Memoria


Francisco Javier González-Velandia Gómez

Para reflejar las acciones más hermosas
Un espejo tan sólo conocemos:
Que por la intercesión de Mnemosine,
De fúlgida diadema,
Compensación a sus fatigas hallen
En las notas del verso.”
Píndaro, Nemea 7.11 (trad. de José Alsina)

“Pero debo obedecerte cuando me consuelas y das ánimo e invocar, junto a los dioses que mencionaste, a los restantes y, especialmente, a Mnemosine porque casi todo lo esencial de nuestro discurso se encuentra en el dominio de esta diosa;…”
Platón, Critias 108 d (trad. de Francisco Lisi)

Desde tiempos arcanos la memoria ha sido venerada por todas la culturas. La poesía, la filosofía, el arte, la música y la ciencia le han rendido en todas las épocas homenaje, reconociendo así su carácter de divinidad. No es pues de extrañar que en la educación, el arte de la memoria (ars memorativa) haya tenido siempre una función eminente. Hasta que llegaron ellos, la estirpe más venenosa de sofistas que nunca haya conocido la Tierra. El destronamiento de la memoria en la filosofía educativa neo-liberal se inscribe en el movimiento más amplio de rechazo de las Humanidades en general, que ha significado la práctica desaparición en Europa de la filosofía y las lenguas clásicas, además de un replanteamiento radical de todas las disciplinas englobadas bajo la categoría de Humanidades o Ciencias del Espíritu.

Pero, ¿desde qué presupuestos teóricos se llevó a cabo semejante revolución? Tan sólo una profunda irresponsabilidad intelectual, una falta de sentido común rayana en el absurdo y unos prejuicios ilimitados, pueden dar cuenta de los severos errores en los que se fundamenta la ideología educativa actual. En el nuevo modelo educativo, cuyos orígenes se remontan al funcionalismo americano de mediados del XIX y que se ha venido desarrollando a la luz de los siempre cambiantes paradigmas de la psicología científica, la visión academicista basada en la fidelidad a la tradición y la idea de objetividad del conocimiento, da paso a un modelo en el que lo esencial es la formación del individuo y la utilización de la ciencia como un medio para lograr un mundo más feliz, más práctico y eficaz. Desde esta óptica utilitarista e inspirada en el individualismo liberal, es natural que el arduo aprendizaje académico memorístico fuese criticado en favor de otros modelos de aprendizaje basados no ya tanto en la acumulación de conocimientos, como en el desarrollo de capacidades o -de acuerdo al oscuro concepto hoy en boga- “competencias”. De este modo el pedagogismo -basándose en los datos de la psicología y sociología positivistas- se propone, en un verdadero experimento de “ingeniería social”, el formar individuos a la medida del mundo tal como éste ha devenido. La retórica sin límites del pedagogismo, entre cuyas fuentes de inspiración se encuentran también ciertas tendencias de izquierdas (en especial francesas) de los Sesenta -si bien bastante filtradas y envueltas en una nube de ambigüedades-, no debe engañarnos sobre cuáles son sus verdaderos presupuestos: el individualismo pragmático y el relativismo. No es casualidad que la Bestia Triunfante -el neoliberalismo- haya encontrado en el pedagogismo uno de sus mejores aliados para propagar y consolidar su reino sin confines. Bajo la inocente piel de cordero, se oculta un lobo fiero.

Sin embargo, el fundamento en que se basa el pedagogismo para proscribir la memoria no puede ser más inconsistente. Y ello desde toda perspectiva real o posible. Desde que los griegos la inventaron, la psicología ha mostrado de forma convincente el significado esencial de la memoria para la mente. No existe ningún proceso psíquico, desde las funciones sensibles primarias, hasta los procesos eidéticos más abstractos de orden superior, que no implique de un modo u otro a la memoria. Su función es trascendental, en el sentido con que emplea este término la filosofía idealista (bien sea en su versión neokantiana o fenomenológica): esto es, es condición de posibilidad de la experiencia y del mundo tal como está constituido. La unidad del yo y del mundo vivido es un milagro de la síntesis original que lleva a cabo la conciencia y en cuya estructura temporal-trascendental, la memoria está siempre presente. El grave error del pedagogismo radica en una burda concepción de las facultades humanas como mecanismos autónomos, que pueden ser potenciados de forma independiente. La memoria y la imaginación no son potencias estanco, sino más bien una compleja unidad orgánica. Lo mismo cabe decir de la capacidad de razonamiento abstracto, inconcebible de suyo sin la memoria. A través de la experiencia y del conocimiento se van depositando en la memoria contenidos y estructuras, que con el tiempo se van modificando, constituyendo hábitos, nexos infinitamente complejos, y es desde este fondo como se ilumina nuestra comprensión del mundo. Dos ejemplos, de entre los innumerables que podrían citarse:

  1. Uno muy  ilustrativo lo tenemos en la capacidad de improvisación en la música. La imaginación del intérprete al improvisar es directamente proporcional al trabajo de interiorización de un lenguaje sedimentado en la memoria. Incluso en los estilos de improvisación más libres, como los de la música de vanguardia, la calidad de la improvisación dependerá de la riqueza musical, de gestos, técnicas y conocimientos adquiridos previamente.
  2. En una de sus últimas novelas (Schachnovelle), Stefan Zweig narra la historia de un personaje sometido a la tortura de aislamiento por los nazis. La carencia de estímulos, la soledad, van poco a poco minando la salud mental del recluso, hasta que un acontecimiento casual le permite robar un libro. Al abrir el libro en cuestión, lo que allí encuentra es -para su decepción- uno de esos libros de ajedrez en los que aparecen reconstruidos torneos entre grandes maestros. A pesar de la decepción, y llevado por la desesperación termina por leer con paciencia el libro hasta obsesionarse compulsivamente, con su lectura. Memoriza todos y cada uno de los movimientos, hasta poder reconstruir de memoria cada una de las partidas e incluso imaginar esquizoides partidas contra sí mismo. Pasado el tiempo, descubriría que era un maestro. La conexión entre memoria-imaginación queda demostrada con bastante claridad en el juego del  ajedrez. La memoria potencia la fantasía creadora.

Lo mismo es válido para todas las formas de imaginación, ya pertenezcan al ámbito del arte o del pensamiento (incluido el científico.) La memoria, por decirlo de algún modo, engrasa las capacidades creativas y de pensamiento. De ahí que sea un tremendo error el no fomentar su uso en la educación.

Hasta cierto punto la memoria realiza su obra pasivamente (síntesis pasiva). Sin embargo, sólo a través de un ejercicio atento de comprensión, de atención intelectual, es como las estructuras cognoscitivas, fundamentales en el desarrollo del pensamiento se hacen efectivas, potenciando el desarrollo cerebral. La memoria (comprensiva y acumulativa) requiere sencillamente un esfuerzo de concentración. Pero el esfuerzo es también una categoría proscrita asociada al academicismo, considerado retrógrado por nuestros iluminados psicopedagogos. Y de ahí la impotencia memorística del estudiante, algo casi patológico. En contra de las consignas activistas del constructivismo, lo que se observa es una tendencia imparable a modelos de enseñanza -en los que las nuevas tecnologías y la presencia de lo audiovisual son piedra de toque-, que lo único que fomentan es la pasividad y la esclerosis mentales. En la deriva pedagógica, van apareciendo llamadas al orden. Conceptos “superados” como “esfuerzo” y “excelencia” (areté) retornan tímidamente, pasando a formar parte de la retórica inconsistente y confusa de políticos y especialistas de la educación. Pura palabrería que choca de lleno con la realidad. La cuestión es en el fondo muy simple y basta recurrir al sentido común: ¿es que es posible alcanzar una excelencia en cualquier esfera de la vida sin el auxilio de la diosa “de fúlgida diadema”? Nuestra existencia es histórica, somos lenguaje, memoria en el tiempo, ¿cómo se puede obviar algo tan elemental?  Ya el divino Platón lo expresó de forma maravillosa:

“… casi todo lo esencial de nuestro discurso se encuentra en el dominio de esta diosa.”

Desde un punto de vista médico tampoco se concibe el rechazo de la memoria en el proceso formativo del individuo. Es precisamente en la infancia y en la juventud cuando el desarrollo neurológico ha de ser tratado con el máximo cuidado; es en esta etapa de la vida cuando las infinitas interconexiones rizomáticas han de ser explotadas para desarrollar al máximo las potencialidades latentes de ese microcosmos que todos albergamos oculto en nuestro cráneo. El no ser conscientes de ello es un caso de lo que la medicina denomina “iatrogenia”, noción que lamentablemente no tiene equivalente en la psicopedagogía. Un cerebro poco estimulado en sus potencialidades memorísticas es un cerebro insano. Se trata de un daño irreparable y con consecuencias nefastas en la madurez, por no hablar de lo que ello significa para la salud mental de la vejez.

La cultura está inserta en la historia, la memoria del tiempo. Cualquier intento de romper con el pasado, de olvidarlo, está condenado a repetir los mismos errores o a caer en una existencia desarraigada, desorientada, desvalida y errante. Sólo desde el respeto al pasado es posible avanzar en la buena dirección. Lo contario es una tremenda ingenuidad. En la constitución del sujeto ético, la memoria desempeña una función trascendental; sin el auxilio de la memoria no es ni tan siquiera pensable una vida orientada por la reflexión moral. Es en el dialogo con el pasado como llegamos a cuestionar nuestro presente, pudiendo ir más allá de lo que la presencia inminente urge acatar. La exaltación del presente y la superstición del progreso se caracterizan por una entrega sin reserva a lo que la dictadura de la publicidad y la sociedad espectacular determinan. El ejercicio de la memoria constituye desde este punto de vista un ejercicio (moral) de resistencia frente a la instrumentalización totalitaria de la existencia ejercida por la voluntad de poder del pensamiento único. Pero de esto tampoco parecen darse cuenta nuestros tecnócratas de la educación, más preocupados por colaborar con el poder y por hacer de su profunda ignorancia un castillo tétrico, inexpugnable, nocivo.

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19 comentarios en “Memoria”

  1. 10 junio 2010 a 11:55 #

    Te contradigo en algo que dices en las últimas líneas, Javier: se dan perfecta cuenta, lo que pasa es que ellos son sicarios de ese pensamiento único y de ese poder cada vez menos democrático y pluralista. Excelente artículo: ¿cómo se puede condenar a la memoria, tan esencial para nuestra condición humana? El solo hecho de que una legión de psicólogos haya levantado y mantenga un sistrema educativo enemigo feroz de la memoria les retrata desde el punto de vista profesional y personal: no les interesa la educación, les interesa el control.

  2. Xoia
    10 junio 2010 a 13:14 #

    No sólo en las Humanidades se observa el desprecio hacia la memoria. También los profesores de disciplinas científicas lo vivimos, e incluso, mea culpa, lo fomentamos. Y para muestra, tres botones:

    – En la prueba de selectividad de Química de este curso en Castilla y León los alumnos ya no necesitarán saber de memoria la tabla periódica, pues se la proporcionarán junto al examen. Servidora ha obligado a sus alumnos, digan lo que digan en selectividad, a memorizar la tabla periódica.

    – Constantes físicas y químicas tan importantes como el número de Avogadro (6’022 por 10 elevado a 23) , el volumen ocupado por un gas en condiciones normales (22’4 litros), la velocidad de la luz en el vacío (300000 km/s), la velocidad del sonido en el aire en condiciones ordinarias (340 m/s), la carga del electrón (-1’6 pro 10 elevado a -19 culombios), la carga de un faraday (96500 culombios aproximadamente), etc, ya no son recordadas por nuestros estudiantes, pues se les proporcionan sus valores en los exámenes. Servidora se ha negado a dar tantos datos, y si bien he proporcionado las constantes menos frecuentes, les he obligado a mis alumnos a recordar los más importantes. Sé que luego olvidarán los que no usen, es normal, pero no creo que les haga ningún daño recordar estos datos durante un tiempo. Siempre quedará un “poso” en sus cerebros.

    – Las demostraciones en los exámenes de Física y Matemáticas brillan por su ausencia. En esto también ha picado servidora. Pero no picará jamás. A partir del próximo curso, pienso pedir una demostración en todos los exámenes. No se suelen pedir porque suponen un esfuerzo memorístico importante. Pero al no pedirlas fomentamos el efecto contrario: el uso de la memoria al buen tun-tun. Es decir, al no recordar de dónde salen las fórmulas y sus demostraciones, los alumnos se aprenden de memoria las fórmulas sin más ni más, sin saber de dónde salen, para qué sirven, qué limitaciones tienen, qué condiciones deben cumplirse para poder usar cada fórmula… Así que al desincentivar el uso de la memoria razonada que supone aprender a demostrar los teoremas, fomentamos sin querer el mal uso de la memoria “de papagayo” e inútil que recuerda fórmulas de igual modo que podría recordar un texto en japonés sin saber japonés, es decir, sin sentido, ni orden, ni concierto.

    • Polícrates
      10 junio 2010 a 15:42 #

      Un inocente españolito entra en una botica inglesa y pregunta:

      -¿Hay ampollas?

      El mozo, muy amable, le replica:

      -Good morning Mr. Pollas.

      ¿Cuántas veces me habré sentido como el cliente del chiste? Bastantes, muchas, demasiadas. El percal está mucho peor de lo que cuenta Xoia. Esta mañana, sin ir más lejos, estaba corrigiendo unos ejercicios en un primero de ESO, el “primero bueno” con una media de 0,6 asignaturas suspensas por alumno tanto en la primera como en la segunda evaluación. En uno de los ejercicios se pedía el cálculo (mental) del perímetro de un romboide dos de cuyos lados medían 7 y 5 cm. respectivamente. En ese momento decido hacerme el estúpido por un minuto y dibujo un trapecio en el encerado. Protestan:

      -Eso es un trapecio.

      -Tenéis toda la razón. Decidme como debo hacer para dibujar un romboide.

      -Los otros lados (¿?) no son así, son así -varios alumnos (seguramente alumnas, no puedo recordarlo) agitan las manos al aire como si trazaran dos líneas oblicuas paralelas.

      -“Así” no me vale, “así” es cualquier cosa -protestas.

      -Ese lado -una alumna señala hacía la derecha- no va torcido para ese lado -que manía con los lados- va al revés como ese otro lado -señala hacia la izquierda.

      Cedo un poco y corrijo el dibujo (corrijo “ese lado” de la discordia ahora se retuerce hacia la izquierda…

      -Así no es -protesta generalizada.

      -¿Por qué no?

      -Porque ese ángulo -señalando- es más obtuso.

      -¿Cuánto más obtuso? ¿Es qué nadie me va a dar una descripción precisa de un romboide para que pueda dibujarlo de una santa vez?

      Por fin, tras unos diez minutos, un muchacho ensaya una definición “razonable”:

      -Esos lados -dice mientras agita las manos en oblicuo- son como los otros dos -mueve las dos manos horizontalmente-, son paralelos.

      -¿Quieres decir que los lados de un romboide son paralelos entre si por parejas?

      -Eso mismo.

      Estos muchachos son muy jóvenes, todavía tienen un futuro. De momento la llevan clara.

      La medida que planteas respecto de las demostraciones me parece acertadísima y necesaria en grado superlativo (lástima que tu instituto me pille a desmano para escolarizar a mi hijo), no me estenderé con análisis, pero como no te hagan comparsa los compañeros de matemáticas preparándolos desde los primeros cursos, te encontrarás con serias limitaciones. Suerte y no te desanimes, vas por el buen camino.

      • Tiza Presa
        10 junio 2010 a 16:16 #

        No hay nada como un examen de cinco extensos temas para exigir al alumno analizar la información, síntetizarla y comprenderla; Curiosamente poca memorización cabe, ya que cinco temas no puedes “enchufártelos” de memoria jamás.

        Sin embargo, gracias a esta cruzada antimemorística, se ha conseguido todo lo contrario; Alumnos grabándose a fuego 30 o 40 frases literales, sin saber lo que significan porque no lo necesitan. En muchos casos hablamos de alumnos de “10”.

        Me quedé perplejo un año al impartir diversificación. Una alumna me escribía frases de esta guisa: “Los mamíferos son vertebrados al igual que los anfibios, los reptiles, las y los peces.” Le pregunté qué significaban esos huecos, pensando que no entendía los garabatillos de su chuleta. Pero ella me dio sobradas pruebas de que simplemente… ¡¡¡ no recordaba qué palabras “iban ahí”, y era incapaz de improvisar algo que concordase con el contexto !!! Ante tan extraordinario sacrifio, y dada su gravísima incapacidad, acabé dándole el título a una pobre analfabeta. Pude equivocarme, pero mi compasión se impuso.

      • Tiza Presa
        10 junio 2010 a 16:19 #

        No se perciben los huecos, pero delante de “vertebrados” habría uno y otro delante de “y los peces”.

      • 6 febrero 2012 a 0:09 #

        Mi playa nstduia favorita es Zipolite, en Oaxaca, muy cerca de puerto escondido, y asiste una gran cantidad de turismo europeo y oriental….Saludos!Felicitas-

      • 7 febrero 2012 a 9:13 #

        XT5dGf gtkmsljqvtar

    • David Arboledas
      10 junio 2010 a 17:57 #

      Completamente de acuerdo contigo. Soy profesor de Tecnología y año a año los conocimientos y el esfuerzo memorístico se han hundido en la miseria. Aún me es inconcebible el hecho de que después de un curso, alumnos de 3ESO acaben sin saberse la ley de Ohm, (I=V/R). Vamos, que es una ´ley de enorme complejidad. Por eso yo tampoco pido demostraciones. Si ya suspenden cerca del 90% sin pedir ninguna, qué puedo esperar en caso de que lo haga -un expediente disciplinario por lo menos-. . Para muestra del desastre educativo, en nuestros 5 primeros de ESO que tenemos en el centro, el 80% de los alumnos suspende 5 ó más asignatutras. ¡Primero de ESO! Terrible.
      En fin, al menos entre todos podremos acordar puntos en común para erradicar las prácticas pedabobas en nuestras aulas. Desde que entró en las aulas la sicopedabobía se acabó cualquier ápice de excelencia.
      Saludos.

      • Francisco Javier
        10 junio 2010 a 19:48 #

        Estimado David,

        a mí me sucede igual con cosas aún más básicas que la Ley de Ohm, y esa es la razón que me llevó a reflexionar sobres este asunto. En concreto, no puedo entender cómo después de llevar tocando desde Primaria decenas de piezas para flauta, todavía en la optativa de 4º a muchos alumnos les tengo que estar anotando en la pizarra y en la partitura como colocar los deditos para que suene un si bemol, que han tocado cientos de veces ya que es una nota muy frecuente dentro del repertorio elemental de flauta (por no hablar del fa #.) Coincido contigo en evitar al máximo la pedabobadas en clase: yo utilizo un repertorio amplio, exigente pero asequible para quien me quiera seguir. En clase se toca desde música del Renacimiento hasta música del XX (Bartók, Stravinsky), intercalando algunas piezas del repertorio del jazz o la música popular y pop (Beatles, Dylan, etc.) Por supuesto, hay conceptos, lenguaje y teoría musical, audiciones analíticas, historia de la música y del arte,…Y si les parece mal -que les suele parecer-, es lo que hay.
        Respecto a los resultados académicos en mi centro y por todos los que he pasado son más o menos igual de lamentables. ¡Y menos mal que se apañan un poco! Ya sabes…

  3. Ana Belén
    10 junio 2010 a 16:16 #

    Un artículo fantástico. Me ha encantado. Destierro de la memoria, individualismo, relatividad de todo lo que es conocimiento… todo ello con una única finalidad: el control sobre las mentes de los ciudadanos. Es intolerable. ¡Qué poco avance! por más que se presuma de que esta es la sociedad de la información, la tecnología y el conocimiento (no sé muy bien a cuál se referirán, será al digital, eso sí, en forma de redes sociales, chats y entretenimientos varios…, pues me parece a mí que las revistas digitales de divulgación científica y humanística no deben de ser muy frecuentadas por esta “sociedad del conocimiento”, la mejor preparada e informada, que dicen algunos y algunas…)

  4. Xoia
    10 junio 2010 a 17:10 #

    Tiza, lo que comentas de la chavala de diversificación es “de traca”, estamos llegando a unos extremos insospechados de analfabetismo funcional. Por cierto, ¿no sería que la chavala había aprendido muy bien lo de la igualdad de género-génera y quería decir “las y los peces” para incluir los peces machos y “las pezas” hembras? Porque así son las cosas ahora. Yo estoy planteándome si debería hablar de “los logaritmos y las logaritmas” para que nadie se sienta discriminado.

    Respecto al comentario de Polícrates, tienes toda la razón, no espero encontrar mucha ayuda del departamento de matemáticas. En realidad estoy replanteándome muchas cosas y no espero encontrar ayuda de ningún departamento. No sé en qué instituto estaré el próximo año (es lo que tiene ser funcionaria en expectativa), pero esté donde esté, hace tiempo que las demostraciones matemáticas rigurosas desaparecieron del mapa. No sólo en matemáticas, sino en todas las ciencias.

    Yo no soy de Matemáticas, sino de Fisica y Química, pero conozco muy bien los programas de matemáticas y he visto exámenes de profesores de matemáticas de todos los pelajes… Ni una sola demostración. Nunca se piden demostraciones. Y en Física y Química hacemos lo propio. Nunca las pedimos. Es más, sospecho que muchos profesores ni siquiera las explican y las desarrollan en sus clases. Y es que hacer demostraciones en clase no es práctico: lleva tiempo, no es “divertido” y te encuentras con alumnos que bostezan ostentosamente y ponen mala cara cuando se te ocurre soltar las palabras “teorema”, “demostración” o “postulado”. Además en bachillerato te las ves y te las deseas para dar el programa completo, lo único que parece importante es dar el programa para selectividad, aunque todo se dé por encima, no se profundiza en casi nada… Y demostrar cosas supone avanzar más despacio. Por eso los profesores podemos sucumbir a la tentación de saltarnos las demostraciones, pues al fin y al cabo, en selectividad nunca se piden. Yo me he saltado muy pocas, pero he cometido el error de no exigirlas en los exámenes, de desanimarme al ver que los chavales no eran capaces de entenderlas ni recordarlas. No pienso caer otra vez en ese error, se van a tragar las demostraciones con calzador si es necesario.

  5. Francisco Javier
    10 junio 2010 a 17:26 #

    Lo que he tratado de de resucitar con este artículo es la memoria de un olvido: el olvido de la memoria. Por curiosidad tras escribirlo, hice una búsqueda textual en la LOGSE y pude constatar la ausencia total del término. En lo que recuerdo de las programaciones, de las que he tenido que hacer unas cuantas al vaivén legislativo al que nos tienen acostumbrados nuestros políticos, la palabra “memoria” no aparecía prácticamente nunca entre los objetivos, siendo tan obvia su importancia en una asignatura como música: es imposible comprende una audición sin su participación (lo más que se escucha es una serie de sonidos carentes de sentido.) En otras asignaturas se darán otras modalidades de intervención de la memoria, otras formas de síntesis, pero nadie puede cuestionar su función esencial en el conocimiento. ¡Y no se está reivindicando un modelo basado en la repetición mecánica!, aunque tampoco hay que marginar la memoria reproductiva (a veces hay que memorizar datos sin más y ello es necesario para el discurso.)

    Una profesora que tuve de física en COU hacía dos exámenes: en el teórico, básicamente se trataba de memorizar-comprender las demostraciones, corolarios, desarrollos y conceptos de las leyes; luego venían los problemas. A mí me parecía terrible, pero tal vez no era mal método.

    Un saludo para todas y todos.

  6. 10 junio 2010 a 17:34 #

    Brillante este artículo. Ya sabes, Francisco Javier, cuánto coincido contigo en lo de los orígenes de esta descerebración. En la corriente positivista y funcionalista está la madre del cordero. La cerrazón ateórica del positivismo nos ha traído a este desierto. Si no hay teoría, tampoco hay memoria. Ultimo el artículo que prometí sobre estas cuestiones.
    La memoria. Fíjate en lo que ocurre con los más geniales ajedrecistas. Tienen memoria prodigiosa para almacenar ingentes cantidades de partidas. Ello les permite no incurrir en errores ya pasados. La inteligencia y la imaginación no son nada sin el sustento de la memoria. Y se dice que Mozart era capaz de memorizar todas las notas de cualquier pieza musical.

    • Francisco Javier
      10 junio 2010 a 19:52 #

      Lo de Mozart es cierto. Tenía una enorma capacidad de retener y abarcar grandes proporciones de tiempo, lo que permitía intuir estructuras muy complejas y reflejarlas en la partitura sin apenas correcciones. ¡Y qué música!

  7. 10 junio 2010 a 19:09 #

    Magnífico artículo. Va al fondo de los fundamentos de la crítica a la pedagogía fracasada cuyos estragos sufrimos.
    Ahora bien, conviene señalar la contradicción entre los principios del modelo anglosajón en el que se inspiraron los bárbaros, “un modelo en el que lo esencial es la formación del individuo y la utilización de la ciencia como un medio para lograr un mundo más feliz, más práctico y eficaz” y sus resultados reales, que distan mucho de los benéficos y un tanto necios propósitos: una escuela muy poco eficiente, donde se destierran el esfuerzo, el estudio, la dificultad intelectual, la sensibilidad y el desarrollo de la inteligencia. Una escuela analfabeta de la que sólo se libra una ínfima minoría y la gente cuyo ambiente familiar o estatus económico puede permitirse obtener una formación fuera del sistema.

    Dos reflexiones al hilo de esta excelente entrada que leemos con placer:
    1lª) Los defensores de ese modelo educativo deberían reconocer su profundo fracaso, pues las consecuencias del mismo son un “éxito escolar” inferior al modelo “tradicional”. Cuando se perpetró la LOGSE, los prebostes del MEC ya conocían, a través de informes de algunas Consejerías de Educación, las limitaciones de los sistemas anglosajones. Pero no hicieron ni caso.
    2ª) ¿Por qué un modelo tan ramplón, tan individualista y socialmente tan reaccionario se nos ha vendido en España con la etiqueta de izquierdismo y progresismo? ¿Por qué la destrucción de una tradición liberal e ilustrada, de origen francés, y en sus raíces, renacentista, se ha vendido como el no va más del izquierdismo cuando es más propio de sociedades en las que hay una élite muy preparada y una masa media muy inculta?

    Pese a que hay quienes me hayan reprochado el radicalismo de mis planteamientos antirreformistas en la educación, he de decir que no me parece mal introducir algo de pragmatismo y espíritu práctico en la formación de nuestros estudiantes, pero no a costa del analfabetismo y de hacer tabla rasa de una formación humanística, estética y científica. La condena de la memoria es uno de los exponentes de ese despotismo iletrado. Salvo cuando se juega con las palabras y se habla del tótem y de lo sagrado, como es el caso de la mítica “memoria histórica” que algún autor de este blog ha referido con acierto.

  8. Juan Poz
    10 junio 2010 a 21:31 #

    A él no le gustaría que lo dijese y, por lo tanto, callaré su nombre; pero un muy buen amigo, quizás uno de los mejores editores del país, con un rigor profesional que algún día tendría que ser reconocido, puesto que en su caso sí que es posible decir “por sus obras los conoceréis”, se sabe el Quijote de memoria. Como suena. Sé que parece cosa de concurso televisivo, pero se lo sabe. Del mismo modo que recuerda centenares, si no miles, de poesías, escenas teatrales y miles de citas textuales de las más diversas obras. Es virtud heredada de su padre, pero en él acrecentada. Si Mozart tenia el oído absoluto; mi amigo tiene la vista absoluta. Si el primero salía de un concierto y lo reproducía en una partitura; “él” es capaz, con una sola lectura, de recitar casi cualquier texto. Prodigio le digo yo que es. Él, que dedicación, constancia y perseverancia. No hace falta decir que conversar con él es uno de los grandes placeres de mi vida, desde luego. Y me siento un ser afortunado por disfrutar de su amistad.
    A.R. Luria, el psicólogo ruso, tiene un libro dedicado a un memorioso superdotado “El pequeño libro de una gran memoria”, que es tan ameno como instructivo para esta cuestión del lugar que se le ha de reservar a la memoria en la formación de las personas. Parece mentira que, por un lado, se devalúe tanto la memoria y, por otro, se lamente con tanto patetismo su pérdida en el mal de Alzheimer. Parece que se hable de dos memorias distintas. En cualquier caso, la memoria sólo se nutre firmamente de aquello en lo que hemos puesto un interés personal, por lo que mucho me temo que entre los discentes tiene poco porvenir la memoria. Machado, en su Juan de Mairena, alertaba contra el cine, diciendo: “En general, la cinematografía orientada hacia la novela, el cuento o el teatro es profundamente antipedagógica. Ella contribuirá a entontecer el mundo, preparando nuevas generaciones que no sepan ver ni soñar”. Cámbiese lo que proceda y ahí tenemos una diatriba en toda regla contra las TIC famosas, o contra el lenguaje de la imagen como recurso pedagógico fundamental.
    En lo último que leí acerca del funcionamiento del cerebro se insistía mucho en que éste funcionaba, sobre todo, por repetición, que la repeticion es algo así como el “ser o no ser” del cerebro, esencial, pues, para su funcionamiento óptimo, para desarrollar buena parte de sus potencialidades, si no todas.
    ¡Cuánto lamento ser hijo de ese desprestigio de la memoria, que no es de ahora! Empollones, memoriosos, loros, ratones de biblioteca, repelentes…, el lexico está lleno de rechazo hacia quienes practican el noble arte de la memoria. Pero en este país esa vena descalificadora se suma a la tradicional del “lejos de mí la funesta manía de pensar” o a la fratricida del “¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!

  9. Mari
    11 junio 2010 a 23:30 #

    Primero comprender y después memorizar o memorizar y después comprender, ambas acciones son imprescindibles e inseparables para el ser humano; pierden valor cuando la balanza se inclina hacia un lado. Con maestros o sin ellos, todos las utilizamos para conocer y aprender y las desarrollamos más o menos en función de la necesidad. La escuela debe promover su desarrollo equilibrado.

    Nunca tuve la suficiente retentiva, no sé si fue culpa de mis profesores, de mi vagancia, de mi propia memoria o… Esto nunca me hizo feliz, siempre me disgustó, menos mal que la comprensión era mi fuerte y así seguiré tirando. Hoy creo estar segura que el trabajo continuado mejora cualquier facultad, capacidad, habilidad… por muy mala que venga de fábrica.

    La capacidad que no se trabaja lo suficiente se atrofia y la escuela no debe permitir esto.

  10. Borja Contreras
    12 junio 2010 a 8:34 #

    Un magnífico artículo, así como excelentes son los comentarios.
    La memoria (y más aún todo lo que es digno de ser recordado) es enemiga de la moda, del perpetuo cambio sin fundamento que está en la base del mercado.
    La eliminación de lo que perdura -esto es, lo clásico- y su sustitución por lo efímero-trivial proporciona mayores dividendos. Y una sociedad desmemoriada es víctima fácil de sus dirigentes.
    Saludos a todos.

  11. Mariquilla
    7 febrero 2012 a 12:28 #

    Un alumno, atrapado en el viejo vicio de la memorización, definiría así el principio de Arquímedes:
    “Todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje vertical ascendente igual al peso del volumen de líquido desalojado”. Los pobres lo aprenden y lo sueltan tal cual, sin saber lo que dicen. Nosotros, hijos de los odiosos planes anteriores, somos el vivo ejemplo de esta barbaridad que nos dejó “marcados y traumatizados” de por vida.

    Una víctima de la LOGSE suele hacerlo, más o menos, así:
    “Que si tomamos una cosa que flote en el agua que tiene que pesar menos que el agua, pues si no no, como por ejemplo un barco o un tronco que sea de madera y también de plástico, en vez de hundirse como las piedras se queda arriba del todo y por eso no se hunde porque Arquímedes se estaba bañando un día en su casa y vio que él no se hundía y entonces dijo ureca, que en su lengua significaba (de esto no me acuerdo) pero que lo había descubierto él y que los barcos tampoco se hundían cuando estaban flotando en el mar”. Esto sí queda claro y, además, procede de las vivencias directas y experimentales del sujeto discente. Escrito con sus correspondientes faltas de ortografía -muchísimas-, como dios manda.

    Hay que aclarar, sin embargo, que incluso los psicólogos y pedagogos cuando aspiran a que alguno de sus hijos/as sea médico/a, notario/a, juez/a, registrador/a o alguna otra de estas vulgaridades, hacen de tripas corazón y procuran que memoricen al máximo. Debe ser por aquello del “odioso trámite” de las oposiciones.

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