El problema

Nacho Camino

Pongamos que hablo del alumno X. Tiene dieciséis años y aún está en primer ciclo. Desde su ingreso en el instituto ha repetido 1º y 2º de ESO con casi todas las asignaturas suspensas. Sólo la caridad cristiana y el no estar impedido le han supuesto un aprobado en Religión y Educación Física. Todo lo demás son unos y doses. Es un objetor típico: no lleva bolígrafos ni cuadernos, jamás hace la tarea, entrega exámenes Malevich (en riguroso blanco sobre blanco), dedica las clases a pasar notas a sus compañeras, charlar y, si la noche ha sido dura, echar una cabezadita. Si le llamas la atención, te clava una mirada de desprecio. En cuatro años no ha aprendido nada. No quiere aprender nada.

Pues bien: llegada la Evaluación Final, la tutora de su grupo nos comunica al resto de profesores que los padres de X han aceptado que su hijo curse el año que viene 3º de ESO en un programa específico de Diversificación Curricular. Después de un silencio tenso, algunos profesores intervenimos para resolver lo que, sin duda, es un simple malentendido. Pero no lo es. X gozará de una atención preferente, en un grupo reducido y con unos niveles de exigencia menores de los que se piden en el itinerario común. Nuestra pregunta es: ¿Por qué?

La tutora esgrime el primer argumento: X no ha querido matricularse en un PCPI y, de no seguir el programa, quedaría fuera del Sistema.

Pero este argumento es falaz. X puede seguir matriculándose, en un tercero sin adaptaciones, hasta los 18 años. También podría abandonar los estudios y salirse del Sistema, en efecto. Pero es que tal cosa lleva haciéndola cuatro años. Poco traumático sería para X abandonar algo de lo que nunca quiso apropiarse. Y, en todo caso, cumplidos los 18 siempre tendrá abierta la posibilidad de la ESA.*

La tutora esgrime el segundo argumento. Sostiene que el equipo educativo dio informes positivos para que X cursase el Programa de Diversificación. Sin embargo, allí nadie recuerda haber rellenado esos papeles con loas a la negligencia y mala educación del alumno. “Bueno”, replica la tutora, “al menos había dos profesores que ponían que X hacía algo“. ¿Serían los de Religión y Educación Física, por ventura? Misterio: los informes están en los archivos babélicos de El Castillo, habría que ir por ellos y aún nos quedan muchos alumnos por evaluar.

Ante tal situación, solicitamos que comparezcan la Orientadora y la Jefa de Estudios. Surge aquí el tercer argumento, en boca de esta última:

“No se puede hacer nada, en cualquier caso. No hay marcha atrás. Y está bien que así sea, porque el Inspector ya nos ha advertido de que diversificamos poco y nos va a hacer un seguimiento”.

“Que se meta él en las clases”, interrumpo.

Pero es que aún hay un cuarto argumento: la Jefa dice que si no diversificamos lo bastante, un par de profesores se quedarán sin horas. ¿Y? ¿Los criterios pedagógicos están por encima o por debajo de las contingencias administrativas? Si no hay sitio para dos profesores tendrán que ir allá donde se requiera su presencia, digo yo.

No acaba aquí la cosa: La Jefa considera que no sólo X debe ir a Diversificación, sino también Y y Z, dos alumnos de parecido perfil. No hacerlo constituiría un agravio comparativo.

Llegado este punto, el que suscribe dice algo así, palabra más o menos:

“Durante cuatro años, como Profesor de Música, he sido testigo de la vagancia, la indiferencia y la vulgaridad satisfecha de estos tres alumnos, entre muchos otros. Cien veces les he recriminado su comportamiento, soportado su actitud y sus excesos. Les he preguntado qué iban a hacer con sus vidas, si no se daban cuenta de que estaban desperdiciando el privilegio de tener acceso a una educación gratuita. ¿Qué autoridad, qué legitimidad pueden tener ahora mis discursos si se decide darles un trato preferente? El año que viene me mirarán con justificada sorna, como diciendo: “¿Te das cuenta, gilipollas? No teníamos que preocuparnos de nada, porque ya alguien lo haría por nosotros”. Esto apesta, es nauseabundo. Luego nos quejaremos de que nos insultan, de que no valoran lo que les ofrecemos. Por no hablar del ejemplo que damos a aquellos alumnos que sí tienen verdaderas dificultades y a los que, curiosamente, no se les bajará el listón. Tenemos exactamente lo que nos merecemos. Ya nos pueden meter el ROC, el recorte salarial, las competencias trágicas y toda la escoria normativa que se les ocurra, porque nosotros hemos nacido para tragar”.

Somos, en fin, una panda de mediocres que carece de toda dignidad académica, de todo orgullo. Y que ni siquiera actúa así por el bien de los muchachos, sino por conservar sus apoltronados culos en sus departamentos de mierda. Que tiembla cuando se menciona a Herr Inspektor  o  barrunta las reclamaciones de los padres*, que no sale a la calle cuando le humillan, que asiente con la unanimidad del rebaño.

El año que viene no rellenaré ningún informe de Orientación, puesto que lo que yo piense es por completo irrelevante. ¿Para qué preguntar, si la consideración de un alumno no depende de su conducta y su esfuerzo, sino de aquello que la burocracia exige? Todo esto da asco.

Y las evaluaciones continuaron, y en todas ellas se proponía cuidar y amparar a los alumnos predilectos de la LOGSE: aquéllos que odian el estudio, impiden el de sus compañeros y se enfrentan a sus profesores.

Pero la LOGSE, la LOE, no son el principal problema.

El problema somos nosotros.

Felices vacaciones.

* (Nota: las frases en negrita y cursiva se han añadido a sugerencia de Castúo, forero y seguidor del blog. Muchas gracias).

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas

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19 comentarios en “El problema”

  1. Mariano
    23 junio 2010 a 7:07 #

    Sin la colaboración de los profesores que devinieron en inspectores para no dar clase y ser cómplices del sistema, sin la cooperación necesaria de tantos docentes que, por acción u omisión, cansancio o desistimiento, han terminado diciendo amén a una situación kafkiana y absurda, no habría sido posible el desastre. Unos fuera de las aulas, otros dentro de ellas. El poder ha contado con la mediocridad moral extendida para garantizar adhesiones y neutralizar discrepancias. Pero el matiz es que además de ser cooperadores necesarios son también sus víctimas, lo cual pone de manifiesto la abyección y la perversidad de los que están arriba.

    Tiene que haber un revulsivo que lo mande todo a hacer puñetas, porque si no, la propia dinámica de la rutina establecida en ese infierno oligofrénico de las adaptaciones curriculares, las orientaciones, las promociones, las juntas de evaluación a presión y demás detritus logsianos, seguirá reproduciendo ad infinitum los vicios de un sistema que provoca la ruina académica y la moral de la enseñanza, espejo ésta de la distorsión e inexistencia de valores morales. En contra de lo que han postulado los defensores de este invento defectuoso que no funciona.

    Esa mediocridad social nos gobierna. Por eso, algunos sostenemos que el contexto en el que se produce el desastre educativo se explica más por la hipótesis del caos que por la teoría de una conspiración sociopolítica diseñadora de una ingeniería social llena de pedagocracia e idiocracia (perdón por el pleonasmo).

    • Ania
      25 junio 2010 a 20:06 #

      Mariano, como siempre , claro, certero y brillante en tus exposiciones diagnosticando los problemas de nuestro sistema educativo.

  2. David Arboledas
    23 junio 2010 a 7:43 #

    Efectivamente, esas juntas de evaluación son copia sobre copia de las que se suceden por doquier. Yo hace ya tres o cuatro años que ni siquiera abro la boca en ellas y, últimamente, me he levantado e ido de muchas al considerar que mi dignidad personal y profesional se menoscaba continuamente ante la subasta de aprobados y sandeces varias, como meter en Diversificación a alumnos vagos, chulos y sanguijuelas de nuestros recursos. Es más, más de una vez he pensado en que el día que se me cruce algún cable me presentaré en el Juzgado de Guardia para interponer una denuncia por la vía penal contra aquéllas directivas de los centros que a sabiendas son injustos en sus decisiones; es decir, que PREVARICAN. ¿Qué pasaría si lo hiciéramos? Nueva reflexión al aire…
    ¡Feliz verano!

  3. Rinconete
    23 junio 2010 a 11:23 #

    Amén, Nacho.
    Ese es el quid de la cuestión. No existe resistencia colectiva -las hay individuales pero apenas cuentan- y sin resistencia corporativa pueden imponernos las medidas que a los iluminados les pete. Una detrás de otra.
    Aunque no hay justificación posible, sí hay varias explicaciones. Una de ellas es la cada vez mayor división interna existente (tal vez creada conscientemente por nuestras autoridades) entre el personal de un Instituto. Y cada subconjunto con intereses tangibles o imaginarios, si no enfrentados al menos distintos. Líneas de fractura evidentes son :
    docentes / para-docentes (orientadores y directivos).
    interinos / funcionarios.
    profesores de secundaria / de formación profesional/ maestros.
    militantes del partido en el poder / no militantes.
    abducidos por la “moderna pedagogía” / opuestos o críticos con ella.
    personal de destino normal / personal en comisión de servicio.
    personal de a pie / voluntarios en los sucesivos “proyectos” (capillitas)…
    Y habrá más.

    • Córdoba
      23 junio 2010 a 13:00 #

      Podrías añadir:
      Catedrático / No catedráticos
      Bilingües / No bilingües
      Maestros adcritos / Licenciados
      etc, etc…

      Pero yo los resumiría a:
      Docentes / Teóricos de la educación (vamos, los que nuncan entran a un aula con alumnos)

      • 23 junio 2010 a 15:46 #

        Córdoba, discrepo en un punto. No soy catedrático, pero he de reconocer que no tengo nada en contra de lo que era su función. Habían aprobado una oposición más dura, sus plazas en el territorio MEC eran menos apetecibles, entraban al aula con sus alumnos lo que entra ahora un Jefe de “Departamento”, tenían un autoridad académica indiscutible (ante la Inspección, ante la Dirección) y, en la mayor parte de los casos (los otros qué le vamos a hacer, gente mala hay en todos los lados) resolvían unas tareas burocráticas y didácticas que ahora hemos de resolver mal y jodidos. Además, a mí me enseñó a organizarme en la profesión mi catedrático, que tenía muchos años de tiza, algo que ahora se está dejando en las manos de los pedabobos (en la Universidad) y en las de profesores voluntarios almas cándidas (en los Institutos) sin que eso signifique ni méritos ni complementos en el sueldo. La labor de acoso y derribo de los catedráticos es una de las bellaquerías de la LOGSE. No sé qué te habrán contado.

    • 23 junio 2010 a 15:29 #

      ¡Claro que sí hay más, Rinconete! Todavía podemos destacar varias dicotomías fundamentales en los tiempos que corren que se nos han quedado en el tintero. A saber:

      bilingües / no bilingües (crucial, ésta en concreto);

      lameculos / no participativos;

      güais / amargados;

      Etc, etc, etc…

      De cualquier manera la actitud reinante se podría resumir en un pequeño aforismo:

      “Fóllate a la negra consentida y azota al negro respondón”. Y así gobernarás cien años.

      Lo de las “juntas de evaluación” no tiene nombre, Nacho. El año pasado convocaron una junta extraordinaria para aprobar a un alumno captando los votos de los profesores mediante llamadas a sus teléfonos móviles. ¡Para troncharse!

      Un saludo.

      • Ania
        23 junio 2010 a 17:53 #

        Nacho, brillante como siempre.

        Es verdad Rinconete , estamos muy divididos. Yo me he sentido muchotiempo compañera de mis compañeros pero hace años que “me están poniendo en mi sitio” , y, a consecuencia de ello , yo hago lo propio y el “yo pierdo ,tú pierdes” se va imponiendo.

        Me temo Antonio que aquí en mi centro los negros consentidos y las negras respondonas serían azotados y follados por turnos sin miramientos ni distinción de sexos. La mala leche y la tontería campan a sus anchas.

        Pero es que los azotados y los consentidos son los que permiten que desgobierne el centro quien gobierna y , mirando una alrededor, hace un tiempo que no ve en torno de sí directibles capacitados ni humana ni académicamente para hacer otra cosa que camarillas . Alquien pensará que mi mirada está contaminada.

        Sois todos muy especiales y os deseo lo mejor.

      • 23 junio 2010 a 18:42 #

        Querida Ania:
        ya sabes que lo de negro o negra no es cuestión de sexo, sino de género. Un abrazo.

  4. Fancisco Javier
    23 junio 2010 a 16:03 #

    Hola Nacho,

    comparto tu cabreo y el de todos los aquí presentes. Llevas absoluta razón en todo lo que dices. Hoy mismo he tenido una CCP de esas que te dejan el ánimo por los suelos. Para el próximo curso, mucho más trabajo:

    – Interevaluaciones, a ver sí así se consigue remontar algo la catástrofe de los pésimos resultados académicos.
    – Mínimo de tres reuniones preceptivas con los padres de los diversos grupos (por la tarde).
    – Planes de lectura, de estudios, planes y más planes.

    Pero la cosa no acaba aquí.

    1) De acuerdo a una orden firmada por las más altas instancias, se acabó eso de venir en septiembre sólo a hacer exámenes, evaluaciones y reuniones preparativas. Desde el uno de septiembre habrá que fichar y cumplir la jornada completa (¿qué jornada?): momento ideal para coordinarse, preparar las programaciones, fregar el instituto y desarrollar nuevas estrategias de enseñanza-aprendizaje.
    2) El curso empezará más pronto: el 15, sea posible o imposible a efectos de organización de horarios, matriculación, etc.
    3) Debido a una petición de las Universidades de Bolonia, es seguro que las pruebas de septiembre pasen a ser realizadas en julio, de tal manera que así además de prolongar el trabajo hasta este mes, se podría empezar el curso mucho antes, pongamos que la primera semana de septiembre.

    El círculo se va cerrando en torno al mes de agosto,….., ya casi lo hemos logrado: ¿nos propondrán campamentos o talleres de verano con cursito psicopedagógico a ser posible? ¿Por qué no? ¿Y unos azotes? ¿No nos vendrían mal como penitencia por tantos años de gandulería?

    Pero lo peor no es esto, sino la conformidad, la mansedumbre, la indiferencia,…, no tengo palabras, con que estas medidas son recibidas por nuestros colegas. Y más si tenemos en cuenta la nómina que nos espera…. Tan sólo una protesta de un profesor que ya se jubila, declarando la enorme sandez de tales medidas; y un comentario genial sobre la necesidad de poner aire acondicionado en el centro, ¡con la crisis!, para que no muramos de sofoco en el duro verano de la Villa de Madrid – yo sugerí que nada de aire, que cuanto más suframos tanto mejor (miradas despectivas, incrédulas,…). Nuestros jefes consideran que se trata de medidas útiles y encomiables. Se acaba la CCP y seguimos con las reclamaciones. Y todos tan contentos.

    Y ahora yo me planteo un problema. ¿Para qué escribo? ¿Para quién? ¿Qué se puede hacer con esta gente? No lo sé. A ver si, por favor, alguien nos inocula una dosis de ilusión, algo de luz. ¡Paciencia!

    Un saludo.

    • agarimo
      25 junio 2010 a 10:11 #

      Estimado Francisco Javier:
      no te quejes de que vayas a tener que firmar desde el 1 de setiembre; afortunado eras si no tenías que hacerlo estos años atrás.
      En los siete cursos que llevo en mi último destino, es sagrada la firma desde el día 1; aunque bueno, tampoco te controlan el tiempo que estás en el centro. Y ahora en junio la firma, también es sagrada hasta el día 30, día del claustro fin de curso, ¡¡y eso que el día 29 es San Pedro, fiesta local!!. No podemos coger vacaciones el 28 porque el treinta hay el claustro de rigor.
      No te digo todo esto por lo de “Mal de muchos consuelo de tontos”. Está claro que las condiciones van a peor. Recuerdo hace 14 años, haber terminado en el centro el 24 de junio y no volver. Pero eran otros tiempos…
      Y sí, Bolonia nos obligará a trabajar en julio

  5. 23 junio 2010 a 18:08 #

    ¡Joder, Francisco! Llevamos barruntando todo esto unos meses pero a nuestro politburó no se le ha ocurrido decírnoslo así de claro. ¡Es alucinante!

  6. 23 junio 2010 a 19:28 #

    Totalmente de acuerdo con nacho, como siempre.

    Pero creo que buena parte de la culpa de nuestra sumisión viene de la continua decepción sindical.

    Cuando la cosa está calentita… ellos convocan una huelga a uno, dos, o tres meses vista, de un puñetero día, para apuntarse el tanto sin hacer ninguna mella en la administración.

    Cuando está fría… se dan el lujo de criticar al profesorado. Informar y calentar no va con ellos. El 90% de su presupuesto va destinado a ganar las elecciones y mantener sus h… en remojo.

    Los hipersubvencionados se camean con el poder. Los otros viven de nuestra desesperación.

    Y lo peor es verlos pactar, como en Andalucía, para NO HACER HUELGA ANTE LA GRAN AMENAZA QUE NOS LLEGABA.

    Pues ya tenemos ROC, la mejor camisa de fuerza que se haya inventado para el profesorado. Ya circula por internet este extracto de las instrucciones del cupo:

    “2. OTROS CONCEPTOS CONTEMPLADOS EN EL CUPO: REDUCCIONES: Se aplicará lo dispuesto en la nueva legislación que desarrolle el nuevo Reglamento de Organización de los Centros, pendiente de publicación. Referente a:
    2.1. DEPARTAMENTOS, ÁREAS DE COMPETENCIAS Y ÓRGANOS DE COORDINACIÓN DOCENTES.
    2.2. EQUIPOS DIRECTIVOS.
    2.3. COORDINADORES DE PLANES Y PROGRAMAS.”

    Un poco más mediocres, sí, con menos dignidad académica aún, y de orgullo mejor ni hablemos. Ya no tendrán ni departamentos de mierda. Ahora sí que vamos a temblar. La humillación alcanzará cotas inimaginables.

    ¿Qué pudo hacer el profesorado contra ello?
    NADA, PORQUE NADIE LE CONVOCÓ UNA HUELGA AUNQUE LA RECLAMABAN A GRITOS.
    Pero seguramente estaban tan ocupados que negarán haberlos escuchado.

  7. Xoia
    23 junio 2010 a 19:52 #

    Las juntas de evaluación se están transformando en meras reuniones en las que se cubren cientos de informes y papeles vacuos, eso sí, intentando de paso que el profesor que ha tenido la osadía de suspender en su asignatura a un alumno que ha aprobado todas las demás, levante la mano y también lo apruebe. Algunos ni siquiera esperan a que los animen a ello, lo hacen directamente en cuanto ven que son los únicos que han suspendido a un alumno. También se han transformado en reuniones en las que regalamos a alumnos que no se merecen ni un solo minuto de nuestro tiempo la posibilidad de sacar la ESO por los atajos más inimaginables.

    Y los claustros se han convertido en reuniones que se hacen por obligación, sin interés y con la intención de que sean lo más breves posibles para podernos ir pronto del centro. Por tanto, nadie dice nada, y si se te ocurre pedir aclaraciones sobre algún tema, hasta pueden mirarte mal porque consigues que se hable, que se cuestionen la corrección política imperante y, sobre todo, qué grandísimo error, que se salga 5 minutos más tarde de lo previsto.

    Con estos mimbres, con un profesorado que cada vez va más “a lo suyo” y que está totalmente abducido por la pedagogía de pantomima oficial, es muy difícil hacer un buen cesto. A veces me da asco ser profesora y me digo a mí misma que tenemos exactamente lo que nos merecemos.

  8. Ania
    23 junio 2010 a 21:10 #

    Estimado Antonio:

    No he dejado de identificar sexo con género en el contexto que nos ocupa. Yo también te quiero.

  9. Rafael
    23 junio 2010 a 21:45 #

    Parece que esto se está convirtiendo en una merienda de negros respondones, pues mi experiencia evaluativa en el día de hoy es casi calcada a la que vosotros referís: directora leyendo en voz alta los suspensos de cada asignatura para dejar en evidencia que, osadía mayúscula, un profesor ha suspendido a 13 de 19 alumnos. “Claro, -decía- luego no os extrañéis de que desde arriba no acepten que tengamos un primero de bachillerato con ‘sólo’ 19 alumnos.” Contestación mía: “Prefiero uno de 30 con alumnos que se esfuercen y muestren respeto a 19 energúmenos como éstos”. Interviene la profesora de griego, que -de los 19- sólo da clase a 3 (incluyendo la mejor alumna del grupo): “Pero si en el fondo no son tan malos…” Y así una sarta de sandeces refrendadas por los caifases y anases del Sanedrín Evaluativo dirigidas no a denostar la mala disposición de esos 13 alumnos hacia la asignatura (que habían decidido dejar desde octubre) sino a castigar la prepotencia de un profesor (¿compañero?) que pretende mostrar a los alumnos que aquí no se regala nada; que están ahí porque voluntariamente lo han elegido; que deben esforzarse y trabajar diariamente (y no sólo los últimos días para hacer el paripé); que no se les puede llevar de la manita y entre algodones hasta las puertas de la universidad; que no se deja amedrentar por las protestas de los niños, sus padres, la directiva, la administración y hasta la limpiadora; que no tiene por qué justificar su trabajo ante los que son sus iguales, y nunca sus superiores; que ya había advertido desde el primer trimestre del desastre que se avecinaba, etc.
    En fin, que he salido sintiéndome en un tribunal de guerra y condenado al ostracismo por mal profesor. Por no decir que, antes de todo ello, la directora preguntó a otra compañera que si el 4 de una alumna lo era realmente, o un cuatro y pico, porque “en ese caso, qué más le daba aprobarla”. Por supuesto, nadie más ha abierto la boca a no ser para atacar al disidente “suspensor”, no fueran a caer en desgracia ante el resto de la manada.
    Un gran saludo.
    PD: Estaría bien tratar algún día la figura del “profe enrollado”, “amigo de los niños” o “leticiasabateriano”, porque de ello también hay mucho que decir.

    • Ania
      25 junio 2010 a 17:51 #

      Es una plaga en auge de profes y profesas leticiasabaterianos, amigo de los niños y “enrollados” como también la creciente actitud bien vista y bien utilizada por el alumnado, direcciones y Apas, de tutores que ,como Belen Esteban por su hija, “matan” profesionalmente a cualquier compañero que no se avenga a los caprichos de sus tutorados y colaboran con entusiasmo en presionar al profesorado para conseguir el mayor nº de aprobados .

      No se te ocurra pedir a dichos tutores colaboración para exigirle rersponsabilidad a sus tutorados , ni académica ni disciplinariamente que ellas (féminas generalmente) cada vez identifican más su trabajo con mimar a sus niños y conseguir que aprueben : no importa cómo: así les educan y veo que prolifera esa demencial práctica de la tutoría.

      También es habitual en las reuniones de evaluación no hacer ni puñetero caso a lo que dice el profesor o profesora de ciertas materias que no sean matemáticas, ciencias, lenguas autóctonas , inglés , y poco más. ¡¡¡¡¡¡Qué estroy diciendo: si sólo suelen ser escuchadas las de matemáticas y ciencias!!!!

      Los demás solemos ser más o menos convidados de piedra por lo que no me extraña la indignación de Nacho. Yo no creo justo la cosificación de materias- y los profesores que las imparten, para qué nos vamos a engañar-, como “marías” ; y , mucho menos, cuando los que las impartimos en las lenguas autóctonas contribuímos al dominio y puesta en práctica de dichas lenguas en mayor medida que los profesores especialistas de las mismas, los cuales, para colmo, detentan los puestos cercanos a dirección, coordinaciones, normalizaciones, tutorías y demás cargos mediante los que se arogan los méritos de todos y practican todo tipo de injerencias en las clases de los demás: si alguien suspende o aprieta las tuercas sólo pueden ser ellos.

  10. Atticus
    23 junio 2010 a 22:00 #

    Esta mañana hemos tenido CCP, extraordinaria, para explicarnos los resultados de la evaluación de diagnóstico. Mi especialidad era la que mejor quedaba, pese a lo cual he vuelto a pedir la desobediencia civil (cara de espanto de mis compañeros). Como no he tenido eco, he propuesto pasar mucho del asunto, hacerlo rutinariamente y, como es lógico, tirar a la papelera el informe que no tiene más utilidad que la de envolver los bocadillos. ¿De modo que los expertos nos dicen que no desarrollamos bien las competencias básicas? Y a algunos esto les preocupa. Que no, que no, eso es como si un “experto” en carpintería le dice a un carpintero que, en adelante, ha de diseñar previamente una programación para mejorar sus competencias básicas en carpintería. El carpintero, sabio él, le diría algo así: “Pero ¿tú eres así de gilipollas o solo te lo haces?”. De otro modo: el supuesto experto les dice a los expertos de verdad que no están haciendo las cosas bien, que hay que programar en competencias básicas (¿y por qué no en habilidades epistemológicas?) . Esa cosa etérea y quimérica que nadie sabe muy bien lo que es, pero que todos fingen saber.

    Una de las claves de los errores en la educación es este: no se escucha, no se nos escucha. No nos escuchan buena parte de los alumnos. No nos escucha nuestro propio equipo directivo, muy preocupado en menesteres que no son los docentes. No suelen escucharnos los orientadores, que no entienden cómo somos tan zoquetes y tan impermeables a sus recetas infalibles. No nos escuchan los inspectores, empeñados en que los papeles estén, en que parezca que no hay problemas. No nos escuchan nuestros sindicatos, autorreferenciales, ajenos a lo que ocurre. No nos escuchan nuestros coordinadores de la PAU, que no han visto un instituto más que de lejos. No nos escucha la sociedad, muy preocupada por lo que hará con sus retoños cuando no están en clase, pero muy poco implicada en su educación.

    Es todo mucho más sencillo: yo confío en la maestra que educa a mi hijo. No necesito que haga programaciones, ni memorias, ni PTIs ni pruebas de diagnóstico. Me basta su profesionalidad y saber hacer. Confío en ella y no quiero que pierda el tiempo con tontería ni con enseñanza defensiva; esto es, tener los papeles “por si acaso”.

    Yo también dije en una evaluación, a principio de curso, que lo que estábamos haciendo tenía un nombre: prevaricación. “No te pongas así”, me dijo uno. Otros preguntaron qué era esa palabra. Literal.

  11. Ana Belén
    25 junio 2010 a 18:44 #

    Hola!

    El artículo de Nacho describe perfectamente la realidad de las juntas de evaluación en este momento, pues a mí me ha parecido que hablaba de las juntas que yo he vivido este año. Tenemos que luchar, todos estamos viviendo lo mismo! Movámonos!

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