Signifique quien pueda. El imposible equilibrio de las adaptaciones curriculares

Francisco Javier González-Velandia Gómez

En la teoría pedagogista que fundamenta la LOGSE-LOE, el concepto de “adaptación curricular” trata de armonizar los dos principios básicos de “comprehensividad” y “diversidad”. El modo de resolver la difícil ecuación es a través del diseño de lo que en la jerga pedagogista se denominan “adaptaciones curriculares”. Trátase en éstas de establecer programaciones que respondan a la enorme diversidad del alumnado -de acuerdo al principio “a cada cual, según sus posibilidades”- , sin que ello signifique en principio  una ruptura de los objetivos mínimos o las competencias básicas. Es así como se determinan dos tipos:

  • Adaptaciones no-significativas: en la que los contenidos no varían sustancialmente, siendo tan sólo las metodologías, las estrategias de enseñanza-aprendizaje y los criterios de evaluación los que sí lo hacen.
  • Adaptaciones significativas: en las que además de modificar la metodología didáctica, los contenidos son alterados esencialmente (significativamente), o bien son eliminados, con la finalidad de hacerlos accesibles a determinados alumnos con deficiencias curriculares severas y/o necesidades educativas especiales.

Además de esta distinción, y dependiendo de si las programaciones especiales se dirigen a alumnos en concreto o a grupos, se habla de adaptaciones curriculares individuales (A.C.I)  (significativas y no-significativas) y adaptaciones curriculares de aula (A.C.A) (significativas y no-significativas). Entre las adaptaciones curriculares de grupo no-significativas destaca lo que todos conocemos por “diversificación curricular”. El objetivo fundamental de las adaptaciones no es otro que el facilitar la promoción de alumnos, que dadas sus características (sociofamiliares, económicas, cognitivas, psíquicas, etc.), tendrían escasas o nulas posibilidades de alcanzar los mínimos objetivos que marca la ley en grupos llamémoslos “normalizados”. Y pese a los problemas a los que nos referiremos a continuación, hay que afirmar que es en virtud de ellas, que los resultados académicos han experimentado una mejora significativa. De no ser por ellas, los altos índices de fracaso escolar serían obviamente aún más elevados. No obstante, el asunto de las adaptaciones es uno de los que mayores resistencias y confusiones han generado entre los docentes, creando una tensión entre la Administración, representada por los departamentos de orientación y los equipos directivos -los máximos encargados de velar por el cumplimiento de la legalidad en los centros- y el profesorado. Desde el punto de vista de los tecnócratas psicopedagógicos estas resistencias denotan una mala comprensión por parte de un profesorado renuente a los nuevos tiempos, cuando no una mera vagancia ante el sobreesfuerzo que se deriva del cumplimiento del diseño y seguimiento en el aula de las adaptaciones. Cabe empero otra lectura del porqué de esta tozudez del profesorado. Tres son a mi juicio los problemas fundamentales que dan razón del escepticismo de gran parte de los docentes ante las adaptaciones:

  1. La dificultad o imposibilidad de su realización en el contexto real del aula: imposibilidad metodológica. En aulas por lo general con ratios elevadas, y con unas carencias (conceptuales, procedimentales y actitudinales) que afectan con frecuencia no sólo a los supuestamente diagnosticados como alumnos de compensatoria o ACI, sino a una amplia mayoría, el docente se ve desbordado por un cúmulo de dificultades, que exceden lo humanamente posible. Sencillamente no es posible establecer simultáneamente programaciones en x niveles de diversidad. Avanzar de forma racional y mantener el orden en clase es lo máximo que se le puede pedir a un docente en el día a día de nuestras aulas. La realidad se impone, por lo que la teoría acaba derivando en una burocracia gravosa y puramente nominal, que lo único que sirve es para encubrir el déficit y la inconsistencia estructurales.
  2. Inconsistencia legal. La Ley no es lo suficientemente explícita en la regulación de la promoción de alumnos con A.C.I significativas, lo que ha sido y sigue siendo motivo de numerosos equívocos. ¿Dónde está el límite entre lo significativo y lo no-significativo? Con la LOGSE una práctica habitual fue la de consignar las calificaciones de las A.C.I. no-significativas con un asterisco. Estas calificaciones reflejaban los logros del alumno de acuerdo a su programación individual, no siendo equiparables a las calificaciones normales. Es decir, que estos alumnos no tenían posibilidad alguna de acceder a los estudios de F.P., ni de Bachillerato. Esta práctica no rige en la actualidad, por lo que ha sido sustituida por el doble boletín. Tanto en un caso como en otro, la dificultad estriba en la incomprensión natural del alumnado y las familias ante la tesitura del cierre sistemático a toda posibilidad de alcanzar la titulación. La posibilidad de permitir a estos alumnos el presentarse a unas pruebas de suficiencia de acuerdo a los objetivos mínimos de la ESO no deja de ser absurda, dado que su programación es inconmensurable. ¿Cómo va a ser evaluado de unos contenidos que no ha recibido?
  3. Incoherencia epistemológica (semántica). Para decirlo con claridad, la adaptación curricular no-significativa no existe como tal; toda adaptación curricular es significativa. Esto es algo que todo docente sabe (incluso los psicopedagogos lo saben) y es el motivo principal de escepticismo de muchos de ellos. No llamar a las cosas por su nombre es encubrir la verdad. Bajo el pomposo título de “adaptación curricular” se esconde algo muy poco original y que todos los maestros saben desde que empezaron a educar a la humanidad. Cualquier maestro que enseñe algo es capaz de ser consciente del nivel de aprendizaje en que se encuentra su alumno, por lo que a medida que avance irá adaptando su enseñanza al alumno en cuestión. Si su nivel es muy bajo, retrocederá a los fundamentos básicos, para posteriormente ir graduando nuevas dificultades y conocimientos de orden superior; si el nivel es muy alto, subirá el listón de exigencia, proporcionando al alumno conocimientos de mayor complejidad, que estimulen sus capacidades innatas, o llegado el caso, le recomendará estudiar con otro maestro, ya que ha asimilado todo lo que le podía dar. En cualquier caso, el maestro en cuestión es perfectamente consciente de la gradación significativa de unos conocimientos y otros, algo que no queda claro en la negación que determina el concepto de no-significativo, tal como lo sobreentienden nuestros especialistas de la pedagogía constructivista.

¿Qué concepto de “significado” es el que implícitamente posibilita la adaptación no-significativa? Si entendemos el concepto de “significado” como el contenido o idea objetiva que se expresa por medio de la comunicación, la noción de no-significatividad resulta del todo incoherente. Se olvida de este modo una distinción semántica básica: el sentido (el concepto, el contenido eidético) y la referencia. Una “misma” referencia -ya sea un objeto real o ideal, un estado de cosas o una teoría- puede ser identificada en una multitud gradual de significaciones que van desde lo más simple hasta los niveles de máxima complejidad. Aquello a lo que se refieren puede  ser lo mismo pero el significado varía. Dicho de forma simple: existen grados de comprensión significativa diferentes para un mismo fenómeno, lo cual no deja de ser una obviedad. Es posible adquirir un conocimiento básico de los principios del análisis matemático (concepto de función, límite, cálculo diferencial e integral), pero cosa muy distinta es saber de verdad sobre esta región de la matemática; se trata de lo mismo, pero no es lo mismo (conceptualmente). Incluso, sin querer entrar en un debate que excede mis pretensiones mucho más modestas, no está ni tan siquiera claro que el referente conceptual sea el mismo, cuando un aficionado a la física cuántica mienta tales teorías y lo hace un científico especializado en este campo. Sólo desde una visión enemiga de la objetividad del conocimiento es explicable tal confusión. Desde el momento en que uno se adhiere a principios tan estrambóticos como el de que lo que importa no es lo que se enseña, sino el cómo se hace, hemos entrado en el terreno de las arbitrariedades, del todo vale, de la negación de la verdad. Signifique quien pueda.

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Categorías: Diagnósticos, Panlogsianismo

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14 comentarios en “Signifique quien pueda. El imposible equilibrio de las adaptaciones curriculares”

  1. Tiza Presa
    22 junio 2010 a 7:49 #

    En mi instituto hemos decidido poner unas “PRUEBAS DE DIAGNÓSTICO INTERNAS”, computables en la evaluación de los alumnos, y decisivas a la hora de “acordar” la promoción. En el próximo Consejo Escolar esperamos que se aprueben.

    Sé que suena fatal, pero es el único recurso que hemos encontrado para que los alumnos de apoyo no promocionen alegremente sin saber ni escribir su nombre.

  2. 22 junio 2010 a 15:28 #

    Un análisis muy lúcido, Javier. Descendiendo de las formulaciones teóricas y sus contradicciones al ramplón mundo de las realizaciones prácticas y sus miserias (que, en realidad, es lo que les interesa a quienes cortan el bacalao), tú, Tiza, sus compañeros de instituto, yo y el mundo mundial somos conocedores de la siguiente ecuación: adaptación curricular = coladero universal. Y punto pelota. En su afán por conseguir que aprobase todo bicho viviente, el sistema se sacó de la manga este instrumento para esos alumnos a los que sería muy fuerte aprobar por los procedimientos ordinarios. Podría llenar cien páginas con ejemplos concretos de cómo funciona esta comedia, y no exagero, como podríais llenarlas tú o cualquier profesor (el comentario de Tiza es harto significativo). Una anécdota: hace unos años, estaba un día en casa hablando con mi hijo (que entonces hacía 3º de eso) y le comenté que ese curso iba a dar clase en diversificación; automáticamente me dijo: “Esos son los que se sacan la ESO sin dar un palo al agua, ¿no?” Pues eso, que lo ven hasta los críos, como lo del traje nuevo del emperador.

    • Fancisco Javier
      22 junio 2010 a 17:14 #

      Gracias Pablo,

      en realidad con mi pequeña disgresión semántica no quería decir otra cosa que lo mismo que tú expresas con rotunda sencillez y mayor aún tu hijo.

      ¡Esto se acaba! (Me refiero el curso).

      Un saludo.

  3. Ania
    22 junio 2010 a 18:34 #

    Qué bueno lo del título: “signifique quien pueda”: ¡Cómo lo sabes!.Hay grupos enteros de alumnos a los que ,si para explicarle algo, tienes que empezar partiendo de conocimientos previos pretendiendo construir sobre alguna base algo que “signifique” , por mucho que “escarbes” no encontrarás cimiento alguno sobre el que significar nada. Vamos que a las criaturas , con 15 añazos o más, no les suena nada de nada de lo que han estado estudiando desde que empezaron primaria:¡¡¡ vírgenes criaturitas con las que empezar poco menos que a hacer palotes!!!

    Nadie puede cuando te encuentras con muebles y/o objetores desinteresados crónicos Que “signifique” su puta madre: ¡¡¡Santo Dios : qué aburrimiento!!!

    • Francisco Javier
      22 junio 2010 a 19:25 #

      Como curiosidad, el título es una cita de una “obra teatral” de Samuel Beckett, uno de los escritores que más admiro: “Qué dónde” (1983). También existe una versión cinematográfica extraordinaria, que pude ver una vez en la filmoteca de madrid y que no hay modo de encontrar. En castellano se encuentra en “Pavesas”, edit. por Tusquets. Alguna de las obras, por su brevedad, tal vez podrían hacerse con alumnos interesados por el teatro….

    • 22 junio 2010 a 22:04 #

      Ania, he trabajado tres años en compensatoria tipo C y uno en diversificación y además me he encontrado con un buen número de alumnos difíciles y/o con enormes retrasos escolarizados en grupos de todo tipo. Una ventaja que tienen esos chicos es que tienen tanto que aprender que siempre podrás enseñarles algo. Yo siempre les he presentado programas con contenidos de lengua (fueran del nivel que fueran, aunque se tratase simplemente de leer en clase en voz alta y escibir una redacción) y les he EXIGIDO su cumplimiento, con resultados desiguales en lo académico, pero en general (salvo con media docena de energúmenos intratables de esos que van a la escuela a pisotear), he obtenido muy buenos resultados en dos cosas que valoro mucho y que no necesitan que los chicos te traigan un trabajo hecho o una lección estudiada: el comportamiento y la actitud frente al estudio.
      Estarás de acuerdo conmigo en que la mayoría o la totalidad de estos chicos acuden a los centros con la autoestima por los suelos y en que, en general, su desprecio por el estudio es un capítulo de esa baja autoestima. En consecuencia, coger a esos chicos y decirles que no son unos inútiles desahuciados y que se espera de ellos y se les va a exigir que traigan sus materiales, que compren y traigan los libros como todo el mundo, que hagan deberes y estudien y que se ganen el aprobado con lo que puedan demostrar es darles una buena ración de autoestima. A lo que están acostumbrados es a que se les meta entre algodones, a que se les compadezca, a que se les perdone todo (la grosería, la vagancia, la ignorancia…) porque son unos pobrecitos a los que, ¡oh, tragedia!, la vida y el sistema han segregado (cuánto le gusta a la secta esto de la segregación, cómo lo ha explotado en su beneficio y en perjuicio de los chicos a los, que fingiendo proteger, mantiene permanentemente en el nido de cuco de la atención a la diversidad); pues mira, no: yo he probado, y con mucho éxito, el coger desde el primer día a estos muchachos y darles un zarandeo: nada de compasión, nada de autoflagelación: a currar y a comportarse, como todo el mundo. Y con esto, de un plumazo y en la primera semana, les he dado una buena dosis de autoestima: han empezado a creerse ellos mismos que eran como los demás y valían lo mismo y automáticamente, ¡oh, sorpresa!, esos niños que jamás leían o nunca traían un cuaderno, venían como tenían que venir y hacían lo que tenían que hacer, a riesgo de que su profesor, les pusiese las pilas como a cualquier otro si no lo hacían, por mucho que fueran de malotes o de vagos sin remedio. Y acababan haciedno bastante o, al menos, sintiéndose culpables si no hacían nada, porque, en general, oscuramente entendían que tratarlos así era valorarles y contribuir era reivindicarse. Salvo los contados casos de chicos con déficit intelectual probado, nuestros alumnos no son tontos, y estén donde estén entienden estas cosas. Y lo que te cuento de los libros y los cuadernos, vale también para el comportamiento: a mí jamás me ha ganado nadie un pulso; a mí no ha habido chulo individual ni colectivo que me haya reventado una clase; a mí en mi clase no se me desobedece jamás: todos los que han intentado esas cosas han perdido siempre, y lo que se han puesto muy brutos han perdido por goleada. Con solo hacer eso, a estos chicos les he dado una lección importante: que la convivencia exige un orden y ese orden hay que respetarlo y te diré además que, cuando me he puesto duro con un líder negativo, al final los chicos se han puesto de mi lado: a los indeseables no los quieren, solo los temen. Ahora, te confieso una cosa: algunos de estos episodios me han costado peleas titánicas con los alumnos indeseables o con directivos u orientadores iluminados, sus sorprendentes valedores. Pero ha valido la pena por una cosa: mis alumnos siempre han aprendido algo, ya fuera lengua, o a valorarse a sí mismos, o a valorar el instituto y las asignaturas, o a seguirlas de manera adecuada aunque fueran a aprender muy poco, o a entender que en el fondo lo que se aprende vale para algo les interese a ellos o no, o a respetar a los demás o a guardar compostura cuando conviene. Perdona esta epístola, que es solo para decirte que sí se puede hacer algo hasta con los que vienen vírgenes. El gran error es precisamente lo que se ha generalizado: coger a esos chavales y decirles que, con solo pasar el año a su libre albedrío, dándoselo todo en bandeja y sin aprender nada van a aprobar; así, naturalmente, no se les educa, sino que se les embrutece, y así no es extraño que con los alumnos diversificados cunda tanto la sensación de frustración. Una vez más, es este sistema el que ofrece métodos equivocados o induce a ellos.

      • Xoia
        23 junio 2010 a 19:03 #

        Pablo, enhorabuena si de verdad has conseguido que “nadie te haya ganado jamás un pulso”. Te aseguro que otros y otras lo que conseguimos, y con mucho esfuerzo, es sobrevivir dignamente y conseguir “que no nos peguen”. Lo de que no nos peguen lo digo un poco de broma, pero es que a veces, una se plantea las cosas, piensa y empieza a temblar cuando lee las cosas que se leen en la prensa sobre profesores víctimas de algunos alumnos cafres o de sus padres.

        A mí me encantaría poder dar clases sin tener que estar continuamente en tensión. Sería estupendo no tener que interrumpir un día una clase y transformarla en una clase de castigo-copia-del-libro porque el nivel de “charla” entre los alumnos se ha vuelto intolerable. Sería estupendo saber que cuando suspendo a un alumno al final de curso pese a haber aprobado los dos primeros trimestres no voy a tener que “temer” la correspondiente reclamación. Sería increible poder dar un solo día la clase de 1º de la ESO que tengo a última hora sin tener que cabrearme, dar cuatro voces y ponerme en plan sargento porque si no, no me hacen ni caso. Sería maravilloso que cada vez que se expulsa a un alumno de clase se asumiese sin reparos que el culpable es el alumno. Sería un gran progreso conseguir no culpabilizar al profesor que expulsa alumnos de clase pensando, a veces “en viva voz”, que eso ocurre porque el profesor no sabe imponer su autoridad y por eso tiene que expulsar al alumno. Sería realmente fantástico si quedase ya bien claro en las leyes y en la sociedad que la misión del profesor no es “imponer su autoridad”, ni demostrar que es más fuerte que el chulito de la clase, que nuestra misión es simplemente enseñar.

        Y sin querer caer en los típicos tópicos, sería bonito que a las profesoras delgaditas o jóvenes, a los interinos de media jornada, a los profesores de asignaturas “marías”, o los que están en expectativa o son los últimos miembros de sus departamentos y, por lo tanto, cargan muchas veces con los peores cursos y horarios, los alumnos y los padres los respetasen exactamente igual que a los profesores varones machimanes inmensos, a los cargos directivos, a los profesores con gran antigüedad… Como todo eso no es así, algunas nos conformamos con sobrevivir y mantener la situación dentro de unos límites que, si bien se pueden considerar “tolerables”, no son, ni por asomo, los deseables.

        En fin, que ya que eres de esos que consiguen imponerse totalmente, las que, como yo, vamos tirando, te agradeceremos cualquier truco o sugerencia. Y no lo digo con mala intención ni con sorna. Una se cansa de oír eso de “a mí ni se me mueven” y empieza a dudar que sea así en todos los casos, pero en tu caso no tengo por qué dudar, no creo que un deseducativo de este blog se eche esas flores gratuitas. Lo digo en serio, se admiten ideas para conseguir mejor ambiente en las clases. Que las personas que, como tú, lo consiguen, nos ayuden a los que luchamos un día tras otro por intentar conseguirlo, nos vendrá bien.

  4. Ania
    23 junio 2010 a 18:48 #

    Estimado Pablo,

    Cuando exclamaba sobre “el aburrimiento” de trabajar significativamente sobre alumnos con base muy pobre o dificultades especiales de aprendizaje lo hacía sobre una hipotética situación de rendición y aburrimiento ante las circunstancias que no se ha dado en mi realidad pues sigo haciéndome mis programas, tratándolos como a personas dignas y haciéndoles cumplir sus compromisos .

    También yo me he peleado y seguiré haciéndolo con orientadoras, directivas y, lo que es peor : cotutoras ajilipolladoras logsianas profesionales amantes de aniñarlos y aprobarlos sin merecerlo, y, aunque no siempre salga vencedora, puedo asegurarte que sigo en la brecha, sin “aburrirme” . Mis sentimientos negativos reales van por otros derroteros.

    Yo siempre me he propuesto seguir aprendiendo y enseñando, siendo lo más fiel a mis principios y en ello estoy, menos feliz y más cabreada que lo que esperaba, eso sí.

  5. Ania
    23 junio 2010 a 19:22 #

    Veo Pablo que Xoia te ha hecho unos apuntes , observaciones y preguntas al post que me diriges y que a mí también se me han pasado por la cabeza.

    También a mí me cansa aquello de “a mí no se me mueven” y no despreciaría alguna sugerencia tuya al respecto.

    “No te acostarás sin saber una cosa más” , decía mi abuela.

  6. 23 junio 2010 a 22:38 #

    Queridas Ania y Xoia, compañeras del metal:
    Si os habéis asomado por las últimas entradas de Deseducativos (incluida esta), os habréis percatado de que cunde un cierto pesimismo y cansancio, típicos y propios del final de curso, al que ya llegamos siempre muy baqueteados y al que inevitablemente se añade el mercado persa de las juntas de evaluación, en el que no es raro tener que tragarse algún sapo o que contemplar más de un disparate. De mí sé deciros que, hará un mes, cuando acabó 2º de Bachillerato, me metieron un buen gol, porque, tras una protesta ante inspección, la administración aprobó a un alumno mío al que yo había suspendido (a lo largo del curso, de 22 exámenes, había suspendido 18). Me pillé un buen rebote por la injusticia y por el agravio infligido a los alumnos que se habían currado muy bien currado todo un curso para aprobar o a los que no habían hecho trampas y habían aceptado sus suspensos, de modo que consulté casuística en internet, acudí a mi sindicato y pregunté a dos abogados (uno de ellos, es además profesor), para ver sitenía alguna vía de recurso, con el siguiente resultado: todas las fuentes señalaban de forma inequívoca hacia el acatamiento y el cállese usted. Con esto quiero deciros dos cosas que las cosas están como están y que no, no soy Superman: también pierdo batallas. Y esta, bien que me duele, porque creo que se ha cometido un gran error y una gran injusticia.
    En la respuesta que el otro día le di a Ania, yo sabía que estaba corriendo el riesgo de ser o parecer prepotente, uno de esos listillos que ambas criticáis y aborrecéis que van por ahí con el “a mí no se me mueven”. Yo los detesto igual que vosotras, pero cuando dije que a mí nadie me ha gando ningún pulso quería más bien señalar hacia el hecho de que considero un deber del profesor imponer su ley (que ha de ser la de la razón, el respeto y el estudio), porque donde el profesor no manda, todos sabemos lo que pasa, y que eso debe hacerlo cueste lo que cueste y exponiéndose a las broncas que sea. A mí me han llamado hijo de puta, me han apedreado, me han dicho “chúpamela”, se me han insolentado, me han amenazado, se me han revuelto, me han hecho objeto de quejas ante directivos receptivos… Me han hecho mil perrerías. Yo sólo tengo una fórmula: plantar cara, lo que hoy en día representa a menudo estar en la cuerda floja, porque resulta que no es extraño que los autores de ese tipo conductas resulten estar bajo la protección de esa fauna que los tres detestamos, esos “profesionales” que no tienen escrúpulos en cargarse la convivencia de un instituto solo por demostrar lo bien que ellos protegen a los pobrecitos marginados. Quizás lo que pasó es que yo no te entendí muy bien, Ania. Cuando hablabas de palotes y usabas expresiones como su puta madre o aburrimiento, creí percibir que te parecía estéril lo de los palotes, y quise simplemente decirte, que, casi por regla general y por mucho que te dejes la piel, esos chicos salen tan ignorantes como entraron, porque tú nada les vas a enseñar si ellos no quieren aprender, pero que existen otras cosas (lo que te decía de hacerles ver la importancia de venir al centro en condiciones, lo de la autoestima, lo del comportamiento y el respeto…) que si tú juegas fuerte, las van a aprender lo quieran o no, así que no hay razón para el desaliento: siempre podrás enseñar cosas muy importantes. En el paquete de ese mensaje iba lo otro, lo de mantener el orden, como un elemento coherente, porque, para que les eneseñes algo, tienes que jugar fuerte, repito, y eso cuesta, eso representa guerras, críticas y navajazos, pero hay que saber asumirlo, de lo contrario, es decir, si eres acomodaticio y eres uno más de los que practican la cartilla oficial, la de coger a los niños difíciles y darles mimitos, sonreírles cuando se caguen en tu puta madre, dejarles hacer cuando revienten una clase y ponerles al final un notable, porque, claro, en su situación, en una palabra si eres de los que no se plantan como profesores y juegan blandito, en efecto, tendrás muchas razones para el desaliento o para el mejor no pararte a pensar, porque no habrás hecho nada, no habrás enseñado nada, tu labor, en eefecto, habrá sido estéril. Como ves, pues, no hay misterio ni cosa nueva que aprender: era una llamada de atención sobre lo mucho que podemos enseñarle a un chico difícil aunque no vaya a hacer bien un solo palote, era una puntualización contra el desaliento. Un saludo para las dos.

    • Francisco Javier
      24 junio 2010 a 8:30 #

      Estimado Pablo,

      unas palabras respecto a la supervivencia: lo que he observado es que ir de enrrollado y tratar de jugar blandito es una táctica suicida, que lo único que sirve es para que los alumnos acaben imponiendo su tiranía y que las clases se conviertan en una verdadera tortura. Lo otro tampoco garantiza que tus asultos no te vayan a insultar, que se sigan produciendo todo tipo de comportamientos indeseables, etc., pero es el único modo de sobrevivir. Es lamentable que sea así, pero es así y todos lo sabemos (menos Punset). Me alegra escuchar tu aclaración sobre esos profesores prepotente y listillos que yo , al igual que Xoia y Ania, también aborrezco: ¡hay que tener poca sensibilidad para cuando ves a un compañero quemado, que lo está pasando fatal, no tener otra ocurrencia que fardar de lo mucho que uno controla o lo mucho que le adoran sus alumnos! Una pregunta, Pablo, ¿cuál es tu sindicato? (A veces pienso que tal como están las cosas tener un asesoramiento legal, una ayuda no estaría mal…..)

      Un abrazo.

    • Francisco Javier
      24 junio 2010 a 8:34 #

      Se me olvidaba decirte,

      ¿podríamos organizar un encuentro para celebrar el fin de curso? Unas cañitas, vamos.

      Nos vemos.

    • Xoia
      25 junio 2010 a 13:00 #

      Pablo, ahora he entendido mejor tu comentario anterior. Ya me parecía a mí raro que fueras de esos que dicen “A mí ni se me mueven”, porque eso no se lo cree nadie. Ahora se mueven con todos, con unos más y con otros menos, según la asignatura, la hora, el grupo concreto y, es cierto, el profesor. Pero se mueven con todos. De eso estoy segurísima. Gracias por la aclaración, ahora entiendo mejor lo que quieres decir.

      Si a lo que te refieres es a luchar todo lo posible para imponer orden, para que se guarde un respeto… Ahí estamos todos. Y si te refieres a no ceder ni un ápice en nivel de exigencia, ahí estamos todos también. Pero aun así, nos meten goles. Otra cosas muy distinta es que dejemos libre la portería para que nos metan los que quieran. A mí me meterán goles, como a todos, pero no será con mi consentimiento, estaré al pie del cañón, sin abandonar ni un instante la portería, procurando que me metan el menor número posible… Y poco más, pues la batalla está perdida de antemando, pero al menos, que no nos ganen por goleada aplastante, no se lo vamos a poner en bandeja.

      En fin, a estas alturas de curso cunde el pesimismo, y más con todo lo que nos ha caído encima últimamente. Intentemos no dejarnos llevar por esos tristes pensamientos.

    • Ania
      25 junio 2010 a 19:20 #

      Estimado Pablo, creo que te has precipitado en deducir que alguna de nosotras pudiera ser acomodaticia, blanda jugadora, sonriente si se cagan en tu puta madre y perlas sobre el estilo.

      Tal vez deberías considerar que te estás dirigiendo a personas que llevamos luchando tantos o más años que tú en ésta nuestra profesión y que, en mi caso al menos , algunas de tus observaciones pudieran adolecer de una, llamémosle ,”osadía paternal” , que no viniese demasiado a cuento.

      Por lo demás , me gustaría remitirte a la primera de mis respuestas ( 23 de junio : 18:48) a tu escrito, en la que intenté ser educada la cual , ahora , al releerla, me da la impresión de haberme justificado tal vez en exceso tras encajar por tu parte una filípica.

      En mi opinión, el hecho de ser participante o artículista de Deseducativos no es la panacea de perfección académica y , menos aún, , humana absoluta. Creo que cualquiera de nosotros puede tener un exhabrupto.

      En cualquier caso yo distinguiría entre tener un exhabrupto en general o en tenerlo “contra otro” en particular. La mayoría de los compañeros distinguen perfectamente entre las dos casuísticas citadas y por éso y por mucho más me sigue gustando entrar en este blog.

      Saludos desde mi norte, caluroso hoy, para variar.

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