Plan de “consumo” de la lectura

Maricruz Gallego

Los planes de fomento de la lectura tienen una especial relevancia en  la ESO y el Bachillerato. A los profesores de cualquier materia se les exige incluir una serie de lecturas obligatorias en su programación, inclusive a los de Educación Física. Y sin embargo, nuestros alumnos entienden cada vez menos lo que leen; el problema quizás radique en que con la lectura ha ocurrido igual que con el resto de la enseñanza: se ha pasado de algo real –enseñar a leer en los primeros cursos y enseñar Literatura en los superiores- a algo abstracto y burocrático (planes de fomento de la lectura, apartados en la programación, etc.) unido a uno de los mayores negocios en este país: las editoriales.

No se habla de enseñar a leer, sino de fomentar la lectura: es decir, de consumir literatura. Si pudiéramos consumir Matemáticas, Física y Química o Ciencias Naturales  habría que dar por supuesto que se insistiría en planes de fomento de dichas asignaturas. Pero nos ha tocado la china a los de Lengua (y no añado “Literatura” porque, tal y como está el patio, es un apéndice que casi podemos dar por muerto).

Reflexionando un poco, podemos llegar a entender cómo se ha conseguido introducir, de manera que muy pocos docentes la cuestionan, esta situación: la lectura, para quien se considera tradicionalmente “profesor de Literatura”, se convierte en un auténtico placer. Es algo así como un modo de vida. Pocos podemos entender o imaginar la imagen de un profesor  que no sea un apasionado de los libros y que no aterrice en esto de la enseñanza el primer día con las ilusiones puestas en convertir a los alumnos en grandes lectores, imaginándoselos enfrascados en las mil páginas de El Quijote. Los que se dediquen a esto saben bien que las esperanzas no sobrevivirán al primer curso académico.

Pues bien, esta imagen romántica del profesor de Literatura es la que, aunque parezca lo contrario, ha sido aprovechada por esas empresas que controlan gran parte de las leyes educativas de este país como son las editoriales: el profesor se convierte en el animador sociocultural que fomenta la lectura y como a los jóvenes no les gustan los clásicos, se les ofrecen libros adecuados a su edad, hecho que tiene tres grandes ventajas: la asignatura se convierte en amena  (motivadora), fácil (con el consiguiente aumento de aprobados) y, sobre todo, da lugar a toda una red económica que va desde el número creciente de autores juveniles a la oferta cada año mayor de las editoriales que se justifican, ayudadas por el sistema, en la idea de que el mundo de los jóvenes cambia rápidamente y  no se pueden mantener las mismas lecturas mucho tiempo: hay que adaptarlas a los tiempos que viven. Como pueden suponer, el negocio está servido.

Esta situación no se daría si reflexionáramos sobre cuál debe ser el objetivo de la literatura en la enseñanza secundaria. El hábito lector, el gusto por leer, es como el gusto por ir al cine o el gusto por los videojuegos: una elección personal, individual. La enseñanza secundaria y el bachillerato deberían entenderse como la etapa de formación cultural y científica mínima del alumnado, de ahí que, al igual que no nos planteamos el dejar de enseñar las etapas de nuestra historia o las partes del cuerpo, tampoco deberíamos dejar de enseñar, como elemento básico, las obras literarias que han dado lugar a nuestra cultura (independientemente de que se hiciera  una revisión del canon correspondiente).

Se trata de una ambición que no excluye la inventiva de cada profesor a la hora de intentar acercar a los alumnos a la afición por leer: pero no se entusiasmen, una campaña publicitaria de cualquier editorial siempre va a tener más éxito que nosotros, humildes profesores de literatura. Y si no vean Harry Potter, que hizo leer a millones de adolescentes que no lo habían hecho nunca, algo que es loable, pero que debemos entender diferente a nuestra misión formativa.

Aun siendo cierto que la enseñanza actual no puede compararse con la existente hace veinte años (ni los planes son los mismos ni los alumnos tampoco), debemos reconocer que el problema radica en la base misma de nuestro sistema educativo, algo tantas veces comentado en esta página. De nada sirve tratar de leer el Lazarillo de Tormes frente a una clase formada por cuatro alumnos extranjeros que no hablan español, dos ACNEES y diez que han pasado por imperativo legales desde primero de la ESO. Pero tampoco se confundan: el problema deben solucionarlo quienes hablan de calidad de la enseñanza, que permiten situaciones de este tipo, porque, de lo que menos se preocupan es de dicha calidad y sí mucho de cumplir estadísticas de titulados. Algo que sale mucho más barato que crear itinerarios adecuados para determinados alumnos.

Leer no es bueno ni malo. No se es más inteligente por leer toda la Literatura occidental. Es sólo una parte de nuestra cultura. La competencia lectora –entendida como la capacidad de comprender y  expresar las ideas de un texto – se adquiere trabajando desde niños la lectura y la escritura, no como juego, sino como obligación del alumnado. La cultura se adquiere estudiándola en clase, no para motivar al amor por los clásicos, sino como conditio sine qua non para la formación del alumnado. Y hasta que no lleguemos a entender esto seguiremos peleándonos por hacer que nuestros alumnos se conviertan en consumidores masivos de libros y fomentando un negocio que poco tiene que ver con enseñar Literatura.

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas, Diagnósticos

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27 comentarios en “Plan de “consumo” de la lectura”

  1. 19 septiembre 2010 a 16:19 #

    Pasa algo parecido con la filosofía, que en la actualidad se pierde en títulos como La filosofía de Avatar’, ‘La filosofía de Crepúsculo’ y no sé cuántas más. Creo que una educación básica debe consistir en preparar al alumno para que luego, con la madurez y los conocimientos necesarios, pueda por sí mismo iniciar su andadura intelectual y entonces sí despertar ese placer espiritual. Y en esa preparación, como bien dices, es necesario un conocimiento de los clásicos. De otra forma, el alumno aventajado tiene que recurrir a formas autodidactas de aprendizaje.

    Enhorabuena por el post.

    • Francisco Javier
      19 septiembre 2010 a 20:47 #

      Hola David,

      el otro día me pase por una librería y, en efecto, pude ver un montón de libros como los que mencionas (la filosofía de matrix, la filosofía de avatar y qué se yo), pero al final me acabe comprando la psicopatología de Jaspers -olvidando del todo matrix- (un clásico de la Psiquiatría, tema que me atrae), que acaba de ser reeditada y revisada en Fondo de Cultura. ¿Sabes de qué van estas sagas filosóficas? ¿Sólo se dirigen a un público adolescente o van más allá? ¿Crees que podrían ser una lectura interesante?

      Un saludo.

  2. 19 septiembre 2010 a 17:40 #

    Querida Mari Cruz, vuelves a dar en la diana. El problema es que quienes tieenen que entender esto, es decir, las autoridades, no lo harán nunca, porque su formación no se lo va a permitir. Como bien dices, leer en esas condiciones es casi imposible, además que para poder explicar cualuqier texto con seriedad hay que tirar de la historia, la filosofía, el arte… y no de un sinfin de nombres y fechas, que es a lo que se ha reducido la literatura. Leyendo tus palabras vuelvo a recordar a Víctor Moreno y su último libro, fantástico, La manía de leer. No serán ni mejores ni peores. Leerán, simplemente, como quien simplemente va al cine.

  3. Francisco Javier
    19 septiembre 2010 a 20:38 #

    Aprovecho para señalar que el discurso de los pedabobos también ha calado de lleno en el cuerpo de bibliotecarias (son mayoría las chicas). Las bibliotecarias plantean a menudo tonterías muy similares a las que venimos aquí denunciando una y otra vez. La biblioteca también tiene que ser un espacio lúdico, muy atrayente para el lector potencial, para lo cual debe ir alborozada al encuentro del lector, etc.. La “animación cultural ” es prioritaria. Las bibliotecas como lugares de silencio, de estudio concentrado, de reflexión, son bibliotecas para gente elitista…. El asunto da para pensar bastante.

    De lo que dices lo que más me llama la atención es el trasunto comercial de todo esto. Es desde luego un negocio con enormes intereses de fondo. Y la cuestión que habría que plantearse, como bien señalas, es la de cómo es posible que hayamos llegado a la situación horrenda de tener que alfabetizar a las masas en los centros de Secundaria cuando se supone que en un país mínimamente civilizado este asunto debería estar ya solucionado en el cole.

    Un saludo.

  4. 20 septiembre 2010 a 9:39 #

    Probablemente haya sido una decisión equivocada, la mía, pero ante la indigencia expresiva y cmprensiva del alumnado que me ha tocado en suerte a lo largo de mi larga carrera pedagogica, mis únicos obetivos académicos para todos los cursos, desde 1º de eso hasta 2º de bachillerato han sido: aprender a leer y a escribir. Mis alumnos los reciben con una media sonrisa irónica/suficiente/despreciativa que se convierte en un rictus de terror cuando les devuelvo el primer ejercicio escrito: chorreando sangre correctora por los cuatro bordes de la página y no pocos de ellos llenos con lo que luego se convierte en su máximo temor: el paréntesis que abraza algunas de sus oraciones y la inscripción volada: NTS, esto es, no tiene sentido. A partir de ese día perciben, acaso por primera vez en su vida, que expresarse no es simplemente intentar comunicarse. Para la enseñanza de herramientas tan básicas no siempre la literatura ha sido mi mejor aliada, sino el periódico y los textos argumentativos. La literatura, en principio, se la prohíbo: “no tienen ustedes la competencia de comprensión necesaria para disfrutar con el texto literario”, pero voy dejando caer, a lo largo del curso, sugerencias de lectura “para cuando se sientan capaces de afrontarlas”. Una vez sentado que conquistar el dominio de la expresión es tarea no de seis años de escolaridad básica, sino de toda una vida, comienzan a entender que mis dos objetivos son, en efecto, más que suficientes para todo el curso y para todo su futuro… De verdad que luchar con ellos para que entiendan por qué una frase ha sido mal construida -de ejemplos que extracto de sus composiciones- y que saquen la lección pertinente constituye un esfuerzo agotador y, lo más importante, puede ocuparme un mes de trabajo. Quiero decir con ello que el currículo establecido por las autoridades es un disparate monumental. Los dirigentes no son conscientes, ¿lo han sido alguna vez?, de lo que significa enseñar a leer y a escribir. No hablemos ya de “la voluntad de estilo”, que diría Marichal, pero a mis alumnos les marco ese horizonte, porque sólo entonces serán conscientes de que hablan y escriben ellos mediante la lengua, en vez de hablar la lengua por ellos, cuando la usan al buen tuntun…

    • Alberto
      20 septiembre 2010 a 14:36 #

      Excelente artículo. Efectivamente, lo que hoy se busca es un consumismo de literatura y a los clásicos se les da la espalda. La asignatura de Literatura como la hemos conocido está prácticamente muerta. Y si a eso añado que, por ejemplo, Matemáticas en 2º de Bach es optativa incluso para los “biosanitarios”, ¿qué nos queda? ¡Se están cargando las humanidades y las ciencias por todas partes!

      Y excelente respuesta de Juan Poz. Sus clases deben de ser interesantísimas. Siempre he pensado que si impiartiera clases de lengua haría algo así. No hay nada más efectivo que mostrar con crudeza los errores que los mismos alumnos cometen al escribir. Estoy seguro de que ellos mismos se ríen de sus “NTS” y fruto de esa vergüenza comienzan a esforzarse por escribir correctamente; aunque les cueste, pues quizá ya llegan demasiado tarde…

  5. Francisco Mendoza García
    20 septiembre 2010 a 18:46 #

    Creo que confundes Plan de Fomento de la Lectura con Plan de fomento de la Literatura. Según tengo entendido, se trata de fomentar la lectura de todo tipo de textos, incluidos científicos, filosóficos,… referidos a la asignatura en cuestión. Decir que leer no es bueno ni malo es una pamplina ignorante que ignora que con la lectura, cualquier lectura, se aprende y ese creo que es nuestro trabajo. ¿O no?

  6. Mari Cruz Gallego
    20 septiembre 2010 a 19:13 #

    Gracias a todos por los comentarios.
    Juan Poz: excelente tu propuesta, y más que necesaria. Los contenidos que se exigen no tienen sentido si los alumnos no saben leer ni escribir en las condiciones que deberían saber hacerlo cuando llegan al segundo ciclo de la ESO -no me refiero al primer ciclo porque es otra cosa-. Efectivamente, no podemos trabajar la Literatura con la profundidad que debería exigirse en secundaria con este tipo de alumnado. Lo peor es que cada vez más se asume (y se fomenta por las autoridades pertinentes) que, con quince o dieciséis años todavía tenemos que estar enseñando a leer y comprender textos sencillos, cuando la realidad es que deberíamos estar introduciendo a los alumnos en la complejidad expresiva, así que no vendría mal -a quién le toque- plantearse qué se está haciendo mal (yo tengo muchas ideas al respecto, pero sería demasiado extenso ponerlas aquí. Seguro que más de uno sabe en lo que fallamos).
    Francisco García: seguramente su postura y la mía no son tan irreconciliables. Posiblemente un debate entre las dos opiniones enriquecería nuestra perspectiva, y en consecuencia, nuestra labor profesional (de hecho, coincido en ciertas ideas que comenta). Pero fíjese que después de lo de la “pamplina ignorante”, se me quitan las ganas. Un cordial saludo.

    • Francisco Javier
      20 septiembre 2010 a 21:29 #

      Hola Mari Cruz,

      encuentro muy interesante tu artículo. Tan sólo quería puntualizarte algo que tú misma dices y que todos sabemos de sobra: la realidad es la que es y es lamentable. Es triste que hayamos llegado a tener que alfabetizar a alumnos, que ni leen, ni comprenden, ni son en su inmensa mayoría capaces de desarrollar tres frases seguidas sin incurrir en gravísimos errores , que denotan un pensamiento mal estructurado, además de una ignorancia tremenda: falta de coherencia sintáctica, elipsis misteriosas, conceptos confusos o carentes de todo sentido, puntuación inexistente o desquiciante,…, todo ello unido a faltas de ortografía trepidantes,..(el estilo ni mencionarlo), en fin, qué te voy a decir que tú no sepas mejor que yo, un pobre músico. Y si la lengua va mal, todo lo demás aún debe ir a peor: no serán capaces de entender el enunciado de un problema de matemáticas, por lo que difícilmente podrán resolverlo; no podrán comentar una audición de Mozart, porque carecen de todo recurso expresivo más allá del “primero empieza muy despacio y luego la orquesta da un subidón y se oyen como pajaritos y algo parecido a un trompón (un trombón)…… me ha gustado mucho profe esta canción (esta sinfonía), apruebame porfa” (por lo menos, dice que le ha gustado, algo es algo.) Bien, te juro que no exagero un ápice.

      Ante esta realidad vergonzosa, no me parece tan mal lo de dedicar tiempo y esfuerzo a simplemente leer en clase (aunque no sea el Lazarillo, que me parece absolutamente genial, pero tal vez no al alcance de una gran mayoría):cuentos de los hermanos Grimm, un texto científico,…, lo que cada profesor considere apropiado (y que tenga un valor mínimo, una calidad). Desde esta perspectiva, no me parece mala idea (es la única idea un poco sensata que ha partido de la administración educativa desde hace muchos, muchos años) dedicar tiempo en clase a la lectura, incluso aunque sea a costa del temario. Es lo que hay. Otra cosa muy diferente es el porqué esto es así, y aquí entramos de lleno en la política desastrosa, la basura pedagógica, la LOGSE, la LOE, Bolonia, … , etc., etc., etc,, etc., etc.

  7. 20 septiembre 2010 a 21:46 #

    Querida Maricruz,

    hace un tiempo ya colgué en “Deseducativos” un post (http://deseducativos.com/2009/12/16/por-amor-a-los-libros-que-no-me-cuenten-mas-cuentos/) a propósito de lo que tú señalas, porque me tenían hasta las narices con tanta monserga de “el Día del Libro”. Escribí un artículo un poco salvaje lo reconozco (don Agustín García Calvo, que me sigue soplando diabluras al oído). Agradezco que tú lo puedas expresar con tanta serenidad. Un saludo.

  8. Luzroja
    20 septiembre 2010 a 22:43 #

    Francisco Javier, el leer todos juntos en clase una lectura es algo que llevan haciendo los chicos desde primaria y ya vemos con qué resultados, la lectura no es un juego en equipo, más bien es solitaria.

    • Francisco Javier
      21 septiembre 2010 a 16:58 #

      Estimado Luzroja,

      comparto en el fondo lo que dices (rate up). Ahora bien, te pregunto y pregunto a todos:

      Si en la Primaria se trabaja la lectura en clase y se incentivan los hábitos lectores, ¿cuál es la razón del nivel vergonzoso de nuestro alumnado de ESO en lecto-escritura (usando jerga pedaboba): ni se expresan, ni comprenden, ni leen, ni escriben, nada? Se me ocurren algunas posibilidades:

      1. Se trabaja mal. Los maestros no hacen bien su trabajo, no enseñan como es debido.
      2. El nivel neuronal de la población española ha descendido. Estamos menos dotados que el resto de países y etnias; estamos por debajo de lo normal, somos un punto subnormales, retrasados mentales.
      3. Factor sociológico: la presión social hace infructuoso todo intento de ir contra corriente. Puede más la estupidez imperante hispana y la presión mediática, que los intentos educativos por compensarla. La educación toda se convierte en una suerte de COMPENSATORIA.
      4. Una combinación de 1, 2, 3.

      Un saludo.

      • Mónica Aladeriva
        9 septiembre 2011 a 21:03 #

        Yo creo que el problema está en que las editoriales han extendido la moda de las lecturas adaptadas a las distintas edades: consiste en podar cuidadosamente los libros de cualquier palabras que el niño no pueda entender. Craso error. Los niños, especialmente en la educación primaria, están preparados para absorber una cantidad ingente de palabras nuevas, y lo harían con gran facilidad si no les dieran lecturas adaptadas.

  9. Maximiliano Bernabé Guerrero
    21 septiembre 2010 a 10:06 #

    Muy buen artículo, Mari Cruz, has mentado la bicha, las grandes editoriales. Cada vez me convenzo más de que el mejor acto de formento de la lectura, y de paso un homenaje al Quijote, sería organizar quemas de libros de esos modelnos y juveniles. Cada día me siento más cafre.

    • Francisco Javier
      21 septiembre 2010 a 17:06 #

      Hola Maximiliano,

      a mí también me parece harto sospechosa toda esa literatura juvenil propiciada por el tinglado editorial. La inmensa mayoría de libros dirigidos a satisfacer al público juvenil deberían ir a la hoguera. Reflejan muy bien la ideología imperante posmoderna y bobalicona, que en nada se distingue de la que determina el modelo educativo que padecemos. Son libritos LOGSE-LOE.

  10. Mari Cruz Gallego
    21 septiembre 2010 a 19:52 #

    Francisco Javier: a vuela pluma, unas posibles causas:

    -No se trabajan textos enjundiosos, de calidad literaria, presentados gradualmente en las distintas etapas (desde infantil a primaria).
    -En primaria se insiste más en la competencia emocional que cultural del alumnado (esto que me lo confirme algún maestro, no lo tengo claro, pero lo sospecho).
    -Unión de dos asignaturas en una: lengua y literatura. Menos horas para leer, menos horas para escribir y paradójicamente, amplitud del temario.
    -Menos horas en asignaturas humanísticas: historia, filosofía y latín.
    -Poca exigencia de los planes de estudios.
    -Promoción automática. No separación de alumnos: clases con una mayoría de alumnos de muy bajo nivel con cuatro o cinco de buen nivel que no pueden desarrollar su potencial.
    -Desaparición gradual de procedimientos exigentes como el comentario de texto.
    -Etc.

    • Francisco Javier
      21 septiembre 2010 a 20:11 #

      Mari Cruz:

      muchas gracias. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices. Una reflexión de enorme interés. Creo que sería muy bueno que estas consideraciones “a vuela pluma” las desarrollases un poco más en un artículo, porque tienen miga.

      Un saludo.

    • Polícrates
      22 septiembre 2010 a 1:17 #

      Mari Cruz, recordará usted que una de las primeras medidas de la administración Sarkozy en educación consistió en la prohibición del método integral de enseñanza de la lectura en la escuela republicana. La razón: diversos estudios relacionan este método con las epidemias de dislexia que azotan varios países occidentales (USA, Francia…).

      En España no sé yo que método es el más empleado (silábico o integral) pues la ley, o mucho me equivoco, no impone ninguno. No obstante por lo que he ido hablando con compañeros maestros el método integral, “el método nuevo”, pegó fuerte en los noventa y sigue gozando de buena reputación entre los encargados de enseñar las primeras letras.

      ……….

      • 22 septiembre 2010 a 10:31 #

        Como soy profesor de Secundaria vivía ignorante de los métodos de enseñanza de las antiguamente llamadas “primeras letras”. Me he informado y he descubierto que, sin saberlo, practicaba el método integral -no para aprender a leer y escribir, sino para poder expresarse correctqamente mediante la lengua oral y la escrita- en mis clases de secundaria, sobre todo en las de refuerzo. Y ello es así porque, desde que caí en elo quid de la cuestión, me di cuenta de que era un absurdo partir de los sintagmas para estudiar la oración. Lo propio era utilizar la unidad que todos los hablantes usan de forma espontánea, la oración, para despues “descender” a la descomposición en sintagmas, con sus funciones pertinentes. Aún lo uso. Establezco los dos ejes básicos, sujeto y predicado y, a partir de ahí, elaboramos mensajes que vamos complicando progresivamente, hasta llegar, ya en el bachillerato, a las oraciones compuestas subordinadas.
        Me ha llamado la atención la lucha ideológica entre los partidarios del sistema integral y los del sistema silábico, y no es de extrañar que Sarkozy haya abjurado del primero. Un tema interesante que merecería una reflexión por parte de quien haya experimentaado ambos métodos. ¡Ánimo, a ver quién se decide!

  11. Luzroja
    28 septiembre 2010 a 20:22 #

    Francisco Javier lanza una pregunta a los maestros de primaria para que expliquemos el porqué nuestros alumnos, aunque aprendan a leer, no hacen uso de ese aprendizaje.

    Creo que nuestros alumnos no leen por los siguientes motivos:

    1º.- La pérdida del uso de la palabra narrada en el trato con el niño.
    Al niño se le habla mucho, pero apenas sí se le narra. Las narraciones de la primera infancia, cuando el niño no sabe leer, crean el substrato para que cuando sea él el que lea, pueda seguir el relato por serle familiares las expresiones, los ritmos y en general el marchamo de la historia que lea, sí, es un leer entendiendo por serle familiar el medio. Si el niño pequeño, durante sus tres primeros años es entregado al lenguaje de la imagen, cuando aprende a leer encuentra insufrible la jerga de palabras precisas para recrear imágenes que en él se formaron sin ellas.

    2º.- El gregarismo en el trato con el niño a edades tan tempranas.
    Juntar 21 niños de 3 años en una misma aula, será todo lo que queramos que sea, pero nunca será conveniente para él y se buscan mil justificaciones para darle la categoría de “educativa” a una necesidad social de guarda y custodia.
    Las entregadas parvulistas cuentan cuentos a sus alumnos, donde la narración, siendo buena, no es cómplice, al faltar la exclusividad a la que todo niño pequeño tiene derecho (“un cuento para ti, hijo, me decía mi padre”) y el niño que oye esos cuentos no consigue penetrar en ellos porque la distancia afectiva lo impide.

    3º El penoso y largo camino para aprender a leer.
    Aprender a leer ha de durar poco, no más de 6 meses (8 si se me apura), si el niño tarda más, la hemos fastidiado, el chaval se irrita, empieza a desarrollar tics, se balancea, se muerde los puños, le entra pis….y no le falta justificación., hoy en día se empieza con las letras a los tres años, en cambio los chicos no se sueltan a leer como Dios manda hasta los 6. ¡Tres años aprendiendo algo que puede aprenderse en 6 meses! Esto, en la edad en la que nos movemos, supone la mitad de su vida….

    4º El lento progreso en la cantidad y en la calidad de las lecturas.
    Cuando por fin el chico lee, como le ha costado tanto, lo que suele hacerse es buscar textos cortos, simples y profusamente ilustrados para que las ilustraciones guíen la vista de los niños, con lo que los textos se convierten en renglones obligados pero prácticamente inútiles porque no añaden nada a la imagen. El niño aprende (y esto es lo dramático) a leer la imagen y a despreciar el texto, y entiende el texto sólo si ha entendido la imagen. Esto enlaza con el 5º motivo:

    5º La pérdida del valor de la palabra y su fuerza comunicativa.
    El chico de 4º de primaria ya se da cuenta de que para imaginar algo con la palabra debe esforzarse más que para obtenerlo con la imagen, y esto así no está mal, pero llegado será el momento en el que no habrá imágenes para expresar conceptos y no habrá preparación suficiente a la palabra escrita para comprenderlos al leerlos, con ello cerramos puertas.

    6º La estúpida concepción de leer por diversión.
    Si desde la escuela no se fuerza al alumno a que lea lo que le conviene por encima de lo que le apetece, jamás llegará a ser un lector, quizá sí consuma publicaciones de moda, se está instalando el “yo también”, principio por el cual todo quisqui ha de tener coche, viajar a Disneyland, gastar en Navidad, ir de vacaciones y leer “El código Da Vinci”…

    7º La naturaleza de la lectura, que es un acto individual.
    En una escuela donde la diferencia y la individualidad son tildadas de “antidemocráticas” y “reaccionarias”, mal podremos inculcar la lectura, porque ésta, una vez automatizada y ya perdido el sonsonete que produce el acto aprendiz, exige un tributo, se debe practicar en soledad. Y es precisamente este aislarse del mundo lo que tan mal llevan nuestros alumnos.

    Y 8º La lectura no es inmediata.
    En la cultura de la inmediatez, la presencia de un libro de 200 páginas, es desalentadora.

    ¿Qué solución hay?
    Personalmente creo que a partir de 3º de primaria se debería leer siempre en clase textos literarios sin imágenes, sería suficiente con textos de unas 600 palabras para empezar y después leer textos más largos o complejos según lo dicte la ocasión, primero los chicos lo leen en silencio y después en voz alta, así durante todos los días de clase: un buen texto con tiempo suficiente para saborearlo.
    También podría dar juego la lectura en voz alta, para toda la clase, de un texto que previamente se ha preparado el alumno en su casa y después de leerlo, el chico deberá explicarlo en un par de minutos.
    Otra “animación” a la lectura, es que el maestro elija un buen libro y se los lea a sus alumnos poco a poco, es suficiente con 5 minutos diarios. Después cada chico deberá escribir una pregunta relativa a lo que les haya leído ese día, el maestro las contestará todas, hay que tener en cuenta que los chicos no escriben mucha variedad de preguntas más bien se repiten, esta repetición, bien manejada por el maestro, se puede canalizar en un reto a sus alumnos que les anime a buscar esa pregunta única, la que nadie supo hacer, porque el maestro espera eso de ellos.
    La lectura, para que nos acompañe durante toda nuestra vida, se gesta principalmente en el esfuerzo de los primeros años, debe superar la barrera de lo cómodo (poca lectura es aquella que se puede hacer tumbado en el sofá) y ha de servir al apetito intelectual, porque de no ser así, la lectura se abandonará a los 13 o 14 años, ya que si el fin era divertirse con ella, a esa edad, el chico ya sabe, de sobra, que para divertirse hay otras muchas ofertas.

    • 28 septiembre 2010 a 21:17 #

      Excelente, LuzRoja. Magistral.

    • Francisco Javier
      29 septiembre 2010 a 9:47 #

      Muchas gracias, Luzroja.

      Un texto formidable, que debería servir de base para un replanteamiento radical de toda la Primaria. Ente las observaciones que haces, todas certeras y plenas de interés, me llama la atención lo del espíritu gregario. Es cierto, el espíritu gregario ha ido alcanzando unas dimensiones espectaculares. El miedo a la soledad es un fenómeno preocupante, un síntoma negativo, inquietante. En este sentido los análisis llevados a cabo por la Filosofía Crítica (Marcuse, Adorno, Horkheimer, Bloch) o por pensadores como Canetti (se podrían citar muchos de corrientes muy distintas), vinculan estas tendencias con pulsiones de carácter totalitario, violento. Un asunto complejo, sin duda, que invita a la reflexión.

      En otro orden de cosas, ayer asistí a la presentación del libro de JOSÉ PENALVA BUITRAGO “La escuela a examen. La perspectiva de la construcción social”. Aprovecho para felicitar a su autor por su magnífico trabajo e invitaros a todos a haceros con el libro en cuestión. Con rigor y claridad este libro desentraña los porqués (los fundamentos epistemológicos e ideológicos) de la trágica situación en que nos hallamos (no sólo en España), y que no sólo se limita a la escuela sino que irradia en todas las direcciones de nuestra sociedad (embrutecida, degradada, violenta, enemiga del saber). Entre los participantes se encontraba D. Gregorio Salvador, Vice-rector de la Real Academia de la Lengua, que hizo un perfecto retrato (con sencillez, pero con gracia y sabiduría) de la miseria educativa propiciada por la LOGSE-LOCE_LOE. Entre los temas a los que aludió se encontraba el del aprendizaje de la lectura en Primaria. Yo no soy lingüista y poco sé del tema, pero me pareció bastante sensato su apreciación entre la enorme diferencia entre el inglés y el castellano. Lo que es, tal vez , procedente para un idioma en el que la diferencia entre lengua hablada y escrita es notable, no tiene porque serlo con un idioma como el castellano. En resumen, los niños podrían aprender a leer muchísimo antes como siempre se ha hecho y no perder tres años con el pinta y colorea y de guardería. Pero como somos más papistas que el Papa, y todo lo que viene del mundo anglosajón es LEY, pues nada, a hacer el gilipollas. Es el sino de nuestra secta: batir y batir todo lo que viene del mundo anglosajón, meterlo en la coctelera (aunque los ingredientes sean incompatibles y la mezcla venenosa) y dárselo al personal. Y si le sienta mal, pues que le den..

    • Mari Cruz Gallego
      1 octubre 2010 a 15:41 #

      Estupenda tu exposición, Luz Roja. Un saludo.

  12. Luzroja
    30 septiembre 2010 a 18:30 #

    Agradezco vuestras palabras.

    Llevo un tiempo dándole vueltas a un caso que tenemos en el centro de una niña (de 5 años) sordo-ciega (no del todo, pero muy sorda y muy ciega) ve algo por alguna parte del ojo y oye un poco con ayuda del audífono, la cuestión es que cuando entró al cole, con tres años, la logopeda y la de la ONCE le empezaron a enseñar el lenguaje de los signos, al poco la niña era capaz de deletrear, usando estos signos, palabras de cuatro o incluso más letras, pero a su vez, la niña dio muestras de un interés especial por las letras escritas, de tal manera que con cuatro años, ya leía, era realmente sorprendente: acomodaba sus ojitos al libro y leía sin problemas (aunque pronuncia muy mal, porque al oír mal reproduce mal). La niña no se relaciona con sus compañeros, la verdad es que no los ve y sólo se centra en los libros, especialmente en las letras de los libros, la cuidadora le da un libro y allí la tenéis, con 5 añitos, un buen rato sentada leyéndose el libro.
    Es posible que sea un caso de inteligencia especial, aunque también es posible que al no ver el mundo de las imágenes y al no oír bien, ha encontrado la forma de entrar en ese mundo ( que apenas oye y apenas ve) leyendo.
    Con esto no quiero decir que deberíamos ensordecer a nuestros alumnos y dejarlos ciegos, pero sí me atrevo a decir que quizá se esté produciendo el “ensordecimiento hacia la palabra escrita” es decir que nuestros alumnos no lleguen a ella nunca, porque la invasión de la imagen y el sonido la hayan proscrito.

  13. Xoia
    1 octubre 2010 a 14:15 #

    Hay algo que yo nunca he entendido del asunto de la lectura en los centros escolares. Ni lo entendí como niña-alumna, ni luego como adolescente-alumna, ni más tarde como joven-universitaria, ni ahora como adulta-profesora.

    Y lo que no entiendo es lo siguiente… ¿Por qué nos tomamos tantas molestias en transformar algo que debería ser un placer (la lectura) en una horrible obligación?

    El hábito de leer se debe fomentar desde antes de llegar a primaria, y además se debe fomentar en el hogar. Mi madre me regalaba libritos infantiles cuando tenía 3-4 años y con ellos y la ayuda de algún adulto aprendí a leer, de modo que cuando llegué a primaria ya leía correctamente y, lo que es mejor, me encantaba. Y no sólo yo, muchas personas de mi quinta llegaron a primaria leyendo perfectamente y disfrutando con ello. Sospecho que ahora no ocurre algo ni siquiera medianamente parecido entre nuestros tiernos infantes. Seguramente haya más niños de 4 años que reciban como regalo en Reyes las correspondientes réplicas infantiles de los ordenadores y los coches de los adultos que algo tan bueno, bonito y barato como es un libro infantil.

    Después, en el cole, todos los viernes nos llevábamos a casa un libro de la biblioteca por el puro placer de leer, y a muchos nos gustaba esa actividad. De hecho nos intercambiábamos ideas sobre qué libro coger, había libros muy solicitados, hasta íbamos corriendo a la biblioteca para que no nos los quitasen otros compañeros… Sospecho de nuevo que una imagen así es imposible de ver actualmente. Seguramente las horas de la tarde de los viernes y los sábados que en mi infancia invertíamos en leer, actualmente sean invertidas por los niños en jugar con la videoconsola, con el beneplácito de sus padres.

    Luego, en el instituto, tuve que tragar con los libros impuestos por el departamento de Lengua y Literatura. Y en parte por el espíritu rebelde de la edad, en parte porque mis intereses lectores eran otros, pasé mucho de esforzarme en leerlos, y los pocos que leí, fue con desgana y por obligación. Sin embargo seguí empapándome de otros libros que sí me gustaban, mi afición lectora ya estaba consolidada. Con eso no quiero decir que no haya que proponer libros de lectura en los institutos, pues hay ciertas obras de la literatura universal que estamos obligados a conocer aunque no nos apetezca en ese momento, pero lo que sí está claro es que eso no va a servir para fomentar la lectura. El chaval que va a ser buen lector toda su vida, ya lo es desde pequeño, nunca vamos a conseguir un gran lector por obligar a un quinceañero a tragarse La Celestina sí o sí. A la Celestina podrá llegar por su propio pie cuando sea adulto y siempre por propia iniciativa, nunca por obligación, pero para ello deberá haber desarrollado muchísimo antes la afición a leer, a los quince años es demasiado tarde para empezar…

  14. Luzroja
    1 octubre 2010 a 18:36 #

    Xoia:
    Escribe Alain: “Yo no prometería el placer, sino que propondría como finalidad la dificultad vencida; no otro es el cebo que conviene al hombre; únicamente así llegará a pensar en lugar de saborear”.

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