Hechos

David López Sandoval

Recuerdo a don Ginés. Lo conocí el año en que empecé a dar clase. Era maestro de Matemáticas y le quedaba poco para la jubilación. Lo llamo don Ginés porque así lo llamaban todos en aquel instituto. Don Ginés poseía todas las trazas de lo que actualmente se suele denostar en un docente. Era severo, autoritario y muy disciplinado. Hablaba a sus alumnos de usted y exigía que se dirigieran a él de la misma forma. Muy pronto me aficioné a su compañía. Coincidíamos en la sala de fumadores -por aquel entonces fumar no era delito- durante los recreos. Generalmente charlábamos sobre las clases, y de cada comentario suyo yo extraía alguna que otra lección práctica que luego he aplicado con mayor o menor éxito. Pero lo más interesante de aquellos encuentros eran las anécdotas que, de vez en cuando, desgranaba acerca de su propia vida. Las dejaba caer siempre para ejemplificar algo del presente, haciendo gala, por lo demás, de unas excelentes dotes de narrador.

Don Ginés se quedó sin madre a los ocho años. Su padre, que murió sin haber aprendido a leer y a escribir, sacó adelante a sus tres hijos como pudo. Unas veces trabajaba la tierra de alguna de las fincas de la zona, otras se dedicaba a la venta ambulante. Pronto se llevó a los dos mayores a trabajar con él, y don Ginés, el pequeño, habría seguido el mismo camino de no ser por un maestro que vio en el chaval dotes para el estudio y que hizo todo lo posible para que continuase escolarizado. Contaba don Ginés que la tarde en que se presentó el maestro en su casa para hablar con el padre, este no cesó de asentir con una actitud de respeto que sólo le había visto cuando tenía delante al patrón de una de las fincas en las que solía trabajar. Luego, cuando el maestro se marchó, observó cómo su padre daba un profundo suspiro y sonreía, tal vez -eso decía don Ginés- porque siempre consideró aquello como una de las pocas cosas importantes que le habían ocurrido en la vida.

También me acuerdo de Ana. Fuimos a la misma clase durante los dos últimos años de instituto. Yo estaba en lo que antaño se conocía como Letras Puras, ella hacía Letras Mixtas. La recuerdo porque era la empollona de la clase. Impecables eran tanto sus notas como su actitud. Como suele ocurrir en estos casos, tenía pocas amistades. Mientras los demás nos volvíamos locos con eso que llaman ahora sociabilización adolescente, ella se escondía del mundo en la biblioteca del instituto para estudiar. Es curioso. A pesar de que no la traté demasiado, ahora acude a mi memoria con asiduidad, y es quizá una de las personas que más y mejor recuerdo de aquella época. Sobre todo cuando, en alguna sesión de evaluación, sale a relucir el típico caso de alumno con familia desestructurada al que todos terminan pasando de curso por compasión.

Los padres de Ana estaban divorciados. Ella vivía con su madre, que trabajaba limpiando escaleras. Sería innecesario decir que no nadaban en la abundancia precisamente. Ana ayudaba a su madre los sábados y nunca asistió a ninguno de los saraos nocturnos que solíamos organizar los fines de semana. Tampoco fue al viaje de estudios de 3º de BUP porque no se lo pudo permitir. Ni siquiera apareció en la fiesta de graduación de COU. Recuerdo que sus camisas -siempre las mismas, no era frecuente que cambiase de vestuario- estuvieron durante algún tiempo en el top ten de los chistes fáciles de la clase.

En alguna que otra conversación, cuando las hormonas nos daban un respiro, era habitual que el nombre de Ana se mencionase despectivamente, casi siempre como el ejemplo de chica con quien nunca íbamos a malgastar ni un segundo de nuestro valioso tiempo. Qué equivocado estaba, y qué gilipollas puede ser uno a cierta edad. El caso es que Ana estudió Derecho, hizo el doctorado cum laude, hoy es profesora de la Facultad y al final resulta que es la única persona de aquellos años que se merece que yo esté ahora dedicándole estos minutos de mi insignificante tiempo.

Lamentablemente historias como estas son cada vez menos probables en la actualidad. Las legiones de la reforma se ocuparon concienzudamente de echar sal sobre las últimas ruinas de la enseñanza para impedir que la distinción y la excelencia volviesen a poner en duda su igualitarismo de gulag. A veces uno piensa que tiene que haber algo más que estulticia política en este desierto que nos rodea. Desconozco si Jean-Claude Michéa tiene razón al afirmar que todo se debe a un plan preestablecido, si la mano invisible del poder está detrás de esta chapuza a la que Occidente -y con especial entusiasmo España- se ha lanzado en plan kamikaze. Pero lo cierto es que los resultados hace tiempo que están ahí para quien quiera conocerlos. El índice de fracaso escolar ha desbordado las copas de quienes brindaron por la reforma, y el porcentaje de titulados en Bachillerato, por ejemplo, es hoy día inversamente proporcional a pesar de que se haya ampliado la edad obligatoria de escolarización. Estos datos deberían bastar. Pero no bastan. Los datos nunca son suficientes para una clase política parapetada en los búnkeres del populismo y del agitprop. Es mucho más sencillo continuar vistiendo al cadáver con las consabidas galas de la retórica hueca.

No soy amigo de las encuestas. Me aburren. Me pierdo en ellas. Siempre suelo saltarme esos preámbulos llenos de cifras para ir directamente al final, a las conclusiones. Sin embargo sí me considero un observador con recursos, y a veces me sorprendo incluso bosquejando corolarios de lo que escucho y veo. Por eso hoy he decidido dejar a un lado los datos, ceñirme a los hechos y permitir que estos argumenten con precisión incuestionable lo que está ocurriendo. Y los hechos hace tiempo que dictaminan la misma sentencia: a pesar de los cambios políticos y sociales de los últimos cuarenta años, a pesar de la extensión de la obligatoriedad de la enseñanza, a pesar de que nunca el sistema educativo recibió tanta pasta como la que recibe, son todas esas Anas y todos esos Gineses los que actualmente nutren las estadísticas del fracaso, y no porque la sociedad de hoy sea mucho más perversa que la de antaño, no porque alguna Ana esté en estos momentos pegada al chat u otro don Ginés tragando mierda televisiva, sino porque el sistema ha conseguido justo lo contrario de lo que predicaba: lastrar desde el principio cualquier posibilidad de promoción social en el alumnado más desfavorecido. Así de sencillo. Y así de crudo.

Y como muestra, este último botón:

Durante un mes y medio di clase a Juan Antonio en 2º de ESO, hace siete años. Había repetido una vez el curso anterior, pero no era un alumno PIL (Promociona por Imperativo Legal). Poseía un nivel de lectoescritura acorde con su edad y en el cálculo matemático destacaba incluso por encima de sus compañeros. Su carácter era difícil sin embargo, y no había día que no fuera enviado a Jefatura de Estudios con alguna amonestación. Su historial familiar era también bastante peliagudo. Nunca conoció a su padre y su madre había muerto hacía dos años dejándolo bajo la tutela de su segundo marido, quien a su vez tenía tres hijos de un matrimonio anterior. Juan Antonio no se llevaba bien con su padrastro, en paro desde hacía meses, y parece ser que, para evitar su presencia, pasaba la mayoría de las tardes en la calle, vagando de un sitio a otro y metiéndose habitualmente en líos que luego los compañeros de clase contaban llenos de admiración. La familia malvivía en una ruina de casa de la parte antigua del pueblo. La carencia de higiene era evidente en el aspecto del chaval, quien, además, muchas veces se quedaba sin el almuerzo por no tener dinero para comprarse un bocadillo.

Pero, como ya he dicho, Juan Antonio no era PIL. Nunca promocionó por ley. En su segundo año de 1º de ESO sólo le había quedado la Educación Física por su temperamento impulsivo e indisciplinado. Sus notas no eran maravillosas, bien es cierto, sin embargo el chico nos había dejado asombrados haciendo gala de una inteligencia y, en ocasiones, una madurez impropias de su edad. Si con lo mínimo Juan Antonio era capaz de aprobar casi todas las asignaturas, ¿qué no lograría cuando sus profesores consiguiéramos sentarlo a estudiar?

No obstante su destino ya estaba escrito. Pasaba a 2º de ESO con la marca de alumno de Compensatoria por obra y gracia del Departamento de Orientación. Recuerdo la sesión de evaluación inicial como uno de los momentos más duros que he sufrido en este trabajo. La discusión se mantuvo durante más de hora y media y finalmente ganaron los argumentos paternalistas y legalistas de siempre: las cosas no eran así, la realidad era otra, por mucho que me empeñara yo debía aceptar que la situación familiar del chico lo convertía en carne de Compensatoria. Situación familiar. Recuerdo que no me hizo gracia el eufemismo. Recuerdo que insistí, que protesté y que, al salir, comencé a sentir este cabreo que desde entonces me acompaña a todas partes y que ahora me hace estar alerta ante casos parecidos.

Pero sobre todo recuerdo que lo vi claro. Por vez primera vi las fauces del monstruo. Y luego tuve miedo. Un miedo que todavía siento cada principio de curso. Porque lo que en realidad querían decir aquellos cabrones era que la condición social de Juan Antonio, a pesar de las aptitudes que este había demostrado, lo condenaba a la medianía y al fracaso.

Tres años después, cuando ya había dejado el centro, me encontré con uno de los compañeros que habían asistido a ese auto de fe. Aún me acordaba del chaval, así que le pregunté por él.

Aquella respuesta es lo único que me obliga a seguir escribiendo en este blog.

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas

Autor:David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura. Administrador del blog.

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26 comentarios en “Hechos”

  1. sonia
    8 septiembre 2010 a 7:09 #

    ¿Qué respuesta? Me he perdido al final 🙂

    • 8 septiembre 2010 a 13:50 #

      Querida Sonia:

      Juan Antonio (no es su verdadero nombre, por supuesto) dejó de ir a clase ese mismo año. Esa fue la respuesta. Había abandonado. No sé qué hubiera pasado si no se llega a meter en Compensatoria. Pero a veces creemos que los alumnos son gilipollas y no nos damos cuenta de que se enteran de todo lo que pasa a su alrededor. Cuántas veces habré oído decir a un chaval que la Diversificación, por ejemplo, es para tontos o, por lo menos, para aquellos que han tenido la suerte de que se cumpla el sueño de la mayoría de estudiantes que actualmente campan por los patios de secundaria: sacarse el título haciendo la mitad que sus compañeros.

      Supongo que Juan Antonio sabía muy bien qué significaba la Compensatoria.

      Por cierto, al año siguiente de abandonar el instituto, J. Antonio ya se había enfrentado a su primera detención por robo.

      Un saludo.

  2. 8 septiembre 2010 a 8:58 #

    La entrada e muy pertinente. Frente a los argumentos pseudoprogresistas, la escuela de hoy (con sus comprensividades, adaptaciones curriculares, compensatorias y demás) es un retroceso en la llamada escalera social. El modelo LOGSE-LOE es el verdaderamente segregador. Tiene un concepto muy reglamentista y estamentalista de cómo encuadrar a los alumnos. Por no hablar de la segregación pública-privada, donde esta última es fuerte. Presume, pues, de todo lo que carece.

    Si se quiere que la escuela sea un medio de promoción de los alumnos con talento e interés de origen más humilde, no se puede mantener el actual status quo.

    • 8 septiembre 2010 a 13:57 #

      Y por eso, Mariano, llegamos a la conclusión de que en realidad no se quiere.

      Actualmente el sistema educativo es “eugenésico”. Y por eso es el mayor obstáculo que quienes creemos en la libertad política y en la igualdad de oportunidades encontramos para mejorar esta oligarquía partidocrática.

      Para el patriciado, colegios en el extranjero o privados que no siguen el currículo español. Para la plebe, la asistencia social.

      Un triste saludo.

  3. Maximiliano Bernabé Guerrero
    8 septiembre 2010 a 9:55 #

    Tú lo dices David, “su destino ya estaba escrito”. He conocido varios alumnos como Juan Antonio. Incluso conocía a Yassin, adolescente marroquí que llevaba en España desde que era un bebé y hablaba nuestro idioma igual que cualquier chico de su edad. Sin embargo, su condición de extranjero le mandó al corral de compensatoria. Tras años de colorear fichas y hacer el gañán por indicación pedagógica acabó convertido en un personaje que me recordaba al Azarías de “Los Santos Inocentes” y en el hazmerreír del instituto. Para no hacerme más litros de mala sangre he tratado de novelar alguno de estos hechos en un libro que aparecerá en breve. Es por eso, por todas esas vidas que estamos truncando, sí, nosotros que también estábamos en esas sesiones de evaluación, aunque fuera de convidados de piedra, por lo que la Historia nos juzgará un día. Y es por eso que debemos actuar para corregir esta perversión y no meramente estar analizando eternamente la destrucción de la enseñanza española. La política y la acción también nos concierne a nosotros, tiernos docentes.

    • 8 septiembre 2010 a 14:06 #

      Juan Antonio no ha sido el único caso con el que me he topado. Hablas de Yassin, y es curioso, porque la mayoría de anécdotas que conozco están protagonizadas por alumnos marroquíes. Chicos -y chicas; en especial me acuerdo de Karima, una muchacha que llegó directamente de Marruecos sin hablar ni papa de español pero que era capaz de sacar un notable tras otro en matemáticas quedándose sólo con los ejemplos de la pizarra- con disposición y talento que, por su condición de extranjero, son marcados desde el principio.

      Hay que demoler el edificio, Maximiliano, y no dejar piedra sobre piedra.

      ¡¡¡Los nuevos centros de enseñanza han de ser palacios!!!

      Un saludo.

      • Francisco Javier
        8 septiembre 2010 a 18:25 #

        De todos estos casos que mencionáis y que son innumerables -el orden del día de la LOGSE-, los progres, los santos de la corrección política y la piedad, ellos, jamás han elevado la voz, ni tan siquiera un leve mea culpa. Porque están muy bien como están, lejos de la realidad, calentitos y en paz en sus departamentos o en sus despachos con sus informes, su burocracia o tocándose (y tocando a los demás) los mismísimos. Y porque les importa una mierda todo esto.

      • 8 septiembre 2010 a 19:47 #

        Francisco Javier:

        Si dijeras eso de nuestro colectivo, me lo creería. Pero dudo mucho que los que realmente parten el bacalao en esto de la educación no sepan lo que está ocurriendo. Yo creo que algunos sí lo saben. No son gilipollas. Son algo muchísimo peor.

        Un saludo

  4. sonia
    8 septiembre 2010 a 20:08 #

    Yo, desde mi experiencia y mi humilde opinión, he observado a lo largo de los años que llevo trabajando en la enseñanza y a los compañeros de PT una falta de rigor tremenda. Desde las que se pasaban la hora charlando con la directora de turno en su despacho, y le tenía que mandar al alumno en cuestión para que fuese a buscarla, porque si no, la tipa no aparecía, o lo hacía siempre tarde; a las que se limitan a poner la fichita con el dibujito y la palabrita que no sirve para nada. Pero como ellos son tan progres y están en la verdad absoluta, cualquiera se mete en su trabajo.
    Me parece que muchos de estos profesores de apoyo, en vez de apoyar, los tienen ahí para sacar a los niños del aula, donde, por mucho que vayan retrasados, aprenderían más que llevándolos a PT. Es como darles clases particulares, pero sin el mínimo esfuerzo, no sea que se traumaticen.
    Más aprenden yendo a clases particulares en la calle que en el propio centro.
    He llegado a ver a una compañera darle un rotulador a un niño de 3º para que hiciese los trazos de la “a” porque el niño en cuestión no sabía hacerlos bien, para cronometrar con un reloj cuánto tiempo tardaba en hacerlo ¿No sería más lógico que cogiese un lápiz?
    No entiendo nada. Pero viven como Dios. Me voy a tener que pasar a Pt.

    • ana
      8 septiembre 2010 a 20:34 #

      Sonia, nunca se debe generalizar, pues yo he visto profesores de secundaria que han pasado de todo; de cumplir horarios, de preparar adecuadamente las clases,… pero no por eso pienso que todos sean iguales, porque no es así. Me preguntaría en cambio qué circunstancias son las que se han dado para permitir esas situaciones que en muchos casos hemos mantenido porque no nos concernía.

      • sonia
        8 septiembre 2010 a 21:01 #

        No pretendo generalizar, pero con lo que me he encontrado ha sido nefasto. Ya sé que hay profesores de todo tipo de asignaturas que les gusta escaquearse. Si la directora de ese centro en cuestión prefería estar de cháchara con la de PT fumándose un cigarro en el despacho en vez de decirle que cumpliese su horario, pues otro gallo hubiese cantado, no? porque ese alumno rendía más en mi clase que en 3/4 de hora con ella en mitad de un pasillo a pleno sol. Pero el chico era de “clase baja”.

  5. 8 septiembre 2010 a 21:43 #

    Aunque no es santo de mi devoción, antes al contrario, y abusando de la educada paciencia de los deseducativos, transcribo el comienzo del 7º capítulo de la novela La derrota del persa, de Dimas Mas, en proceso de publicación en Badosa.com:

    ¡Qué lejanos te parecen los años y los días de la prisión que has soportado! Ahora te das cuenta, cuando has salido de ella y te parece probable que no hayas de volver, si tu destino se cumple conforme has decidido escribirlo tras la revelación sudorosa, sombría y comarcal. Has visto el ataúd de cuero a los pies de la mesa del estudio y has estado a punto de preguntarte qué era eso, e incluso de quién. Desde muy lejos, como desde otra vida, te ha llegado el eco de ese ingrato deber enjaulado: la cerrilidad de las criaturas, el infantilismo contagiado de sus profesores, la frialdad inhóspita del espacio ultrajado, la avejentada desidia de la rutina, y sobre todo ¡la condena sisifal de las tediosas correcciones! Con su caterva de feroces fantasmas amedrentadores, los mismos que, a fuerza de agitar sus cadenas para meter espanto y acabar, por el contrario, provocando risa, se pasean por delante de tus narices con la suficiencia de la norma futura de un posible catallano o castelán: ahún, llo, rachola, haora, rencunia, llibro, hai, són, prestage, canvio, desenvolupamiento, sinó, mui, cervello, asín, assolido, exposar, adiente, otopia, alludar, qüerno…

    ¡Vale, por dios, no los mires más! Porque no son sonidos para ti, sino imágenes del horror cotidiano en el que aún no sabes cómo has podido sobrevivir. No son, esos ecos y fantasmas, el árbol que no te deja ver el bosque, sino al revés: un bosque frondosísimo, húmedo, oscuro e inhóspito, que te ha ocultado siempre el árbol de la sabiduría, cuya buena sombra pensaste que te cobijaría de los desengaños con que la vida iba castigándote. Pero no has aprendido nada, salvo a emular al colérico Jeremías.

    ¡Qué antigua tu presencia en aquellas aulas y pasillos llenos de necedad orgullosa, atolondramiento y falsa solemnidad! Eres una foto sepia de un tiempo de escándalo y violada inocencia, una foto indeseable que ni siquiera necesitas romper en mil pedazos: el tiempo y la distancia, por breve y corta que sean, uno y otra, la vuelve ajena a ti. No es que te parezca mentira que eso haya sido tu vida, sino que haya sido siempre la gran mentira de tu vida, no la única.

    Después de tu desmoronamiento, que aún te tiene atareado en este desescombro agotador, han vuelto a tu memoria otros muchos que apenas ya recordabas. En todos los centros donde has estado ha habido siempre víctimas que no han podido superar esos momentos críticos en que se requiere algo más que el temple de la experiencia y la serenidad de la antigüedad: la sumisión. ¿Adónde quieres ir a parar, Espartaco? ¡Eres el colmo! ¡Qué porvenir hubieras tenido tú en la escuela historiográfica estalinista!

    De algunos de esos episodios, en los que la naturaleza humana desborda los a menudo rígidos corsés de la personalidad para permitir que aflore la persona, has sido tú testigo perplejo, antes que, como ahora es tu caso, protagonista indeseado. ¿No has podido o no has querido recordar aquella sesión de evaluación, casi convertida en auto de fe, en la que, ¿cómo se llamaba?, ¡Sanz!, ¡Julio Sanz!; en la que Julio Sanz representó aquel drama lacrimógeno-expiatorio que tan poco diferente ha acabado siéndolo del tuyo? En aquella ocasión lo viste todo sub specie literaria, que ha sido siempre tu modo particular de distanciarte de lo real para no dejarte atrapar por la red viscosa de lo cotidiano, lo inane y lo trivial.

    Que Sanz fuera profesor de matemáticas, y el clásico hueso de la materia que no atiende a razones de otra índole que las contables y legales, justificaba, está claro, que lo vivieras como parte de un cuento que jamás escribiste, por descontado… ¿No te darás nunca por vencido, imbécil?

    No busques paralelismos, su derrumbamiento fue muy distinto del tuyo. No hubo histerias, ni mucho menos violencia, aunque sí lágrimas. ¿Profesión de llorones? Pues tal vez, mira tú. Aquel día, ahora lo recuerdas, fue la presión que recibió por parte de la junta de evaluación para que aprobara, desde un 4,25 a quien arrastraba las matemáticas pendientes desde segundo de BUP y, teniendo el COU de Letras aprobado, no podía acceder al examen de selectividad de septiembre. En el acta ya constaba la insuficiencia fatal, y ninguno de los argumentos era capaz de hacerle reconocer la dureza injustificada de su posición, tan poco propensa siquiera a escuchar las muchas y buenas razones que le afeaban la monstruosidad de su conducta.

    No fuiste tú, no, quien dijo algo parecido a que era la primera vez que presenciaba la implacabilidad de los dioses en el acto de escribir los inexorables destinos de los hombres. Tampoco estás seguro de que hubiera sido el efecto de aquella retórica pedantona, por solemne, lo que removió hasta sus cimientos la dureza legal de Julio Sanz; pero lo cierto es que, después de haberse encastillado en un silencio desafiante y altanero, y cuando ya nadie albergaba esperanza alguna de disuadirle de su terquedad leguleya, gritó: «¡Ya está bien, coño!» Cogió después el acta, tachó furiosa y meticulosamente la nota, añadió el suficiente, puso un asterisco y bajó a observaciones para escribir: «vale la enmienda», al acabar lo cual, y después de leer con extremada atención lo escrito, como si estuviera intentando desentrañar la respuesta de un oráculo, devolvió el acta al tutor y, escondiendo la cara en el cuenco consolador y pudoroso de las manos, liberó unos sollozos tan sentidos y dolorosos que, viniendo de él, te pillaron por sorpresa, igual que a todos los presentes.

    ¡Cómo no te vas a acordar tú de aquel llanto! La triste historia que escribían aquellos lagrimones era la de un hombre al que la severidad y la rigidez le habían arruinado la vida. Como si hubiera hecho suyo un lema al estilo de «antes que ceder, morir», Julio Sanz había perdido a la esposa, que se divorció de él, y se había enajenado, de por vida, el afecto de sus hijos, quienes, como os contó, habían acabado odiándolo. El temor ajeno se había convertido en el oxígeno que le permitía seguir viviendo. Y él se había dejado encadenar a esa imagen severa, rigurosa, rígida, inflexible, implacable y antipática con la que nunca se había sentido a gusto, a pesar de haberla asumido, y ello hasta el punto de creer que esa era su forma natural de ser, que no podía ser de otra manera.

    De la crisis de llanto emergió un nuevo Julio Sanz, porque al escribir aquella frase burocrática había establecido un designio vital: vale la enmienda significaba que el cambio de nota le cambiaba la vida. Se sintió, pues, purificado, limpio, nuevo, ¡otro! Sí, al menos lo suyo acabó bien. Lo tuyo también, por supuesto. Solo que tú en vez de emerger, te vas a sumergir, ¡a somorgujar! en esa suerte de nirvana que detenga la rueda inexorable del karma y te libere de tantísimos avatares nefastos como los que han acabado asediándote y haciéndote la vida imposible.

  6. 8 septiembre 2010 a 22:17 #

    Está absolutamente claro: los alumnos que presentan alguna necesidad de apoyo son los rehenes de la LOGSE. La LOGSE crea la figura del acnee y no solo eso, sino que convierte en acnee a todo el que se le ponga a tiro. ¿Por qué? Porque es un sistema angélico y que se presenta como el protector de los débiles para colgarse una medalla; gira en torno a la atención a la diversidad por pura corrección política y por utilitarismo. La cosmovisión de los orientadores es la siguiente: en un instituto puede haber mil alumnos, peo los que realmente importan son los ocho, diez o veinte que en mayor o menor medida han caído en sus redes. Es demencial, a veces parece que vivimos en la segregación de las mayorías. Pero no creáis que esto se hace por altruismo; políticamente, se hace para mantener la bandera de un sistema con sensibilidad social, por pura demagogia electoralista; en el terreno de lo prosaico y de la vida de cada centro, se hace para suministrar puestos-chollo y agrandar los departamentos de orientación, cuya tendencia a la hipertrofia y al exceso de miembros es galopante. Esto solo se mantiene con la existencia de acnees, de alumnos víctima a los que proteger. Y si no los hay, se inventan. David, ¿cuántas aulas de diversificación se inflan con Juan Antonios como rehenes? Muchas. Por eso, además, entre los orientadores y los petés está tan extendida la inclinación hacia la blandura: la no exigencia y el aprobado regalado son esenciales para mantener ese cliente. Se necesitan alumnos sin recursos y dependientes, no personas capaces de hacer preguntas ante tanta bobería o de levantar el vuelo y escapar de su tela de araña. Por eso la LOGSE y los pakistaníes son por definición contrarios al rigor, al esfuerzo y a la excelencia. Y por eso este sistema es perversamente antisocial y antieducativo y los pakistaníes (salvo escasas excepciones) malos maestros: un buen sistema y un buen docente tienen que tener siempre como propósito el avance a base de esfuerzo suyo y del alumno, no el adormilamiento empobrecedor entre algodones.

  7. Ana Belén
    9 septiembre 2010 a 0:17 #

    Sobran las palabras ante un artículo como este. El engendro de la Diversificación no tiene justificación. En el último centro donde estuve literalmente pasaban a “Diver” todos los alumnos que suspendían por vagancia (reconocida por ellos y ellas además, que es lo peor). Después de recorrer institutos de diferentes comunidades autónomas, mi conclusión es que la Diversificación es el medio para cuadrar las estadísticas y encubrir más o menos las cifras de fracaso escolar, (cosa que no terminan de conseguir ni con ésas), además de ser un engaño y un agravio comparativo con respecto a los alumnos que sí obtienen su Graduado estudiando. Para ilustrar lo que digo os cuento un caso ocurrido en el centro que acabo de dejar: alumna de 17 años, repetidora de 3º de ESO y con casi todo suspenso en junio, no se presentó a ninguna asignatura la semana pasada porque literalmente le dijo a su madre que pasaba a 4º “Diver” con todo limpio (alumna PIL, como diría David), con lo que no hacía falta que se presentara a ninguna (y una madre lo suficientemente irresponsable como para consentirlo, imagino que llevaría consintiendo a su hija hechos similares desde la Primaria y lo peor es que no es ni la primera ni la última madre / padre en tener semejante actitud, de hecho, hubo muchísimos “no presentados” en todos los cursos, y yo que pensé que uno tomaba la decisión de no presentarse a un examen en la Universidad…)
    LOGSE delenda est!
    ¡David próximo Ministro de Educación!
    ¡Saludos a todos los Deseducados!

    • Francisco Javier
      9 septiembre 2010 a 9:01 #

      La obligación de la alumna que mencionas era la de haberse presentado como poco a los exámenes de septiembre y que ello fuese condición para su incorporación al programa de diver. Una alumna así no merece el regalito. Pero sí, estas situaciones son lo normal y la diver es un verdadero coladero de alumnos vagos, advenedizos y broncas. Ni tan siquiera la retórica del perfil de diver: chico/a buenecito, aplicado pero cortito, que estaría mejor en un grupo reducido y con un currículo más comprensivo-comprehensivo.

      1) Las cifras de fracaso escolar, como todos sabemos, son un puro maquillaje. Sin las artimañas para salvar las apariencias (la diver; el regalo tipificado de asignaturas -el pobrecito, que es buen chaval, etc; la intercesión de inspección, que es capaz de presionar a un profesor de mates para que -es un caso real-, apruebe a una alumna (cuya nota más alta durante no excedía de 1, ¡y que no se presentó ni tan siquiera en septiembre, sabiendo que era más rentable esperar el regalo!, en base a ¡la madurez! de la susodicha; los aprobados a alumnos insoportables (a pesar de que no lleguen ni al 4), para que se larguen de una vez y dejen de ser una pesadilla; ¡y sigan Uds. con la lista!), en fn sin todas estas piltrafas, los resultados no serían del 30, sino del 50 como poco: una situación insostenible sociopolíticamente, razón de peso y explicación de la necesidad de potenciar y perseverar en la mentira.

      2) La idea de la diver, como señalé en un artículito (Signifique quien pueda) es además una tremenda falsedad teórica en la medida en que se basa en la idea tramposa de que los alumnos alcanzan los mismos objetivos y las mismas competencias que el resto, lo que no se lo cree ni Dios. No es lo mismo de ningún modo (lo que se demuestra en que los resultados de estos alumnos en las asignaturas no de ámbito suelen ser un desastre, y que es necesaria una fuerte dosis de compasión para aprobar-regalar la asignatura y que el chico titule).

      Una última observación: como bien dice ana, dentro de los especialistas PT hay muy buenos y esforzados compañeros, cuya labor es digna de elogio; y también los habrá peores, como sucede entre los profesores de Secundaria y Bachiller (yo también sé de auténticos getas, artistas del no dar un palo al agua). El problema no es el PT, sino la estructura del todo; el problema es….. lo de siempre.

      LOGSE delenda est!

  8. 9 septiembre 2010 a 10:41 #

    Mi horario de este año:

    13 cursos de música de 1 a 6º
    5 horas de Conocimiento del Medio de 2º
    5 horas de Conocimiento del Medio de 3º
    1 hora de plástica de 2º
    1 hora de plastica de 3º
    1 hora de plástica de 4º

    Simplemente creo que con este horario no puede existir calidad, o me lo tomo relajadamente o simplemente esto es un poco absurdo.

    Las horas de música la mayoría a primera hora.

    • sonia
      9 septiembre 2010 a 14:27 #

      ¿Cuántas horas de música das a cada curso? Es penoso que nos tengan como el pito del sereno, cualquier asignatura, tiene como mínimo dos sesiones semanales.
      Nosotros también tenemos que cuidar las actividades extraescolares por la tarde hasta que salen todos los niños y se quedan instalados en el autobús. Como no hay AMPA, pues nos toca turnarnos a los maestros, con lo cual, más días de tener que ir por la tarde.

  9. 9 septiembre 2010 a 14:36 #

    De Música una sesión por curso.

    Lo tengo claro, me voy a tomar las cosas con mucha calma

    • sonia
      9 septiembre 2010 a 15:14 #

      ¿Pero entonces cuántas horas libres te quedan? ¿No tienes que hacer ninguna dinamización o coordinación? Tal vez, lo único que te falte sea barrer el pasillo entre clase y clase.
      Se acabó el estado del bienestar, cada vez vamos a peor, tanto en lo laboral como en lo educativo. De aquí a nada, nos hacen ir en verano. Ya dijo mi director que el curso “formalmente” acababa el 31 de agosto.

  10. 9 septiembre 2010 a 16:10 #

    No tengo nada, lo único que me queda es el recreo. Tengo las 25 sesiones ocupadas.

    Lo he dicho antes y lo tengo claro, me voy a tomar el curso con mucha calma.

    Y lo bueno de todo es que están apuntados al Plan de Calidad, cuando me dió el horario me dijo que iba a estar muy entretenido, supongo que sería el criterio.

  11. 9 septiembre 2010 a 21:10 #

    Mire, lo que está muy claro es que aquí lo de menos es el alumno y su educación. Lo que importa y en lo que realmente se invierte es en el sistema. Un sistema que vive de sí mismo, que es su propia razón de ser … se retroalimenta. ¿Dónde estarían esa inmensa cantidad de sabios y expertos en no sé cuántas cosas si esto funcionase bien? Se trata de generar el problema para luego “arreglarlo”.

    El sistema educativo da para estar saliendo en la prensa cada dos por tres, da para pagar clases magistrales de eminentes pedagogos-sociólogos-psicólogos-etc.logos, da para invertir en materiales ultramodernos cuya única misión es acelerar el número de bits por segundo que se lanzan sin criterio alguno, da para cursos de reciclaje en los que volver a pagar a los logos y da para sistemas informáticos que sean capaces de trasegar la inmensa cantidad de datos, informes y demás que toda esta parafernalia evacúa.

    Fíjese la cantidad de cosas que he enumerado y la cantidad de recursos que consumen y no he nombrado ni una sola vez al alumno.

    Saludos desde la trinchera.

    • Francisco Javier
      9 septiembre 2010 a 22:06 #

      Muy agudo, sí señor . Y con salero.
      Comparto lo que dices. Lo del sistema educativo como máquina de retroalimentación (absurda) es una imagen acertada y muy sugerente.

      Un saludo.

    • Polícrates
      9 septiembre 2010 a 22:34 #

      Realmente es una gran noticia. Si el sistema funciona por realimentación tarde o temprano entrará en resonancia y saltará por los aires o cuando menos generará un chirrido descomunal (como en los acoplos micro-amplificador) difícil de disimular. En teoría debería ocurrir esto siempre y cuando el sistema reciba suficiente energía externa ($$).

  12. 9 septiembre 2010 a 22:32 #

    Con la LOGSE-LOE los alumnos pasaron a ser clientes, cuando no pacientes. Yo he visto también cómo se premia con la diversificación a alumnos vagos, y otros son objeto de adaptaciones aunque ellos mismos se confiesan flojos, y no se presentan a los exámenes. Algunos son directamente unos caraduras que aprovechan ese buenismo interesado del que viven muchos para obtener un trato de “colegueo” y para hacer lo que les da la gana en los centros. Es criminal lo que se hace con alumnos magrebíes a los que se les integraba en su grupo de edad, sin tener en cuenta su conocimiento del español. Más víctimas en el lecho de Procusto de la comprensividad. Y si criticas recibes la respuesta de aislamiento sectario de los que viven de privar de un futuro digno a estos jóvenes. En fin, para llorar.
    Un abrazo y enhorabuena por este magnífico blog.

    • Ania
      11 septiembre 2010 a 8:24 #

      Sí, pero no sólo a los magrebíes sino a los de cualquier nacionalidad (chinos, lituanos, rusos, rumanos…) a los que se les sigue colocando con sus iguales en edad, sin tener en cuenta su conocimiento del español. Éstos sí que necesitan ayuda especializada.

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  1. Hechos (opinión) - 8 septiembre 2010

    […] Hechos (opinión) deseducativos.com/2010/09/08/hechos/  por russell hace 2 segundos […]

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