Cuadernos Deseducativos. Número 1


David López Sandoval

 

Estimados lectores, les presento una de las iniciativas que, como colectivo de profesores, comenzamos a llevar a cabo. Se trata de Cuadernos Deseducativos, una publicación que recupera el viejo espíritu del fanzine. Se publicará cada mes y en ella –no más de 12 páginas, es decir, 3 folios DIN A4– aparecerán aquellos artículos que exhorten a la acción individual y apelen a la valentía personal de cada uno de ustedes. Su objetivo es atravesar las fronteras de Internet, materializarse y llegar a más centros de enseñanza y a más lectores.

Pero para ello se necesita su colaboración. ¿Cómo? Estos son los sencillos pasos que, si están interesados, si se atreven, han de dar a partir del lunes:

1.- Entren en la sala de profesores haciendo el mayor ruido posible y diríjanse hacia donde están los ordenadores. Muevan alguna silla a su paso. Carraspeen. Den los buenos días con voz hueca, profunda y sonora. Avisen con su actitud que están a punto de hacer algo importante.

2.- Una vez frente a la pantalla del ordenador, introduzcan la dirección de Deseducativos. Procuren hacerlo en voz alta, como si estuvieran pensando en algo para lo que necesitasen vocalizar cada una de sus sílabas: “Bien, vamos a ver, DE-SE-DU-CA-TI-VOS-PUNTO-COM”, o algo parecido. Si, como suele ser habitual, la conexión a Internet es más lenta que el caballo del malo, quéjense, maldigan en voz alta, blasfemen, cáguense en la madre de los de la Consejería de turno.

3.- Cuando hayan accedido a la página web, hagan clic sobre el enlace de la revista (lo encontrarán al final de este artículo, y también permanecerá fijo en la columna derecha del navegador).

4.- A continuación, aparecerán ante ustedes dos opciones: a) Descargar la revista para leer on line; b) descargar la revista para imprimir y grapar. La opción más interesante y que otorga todo su sentido a la publicación es, cómo no, esta última.

5.- Impriman acto seguido el documento POR LAS DOS CARAS. Como ya he dicho, son 3 folios, nada, una minucia. La cosa puede llevarles cinco minutos, el tiempo justo que ustedes se toman entre clase y clase, o bien el tiempo que les queda tras haber ido a la cantina a tomarse un café en algunos de esos cada vez más escasos huecos que poseen. Como a buen seguro que el toner estará más seco que el ojo de un tuerto, pueden volver a blasfemar en voz alta y atraer la atención del personal. Procuren, cuando avisen al RMI de su centro, decirle que lo que están a punto de imprimir es muy importante y que vaya deprisita y corriendo con ese toner nuevo.

6.- Después, con las tres hojas impresas, se dirigen a conserjería y hacen -como mínimo- cinco copias de cada una. Apáñenselas para que el conserje sepa qué demonios está a punto de fotocopiar, y, si su centro utiliza algún código de departamento, carguen las copias al de Orientación, que para algo es el que recibe más presupuesto.

7.- Por último, regresen a la sala de profesores no sin antes haberse agenciado una buena grapadora, hagan con mimo los correspondientes pliegos de papel y pónganles su grapita justo en medio. Acabe el proceso dejando los cuadernillos en un lugar visible.

Como habrá podido observar, se trata de algo muy sencillo que no requiere especiales sacrificios. Actualmente el blog recibe una media de 400 visitas diarias. Calculen, calculen ustedes cuántos ejemplares se podrían distribuir si cada uno hiciera sus cinco copias de rigor. Y, lo mejor de todo, sin intermediarios y absolutamente gratuito para los bolsillos de los sufridos funcionarios.

En el número de este mes participan, por este orden: Nacho Camino, Antonio Gallego Raus, Maximiliano Bernabé Guerrero y David Arboledas.

En fin, que lo disfruten.

 

Versión para imprimir, grapar y distribuir

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Categorías: Soluciones

Autor:David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura. Administrador del blog.

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26 comentarios en “Cuadernos Deseducativos. Número 1”

  1. Maximiliano Bernabé Guerrero
    20 noviembre 2010 a 18:55 #

    Allons enfants de la patrie…
    Yo propongo también que llevemos, al menos, un par de ejemplares a las Consejerías de Educación, delegaciones de lo mismo y tantos lupanares semejantes como se os ocurran. Habría que dejarlas en esos expositores tan requetebonitos donde colocan los folletos de los centros inclusivos y con marchamo del plan de calidad. Que se enteren de que el enemigo está dentro. “Chacun son boche!” Que decían las pintadas que aparecieron en los muros de París en el Verano de 1944.

    • Francisco Javier
      20 noviembre 2010 a 20:08 #

      También hay estantes de esos en los Centros de Profesores (CRIP o como se llamen). Yo me encargo de dejar unas cuantas copias en el de Madrid.

      Un saludo, Maximiliano.

    • 20 noviembre 2010 a 23:33 #

      ¡Arde Mississippi!

  2. Ana
    21 noviembre 2010 a 16:57 #

    ¿Cuándo aparecerá el primer ejemplar?

  3. Ana Belén
    21 noviembre 2010 a 17:37 #

    ¡Bienvenido a la luz Cuaderno de Deseducativos!

  4. 21 noviembre 2010 a 23:03 #

    Ya está enlazado en mi blog e impreso. Mañana en todas sus pantallas.

    Un saludo, David.

  5. DES-FAVORABLE
    22 noviembre 2010 a 13:03 #

    He acogido con gran interés la noticia de la publicación del primer número de los Cuadernos deseducativos, que me he apresurado a leer. Os escribo a propósito del primer artículo, de Nacho Camino, titulado UNO, DOS, TRES.
    UNO: Estamos muy de acuerdo en denostar la ñoñería y el infantilismo que suelen ir asociados a la “corrección política” en su expresión escolar (y no sólo); habrá quien no lo esté tanto en ridiculizar mediante la caricatura muchos de los valores que, de forma casi siempre tan tonta, se pretende promover en los adolescentes. O, simplemente, proporcionar una educación-información sexual como en un país europeo “normal” (dejemos lo de “afectivo-sexual”, concesión obligada al poder de la Iglesia Católica y ratificación de la imposibilidad de una enseñanza verdaderamente laica, como en esos países “normales”). No nos gusta la Educación para la Ciudadanía, pero no porque pensemos que sea superflua, bien al contrario, sino porque lo que debería ser un curso de instrucción cívica, de explicación de lo que significa ser ciudadano de un Estado democrático de derecho, y también de lo que no significa, ha quedado ahogado en la marea del buenismo políticamente correcto, en el bonito jardín de los derechos civiles en expansión; al ciudadano adolescente le son leídos una y otra vez sus derechos, como si no necesitara más bien que le fueran leídos sus deberes. Pero estar en contra de la obligatoriedad de la corrección política no significa que estemos a favor de exaltar la incorrección política. La cual es a menudo un sano ejercicio intelectual, siempre que no se olvide que de lo que estamos en contra es de la forma en que se promueven unos valores; no de esos valores. Es más: estamos en contra de que a cambio se promuevan los valores contrarios. Si la corrección política a la postre neutraliza unos valores a base de trivializarlos y sesgar la mayoría de los discursos que llegan a oídos de los ciudadanos, la incorrección política es a menudo una buena cobertura para hacer pasar, aprovechando el cansancio ante tanta moralina, los discursos más reaccionarios, que, sólo por apoyarse en la sinrazón ajena, parecen cargados de razón. Basta con leer, o escuchar, las gacetas o emisoras de televisión de extrema derecha, que tanto han proliferado, para comprobar que suele ser así.
    El apartado DOS está organizado como un relato que comienza en un “Estado del Bienestar hipertrofiado”, en el que, a causa de la “fatal arrogancia socialdemócrata”, y una vez comprobado que “la igualdad de oportunidades… es un camelo”, las administraciones educativas (análogamente a como en la presente crisis económica “entidades semipúblicas como son los Bancos Centrales… [por] su mala gestión… han sido los primeros en contribuir a la creación de una burbuja…”) terminaron arruinando la enseñanza, al igual que, se supone, los Bancos Centrales (y por tanto el Estado con su intervención: parece broma, pero eso se deduce del texto) fueron los principales responsables de la Gran Depresión.
    Pero si en España hay un “Estado del Bienestar hipertrofiado”, ¿qué superlativo emplear para los demás países de Europa Occidental? En cuanto a la “fatal arrogancia socialdemócrata”, se entiende que no debe atribuirse en exclusiva al PSOE, sino a la ideología de todos aquellos partidos que, durante la posguerra europea edificaron (junto con la democracia cristiana) lo que se ha llamado Estado del Bienestar (hoy en retroceso, felizmente –parece– para algunos), y contruyeron un modelo de sociedad que, se nos dice (¿esto no es arrogancia?) es digno de desprecio o, como mínimo, de desdén.
    Y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, el autor no resiste la tentación de informarnos de que fueron los gobiernos, con su intervención (no parece que esté bromeando) los que desencadenaron la crisis. Y es que el dogma de la infalibilidad de los mercados (“los mercados se autorregulan”), y el no intervencionismo del Estado (“el mejor Gobierno es el que no existe”) no puede cuestionarse. No importa si fue la desregulación financiera de los años 90 lo que permitió que los bancos comerciales actuaran como bancos de inversión, y empaquetando sus hipotecas subprime como productor financieros “estructurados” –incomprensibles para el cliente–, las colocaran en el mercado, bendecidas por las agencias de rating –en muchas ocasiones, con intereses en los propios bancos que lanzaban estos productos– con la máxima calificación crediticia. No importa: a los que se nos presenta como los principales responsables de la gigantesca burbuja de activos de alto riesgo es a los Bancos Centrales, organismos semipúblicos. Los dogmas son los dogmas, y no vamos a permitir que un desapasionado análisis de los hechos nos apee de ellos. Esta versión de la crisis se la hemos oído hace pocos días a Esperanza Aguirre, y hace algún tiempo a José María Aznar; es la versión de los think–tanks ultraliberales.
    El relato apunta así a que el desastre educativo se debe -como supuestamente el desastre económico- a que la intervención del Estado es siempre negativa, que -se deduce por exclusión- cuanto menos intervenga, mejor; y que por tanto -intento buscar coherencia al discurso del autor y, sobre todo, a su símil con las causas de la crisis económica-, se debe preferir siempre la iniciativa privada. Y se deduce que, al ser los Estados Unidos el país occidental donde las tesis en favor de lo privado y en contra de lo público se han llevado a la práctica en un grado sin parangón con ningún país europeo, ese es como mínimo el modelo que le satisfaría. Es de suponer que también le satisfará el alto nivel educativo de la población estadounidense.
    En DESEDUCATIVOS pueden, y deben, convivir distintas ideologías políticas. Pero cuestiono que el primer artículo del número 1 de los Cuadernos Deseducativos no se centre en el desastre educativo post-LOGSE y post-psicopedagogos de un modo menos ideológico. Sé que muchos de los que compartimos con DESEDUCATIVOS la crítica a la estafa de nuestro actual sistema educativo somos partidarios de la escuela pública; el autor del artículo parece no serlo tanto, puesto que se refiere a “los defensores de la escuela pública” en tercera persona; ello sería coherente con su discurso. ¿No podría al menos constar en los Cuadernos que los artículos reflejan la opinión de sus autores, que no tiene por qué ser totalmente compartida por DESEDUCATIVOS? ¿Y no resulta, en general, poco compatible con una crítica civil, laica y madura, y demasiado parecido a la ideología educativa que se quiere combatir, proceder a base de apotegmasy afirmaciones lapidarias, cuando no simplemente dogmáticas?

    Yo me jubilé hace un año; puedo decir que, estando radical y casi furiosamente en contra de este sistema educativo, no difundiría el número 1 de los Cuadernos: una revista, que, hojeada por mí sin preaviso, me habría arrancado el comentario: “Lástima. Otra publicación neo-con.”
    No es esto, no es esto…

    • 22 noviembre 2010 a 16:24 #

      Estimado señor DES-FAVORABLE:

      Lo malo de las citas -pero también lo bueno, ¿no es así?- es que son bastante adaptables al discurso que queremos mantener. Vamos, que usted ha querido ver en el escrito de Nacho Camino todo un alegato pro-esperancista, ultra-pepero, neo-súper-archi-conservador y anti-escuela pública y aplastaestado y, para ello, ha ido sacando de su chistera sintagmas por aquí y por allá que, fuera del contexto del artículo, pueden funcionar, por supuesto, como a uno le salga de las narices.

      1.- “Estado del bienestar hipertrofiado”: forma parte de la siguiente oración, que, a su vez, es un epígrafe: “La enseñanza es el laboratorio de un Estado del Bienestar hipertrofiado”. Por lo que, no es que, por el mero hecho de ser “Estado del Bienestar”, tenga que estar hipertrofiado, sino que se trata de “un” -fíjese bien en el artículo indeterminado- que señala directamente al nuestro. Así pues, respóndame a esta pregunta -y, no se preocupe, aquí no le vamos a llamar neocón ni nada por el estilo-: ¿sería usted capaz de decir que “nuestro” Estado del Bienestar actual NO está hipertrofiado y que, por el contrario, goza de buena salud? Si yo respondiera que sí, que no sólo está hipertrofiado, sino que está a punto de estallar, ¿me convertiría también en un ferviente admirador del amigo “Ansar”?

      2.- “Fatal arrogancia socialdemócrata”: Permítame que cite el párrafo completo del artículo de Nacho:

      “A la Enseñanza le duele en el mismo sitio que al Estado: la fatal arrogancia socialdemócrata nos hizo creer que los políticos sabían mejor que nosotros mismos lo que nos convenía . Dejamos que ellos extendieran derechos y nosotros fuimos aceptando el maná de la única fuente disponible. Ahora, la fuente se ha secado.”

      Estoy seguro de que, si en vez de “arrogancia socialdemócrata”, hubiera sido “arrogancia neoconservadora”, el autor no habría dudado en escribirlo, pues, lo que se deduce del párrafo que acabo de transcribir, no es que la socialdemocracia sea arrogante per se -que cada uno piense lo que quiera- sino que ha habido arrogancia desde el sector socialdemócrata de la política española -sector que, como todo el mundo sabe, abarca la totalidad del Parlamento español (pero eso es una opinión personal que yo le ofrezco, aun a riesgo de que también me ponga las orejas de burro liberal y me castigue cara a la pared)-. ¿O acaso estaría usted dispuesto a afirmar que no se nos ha hecho creer precisamente lo que escribe Nacho, a saber, que los políticos eran quienes mejor sabían qué nos convenía?

      Lo demás, lo de los bancos centrales, etcétera, es sólo un símil, un recurso literario que usted, cuando ofrece palabras y sintagmas entrecomillados que NO APARECEN en el texto -supongo que para confundir a todos los que aún no lo han leído y disuadirlos (me refiero a: “el mejor Gobierno es el que no existe”, “los mercados se autorregulan”, etc.; que, insisto, NO APARECEN en el texto de Nacho)-, no duda en tergiversar para que le salga bien la ecuación:

      ESTADO DEL BIENESTAR HIPERTROFIADO + ARROGANCIA SOCIALDEMÓCRATA = “OTRA PUBLICACIÓN NEO-CON”.

      Un saludo.

      • 22 noviembre 2010 a 17:06 #

        Iba a responder al comentario de DES-FAVORABLE, pero David me ha ganado en la foto-finish. Me parecen tan ajustados sus argumentos como si los hubiera escrito yo mismo, de modo que no alegaré nada más en mi defensa.

        Gracias, David, y gracias, DES-FAVORABLE por su visita.

    • 22 noviembre 2010 a 20:28 #

      Si usted lee detenidamente CUADERNOS DESEDUCATIVOS (y en general todo el blog) y lo analiza de forma fría y racional, no es lógico que llegue a la fácil e inmediata catalogación de NEO-CON, porque, simplemente, no es verdad. Lo que ha hecho muchísimo daño a la enseñanza pública durante estos últimos años ha sido convertir en descalificación y sospecha de reaccionarismo cualquier crítica a las políticas de enseñanza que ha fomentado la autodenominada izquierda educativa, que estas sí han sido rotundamente reaccionarias en sus resultados y hasta en sus planteamientos fácticos -no en los retóricos-. Y erigiéndose los mandamases en los reyes del monopolio de su autoproclamado progresismo, han anatemizado cualquier alternativa razonable, lógica y sensata. Y han perseverado en una pedagogía reiteradamente fallida. Pero la trampa de la propaganda sigue funcionando y contaminando discursos y conciencias.

      Estoy absolutamente harto de que la más mínima discrepancia o alternativa a la basura educativa destructora del servicio público y que ha sido una traición a lo que debería haber sido la izquierda se despache con un dicterio o un etiquetado fácil, injusto e inadecuado. Todo lo que no sea la pedagogía ñoña, analfabetoide y oligofrénicamente transversal ya es Fuerza Nueva o Falange de las JONS. Pues no, ya está bien. Hay más cosas en el cielo y en la tierra que las soñadas por la estulta pedagogía de los Marchesi y cía, curas rebotados que contaminaron la izquierda en compañía de otros para traernos el desastre que sólo los ciegos se niegan a ver. Nada más reaccionario, nada más fascistoide, más orewelliano, más ordenancista y reglamentista, más curil, más hipócrita y más estúpido que el panorama escolar que nos han traído los autoproclamados progresistas. Los necios de las escuelas de verano y de la renovación pedagógica, que han disfrazado sus intereses y su mediocridad con unos ropajes pseudovanguardistas, cuando lo que de verdad venden es un bodrio infumable.

      Lo siento, pero niego la mayor. Que el reduccionismo sea OTRA PUBLICACIÓN NEO-CON me parece una simpleza. Simpleza a la que estamos acostumbrados. Usted se habrá jubilado, pero a los que todavía les queda un buen trecho de carrera profesional y a los destinatarios del servicio público de la educación habría que desearles una profesión más digna, una escuela menos analfabeta y una administración educativa menos cínica y un poquito más competente y más profesional.

      Ya sabemos que el camino será arduo, porque, aunque inútiles a la hora de diseñar un sistema escolar que respondiera a los presupuestos tradicionales de la izquierda, en lo que sí han destacado -y siguen destacando- los mandarines de la educación es en la propaganda y en la agitación. Especialmente espuria y amoral, pues me consta que muchos de los que diseñaron logses y loes en privado reconocen que han fracasado y que han contribuido a cargarse la escuela pública. Y los que se crean que la escuela en España puede seguir como en los últimos veinte años no sé en qué país viven.

      • Francisco Javier
        22 noviembre 2010 a 21:02 #

        Plenamente de acuerdo, estimado Mariano. Hoy venía en ELPAÍS un especial de educación en el que los Mandarines de las distintas Comunidades se dedicaban a darse autobombo de un modo verogonzoso, pura propaganda en su sentido más innoble. Por supuesto, todos alababan lo infinitamente maravilloso de tener transferidas las competencias educativas(que para eso ellos tienen su cargo y hay que vivir lo mejor que se pueda) y cómo ello había significado un avance sin parangónl en varios milenios de historia patria. Y por supuesto, no faltaba lo de los alumnos del siglo XXI con aulas del XiX ¡y profes del XX!, o lo de la imaginación al poder, o lo de que avanzamos a no sabe dónde (en efecto, no se tiene ni idea y más bien seguimos en las mismas). Es para cabrearse, pero no nos vamos a cabrear y vamos a seguir trabajando. Un saludo.

      • Ania
        22 noviembre 2010 a 21:57 #

        Tremendo Mariano. Lúcido hasta el extremo. Como siempre.

      • 23 noviembre 2010 a 15:25 #

        No le digo el “eimén” entusiasta de las celebraciones gospel porque soy un agnóstico inveterado, ni tampoco que “va a misa” lo que dice, por la misma razón ; pero sí quiero subscribir sus palabras una por una desde la primera hasta la última, porque expresan mi propio pensamiento a la perfección.

    • 23 noviembre 2010 a 15:16 #

      Ahora que he sacado un poco de tiempo, me gustaría contestar a la crítica, absolutamente legítima, de DES-FAVORABLE.

      Sugiere usted que de mi artículo podría inferirse que soy un “neo-con”. Si esa etiqueta sirve para designar a quien recela del poder coercitivo del Estado para imponer sus propios dogmas ideológicos, pues lo soy. No otra es mi preocupación cuando observo, día a día, el tufo intervencionista de las administraciones en asuntos que deberían competer a la voluntad de los ciudadanos.

      Si ser “neo-con” significa preferir la libertad a la igualdad, por ser aquélla pre-requisito de la segunda, pues, en efecto, lo soy.

      También soy “neo-con” si esto significa creer que un país es tanto más próspero cuantos menos obstáculos se ponen a la iniciativa privada.

      ¿Que no defiendo la escuela pública? Bien, no diría yo tanto, puesto que, además de mis clases, empleo muchas horas al día en analizar cuáles son sus fallas, con la esperanza de encontrar una solución (falible, cómo no). Claro que no la defiendo a cualquier precio, y me gusta ser justo con aquellos modelos privados que funcionan; pues haberlos, haylos. No puedo defender incondicionalmente a una Administración que, como la andaluza, gestiona un sistema educativo cuya tasa de abandono es del 37%. Y subiendo.

      Dicho esto, me gusta que lo público sea público; y lo privado, privado. El sistema de educación estatal no es gratis, sino que se paga con nuestros impuestos; de ahí que, ante la sangría económica y de resultados, no sea tan descabellado poner en cuestión cómo se está gestionando.

      Pero, no crea, dudo. Dudo mucho. Trato de buscar respuestas e incurro en frecuentes contradicciones. Me gusta que esto sea así, pues sólo prueba la infinita capacidad dialéctica y autorreflexiva del ser humano.

      Que la inversión escolar se está dilapidando es un hecho: no hay más que ver los resultados. Y que ese fracaso se sustenta en una gestión ineficaz y en un discurso pedagógico-político fracasado, puede verlo quien quiera verlo.

      Si a usted no le gusta mi símil de los Bancos Centrales, puede buscar otro que le satisfaga. Por cierto: a usted le parece que bromeo cuando hablo de la influencia de éstos (influencia, no responsabilidad única) en la crisis económica. Sin embargo, que los Bancos Centrales son herramientas inflacionistas ya está en Von Mises, y es una teoría, en mi opinión, muy fundamentada y respetable.

      Si neo-con significa ser un liberal, intento serlo. Y, como usted sabe, ningún liberal (salvo, quizá, los anarcocapitalistas) defiende la supresión del Gobierno, sino la limitación de su poder. Ni siquiera Adam Smith, que en “La riqueza de las naciones” incluye ciertas medidas de control sobre los mercados. (Esto sorprendería a muchos socialistas que no han leído al escocés y creen que la “mano invisible” lo puede todo).

      A mí, particularmente, me gusta que DESEDUCATIVOS incluya a gente como yo y a otros de orientación opuesta. Al fin y al cabo, a todos nos une un interés profesional por mejorar la Enseñanza. Y, créame, defiendo una enseñanza pública universal y eficiente. No otra.

      Lo que no quita para que considere más importante ofrecer un buen servicio, con independencia de quién sea el titular del mismo, a los ciudadanos.

      Un saludo, y agradezco su crítica.

  6. Muyfavorable
    22 noviembre 2010 a 20:17 #

    He dejado el cuadernillo impreso donde todos pudieran verlo, cuando había algún profesor presente. Luego me ha comentado uno, no sabía que estos fueran mis derechos ni que los estuvieran pisoteando de esta forma.

    • Ania
      22 noviembre 2010 a 21:53 #

      ¡¡¡”No sabía que éstos fueran mis derechos ni que los estuvieran pisoteando de esta forma”!!!

      Ay, ¡que me parto! gixajoaaaaa!!!

    • Ania
      22 noviembre 2010 a 22:09 #

      El compañero de Muyfavorable nos deja claro que a muchos profesores lo que nos hace falta es un guía como Dios manda que nos ilumine y trace la senda a seguir.

      Deseducativos puede hacerlo. ¿Y porque no?

  7. DES-FAVORABLE
    22 noviembre 2010 a 23:20 #

    Si me he equivocado al interpretar el sentido de una parte del texto de Nacho Camino, lo siento (y a la vez me alegro), aunque no deja de extrañarme. Pero me temo que se presta mucho a ser “malinterpretado” en el mismo sentido que lo he hecho yo. Y no creo que mis citas estén sacadas de contexto de modo que tergiversen el pensamiento del autor; mi intención no era, desde luego, manipular el texto para hacerle decir lo que no dice, sino poner de manifiesto el mensaje ideológico que, a mi entender, se desprende de él y que no me agradaba ver asociado desde un principio a los “Cuadernos Deseducativos”.
    El que una ideología concreta me guste o no a mí, el señor DES-FAVORABLE, creo que no tiene mayor interés para nadie, y desde luego no soy de los que escribe para descalificar a alguien por pepero o por progre. De lo que yo discuto es de ideas, o tal vez de estrategias de publicación, con argumentos (forzosamente expresados de manera comprimida) que pueden ser discutidos a su vez ; lo demás son cuestiones personales que no nos interesan.

    Pues no, David, no creo que el nuestro sea -en términos generales- un Estado del Bienestrar hipertrofiado. En primer lugar: el superlativo, ¿tiene sentido relativo o absoluto? Si tiene sentido relativo, ¿cuál es el modelo de Estado del Bienestar -de Estado social y democrático de derecho- no hipertrofiado? No puede ser, es evidente, ningún país de Europa Occidental, con sistemas de protección social bastante más amplios que el nuestro. ¿Tal vez los EE.UU.? ¿O también es demasiado? Y si el superlativo tiene sentido absoluto, ¿dónde está el grado cero de Estado del Bienestar, más allá del cual “habría” hipertrofia?¿Qué nivel de prestaciones sociales considera que no se debe sobrepasar para que el Estado del Bienestar -en cuanto tal; no estamos hablando de otras características del funcionamiento de un Estado- sea aceptable por usted? Comprenderá, espero, que la cuestión de fondo que se trasluce en su pregunta es capital desde un punto de vista ideológico, y que el solo hecho de plantearla revela mucho. Pero parece que le molesta que analicemos el sentido más o menos implícito de un discurso, y yo no quiero ofenderle.
    En cuanto a mi interpretación de “la fatal arrogancia socialdemócrata”, me parece que mi equivocación, al entender que ” la fatal arrogancia socialdemócrata” se refería a la socialdemocracia es bastante explicable; quizá sea falta de modestia por mi parte, pero a estas alturas, creo que si no interpreto bien un texto, algo debe haber en él que puede inducir a error. Y en cuanto a alguna otra de las preguntas que me hace, David, yo no pretendía estar en desacuerdo con todas y cada una de las afirmaciones del artículo. Como por otra parte le ocurra tal vez a usted, pues su respuesta lo es solamente sobre algunos fragmentos de mi comentario; y no, desde luego, sobre su sentido, que no es, en absoluto, juzgar la ideología políca de nadie. Bien es verdad que expresaba mi opinión sobre una concreta ideología política, pero únicamente en las tres últimas líneas, que sin duda son las que menos interés tienen. En el resto argumentaba de manera desapasionada y tratando de no abandonar un punto de vista objetivo al analizar un texto.

    Lo que ya me parece más difícil de ver tan solo como un símil literario es la interpretación -en passant- del origen de la crisis económica. Sea literario o no, el símil no es inocente: nos proporciona, sin haberlo pedido, una muy determinada visión de la crisis. Si alguien hace afirmaciones ideológicamente muy caracterizadas sobre algún hecho, no entiendo porqué le molesta que sean reconocidas como tales.

    Pero mi intención no era poner a nadie orejas de burro por pensar de una determinada manera -burros, y muy burros, los hay de todos los colores-, sino solamente, como ya he dicho, manifestar mi desacuerdo por el lugar y el contexto elegido para lanzar un mensaje ideológico. Lo que sí fue un grave error por mi parte fue entrecomillar dos frases que no eran del texto. Las dos frases se limitan a reproducir expresiones que se han hecho famosas, y que ilustran los dos principios de la infalibilidad del mercado y de la maldad de la regulación financiera. Pero parece que no son tan famosas, y al entrecomillarlas puedo haber hecho creer que formaban parte del texto comentado. He de pedir disculpas.

    ¿Pero por qué suponer, David, que sólo pudo guiarme la mala fe, el interés por confundir y tergiversar el artículo de Nacho Camino? ¿Por qué esa agresividad, cuando lo único que hago es una suerte de comentario de texto, cuando lo que hago es un somero ejercicio de desvelamiento de lo que se puede leer en él (o en parte de él, no he pretendido ser exhaustivo)? ¿Por qué tanto desgarro emocional? ¿Será porque me he equivocado totalmente? ¿En parte? ¿De verdad habré perdido de repente la inteligencia y el sentido ético, y no he escrito -eso parece- más que una sarta de insensateces, porque mi comprensión lectora es la misma que la de un alumno de la LOGSE, o peor, un ejercicio de manipulación y tergiversación movido por un ciego y tonto sectarismo, por un fanático anti-ultraliberalismo?

    Termino ya; no quiero aburrir a los lectores. Creo que en lo esencial mi comentario queda sin responder (léase). Pues los ataques personales no constituyen una respuesta cuando lo que está planteado es un debate de ideas.

    David, Nacho: saludos.

    P.S. Ante una afirmación del tipo “sector [el socialdemócrata] que, como todo el mundo sabe, abarca la totalidad del Parlamento español”, puedo pensar que es un gracioso epigrama, o una “boutade” que puede dar tema de conversación en una reunión de amigos; también puedo pensar que pertenece al tipo de afirmaciones lapidarias que son lo opuesto a lo que una crítica civil, laica y madura (perdón por citarme) requiere. Pero lo último que se me ocurrirá, David, puede estar tranquilo, es castigarle de cara a la pared.

    P.S. (2) En mi comentario se deslizó un error de bulto: donde dice Gran Depresión debe decir Gran Recesión.

    • Jesús San Martín
      23 noviembre 2010 a 9:13 #

      Como usted bien advierte es un consumado analista de textos, ya que en sus propias palabras “, pero a estas alturas, creo que si no interpreto bien un texto, algo debe haber en él que puede inducir a error”. Por eso a mí me resulta extraño que tan buen analista diga: “Bien es verdad que expresaba mi opinión sobre una concreta ideología política, pero únicamente en las tres últimas líneas, que sin duda son las que menos interés tienen”, sabiendo todo el mundo que en las tres últimas líneas se desgranan las conclusiones y son esencialmente las ideas que permanecerán en la mente del lector.

      Tan poco se le escapará a tan buen analista la frase “De lo que yo discuto es de ideas, o tal vez de estrategias de publicación, con argumentos”, que habla de discutir con argumentos y sin embargo se hace acompañar de creencias y pareceres: “En cuanto a mi interpretación de”, “no creo que”,” parece que le molesta”, “Bien es verdad que expresaba mi opinión”…. Por otro lado tan consumado analista no calificaría como argumentación la ristra de preguntas que llena su escrito, dejando a la mente del lector que las responda con las semillas previamente plantadas. Los adjetivos cargados de valor, que florecen por doquier, los consideraremos desapasionados atendiendo a su frase y objetivo “el resto argumentaba de manera desapasionada y tratando de no abandonar un punto de vista objetivo al analizar un texto”.
      Es mi opinión, y le repito que sólo es mi opinión (pues todavía no he alcanzado la sabiduría de los dioses, que permite saber “que si no interpreto bien un texto, algo debe haber en él que puede inducir a error”) , cuando le digo que su análisis falla al acusar a David de responder sólo a parte de sus argumentos “pues su respuesta lo es solamente sobre algunos fragmentos de mi comentario;” A mi entender tengo la sospecha de que David sólo ponía de manifiesto aquello de lo que usted le acusa: centrarse sólo en fragmentos.
      Me he dejado las gafas en casa, la vejez ya sabe usted nos va atrofiando la mente a la par que la vista, y quizá sea por eso que en el escrito de David no encuentro esas acusaciones que usted le reprocha bajo forma de pregunta: guiarle la mala fe, el interés por confundir y tergiversar el artículo. Parafraseándole, ya sabe usted “los ataques personales no constituyen una respuesta cuando lo que está planteado es un debate de ideas.”
      Des-favorable: saludos.
      P-S. Sólo por curiosidad, quizá malsana, aunque yo lo interpreto como deformación profesional (todos justificamos nuestros vicios y debilidades, o por lo menso eso hago yo) ¿Por qué no ha dado respuesta a lo que Mariano le dijo? ¿O puedo pensar que pertenece al tipo de afirmaciones lapidarias que son lo opuesto a lo que una crítica civil, laica y madura (perdón por citarle)?

  8. Pablo López Gómez
    23 noviembre 2010 a 10:53 #

    Queridos amigos, creo que el debate con DES-FAVORABLE se está enconando de una manera muy poco razonable. Sinceramente, de la lectura de su primer comentario lo que yo deduje fue la intención de advertirnos que no habíamos comenzado nuestra publicación en papel de una forma idónea y que lo hacía desde el propósito de avisarnos de algo que podía perjudicarnos. Otra cosa que está clara es que no le gusta el artículo de Nacho y lo critica, para lo cual es muy libre. Si se le escapa alguna descalificación (tipo ese desafortunado final de los neo-con) es de tono muy menor. El segundo comentario de este lector me parece en la misma línea. La crítica podrá o no gustarnos, pero debemos aceptarla y rebatirla con más frialdad. Somos un foro abierto y pretendemos un debate de ideas.

    • 23 noviembre 2010 a 17:28 #

      Pues a mí no me parece así, Pablo. Pura intención retórica, sin visos de verdad. Un yo que se retuerce sobre sí mismo. Crítica de ideas, ninguna. Sólo fuegos de artificio. Retorcimiento de los preámbulos y escapismo. “Yo, de mí, ¡ay! que me jubilé… yo estando radical y casi furiosamente…”. ¡Bah! ¿Dime algo que en la contestación valga la pena recordar?

  9. Ana Cuesta
    23 noviembre 2010 a 11:04 #

    La crítica es perfectamente legítima, pero es cansino oír siempre la misma cantinela a todos los que se atreven a hablar de educación en una línea que no coincide con lo que marca lo políticamente correcto y lo establecido oficialmente: carcas, reaccionarios, nostálgicos…. Ya cansa. Hay quien tiene la patente de moderno y de renovador y, además, pone la etiqueta al discrepante. Si no dice amén, entonces es un facha ¿Quién ha sido y es facha en educación?

  10. Francisco Javier
    23 noviembre 2010 a 16:01 #

    Comentarios como los de DES-FAVORABLE (que razonan y tienen un sentido crítico-constructivo) enriquecen el debate y han de ser bien recibidos siempre, al margen que se pueda estar de acuerdo o no. A mi personalmente me gustaría un mundo con los niveles de bienestar alcanzados en cierta época en países como Holanda, Alemania o Suecia (entre otros). No menciono España, porque pienso que aquí nunca llegamos a tener esos niveles, si bien han sido muchos y para bien los avances (la educación no, que en eso siempre tenemos muy mala suerte). Lamentablemente todo esto va a peor y el horizonte se cierne amenezador. Se trata empero de un debate sumamente complejo, que a mi me desborda.

    Y un saludo para todos.

  11. 25 noviembre 2010 a 14:11 #

    Yo soy facha; en educación y casi en todo lo demás. Y fíjate por donde que no lo era hace no demasiado.
    Pero he debido pillar una buena cepa, que le vamos a hacer.
    Contra el buenrollismo ilustrado, yo proclamo la exigencia y la rigurosa selección del talento para cualquier actividad humana; empezando por la educación. Aristóteles era bastante fachilla también, recordad el propio cocepto de areteia, o aistocracia virtuosa.
    Eso sí, me da igual de donde vengan los mejores, pero que sean los mejores. Promoción de las microélites.

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