“Que de hottentots parmi nous”

Que de hottentots parmi nous!

Helvecio

Juan Poz

Que a estas alturas del siglo XXI, con lo que ya se lleva estudiado acerca del funcionamiento del cerebro y los procesos de adquisición del conocimiento, sea necesario escribir un artículo en el que se defienda la radical heterogeneidad de la capacidad mental de los individuos prueba la solidez de los dogmas demagógicos –admítaseme la redundancia– construidos sobre los lábiles fundamentos de las buenas intenciones. Unamos a esas ingenuas creencias la que, en el plano pedagógico, las corona: “el niño es una esponja”, con la que, al parecer, quien la enuncia cree haber hallado algo así como la piedra filosofal de la argumentación, cuando, en realidad, la identificación con el más primitivo de los seres vivos dista mucho de constituir un elogio y sí una descripción inmisericorde del grado de desarrollo mental de millones de individuos de nuestra especie.

Llevados por esa ingenuidad ideológica, los responsables del sistema educativo público han convencido a los posibles clientes/votantes de que sus hijos, todos ellos, están “genéticamente diseñados” para sacar un provecho excepcional del aprendizaje en las escuelas, institutos, centros de formación profesional y universidades. La propaganda, que es de suyo viciosa, como las malas hierbas en los sembrados, no se recata a la hora de prometer, ¡y hasta casi garantizar!, que los retoños en cuestión no sólo van a aprender con provecho las lenguas oficiales que les correspondan territorialmente, sino, así mismo, el inglés y, con apenas ningún esfuerzo añadido, el francés, el alemán, el italiano e incluso hasta el chino, según las disponibilidades de personal de cada centro. Tal banalidad, hija de la ignorancia nieta de la falacia y biznieta de la mentira, forma parte de todos los programas electorales con que los partidos políticos pretenden embaucar a quienes, acaso por su propia incompetencia intelectual, son incapaces de la más mínima sindéresis.

Desde el viejo dictum, “la letra con sangre entra”, hasta imágenes tan expresivas para la actividad docente como “desasnar” o “quitar el pelo de la dehesa”, la tradición nos surte copiosamente de juicios que retratan la actividad docente y el proceso de aprendizaje como un autentico “valle de lagrimas” en el que, paradójicamente, quienes más ríen son quienes después, al salir de él, más lloran para mamar la caridad estatal. Contrasta esa visión peyorativa del acto educativo (Gregorio Luri escribía aquí hace poco sobre el juicio de Agustín de Hipona acerca de los “tristes sádicos de mano larga y corta inteligencia” que le habían amargado su estancia en la escuela al santo) con las teorías antiautoritarias que a partir del espíritu lúdico, la socialización como valor total apodíctico y la evitación de la frustración del niño han sentado las bases del actual desastre educativo que padecemos, cuando lo suyo, como bien sostenía Gide en Los monederos falsos, es que

“una educación a contrapelo del niño le robustece, por la reacción de protesta que en él genera”.

Respecto de la plaga del ludismo, y como sostenía Juan de Mairena:

“No pienso yo que la cultura, y mucho menos la sabiduría, haya de ser necesariamente alegre y cosa de juego. Es muy posible que los niños, en quienes el juego parece ser la actividad más espontánea, no aprendan nada jugando; ni siquiera a jugar”.

Sin embargo, las autoridades orwellianas pretenden, es cosa de hoy mismo, “instruirles en cómo jugar evitando los roles sexistas”, lo que añade a la espiral de la irracionalidad buenogenérica un tramo que lo tiene todo de firulete y nada de recto proceder.

Si nos remontamos al Libro de dichos de sabios e philosophos e de otros ensemplos e dotrinas muy buenas, que tradujo Jacob Zadique de Uclés a comienzos del siglo XV, hallamos experiencias que, con carácter universal, han sido “testadas” en un abanico de épocas y situaciones sociales tan diversas que sería insensato echar en saco roto algunos de sus avisos:

“Escripto es que sy as fijos, guárdalos de mal e jamás non les enseñes buen rostro porque en todo tiempo ayan temor de ty, que el themor guarda mucho a los moços”,

algo que se aviene a la perfección con la doctrina de Catón: “Doctrina est fructus dulcis radicis amorae” (Son el conocimiento y la instrucción el dulce fruto de una raíz amarga). Así pues, el estudio y el aprendizaje suponen un esfuerzo que no puede ser suplido ni con las famosas TICs, las de la Total Incompetencia Conceptual, ni con el aprendizaje a partir de los hiperbóreos “intereses” del discente ni, por supuesto, con la tolerancia de conductas disruptivas que acaban teniendo un premio –los famosos alumnos al PIL PIL– en vez de una sanción correctora y ejemplarizante.

Que el conocimiento hay que arrancárselo a la mole granítica de la ignorancia con una perseverancia total no es doctrina novedosa, como bien leemos en la Introducción a la sabiduría de Juan Luis Vives, cuyo sentido común debería avergonzar a nuestros dirigentes ministeriales – tan poco menesterosos en la busca de la verdad pedagógica– y a esos pedagogos a los que retrata un aforista tan inteligente como Lichtenberg:

“La naturaleza hace la leche materna para el cuerpo; la del espíritu quieren hacerla nuestros pedagogos”,

esos, los de hoy cuya fe ciega en la capacidad de los discentes choca con la certera opinión del aforista alemán:

“Un recelo auténtico y natural frente a las capacidades humanas en todos los campos es el signo más seguro de fortaleza espiritual”.

Vives, por su parte, estudioso él mismo durante toda su vida y, por lo tanto, sujeto de su propia teoría, reconoce esa dificultad intrínseca del proceso de aprendizaje que, hoy en día, ni pedagogos ni políticos mandamases aceptan reconocer como explicación última del fracaso educativo:

“Tanto si lees como si escuchas, hazlo siempre con atención; procura que tu pensamiento no se distraiga, fuérzalo en fijarlo, y es menester que estés para aquello y no para otras cosas.”

(Las cursivas son mías.)

“Cuando por dos o tres veces has tenido que enmendarte en aquello que te hayas equivocado, pon la máxima atención en no caer en el mismo error: haz que la enmienda sea eficaz”.

O, finalmente,

“no pases un día sin leer, escuchar o escribir algo que acrezca tu erudición, tu prudencia, tu virtud”.

Este último consejo choca, con la fuerza probatoria con que un terremoto evalúa los fundamentos antisísmicos de un edificio, con la estadística que llevo haciendo sistemáticamente desde hace más de 25 años. Lunes mañana. La luz, que no las luces, choca contra los rostros marmóreos de estudiantes adormilados. Aula sobrecogedora. El profesor, con impostada energía trata de alterar la desatención: “Que levanten la mano quienes durante la semana que acaba de pasar hayan escrito siquiera una hoja en castellano”. Entre los  70 de la clase, brazos…, claro está, apenas se divisa uno alzado, dos en las clases buenas y tres si el curso es excepcional… Lo habitual es que no se levante ninguno, lo que nos lleva a la certera observación de Cela:

“No hay peor analfabeto que quien sabiendo leer y escribir, ni lee ni escribe”.

En el desierto de las mentes rotas y adocenadas de los adolescentes consentidos ha caído el consejo de Lichtenberg, lanzado como el vilano que lleva la semilla del árbol, a comienzo de cada curso:

“Escribir es una excelente ocupación para despertar las potencialidades que dormitan en cada hombre, y todo el que alguna vez haya escrito, habrá notado que el hecho de escribir despierta siempre algo que antes no distinguíamos claramente, aunque estuviera dentro de nosotros”.

Vives, por otro lado, también defiende un postulado que bien podrían hacer suyo los apóstoles del tan henchido y prosopopeyesco como desdichado “aprender a aprender”, y lo recojo aquí para mostrar la diferencia entre un proceso de aprendizaje basado en el rigor y el esfuerzo, y otro liviano, aligerado de conceptos y meramente procedimental, que es defendido por la pedagogía al uso:

“Tres cosas deben constantemente preocupar al hombre en el transcurso de su vida: de qué modo aprender más perfectamente, de qué modo hablará mejor, de qué modo obrará más rectamente”.

La concepción igualitaria de las capacidades humanas –¡tan distinta de lo que debería de ser la convicción política de la defensa de la igualdad de oportunidades!–   ha deshumanizado al  alumno, a quien, privado de su individualidad y de sus necesidades objetivas, diferentes de las de los demás, se le ha arrojado al cesto común de las esponjas, donde, por decretazo ideológico, ha de empaparse de todo, independientemente de que todos los poros de su superficie estén obstruidos por la mucosa espesa que destila la propia limitación mental. Esta situación, quizás,  debió de tener en mente Juan de Mairena cuando sentenció:

“Aquellos mismos que defienden a las aglomeraciones humanas frente a sus más abominables explotadores, han recogido el concepto de masa para convertirlo en categoría social, étnica y aun estética. Y esto es francamente absurdo. Imaginad lo que podría ser una pedagogía para las masas. ¡La educación del niño-masa! Ello sería, en verdad, la pedagogía del mismo Herodes, algo monstruoso”.

En ese sentido de la sensibilidad hacia la preservación de algo tan valioso como la individualidad de los sujetos criticó Juan Ramón Jiménez,  en uno de sus aforismos de Ideología, la concepción que critica Machado:

“En la educación de los niños, lo primero que hay que tener en cuenta es la conservación del carácter, de la personalidad. Y saldrán el niño-pájaro, la niña-rosa y no el niño ni la niña. En nuestras cárceles de educación, especialmente en las religiosas, se tiende a uniformarlo todo: el traje, el jesto, la letra, los sentimientos”.

¿Cómo se manifiesta esa dificultad intrínseca del aprendizaje en el estudio de la lengua? Valéry decía que “existen seres humanos cuyo oído, por sano que esté no distingue los sonidos de los ruidos” y que “la sintaxis es una facultad del alma”, lo que ciertamente reduciría mucho el número de candidatos a la posesión de la adecuada capacidad de expresión. El propio Valéry, sensible a todo lo relacionado con el uso de la lengua, decía que

“se ha reducido en exceso el conocimiento de la lengua a sólo la memoria. Convertir la ortografía en signo de cultura no es sino signo de los tiempos y de necedad. En el manejo del lenguaje, sin embargo, lo que de veras importa es el encadenamiento de los actos, la adquisición de la independencia de los movimientos del intelecto, y una vez desligados éstos, la libertad de su composición en el discurso”,

lo cual presupone un dominio del razonamiento que en modo alguno se enseña en nuestras aulas, como si esa habilidad hubiera de descender sobre los educandos como las lenguas de fuego de pentecostés una vez que los tales se hayan empapuzado con la inservible gramática, como bien observo el singular Juan de Mairena:

“No dudo yo de que estos hombres [los maestros] fueran algo ridículos, como lo muestra el mismo hecho de pretender enseñar a los niños cosa tan impropia de la infancia como es la Gramática”.

La visión tradicional de los profesores, de los pedagogos, como agentes defensores de lo contrario a lo que aspiran  (como ha ocurrido, por triste ejemplo, con los profesores de catalán en Cataluña, que se han acabado convirtiendo en los principales enemigos del idioma por el modo como lo enseñan/imponen) tiene también una tradición que no conviene dejar de tener en cuenta. Lichtenberg escribió:

“Creo que si  nuestros pedagogos llevan a buen fin sus intenciones, vale decir si logran que los niños se formen por entero bajo su influencia, nunca más tendremos un hombre auténticamente grande. Lo más aprovechable de nuestra vida no nos lo ha enseñado, normalmente, nadie.”

La unión entre la incompetencia profesional de los pedagogos y las limitaciones mentales naturales de los discentes constituye una realidad sobre la que, cuando no se pasa por ella de puntillas o directamente se ignora, se la desprecia como un resabio del viejo saber autoritario. Pero lo cierto es que, como bien vio Lichtenberg,

“los hotentotes llaman al pensamiento el azote de la vida. Que de hottentots parmi nous! , exclama Helvetius. Hermoso lema”.

Y tan evidente como espontánea afirmación le salió también a Clarín del alma cuando escribió su desconocida obra maestra, El jornalero, un cuento donde se describen a la perfección las razones del rechazo popular a cuanto huela a trabajo intelectual, por más que el propio Lichtenberg prevenga contra esa abdicación tan extendida:

“Nunca hay que pensar: «Este principio es demasiado abstruso para mí, es para los grandes eruditos, yo me ocuparé de los otros»; es una debilidad que puede degenerar fácilmente en una inercia total. No hay que desestimar nuestras capacidades para nada”.

El paradójico optimismo antropológico del pesimista escarmentado que era Lichtenberg no está reñido con una aceptación natural de esas diferencias de capacidad intelectual entre las personas, algo que el sistema educativo alemán tiene tan claro y que aquí, sin embargo, constituye, si meramente enunciado, una herejía perseguida por la inquisición del igualitarismo feroz.

A nadie puede extrañar que, como recoge Sainte-Beuve en su estudio sobre La Rochefoucauld, Montesquieu hubiera dicho que “si se hubiera visto forzado a vivir enseñando, no hubiese podido”. Algo que las autoridades educativas se han empeñado en que sintamos quienes hemos de luchar día tras día con las frustraciones que genera el principio de igualdad a rajatabla que rige nuestra vida académica, en la que ni el mérito ni la excelencia son valores reconocidos, estimados y celebrados. Y así nos luce el pelo…, de la dehesa. Con todo, aún hay raros especímenes profesionales en esto de la enseñanza que preferimos seguir el sabio consejo de Gracián:

“¡Oh, gran maestro aquel que comenzaba a enseñar desenseñando! Su primera lección era de ignorar, que no importa menos que el saber”

y aplicarnos la reflexión del uniquísimo Ramón en su Automoribundia:

“… yo soy antipedagogo y frente a ciertos jóvenes perorantes y ciertos viejos machacones, me dedico a algo muy necesario e importante, a desenseñar…”

Quizás por eso este artículo sólo podría aparecer aquí, en Deseducativos.

Anuncios

Etiquetas:, , , ,

Categorías: Crónicas del País de las Maravillas, Diagnósticos, Panlogsianismo

Autor:Juan Poz

Profesor de Secundaria y Bachillerato en un instituto público de Barcelona, y autor del blog Diario de un artista desencajado.

Suscribir

Suscribirse a nuestros perfiles sociales y feed RSS para recibir actualizaciones.

36 comentarios en ““Que de hottentots parmi nous””

  1. Alfonso Salas
    25 noviembre 2010 a 9:41 #

    Maravilloso. Certero. Descriptivo. Luminoso. …

    Tras salir del charco de la realidad de las clases, con briznas de ignorancia altanera (siempre la ignorancia es altanera) pegadas a mi cuerpo, me reconforta leer este artículo. Me preparo para las dos duchas escocesas que me quedan por sufrir hoy.

    ¿Qué han hecho los “desertores de la tiza” para convertir la profesión más maravillosa en la más … ?

    Gracias.

    • Ania
      25 noviembre 2010 a 18:27 #

      …asquerosa.

      De nada.

  2. Jesús San Martín
    25 noviembre 2010 a 10:56 #

    Basta echar una ojeada a nuestro alrededor para ver que la altura, la fuerza y el peso de las personas es diferente, como lo es su resistencia, su velocidad o cualquier otra variable que queramos medir. Hartos estamos de saber que tales variables se distribuyen, aproximadamente, por una distribución normal. Y evidentemente, dentro de las capacidades mentales se manifiesta esa distribución. De la misma manera que la fuerza, la altura, la resistencia, la velocidad, se reparten aleatoriamente entre los ciudadanos, así se reparte la capacidad mental. Por lo que como bien indicas, Juan, que haya que estar pregonando estas verdades, distrayendo tiempo de la esencial labor docente, es desastroso, a la par que indicativo de la solidez no sólo del dogma demagógico sino de su estupidez.

    No olvidemos que tal distribución es una aproximación, y que todo el mundo tiene un mínimo de las atribuciones arriba comentadas. Es este umbral mínimo el que nos permite transmitir unos conocimientos mínimos, y cuanto más homogénea sea la distribución que tengamos en clase más podremos ajustar el mensaje a la media de la distribución (muy por encima del corte mínimo). De ahí la sandez de dejar pasar alumnos no preparados al curso superior, o toda la clase se verá forzada a trabajar al mínimo, y no con las capacidades mentales que la naturaleza haya tenido a bien dotar a cada individuo, y que en ningún momento se hayan atrofiado por la imposibilidad de desarrollarlas por los efectos del dogma estúpido. Quizá una metáfora lo deje más claro: Nadal no estaría jugando donde está si yo hubiera estado en su clase de tenis, y él forzado a mantener un nivel determinado por mis nulas habilidades con la raqueta. Quien dice raqueta dice bisturí.
    Bella reflexión la del maestro Gracián, como bello tu artículo.

  3. 25 noviembre 2010 a 12:11 #

    El Defensor del Pueblo de Navarra pide menos deberes para los alumnos

    Enériz recoge con esta iniciativa la inquietud de algunos padres y madres sobre la elevada carga de estas tareas y su incidencia en la vida familiar

    El Defensor del Pueblo de Navarra, Javier Enériz, ha sugerido al departamento de Educación del Gobierno foral que impulse un debate social con expertos, docentes, padres y alumnos sobre la conveniencia y el volumen de las tareas escolares que los estudiantes deben hacer en casa.
    Enériz recoge con esta iniciativa la inquietud de algunos padres y madres de alumnos de primaria y secundaria sobre la elevada carga de estas tareas y su incidencia en la vida familiar.

    Según la información que le han proporcionado, en la mayoría de los centros escolares de la Comunidad Foral las tareas que se hacen en casa exigen una dedicación media de casi dos horas diarias, un dato que coincide con un informe elaborado por el Consejo Escolar de Navarra en diciembre de 2009.

    Los padres también han señalado que muchas de estas tareas no pueden ser realizadas únicamente por sus hijos sino que éstos necesitan su apoyo o el de profesores o academias particulares y esto da lugar a desigualdades entre unos y otros alumnos al no disponer todos los progenitores del mismo tiempo, conocimientos o nivel económico.

    Además, estas tareas escolares fuera del horario lectivo se califican por los profesores y forman parte del expediente académico, por lo que los padres han trasladado a Enériz que resulta imprescindible, para una educación en condiciones de igualdad, que sean los profesores los que impartan en horario lectivo los conocimientos técnicos adecuados, puesto que ellos no dominan ni las metodologías del currículo que se imparte, ni están obligados.

    “La pretensión de estos padres y madres no es desentenderse de sus obligaciones, ni de sus responsabilidades, sino, todo lo contrario, asumirlas y conciliar la vida familiar y escolar”, señala el Defensor del Pueblo de Navarra.

    Y al respecto añade que lo que pretendes es “poder disfrutar y educar en familia a sus hijos e hijas, y trabajar junto con ellos otros aspectos de la vida, diferentes de los escolares, que permitan un desarrollo íntegro de la personalidad”.

    Por todo ello, Javier Enériz aconseja que se abra un debate social en el que se reflexione si es necesaria o no la carga de trabajo fuera del horario escolar, las desigualdades que pueda originar entre los alumnos, la necesaria conciliación de la vida familiar y escolar, la procedencia o no de la calificación académica de estas tareas escolares extrahorarias, la incidencia que tienen en la vida familiar y en la propia del alumno, y la posibilidad de que estas tareas se puedan realizar en el centro escolar.

    • Jesús San Martín
      25 noviembre 2010 a 16:35 #

      Hace un par de meses pregunté a una prima sobre el colegio de su hijo, para saber de primera mano la opinión de una madre acerca de la enseñanza primaria. Me contó que habían protestado contra una maestra, porque ponía muchos deberes, y los chicos se tiraban mucho tiempo y acababan llorando. A lo que le espeté que si la molestia residía en los muchos deberes que mandaban o en que los niños lloraban. Estoy harto de ver a madres (pero a ningún padre) examinarse de ciencias naturales, matemáticas, inglés, lengua, geografía, historia (paro para seguir con el hilo) porque tienen unos niños consentidos y malcriados, a los que no sólo hay que evitarles cualquier esfuerzo sino que hay que darles papilla con catorce años. Y pasado el tiempo se alcanza un nivel en el colegio, en que uno puede explicarle matemáticas al hijo, pero no lengua, o viceversa, y entonces los niños malcriados, acostumbrados a que sus madres (pero no sus padres) estén escolarizadas por ellos, observan como se acaba el chollo. Entonces los niños malcriados, pero no tontos y muy llorones, elevan el nivel de las demandas a que sus progenitores A y B les tienen acostumbrados, y como el infinito sólo se da en las matemáticas cargamos contra los docentes la irresponsabilidad de nuestras obligaciones como padres, y llamamos a los politicastros, que a cambio de un puñado de votos, conseguirán que nuestros hijos sigan siendo idiotas y sin posibilidad de futuro.

      ¡Debate social! ¡Debate social! ¡Panda de idiotas! ¿Debatís cómo debe cortar el cirujano? ¡Pues cuando debatáis eso, entonces decidles a otros profesionales como deben hacer su trabajo! ¡Cxjxnxs, aquí todo el mundo sabe de fútbol y de enseñanza! ¡Pues si tanto sabes de enseñanza enseña tú a tu hijo, y no te quejes de que no tiene profesor particular!

      P.S. Decir que el infinito sólo existe en las matemáticas es una figura literaria, la dejadez de esos padres y la sinvergonzonería del político en cuestión también son infinitos.

      • 25 noviembre 2010 a 19:28 #

        Jesús, puede ocurrir que un padre de estos tan preocupados porque sus hijos lloran ante las cuentas sea capaz de dejar a su hijo en el concertado hasta las tantas de la tarde gracias a su horario partido y la maravillosa oferta de actividades extraescolares, o lo tenga, muy culto y muy progre él, tras la salida del público, ni se sabe las horas rascando un violín. Y que ambos echen pestes en una reunión de padres por la carga tan tremenda de deberes que llevan sus pobres retoños para casa (casa a la que llegan cuando la lechuza de Minerva levanta su vuelo). Son casos que conozco. ¡Es para desternillarse!

    • Ania
      25 noviembre 2010 a 18:45 #

      Sí pero con asistentes externos y no limitados a la clase particular de matemáticas, que la historia, la lengua, la literatura y demás “son de estudiar” y el nene lo puede hacer sólo: así adquieren el mísero nivel que tienen.

    • Francisco Javier
      26 noviembre 2010 a 14:04 #

      Pues mira, mucho menos trabajo para los profesores de Navarra. ¿No se nos acusa de vagos? ¿En qué quedamos? Si el profesor manda deberes y exige trabajo, estudio, esfuerzo, mal. Si no exige, entonces se dirá que los niños no aprenden, que están mal preparados, que los profes con tal de no trabajar, lo que sea. Así no hay quien se aclare. A mí me parece que lo que las Administraciones (con sus policías pedagogos) están deseando desde hace mucho tiempo es dar aprobado general a todos y a ser posible regalar un título al gusto del consumidor. ¡Pues que lo hagan de una vez! ¿Usted qué quiere? ¿Licenciado en Astrofísica? ¿Director de orquesta? Ningún problema: venga a por su título mañana mismo. Cuanta majadería.

  4. 25 noviembre 2010 a 16:04 #

    Juan, el artículo me parece espléndido y las citas, un lujo. Tras más de un año dedicado a la tarea, considero que es un honor colaborar en esta página de desenseñantes. P.S.: Es una vergüenza que los textos de Vives, de Gracián, de Machado, en suma, los textos de nuestros maestros, duerman el sueño de los justos porque una panda de bellacos decidieran un infausto día romper los puentes que nos comunicaban con nuestra propia cultura. Un saludo.

  5. 25 noviembre 2010 a 17:31 #

    Magnífico artículo y excelente defensa de la virtud, el esfuerzo y la excelencia en la enseñanza. Las citas no pueden ser mejor escogidas ni más actuales en pro de la necesidad del pensamiento antipedagógico. Saludos y enhorabuena.

  6. Francisco Javier
    25 noviembre 2010 a 18:08 #

    “Tanto si lees como si escuchas, hazlo siempre con atención; procura que tu pensamiento no se distraiga, fuérzalo en fijarlo, y es menester que estés para aquello y no para otras cosas.”

    En contra de tan sabio consejo, hoy leía en la revista Magisterio la entrevista a uno de esos iluminados de las nuevas tecnologías y la pedagogía más avantgarde, Larry Rosen, profesor de psicología en la Universidad de California-, en la que el entrevistado defendía la idea del ALUMNO MULTITAREA. Según este sabio, los alumnos de hoy en día son capaces de estar escuchando música por una oreja, a la vez que atienden al rollo del profesor de matemáticas como perora sobre el concepto de límite, contesta el último chascarrillo en el chat y en otra ventana minimizada consulta los últimos movimientos de la bolsa de Wall Street. Hoy en día los chicos son así y no se puede ir contra el presente porque bla.bla-bla. Siento no poder encontrar el enlace, porque la cantidad de genialidades que soltaba el susodicho no tiene desperdicio, como ya es costumbre entre nuestros ciberpedagogós. Y lo más grave es que este señor da clases a alumnos de verdad.

    Para terminar de fastidiar, enciendo la tele y aparecen unos niños desbordantes de alegría, emocionados, entusiasmados por el nuevo proyecto de la Escuela 2.0 (¡a ver si cambian la versión, que a mi esta se me queda ya antigua!): una plataforma diseñada por expertos pedagogos e informáticos en la que de lo que se trata es de alcanzar las competencias de una manera requetedivertida. Y allí estaba él, nuestro querido y omnipresente Punset, siempre sonriente, siempre entusiamado. El experimento, nunca mejor dicho, tendrá lugar en un colegio de Madrid.

    Un artículo estupendo, erudito, inteligente. Enhorabuena, Juan.

  7. 25 noviembre 2010 a 18:39 #

    Es un auténtico placer leer artículos tan atinados y de tan envidiable erudición. Respecto a la ilusión de que todos los alumnos están preparados para obtener un provecho excepcional que, mediante reiteradas dosis de propaganda, nuestros (i)-responsables educativos han logrado implantar en el cerebro de muchas personas ingenuas, me permito una observación. En la escuela primaria hemos visto y vemos cómo se convence a algunos padres de que sus hijos, algunos con deficiencias psíquicas severas, pueden alcanzar el nivel de “los demás”, mediante la elaboración de una A.C.I. y la integración en el aula. Al pobre maestro que se vea en tal situación, y son muchos, le esperan como mínimo dos años soportando los consejos del o la orientadora de turno que, desde su superioridad moral, le afeará sus reservas, le endosará, en el mejor de los casos, un lote de fotocopias de las que se pueden encontrar a cientos en Google y le culpabilizará sutilmente ante los padres si no transmite adecuadamente la buena nueva del feliz y exitoso aprendizaje del alumno.

    • Ania
      25 noviembre 2010 a 19:01 #

      Garrote vil para los Orientadores , perversores de juventud , asesinos morales en serie de generaciones enteras de niños educandos y de profesores esforzados vocacionales o no que quieren enseñar y formar.

      Yo los maldigo. Malditos sean.

  8. 25 noviembre 2010 a 18:46 #

    Me sumo a los comentarios favorables sobre el artículo. Y también comparto el entusiasmo por las citas, que son un tesoro. En un asunto tan antiguo como el de la educación es bastante ridículo e inaceptable que se desprecie la sabiduría de los clásicos. Ya sabemos, lo que hay que hacer es “innovar” y todo lo “tradicional” está obsoleto. Muchas gracias por lo que nos aporta y enriquece.

  9. una lectora.
    25 noviembre 2010 a 19:46 #

    Cómo bien le ha contestado el compañero David al compañero DES-FAVORABLE, lo malo de las citas, o lo bueno, según se mire, es que son fácilmente adaptables al discurso que se quiera dar. Por ejemplo ésta de Vives:

    “Tres cosas deben constantemente preocupar al hombre en el transcurso de su vida: de qué modo aprender más perfectamente, de qué modo hablará mejor, de qué modo obrará más rectamente”.

    No nos está diciendo qué es lo que aprende o deja de aprender, sino que pone el énfasis en el modo en el que lo hace. Nos dice, por tanto, que es más importante el cómo se aprende que el qué se aprende. Y dice bien, porque la excelencia del resultado final depende en gran medida del proceso que se ha seguido. Y si no recuerdo mal, en algún que otro artículo, también muy bien recibido entre los presentes, se estaba defendiendo justo lo contrario. Es el caso del artículo de Jose Penalva que apunta como una causa del proceso de jibarizarión del profesor el tecnicismo (predominio de las técnicas didácticas, no importa qué se enseña sino cómo).
    Pues sí, según Vives importa el cómo. Y hay toda una rama de la psicología, la psicología evolutiva que estudia precisamente eso, la forma en la que el niño aprende. Un proceso de enseñanza que ignore el proceso de aprendizaje no puede dar buenos resultados. Es como el cocinero que queriendo hacer una buena paella dispone de los mejores ingredientes pero ignora cómo se hace. Lo más probable es que el arroz acabe colgando del techo y las cigalas tocando las castañuetes.

    Por lo demás, no sabría decir si estoy a favor o en contra del artículo, entiendo que son profesores, que saben de lo que hablan (y hablan muy bien) pero me confunden. Hay algo que no acabo de comprender. Y no se qué es.

    • Francisco Javier
      25 noviembre 2010 a 21:06 #

      De eso nada, hay y ha habido multitud de maestros, que sin la más mínima idea de psicología (aparte de la propia que ha adquirido por su experiencia vital y su conocimiento de la materia) son y han sido unos verdaderos genios como maestros.

      • una lectora.
        25 noviembre 2010 a 23:48 #

        Eso es cierto. Hay dos formas de adquirir conocimientos, a través del estudio y a través de la experiencia. Yo también he conocido inmigrantes sin alfabetizar que no erraban una suma a pesar de no saber leer ni escribir y no haber ido nunca a una escuela. Claro que el hecho de no saber matemáticas suficientes los hacía más vulnerables a las estafas. A un carpintero le sucede lo mismo, puede aprender la técnica sobre una tabla rasa a base de ensayo y error pero si domina las técnicas evidentemente le será más fácil realizar su tarea. Y cuantos más conocimientos tenga, mejor la hará.

        Si el dominio de la técnica sirve para un carpintero, para un albañil y para cualquier otra profesión ¿por qué el dominio de la didáctica y de las teorías del aprendizaje no pueden servirle a un maestro o profesor? ¿acaso la profesión docente, la docencia, no es una profesión? ¿no se necesita de la técnica?

    • Jesús San Martín
      25 noviembre 2010 a 21:24 #

      No dude usted en preguntar, que intentaremos aclarar lo que no comprende, pues si algo se defiende en deseducativos son los buenos ingredientes y la receta clásica de la paella (Gracian, Vives, Machado,…) para evitar que tantos niños acaben en el techo y sus conocimientos ni siquiera lleguen a tocar las castañuelas. Como las palabras son aire, y se las lleva el viento, queda usted invitada a mi clase, para comprobar si la paella es del gusto de los alumnos. Una cosa observará, ningún alumno dirá: yo creo, yo interpreto, y a estas alturas ya sabrán que los elogios son comida de tontos. Cuando uno tiene la vista fatigada de tantas letras sabe que el ritmo de las palabras es tan singular como la voz de quien escribe, y aunque cambiase su nombre, su ritmo, su tono, su voz, lo delatarían. No me importan los nombres, sino la mercancía, y la que usted trae al foro es de calidad. No es un elogio, es un hecho, y como tal al reconozco.

      • una lectora.
        25 noviembre 2010 a 23:49 #

        “No dude usted en preguntar, que intentaremos aclarar lo que no comprende…”

        Si supiese qué preguntar no le quepa la menor duda de que lo haría, o quizás entonces ya no necesitaría hacerlo. Dar con la pregunta adecuada supone estar en el camino de la respuesta acertada y yo, desgraciadamente, no estoy en condiciones de hacerla.

        “Una cosa observará, ningún alumno dirá: yo creo, yo interpreto..”,

        Agradezco su invitación pero no creo que haga falta algo semejante. No tengo porqué dudar de su palabra y si dice que sus alumnos progresan es porque lo harán, pero tenga cuidado con esas certezas, la certeza es enemiga de la duda y la duda es la madre del verdadero conocimiento y de la ciencia (no recuerdo quién dijo eso, en otro momento le preguntaré a google). A veces resulta más estimulante tener una pregunta que responder que un texto que estudiar, y el esfuerzo que supone encontrar una respuesta no es asunto menor.

        “Cuando uno tiene la vista fatigada de tantas letras sabe que el ritmo de las palabras es tan singular como la voz de quien escribe”.

        Precioso. Recuerdo a alguien que escribió “una gota de sudor perlado recorría la frente de aquellos tocados por la divina luz de la ciencia” O algo así. También fue precioso. Por ello no voy a considerar sus últimas palabras. No me conoce, por tanto no puede saber si mi mercancía es buena, mala o regular, así que no sé cómo tomarlo, de todas formas se lo agradezco, con una prosa tan bonita no me puedo ofender.

      • Jesús San Martín
        26 noviembre 2010 a 8:57 #

        Yo no he afirmado, le he invitado a que compruebe si los alumnos están satisfechos, pues no vale ni mi palabra ni la de nadie, sino los hechos. Con ese mismo sentido está la afirmación de “yo creo”, “yo interpreto” (en este caso en referencia a su cita), pues en clase, como acabo de decir, no vale mi palabra más que la de un alumno, y se debe demostrar lo que se afirma. Hasta ahora sólo ha sido cuestión de interpretaciones, pero discrepo totalmente con usted en “A veces resulta más estimulante tener una pregunta que responder que un texto que estudiar, y el esfuerzo que supone encontrar una respuesta no es asunto menor.” Casi siempre resultará más estimulante la pregunta que el texto y casi siempre será más difícil encontrar la respuesta, lo que obviamente no nos disculpa para evitar el estudio.
        Si su corazón le ha dicho que es bonito entonces siga a su corazón, pues si hubiera querido escupir (como más abajo indica) lo habría hecho.
        Si la conozco señora lectora, es la maestra que a mí hubiera gustado tener y me gustaría tener. Es la maestra que tiene el poso de la sabiduría y de la experiencia, de la vida y de la lectura, de la reflexión y del viaje por su propia alma. Es la maestra que sabe lo que enseña y por qué lo enseña. Conociendo su propia su alma conoce la de quien está enfrente, y sabe que esta es rebelde. Nos vemos más abajo.

    • Luzroja
      25 noviembre 2010 a 21:37 #

      Claro que importa el cómo se aprende, un maestro que domine una disciplina conoce con precisión milimétrica qué aspectos de su disciplina ofrecen mayor o menor problema, qué orden de presentación de la complejidad debe usar, qué rapidez debe imprimirle a su enseñanza, dónde sus alumnos van a equivocarse y por qué, sabe, en definitiva, de ese cómo porque llegó al conocimiento a través de él.

      Es la dificulad vencida la que crea método.

      Y el buen maestro, es experto en ello.

      • Jesús San Martín
        25 noviembre 2010 a 22:09 #

        Luzroja, mis padres, y me imagino que los tuyos y los de todos los lectores del foro, ignoraban completamente el proceso del aprendizaje en la enseñanza del español, y en contra de lo que arriba se afirma, a la vista de todos está que el resultado es bueno. Me refiero, lógicamente, a ese proceso calcificado y codificado del que tanto gusta la secta. Tengo dicho a la clase, que prepararme la materia puede que no me lleve más de cinco o diez minutos, pero que empleo mucho tiempo en pensar la estructura de la clase, su presentación, cómo indicar las dificultades y errores usuales que desbaratan el examen, buscar conexiones, es decir, lo que todo profesional sabe sobre su materia y que es capaz de reducir a un cuarto de pizarra, perfectamente conectado con todo el conocimiento, que se reduce: a mis padres no les voy a enseñar a hacer niños y los curas, por voto de castidad, no son los más adecuados para enseñarlo. Cambiemos padres por profesores, y curas por pedagogos y psicólogos que nunca han entrado en una clase, y quizá nos demos cuenta de que además de la postura del misionero hay otras distintas que no siguen las tradiciones de la psicología “inventada”.

      • una lectora.
        25 noviembre 2010 a 23:50 #

        Eso es la pedagogía Luzroja y como ya le he indicado a Jesús puede aprenderse tras años de experiencia o bien llevarlo en la mochila junto a muchos otros conocimientos que deberían ser imprescindible para ejercer la profesión. No se usted, pero yo he escuchado en multitud de ocasiones eso de “bah, si cualquiera vale para maestro” y siéntese, porque se lo he escuchado decir precisamente a maestros.

        Como dice, dominar una buena disciplina supone conocer bien la materia y la materia objeto del maestro es el alumno. Yo misma, sé leer perfectamente ¿me capacita eso para ensenar a leer a un niño? ¿vale cualquiera que sepa leer? Aun suponiendo que recuerde todos los inconvenientes que me encontré en mi aprendizaje ¿puedo generalizarlos al resto del mundo mundial?¿sabría identificar un problema de dislexia o déficit de atención o cualquier otro trastorno de aprendizaje?
        No se puede defender la excelencia en el profesorado defendiendo que puede hacerlo cualquiera y no se puede pedir excelencia a los alumnos con un profesorado más pendiente del aspecto final de la paella que del proceso que se ha seguido para hacerla. Y ese proceso es el objeto de estudio de la psicología y de la pedagogía.

      • una lectora.
        26 noviembre 2010 a 0:04 #

        Jesus, es cierto que todos hemos aprendido a hablar sin necesidad del aprendizaje de la gramatica. Sin embargo, cuando uno trata de aprender un idioma nuevo, por ejemplo el inglés, se empieza enseñando gramática a los niños, luego nos quejamos de que no aprenden. Ese es el proceso calcificado y codificado, el pretender enseñar un idioma enseñando su gramática.

        El resto del escupitajo, sinceramente, no lo he entendido.

      • Jesús San Martín
        26 noviembre 2010 a 10:07 #

        Veo muchas y profundas contradicciones en sus exposiciones, quizá sea por la necesidad de brevedad y las limitaciones que impone el medio, que no permiten ni el matiz ni el adecuado desarrollo. Usted dice:

        “Ese es el proceso calcificado y codificado, el pretender enseñar un idioma enseñando su gramática.”

        Y sin embargo reclama la técnica

        “Yo misma, sé leer perfectamente ¿me capacita eso para enseñar a leer a un niño? ¿vale cualquiera que sepa leer?”

        O con sus propias palabras

        “Si el dominio de la técnica sirve para un carpintero, para un albañil y para cualquier otra profesión”
        Entonces yo me pregunto ¿por qué no le va a servir al estudiante?

        ¿No representa la tabla de multiplicar lo mismo que la gramática? Entonces por qué su frase:
        ”Claro que el hecho de no saber matemáticas suficientes los hacía más vulnerables a las estafas”

        “ No se usted, pero yo he escuchado en multitud de ocasiones eso de “bah, si cualquiera vale para maestro” y siéntese, porque se lo he escuchado decir precisamente a maestros.”
        ¿Cómo llama usted maestros a esas personas? Será por abuso de lenguaje, igual que se llama matemático a una persona que ha cursado exactas, lo que es tan estúpido como llamar escritor a quien ha cursado hispánicas.
        “El resto del escupitajo, sinceramente, no lo he entendido.” y “tenga cuidado con esas certezas, la certeza es enemiga de la duda y la duda es la madre del verdadero conocimiento”
        Si la duda es la madre de la ciencia, la reflexión y el trabajo son su alimento, no se precipite usted en sus sinceras conclusiones, quizá sea bueno reflexionar más, la saliva del escupitajo es fundamental para producir los indispensables azúcares de los que nos alimentamos. Y no olvide que para dudar no se deben admitir los dogmas, tampoco los religiosos ni los sexuales. Algunas salivas son vitriolo puro.
        Quizá estemos de acuerdo, e insisto sólo “quizá”, y habría mucho que matizar, si usted me habla de la conveniencia para el profesor de saber también lo que la psicología experimental (observe el calificativo experimental) aporta, como un elemento más con el cual desarrollar su labor, y sin sentar cátedra en cómo enfocar la diversidad de conocimientos y saberes que se transmiten en la escuela.

        Tengo un punto en común con usted (quizá haya alguno más), yo también abuso de los ejemplos culinarios en clase.
        Un cordial saludo, es un placer dialogar con usted.
        P.S.
        “Eso es la pedagogía Luzroja y como ya le he indicado a Jesús puede aprenderse tras años de experiencia o bien llevarlo en la mochila junto a muchos otros conocimientos que deberían ser imprescindible para ejercer la profesión.”
        No me ha respondido a mí, sino a Fco. Javier y Luzroja no podrá seguir el diálogo

    • 27 noviembre 2010 a 18:59 #

      Estimada una lectora,

      el discurso sobre los procedimientos que permiten un buen aprendizaje es tan viejo casi como la Humanidad misma. Las técnicas didácticas existen desde que existen las escuelas, y por eso ya encontramos hasta en los pitagóricos un buen recetario de “técnicas de estudio”. Pero siempre ha estado unido este quehacer al hecho de lo que hay concretamente que estudiar. No entendió nadie nunca que la didáctica fuese algo separable del objeto concreto de estudio, algo más que una técnica al servicio de una enseñanza determinada cuyo aprendizaje representaba el objetivo indiscutible de la labor del profesor. “De qué modo aprender más perfectamente” en Vives significa “de qué modo llego a saber más”, “cómo me las apaño para ser más sabio”. No significa ni por asomo “¿cómo ocurre abstractamente el proceso de aprendizaje?”. No se trata de un problema de Psicología evolutiva, “ciencia” a la que no le preocupa de ninguna de las maneras el modo de alcanzar un saber determinado (la técnica del zapatero o del mecánico cuántico, por ejemplo). Quizás haya sido éste uno de los grandes errores, el de introducir recetas de Psicología evolutiva en las aulas. Un error todavía mayúsculo si se llega a pensar que la tal Psicología de respuesta en exclusiva a nuestros intereses. Ya sea enseñando a leer o enseñando física de partículas.

  10. Ana Belén
    26 noviembre 2010 a 10:01 #

    ¡Hola!

    me uno a las felicitaciones a Juan Poz por tan buen artículo. Quería responder al comentario de una lectora con respecto a la gramática. Respeto su opinión, pero desde luego no la comparto. No sé de dónde ha salido la absurda idea, desgraciadamente muy extendida, de que no es necesario estudiar gramática para aprender una lengua. ¿Por qué todo lo que es árido o que implica esfuerzo no es lo adecuado? Mire, no sé usted, pero yo desde luego para aprender inglés y francés tengo que estudiar gramática. ¿Que la situación es distinta si uno se va al país y está en una situación de inmersión lingüística? sí es distinta, pero en cualquier caso si la lengua quiere aprenderse correctamente llega un momento en que hay que acudir al estudio de la gramática. En Alemania llaman a la gramática “los ladrillos de la lengua”, nunca había visto una definición tan precisa de la gramática. Creo que lo dice todo. Un saludo.

  11. Maximiliano Bernabé Guerrero
    26 noviembre 2010 a 12:24 #

    Me uno a los elogios a Juan Poz, y estoy totalmente de acuerdo con Ana Belén en la necesidad de estudiar Gramática. En esto tan manido de la inmersión lingüística y del aprendizaje del inglés, creo que se pueden hacer unas consideraciones:
    – Muchos métodos de enseñanza del inglés debido a la peculiar, anárquica y deliciosa estructura de ese idioma, que le hace carecer de un edificio gramatical como los de las otras lenguas germánicas, las nuestras latinas y las eslavas, no empiezan con la Gramática. Pero bueno, con el inglés se empieza suave pero cuando se profundiza vienen las “cuestas”.
    – Respecto a la inmersión lingüística: Si ésta no va acompañada de un mediano conocimiento gramatical sólo sirve para aprender una serie de frases y diálogos hechos (a modo de cápsulas) con los que se puede sobrevivir, pero sólo eso. He conocido varios emigrantes españoles en países europeos que, los pobres, salieron de España sabiendo leer malamente, en los países de destino, al cabo de treinta años, sabían las palabras justas en su trabajo, para tomarse una cerveza y hacer una compra sencilla.
    – Cuando nos maravillamos de lo bien que aprenden español nuestros inmigrantes del Este de Europa, si profundizamos un poco, veremos que en sus sistemas de enseñanza de origen, se da una gran importancia al estudio de la gramática. Cuando se aprende medio bien la gramática de la propia lengua (o mejor aún, la latina, y Ana Belén estará de acuerdo en esto), créanme, cuesta mucho menos aprender otros idiomas.

    • 26 noviembre 2010 a 14:03 #

      Estoy totalmente de acuerdo con Maximiliano. La disyuntiva gramática-comunicación, falaz y absurda, porque la primera sin la segunda es pura teoría y la segunda sin la primera es imposible ha servido de hecho diferencial pseudomoderno en la enseñanza de idiomas extranjeros. Como, por ejemplo, el español. Y las consecuencias de esa sandez metodológica todavía se están pagando.

      Otra cosa es si empezamos por gramática o empezamos mediante una inmersión en la comunicación. Pero al final siempre nos vamos a encontrar con las estructuras sintácticas. Si no, ¿cómo damos cuenta de las concordancias, del uso correcto de las formas verbales, del orden de palabras, de entender las diferencias idiomáticas de cada lengua, como ser-estar, el artículo, el subjuntivo, etc.? Sería imposible.

      No hay atajos en la enseñanza. Ni las grandes innovaciones son siempre una absoluta novedad.

      Y podar, simplificar y dogmatizar es muy dañino para organizar las clases, seleccionar materiales, evaluar y definir una jerarquía de valores. Hay quien vive de eso y por eso tiene que recurrir habitualmente a las mismas simplezas..

  12. Francisco Javier
    26 noviembre 2010 a 13:44 #

    Me gustaría abrir otro campo de debate, planteado con gran acierto en este interesante artículo.

    La Naturaleza no es democrática. De modo misterioso prodiga sus dádivas guiada por una lógica tan incomprensible para nosotros, simples mortales, que se confunde con el Azar. Y así como a unos les otorga un cuerpo hermoso, a otros los crea feos, a veces cruelmente feos. Y entre los extremos caben todas las infinitas gradaciones de las que sólo la Naturaleza – Madre y Madrastra- es capaz. Digamos que la mayoría es fea. Eso no significa en modo alguna que el común de los mortales seamos indeseables (incapaces de suscitar deseos, de ser objeto del deseo) y menos aún unos indeseables (carentes de valor.)

    Lo mismo sucede evidentemente con el talento, con la inteligencia, con la creatividad y con todas las facultades del alma (intelectuales, morales, estéticas). Negar la evidencia resulta siempre patético. ¿Por qué, entonces, ese penoso empeño en negar lo evidente? Los intentos de la retórica pedagógica de disfrazar la verdad innegable de que somos muy diferentes unos de otros son profundamente decadentes y hasta podría decirse que responden a un concepción patológica de la vida. Una sociedad sana reconocerá estas diferencias sin sentimiento de culpa, sin resentimiento, sin neurosis; un individuo sano es aquel que reconoce sus límites, que es capaz de ser perfectamente feliz a pesar de no estar intelectualmente muy dotado, que es capaz de alegrarse y de enorgullecerse por el talento de otros, que está capacitado para disfrutar de lo que otros (unos pocos) han creado. La sociedad debe crear las condiciones de justicia para que todos desarrollen al máximo sus potencialidades. De ahí a pretender que todo el mundo está dotado por igual, y que es cuestión de método, hay un salto metafísico que nos introduce de pleno en la demagogia, las medias verdades -las peores mentiras- y me atrevería a decir, que en una moral latente dominada por impulsos innobles (resentimiento). No: hay personas (innumerables) que jamás podrán hacer unos estudios superiores, ni podrán ser artistas, ni sabios; lo que no quita para que lleguen a ser unos excelentes profesionales, líderes políticos, o lo que sea. Y no pasa nada.

    • Ana Belén
      26 noviembre 2010 a 17:23 #

      Me encanta esta respuesta, por su claridad, sencillez y sinceridad. Es una verdad simple que algunos se niegan a reconocer y que es realmente uno de los meollos de la cuestión educativa. El caso es que no creo que quienes se niegan a reconocerlo lo hagan movidos por las buenas intenciones, sino porque les viene muy bien para sus oscuros y verdaderos propósitos: ignorancia para todos (para todos los que deben ser gobernados, claro) ¡Un saludo!

      • Jesús San Martín
        26 noviembre 2010 a 18:30 #

        Siempre acabo quemando las posibles ideas de un artículo contestando en el foro. Esta vez robo con tu permiso “Ignorancia para todos” como posible título y el debate que plantea Francisco Javier, para unirlo con la distribución normal que he usado más arriba, y escribir un artículo (lo haré mientras me coma el turrón). A muchos no les va a gustar la ley del azar.

    • 26 noviembre 2010 a 20:19 #

      Francisco Javier, por eso Goethe dijo lo que dijo, en el Wilhelm Meister, cito de desmemoria: “Feliz el que reconoce a tiempo que sus deseos no van de acuerdo con sus facultades”. Lo esencial de la frase es, sin duda “a tiempo”, porque hay varas verdes que se nos vuelven añosas en nuestras manos casi sin darnos cuenta de ello, y no podemos ya moldearlas, de lo maleadas que están.
      Y espero el artículo de Jesús San Martín, claro.

  13. Raus
    27 noviembre 2010 a 11:29 #

    Un artículo inteligente y erudito el de Poz, la justa antítesis de la necia pedagogía que denuncia.

    Sólo un apunte sobre el qué se enseña y cómo se enseña. Si el qué diera igual, podríamos sustituir el estudio de la ciencia médica por el chamanismo, la astronomía por la astrología, etc. Nos quedaría muy bonito el programa. ¿Cómo ha de enseñarse lo que sí ha de enseñarse? La clase magistral es adecuada para gran parte de las asignaturas a partir de ciertas edades, pues puede combinar dos grandes potencias intelectuales: la palabra y el razonamiento espacial. No ha de olvidarse la palabra es la sede de la consciencia. Quizá por eso, hoy, nuestros iletrados chavales sean tan inconscientes.

    La duda no es, de por sí, signo de sabiduría ni de nada por el estilo. La duda puede ser reflejo de estupidez, ignorancia y dogmatismo. El topicazo de que la duda es propia del espíritu crítico es absurdo en grado superlativo. Todo depende de qué se dude (o qué se afirme). El que se cree ese topicazo, sentirá estar en manos de un cirujano sabio cuando éste, bisturí en mano, dude si tiene que cortar aquí o más abajo. Personalmente, preferiría estar en manos de un “ignorante” que se supiera bien la lección de dónde practicar la incisión. Estas tontunas que sobrevaloran la duda en sí son parte del legado relativista: el mismo cogollo de la idiotez. Son esas tontunas que, al fin, cuestiona el saber objetivo y, por tanto, la misma existencia del maestro. ¿Para qué un maestro si todo el “dudoso”? Pareciera que el que duda por sistema fuera, además, tolerante, abierto a la diversidad mundana. Y no es así cuando esa diversidad incluyo prácticas bárbaras e inhumanas. En la apología de la duda sistemática descansas los dogmas de nuestro ocaso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: