Los dogmas del ocaso

Antonio Gallego Raus

(En este artículo quiero responder a algunas cuestiones y dudas que quedaron pendientes hace ya unos meses. En concreto, a las que suscitaron el positivismo y el relativismo. Nuestro compañero y amigo Mariano me hizo algunas preguntas al respecto. Espero que el presente texto las responda satisfactoriamente.)


LOS DOGMAS DEL OCASO.

Cada época privilegia determinados conceptos y anatemiza los contrarios. La nuestra es, sin duda, la más estúpida de toda la historia, que ya es decir. Sí, porque jamás se sometieron a escarnio público tantos conocimientos y saberes seculares. Nunca se ha cayó tan bajo desde tan alto. Nos toca asistir, impotentes, al desmoronamiento acelerado de la civilización, la inteligencia y la Cultura (con mayúsculas).

Consideremos los rasgos ideológicos primitivos y dominantes de nuestra época. Quiero decir: los dogmas, prejuicios y falacias con que se arman los actuales sayones de la civilización para decapitarla. Veamos de cerca sus reverenciados dogmas (para ellos axiomas). Son tres, pero su potencia es devastadora. Quizá el segundo y el tercero sean corolarios del primero. Veámoslos:

1. Mundo proteico. Todo cambia, nada permanece.
El posmoderno recela de lo permanente. Prefiere el cambio continuo, la mudanza incesante. Lo permanente encerrara ominosos peligros y atávicos riesgos. Luego veremos por qué.

2. Todo es plural y diverso.
Nada es igual a nada. Cada cosa es lo que es en función de sus “leyes particulares” (valga el oxímoron) y precisas circunstancias.

3. Todo es relativo.
No existe la verdad objetiva, valga la redundancia. “A” puede ser cierto, bueno o bello para Pedro y falso, malo o feo para Juan. Y no podemos saber quién lleva razón.

Ya está, con esto se puede dinamitar una civilización o lo que sea. Esto es suficiente para amojamar molleras, desbaratar la razón y hacer naufragar la más provecta de las culturas.

EN LA ESCUELA.

Inyectemos estas sustancias (pseudo)filosóficas o ideológicas en el torrente sanguíneo de la escuela y veamos qué pasa.

1. Mundo proteico: Todo cambia, nada permanece.

-El mundo está sometido a continuos cambios, nada es seguro ni permanente.

-En consecuencia, ¿qué sentido tiene conocer concienzudamente contenidos teóricos? Lo que hoy aprenda y memorice el alumno, mañana será rebatido o sustituido por algo nuevo. Repudiemos los contenidos teóricos y desterremos la memoria.

-Todo cambia rápidamente: el ámbito laboral, el tecnológico, el económico, el empresarial, el doméstico… Por tanto, necesitamos, ante todo, flexibilidad. Mentes flexibles hasta la contorsión circense que se sepan adaptar a las incesantes novedades. Como las cosas cambian rápida e impredeciblemente, lo importante es que el chaval aprenda a aprender. Si aprende a aprender, siempre estará adaptado a cualquier eventual y mundanal cambio. Nada podrá temer.

-El alumno deberá hacerse experto en buscar información, no en retenerla en la memoria. Si sabe buscarla en la Red, todo arreglado.

-Los contenidos teóricos no sirven de nada en un mundo en constante mudanza. Embargan la memoria de trastos inútiles, falaces e ideológicos. Lo útil es lo práctico. No es nada práctico que el alumno memorice las provincias de España pudiendo consultarlas en cualquier momento, sino que, por ejemplo, sepa desplazarse de un punto a otro del país. Esto es: que adquiera competencias básicas.

2. Todo es plural y diverso.

-Pluralidad y diversidad. La escuela no debe uniformar, ni siquiera formar (dar forma). Al contrario, el sistema debe adaptarse a la diversidad del alumnado. La diversidad no se combate: se celebra como prueba y exhibición de riqueza cultural, tolerancia y libertad. El alumno vago no tiene por qué dejar de serlo. El insolente tampoco. El irresponsable, ídem.

-Más que dar formación académica al niño o joven, lo que precisamos es darle una educación en valores democráticos. La razón de ello es sencilla: puesto que no existe el conocimiento cierto, permanente y objetivo, no nos queda otra que la opinión múltiple y diversa. A un mundo estable le corresponde el juicio. A uno proteico, como el nuestro, la opinión. Consecuentemente, nuestra tarea es intentar fabricar futuros ciudadanos tolerantes que sepan convivir armoniosamente en su disparidad de pareceres; incluso en sus opiniones diametralmente opuestas. No podemos aspirar al entendimiento universal, sino a la tolerancia de lo diferente. Nada hay que entender, pues no existe o no es posible el conocimiento objetivo. Todo es cuestión de respetar lo diferente u opuesto.

-Nada hay universal. Hay particularidades, todas igualmente respetables (toda jerarquía es reprobable en cuanto que despótica y coercitiva). Los contenidos y programas escolares deben respetar las particularidades e idiosincrasias de cada colegio e instituto. También, de cada alumno. Por tanto, cada programación debe estar adaptada al entorno sociocultural del colegio en cuestión.

-Asimismo, hagamos al alumno la adaptación curricular que mejor condiga con su particular forma de aprender.

-Celebremos la multiculturalidad.

3. Todo es relativo.

-El torturado juzga mala la tortura. El torturador la ve bien. ¿Quién lleva razón? Ambos y ninguno. Para aquél es mala y para éste buena, ya está. El relativismo es una forma de adaptación mental a la diversidad de pareceres del mundo. La fórmula que permite aceptarla dejando en silencio el juicio ético (racional). Con ello nos hacemos indiferentes a la contradicción: “El acto A no es bueno o malo, sino que es bueno o malo según quien lo juzgue.” Antes de la llegada del relativismo, si “A” era cierto, “No A” era falso. Lógicamente. Tras su llegada A y su contrario son igualmente admisibles. Todo vale.

No hay culturas superiores a otras en ningún sentido. Tan respetable son los derechos humanos como su conculcación.

Todas las opiniones son igualmente respetables. La del alumno no vale menos que la del profesor. La del hijo no menos que la del padre…

LAS RAÍCES.

¿Cómo hemos ido a darnos de bruces con estos dogmas posmodernos? ¿De dónde proceden? ¿Cuál es su prosapia filosófica? Éstas son preguntas demasiado complejas para un artículo, pero intentaré dar algunas respuestas parciales.

Para entender los porqués de nuestro particular ocaso intelectual, debemos percatarnos de que la historia moderna, en especial la posmodernidad, está caracterizada por su firme veta anti-racionalista. Recordemos, una vez más, la definición que el RAE da de posmodernidad:

“Movimiento artístico y cultural de fines del siglo XX, caracterizado por su oposición al racionalismo y por su culto predominante de las formas, el individualismo y la falta de compromiso social.”

Es aquí donde entra en acción estelar el positivismo. Varias veces he hablado de él, pero creo que no con la suficiente claridad.

EL POSITIVISMO EN LA CIENCIA. EL TRIUNFO DE COMTE.

¿Saben ustedes por qué estamos así? Quiero decir: gobernados por tontos, semianalfabetos y ladinos oportunistas (lo que no evita que haya honrosas excepciones). En gran medida, por la envidia, que es muy mala. Me explico. Como harto saben, la educación y la enseñanza de este país (y muchos otros países) están en manos de psicólogos y pedagogos: los “expertos” en educación. Conviene, pues, conocer de cerca sus ideas y formación intelectual.

Empecemos por el principio: la psicología quiso ser una ciencia, una ciencia positiva. Los psicólogos de los primeros decenios del siglo pasado sufrieron fuertes accesos de envidia. De envidia por la física de Newton, el mayor genio científico de la historia. La psicología practicada antes de 1912 (fecha bautismal del conductismo, la psicología científica), era una psicología introspectiva, de sillón. Cada psicólogo hacía su propia psicología inspirándose en reflexiones gratuitas y carentes de base empírica y experimental. Lo que demostraba la física newtoniana es que la experiencia y el experimento controlado son los únicos medios adecuados para descubrir y explicar el mundo (al fin, para describirlo). Así pues, el psicólogo aprendiz de científico natural, repudió toda suerte de especulación, tachándola de superchería y palabrería. La razón sólo podía divagar, perderse en subjetividades e ilusiones inútiles. Sintomáticamente, la APA (la Asociación Estadounidense de Psiquiatría) se declaró positivista y ateórica. La APA es el referente nosológico por excelencia para la mayor parte de los psicólogos occidentales.

De aquí, señores míos, la veta anti-teórica y anti-intelectual de la escuela beocia que hoy sufrimos. La filosofía fue condenada al ostracismo, pues sus obras fueron juzgadas por los empiristas como quimeras, subjetividades y vanidades de la razón arbitraria. En general, las humanidades.

La ciencia positiva (hoy es pleonasmo esta expresión), en oposición a la filosofía, abominaba de los “rollos”, la palabrería, las teorías y las especulaciones (de hecho, hoy, el concepto de especular tiene connotaciones peyorativas: ya no se usa en su acepción de meditar, reflexionar con hondura, teorizar, sino, más bien, en la de perderse en sutilezas o hipótesis sin base real.

La metafísica no daba ningún fruto útil para nadie; sólo prejuicios del especulador. En cambio, la ciencia positiva, armada únicamente con los recursos de la experiencia y el experimento, producía una cantidad ingente de cosas útiles y valiosas. Sus descubrimientos se traducían, al fin, en máquinas, medicinas e ingenios tecnológicos utilísimos para la humanidad. ¿Qué había aportado al hombre siglos y siglos de teorías y especulaciones? Nada: palabrerías, prejuicios y subjetividades que merecían ser pasto de las llamas. Las propuesta de Augusto Comte triunfó en todas las disciplinas que estudiaban lo humano: filosofía, psicología, antropología… Su propuesta fue liberar a la sociología de cualquier referente filosófico. En adelante, estas disciplinas basaron sus estudios en los datos empíricos, imitando a las ciencias naturales.

Marchesi y compañía son herederos de esta visión anti-racionalista que hoy impregna el mundo occidental y, concretamente, la escuela. Sienten repulsión por la filosofía, como la mayoría de la gente. Pero ellos más que nadie, dada su condición de psicólogos acomplejados y temerosos de ser considerados pseudocientíficos o científicos de una ciencia “blanda”. Lo mejor es adoptar una actitud displicente ante la filosofía: una actitud cientifista. Esta actitud cientifista, por cierto, no sólo es propia del psicólogo conductista, sino que también afecta de lleno a gran parte de la misma filosofía contemporánea. La filosofía de los posmodernos es, ironía insuperable, una insufrible y abstrusa amalgama de términos pseudocientíficos, neologismos gratuitos, estilo nominalista, palabros, jerga insondable y torturada sintaxis. La de los psicólogos y pedagogos logsianos también. Pedante oscuridad que quiere hacerse pasar por profundidad, eso es el cientifismo.

Así pues, aquí tiene el lector el porqué de la insistencia de los ideólogos de la LOGSE en formar a los alumnos en competencias básicas: aptitudes para moverse pragmáticamente por el mundo. Aptitudes positivas, prácticas, útiles.

EL POSITIVISMO EN LA POLÍTICA.

Durante siglos y siglos, la mayor parte de la humanidad fue sojuzgada por quienes detentaba el poder político, militar o religioso. Reinaban éstos despótica y leoninamente sobre un pueblo que no era dueño de su destino. Reyes y Papas gobernaban con mano de hierro, apoyándose en inconmovibles dogmas de fe y demás monstruos de la razón. No había pruebas que avalaran sus creencias y mandatos. El orden social y político estaba (como) establecido por Dios: inapelable, eterno, férreo, absoluto. La naturaleza y las relaciones de poder social se reputaban inmutables, incondicionales e inmanentes. El mundo se dio cuenta de que la razón ordenaba el mundo de manera absolutista y arbitraria. Que concebía el mundo en términos de esencias, de suyo inmutables.

Debemos recordar, además, las terribles guerras mundiales del siglo pasado y los regímenes totalitaristas de derechas o de izquierdas que lo infamaron. Nada puede extrañar que el ciudadano posmoderno recelara (que recele) de los discursos políticos y de las artimaña manipuladoras de que siempre se sirvió el poder. Y de los mensajes discursos que emplearon los líderes despóticos para embaucar o manipular al pueblo.

¿Cómo conjurar el peligro de la tiranía? Negando el ensoberbecido poder de la razón; confiando en los datos de la experiencia, desprestigiando e impugnando a todo aquél que viniera vendiendo verdades indubitables e imperecederas. Afianzando una actitud escéptica.

Todo esto nos retrotrae al avispero filosófico de los universales (racionalistas) y su negación (positivista, nominalista). Al problema de lo universal y de lo concreto. A Heráclito, Platón…. Nada menos.

A menudo escuchamos que no hay verdades absolutas, que todo es relativo. La desconfianza y la mala prensa que hoy sufre cualquier persona amante del saber (el sabio, el erudito, el pensador, el filósofo… el profesor), se derivan de la posmoderna desconfianza hacia todo lo que huela a autoridad, afirmación apodíctica o juicio absoluto. Es decir, desconfianza ante los conocimientos inmutables e imperecederos (recuérdese el primer dogma del ocaso: “el mundo es proteico”). ¿Por qué? Porque detrás de las afirmaciones absolutas se teme la presencia de un tirano afanado en imponer su voluntad arbitraria a los demás.

¿Hay verdades absolutas? Por supuesto. De hecho, la verdad, o es absoluta o no es verdad.

No nos perdamos. Vamos con algún ejemplo. Si yo digo: “A mí y al resto de los seres humanos nos sienta como un tiro comer abundante carne putrefacta”, ¿cabe duda racional de que esto es absolutamente cierto? El relativista se lía y dice que es falso. Arguye que nada hay absoluto, pues, por ejemplo, hay animales (los carroñeros) que se alimentan de carne putrefacta. Es cierto, pero ello no niega la afirmación hecha por mí. Porque lo que yo afirmo es que a mí y a las demás personas la carne putrefacta nos sienta mal. Esto es verdad, y verdad en un sentido absoluto, indiscutible. Es decir: es verdadero y, por serlo, toda criatura dotada de razón podrá y deberá reconocerlo como tal. Como, igualmente, toda criatura racional deberá admitir que 2 y 2 son 4.  Que 2 y 2 son 4 es una verdad absoluta. Si hay alguien que crea que no, será su problema. El hecho de que haya personas incapaces de reconocer lo evidente no constituye una suerte de apoyo a la tesis relativista, sino que esas personas no son racionales, o , al menos, que no están preparadas en ese momento para juzgar rectamente las cosas por las que se les pregunta. (Hay muchas cuestiones que sólo son evidentes si se tiene la información y la formación necesarias).

Torturar a un niño es absolutamente malo. Cierto que el torturador hallará bueno el acto de torturar al niño. Pero ello no es razón para afirmar que la maldad de la tortura es relativa al sujeto racional. Torturar a un niño sólo puede ser bueno para un sujeto irracional, como 2 y 2 sólo puede ser algo distinto de 4 para quien no esté en uso de razón por el motivo que sea.

Por eso conviene dejar claro que el relativismo no es señal de apertura mental, ni de flexibilidad o de tolerancia. Algo no puede ser “A” y “No A” al mismo tiempo. Si aceptamos “A” y su contrario, “No A”, le estamos haciendo una higa al principio de no contradicción, el cual es uno de los principios en que se basa la lógica y la racionalidad humanas. Aceptar la contradicción no es síntoma de flexibilidad mental, sino de lo contrario, de debilidad intelectual. (Sólo coloquialmente, en un sentido lato, podemos decir que tal o cual cuestión es relativa).

Lo que sí necesitamos es prudencia respecto de conocimientos que no están del todo claros, dada su complejidad o su condición de parcialmente conocidos. Pero la prudencia intelectual no tiene nada que ver con el relativismo. El objetivista (yo me considero objetivista) afirma que en el mundo hay cosas objetivas y que la razón humana puede descubrirlas. Pero ello no le obliga a hablar a base de sentencias, pues también admite que hay muchas cosas dubitables (y, por supuesto, que el razonador es falible): es indubitable que 2 y 2 son 4; pero es dubitable, por ejemplo, que el universo tenga la estructura que propone la teoría de las cuerdas. Es decir, afirmar que hay cosas absolutamente verdaderas no implica ninguna suerte de rigidez mental o “mentalidad absolutista”. Por mi parte, desconfiaré mucho de la salud mental y ética de quien no sea capaz de aseverar que es absolutamente malo e irracional torturar a un bebé. Quien ande con esas dudas, no es precisamente un tipo tolerante, sino más bien un pobre imbécil. Hay certezas y dudas racionales. Y hay certezas y dudas irracionales.

La confusión que hoy reina sobre estas cuestiones nos lleva a paradojas insufribles. Los abanderados de la tolerancia (los posmodernos) pueden defender cualquier barbaridad cultural bajo el palio del relativismo. Sé de personas con carrera que argumentan que la ablación del clítoris es admisible en los países en que se practica como tradición, pero no aquí, donde, por convención, esa práctica nos parece mala. El relativismo es idiotez suprema. Reduce la ética a mera convención o convenio. Es bueno o malo lo que un grupo de personas decide que es bueno o malo.

Y ojo, porque el relativismo no sólo ha metido las narices en la ética, también en la epistemología y la estética. Así, no es cosa extraña que podamos oír a un relativista que arte es lo que el artista decide que lo es, o que la ciencia es lo que los científicos oficiales o más poder político deciden que es ciencia. O que es verdad (científica) lo que unos cuantos señores deciden lo que es verdad.

Las antinomias y disparates en que incurre el relativista (posmoderno) han sido justamente denunciadas por los físicos Sokal y Bricmont en su “Imposturas Intelectuales”. En este famoso libro los autores ponen en evidencia la impostura intelectual de los filósofos posmodernos, comúnmente adeptos al relativismo epistémico. Una mezcla insana de relativismo y cientifismo hace infumables las reflexiones (por llamarles de alguna manera) de estos filósofos (por llamarles de alguna manera). La oscura palabrería que tanto aborrecía el positivista-cientifista acaba siendo su más reconocible sello de identidad.

Prosigamos. El posmoderno ignora las reflexiones que acabo de hacer. Se lía con los conceptos de objetivo y subjetivo y acaba creyendo que toda aseveración sobre el mundo, ética, estética o epistemológica es una suerte de excrecencia subjetivista, de exceso absolutista, despótico y arbitrario. Para él, ser relativista (que, como digo, implica negar el principio de no contradicción) es lo mismo que ser tolerante. Dudar de todo (escepticismo) es signo para él de apertura y flexibilidad mentales. Es, sin embargo, prueba de lo contrario. No insistiré sobre las antinomias y necedades implícitas a estas creencias. Baste con lo dicho para poder seguir avanzando.

La cuestión es que si la razón está bajo sospecha (se la cree generadora de dogmas de fe, aseveraciones absolutistas y gratuitas subjetividades), ¿qué podrá hacer el hombre (pos)moderno para exorcizar el peligro del despotismo anejo al poder? Nada mejor que recurrir a la rama filosófica secularmente opuesta al racionalismo: el empirismo (y demás ramas filiales: positivismo, neopositivismo, nominalismo, cientifismo, fisicalismo…)

El mundo de las verdades absolutistas engendradas por la razón, el mundo inmanente e inmutable, no casaba bien con el proyecto ilustrado de liberación popular.

La ilustración sentó las bases ideológicas para el cambio. Poco a poco cundió el recelo respecto del poder, casi siempre tiránico. Un recelo que en muchos –incluidos individuos cultos e inteligentes- alcanzó y alcanza tintes casi paranoicos. La liberación revolucionaria del pueblo propició la creación de ideales democráticos irrenunciables. El espíritu del positivismo, hostil por definición con la (absolutista) razón, habría de ser el instrumento ideológico de que se sirvieron las sociedades modernas para alcanzar los ideales de la ilustración: “igualdad, libertad, fraternidad”. La razón fue cayendo en desgracia, cogió mala fama. Se la asoció con la tiranía.

Los ideales de la Ilustración me parecen intachables. Lo que ocurre es que hay maneras y maneras de entender qué es libertad, igualdad y fraternidad. En manos de los reformadores (pseudo)progresistas, el trípode ilustrado se convierte en una pesadilla de contradicciones y despropósitos.

La filosofía empirista desplegó sus encantos y transmitió la refrescante idea de que nada era inmutable o incuestionable. Que no había un mundo predestinado cuajado de esencias y universales. Hume, de hecho, fue un escéptico. Nos dijo que desde un punto de vista lógico-matemático nunca podríamos estar seguros de que el fuego nos quemaría siempre la mano. El suceso B (quemarse la mano) no tenía por qué seguir necesariamente a A (meter la mano en el fuego). Para él era una superstición del pensamiento. Un mero hábito del pensamiento. Vemos que A precede a B y creemos que A es la causa de B. Pero no –nos dijo-: No podemos estar lógicamente seguros de que esto siempre será así. Sólo la experiencia nos podrá decir si el concreto suceso A precederá al concreto suceso B. Nada podemos generalizar. Sólo sabemos lo que hasta la fecha hemos visto. Es decir, Hume y el resto de empiristas, negaron la causalidad y, con ello, la predicción científica y las leyes del universo. Las relaciones observadas (A y B) podían mudar, pues, según ellos, no había impedimentos lógicos para ello. Las relaciones entre las cosas ya no eran causales sino casuales. Ya no había razón para pensar que el mundo estuviese regido por inmutables leyes físicas. Entendió Hume que creer en la inmutabilidad de los sucesos (creer en leyes universales) y las leyes causales era un simple acto de superstición. Irónicamente (incansable es la ironía), el radical empirismo humeano acaba negando la posibilidad del conocimiento cierto, del conocimiento científico. Arrinconada la universalista razón, el empirismo, incapaz por su propia lógica de establecer generalizaciones legales, terminó enfrentado a un escepticismo epistémico cuya devastadora enjundia alcanza hasta nuestros días.

La psicología empirista (el conductismo) tomó buena nota de las enseñanzas humeanas. Inició su particular lucha contra la noción de esencia, contra la noción de permanencia e inmutabilidad. Los psicólogos previos, los pre-científicos, los de “sillón”, explicaban la conducta humana, cualquier mínimo acto, recurriendo al instinto. Detrás de cada conducta había un instinto o una propensión biológica. Los instintos son elementos biológicos heredables y permanentes, inherentes a la naturaleza humana o animal. Los psicólogos científicos (o más bien cientifistas) negaron su existencia (si bien incurriendo en gruesas contradicciones). Ellos le dieron la vuelta al calcetín. Proclamaron que todas las conductas eran aprendidas, que el hombre no tenía naturaleza. O, como dijo el existencialista Sartre, que la existencia precede a la esencia.

Amigo lector: no sé cómo subrayar la importancia de lo acaba usted de leer. Repare en ello, por favor: para la psicología científica (muchas veces meramente cientifista) la conducta humana podía explicarse sin recurrir a ningún elemento biológico permanente. Todo era aprendido. La psicología del aprendizaje descubrió y estudió minuciosamente los mecanismos y condiciones que permitían a cualquier ser vivo aprender (cierto tipo de cosas) de su ambiente. (No puedo explicar aquí los condicionamientos clásico e instrumental).

¿Por qué digo que este punto tiene una especial importancia? Pues porque nos permite comprender, en gran medida, la creación y desarrollo de ese engendro igualitarista denominado corrección política. Vamos a verlo.

POSITIVISMO Y CORRECCIÓN POLÍTICA.

El espíritu positivo propuso un mundo natural y biológico proteico, desprovisto de esencias eternas y propensiones naturales. La facción progresista de las sociedades democráticas encontró en el positivismo y el conductismo el refrendo científico para defender su particular concepción de los ideales de la ilustración: Libertad, Igualdad y Fraternidad. ¿Cómo, de qué manera? Muy sencillo: si la conducta humana es siempre el resultado de algún tipo de condicionamiento o aprendizaje, tenemos la varita mágica más poderosa que jamás podría soñar cualquier Reformador Social. De hecho, el invento más característico de la posmodernidad es el constructivismo. El orden establecido podía ser “deconstruido”. Deconstruido y construido a placer, según los ideales, deseos o prejuicios del reformador social de turno.

La teorías feministas del género responden a esta lógica de “deconstrucción/construcción”. Puede explicarse así: Las personas no nos comportamos según nuestro sexo biológico, sino según nuestro género, el cual no es otra cosa que una suerte de arbitrarias construcciones ideológicas consagradas por la costumbre y las presiones manipuladoras de quienes detentan el poder.

En consecuencia, hombres y mujeres, nos asegura este aborrecible feminismo, pueden condicionarse para que se comporten exactamente igual. O pueden, igualmente, reeducarse.

¿Podría imaginar cualquier reformador psico-social arma más potente que la que le brinda una psicología que predica que la mente humana es una tabla rasa? La oportunidad la han aprovechado hasta la saciedad. Piense el lector en la tremenda transcendencia política de las tesis de la corrección política y cómo, en concreto, ha afectado a la escuela.

La tabla rasa hace posible cumplir el principio “liberador” de que el mundo es proteico, cambiante, susceptible de convertirse en aquello que el reformador desee por medio de la educación en valores y la propaganda oficial.

CONSTRUCTIVISMO.

El lector quizá eche en falta una crítica del paradigma educativo vigente: el constructivismo. El constructivismo procede del idealismo alemán, no del positivismo inglés. No me voy a extender en pormenores para no alargar este escrito, ya demasiado largo. El constructivismo incurre en una suerte de subjetivismo cuyos resultados son indistinguibles de los que produce el relativismo. No son lo mismo exactamente en lo teórico, pero sí a efectos prácticos.

El relativismo viene a decir que la visión que cada sujeto tiene del mundo está determinada (o muy condicionada) por las circunstancias y experiencias particulares del sujeto. Como no hay Razón universal que homogenice pareceres y juicios, cada manera de entender el mundo es igual de respetable que las demás.

El subjetivismo (constructivista) predica otra cosa: el sujeto construye el conocimiento en función de variables internas irreductibles. Aquí el acento recae sobre los factores cognitivos internos al sujeto, no en las circunstancias o el ambiente. No obstante, es lo mismo, pues al negar también la Razón universal, sólo queda una pluralidad de sujetos cognoscentes idiosincrásicos: cada sujeto es un mundo, su propio mundo. La pesadilla para el docente consistirá en tener que averiguar qué manera particular de conocer el mundo tiene cada alumno; indagar en su concreta manera construir el conocimiento. De ahí la insistencia de los pedagogos en la experimentación y la innovación educativas. No todos los alumnos aprenden, dice el constructivismo, con el mismo método didáctico, sino que cada cual lo hace a su manera. Consecuentemente, hay experimentar mucho para individualizar el acto pedagógico y un ofrecer un servicio educativo personalizado, a la carta.

Repárese en la veta anti-objetivista del relativismo y del subjetivismo. Ambos niegan que sea posible una Razón universal que homogenice el entendimiento humano. La función de la escuela, por tanto, no será ya dotar a los alumnos de los instrumentos cognitivos y contenidos que hagan posible el entendimiento entre los seres humanos. Si dos personas tienen conocimientos matemáticos parecidos, podrán entenderse entre sí cuando hablen de matemáticas. Si tienen conocimientos literarios similares, el uno podrá captar intelectualmente lo que el otro dice sobre literatura. En cambio, cuanto mayor sea la disparidad formativa, mayor será dificultad para el entendimiento. Por eso un hombre culto difícilmente podrá entenderse con uno iletrado más allá de lo muy básico.

La formación académica consigue que un profesor de matemáticas de Pekín pueda entender la teoría matemática de un profesor de matemáticas de Berlín. La escuela formativa se apoya en la racional convicción de que el saber objetivo uniformiza el parecer de los seres humanos y hace posible la civilización, los grandes proyectos mancomunados y la convivencia pacífica. Pero una sociedad y una escuela que niegan la posibilidad del conocimiento objetivo, están condenadas al conflicto social continuo, la disparidad irreductible de pareceres y la anomia.

Repudiado el conocimiento objetivo (los contenidos), ¿qué queda? Quedan los sujetos y sus relaciones. La supuesta imposibilidad de aspirar a lo común y universal desviará la atención del docente hacia los sujetos y las relaciones que mantienen entre ellos. Como ninguna opinión será más valiosa que cualesquiera otras, la tarea del docente será adoctrinar a los alumnos para que aprendan a tolerar la diferencia, la opinión opuesta del otro, simple y llanamente.

EPÍTOME.

1

La posmodernidad es el resultado postrero de un largo proceso de degradación intelectual de las sociedades occidentales.

En el ámbito epistemológico, el hombre posmoderno niega el conocimiento objetivo. La razón sólo alumbra dogmas o monstruos metafísicos. La experimentación positivista sólo puede dar cuenta de lo particular, negándose, por principio, la posibilidad de aprehender lo universal. Queda, por tanto, el escepticismo radical (o el nihilismo) que ya predicó Hume.

En el ámbito político, el saber y la autoridad asociada a él quedan bajo sospecha: el saber es sólo un instrumento del poder para manejar y manipular a las masas. El saber, además, impone una jerarquía social indeseable.

Así pues:

  1. No es posible alcanzar conocimiento objetivo e indubitable sobre nada.
  2. Los supuestos conocimientos de las diferentes autoridades intelectuales no son más que instrumentos de dominación del Poder.

2

Las sociedades democráticas quieren regirse por los principios e ideales de la Ilustración: Libertad, Igualdad y Fraternidad. La fórmula para alcanzar ese deseo es, para el posmoderno, anatemizar el saber y la autoridad aneja a él. Los dogmas del ocaso presiden el pensamiento contemporáneo: 1. El mundo es proteico. 2. Todo el plural. 3. Todo es relativo. Con ellos se pretenderá satisfacer el ideal ilustrado.

3

Despojado el pensamiento de cualquier atisbo de racionalidad, conculcado el sagrado principio de no contradicción a manos del relativismo, los ideales ilustrados quedan reducidos a una suerte de caricatura:

-Por Libertad el posmoderno entiende libertinaje. En la escuela penetra bajo la corriente pedagógica del laissez faire, el paidocentrismo, el roussionismo, el sentimentalismo, el hedonismo y la permisividad. En esas corrientes se apela a la motivación y se recusa la voluntad, pues apelar a ésta es un atentado contra la misérrima y animalesca idea de libertad vigente.

-La Igualdad se traduce en Igualitarismo, por el cual todas las opiniones, culturas y formas de vida son igualmente respetables. En la escuela se traduce no en igualar las oportunidades del alumnado, sino en igualar los resultados a base de falsificaciones y medidas lenitivas.

-La Fraternidad posmoderna no es otra cosa que el ensalzamiento de la tolerancia frente a lo diferente u opuesto. Ese es el máximo ideal democrático a que se puede aspirar cuando la razón universal queda amordazada y no es posible el entendimiento.

4

Comte no llevaba razón. El estadio más elevado del espíritu humano no es el científico en su vertiente positivista. Ni mucho menos. Ya vemos cómo, en dicha vertiente, la ciencia se suicida con el ácido del escepticismo y el relativismo. La mirada filosófica es necesaria para poder comprender el mundo y al hombre en su discurrir cogitativo. Una escuela que prescinde de la historia y de la historia del pensamiento es la más imbécil de las escuelas posibles. Es la anti-escuela. Niños y chavales que desconocen por completo las encrucijadas del pensamiento, están condenados a reproducir errores ya superados, y quedan inermes ante las mismas fuerzas instintivas que bullen en su interior.

Urge restituir el buen nombre de la Razón y comprender que no ha sido ella el instrumento de que se ha servido la tiranía histórica, sino la sinrazón, el mal uso del pensamiento.

Alguien debería aprender lo siguiente: nuestra civilización y lo más elevado de ella nacieron con la filosofía, y fenecerá sin remedio con la muerte de ésta. Ambas irán de la mano. Pesimistas u optimistas, nuestro deber es luchar contra los dogmas del ocaso. Nos va en ello la civilización.

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55 comentarios en “Los dogmas del ocaso”

  1. 10 septiembre 2010 a 7:05 #

    Enhorabuena, Antonio. Un texto formidable.

  2. 10 septiembre 2010 a 8:25 #

    Bravo, Bravo.

  3. 10 septiembre 2010 a 10:38 #

    ¡Antonio, se me caían las lágrimas leyendo este texto, sólido, fundado y emocionante! Este doctor en Filosofía no puede menos que darte las gracias y un cálido y fuerte abrazo. Espero que nos veamos pronto y charlemos todo lo charlable.

  4. Mariano
    10 septiembre 2010 a 11:09 #

    Muchas gracias por haber cumplido la promesa que hiciste en su día con un texto tan esclarecedor y sólido que aporta mucho a la reflexión sobre los fundamentos del análisis educativo.

  5. Francisco Javier
    10 septiembre 2010 a 12:33 #

    A mí lo que más me molesta de la ideología posmoderna es su inconsecuencia. Hay mucho resentimiento de fondo. Por otra parte, al abominar de la razón, fundan las bases que legitiman ontológicamente el mal en sus infinitas formas. ¿Por qué reprocharle a nadie seriamente que opte por la violencia, la xenofobia o la sodomización de tiernos infantes? Nietzsche al menos no se andaba con mariconadas y lo decía bien clarito: el único fundamento es la violencia.

    Renunciar a la razón -esa cosa tan rara y misteriosa- es renunciar a nuestro destino, entrar de lleno en el mundo de la barbarie. No son palabras: lo experimentamos cada día, lo sufrimos, lo respiramos por todos los poros de nuestra piel.

    ¡Y gracias por ayudarnos a comprender!

    Un saludo.

  6. Descla.
    10 septiembre 2010 a 12:56 #

    Todo esto que dices es muy relativo, Raus. Jajajajajaja.

    Bueno, en serio: no sé ni por dónde empezar a comentar, has dejado pocos flecos por donde aportar algo. Me han venido a la memoria frases sueltas: “Cobardía intelectual” (la de los “intelectuales actuales”), “Libertad es la libertad de decir que 2 y 2 son 4” (joder con Orwell, la de ideas que les dio).
    Todo este relativismo que mentas es el arma perfecta para cepillarse una civilización: sin proyecto vital, un proyecto es autoritario y margina a quien no quiere seguirlo, es malo; sin referencias: son autoritarias; sin reglas por ídem.
    Sin futuro.

    Saludos.

  7. Maximiliano Bernabé Guerrero
    10 septiembre 2010 a 14:43 #

    Brillante exposición. Nos deja un regusto pesimista. ¿Cómo vamos a enfrentarnos a la hidra postmodernidad en tanto que destrucción inexorable de nuestra cultura? ¿Podemos hacer algo nosotros desde este rinconcito? Algo podemos. Toda esta disolución relativista es común a toda nuestra cultura occidental, sobre esto no hay ilusiones, sin embargo en los países de moral protestante, aún adoptando su credo y formas, este engendro ha quedado en un cierto nivel superficial. En lo interno, sus estructuras, jerarquías de valores y procederes continúan siendo razonablemente sensatos. En España, entre otros, pero particularmente nosotros, hemos abrazado la postmodernidad hasta el tuétano. Será por nuestros condicionantes históricos de los dos últimos siglos, porque nuestro Carlos V no hizo como Enrique VIII, porque el sol pega duro o por la dieta mediterránea, pero aquí esto ha calado en el fondo, en la forma y ha impregnado nuestras ideas de una manera grotesca. Hay múltiples ejemplos en nuestra vida diaria:
    – Cuando alguien saca una nota excelente en un examen tiene que reconocer que “sólo me había dado un repasillo”. Si dice que trabajó duro será tildado de rarito.
    – Cualquier entrevistado siempre dice cosas como “la verdad es que soy un completo desastre…” ¿Conocemos a alguien que se atreva a reconocer que es ordenado y metódico?
    – Nuestros políticos hacen gala de improvisación, y es una medalla que se cuelgan el que una persona, me viene a la cabeza, Carmen Chacón, pero sólo es un ejemplo esté sucesivamente en una comisión parlamentaria de cultura, en la vicepresidencia del Congreso, Ministerio de Vivienda, Ministerio de Defensa. Ahí es nada. Quizá deberíamos empezar por quitarles a ellos de la poltrona para defender aunque fuera un islote de nuestra civilización.

    • Francisco Javier
      10 septiembre 2010 a 15:26 #

      No entiendo muy bien a qué te refieres – o más bien disiento totalmente, cuando dices que en los países protestantes la posmodernidad sólo ha penetrado a un nivel más superficial. Me temo que no y que más bien sucede todo lo contrario. La posmodernidad como expresión del nihilismo contemporáneo, es decir: como fenómeno histórico que determina la existencia humana, encuentra su ejemplo más perfecto en los EEUU (sociedad desarraigada, fanática en su desarraigo, superficial, vacía llena de vacío (Eliott), viciosa y a-poética). Supongo que quieres decir que los yankis se toman en serio la ciencia -lo cual es cierto- y que gracias a ello dominan el planeta. En cualquier caso, como ya sebes, entre esa gente seria de los departamentos de las Universidades yankis, también se encuentran los gurús más eminentes (por ejemplo, de la psicología y la pedagogía) y de ellos provienen la inmensa mayoría de chorradas que aquí nos encargamos machaconamente de destruir (o de deconstruir o de mandar a tomar vientos.) La cientificidad por sí sola no es garantía de nada y es muy peligrosa. Y además, la artillería posmoderna lleva desde hace unos cuantos años haciendo las Américas y con gran fortuna: no veas la cantidad de libros que se publican en Yankilandia sobre los Foucault, Deleuze, Lyotard y otras vedettes de París-Francia.

      En España lo que pasa es simplemente que se piensa poco, mal, y tarde. Se da así una mezcla explosiva de ideas -todas importadas de los EEUU- con nuestra peculiar ineficacia católica (nuestra herencia hidalga). Y todo ello unido al cachondeo, la falta de seriedad, la furia del ruido (nuestra enfermiza incapacidad de escuchar) y nuestra peculiar idiosincrasia lúdico-festiva (que tanto envidian y admiran los posmodernos protestantes, esos borrachuzos impresentables que vienen a dar el coñazo en las vacances.)

      De todos modos, y disculpa si es así, tal vez no te entienda bien, o lleves razón -que todo es muy relativo en esta vida.

      Un saludo.

    • Francisco Javier
      21 septiembre 2010 a 19:41 #

      Estimado Maximiliano,

      viendo el rumbo que está tomando este país, creo que no te falta razón en el fondo. Al margen de posmoderneces, lo que sí es verdad es que aquí la estupidez cala más hondo que en el resto de Europa. Volvemos a ser una vez más lo que desde hace siglos hemos sido: un bufón que va a la cola dando volteretas al son de la música del momento. Percibo síntomas alarmantes de regresión.

  8. 10 septiembre 2010 a 16:41 #

    Estimado Antonio, esperaba ansioso esta reflexión. La suscribo de principio a fin. Magistral análisis. Saludos.

  9. Mari
    10 septiembre 2010 a 17:52 #

    Siento romper la unanimidad, pero discrepo en algunas cosillas con Antonio Gallego Raus. No obstante, agradezco su esfuerzo.

    Hay conocimientos que permanecen y eso todo el mundo lo sabe. Ejemplo: una montaña (que cambia, pero tan lentamente que… para los que estamos ahora, aquí, no cambia).

    Muchos de los contenidos de geografía se aprenden viviéndolos, utilizando mapas con frecuencia, haciendo mapas, leyéndolos y releyéndolos, visitando lugares y si podemos divisar montañas y ríos desde un avión mejor… Si sólo memorizo las provincias españolas y dejo de utilizar estos conocimientos por un tiempo largo, acabaré olvidándolos (a no ser que tenga un memorión). Así lo considero.

    Todo es plural y diverso, cierto, usted no es igual que yo, ni piensa como yo, ni dos hermanos son iguales físicamente, ni piensan en numerosas ocasiones de la misma manera.

    Si el maestro o profesor tiene en cuenta las características peculiares de cada alumno, puede ayudarle a adquirir con mayor facilidad técnicas lecto – escritoras… cálculo, geometría…, a informarse, aprender, reflexionar, opinar, posicionarse, etc. (sobre hechos históricos, literatura, filosofía… actualidad) y a formarse (anteriores conocimientos y técnicas más formación ética – justicia, dignidad, bondad… y democrática: la pactada por todos los miembros de una comunidad que tiene como marco de referencia los derechos humanos. Aunque tras recibir una idéntica educación (técnicas, información y formación) y habernos esforzado más o menos lo mismo, seguiremos siendo diferentes (a dios gracia).

    Debemos aspirar al entendimiento universal (esto es lo que muchos no parecen querer) y ser tolerante con los tolerantes y lo tolerante, pero no con los intolerantes y lo intolerante (según derechos humanos, leyes democráticas… y ética…).

    Diversidad y tolerancia, así pensadas no tienen porque ser dudadas, si todos hubiéramos seguido apoyando que la tierra era plana en nombre de la “razón”… Lo demostrable lo es porque puedo demostrarlo – mi balón es redondo.

    Y claro que cada centro debe adaptar a cada ciclo, nivel, grupo y alumno las enseñanzas, no todos tenemos exactamente igual las mismas células, ni poseemos los mismos conocimientos cuando llegamos al colegio… ni escuchamos o vemos… igual. El constructivismo habla de construir conocimientos, no puedo aprender a hacer raíces cuadradas si antes no sé sumar, multiplicar… construir poco a poco, un conocimiento se asienta en el anterior y éste será poso para el siguiente, no son buenas las lagunas, no vale aprender algo de memoria si antes no lo has asentado en lo anterior y comprendido; la capacidad adquirida en gran medida, para mí, no es la misma en todos los niños que llegan al colegio (ya a los tres años, detrás de cada pequeño, hay un montón de experiencias… diferentes).

    Los actos son buenos o malos según la ética (o no ética) de cada uno y según las leyes, sí, aún hoy es así, sino ya hubiera desaparecido la lapidación entre otras muchas cosas. Creo que en nuestro interior – cuando estamos más o menos educados – intuimos, al menos, lo que es bueno realmente y lo que es malo, sin ley que lo avale, y esto es así, porque conseguimos ponernos en el lugar del otro, lo que no me gusta que me hagan a mí, no debería hacérselo a los demás (quizás ésta sea objetividad de la que habla usted). A todos nos duele cuando nos dan palos, aunque un día me dijo un médico que no todos percibíamos el dolor de la misma forma y con la misma intensidad.

    Por otra parte, sí, sería necesario que consensuemos el contenido ético – donde prevalezca la justicia, la dignidad… y la bondad – a nivel mundial; la declaración universal de derechos humanos dio el primer paso, se firmó… se interpretó, desde mi punto de vista, no todos con igual criterio; tal vez habría que interpretarlos más detalladamente.

    Saludos

    • Francisco Javier
      10 septiembre 2010 a 22:07 #

      Lo de que el constructivismo se limita a afirmar del modo más trivial que no se puede construir la casa por el tejado, me temo que no. Que no podemos aprender cálculo diferencial sin unos conocimientos previos de análisis, de cálculo, etc., es una chorrada de tal calibre, que para eso no nos hacían falta los constructivistas (eso ya está en Platón y seguramente mucho antes): es de puro sentido común y hasta el maestro más humilde del pueblo más lejano lo sabe de sobra -por sí mismo- sin ninguna necesidad de haber leído a Piaget u otros sabios. No es eso, sino que el constructivismo plantea algo mucho más problematico y tendencioso, que es lo que explica el artículo de Raus.

      “El relativismo viene a decir que la visión que cada sujeto tiene del mundo está determinada (o muy condicionada) por las circunstancias y experiencias particulares del sujeto. Como no hay Razón universal que homogenice pareceres y juicios, cada manera de entender el mundo es igual de respetable que las demás…..”

      Dices:” Debemos aspirar al entendimiento universal (esto es lo que muchos no parecen querer) y ser tolerante con los tolerantes y lo tolerante, pero no con los intolerantes y lo intolerante (según derechos humanos, leyes democráticas… y ética…).” Muy bien, ¿pero en qué basas esta proposición?

      En fin, tal vez todo esto nos lleva demasiado lejos.

      Un saludo.

      • 11 septiembre 2010 a 16:31 #

        Hay conocimientos que permanecen y eso todo el mundo lo sabe. Ejemplo: una montaña (que cambia, pero tan lentamente que… para los que estamos ahora, aquí, no cambia).
        R: El conocimiento de, por ejemplo, la altura de una montaña, es un conocimiento de hecho que no es tan permanente como el conocimiento de un fenómeno gravitatorio sometido a una ley ni el conocimiento de un teorema matemático derivado de los axiomas correspondientes. Lo primero que hay que conseguir es que el alumno distinga los diversos grados de objetividad.

        Muchos de los contenidos de geografía se aprenden viviéndolos, utilizando mapas con frecuencia, haciendo mapas, leyéndolos y releyéndolos, visitando lugares y si podemos divisar montañas y ríos desde un avión mejor… Si sólo memorizo las provincias españolas y dejo de utilizar estos conocimientos por un tiempo largo, acabaré olvidándolos (a no ser que tenga un memorión). Así lo considero.
        R: La mayor parte de los contenidos de geografía se aprenden estudiando las investigaciones de otros que hicieron el trabajo de observación (se llama así en ciencia; no se trata de “vivirlo”, porque el trabajo experimental de observación está sujeto a criterios de rigor científico). En pocos casos, el estudiante amplía el bagaje recibido; en los ámbitos de la enseñanza Secundaria nada, porque tales alumnos ya tienen suficiente con saber lo ya sabido, y ni siquiera suelen llegar a eso.
        Todo es plural y diverso, cierto, usted no es igual que yo, ni piensa como yo, ni dos hermanos son iguales físicamente, ni piensan en numerosas ocasiones de la misma manera. R: Falso. No todo es plural y diverso. Lo idéntico no es plural y diverso. 2 + 2 y 3 + 1 es lo mismo. Tan fundamental en la construcción de nuestra Lógica es el principio de identidad como el principio de diferencia. No existe uno sin el otro. Si hablamos de Ciencias, no tiene sentido referirse a “usted” o “yo”, ni a “mis pensamientos” y los “suyos”. No son objetos científicos. Son meras cosas opinables. Con sus pensamientos y con los míos, con mis hermanos y los suyos, no hacemos disciplinas académicas. Hacemos charlas de café.

        Si el maestro o profesor tiene en cuenta las características peculiares de cada alumno, puede ayudarle a adquirir con mayor facilidad técnicas lecto – escritoras… cálculo, geometría…, a informarse, aprender, reflexionar, opinar, posicionarse, etc. (sobre hechos históricos, literatura, filosofía… actualidad) y a formarse (anteriores conocimientos y técnicas más formación ética – justicia, dignidad, bondad… y democrática: la pactada por todos los miembros de una comunidad que tiene como marco de referencia los derechos humanos. Aunque tras recibir una idéntica educación (técnicas, información y formación) y habernos esforzado más o menos lo mismo, seguiremos siendo diferentes (a dios gracia).
        R.: Los profesores, por pura inercia de su oficio, en la didáctica, siempre han tenido, desde el Paleolítico Superior, en cuenta las características concretas de sus alumnos. Pero éstas, imposibles de evitar, son un cosa, y otra que tal diferenciación, tal percepción, afecté a la objetividad de los contenidos transmitidos. Tiende vd. a confundir el “quién” aprende con el “qué” aprende. Dos buenos Ingenieros de Caminos hacen los dos carreteras de manera totalmente loable y a uno le gusta el heavy y al otro José Luis Perales. ¿Y? ¿Qué tiene esto que ver con la objetividad de sus conocimientos, con los exámenes en su Carrera, con el cálculo de estructuras? La referencia a los “derechos humanos” como norma objetiva no es más que mero etnocentrismo, puro colonialismo ilustrado, ni siquiera aplicable a los miembros de una sociedad occidental. Es curioso que reste vd. necesidad a los conocimientos de la Geografía y se lo otorge a algo tan notablemente relativo, discutible y contingente como los “derechos humanos”. Ya sólo eso de lo “humano” no hay quien se lo trague.

        Debemos aspirar al entendimiento universal (esto es lo que muchos no parecen querer) y ser tolerante con los tolerantes y lo tolerante, pero no con los intolerantes y lo intolerante (según derechos humanos, leyes democráticas… y ética…).
        R: “Debemos aspirar al entendimiento universal”. ¿Quiénes? ¿Por qué? ¿Qué es el “entendimiento universal”? ¿El “mercado capitalista universal”? ¿La “comunión universal y apostólica en Cristo”? ¿Qué es “entenderse”? La “tolerancia” es un viejo principio derivado de la caridad cristiana que no hay por dónde cogerlo. ¡Si Nietzsche levantara la cabeza!

        Diversidad y tolerancia, así pensadas no tienen porque ser dudadas, si todos hubiéramos seguido apoyando que la tierra era plana en nombre de la “razón”… Lo demostrable lo es porque puedo demostrarlo – mi balón es redondo.
        R: Perdone, pero no la entiendo.

        Y claro que cada centro debe adaptar a cada ciclo, nivel, grupo y alumno las enseñanzas, no todos tenemos exactamente igual las mismas células, ni poseemos los mismos conocimientos cuando llegamos al colegio… ni escuchamos o vemos… igual. El constructivismo habla de construir conocimientos, no puedo aprender a hacer raíces cuadradas si antes no sé sumar, multiplicar… construir poco a poco, un conocimiento se asienta en el anterior y éste será poso para el siguiente, no son buenas las lagunas, no vale aprender algo de memoria si antes no lo has asentado en lo anterior y comprendido; la capacidad adquirida en gran medida, para mí, no es la misma en todos los niños que llegan al colegio (ya a los tres años, detrás de cada pequeño, hay un montón de experiencias… diferentes)
        R: El “constructivismo” no es estro. Lo que vd. describe es aprender como toda la vida. El “constructivismo” lo que viene a decir es que el alumno es el que se maquina su propio conocimiento, con la simple dirección del profesor, que actúa sólo como “educador”. Es algo tan cutre como “hagáselo vd. mismo desde donde le pete y llegue a donde pueda, o quiera”, desde sus “conocimientos previos” que, por supuesto, en ausencia de un profesor, sólo pueden ser adquiridos por obra y gracia del Espíritu Santo. Una memez, oiga, una memez.

        Los actos son buenos o malos según la ética (o no ética) de cada uno y según las leyes, sí, aún hoy es así, sino ya hubiera desaparecido la lapidación entre otras muchas cosas. Creo que en nuestro interior – cuando estamos más o menos educados – intuimos, al menos, lo que es bueno realmente y lo que es malo, sin ley que lo avale, y esto es así, porque conseguimos ponernos en el lugar del otro, lo que no me gusta que me hagan a mí, no debería hacérselo a los demás (quizás ésta sea objetividad de la que habla usted). A todos nos duele cuando nos dan palos, aunque un día me dijo un médico que no todos percibíamos el dolor de la misma forma y con la misma intensidad.
        R: Mezcla vd. la objetividad de la ley con la subjetividad de las costumbres y las emociones. No se puede hacer así sin más, porque lo que hay en el fondo de la cuestión es un debate filosófico complejo que llevamos arrastrando desde Sócrates hasta los más rabiosos actuales, y que no se puede solventar en cuatro líneas.

        Por otra parte, sí, sería necesario que consensuemos el contenido ético – donde prevalezca la justicia, la dignidad… y la bondad – a nivel mundial; la declaración universal de derechos humanos dio el primer paso, se firmó… se interpretó, desde mi punto de vista, no todos con igual criterio; tal vez habría que interpretarlos más detalladamente.
        R: Las relaciones internacionales son relaciones de Poder y no de consenso. Hemos olvidado los fundamentos más elementales de la Política y así nos va. Claro que, con el ejemplo que recibimos de los “políticos” que tenemos es normal que nuestra “memoria histórica y política” no vaya más allá del abuelo muerto en la cuneta.

        Saludos
        R: Saludos, también.

  10. Maximiliano Bernabé Guerrero
    10 septiembre 2010 a 17:59 #

    Estimado Francisco Javier: En realidad no estaba pensando en los países anglosajones sino, más bien, en los escandinavos y hasta en Alemania. Quería decir que cuando aquí mimetizamos cosas de Finlandia, predicadas por los pedagogos de cámara, la gente del común no pensamos que esas teorías tan bonitas allí las aplica gente para la que el trabajo silencioso y riguroso es casi un dogma, y aquí unos pseudointelectuales superficiales y, si nos ponemos, unos botelloneros recalcitrantes.
    Los países anglosajones, por su peculiar estructura social y estatal son otra cosa, en realidad sociedades bastante medievales, donde se codean sin mezclarse masas amorfas y reductos cultos y elitistas. No obstante si me dan a elegir entre mis noches veraniegas toledanas oyendo escapes de “amotos” y gritos de batracios alcoholizados y la paz de un “suburb” de una ciudad de Wisconsin, creo que me quedo con lo de Wisconsin.

    • Francisco Javier
      10 septiembre 2010 a 22:29 #

      Yo no sé si el modelo alemán es una solución. Un amigo mío, profesor en Frankfurt, me dijo que en un Land (creo que Baviera, pero no me hagas mucho caso), se había abierto una encuesta popular para contemplar la posibilidad de retrasar la edad en la que los alumnos son direccionados (tras un informe psicopedagógico y el consejo orientador) a una de las tres vías: el Gymnasium (los más listos), la Grundschule (menos listos) y la Realschule (menos listos aún que los anteriores) y aproximarse así algo más a los modelos “más humanos” de países como España. El resultado fue que “naranjas de la China”, que nada de experimentos y que así se estaba muy bien. Mi amigo de Alemania sostiene que da igual una cosa que otra, pues al final lo que determina es el modelo de Sociedad. Tal vez sea más operativo el modelo de alemán, no exento de tensiones (más cuanto más descendemos hacia los menos listos…)

      Insisto de todos modos que la cuestión del nihilismo y la posmodernidad es infinitamente más profunda y que sustancialmente no hay grandes diferencias entre unos países y otros (y más desde que el mundo es cada vez más global y todo eso.) Y sí es verdad que el clima de embrutecimiento hispano es bastante insoportable y en especial los ruidos (a mí me hacen entrar en un estado de nervios cercano a la depresión, lo llevo muy mal.)

      Este debate es realmente complejo (¡es que los filósofos son unos tocanarices!)

      Un saludo y espero que se apaciguen las “noches toledanas.”

      • 11 septiembre 2010 a 10:04 #

        Es cierto lo del debate en Alemania, vengo ahora de allí, pero, atención: lo que se discute es retrasar la decisión dos años, esto es, desde los 10 (diez) que se efectúa ahora, hasta los 12 (doce). Cualquier parecido con la más “humana” España es pura coincidencia. Alemania precisa de una formación profesional sólida para abastecer su industria. Y no puede empezar a enseñar un oficio cuando el muchacho tiene 16 años, ha suspendido todo, ha promocionado por mierdo PIL, y ya no es más que un desahuciado neuronal.

      • serenuszeitb
        11 septiembre 2010 a 11:19 #

        Una pequeña rectificiacon Francisco José, la distinción alemana es entre : Gymnasium, más teórico, algo así como el bachiller, Hauptschule -lde a secundaria más básica encaminada a lo profesional, Realschule -una especie vía media..

        La Grundschule , es la escuela básica común a todos hasta los 10-11 años..

        En esta dirección hay una descripción introductoria básica del modelo alemán, se le puede echar una ojeada:

        http://www.dw-world.de/dw/article/0,,2239631,00.html

      • serenuszeitb
        11 septiembre 2010 a 11:23 #

        Bueno, se trataba de una pequeña “rectificación” 🙂

      • Francisco Javier
        12 septiembre 2010 a 19:59 #

        Muchas Gracias, estimado Serenuszeitb. Tu apreciación es muy correcta y viene muy bien para que sepamos de que estamos hablando. Pido disculpas por mi error.

      • Francisco Javier
        12 septiembre 2010 a 20:01 #

        errata “de qué estamos hablando.” Y soy Francisco Javier (no José). No tiene ninguna importancia.

        Otro saludo.

  11. 10 septiembre 2010 a 22:21 #

    Quiero dejar un comentario de carácter lógico/hermenéutico.

    En la afirmación “todo es relativo” subyace la mayor tiranía del pensamiento.

    Porque si “todo es relativo”, entonces la misma expresión es también relativa y en conclusión su veracidad es de una gran debilidad. Por lo que es imposible sustentar con garantías ninguna construcción teórica a partir de ese principio

    Pero, ¿por qué aún así se pone como principio y aguanta? Pues porque “todo es relativo”, menos esa afirmación, que es de carácter absoluto.

    Pero entonces su posición de fundamentación se contradice en sí misma, pues para poder ser principio niega su mismo ser: “todo es relativo” menos la idea de que “todo es relativo”.

    Luego por ambos lados lados de la argumentación no se puede poner como principio.

    Este modo de argumentar es semejante al que emplea Aristóteles cuando dice: “los que niegan el movimiento negándolo lo afirman, pues pensar es moverse de premisas a conclusiones”.

    Luego los que dicen que “todo es relativo” no pueden argumentar sin poner un principio absoluto. Por lo que es falso que “todo es relativo”.

    Creo que es claro.
    Un saludo a todos y gracias por este blog, Sandolval y demás autores.

  12. 10 septiembre 2010 a 23:02 #

    Antes de nada agradecerte la referencia al feminismo. Me lo habías prometido y cumpliste. Por lo demás, me gustaría destacar algo que no tocas suficientemente en tu escrito, y es, que estos enfoques otra cosa que niegan es la necesidad del debate: si no existe la verdad, sino multitud de verdades igualmente válidas, el debate ideológico carece de función y fundamento. Cuestión que si ya es perniciosa en sí misma, mucho más lo llega a ser cuando termina suponiendo ausencia de crítica a los poderes públicos.

    Y eso es lo que observo está ocurriendo en nuestro país. Estamos en cuatro millones y medio de parados y el presidente del Gobierno se pasea por los medios como si el cargado de razones fuese él. Sufrimos uno de los peores sistemas educativos y si no es en ámbitos como este foro y algunas bitácoras individuales de personas muy preocupadas por el tema, no habría nadie que dijera nada sobre el mismo fuera de las verdades oficiales. Tenemos una de las legislaciones de género, sino la más, perversa del mundo y el tema parece declarado tabú. Hay plena coincidencia por parte de todos: partidos políticos, medios de comunicación, etcétera en que lo que toca es guardar silencio.

    Y así no se hace sociedad, así no se hace ciudadanía, así estamos dando pasos atrás de siete leguas. Por eso son tan importantes espacios como éste y lo serían mucho más si consiguiéramos romper el cerco al que nos tienen sometidos, porque lo que no se discute se termina pudriendo. Y en nuestro país hay demasiados debates que están vetados en el ámbito de los grandes foros de la opinión pública y que de algún modo se están pudriendo. No me cabe duda, sin embargo, que terminaremos sacándolos de donde ahora los tienen confinados. Nada más y enhorabuena por tu texto.

  13. Raus
    11 septiembre 2010 a 13:53 #

    Gracias, David. Aprovecho para darte públicas gracias por tu inestimable labor en todo esto. La iniciativa de hacer este blog de coautores es genial. Sea cual sea el resultado final, la sociedad te está ya en deuda, así lo creo. Yo también te propondría para ministro de educación.

    Joaquín Ferrer, a usted no tengo el gusto de conocerle. Le doy las gracias por sus palabras y la bienvenida. Su reflexión sobre el relativismo es pertinente. También hay quienes dicen que no existe la evidencia, por aquello de que, lo que uno ve evidente, a otro no se lo parece. Con sólo plantearlo, incurren en contradicción, pues, al menos, será para ellos evidente la proposición “la evidencia no existe”. Las posmodernidad está cuajada de estas contradicciones, cosa lógica desde el momento en que el principio de no contradicción queda conculcado. Y es muy cierto que el relativismo supone una tiranía insufrible. El relativista, en su inconsecuencia radical, como denuncia F. Javier, no puede menos que tomar partido por unos u otros valores. Es que es humanamente imposible la neutralidad ante todo. Si defiende esos valores con razones, ya no es relativista, pues las razones son universales: tratan de convencer al otro, además de que rompen su pretendida neutralidad. Si los defienden apelando al gusto personal, ya no son relativistas, pues, igualmente, rompen la neutralidad del “todo vale” que predican. Y encima obran como déspotas, pues quieren imponer sus gustos.

    Antonio, querido tocayo, veo ese abrazo y lo doblo. Te advierto que yo con una copichuela de más (coincidente en general con la primera) me convierto en un parlanchín inagotable. Máxime si es para hablar con quien tanto me puede enseñar. Espero que nos veamos pronto.

    De nada Mariano, se lo debía. Qué menos: yo aprendo mucho de usted.

    Hola, Francisco Javier. Qué te voy a decir a ti, chaval. Ojala cundiera el ejemplo que encarnas: joven, pero culto e inteligente. Y empollón, pero yo te lo digo laudatoriamente.

    Descla, cachondo, te conozco de tantas batallas blogueras. Hemos hablado mucho de cómo todo se nos va por el sumidero de la estulticia.

    Gracias, Maximiliano. Reconozco que soy pesimista en todo esto. Pero no conformista. Si cifro la esperanza de la civilización en la salud de la filosofía, poca esperanza puede quedarme. Da igual lo que yo note por dentro. No voy a esperar a estar “motivado” para hacer algo. Mi kantiano deber es luchar para cambiar esto. Lo hago con más rabia que ilusión, eso es verdad.
    Muy cierto lo que dices de nuestros inestimables ministros. ¿Te acuerdas de la tronchante Magdalena Álvarez, la de Fomento, cuando dijo aquello de “yo es que tengo la cabeza que tengo” para referirse, claro, a su mala cabeza? Por Dios, si es que ya no hay ni pudor ni rubor ante la pifia.

    La complejidad de Estados Unidos hace que allí podamos encontrar de todo: muy bueno y muy malo. El vendaval del empirismo, la posmodernidad y la corrección política viene de allí, de la izquierda norteamericana. Nosotros, antes que con la vieja, filosófica y vetusta Europa, nos hemos aliado con los muy positivos transatlánticos, pero, como siempre, sólo en lo peor y con nuestra particular vocación de ser más papistas que el Papa. A posmodernos que no nos gane nadie. Recomiendo la lectura del ensayo de Robert Hughes, “La cultura de la queja. Trifulcas norteamericanas”. Nos da una visión cruda del esperpéntico victimismo social y político instalado en aquel caleidoscópico país. Nosotros no podíamos ser menos, vive Dios, en eso de ser esperpentos. También muy interesante “La tentación de la inocencia”, de Pascal Bruckner. Igualmente, denuncia el victimismo, que es general en Occidente.
    Nosotros, los españolitos, tan entregados a nuestra anglofilia de ruido y relumbrón, seguro que nos da por imitar lo más chabacano de aquéllos: el ruido y la procacidad de las masas amorfas, y no el silencio de las universidades que producen buena ciencia.

    Gracias por tus palabras, Juan Pedro. Me honran por venir de quien vienen. Te debía esta reflexión también a ti, por cierto. Y te debo otra acerca de lo que escribiste el otro día del neoliberalismo. Creo que algo se puede decir del neoliberalismo y el positivismo. Porque sería muy raro que los rasgos de éste no se hubieran colado en el mercado en algún sentido. Lo exploraremos. Lo iré meditando.

    Gracias, Emilio. Como dije hace un tiempo, creo que es nuestra obligación plantar cara al feminismo de género (degenerado) que hoy sufrimos. He visto sufrir a mi familia por sus arbitrariedades, pero intentaré no perder la calma y la ecuanimidad.
    Bueno, llevas razón: estos enfoques niegan la necesidad del debate. Muchas cosas se me han quedado en el tintero. Pero date cuenta de que, de nuevo, en esa inconsecuencia del posmoderno que señala F. Javier, sí que hay debate. Mejor dicho, no hay debate propiamente dicho. Lo que hay, en general, es gresca: cada cual vocea sus opiniones y, sordo como una tapia, se aferra a ellas. Las democracias picadas por la viruela se han convertido en gallineros donde cada uno pita por donde se le antoja, acogiéndose a la sacrosanta consigna igualitarista de que “mi opinión vale tanto como la de cualquiera”. ¿Por qué hay que escuchar al otro si ya partimos de la idea de que la opinión propia vale tanto como la del otro? Este igualitarismo no hace otra cosa que promover el conflicto continuo de todos contra todos. Si no podemos aspirar al entendimiento universal, no nos queda otra que apelar a la tolerancia. Estoy de acuerdo en todo lo que dices sobre que en este país tenemos muchas cuestiones vetadas o amordazadas por el tabú. Totalmente cierto. Un saludo.

    Estimada Mari, luego le responderé a usted. Reciba un cordial saludo.

  14. Mari
    11 septiembre 2010 a 23:13 #

    Antonio, se ha tomado usted muchas molestias en responder a mi comentario, se lo agradezco y estoy de acuerdo con usted en esto: Lo primero que hay que conseguir es que el alumno distinga los diversos grados de objetividad y agrego, entre otras muchas cosas.

    Los investigadores deben tener muy en cuenta los contenidos de geografía que muchos otros investigadores demostraron tras un trabajo de observación… Pero los alumnos de secundaria y bachillerato deben sólo aprender los conocimientos generados de esas demostraciones y la mejor forma de hacerlo, desde mi criterio, es como dije. No sólo aprende el alumno en el centro educativo, los aprendizajes en torno a este tema (la geografía) pueden ser adquiridos en multitud de ocasiones. Mire, en cuanto al inglés, usted, sabrá igual que yo que un gran número de maestros y profesores (entre otros) con hijos en estas edades se parten el culo por mandar a sus hijos al Reino Unido (por ejemplo) para que mejoren su inglés. Pero claro el inglés es necesario hoy; usted igual que yo sabe que un chaval que va a estudiar inglés a Inglaterra no sólo mejora su inglés, también sus conocimientos geográficos entre otros muchos.

    Dos más dos son cuatro, sí, dos euros más dos euros son cuatro y dos niños más dos niños son cuatro niños, pero son iguales los euros y los niños; los euros valen lo mismo (le dimos nosotros el valor, nos pusimos de acuerdo en darles un valor), pero cuatro niños nunca son iguales… de aquí podemos deducir muchas cosas, pero no es el momento. Lo idéntico lo inventó el hombre para sintetizar. Aunque puede que para usted un tema tan trascendental sólo se toque en charlas de café (y que conste que para mí son muy importantes las charlas de café a veces, claro que depende… de con quien se tome uno el café).

    Y no crea que confundo a quién aprende con aquello qué aprende. Ni piense que resto valor a la geografía (podría explicarle su importancia para mí, pero no creo que sea el momento tampoco); es cierto que valoro mucho los acuerdos entre los hombres, sobre todo aquellos que nacen del sentimiento, del dolor y del placer, porque, para mí, es lo más noble y, por tanto, objetivo (lo objetivo es, desde mi punto de vista, lo consensuado, lo pactado, porque el dolor, sobre todo, lo sentimos casi todos los humanos por prácticamente las mismas cosas y con casi la misma intensidad – y no me refiero sólo al dolor físico –, nos duele cuando nos llaman lerdo, como intuyo me llama usted a mí de forma velada; intuyo de sus palabras que el hombre es malo por naturaleza, no sé, quizás no es esto lo que quiere decir, pero lo intuyo así y es más estaría en esto de acuerdo con usted; soy atea y considero que los hombres somos tremendos, pero también creo que si algo nos une es el dolor (sobre todo); y es éste el camino hacia la objetividad pactada en lo no demostrable. Y lo siento, pero Nietzsche no levantará la cabeza, y sepa también que lo que he leído de él, poco, me llegó.

    En cuanto a los ingenieros de camino, pues eso. Mire, la técnica no deja de avanzar… no sé que quiere decir con esto. Ayer algo era imposible y hoy no tanto.

    Y no me diga que no entiende: “Diversidad y tolerancia, así pensadas no tienen porque ser dudadas, si todos hubiéramos seguido apoyando que la tierra era plana en nombre de la “razón”… Lo demostrable lo es porque puedo demostrarlo – mi balón es redondo”

    El constructivismo creo que es esto y, sí, es aprender como toda la vida, por ello alguien lo dedujo de la experiencia. Y también es posible que sea mema.

    Por otra parte, decir que yo no sé si todo lo que no es demostrable, o al menos aún no se ha demostrado, es relativo o no, no lo sé, pero mientras no se demuestre, pues eso, cada uno lo verá como lo vea – si hablamos mirándonos hacia dentro sin interés de querer arreglar el mundo a lo “soy lo más” o sin interés de querer arreglarse la propia vida. De cualquier manera no creo que el relativismo tenga demasiada culpa de los males de hoy; hay causas peores, la más… no dialogar y acordar unos valores éticos universales desglosados minuciosamente, y no hablo de religiones, sino de sentido común. Es mi punto de vista, quizás poco fundamentado en teorías filosóficas, pedagógicas… Pero sepan, así lo creo, que repudiando unas tendencias pedagógicas o… proponemos otras.

    Saludos nuevamente.

    • 12 septiembre 2010 a 8:39 #

      Mari, tengo la impresión de que manejas una idea de constructivismo bastante limitada. No sólo porque consideres que es de su invención el que el pensamiento se construye paso a paso, y para saber si es apropiado a un alumno determinado nivel de conocimiento es preciso conocer de qué nivel se parte y cuales son sus conocimientos previos.

      La particularidad del constructivismo está hacer prescindibles a los maestros, más allá de mero proveedor de cierta guía, ya que sería el alumno quien debería hacer su propio autoaprendizaje.

      Pero más allá de una discusión estrictamente teórica está la constatación del fracaso de tal enfoque en el plano pedagógico y desde luego su inferioridad frente al método tradicional como demuestra por ejemplo el caso finlandés.

      En otros planos de la realidad lo pernicioso del constructivismo se ha demostrado si cabe más claramente. Por ejemplo cuando en el plano de los sexos, en este enfoque géneros, prescinde totalmente de la naturaleza y la biología y sugiere como ideal una sociedad en la que éste sería una elección.

      Lamentablemente esta utopía totalitaria, al menos así la califica Elisabeth Badinter, campa por sus respetos en nuestro país provocando auténticos desafueros.

      Pero quizá lo que mejor hable de lo que este enfoque significa sean las propias citas de sus autores más sobresalientes, y así, por ejemplo, Pierre Bordieu sostenía que “las diferencias visibles entre los órganos masculinos y femeninos son una construcción social.”

      O la idea de ciertas feministas de que las nociones de ciencia, incluso los conceptos de objetividad y verdad son sólo herramientas de dominación de los varones. (Tomo las citas de: A la caza de la realidad, de Mario Bunge.)

  15. Mari
    11 septiembre 2010 a 23:30 #

    Señor Raus, un cordial saludo.

  16. Mari
    12 septiembre 2010 a 14:19 #

    Mariano, puede que yo maneje una idea del constructivismo limitada y puede que usted no haya leído a Ausubel. Él no está de acuerdo con Piaget en este punto que usted menciona. Él cree que las personas (alumnos) aprenden de dos formas: por descubrimiento (si un pequeño se resbala y cae y se hace daño, cuando hay agua en el suelo del cuarto de baño, descuide que llevará muchísimo cuidado la próxima vez que haya agua en el suelo, incluso tendrá miedo de pasar) y por medio de las enseñanzas que les imparten otras personas (que conocen…). También dice que los aprendizajes deben servirle al alumno para algo. Todo esto es obvio desde luego (todos aprendemos a través de otros y por uno mismo – autodidactas).
    Y yo no creo que nadie quiera prescindir de los maestros ni pueda (entendiendo que un maestro es aquel que ensaña algo a otro), los padres son maestros, etc. No se preocupe que vamos para largo. La escuela va para largo.
    Por otro lado, decirle que creo que el estructuralismo teórico que impregnó a la LOGSE… nunca se llevó a la práctica y eso lo sabe usted también (muchos son los motivos que dan lugar a esto: mal desarrollo…). Y sabe igual que yo que el alumno que no quiere aprender (por lo que sea, puede que tenga otros problemas en su cabeza), no aprende, ni con el mejor maestro del mundo.
    Mire en estas direcciones y verá cómo dicen que es la educación en Finlandia. Yo no he estado en Finlandia.
    http://www.revistaeducacion.mec.es/re2006/re2006_14.pdf
    http://www.stecyl.es/prensa/041220_Escuela_Finlandia.htm
    http://www.bbc.co.uk/mundo/cultura_sociedad/2010/04/100409_finlandia_escuelas_rg.shtml
    http://www.abcdesevilla.es/hemeroteca/historico-08-12-2006/sevilla/Cordoba/un-finlandes-en-alemania-(por-julio-almeida;-profesor-de-sociologia-de-la-educacion-de-la-uco)_153349935509.html
    Suelo valorar la interpretación que otro hace sobre una película cuando yo ya la he visto.

    • 12 septiembre 2010 a 20:56 #

      No sé si era tu intención pero justamente todos esos enlaces vienen a corroborar lo que decía en mi comentario en relación con el papel absolutamente principal que concede el modelo finés a la figura del maestro, justamente todo lo contrario de lo que propugna el modelo constructuvista que por muy desfigurado que esté en la práctica educativa en nuestro país lo impregna absolutamente todo.Por lo demás puedo pensar en la educación y entender que no se produce en el vacío sino en un marco social que ha establecido una determinada escala de valores y unas prioridades sociales con las que no estoy de acuerdo.
      Un saludo

  17. Mari
    12 septiembre 2010 a 14:21 #

    Perdón, escribí Mariano en lugar de Emilio. Perdón nuevamente a ambos.

  18. Mari
    13 septiembre 2010 a 15:48 #

    Por supuesto que el profesor tiene un papel importantísimo dentro de los procesos de enseñanza – aprendizaje de los alumnos; su formación (6 años de carrera, una formación permanente acorde, coordinación permanente con las familias…), tiene menos alumnos, los conoce bien, es admirado… El alumno es el centro y en torno a él gira todo lo demás: profesores, padres, escuela… Y la teoría constructivista, creo, es el paradigma pedagógico que impregna la educación también allí.
    Y claro que el marco social establecido influye en los alumnos… y en los padres, profesores… en todos, pero esto es inevitable, siempre ocurrirá, estemos o no de acuerdo con él; por ello, en un país como el nuestro, el profesor, desde mi criterio, debe ser ecuánime en sus manifestaciones, se trata de enseñar sabiamente, con objetividad, sin distorsionar la verdad, sin manipular… presentando las diferentes soluciones ante problemas que hasta el momento no tienen una sola solución, visión, etc.
    El constructivismo es mucho más que aprendizajes previos y significativos; aprendemos siempre gracias a la propia experiencia y a la de otros y en un contexto; aprendemos nuevos conocimientos no sólo apoyando éstos en los previos, sino también en combinación con una estructura mental…: una manera de sentir, prejuzgar, deducir, inducir, asociar, representar, juzgar… (construida en contacto con los otros), pero todo esto se sobreentiende.

    Un saludo

  19. 13 septiembre 2010 a 17:19 #

    Tengo la impresión de que das muchas cosas por sobreentendidas. Si crees que es la misma consideración hacia el profesor la dispensada en el modelo español y el finlandés me da la sensación de que te equivocas. Si crees que el modelo finés es constructivista tampoco estás en lo cierto. Si crees que el modelo constructivista es la mejor invención pedagógica allá tú, pero creo que allí por donde pasó sólo ha dejado escombros. Eres muy libre de pensar que es lo más abierto y formativo, pero la experiencia es tozuda y nos recuerda una y otra vez que no es así, y como botón de muestra se podría citar nuestro país, donde con una orientación pretendidamente progresista se está dejando en el camino a mucha más gente que con el sistema tradicional a pesar de la prolongación de la escolaridad obligatoria y del aumento del presupuesto de educación en una gran proporción. Las ideas bonitas no son la que lo parecen sino las que lo demuestran en sus resultados.

  20. 14 septiembre 2010 a 7:36 #

    Bueno, pues ya conseguí reunir el tiempo para pasarme por aquí, como te dije.
    Habría muchas, muchísimas cosas que comentar sobre este excelente artículo que has escrito, en tu línea de argumentos claros y con pocas fisuras.
    Aunque como le decía al compañero Desclasado en su blog, se me viene mucho a la cabeza una imagen a modo de metáfora de la situación que se está viviendo ahora mismo en España. Y es la de un barco de remos en el que ni los remeros ni el timonel se ponen de acuerdo en hacia donde llevar el barco. Ya no es que los remeros no tengan fuerzas, que tendrán más o menos dependiendo de la situación, o que el timonel no tenga la capacidad técnica de llevar la nave a buen puerto: es que la confusión es tan grande, fruto de que se quiere escuchar y contentar a todos, que la coordinación es imposible. El resultado: que nos encontramos dando círculos, girando sobre nosotros mismos sin dirección conocida. La gente contempla estupefacta y paralizada a la vez la falta de iniciativa de los líderes y de los poderosos, pero esa falta de iniciativa es contagiosa, y ha llegado también al resto de la población. Evidentemente, los polarizados y politizados medios de comunicación también tienen una gran responsabilidad de haber ido propiciando esta situación. Y por supuesto el relativismo del que hablas, es el problema de fondo y la raíz del problema. Si todas las ideas son igual de válidas, todas las ideologías equivalentes, y nadie vale más que nadie, no sabremos ni a quien seguir en caso de duda, ni que ideología puede llevarnos a buen puerto, o que razonamiento es más cabal. Resultado: ¿hago huelga o no la hago? ¿Voto al PSOE o al PP? ¿Defrauda a Hacienda o no lo hago? …y así hasta el infinito.

    Es muy curioso como podemos encontrar a cada paso manifestaciones de que lo que dices es bien cierto. Ahora, justo cuando escribía “PSOE” y “PP”, me he dado cuenta de un sentir que se hace cada vez más popular: los dos principales partidos españoles, en el fondo son lo mismo, casi nada les distingue, ya no hay “izquierdas” ni “derechas”. Todos los políticos son iguales. Me intriga mucho, mucho, el origen de todo este tipo de ideas, que se han fraguado en algún momento del pasado, y que llega un momento en que todos damos por válidas. Como siempre en estos casos, como cuando se investiga un delito, hay que preguntarse quien o quienes son los principales beneficiados de que estas ideas se extiendan. ¿A quién conviene que pensemos que todos los políticos son iguales? ¿Quién ocupa ese vacío de poder en la sociedad, que correspondería ostentar a los políticos? Es muy curioso que a medida que las ideologías y los políticos menguan, “El Mercado” va apareciendo como único soberano capaz de asignar valor (por muy ficticio o momentáneo que sea) a las cosas, incluso a las ideas.

    Me reservo el derecho de seguir reflexionando sobre el tema y comentarlo por aquí, porque como siempre un texto tan extenso y bien planteado da mucho sobre que pensar.

    Un saludo.

    • Francisco Javier
      14 septiembre 2010 a 11:06 #

      En efecto, el Mercado cada vez determina con mayor fuerza todo. Es de hecho ya la fuerza primordial, por encima del Estado. La economía se está convirtiendo en modelo determinante del sistema educativo, como queda reflejado en su terminología (competencia, currículo, objetivos, gestión-autonomía, etc.) Es muy difícil comprender lo que está sucediendo, pero los presentimientos que suscita son muy intranquilizadores.

      Un saludo.

  21. Raus
    14 septiembre 2010 a 7:42 #

    Gracias por tus palabras y la reflexión, Cambiosocial. A ver si encuentro tiempo y te contesto también a ti.

  22. Mari
    14 septiembre 2010 a 17:20 #

    Emilio, no me ha entendido. No considero que los profesores tengan la misma consideración aquí que allí. Claro que no la tienen, muy al contrario. Ellos tienen menos alumnos por aula; son profesionales muy formados – mire las asignaturas que estudian en la carrera y las prácticas que hacen, después los mejores son contratados por los ayuntamientos, tras pasar unos pruebas de selección, no son funcionarios; la coordinación es efectiva, tienen menos horas lectivas, menos burocracia, más autonomía, intentan corregir los problemas de aprendizaje de sus alumnos en cuanto los detectan y ayudas para ello; las relaciones con los padres son excelentes y gozan de prestigio social. Quizás todo esto tenga mucho que ver con el éxito educativo en Finlandia, aunque imagino que habrá muchas otras variables: clima, gran descentralización, poquísima inmigración, política educativa pactada, mayor conciencia social, etc.

    En España es distinto, ni hay un pacto educativo, ni aprendimos a leer en la misma época – la mayoría – que los finlandeses, ni los maestros hacen una carrera de magisterio de cinco o seis años, ni con tantas prácticas, ni el fantasma de las dos españas pulula por el ambiente, etc.
    El sistema tradicional, dejaba en la cuneta a muchos más, no lo dude, y no sólo porque la escolarización obligatoria sea más… hasta los16 años; no sé si incluye usted en el sistema tradicional a la EGB, en cualquier caso… ¿cuántos llegaban a terminar una carrera hace sólo cuarenta años?, y no olvido que hay que hacer comparativas entre el número de habitantes en edad de estudiar (de 6 a 26 años, por ejemplo) y número de ellos que estudiaron y estudian (de 1970 a 2010).
    A Francisco Javier y a Cambiosocial decirle que tienen mucha razón cuando dicen que el mercado determina cada vez con mayor fuerza todo y éste es el verdadero problema…

    Saludos

    • Francisco Javier
      14 septiembre 2010 a 18:10 #

      Mari, no me he metido mucho en este debate tan arduo que mentienes sobre las virtudes y defectos del constructivismo, etc. No obstante, esas “variables” que mencionas como de pasada tan características de la extraordinaria Finlandia me temo que no son precisamente pecata minuta. Me imagino a uno de estos superprofes fineses con determinados grupos y alumnos que he tenido el gran placer de experimentar en mis carnes, y no sé qué decirte. Aprovecho para hacer un comentario que nada tiene qué ver: yo admiro muchas cosas de los países superdesarrollados (como Finlandia), sin embrago siempre me ha parecido misterioso que en estos países de suma felicidad y bienestar se den esos índices altos de suicidios o de alcoholismo (un amigo me dijo que soplaban bastante). Seguramente tendrá relación también con el clima y otras variables. No sé, a mí estos países tan limpitos y rigorosos siempre me han generado una cierta inquietud.

      Respecto al siguiente párrafo en el que hablas del carácter un tanto elitista de la España previa a la LOGSE, …., no lo veo nada claro. Creo que hay mucho mito. Y lo que sí es seguro es que con la EGB, que yo sepa, a nadie se le prohibía el acceso a los institutos ni a los estudios superiores (yo al menos y mi familia era la típica familia pequeñoburguesa cutre del tardofranquismo pude acabar mis estudios en la facultad y en el conservatorio de forma prácticamente gratuita (las matrículas o eran gratis o eran irridoriamente baratas: hoy son mucho más caras.)

      Un saludo.

    • 15 septiembre 2010 a 8:25 #

      Con lo que dices del modelo finés a mí me basta. En relación con la otra cuestión puedo asegurarte que nunca un sistema fue tan sistemáticamente discriminatorio con los varones y los hijos e hijas de las clases bajas. Proclamar la enseñanza obligatoria hasta los 16 años no significa, el menos aquí, más que eso.

      En relación con el pánico que le entra a algunos al considerar los resultados del modelo finlandés sólo decir que alguien de tan larga trayectoria como J.A. Marina, dijo recientemente que algo debía estar fallando en ese sistema ya que entre la juventud finlandesa el índice de suicidios era superior al de España y que también allí las muertes por violencia de género eran superiores.

      Claro que se ahorró explicarnos si pensaba que el motivo por el que en España los jóvenes se suicidan menos se debía a nuestro sistema educativo. Por cierto quienes así hablan se olvidan de los puestos que alcanzamos a nivel mundial en consumo de todo tipo de drogas. Ahí sí estamos a la cabeza en casi todas.

  23. una lectora.
    18 septiembre 2010 a 0:39 #

    Hola Raus. En una ocasión me dijiste que si alguna vez te leía y te encontraba “poco comedido” te lo hiciera saber para poder discutirlo. Lo cierto es que una discusión aquí no es siquiera semejante a la lid que en su día tuvieran David y Goliath, más bien pudiera parecer la pulga de Benito molestando a un dinosaurio, sin embargo, estando de acuerdo en algunas de las cosas que dices, no puedo evitar que tu discurso me ponga los pelos como escarpias.
    Ensalzas la razón frente al empirismo como si de un credo se tratara y con ello cometes el mismo error de los empiristas que denostan la razón. No tengo conocimientos de filosofía pero una mirada superficial a Hume, un gran pensador al que yo no me atrevería a criticar, me ha bastado para ver que vivió a principios del siglo XVIII, el ocaso de una época en la que la razón absoluta en poder de papas y monarcas sumió a la sociedad en una de las épocas más oscuras -tanto en ciencia como en pensamiento- de la historia. Al menos cabría concederle su valentía al cuestionar esas verdades absolutas que caracterizaron la Edad Media. Formó parte de una corriente de pensamiento que puso en jaque los principios que devastaron occidente durante siglos e hizo posible la revolución de pensamiento que daría origen a un nuevo orden social.
    Los rasgos ideológicos peligrosos del hombre postmoderno no son los que señalas. Ciertamente el mundo está en continuo cambio, es plural y diverso y todo parece relativo. La ideología peligrosa de verdad, según el profesor Aranguren, es aquella que enmascara la realidad, porque si no reconocemos la realidad tal y como es no podemos hacer nada para cambiarla.
    En la escuela, ésto nos obliga a prestar especial atención a las destrezas y actitudes de los alumnos, pero no en detrimento de los conocimientos, ni de la memoria, ya que estos últimos son el armazón, los huesos sobre los que se asientan los primeros. No se pueden tener actitudes positivas ni ser diestro desde la ignorancia y la incertidumbre. Y la ignorancia y la incertidumbre sí son rasgos que nos caracterizan, y más ahora, dónde cada cierto tiempo nos sacude una crisis o aparece un nuevo descubrimiento que hace que nos replanteemos todas nuestras creencias y certezas. Algunos ejemplos: la nueva teoría sobre la tectónica de placas que invalidaba la visión estática que se tenía de la superficie terrestre, o la teoría de la evolución de Darwin, que supuso un cambio en la comprensión de la naturaleza, o la física cuántica, que revolucionó la comprensión que se tenía acerca de la composición y estructura de la materia. Todos ellos suponen un gran avance para la ciencia pero suponen también una crisis ideológica para la razón que obliga a repasar muchos de los dogmas, certidumbres y valores que nos han acompañado durante siglos. Y sí, para asimilar todo esto hace falta hace un pensamiento flexible hasta la contorsión circense. Algo, que por cierto, a ti no te falta. Es por ello que resulta necesario junto a una formación básica el capacitar a las personas en aprender a aprender.
    El alumno no sólo tiene que buscar información, la información le llega de todas maneras, lo que necesita es saber seleccionarla, comprenderla, y utilizarla para resolver todos aquellos problemas que se le planteen a lo largo de la vida. Eso es ser competente. Eso son las competencias básicas. No se trata tanto de saberlo todo acerca de todo, sino de ser capaz de comprender los cambios y comprender requiere de un proceso de asimilación de nuevos conceptos y de su adaptación a los anteriores (así lo explica Piaget). Esto es el constructivismo y esta es la gran aportación de la psicológica al aprendizaje. Existe una innegable carga genética en cada individuo pero también existe una innegable carga social que depende en gran medida del ambiente en el que crecemos y de las relaciones que establecemos con nuestro entorno. Otros psicólogos (no se si del APA o a sus espaldas) se han ocupado de ello con bastante éxito, tales como Vigostky o Ausubel.
    Cuando se dice que todo es plural y diverso, lo es. En poco más de una década se han llenado las calles y las escuelas de inmigrantes de todas las partes del globo terráqueo. Cada uno con su historia, su cultura, sus certezas y sus valores. Esto me recuerda algo que me contó una compañera con respecto a un comentario de su hija, una niña pequeña, la primera vez que vió a un hombre de raza negra. – Mira, mamá, ese señor es “de noche”. Y es que, ciertamente, hace muy poco tiempo no era frecuente ver otras razas o culturas conviviendo con nosotros. Hoy, los avances tecnológicos nos han acercado los unos a los otros hasta convertirnos en vecinos. Y ésta es una innegable realidad que no se puede obviar. Esto, en la escuela, nos obliga, no a no esforzarnos, sino a hacer un esfuerzo extra, para aceptar esas diferencias, comprenderlas y adaptarnos al nuevo tipo de sociedad que se está creando. Lo que ha unido la tecnología que no lo separe la ignorancia. De nosotros depende aprender a convivir, o por el contrario, alimentar actitudes xenófobas tal y como ya se está dando en algunos países europeos como Francia. Si queremos proteger nuestra cultura y nuestra historia y exportar valores europeos al resto de mundo, que haberlos, haylos, primero tendremos que creérnoslos y vivirlos, digo yo. Y sí, la escuela deberá adaptarse a esa nueva situación. Y no sólo la escuela, todos deberemos hacerlo porque caminamos a lo que divertidamente comentaba mi abuela tras la aprobación del divorcio en España “hay que ver que familia formamos, tus hijos, los míos, y los hijos de los dos”. Puede ser, que aferrados como estamos a nuestras tradiciones, haya a quien no le guste esta perspectiva, pero no por ignorar una realidad esta desaparece, y hace falta cierta flexibilidad de pensamiento para adaptarse a esta realidad y solucionar de forma pacífica los inevitables conflictos que se deriven.
    Es por eso que la escuela tiene que adaptar los currículos a esta nueva realidad. Un profesor, y de esto sabrán mucho más que yo los presentes, no puede dar la misma clase en un aula integrada por los hijos de médicos y arquitectos que en otro aula donde conviven 6 etnias diferentes con 6 lenguas diferentes y 6 culturas diferentes y cuyos padres posiblemente estén sin alfabetizar. Ni los contenidos pueden ser los mismos dependiendo de si se vive en un pueblo pequeño o en el centro de una gran ciudad puesto que las realidades que los niños son capaces de reconocer difieren.
    Y, en cuanto a eso de que todo es relativo, reconozco que me pierdo un poco. Demasiado filosófico. No obstante voy a repasar tu escrito para intentar comprender tus conceptos y acomodarlos a los míos. Así podré emitir una opinión. O, tal vez, un juicio de valor.
    Dices, “Antes de la llegada del relativismo, si “A” era cierto, “No A” era falso. Lógicamente. Tras su llegada A y su contrario son igualmente admisibles. Todo vale.”
    Bueno, si no me equivoco, creo que Shroninger,(h más, h menos), ya planteó una paradoja similar con su gato para explicar la dualidad de onda-partícula. Hoy, sabemos que un fotón, la partícula elemental de la que se compone la luz puede comportarse como onda y como partícula al mismo tiempo. Como ves, la lógica que conocemos, o que yo concozco, tiene fallos, lo que no quiere decir que no exista una lógica que lo explique. Esto, de momento, le da la razón al relativismo. A y NO A puede ser cierto al mismo tiempo.
    Pero, ¿hay verdades absolutas? Das por supuesto que sí y añades dos ejemplos que son cuando menos discutibles.

    1- La carne putrefacta nos sienta mal. Lo cierto es que toda la carne que consumes es putrefacta, ya que un cuerpo empieza su descomposición en el mismo momento en que muere. Y tampoco tomas la carne recién sacrificada, necesita de varios días de reposo, en descomposición, para que su textura se ablande. Hay pueblos que preparan la carne en un estado de putrefacción tal, que para disimular su mal olor y sabor la sazonan con todo tipo de especias y son una delicia para el paladar, por ejemplo, los pinchos morunos.

    2- Que dos y dos son cuatro. Eso no afirma nada. Depende de lo que quieras calcular. Si calculas que dos euros más otros dos euros nos dan 4 euros es correcto, pero si lo que quieres calcular es el valor de dos monedas de euro y otras dos de 50 céntimos, entonces el resultado no es cuatro, sino 3.

    Si únicamente se trata de una operación aritmética, la expresión será correcta o falsa dependiendo con la base en la que operas. Así en base 4, por ejemplo, nos encontramos con que 2 y 2 son 10 (uno, cero). Que operemos en base 10 es algo totalmente casual que responde al hecho de que tenemos 10 dedos, pero si los pulpos fuesen capaces de desarrollar una matemática, probablemente lo harían en base 8.

    Vamos al asunto de la tortura. Aquí abandonamos ciencia y nos metemos en la ética. ¿Es mala la tortura? Evidentemente sí, por ello se condena. Pero, ¿es malo es torturador? Yo no estoy tan segura. Veamos. Yo no he torturado a nadie, luego podemos deducir que no soy una torturadora, pero eso no significa que con las circunstancias adecuadas pudiera llegar a serlo. ¿En qué me convierte eso? ¿soy buena o mala? ¿soy mejor o peor persona que el torturador? Prefiero considerarme simplemente afortunada. Que relativicemos los actos no quiere decir que el acto en sí de torturar sea relativo. No lo es.

    Si dividimos el mundo en buenos y malos posiblemente acabemos haciéndonos una higa sobre lo que está bien y lo que está mal. Un ejemplo clarito: El atentado a las torres gemelas de NY. Esta mal. Es un acto de terrorismo condenable, y así lo ha entendido el mundo Sin embargo, un ejecutivo de las torres gemelas echa una firma en un documento y al año siguiente mueren de hambre millones de personas en Bangla Desh. Eso también está mal y también es condenable. No hay buenos y malos. Hay acciones buenas y acciones malas. Por ello resulta tan complicado juzgar en plan absoluto y nos centramos en los hechos concretos.

    Esto nos lleva a tu siguiente punto. “No hay culturas superiores a otras en ningún sentido”. Claro que no. Todas las culturas son depositarias de unos valores y unas tradiciones que han compartido sus miembros durante generaciones. Ahora bien, la globalización ha conectado al mundo entero y determinadas tradiciones en un lugar del mundo no son bien vistas el resto, por ello necesitamos unas nuevas tablas de la ley que hagan más fácil la convivencia. Sus mandamientos se hayan recogidos en la Declaración Mundial del los Derechos Humanos. Lo curioso del asunto, dicho sea de paso, es que en lugar conculcarlos a base de educación, nos sigamos empeñando en hacerlo a golpe de espada. Para botón de muestra la presencia de nuestras tropas en Afganistán. Les vamos a enseñar derechos humanos a base de violarlos.

    Por ello, y ésto nos lleva al siguiente punto “todas las opiniones son igualmente respetables”. La opinión del alumno no vale ni más ni menos que la del profesor. La del profesor, o la del padre, puede ser más respetada, pero para ser respetable ha de ser sensata, y yo ya he oído y dicho demasiadas insensateces como para anteponer mi opinión sobre la de nadie. Una opinión tiene valor en la medida en que se puede defender y argumentar. Ha de ser razonada y razonable.

    Sobre la política también me has hecho reflexionar. Otro día si se tercia te contesto.

  24. Francisco Javier
    18 septiembre 2010 a 12:35 #

    Estimada lectora,

    disculpa por inmiscuirme en el debate. Al leerte compruebo que piensas muy bien (tienes un gran talento filosófico) y debo decir que lo que sostienes es digno de reflexionar. Tan sólo una cosa: coincido contigo en que Hume es un pensador enorme y un ilustrado en toda la regla. Fue Hume, si no recuerdo mal, el que dijo eso de que la Razón era como una isla diminuta en la infinitud del Universo (la Sinrazón). También es cierto, que el mundo cambia y que debemos adoptar comportamientos flexibles. Dicho esto, me parece que debería ser aclarado qué entiendes por razonable: cuando se hacen concesiones fuertes al relativismo (y las haces), uno entra en un terreno en el que es muy difícil justificar nada. El fascismo tiene sus razones, todos tienen sus razones. ¿Por qué van a estar equivocados? Vuelvo a insistir en que Nietzsche llevaba toda la razón al sostener que el único fundamento de la “verdad” es la fuerza, la violencia.

    Un saludo.

  25. Raus
    18 septiembre 2010 a 13:39 #

    Hola, lectora. Tengo todavía pendiente contestar a Mari, aunque ya otros compañeros han respondido con razones acerca del constructivismo que yo suscribo y que, por tanto, voy a intentar no repetir, o no en exceso al menos.

    Le agradezco su correcto tono, del que yo no me saldré. Intentaré conjugar cortesía y valentía, pues la una, como dice el refrán, no quita la otra. Y no se preocupe por mi condición de mastodóntico dinosaurio: yo le contestaré pormenorizadamente, pues creo que las objeciones que usted expresa, en tanto que generales en la población, constituyen, muy precisamente, la base de mi pesimismo acerca de la grave situación intelectual, política y social en que nos encontramos. En su forma de pensar, señora lectora, están condensados, a mi juicio, muchos de los dogmas y antinomias que, mucho me temo, nos encaminan a un futuro incierto, cuando no espantoso. Y lamento parecer hiperbólico. No creo serlo.

    Todo lo que usted argumenta, lectora, en la medida en que es posmodernidad en estado puro, es merecedor de toda nuestra atención y preocupación; pues la posmodernidad es confusión. Se lo digo, insisto, con cordialidad y claridad.

    Querido Francisco Javier, por mi parte no tengo ningún problema en que participes en la discusión. Al contrario, lo agradezco. Como pronto verás, mi opinión sobre la argumentación de lectora no coincide del todo con la tuya. Da igual, no siempre vamos a estar de acuerdo, faltaría más. Creo que acerca de lo más importante sí lo estamos. Nuestro deber aquí es intentar extraer luz de la discusión y la reflexión.
    De momento, nada más. Intentaré contestar lo antes posible.

    Reciban un cordial saludo.

    • Francisco Javier
      18 septiembre 2010 a 22:47 #

      Estimado Raus:

      yo creo que sí estamos de acuerdo en lo esencial. Tan sólo una aclaración. Cuando digo que Nietzsche lleva razón, no quiero decir en modo alguno que lleve Razón. Tan sólo quiero decir que es un nihilista consecuente, al llevar la Sinrazón al extremo. A diferencia de sus discípulos, que siendo relativistas puros adoptan perspectivas pusilánimes, tibias y más propias de lo que Nietzsche denominaba despectivamente chusma o los últimos hombres. Se da la curiosa paradoja en la sociedad posmoderna de que lo que tenemos es una curiosa mezcolanza de ¡nitzscheanos cristianos! -algo que a Nietzsche le hubiese provocado náuseas. La posmodernidad no es otra cosa que la modernidad llevada al extremo de la putrefacción, el fracaso transfigurado en cinismo, una basura mayúscula.

      En fin, a raíz de tu artículo escribí una serie de reflexiones (unas variaciones o glosas), que cuando le llegue el turno verás publicadas….

      Un abrazo.

      • Raus
        19 septiembre 2010 a 6:15 #

        Si, F. Javier, estamos de acuerdo. Lo que quería decir es que la argumentación de lectora me parece preocupante, porque de ella se derivan consecuencias lamentables para la sociedad y la escuela. Y, por desgracia, me parecen ideas muy extendidas y arraigadas en la población. Estoy preparando la respuesta. Me encantará leer esas reflexiones tuyas, F. Javier.

        Un abrazo.

    • Francisco Javier
      19 septiembre 2010 a 10:05 #

      Totalmente de acuerdo contigo Raus:

      Al releer las argumentaciones de la “lectora”, de la que destaco que al menos ha tenido la bondad, la inteligencia de argumentar -a diferencia de quienes tan sólo se limitan a opinar de forma categórica o a insultar, me he dado cuenta -como bien señalas- de la enorme confusión de fondo (y del rosario de confusiones que de ella se derivan). “No hay individuos malos, sino tan sólo malos actos”. Absolutamente falso y confuso. Y terrorífico. Ahora no puedo, pero podría destruir de forma contundente semejante barbaridad, así como señalar las enormes estupideces que tienen su reflejo en la filosofía de la educación (y en la Vida en general, en esta Vida confusa en la que nos ha tocado ser) y que parten de estos estilos de pensar (si es que cabe llamarlo pensar.) Y muchas más sutilezas sofísticas, que son pura palabrería y que prefiero dejar para más adelante.

      Un saludo.

      • Raus
        20 septiembre 2010 a 18:42 #

        Eso es, Fco Javier. Una lectura atenta deja al descubierto la mucha confusión que encierra el pensamiento posmoderno de esta señora. Y la increíble cantidad de antinomias y sofismas que acumula. Por eso estamos como estamos. Y como bien dices, algunas de sus falacias (no hay sujetos buenos o malos…) son sencillamente terroríficas y peligrosas. Un tipo que apaga los cigarrillos en el cuerpo de un pobre bebé no es que sea malo: es que es de la piel del diablo. Y eso de que son enfermos no está siempre tan claro. Saben lo que hacen y lo hacen por causar daño. Ni todos lo hacen porque hayan tenido “una mala infancia”. Y otros, habiendo sufrido abusos y crueldades, viven como adultos decentes a quienes espanta la violencia y la crueldad. Son tantas las falacias de nuestra época que nos costará mucho combatirlas. Pero para eso estamos.

        Un saludo, amigo.

  26. Mari
    18 septiembre 2010 a 20:32 #

    Yo contestaré también pronto a Emilio y a Francisco Javier. además me gustaría discutir un poco con lectora, ya que discrepo en algunas cosas con ella, pero dichoso tiempo.

    Señor Raus, usted dice a Francisco Javier:
    “Como pronto verás, mi opinión sobre la argumentación de lectora no coincide del todo con la tuya…”.

    ¡Esto se complica cada día un poco más!. ¿Cada persona una opinión y una argumentación diferente? ¡No!

    No lo tomen en serio, que es una mema broma.

    Saludos.

    • Francisco Javier
      18 septiembre 2010 a 22:51 #

      Sí que es un poco mema, sí. Y no lo digo en broma.

      Un saludo.

  27. Mari
    19 septiembre 2010 a 9:33 #

    Las bromas es lo que tienen, Fco Javier, que hay personas que se las toma en serio.

    • Francisco Javier
      19 septiembre 2010 a 10:12 #

      Mari, llevas razón, el sentido del humor no tiene un lugar destacado entre mis pobres virtudes. No sé hasta que punto tu ironía (que como bien dices es un mema broma), iba destinada a suscitar nuestra sonrisa. En fin, procuraré no tomarme tan en serio las bromas.

  28. una lectora.
    20 septiembre 2010 a 11:10 #

    Hola Francisco Javier. Disculpa mi tardanza en contestar pero cuando se es mujer trabajadora queda poco tiempo para la reflexión y el debate y más cuando el sistema educativo ha invertido tantos procedimientos y recursos para evitar que lo hagas. Llevamos a nuestros hijos al colegio y lo primero que hacemos es largarles un bloque interminable de libros, cuadernos y cuadernillos que a duras penas consiguen arrastrar hasta el aula sin caerse de espaldas. Primera lección: este es el peso del conocimiento, hijo mío, arrástralo.

    Después les ubicamos en un pequeño espacio dentro de un aula minúscula y pretendemos que hagan obedientemente sus deberes sentaditos y en silencio. Segunda lección: Este metro cuadrado será enteramente tuyo en durante los próximos dos años.
    Trabaja y no hables. Ni te cantees, porque el siguiente metro cuadrado le corresponde a tu compañero. Respétalo porque es tu igual.

    Seguidamente les mandamos abrir el libro por la página tal y cual cuyas ideas principales ya vienen convenientemente resaltadas en negrita y les decimos. Esto es lo que tienes que aprender, y nada de notas al margen. Tercera lección: Yo sé lo que es importante, memorízalo y te aprobaré, no lo hagas y te suspenderé. Eres libre.

    Eso sí. El alumno ha de ser protagonista en su aprendizaje. El justifica que todos estemos aquí. Así que le presentamos una bonita ficha con pequeños espacios punteados y les decimos que los rellenen para ello han de buscar la palabra adecuada. Sólo puede haber una correcta. Tercera lección: Se creativo, piensa.

    Y por si queda alguna duda les alentamos: Más adelante todo ese conocimiento arrastrado y adquirido se verá recompensado cuando seais capaces de razonar y debatir libremente vuestras ideas. Porque…..qué duda cabe de que el libre debate y el razonamiento producen placer, es la máxima expresión que nos lleva a reafirmar nuestra individualidad y la última expresión de lo que los filósofos llaman felicidad. Qué bonito.

    No estamos educando hombres libres, estamos educando esclavos. Y esto me lleva a Nietzche. No lo conozco tan bien como los presentes pero dudo de que al hablar de “superhombre” estuviese haciendo apología del nazismo. Un superhombre es aquel que vive y piensa con valor y cuya fuerza ideológica se eleva por encima de la de los esclavos.

    No sé si Hitler fue un superhombre aunque en vista de los resultados de su ideología, la segunda guerra mundial, más bien parece un loco, un fanático, un cobarde que no tuvo valor para enfrentar la derrota de su pueblo tras la primera guerra mundial. Debió parecerle poco y lo llevó a una segunda sólo por aquello de salvaguardar el honor y la supremacía de un pueblo sobre otros. Si Nietzche levantara la cabeza….

    Quien sí es un superhombre es Nelson Mandela y así lo escribirá la historia con su discurso “Tengo un sueño” Toda una lección de coraje, valor y fuerza. Una lección de libertad.

    También es un superhombre esa niña, la hija de mi compañera que con una sola frase “ese señor es de noche”, enseña mucha más filosofía que Raus en sus infumables 9 folios. Esa frase tiene la poesía de unos ojos que miran la realidad, el cambio, con un valor y una fuerza carente de todo tipo de prejuicios. Es ética y estética. Y lo será hasta que el sistema educativo la ningunee y aborregue hasta convertirla en una esclava invisible entre la masa que tan bien definió Ortega.

    Y sí, para mí todas las opiniones son importantes, es importante la opinión de mi abuela que significa lo viejo y la de esa niña que representa lo nuevo porque pienso que en diálogo inevitable entre las dos está el progreso.

    ¿una opinión razonable? Es aquella que se puede razonar. Si un iluminado viene a contarme que Dios es un plato de espaguetis con albondigas pues me parecerá divertido pero no razonable.

    Raus. Te espero, aunque tendrás que tener paciencia. Mis opiniones son más desordenadas aunque no por ello han de ser falsas.

    Mari, te he leído pero no te he comprendido. Si hay algo de lo dicho que no compartes pues lo dices cuando tengas un rato y lo discutiremos cuando yo tenga otro.

    Un saludo.

  29. Raus
    20 septiembre 2010 a 13:59 #

    (Nota: los párrafos entrecomillados son de la señora lectora. Los míos están precedidos por la palabra “Respuesta”.

    “…sin embargo, estando de acuerdo en algunas de las cosas que dices, no puedo evitar que tu discurso me ponga los pelos como escarpias.”

    Respuesta:
    Bien empezamos. Mire, señora, le pasa lo de las escarpias porque usted no acepta de buen grado la diversidad de opiniones. Si usted fuera consecuente con el relativismo que pregona y la flexibilidad que encomia, mi discurso no le espantaría. Pero no, usted no es consecuente. A usted, como a mí, no le hace ninguna gracia la diversidad de opiniones sobre determinados temas muy importantes. Y por eso se le ponen los pelos como se le ponen. Y usted expone sus razones para intentar demostrar o demostrarme que estoy equivocado. Porque, en definitiva, como me pasa a mí y al resto de los humanos, usted desea que, sobre ciertos asuntos vitales (como la educación), reine el entendimiento, no simplemente una diversidad que haya que tolerar. Y lo mismo les pasa a nuestros simpáticos, flexibles e iletrados pedagogos: se vanaglorian de rendir culto a la diversidad de opiniones y puntos de vista pero, mira por dónde, sacan el panfleto “No es verdad” para combatir las opiniones contrarias a las suyas. Llévales la contraria y verás lo tolerantes y flexibles que se muestran. Lo primero que te encasquetan es que eres un fascista, un cavernícola u otra lindeza por el estilo. Así que de tolerantes o respetuosos con la diversidad, nada de nada.

    “Ensalzas la razón frente al empirismo como si de un credo se tratara y con ello cometes el mismo error de los empiristas que denostan la razón. No tengo conocimientos de filosofía pero una mirada superficial a Hume, un gran pensador al que yo no me atrevería a criticar, me ha bastado para ver que vivió a principios del siglo XVIII, el ocaso de una época en la que la razón absoluta en poder de papas y monarcas sumió a la sociedad en una de las épocas más oscuras -tanto en ciencia como en pensamiento- de la historia. Al menos cabría concederle su valentía al cuestionar esas verdades absolutas que caracterizaron la Edad Media. Formó parte de una corriente de pensamiento que puso en jaque los principios que devastaron occidente durante siglos e hizo posible la revolución de pensamiento que daría origen a un nuevo orden social.”

    Respuesta:
    1. Se equivoca: la ensalzo, precisamente, porque no es un credo. La razón no es algo que nos permita meramente creer (para eso ya está la superstición), sino lo que nos permite saber y sobrevivir. No en vano, ¿qué cree que empleamos usted y yo aquí sino razones para discutir todos estos asuntos?
    2. Ahora bien, nosotros –todos-, quienes recurrimos a razones y razonamientos, somos falibles (así lo he dicho en el artículo), y de lo que se trata es de ver quién razona con más rigor, realismo y lógica. Y, usted, amiga, más adelante, para dilucidar qué opinión es o no respetable, propone someterlas al interviú de la razón y ver cuál es la más razonable.
    3. Pero nadie se confunda: el hecho de que el razonador sea falible, no significa que el mundo no tenga una estructura racional. Si no la tuviera, el conocimiento y la ciencia no serían posibles. Un mundo proteico desesperará cualquier intento de conocerlo.
    4. Lo siento, no sabía que Hume fuera sagrado o intocable. Que, por cierto, ¿de dónde se saca que yo he criticado a Hume? Lo que he hecho, eso sí, ha sido criticar una parte importante de su pensamiento, mas no todo.
    5. Si usted sólo ha mirado superficialmente la obra de Hume, como así reconoce, ¿se atreve a salir en defensa de lo que sólo conoce superficialmente?
    6. Según usted, ¿a qué gran pensador podríamos atrevernos a criticar? ¿A Platón, a Aristóteles, Sócrates, Kant…? Si usted me da una relación de los “intocables” y de los “tocables”, la próxima vez me ajustaré a ella… Bueno, no.
    7. El panegírico que usted tributa a Hume no rebate nada de lo que yo he criticado de su pensamiento: de su escepticismo y su cientifismo. Amiga mía, si tiene argumentos más consistentes que el simple panegírico que usted emplea, estaré encantado de escucharlos.

    “Los rasgos ideológicos peligrosos del hombre postmoderno no son los que señalas. Ciertamente el mundo está en continuo cambio, es plural y diverso y todo parece relativo. La ideología peligrosa de verdad, según el profesor Aranguren, es aquella que enmascara la realidad, porque si no reconocemos la realidad tal y como es no podemos hacer nada para cambiarla.”

    Respuesta:
    No creo que pueda haber ideología que más enmascare la realidad que aquélla que impugna el principio de no contradicción, que es, precisamente, la ideología que usted profesa. Si “A” y “No A” son verdaderos, ¿a qué realidad atenernos? ¿Nos atenemos a “A” o a “No A”? ¿A las dos? ¿A ninguna?
    Veámoslo con un ejemplo. Si digo que la capital de Madrid tiene más población que Albacete capital, ¿es verdad?, ¿es real? Por supuesto, es absolutamente cierto. Ah, amigo, pero ahora viene usted y nos dice que, a partir de Schoninger, “A” y “No A” son ciertos; por tanto, tenemos que Madrid capital tiene más población que Albacete capital y, también, –seamos flexibles- que Madrid capital NO tiene más población que Albacete capital. Si esto no es enmascarar la realidad, usted me dirá que es.

    “…Todos ellos suponen un gran avance para la ciencia pero suponen también una crisis ideológica para la razón que obliga a repasar muchos de los dogmas, certidumbres y valores que nos han acompañado durante siglos.”

    Respuesta:
    Usted, y perdóneme, no puede estar más equivocada respecto de su discurso sobre la razón. ¿O es que acaso todos esos descubrimientos científicos de que habla no son descubrimientos de la razón? ¿O es que cree usted que Darwin dio con su teoría porque una musa se la dictó al oído? ¿Acaso no se sirvió Mendel de la razón (de las leyes del pensamiento lógico) para hacer posible su descubrimiento? ¿Cree usted que Mendel, por poner un ejemplo, hubiera descubierto algo si hubiese prescindido del aristotélico principio de no contradicción? ¿O cree que habría hecho lo propio Einstein si le hubiera hecho una higa a la lógica y las leyes del pensamiento, como usted propone? ¡Pretende usted confutar la razón acudiendo a las obras de la razón! Los avances de la ciencia no ponen en entredicho a la razón: al contrario, lo que hacen es probar su poder. Los dogmas ideológicos que al cabo terminan refutados, los refuta la inteligencia racional. Los dogmas no los origina el buen uso del entendimiento, sino, precisamente, el pensamiento que reniega de la lógica, del principio de no contradicción y los datos de la experiencia.

    Lo que usted y yo debemos temer de reyes y Papas absolutos no es que recurrieran a la razón para afianzarse en un poder incontestable, sino que recurrieran a la sinrazón. Lo que les ocurría a esos tipos es que estaban convencidos de estar en posesión de la verdad en todo, e impedían por medio de la fuerza cualquier intento de oposición y discusión. Es harto razonable que nosotros estemos en contra de tipos tan endiosados y pagados de sí, pero no es razonable que el mundo (posmoderno) niegue que haya verdades objetivas o absolutas o que impugne el básico concepto de evidencia. Porque si algo es verdad, toda criatura racional deberá reconocerla como tal. Si la capital de España es más grande que la capital de Albacete, ¿qué sujeto racional podrá decir lo contrario sin incurrir en mentira o error?
    Por último, y de nuevo: ¿qué hace usted sino recurrir a razones para discutir conmigo? Pues si a ellas recurre, no cargue contra ellas.

    “Y sí, para asimilar todo esto hace falta hace un pensamiento flexible hasta la contorsión circense. Algo, que por cierto, a ti no te falta. Es por ello que resulta necesario junto a una formación básica el capacitar a las personas en aprender a aprender.”

    Respuesta:
    Falso. Si aprender a aprender fuera necesario en algún sentido importante, la humanidad jamás habría salido de la Edad de Piedra. Pero no: la humanidad ha levantado las más magníficas civilizaciones y obras intelectuales sin saber nada de Piaget, Ausubel o Vygotsky.

    El pensamiento flexible que yo tengo en mente no es el que usted refiere. El pensamiento creativo de altos vuelos no es posible sin muchos conocimientos memorísticos bien organizados. Los más grandes genios de la humanidad eran eruditos en sus respectivos campos intelectuales. Sin conocimientos y memoria no hay agilidad mental que valga. La memoria no lastra la mente: la vigoriza.

    “Es por ello que resulta necesario junto a una formación básica el capacitar a las personas en aprender a aprender.
    El alumno no sólo tiene que buscar información, la información le llega de todas maneras, lo que necesita es saber seleccionarla, comprenderla, y utilizarla para resolver todos aquellos problemas que se le planteen a lo largo de la vida.”

    Respuesta:
    ¿Y cómo la buscaban, la comprendían y utilizaban las personas y alumnos anteriores o ajenos al constructivismo? Los más grandes filósofos, científicos y artistas de la historia no fueron instruidos con los principios de la escuela constructivista. Y si acaso lo fueron, entonces Piaget, Ausubel y Vygotsky resultan superfluos, innecesarios, pues sin ellos y sus teorías se alumbraron las más grandes obras de la inteligencia humana.

    “Cuando se dice que todo es plural y diverso, lo es. En poco más de una década se han llenado las calles y las escuelas de inmigrantes de todas las partes del globo terráqueo. Cada uno con su historia, su cultura, sus certezas y sus valores. Esto me recuerda algo que me contó una compañera con respecto a un comentario de su hija, una niña pequeña, la primera vez que vió a un hombre de raza negra. – Mira, mamá, ese señor es “de noche”. Y es que, ciertamente, hace muy poco tiempo no era frecuente ver otras razas o culturas conviviendo con nosotros. Hoy, los avances tecnológicos nos han acercado los unos a los otros hasta convertirnos en vecinos. Y ésta es una innegable realidad que no se puede obviar. Esto, en la escuela, nos obliga, no a no esforzarnos, sino a hacer un esfuerzo extra, para aceptar esas diferencias, comprenderlas y adaptarnos al nuevo tipo de sociedad que se está creando. Lo que ha unido la tecnología que no lo separe la ignorancia. De nosotros depende aprender a convivir, o por el contrario, alimentar actitudes xenófobas tal y como ya se está dando en algunos países europeos como Francia. Si queremos proteger nuestra cultura y nuestra historia y exportar valores europeos al resto de mundo, que haberlos, haylos, primero tendremos que creérnoslos y vivirlos, digo yo. Y sí, la escuela deberá adaptarse a esa nueva situación. Y no sólo la escuela, todos deberemos hacerlo porque caminamos a lo que divertidamente comentaba mi abuela tras la aprobación del divorcio en España “hay que ver que familia formamos, tus hijos, los míos, y los hijos de los dos”. Puede ser, que aferrados como estamos a nuestras tradiciones, haya a quien no le guste esta perspectiva, pero no por ignorar una realidad esta desaparece, y hace falta cierta flexibilidad de pensamiento para adaptarse a esta realidad y solucionar de forma pacífica los inevitables conflictos que se deriven.”

    Respuesta:
    Debe usted de pensar que mi artículo encierra alguna suerte de apología de la xenofobia, o no me explico a qué viene todo esto. Lo comento, no obstante. Incluso en el mejor de los mundos posibles, nos haría falta tolerarnos unos a otros, porque las diferencias son, me temo, irreductibles. No predico contra la tolerancia, sino que ataco la idea de que se ensalce la tolerancia como el máximo ideal de fraternidad a que la humanidad puede aspirar. Y lo que digo es que sólo en la medida en que la humanidad alcance conocimientos universales (cosa que debería proporcionar la escuela), será posible la verdadera fraternidad. Porque, entonces, el mundo se encaminará a un proyecto común. Y lo común no requiere ser tolerado, pues se vive como propio y entrañable (lo ex–traño se opone a lo en-trañable).
    De los alumnos que viene de fuera, unas cosas serán tolerables y otras no. Y de lo que nos viene de aquí, de nuestra tierra, lo mismo. Lo que no es tolerable, por ejemplo, es la insolencia creciente de muchos alumnos, sean de aquí o de allá. Insolencia que hoy muchos docentes se ven obligados a tolerar (soportar) forzados por consignas psicopedagogas vigentes. Ya se sabe: Aquello de inocular estrés en el profesorado y de que aprender a respirar hondo cuando los alumnos se lanzan bolitas de papel.
    Por otro lado, en el ámbito epistemológico, sabemos que el mundo y, por tanto, nuestro conocimiento de él, no es ni plural ni diverso (como ya nos advirtió Einstein, por cierto). Si lo fuera, la ciencia no sería posible, pues no es posible hacer ciencia de lo particular ni de lo cambiante. Puede cambiar nuestro conocimiento del mundo en la medida que lo conocemos mejor, pero eso no significa en modo alguno que el mundo sea cambiante. Eso sería como jugar al gato y al ratón.

    “Un profesor, y de esto sabrán mucho más que yo los presentes, no puede dar la misma clase en un aula integrada por los hijos de médicos y arquitectos que en otro aula donde conviven 6 etnias diferentes con 6 lenguas diferentes y 6 culturas diferentes y cuyos padres posiblemente estén sin alfabetizar.”

    Repuesta:
    Por supuesto: el profesor tendrá que conseguir que los niños de esas diferentes etnias trabajen y se esfuercen más que los otros. Si no lo consigue, la diferencia inicial se perpetuará indefinidamente. Los buenos profesores son aquéllos que logran que sus alumnos sean más trabajadores y perseverantes, en especial quienes más lo necesitan. En condiciones iniciales adversas, docentes y alumnos deben trabajar más. Es de cajón. Y esto es lo que no dicen ninguno de los santones de la escuela posmoderna: que la buena escuela es la que exige y consigue más disciplina, perseverancia y esfuerzo de sus alumnos. Lo cual, insisto, no se logra sin un mayor esfuerzo del profesorado, como es lógico.
    Lo que hoy se hace es otra cosa, o lo contrario: rebajar los contenidos para los grupos desfavorecidos. Con eso no conseguiremos nada: la diferencia inicial no se eliminará jamás. Y abaratar los títulos o medio regalárselos tampoco lo remediará. Aquel atleta que quiera prepararse para las olimpiadas y esté en baja forma, necesitará más esfuerzo y trabajo para ponerse al día que quien parta con mejor forma. Competente es, se quiera o no, el que sabe competir, y una escuela que reniega de la competición implícita a la escuela y falsea los resultados para que todos lleguen al mismo tiempo a meta, no forma “en competencias básicas”. Si alguien desea alumnos competentes de verdad, no deberá evitar un sistema de evaluación que premie los buenos resultados y sancione los malos. Así que, signifique lo que signifique lo de “competencias básicas”, es obvio que entra en franca contradicción con un modelo de escuela que, por miedo al elitismo, iguala los resultados de todos y evita la competición implícita a todo sistema que aspire a la excelencia de sus miembros.

    “Dices, “Antes de la llegada del relativismo, si “A” era cierto, “No A” era falso. Lógicamente. Tras su llegada A y su contrario son igualmente admisibles. Todo vale.”
    Bueno, si no me equivoco, creo que Shroninger,(h más, h menos), ya planteó una paradoja similar con su gato para explicar la dualidad de onda-partícula. Hoy, sabemos que un fotón, la partícula elemental de la que se compone la luz puede comportarse como onda y como partícula al mismo tiempo. Como ves, la lógica que conocemos, o que yo concozco, tiene fallos, lo que no quiere decir que no exista una lógica que lo explique. Esto, de momento, le da la razón al relativismo. A y NO A puede ser cierto al mismo tiempo.”

    Respuesta:
    1. Por tanto, según usted, si yo digo que A y No A no pueden ser ciertos al mismo tiempo y usted dice que sí lo son, ambos, usted y yo, llevamos razón.
    2. Sí, señora, usted se equivoca. A partir de Schrodinger, la lógica no cambia en absoluto ni se hace relativista. Los científicos y los filósofos siguen haciendo aportaciones guiándose por la lógica de toda la vida: la que no admite contradicciones. Y usted, si no se quiere matar, también. ¿O acaso la espita del gas de la cocina de su casa está cerrada y abierta al mismo?
    3. La lógica que yo conozco es la que permite construir y pilotar aviones. La que usted propugna, la lógica ilógica, no permite nada de nada.

    “Pero, ¿hay verdades absolutas? Das por supuesto que sí y añades dos ejemplos que son cuando menos discutibles.
    1- La carne putrefacta nos sienta mal. Lo cierto es que toda la carne que consumes es putrefacta, ya que un cuerpo empieza su descomposición en el mismo momento en que muere. Y tampoco tomas la carne recién sacrificada, necesita de varios días de reposo, en descomposición, para que su textura se ablande. Hay pueblos que preparan la carne en un estado de putrefacción tal, que para disimular su mal olor y sabor la sazonan con todo tipo de especias y son una delicia para el paladar, por ejemplo, los pinchos morunos.
    2- Que dos y dos son cuatro. Eso no afirma nada. Depende de lo que quieras calcular. Si calculas que dos euros más otros dos euros nos dan 4 euros es correcto, pero si lo que quieres calcular es el valor de dos monedas de euro y otras dos de 50 céntimos, entonces el resultado no es cuatro, sino 3.”

    Respuesta:
    1. Según usted no hay ninguna verdad absoluta. Incurre en contradicción, pues, entonces, para usted, será absolutamente cierto, al menos, que no hay ninguna verdad absoluta. Pero bueno, como usted cree que lo correcto es contradecirse, qué le vamos a hacer. Si usted cree que algo puede ser y no ser al mismo tiempo, a usted le dará igual que yo le señale las contradicciones en que incurre. Y si usted es indiferente a la contradicción, usted es inmune a cualquier crítica. Justo lo que les ocurre a quienes se conducen en esta vida bajo dogmas y fanatismo.
    2. Lo que usted objeta al ejemplo de que 2 y 2 son 4, carece de todo sentido. Pone usted pegas rebuscadas, como si su propósito fuera no comprender adrede. Vamos a ver: mi deseo fue poner un ejemplo evidente de que hay cosas ciertas e indubitables. Y dije que 2 y 2 son 4. Y en entonces sale usted con que depende de lo que quiera calcular. Me lo aclara: si calculo que dos euros más otros dos euros nos dan 4 euros es correcto. ¡Ah, por Dios!: Reparemos en sus palabras: En tal caso es CORRECTO. O sea, está usted de acuerdo conmigo con que hay cosas indubitables, correctas o absolutamente verdaderas. ¿Me sigue usted? Si yo le digo que lo que quiero es sumar monedas y afirmo que dos euros más dos euros suman 4 euros, ¿es cierto que suman 4 euros o no es cierto? como usted misma dice que sí, que es correcto, fenomenal: me está usted poniendo un ejemplo de verdad absoluta. Es decir, de verdad objetiva (valga la redundancia) que, como tal, todo ser racional deberá reconocer. Entonces, si usted está de acuerdo en que hay cosas indubitables, ¿por qué me lleva la contraria, caramba?
    3. ¿Qué le puedo decir de lo de la carne putrefacta? Mire, sabe usted perfectamente que la carne putrefacta a la que yo me estaba refiriendo no es a la carne “putrefacta” que usted refiere (que es la que todo el mundo entiende por carne fresca). Y no creo que haya nadie que no sepa a qué carne putrefacta me estaba yo refiriendo. Usted, como es común en todo relativista, simplemente cambia el caso que se le presenta y se sale por la tangente. ¿Cuál es el caso que yo le presento? Pues el de una carne putrefacta nociva para el ser humano: ésa en la que pululan alegres gusanitos y despide un olor nauseabundo. ¿A alguien le podría sentar bien ESA carne, señora; ésa, que no la que usted dice?
    4. Pero si quiere usted ejemplos de cosas que son indubitablemente ciertas, no se preocupe, ahí van unas cuantas de entre las millones que podría ponerle:
    – Es absolutamente cierto que mientras escribo esto, estoy vivo.
    – Es absolutamente cierto que usted y yo no estamos de acuerdo en todo.
    – Es absolutamente cierto que la decapitación de un hombre, le causará la muerte. (No sé si tengo que especificar que este hombre estaba vivo antes de ser decapitado…).
    – Es absolutamente cierto que tengo dos piernas…

    Ojalá me dieran un céntimo de euro cada vez que dijera una cosa absolutamente cierta. Me haría muchimillonario en muy poco tiempo.

    “Vamos al asunto de la tortura. Aquí abandonamos ciencia y nos metemos en la ética. ¿Es mala la tortura? Evidentemente sí, por ello se condena. Pero, ¿es malo es torturador? Yo no estoy tan segura. Veamos. Yo no he torturado a nadie, luego podemos deducir que no soy una torturadora, pero eso no significa que con las circunstancias adecuadas pudiera llegar a serlo. ¿En qué me convierte eso? ¿soy buena o mala? ¿soy mejor o peor persona que el torturador? Prefiero considerarme simplemente afortunada. Que relativicemos los actos no quiere decir que el acto en sí de torturar sea relativo. No lo es.”

    Respuesta:
    ¿Me está contestando a mí, señora lectora? No lo parece, porque dígame usted dónde he dicho yo que sea malo el torturador de niños. Hombre, si quiere lo digo, no hay problema, pero espérese usted a que lo diga por lo menos. Y no se equivoque usted: se condena la tortura y se condena al torturador. ¿O acaso usted no condenaría al torturador de niños a una pena de cárcel? Deduzco que no. Pues mire, las cárceles no se llenan de malos actos, sino de las personas que los cometen.
    En nuestras sociedades, el perpetrador sólo quedaría libre de cárcel si no fuese consciente de sus actos. Si lo es, se le considerará responsable y culpable de sus actos. Usted, por lo visto, no cree que el ser humano sea responsable de sus actos, por eso dice que usted también torturaría “con las circunstancias adecuadas”. Ya lo sabíamos: la posmodernidad hace irresponsables a las personas. Las cree determinadas por el ambiente. El viejo relativismo de siempre.
    Ah, la posmodernidad: qué ligerezas nos depara. Por lo mismo que usted dice, ahora ya son muchas las personas que dicen no arrepentirse de nada. Fantástico, así nos va. Como no siento ningún remordimiento ni pesar por haber causado daño intencionado o por negligencia a mis semejantes, ¿qué razón tendré para no repetir ese daño? No desde luego una razón interna. Donde no hay remordimiento por el mal cometido, hay sujetos impenitentes, que es lo que tenemos hoy en abundancia. Los conceptos de arrepentimiento y culpa cayeron en desgracia cuando la posmodernidad los asoció a los sermones de la iglesia católica. Y otros conceptos han sufrido igual suerte cuando se les ha asociado con el franquismo: por ejemplo el pudor, la disciplina, el orden… Sin embargo, la culpa, el pudor o la disciplina tienen otros orígenes mucho más remotos. Moran en el ser humano racional. Y es una pena que hayan caído en desgracia por quedar asociados a regímenes o instituciones más o menos cuestionables.
    Si los malos actos no deben llevarnos a sentimientos de culpa, pues están determinados por “circunstancias adecuadas”, por la misma regla de tres, los tampoco nadie deberá sentirse orgulloso por sus buenos actos o méritos: también estarán determinados por las “circunstancias adecuadas”. ¿Qué le diremos a un niño que ha hecho una buena obra o ha estudiado bien? ¿Le tendremos que decir que no se sienta orgulloso de ello, pues él sólo has sido un títere de las circunstancias? Lo que hoy ocurre en las escuelas (en la sociedad) es que se disculpan los malos actos de los alumnos alegando circunstancias adversas (familia “desestructurada”, pobreza, etnia minoritaria…), pero se trata de elevar la “autoestima” del alumno desfavorecido (o supuestamente desfavorecido) cuando alcanza algún pequeño logro. Es decir: se utilizan varas de medir diferentes: los malos actos se imputan a las circunstancias; los buenos, al mérito personal.

    “Si dividimos el mundo en buenos y malos posiblemente acabemos haciéndonos una higa sobre lo que está bien y lo que está mal. Un ejemplo clarito: El atentado a las torres gemelas de NY. Esta mal. Es un acto de terrorismo condenable, y así lo ha entendido el mundo Sin embargo, un ejecutivo de las torres gemelas echa una firma en un documento y al año siguiente mueren de hambre millones de personas en Bangla Desh. Eso también está mal y también es condenable. No hay buenos y malos. Hay acciones buenas y acciones malas. Por ello resulta tan complicado juzgar en plan absoluto y nos centramos en los hechos concretos.”

    Respuesta:
    1. Sigue usted contestándose a sí misma, no a mí. En el mundo hay gente muy buena y gente con muy mala leche. Pero la división maniquea que usted me atribuye no veo que la justifique usted de ninguna manera.
    2. Su ejemplo no me parece nada clarito. El juez no condena al acto de asesinar a equis años de prisión. El juez condena al autor del crimen a equis años de prisión. Y es el autor, todo él, quien sufre prisión. Si sólo se juzgaran conductas, las cárceles no estaría como están.

    “Esto nos lleva a tu siguiente punto. “No hay culturas superiores a otras en ningún sentido”. Claro que no. Todas las culturas son depositarias de unos valores y unas tradiciones que han compartido sus miembros durante generaciones.”

    Respuesta:
    Claro, como se declara usted partidaria de la contradicción, pues no tiene ningún empacho en contradecirse a cada momento. Unos pocos renglones más arriba encontramos que usted arremetía contra la época en que “la razón absoluta (sinrazón quiere decir usted) de papas y monarcas sumió a la sociedad en una de las épocas más oscuras –tanto en ciencia como en pensamiento- de la historia.” Pero oiga usted, ¿en qué quedamos? ¿Cómo dice ahora que no hay culturas superiores a otras en ningún sentido? Pues parece que a usted esa cultura de papas y reyes absolutos no le parece muy buena que digamos.
    “Por ello, y ésto nos lleva al siguiente punto “todas las opiniones son igualmente respetables”. La opinión del alumno no vale ni más ni menos que la del profesor. La del profesor, o la del padre, puede ser más respetada, pero para ser respetable ha de ser sensata, y yo ya he oído y dicho demasiadas insensateces como para anteponer mi opinión sobre la de nadie. Una opinión tiene valor en la medida en que se puede defender y argumentar. Ha de ser razonada y razonable.”

    Respuesta:
    1. Vaya, quién lo diría, cuánta importancia le concede usted a la razón.
    2. De modo que usted no prefiere a ningún opinante de antemano. Si a usted le duele el pecho, ¿a quién consulta usted: al fontanero o al médico? Temo que me salga con algún “depende” de los suyos, la verdad. Que me diga, por ejemplo: “Eso depende. Quizá le pregunte antes al fontanero en caso de que el médico esté en el Congo.” Usted, señora, consulta al médico, ¿o no? Y le consulta porque, aunque el médico pueda equivocarse en su diagnóstico o incluso cometer algún disparate, por lógica y sentido común confía DE ANTEMANO más en el criterio del médico que en el del fontanero.

    Lo que usted dice nos lleva al absurdo de tener que preguntar a todo mundo su opinión y luego juzgar cuál es la más razonable. Preguntemos al fontanero no sea que lo que nos diga sobre el dolor del pecho sea más razonable que lo que nos diga el médico. Y el profesor de Lengua novato que les pregunte a los alumnos cómo organizar la asignatura de Lengua, no vaya a ser que éstos tengan una opinión más razonable que la de los profesores de lengua veteranos. Y el profesor de matemáticas que consulte a los alumnos sobre cómo organizar la programación correspondiente, que es posible que le ofrezcan una opinión más respetable que los demás profesores de matemáticas.

    En fin, señora lectora, a mí su forma de pensar también me pone los pelos como escarpias. Sobre todo porque es, me temo, la dominante en nuestros días. Una forma de pensar que reniega de la lógica y, con ello, aniquila el pensamiento racional. Que entrona el relativismo y la contradicción a él aneja. Que arrebata la responsabilidad a las personas y las exculpa con la coartada de las “circunstancias adecuadas”.

    Tenga usted una buena tarde.

  30. Francisco Javier
    20 septiembre 2010 a 14:29 #

    Estimada lectora:

    Hitler no estaba loco en absoluto. Ahora estoy leyendo un libro de psiquiatría en el que se afirma, que Hitler era un persona absolutamente normal, lo qe no es incompatible con su infinita estupidez y su infinita maldad. Maldad de la que fue absolutamente responsable como sujeto. Nietzsche, a diferencia de Hitler, fue un hombre noble, yo diría que hasta con buen corazón, y del cómo hubiese reaccionado ante la barbarie nazi tan sólo pueden hacerse conjeturas nada fiables. En todo caso, el no vivió aquel infierno y por tanto nada cabe imputarle. La gente absolutamente normal es capaz de los actos más repulsivos, como muestra de forma rigurosa, empírica el comportamiento vergonzoso del pueblo alemán en la época nazi. Respecto a Nietzsche te diré que, a pesar de su honradez y de su talento, ha potenciado la confusión y la estupidez. Y para decirlo claramente, no me extraña nada que fuese leído con placer por los nazis, que encontraron en su obra una ustificación metafísica para cumplir con su Destino: el exterminio de todo aquello que no fuese ario. No hay Dios, todo está permitido, luego vamos a jugar con la muerte. La guerra es el arte supremo.
    Nelson Mandela no creo que hubiese sido considerado por Nietzsche ningún superhombre y hubiese preferido mil veces a un guerrero maasai, bien fuerte, aguerrido, hermoso y salvaje.

    Para mí no todas las opiniones son importantes: selecciono. Creo que te estás formando una imagen un poco caricaturesca de los que somos críticos con el sistema educativo español. Aquí nadie plantea volver a pegar a los niños, ni a tratarlos como esclavos, ni nada parecido (lee algún artículo más), sino que denunciamos la inmensa basura en que se ha convertido la educación en este país. Las políticas educativas del amor, la creatividad, el buen rollo, etc. (pura falsedad pues te aseguro que ni amor, ni buen rollo y ninguna creatividad: para ser creativo hay que ser inteligente) son una estafa cuyas consecuencias más nefastas comprobamos ahora en plena crisis con un alumnado semianalfabeto y con unas posibilidades de inserción laboral prácticamente nulas: es el resultado de décadas de hacer el gilopollas.

    Un saludo.

  31. Mari
    23 septiembre 2010 a 17:26 #

    Fco Javier, perdone que haya tardado tanto en comentar su escrito.

    Mire, resalté las virtudes del sistema educativo finés, para después, analizar un poco sus debilidades, pero usted se me adelantó. ¿Podríamos deducir de su comentario y el mío que también el sistema educativo finés puede tener sus contras?
    Por otra parte, decirle que no me invento datos, hay montones de estudios hechos, que puede encontrar en el mismo Internet, búsquelos sino me cree, pero cuando en Finlandia había un 90% de la población alfabetizada, en España quedaba aún un porcentaje muy alto de analfabetos. Le diré también que en los años 70 no eran demasiados los que estudiaban en las universidades española; razones… varias, pero la principal: que las familias necesitaban que sus hijos en edad de estudiar trabajaran fuera de casa y las hijas ayudaran en la misma; muchas familias eran numerosas, y no predominaba la clase media precisamente. No sé que edad tendrá usted, pero yo he estudiado bachiller elemental y superior y, más tarde (tras un año de trabajo), COU y al menos en mi tierra muchos chicos y chicas en los 70 dejaban sus estudios antes de acabar la EGB.

    Emilio, perdone usted también. Sólo decirle que lo de la droga no es de ahora. Desde que recuerdo he oído y visto mucho sobre ella y debido a ella. Es cierto que España es, según el estudio del Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanía de 2009, el mayor consumidor de cocaína de Europa en el último año; y no sé si este sistema educativo tiene mucho o poco que ver en ello. Influirá – como en todo – más de una variable, aunque ciertamente la educación es quizás la más importante (la que se recibe en casa, en la escuela, a través de los medios de comunicación, etc.).

    Lectora, siento de veras que no me comprenda, yo a usted sí. Intentaré explicarle en que estoy de acuerdo con usted y en que, no. Y espero que esta vez me entienda.

    Mire, estoy de acuerdo con usted en casi todo cuanto dice con respecto a la enseñanza, menos en el concepto que tiene de la escuela de hoy. Considero que un niño debe opinar y participar en la toma de decisiones… ya desde pequeño, pero también tiene que ir comprendiendo que hay que compartir a los padres, al maestro… los materiales, la mesa, la cama o el cuarto, la clase… los ochenta metros de su casa, para después compartir el espacio en la oficina o en la fábrica… Tiene que acostumbrarse a esa sociedad que evoluciona sin parar y que está ahí (usted lo dice con otras palabras). Por ello, desde mi criterio, creo que la escuela debe enseñar a los niños a esforzarse (en esta parte estoy de acuerdo con Raus), a cumplir las normas (es una pequeña sociedad), es decir, debe enseñarles a cumplir con sus deberes y también a exigir sus derechos, a opinar, pactar… El maestro debe orientar la formación del alumno y guiarlo por este camino (el democrático). Y no todos tenemos ni podemos saber de todo, en una sociedad como la nuestra no queda más remedio que especializarse (el señor Raus imagino que exagera intencionalmente cuando dice que le pregunte al fontanero cuando le duela el pecho). También imagino que usted cuando dice (yo de igual forma lo digo): toda opinión es igual de válida, se refiere a que no podemos ni debemos desestimar la opinión de nadie, por necesidad y por ética; todos tenemos un lugar en esta sociedad y todos somos necesarios. El niño en esa pequeña sociedad que es el aula, y en el centro educativo, tiene mucho que decir; el enfermo en su centro de salud, etc. La sociedad es una estructura muy compleja, donde cada parte se relaciona con las demás partes y se influyen…

    Por otro lado me gustaría decir que considero que ser flexibles no debe indicar estar de acuerdo con todo lo que ocurre a nuestro alrededor, habrá cosas que personalmente consideremos perjudiciales para la vida en sociedad y para el bienestar de la persona y éstas habrá que criticarlas e intentar cambiarlas, sean nuevas o vetustas, y habrá que aliarse con los que piensen como nosotros y pactar (esto es ser flexible) con los que sin salirse del marco legal piensen diferente (yo no estoy de acuerdo con los que están aferrados a las tradiciones clasistas y elitistas, pero son parte de nuestra sociedad y hay que pactar con ellos y ellos con nosotros); También considero que existen tradiciones positivas que habría que seguir practicando, salvaguardando (cuando era pequeña me encantaba llegar a casa y que estuviera mi abuelo materno allí, jubilado del campo, y nos diera la merienda, siempre estaba, y me encantaba después entrar en casa de mis otros abuelos a saludar, a veces sólo decía: “¡hola, abuela!”, y me iba a jugar a la calle; sé que esto hoy es casi imposible y que el que nunca lo conoció… no lo echará de menos, pero intuyo que la mayoría de los que lo vivimos, y conocemos, ahora, esta nueva forma de relación familiar y de vecindad, pensamos que aquello era mejor). No todo lo de antes era malo, ni todo lo de hoy es bueno, por lo que, desde mi criterio, sería conveniente ser cuidadoso a la hora de analizar la realidad, no podemos obviar nada, ni lo que ya no está, ni lo que aún perdura, ni lo nuevo, ni porque evolucionó esto así, ni lo que unos consideran que debe desaparecer, sea nuevo o viejo, y lo que otros, no lo creen, etc. y para resolver, como dices, lectora, los inevitables conflictos que de todo esto se deriven.
    Por otra parte, opino que el que comete una maldad es malo en teoría, aunque no es lo mismo torturar a otra persona por necesidad de dinero para comer y así no morir de hambre, que hacerlo por dinero para ser más rico, o para tener más poder; el grado de maldad no es el mismo en estos casos; en el primer caso, el acto se realiza por necesidad, en los otros dos, por ambición. No deberíamos justificar ningún acto de maldad, pero muchísimo menos los dos últimos, porque seguramente éstos son los responsables de que ocurra el primer caso. Aquí es, desde mi criterio, donde la ley y la ética tienen que profundizar mucho más.
    Podríamos buscar modos de ver la maldad; unos pensarán que malo es el que hace maldades, otros creerán que maldades podemos hacer todos en un momento y circunstancias determinadas, y habrá quien piense que coexisten las dos formas anteriores. Desde mi criterio, el que hace maldades por norma es malo, lo que no sé es si lo es por enfermedad, accidente, ansias de dominio, odio o a saber; puede que se llegue a ser malo por varios caminos; el diccionario está lleno de palabras como: sadismo, crueldad, perversidad, maldad, despotismo, tiranía, odio, etc. También habría que distinguir entre cuando se es malo con alevosía y cuando no. Creo que existen muchos tipos y grados de maldad. De cualquier manera creo que es un tema demasiado peliagudo e importante como para ser tratado con prisas y por personas poco doctas como una servidora.

    Lo cierto es que el señor Raus nos hace reflexionar, al menos a mí, gracias señor Raus.

    Un saludo.

  32. una lectora.
    24 septiembre 2010 a 21:18 #

    Hola Raus, disculpe por mi tardanza en contestar pero poner en orden tanto desorden lleva un tiempo, y más cuando no se tiene.

    Lo cierto es que podría rebatir su réplica punto por punto pero, si bien para mí puede resultar divertido, usted me volverá a replicar punto y punto y así hasta el infinito y más allá. El resultado sería que llenaríamos páginas y páginas con algunas ideas sensatas y otras muchas estupideces y cada vez nos alejaríamos más del punto de partida. Así que procuraré ser breve.

    Para desarrollar su teoría parte usted de tres dogmas que estarían en el origen del ocaso:

    1. El mundo es proteico, todo cambia nada permanece.
    2. Todo es plural y diverso.
    3. Todo es relativo.

    Ahí está la primera contradicción de su razonamiento: en un mundo relativo no hay lugar para los dogmas. Ya sabe, no puede ser relativo y dogmático al mismo tiempo.

    Sigo. Aceptando las reglas de la lógica nos encontramos que para aceptar sus conclusiones debemos aceptar la validez de las premisas y puesto que la tercera no lo es, atendiendo a su principio de la no contradicción, he de suponer que su razonamiento y posteriores conclusiones son erróneos.

    Ahora bien, si aceptamos que sus conclusiones son correctas, en tal caso hemos de aceptar que las premisas lo son también, y por tanto, no hay nada dogmático el ello. Si no es un dogma, necesariamente es un conocimiento fruto de la experiencia y con ello rompe una vara a favor de Hume y el empirismo.

    Sin embargo, usted ha desarrollado su teoría partiendo de una premisa falsa y lógicamente cabe deducir que las conclusiones también lo son. Quizás por ello se ha hecho una higa en una de sus contorsiones mentales y se contradice tanto. Por ejemplo aquí “Los dogmas no los origina el buen uso del entendimiento, sino, precisamente, el pensamiento que reniega de la lógica, del principio de no contradicción y los datos de la experiencia.”Exactamente lo que usted ha hecho.

    O aquí “Por supuesto: el profesor tendrá que conseguir que los niños de esas diferentes etnias trabajen y se esfuercen más que los otros. Si no lo consigue, la diferencia inicial se perpetuará indefinidamente” ¿Quién aboga ahora por el igualitarismo? Se equivoca usted, no somos iguales ni nunca lo seremos, a lo más que cabe aspirar es a una igualdad de oportunidades, por aquello de la justicia social, pero son esas ideas de igualitarismo una de las causas de fracaso escolar que tanto se denuncia desde esta plataforma.

    O aquí “La lógica que yo conozco es la que permite construir y pilotar aviones. La que usted propugna, la lógica ilógica, no permite nada de nada”. ¿Quién aboga ahora por que lo práctico es lo útil?

    Dice: “La posmodernidad es el resultado postrero de un largo proceso de degradación intelectual de las sociedades occidentales.” Y sin embargo, nunca se ha sabido tanto como se sabe hoy. En un solo día se genera más información de la que disponían las bibliotecas en épocas pasadas, pero esa información no se convierte por arte de magia en conocimiento. Para convertirla en conocimiento es necesario saber buscarla, seleccionarla y contrastarla y aprehenderla. Hay que aprender a aprender.

    Dice: “En el ámbito epistemológico, el hombre posmoderno niega el conocimiento objetivo. La razón sólo alumbra dogmas o monstruos metafísicos. La experimentación positivista sólo puede dar cuenta de lo particular, negándose, por principio, la posibilidad de aprehender lo universal. Queda, por tanto, el escepticismo radical (o el nihilismo) que ya predicó Hume.”Y sin embargo, nunca se ha aprehendido tanto lo universal. Antes se tenía conocimiento de lo que nuestros sentidos podían percibir, hoy, la tecnología nos permite observar desde lejanos puntos del universo hasta las partículas más elementales que componen la materia; de lo que sucede en Pekin a lo que sucede en Berlín en tiempo real.

    Dice: “En el ámbito político, el saber y la autoridad asociada a él quedan bajo sospecha: el saber es sólo un instrumento del poder para manejar y manipular a las masas. El saber, además, impone una jerarquía social indeseable.” Y sin embargo, nunca en la sociedad occidental se ha alcanzado un bienestar semejante. Nunca una jerarquía social fue tan deseable. ¿o prefiere acaso la de la Edad Media? ¿Se da cuenta de lo que ocurre con los razonamientos cuando se dan de bruces con la realidad, la empiria?
    Ha de aceptar la empiria si quiere acercarse a la verdad, captar su esencia, de lo contrario, con el simple uso de la razón corre el riesgo de anatemizar el conocimiento. Veámoslo con algunos ejemplos “Si digo que la capital de Madrid tiene más población que Albacete capital, ¿es verdad?, ¿es real? Por supuesto, es absolutamente cierto.” De acuerdo, pero este no es un conocimiento que se establecezca a priori, es consecuencia de la experiencia, uno va al registro y comprueba en qué ciudad hay más empadronados. Por otro lado ese dato absolutamente real también es relativo, puesto que si queremos, por ejempo, establecer los servicios de esa ciudad, deberemos de conocer no sólo el número de empadronados, sino que además tendremos que considerar toda la población que, viviendo fuera, se desplaza a Madrid a trabajar, de turismo, etc, etc, etc.

    O este otro “Usted, y perdóneme, no puede estar más equivocada respecto de su discurso sobre la razón. ¿O es que acaso todos esos descubrimientos científicos de que habla no son descubrimientos de la razón? ¿O es que cree usted que Darwin dio con su teoría porque una musa se la dictó al oído? ¿Acaso no se sirvió Mendel de la razón (de las leyes del pensamiento lógico) para hacer posible su descubrimiento? ¿Cree usted que Mendel, por poner un ejemplo, hubiera descubierto algo si hubiese prescindido del aristotélico principio de no contradicción? ¿O cree que habría hecho lo propio Einstein si le hubiera hecho una higa a la lógica y las leyes del pensamiento, como usted propone? ¡Pretende usted confutar la razón acudiendo a las obras de la razón!” Y sin embargo, Es usted quien asegura que Darwin dio con su teoría porque una musa se lo dicto al oído al negar que el conocimiento también es fruto de la experiencia. Lo que Darwin hizo fue observar cómo en diferentes islas de las Galápagos, las aves habían adaptado las formas de sus picos a los recursos de la isla. De ahí que empezase a sospechar que no siempre habían sido así, sino que se habían adaptado, en palabras de Hill Bryson, se habían hecho a sí mismas. Cuestionó un dogma fundamental: Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza.
    Con Mendel pasa algo parecido. Era jardinero. Observó como seleccionando las semillas de las mejores plantas, las especie mejoraba y esto le llevó a la idea de que ciertos caracteres eran hereditarios.
    Con Einstein fue diferente. El sí que concluyo su teoría desde la razón. Partiendo de dos axiomas: No existe el eter y la velocidad de la luz es constante desarrolló una fórmula matemática que definió lo que hoy conocemos como teoría de la relatividad que construyó a partir de la de la gravedad de Newton. E = m.c2. Pero ignorar las experiencias que por entonces se hacía en el campo de la mecánicica cuántica, la lógica ilógica, lo dejó fuera de juego en el campo de la ciencia durante la segunda mitad de su vida. Como ve, yo no pretendo confutar la razón con la razón, lo que pretendo es darle a la experiencia el valor que le corresponde.

    Pero no se preocupe, que su opinión sea falible no significa que necesariamente haya de ser falsa. Usted tiene parte de razón puesto que son sus percepciones, así ve usted las cosas, y yo tendré parte de razón tanto en cuanto que es mi realidad, la forma en que yo la concibo. Y es en el diálogo entre sus opiniones y las mías que podamos llegar a establecer un juicio lo más aproximado posible a lo que es real. Así funciona la ciencia. Todas las opiniones son igualmente respetables, la suya y la mía. Por tanto, la fraternidad, no consiste tanto en que tolere su opinión, sino en que trate de comprenderla, porque es real.

    No es cierta su tesis de “La supuesta imposibilidad de aspirar a lo común y universal desviará la atención del docente hacia los sujetos y las relaciones que mantienen entre ellos. Como ninguna opinión será más valiosa que cualesquiera otras, la tarea del docente será adoctrinar a los alumnos para que aprendan a tolerar la diferencia, la opinión opuesta del otro, simple y llanamente.”No podemos aspirar a lo común y universal, pero sí podemos encontrar lo común en nuestro pensamiento, lo que nos une, y así poder llegar a un acuerdo.

    En la escuela, esto se traduce en considerar las aportaciones de los teóricos de la psicología como los ya nombrados, Piaget, Ausubel, Bruner o Vigotsky, si bien sus aportaciones no son imprescindibles, puesto que las civilizaciones han progresado igualmente, el no hacerlo nos lleva a correr el riesgo de hacer, en sus propias palabras “Una escuela que prescinde de la historia y de la historia del pensamiento es la más imbécil de las escuelas posibles. Es la anti-escuela. Niños y chavales que desconocen por completo las encrucijadas del pensamiento, están condenados a reproducir errores ya superados, y quedan inermes ante las mismas fuerzas instintivas que bullen en su interior.”Y son éstas, sus propias palabras las que le deberían hacer reflexionar un poco más sobre su visión de la escuela. Quizás los del manifiesto “no es verdad” no estén tan equivocados.

    Y, hablando de reproducir los errores ya superados, llegamos a sus teorías feministas del género. Que la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas consideremos que hablar en en estos términos atente contra la eficiencia de la lengua, tal y como apuntan algunos o algunas académicos o académicas de la lengua, o que a los miembros y miembras del gobierno se les vaya la olla en cuestiones de discriminación positiva no necesariamente ha de significar que el feminismo sea aborrecible. Nos señala que “hombres y mujeres, nos asegura este aborrecible feminismo, pueden condicionarse para que se comporten exactamente igual. O pueden, igualmente, reeducarse.” Condicionar, amigo mío, es prejuzgar el papel que han de desarrollar hombres y mujeres en la sociedad atendiendo únicamente a cuestiones de sexo, que no género.

    Que tenga un buen día.

    • Francisco Javier
      24 septiembre 2010 a 22:48 #

      ¡Viva la patafísica!

  33. Raus
    25 septiembre 2010 a 8:35 #

    Estimada Mari, le agradezco sus palabras. Eso es lo que necesitamos: reflexionar y hacer reflexionar. Quiero preparar un artículo sobre el constructivismo y diversas cuestiones que han quedado pendientes. Como siempre, me llevará un tiempo.

    Señora lectora, lleva usted razón en que esto podría alargarse demasiado. Le contestaré en cuanto pueda, aunque me temo que seguiremos estando en los antípodas del pensamiento.

    Saludos.

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