La evolución de las costumbres. Otra historia real

David López Sandoval

1.

Siempre me ha parecido muy reveladora la obcecación de los últimos gobiernos por normativizar el uso de la lengua. Pero, más que reveladores, significativos de las intenciones reales que motivan esta testarudez resultan los procedimientos que se están poniendo en práctica para interferir, no sólo en la manera de hablar de los ciudadanos, sino en su forma de pensar. Que existan una Ley de Igualdad o un Ministerio de ídem es una fruslería, sobre todo si alguien se atreve a comparar estos hechos con lo que en los sanctasanctórums de la nueva ingeniería social -léase centros de enseñanzaestán llevando a cabo algunos zapadores del pesebre. El caso del lenguaje, y más concretamente del llamado lenguaje no sexista, hace tiempo que pasó la delgada línea roja que separa el sentido común del esperpento.

Recuerde el alma dormida que, según los gurús de la secta, la lengua es fiel reflejo de los pecados sociales de la mayoría, y que, al haberse constituido la sociedad en un ente perversamente patriarcal, el uso que los hablantes hacen del idioma ha de ser machista por narices. Lo peor del caso no es el batiburrillo conceptual y metodológico que suele caracterizar a este tipo de tesis -del que la sociología se erige, sin duda, como el anillo único de poder que ha de dominar a todas las demás ciencias-. Lo peor no es que sus propuestas pretendan entrometerse en disciplinas -la gramática es la que más atracción les provoca- con presupuestos tan falaces como irrisorios -el concepto de género, una mala traducción del término inglés gender, es quizá el más significativo-, dictando recomendaciones políticas y normas legales contrarias a lo consuetudinario. Lo verdaderamente sangrante de todo esto es que la mayoría de hispanistaníes sea capaz de detectar el esperpento, que muy pocos admitan ahora sin sonreírse cualquiera de las medidas que suelen partir cual nocturna bandada del cuartel general de la señorita Aído, y que, sin embargo, nadie haya caído en la cuenta todavía de que la táctica consiste precisamente en ese desvío de la mirada que procuran el absurdo y la consiguiente rechifla. Y, la verdad, el plan no está yendo mal del todo. Al fin y al cabo, que los españoles se pitorreen de las medidas de la ministra y no muevan un dedo sólo significa que, lamentablemente, seguimos siendo espectadores gozosos del sainete y la astracanada. Mientras tanto,  la lista de tabúes sociales no para de crecer, los argumentos se vuelven más pobres y los debates más dirigidos.

No obstante, hay ocasiones en que, de pronto, se hace la luz. Y, si bien es cierto que es una luz muy lejana, muy tenue, muy poca cosa, basta su vaporoso destello para poner nerviosa a mucha gente.

Les voy a contar una historia que ocurrió durante el pasado curso y que todavía no posee un desenlace claro. Voy a mostrarles cómo se las gastan las instituciones de este país. Y voy a demostrarles que la cosa no tiene nada de chiste, que va absolutamente en serio.

2.

A mediados del mes de abril, un profesor de nuestro Seminario de Lengua se atrevió a intervenir públicamente en un taller de lenguaje no sexista, organizado por la Concejalía de la Mujer de Bullas -en la taifa murciana- y dirigido a alumnos de 4º de ESO, para cuestionar, siempre con los argumentos que ofrecen la lingüística y las reglas gramaticales, el concepto de “género” que allí se estaba exponiendo. A raíz de esa anécdota, la encargada de impartir dicho taller escribió a la directora del instituto una carta de protesta donde, entre ayes lastimeros y muestras de indignación, exigía que se diera un “toque” (sic) al profesor por haberla humillado en público. En realidad lo único que había ocurrido era que mi compañero se había atrevido a interrumpirle para decir que el concepto de género era una categoría gramatical, que las personas no tenían género sino sexo. Por lo que se ve, esta intervención había levantado algunos murmullos y sonrisas entre los alumnos, hecho este que la señorita, a pesar de ser licenciada en Pedagogía, no comprendió. Al enterarnos los miembros y las miembras del Departamento de Lengua de la existencia de la carta, no dudamos en dirigirnos a la Concejal de la Mujer con otro escrito, en el que, basándonos siempre en la norma lingüística y gramatical del español, intentábamos justificar nuestro pleno desacuerdo con los contenidos del taller de marras.

Un mes más tarde, para nuestra sorpresa, recibimos una carta de la Unión General de Trabajadores -sección sindical del Ayuntamiento de Bullas-, donde se protestaba por el trato “humillante” (sic) que supuestamente habíamos dispensado a la señorita en cuestión. Y aumentó aún más la sorpresa cuando nos enteramos de que nuestra carta había pasado antes por las oficinas centrales del sindicato. Algo mosqueados ya, no tardamos en dirigirnos nuevamente a la Concejal de la Mujer para manifestarle en los mismos términos nuestra indignación y para tratar de aclarar que en ningún momento habíamos puesto en duda la labor realizada por la encargada del taller, sino que nos habíamos atrevido a cuestionar los contenidos del mismo por considerarlos contrarios a esas reglas gramaticales y comunicativas que, desde siempre, habíamos tratado de impartir humildemente en nuestras clases.

Sin embargo el asunto no terminó ahí. Tiempo después volvimos a recibir otro escrito, esta vez firmado por el alcalde de Bullas, donde de nuevo aparecía la protesta formal y se nos instaba a reconocer que el idioma español mantenía roles manifiestamente sexistas que debían ser modificados, y, por consiguiente -así creímos entenderlo-, a confesar que estábamos equivocados. Volvió la sorpresa y también la indignación, pero, sobre todo, comenzamos a darnos cuenta de que las autoridades públicas se estaban tomando muy en serio el tema, cosa que, al menos a un servidor, inquietó bastante. Decidido a zanjar de una vez esa demencial relación epistolar, aproveché que el señor alcalde iba a asistir a la fiesta de fin curso de 2º de Bachillerato para hablar con él. El munícipe por antonomasia me despachó en cinco minutos con los mismos argumentos que había expuesto -o le habían expuesto- en su carta. Yo traté de contrarrestarlos con los que aportaban las reglas del uso del español, e incluso osé espetarle que los profesores de Lengua estábamos aquí para explicar Lengua y no doctrina política. Nada. Me hizo ver que jamás nos íbamos a poner de acuerdo y se despidió de mí enseguida, lo cual me cabreó bastante porque, además de haberme dejado con un palmo de narices, el tipo había rebajado, con la habilidad de un Protágoras, la disciplina en la que se supone soy experto a la altura de la mera opinión, con la que se podía o no convenir.

Pero aún estaba por sonar la traca final. Y sonó el día 24 de junio, en plena reunión de Departamento. El secretario del instituto nos pasó un sobre con el sello de, ni más ni menos, la Consejería de Política Social, Mujer e Inmigración de la Región de Murcia, en cuyo interior venía una carta firmada por el Jefe del Servicio de Planificación y Programas del Instituto de la Mujer (aquíaquíaquí). Días después del mensaje conesejeril -más digno de la Stasi o de la Gestapo que de la institución de un país supuestamente democrático-, respondimos con otra en la que  decidimos mostrar sin tapujos nuestra hinchazón y exigir disculpas. La dirigimos a don Joaquín Bascuñana García, Consejero de Política Social del Gobierno del señor Valcárcel. Logramos, para ello, que tanto la directiva como la comisión pedagógica del centro firmaran el texto. Además, pusimos en conocimiento de lo sucedido a la RAE, cuyo Secretario, don Darío Villanueva, se dignó a contestarnos prometiendo prestar al hecho la atención que se merecía.

Les dejo un extracto de nuestra carta, de la que, para no ser reiterativo, he eliminado el fragmento que narra los sucesos que habían venido acaeciendo desde abril.

3.

«El pasado 24 de junio el Departamento de Lengua Castellana y Literatura del IES [..] recibió una carta, con fecha del 15 de junio, firmada por el señor Don Enrique López Martín, Jefe del Servicio de Planificación y Programas del Instituto de la Mujer, en la que se nos exponía una serie de argumentos que justificaban la conveniencia de utilizar el llamado “lenguaje no sexista” en nuestras aulas. Dicha misiva -cuya copia adjuntamos a continuación-, repleta de juicios de valor que califican negativamente nuestra labor profesional y el trabajo realizado por una institución tan respetable como la Real Academia Española de la Lengua, nos ha causado una indignación tal que no hemos dudado en dirigirnos a usted para ponerla en su conocimiento y exigirle, cuando menos, una disculpa en su nombre y en el de la Consejería a la que representa.

Todo este asunto tiene su origen en lo ocurrido […]

En la carta de la Consejería de Política Social, Mujer e Inmigración, el señor Don Enrique López Martín cae en las imprecisiones conceptuales y argumentativas y en los juicios de valor que pasamos a exponerle:

1. Se nos dice, literalmente, que desconocemos las leyes y las recomendaciones internacionales, nacionales y regionales sobre el uso no sexista del lenguaje. Los miembros del Departamento de Lengua queremos saber qué leyes de nuestro ordenamiento jurídico nos obligan a hablar de la forma como sugieren los consejos ofrecidos por esas instituciones internacionales, nacionales y regionales. También deseamos saber si el señor López Martín conoce la diferencia entre prescripción -inherente a toda norma- y recomendación -que es básicamente a lo que organismos como la UNESCO pueden limitarse-, y, por tanto, en virtud de qué mecanismo las recomendaciones sobre el uso del lenguaje no sexista deben ser consideradas como leyes.

2. Se nos indica que «La RAE, compuesta mayoritariamente por hombres, no se acomoda a la realidad social y defiende el uso sexista del lenguaje como si las mujeres detentaran los mismos roles que en el siglo XVIII». Los miembros del Departamento de Lengua creemos que, con esta aseveración, el señor López Martín incurre -por este orden- en un error de bulto, en una falacia y en una flagrante falta de respeto a la labor realizada por dicha institución académica. El error está motivado por su desconocimiento de que la RAE tiene como único objetivo -y también como única razón de ser-, no imponer las normas que los 44 académicos de la lengua inventan en sus ratos libres, sino acomodarse al uso que la mayoría de los hablantes de español hacen del idioma; en este sentido, las sucesivas ediciones del Diccionario de la Lengua Española incorporan nuevos términos en virtud de su uso y desechan otros que los hablantes ya no reconocen. Es normal, por tanto, que el argumento del señor López Martín caiga en la falacia cuando habla de “realidad social” y cuando atribuye a la RAE el pecado de defender el lenguaje sexista, ya que, al desconocer el auténtico cometido de la institución, le achaca un defecto que en última instancia no sería propio de ella sino de todos los hablantes del español -y suponemos que el Jefe del Servicio de Planificación y Programas del Instituto de la Mujer de la Región de Murcia, cuyo sueldo pagamos todos los españoles, no habrá querido decir lo que, como se puede comprobar, en realidad ha dicho-. Por último, los profesores del Departamento de Lengua consideramos inaceptable la acusación que el señor López Martín hace a la RAE y a sus miembros. Así como, por ejemplo, el señor López Martín jamás tildaría de “sexista” nuestro Departamento -compuesto, durante el curso que acaba de concluir, por tres hombres y seis mujeres-, creemos tendencioso, simplista y demagógico insultar de esa manera a una de las instituciones más respetables de nuestro país atendiendo al número de varones que la componen.

3. Se nos señala que el lenguaje no es neutral, que es una adquisición cultural y que el masculino, al englobar a las mujeres, las termina excluyendo. Se mencionan, como citas de autoridad, las consabidas recomendaciones de la UNESCO y las conclusiones de la IV Conferencia Mundial sobre Mujeres de Pekín. Los miembros del Departamento de Lengua creemos que dichos argumentos -tanto los de los mencionados organismos como los esgrimidos por el señor López Martín- ignoran conceptos históricos, filosóficos, lingüísticos y gramaticales esenciales. Uno de ellos proviene de la idea, expresada en la cita de la UNESCO que se nos proporciona en la carta del señor López Martín, de que el lenguaje, como producto social, influye en nuestra percepción y condiciona nuestro pensamiento. Si esto fuera así, si esto hubiese alcanzado esa categoría de axioma indubitable que se le pretende dar, ¿cómo habría sido posible que, a partir de un uso tan rematadamente sexista del lenguaje -que, como se dice, condiciona nuestra manera de pensar, de ser y de estar en el mundo-, se hubiera llegado a las conclusiones que los partidarios del uso no sexista del lenguaje vienen manifestando desde hace años? ¿Habrían sido ellos los únicos capaces de escapar de esta supuesta ley universal? A nuestro entender, que existan comportamientos sexistas nada tiene que ver con la lengua ni con sus reglas gramaticales. Pensar lo contrario es caer en la consabida falacia lógica del post hoc, ergo propter hoc, muy común en estos casos. Otro de los conceptos ignorados por el señor López Martín es el que hace referencia a la distinción entre género marcado y género no marcado. Consideramos que vincular la división de géneros gramaticales con la ideología se aparta radicalmente de la referencia empírica. En casi todas las lenguas indoeuropeas antiguas, por ejemplo, había tres géneros gramaticales -femenino, masculino y neutro-, y el menos marcado era siempre el género neutro. ¿Podríamos deducir sin sonrojarnos que estas lenguas -latín, griego, etc.- daban distinción especial a lo inanimado sobre las personas? No. El sentido común nos dicta sin duda otra conclusión mucho menos extravagante: la lengua es, en efecto, una adquisición cultural, y, como tal, una convención. El español establece, convencionalmente, que el género no marcado sea el masculino, que este se utilice de manera genérica para englobar tanto a mujeres como a hombres; y no porque lo diga una institución “tan sexista” como la RAE, sino porque así lo imponen los millones de hablantes del idioma. Por ello nos parecen también absolutamente erróneas las aseveraciones de Doña María Jesús Fariña, citadas en la carta por el señor López Martín, que cuestionan el concepto de economía del lenguaje, tan esencial desde el punto de vista lingüístico, y que, por lo que suponemos, defienden el uso del masculino como género marcado -“los alumnos y las alumnas”, “los políticos y las políticas”, etc.-. Argumentar que la economía no es tan determinante porque eso hubiera supuesto “la eliminación de unas lenguas en favor de una sola” -sic-, significa, en el fondo, no entender que el concepto de “economía” es necesario para cualquier acto comunicativo, independientemente del idioma que se hable, es decir, un mecanismo mediante el cual los hablantes -de cualquier idioma, insistimos- hacen posible el milagro lingüístico de utilizar en pocas palabras una gran cantidad de información.

Como se podrá comprobar, los miembros del Departamento de Lengua tenemos criterios sólidos y bien fundamentados que son el fruto de años de estudio, reflexión y experiencia profesional. Lo último que deseamos es que instituciones y personas ajenas a nuestra disciplina y a nuestra labor como docentes pretendan imponernos una serie de dogmas políticos e ideológicos tan cuestionables como confusos que amenazan el sagrado derecho profesional y constitucional de la libertad de cátedra. Asimismo pedimos que se deje de poner en duda, no solo nuestra competencia, sino los valores morales y éticos de los que cada uno de nosotros, a título personal, hace gala con orgullo y dignidad.

Por las distintas instituciones y personalidades que se han dirigido a nuestro Departamento -a las que hay que añadir ahora la Consejería de Política Social, Mujer e Inmigración de la Región de Murcia-, podemos deducir que la cuestión ha superado la categoría de simple anécdota para convertirse en todo un ejemplo de acoso a nuestra profesionalidad que excede el debate académico, y máxime cuando nuestro criterio ha sido siempre lingüístico y el esgrimido por los demás jamás ha abandonado lo meramente ideológico. Consideramos deplorable que instituciones públicas como las que usted representa traten de interferir en el trabajo de unos servidores públicos cuyo único objetivo es mejorar, mediante la transmisión de conocimientos, una sociedad y un país que actualmente se encuentra en serias dificultades económicas.

Por eso le exigimos una disculpa formal que dé el asunto por concluido.

Atentamente.»

4.

Me gustan las películas americanas de abogados, aquellas en las que la sentencia de un caso da un inesperado giro cuando alguien descubre un precedente judicial. Sus héroes suelen ser auténticos detectives a la caza y captura de la jurisprudencia precisa, que sirve para salvar o condenar a los acusados. La busca de la verdad legal se convierte, gracias a la vieja common law, en la aventura de la verdad social. Jamás concebiría, sin embargo, que Hollywood pudiese lograr alguna vez una intriga semejante con nuestro aburrido derecho continental como trasfondo, heredero del Corpus Iuris romano, en el que los precedentes no son vinculantes y donde todo se basa en la inflexible ley escrita. Al margen de mis gustos personales, no está de más recordar que ambos sistemas poseen un origen común que considera la costumbre como fuente primaria de derecho, a pesar de que, desde el 451 a.C. -año en que se expuso a la vista de todos los ciudadanos de Roma la Ley de las XII Tablas-, el derecho romano se fuese apartando poco a poco de lo consuetudinario. Que en ocasiones las costumbres surjan de un hecho principal o sean impuestas, en forma de moda al principio, por algún personaje relevante, no quiere decir que no sean el fundamento de cualquier ley y que esta no deba permanecer como el reflejo tanto del valor de las prácticas sociales arraigadas como de la fuerza de quienes las siguen.

Aquí, en el nuevo Hispanistán, intentamos desde hace algunas décadas aportar nuestro granito de arena a la Historia del Derecho. Lo de granito de arena va con retranca, por supuesto, ya que no aludo al Fuero Juzgo o a las Siete Partidas alfonsíes, sino a algo mucho menos autóctono que, sin embargo, pocos países que se consideren democráticos se atreven a llevar a cabo. Desde el alcor del Derecho se está consumando lo que quizá sea una de las mayores programaciones sociales que se recuerdan, sólo comparable a las que se cometieron durante la Guerra Civil o el franquismo. Me refiero a la práctica continuada que trata, no sólo de suplantar las costumbres, sino de crear otras nuevas a golpe de martillo legal. Y lo curioso no es que se invierta el proceso natural, sino que, en cierto modo, se nos quiera devolver a esas épocas preilustradas en que el lenguaje, la palabra mágica, podía transformar la realidad a su antojo. No es de extrañar, por tanto, que los ciudadanos hayan terminado aceptando el abracadabrante principio de que los problemas, hasta que no están regulados, no existen.

Como ya he dicho, es muy posible que a la historia que acabo de contarles le falte aún el desenlace. Pero, independientemente de por dónde vayan los tiros, la verdad es que no me negarán que su argumento diagnostica a la perfección una de las más agudas enfermedades que padecemos en estos momentos. La lengua -sus reglas, su uso- es la costumbre más importante de todas las que los españoles nos hemos dado y no puede estar sometida a la voluntad -y mucho menos a las ocurrencias- de una minoría política. Casi todas las distopías imaginadas por el genio del hombre coinciden en la oscura premisa de que la manipulación de la sociedad comienza siempre por el control del lenguaje.

Sin embargo algo ha empezado a cambiar. Muchos de nosotros ya no somos ajenos a los medios y a los fines de semejante intervención. Sabemos, quienes nos dedicamos a la enseñanza -sobre todo desde que la escuela se ha atribuido el monopolio de la educación en valores-, que basta denunciar este disparate para que el desierto de lo real vaya apareciendo ante las narices de la gente en toda su esperpéntica grosería.

Porque, lo creamos o no, el tinglado está sostenido a duras penas, y, además, es muy fácil de reconocer, pues suele portar como banderola uno de los axiomas más importantes -y grotescos- de la nueva ingeniería social. Recuérdenlo: toda norma destinada a crear la justa y precisa necesidad social que modifique, a la postre, ciertos comportamientos arraigados, siempre aparecerá revestida con el oropel de la marcha imparable de la sociedad, de la eterna ley de la modernidad y del progreso, de la inevitable evolución de las costumbres.

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas, Rebelión

Autor:David López Sandoval

Profesor de Lengua Española y Literatura. Administrador del blog.

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49 comentarios en “La evolución de las costumbres. Otra historia real”

  1. 30 agosto 2010 a 8:51 #

    Episodio dantesco. Síntoma clarísimo del estado orwelliano en el que vivimos. La manipulación del lenguaje es la manipulación de las consciencias y del conocimiento. Y esta manipulación se hace desde una ideología que pretende anular al individuo.

  2. Ana Belén
    30 agosto 2010 a 14:06 #

    Episodio dantesco, como muy bien ha señalado el señor Viñuela. La actitud esperpéntica de quienes están al frente del gobierno de este país no tiene límites, pero como muy bien dice David algo ha empezado a cambiar. Vuestras sucesivas respuestas a sus cartas fueron irrebatibles en sus criterios históricos y lingüísticos, pero esos criterios son los que precisamente estos personajillos no entienden (ni quieren entender). No creo que en su vida hayan oído hablar de las lenguas indoeuropeas ni del derecho consuetudinario. Y el comentario sobre la RAE y sus miembros…es sencillamente una vergüenza. Deja muy claro cuál es el nivel cultural de este país y lo que importa la cultura y, por ende, la educación. Pero algunos no pasaremos por el aro de quienes pregonando tolerancia son los más intolerantes de todos.

  3. 30 agosto 2010 a 14:34 #

    Juan Pedro, Ana Belén:

    Aquí hemos hecho innumerables llamamientos a la desobediencia docente. Creo que las pequeñas batallas como la que describo son las que hay que emprender. El búnker educativo no está acostumbrado a que los profesores le salgan respondones. En cuanto empecemos a no dejar pasar ni una, en cuanto demos un buen puñetazo en la mesa, algo comenzará realmente a cambiar en los colegios e institutos españoles.

    Un saludo

  4. 30 agosto 2010 a 14:47 #

    Me parece de ciencia ficción que pierdan el tiempo nuestros responsables con cartas amenazantes y absurdas, si no tienen trabajo, gustosamente les indicaré algunas tareas urgentes. ¿Libertad de cátedra? ¿opiniones divergentes? Increíble

  5. Raus
    30 agosto 2010 a 15:00 #

    Magnífico texto. Y preocupante testimonio de la descarada manipulación ideológica a que nos quieren someter. En mi modesta opinión, el lenguaje no tiene el poder que la posmodernidad (el positivismo de nuevo) le concede. En el excelente libro que me recomendó nuestro amigo Antonio Sánchez, “La Filosofía, Otra Vez”, de Alain Badiou, éste nos recuerda que ya Platón decía que el objeto de la filosofía no es el lenguaje, la palabra, sino las cosas. Por eso mismo, como tan agudamente argumenta David, el supuesto y secular lenguaje sexista no ha impedido el surgimiento de los nefastos movimientos pseudofeministas del género y la génera. Y, por eso mismo, nosotros, igualmente, nos podemos rebelar contra los mandatos lingüísticos de esos mismos movimientos. Estos sólo puede significar que el pensamiento es previo al lenguaje. De hecho, ¿cómo podría el niño adquirir el lenguaje sin un pensamiento previo?
    Ahora bien, con estas puntualizaciones no trato de subestimar el poder del lenguaje en ningún sentido. El poder político (o cualquier hijo de vecino) siempre intenta construir el discurso o teoría sobre la realidad que más útil sea a sus propósitos. Las ideologías del poder, una vez convenientemente pregonadas y difundidas, pueden conseguir algo magnífico: evitar que el ciudadano poco instruido o crítico piense por sí mismo. La realidad ya está interpretada. Sólo hay que tragársela como si fuera una papilla, cómodamente. Ese discurso es muy accesible al pensamiento. Por otro lado, no todo el mundo tiene la capacidad ni el tiempo suficiente para pensar e investigar la realidad con suficiente hondura.

    Las palabras (los conceptos) y expresiones en boga, las que propaga quien tiene algún poder, conforman el conjunto de máscaras y espejismos que le permiten al emperador ir desnudo ante la multitud: pocos quieren significarse como disidentes del discurso oficial y general. El oxímoron “secreto a voces”, tan común en nuestros días, tiene origen en las entelequias del discurso oficial. Es mucha la gente que se burla y mofa, por ejemplo, del lenguaje propuesto por las feministas de género. Sin embargo, el embeleco se mantiene vigente, el discurso oficial sigue su paso inalterado, aparentemente virgen. ¿Por qué? Porque a diferencia de lo que ocurre en el cuento de Andersen, no existe el niño que grite públicamente que el emperador va desnudo. No hay (casi) nadie que denuncie la desnudez del emperador en los medios oficiales. Y mientras en ellos no penetre claramente y sin eufemismos la voz disidente (el secreto a voces), el discurso oficial podrá seguir fingiendo que esa voz no existe y hacer caso omiso de ella. Pero lo peor de todo es que el ciudadano, entre tanto, mientras la denuncia no sea pública y firme, seguirá percibiéndose impotente y sin voz, casi clandestino.

    • 30 agosto 2010 a 15:12 #

      Las ideologías del poder, una vez convenientemente pregonadas y difundidas, pueden conseguir algo magnífico: evitar que el ciudadano poco instruido o crítico piense por sí mismo. La realidad ya está interpretada. Sólo hay que tragársela como si fuera una papilla, cómodamente.

      Claro, Antonio. Pero lo peor es el siguiente paso que se suele dar: llevar al territorio de las normas y del derecho esa realidad interpretada por el poder. Un vez hecho esto, cuando el Estado -que tiene el monopolio de la violencia, no lo olvidemos- ha convertido el discurso propagandístico en discurso legislativo, la cosa se empieza a poner muy pero que muy fea. La única salida entonces es la desobediencia civil.

      Un saludo.

      • Raus
        30 agosto 2010 a 19:42 #

        En efecto, David, ese paso es crucial. Diversos factores o fuerzas favorecen la consolidación de la visión oficial de la realidad.
        – La ignorancia de buena parte de la población. Por un lado por su deficiente formación (muy poco aficionada a la lectura, y menos a la culta); por otro, debido a la misma ocultación de la realidad que presentan, machaconamente, los medios de difusión masivos: por excelencia, los telediarios. El sesgo informativo, políticamente correcto, es propio de todos los telediarios de la Corte.
        – El miedo a la trasgredir las leyes. Miedo a las presiones y represiones a que puede ser sometido el disidente. No olvidemos, por ejemplo, que las leyes actuales, entre otras aberraciones, conculcan la presunción de inocencia del varón. Increíble en un sistema de derecho que presume de democrático.
        – Negocio. Las subvenciones millonarias que se destinan a los diferentes voceros legales de la corrección política. Según leo en Internet, el Ministerio de Igualdad tiene, o ha llegado a tener, un presupuesto 5 ó 6 veces mayor que, por ejemplo, el de Trabajo. Muchas voluntades se quiebran por ahí.
        – La misma base ideológica de la población general. El discurso igualitarista dominante ha medrado sobre una base ideológica previa simpatizante con esos desarrollos.

        Permitidme que cuente aquí una historia dramática que es sólo una muestra más de la androfobia oficial reinante. Creo pertinente incluirla aquí, siquiera para contribuir un poco a destapar y denunciar parte la realidad que hoy se nos oculta.

        Todo lo que voy a contar es cierto, y cualquiera lo podría comprobar si así lo desease. La escribí y colgué hace un tiempo en un blog amigo. Ahora simplemente copio y pego. Lo dejo intacto, con los conatos de rabia con que lo escribí en su momento:

        Tuve un primo segundo. Digamos que se llamaba Miguel. Ahora tendría cerca de 44 años. Este muchacho se casó con Juanita. Tuvieron dos niñas gemelas. Miguel vivió un infierno antes de morir de un accidente laboral. Si no recuerdo mal, durante los dos primeros años de vida de las criaturas, él trabajó como albañil en mi pueblo, basurero o en cualquier cosa que le salía. Ni uno ni otro tenían estudios. Se alojaban en una antigua aula de cuando yo iba a la escuela. La convirtieron en su hogar. Pero nunca fue un hogar dulce. Juanita sufría constantes ataques de ira y rabia. Padecía un grave trastorno de personalidad que se agravó con la llegada de las niñas. Muchas eran las veces que mi madre, ya anciana, tuvo que acudir a esa casa porque Juanita había montado en cólera y el cuadro resultante era de espanto: las niñas llorando agarradas a las piernas de su padre, gritos, voces, amenazas… La fuerte medicación ansiolítica que tomaba la chica no era suficiente para calmarla, ni la terapia psicológica con que se la trataba. Miguel no sabía cómo afrontar aquello. Le desbordaba. Día sí, día no, Juanita montaba la de Dios es Cristo. Varias noches abandonó la casa fuera de sí. Miguel la buscaba por todo el pueblo y avisaba a la Guardia Civil cuando no aparecía. Nos llamaba a nosotros (su familia) para que nos ocupásemos de las pequeñas. Juanita había tenido varios amagos de suicidio. En una ocasión sacó un enorme cuchillo de cocina y amenazó a su marido. Por fortuna todo acabó en un susto. No sabría expresar aquí cuánto sufrimiento y desesperación había en los ojos de todos, los padres y las criaturas.
        Decidí hacer algo. Le dije a Miguel que había que ingresar a su mujer durante unos días hasta que se le pasara aquel brote de ansiedad descontrolada. Él me miró escéptico. Ya había contado a las asistentes sociales, los doctores y las psicólogas todo esto que aquí cuento y mil cosas más, sin resultado. Él estaba desesperado. Su temor era que, en uno de esos arrebatos y estando él ausente en el trabajo, hiciera alguna barbaridad a las niñas. “Yo tengo que hacer algo”, pensé. Intenté razonar con Juanita. Le dije que durante una temporada debía quedar ingresada. Intenté hacer ver que estaba fuera de control y que las niñas estaban sufriendo con tanto grito y violencia desatada. Ella me dijo que no quería que la ingresaran, que no era para tanto. El día que le tocaba terapia fui con ellos al hospital. Las psicólogas recibieron primero a Juanita. Ésta se encargó de decirles que un primo político (yo), psicólogo, quería hablar con ellas para conseguir que la ingresaran durante unos días.

        Tras la terapia, Miguel y yo entramos en el consultorio (del hospital). Juanita se quedó en el pasillo. En cuanto me presenté (y sólo me presenté como familiar preocupado por la situación), la psicóloga que llevaba el caso (había dos) me dijo con evidente desprecio: “Ah, es usted el psicólogo que viene a decirnos qué es lo que debemos hacer, ¿verdad?”. Yo le contesté que no podía evitar ser psicólogo, pero que no iba allí sino en calidad de familiar preocupado por lo que estaba pasando y a pedirles que consideraran la necesidad de ingresar a Juanita durante unos días, pues estaba fuera de sí. Les recordé el padecimiento y el peligro que corrían aquellas dos niñas pequeñas. Obviamente, no me hicieron ni puto caso. Me metía en su terreno. Insistí en vano. Me dijeron que era un caso que debía tratarse ambulatoriamente. Con eso me arreglaron. Con eso nos arreglaron. “Lo siento, Miguel, no sé qué más puedo hacer”. Él me respondió que no le extrañaba nada la negativa de las psicólogas. Conocía el percal mejor que yo.

        Pocas semanas después, se trasladaron a Valencia. Miguel se había quedado sin trabajo en el pueblo. No les quedaba para llegar a fin de mes. Juanita gastaba miles y miles de pesetas en llamadas de teléfono y en infinidad de caprichos. Mi primo encontró diversos trabajos temporales. Ella se quedaba en casa, cuidando a las niñas. Al poco tiempo, los Servicios Sociales estimaron conveniente quitar la custodia de las niñas a la madre. ¡No podía ser! ¿Cómo era eso posible? Juanita fue denunciada por una vecina por intentar lanzar a las niñas por la ventana del piso. “Sólo” tuvo que suceder eso.

        La custodia pasó a tenerla un hermano de ella y su mujer, hasta la fecha. Juanita acabó yéndose con otro hombre. Cuando hablé con Miguel, estaba destrozado. No dormía ni descansaba, atormentado por la idea de lo que podría haber ocurrido y por la cantidad de sufrimiento que llevaba a cuestas. Apenas podía ver a sus hijas. Poco después, Miguel murió aplastado por un torete en el trabajo. Bajó de él para apartar unos cartones. Se olvidó de ponerle el freno a la máquina, que estaba en rampa y ésta se le vino encima y lo aplastó contra la pared. Jamás olvidaré los horribles gritos de dolor de su madre. Lo más espantoso que he visto hasta la fecha. Hoy, varios años después, la mujer está enferma del corazón.

        Las señoras psicólogas y a las trabajadoras sociales jamás hicieron caso de lo que Miguel les contaba, ni sirvió para que se les pasara por la cabeza la idea de quitar la custodia de las niñas a Juanita. Tantas veces como pidió que la ingresaran durante unos días, tantas veces como recibió un no por respuesta. Ni siquiera les pidió que le retiraran la custodia. Sólo quería proteger a las pequeñas de un peligro que él vio evidente pero que ellas se negaron a admitir… hasta que sucedió lo que a todas luces tenía que suceder.
        Por supuesto, de nada valió mi petición, faltaría más. Psicólogo y hombre: mala tarjeta de presentación. La peor.

        Tras todo lo que sufrimos y vi sufrir a aquel pobre muchacho, tras las incontables veces que él denunció inútilmente aquella peligrosa situación, tras el repugnante ninguneo que aquellas señoras y la administración hicieron de sus ruegos y de los míos, tras todo esto, digo aquí que no hay fuerza humana capaz de convencerme de que en este país de mierda no reina una androfobia oficial brutal y fuera de control. Sólo así se puede explicar que aquellas asistentes sociales y psicólogas desoyeran mil veces las súplicas desesperadas de un padre hundido por el sufrimiento. Que lo trataran como a un guiñapo. Esa androfobia explica eso y mil cosas más de ese jaez. Unas graves y otras no tanto.

        Felicito a todas las mujeres (también hombres) que no han perdido el sentido común ni se ven arrastradas por el credo ultrafeminista que hoy nos señorea. Porque, de corazón lo digo, es un credo peligroso.

        Un saludo.

  6. A. Newmann
    30 agosto 2010 a 16:10 #

    Hola
    Para quien pueda interesar soy mujer y si no lo leo no lo creo.
    Así que, es en esto en lo que se nos va el dinero: en seminarios políticos, en concejalías de la mujer (¿por qué no del hombre?) o en amedrentadores sindicalistas que no tienen otra cosa que hacer que meterse a mediadores. Por no hablar de todas esas instituciones imprescindibles como: la Consejería de Política Social, Mujer e Inmigración de la Región de Murcia o el Servicio de Planificación y Programas del Instituto de la Mujer, que tal vez sean muy útiles, pero que no llego a comprender cómo pueden ayudar a las mujeres metiéndose en este fregado.
    Confieso que vivo al margen de la realidad de la educación pública porque decidí confiar a mis hijos al sistema privado. Pero nunca, ni en mis peores pesadillas, habría imaginado que nos pudiéramos hallar en este punto de degradación.
    Ya no me sorprende que las bajas por estrés de los docentes vayan en aumento. Lo que me sorprende es que se haya impuesto la absurda necesidad de justificar lo evidente, con la pérdida de tiempo que ello conlleva. ¿Será que hay gente que no tiene otra forma de justificar el sueldo?

    • 30 agosto 2010 a 16:50 #

      A. Newmann:

      Muchas familias desconocen lo que se está cociendo en las aulas de sus hijos. Y, si saben algo, desgraciadamente callan porque no son capaces de escapar de lo políticamente correcto, del discurso elaborado por el poder político. Pero lo peor -y lo diré aunque tire piedras sobre mi propio tejado- son los profesores que guardan silencio y que acatan, que no son capaces, con la autoridad que les procura el conocimiento de su disciplina, de plantarse para evitar que tergiversen los contenidos que imparten.

      Al poder hay que ponerle freno como sea, y ya que en nuestro país no existen instituciones ideadas para ese fin, ya que no existe un auténtico sistema de equilibro de los poderes del Estado -y el educativo yo lo considero un poder más, o, al menos, un “pre-poder”-, sólo las personas -una a una, en solitario- pueden hacer frente a este desmadre.

      Un saludo y bienvenida.

  7. Mari Cruz Gallego
    30 agosto 2010 a 21:24 #

    A mí, lo que realmente me revienta, es la ignorancia y pasividad de nuestro colectivo…
    Cómo voy a echar de menos las cruzadas departamentales, jaja.
    Por cierto, el caso ya se ha hecho famoso. Como le dijo uno de CCOO a un compañero: “¿Trabajas en Bullas? Pues menudo departamento de lengua que hay allí” (refiriéndose a este caso). Deprimente.

    • 31 agosto 2010 a 5:59 #

      Nosotros te vamos a echar de menos también, compañera. Espero que, a partir de ahora, Archena alcance la misma mala fama que Bullas.

  8. 30 agosto 2010 a 21:37 #

    Hola, llego aquí por recomendación de Raus. Esto es acojonante. Lo peor que veo es que los anteriores proyectos de ingeniería social usaban la represión abiertamente, con descaro; tanto el comunismo como el nazismo, pasando por cuando la Iglesia ejercía funciones de policía moral, convencían a palos. El gilipollismo progresista este, que no sé muy bien cómo definirlo más certeramente, trata de convencer y convence mediante el lavado de cerebro constante y el miedo a no ser políticamente correcto. Cierto es que también reprime, pero lo hace en una escala más sutil, pasa más desapercibido. Lo de los comisarios políticos de la ugeté no tiene nombre… En fin, poco puedo aportar a lo ya dicho.
    Saludos, un gran artículo.

  9. Indispuesto
    30 agosto 2010 a 21:59 #

    El BOE utiliza el masculino genérico, aunque manda huevas que tenga que especificarlo:

    “Disposición adicional novena. Referencias genéricas.
    Todas las referencias para las que en este real decreto se utiliza la forma de masculino genérico, deben entenderse aplicables, indistintamente, a mujeres y a hombres.”

    http://www.boe.es/boe/dias/2010/03/12/pdfs/BOE-A-2010-4132.pdf

    • A. Newmann
      30 agosto 2010 a 22:22 #

      Lo siento, no puedo desengancharme de este sucedido. Lo he leido tres veces para asegurarme de que no me lo he imaginado.
      Cuando pasen unos años, el péndulo este oscilando en otro sentido y todo esto no sea más que un mal sueño, lo que nos vamos a reir con BOEs como este.

    • 31 agosto 2010 a 9:57 #

      ¡¡¡Es de locos!!!

  10. 31 agosto 2010 a 0:44 #

    Querido David, ya sabes que lo primero que pienso acerca de este asunto es que no debisteis permitir que ningún ignorante advenedizo se os metiese en clase a decir sandeces sobre lo que no saben y a intentar adoctrinar a vuestros chicos. Esa pléyade de chupópteros compuesta de políticos y sus amiguetes explotan los tópicos de la corrección política (en este caso, la flagelación que la deiscriminatoria lengua española descarga sobre las pobres mujeres) para su propio lucro y para mantener el régimen que les favorece y sus dogmas. Dado que, como muy bien nos muestras, son cada vez más agresivos y despóticos, lo mejor hubiera sido pararlos cuanto antes y no haberles dejado trasponer el umbral de vuestra casa, como a los vampiros. La historia es sin duda indignante, pero, vista en detalle como ahora nos la cuentas, tiene su lado cómico, porque está claro que es casi un guión de Groucho Marx, fíjate en esto: un buen número de empleados y cargos públicos han demostrado su ignorancia y su soberbia al disputar con quienes sí saben acerca de lo que ellos desconocen, así como su ineptitud y su supeficialidad al malgastar en algo que ni es trascendente ni a ellos les incumbe el tiempo que deberían estar dedicando a servir al ciudadano: ¿no es un absurdo como una casa? El reparto es de risa, mira si no:
    -Una licenciada en pedagogía que se mete en una clase a decir burradas sobre una materia que no domina: la llamaría asna si no fuera porque ya la he llamado pedagoga.
    -La sección sindical de UGT del ayuntamiento de Bullas pontificando sobre lingüística: ¡genial!, ¿para qué queremos ya al Chomsky ese? A lo mejor podrían dedicarse a defender los intereses de los trabajadores, pero ya se sabe que a esto nuestros sindicalistas han renunciado hace tiempo.
    -La Concejalía de la Mujer de Bullas, que servirá, me figuro, para colocar a mujeres (de su cuerda) en vaciedades como la de la que os mandaron al instituto. Que haya concejalías de la mujer es una muestra del absurdo en que han caído la política de este país y el propio país.
    -El alcalde de Bullas denunciando los roles sexistas del idioma español, los cuales hay que modificar. ¿Lo habrá descubierto él solito? Pues nada, que emita un bando del tipo: “De parte del señor alcaldeeeee, se hace saber que está mu mal el lenguaje sexistaaaaa”. ¿Para esto sirven los alcaldes en España? Este personaje de tu sainete me ha recordado “La elección de los alcaldes de Daganzo”, de Cervantes; está visto que el tiempo no pasa ni por los clásicos ni por los regidores municipales.
    -El tal Enrique López Martín, Jefe del Servicio de no sé qué parrafada a beneficio de la mujer. ¿Cuánto le pagarán a esta lumbrera por pretender que el lenguaje se rija por leyes internacionales, nacionales y regionales y no por las simples leyes lingüísticas de toda la vida, que jamás han emanado de los boletines de los burócratas? Esto es algo elemental, pero parece que este señor no lo sabe, pese a lo cual, se permite meterse en controversias con un colecxtivo de lingüistas y descalificar a los miembros de la academia: la ignorancia de nuestros políticos solo es parangonable con su desvergüenza.
    Tómatelo, pues, un poco a risa, David, aunque sea vergonzoso, lamentable e indignante, porque no es más que otro capítulo de la conjura de los necios que rige nuestro país. Eso sí, por lo demás, no dejes de hacer lo que muy bien habéis hecho: plantarles cara y ponerlos en su sitio. Y su sitio, desde luego, no es la cabecera de un aula.

    • 31 agosto 2010 a 6:27 #

      Ya te dije que de los errores se aprende, y que este año no voy a dejar pasar ni uno de esos talleres.

      Un abrazo.

    • Raus
      1 septiembre 2010 a 13:30 #

      Querido Pablo, yo no estoy seguro de que haya sido mala idea abrir las puertas a los pedagogos de la corrección política para organizar esos estrafalarios talleres. De hecho, si todos los profesores fueran tan combativos como David y sus compañeros, lo ideal sería que, allá donde aquéllos metieran sus largas narices, alguien les pusiera en evidencia. La bulla montada en Bullas es precisamente lo que necesitamos, a mi entender. Y, si allá donde fueran predicando sus tonterías, encontraran firme oposición racional en el profesorado correspondiente, antes o después se lo pensarían. ¿Estoy proponiendo encerronas? Sí. Donde se les deje entrar, encerrona al canto. O levantamos nuestras voces contra la caballería oficial de la Corte o nos las tendremos de tragar crudas y cada vez más gordas. Y lo peor es que nos lo habremos merecido. La degradación cultural tiene como límite la naturaleza: la misma selva. No parará porque sí: habrá que pararla. O intentarlo.

      Amigo Apañó, esto es la conjura de los necios. En cuestiones lingüísticas como éstas se ve con claridad meridiana que, como apunté, la peligrosidad de nuestros oponentes o enemigos es inversamente proporcional a su inteligencia. Sólo una persona de escasas luces se atrevería a manifestar en público teorías absurdas y fácilmente refutables. Pocas personas inteligentes estarían dispuestas a ello, pues pasar por tonto es humillación insufrible. Otra fórmula a tener en cuenta es ésta: el atrevimiento de nuestros oponentes es directamente proporcional a su ignorancia. Imagina cuánto atrevimiento. Si es que son hormigas soldado, pijo.

      • 1 septiembre 2010 a 15:37 #

        Aprovecho para saludarle, don Antonio, y para felicitarle por su acertado comentario de más arriba, el de la historia del joven matrimonio. Hablamos de diferentes facetas del mismo mal: la perversión inquisitorial con que la corrección política va imponiendo sus dogmas. El guante de la corrección política es de seda, pero el puño es de acero durísimo, mira si no lo que le ocurrió a tu primo. La pregunta es: ¿cuánto hubieran tardado en tomar medidas con él si la historia hubiera sido al contrario? Cero segundos, y sin pararse a examinarle demasiado, porque proceder contra un hombre ya no cae en la icorrección política, sino más bien todo lo contrario. Se procede por dogmas y tópicos y sin mirar a razones, es, como te he dicho otras veces, lo del siglo XVII: ¿te acusaron de hereje? Pues estás perdido aunque no lo seas, porque la máquina despótica y ciega ya se ha puesto en marcha contra ti. Con lo de los apóstoles de cualquier dogma políticamente correcto que pululan en torno a los centros estoy de acuerdo contigo solo a medias: es bonito desenmascararlos, sí, pero, primero, no todo el mundo se atreve (son más bien pocos los que harían lo que David), y segundo, una vez provocado el lío, son poderosos y te van a perjudicar, aunque solo sea por los berrinches y la pérdida de tiempo. Vuelvo a la metáfora de los vasmpiros: es mejor no dejarles entrar en casa y que se queden fuera aullando, porque, una vez, dentro, es complicado clavarles la estaca en el corazón.

  11. Athini Glaucopis
    31 agosto 2010 a 20:05 #

    El sistema gramatical del español deriva del del latín. El presunto machismo del sistema de géneros español, según sus denunciantes, sería el fruto de una milenaria herencia de dominación machista, y, por tanto, tendría que haber sido heredado del latín o del indoeuropeo. En latín (como en todas las lenguas indoeuropeas del primer milenio a.C.) existían tres géneros gramaticales: femenino/masculino/neutro. El que actuaba como más “genérico” (o “menos marcado”) de los tres era el neutro, y el más específico (el “más marcado”) era el femenino. Si se acepta que un género sea más marcado que otro es prueba de que se considera inferior a lo característico de dicho género, entonces habría que aceptar que los indoeuropeos valoraban más a las “cosas” que a los “varones”. Dado que esta hipótesis es absurda, entonces hay que concluir todo lo contrario: cuanto menos marcado es un género gramatical, menor es su jerarquía semántica. En consecuencia, resulta que el que el género gramatical femenino sea más marcado que el masculino implica que en el sistema de la lengua este género tiene una mayor jerarquía. Si esto fuera el reflejo de la situación social, entonces habría que concluir que nuestro sistema de géneros es el reflejo de un matriarcado.

    Lo cierto, en cualquier caso, es que ni el género es un reflejo directo del sexo (todos somos “personas” de género gramatical femenino, y todos somos “seres humanos” con independencia de nuestro sexo; un “barco” es masculino y una “nave” es femenina, y el objeto al que designan no tiene ningún tipo de sexo), ni el que un género gramatical sea más o menos marcado supone reflejo alguno de la situacion que en la sociedad puedan tener las relaciones entre sexos. Y esto se sabe ya desde, como mínimo, la segunda mitad del siglo XIX, cuando los lingüistas dispusieron de datos en los que el género gramatical femenino era el marcado y el masculino el no marcado, pese a que sus sociedades respectivas eran patriarcados sin paliativos.

    Todas estas cosas, en fin, las saben los lingüistas que les han dedicado un poco de atención…, pero es peligrosímo decirlas en público. Yo hice mi tesis doctoral sobre el género gramatical, pero sé que no puedo hablar de ello en público, porque entonces mis posibilidades de conseguir una plaza permanente en la universidad desaparecerían para siempre.

    Recuerdo cierta ocasión en la que en el consejo de departamento se comenzó a discutir el tema y un grupo de profesores proponía que se hiciera algún tipo de protesta por la ignorancia con la que se estaban tratando estos temas. El jefe de departamento zanjó la discusión inmediatamente, sin permitir que la cosa fuera a más: hoy ocupa una dirección general.

    Yo hice una tesis doctoral en lingüística histórica-comparada sobre los orígenes del

    • 31 agosto 2010 a 22:53 #

      En efecto, “la marca” siempre ha sido signo de distinción. ¿Se imagina usted el síncope que le daría a la señorita Aído si leyera que, después de todo, el lenguaje trata mejor a las mujeres que a los hombres?

      Pero no sólo la marca del lenguaje es femenina, lo es también el sello de la literatura. Por eso no entiendo a los que insisten en el consabido mantra que tacha la literatura occidental -de la oriental no suelen hablar, por aquello del respeto y de la alianza de las civilizaciones- de esencialmente masculina -según los más templados- o de decididamente machista -según los más valientes-. ¿Acaso la literatura no “marca” de manera muy especial a las mujeres? ¿No extrae todo su oro de la sublimación del eterno femenino? ¿Es que no se han dirigido hacia la mujer las más hermosas palabras que se han escrito? ¿Acaso no es por la mujer -y sólo por ella- por lo que tiene sentido el lenguaje literario?

      Su apunte, estimada Atenea -la de los ojos brillantes- es magnífico y muy bien recibido aquí. Espero que no sea el último que haga.

      Un saludo.

    • A. Newmann
      1 septiembre 2010 a 16:03 #

      Una lectura reveladora.
      Pero, permítame descender a un nivel más básico (al alcance de todos esos cargos a dedo, alcaldes y sindicalistas, unidos bajo la bandera de la igualdad en el lenguaje), para que, aprovechando sus conocimientos lingüisticos le haga una humilde pregunta de médico (¿o debería decir médica?)
      ¿El lenguaje no era una herramienta que servía para que las personas pudieran comunicarse? Aunque no las tengo todas conmigo, supongo una respuesta afirmativa, y se me ocurre que, si hasta hace unos años no había problemas para conseguir este objetivo mediante el uso de nuestro idioma, ¿por qué insistir en cambiarlo?
      Ahora bien, si la meta es hacer prevalecer los valores de la democracia (¿Igualdad?) a través del lenguaje, ¿que problema hay en dejar que la mayoría lo vaya adaptando a sus necesidades? Tengo entendido, que durante milenios las lenguas evolucionaron de esta democrática manera, sin necesidad de montar estos “fandangos”
      ¿Alguien ha hecho estas preguntas a esos directores de departamento tan obedientes? Si no es así, yo, que no me juego las lentejas por ello, y que no me importa que se rían de mi ignorancia, me ofrezco a plantearlas.
      Un compasivo saludo, porque hay que ver lo que tienen que aguantar

    • Kerasi
      2 septiembre 2010 a 15:32 #

      Has dado en el clavo, Atenea glaucópide; ya echaba de menos tu opinión en todo lo leído hasta ahora: la realidad palpable es que esto es un cáncer que se ha metido en la universidad, no sólo entre los políticos (en uno y otro ámbito pululan mediocres, enchufados neoanalfabetos, la verdad es que no se me apetece gastar más tiempo en describirlos…). Tampoco hay que ignorar que en los centros de secundaria y bachillerato hay defensores del supuesto machismo lingüístico del español; de los centros de primaria, qué vamos a decir. Ignorar todo esto es no vivir la realidad; yo ya di la batalla por perdida hace tiempo, pues no estoy dispuesto a perder el tiempo con analfabetos consentidos. Me iré a mejor vida hablando políticamente incorrecto y echando cada vez más en falta la República de Platón. En cualquier caso, ánimo a quienes, como los profesores de lengua del instituto de Bullas, luchan por defender el rigor y la verdad de lo que enseñan; y, ya que tienen experiencia, que dejen de invitar a asilvestrados a actos académicos. Valete.

  12. 1 septiembre 2010 a 14:33 #

    Primero, agradecer el texto, y a continuación unas preguntas: ¿Qué está pasando en este país para que atropellos como éste que relatas se estén produciendo en múltiples ámbitos, también en el de la justicia, sin que se produzca la contestación que se merecen? ¿Qué tiene el feminismo de género para narcotizar de la forma que lo hace a políticos, periodistas y en general al conjunto social? Llevo bastante tiempo dándole vueltas a estos asuntos en mi bitácora y tampoco tengo una sensación clara de que avancemos como haría falta en el esclarecimiento de una cuestión que ya lo es, pero puede terminar siéndolo todavía más, un grave problema social.

    • 1 septiembre 2010 a 14:56 #

      Gracias, Emilio.

      Yo también le agradezco que mantenga contra viento y marea su interesantísimo blog.

      Un saludo.

  13. Mariano García
    1 septiembre 2010 a 15:19 #

    “…como si las mujeres detentaran los mismos roles que en el siglo XVIII.” El verbo “detentar” hay que usarlo con ciudado. NO es sinónimo de tener, ostentar, poseer, etc., sino que tiene un matiz:

    detentar.

    (Del lat. detentāre, retener).

    1. tr. Retener y ejercer ilegítimamente algún poder o cargo público.

    2. tr. Der. Dicho de una persona: Retener lo que manifiestamente no le pertenece.

    Echo de menos un “(sic)” detrás de la palabreja.

    Un saludo

  14. Raus
    1 septiembre 2010 a 18:01 #

    Sí, por supuesto, Pablo: ellos son poderosos y no todo el mundo tiene el coraje necesario para enfrentarse a Goliat. Pero, antes o después, si queremos salir de esta situación, tendremos que echarnos todos para adelante. Y no hablo de actos de heroísmo, pero sí de desobediencia, tal como nos dice David. Lo que yo veo de bueno en todo el lío montado en Bullas es que, por fin, alguien se atreve a argumentar con sólidas razones en contra de la homilía de este feminismo (de)generado, con la consecuencia notable de que el lector interesado puede entender mejor por qué es necesario plantar cara a sus dogmas y prejuicios. Este mismo artículo ha propiciado, además, la intervención de la señora Athini Glaucopis, quien aporta buenas razones para considerar absurda las reivindicaciones feministas en materia de género gramatical.
    Por desgracia, querido amigo, hacer públicas esas razones no es una pérdida de tiempo exactamente. Claro está que el profesor que se vea metido en una disputa contra los santones igualitaristas, perderá parte de su tiempo personal. Lo que pasa es que la causa así lo exige, Pablo. La causa por la que luchamos exigirá de todos ese tipo de sacrificios. Y me refiero no sólo a la relativa al lenguaje en particular, sino a la de la enseñanza. De hecho, todos los aquí presentes perdemos parte de nuestro tiempo personal cuando pensamos o escribimos en contra del sistema escolar que tenemos. Pero es que es necesario.

    Ahora bien, comprendo el temor del profesorado, no creas que no. Por experiencia –dramática experiencia- sé cuan dura puede llegar a ser la Administración con quienes se levantan en contra de su credo. Una maquinaria ciega de prejuicios se activa contra el disidente y no duda en arrollarlo. Muy parecido a como se actuaba contra el hereje, como tú bien dices. Por eso no nos queda otra, a mi juicio, que hacer públicas nuestras quejas y nuestra desobediencia. Argumentos, razones y publicidad nos harán fuertes. O eso espero.

    Por supuesto: tampoco veré nada mal que los centros se nieguen a conceder talleres a esta gente. Aunque lo mejor sería darles por escrito las razones de la negativa, para que se vayan enterando. Ellos y la población.
    Que se queden aullando fuera, y que sepan por qué aúllan. (En parte porque no saben hablar, hablar castellano, digo).

  15. 1 septiembre 2010 a 20:47 #

    Ya tenía noticia de la cutre y horripilante historia de los miembros y miembras de los activistas y burócratas pseudofeministas de Murcia, porque se la he oído a David en persona. Espero que no se organice una flotilla solidaria que acuda a Sierra Espuña y cercanías a difundir el evangelio, resuelta a predicar el lenguaje no sexista, que confunda género con sexo y que aumente el ego autocomplaciente de los muchos necios que abrazan con trascendencia causas tan ingrávidas y sutiles como las del necio lenguaje impuesto. El número de desocupados, subvencionados y fundamentalistas de las más diversas proclamas es también un exponente del papel de la sociedad civil en esta comedia chusca que es la realidad diaria. He sostenido en mis clases que los que con tanta pasión tradujeron “gender” por “género”, en su actual extensión de roles y sexos, amén de hacer impúdica exhibición de su ignorancia de la lengua castellana o española, son del “género tonto”. Peligrosos enemigos si van acompañados de la inercia social y de la complacencia de unas autoridades, de la más variada índole ideológica, que valoran la rentabilidad de esa tendencia tan “fashion” y con tanto caché de falsa modernidad.

    Sin embargo, es preciso denunciar, además de la estulticia y la imposición de un lenguaje políticamente correcto, la escandalosa incoherencia. Que sepamos, no se ha puesto el mismo énfasis en condenar las barbaridades machistas de Irán o de la monarquía alauita que en obligar a todo el mundo a hablar su infecta e infantil jerga.

    La causa de la lucha contra las desigualdades y las discriminaciones (positivas y negativas) la debe compartir cualquier demócrata. El lenguaje políticamente correcto, estúpida moda importada de espacios en los que se busca ahogar la libertad de expresión, no aporta nada a la igualdad entre sexos. Igualmente, nada más paternalista y demagógico que el fomentar a las tontas de cuota, en lugar de contar con mujeres con talento, que les estorban. Claro que el talento y la inteligencia están prohibidos en el reino de la posmodernidad. Intervencionismo y galería, márketing cutrón, que sólo nos harán alcanzar las más altas cumbres de la nada, que es a lo que han llegado.

    El alucinante episodio relatado por David es algo más que una anécdota, es un síntoma. Por ahí van los tiempos. Las memeces posmodernas se difunden como dogmas y los más necios las defienden a capa y espada persuadidos de su verdad absoluta y de su rentabilidad electoral garantizada. De esta irritante historia se extraen algunas consecuencias muy preocupantes:

    1. Aumenta la falta de respeto a la autonomía docente. De nuevo, la libertad de cátedra amenazada por las injerencias del poder.

    2. Los sindicatos no son sindicatos. Son maquinarias burocráticas que forman parte del poder. ¿Son representantes del profesorado los que se prestan al papel de inquisidores?

    3. El lenguaje políticamente correcto es censura idiota.

    4. El machismo en el lenguaje no está en la morfología, sino en la semántica. Quienes hablan de ideología a través de los morfemas y las concordancias demuestran que desconocen la relación entre la lengua y la visión del mundo que ésta manifiesta. Ignoran el principio de economía lingüística y carecen de una visión estética del lenguaje.

    5. Los usos de la lengua no se pueden cambiar por decreto. Es notable la diferencia entre el papel de la RAE, que aconseja y propone a partir de criterios de norma lingüística y la actuación de los nuevos inquisidores, que tratan de controlar e imponer cómo debemos hablar y escribir. Quieren uniformarnos y, además, que todos llevemos un uniforme ridículo y tontaina.

    6. El nivel intelectual y moral de la clase política es alarmantemente mediocre. Desde una secretaria de Estado de Educación que no tiene el título de Magisterio del que presume en su tuneado currículum oficial, lo que demuestra que jamás ha ejercido la docencia de la que es presunta “experta”. Hasta y el adanismo y la falta del sentido del ridículo que se extienden como la pólvora.

    7. El conformismo, la modorra y la autocensura de amplios sectores de la sociedad, quienes no se atreven a poner en cuestión las imposiciones de una corrección política que es una especie de autarquía de los “dioses de sí mismos”.

    8. Que con el empobrecimiento del lenguaje observable en los medios y en el hablar de la clase dirigente (anacolutos, pobreza expresiva, agramaticalidades continuas…) lo que más preocupe a ciertos vividores, pancistas, beneficiarios de la casta parasitaria, comisarios pedagógicos, desertores de la tiza, pseudoexpertos y demás tropa sean todas estas sandeces es un exponente de su profunda incompetencia intelectual.

    9. Si los tontos y las tontas, crecidos con su fe ardiente, quieren seguir mandando y los demás les dejamos hacer, seguiremos avanzando hacia una estultocracia que se parecerá mucho a LA VIDA DE LOS OTROS. Nos dirán si podemos fumar, si podemos beber, si podemos comprarle un bollo a nuestro hijo para el recreo, qué película tenemos que ver para divertirnos, qué música oír en el coche, qué ropa llevar (o no llevar si mandan los fundamentalistas naturistas), si tenemos que creer en el cambio climático. Lo mínimo que se les podía pedir a estos nuevos inquisidores es que nos dejasen en paz.

    11. Una pregunta insolente. ¿Cuánto nos cuestan todas estas campañas, todos estos “programas”, todo este rollete? ¿Cuántos hay viviendo del cuento en nombre de estas “causas”? ¿No podrían incluir en el recorte una supresión de estas actividades extracurriculares, paracurriculares o como las quieran llamar?

    El lenguaje políticamente correcto de los tontos y las tontas es el mañana efímero. No estaría de más comprar algunos matasuegras y artículos de broma de Navidades para hacerles un buen corte de mangas a los más memos de la pseudomodernidad para que no nos vendan ni nos impongan una mercancía que pasará de moda, envejecerá pronto y se verá en el recuerdo como el ropaje esperpéntico de quienes quisieron hacer el gilipollas como signo de identidad, a falta de otra manifestación de nivel y preparación para estar donde están, cualidades de las que están ayunos.

  16. Raus
    2 septiembre 2010 a 5:30 #

    Nuestra desgracia puede expresarse en cuatro fatídicas palabras: estamos gobernados por tontos. Y lo cierto es que estos santones de la tolerancia y la libertad nos han metido el miedo en el cuerpo: a tanto alcanza su poder. Prueba de ello son los titubeos y hesitaciones que embarazan al sentido común. Incluso lo más obvio y de todos sabido se somete a censura o eufemismo por no irritar a los guardianes de la moral ultracorrecta. ¿Desde cuándo ha tenido el animal humano “género” y no sexo? Es inaudito que tengamos que tragar con la lección alucinógena del más tonto de la clase. La psicología seria y la biología saben de siete sobras que el cerebro tiene sexo, que los hombres se comportan naturalmente como hombres y las mujeres naturalmente como mujeres. El dimorfismo sexual puede observarse clara e inequívocamente en niños de pocos meses.

    Da igual lo evidente que esto sea: estamos acomplejados y temerosos de la reacción del todopoderoso y omni-ignaro posmoderno. Quizá nos estamos equivocando. Dicen que la mejor defensa es el ataque. Quizá deberíamos ser nosotros (vosotros los profesores, los que sabéis de verdad de lengua y lo demás) quienes pidiésemos a las autoridades licencia y recursos para impartir talleres sobre propiedad en el hablar y escribir, atacando decidida y explícitamente las supremas memeces de género.

    La cosa es seria. Alguien con autoridad lingüística debería, al menos, colgar en el tablón de anuncios las muchas razones que tenemos para mandar al carajo las recomendaciones o mandatos “no sexistas”. ¿Esperamos a que nos golpeen o golpeamos nosotros por una vez en la vida?

  17. Indispuesto
    3 septiembre 2010 a 22:58 #

    Pues resulta que el Consejero de Educación de la Junta de Andalucía también es “sexista”, según se ve en este documento en que usa el masculino genérico:

    http://foros.piensa.org.es/viewtopic.php?f=4&t=1358&sid=cc4575301c69c43d6ecd31827a7448b3

    Es un documento al que alguien ha hecho algunas correcciones, pero me ha sorprendido que en lo referente a los géneros, escriba de manera normal.

  18. Indispuesto
    3 septiembre 2010 a 23:19 #

    “El entorno cooperativo facilita el intercambio con las y los demás participantes; esta característica será una constante a lo largo del curso, ya que permite compartir y crear documentos de forma cooperativa entre los participantes, a la vez que estimula el debate y el intercambio de ideas y reflexiones entre los alumnos a través de herramientas como el foro y el chat.”

    Empieza el texto con “las” y “los” y acaba usando el español normal. El párrafo corresponde a la descripción del curso “Coeducación: dos sexos en un sólo mundo. Trabajo Cooperativo”, que forma parte de los cursos de formación del profesorado del Instituto de Tecnologías del Ministerio de Educación. Uno de los contenidos del curso es “Nombrar a ambos sexos”. Ni ellos mismos son capaces de usar el lenguaje que quieren imponer.

    Por si alguien está interesado en el curso:

    http://formacionprofesorado.educacion.es/version/v2/index.php/es/materiales/materiales/37-coeducacion-dos-sexos-en-un-solo-mundo?start=2

    Uno de los trabajos realizados:

    http://platea.pntic.mec.es/curso20/112_coeducacion_dos_sexos_en_un_solo_mundo/2010/Juan%20Cantonero%20Falero.pdf

  19. 4 septiembre 2010 a 15:08 #

    Querido indispuesto:
    Después de haber leído los enlaces que nos regalas sobre el curso de coeducación, entiendo por qué firmas con ese nombre. Sobre todo el segundo, el de ese lírico que afirma ser un hombre, me ha producido un estupor, unos temblores y una risa floja que me van al llevar al sepulcro. ¿Tú estás tomando alguna medicación? Si es así y es eficaz, te ruego que me mandes la receta con urgencia, antes de que la casque definitivamente. Por cierto, no se qué pasa con tus entradas, que dan interferencias y cortes de la conexión: ¿no habrá por ahí algún fantasma coeducativo? Te deseo un pronto restablecimiento.

  20. 6 septiembre 2010 a 16:40 #

    Felicitaciones por la firmeza en mantener su dignidad docente -y la nuestra

  21. David Arboledas
    7 septiembre 2010 a 13:59 #

    Pueesss… lo siento, pero a pesar de lo leido y de lo dramático (en el sentido descojonante) de la situación, me apunto, personalmente, a repetir el caso de Bullas. Ante cursillos o charlas gilipollas, ¿Qué menos que responder, e incluso, del mismo modo?
    Asi que nada, es cuestión de organizarse y decir cuatro palabras en cursillos chorras…
    Saludos y feliz curso

  22. 12 septiembre 2010 a 15:08 #

    En italiano el tratamiento formal y respetuoso de la distancia exige la utilización del pronombre en tercera persona… y en femenino (“lei”). Quejarse de esto como una muestra de lenguaje sexista en detrimento de la masculinidad sería una redonda imbecilidad en la que ninguna feminista incurre, felizmente.

    También me interesaría ver quién aplica una de esas famosas “perspectivas de género” al caso de los mineros chilenos, que esa pesadilla (y otras muchas) sólo le puede tocar a un varón en esta sociedad que llaman “patriarcal”. Es otra historia, lo sé, pero tiene su peso en vidas.

  23. 13 septiembre 2010 a 1:13 #

    Todavía un comentario: es especiamente triste y difícil debatir este tema dentro de la izquierda política (a la que pertenezco no en calidad de “progre” sino de mero marxista pasado de moda) porque el prejuicio y el tabú son allí más fuertes que en ningún otro colectivo político.

    El análisis de la sociedad a partir del conficto de clases -independientemente del valor que cada uno quiera darle desde su posición política- no ha sido enterrado por nadie con tanta eficacia como por la progresía light, que lo ha reemplazado por una estúpida guerra de sexos en la que el varón ocupa un atávico puesto de opresor.

    Los varones trabajadores que ocupan los puestos más insalubres, peligrosos y peor pagos en el mundo carecen de toda solidaridad por parte de de aquellos que se supone los representan políticamente. Reitero el caso de los mineros chilenos: cuando muere una mujer, muere una mujer; cuando muere un varón simplemente muere “gente”. Un bonito ejemplo de apropiación del lenguaje que tanto fascina a los posmodernos.

  24. 25 septiembre 2010 a 19:24 #

    La historia continúa. Esto es lo que responde la RAE al señor Consejero de Política Social de la taifa murciana:

    http://www.freewebs.com/aquiles/Carta%20Consejero%20Mujer%20Murcia%2017-09-2010%20(1).pdf

    Está claro que ha llegado el momento de dejar de mirar hacia otro lado. Los profesores tenemos un compromiso con nuestros alumnos y con nuestra propia disciplina académica.

    Señores: ¡al ataque!

    Un saludo.

    • 25 septiembre 2010 a 21:33 #

      Pues la respuesta del director de la RAE está en su papel, con valentía y un claro compromiso con la causa que esa institución debe defender.

    • Indispuesto
      25 septiembre 2010 a 22:45 #

      Enhorabuena, señor López Sandoval. Reconfortan estas noticias.

    • 26 septiembre 2010 a 1:28 #

      ¡Amunt, David! ¡Hasta que al Consejero se le ponga mirando a la pared con unas orejas de burro!

    • 26 septiembre 2010 a 8:14 #

      Bueno es que estas cosas no caigan en saco roto y las instituciones implicadas den la respuesta que merece la ignorancia y el ideologismo. Si siempre fuese así, otro gallo nos cantaría.

      Un saludo

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