El problema (II)

Nacho Camino

En un post anterior hablábamos de los criterios diversificadores que se aplican en las reuniones de evaluación. Para ser más exactos, de la ausencia de criterios. De tal modo que los vagos son premiados con un añito de bajas ratios, menor nivel de exigencia y trato preferente.

Nada comparable, sin embargo, con el gran timo del PCPI. Para el que no esté puesto en el asunto, le recomiendo el estupendo  artículo de Begoña Canivell al respecto y, como contraste, esta página de un IES donde se explica a los estudiantes el Plan con más candidez que realismo.

Pues bien: en mi Instituto, diceiséis eran los alumnos que cursaban este engendro del PCPI en su segundo año. Un segundo año que es voluntario y cuya superación otorga el título de ESO. Lo más granado del Instituto. Muchachos a los que he dado clase en Primer Ciclo: cuatro años de holganza, malas contestaciones, desplantes y exámenes en blanco. Muchos de ellos han sido amonestados incluso en este último curso. La mayoría tiene 17 ó 18 años. Se han hecho los amos del Instituto e intimidan y amenazan a sus compañeros y profesores.

Ahora, se nos comunica en el último Claustro que han titulado 10 de 16, un porcentaje altísimo para lo que es común en nuestro Instituto. La Jefa de Estudios, mientras lo dice, no da crédito. “Lo encuentro sorprendente”, opina. Y tiene razón: no es sólo sorprendente, sino que es aberrante, como en seguida me apresuré a manifestar.

Es aberrante que niños que han estado ¡¡¡cinco años!!! riéndose hasta de su sombra reciban el mismo título que sus compañeros de 4º de ESO.

Es aberrante que algunos de los que aprueban hayan sido expulsados a sus muy rozagantes diecisiete añitos. Y, con todo, reciban el mismo premio que sus compañeros de 4º de ESO.

Es aberrante pretender que un grupo de analfabetos funcionales haya conseguido aprender en un año lo que no aprendió en cinco. ¿Tan malos éramos sus profesores anteriores? ¿Tan buenos son los de ahora?

Es aberrante que la vulgaridad, la chulería, la mala educación y la ignorancia satisfecha valgan lo mismo que el esfuerzo, el saber estar, el trabajo y el conocimiento. Exactamente, un título de ESO.

Es aberrante que algunos muchachos no obtengan el título por sus dificultades con las Matemáticas o el Inglés y que estos perfectos batracios puedan pasarle el suyo por delante de las narices a los auténticos estudiantes.

Da asco. Dan ganas de vomitar. Dan ganas de salir a la calle y ponerse a gritar en las esquinas.

Los alumnos conocen el paño perfectamente. Y, nada más pisar el Insti, ya saben lo que quieren ser de mayores: alumnos del PCPI. Hasta que ese día llega, cuatro años depués, se dedican a no hacer nada (en el mejor de los casos) o, en el peor, a  ejercitar la violencia. Escupir a un maestro, rajarle el coche, amenazarle con una tunda callejera, torturar a sus compañeros, destrozar las instalaciones, etc.: poco importa lo que hagan, porque al final del camino les aguarda un premio. No vaya a ser que se frustren, los pobrecicos. Y estos mangantes son los que ahora titulan, como si alguna vez hubieran abierto un libro o dado los buenos días al entrar en clase.

No hay análisis sereno que pueda hacerse de este fraude.

Que todo el mundo sepa que el título de graduado en ESO se consigue no sabiendo NADA en absoluto (ni leer) y desarrollando los peores defectos que pueden adornar a un individuo: la pereza, la irresponsabilidad, la grosería y el desagradecimiento, entre otros muchos.

Si los profesores no decimos esto bien claro y a todas horas es que no merecemos ser profesores. Es que no somos profesores, sino una pandilla de tartufos, mediocres y sinvergüenzas.

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas

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24 comentarios en “El problema (II)”

  1. lola
    22 julio 2010 a 7:18 #

    http://www.rtve.es/mediateca/videos/20091213/redes-educar-para-fabricar-ciudadanos/648675.shtml

    No hacen falta comentarios. La culpa es siempre de nosotros. Ya lo expone aquí Punset.

  2. 22 julio 2010 a 9:05 #

    lola:

    A Punset ya le hemos dado lo suyo, no vamos a meneallo:

    http://deseducativos.com/2010/04/22/punset-gestor-de-melancolias/

    http://deseducativos.com/2010/07/10/punset-ministro/

    A propósito de tu video: Daniel Goleman plus Dalai Lama….. Prefiero hacer una deconstrucción crítica de “Los bingueros”.

    Un saludo.

  3. Lozano Andaluz
    22 julio 2010 a 10:20 #

    Querido Nacho,

    Totalmente de acuerdo. No se debe consentir y se debe denunciar en todos los foros que se premie y se incentive a gente que MERECE SER SEPARADA Y MARGINADA del resto pero SIN TITULAR y con deshonor.
    Volver al sentido com’un .
    Gracias Nacho, necesario siempre.

  4. Maximiliano Bernabé Guerrero
    22 julio 2010 a 15:37 #

    No puedo estar más de acuerdo, Nacho. Lo que bastante gente en muchos institutos piensa pero no dice. Somos bastante ingenuos (yo el primero) si pensamos que el engendro PCPI y otros se acabarán porque los profesores lo van a boicotear desde dentro, y no van a aprobar a esta gentuza. Hace falta que alguien, desde arriba, suprima éste y otros despropósitos. Así, sin medias tintas, suprima. Y hace falta que quienes estén dispuestos a esto, y a más, lleguen al poder.

  5. Mari
    22 julio 2010 a 15:52 #

    ¿Y quiénes han aprobado a esos alumnos? ¿Compañeros? O sea, ¿hay compañeros que no lo hacen bien? La historia de siempre, sí, la de buenos y malos. Así que el gobierno por un lado, algunos compañeros, por otro… Y a mí, que lo que me gustaría saber es ¿qué hacemos los mayores mal para que chavales de 12 a 18 años se porten así? Imagino que más de uno dirá y yo que tengo que ver aquí, a mí me pagan por impartir contenidos de tal o cual materia y por constatar si éstos se aprendieron – y puede que tengan razón. De modo que la culpa es del gobierno, que quiere borregos (¿borregos?), dicen unos, otros que si Europa… No sé. Me pongo en el caso de ser madre de un hijo con estos problemas y… ¿qué haría? (no hay estadísticas, creo, al menos yo no las conozco, no sé cuantos maestros y profesores tendrán hijos pocos esforzados y tal, pero algunos habrá).

    Educa toda la tribu, dice, al parecer, un proverbio antiguo y cree José Antonio Marina y otros más, yo también lo creo, porque si tuviera un hijo maleducado y poco esforzado me gustaría que me ayudara la tribu a formarlo, aunque para ello tiene que estar la tribu formada y de momento… aún hay vencedores y vencidos.

  6. Alfonso Salas
    22 julio 2010 a 21:36 #

    Esta es una candidata a un PCPI.

    Para alegrar este verano.

  7. Juan Poz
    23 julio 2010 a 7:23 #

    Aun a riesgo de desmarcarme de la corriente, no creo que se haya de suprimir el PCPI, sino convertirlo realmente en la alternativa para los que desde los trece o catorce años han decidido que a ellos no se les manchan las yemas de tinta o se les calientan de las teclas del ordenador. Y establecer titulación distinta, por supuesto, pero, de momento, y hablo desde mi IES, esos cursos son una bendición para, a partir de los quince, quitarnos de encima todas esas actiitudes que Nacho denuncia con expresiva claridad. Nadie duda ya de que se cagó a la perfección con la integración de la FP de primer grado y el BUP, y ahora de lo que se trata es de resatar aquella división que imponía la realidad del alumnado, no la voluntad clasista de relegar a las clases populares a las “tinieblas de la ignorancia”, donde aún siguen, por cierto, y más aún después del engendro de la LOGSE, al que se suma la TDT y otras “conquistas” sociales… Peor que esos titulados del PCPI son los que, en un cuarto de currículo adaptado, lo obtienen y después tienen la desfachatez, propísima de la ignorancia, de matricularse en bachillerato, quizás porque piensan que la senda de los regalos es inacabable… Ahora bien, como, al menos por aquí por Cataluña, el Consejero neoliberal -¡y socialista!- anda con rebajas y suprimiendo bachilleratos allá donde flojea la matrícula, pues nosotros recibimos a esos pobres de conocimiento con los brazos abiertos. Tienen la virtud de no molestar, eso sí que se les ha de reconocer… Y estando en juego incluso nuestro puesto de trabajo, porque si te amortizan la plaza es como volver a la legión, a conocer mundo, pues ya me diréis… ¿Calzonazos? Pues vale. ¿Cobardes? Pues vale. ¿Realistas? Acaso.

  8. 23 julio 2010 a 13:36 #

    Ahora que ya ha acabado el curso, puedo poner el punto y seguido a lo que escribí hace meses sobre los PCPI, y que tú has recordado, Nacho. En el caso de mi centro, comenzaón el curso en 2º PCPI 24 alumnos y lo terminaron 14, de los cuales han conseguido la titulación 4, los mismos que han sido capaces de aprobar la prueba de acceso a Ciclos Formativos. Para ese viaje no se necesitan alforjas. Además son los que no han dado problemas durante el curso. A algunos les di clase en 2º de ESO hace unos años y tampoco eran de los más problemáticos, simplemente no hacían nada. Este curso, sin embargo, tenían muy claro desde el principio que era su última oportunidad y estaban dispuestos a aprovecharla, pero estos alumnos son una excepción, y algunos de ellos, si hubiera existido en aquel momento, habrían sido alumnos de diversificación. El resto fue desapareciendo durante el curso y los últimos que quedaban no lo hicieron porque sus padres les obligaban a seguir asistiendo, pero sólo venían a molestar. La verdad es que al menos ha valido la pena por esos cuatro alumnos que han aprobado (aquí no hemos regalado nada porque los 5 profesores que les dábamos clase así lo decidimos) y un par de ellos que podrían aprobar en septiembre..

  9. Ania
    23 julio 2010 a 21:17 #

    Mismamente Nacho. Mismamente.

  10. Mari
    23 julio 2010 a 22:17 #

    Así es, Juan Poz, así es.

  11. Mari
    23 julio 2010 a 22:19 #

    Así debía ser, Begoña.

  12. melquiades
    18 agosto 2010 a 10:48 #

    Tengo una duda respecto a lo que dice Nacho Camino en este articulo. Dices que le se regala el aprobado, pero no entiendo quien se lo regala: un profesor o el sistema educativo. ¿A estos chicos en el segundo año no les evaluan? ¿Quien les evalua? Por todo lo demas que dices solo añadir que te acercas mas en los modos a los chicos que criticas que a los que defiendes. Hay que controlar el odio y la saña para ser docente. No es facil pero hay que hacerlo.
    Me gustaria que me aclarases lo que te he preguntado, tengo mucha curiosidad.

    • 18 agosto 2010 a 14:32 #

      Hola, melquiades:

      No puedo enjuiciar, ni tengo la más mínima intención de hacerlo, la objetividad evaluadora de sus maestros, pues les ampara la libertad de cátedra. Son compañeros míos y buenos profesionales, así que sus razones habrán tenido para aprobar a tales alumnos.

      Ahora bien: el profesor puede ser un rehén del sistema educativo. Basta con rebajar los niveles exigidos para que uno se sienta en la obligación moral de aprobar lo improbable. Lo que es un hecho que no admite duda es que el título obtenido es el mismo (repito: el mismo) que el de quienes cursan la vía académica. Si esto no te parece una manifiesta arbitrariedad del sistema no sé que pueda parecértelo…

      En cuanto a tu observación psicológica:

      Confundes odio con rabia. Yo no odio a esos chicos. Los he tenido en clase cuatro años y sé cómo respiran. Incluso sé cómo juegan al fútbol, pues algunos de ellos han compartido césped con el que suscribe (Ya sostenía Camus que el modo de jugar al fútbol dice muchas cosas de un individuo: pues eso.). Si nos cruzamos por la calle, nos saludamos de forma cordial y me intereso por su día a día. Lo normal.

      Que no, melquiades, que no les odio. El tono del artículo es el de la diatriba, y sólo así cabe entender lo que tú llamas “saña”. Ya sé que, en estos tiempos, se lleva la prosa de so(ft)najero, pero, qué quieres que te diga, melquiades, soy un salvaje del norte que desconoce los refinamientos de la superioridad moral.

      Agradezco tu consejo paternalista, pero no mezcles cuestiones de estilo con competencias profesionales.

      Tampoco “critico a los chicos”. No es una crítica constatar hechos. Si lees bien la entrada, verás que lo que juzgo, fundamentalmente, es un sistema capaz de equiparar ignorancia y conocimiento, insensatez y responsabilidad, pereza y esfuerzo. Eso es lo que critico, melquiades.

      Ya me gustaría que estos chicos estuvieran “cerca” de mi discurso. Significaría que saben escribir en su lengua materna más de dos frases seguidas. Y no es el caso.

      Espero haber satisfecho parte de tu curiosidad. Yo, humildemente, te rogaría que te limitaras a rebatir los argumentos del artículo, sin entrar en consideraciones “ad hominem” que no vienen al caso.

      Un saludo.

      • melquiades
        18 agosto 2010 a 16:00 #

        Gracias por contestar y por intentar aclarar mi duda. Digo intentar, ya que la cuestión principal de tu artículo es lo injusto de que un chico que no se lo merece obtenga la misma titulación que uno que ha estado esforzandose, y toda la descarga de “rabia” la diriges hacia los alumnos cuando la cuestión es que no se merecen el aprobado, por tanto alguien les ha aprobado.
        ¿Tu respuesta es que no vas a enjuiciar a tus compañeros ya que son buenos profesionales y por eso habrán decidido regalarles el título? Vaya. ¿No vas a criticar que un compañero tuyo, como es un buen profesional, vaya regalando titulos a estos desalmados?
        Lo que quiero decir y tu no quieres ver, es que los responsables de que estos chicos se lleven un título gratis son los que les aprueban y no ellos a pesar de ser “analfabetos funcionales”, “perfectos batracios”, “mangantes” etc..que entiendo que desesperen a cualquiera, incluso a mi que trabajo con ellos, pero son otros los que dan esos títulos que a ti tanto te exaspera.
        Por último decir que insisto en mi consejo, segun tu, paternalista, de serenarse como docente que se es ya que incluso tu mismo te ves asi cuando dices “No hay análisis sereno que pueda hacerse de este fraude”. Bueno, no se puede ser perfecto.
        Solo recordarte que me abstendre de hacer consideraciones cuando yo lo considere oportuno y no cuando lo diga su ilustrísima, que ya bastante tiene con considerarse a si mismo.
        Gracias por atender y siento si algo a molestado.

  13. jarcha
    18 agosto 2010 a 17:02 #

    Espero, Melquíades, que no les enseñes ortografía a las criaturas porque los acentos en tu escrito brillan por su ausencia y leer cómo dejas la “a” de “a molestado” huérfana de su hache preceptiva un poquito ya molesta .

  14. 18 agosto 2010 a 17:14 #

    Gracias a ti, melquiades:

    Parece que no sólo yo me enroco. Cuando afirmo que son buenos profesionales me refiero a su campo de especialización. En sus asignaturas específicas no se dan las circunstancias extraordinarias que concurren en estos PCPI de nuestros desvelos. Este es un “muerto” que les ha tocado sin postularse para ello, del mismo modo que a un profesor de Música le endilgan la asignatura de Dibujo por más que no sepa bosquejar un monigote.

    Si sospecha que voy por la senda corporativista, se equivoca. Muchas veces he señalado que una parte del problema educativo son los propios profesores. Pero, al final, quien selecciona al personal y asigna puestos es el sistema. Quien establece los itinerarios es el sistema. Quien homologa títulos es el sistema.

    Yo no soy quién para decirles a esos compañeros: “suspéndelos a todos”, pues no he hecho un seguimiento del curso parejo al de quienes lo imparten. Lo que sugiero (acaso de forma poco convincente) es que los PCPI, tal y como están montados, son una malísima idea. Que en la “realpolitik” educativa el profesor del PCPI es un especialista de Inglés, de Lengua o de Matemáticas al que le endosan un curso de mil demonios y le dicen: “ojo, aquí no se puede evaluar con los mismos criterios que en la secundaria…” Luego, debe reducir drásticamente los niveles. Eso no sería del todo negativo si no fuera porque el sistema iguala los títulos de unos y de otros, lo que hace que muchos alumnos, ya en Primer Ciclo, se planteen la opción PCPI como un modo fácil y desahogado de obtener el título.

    El problema, insisto, es que se premie de igual forma a quien trabaja y a quien no lo hace. A quien tiene talento y a quien carece de él. El igualitarismo a la baja es la peor enfermedad del sistema educativo.

    Usted cree que yo descargo mi “rabia” contra los chicos porque les llamo “mangantes”, “batracios” y unas cuantas cosas más. Disculpe el desahogo, contenido durante cuatro largos años. Pero, obviando que los “chicos” están en edad votante o cuasivotante, no se me ocurre en qué medida se alejan tales epítetos de una descripción fiel de los aludidos. Probablemente, el “desalmado” soy yo.

    Como toda diatriba, el discurso es violento. Usted me dice que tal saña se compadece mal con el ejercicio de la docencia. Lo que ocurre es que usted juzga al enseñante a partir de un texto que no busca el tono analítico de la academia, sino el subversivo de la protesta. No se puede ser perfecto, no, pero tampoco somos profesores las veinticuatro horas del día (salvo casos de vocación mística inalcanzables para la turba pagana).

    En cuanto a “considerarme a mí mismo”… pues verá, melquiades, son muchos artículos redactados en este y otros blogs. Serán más o menos afortunados, pero no recuerdo ninguno cuyo objeto de atención sea éste que le escribe.

    Usted puede hacer las “observaciones” que quiera. Yo sólo le “rogaba” que no sacara conclusiones precipitadas sobre mi capacitación para la enseñanza. Pero veo que no soy el único que dispara con bala… 😉

    Sin otro particular, se despide en espera de noticias suyas,

    Su IIustrísima.

  15. lola
    18 agosto 2010 a 17:41 #

    Cuando obtuve mi primer puesto como maestra interina de música, allá por el año 1995, me endosaron una tutoría de 1º de primaria con 28 niños, además de la asignatura de música a todo el colegio. Me tocó darles lengua, matemáticas y conocimiento del medio. Por ser primeriza y encontrarme con un grupo muy heterogéneo de alumnos, los cuales, el 90% no sabía leer, otro tanto no distinguía algunos colores, formas, tamaños, escribir la mayoría de las letras, etc…, mi tarea se presentaba más que árdua.
    Ahí hay que añadir que me endosaron el genial método de Anaya llamado “Girasol”. Ese método globalizado, el cual, todo gira en torno a un centro de interés e intentan meter todos los contenidos “con calzador” relacionándolos con tal centro.
    El panorama era bastante desolador, no se soltaban ni a leer ni a escribir porque con los pocos contenidos que tenía el libro y la poca materia prima que destilaban sus cerebros, pues no sabía qué hacer.
    Hablé con una prima maestra de toda la vida y me dijo que dejara el método “de momento”, que tomase una cartilla de lectura y los famosos cuadernillos “Rubio” de toda la vida y que vería cómo en poco tiempo se soltaban y podría seguir con el método.
    Así lo hice, y en un periquete, iban leyendo, escribiendo sus caligrafías, haciendo sus cuentas, sus problemas y sus dictados. Tal fue el éxito, que las madres ya hacían corrillo en las afueras del colegio comentando lo que estaban avanzando los alumnos de 1º y ya empezaban a hacer comparaciones con los de 2º. Algunos de primero los estaban aventajando.
    Cuando todo iba marchando como la seda, tanto para las madres como para los, me llamó la “ilustrísima” directora afín al partido del poder y pelota número uno donde las haya de la “inspectora de turno” a su despacho y me hizo entrar “en razón”. No quería ver ni un sólo cuadernillo de “Rubio” a la vista. Prohibido totalmente. Eran métodos obsoletos, me decía. Yo le intentaba explicar mi situación y que me estaban resultando de mucha ayuda, pero ella se obstinaba y empezó a amenazarme sutilmente con que no quería volverlos a ver. Entonces, le dije que si hacía eso retrocederían. A lo que ella contestó: “Nos ha jodío, eso ya se sabe”.
    El problema de todo estribaba en que la profesora de 2º estaba muy molesta conmigo, o envidiosa, y ella era la típica que decía que los alumnos que enseñaban a leer antes de los 6 años acababan traumatizados. Claro, ya se ve el trauma que tengo yo y tantos millones de personas, incluida la hija de la directora que la enseñó a leer con 4 años con la misma cartilla que yo enseñaba a los míos. Claro, que para tontos los demás, que ella a su hija la tenía bien enseñada.
    Y para rematar esta historia, quiero decir que eran los últimos años que había EGB y los alumnos tenían que pasar de 8º al instituto y había alumnos repetidores y se estaban planteando cuáles serían los “contenidos mínimos” exigibles para aprobarles el curso. Entre todas las “lumbreras” decidieron que con saber “sumar, restar, multiplicar y dividir” era suficiente para pasar 8º.
    Bueno, con esta muestra, queda todo dicho de lo que nos llevan haciendo durante muchos años desde que se implantó la LOGSE. La ilustre “directora” ascendió “por méritos propios” a asesora de CPR y dos años después a “inspección”. Muy buena trayectoria para una simple maestra de escuela que cogió la dirección mediante el engaño y la traición a la antigua directora del centro.

    • 22 agosto 2010 a 9:26 #

      Interesantísima historia, Lola. Y ese “Nos ha jodío, eso ya se sabe” es, sencillamente, la perla del verano. Y que saliera de la boca de alguien con esa trayectoria que cuentas, que acabó en el cargo de inspectora, es toda una metáfora de la historia de la educación en España en los últimos treinta años, como lo es tu batalla por el método apropiado para enseñar a leer, objetivo educativo importantísimo y situado en la raíz en el cual, como se ve por tu historia, los pedagógicos colocaron su virus destructivo desde hace ya mucho tiempo.

      • lola
        22 agosto 2010 a 12:23 #

        Efectivamente, Pablo. ¿Sabes cómo acabó toda la historia?
        Al quitar de la vista todos los cuadernillos y dejar de mandar tareas para casa, puesto que mi coordinadora de 2º “me aleccionaba” a cómo tenía que hacer las cosas “a su manera”, es decir, “una fichita, con un dibujo, con una palabrita para completar, dos a lo sumo”, no se fueran a traumatizar los pobres, además que estaba prohibido desde inspección mandar tareas para casa, y lo contemplaba el PCC (del cual yo no había participado y la libertad de cátedra se iba a tomar viento fresco), LOS ALUMNOS EMPEZARON A IR HACIA ATRÁS Y LAS MADRES ECHÁNDOSEME HACIA ADELANTE.
        Empezaron a venir las quejas que por qué había dejado de mandar tareas, que ellos ya se habían acostumbrado y que iban muy bien. Volví a hacerme la distraida y los volví a mandar. Hasta que la directora me volvió a llamar a capítulo y la amenaza ya fue más gorda.
        Los tuve que quitar fulminantemente. Cuando las madres me daban quejas, les tenía que mentir diciéndoles que la orden había venido de inspección, por no dejar en bragas a la directora, y que yo, como madre, si fuesen mis hijos lo seguiría haciendo desde casa. Así lo hicieron y así quedamos todos contentos.
        En febrero fue mi cumpleaños y llegaron las madres que parecían los reyes magos. Se pusieron de acuerdo y me hicieron entre todas regalos muy buenos, en agradecimiento a mi labor. A final de curso pasó igual.
        Llegó un día un padre que tenía un niño en 1º y otro en 2º. Me dijo que me daba las gracias por todo lo que había hecho por su hijo, porque había acabado el curso sabiendo más que el hermano, porque él no sabía cómo ayudar al otro, puesto que esos métodos que empleaban, sobre todo en las sumas y restas llevadas, se escapaban a su conocimiento.
        Y así se escribe la historia. Tengo muchas más anécdotas, sobre todo, en esos colegios en los cuales, ponen de directores a los iluminados de turno con carné.

      • Raus
        22 agosto 2010 a 16:37 #

        Realmente tremendo, Lola. En relación a todo esto de los deberes, hay otro problema de no poca importancia que quiero contar. Hace unos años el cura de mi pueblo propuso a los padres con niños en edad escolar la idea de que éstos estudiaran e hicieran los deberes en un aula del colegio, en horario extraescolar. Pensaron en mí para llevar el curso. El horario era de las 18 a las 20. Asistieron unos 15 niños de diversas edades. Al poco tiempo me llegaron protestas de las maestras. Resulta que desde que se inició el curso, los críos les llevaban los deberes mucho peor hechos. Pregunté a los niños si antes del curso sus padres les ayudaban a hacer los deberes. La respuesta fue que sí. Ahí estaba el problema. Lo que las maestras veían hasta la fecha eran los deberes supervisados y corregidos por sus padres, no el rendimiento real de los niños. Se lo comuniqué a las maestras y, por otro lado, convoqué a los padres para explicarles que era muy flaco el favor que les hacían a sus hijos corrigiéndoles los deberes, o haciéndoselos.

        Primero, la maestra no recibe información veraz sobre el rendimiento del alumno, falseado al alza. De esa manera, la maestra no sabrá de qué pie cojea y qué debe explicar más y mejor en clase, o al crío en particular.

        Segundo, el niño salta con red. Tendrá la tranquilidad de que, aunque no se esfuerce al hacer los deberes, los deberes llegarán siempre bien hechos a clase. La maestra siempre estará contenta con él por este lado. Creerá que el niño en casa trabaja bien.

        Tercero, el crío, ante una dificultad que no sepa resolver pronto, recurrirá a los padres. Se hará dependiente de ellos. No aprenderá a ser autónomo ni responsable.

        Cuarto, los padres ocupan parte de su tiempo libre en resolver tareas que no les corresponde. Lo que les corresponde es preocuparse de que los niños hagan todas las tareas y las hagan bien, pero no hacérselas ellos, eso no. Y de fijarles un horario adecuado y sensato para hacer los deberes. (Que esa es otra: algunos niños hacían los deberes a eso de las 11 de la noche.)

        En fin, un capítulo más de la educación hiperprotectora que muchos padres practican, confundidos por mil y una falacias paidocéntricas. Un capítulo más de una educación-enseñanza ortopédica, obsesionada con asistir al niño, como si fuera un desvalido o un pobre inútil. Precisamente la manera más eficaz de conseguir que lo sean. La tontería de no traumatizar al crío con tareas escolares también está sólidamente instalada en la sesera de la mayoría de los padres.

        Sabiendo que ocurren estas cosas, si yo fuera maestro, me preocuparía en averiguar si los deberes a supervisar están hechos por el niño o por sus padres.

        Saludos.

  16. batracios
    19 agosto 2010 a 17:08 #

    Señor Melquíades;
    No hay profesión llevada razonablemente que ocupe las 24 horas del día.
    No creo que haya profesional que se precie que no tenga opiniones y exabruptos en relación con su trabajo: ¿Porqué íbamos a ser los enseñantes distintos?
    ¿Qué tiene de saña denominar “mangantes” o , menos aún, “batracios” , a nuestros queridos discípulos?
    ¿ Acaso el artículo forma parte de material lectivo impartido a los alumnos?
    ¿Acaso se lo está diciendo en clase a la cara?
    Por el hecho de denominarlos”batracios” aquí en el foro no significa que los queramos menos o les enseñemos peor.
    -No, señor.
    Dejemos a los profesores manifestarse en su tiempo libre sin extender al ejercicio de su profesión las críticas negativas que sus escritos nos susciten.
    Suya amantísima.

  17. lola
    22 agosto 2010 a 19:48 #

    Hola Raul:
    Ese problema lo he sufrido en contadas ocasiones y, como dice el refrán que más pronto se coge a un mentiroso que a un cojo, pues rápidamente se detecta y se habla con los padres.
    Yo, por mi experiencia, siempre he mandado deberes, y al principio he tenido quejas porque les parecía “demasiado”, para pasar al poco tiempo a decirme que estaban encantados por cómo iban evolucionando, que habían adquirido un hábito de estudio diario y que los hacían autónomamente. Más adelante, si algún día no podía mandar deberes porque la fotocopiadora estuviese estropeada, me venían dando quejas de por qué no les había mandado deberes. Siempre me ha ido fenomenal, y se ha notado los que traían los deberes hechos cómo avanzaban en clase, con respecto a los más remolones.
    Yo creo que lo que pasa con esta administración de mínimos de mínimos es que quieren que la gente no aprenda, no se esfuerce, y todos tengamos el nivel que traen los que vienen de fuera, así no hay distinciones de clases, ni fracaso escolar.
    Pero de eso no voy a hablar porque ya lo explicáis vosotros mucho mejor que yo.
    Como madre, he de decir que a mis hijos casi nunca les han mandado deberes, y les ha ido fatal porque no querían hacer los míos. Ya se sabe que nadie profeta en su tierra.

  18. Raus
    22 agosto 2010 a 22:41 #

    Sí, Lola, antes se pilla a un mentiroso que a un cojo. Y un maestro que conozca mínimamente a sus alumnos, sabrá si los deberes están hechos por el niño o por los padres. Pero lo cierto es que recibí aquella queja, precisamente de quienes antes que nadie deberían haber sospechado que había gato encerrado. Y hoy mismo un amigo me ha dicho que le corrige los deberes al hijo. Creo, como digo, que es un problema más general de lo que puediera parecer en principio. Quizá, además de hiperprotección paterna, también haya algo de comparación social: “Mi hijo no va a ir con los deberes mal hechos. No es menos listo que nadie.”

    Si la Administración quiere que no haya fracaso escolar, se está luciendo. Hay que ser muy tarugo para creer que el fracaso escolar se remedia dando a todo el mundo títulos que no acreditan nada o casi nada. Pero lo malo, Lola, es que ahora no les cabe otra a nuestros queridos políticos que la huida hacia adelante. Es decir, dar más de lo mismo. Una población de votantes malacostumbrada desde hace años no admitirá fácilmente una ley exigente y políticamente no correcta. Cuando digo malacostumbrada digo comprada. Comprada con promesas falsas y con ayudas económicas varias. El mastodóntico problema que tenemos aquí tiene que ver mucho con la venalidad de las diferentes partes. Es mucho el dinero que se ha empleado en comprar voluntades y callar bocas. Un sistema corrupto de pies a cabeza que ha llevado el negocio igualitarista hasta sus últimas consecuencias, hasta los extremos más vergonzosos. La farsa seguirá mientras circule el dinero en forma de subvenciones y demás prebendas. Mientras haya un político dispuesto a comprar votos y un votante dispuesto a ser sobornado. Es una política suicida de selva virgen: “Asegúrate la cena de hoy, que mañana Dios dirá.” Pues eso, pan para hoy…

  19. Helena
    31 agosto 2011 a 13:25 #

    Se puede decir más alto, pero no más claro.

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