantea porque en su disciplina parece que siguen viviendo en las nubes ajenos a un mundo real que no llegan ni a oler aunque se pasan la vida entera intentando llevarnos a él, ¿qué INTENCIÓN POLÍTICA hay detrás de la insistencia en “gestiones emocionales”, “resolución de conflictos”, “creatividades sentimentales varias”, etc, etc, que se revelan como asuntos ajenos al profesorado común y que sólo un supuesto “experto”, consciente de lo que es la sociedad hoy, del gran cambio que hemos experimentado (cada vez que oigo esto me troncho) de las TICs y de la Escuela 2.0, parecería capacitado para afrontar? O dicho de otra manera, ¿quién ha montado este negocio? ¿qué busca con este camelo?

    • Francisco Javier
      28 diciembre 2010 a 17:13 #

      A ver si algún “sabio” te responde, Antonio. Será digno de oír.

    • JuditMF
      28 diciembre 2010 a 17:20 #

      (De nuevo debo hacer limpieza del ruido de aquellos comentaristas que en lugar de hablar del tema que remarca el título se limitan a ironizar sobre mis palabras sin aportar contenido valioso. Igualmente agradezco a las personas que sí se han limitado a hablar del tema en cuestión permitiendo que el debate respire en algo un poco más productivo. A ellos gracias.)

      Estimado Antonio, precisamente en este punto que remarcas es donde insisto una y otra vez y parece que o no me acabo de explicar o no se quiere entender lo que digo. Das justo en el clavo cuando planteas el tema de la INTENCIÓN POLÍTICA, que es a propósito de lo que le insistí (quizás no suficientemente) a Juan Pedro en mi segunda intervención. ¿Qué intención política puede haber en un tema que más bien es marginal en las escuelas? ¿Pueden ustedes decirme en cuántas escuelas existe un programa de educación emocional consistente? ¿Pueden ustedes decirme en cuántas escuelas se prevee que lo haya? En contadas. Que yo sepa el tema emocional en la educación es algo marginal y se reduce a algunas intervenciones en Estados Unidos e Inglaterra. Punto. ¿Dónde queda entonces la intención política?
      Cuando convergía con el autor del post en materia de valores y en materia de resultados a propósito de la educación no era la intención caer en una contradicción (desde mi perspectiva, cuanto menos, no la hay). Más bien, era una invitación para reflexionar que al final SÍ que es una cuestión de significados. Le atribuís un significado específico a la cuestión de la educación emocional y a partir de ahí hacéis girar una retórica-filosófica-o-como-queráis-llamarla para dotarla de sentido. Hacéis apología de una crítica hacia una inteligencia emocional que nada tiene que ver con la escasa práctica en educación emocional que algunos podemos llevar a cabo.
      Cuando convergía con el autor del post en las últimas intervenciones a propósito de la excelencia humana, no era con la intención de determinar qué pensaba o no pensaba Juan Pedro. Ni afirmo ni dejo de afirmar que seas tú el que defiende la inteligencia emocional. Me limito a hablar de lo que dices no de lo que tienes que decir. Y si en verdad se pudiera parecer en algo lo que dije a lo que creyó leer (supongo que es fácil habituarse a ese tipo de lecturas cuando uno está rodeado de constantes ataques personalizados, aunque sean a terceros), entonces pido disculpas porque no va conmigo debatir sobre las personas sino sobre los temas. Y el tema es bastante concreto y queda recogido en el título.
      En definitiva, lo que me parece más inquietante de todo este debate es que todos tenemos una idea común o parecida en cuanto a las estrechas interacciones entre razón y emoción y en las metas a perseguir; pero divergemos en el modelo que nos ha de llevar de A a B. Sin embargo veo una luz en el fondo del túnel que arroja algo de coherencia a todo este debacle retórico (sí, sí, bastante crespador, en mi opinión cuando se tiene que hacer tanta limpieza de ruido) y que refuerza la idea de que en definitiva se trata de una cuestión de significados: a propósito de lo que Juan Pedro comenta en una de sus últimas aportaciones en respuesta a mí, matiza la idea de “emoción”; ¿quizás sea preferible usar la palabra AFECTIVIDAD para que se entienda mejor lo que quiero decir y obviemos las manipulaciones lingüísticas? Es decir, si en lugar de inteligencia emocional desde un principio os hubiera hablado de inteligencia psicoafectiva, ¿cambiaría el discurso?
      En definitiva, me parece que estamos hablando de prácticamente lo mismo en todo momento y que al final discutimos sobre matices. Es decir, lo que ustedes llaman razón ética yo lo llamo psicoafectividad. Vosotros lo imbricáis con una educación ilustrada, y yo lo relaciono con una educación emocional. Cuestión de palabras. Pero el fondo, es el mismo. Y esa es la gran paradoja-contradicción-o-como-gusten-llamarlo a la que me refería; quizás torpemente, ¡¡vaya usted a saber!!

      • Francisco Javier
        28 diciembre 2010 a 18:41 #

        No: razón ética y psicoafectividad no son ni por asomo lo mismo. Puedes gestionar perfectamente tus emociones y ser un verdadero canalla. Y al revés. Hay que distinguir con claridad emociones, sentimientos, afectos, lo que pertenece a la esfera de la psicología (mediada social, cultural e históricamente) de lo que constituye un principio moral racional. Cuando alguien obra de acuerdo a sus emociones, su conducta podrá considerarse beneficiosa, dañina o lo que se quiera, pero no está obrando moralmente, sino de acuerdo a una inclinación: se trata de mera conducta y como tal aquí no cabe hablar de libertad, ni por tanto de responsabilidad. Los valores no son sentimientos, ni realidades mentales, sino que se trata de objetos ideales, intersubjetivos. De los valores (“justicia”) derivan principios que adoptan la forma de ley, de imperativo: “debo der un hombre justo”; y además estos valores y estas leyes suelen ir asociados a determinados estados sensibles como emociones o sentimientos (que no añaden ningún valor moral), por ejemplo, la tristeza de ánimo que provoca el sufrir una injusticia o el contemplar cómo la sufren otros.) Todo esto, como ya han señalado otros participantes, es tan viejo al menos como Sócrates. Kant lo fundamenta de modo riguroso y también lo hace la escuela fenomenológica (Brentano, Husserl, Scheler.)

        En cualquier caso, toda la importancia que se está dando al tema me parece excesiva y ridícula. Sinceramente cuando veo a los psicólogos meter sus narices en todo me pongo de los nervios. Me parece ya de cachondeo el que en un programa del Punset, un vendemantas que no decía más que chorradas, nos hablase de “implementar” la transversalidad y todos estos rollitos ¡en la Universidad! ¡Como si no tuviera nada mejor que hacer un estudiante de físicas (o un médico o un ingeniero o un filólogo) que dedicarse en horas de clase a perder el tiempo! Cada día estamos más atontaos. Un saludo, Judit.

      • JuditMF
        28 diciembre 2010 a 19:09 #

        Dime, entonces, Francisco, ¿qué es lo que crees tú que es psicoafectividad? Dime, Francisco, porque de momento en tu exposición no has hablado de psicoafectividad sino de tu concepto de inteligencia emocional. Ilústrame.

      • Francisco Javier
        28 diciembre 2010 a 19:56 #

        Ilústrame tú mejor, ya que se sabes más del tema. Yo lo único que digo, y creo que de forma juiciosa, es que la moral no se puede reducir a la psicología, ni extraer de ella sus fundamentos, porque entonces carece de valor moral. Otra cosa es que un psicólogo, como hizo de forma magistral Freud, nos explique cuáles son los motivos reales (no imaginarios) por los que A obró de tal o cual manera. Si la moral se reduce a los hechos empíricos, a lo que una psicología puede explicar, entonces la moral no existe, relativismo puro y duro. De esto hablé en un artículo publicado en Deseducativos: Superhombrecitos.

      • 28 diciembre 2010 a 20:33 #

        Perdona, pero no entiendo que “psicoafectivo” se diferencie en algo de “psíquico” o de “afectivo”. Es más, en inglés se traduce por “mental”, “psychological” y, como bien ha explicado Francisco Javier, nada tiene que ver con lo ético, y mucho menos con lo político. Aquí radica el verdadero problema. La pretensión de dirigir la Enseñanza desde la Psicología nos ha llevado a entender al alumno como una máquina emocional que ha de ser movida (motivada), y a eliminar de ese proceso cualquier referencia a las circunstancias éticas y políticas en las que tiene lugar el aprendizaje. Podríamos llamarlo la “deshumanización de la enseñanza”. La eliminación de esas circunstancias que, desde la Filosofía, son configuradoras del individuo, porque el individuo “psíquico” ocurre en ellas y ellas funcionan como un a priori, ha sido posible gracias a la introducción de la Psicología evolutiva (y su hermana bastarda, la Pedagogía) como paradigma científico autorizado para tratar el tema, precisamente porque la Psicología nace para no entender esas variables, para rechazarlas, para eliminarlas. Aquí llegan de pronto el señor Marchesi y el señor Coll y nos joden el sistema educativo para medio siglo.
        Incluso cuando la Psicología, en el Psicoanálisis, se vuelca hacia otros horizontes, es severamente repudiada. El Psicoanálisis se escinde y ha de buscar cobijo en otras Facultades, y a Lacan sólo acaban escuchándole los filósofos.
        Ahora tú dices que dónde hay un programa escolar de “inteligencia emocional”. En todos los lados. Ya no se estudia Matemáticas, o Química, o Dibujo… Tales materia ya no son más que una mera excusa para hacer análisis emocional, para encontrar a la persona, para ayudarla a ser feliz. Y sigo preguntando, ¿qué intención política hay detrás de esto? No espero que me lo respondas tú. Desde la Psicología no hay posibilidad de responder a esto. Planteo de otro modo la pregunta: ¿qué mierda nos está contando el señor que sale en este video, señor laureado donde los haya, simpático hasta la extenuación, con un poder mediático digno de un semidios?
        http://www.agoratalentia.es/primera-edicion/primera-edicion_expertos_sir-ken-robinson.asp

  18. 28 diciembre 2010 a 16:09 #

    Gracias Francisco Javier por tus sugerencias. Antonio Raus, como siempre, tus palabras son necesarias y, como acostumbro espero tus reflexiones. Antonio, tu discurso sobre la inteligencia y la razón a lo largo de la historia de la filosofía es fundamental. Es lo que he intentado mostrar. Es necesario que realmente se responda y se investigue sobre las preguntas que haces al final. Saludos a todos.

  19. Raus
    28 diciembre 2010 a 18:01 #

    Tranquilo, tocayo, que demasiado conozco el páramo intelectual que es la psicología. De hecho, la debacle académica que sufrimos está muy relacionada con la ignorancia de los psicólogos respecto de la filosofía. El conductismo quiso ser reconocido como una psicología científica, experimental (a imagen y semejanza de la física newtoniana), por lo que alejó de sí la filosofía, considerada como un simple pozo de divagaciones oscurantistas, inútil metafísica y sin base empírica (la anti-ciencia). Parte de nuestro drama (y no sólo de España) reside en haber dado poderes decisorios a estos psicólogos ignorantes del pensamiento occidental que iniciaron los griegos. Ha sido como darle una pistola a un crío. La razón o razones de por qué se les concedió tales poderes decisorios son complejas, pero es obvio que tienen que ver con 1) el avance de la progresía política y 2) la expansión del cientifismo. Es decir, con el intento de “humanizar” la escuela y de modernizarla con un barniz científico (en realidad, de ignaro cientifismo). Más en general: la decadencia de nuestra civilización está relacionada con la “psicologización” de la sociedad: dejar de mirar el objeto y volver la mirada al sujeto. Y llevas razón, Antonio, ahora vienen a descubrirnos el Mediterráneo. Ellos, en efecto, en su ignorancia, lo han descubierto.

    En el artículo que menciono, Juan Pedro, no he podido considerar con hondura algunos aspectos esenciales de la cuestión ética. Por ejemplo, cómo conseguimos hacer lo que sabemos que debemos hacer. Cómo conseguimos hacer caso de los dictados de la razón, de la lógica; como logramos superar la tentación a favor de un bien de orden superior y no inmediato. Los animales no pueden, nosotros sí. Cómo logramos pasar del dicho al hecho. De qué manera salvamos el largo trecho entre el uno y el otro. Esto es ya parte de la voluntad y la virtud, rasgos humanos hoy tan denostados como, por ejemplo, el concepto de disciplina, al estar asociados a regímenes políticos y religiosos del pasado. Ya lo hablaremos.

  20. 28 diciembre 2010 a 18:40 #

    Estimada Judit, quizás tenga usted razón, y todo sea cuestión de terminología. Pero yo no lo creo así. Los psicólogos y pedagogos han creído encontrar en la noción de inteligencia emocional una panacea para la educación. Yo, lo que he dicho es que lo de la inteligencia emocional es una cosa sabida y aplicada desde siempre e, insisto, no ha sido refutado. Cuando usted dice que no existen programas de educación emocional o psicoafectiva, que me da igual, en las escuelas, pues, probablmente esté en lo cierto. Pero ese no es el problema del fracaso educativo. Sino que éste tiene un origen político. Y no sé porqué usted me dice continuamente que no hago mención de la política, si es lo único que he hecho realmente en este blog desde el principio. La raíz del problema es política, pero se apoya en una pseudociencia que es la psicopedagía. Y la base de ésta se encuentra en ciertos modelos científicos que son obsoletos y en ciertas epistemologías caducas. Y esto ya se ha analizado aquí, como le dije, pormenorizadamente. Puede que como dice usted coincidamos en los males, pero no en los remedios. No creo que una educación psicoafectiva solucione nada. Primero, cambiemos la ley, después, el modelo psicopedagógico en el que se apoya y, más tarde, ya hablaremos. Es más, su propuesta no es otra cosa que añadir, más de lo mismo, de lo que ya tenemos con el asunto de la dinamización, motivación y demás. Mi apuesta, como le digo, tiene que ver con la virtud y ésta, insisto, es fuerza y se consigue por medio del esfuerzo, el ejercicio y la autoridad. Todo ello, con una base emocional, sintiente, psicoafectiva, lo que sea, pero es imposible abandonar la autoridad, la disciplina y el conocimiento y todo ello desde la perspectiva del texto de Aristóteles que le cité. Y sí hay una discrepancia importante aquí, igual que hay un desconocimiento absoluto, por su parte, y no es retórica filosófica, como usted dice, de nuestra tradición occidental. Tradición que ha dado lugar a la ciencia, la técnica, el arte, la jurisprudencia, la ética, la política, la filosofía, la democracia y los totalitarismos. Entender esta tradición es entendernos a nosotros mismos. Ser críticos con ella, aprender de ella, reconocerla en nuestra actualidad. No se descubren mediterráneos tan fácilmente, casi no hay nada nuevo bajo el sol. Cuando uno estudia su tradición, en nuestro caso una tradición con tintes universales, se da cuenta de donde vive y desenmascara la ingenuidad juvenil, cosa que le ocurre a la psicopedagogía, que se cree descubrir mundos ya archiconocidos. Disculpe, pero creo que eso de la educación emocional no es más que otra muestra del pensamiento débil posmoderno. Por cierto, esto del pensamiento débil es filosofía, muy mala, eso sí, y muy peligrosa, pero omnipresente, y hay que conocerla para saber donde hunden sus raíces nuestras ideas, valores y programas políticos. Y eso es lo que pretendemos hacer, desenmascarar las apariencias. Y como todo pensamiento débil, la educación emocional no es más que darnos gato por liebre.

    Y, por último, insisto en lo de la política. Al poder le interesa la sumisión, de ahí el sistema de enseñanza que tenemos y de ahí que todo poder político y económico se preocupe por él. La preocupación fundamental del poder es la de la adaptabilidad y eso es lo que se pretende con la actual ley. Y, si por una desgracia, se pone en marcha eso de la educación emocional, no será para buscar la virtud y la excelencia, sino para clonar. Y los alumnos, futuros “ciudadanos” se comportarán obedientes y sumisos y se adaptarán perfectamente al mundo que se les ofrece que no es más que el desierto de lo real. Creo que coincidimos en las metas, pero discrepamos en los análisis y los caminos. Un saludo y gracias por su atención.

    • JuditMF
      28 diciembre 2010 a 19:12 #

      Estimado Juan Pedro,
      dices:
      “Y no sé porqué usted me dice continuamente que no hago mención de la política, si es lo único que he hecho realmente en este blog desde el principio”.
      ¿Hablamos idiomas diferentes? ¿En qué momento he dicho algo parecido?

  21. 28 diciembre 2010 a 18:48 #

    Una sugerencia, si me permite mi atrevimiento, Judit. El que desconoce la filosofía se queda con la peor de todas ellas. La filosofía como una visión del mundo y de la acción está a la base de toda conciencia humana. Ser inconsciente de ella es ser profundamente ignorante de lo que somos. “Conócete a ti mismo”. “Una vida sin análisis no merece la pena de ser vivida.” Platón. Apología de Sócrates.

    • JuditMF
      28 diciembre 2010 a 19:22 #

      Supongo que tú, Juan Pedro, te conoces. ¿Cierto?
      Respóndeme, si deseas, a una pregunta desde el nivel que más gustes pero que responda a la pregunta: “¿quién eres?” Invito al resto de los contertulianos a que hagan el ejercicio también si desean. No es una trampa psicológica ni de ningún tipo. Es una pregunta hecha con franqueza. Gracias.
      En cuanto a tu sugerencia, Juan Pedro, se la agradezco y quisiera ser igual de generosa contigo. El que se encierra en sus propios parámetros de comprensión del mundo está condenado a la mayores de las ignorancias. Discúlpame porque no traigo citas conmigo; hace tiempo que me aburrí de copiar constantemente lo que otros decían, aunque seguramente que de forma espontánea me saldrán muchas cosas que otros ya dijeron y tú, Juan Pedro, sabrás saborearlas igualmente.

      • Jesús San Martín
        28 diciembre 2010 a 20:06 #

        ¡No Judit! ¡No! ¡No está condenado a la mayor de las ignorancias el que se encierra en sus propios parámetros de comprensión del mundo! Quien está condenado a la mayor de la ignorancia es aquel que decide vivir en ella, aquel que no se cree ignorante y pregunta si no hablamos el mismo idioma cuando no se transcriben literalmente sus palabras, aquel que cree escuchar por el simple hecho de preguntar, aquel que se cree libre de parámetros y se enreda en los suyos, aquel que pretende guiar a los demás a la comprensión de sí mismos cuando nada sabe de él, aquel que repite palabras muertas por mucho que niegue traer citas.

        Te voy a responder negativamente a una pregunta que hacía Raus “Cómo conseguimos hacer caso de los dictados de la razón”. Los frutos de la razón pueden tardar mucho en madurar, por eso no la atendemos. La sinrazón también da frutos, también tarda en madurar, se te pudrirán en las manos.

        Bienvenida al foro, tienes la misma libertad de preguntar como los demás de no responderte, interpreta el silencio como una respuesta y medita sobre ella.

  22. Carlos
    28 diciembre 2010 a 22:15 #

    Ni la psicopedagogía es una ciencia, ni la ciencia es una religión. Tampoco me explico por qué la inteligencia suprema es la inteligencia ética (afirmación que oí no hace mucho a Jose Antonio Marina). Por lo demás, de acuerdo.

  23. 28 diciembre 2010 a 22:40 #

    Mire usted, Judit, no sé si la he ofendido como mi atrevimiento al citar aquello de la filosofía (que es de mi propia cosecha) y a Platón (Sócrates). De todas formas yo todavía sigo aprendiendo de él, como de toda nuestra tradición, igual que de cualquier ser que tenga algo que decir, sea lo que sea. Lo siento, pero no hablamos el mismo idioma. Es cierto. Usted no habla ninguno. Usted es una dogmática, sin conocimiento. No ha criticado ninguno de mis argumentos, ni ha intentado siquiera analizarlos y le he respondido a los suyos con mucha paciencia y dedicación. Cuando se ha visto en un callejón sin salida, ha salido por los cerros de Úbeda. He intentado llevar un diálogo racional y razonable, pero usted responde con tópicos, lenguaje ambiguo, incoherencias, ignorancia de su tradición, y superioridad infantil ante ella, con ciencia basura e insultos subliminares. El principio del pensamiento nace en Grecia con la conquista del Logos, la razón. Y se expresa mediante el diálogo, el logos es lo común. Éste significa que la razón es lo común. Esto es algo imprescindible. No hay diálogo cuando no se considera que la razón –que no pertenece a nadie- es común entre los que dialogan. Cuando se cree poseer la razón se está en el dogmatismo. Y eso le ocurre a usted. Y ese dogmatismo es ignorancia revestida de una parafernalia científica que me cansa. ¿Qué es eso de que miro desde mis parámetros? ¿Sabrá usted lo que significa eso? Cuando uno se ha adentrado en la historia de las ideas y de la ciencia está más que acostumbrado a ver desde muchos parámetros o paradigmas, si lo prefiere. En eso consiste el diálogo con nuestra cultura. Además, lo que he hecho, entre otras cosas, es poner, también, su postura en diálogo con las ideas actuales que la sustentan; que, por lo que me contesta usted o desconoce o ignora. Y, lo siento, sea lo uno o lo otro, está en un estado de creencia, o de ignorancia. En las creencias se está, es decir te poseen, las ideas se tienen. Usted está en el nivel de las creencias. Permítame usted que siga con mis tareas, que no son pocas. Saludos y adiós.

  24. Ana Belén
    29 diciembre 2010 a 15:23 #

    Su argumentación ha sido increíble, Juan Pedro. La Filosofía es arte en sí misma y el conocimiento filosófico, saber en estado puro. Ojalá que pronto la Filosofía vuelva a ocupar el lugar que merece en la enseñanza. Espero que podamos leer pronto otro de sus estupendos artículos. Un saludo.

  25. 29 diciembre 2010 a 22:15 #

    Gracias, Ana Belén. Me agradan tus palabras. Saludos y feliz año.

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  1. La farsa de la inteligencia emocional en la educación - 29 noviembre 2010

    […] La farsa de la inteligencia emocional en la educación deseducativos.com/2010/11/29/la-farsa-de-la-inteligencia-…  por russell hace 3 segundos […]

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