De la perversión de la razón ilustrada a la posmodernidad, el neoliberalismo y el declive de la enseñanza

 

Juan Pedro Viñuela Rodríguez

 

Para Antonio Raus y Antonio Sánchez

Nuestra tradición occidental moderna surge del Renacimiento y se ensalza en la Ilustración. El Renacimiento, el esurgimiento de la ciencia y la revolución científica, dan confianza al hombre en el poder de sus facultades del conocimiento para acceder a la naturaleza. Pero surge también el ideal tecnológico. Bacon declara que el objetivo del conocimiento es el poder sobre la naturaleza. “Conocer para prever, prever, para dominar”. La ciencia del Renacimiento no surge solo de un ímpetu teórico, como en los griegos, sino que lleva aparejado el concepto de técnica como dominio de las fuerzas de la naturaleza. El conocimiento tiene una dimensión práctica importante que determina el desarrollo de la Modernidad y la Edad Contemporánera y que tiene mucho que ver con la aplicación de las ciencias a la enseñanza. El siglo de las luces es una época marcada por el optimismo. La razón nos permite conocer el mundo y liberarnos de las supersticiones. Por eso la razón será el camino que debemos seguir para eliminar el poder absoluto. Aquí ocurre lo mismo que cuando aplicamos la razón a la naturaleza. Con ello podemos acceder a la naturaleza y dominarla. Si aplicamos la razón al ámbito social y moral: ético-político, nos liberaremos del poder basado en la superstición. Todo ello nos llevaría a la conquista de la libertad. Esta sería la consecución de la aplicación de la razón. Atrévete a saber decía Kant. Y esto nos lleva al conocimiento de aquello que nos oprime. Por eso los ilustrados, optimistas que eran, ligaban la educación de las masas con la libertad. Por eso son los primeros defensores de la educación universal que liberaría al pueblo. Por mi parte, nada tengo que objetar al ideal ilustrado. Sigo pensando que la ilustración nos hace libres. Pero hay un pequeño problema: identificar ilustración con educación. Aquí, el optimismo ilustrado se viene abajo. Las razones son múltiples, para empezar, como decía La Boétie en La servidumbre humana voluntaria, el hombre rechaza su libertad por miedo y comodidad. Precisamente lo que decía Kant, en el miedo y la pereza residen nuestra autoculpable minoría de edad. Pero hay otras razones que explican la no identidad entre ilustración y educación y que tienen que ver con la perversión de la razón ilustrada que nos ha llevado a los totalitarismos, la posmodernidad y el fascismo nihilista actual. Que, por lo demás, lo vemos campar a sus anchas en el sistema educativo y las leyes que lo sostienen.

Otra idea básica de la Ilustración y que es el sustrato que vertebra todo este camino que nos lleva a la perversión de la razón ilustrada (cuando digo esto me refiero a que la razón ilustrada se convierte en razón absoluta; o bien en su expresión científica: cientificismo, o, en su expresión política: utopía totalitaria), es el mito de la idea de progreso. Los ilustrados, como optimistas que eran, y no les faltaban, de alguna manera, razones para ello, pensaban que el desarrollo de la humanidad, el progreso hacia un mundo mejor, venía marcado por el progreso en las ciencias, las artes y la tecnología. Relacionaban causalmente el progreso tecnocientífico con el ético-político. Hay dos errores fundamentales aquí. El primero es que no hay nada que garantice, ni es empíricamente observable, que el progreso de las ciencias y la técnica garanticen un mundo ética y políticamente mejor. Más bien parece ser que el desarrollo tecnocientífico está ligado a cierta perversión moral. Pero de esto ya habló Rousseau en su famoso Discurso sobre el origen de las ciencias y las artes. Por cierto, el primer ilustrado que pone en duda la idea de progreso. Esta es la primera dificultad que la historia, y en concreto la del siglo XX y comienzos del XXI, constata. La segunda gran dificultad es que la idea de progreso es un mito, es decir, una creencia que se instala en nuestra visión del mundo y que damos por algo obvio. Me explico brevemente, aunque el punto es de importancia porque es el núcleo de la perversión de la razón ilustrada. La idea de progreso es un mito que se basa en la secularización de la idea de historia del cristianismo. El progreso, su idea, es un mito, una creencia e, incluso, un autoengaño, como señala Gray en Perros de Paja. El siglo de las luces batalla contra la superstición religiosa y pretende separar el trono del altar y la ciencia de la religión. Pero las ideas fundamentales que subyacen a la religión, en lo que es la filosofía cristiana, permanecen. Y este es el caso de la idea de progreso. Lo que está claro es que la humanidad, en tanto que especie, y el hombre en tanto que individuo, no tienen ningún sentido, salvo el estrictamente biológico o natural. Y esa es la historia. Todos los mitos, las religiones, la filosofía y, por último, la ciencia, pretenden dar un sentido a la vida humana y su historia. Nosotros procedemos tanto del cristianismo como de la tradición griega, y esto nos ofrece una visión de la historia que consiste en la historia de la salvación del hombre. Es decir, que lo que ocurre en la historia tiene un significado. Que Dios no nos ha abandonado del todo, como se suele decir, Dios aprieta, pero no ahoga. Nada ocurre porque sí, Dios es la voluntad última y ha creado al hombre, como dueño y señor de la naturaleza y con libertad de obedecer o no sus mandamientos. La historia de la humanidad es la historia de la salvación, en la que hay un principio y un final. Es decir, un progreso, desde la caída, el pecado original, hasta el fin de los tiempos, en el que Dios vendrá a juzgarnos y si lo hemos obedecido se nos promete el paraíso. Por eso la historia de la humanidad es la historia del progreso hacia el paraíso huyendo del mal. La Ilustración asume acríticamente esta idea, la seculariza, no se da cuenta de su origen mítico. No reconoce que la historia de la humanidad no tiene sentido. Serán Nietzsche y Darwin los que lo verán claro. Por eso el primero nos dice que no nos veremos libres de Dios mientras no nos veamos libres del lenguaje. Claro, en este residen las estructuras mentales con las que comprendemos el mundo, entre ellas el mito del progreso que procede directamente de la idea de Dios. El segundo pone al hombre en pie de igualdad con los animales, con lo que el hombre se reduce al azar y la necesidad, su existencia es tan contingente como la de los demás seres vivos. La evolución no tiene ningún sentido ni dirección, es la mezcla del azar y la necesidad. La razón ilustrada tenía que haber pensado este límite. Es decir, que el progreso de la humanidad hacia un mundo mejor, ético-políticamente hablando, es contingente. Algo así pensaba Kant, y eso que este era un profundo creyente. El progreso de la humanidad no es algo automático, ni viene marcado por leyes de la historia, ni del desarrollo tecnocientífico, sino que depende de la voluntad humana, de sus decisiones, en última instancia. Pero la mayor parte de la Ilustración no lo entendió así, y mucho menos su epígonos del XIX y el XX. Por el contrario, ligaron, acríticamente, la razón científica con el progreso moral. Eliminaron, de esta manera, el ámbito de lo moral y humano, para ser sustituido por la razón científica, por la razón de las ciencias naturales. Y de ahí lo que surge es una razón absoluta y omniabarcativa que lo explicaría todo. Pero esta razón es instrumental, como la llamó la escuela de Frankfurt, es decir, que se dirige a los seres naturales, no a lo humano. Pero, claro, cuando la razón instrumental la dirigimos a lo humano, instrumentalizamos al hombre, lo convertimos en objeto. Esta es la perversión de la razón ilustrada. La pedagogía, en su afán de presentarse como ciencia, sigue el modelo positivista e intenta entender el proceso de aprendizaje desde el positivismo empirista. El resultado de ello es la alienación de los sujetos, en este caso, del alumno y el profesor. La pedagogía, en este sentido, acaba con las personas y las convierte en objeto. Pero, lo que es de risa, es que la pedagogía, como hemos demostrado en otras partes, no es una ciencia natural, ni puede, ni debe serlo. Mejor debería acercarse al arte y resolveríamos muchos problemas.

Pues bien, la idea del mito del progreso se incardina en la concepción de la razón ilustrada que se expresa en el conocimiento científico. Me explico con más sencillez. La ciencia, con su confianza plena en la razón, y con el empuje de que el uso de la misma nos hace progresar hacia un mundo humanamente mejor, pretende conocer cuáles son las leyes que gobiernan a la naturaleza, al hombre y a la sociedad. Si descubrimos estas leyes –y desde la idea de la dominación del mundo por el hombre- podremos intervenir, no solo en la naturaleza, sino en la misma historia del hombre. Y de aquí surgen todas las utopías totalitarias, de derechas o de izquierda, por muy diferentes que sean ambas tienen a la base la idea de progreso: la conquista de una sociedad perfecta, la conquista del paraíso. Esta perversión ilustrada nos encaminó a los totalitarismos del siglo XX. Pero aún no hemos escarmentado de ello. En el ámbito de la enseñanza, como he señalado antes, y hemos demostrado en otros lugares, estamos en pleno positivismo al que también habría que añadirle el constructivismo, pero esto tiene que ver con el posmodernismo del que hablaré después.

Pero me dirijo ahora al análisis del sistema de producción en el que nos apoyamos. Este es, indudablemente el sistema capitalista. Pero resulta que capitalismos ha habido muchos, los hay de diferentes colores. El caso es que el que triunfa como pensamiento hegemónico, como pensamiento único, es el modelo neoliberal. Así andamos desde hace cuarenta años. Este modelo sustituyó, y sigue haciéndolo paulatinamente, a la socialdemocracia. A grosso modo podemos decir que la socialdemocracia, que se funda en el estado de bienestar, es un sistema de producción capitalista en el que el mercado se regula, en gran parte, en lo que se refiere a la justicia social, por el estado. El neoliberalismo es una doctrina económica, un catecismo, que lo llama Stiglitz, en la que se pretende, falsamente, además, desvincular la política de la economía. Cuando el Estado ha sido necesario se tira de él. Además, les interesa un Estado fuerte en el ámbito de la seguridad y de la protección de sus mercados frente a mercados emergentes. El neoliberalismo no tiene nada que ver con el liberalismo filosófico que defiende la libertad, pero no reduce esta a la libertad de la propiedad y el mercado. La doctrina neoliberal se apoya en la idea de que la historia se mueve por las leyes que rigen la economía. Y los neoliberales creen que las conocen. Piensan que las leyes que regulan la historia y que nos llevan hacia una sociedad feliz son las leyes del mercado. De ello se desprende que la política no debe intervenir, para nada, en el mercado. Como se ve nos enfrentamos a una visión totalitaria de la historia, del hombre y de la economía. La economía pretende conocer las leyes que rigen la historia: falso. De ello se deriva que el hombre es un objeto de la economía. Por tanto, se instrumentaliza al hombre. De lo que se trata es de eliminar la libertad de los individuos y la voluntad política. En consecuencia, la ética y la política se objetualizan. Pero para conseguir todo esto es necesario crear una ideología, un pensamiento único. Y fue precisamente la caída de los regímenes socialistas la que dio el pistoletazo de salida para la emergencia de este pensamiento único, en realidad ausencia de pensamiento. Hemos llegado al fin de la historia, anuncia Fukuyama, como lo hicieran ya Hegel y lo pronosticara Marx; es la muerte de las ideología. El neoliberalismo nos explica el camino inexorable de la historia. Muerte del pensamiento, la resistencia es absurda, porque la historia se rige por leyes naturales que son las de la economía ortodoxa, que, por suerte, no es la única, hay otras. Pero esta ideología neoliberal tiene que acallar las consciencias y para ello produce una transformación de los valores. La maquinaria que alimenta el crecimiento económico, lo único que le interesa a los neoliberales, es el consumo. Por tanto, es necesario producir un individuo que viva por y para el consumo. Esto significa que hay que hacer coincidir felicidad con placer hedonista y con el tener efímero. Claro, el resultado de todo ello es el de un ciudadano hedonista y egocéntrico que es incapaz de pensar más allá de sí mismo y que vive en una insatisfacción extrema. Un individuo esclavo de sus deseos. O un señorito satisfecho, que diría Ortega en su clarividente La rebelión de las masas. Este individuo desideologizado, convertido en autómata, ha perdido los antiguos valores: lo único que le interesa es el éxito, el dinero, la juventud, la fama… Todo lo que corresponde a la esfera de los valores universales, libertad, igualdad, justicia, está fuera de su visión del mundo. Este individuo, al dejar de ser sujeto, al claudicar de su libertad se convierte en algo maleable. Su lema es la adaptabilidad para sobrevivir. No la transformación de un mundo injusto. Y esta es la ideología que triunfa en nuestra sociedad: en los padres y en los alumnos. Por eso cambiar las leyes de educación es difícil, porque estamos todos sumergidos en este pensamiento único fruto de la perversión de la razón ilustrada. Y esto nos ha llevado al nihilismo del sujeto. El sujeto está vació, su contenido es el del consumo compulsivo, su ser es el tener y este pasa por el desechar continuamente. Pero este nihilismo de la conciencia es la antesala del fascismo, ahora ya económico, y pronto político. Es más, la corrupción de la democracia como sistema nos está llevando al fascismo. ¿Qué es sino la aplicación de las leyes de educación sino fascismo enmascarado de democracia formal?

Pero falta el último punto de unión de toda esta ideología que explica la eficacia política de la nueva pedagogía y de sus leyes educativas. Me refiero al posmodernismo. Es un movimiento de reacción a la ilustración precisamente porque la razón se había absolutizado y nos llevó a los totalitarismos políticos del XX. Pero erraron. Su lema es que los grandes discursos de la humanidad habían terminado. A partir de ahí se introduce el todo vale. El relativismo epistemológico, moral y político. Y ahí hacen su agosto las teorías constructivista en educación. El centro del proceso de enseñanza ya no es el profesor como vehículo de transmisión del conocimiento, ya no, porque el conocimiento se ha relativizado, sino que es el alumno, que reconstruye, desde su subjetividad, el saber. Total, como todo vale, qué pinta el profesor, si los discursos de la humanidad son fallidos. Y este relativismo mina la autoridad del profesor. Si el conocimiento carece de valor, el profesor que es su vehículo carece de toda autoridad. Pero este relativismo es una de las causas de la corrupción de la democracia como sistema. Si todo vale, la opinión que se impone es la del más fuerte. Y el más fuerte ahora es el poder económico que nos ha inundado con la ideología que hemos esbozado. Y, claro, las leyes que del poder político surgen, como este está sometido al poder económico, no hacen más que replicar la doctrina neoliberal. O, dicho de otra manera, crear las condiciones sociales, políticas y humanas que hagan posible la extensión de la doctrina neoliberal. Y no otra cosa es lo que han hecho las leyes de educación.

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Categorías: Diagnósticos

Autor:Juan Pedro Viñuela Rodríguez

Profesor de ética y filosofía. Autor de Fin de milenio y otros ensayos. Una mirada etica a la tecnociencia y el progreso y Filosofía desde la trinchera. Director del seminario de CTS del IES MELÉNDEZ VALDÉS, y de la revista de ensayos Esbozos.

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22 comentarios en “De la perversión de la razón ilustrada a la posmodernidad, el neoliberalismo y el declive de la enseñanza”

  1. 15 octubre 2010 a 16:06 #

    A pesar de la brillantez de la exposición, con cuyos conceptos básicos estoy plenamente de acuerdo, se produce el milagro -porque así ha de considerarse, teniendo en cuenta las fuerzas contra las que emerge- de la libertad del sujeto. Libertad de pensamiento y libertad de expresión. Quiero destacar, frente a esa visión unilateral de la existencia como un campo de juego del mercado, la capacidad del individuo para advertir la “jugarreta” y, tras reconocerla, enfrentarse a ella. No prejuzgo el resultado de esa “resistencia”, de esa oposición, pero el solo hecho de su existencia ya me parece algo milagroso y esperanzador. Lucha el sujeto por la emancipación de esas supuestas leyes, férreas e inexorables, del dios Mercado que parecen dominarlo todo y a veces lo consigue e incluso hace retroceder al monstruo. De aquellas Luces deriva también la capacidad critica que el artículo ejemplifica a la perfección, con impecable rigor dialéctico. No todo está perdido. Hay esperanza. Quiero poner el acento de mi reflexión en un hecho fácilmente comprobable: todo empieza de nuevo cada día, y ello sorprende por su misma condición de obviedad. Si algo me llama la atención, desde el punto de vista sociológico, es la lentitud con que las sociedades asimilan esos supuestamente “vertiginosos” avances, sobre todo de índole moral. Por eso podemos retroceder con tanta facilidad y rendirnos al monstruo del fascismo, porque las lecciones de la razón nunca se han asimilado del todo. Que la Historia no tenga un sentido teleológico o que el Progreso sea un mito no empece para que lo creamos desde el mensaje que llevamos inscrito en los genes, esa marca de Caín del “ir más allá”, de la “insatisfacción permanente”, del “deseo constante” que presuponen un fin y un progreso. Con todo, el movimiento reflexivo salta sobre esa determinación genética y es capaz de hacerle frente con la brillantez con que lo hace el articulista, quien, insisto, a pesar de su desoladora visión de las ideas dominantes en nuestra sociedad, es un paradigma de cómo la “buena educación” y el espíritu crítico nos puden liberar de la alienación.

  2. 15 octubre 2010 a 16:15 #

    Gracias, Juan, por tus palabras. Desde luego que siempre se puede mirar hacia delante y trascender los límites. Aunque en mi artículo no lo he hecho yo me declaro un pesimista esperanzado. Pero para pasar a la acción hay que partir del análisis de la realidad para saber con qué fuerzas hemos de vérnoslas. De todas formas no he querido dar una visión determinista de la historia. Soy un defensor de la libertad y por eso lucho contra cualquier forma de determinismo. Pero la ausencia de determinismo no quiere decir inexistencia de regularidades, tendencias, accidentes y decisiones personales que cambian y dirigen la historia.

  3. Mari Cruz Gallego
    15 octubre 2010 a 17:01 #

    Si algo me gusta de esta página es la satisfacción intelectual que producen artículos como éste. Gracias Juan Pedro. Un saludo.

  4. 15 octubre 2010 a 17:33 #

    Gracias, Mari Cruz. Saludos.

  5. Raus
    15 octubre 2010 a 17:36 #

    Magnífico, Juan Pedro. Una lección rigurosa que estimula las meninges y nos hace confiar, como nos dice Juan Pozo, en el poder de la inteligencia, de la razón ilustrada y lógica; por tanto, confiar en la libre determinación del individuo. Ocurre -y esta es la nota pesimista mía, ya me conocéis- que esa clarividencia no es sólo fruto, obviamente, de una buena capacidad naturalp para entender las cosas del mundo, sino, también, del mucho estudio y reflexión, cosas ambas que han sido extirpadas de la escuela (pos)moderna. Mi temor, por tanto, es que la civilización siga rumbo inexorable al ocaso, al son fúnebre de ciudadanos que, ignorantes de la historia (del pensamiento), no acierten a desprenderse de las ataduras del presente. Meditaré esta brillante aportación, Juan Pedro. Muchas gracias.

  6. Raus
    15 octubre 2010 a 17:37 #

    Perdón, puse Pozo en vez de Poz.

  7. 16 octubre 2010 a 5:37 #

    Gracias, Raus, en eso consiste la historia de las ideas. Y, efectivamente, se intentan extirpar de la educación y de la realidad social en general. Como si viviésemos en un eterno presente. Sin el pasado no se puede pensar. En este sentido podríamos estar asistiendo al ocaso de nuestra civilización. Por eso hablo de fascismo y nihilismo. Pero siempre cabe la esperanza.

  8. Manuel Ballester
    16 octubre 2010 a 6:42 #

    Juan Pedro:
    me parece una exposición brillante, erudita incluso.
    Me llama la atención, no obstante, tu conclusión. Muy curioso es que el Psoe, que es quien ha introducido todo el desastre educativo desde la Lode hasta el presente, nos haya dejado a los pies de los caballos del neoliberalismo.
    No parece que sea así.

  9. 16 octubre 2010 a 9:39 #

    Muchas gracias por la dedicatoria, Juan Pedro. Es un espléndido artículo que nos permite situar lo que ocurre en un territorio más lúcido. Uno de los graves problemas que hemos sufrido en estos últimos años es el de la cortedad de miras malintencionada. Las discusiones sobre enseñanza se han limitado al ámbito de los “trastornos emocionales”. Las soluciones “educativas” simplemente han ofrecido “terapia ocupacional”: tener a los alumnos entretenidos, y mucho mejor si se hace con cuatro chorradas en el ordenador. Los verdaderos motivos de un sistema “educativo” que renunciaba a la transmisión del conocimiento promoviendo el mero “adiestramiento en competencias” quedaban ocultos bajo una pléyade de buenas intenciones emotivas. Las juntas de evaluación se convertían así en interminables comadreos de carmelitas marujonas (ellas y ellos, por supuesto). Los principios salvíficos de cuidado de las almas que regían los Colegios de monjas se empezaban a confundir con las intenciones de las leyes.
    Poner de manifiesto que aquí lo que hay es un concreto proyecto político de disolución de la autonomía es una tarea ardua y necesaria. Y tú la has emprendido con arrojo y precisión. Un fuerte abrazo.

  10. Francisco Javier
    16 octubre 2010 a 12:21 #

    Las TIC me parecen la herramienta perfecta para abandonar al alumno a la dictadura de la publicidad. Sin criterio, inane, desprotegido, esclavo, el niño o el adolescente se sumerge de lleno en el presente, en lo Único. La posibilidad (ya operativa en el Mundo Global ) de caer en una regresión sin límites produce horror. La competencia cibernética se traduce en orfandad vital; el joven ya no es un “huérfano digital”, pero ha perdido el mundo, toda posibilidad de habitar con sentido la Tierra; enclaustrado entre sus cuatro paredes, a la luz de la pantalla del ordenador, encontramos al expósito.

    El discurso de la educación es terriblemente peligroso (como pone a las claras el artículo de Juan Pedro Viñuelas), es pura ideología encubierta. Por eso, cada vez más, me parece que el academicismo más austero -respetuoso con la autoridad del saber, de la historia, de la objetividad, de la verdad- es deseable y digno de elogio. El DISTANCIAMIENTO que subyace en el academicismo crea condiciones de resistencia justamente por mor del propio distanciamiento que lo constituye. Sólo en la distancia es posible comprender, resistir, juzgar, forjarse una personalidad; la eliminación de esa distancia tan sólo puede generar una masa de consumidores siempre insaciables, siempre insatisfechos, máquinas deseantes o como castizamente decía Ortega -y como bien nos recuerda Juan Pedro- “señoritos satisfechos”. Es justamente lo que el Neoliberalismo pretende, para lo cual ha encontrado en la pedagogía un aliado excelente. Mientras tanto, la izquierda sigue soñando (el sueño de la Razón produce Monstruos.)

    Un saludo.

  11. 16 octubre 2010 a 18:51 #

    Gracias a todos por vuestras palabras. Francisco Javier, comparto totalmente tu análisis. Antonio, agradezco tus palabras y lo que tu comentario añade. Saludos a todos.

  12. Raus
    16 octubre 2010 a 19:06 #

    Juan Pedro, seguiremos, como dije, meditando sobre la cuestión. Me han venido algunas ideas a la cabeza al leerte. Prepararé un artículo al respecto.
    Saludos.

  13. 16 octubre 2010 a 19:55 #

    Estimado Juan Pedro:

    Me parece un excelente artículo, y coincido en gran parte con lamayoría de tus ideas. Pero sigo sin tener claro de qué hablamos cuando hablamos de neoliberalismo. Si dices que nada tiene que ver con el liberalismo filosófico (que, como sabes, también es económico) encuentro “injusto” ese prefijo que, a lo que se ve, basta para convertir dicho pensamiento en una bicha monstruosa y en un estupendo chivo expiatorio.

    Dudo, asimismo, que tal doctrina neoliberal haya sustituido a la socialdemocracia. Al menos en España, el peso del Estado es aún enorme, y su paulatina invasión de los espacios privados no cesa de aumentar. ¿Cómo calificar de neoliberal, suponiendo que nos referimos a una “tiranía” del mercado, a un país cuya Administración maneja un 40% del PIB? Lo encuentro un poco exagerado, la verdad.

    Da la sensación de que cuando las izquierdas hacen las cosas mal es porque los maléficos poderes económicos las han obligado a ello. Siendo así que el socialismo o sus derivados no funcionan porque no les dejan. Pues no: el socialismo ha fracasado él solito en experiencias totalitarias de infausto recuerdo. Sostener lo contrario me parece eximir de culpa a un aparato estatal que perpetra, una tras otra, leyes a cual más liberticida e ineficaz.

    Por último, ninguna multinacional, ninguna corporación financiera obtienen cuotas de poder político sino es con el consentimiento de los Estados. El liberalismo, sea neo o no, nada tiene que ver con el favorecimiento de los monopolios, desde Adam Smith en adelante.

    Hablando de Educación, yo no veo en la LOGSE/LOE un reflejo de doctrinas neoliberales, sino la plasmación de antiquísimos delirios progresistas. Tipejos como Madoff merecen la cárcel, pero dudo que inventaran los conceptos de “promoción automática”, “comprensividad”, “paidocentrismo”, etc.

    Eso, por no remontarnos más allá, es cosa menos diestra que siniestra.

    Un abrazo.

  14. 17 octubre 2010 a 9:05 #

    Gracias, Raus. Espero el desarrollo de esas ideas. Saludos.

  15. 17 octubre 2010 a 9:32 #

    Nacho, entiendo lo que dices, pero reo que tú no entiendes lo que yo quiero decir cuado hablo de neoliberalismo. Tampoco hablo yo de que el socialismo al estilo de los totalitarismo sea una alternativa. Es bien cierto que perecieron, pero no del todo ellos solitos. Además son una forma de totalitarismos que he analizado en el artículo como una perversión de la razón ilustrada, que se basa en el mito del progreso y en la consideración de que existen unas leyes universales de la historia que las estudiaría la economía. Pues, curiosamente, el neoliberalismo, como doctrina económica –después tiene también una ideología que es la que pasa al pueblo- parte de los dos mismos principios. Para más aclaración puedes acudir a la obra de Stiglitz, premio Nobel de economía y antiguo director del Banco Mundial. Su obra fundamental, “El malestar en la globalizaión.”

    Sí es cierto lo que dices que el liberalismo filosófico no se puede separar del económico. Por su puesto, éste nace en Locke y este autor considera que la libertad es la de la propiedad, la de la vida y la de la aplicación de la ley. Ahí está el origen economicista del neoliberalismo. En cuanto a Adam Smith hay que tener en cuenta que no separa la economía de las ciencias morales. Pero el problema de la aparición de la economía como ciencia, que ha heredado el neoliberalismo, es una perversión de la razón ilustrada. Primero separa la economía del factor humano y ético, después de los procesos naturales, de ahí que la economía sólo contemple el crecimiento en un planeta limitado sin tener en cuenta los factores naturales. No puede haber un crecimiento ilimitado en un planeta limitado. Viola el principio de entropía. En tercer lugar, siguiendo el modelo de las ciencias empíricas, la economía pretende una explicación de la historia eliminando los factores sociales, morales e históricos. Es decir, razón instrumental. Objetivizaión. Y, encima, los economistas creen que se puede predecir el futuro de las historia conociendo estas leyes. Falso, porque esto es reduccionismo y, además, desde Popper, uno de los padres del liberalismo del siglo XX, al que siempre he seguido y, creo, que ni la derecha ni la izquierda lo ha entendido, sabemos que no se puede predecir con certeza absoluta el futura. Simplemente es un límite del conocimiento. Sería largo de explicar, lo dejamos para otra ocasión.

    También dices que las multinacionales están sujetas a los estados. Esto es enteramente falso. Ha aparecido este verano una obra de un miembro de la ONU, que se titula, “La armadura del capitalismo”. Aquí se demuestra con claridad, como la organización de las multinacionales, crean un conjunto de leyes que trascienden a los estados y cómo estas grandes corporaciones presiona al poder político.

    Y, por último, cuando hablas de lo del 40% de la administración pública creo que te equivocas o trastocas los datos. España, a pesar de haber desarrollado un estado de bienestar, que era inexistente en el franquismo, está a la cola de la UE de los 15. Esos otros países están más desarrollados económicamente y sus estados de bienestar son ampliamente superiores. Ver la obra de Viçent Navarro al respecto (puedes consultar su blog). Ligar estado de bienestar o socialdemocracia a imposibilidad de desarrollo económico es un mito y engaño del neoliberalismo. Por cierto, he dicho que tanto el PSOE, como el PP participan del mismo pensamiento. Los males de la enseñanza son la epidermis de toda esta ideología que procede de la ilustración. Por su puesto que los ejemplos que pones como promoción automática,…son cosas que se podrían corregir con una nueva ley, y en eso estamos. Pero no interesa. Y, los pedagogos, aunque tremendamente culpables, no son más que comparsas de esta ideología. Ya lo demostré en otro artículo donde ligué la pedagogía con el empirismo y el relativismo.
    Muchas gracias, Nacho, por tus sugerencias. Un abrazo.

  16. 17 octubre 2010 a 16:43 #

    Querido Juan Pedro:

    Produce admiración un artículo tan bien escrito, tan bien fundamentado, tan necesario, en la que medida en que analiza el fondo -o el sustrato- de los planteamientos “filosóficos” o “ideológicos” que influyen en las tendencias educativas contemporáneas. O que tratan de interpretarlas.

    Sin embargo, hay algunas cuestiones que sigo sin tener muy claras y sobre las cuales me asaltan muchas dudas. O es que tu artículo lo he interpretado incorrectamente. El asunto es importante, pues un análisis del fondo de los planteamientos educativos es esencial para un diagnóstico certero del problema y una formulación de una posible alternativa al sistema en el contexto en el que este se desenvuelve.

    No termino de ver claro, o a lo mejor no lo he entendido muy bien, que el pensamiento que inspira el actual caos educativo provenga de la Ilustración. Más bien parece una ruptura con los principios de los ilustrados. La izquierda gobernante ha modificado la visión tradicional del republicanismo socialista, más ligada a una la formación integral, humanística, de base krausista, que hunde sus raíces en la visión renacentista e ilustrada, formación que estaba en la raíz del bachillerato que la LOGSE destruye.

    Sí veo la vinculación entre el espíritu de la posmodernidad y las frivolidades educativas logsianas, porque hay una evidente coincidencia de discursos y sensibilidades. La LOGSE tiene un tufillo posmoderno y está más inclinada al sistema de valores anglosajón en la enseñanza, sistema en el que se inspira directamente.

    De la perversión de la razón ilustrada al neoliberalismo y la posmodernidad no termino de ver el hilo conductor. No sólo porque coincida con Nacho Camino en que muchos de los supuestos de las leyes educativas están más inspirados en el infantilismo pseudoprogre que con el neoliberalismo. El modelo educativo, con un notable peso de la enseñanza concertada, el constructivismo y la negación de la transmisión del conocimiento y del papel “tradicional” del profesor no sé qué relación tiene con el pensamiento neoliberal. A lo mejor existe, pero yo no lo termino de ver.

    Uno de los argumentos que vincula el neoliberalismo con las políticas educativas en boga, incluso en la crítica al modelo de Bolonia, es su presunta sumisión o subordinación al Dios mercado. Es una crítica que ya he leído y oído en muchas ocasiones. Y es verdad que el discurso oficial enfatiza que hay adaptar la educación a la “vida real” y al “mercado”. Lo que pasa es que en este punto, como en tantos otros, el discurso oficial no es más que una vaga declaración de propósitos no contrastada con la realidad.

    Porque, como señalan también muchos críticos de la educación en España, desde la FP hasta la Universidad, es que este sistema educativo que sufrimos no vale para el mercado:

    a) La estructura de la secundaria deja a un importante número de alumnos que ni están preparados para una enseñanza académica ni se les permite incorporarse tempranamente a la formación profesional, por lo que se les deja fuera del mercado, mucho más que nunca.

    b) La propia Formación Profesional en teoría está orientada al mercado. Debe ser así, lo contrario sería suicida. Sin embargo, una parte de la estructura de la FP es inútil para el mercado (asignaturas absurdas no relacionadas con la práctica laboral, insuficiencia de las materias estrictamente profesionales, rigidez respecto de la duración de los ciclos, etc).

    c) Con la Universidad pasa algo parecido. El discurso oficial a la boloñesa parece que quiere reducir la Universidad a una especie de formación profesional, relegando lo humanístico, los “saberes inútiles” a un segundo plano. Pero la realidad es que la estructura de las carreras, los currículos, los másteres, en las universidades públicas, están más orientados a los intereses corporativistas y gremialistas que a las demandas de formación para la inserción del estudiante en el mercado de trabajo. Se podrían aportar multitud de ejemplos, algunos esperpénticos, que demuestran que la Universidad vive totalmente de espaldas a las demandas de la sociedad.

    La adaptación de la formación de los estudiantes a las necesidades del mercado debe ser, a mi juicio, uno de los parámetros del sistema educativo. Por supuesto, no el único. Que conste que yo no comparto una visión puramente mercantilista y pragmática de la educación, pues los tecnócratas confunden formación con una preparación para lo inmediato, que sería más bien preparación. Y que es efímera y a la larga inútil. El mundo del trabajo necesita personal cualificado, personas con formación para tomar decisiones, que no se basa sólo en saber inglés, informática y cuatro nociones “ad hoc” “prêt à porter”.

    Sí veo un espíritu fascistoide en el debate educativo. Pero no porque haya un pensamiento único que postula el fin de la historia, la muerte de las ideologías y la existencia de una verdad absoluta. Es obvio que en las discusiones sobre educación al discrepante se le ha estigmatizado y se le ha marginado. Sobre este punto algunos tenemos otra teoría al respecto: las reformas educativas desde la LOGSE las han perpetrado ex curas y ex PCE, que han trasladado su espíritu sectario y totalitario a todo lo que hacían. Justamente en las políticas educativas, por desgracia, se han refugiado estos colectivos, a los que luego se añaden los nacionalismos, autoritarios, excluyentes y sectarios donde los haya.

    Por este motivo, a la hora de analizar el sustrato ideológico de las leyes educativas en España hay que tener en cuenta, además de las concepciones sobre la enseñanza, el conocimiento y el papel de la escuela, los intereses de los sectores en juego. Y en las leyes educativas hay una mezcla de la visión de los tecnócratas que hicieron la ley 70 (la LOGSE es la plasmación de lo que los pedagogos no pudieron imponer 20 años antes), el espíritu infantil pseudoprogre que animó a los llamados movimientos de renovación pedagógica, más una visión utiliratista, que luego se ha demostrado en la práctica un fracaso. Si a eso añadimos cómo se han reclutado las élites gobernantes políticas y sindicales y la clase política del Estado de las Autonomías, tenemos el resultado que todos conocemos.

    De ahí la difícil inserción ideológica de la LOGSE-LOE. Promovida por toda la izquierda política, sindical y profesional, contestada en su día sólo por el PP, que se sirvió de ella magníficamente para gobernar. Una ley que ha dejado el sistema educativo en su conjunto en una situación diametralmente opuesta a una visión de la enseñanza como instrumento para luchar contra las desigualdades de base.

    El nihilismo de facto que sufrimos es más, a mi juicio, una consecuencia del caos de todos los intereses en juego que de la consecuencia de una ideología coherente y un plan trazado, una teoría de la conspiración. Pero quizá esa reflexión debiera ser motivo de otro artículo.

    Por eso tengo mis dudas de que exista un pensamiento único desde la caída del muro de Berlín, aunque el gobierno de Zapatero, en su enésimo oportunismo, ya no se distinga de Sarkozy ni de Merkel y haya terminado sucumbiendo a las presiones del capitalismo internacional, como antes cedió a presiones que en lo político iban por los senderos más diversos y variados. Su ideología es el poder sin más. Y sobre la educación no creo que haya un pensamiento único, aunque sí una tendencia dominante, que es la que les interesa a los que detentan el poder real en el mundo de la enseñanza.

  17. Tineo
    18 octubre 2010 a 11:22 #

    La primera parte creo, en mi humilde opinión, que tiene un desarrollo correcto.
    Cuando comienzan las definiciones modernas, creo que la mezcla es en plan “ensalada”.
    A mí me ha parecido una autocrítica: De cómo la socialdemocracia (inevitablemente) se convierte en neoliberalismo (o sea la perversión del liberalismo).

  18. 18 octubre 2010 a 18:49 #

    Gracias Mariano por tu argumentación, que creo sólida, aunque no la comparto. Yo he tratado de ofrecer una argumentación universal, no ceñirme sólo al caso de España. De todas formas no tengo tiempo ahora de responderte. Espero poder hacerlo, como se merece, más adelante. Aunque en general no esté de acuerdo hay matices en tu argumentación que me han hecho ver las cosas de otra manera y más a ras de tierra. Ya te comentaré.

    Saludo.

  19. 18 octubre 2010 a 18:59 #

    Señor Tineo, no entiendo bien eso de que la primera parte te parece correcta y que la segunda es una mezcla en plan ensalada. La verdad, tendrías que argumentar porqué la primera parte te parece bien. Y, sobre todo, qué es eso de ensalada. Y lo de autocrítica de la socialdemocracia, me suena a penitencia. Disculpa mi atrevimiento, pero a un alumno mío no le permito esta manera de argumentar en una exposición en clase o, menos aún, en un examen. Le exigiría conocimientos, conceptos y argumentación rigurosa. En definitiva es de lo que tratamos en deseducativos. Gracias.

  20. Tineo
    19 octubre 2010 a 10:51 #

    Rorty, Lyotard, Alicia Delibes, Xavier Pericay, Ricardo Moreno Castillo, Jesús Hernandez, F. Capra, Vattimo, Zygmunt Bauman, Alain Finkielkraut, Friedrich Hayek, Von Misses, Jean-François Revel, V Havel. Hannah Arendt. Karl L Reinhold. Sloterdijk, Eric A. Hanushek, Savater……………

    “Zwei Dinge sind unendlich, das Universum und die menschliche Dummheit, aber bei dem Universum bin ich mir noch nicht ganz sicher”.

    Carne sin norte que va en oleada
    hacia la noche siniestra, baldía
    ¿Quién será el rayo de luz que la invada?
    Busco. No encuentro ni rastro del día.

  21. 19 octubre 2010 a 15:21 #

    Señor Tineo, agradezco su erudición. Me ha deslumbrado… No tengo más que decirle. Gracias.

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  1. VIRTUD Y LIBERTAD. ARISTÓTELES Y KANT. UNA NUEVA ENSEÑANZA | Antiedipo's Blog - 5 febrero 2011

    […] de los males de la pedagogía actual como ya hemos analizado en otro lugar, fundamentalmente en “La perversión de la razón ilustrada”. Ya Aristóteles sabía que cuando hablamos de la acción humana, hablábamos del ser posible. […]

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