El optimismo contagioso de Gregorio Luri

Nacho Camino

Algo se mueve en el mercado editorial de asunto pedagógico. Ha pasado el tiempo del lamento sin alternativas y comienzan a aparecer libros que, abandonando el tono apocalíptico, ofrecen un sustento de convicciones firmes con que combatir el pensamiento único de la escuela posmoderna. Si hace poco reseñábamos el libro del profesor Rodríguez Neira, hoy tenemos el placer de comentar la espléndida obra de Gregorio Luri, “La escuela contra el mundo”.

El libro de Luri enfrenta el sentido común con la “moral fashion” de la nueva pedagogía. Denuncia las imposturas al tiempo que señala el camino y nos avitualla con un optimismo contagioso. Hacen falta más libros, más artículos, más declaraciones que no se contenten con la explotación de la melancolía y el derrotismo, sino que esgriman sus argumentos con orgullo y sin temor de molestar a la corrección política imperante. Para eso es necesario volver la vista atrás, a los clásicos hoy tan postergados en la concepción “líquida” de la enseñanza contemporánea. La cita de Kant que encabeza la obra es un buen ejemplo: “Sabemos que somos libres porque conocemos nuestro deber”.

Ese sentido del deber es el que hace a Luri reivindicar la autonomía pedagógica de los centros. Pero no la falsa autonomía que no es sino una tapadera de la subordinación al poder, sino aquélla que es fruto de una relación deconfianza recíproca entre enseñantes y administraciones; y, como consecuencia, entre la escuela y las familias. Una autonomía real. La ética de la pedagogía, dice Luri, es el optimismo de la voluntad y la confianza. Sin ellas, la escuela se extingue.

¿Cómo y cuándo se perdió esa confianza en las instituciones públicas educativas? Cuando la función primordial de la escuela y los valores que la hacían posible fueron demolidas por la escuela del 68. Cuando la nueva pedagogía, en su afán por perseguir comportamientos autoritarios, se llevó por delante la autoridad y la jerarquía. Cuando un relativismo extremo desvalorizó la transmisión y, con ella, los contenidos. Una vez que éstos dejaron de tener importancia, la figura del profesor pasó a ocupar la periferia y a convertirse, incluso, en un personaje molesto, prescindible.

Luri personaliza en John Dewey la gran influencia del pensamiento educativo progresista. En su método ya están presentes algunas de las ideas que hoy son prueba de fe en las cátedras de pedagogía y en las leyes educativas españolas:

–          La educación debe participar en el diseño de la sociedad futura, por lo que la transmisión del legado cultural se sitúa en un segundo plano.

–          La actividad, el learning by doing, es la única vía legítima para la adquisición del conocimiento.

–          Los procesos importan más que el producto.

–          El niño ocupa el centro.

–          La educación nace de la experiencia, antes que de los libros.

–          Alumnos y maestros son pares, colegas, amigos.

–          Las asignaturas se diluyen y se fomenta el trabajo por proyectos.

–          Las sanciones se evitan y los exámenes se desaconsejan.

–          La escuela es un instrumento del cambio social.

En su última etapa, Dewey tuvo que revisar sus planteamientos tras una serie de fracasos. Comprendió que su sistema podía caer en el antiintelectualismo al comprobar cómo sus epígonos ninguneaban la autoridad del maestro y de los conocimientos. De pronto, el debate entre educación progresiva y tradicional le pareció estéril y hubo de admitir que el método no era tan importante como había creído, sobre todo el método que se reduce a una mera etiqueta sin contenido claro.

Sin embargo, los planteamientos de Dewey calaron hondo en las pedagogías posteriores, las que Luri califica como Pedagogías New Age. Los planteamientos se radicalizan, de tal forma que gurús como Francesco Tonucci llegan a afirmar que “los conocimientos son un lastre”; los programas, castradores; el saber, una excrecencia de la soberbia humana. Las asignaturas caen en desgracia mientras se jalea la interdisciplinariedad. Ya no se enseña, sino que se dinamiza, se facilita, se motiva, se dimensiona. Enseñar deja de ser un verbo transitivo, pues ya no importa el qué, sino el cómo.

En España, activismo pedagógico y centralidad del niño encuentran un tercer aliado en el constructivismo pedagógico, que considera que lo que el alumno haya aprendido por sí mismo posee para él un significado mucho mayor que cualquier cosa que el profesor haya podido transmitirle de forma explícita. La LOGSE, ironiza Luri, funda el Nacionalconstructivismo, por el cual se legitima toda construcción individual del conocimiento. Tal legitimación implica la desaparición del mundo común y la imposibilidad de la evaluación. Luri plantea una serie de objeciones al constructivismo:

–          Duda que los niños tengan esquemas mentales tan elaborados como para permitirles un pensamiento autónomo, así como es discutible que todos los seres humanos deseen saber de forma natural.

–          El constructivismo pedagógico devalúa la relación alumno-profesor. Aquél debe recorrer por sí mismo el camino que la Humanidad ha recorrido durante siglos. Si el alumno es el mejor juez de su aprendizaje, se abandonará a su propio ritmo, con lo que es previsible que dedique su tiempo a actividades poco exigentes.

–          Si el aprendizaje es autónomo, no es programable. Una programación constructivista es una contradicción en términos. Así pues, no habrá evaluaciones que sirvan para comparar los resultados de dos alumnos.

–          Reduce la autoridad del maestro y niega la objetividad del saber.

Siguiendo con España, Luri se refiere al antifranquismo como la bandera de los movimientos de renovación pedagógica. Movimientos que identificaron, de forma burda, franquismo y capitalismo y que, siguiendo las modas de la sociología de la educación (Foucault, Bourdieu), concibieron la escuela como correa de transmisión de la ideología capitalista. El armamento intelectual de tales grupos constituía un gazpacho indigerible: Piaget, Neill, Freud, Gramsci, Mendel, Marx, Althusser, Freire, Gianni  Rodari, Makarenko, Ferrer i Guardia.

Lo “público” pasó a ser sinónimo de popular, espontáneo, abierto, participativo, creativo, crítico, emancipador… Con ello, también se introdujeron en las aulas los aspectos más plebeyos de la calle: la vulgaridad y la chabacanería. La jerarquía pasó a ser antidemocrática.

A día de hoy, Luri apunta una serie de síntomas del malestar docente:

–          El triunfo de la mediocridad disfrazada de equidad. La igualación se hace por abajo, mermando las posibilidades de promoción social de los más humildes.

–          Fracaso de la comprensividad. No es lo mismo aplicar la escuela única en los países altamente cohesionados de Europa del Norte que ponerla en práctica en la España actual.

–          Fracaso escolar masculino, lo que estimularía el debate sobre la educación diferenciada.

–          Pérdida de autoridad del docente. Imposibilidad, en el sistema actual, de identificar al buen maestro.

–          El profesor widget. O profesor-comodín, abrumado de funciones potenciales que nada tienen que ver con la materia de la que es experto.

–          La pedagogía masoquista (Freire, Foucault) que sólo ve en la escuela un mecanismo implacable que reproduce meticulosamente el discurso del poder.

–          La piedad terapéutica, por la que todo problema escolar se convierte en un caso de tratamiento clínico, lo cual anula el sentido de la responsabilidad.

Ante este panorama, el profesor Luri defiende su visión del maestro como autoridad y de la escuela como ámbito privilegiado de la transmisión.

–          La escuela selecciona lo mejor del pasado, por lo que ha de tener cierta voluntad aristocrática.

–          Sus valores son el esfuerzo, la jerarquía, la meritocracia. La escuela se enfrenta al mundo cuando renuncia a los mismos valores que lo rigen. Nadie, en el mundo real, valora a un profesional por su motivación, sino por el resultado de su trabajo.

–          La escuela no está para fabricar niños felices, ajenos a las frustraciones, sino para aprender a superar éstas (resiliencia).

–         Rendir cuentas a la sociedad es obligación de toda escuela. No basta con expedir títulos, sino que hay que mostrar a la sociedad las cualidades que distinguen a los ciudadanos que forma.

–          Hay que potenciar valores olvidados por la pedagogía moderna. El pensamiento crítico no germina sin una previa crítica del pensamiento. La creatividad es resultado de la imitación. Los automatismos son imprescindibles y se adquieren por la disciplina. La espontaneidad no es un valor en sí mismo, pues hay impulsos que deben ser reprimidos, como la mentira, la mezquindad, la hipocresía…

–          La escuela debe ofrecer a los más humildes la posibilidad de imitar modelos de conducta que trasciendan los que les proporciona su medio social.

–          El maestro es más que un mero transmisor de saber. A pesar de lo que sostienen los neopedagogos, toda transmisión se acompaña de una actitud hacia el trabajo y el saber, de unos hábitoscomportamientos que forman parte indisoluble del mensaje que transmite, a menudo de forma inconsciente.

–          Los partidarios de la enseñanza explícita creen en la importancia de los contenidos y en la organización de éstos. Creen, asimismo, que el interés debe nacer del esfuerzo, y no a la inversa.

–          El centro es ocupado por la suma de los contenidos y la competencia profesional del maestro.

–          Sin memoria no hay posibilidad de adquirir conocimientos nuevos.

–          Es preciso fomentar la agilidad mental, la práctica sostenida, la ortografía, la caligrafía y la urbanidad.

Son ideas viejas, pero que hoy suenan revolucionarias. Uno de los principales errores, sostiene Luri, es creer que las reformas pedagógicas son trasladables de un país a otro, de una escuela a otra, como piezas intercambiables de un proceso industrial. También lo es la pretensión de empezar la casa por el tejado. Cuando las leyes educativas hablan de potenciar la creatividad del alumno, o su espíritu crítico, olvidan que tales cualidades no son el punto de partida, sino el final del camino. Luri pone el ejemplo de Corea y su creatividad tecnológica. Pues bien: el sistema escolar coreano huye de la creatividad y pone el acento en el dominio de los contenidos científicos que constituyen la herencia a transmitir. Del mismo modo, el pensamiento crítico no es independiente de los contenidos: se es crítico sobre un asunto en particular, y, para serlo, hay que tener un amplio bagaje de conocimientos previos y ser capaz de abordar un problema desde múltiples perspectivas.

Analizando PISA, todos los informes indican que ningún sistema educativo es mejor que la calidad de sus maestros. Y que determinados países tienen la capacidad de crear un círculo virtuoso en el que la integración social, la confianza en el sistema y en la autoridad del maestro, la competencia profesional de los docentes, la relevancia de ciertos valores como la autodisciplina, el gusto por el trabajo bien hecho y la ambición colectiva se refuerzan entre sí.

Estos valores son los que deben ocupar el espacio público, tomado ahora por las ideas multiculturalistas que inciden en lo que nos separa antes de buscar aquello que nos une en una relación de copertenencia. Lejos de crear individuos autónomos, la escuela posmoderna fabrica Narcisos que reclaman su derecho a la diferencia, o colectivos que prefieren ampararse en el victimismo institucionalizado antes que hacerse responsables de sus actos. La satisfacción inmediata del deseo, propia del tiempo de ocio, es la única divisa en un espacio que debería ser el de la reflexión, la lectura lenta y la espera.

Hay muchas más ideas estimulantes y polémicas en el magnífico libro de Luri: el papel de las nuevas tecnologías, la esencialidad de la lectura, el mito de la neutralidad en la escuela laica, el homeschooling

Les animo a que las descubran por sí mismos. Septiembre espera y hay que ir armados (de argumentos y optimismo) hasta los dientes.

Gracias, Don Gregorio.

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46 comentarios en “El optimismo contagioso de Gregorio Luri”

  1. José Miguel
    6 septiembre 2010 a 4:32 #

    Esencialmente de acuerdo con el contenido del artículo, excepto en lo que refiere al principio kantiano, formalismo pietista cuestionable. No estaría la libertad en función del deber, sino en la potencia del obrar. No es que pueda porque debo, sino que debo porque puedo. Es la potencia o de poder de obrar, de acción la que da cuenta de mi real libertad. En este sentido, me parece más ajustada la perspectiva espinosiana.

    Gracias por el artículo.

  2. 6 septiembre 2010 a 6:31 #

    Magnífico artículo que sitúa el debate educativo en donde creo siempre debió haber estado. Un pequeño comentario: la gran paradoja está en que el sistema “progresista” y “equitativo” que tenemos nos ha conducido a la escuela absolutamente clasista y sexista que padecemos, donde los hijos de los trabajadores no llegan a la Universidad y los varones mantienen índices de fracaso que duplican a los de las chicas. Paradójicamente una enseñanza menos “progresista” ofrece unos resultados en este terreno mucho mejores. Sería interesante analizar cómo, a veces, los rótulos lo que dicen es lo contrario de lo que procuran y consiguen.

    En relación con el fracaso escolar masculino no debería encerrarse exclusivamente en el tema de la educación diferenciada -si esto necesariamente ha de suponer la separación por sexos, que yo tampoco descartaría de forma universal y automática-, sino en abordar de una vez por todas las componentes de género de la educación y ver qué se hace con ellas.

    Según todos los estudios nuestro nivel en una disciplina como las Matemáticas, es muy bajo, sin embargo cuando se discutió la LOE no fue posible aumentar la carga horaria 1 hora semanal de tal modo que fuese una asignatura diaria. Ahora sabemos que con la nueva selectividad los alumnos pueden esquivar esta materia. La pregunta es ¿por qué hacemos lo contrario de lo que nos hace falta? ¿Existe una mano negra que tuerce todos los caminos?

    Casi habría que llegar a esa conclusión después de escuchar al ministro quejarse, en una año que se estrena una nueva selectividad que deja pasar más alumnos, de que sobran alumnos en la Universidad y que en Madrid hay más estudiantes de Derecho que en todo el Reino Unido.

    En lo relativo al fracaso escolar masculino como mínimo habría que decir que pase a ser una de las variables en los estudios sobre la escuela, teniendo en cuenta no sólo su magnitud, también que no se trata de un problema de ahora. Sorprende el silencio que en torno a este asunto reina en todas los estudios y políticas del Ministerio y que a estas alturas oficialmente no se sepa nada sobre el mismo, y eso, desde un sistema que se dice equitativo.

    • 6 septiembre 2010 a 18:59 #

      Asunto importante el del fracaso escolar masculino.

      Creo que Bibiana Aído está trabajando en ello….

      😉

  3. Maximiliano Bernabé Guerrero
    6 septiembre 2010 a 6:53 #

    Magnífico artículo, buena recensión. Espero leer el libro. La gran cruz en España ha sido, como apunta Nacho, que a partir de 1970 se ha ido formando una coctelera de conceptos de muy diversas procedencias tales como anticapitalismo, antiliberalismo, multiculturalismo, relativismo … que han sido el armemento de la progresía que controla el mundo de nuestras ideas desde entonces. Si entramos en debate con ellos, estamos condenados al fracaso, porque en cuanto hablemos del esfuerzo, el mérito y el sentido común nos sacan toda la retahíla y nos hacen aparecer como reaccionarios. A lo mejor deberíamos empezar por asumir el viejo liberalismo y liberarnos de todos estos “anti-“.

  4. Francisco Javier
    6 septiembre 2010 a 7:50 #

    Un artículo sumamente esclarecedor y pletórico de ideas. Una de las cosas que más molesta de los pedagogos españoles es su dogmatismo vs.su penuria intelectual: todo lo que viene del Extranjero (Inglaterra y los EEUU fundamentalmente) es aceptado como si se tratase de un principio divino. ¿Por qué no centrarnos en nuestra realidad, desarrollar nuestra imaginación y nuestra autonomía desde el pensamiento?, ¿tan bobos somos que no somos capaces de adoptar medidas acordes a nuestra situación – muy distinta de la de Finlandia, Corea o los EEUU?

    No me queda del todo claro (estamos en fechas críticas) en qué se se funda el optimismo del que hablas. Es una gran noticia la publicación de este estupendo libro, al que por cierto esperamos que se sume otro (de DESEDUCATIVOS), pero todavía me cuesta vislumbrar signos de esperanza.

    Muchas gracias por tan estupendo artículo.

    • 6 septiembre 2010 a 13:01 #

      Los signos de esperanza no los verás a nivel institucional, sino a nivel personal; los verás en el sentido común con que miles de profesores tratamos de eludir el disparate gubernamental para ajustarnos a principios tan saludables y razonables como los que propone Luri en su libro. Es cierto que la institución nos condiciona notablemente, pero siempre hay resquicios por los que colar nuestra rebeldía anti sistema y ofrecer a los alumnos parte de lo que, en mejores condiciones, deberiamos darles abundantemente. El rigor intelectual, la exigencia, la disciplina, el trabajo, la responsabildad, el mérito, el placer del conocimiento, etc., aún son bandera de muchos de nosotros. Por nuestras obras se nos conocerá. No hay que esperar al gran cambio estructural: se hace camino al andar…

      • Francisco Javier
        6 septiembre 2010 a 16:29 #

        Gracias, Juan, por tus sabias palabras, a las que me sumo. Siempre me ha parecido una gran verdad lo de “por sus obras los conoceréis”. Así, que me dispongo a caminar y obrar con el mejor ánimo (aunque a veces me cuesta un gran esfuerzo).

        Un saludo.

    • 6 septiembre 2010 a 18:58 #

      Francisco Javier:

      En efecto, el optimismo al que me refería es el que ha descrito brillantemente Juan Poz en respuesta a tu comentario. De nuestras instituciones espero más bien poquito.

      Un saludo.

  5. 6 septiembre 2010 a 13:52 #

    Querido Nacho:
    Está visto que contigo es imposible. Ayer me terminé el libro de Grgorio Luri y hoy venía a casa dispuesto a hacer una reseña para Deseducativos, así que enciendo el ordenador y me encuentro… ¡que te me habías adelantado! Y encima, con este artículo tan acertado, sistemático, esmerado y superminucioso. Está visto que a los jóvenes de hoy no se os puede dejar solos un segundo, de modo que tendré que decir cuatro cositas con los restos del naufragio. Ahí van:
    -Este libro es absolutamente recomendable por su análisis de las diversas doctrinas pedagógicas y sus consecuencias y porque presenta una propuesta concreta para una buena práctica docente, propuesta en la que son claves palabras como confianza (ese viejo valor inmaterial cuya quiebra es un desastre para cualquier comunidad), excelencia, esfuerzo, perseverancia, voluntad, responsabilidad, normas, honestidad y autoridad. Allá quienes quieran prescindir de todo esto. Otra palabra clave, pero en sentido negativo, es victimismo: tanto quienes se valen de él como quienes lo fomentan son severamente criticados por Luri. Yo, si no fuera de natural tímido, también lo haría.
    -Este libro me parece interesante para profesores y personas preocupadas por la enseñanza en general. Creo que sería utilísimo para padres de alumnos y para profesores noveles, porque me parece una buena brújula para quienes quizás no estén muy metidos el meollo y las múltiples trastiendas de la educación. Sería una bendición que lo leyeran con los ojos y los oídos bien abiertos ángel Gabilondo, los diversos consejeros de educación, los responsables políticos con mano en el mundo de la enseñanza, pero… ¡Ja, ja, ja, qué cosas digo a veces!
    -A este libro yo, como profesor, le agradezco muchísimo lo que valora nuestra figura profesional, a la que califica como clave para que la enseñanza funcione, por encima de metodologías, tecnologías, buenas intenciones, mejores inversiones y demás quilombos. Luri sabe lo que dice, no en vano se ha pasado un buen puñado de años metido en la escuela. Ahora bien, hay otro mensaje: quien es tan importante debe también ser muy responsable, muy profesional y muy trabajador, no se pierda esto de vista.
    -Entreveradas en sus sistemática presentación del mundo de la enseñanza, Gregorio Luri introduce algunas anécdotas, experiencias personales o notas marginales que dotan a su mensaje de colorido y ayudan mucho a dejar aún más claro el sentido de su mensaje. Cito algunas muy buenas que se me ocurren ahora: la de la pizarra hiperactiva, la del fabricante de yogur, la de Jordi Pujol y los coreanos, la de Camus y su maestro, la de la anciana compañera de centro del propio Luri… Y una desternillante, hacia el final, de un diálogo entre un padre y un hijo. Hay en ella un dato que no mencionaré y que es absolutamente esclarecedor acerca de la esencia de la educación.
    -Un punto negro de la edición en castellano del libro es el exceso de erratas, el cual el propio Gregorio Luri lamentó aquí en Deseducativos en una respeuesta a David López. Tal cúmulo de erratas no desmerecen ni al autor ni a su mensaje, pero me parece inadmisible que una editorial del grupo Planeta haya lanzado al mercado un libro en estas condiciones. Prpongo una penitencia para CEAC-Planeta: que lance una segunda edición escrupulosamente descargada de fallos.
    -Señor Luri, le felicito por su libro y se lo agradezco. Mi reseña nonata iba a empezar con una cita suya, esta: “De reformas saben mucho los reformistas, pero de las tensiones que anidan en los claustros, son los profesores los doctorados”. Iba a hacerlo así porque expresa la clave de gran parte de los males que hoy aquejan a nuestra enseñanza, males que, como usted no olvida, tienen en los alumnos a sus principales perjudicados.

    • 6 septiembre 2010 a 18:55 #

      Pablo:

      Gracias por ese “a los jóvenes de hoy no se os puede dejar solos…” Después de que me retiraran la Tarjeta Joven pensé que nunca volvería a oírlo…

      Un saludo.

    • 6 septiembre 2010 a 20:41 #

      Pablo, no creo que se trate de erratas, sino de la falta de competencia en castellano de quienes han pasado por este sistema educativo de la inmersión. Se ha escogido políticamente priorizar la extensión -que no intensión- del catalán y se ha abandonado el castellano a las clases que dicta la Belén Esteban y otros frikies del circo nacional. El resultado es una edición como la que aún no he tenido ocasión de leer, aunque tu anuncio/denuncia ya me predispone en contra. Quizás lea el original catalán, para evitarme la vergüenza ajena. Los periódicos de aquí que editan en castellano, el Periodico, La Vanguardia, están llenos de esas “erratas” que no son, como te decía, sino incompetencia. Con todo, el panorama en catalán no es más halagüeño. Puedo confirmarte de buena tinta que no hay autor catalán vivo al que, presentada una obra a una editorial, no le hagan una corrección que avergonzaría a cualquier estudiante de bachillerato. Esto es lo que tiene la artificialidad. Vivo en un país de artificio, en una democracia filológica en la que del President hasta el último inmigrante, siete millones de personas, no pasan de las 15.000 personas las competentes, oralmente y por escrito, en catalán, uno de los dos idiomas oficiales y propios de nuestra comunidad. El revuelo que se ha armado por querer imponer el nivel C en la Universidad es prueba de lo que digo. Yo tengo el D, por cierto, superior en mucho al C, pero no “ejerzo”, como acto rebelde.

      • 6 septiembre 2010 a 22:36 #

        Si te digo la verdad, de bastantes erratas tuve la sospecha de que la causa podía ser esa que dices tú.

  6. 6 septiembre 2010 a 22:21 #

    Permitidme que yo diga lo que vuestra generosidad calla.
    El libro está muy mal editado.
    Por cuestiones que no vienen al caso, le falta una corrección final meticulosa y está plagado de erratas, la mayoría idiotas, pero que están ahí, en un libro que de educación; cosa que no deja de parecerme una cierta impugnación a su contenido.

    De la editorial me aseguran que en la reimpresión se corregirán todas. No lo sé.

    Si alguna vez me encuentro con alguno de los que lo han leído, a Dios pongo por testigo que lo invitaré a una cerveza, como compensación.

    Una cosa más. El libro se editó en catalán, muy bien editado, y va por la cuarta edición.

    Gracias de nuevo..

  7. 6 septiembre 2010 a 22:23 #

    Ahora veo que el sagaz Pablo había ejercido de tal (de sagaz y de Pablo).

    • 6 septiembre 2010 a 22:45 #

      Gracias, Gregorio. La verdad es que lo segundo se me ha dado de maravilla toda la vida. Por cierto, ¿estarás en condiciones de venir al encuentro deseducativo de Madrid? Así, además, nos invitabas a esa caña.

  8. 7 septiembre 2010 a 5:20 #

    Imposible, Pablo. Pero me puedes mandar la factura de las cañas.

  9. Descla
    7 septiembre 2010 a 9:30 #

    Hola, no trabajo en Educación. ¿Qué demonios es eso del fracaso escolar masculino? Ustedes parecen tenerlo muy asumido, pero es algo que a nivel de calle no suena, o yo no lo he oído. Estoy harto de oír la cantinela mantra de “las chicas son más inteligentes” y bla bla bla (que me recuerdan a lo del ario es superior al esquimal y bla bla bla, versión de género), pero nunca datos tan concretos como los que ustedes exponen/amagan.
    ¿Podrían extenderse un poco?
    Gracias.

    • Descla
      7 septiembre 2010 a 10:01 #

      Me respondo a mí mismo tras haber buscado en Google. Lo que extraigo es que si a los niños varones se les bombardea constantemente con lo malos, lo ineptos y lo burros que son los hombres, lo raro sería que no fracasasen.
      Y en términos generales: la paradoja acojonante es la siguiente: en el peor sistema educativo que hemos logrado últimamente, las mujeres destacan sobre los hombres. ¿Necesitan las mujeres un lodazal educativo para poder destacar? (Ya sé que no, estoy siendo irónico).
      Alguien debería pagar algún día por todo el mal realizado. Y las mujeres en una sociedad descompuesta, degradada y salvaje a la que nos llevan, son las que peor lo van a pasar.
      (Casi) Todo lo del “género” apesta. Mucho.
      Saludos.

      • Raus
        7 septiembre 2010 a 18:48 #

        Hola, Descla. Yo no conozco la respuesta a la pregunta. Sólo barajo conjeturas. Creo que hay que estar dentro de las clases para poder aventurar una explicación satisfactoria. Agradecería a algún compañero alguna reflexión al respecto.

      • Pepe
        7 septiembre 2010 a 23:09 #

        Es muy sencillo, los varones son más agresivos que las féminas en promedio. Y eso en un sistema laxo en disciplina que tolera los conflictos los condena al fracaso.

        Aunque este año hemos tenido en un segundo de ESO a una fémina, conocida por su frase: “Me vas a comer el coño hasta que te rebose la boca”, ojo que la cita es literal, que es la excepción que confirma la regla. Tras tropecientas amonestaciones/expulsiones y suspender hasta el recreo, perdón segmento lúdico, pasa a tercero por imperativo legal (repetía segundo), un gran avance educativo.

        Por cierto, lo de bombardear a los nenes con que son malos y demás, es otra mentira pedagógica. El que quiere estudia y al que no, pues se le regala el aprobado. Al que se esfuerza especialmente en suspender pues, lo acaba consiguiendo.

      • bits
        6 julio 2011 a 12:06 #

        Decla
        Comprenderá que su comentario en pleno siglo XXI es anacrónico.Un comentario muy desafortunado, imprecnado de un machismo reclacitrante inaceptable.
        Deja muy claro su argumento que es mucho mejor decirle a los niños,eso de: tu eres un “machote” ,los niños no lloran!
        Esta sociedad, Sr. Decla, está hecha para y por el hombre, tan dificil es entender que eso ya es historia???????????

  10. Raus
    7 septiembre 2010 a 17:19 #

    Magnífico artículo y magnífico libro. Gracias a ambos autores.

  11. Juan
    7 septiembre 2010 a 19:09 #

    Buen artículo y, parece ser, buen libro. Habrá que leerlo.
    Sólo un pequeño detalle: eso de la autonomía me sigue sonando mal. Pido perdón porque creo que ya lo he puesto por aquí más de una vez, pero es que es importante y además está bastante claro. Si los centros gozan de autonomía pedagógica suficiente como para proponer su propio currículo, lo adaptarán a los alumnos que tienen y al medio social en que se encuentra el centro. Entonces en poco tiempo se crearán centros de distintas categorías en virtud de sus currículos. Además si un centro no puede aspirar más que a unos programas digamos mediocres, entonces se condena a sus alumnos a no poder seguir un currículo mejor, como el que oferte otro centro. ¿Tan difícil de entender es esto? ¿Por qué no puede haber un currículo general universal para todos los alumnos del país? ¿Qué problem,a hay? Lo de la autonomía es uno de los elemntos en los que tanto insisten los mismos señores que están a favor de la innovación educativa, de la calidad educativa, de la eficacia y la eficiencia, de dar más poder a los directores, del Plan Bolonia en la Universidad, etc. ¿No está claro? Es la política educativa neoliberal. Que sí, que el nombre es lo de menos, pero son ellos.
    Saludos

    • David Arboledas
      7 septiembre 2010 a 20:16 #

      Totalmente de acuerdo contigo. Puedo estar a favor de la autonomía de los centros, y lo estoy, pero desde luego no para hacer su propio plan de estudios. Se generarían centros de primera, segunda y tercera y, lamentablemente, un alumno que acude a un centro por proximidad, que es lo que concede la administración, no podría mejorar si tiene la desgracia de caer en un centro “malo”. Debe haber un currículo universal de mínimos en todo el Estado y, por supuesto, dar al alumno la mejor educación posible. Hemos de dar al hijo del obrero de barrio la misma que al churumbel de un Diplomático…¿o no? Digo yo que si no se hace así estamos discriminando…¿verdad? Pero la respuesta es obvia, y no nos engañemos, la clase gobernante NO quiere esto. Son los primeros que discriminan y obligan a caer en la miseria moral y del conocimiento a la inmensa mayoria de alumnos. Lo siento, pero a mis alumnos les exijo lo mismo que a mis hijas, aunque me preocupen menos, claro está.

    • Francisco Javier
      7 septiembre 2010 a 20:46 #

      Muy interesante tu observación, que me parece que debería abrir un amplio debate. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices. A mí eso de la autonomía de los centros me suena muy mal y va de cabeza hacia el modelo educativo de gestión y toda la enorme piltrafa que se cuela con ello: campo abonado para el poder psicopedatonto que venimos denunciando aquí de forma machacona. No señor: nada de modelos autónomos. Es mucho mejor y más justo unas líneas generales: UN PROGRAMA RACIONAL, SERIO Y BIEN FUNDAMENTADO, que ya cada profesor se encargaría de realizar de acuerdo a sus criterios, etc. Entre otras cosas ello permitiría elaborar un proyecto común del que todos nos podríamos beneficiar (en vez de una dispersión absurda y potencialmente arbitraria.)

      Saludos.

  12. 7 septiembre 2010 a 22:30 #

    Yo también soy un firme partidario de los currículos generales universales; de hecho, lo de la autonomía de lso centros existe ya y se ha utilizado precisamente para lo que señala Juan, para diseñar planes-especiales-adaptados-descafeinados, por supuesto, en zonas deprimidas y para facilitar esa limosna clasista del aprobado regalado, amparándose en el embuste de que con ello se luchaba contra la discriminación de los más desfavorecidos. Nos hallamos ante el paternalismo y su cómplice el victimismo, que tanto critica Gregorio Luri, dos de los grandes males de la educación en España. No obstante, si podría ser positiva la autonomía entendida como una cierta libertad para invertir los medios disponibles y buscar fórmulas imaginativas (no estoy hablando para nada de experimentos iluminados) para optimizarlos y buscar soluciones para los problemas de cada centro; carecer de ese mínimo de autonomía marchitaría la vida de la escuela.

  13. Raus
    8 septiembre 2010 a 4:26 #

    Gracias, Pepe. Si le digo la verdad, era algo así lo que yo suponía. El problema de la laxitud ya empieza en las casas, siempre lo diré. Se calcula que hay unos 60. 000 niños con el síndrome del emperador en España. Como no soy profesor, he preferido oír una voz más autorizada. Mi hermano da clases de música en una academia. Durante varios veranos ha dado clases a niños del norte de África. En efecto: las niñas eran tratables, pero los críos, increíblemente salvajes, imposibles. Las teorías de género no pueden explicar ni una evidencia tan sobresaliente como que hombres y mujeres son diferentes desde la cuna.

    • Pepe
      8 septiembre 2010 a 6:11 #

      Cuanto daño han hecho las pedaboberías imperantes. Las personas tenemos sexo, no género, la cual es una ignorante traducción de las teorías británicas. Y cada sexo evoluciona a ritmos diferentes en la adolescencia y con características que los diferencian. En el fondo es curioso que estos rojillos no se atrevan a pronunciar la palabra sexo por haber sido educados en colegios católicos. Pero en una dictatocracia educativa, donde hay dogmas de fe y no realidades, que podíamos esperar.

      Le recomiendo la lectura de este artículo:
      http://deseducativos.com/2010/08/30/la-evolucion-de-las-costumbres-otra-historia-real/

      • Raus
        8 septiembre 2010 a 10:51 #

        Estimado Pepe, le agradezco la recomendación, pero, si se fija usted en los comentarios a ese artículo, verá que yo mismo cuento una historia, también real, y de consecuencias extraordinariamente lamentables y dramáticas. La quise contar porque entiendo que su desarrollo y consecuencias encierran la misma obcecación institucional que la historia que nos cuenta David. Léala si le parece bien y ya me dirá usted.

      • Descla
        9 septiembre 2010 a 9:47 #

        Es bastante lógica su explicación, Pepe: en un sistema de disciplina lazo, los jóvenes machos tenderán bastante más a escaparse del redil que las hembras. Resultado: mayor fracaso masculino.
        Me cuadra.
        Gracias.

      • Descla
        9 septiembre 2010 a 9:48 #

        Don de escribí “lazo” , debí decir “LAXO”.

      • Anónimo
        8 julio 2011 a 11:14 #

        El aumento del fracaso escolar masculino,en los últimos años,en gran parte, se ha debido al
        ” boom” inmobiliario , muchos jóvenes dejaron sus estudios en busca del “dinero rápido”, si a esto le añadimos que los chicos maduran más tarde…, probable estemos situandonos en el verdadero origen del problema.

        Leer argumentos, en los que aparecen palabras como ” rojillos”: “poder psicopedatonto” y
        “(Casi) Todo lo del “género” apesta. Mucho.”, lleva implícito un rechazo a una determinada ideológia. Si esto no prueba nada, podemos seguir con una pequeña muestra de argumentos:

        Raus,en está ocasión (no se moja) sólo baraja conjeturas.. ( le manda la pelota a sus compañeros de juego ) Que, muy acertadamente recoge Pepe y dice: “Es muy sencillo, los varones son más agresivos que las féminas en promedio. Y eso en un sistema laxo en disciplina que tolera los conflictos los condena al fracaso.
        Aunque este año hemos tenido en un segundo de ESO a una fémina, conocida por su frase: “Me vas a comer el coño hasta que te rebose la boca”, ojo que la cita es literal, que es la excepción que confirma la regla. Tras tropecientas amonestaciones/expulsiones y suspender hasta el recreo, perdón segmento lúdico, pasa a tercero por imperativo legal (repetía segundo), un gran avance educativo.”

        ¿Es necesario y serio,argumentar, citando literalmente el caso de “una” alumna, cuando se habla de la generalidad del nefasto Sistema Educativo? ¿ No entra en contradicción que se denuncie un sistema educativo laxo y permisivo y al mismo tiempo se exponga que, en el mismo se actua con amonestaciones/expulsiones?

        Mi reflexión sobre está alumna,en particular, es que necesita un buen profesos de ética, pero igual estoy totalmente equivocado y lo que realmente necesita es una nueva asignatura donde se enseñe a respetar AL EMPRESARIO, no al trabajador,no! la admiración y respeto al empresario. Y ya puestos muchas clases de Religión.Una inmovación integral del Sistema Educativo.
        Un futuro prometedor, estoy seguro!
        Saludos.

  14. Ania
    8 septiembre 2010 a 20:27 #

    He aquí unos comentarios en relación a las inquietudes y opiniones de Raus y de Pepe:

    Estoy de acuerdo con Pepe en que los varones son en general más agresivos que las féminas y en que, por ende, : “el sistema actual laxo en disciplina que tolera los conflictos los condena al fracaso”.

    Por otra parte, en algún programa del aquí vilipendiado y vapuleado Punset, escuché algunas conclusiones de científicos estudiosos del cerebro humano afirmando superiores capacidades por término medio para organizarse espacialmente-en los varones- y mejor dotación básica para el manejo del lenguaje-en las niñas. Todo lo anterior referido al promedio de los individuos de cada sexo con respecto al otro.

    También habría que tener en cuenta la cerrazón del mercado laboral para las mujeres en oficios que no exigen estudios superiores y sí Formación Profesional, la cual sigue siendo coto reservado para los hombres no por las leyes pero sí por las costumbres.

    Redundando en lo del párrafo anterior, la mujer que quiere ser independiente y aspira a tener un trabajo decentemente pagado y considerado, se ve abocada a estudiar Bachillerato como mínimo. A una chica no se le pasa por la cabeza normalmente -por desgracia y por falta de políticas socioeducativas adecuadas-, hacerse chapista, fontanera, encofradora, tornera, calderera, electricista, mecánica, marinera u otra de las salidas profesionales que para un chico sin ganas de seguir en el Instituto están en su entorno desde que tiene uso de razón.

    Debido, fundamentalmente al punto de la agresividad:¿ la testosterona tal vez? y las diferentes conformaciones de los hemisferios cerebrales, me temo que los niños y las niñas requieren , en algunos aspectos, formas diferentes de contención y de aprendizaje, y no descarto en absoluto la formación diferenciada por sexos como algo progresista y deseable en mayor o menor medida. Ya está bién de identificar la educación diferenciada con el OPUS o con la Academia Militar.

    Por cierto Pepe, la delicada criatura que citas en tu post , a estas alturas seguro que ya se habrá salido con la suya: ¡¡¡¡ juas!!!!!

    Postdata: ¿Alguien podría indicarme cómo poner los emoticones, negritas, cursivas y demás?¿Lo escribís en documento aparte y lo copiáis?. ¿Cómo lo hacéis?

    • 9 septiembre 2010 a 9:06 #

      Es verdad que no es fácil abordar el tema del fracaso escolar masculino en un breve post, haría falta seguramente una entrada monográfica para poder abordarlo con algo más de profundidad. A la espera de poder leer lo que dice Gregorio Luri al respecto no me gustaría que el tema quedase en que los chicos son más agresivos y esa es la razón de su fracaso. Un problema complejo como ese no admite una respuesta tan simple.

      De hecho también eran chicos los que no hace mucho más de 20 años obtenían resultados que en nada envidiaban a los de las chicas, más bien al contrario, en aquel momento se hacían campañas pidiendo igualdad para ellas. Justamente lo que habría que explicar es qué ha sucedido y está sucediendo para que los resultados de los chicos cada año que pasa sean peores y alcancen en nuestro país la gravedad por todos reconocida y, segunda derivada de la cuestión, por qué un problema de esa enorme dimensión social y cultural no esté siendo reconocido como se merece desde la administración y otras instancias de necesaria intervención en el terreno educativo.

      A mi modo de ver se trata de una multiplicidad de causas que van desde los cambios sociales y la pérdida de “prestigio” de lo masculino, pasando por la feminización casi total de la enseñanza primaria y acabando en cuestiones de tipo curricular y, como no, la preponderancia concedida en las evaluación del alumno a los aspectos actitudinales por encima de los propios conocimientos. Pero, ya digo, esta cuestión merecería un tratamiento un poco más extenso aunque sólo sea para adquirir conciencia cabal de lo que está representando y puede representar en la estructura económica, social y cultural de nuestras sociedades.

  15. Ana Belén
    8 septiembre 2010 a 23:38 #

    Hola!
    me uno a las felicitaciones a ambos autores, a Nacho Camino, autor del artículo y Gregorio Luri, autor del libro, que ya he empezado a leer y que estoy segura de que me aportará muchas cosas en los comienzos de mi andadura profesional. Un saludo y gracias por tan maravillosas aportaciones.

  16. Ania
    9 septiembre 2010 a 16:59 #

    En primer lugar lugar decirle a Pepe, que , a pesar de la broma que he hecho sobre la deslenguada y procaz alumna agresiva que menciona en su post, no deja de parecerme intolerable un comportamiento verbal en clase de tamaño calibre.

    En segundo lugar, en relación con el post de Emilio acerca de las causas del actual fracaso escolar masculino, mostrar mi acuerdo sobre la complejidad de las mismas y mi temor a que se identifique “feminización de la Enseñanza” con “pérdida de los valores masculinos” ya que creo que ocurre más a menudo que la mujer trabajadora, también la enseñante , adopta valores masculinos para afianzarse en su mundo social y laboral .

  17. Snou
    10 septiembre 2010 a 22:42 #

    Siguiendo las indicaciones de mis pedagogos, me pasé el año pasado enseñando a aprender a aprender a mis alumnos. Ahora ya no soy necesario y me he quedado sin trabajo.

    • Pepe
      11 septiembre 2010 a 17:13 #

      Así tendrás más tiempo para rellenar papeles.

  18. Estrella
    15 febrero 2011 a 11:13 #

    ¿La creatividad es resultado de la imitación? ¿He leido bien? ¿He entendido bien?
    Si ahora ponemos una pizarra digital en el aula y la utilizamos como “la de antes”, ¿será eso creatividad en el aula? ¿La podremos llamar Pizarra Interactiva? Más de lo mismo: contamos lo que no saben los alumnos, más que lo que saben; los errores, más que los aciertos …ufffffff, cansinos, sin ánimo de ofender y en tono coloquial.
    Yo le felicito por la conferencia a la que asistí, organizada por AEST
    Una madre… de dos alumnos … de Altas Capacidades…creativos …

    • 15 febrero 2011 a 21:44 #

      Pues sí, estimada Estrella, ha leído bien. Lo que no sé es si lo ha entendido.

      Ninguna creación que no sea un mero ejercicio de solipsismo infantil parte de la nada. Hoy en día, son muchos los que se autodenominan “creadores”, como si su obra hubiera sido concebida “ex nihilo”.

      Dice Boadella, convencido ateo: el único creador es Dios. Con lo que intenta, no tanto invocar la omnipotencia de un ser divino como burlarse de las excesivas pretensiones humanas.

      En cuanto a que “contamos lo que no saben los alumnos”… Pues, ¿qué, si no? ¿Qué otro sentido tiene la “enseñanza” si no es el de mostrar los diferentes logros de nuestra civilización?

      Imagino que la felicitación va dirigida a Don Gregorio. Lo que no sé es a quién exactamente dedica el epíteto “cansinos”. Si usted se cansa, tómese un tiempo, respire, reflexione y rebata con algo parecido a argumentos.

      Dicho sea esto sin ánimo de ofender y en tono tan debidamente formal como merece cualquier desconocido.

      Gracias por su visita. Y feilcidades por sus hijos.

      Un cordial saludo.

      Nacho Camino

    • Francisco Javier
      16 febrero 2011 a 7:25 #

      Un comentario incomprensible.

  19. Helena
    17 febrero 2011 a 11:43 #

    Estupendo post, Nacho.
    Voy a buscar ya el libro.

    • 17 febrero 2011 a 11:45 #

      Gracias, Helena. Creo que te gustará, con la salvedad – ya señalada por alguien – de que no hay mención alguna al debate sobre la “opción lingüística” en las comunidades con lengua cooficial. Por lo demás, excelente.

  20. clin-clan
    30 junio 2011 a 8:38 #

    La mujer destaca y lo seguirá haciendo porque ahora puede, sus cualidades y capacidades han sido cuidadosamente negadas durante siglos, es su derecho, que ahora pueda incluso expresarse libremente sexualmente,acto que nunca ha sido motivo de repulsa en el ambito masculino.
    La vida es investigación, creatividad, proyecto y disfrutar (ser feliz en ese corto camino vital), la escuela también debe serlo.
    Nada volverá a ser como antes, ni siquiera la escuela.

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