La teoría de la innovación disruptiva y el final de la profesión de docente


Francisco Javier González-Velandia Gómez

 

Se veía venir y aquí está: el oficio de enseñar toca a su fin. Final de una época larga, casi tan larga como la humanidad. Las teorías del constructivismo más radical; la exaltación de la técnica; del capitalismo, de la globalización; de la autonomía del individuo y de las organizaciones (escuela incluida); todo ello ligado a los dogmas del pedagogismo más radical (sublimación de la diferencia, la diversidad; relativismo absoluto; negación del significado de autoridad; negación del sentido de mérito individual y excelencia; rechazo de la tradición; negación de toda objetividad y por lo tanto de cualquier prueba objetiva como medida del conocimiento,…, todas estas ideas y principios  cristalizan en una teoría cuya principal virtud es la de sintetizar radicalmente los principios que vienen determinando de forma ambigua nuestra educación y que contaminan todas las esferas de la vida.

Según el pronóstico de los autores de la obra “Clase disruptiva”, en menos de 20 años el 80 por ciento de los alumnos de Primaria y de Secundaria aprenderán on line con ayuda puntal del profesor.  Los autores (Christensen, Horn y Johnson) vislumbran un “tipo de aprendizaje customizado (adaptado a las necesidades de cada cliente usuario) y “estudiante-céntrico” en el que el profesor oriente pero no imponga, opine pero no dicte.” (Rodrigo Santodomingo: “El triunfo de la clase on line” publicado en Magisterio Nº. 11.887, 27-10-2010.)  El concepto de “disruptividad” que manejan estos autores procede obviamente del mundo de la empresa privada. Su tesis “resulta especialmente novedosa porque trata de aplicar una teoría empresarial al ámbito educativo. Las innovaciones disruptivas… ocurren cuando una nueva tecnología irrumpe en un sector o industria y agita sus cimientos hasta producir una transformación radical.” (No se trata, por lo tanto, como una primera impresión ante el título podría sugerir, de alumnos refractarios con conductas “disruptivas”, sino de pura tecnología educativa.)

“No al principio -sigo citando el artículo de Santodomingo publicado en Magisterio-, cuando dicha tecnología productos o servicios inferiores en calidad a los ya existentes, por lo que intenta abrirse mercado entre los llamados no-consumidores, es decir, aquellos que por una u otra razón no acceden a la oferta tradicional. Sin embargo, pasado un tiempo la innovación provoca mejoras tales que atraen a todo tipo de consumidores, obligando a las empresas que se sirven de la tecnología anterior a renovarse o morir.

Desde una óptica educativa  la vieja tecnología sería la transmisión unidireccional de contenidos homogéneos. La nueva, el aprendizaje on line en sentido estricto… La ventaja comparativa de unas sobre otras se revela, ante todo, en la capacidad de la segunda para personalizar ritmos y enfoques a las necesidades del alumno.”

Este modelo de educación es ya una realidad en los EEUU y su número de usuarios no para de crecer de forma exponencial (en EEUU de 45.000 en el año 2000 a un millón en 2007.)  El avance tanto cualitativo como cuantitativo de las plataformas educativas (más o menos formales), nos pone ante la tesitura de dar el paso a un nuevo modelo en el que el principal artífice del proceso de aprendizaje ya no sea el profesor, sino el propio alumno. Lo que en principio servía como una alternativa para determinados grupos -los denominados no-consumidores-: alumnos disruptivos, víctimas del fracaso escolar; alumnos impedidos (bien sea por motivos de salud o sociales); alumnos que quieren cursar otras asignaturas, que no se encuentran en el plan oficial de los centros educativos convencionales, se convierte desde ya en una posibilidad real, lo suficientemente madura para sustituir un modelo tradicional inservible y obsoleto.

Los promotores de la teoría disruptiva no se limitan a criticar el  modelo de enseñanza más o menos tradicional, sino que su crítica se extiende al actual modo de entender las nuevas tecnologías, dependiente en el fondo (y en la superficie) del modelo tradicional: las TIC se limitan en la mayoría de las casos a ser una  herramienta de apoyo en la transmisión de conocimientos académicos, sin  liberar su inmenso potencial revolucionario. Uno de los coautores de la teoría y consultor educativo de renombre en los EEUU, Curtis W. Johnson, lo expresaba así en una entrevista concedida a MAGISTERIO durante  el “Global Education Forum” celebrado recientemente en Madrid:

“Durante las últimas décadas, los ordenadores han llegado al aula como meros añadidos, como quien instala un teléfono. Y es muy distinto concebir una nueva tecnología como una herramienta más del sistema tradicional que como una plataforma, como la capacidad fundacional de un nuevo contexto educativo.”

“Hasta ahora los ordenadores se ha utilizado siempre de forma predecible y errónea.”

Para concluir, según estos autores, para  el 2024 la enseñanza obligatoria online afectará a un 80 por ciento del alumnado. Teniendo en cuenta que la regla general de “que todo lo que sea posible en un país puede ser también posible en casi cualquier otro en un futuro previsible” (y más si se trata de los EEUU), es hoy en día aún más válida que cuando la enunció Arendt a mediados del siglo pasado, podemos asegurar que la revolución educativa y social que plantean los defensores de la escuela disruptiva afectará  de lleno a un país como España, especialmente proclive a depender de las propuestas exteriores (angloamericanas se entiende.)

La enorme cantidad de interrogantes que esta teoría plantea nos hace dudar de la seriedad de la misma. ¿Se trata de una boutade colosal, una más a las que no tienen acostumbrados los iluminados de la Posmodernidad? ¿Una provocación? Lo que en cualquier caso resulta llamativo es su falta de sentido común.  Históricamente sabemos de casos de personas autodidactas, que han sido capaces de alcanzar unos niveles extraordinarios de conocimiento. Pero casos como los de Leibniz constituyen más bien la excepción que confirma la regla. Y la verdad es que pensar que un alumno “normal” sea capaz de responsabilizarse de su propio proceso de aprendizaje, no deja de resultar cuanto menos extraño. Es presuponer que el alumno es capaz a priori, a partir sus “intereses” (¿sus intereses?, ¿qué intereses?) de justamente aquello que constituye el término del proceso educativo: la plena autonomía como sujeto. Incluso en el caso de adultos ya formados no parece convincente  pensar que sean capaces de diseñar un programa personalizado de campos del saber sobre los cuales su desconocimiento es manifiesto. ¡Con más razón para un muchacho de diez años! Por otra parte, pensar que la aplicación de modelos empresariales a la enseñanza va a servir como instrumento de compensación en las desigualdades sociales,  resulta de una ingenuidad sorprendente (antes confiar en el mismísimo Lucifer.)

Tampoco es nada clara la función que deberá tener el maestro o el profesor en la sociedad virtual del futuro. “Es posible que en el futuro haya menos profesores.” No es posible, es -de acuerdo a las tesis de la teoría disruptiva- seguro. ¿Qué sentido puede tener la figura del profesor en un contexto así definido? Escuchemos lo que nos dice Curtis W. Johnson:

“Aunque el alumno asuma más responsabilidades en su aprendizaje, el profesor debe estar ahí para animarle y ayudarle a idear caminos que puedan conducir al éxito, a resolver problemas concretos, a arrojar luz cuando se bloquea. En especial si el alumno se embarca en proyectos interdisciplinares que implican a varias personan de distintos ámbitos. Ahí el profesor debe supervisar y explicar al alumno las formas más eficientes de colaboración cuando se trabaja en equipo, una habilidad que casi no se practica en la enseñanza tradicional pero que resulta fundamental para tener éxito en el mundo laboral. En algunos aspectos, el nuevo modelo de predominio on line va a preparar mejor al alumno para la vida real.”

Está claro: no hacen falta profesores, ni de matemáticas, ni de lengua, ni de nada, sino más bien especialistas en management de empresa, ¿o tal vez orientadores adoctrinados en la nueva religión y reciclados en las TIC? ¿En qué puede ayudar, pongamos por caso,  una profesora de literatura, gran conocedora de la obra de Fray Luis de León y amante de otras momias similares, a un grupo de alumnos que se ha atascado en un proyecto multidisciplinar sobre la influencia del reggaeton –tema apasionante, sin duda- en la violencia de género?

Preguntado, “¿se necesitarán menos profesores en el futuro?”, responde:

“Hay gente que sostiene, que siendo éste un modelo económico más eficiente se necesitarán menos profesores porque un docente podrá ocuparse de más alumnos. Es una consecuencia posible, aunque no estoy seguro de que sea deseable.”

Aquí parece sentirse más débil y un tanto veleidoso. Es obvio que se necesitarán menos profesores y ninguno en el sentido de lo que habitualmente se entiende por profesor. Ello queda claro en su respuesta sobre la posibilidad de que la escuela como institución desaparezca, una vez se imponga la enseñanza on line:

“…es algo que ya está ocurriendo: el crecimiento de los cursos on line ha sido espectacular en los últimos. Y si hablas con alumnos de Secundaria que van a clase todos los días, muchos te dirá que aprenden más fuera del colegio que dentro. Esto se debe a que  la mayoría de las escuelas en la actualidad mantienen un modelo pensado para el siglo XX. Cuando reconozcan que los ordenadores forman parte del mundo del estudiante actual, que cuando los utilizan es cuando más aprenden, entonces podrán capitalizar su situación y adaptarse al nuevo contexto, en lugar de ignorarlo y dejar que otros tomen ventaja.”

Lo que parece olvidar el Señor Johnson -con una falta de rigor científico alarmante- es profundizar en el sentido de las aseveraciones de los alumnos: ¿en qué sentido aprenden más?, ¿qué es exactamente lo que aprenden más?, ¿desde qué criterios de evaluación se pueden dar por válidas tales afirmaciones? Sea como sea, no se puede ser más claro. El pedagogo-consultor furioso ha hablado y nos señala el camino de la verdad. Bienvenidos al sueño de Matrix.

“..es como si enseñas a alguien por primera vez la televisión en color y luego le dices que lo correcto es que la siga viendo en blanco y negro. Una vez que los  alumnos han sido expuestos a este tipo de aprendizaje mucho más personalizado, interactivo y colorista, es lógico que se opongan a sentarse obedientemente en un pupitre para escuchar a una persona que afirme saber lo que todos tienen que aprender. Es imposible que funcione.”

Y no hace falta esperar 20 años para ver realizado el sueño:

“No hace falta ir tan lejos. En cinco años habrá una cantidad muy elevada de colegios en los que el gran objetivo docente será ayudar a trazar un plan individual basado en los intereses del alumno. Cada vez resulta más claro que se puede enseñar lo fundamental, lo que todo niño debe aprender (en Matemáticas, Lengua…), a partir de lo que le apasiona a cada uno.”

La última frase no deja lugar a equívocos: nos encontramos ante un fanático. El alumno, al matricularse en su escuela, informa de todo aquello que le apasiona: la astrofísica, el psicoanálisis, los juegos de rol y la cocina macrobiótica. A partir de aquí un experto, o mejor un equipo de expertos,  diseña un plan customizado de e-learning adaptado a las necesidades individuales del alumno “x” y ¡a aprender on line! No cabe duda, de que los autores de la teoría disruptiva no han visto un alumno disruptivo en su vida, probablemente no hayan visto a ningún alumno real (puede que sí virtual.) Como método de suicidio colectivo, hay que reconocer no obstante que no está mal del todo.

Un dato muy interesante de la entrevista es la actitud de los sindicatos educativos americanos. Ante la pregunta de cómo acogieron “Clase disruptiva” los sindicatos de su país, el Señor Johnson responde que su primer discurso, tras publicar su libro, fue precisamente ante líderes sindicales educativos y que, “pese a sus temores a recibir fuerte críticas”, la respuesta sindical fue de lo más favorable. Lo que muestra que el Señor Johnson, aparte de no saber muy bien lo que es un alumno real, tampoco sabe muy bien lo que se cuece en la inmensa mayoría de sindicatos educativos, claramente favorables a las tesis del pedagogismo radical y que ven en el modelo de enseñanza propugnado por los  autores de la “Clase disruptiva” la posibilidad de acabar por fin con la meritocracia y el viejo academicismo (elitista y aristocrático).  Cito:

“Casi al unísono me dijeron: sabemos que la transformación es inevitable, que el status quo no se sostiene, y queremos jugar un papel importante en el cambio.”

No deja de resultar tragicómico este extraño idilio entre el Capital y los Sindicatos, una muestra evidente de la confusión en la que está hundida nuestra sociedad posmoderna. Una vez más, comprobamos como la ideología dominante neoliberal (tradicionalmente de “Derechas”)  es perfectamente capaz de asumir principios asociados con el Progresismo (tradicionalmente asociados a la “Izquierda”) para integrarlos (instrumentalizarlos) en su propio beneficio (¡con el aplauso de la Izquierda!). La apisonadora del Capital es el artefacto más potente que ha construido la mente humana.

La inconsistencia de la teoría disruptiva de la educación, sus paradojas y ambigüedades, hacen (en principio)  poco probable que llegue a imponerse como la alternativa real al actual sistema. Hemos de pensar, sin embargo, que nuestro actual sistema se basa en “teorías” no menos delirantes que la de Christensen, Horn y Johnson, al fin y al cabo una consecuencia lógica de aquéllas, y que tales teorías son las que dominan el mundo real. Tal vez, para aquellos docentes no-progresistas (entre los que se encuentra el que aquí escribe) a los que el actual sistema les ha llevado a sentirse mal en su trabajo, a sentir aversión por el mismo, no sea tan  mala noticia la revolución que se anuncia ya en el horizonte incierto de los nuevos tiempos. Tal vez, el problema en un tiempo difícil de adivinar, pero no tan lejano, sea qué hacer con todos esos docentes fuera de tiempo y de lugar.

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Categorías: Diagnósticos, Panlogsianismo

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39 comentarios en “La teoría de la innovación disruptiva y el final de la profesión de docente”

  1. Xoia
    5 noviembre 2010 a 15:37 #

    Estupenda reflexión sobre la intromisión de la industria informática en la escuela como un elefante en una cacharrería. Una cosa es hacer uso de los ordenadores para determinados aspectos, cosa que seguramente tiene sus ventajas, y otra muy distinta es afirmar que las cosas son mejores al ser on-line simplemente porque sí, por narices. Un bodrio va a ser igualmente bodrio por muy on-line que se lo ofrezcamos al alumno.

    Yo ya no sé qué pensar.

    Tal vez todas estas tesis favorables a informatizarlo todo “sí o sí” se deben a una simple cuestión de negocio (la de ordenadores, programas, aparatejos varios, actualizaciones de programas, etc que los grandes empresarios nos pueden vender con estos métodos, tanto a la administración, como a los papás y a los profes…)

    O tal vez se hacen con pleno convencimiento de que los alumnos aprenden más y mejor por el simple hecho de enchufarlos a la máquina-ordenador de turno… ¡Valiente tontería! El que piense esto no ha visto un alumno real de cerca en su vida y demuestra una ignorancia y una ingenuidad difícil de creer. Por cierto, el famoso sistema educativo finlandés que todos ponemos como ejemplo de bondades pedagógicas, es en muchos aspectos muy tradicional y rechaza la excesiva digitalización de los contenidos por considerarla contraproducente.

    Otra posibilidad es que todo esto simplemente se promocione con la idea de ahorrar en personal, vamos, con la “inocente” idea de hacer innecesarios a los profesores y así ahorrarse miles de puestos de trabajo en todo el mundo. Y no sólo profesores, ya puestos… ¿por qué no cerrar escuelas enteras y mandar a la calle a ordenanzas, limpiadores…? Si todo se puede hacer on-line, ¿para qué tantos edificios abiertos y tanto personal?

    Y cabe otro supuesto: puede que el propósito de todo esto sea alienar a los chavales ya desde pequeños, no interesa un pimiento que aprendan nada, sino fomentar su alejamiento del mundo real, su adoctrinamiento, su aborregamiento. En suma… evitar cada vez más el contacto directo entre los seres humanos, no sea que aprendamos algo de verdad y nos demos cuenta de que todo es una grandísima estafa, no sea que algún día los seres humanos nos revelemos contra el neocapitalismo y el recorte progresivo de derechos que se avecina…

  2. Raus
    5 noviembre 2010 a 16:32 #

    Qué valor que tienes, Francisco Javier. Confieso que cada día me resulta más difícil presenciar la agonía de la cultura, de la civilización. La repulsión y la cólera pueden conmigo. Lúcidas y lucidas todas tus observaciones. Y mucho se podrá decir de tu artículo y de estos vanguardistas del ocaso. Sólo voy detenerme ahora en ese idilio que tan acertadamente señalas entre el capitalismo y el izquierdismo. Hace ya un tiempo mantuve enojosas y masoquistas discusiones con varios miembros de la secta pedagógica (los de “No es Verdad”, claro). Les reproché ese idilio. Les reproché que ellos defienden una escuela carísima que, dicho sea de paso pero atingentemente, jamás podría trasportarse a países y sociedades pobres, donde, como es lógico, tendrán que recurrir (y menos mal) a la pizarra y la clase magistral de toda la vida. Ordenadores, reproductores de vídeo y demás arsenal tecnológico son caros, inasequibles para ellos. Los logsianos propugnan una escuela de ricos y para ricos.

    Esta antinomia tiene diversas raíces. Por un lado, el rechazo de la pedagogía logsiana a los métodos tradicionales, por parecerles autoritarios, clasistas y no motivadores; por otro, su cientifismo: el deseo de estar siempre del lado de la vanguardia, lamiendo la punta de lanza del porvenir. Es la idolatría de lo nuevo, de la tecnología (ojo, ya no de la ciencia básica) y, obviamente, el repudio de todo lo viejo. De ahí la estúpida conclusión de que tenemos alumnos del siglo XXl, maestros del XlX y aulas del XX. Qué ridiculez. Lo que tenemos es otra cosa: alumnos pre-históricos, pues no conocen la escritura (ni la lectura, claro), aulas del XXl: más dotadas de recursos que nunca, y docentes divididos: los que aplauden la pedagogía que defiende el estado pre-histórico (iletrado) de los alumnos y los que, con sentido común, desean sacarlos de tan adánica condición.

    Ese idilio entre el progresismo izquierdista y el mercado (ordenadores, pizarras digitales, DVDs, etc.) revela muy a las claras la procedencia y las aspiraciones mal disimuladas de los nuncios posmodernos. Revela que no son otra cosa que piji-progres, reaccionarios y clasistas del peor jaez. Tipos que no encuentran mejor manera de combatir el capitalismo que reclamar a Papá-Estado ingentes recursos materiales. Es entonces cuando la distinción entre el izquierdista y el capitalista es nominal, mera extravagancia posmoderna para panzas ahítas y paladares exquisitos.

  3. Jesús San Martín
    5 noviembre 2010 a 17:16 #

    Sin entrar a discutir las grandes ventajas, de apoyo, que aporta la tecnología a la educación, no debemos olvidar que las empresas irán a hacer su negocio y tendremos como el invierno pasado otra falsa pandemia de mortal gripe A, pero esta vez de “ordenaditis”

    http://www.idg.es/computerworld/articulo.asp?id=162995

    Quienes deben poner en funcionamiento la escuela son los maestros, no los gobiernos ni las empresas.

    Francisco Javier, Xoia, Raus mis felicitaciones por vuestras profundas reflexiones. Me consta que los alumnos andan paseando por el foro, tarde o temprano acabarán llevando las inquietudes a sus familias y las ideas del foro se extenderán.
    Un abrazo.

    • 6 noviembre 2010 a 10:16 #

      ¿Acabaremos diciendo que si Jesús no existiera habría que inventarlo? El enlace de computerworld que nos facilita es tremendamente representativo de algunas cosas que están ocurriendo hoy en la enseñanza con respecto a las nuevas tecnologías. Lo primero en que debemos fijarnos es en el medio: computerworld es úna de esas revistas de promoción de sus productos y sus políticas comerciales que las empresas o los sectores empresariales utilizan como un instrumento más de su muy lícito objetivo: VENDER. En cuanto a la noticia, nos habla de un hecho digno de ser celebrado: la extensión de las nuevas tecnologías en la Comunidad de Aragón, en concreto, en algunas zonas muy aisladas.
      Los reparos empiezan a surgir en esta mezcla de churras y merinas: no está bien hacer promoción comercial bajo el disfraz de que usted celebra de forma aséptica la mejora de la enseñanza. Fijaos en esta frase: el profesor del futuro “debe convertirse en el líder que enseñe a sus alumnos a investigar”. ¿Qué autoridad en materia educativa la pronuncia? Pues nada menos que doña Rosa García, consejera delegada de Microsoft Ibérica, así que ya sabemos lo que nos toca. Esta señora también opina que “Cuando se vende tecnología, hay que darse cuenta de que ésta tan sólo es importante cuando ayuda a las personas a mejorar sus vidas, y esto es especialmente importante en el campo de la enseñanza. Hay que ir cambiando la forma en la que educamos a nuestros niños, porque la sociedad también está cambiando, y no podemos quedarnos atrás”. Respetable opinión, como todas, pero quizás no muy autorizada, porque esta señora se está metiendo en un jardín que desconoce y, sobre todo, ella y su empresa son parte demasiado interesada en que ese cambio se produzca en la dirección que proponen.
      En otra parte del artículo, se hace esta afirmación: “La introducción de las nuevas tecnologías en el aula facilita la enseñanza y el aprendizaje resulta mucho más completo.” ¿Por qué? No se dice, se afirma categóricamente y listos. ¿Quién lo dice? Nadie, la propia revista, que ya he dicho antes lo que es: el órgano de los vendedores de nuevas tecnologías: de nuevo caemos en eso tan feo de hacer publicidad queriendo pasarla pon ardientes deseos de mejorar la enseñanza.
      Concluyo este ejercicio de exégesis de un articulillo de una revistilla: estamos en plena batalla del control de las metodologías por parte de la secta, los tecnócratas, los burócratas, los demagogos y demás amiguetes. Las nuevas tecnologías son un adelanto que debe entrar en la escuela y beneficiarla, pero lo que de ningún modo deben ser es el método único, absoluto e impuesto de manera tan dictatorial como acrítica e ignorante. Esto es lo que se está intentando ahora y lo que no debemos permitir: la metodología la controla y la decide quien sabe y manda en la labor educativa, que es el profesor, no el capricho de un consejero que quiere ganar votos a base de ordenadores. Y si lo que hace ese consejero es buscarse como aliado al vendedor de ordenadores y poner a este a pontificar sobre materia educativa, entonces ya el montaje se pasa de castaño oscuro.

      • 6 noviembre 2010 a 17:34 #

        Pablo, nen, lo de que “la sociedad también está cambiando, y no podemos quedarnos atrás” en unos tiempos tan retrógrados, tan carcas, tan casposos, con la gente pegada a la TV para ver “Cuéntame…” o la última de Rubalcaba, con nuestros herederos a más del 50% en colegios de monjitas y monjitos en Madrid, encantados de que el cura párroco de su pueblo defienda torturar a un toro en las fiestas y ataque el matrimonio homosexual, vendiéndonos ordenadores sin saber cómo funcionan y sin saber cómo se escribe en ellos lo más simple sin espeluznantes faltas de ortografía, retornados casi al Neolítico, vueltos hacia la pared de la caverna y felices de las sombras, es que… no tiene nombre.

      • Jesús San Martín
        6 noviembre 2010 a 21:25 #

        Atendiendo a tu frase “la metodología la controla y la decide quien sabe y manda en la labor educativa, que es el profesor”

        la libertad de cátedra apodera a cada docente para disfrutar de un espacio intelectual propio y resistente a presiones ideológicas, que le faculta para explicar, según su criterio científico y personal, los contenidos de aquellas enseñanzas que la Universidad asigna, disciplina y ordena (STC 106/1990).

        Y esta otra

        La libertad de cátedra es incompatible con la existencia de una ciencia o doctrina oficiales. (STC 5/81. J.9).

        Os recuerdo que la libertad de cátedra asiste a todos los docentes, no sólo a los universitarios
        (http://e-archivo.uc3m.es/bitstream/10016/1313/1/DyL-1995-II-5-Salguero.pdf pag 547, nota 17)

    • 6 noviembre 2010 a 10:27 #

      Y otra cosa que me dejaba en el tintero, perdón por la pesadez: si leemos bien el artículo, el panorama que se pinta para los niños es este: pasarse medio día en la escuela delante del ordenador y el resto del día… en casa delante del ordenador. Para procede de nuestros paidocéntricos poderes educativos, asusta, la verdad, como también asusta el que parezcan desconocer la actual preocupación por el exceso de tiempo ante los ordenadores que se pasan muchos niños (y muchos adultos, todo sea dicho). ¿Es que estos señores tan actuales están fuera de la actualidad?

    • 6 noviembre 2010 a 10:32 #

      Y otra cosa que me dejaba en el tintero: si se lee bien el artículo, el panorama que pinta para los niños es pasarse medio día en la escuela delante del ordenador y el resto del día en casa delante del ordenador. Uno ya no sabe muy bien en qué piensan estos popes educativos nuestros tan paidocéntricos. No parecen tampoco tener muy en cuenta la preocupación que existe hoy en día por el exceso de tiempo que se pasan ante el ordenador muchos niños (y también muchos adultos, no lo olvidemos). En gente tan preocupada por estar a la última, sorprende esta desconexión de la realidad: ¿será que se pasan demasiado tiempo delante del ordenador?

      • Raus
        7 noviembre 2010 a 14:13 #

        A propósito de esto que dices, Pablo: acabo de ver en el nauseabundo telediario una noticia sobre los “niños búnker”. Se trata de críos que reaccionan con furia y frustración cuando alguien les prohíbe jugar a los marcianitos en el ordenador o navegar por internet. Había que ver al rollizo chaval gritar e insultar al osado que le priva de su vicio. Son adictos, desde luego, a todo eso. Aparte de malcriados. Pero los del otro búnker, los mayorcitos, encantados con que los críos se metan ocho horas diarias de tecleo compulsivo.
        He dicho rollizo. Esa es otra: cuando los chavales se enganchan a los juegos digitales crían barriga y culo como para dar y vender.

  4. 5 noviembre 2010 a 17:41 #

    El tal Christensen es un tipo de excelente currículo, hasta el punto de ocupar un puesto preeminente en la Iglesia Mormona:

    http://en.wikipedia.org/wiki/Clayton_M._Christensen

    Os transcribo un extracto de http://www.iglesiamormona.org:

    “También creemos que Jesucristo visitó América y que llamó a doce Apóstoles quienes se encargarán de juzgar a los habitantes de América que vivieron en ese tiempo. La Primera Presidencia y Los Doce Apóstoles de hoy en día juzgarán a los hombres que ahora viven en los Últimos Días”.

    Guau. La Iglesia Mormona también recibe el nombre de The Church of Jesus Christ on the Latter Days Saints (LDS). LSD debe de ser lo que se tomó el escribano de la cita supra.

    Con Michael Horn, el reverendo Clayton ha fundado este think tank: http://www.innosightinstitute.org/who-we-are/

    Curtis W Johnson estuvo en el “global education forum”: http://www.globaleducationforum.org/curtis-johnson/

    evento organizado por el SEK, institutción educativa con la que está relacionado……

    ¡Eduard Punset!

    De Salt Lake City al espetec: se cierra el círculo, señores.

    • 7 noviembre 2010 a 11:22 #

      ¡Vamos Nacho! Que de esta conexión sale un best-seller que deja “El código da Vinci” a la altura del betún. Y para la peli, ¿quién va a hacer de Punset? ¿Buenafuente?

  5. Maximiliano Bernabé Guerrero
    5 noviembre 2010 a 18:49 #

    Lo que cuentan estos julays de la clase disruptiva (los americanos y los españoles) me recuerda dos cosas:
    – Cuando un servidor era un tierno niño, allá por 1980, había unos señores tan sabios como pesados (Punset, no, que entonces era ministro) que disertaban en la tele sobre cómo sería la sociedad en la primera década del s. XXI: Todos viajando al espacio cada lunes y cada martes, teletransportadores, sólo comida en pastillitas… Una especie de Star Trek. Y ya vemos que seguimos comiendo morcillas, y por muchos años.
    – En fechas más recientes, otros expertos, igualmente sesudos y pelmas, decían que las guerras de hacia 2010 las harían cacharros inteligentes, no habría casi soldados, como mucho algún general. Esto es más grave, porque se ha intentado aplicar en… Afganistán. Allí han enviado ejércitos muy reducidos. Y se han encontrado con que un talibán con un kalashnikov (y hasta con un trabuco) detrás de una piedra puede hacer mucho daño. Es decir, nos volvemos a encontrar la guerra de toda la vida, con algunos aparatos más.
    Y esto para decir, que dentro de 30 años, si releemos a estos iluminados, se nos caerá la dentadura postiza de la risa. Los que quedemos, que espero que seamos muchos.
    Y lo que es de traca, es cuando dicen que ahora los chicos aprenden más fuera que dentro de la clase. Ha inventado la pólvora. Yo también aprendía mucho fuera. Y a veces dentro me dedicaba a que se me cayera la goma al suelo para mirar las piernas de la de delante. Y a pesar de todo esto, aprendí mucho en el colegio y en el instituto.

  6. 5 noviembre 2010 a 19:09 #

    Me vais a llamar simplista, pero no me importa, porque lo soy. Cada vez que veo a un Curtis W. Johnson de estos, me digo: “Vaya, otro testigo de Jehová que viene a venderme biblias y paraísos”. Echadle un vistazo a lo que sale de este señor en Internet y ya me diréis si tengo razón o no. Escuchad: vendiendo biblias por las casas y plazas aseguradas en ese paraíso de aforo limitado que predican, los testigos de Jehová han levantado el mayor negocio editorial del mundo y una de las sectas más prósperas económicamente del mismo mercado. Pocos habrán sacado tanto NEGOCIO material del mensaje inmaterial. Pues estos señores profetas de lo que ocurrirá dentro de 20 años en la educación (muchos de ellos los conocemos gracias al imprescindible Punset) han copiado el sistema: venden un paraíso asociado a un mensaje sagrado, que en estos tiempos modernos, se llama nuevas tecnologías. Y cuando llegue el momento, si sus profecías no se han cumplido, vaya usted a reclamar, que ellos ya se lo habrán llevado muerto a base de conferencias y libritos-basura. Son unos chicos listos, les gusta más el jamón ibérico que la mortadela y han hecho lo que los testigos de Jehová, salir a buscar NEGOCIO. Son tan listos que, deliberadamente, confunden informar con educar. En esto se parecen a los trasnochados vendedores de enciclopedias (otros que copiaron las técnicas de los testigos de Jehova) que se te metían en casa asegurándote que, con su enciclopedia, el nene se te iba a hacer un Aristóteles sin salir de casa y prescindiendo del pelmazo del maestro. Todos sabemos que con las nuevas tecnologías podemos alcanzar amplísima información, pero eso también lo daba la Larousse, y ni unas ni otra educaban al niño, no nos fastidie, oiga, que educar es otra cosa. Lo preocupante de estos tipos es que nuestros políticos también saben que educar es otra cosa, y sin embargo siguen haciendo caso a estos profetas-cebolletas, por conveniencia y connivencia, claro, ellos también tienen su NEGOCIO. La última: que se preste atención a gente que habla de aprendizaje customizado y alumnos céntricos (como si los alumnos fuesen la Gran Vía) indica a qué nivles de estulticia han llegado los poderes educativos y sus boletines oficiales.

    • Ania
      7 noviembre 2010 a 3:29 #

      ¡Ay!, con lo orgullosa que yo estaba de haber apre-hen-dido a utilizar la terminología -Logsiana creo- disruptor, disrupción, disrumpir y demás variantes para trascender eufemísticamente actuaciones de alumnos cafres que hacía y hacen la puñeta en clase . ¡Con lo bién que quedaban las palabrejas en mis memorias e informes de evaluación! ¡Con el cariño que le tenía a la expresión “conductas disruptivas”! Tener que volver de nuevo a calificativos tradicionales para referirme ello . Y todo ello por obra y gracia de la dichosa teoría de la innovación ídem que me pervierte expresiónes tan caras e integradas.

      Resulta que por obra y gracia de los Christensen y demás voy a tener que poner : . Antoñito: un diez, que es un alumno muy disruptivo y de Joselito que tiene un uno-que el cero es ilegal en la ESO- ; ¿Qué pongo ahora?: ¿Tendré que decir que su comportamiento es inadecuado ya que impide a sus compañeros disrumpir provechosamente en las clases?

      Me voy a hacer un lío tremendo. Habrá que solicitar al Departamento que vaya preparando cursos para docentes con trastorno postraumático por apego lingüístico.

      ¡ Ah !¡ Que no voy a tener que molestarme en evaluar , que para ello ya habrá “agencias cualificadas” para ello. !¡Va a salir todo muy baratito en cuestión de profesorado! Pos qué bien.

      No pasa ná!

  7. 5 noviembre 2010 a 20:04 #

    Posiblemente, las TIC no sean la solución a los problemas mundiales; sin embargo, la educación no puede viajar al margen de lo que ocurre en la sociedad. ¿Preferimos ponernos en manos de un cirujano barbero del s. XVI o que nos extirpen un tumor con láser? La llegada de la imprenta debió provocar urticaria en muchos docentes de la época, defensores sin duda de otros métodos. La invención de la máquina de vapor también debió soportar muchas críticas. ¿Quién les explicaría que los automóviles serían, a pesar de algunos inconvenientes, más útiles que la fuerza animal? Y una vez hubo un accidente, y alguien aprovecharía para seguir rajando (los profetas del apocalipsis): “¡Ya lo decía yo!”. Pues bien, nadie hoy niega que los avances científicos y tecnológicos son necesarios, ergo la educación no puede mantenerse al margen de ellos.
    Si un alumno no acostumbra a moverse en el ámbito de las TIC, ¿qué se puede esperar de él cuando salga al mundo del trabajo donde todo se mueve con cables y pantallas, nos guste o no?
    Además de ser una disciplina imprescindible en el s.XXI, la informática es un recurso, nada desdeñable, en la tarea educativa. Evidentemente, no todas las disciplinas se prestan al mismo uso de PC´s y pizarras digitales. En educación infantil, primaria y ESO es un material del que no se puede prescindir por las inmensas posibilidades que ofrece. Estamos poniendo en juego más sentidos y eso, nadie lo niega, facilita la tarea educativa.

    • 6 noviembre 2010 a 16:26 #

      Soy profesor de Matemáticas, tengo algún dominio de las (mal llamadas) nuevas tecnologías, he utilizado durante años aplicaciones informáticas para apoyar algunos contenidos, y llevo observando cierto tiempo que en muchas ocasiones el formato digital es un obstáculo para el aprendizaje. En concreto, muchos contenidos matemáticos requieren una concentración, un “mancharse las manos” que los ordenadores ocultan o directamente esquivan. Pienso en programas de cálculo simbólico o geometría dinámica que presentan las soluciones a los problemas sin, precisamente, el proceso necesario para entender tales soluciones.
      Por otro lado, a menudo la tecnología sirve solamente para ver desde nuevas perspectivas conceptos ya asimilados, pero no para presentar contenidos desde cero. Piense, por ejemplo, en el esfuerzo mental que tiene que realizar un alumno de 1º-2º de E.S.O. para llegar a entender la demostración visual del Teorema de Pitágoras y compárelo con la respuesta a la presentación del vídeo con la animación correspondiente. Creo que eso llega para entender a qué me refiero.

      • 6 noviembre 2010 a 19:30 #

        Considero que las TIC pueden o no ser un obstáculo dependiendo de quien y el uso que les dé. Como pasa con la TV, la prensa o la propia fotocopiadora, no estamos a sus órdenes, sino que son un recurso que debemos o no utilizar en función de nuestras necesidades y adaptarlas a ellas, y no al revés. Lo que hemos hecho toda la vida con otros medios, ni más ni menos. Precisamente el Teorema de Pitágoras se presta a una explicación muy dinámica en pizarra digital donde el alumno puede percibir claramente aquello de los cuadrados y demás.

      • Jesús San Martín
        6 noviembre 2010 a 20:18 #

        J.J. tienes toda la razón del mundo y aquí tienes una clara demostración:

        http://francisthemulenews.wordpress.com/2010/11/04/para-que-quieren-los-chinos-el-mayor-supercomputador-del-mundo/

        La frase: “…para Zhang Yunquan es como tener un fórmula uno para ir de compras al supermercado. “ lo dice todo. Claro que para los amantes de la tecnología (que nunca han oído la palabra Cray) un supercomputador es un computador pero más grande, igual que un supermercado es como un mercado pero más grande.

        Por otro lado, “precisamente el teorema de Pitágoras” es el origen de las ternas pitagóricas, cuya generalización lleva al último teorema de Fermat, y que tan fácilmente se pueden resolver ambos problemas con la pizarra digital. Además, con el uso de las tecnologías te acercas a Internet, miras la demostración y te la aprendes, si es que el profesor sobra.

        ¿Sabrán utilizar los amantes de la digital blackboard la terna pitagórica 3,4,5 para trazar un ángulo recto en medio del campo? Si, hombre sí, el campo, ese sitio donde se empieza a construir cuando no hay nada y hay que hacer paredes en ángulo recto.

        ¿Y sabrán lo que pensaban los pitagóricos de la raíz de 2 (asociado a precisamente al teorema de Pitágoras), que llevo a Cantor a la locura y a Borges a escribir el Alepf? Estoy seguro que con el pizarrín electroquinín tienen una representación, no del alepf-0 o 1 sino del alepf infinito, y verán a dios en su inmensa estupidez (lo de inmensa estupidez no se refiere a la dividad)

  8. 5 noviembre 2010 a 20:31 #

    Entre el papanatismo de la informática como “solución final” para la enseñanza, en la que sólo creerán los más cretinos de la secta y su utilización como instrumento y aliado para lograr los objetivos nihilistas y destructores de la pedagogía oligofrénica instalada pueden conseguir que los que pensamos que, bien utilizada, la técnica puede ayudar, que no suplir, la tarea del profesor, terminemos rechazándola.

    La pedagogía constructivista es un fiasco. Estamos viéndolo todos los días. Como los que apostaron en su día por la “renovación pedagógica” no están dispuestos a dar marcha atrás ni a reconocer sus errores y ser consecuentes, es decir, irse a su casa pidiendo disculpas por el destrozo causado, echan balones fuera.

    Es curiosa la capacidad de adaptación de los pedagogos. Primero se aliaron con los tecnócratas del Opus Dei, auténticos depredaores y desmedidos en todos los pecados capitales, en especial la codicia y la soberbia. Después pulularon por lo más cutrón del lumpen de la transición: la pedagogía de la liberación, el cuerpo único, las asambleas incendiarias… todo ello unido a los intereses más prosaicos e inconfesables. Más tarde, se arrejuntaron a los tonto-progres o pedaprogres, contagiándose un poquito de las nimiedades posmodernas, siempre calentitos al abrigo del poder. Finalmente, dada su visión de futuro, su ambición de poder y su determinación de destruir todo lo que no sean ellos mismos, tras el fracaso estrepitoso de los experimentos logsianos desde los 90 hasta la fecha, tratan de convertir la maquinita en el nuevo tótem de su nueva religión. Siempre con el sol que más calienta, siempre con lo que su olfato les dice que es el futuro, siempre manifestando lo más abyecto del alma humana para seguir en el candelero.

    Después de leer el inquietante, futurista y aterrador artículo de Francisco Javier, me temo que muy certero en el diagnóstico de la que se nos viene encima, me ratifico en la idea de que, frente a un enemigo tan poderoso y tan maléfico, sólo una fuerte oposición le haría frente.

    Y está la sociedad como floja, disgregada, cada uno a lo suyo, sin ser consciente del mal que toda esta chusma lleva causándonos durante tanto tiempo.

    Por eso, cada vez que se oiga a un memo pseudoexperto en educación recurrir a las nuevas hechicerías y supersticiones de la tribu, habría que ir con la lata de gasolina, porque es el único remedio eficaz que se me ocurre para que la metástasis se siga extendiendo. Ya no se me ocurre otra cirugía para este cáncer que puede terminar de una vez para siempre con la enseñanza y con la cultura, no sólo en España (esa es la desgracia que algunos han descrito con tanta precisión en DESEDUCATIVOS), sino como una multinacional de la estulticia organizada que, por higiene mental, algún día habría que erradicar.

    P.S. Lo siento, tengo un día malo. Vengo de ver cómo “los hermanos” siguen intoxicando a los futuros profesores en el Máster de Formación del Profesorado y estoy hipersensible ante el veneno que no cesa.

    • 5 noviembre 2010 a 20:35 #

      Fe de errores:

      Donde dice:

      para que la metástasis se siga extendiendo.

      Debe decir:

      para evitar que la metástasis se siga extendiendo

  9. 5 noviembre 2010 a 22:43 #

    Efectivamente la clave está en esa falacia que apunta con tanta lucidez Francisco Javier, esto es, presuponer que el alumno parte de aquello que justamente constituye el fin del proceso: la plena autonomía como individuo que dirige su propio proceso de aprendizaje. Claro, si así fuera sobraríamos todos, desde el Ministro para abajo, todos. Ya sólo se trataría de dejarle al bicho los medios de comunicación más de rabiosa actualidad y que resolviese tres o cuatro enigmas matemáticos sin despeinarse.
    Estamos tan pasados de rosca que ni las cosas más simples se entienden. Tengo la sensación de que hace tiempo que en el aire que respiramos flotan estupefacientes psicotrópicos de una potencia que rieté tú de Lucy in the Sky with Diamonds. Se confunden las churras con las merinas; se le atribuye virtud didáctica a cualquier trasto de nuestra época per se, una potencia mágica que el trasto, sin alguien que lo dote de atributos, de ningún modo tiene; se entiende como mentalidad avanzada lo que no es más que puro fetichismo del objeto de consumo. Y en el colmo ni siquiera se repara en que para que el tal trasto exista el tipo que lo ha ideado se ha tenido que tragar horas y horas del aoristo griego en una pizarra pelá y mondá (una pizarra capaz de asumir no algo tan viejo y casposo como la máquina de vapor, sino la hipótesis del continuo de Cohen, por ejemplo). Por supuesto el paleto provinciano que recibe el trasto sin conocer su génesis y sólo comprándolo se cree que ha nacido del instante, como un exabrupto contemporáneo, y lo promociona para modernos fines contento y satisfecho, en un país con millones de parados analfabetos y sucesivos gracias, entre otras cosas, a su proverbial estupidez. Da congoja, de verdad, da congoja.
    Un buen artículo, en tu línea, Francisco Javier. Saludos.

  10. 5 noviembre 2010 a 22:57 #

    ¡Ah, se me olvidaba! Estoy de acuerdo contigo, Mariano. He nacido con un ordenador debajo del brazo, pero esta mierda me está cabreando tanto que lo mismo tinta, plumín, palillero y scriptorium. ¿Te figuras lo que aprenderían nuestros alumnos si, además de las catorce horas que se pasan en casa toqueteando trastos de rabiosa actualidad que sus padres les compran por doquier, disfrutasen de un rato en las clases aprendiendo a caligrafiar versos de la Divina Comedia en “Edwardian Style”? ¡Qué control del músculo!

  11. Constantino
    5 noviembre 2010 a 23:08 #

    Es increíble. Parece claro que las nuevas tecnologías pueden ayudar a enseñar a los profesores. Y si hay menos profesores, pues menos gasto. Esto parece evidente.

  12. 5 noviembre 2010 a 23:21 #

    ¡Ah, también se me olvidaba! Yo soy gestor on-line de las competencias multidisciplinares de los estudiantes 2.0 de una de las asignaturas que tutorizo en la Universidad. Llevo ya un mes largo esperando que los tecnólogos TIC chachi-pirulis-de-lo-modelnos-que-son den de alta la página, y los alumnos, algunos sin tutor presencial, esperando incluso con más mala leche que yo. Pero es que no sólo somos una panda de paletos. Es que encima todo esto tan Matrix es de un cutrerío que tira para atrás. ¡Y eso que a mi Universidad le dieron un premio por lo chachi-pirulis-de-lo-modelnos-que-somos! Puuaghhhhhhhhh!!!!!!!!!!!

  13. José De Miguel Parada
    5 noviembre 2010 a 23:24 #

    Bueno, Antonio: y ¿qué propones? ¿Qué hacemos además de utilizar esta disruptiva herramienta del blog? (J Parada, no Parado, de momento)

    • 5 noviembre 2010 a 23:47 #

      No perdone, usted, es que ese no es el asunto. La pregunta es: ¿qué hacemos para que mis alumnos sean capaces de utilizar esta herramienta disruptiva del blog para montar la Tercera República o para conversar sobre el aoristo griego, por ejemplo, en lugar de utilizar sólo la destructiva herramienta del messenger para escribir como analfabetos trogloditas a otro troglodita lo bonito que es ir con mamá mañana a comprarse las últimas bragas fashion a Zara? Es que yo creo que el quid del asunto no se entiende. Es que nadie, creo, de los que aquí escribimos renunciamos a los trastos. Lo que nos jode es la retórica huera a propósito de virtudes que los trastos sólo tienen para un paleto que acaba de llegar del pueblo a New York y se le cae la baba por las comisuras delante de un escaparate lleno de máquinas con pantallitas. Es que creo que el asunto no se pilla.
      Y aparte, si ya con apellido resulta usted ser José de Miguel, pues tiene por ahí en el blog un escrito mío de hace ya ni se sabe los años publicado en la revista “Aula” que le indica todo lo que quiera saber sobre mi paideia revolucionaria. No le voy a decir lo que pienso sobre su referencia a los Inspectores de zona porque no logro entender que alguien que tenga que ver con la enseñanza considere a tales señores (y a todos los demás inspectores, sean de la diócesis que sean) mucho más que un fraude de ley ocupado en tragar con lo que les echen para mantener su puesto repitiendo lo que les diga el que toque en cada temporada. De cualquier manera, y usted, ¿qué, dándole a la teclita?

  14. José De Miguel Parada
    5 noviembre 2010 a 23:33 #

    Aquí tienen a la nata y flora de los pedabobos que os mandan:

    http://www.innova311.org/profe10/

    A ver quién se hace escuchar ante ellos, o le desmonta la herramienta disruptiva. ¿Eh, Antonio?

    A ver cómo se hace para que ellos escuchen, quieran o no.

    • 6 noviembre 2010 a 0:08 #

      Bueno, ¿y qué? Nos hemos reunido en este blog para coger esa bazofia en estado puro que usted me ofrece y acribillar cada una de sus líneas. No hace falta que ahora nos pongamos a la tarea. Todo está desmontado ya en las entradas pasadas de “Deseducativos”. Hemos currado mogollón. Lo de Málaga es mierda descarada, sin matices. No se cortan. Lo sueltan sin vergüenza. ¿Y supongo que usted me pregunta que cómo se desmonta del todo? Bueno, a finales del siglo XVIII los franceses acudieron a las armas… Si usted tiene reaños y se junta con un grupo de valientes citoyens, y se pira a Málaga cantando la marsellesa para boicotear el Congreso saleroso, yo casi que le convierto en mi héroe. ¿Que lo mismo se trataría de estar más al tanto y tener agentes en todos los Congresos tontipedagógicos para demostrar, dialécticamente, la bellaquería del asunto, corriendo la suerte de que te enganchasen los de una seguridad reforzada gracias a la insistencia de los agentes de “Deseducativos”? Pues sí, molaría. Y además hacerlo en pelota picá. ¡Saldríamos por la tele! ¡Como los de Bicicrítica!

  15. José De Miguel Parada
    6 noviembre 2010 a 10:12 #

    A eso me refería, Antonio, a las pelotas, a menos lloriqueo y más pelotas. Ya se sabe que esta pedabobía no va a ningún sitio (se sabía ya antes de 1990). Y da igual todo lo que se diga aquí: te ignorarán… a menos que te hagas oír.

    Ahora bien, yo no me apunto a enseñar las pelotas en la tele; más que nada, porque pierdo mucho en paños menores y eso les favorecería a ellos. Pero puede que piense presentarme allí y haga ver ante el público, y en su cara (de los Gabilondos y cía), la podredumbre de esos discursos.

    Avísame cuando vayas a salir en pelota por la tele.

    • 6 noviembre 2010 a 17:25 #

      No lo dude. Va a ser un espectáculo intergaláctico. 28 cms. de intelecto.

    • Jesús San Martín
      6 noviembre 2010 a 19:53 #

      Como bien advertía Kuhn, en La estructura de las revoluciones científicas, no sirve de nada discutir con los popes sobre sus ideas equivocadas. Por otro lado, la historia (Galileo, Giordano Bruno) nos dice que harían con nosotros si pudieran, con tal de no soltar el poder que tienen engañando a la gente. En cuanto a los pobres (mentales) seguidores y carentes de poder, recientes investigaciones indican que es mejor olvidarse de ellos

      http://www.cienciakanija.com/2010/11/03/cuando-tengas-dudas-grita-por-que-sacudir-las-creencias-de-la-gente-los-convierte-en-unos-defensores-mas-fuertes/

      La evidencia de este desastre tiene que verla la sociedad, y en particular concienciar a los padres de las penosas consecuencias para sus hijos. Deberíamos mandar una encuesta a las universidades, con sólo dos preguntas:
      ¿Ha bajado el nivel de los estudiantes que ingresan en la universidad en los últimos años?
      Responsa de 0 (nada en absoluto) a 10 (muchísimo)
      ¿Cuál es el nivel actual de los estudiantes que han ingresado este año en la universidad?
      Responda de 0 (pésimo) a 10 (excelente)
      Se hace la media y la varianza (me comprometo a hacerlo yo) y ahí hay datos empíricos, no elucubraciones mentales. Esos datos son los que podemos gritar en sus aquelarres.

      P.S. Visto lo visto, los griegos, los franceses y los conductores del metro de Madrid son los únicos en Europa que no lloriquean y tienen pelotas. Uy! Perdón, no quería decir pelotas, que me perdone la secta escrotada.

      • 6 noviembre 2010 a 21:45 #

        La encuesta está planteada de forma muy inteligente, porque la respuesta a las dos preguntas sería que 9 ó 9,5. Y así podríamos decir: en la evaluación objetiva de los rendimientos de los escolares el nivel es de 9,5 (claro que 9,5 de desastre, o fracaso, por utilizar un palabro que tanto les gusta a los de la jerga.)

  16. Francisco Javier
    6 noviembre 2010 a 12:42 #

    Se me olvidaba añadir un dato más de interés: las evaluaciones. Al menos, cabría pensar, los docentes jugarían un papel en la evaluación del futuro y futurista Sistema Educativo. La respuesta, como era de esperar es: en modo alguno. Nada de intromisiones indeseables de esos sujetos intempestivos e innecesarios que son los docentes, poseídos por la tendencia irrefrenable a dictar e imponer. ¿Quiénes serían, entonces, los encargados de “evaluar”? En el artículo, se habla muy significativamente de “guiños” (por parte de nuestro sabio consultor) a las EMPRESAS DE EVALUACIÓN: a éstas (no a los docentes) se les invita a diseñar, trabajar y elabora herramientas acordes al nuevo y revolucionario Sistema que anuncia “Clase disruptiva.”

    Una posibilidad, esto no lo dice el Sr. Johnson , es que ante el colapso educativo, sean las propias empresas, las que asuman la tarea de evaluar. Y es obvio, que las diferencias sociales se profundizarán aún más: ante la desconfianza generalizada, las empresas optarán por seleccionar a aquellos candidatos, que por su cuna hayan optado, naturalmente, por formarse en escuelas más tradicionales (de élite ,con sistemas tradicionales y todos los recursos necesarios.) ¿Y quién va a prohibir que las empresas seleccionen su personal de acuerdo a los criterios que les dé la gana?

    La concepción de un sistema educativo en el que los contenidos son determinados por la las Leyes de Mercado es extremadamente peligrosa y significa -lo cual ya es un hecho comprobable- la práctica desaparición de todo un pasado cultural, que corre el riesgo de caer en el olvido más absoluto. La potencia de la dictadura de la publicidad, de las determinaciones del Sujeto como una estructura condicionada hasta la médula por el Medio Socio-económico en que es, es tan gigantesca, que amenaza con aniquilar toda posibilidad de resistencia, de libertad: la tendencia a una nueva modalidad de totalitarismo con una cada vez mayor pérdida de derechos, de exclusión y penuria social, es ya palpable, es un hecho (señalado por sociólogos, historiadores, escritores,…) Observamos como la maquinaria del Capitalismo en su fase más reciente tiende con éxito a integrar en su lógica toda contradicción, toda resistencia. Y así se constata con pavor como su dialéctica oscura,siniestra e insondable, es capaz de transfigurar y asimilar, sin resentirse lo más mínimo la deriva de la Izquierda, afectada de una incapacidad patológica para plantar cara a la crisis. De ahí la necesidad de volver a retomar la senda perdida, de volver a pensar de forma radical con sentido común y valentía.

    Y gracias a todos por tan estupendas reflexiones.

    • 6 noviembre 2010 a 16:11 #

      Las empresas de evaluación son un negocio consolidado en los Estados Unidos. Los exámenes para determinar el nivel de inglés de los aspirantes a estudiantes de sus universidades, el TOEFL, están organizados por una entidad privada. También, desde hace muchos años, los tests que encargan las administraciones para evaluar los conocimientos básicos de los alumnos, como el famoso test de California, también son gestionados por entidades con ánimo de lucro.

      La evaluación que hacen los profesores en primaria y en secundaria es políticamente correcta, vamos, que tira hacia arriba. Lo único que funciona en algunos centros es clasificar a los alumnos por niveles (refuerzo, medio, avanzado) en determinadas asignaturas y no en todas. Y las evaluaciones externas son objetivas, muy simples por aquello de que los resultados que miden los tests son siempre muy limitados, pero al menos están homolgadas y son un parámetro único para poder comparar centros.

      Es en ese contexto donde hay que situar la referencia a la evaluación externa y privada. En España sólo tenemos la selectividad y el informe PISA. Y las administraciones aún no se han puesto a sacar las consecuencias de sus resultados, que deberían hacer reflexionar sobre los derroteros de nuestro sistema.

  17. Francisco Javier
    7 noviembre 2010 a 10:53 #

    Creo que este episodio de Enjuto Mojamuto ilustra muy bien lo que podría una jornada de trabajo disruptivo.

  18. Alfredo Amat Osuna
    8 noviembre 2010 a 19:49 #

    Antes de nada, siento no haber leido todos los comentarios a la noticia. He leido los que he podido, pero voy justo de tiempo y quería hacer una pequeña aportación.

    Antes de nada, dejar claro que mi postura frente a ese sistema educativo es de completo desacuerdo. Yo no me veo capaz de aprender sin profesor. Si todos tuviesemos el potencial de Leibniz no habría ningún problema, pero parece que estos señores olvidan que la mayoría de los estudiantes universitarios no estudian por afán de conocimiento, y tampoco por motu proprio en muchos casos. El saber para el universitario común no es un fin, sino un mero medio para conseguir trabajo.
    Ahora, entrando al tema, ¿Cómo pretenden entonces que niños de 10 años aproximadamente tengan motivación por adquirir conocimientos? Ni siquiera es fácil con universitarios…
    Y puede que lo difícil no es que les llame la atención toda esa ciencia. Lo difícil es que se mantegan constantes en esta manera de aprender. Y si hablamos de la validez de este ”método”, es decir, de lo que realmente puede conseguir que aprendan los alumnos, para mi esto se queda en absoluta majadería.
    Es muy simple predecir lo que va a ocurrir. ¿Por qué un adolescente va a pulsar el botón de su aplicación ”educativa” teniendo tan cerca el botón de internet, donde con escribir solo ”tue” le va a aparecer justo en los morros una red social donde ponerse en contacto con sus compañeros bovinos?

    No entro a cuestionar lo que son realmente intereses económicos de todo esto porque ya se ha debatido sobre ello y porque no podría aportar nada más. Solo felicitarles y aplaudir.

    Acabo de reparar en que el comentario anterior tiene un video de Enjuto Mojamuto ejemplificando mi tesis.

    Para acabar, siento si no he sabido expresarme tan bien como permite la lengua española y si, seguramente, añado cosas que ustedes ya saben.
    De mi comentario se puede sacar en positivo que los estudiantes tambien nos estamos preocupando por la situación y

    • Alfredo Amat Osuna
      8 noviembre 2010 a 19:53 #

      (continuo) que sepan que, aunque de manera lenta (y espero inexorable), están consiguiendo que les lean cada vez más.

      Un saludo

    • Francisco Javier
      8 noviembre 2010 a 20:47 #

      Etimado Alfredo,

      lo que dices es de sentido común y está perfectamente expresado. Lo del vídeo de Mojamuto creo que ilustra muy bien (aparte de que es muy gracioso) lo que pasa cuando a un adolescente le dejas manos libres frente a un ordenador con conexión a internet. Yo lo compruebo día a día en mis clases, en las que cuando me aventuro a pasar por el aula de informática me enfrento a un doble handicap: 1) que las cosas funcionen y no falle no se qué plugin, la tarjeta de sonido o la conexión o…., y 2) hacer por todos los medios que no me tomen el pelo (es imposible) y que no se me metan en el twenty de las narices a ver macarradas y gilipolleces varias (en vez de entrar donde deben entrar a aprender.)

      Lo que comentas de la falta de motivación del estudiante en la Universidad lo entiendo y es una pena que no exista un entusiasmo, un ansia por saber ; y un saber valorar en su justa medida la inmensa suerte de encontrarse en una Universidad: un momento ideal de la vida para disfrutar del placer de descubrir, de conocer, de relacionarse, de abrirse al mundo. Ortega hablaba de la falsedad del estudiar, es decir del estudio que se torna falso cuando no nace de una auténtica necesidad interior, de las vísceras.

      Termino: me alegra muchísimo saber que en la Universidad hay personas críticas, que no se tragan como un papanatas toda esa visión tecnocrática y huera de Bolonia.Que piensan, critican, se expresan, resisten y exigen una formación universitaria lo más elevada posible.

      Un saludo.

  19. 14 mayo 2011 a 10:44 #

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