Mínimo común

Daniel Martín

Es habitual que los responsables políticos y pedagógicos del sistema educativo defiendan que, en España, de lo que se trata es de conseguir un mínimo común entre los estudiantes. Ayer mismo, en El País, un reportaje defendía esta opción frente a algunos sistemas germánicos que dividen las clases según los niveles de cada alumno.

Sin embargo, desde siempre en la enseñanza de idiomas lo primero que se hace es un examen para comprobar el nivel del alumno y así situarlo en una clase donde sus compañeros tengan un nivel similar y así el profesor se enfrente a un alumnado más o menos uniforme. De esta manera, además, cada estudiante podrá ir avanzando según sus propios conocimiento y capacidad.

A mi entender, esto debería ser la regla común en todas las asignaturas colegiales. Evidentemente, con esas asignaturas que, como Biología o Historia, son más de estudiar que de capacidad no es tan necesario recurrir a tal medida, aunque otra cosa sería si hablamos de los problemas de, por ejemplo, Genética o los comentarios de texto históricos. Pero en asignaturas como Matemáticas, Lengua o Inglés, donde es imposible ascender un peldaño sin haber asentado bien y sólidamente el anterior, creo que, si buscamos el máximo de cada chaval, es necesario que las clases se dividan según niveles.

Así, los chavales que tienen problemas con las operaciones matemáticas básicas no tendrían que comenzar a trabajar con ecuaciones que les suenan a chino. O, ¿cómo ponernos a estudiar la sintaxis de la oración compuesta si no se entiende bien lo que es un sujeto? Con este sistema también se consigue que los alumnos de un nivel superior no se aburran repitiendo cosas sencillas mientras los otros les van alcanzando. Sólo de esta manera es posible acercarse a cada alumno con un mínimo de garantías docentes.

Sé que lo que escribo es absolutamente impopular. Aquí se entiende que un sistema de división según niveles como el que propongo sólo es una manera de discriminar. Pero es que la vida ya nos discrimina por sí misma. El gran avance de los sistemas democráticos de los últimos dos siglos ha sido que todos seamos iguales ante la ley, que se igualen nuestras oportunidades… pero eso no significa que todos seamos iguales. Ni mucho menos que todo deba ser uniforme, porque de esta manera lo único que hacemos es aniquilar el individuo a costa del grupo. Y, según el mundo en el que vivimos, el individuo debe ser lo más soberano e inatacable.

Con el sistema educativo de café para todos se margina al de menos nivel porque le obligan a aprender cosas para las que aún no está preparado. Y al de más nivel a no seguir avanzando en sus conocimientos. Aparte, deben seguir existiendo programas de adaptación curricular. Pero, con lo que tenemos, el plan de estudios es ridículo, nada formativo, inútil en casi todos los aspectos, y aun así no se consigue que descienda el porcentaje de fracaso escolar.

Entiendo que, si queremos realmente formar a los chavales, hay que trabajar para ello. Y un buen camino sería aprender a aceptar que los alumnos, si bien todos son iguales ante la ley y todos serán ciudadanos con los mismos derechos y obligaciones, como personas son absolutamente únicas. Un sistema con niveles ayudaría muchísimo más a hacer accesible la educación a cada uno según sus propias necesidades para, en lugar del mínimo común, conseguir extraer de cada uno lo máximo individual.

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9 comentarios en “Mínimo común”

  1. 31 agosto 2010 a 12:01 #

    ¿Y cuál es el remedio de las lumbreras-luciferas del MEC? Pues que los espabilados se queden ¡fuera del horario escolar! para ampliar conocimientos. Cocimiento de las gonadas es lo que les depararía semejante barbaridad ministerial. De patafisica, más que de metafísica, me parece este Gabilondo orondo con su buena fe y sus jesuíticas maneras. Convierten la escuela en una guardería, juntan cerebros con eriales, secuestran a los infantes durante la mayor parte del día -en vez de abrirse a esa escuela impagable que es la vida fuera de la escuela- y aún proponen que sigan enj-aulados varias horas más después de haber cumplido su condena… ¿Hablamos de formación o de deformación? Peste de lacayos del buenismo…

  2. 31 agosto 2010 a 13:12 #

    Muy buen artículo. No puedo estar más deacuerdo contigo.
    Creo que hoy en día todo el mundo quiere ser tan políticamente correcto que la educación se toma por el pito del sereno.
    ¿Es discriminar que un niño se encuentre con compañeros de capacidades similares y que puedan evolucionar juntos sin sentirse cohibidos por los que tienen un nivel más avanzado de conocimientos?
    ¿Es discriminar que aquel niño que podría dar mucho más de si tenga que pasarse horas y horas escuchando las mismas explicaciones por parte de los maestros porque un grupo de alumnos aun no ha comprendido los conceptos?
    Es muy fácil decir que para esos casos, el maestro, debe proporcionar material individualizado para cada alumnos. Eso es física y temporalmente impossible dado que en cada aula suele haber 25 alumnos (mínimo).
    Sería mucho más práctico para todo el mundo homogeneizar los grupos para segun qué materias, sin duda alguna.

  3. Ana Belén
    31 agosto 2010 a 13:44 #

    Hola Daniel, estoy absolutamente de acuerdo con el artículo, que además, bajo mi punto de vista, mete el dedo en una de las llagas del sistema educativo vigente. No leí el artículo mencionado de El País, no sé si buscarlo y leerlo o mejor no hacerlo para no hacerme mala sangre, porque si en él se critican los sistemas germánicos entonces creo que sus intenciones hablan por sí solas, claro que por otra parte, es el País… ¿qué vamos a esperar? Hablando de estos sistemas educativos, sólo conozco el alemán, que me encanta y es el sistema que algún día quisiera ver implantado en España. Es increíble que se permitan el lujo de criticar cuando no hay más que comparar los resultados y aún más, la situación de los países nórdicos en todos los niveles: social, económico, cultural… en fin.
    Ah, me ha encantado ver a Sísifo ilustrando el artículo. Muy apropiado.
    Un saludo!

  4. 31 agosto 2010 a 13:57 #

    Lo que planteas es revolucionario, porque sería tanto como hablar de una sociedad de personas, de ciudadanos, mucho más que de géneros. Pero, justamente ahí está el hueso duro de roer, no se quiere una sociedad de individuos, ni tan siquiera alumnos brillantes, se quieren como me decía la tutora de mi hijo “buenas personas” y todo ello en el marco de una sociedad donde los géneros lo ocupan todo. Sé que insisto mucho con esto y, en general, con un éxito más bien escaso, pero se miren por dónde se miren los problemas de la educación, acaba uno tropezando con los sexos, perdón, quería decir los géneros.

  5. Toni Soria
    31 agosto 2010 a 16:05 #

    Estoy de acuerdo con que lo útil para todo el mundo -alumnos y profesores- es homogeneizar mínimamente los niveles, pero claro, la consecución de distintos niveles debe llevar a títulos diferentes que sirvan para acceder a opciones futuras distintas. Si el sistema da la misma titulación para niveles de exigencia diferentes, el sistema es injusto y se pervierte. Además, conozco alumnos que se hacen los tontos y los desmotivados para que los metan en un grupo de diversificación y sacarse el graduado con la gorra. ¿Para qué voy a esforzarme en matemáticas o inglés si me pueden meter en un nivel inferior que sea más fácil y luego el título me vale igual?

  6. 31 agosto 2010 a 16:53 #

    En mi bitácora he colgado hace pocos días una entrada en la que, básicamente, lo que hago es remitir a tres informaciones de este verano. En la primera, se nos contaba que la nueva selectividad es más fácil permitiendo que los alumnos si lo desean se “libren” de los huesos, por ejemplo: Matemáticas. En la segunda, que al no haber habido este año cupo para los alumnos de FP, estos acapararon algunas carreras. Y en la tercera, se recogen unas declaraciones del Ministro en las que se lamenta de que en nuestro país hay hay un excesivo número de universitarios, en concreto afirma que hay “más estudiantes de Derecho en Madrid que en todo el Reino Unido”. La entrada la titulé: ¿Quién gobierna la educación? Unos días más tardé colgué en otra entrada la información de que ninguna Universidad española estaba entre las 200 primeras del mundo.

  7. Antonio Sánchez
    1 septiembre 2010 a 10:18 #

    Queridos colegas,
    me parece que en este artículo hay algo que falla. Y es la suposición de que la separación de los alumnos es “impopular”. No. Es “demagógicamente” impopular. Pero ampliamente aceptada. De hecho, la privada existe y se defiende cuando resulta que practica la más descarada y pura discriminación. En los públicos se ha inventado el poderío reinante un sistema que introduce de tapadillo la separación en niveles: la división de los alumnos en clases según su nivel de idiomas. No digamos ya nada cuando el Instituto es bilingüe. Aquí la criba es feroz. Quizás convendría senyalarle (perdón, no tengo enye en el teclado) a David que la separación en diferentes grupos (crear grupos buenos y grupos insufribles) no tiene sentido si no va acompanyada de la propuesta de diferentes tipos de estudios.

  8. 2 septiembre 2010 a 15:12 #

    Perdón, antes dije a David, pero es a Daniel.

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