La ideología que subyace a Bolonia

Juan Pedro Viñuela Rodríguez

En las páginas de tribuna de la Gaceta Independiente aparece un artículo de Manuel Montanero Fernández, titulado: Bolonia, año I, ¿privatización o  decepción? pág. 20-. Mis máximos respetos para el autor al que he admirado siempre -a pesar de no conocerlo demasiado, no llegó nunca a ser mi profesor, pero la leyenda lo precedía-. Ha sido un hombre dedicado intensamente a la educación y a su mejora. Pero siento discrepar con él en el asunto este de Bolonia. Aquí sigo al viejo Aristóteles, que una vez que empezó a no compartir las ideas de su maestro y amigo Platón, dijo que era amigo de Platón, pero más amigo de la verdad. Pues lo mismo puedo decir yo con respecto al autor del artículo, a pesar de mi admiración y respeto por su labor educativa, siento disentir y, además, por principios básicos. No es que yo pretenda estar en la verdad, siempre he defendido que las verdades son provisionales; cuidado, no relativas, eso es otra cosa. Pero lo que yo voy a discutir aquí es de índole ideológica o de falsas filosofías.

El artículo me parece perfectamente argumentado, lo que sucede es que me parece excesivamente positivista. Me explico. No analiza los entresijos del plan Bolonia, sino que, aludiendo a las reivindicaciones más superficiales de los antibolnia, la privatización de la universidad y la desaparición de titulaciones, nos ofrece una serie de datos que refutan lo que mantiene los primeros. Estoy de acuerdo en la forma de estos argumentos, pero me parecen parciales, sería necesario un análisis estadístico riguroso de toda la nación española. Pero esto no toca, tampoco, la cuestión ideológica que subyace al plan Bolonia y que es lo que yo quiero comentar, casi telegráficamente, aquí, pues en otros lugares me he extendido suficientemente sobre el tema. Hacia el final del artículo también dice el autor, que es necesario que algunos que están contra esta reforma se atrevan a renovarse y a salir de sus cubículos medievales. Es cierto que la universidad española necesitaba de una gran reforma en profundidad, que existen males perennes y una endogamia temeraria, a la par que un alejamiento de la sociedad peligrosa. Todo ello es cierto, pero Bolonia no tiene nada que ver con esto, la endogamia seguirá, además, se amplificará. Es necesaria la reforma, pero tampoco hay que caer en el error de pensar que toda innovación es un progreso, sobretodo si esa innovación viene de las nuevas tecnologías y de la pseudociencia de la pedagogía. Aquí caemos en el mito del progreso y entramos de lleno en la ideología que subyace al plan Bolonia. Por mi parte considero que, como profesor, aunque no universitario, no estoy anclado en la época medieval, cuando surgieron las universidades, la primera en Bolonia, como recuerda el autor. Yo me voy más lejos. No he salido de la época de Sócrates. Y pensar que las nuevas tecnologías mejoran la enseñanza a partir del diálogo, enseñanza abierta que busca y construye el conocimiento a la par que construye al ciudadano es un error peligroso. No se pueden confundir los fines con los medios. Las tecnologías, por lo demás, mucho más prescindibles de lo que parece, son instrumentos, no el medio. Creer que el aumento de las tecnologías aumenta la calidad de la enseñanza es un mito que, por lo demás, lo desmiente toda la historia de la educación, desde Sócrates hasta nuestros días.

Esto último es uno de los aspectos ideológicos en los que cae el plan Bolonia, como la LOGSE-LOE, su antecesor, en la primaria y secundaria. Pero vamos a adentrarnos un poco más en la ideología que sustenta esta reforma. Aunque sea ya manido decirlo, lo que subyace al plan Bolonia, como a las diferentes reformas de la enseñanza secundaria, es la ideología neoliberal. Todos los críticos lo dicen. Y todos los que están en contra lo intentan refutar. Pero lo que hay que hacer es ver en qué consiste esta ideología neoliberal. En primer lugar hay que decir que el neoliberalismo está con nosotros desde los setenta y que se transforma en pensamiento único tras la caída del muro de Berlín. Los orígenes del neoliberalismo se encuentran a principios de siglo, pero fueron vencidos por el keynesianismo. Ahora bien, si el neoliberalismo es el pensamiento político-económico, yo diría ideología, entonces lo permea todo. Cualquier tipo de acción está dirigido por los ideales de este pensamiento. Y el rasgo fundamental del neoliberalismo es la primacía del mercado. Es decir, la eliminación del sector público. La crisis actual, que en principio parecía que iba a poner en jaque a tal doctrina, al final la ha reforzado. Pero si el mercado y sus leyes lo regulan todo, ya no es necesaria la política, salvo para justificar las acciones del mercado, que es lo que en la crisis actual está ocurriendo y es lo que ha ocurrido con las diferentes reformas educativas. Ahora bien, el mercado se mantiene si sigue creciendo, por eso lo que interesa es la productividad, que se mide por el PIB, que no tiene nada que ver con la riqueza particular, sino con la macroeconomía, la riqueza de los ricos. Todo aquello que beneficie a las grandes empresas beneficia al PIB de un país, por eso hay que seguir creciendo. Pero, para seguir creciendo, en la supuesta sociedad del conocimiento y la información en la que vivimos, es necesario preparar a los ciudadanos para que se adapten profesionalmente a este mundo “eternamente cambiante.” (Quizás no haya nada nuevo bajo el sol) Por eso la educación tiene como objetivo, no ya el conocimiento, sino las competencias y destrezas; además así se llaman, así debemos programarlas los profesores. El conocimiento pierde importancia, porque es sustituido por una serie de destrezas que es necesario renovar en un mundo eternamente cambiante. Y aquí aparece el mito de la formación continua, panacea de las grandes empresas para enriquecerse y tener acogotados a los sufridos trabajadores, que pasan indolentes e inconscientes por el aro. Pero de esta formación continua hablaremos después. Primero quiero hacer una observación a lo anterior. Decía que el objetivo de la enseñanza secundaria y universitaria hoy en día es el de la adaptación. El ciudadano debe adaptarse, ser maleable. Aquí sucede algo importante. Con la reforma de la universidad tras la ilustración, Kant afirmaba que el tribunal de la universidad es el de la razón. Todo buen ilustrado elogia esto, pues se destierra de la universidad los intereses aristocráticos, las supersticiones religiosas, y en el “templo” del saber todo debe estar regido por la razón crítica. Esta es la gran conquista de la ilustración en la universidad, que, a su vez, debe ser la garantía de la ilustración de los ciudadanos. La enseñanza secundaria y la universidad deben hacer llegar la ilustración al pueblo. Pero, lo que ha ocurrido hoy en día, es que el tribunal de la universidad, no es la razón, como en la Edad Media tampoco lo era. En este caso, era la verdad revelada, la autoridad religiosa. Hoy en día el tribunal es el mercado y todo lo que ello significa, por eso, lo que se pretende no es formar ciudadanos, sino individuos capacitados para desempeñar tareas más o menos especializadas para la empresa, que aumentaría sus rendimientos. Se anula, de esta forma al ciudadano y se le convierte en un replicante sin capacidad de crítica. Si el tribunal de la universidad fuese el de la razón, de la universidad saldría la voz crítica para cambiar esta sociedad tremendamente injusta basada en la tecnobarbarie y el poder del capital representado por las multinacionales ante las cuales el poder político sólo puede asentir. Además de que, en la alta política, muchos representantes de esta forman parte de los consejos de dirección de las multinacionales. Esto está muy claro en la política norteamericana y, cada vez más, en a europea. Y esto es el neoliberalismo. A esta ideología, que los políticos simplemente suscriben e intentan trasladar a la ciudadanía, como el máximo bien y la mayor garantía de libertad, sólo le interesa el crecimiento económico. El ciudadano es un intermedio. El plan Bolonia es la concreción de esta ideología en la educación universitaria. Y, encima, se nos quiere hacer pensar, desde el mito del progreso, que no hay alternativa posible de desarrollo. Falso, lo que se pretende es adoctrinar, que es, por otro lado, lo que todo sistema de enseñanza en manos del poder pretende hacer. El nuestro está en manos del poder económico, el poder político es, simplemente, la ideología que lo recubre. Una vez que el alumno obtiene su grado y sus másteres públicos entra en el mercado laboral, es decir, la competencia. Y aquí es donde el alumno se ve obligado a conquistar un puesto de trabajo, a realizar un máster tras otro a precios desorbitantes. Formación que, en el mejor de los casos, le garantiza un puesto precario, puesto que el neoliberalismo, con la connivencia de los políticos socialdemócratas, ya se ha encargado de flexibilizar el mercado laboral. Y este es el mito de la formación continua. El enriquecimiento para la empresa, además, a costa de la universidad. Es decir, desde el bien público. Quiero decir que las universidades públicas forman a los futuros trabajadores para las empresas privadas. Es decir, que nosotros les hacemos el favor de adoctrinar a los alumnos en las competencias requeridas para la sociedad actual. Pagamos públicamente la formación para las empresas. El chollo de las grandes empresas es increíble. Ahora bien, si la educación estuviese regida por la razón, la universidad formaría a ciudadanos críticos que fuesen capaces de poner en duda y plantear alternativas a este desorden mundial vigente. Pero no es esto, precisamente, lo que le interesa al poder económico.

Y otro asunto relacionado con Bolonia, que tiene que ver con la tecnobarbarie educativa, que ya padecemos desde la LOGSE en la secundaria, es la introducción de la pedagogía en la universidad. Los pedagogos se han convertido en los nuevos sacerdotes de la enseñanza. Han acabado, con su terminología críptica y pseudocientífica (una perversión de la razón ilustrada que instrumentaliza al alumno, como he analizado en otros lugares) con la enseñanza. Los pedagogos, a mi modo de ver, y al de muchos de mis compañeros, aunque su voz no se haga notar por comodidad o cobardía, constituyen el cáncer de la educación. Además han producido el lenguaje que la ideología necesitaba. El lenguaje crea la realidad, por eso este lenguaje pedagógico, ha recreado la realidad de la enseñanza reduciéndola a la nada. Además del lenguaje, que vehicula el pensamiento y, por ello, adoctrina -ya se puede ver este fenómeno en los profesores que vienen de la LOGSE y pasan por cursillos psicopedagógicos de adoctrinamiento- la pedagogía se ha parapetado tras una burocracia colosal que elimina el arte de enseñar y lo transforma en una supuesta técnica infalible en la que todo debe estar registrado. Ésta es la tecnobarbarie de la pedagogía. Y toda barbarie implica una instrumentalización del hombre. Lo que significa un atentado contra su dignidad. La psicopedagogía ha instrumentalizado al profesor y al alumno.

Y, para terminar, quiero hacer una mención a las titulaciones que, en principio, tienen como salida profesional fundamental la enseñanza secundaria. Todas estas carreras o grados que son de índole teórica, fundamentalmente, ya sean de ciencias o de humanidades, ven reducido su programa a cuatro años. Y no se comprimen los contenidos. Hay una proliferación increíble de asignaturas, así como, por lo que conozco en algunas de humanidades, un primer año en el que se estudia de todo lo concerniente a las humanidades. El objetivo está claro. Tras obtener el grado se realiza el máster psicopedagógico que te “capacita” para la enseñanza. Los contenidos obtenidos en el grado y el máster son bastante menores que en las antiguas licenciaturas, además de llevar tu última dosis de adoctrinamiento psicopedagógico para que te adaptes al desierto de lo real de la enseñanza secundaria actual. Además, con los conocimientos que se obtienen en estos grados -muy diversificados y poco especializados-, y los niveles de exigencia escasos de la secundaria, los graduados en humanidades podrán dar cualquier asignatura de estas al igual que los de ciencias. Por ello se rumorea -la cosa está muy avanzada en Andalucía- que los departamentos se reducirán a dos: el de humanidades y ciencias sociales; el de ciencias con, eso sí, sus diferentes secciones.

En conclusión, creo que Bolonia no es más que una piedra más en la construcción neofascista de la sociedad del siglo XXI que estará gobernada por el poder de las grandes corporaciones. Y todo lo demás que se nos cuenta es ideología para domesticar al ciudadano, como, por lo demás, ha ocurrido en todas las épocas.

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Categorías: Diagnósticos

Autor:Juan Pedro Viñuela Rodríguez

Profesor de ética y filosofía. Autor de Fin de milenio y otros ensayos. Una mirada etica a la tecnociencia y el progreso y Filosofía desde la trinchera. Director del seminario de CTS del IES MELÉNDEZ VALDÉS, y de la revista de ensayos Esbozos.

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15 comentarios en “La ideología que subyace a Bolonia”

  1. Wally
    27 agosto 2010 a 9:54 #

    Muy bueno.

  2. Raus
    27 agosto 2010 a 10:20 #

    Magníficamente argumentado, amigo Juan Pedro. A ver si saco tiempo para comentarlo como merece.
    Un saludo.

  3. 27 agosto 2010 a 10:52 #

    Gracias. Espero tu reflexión, amigo Raus.

  4. Ana Belén
    27 agosto 2010 a 14:00 #

    ¡Hola!

    Me ha gustado mucho el artículo, expone de manera muy clara y sencilla los entresijos del “Plan Bolonia”, que la mayoría desconocemos. El panorama no es nada alentador, igual que en secundaria. Las aguas están igual de turbias también en esa parte del río… Un saludo y felicidades al autor.

    • 27 agosto 2010 a 16:05 #

      Gracias, Ana Belén. Efectivamente, la ideología es la misma. Por eso las coas andan igual de turbias en ambos tramos. Lo que pasa es que ahora le ha tocado a la universidad. Saludos

  5. 27 agosto 2010 a 18:12 #

    Estimado Juan Pedro:

    Comparto con usted el escepticismo hacia Bolonia, especialmente en lo que refiere a su entusiasmo pedagogista y neo-tech.

    Lo que extraña es que el neo-liberalismo sea el “pensamiento único dominante desde los 70”. Desde luego, en España se nota poco. El aparato administrativo, central y autonómico, no deja de crecer, los boletines oficiales incrementan su volumen año tras año, las regulaciones afectan a prácticamente todos los sectores económicos, la más ardua “empresa” es montar una empresa, la injerencia estatal se hace sentir incluso en la vida privada de los ciudadanos… Dudo que los liberales, sean “neos o no, estén satisfechos con semejante escenario.

    Dice que si predomina el neoliberalismo, entonces cualquier acción está sujeta a sus principios ideológicos. Tampoco entiendo que esto sea una peculiaridad exclusiva del pensamiento liberal ¿No ocurre así con el socialismo? ¿Con la socialdemocracia? ¿Con el comunismo?

    Tampoco es exacto que un postulado del liberalismo sea la eliminación del sector público. Creer que un pensamiento tan rico y complejo como el liberal se basa en una premisa negativa es un tanto simplista. Lo que sí postula el liberalismo es, efecto, la primacía del mercado, entendido éste como el conjunto de intercambios libres entre productores y consumidores.

    “Pero si el mercado y sus leyes lo regulan todo, ya no es necesaria la política, salvo para justificar las acciones del mercado, que es lo que en la crisis actual está ocurriendo y es lo que ha ocurrido con las diferentes reformas educativas”

    Más bien pienso que si en España se tarda una media de 45 días en crear una empresa es debido a una infinidad de regulaciones y leyes que nada tienen que ver con el mercado. Pensar que la política está ahí sólo para justificar las “acciones del mercado” (es decir, la acción humana) es eximir de responsabilidades a las administraciones y sus dirigentes. Si el Mercado, como usted dice, es un Leviatán ubicuo, ¿qué van a hacer nuestros pobres gobernantes sino postrarse de rodillas?

    Por el contrario, la política no ha desaparecido, ni mucho menos. Lo demuestra el hecho de que el gasto público supera el 40% del PIB, lo que imagino traslada cierta responsabilidad de la crisis al Estado.

    Desconozco el dato en Estados Unidos, pero, desde luego, los altos cargos políticos en España son funcionarios, no grandes ejecutivos de malvadas multinacionales. Siendo así, parece contraproducente que legislen contra sí mismos.

    Dice también que esta inflación del mercado reforzará una endogamia universitaria que usted tiene, con razón, por ineficaz. Si hay una ley que rige el mercado es que la ineficacia se paga con la desaparición de quien provee un servicio deficiente. Y, como sabemos, en la Uni no se va a mover ni el ordenanza.

    De ser ciertas las tesis que expone en su artículo, el 90% de las entradas de este blog serían inútiles o irían, cuanto menos, desencaminadas. Según usted, erramos el tiro al criticar la actual política pedagógica, pues no es tal política, sino imposiciones mercantiles. ¿De verdad cree que las empresas competentes promocionarían una enseñanza en competencias básicas? ¿Cree que en Bloomberg, por poner un ejemplo, se entra sabiendo las cuatro reglas elementales? Seguro que no.

    ¿Cómo se explica, por otra parte, el mejor rendimiento escolar en Alemania, en Bégica, en Finlandia, Corea o Singapur? ¿Están ellos libres de la “tiranía neoliberal”?

    Sin olvidar que la mayoría de estas ideas pedagógicas no nacen en perversos “think tanks” neoliberales, sino en corrientes y pensadores así llamados “progresistas”. Es decir, en la misma izquierda desnortada que ya consideraba “el conocimiento inútil” (Revel).

    En resumen: la facultad de legislar es competencia de los políticos, y a ellos es a quienes hay que pedir cuentas.

    Un cordial saludo.

    P.D.: Usted profetiza un neofascismo. Si mal no recuerdo, tal cosa implica un estado totalitario, una economía dirigida, un nacionalismo excluyente y la eliminación (física o política) del adversario. Ideas que nada tienen que ver con los planteamientos liberales.

    A menos, claro está, que el prefijo “neo” tenga el efecto taumatúrgico de revocar el significado de las palabras.

    • 28 agosto 2010 a 6:26 #

      Gracias Nacho, por tus críticas. Creo que en parte llevas razón. Intentaré responderte más pormenorizadamente la semana que viene. Saludos.

      • 28 agosto 2010 a 7:27 #

        Gracias a ti, Juan Pedro. En algo teníamos que disentir.

        Saludos.

  6. 28 agosto 2010 a 9:16 #

    Excelente reflexión!
    Gracias Nacho.
    UN SALUDO.

  7. Juan
    28 agosto 2010 a 9:31 #

    Muy buen artículo.
    En ningún momento, creo, Nacho, se da a entender que haya que disculpar a los políticos de su responsabilidad directa por la política educativa que hacen. Lo que se dice es más bien que “siguen” el discurso neoliberal y sencillamente le sirve de tapadera o coartada. Y, por supuesto, en ningún momento, creo, se excluye a los gobiernos o ideologías de izquierda de hacer una política “neoliberal”. Antes al contrario, llama más la atención que sigan esas pautas quienes presumen históricamente de velar por los intereses del pueblo, de los trabajadores, de los débiles, etc. ¿Pero qué política verdaderamente socialista hace el PSOE? Y, por supuesto, nada tiene que ver que exista una burocracia asfixiante a la hora de crear una empresa o de gestionar cualquir documentación, con el hecho de que se esté haciendo una política de corte neoliberal.
    En fin, de todas formas, no comprendo a qué viene la defensa del neoliberalismo. El pensamiento liberal es algo distinto, sobre todo si se entiende en su concepción inicial. Pero el neoliberalismo, con su insistencia en la supremacía del mercado a todos los niveles, también en la educación, no lo olvidemos; con su insistencia en la desestatalización y en los dogmas mercantiles de la innovación, la autonomía, etc., no es nada bueno para el mundo de la educación.
    Saludos

  8. Francisco Javier
    12 mayo 2011 a 9:06 #

    “La lógica es siempre la misma: poner el dinero público en manos privadas, un atraco en toda regla que a nivel global nos está costando miles de millones de euros. Y lo peor es aguantar a los pedagogos cantando las excelencias de la futura universidad basura. Aunque es verdad que no lo hacen gratis: a cambio de sus servicios propagandísticos, se les ha encomendado un Master de Formación del Profesorado que a la larga quintuplicará su plantilla laboral. Una tentación corporativista a la que no van a renunciar.”

    La estafa de Bolonia / Carlos Fernández Liria

    http://www.publico.es/179524/a-favor-y-en-contra-de-bolonia

  9. Francisco Javier
    12 mayo 2011 a 10:21 #

    Un artículo interesante al respecto de José Luis Pardo: “No me hables de Oxford”.

    http://www.elpais.com/articulo/opinion/hables/Oxford/elpepuopi/20110501elpepiopi_13/Tes

  10. 12 mayo 2011 a 18:10 #

    Como no estoy seguro de que en los próximos días pueda disponer del tiempo necesario para una respuesta extensa, quiero sin embargo, dejar constancia de mi posición en relación con su escrito aunque sea de forma muy somera.

    Coincido bastante con la crítica de Nacho Camino. El neoliberalismo se utiliza como espantajo para todo, incluso para tapar la propia incompetencia y responsabilidad. Así por ejemplo procede nuestro Gobierno cuando quiere eludir su responsabilidad en la crisis atribuyéndola toda a la crisis financiera internacional, olvidando que la gravedad de nuestros problemas, la dimensión diferencial de nuestro paro y de nuestro estancamiento está en los factores “nacionales” particularmente la crisis de un mercado inmobiliario que durante más de un decenio permitió que en este país se construyesen más casas que en Francia y Alemania juntas.

    Sin por supuesto pretender negar la importancia de las políticas económicas e ideológicas provenientes de los EE.UU y que muchos dieron en calificar como neoliberales, aunque de liberales no tengan nada, ya que más que permitir trabajar al mercado, un instrumento que en sí mismo ni es bueno ni malo, simplemente debe estar sujeto a vigilancia y control, justamente lo que han hecho es impedir que éste funcionase como corresponde llenándolo de bonos basura y demás trampas que todos en mayor o medida conocemos. No falló el mercado, fallaron los agentes. Si uno va al mercado y el frutero le vende una mercancía que de apariencia es buena pero por dentro está podrida, no está fallando el mercado está fallando la moralidad del tendero.

    En mi opinión la autonomía de la política por relación con la economía no es hoy inferior a lo que fue hace décadas, aunque sí hayan cambiado cosas como consecuencia del proceso de la llamada globalización y los cambios de papel y posición en el ranking internacional de las distintas economías del Planeta.

    Creo por tanto que buscar las responsabilidades del Plan Bolonia por esos territorios a lo único que puede conducir es a la desorientación. En mi opinión lo que sucede con el Plan Bolonia es la prolongación de lo que ha sucedido con la LOGSE (que a nadie se le ocurriría vincular con el neoliberalismo) y que está claramente vinculado con las corrientes políticas y culturales que gobiernan Europa y que en el terreno social como en lo que tiene que ver con las teorías y los procesos de aprendizaje se caracterizan por una marcada tendencia constructivista.

    En mi opinión en este asunto del Plan Bolonia nos encontramos con las mismas “fuerzas” que en lo relativo al resto del sistema educativo, una izquierda feminista dispuesta a darle al sistema educativo la vuelta como si fuera un calcetín y una derecha que cuando no piensa lo mismo, actúa igual por falta de ideas propias. El Plan Bolonia como sucede con el resto del sistema educativo encontrará en el PSOE, el feminismo y los nacionalismos el mismo apoyo del que ya goza el sistema educativo que padecemos. En mi opinión no hace falta ir más lejos para encontrar los valedores de la actual enseñanza universitaria.

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