La tiranía de las buenas intenciones

 

 

Gregorio Luri

 

Con frecuencia al participar directamente en un debate educativo tengo la sensación de estar siendo un cobarde por no arremeter con más firmeza contra la tremenda tiranía de las buenas intenciones.

Nuestra pedagogía está prisionera de unas intenciones tan grandes, tan nobles, tan honestas, tan filantrópicas, que nos impiden ver, como los árboles del dicho, la realidad.

No es que no se vean las enormes reticencias que presenta la realidad a la hora de responder a nuestras nobles exigencias, es que la cosa más fácil del mundo es echarle la culpa de estas reticencias a los otros. En los últimos años me parece evidente que estos otros que están pagando el pato de la terquedad de la realidad son los docentes y, muy especialmente, los directores.

¿Cuántas veces he oído decir últimamente que lo que nos hace falta es un maestro con otra formación? Lo peor es que esto suelen decirlo los que forman en las facultades a las nuevas hornadas de docentes, que, entre vosotros y yo, tampoco son nada del  otro mundo.

¿Cuántas veces he oído también decir que lo que nos faltan son directores que estén dispuestos a  echarse sobre los hombros la gestión del centro? En realidad lo que nos faltan son directores, tout court, y, al menos en Cataluña, los que hay no sobresalen por su optimismo.

Medidos desde la altura de la hipérbole lo que vemos es la obviedad de que los docentes van menguando a medida que nuestras exigencias aumentan. Nada fuera de lo normal. Pasaría lo mismo con los médicos, los abogados, los basureros, las panaderas… y los padres.

Cuanta menos relevancia concedamos en el aula al programa (al curriculum) y cuanto más insistamos en atender a las demandas inmaculadas de las grandes intenciones,  más relevancia va adquiriendo la personalidad del maestro. Si el centro de la clase es el programa, la misma objetivación diáfana de la tarea hace muy fácil la selección de buenos maestros, pero si el centro es  la personalidad de un maestro multitareas, infatigable, siempre optimista, siempre atento a cada una de las necesidades de individuos cada vez más diversos, siempre dispuesto a dedicar un poco más de tiempo a  su trabajo, siempre receptivo a las innovaciones introducidas por la legislación de turno, siempre colaborador con los equipos docentes, etc, etc., entonces es que nos hemos dormido a las puertas de la escuela con un ideario entre las manos.

Evidentemente tienen toda la razón del mundo los críticos de los docentes: Si tuviéramos unos maestros excelentes, todo sería más fácil. Pero la pierden cuando se olvidan de generalizar esta máxzima y aplicarla a todos los órdenes sociales y aún naturales.

Anuncios

Etiquetas:,

Categorías: Diagnósticos

Suscribir

Suscribirse a nuestros perfiles sociales y feed RSS para recibir actualizaciones.

13 comentarios en “La tiranía de las buenas intenciones”

  1. Alois
    25 octubre 2010 a 17:51 #

    Me dejo caer por aquí como un reciente lector de este foro. Estoy totalmente de acuerdo con la opinión expresada por usted, Sr. Luri, y, aunque no sea en absoluto un desdoro ser considerado un buen maestro, coincido en que la situación actual raya con el surrealismo. Soy profesor y creo que no estamos preparando a las nuevas promociones para asumir compromisos reales. La ESO no es capaz de conferir el suficiente rigor a las enseñanzas, porque se preocupa en exceso del adoctrinamiento de los alumnos y, además, relaja las exigencias. Baste citar el caso de fraude al alumnado representado por los PDC (una forma de inflar las estadísticas de titulación y de no dar una auténtica respuesta a las demandas explícitas o implícitas de quienes están matriculados en esos programas). Pero es que el Bachillerato no brinda las oportunidades necesarias para fomentar excelencia. Los profesores están atenazados por la espada de Damocles de una PAU que, sin ser unas horcas caudinas, se presenta como algo imposible para unos estudiantes más acostumbrados a jugar al ahorcado que a hincar los codos. Con lo que nuestros bachilleres tampoco logran una formación intelectual y humanística suficiente para la vida universitaria.
    En fin, que no ha podido usted expresarlo de mejor modo. Mil gracias.

  2. 25 octubre 2010 a 18:12 #

    La excelencia del maestro -que viene de magister y que es más que ministro, incluido el de Educación- siempre se asocia con ese plus de dedicación, con la abnegación, con la dedicación a tiempo total, con el olvido de la propia vida en aras de satisfacer las necesidades de los demás, con el “ministerio” casi sacerdotal, a la antigua usanza, claro, con la entrega absoluta, sin reservas, con los patios dedicados a repasar con los más torpes, con las innúmeras horas dedicadas a la corrección para que los discentes, displicentes, sólo se fijen en el guarismo y desdeñen las horas empeñadas en ese monte de piedad del que los tales son incapaces de sacar el más mínimo provecho, con las dosis de paciencia bendita más caudalosas que el Amazonas para no perder los estribos… Con todo, dudo mucho de que todas esas bellísimas cualidades -a la altura de las buenas intenciones con que empedran el infierno de la educació las autoridades- sean suficientes para convertir a un maestro en un buen maestro. Como suele ocurrir a menudo, uno nunca sabe cuándo ha dejado la semilla a buen recaudo. El comentario más liviano, la referencia menos preparada, el rasgo de ingenio con que hemos sabido salir airosos, cualquier detalle insospechado se convierte, años después, en la confidencia de un joven, en un impulso decisivo para seguir un camino o una dirección en la vida.
    ¿Por qué en el campo de la educación no podemos ser excelentes profesionales que tengan derecho a tener su vida propia, con el merecido tiempo libre de cualquier otra profesión, sus aficiones extrañas a la profesión, etc.? Si algo me parece que contribuye a la asfixia del sistema, a la podredumbre -en términos de Cioran-, es el régimen de dedicación, no tanto exclusiva cuanto absoluta de los profesionales del sector, que tienden a no marcar distancias entre su vida profesional y su propia vida, de tal manera que muchos de ellos ligan una y otra, con tan mala fortuna que la contaminación autobiográfica de la profesión la acaba encanallando o deturpando. Recurramos a la anécdota vivida: “a mí que no me legislen mucho lo de las expulsiones, porque yo echo más o menos de clase según con que pie me levante ese día”. Hemos inundado de subjetividad y autobiografía los centros docentes y así nos luce el pelo. Por eso la propuesta de objetivación de Gregrio me parece magnífica, no sólo por lo relativo a los conocimientos, sino también por su corolario: la auténtica profesionalización de la docencia.
    Estoy convencido de que cuanta más rica vida propia tengan los maestros, más eficaces serán en su labor pedagógica.

  3. Francisco Javier
    26 octubre 2010 a 7:53 #

    Responsabilizar una y otra vez a los otros de los propios fracasos es una conducta indigna. Hasta ahora no he visto a ningún príncipe de la pedagogía progre (especialista o político partidario de la misma) rectificar o mostrar al menos un asomo de duda sincera sobre lo que está pasando aquí desde hace mucho tiempo. Es siempre la falta de preparación psicopedagógica del docente, su pereza mental o su falta de compromiso con la causa, su ausencia de vocación, lo que no ha permitido que se manifiesten las bondades intrínsecas del mejor de los modelos posibles. Aburren a un muerto.

    Un saludo.

    • 26 octubre 2010 a 14:08 #

      Pero somos los asesinados, de los que esos príncipes echan pestes, quienes, al final, capeamos las embestidas de los morlacos día sí y al otro también… ¡Cómo va a extrañar a nadie, en su sano juicio, que algunos de esos esqueletos se acojan al sagrario de una baja depresiva, inhumada…!

      • Francisco Javier
        26 octubre 2010 a 18:02 #

        Así es, Juan. A mí no me da vergüenza confensar (ahora que estas cosas se han desmitificado bastante) que mi salud ha sufrido seriamente, en especial cuando empece allá por el 2000 (que es cuando aprobé) y me encontré con 4 segundos, 3 terceros y un cuarto (más tutoría) de la ESO, que literalmente semejaban (salvo una pocas excepciones) un frenopático.Por suerte, el director era una bellísima persona, que me apoyó mucho y me dio ánimos y palabras de consuelo cuando me hicieron falta. No llegué a la baja, pero creo que faltó poco. Después la cosa ha ido mejor (¡lo que se aprende a resistir en este oficio!), si bien sigo pasándolo mal a menudo. En fin, esta es la razón de que uno se sienta herido ante ciertos comentarios realizados por epecialistas o por el común de los mortales (todo el mundo en este país tiene su opinión al respecto.) La venganza es una pasión negativa, pero el poder de vez en cuando liberar la tensión es para mí una de las maravillas de este punto de encuentro que es Deseducativos, no sentirse tan solo, encontrar vida inteligente. Un saludo.

  4. Maximiliano Bernabé Guerrero
    26 octubre 2010 a 17:36 #

    Este artículo de Gregorio Luri es bueno, pienso, sobre todo, porque pone el dedo en la llaga: las buenas intenciones. Con los pedagogos y con los políticos trepa-progres ya contamos, no nos van a dejar libre el campo a estas alturas, más bien nos arrollarán definitvamente si les dejamos. Tenemos que empezar por nosotros mismos, los profesores, por no ser tan pánfilos, por no “vivir” tanto nuestra profesión. Cuando entramos en un debate con ellos, nos acogotan fundamentalmente con dos argumentos:
    – Tú no tienes vocación, estás cansado…
    – Aquí hay que darse por entero, somos misioneros laicos. ¡Qué pena de esos maestros que sólo piensan en el fin de semana! Los maestros de la II República. Ésos sí que molaban y no tú, so facha. Que eres un Neocon, que el otro día te vi comprar el ABC, que lo sepas
    Y nosotros solemos agachar la cabeza con sentimiento de culpa en lugar de mandarles a la mierda. Y nos reprochamos en las noches de insomnio no ser docentes “full time” y ser unos nosferatus antipedagógicos. Cuando yo salía por ahí de bares, por la noche, recuerdo un sitio donde en la mesa vecina siempre se juntaba un grupo de profesores; bien, todas las veladas hablaban de lo mismo: “Hay que ver los de diver, jó tía porque tú no tienes a 2º, los de garantía social (ahora PCPI) ésos si que son “majos”…” No se puede ser más pesado. Tendríamos que empezar por decir (y hacer): Sí, soy profesor, NO tengo vocación (eso queda para los monjes de clausura). Intento saber todo lo que puedo de mi materia y enseñarlo lo mejor posible. Cumplo con mi DEBER. Y en mi tiempo libre, y con mis ideas hago lo que me da la gana, siempre que pueda. Y más tarde exigir que nos den los días de libre disposición (moscosos) como a cada funcionario, y que tengamos 30 días de vacaciones si quieren, pero los elegimos nosotros, como cualquier otro trabajador. Y sobre todo, fuera de horario de trabajo, por favor, no hablemos de nuestros alumnitos y sus papis, y de lo chachi que es nuestro departamento. Se puede hablar de fútbol, de cine, de la cría del gusano de seda, por ejemplo. O estar callados y mirar las piernas de nuestra vecina, o vecino.

    • Francisco Javier
      26 octubre 2010 a 18:12 #

      Genial, Maximiliano. ¡Encima de que te putean, quieren hacer de uno un maniaco-obsesivo! Volver tontos a los alumnos con gilipolleces y tontos a los profes (es un todo unitario.) ¡Que les den!

  5. Luzroja
    26 octubre 2010 a 17:46 #

    En el borrador de la ley educativa aragonesa en el párrafo quinto del punto 3.1.2: se leía lo siguiente:

    “Para este cambio continuo necesitamos un profesorado altamente cualificado y con complejas competencias profesionales, entendidas como un conjunto integrado de conocimientos, capacidades y actitudes relacionadas con: el dominio específico de su área de conocimiento, la organización de la institución escolar y el diseño curricular, las características evolutivas de la infancia y la adolescencia, la comunicación interpersonal y la resolución pacífica de conflictos. A ello hay que añadir otras competencias no menos importantes como el dominio lingüístico y de las tecnologías de la información y la comunicación, el trabajo de colaboración y en equipo, los valores de una sociedad multicultural y el propio aprendizaje como un continuo para la adaptación a los rápidos cambios del conocimiento, sociales y tecnológicos”.

    No sé exactamente si estas exigencias que se le pedirán al profesor para que efectivamente se produja el cambio educativo (cambio que no admite cuestión según la propuesta), no sé digo, si son tiránicas o no, pero las parrafadas de “buenas intenciones” son de matrícula.

    • Jesús San Martín
      26 octubre 2010 a 18:12 #

      Genios integrales, que dominen todos los campos citados, no los hay, pero bobos integrales que los demanden parece que los hay a patadas. Si cualquier rama del saber se divide, y vuelve a dividir, porque no se puede abarcar en su totalidad ¿de dónde sacan estos descerebrados semejantes tonterías? ¿Creen que la inteligencia no tiene límites, como no la tiene su estupidez?
      Los anti-Nobel son un premio ya bastante famoso ¿Por qué no hacemos algo similar en nuestro sector? Lo podríamos llamar el pedabobo, o el antiprofesor, o el destroza_vida_de_estudiantes,… cualquier nombre, pero que a los idiotas no les salgan gratis las tonterías, que por lo menos tengan escarnio social. Si, ya sé lo que me vais a decir, que la lectura de premios del primer año se nos iba a solapar con las entregas del siguiente año, pero bueno, ¡qué le vamos a hacer!

    • Francisco Javier
      26 octubre 2010 a 18:19 #

      Yo todas esa exigencias de catecismo las tengo a raudales, además de gracia y buen sentido del equilibrio, pero sigo suspendiendo igual, los ESOs se me portan de pena y les importa un carajo mi pobre Juan Sebastián Bach, la música y la madre que la parió (y que conste que uso las TIC.)

  6. 26 octubre 2010 a 20:30 #

    Cuando se oye hablar de maestros con otra formación, da pavor. Sólo hay que echar un vistazo a los planes de estudios de algunas universidades, con los nuevos grados a la boloñesa. Si nos acercamos al de Magisterio (un título de grado de 4 años), comprobamos que los futuros profesores de pirmaria están estudiando menos asignaturas con sustancia. Y que la inmensa mayoría de las materias son psicosociopedagogía. Dios nos coja confesados.

  7. 27 octubre 2010 a 16:28 #

    Tremendo vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=vGRUgxRyU_w

    • Ania
      28 octubre 2010 a 20:36 #

      Era más largo. Lo han acortado me parece. ¡Es buenísimo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: