Burocracia

Juan Pedro Viñuela Rodríguez

La educación es un vacío burocrático. Lo único que importa es rellenar papeles que no indican ni sirven para nada. Rellenar guiones absurdos con palabras absurdas, pseudocientíficas y sin sentido. La memoria final de un curso no debería ser rellenar un guión, sino una reflexión seria y argumentada sobre el acontecer del curso. La memoria es una forma literaria cercana al ensayo. Pero estos partidarios de la burocracia educativa -porque no tienen nada más que ofrecer- que vacían de contenido la enseñanza quieren que rellenemos un guión, donde literatura y pensamiento brillan por su ausencia.

Si la realidad educativa es la de los papeles, entonces es una realidad vacía. A nadie le importa, ni eso es evaluable, el momento mágico de la enseñanza, de la transmisión de conocimientos y valores. Sólo quieren papeles y más papeles. La burocracia ha matado la excelencia, ha aborregado a los profesores y les ha robado el pensamiento. La burocracia educativa ha sido un arma de adoctrinamiento y eliminación del pensamiento crítico. Poca cosa nos queda por hacer ya en la educación, salvo enseñar en el reducto de nuestra aula y declararnos en desobediencia civil, siguiendo nuestra libertad de cátedra, ante la barbarie de la burocracia.

La burocracia educativa es un sistema de control fascista que pretende perpetuar la ideología obsoleta del poder.

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Categorías: Diagnósticos

Autor:Juan Pedro Viñuela Rodríguez

Profesor de ética y filosofía. Autor de Fin de milenio y otros ensayos. Una mirada etica a la tecnociencia y el progreso y Filosofía desde la trinchera. Director del seminario de CTS del IES MELÉNDEZ VALDÉS, y de la revista de ensayos Esbozos.

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11 comentarios en “Burocracia”

  1. Francisco Javier
    4 julio 2010 a 10:37 #

    Es la cultura del “cut and copy”. Recortar y pegar, recortar y pegar. Con las programaciones lo mismo. Y como esto no es serio y nos toman el pelo una y otra vez y además nos maltratan, nos amenazan, nos deprimen, pues a recortar y pegar. ¿Quieren jerga, jerigonza? Pues recorto y pego, hago collage.

    Juan Pedro, un saludo.

  2. Mari
    4 julio 2010 a 17:17 #

    Sí, estoy de acuerdo en que la memoria final debe ser una reflexión seria y argumentada sobre el acontecer del curso, una forma literaria cercana al ensayo, y así, dentro de mis posibilidades, es como la planteo, otra cosa es que esto tenga éxito entre tanta divergencia. En la memoria de asignatura sobre todo siempre es aconsejable dejar algo en el tintero por no molestar en exceso a propios y extraños y no acercarnos demasiado al halago a propios o a extraños, por si enrarece más que ayuda, pero se debería aproximar todo lo posible a la realidad para que sea útil en el futuro inmediato. La memoria de un curso debe versar sobre la historia vivida, sobre personas y sus aprendizajes o enseñanzas y sobre materiales y acciones. No se trata sólo de coger la programación y decir esto se cumplió y esto no y tantos alumnos aprobaron y tantos no. La memoria de un curso, ya sea de campo de conocimiento, de grupo, de nivel, ciclo, enseñanza o centro tiene que tener cuerpo, pero también alma, porque trata principalmente de personas. La de asignatura debe hablar de todo lo que entorpeció las enseñanzas y los aprendizajes (ejemplo: cuando comienzo la clase, todos los lunes y miércoles en el aula de al lado hay una cantidad de ruidos que entorpece mi actividad y la de mis alumnos) y de todo lo que las enriqueció; no hay curso igual a otro, ni alumno igual a otro, ni centro igual a otro, etc. El profesor además, mediante un acto de reflexión profunda e imaginación, tiene que elaborar una propuesta que pueda propiciar la solución de los problemas que se han encontrado así como la manera de seguir mejorando. Para elaborar una adecuada memoria debemos seguir la programación y todo lo que hemos cambiando sobre la marcha por no ser válido, anotando de cuando en cuando todo lo que nos alegró e inquietó con respecto a la acción.

    En cuanto a las programaciones, pues, las de aula, que son las se hacen cada año, las hago semana a semana, una vez visto cuanto tiempo tengo para cada unidad, aunque me guío por un índice de contenidos (del proyecto curricular), sobre todo por no dar menos o más contenidos de los que debo. Esto del proyecto curricular es en gran medida lo que creo que tiene a muchos cabreados, eso de los contenidos divididos en conceptuales, procedimentales y actitudinales, etc. y ahora lo de las competencias básicas (que es lo mismo que decir el alumno es competente en multiplicar, es decir, sabe multiplicar y emplea esta competencia para solucionar problemas de su vida diaria, o sea, lo que se hizo siempre). Estos tres tipos de contenidos siempre se impartieron e incluso se evaluaron, pero no se secuenciaron; para muchos desglosarlo da mucho trabajo y a fin de cuentas de lo que se trata es de hacer lo que se hizo siempre, pero sin tanto papeleo, enseñar y por consiguiente educar, para otros no es ni parecido a lo que se hizo siempre.

  3. Francisco Javier
    4 julio 2010 a 17:47 #

    Hola Mari,

    llevas razón en que estos documentos deberían ser tomados con seriedad, lo que pasa es que es ha sido tal el cachondeo de cambios inexistentes, de marear al personal con nuevas y nuevas tonterías, unido al desánimo de ver que las programaciones más creativas y personales suelen provocar en el alumno el mismo rechazo, que si te remites al libro, a lo facilón (que es lo que suelen reclamar, pues da menos trabajo), en fin todo eso desanima (al menos esta ha sido mi experiencia con la música).

    Es por cierto este tema, que ha suscitado nuestro querido Juan Pedro, algo que deberíamos tratar. A mí se me ocurre que el sistema en cascada de la LOGSE, aún vigente, con sus niveles de concreción (las unidades didácticas de aula como último nivel emanado de los metaprincipios de la LEY), tampoco ha sido nada beneficioso en muchos aspectos y que ha llevado a una dispersión y confusión de la enseñanza terribles, aparte de ser muy poco práctica. Intentaré explicarme con más detalle otro día.

  4. 4 julio 2010 a 19:40 #

    Hay que darle las gracias a Juan Pedro Viñuela por un artículo tan conciso como imprescindible, en el que subraya la importancia de uno de los males que nos aquejan, no siempre valorado en su verdadera dimensión.

    ¿Quiénes son los destinatarios de todo el inútil papeleo burocrático? Es un proceso autorreferencial. Un burócrata ajeno a las aulas pide cien mil papeles a un profesor que tiene que cubrir el expediente, cumplimenta cuestionarios inútiles a un funcionario que es consciente de la inutilidad intrínseca de su inutilidad.

    Las programaciones y las memorias tienen un formato destinado a que nadie las lea. A que todos hablemos la jerga de los pedagogos. A que nada sea verificable. Una programación debería ser un plan de trabajo realista, breve, sin paja, útil para los profesores, sin los pseudoconceptos de la didáctica. No a las programaciones estandarizadas de la pedagogía oficial.

    En ningún documento oficial de la Inspección Educativa de los últimos veinte años se ha dado cuenta del desastre de la educación desde que se perpetró la LOGSE. Nadie ha advertido de las realidades mencionadas en el Informe PISA. El órgano que asesora a los políticos sobre educación no se ha dado cuenta de que el sistema estaba enfermo. Es un hecho tan demoledor que serviría de argumento para llevar a cabo lo que un día me dijo una inspectora: “Se podría hacer una pira con todos los papeles sobre la reforma educativa”.

    La burocracia en la enseñanza crea un mundo de ficción, es decir, una mentira, en el que las cifras, los datos y los papeles son una cortina de humo para ocultar a la sociedad, a los padres, a la administración y al profesorado que el sistema educativo está en la ruina.

    La burocracia educativa no existiría sin los burócratas, auténticos parásitos y manijeros del cortijo. Muchos burócratas son antiguos profesores.

    La burocratización de la enseñanza es una forma del control que quieren ejercer desde las administraciones educativas quienes desean controlarla sin arreglar nada ni diagnosticar certeramente ningún problema.

    La burocracia ha llegado a todos los niveles educativos. Ahora mismo, el más castigado por ella es el universitario. La burocracia de la Universidad es asfixiante. Es la apariencia de legalidad y transparencia en un mundo que todos saben corrompido.

    La burocracia educativa es improductiva, cara y estéril. Pero forma parte del sistema, porque pretende desvalorizar la enseñanza en sí y reducirla a una cuadrícula, un trámite.

    La burocracia educativa desprecia la transmisión del conocimiento y la esencia de la enseñanza.

    La burocracia es, por supuesto, una tiranía, kafkiana e irracional, que reduce todas las actuaciones del servicio públio a meros actos administrativos. Convierte en un fin en sí mismo lo que debería ser sólo un instrumento para que todo funcionase mejor. Kafka fue su profeta.

    La burocracia educativa es una pérdida de tiempo que contribuye a la ineficiencia del sistema y a perder de vista las verdaderas prioridades.

    La burocracia educativa convierte a los profesores en meros peones de un juego absurdo. En la era de Internet podemos defendernos con el pega y recorta, lo cual no quita que sea una forma picaresca de sobrevivir sin negar su estúpida tiranía.

    Muchos profesores consideran la burocracia educativa sólo como un engorro y una pesadez. No la valoran en sus justos términos: es un mal. Debe ser reducida a la mínima expresión, a su función puramente instrumental. Los puestos de trabajo de los que sólo se dedican a la burocracia educativa han de recortarse para que sólo sean los esenciales.

    Si se quemaran el Archivo de Simancas, la Biblioteca Nacional o los papeles de las Fundaciones Ortega y Gasset, Gonzalo Torrente Ballester o Camilo José Cela, estaríamos ante un genocidio cultural y una irreparable pérdida. Si se quemaran todos los papeles generados por la burocracia educativa, no pasaría absolutamente nada.

    • Juan Pedro Viñuela
      5 julio 2010 a 8:21 #

      Muchas gracias, Martiano.
      Suscribo totalmente tus palabras. Es más, creo que son un desarrollo perfectamente consecuente de mis breves palabras. Muy interesante e ilustrativa la comparación del final en el que se ve la verdadera importancia de la burocracia educativa: ninguna. Interesante e imprescindible, también, señalar el absurdo kafkiano de la misma que nos lleva directamente al totalitarismo y fascismo del pensamiento. Sería necesario añadir, también, el carácter orweliano de la neolengua de la secta pedagógica que vacía de contenidos el pensamiento y elimina o reconvierte los valores.

  5. Luzroja
    4 julio 2010 a 22:22 #

    Sr. Viñuela, su conciso artículo me ha resultado evocador:

    “Poca cosa nos queda por hacer ya en la educación, salvo enseñar en el reducto de nuestra aula y declararnos en desobediencia civil, siguiendo nuestra libertad de cátedra, ante la barbarie de la burocracia”.

    Es esa desobediencia civil que usted apunta la que me ha traído al recuerdo el libro “La emboscadura” de Junger.

    “El ser humano ha de saber cuáles son aquellos puntos donde no le es lícito traficar con su decisión soberana”

    “Llamamos emboscado a quien privado de patria por el gran proceso y transformado por él en un individuo aislado, acaba viéndose entregado al aniquilamiento….el emboscado está decidido a ofrecer resistencia y se propone llevar adelane la lucha…Un emboscado, es pues, quien posee una relación originaria con la libertad..”

    “El gran peligro está en que el hombre confíe demasiado en las ayudas de otros y, cuando faltan aquelllas, quede desvalido. Todas las comodidades hay que pagarlas. La situación de animal doméstico arrastra consigo la situación de animal de matadero….Esto se pone de manifiesto en aquellos tiempos en que se atraviesan fases de amenazas muy intensas; en esas fases los apartatos no sólo dejan en la estacada al ser humano, sino que lo baten de tal manera que no parece quedar esperanza ninguna. Esntonces es cuando el hombre ha de decidir si da por perdida la partida o si desea continuarla, apoyándose para ello en su fuerza más íntima, en su fuerzapropia. En este último caso se decide a irse al bosque, a emboscarse”.

    Es tal el caldo educativo que no nos quedará otra que “emboscarnos” a lo Junger, aunque como él bien nos dice es tarea de personas “singulares”.

    • Juan Pedro Viñuela
      5 julio 2010 a 8:27 #

      Gracias por tu comentario y por ilustrarlo con las palabras de Junger. Pero veo cierto peligro en el pensamiento de Junger. Creo que no hay que confundir una educación meritocrática y elitista, pasando siempre por el derecho universal a la educación, que no tienen nada que ver con la obligatoriedad que ha dado lugar a la mediocracia, con cierto racismo o etnocentrismo que acaba con el exterminio del disidente. De todas formas esto se escapa a lo que venimos planteando aquí. Gracias de nuevo por tu ilustración.

  6. 5 julio 2010 a 5:31 #

    Sí, totalmente de acuerdo: la burocracia merma energías, paraliza la crítica y la capacidad creativa de quienes formamos parte de este aparato burocrático. Y ahora como Jefe de estudios lo experimento con mayor intensidad. ¡Cultivemos ese jardín interior, con la esperanza de que mentes todavía lúcidas recojan algún fruto¡

    • Juan Pedro Viñuela
      5 julio 2010 a 8:29 #

      David, bonita idea y bella tarea la que expones al final. Gracias.

  7. Francisco Javier
    5 julio 2010 a 10:53 #

    LA DISPERSIÓN

    La idea de Currículo abierto, consistente en un desvarío de ideas generales más que cuestionables, desarrollada en una multiplicidad ingente de reales decretos, decretos, leyes, derogación de leyes, reduplicados por la dispersión autonómica y las múltiples concreciones, etc., etc., se traduce hoy en día en un auténtico castillo del absurdo burocrático, que en efecto podría calificarse de kafkiano. Que esto ha hecho mucho daño, ha generado infinitas confusiones y que es insostenible me parece evidente, como muy certeramente refleja Mariano (estupendo).

    La enorme flexibilidad a la hora de interpretar la máquina absurda y caótica burocrática ha sido y sigue siendo un cúmulo de arbitrariedades, caracterizado por la retórica vacía y la inoperatividad. Se trata de un sistema pensado para que los pedagogos crezcan y crezcan, un laboratorio de sus ideas delirantes e irresponsables. La furia por ensayar nuevas pedagogías, inventar programaciones a cual más original, evaluar de acuerdo a criterios carentes de toda objetividad e irrealizables en el contexto real, la ausencia legal de unos criterios claros, comunes y racionales de calificación (dejados al libre arbitrio de cada profesor). Todo eso y mucho más ha llevado a una DISPERSIÓN irrefrenable, que olvida que la enseñanza es algo muy serio y que no puede ser el campo de operaciones de unos señores fatuos, ridículos, dogmáticos, soberbios e ignorantes (políticos educativos y príncipes de la pedagogía.) Un sistema educativo debe atenerse a unos criterios de racionalidad lo suficientemente fundados como para no tener que estar haciendo refritos sin parar. La jerga de los pedagogos está construida al modo de los Textos Sagrados (Torá. Biblia y Corán): es tal la marasma conceptual, que es imposible la aplicación de criterios de falsabilidad: prueba evidente de su carácter pseudocientífico y dogmático.

    Frente a esa dispersión es infinitamente preferible la idea más tradicional del PLAN DE ESTUDIOS. Un plan de estudios común, claro en sus contenidos, con una curva de aprendizaje progresiva y bien cimentada, que se concretaría por cada departamento y cada profesor en el espacio de su libertad de cátedra. Con ello se conseguiría:

    1) Liberar al docente de una enorme carga de burocracia castrante, inoperante y perniciosa.
    2) Secuenciar los contenidos de una forma racional y objetiva (gradual, lógica, constructiva).
    3) Crear condiciones para unificar criterios y economizar esfuerzos vanos: el Ministerio podría publicar unos materiales de calidad (un portal en Internet), que irían siendo mejorados y ampliados continuamente, en vez de la infinita dispersión actual donde el vértigo de posibilidades (una inmensa mayoría de dudosos valor) para lo único que sirve es para despistar al docente y a todo el personal.
    4) Establecer unos criterios de evaluación versátiles, adecuados y realistas (en vez de la subjetividad actual, verdadera fuente de confusión, ininteligible y generadora de conflictos -entre miembros de departamento, entre profes y papás, entre inspectores y profes, entre niño profes y directores, etc).
    5) Centrar bien los contenidos no elimina en modo alguno la creatividad: todo lo contrario, lo que resulta en verdad paralizante es el caos actual. Ello permitiría ir mejorando de forma progresiva la programación, los materiales, los métodos: crear materiales estables, de calidad y de probada eficacia (compartibles y publicables).

    Nuestro sistema educativo (y nuestra política y nuestra sociedad toda) queda muy bien reflejado en el título de una película extraordinaria (Werner Herzog, 1974) sobre la que algún día hablaré (por su interés educativo):

    “Jeder für sich und Gott gegen alle.”

    Que traducido quiere decir: “Cada uno a lo suyo y Dios contra todos” (lit. “Cada uno para sí y Dios contra todos.”)

    • Juan Pedro Viñuela
      5 julio 2010 a 16:15 #

      Totalmente de acuerdo contigo, Francisco Javier. De todas formas no creo que la cosa se haga desde el absurdo y el sinsentido. Ésta es la situación en la que estamos, pero la mayoría no se da cuenta. Creo que la política educativa tiene un fin claro: controlar, adoctrinar y aborregar. Una de las formas que se ha elegido para la transmisión del pensamiento único del poder es la dispersión. Divide y vencerás, por un lado, por otro, la del individualismo. Y, por supuesto, se compra a los profesores con los sexenios. Auténticas armas de adoctrinamiento por un plato de lentejas. También es muy cierto el asunto de que el lenguaje sea el de los libros sagrados. La logse-Loe, es una teoría irrefutable porque es pseudociencia. Es autoreferente, si no funciona es porque el profesor lo está haciendo mal, o el ambiente socio-familiar no es adecuado. La LOE tiene respuesta para todo, es como la astrología, general e imprecisa. No podemos encontrar un enunciado empírico protocolario, de predicción científica, que pueda ser falsado. Sus enunciados son totalizadores, generalizaciones inductivas recubiertos de una jerga pseudocientífica para enmascarar la ignorancia. La Logse-Loe no es una teoría, es una creencia. Por eso lo único que se puede hacer es una enmienda a la totalidad. Lo que sucede, como se ha dicho ya aquí, es que no es sólo la ley de educación. Es un mal social. Hay causas y efectos que se retroalimentan los unos a los otros.

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