De conspiraciones y coincidencias

Maximiliano Bernabé Guerrero

Hace poco escribí un artículo sobre la no baremación de los méritos docentes universitarios para el concurso-oposición de Secundaria y, a través de esta práctica, y de la sobrevaloración del tiempo acumulado como interino, por encima de las notas de los exámenes, cargar contra el mérito y avanzar en la “mediocrización” del profesorado. Atinadamente se me comentó que si mantener eso no sería abusar de la teoría de la conspiración. Me refiero a cómo unas personas inteligentes, se supone que nuestros gobernantes, pueden maquinar una patada a la inteligencia en la forma de la degradación de la enseñanza.

Esto me ha llevado a pensar sobre el asunto. Evidentemente, explicar todo basándose en conspiraciones tenebrosas es peligroso, y tedioso. Lo que nos habrán cansado con teorías sobre el asesinato de Kennedy, el ataque japonés a Pearl Harbor o el festival de Eurovisión de Massiel. Hay que reconocer que el origen de estas prácticas estuvo en los sectores reaccionarios y antisemitas (Protocolos de los Sabios de Sion), caló profundamente en los Estados Unidos, fue asumido gozosamente por la Izquierda de todos sitios y ha dado origen a una interminable riada de “best sellers”. Pero tan arriesgado como abusar es negarlo por sistema. Hay veces que no hay una caterva de trasgos en torno a una mesa con candelabros, a medianoche y con ruido de fondo de truenos, pero sí que existe algo difuso, personas y colectivos que van en la misma dirección y persiguen idéntico fin, modas, el signo de los tiempos o como quiera llamársele. Recientemente, el compañero David López Sandoval mencionaba en su artículo “Hechos” la reseña que hizo José Antonio Llanillo sobre el libro de Jean-Claude Michéa que habla de conspiración abierta para demoler la escuela. También David López, la primavera pasada, en “El Nudo Gordiano”, aludía a intereses de otras naciones que confluyen a la hora de que España asuma un determinado papel. Considerar esto no es convertirse en un fanático “conspiranoico”. Por el contrario, sí es de pereza mental atribuirlo todo a casualidades y coincidencias. Veamos nuestro caso. En “Deseducativos” durante este año se han publicado excelentes trabajos. El grado de minuciosidad de los análisis de la situación de la enseñanza en, al menos, los últimos veinte años ha sido casi perfecto. Ahora lo que falta es poner las ideas en movimiento, por así decirlo. La finura del análisis y del razonamiento es un importante requisito previo, pero sólo eso, previo a la acción. Si es un ingrediente único, por contra, se convierte en un lastre. Puede pasar como a los bizantinos de 1453 que, con los turcos asediando Constantinopla, estaban enzarzados en disputas sobre cuántos ángeles cabían en la punta de una aguja. Hay que reconocer que a los docentes nos falla la cadena de transmisión con la realidad social y política. Los profesores tenemos una particular aversión a salir de lo nuestro, aparejada con un anclaje en esa nebulosa que ha venido en llamarse progresismo. Reconozcamos que el alimento ideológico de muchos de nosotros, incluidos aquellos que se oponen al “logse-loesianismo” viene de los movimientos de renovación pedagógica, del relativismo, de un antiautoritarismo sin definir. De cualquier tendencia autodenominada alternativa y que, a la postre, se traduce en la pérdida de valor de lo que se enseña en relación a cómo se enseña. Digámoslo claro, de lo que ha supuesto la Izquierda en el mundo de la enseñanza. Frecuentemente, en el campo de la docencia, nos atraen tesis conservadoras (porque para ser profesor, para transmitir el acervo de nuestra civilización forzoso es ser, al menos, un poquito conservador) pero las maquillamos, “no vayan a decir que…”. Rechazamos frontalmente las leyes educativas del PSOE pero lo seguimos votando “es que si no…”. Ponemos a caer de un burro a la escuela inclusiva, suspiramos por el cultivo del mérito y el esfuerzo, pero participamos en las celebraciones del santoral “oenegista”. Hasta alabamos los esfuerzos que ha hecho por el consenso el hermano Gabilondo.

Y aquí es donde entramos en un callejón sin salida: Queremos cambiar la enseñanza, analizamos brillantemente su deterioro, pero nos resistimos a cuestionar el sistema político que ha llevado a ello. Es más, nos agarramos a él como a un clavo ardiendo “no sea que nos llamen fachas”. Nuestra sacrosanta Transición, nuestra integración a trompicones en la Comunidad Europea, nuestro modelo territorial son dogmas de fe. Estos tres procesos no se inician en 1978 ni mucho menos, ni siquiera en 1975. Es habitual pensar en el franquismo como en un régimen fascista, cavernario y aislado internacionalmente; no obstante, las cosas no eran exactamente así hacia 1970, sobre todo en lo último. España estaba sólidamente incardinada en el sistema defensivo occidental, al igual que en la economía mundial y europea. Pero, ay amigo, nos fallaban las formas. Había que adecentar la fachada. A los Estados Unidos sólo les interesaba que la Península Ibérica continuara siendo su portaaviones de último recurso en caso de que los soviéticos se lanzasen por las llanuras de Europa Central. La Comunidad Económica Europea, esto es, Alemania y Francia, deseaba un país consumidor de sus productos y que gestionase su ocio, donde, a lo sumo, se instalasen sucursales y filiales de sus industrias. No voy a decir que Kissinger y Brandt fueran los arquitectos nigromantes de la eterna decadencia española en su versión de finales del siglo XX; pero el resultado ha sido el desmontaje de nuestro, precario e imperfecto si se quiere, tejido industrial a cambio de generosas subvenciones europeas que ahora están terminando, y el vaciado sistemático de un sistema educativo a partir de entonces destinado a producir camadas de albañiles y camareros. Y ya si nos ponemos, nuestra conversión en una plebe de barrigones en chancletas ruidosos y botelloneros. Llegados a este punto, cabe preguntarse cuál ha sido la herramienta a cuyo lomo se han cabalgado estos procesos. El PSOE, indudablemente. El PSOE ha sido el partido político central de nuestra canonizada Transición, y los demás sus palmeros, voluntaria o involuntariamente. Sin entrar mucho en lo personal, por razones familiares y algunas más, he conocido a personas que estaban en las Fuerzas de Seguridad en aquellos años de comienzo de la década de 1970. Las órdenes que tenían para el caso hipotético en que en España se produjera una deriva revolucionaria similar a la portuguesa era proteger al incipiente PSOE, aún clandestino, pero que debía convertirse en la fuerza de estabilización frente al miedo a lo desconocido. No seamos ingenuos, nuestra Transición fue una serie de concesiones y pactos preconizados por los sectores opusdeístas del franquismo. Recordemos la defenestración de Suárez (de quien nunca se fiaron pues no venía del catolicismo político sino del falangismo) por sus desviaciones en política económica e internacional. Entonces, antes y después, el PSOE ha sido el engranaje, con la inestimable e interesada ayuda de los nacionalismos periféricos, receptáculos de un gran poder y destinados a ahogar un poder central fuerte antes de que éste nazca. Comparsas han sido el resto de partidos políticos, incluido el PP, así como el sindicalismo subvencionado. Dos personajes apuntaron querer desmontar este estado de cosas, José María Aznar y Julio Anguita, y ambos, por diversas razones, se apearon pronto del burro. A lo sumo, las cosas cambian un poquito, para que todo siga igual. Por consiguiente, no es necesario recurrir a conjuras medievales para explicar cómo un hombre salido de un medio familiar culto, José María Maravall, junto a su escudero Rubalcaba, fue el perpetrador de la LOGSE, promulgada durante el ministerio de Javier Solana, brillante universitario y pésimo diplomático aficionado. Así se comprende la actual situación de hastío bajo la máscara de una búsqueda del consenso (palabra talismán de nuestro “régimen”) protagonizada por el hermano Gabilondo, exclaustrado catedrático y rector especialista en filosofías postmodernas, así como conferenciante simpaticón en sus ratos libres, de esos que arrancan aplausos y dejan la dirección de correo electrónico.

Conclusión: Mientras el PSOE siga siendo el ingrediente principal de la salsa, no habrá cambio posible. Y en la enseñanza mucho menos. Por supuesto que es necesario un gran partido reformista o socialdemócrata, que aproveche y surja de la fuerza electoral de nuestro particular “partido único”, que no es ni reformista ni socialdemócrata.

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Categorías: Diagnósticos, Rebelión, Soluciones

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12 comentarios en “De conspiraciones y coincidencias”

  1. 15 septiembre 2010 a 22:39 #

    O sea, que votemos al PP. Pues vamos listos….!!!

  2. Francisco Javier
    16 septiembre 2010 a 8:57 #

    Creo que tu artículo va a dar lugar a un intenso debate. Para mí el PSOE ha sido una verdadera traición para mucha gente, que pasó de la ilusión al desencanto más absoluto. Lo que ha conseguido muy bien el PSOE es modelar el Inconsciente colectivo (de modo similar a como hizo el catolicismo) para que interiorice como culpa cualquier mínima disidencia o cuestionamiento: o piensas como yo o eres un facha (=mala persona, retrogrado, estúpido, carpetobetónico,…) Un ejemplo es la contestación de Alonxo. Yo no pienso votar al PSOE, pero nunca jamás al PP (mi inconsciente de Izquierdas no me lo permite). No voto.

    Un saludo.

    • Ania
      16 septiembre 2010 a 15:49 #

      Esclarecedor el artículo en cuanto que aporta unas interesantísimas reflexiones sobre las causas y consecuencias de la decadencia de nuestro sistema educativo desde los años 70. Ha habido otros artículos sobre el tema pero hay varias cosas que Pablo dice que no las han dicho los demás en este foro y que a mí me han ayudado a entender mejor la sociedad, economía e idiosincrasia de éste nuestro país en el que vivimos. Gracias a Pablo, de todo corazón.

      También mostrar mi afecto a Francisco Javier pues leo de nuevo perfectamente expresados ( aunque yo hubiera puesto carpetovetónico con “v” él escribe mucho más y mejor que yo)) , algunos sentimientos que son también míos. En este caso me ha llegado especialmente lo que dice sobre la consecución por parte del PSOE del modelaje del Inconsciente colectivo de este país y en que el no votar al PSOE no significa que votemos al PP. También yo me considero “una víctima ” de mi inconsciente de izquierdas” , como dice Francisco Javier, y no es para menos ya que el PSOE ha venido dejando morir “por omisión ” , durante lustros, la libertad de cátedra y de expresión en cierta Autonomía; y no me sirve de disculpa que les mataran un Consejero de Educación , que el mal ha sido muy grande y prolongado.

      Yo tampoco voto, Francisco Javier ( pero estas decisiones son revisables que la vida da algunas vueltas, creo yo.)

      Saludos

      • Francisco Javier
        16 septiembre 2010 a 18:23 #

        Muchas gracias, Ania, por la corrección. También viene muy bien aprender a escribir como Dios manda. Y una reflexión didáctica al respecto: Internet ha impulsado el género epistolar, casi olvidado (ya no se escribían cartas, con lo bien que lo hacían muchos de nuestros abuelos). Y a escribir se aprende escribiendo y con la ayuda de personas que te ayudan, te corrigen, te enseñan con su ejemplo. La pena es que con el lenguaje rápido ese de los chats (a los que nunca he entrado) se vuelve a estropear algo que tiene un enorme potencial.

        Llevas toda la razón en que lo de no votar es revisable. Yo también lo creo y en un momento dado votaré si me parece que ha de hacerse. Lo de ser joven y de izquierdas forma parte de toda una generación y es difícil desprenderse de esa herencia (como de la educación católica). Ahora bien, por miedo, vergüenza o tontería dejar de señalar las enormes tonterías que ha mantenido la izquierda durante años, es un prejuicio imbécil. Dos ejemplos (hay cientos):

        1) Los más progres europeos han considerado hasta hace casi nada que ETA molaba mucho, que representaban la lucha por la opresión del Pueblo Vasco y otras memeces (sin tener ni idea de lo que hablaban). La realidad, como sabemos, no es precisamente esa.

        2) No sé donde leí que en Alemania en los Setenta (seguro que alguien del foro sabe dar una información más exacta) los super-progres plantearon debates muy serios sobre la ruptura con el modelo de sexualidad burgués, proponiendo entre otras cosas la posibilidad de liberar las relaciones entre adultos y menores. ¿..? ¡Hasta las feministas se mosquearon! (Con buen criterio oponían que la relación entre un menor y un adulto es asimétrica y por principio no libre; Caperucita y el lobo o Lolita) Al respecto se publicó un libro de pedagogía radical, que tuvo su renombre en aquellos tiempos salvajes (pero no recuerdo el título.) ¿Y sabes quiénes contemplaban encantados el panorama? Pues muchos de esos eclesiásticos que hoy están siendo juzgados por violadores de niños. La necedad suele pasar factura.

        Un saludo.

      • Polícrates
        16 septiembre 2010 a 21:46 #

        Gregorio Luri escribió algo al respecto de la sexualidad en la escuela de la Alemania del 68.

        http://elcafedeocata.blogspot.com/2010/07/sexo-y-escuela-en-la-alemania-del-68.html

    • 16 septiembre 2010 a 16:13 #

      “O piensas como yo o eres un facha”. ¿Dónde habré leído yo tantas veces esa frase? Sí, en algún medio. Por cierto, no era EL PAIS, no. Sí, casi siempre, en quienes ponen la venda antes de la herida y, ¡oh, pobres!, se sienten indefensos ante tanto progresismo.
      A lo mejor, también puede ser, que la he escrito en mi breve pero, qué cruel, comentario, y no me he dado cuenta. Voy a seguir analizándola, a ver si consigo descubrirla.

  3. Maximiliano Bernabé Guerrero
    16 septiembre 2010 a 11:21 #

    Francisco Javier, más que una traición yo creo que el PSOE ha sido una estafa, pero no sólo ahora. Conozco ese partido casi desde antes de nacer, porque mi abuelo y bisabuelo fueron militantes (desde finales del s. XIX) y pagaron por ello ampliamente a partir de 1939. Su carácter bifronte, ambigüedades, indecisión, oportunismo y pancismo no son nuevos. Por un lado colaboró con Primo de Rivera, luego durante la República su sector caballerista adoptó una retórica leninista de boquilla, en 1939 apoyó el golpe de Casado contra uno de los suyos, Negrín… Pero lo que han hecho muy bien, como dices, es modelar a la izquierda española a su conveniencia, creando una mística trascendente (La Izquierda es algo que está fuera de las organizaciones que reclaman este nombre, por tanto si disientes conmigo y no quieres ser excomulgado apártate de la vida política y entra en la ABSTENCIÓN, no sea que te condenes por antiizquiedista) y un sentimiento de culpa aparejado. Yo pienso que debemos tomarnos la política de un modo pragmático, no pseudoreligioso. Si éstos te parecen unos impresentables, no les votes y ya está, pero tampoco hace falta refurgiarse en la abstención con sentimiento de decepción culpable, hasta se puede votar a otros que supongan un contrapeso a lo que han hecho éstos. Yo no creo que sea un frívolo, ni siquiera un superficial, pero siempre me atrajo la pasmosa facilidad con que los norteamericanos votan a republicanos y demócratas en elecciones sucesivas. Amigo Alonxo, votar al PP no es un pecado mortal, ni siquiera venial. Aunque tampoco creo que el PP, tal como define su estrategia ahora mismo sea una solución. Hace falta algo más profundo, que se haga una reforma en profundidad no sólo en la enseñanza, sino sobre todo en la organización territorial, régimen electoral, organización administrativa y de la justicia… Es decir, un periodo constituyente. ¿Quién lo iniciará? ¿Lo iniciará alguien? Nos va mucho en ello. Por mí, si lo inicia el PP, IU, o la federación de Boy Scouts, bienvenidos sean. Me gusta una anécdota de la fuente inagotable que fue Winston Churchill (un tío ¡¡¡¡de Derechas!!!! que plantó cara al totalitarismo) cuando en 1941 le preguntaron maliciosamente si pensaba que aliarse con Stalin era lo correcto. Él respondió algo así: “Si algún día me entero de que el diablo está en contra de Hitler, correré al infierno a firmar un tratado”.

    • 16 septiembre 2010 a 16:17 #

      Ciertamente, votal el PP no es pecado; como tampoco lo es votar cualquiera de las otras opciones. Pero, ¿quién soy yo para decir lo que es pecado y lo que no? Ahm, no, menos mal, que en mi comentario no he dicho nada de pecados. ¡Qué susto!, por dios (¿?).
      Dos comentarios, de momento, que aluden al mío y, curiosamente, ambos opinan sobre lo que no digo. ¡Qué extraño!

  4. Raus
    16 septiembre 2010 a 14:10 #

    Creo que, por alusiones, me toca decir algo, amigo Maximiliano. Planteé en otro artículo tuyo la cuestión de si hay una mano inteligente (o varias) trabajando en la sombra para conseguir la degradación de la cultura y la inteligencia. Yo me mostré escéptico. Como bien sabes, Maximiliano, uno de los rasgos más sobresalientes de la posmodernidad es su recelo hacia el poder (he intentado explicar su origen en “Los Dogmas del Ocaso”). Un recelo que, por diferentes vías (filosófica y política), ya se inició con la ilustración. Y bien cierto es que había sobradas razones para recelar del Poder de reyes y Papas, comúnmente despótico y leonino. Lo malo es que, en su exceso pendular, ese legítimo y justificado recelo contra los incontables abusos de autoridad perpetrados por aquéllos se ha convertido, al final, en un recelo injustificado contra cualquier persona o institución tradicionalmente investida de autoridad. Es decir, para prevenirse de los abusos de autoridad, al hombre posmoderno no se le ha ocurrido otra cosa que impugnar la autoridad. Algo así como matar al perro para acabar con la rabia o matar moscas a cañonazos. Y esto, por desgracia, nos afecta muy malamente a quienes, por lógica y sentido común, necesitamos ser reconocidos como autoridad en alguna parcela de nuestras vidas. El padre la necesita ante el hijo, el profesor ante el alumno, el médico ante el paciente, el adulto ante el niño… A la sociedad le hacía falta prevenirse en lo posible de los abusos de autoridad, pero no a la autoridad en sí. No hay más que ver con qué afán se aplican los miembros de la secta pedagógica a tacharnos de fascistas cuando reclamamos la autoridad legítima y la libertad de cátedra que nos han sido arrebatadas. La comprensible fobia a los abusos de autoridad ha degenerado en directa fobia hacia la autoridad. Y así nos va.

    Es por todo esto por lo que yo recelo tanto del recelo hiperbólico contra el poder. Sin querer, podemos estar haciéndoles el juego a nuestros entrañables opositores: los progres, los pedagogos logsianos, los políticamente correctos… Los “filósofos” posmodernos (más posmodernos que filósofos) han llegado al extremo de acusar a la misma ciencia de ser un interesado instrumento del Poder. Por ejemplo, las feministas de género, en su vesania andrógina, han llegado a decir que la ciencia es “falocéntrica” (basándose, valga el cielo, en que los telescopios o microscopios tienen forma alargada, de “pene” ¡Cómo querrán que un telescopio tenga forma de vagina, Dios mío!). Esos reputados filósofos relativistas han llegado a celebrar la “invención” de una “matemática liberadora”: algo así como una matemática democrática o qué sé yo.

    Indudablemente, estamos ante recelos disparatados que rayan en la locura (ideológica), pero lo curioso es que buena parte de la ciudadanía los da por buenos, contagiada como está por una ciega y maquinal animadversión hacia todo lo que huela a autoridad o jerarquía.
    Estas consideraciones no me llevan, sin embargo, al extremo de pensar ingenuamente que no hay intereses particulares que pugnan por malograr la enseñanza. Es muy posible que algunos de nuestros gobernantes (públicos u ocultos) breguen conscientemente y con fuerza por seguir tundiendo la escuela. ¿Por qué? porque se han dado cuenta de que la única manera de seguir sobando poltronas es mantener intacto el sistema. Es decir: dejar que se siga pudriendo. ¿Por qué no optan por sanearlo en vez de optar por dejar que se siga pudriendo? Porque mantener la farsa les resulta menos gravoso que recomponer todo el sistema.

    Por tanto, conciliando lo uno y u otro, concluyo con que no creo que haya nadie moviendo hilos por control remoto (si lo hubiera ya habría que buscarlo en las primeras décadas del siglo pasado, cuando la pedagogía progresista echó a andar), pero sí creo que puede haber algunos a quienes les interesa que la degradación escolar siga su curso, ya que su negocio depende de que dicha degradación no cese. Los intereses creados perpetúan las condiciones de la catástrofe. Así pues, unos cuántos, los más inteligentes, saben que están destruyendo la enseñanza, pero dejan correr la bola para que el negocio se mantenga. La mayoría de los guardianes del sistema, sin embargo, no se entera de nada. Actúan esos guardianes ciegamente, por intereses propios que consideran compatibles con el bien público. Así pues, si bien no creo plausibles ciertas conspiraciones de largo alcance (complejas y profundas), sí creo en la existencia de contubernios oportunistas para salvaguardar el statu quo y los beneficios anejos a él.

  5. Maximiliano Bernabé Guerrero
    16 septiembre 2010 a 14:25 #

    De acuerdo, Antonio. De lo que tendríamos que tomar conciencia es de que la enseñanza es el campo abonado para que germinen todas las tonterías postmodernas en su reacción infantil contra la autoridad y la jerarquía. Me refiero a que, salvo casos anecdóticos, nadie cuestina la autoridad de un comandante de aeronave cuando ordena (importante esta palabra) que todos los pasajeros se abrochen los cinturones, o que cuando un guardia civil de tráfico impone (otra palabra maldita) una sanción a un automovilista ningún postmoderno propone que paren a diez conductores más que pasaban por allí para que den su opinión y voten el importe de la multa que merece el infractor

  6. 16 septiembre 2010 a 19:04 #

    Magnífica entrada. Me parecen muy recomendables sobre estas implicaciones políticas de las leyes educativas del PSOE los libros de Mercedes Rosúa, especialmente, “Las clientelas de la utopía”.
    Un abrazo.

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  1. Slaps 2010/09/15 | Qmunty - 16 septiembre 2010

    […] El papel de los grupos de presión y cómo apretar las tuercas para pedir dinero bajo el manto del Quantitative Easing. La planificación también afecta a la educación. […]

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