La argucia discursiva de Ángel Gabilondo

José Penalva

Es cierto que la mayoría de los ministros de Educación que ha ‘padecido’ España en las últimas décadas carecen de las nociones básicas sobre educación. También, que al actual ministro los pedagogos áulicos le pasan las cuartillas que debe memorizar para el telediario. Pero Ángel Gabilondo tiene una estrategia que le diferencia de sus predecesores. La argucia discursiva del actual ministro de Educación parece ser la de evitar el enfrentamiento con las tesis políticas de la derecha, de un lado, y a la vez seguir afirmando en su literalidad las tesis educativas de la logse-loe. ¿Cómo puede ser tal cosa posible? La respuesta es más sencilla de lo que parece.

A la hora de proponer una reforma educativa, hoy por hoy todos los políticos echan mano de los pedagogos. Por pedagogos, me refiero a los profesores de las Facultades de Educación, esos “expertos”. Por políticos, me refiero a todos los políticos, tanto sociataspeperos, como nacionalistas y laicistas. Ahora bien, en el mundo de la pedagogía vigente en España no existe más religión que la Logse-Loe (y sus dogmas correlativos: constructivismo, enseñanza participativa y consensuada,…). Dicho en Román Paladino: dentro de la pedagogía española, el actual paradigma educativo (dominado por los principios de la Logse-Loe) aparece como intocable, incuestionable. Por tanto, no hace falta ser un lince de la metafísica para saber que si el Ministro predica tales principios, los peperos no lo podrán rebatir. Porque, ¿a dónde echarán mano los peperos a la hora de proponer una reforma alternativa si no a la misma pedagogía, con sus mismos principios pedagógicos dominantes?

¿Es exagerado decir que el 100% de los pedagogos siguen a los líderes áulicos? Yo creo que más del 90% de los pedagogos españoles de hoy en día no conoce más principio y religión que la dicha. ¿Y qué pasa con el restante 10%?, preguntarán ustedes. Pues que están mirando para otro lado, no vaya a ser que tengan problemas cuando el noventa-por-ciento se siente en el tribunal que juzgue su acceso al puesto de trabajo. De ese modo la auto-denominada pedagogía progresista ha configurado un sistema de producción de ideas “a prueba de revoluciones”. … Y aquí paz y… angelitos al cielo. Por eso Ángel, el hermano del hermano, que no tiene un pelo de tonto, ha sabido dar con la tecla y elevarse a las alturas de la jerga pedagógica, y evitar el lenguaje de enfrentamiento (el lenguaje picapedreropepeblanquiño, cuando era pepeblanquiño). ¿Para qué usar del marro si se les puede ganar en el terreno del lenguaje?

De este modo se entiende que el 19 enero de 2010 Gabilondo (hermano) afirmara que la educación no necesita “evaluaciones convencionales y memorísticas, sino más bien innovadoras”, y que el 1 de febrero dijera que “la autoridad del profesor crecerá con democracia y clases amenas, más participación y más proximidad con el alumno”. Traducido al Román Paladino, lo que el ministro quiere decir con esta última declaración es que existe un problema de falta de autoridad porque los profesores no saben aplicar los principios de la enseñanza consensuada, participativa, dialogante…, principios que profesa la teoría de la enseñanza constructivista, el gran dogma. En resumidas cuentas, para Ángel Gabilondo la respuesta a los problemas del sistema educativo es más Logse y más Loe. Y los peperos, a verlas venir y tragar.

Las declaraciones del ministro no hacen sino seguir al pie de la letra las creencias educativas de los padres de la reforma de 1990. En efecto, la “enseñanza dialogada y participativa” tipo Logse parte de la idea de la centralidad del niño en el proceso de enseñanza. La idea parece razonable, y, además, tiene importantes valedores en otros países. Pero el problema está en que, en la interpretación de los padres de la Logse, la primacía del niño (sustentada en una inocencia concebida en términos de “bondad natural”, semejante al mito del “buen salvaje”) adquiere un carácter beligerante contra la autoridad del profesor. Sirva como ejemplo estas palabras de Mariano Fernández Enguita (2002), otro de los padres de la Logse:

«Para que la sociedad más amplia o la comunidad inmediata puedan decidir qué educación quieren es imprescindible que no puedan hacerlo en su lugar los profesores y profesoras. Las prerrogativas y competencias de los grupos profesionales son, en todo caso, límites u obstáculos a la democracia».

El profesor como causante de todos los males

Esa opinión no es rara avis en el corral pedagógico. Es una idea ya consolidada en buena parte de la pedagogía española la afirmación de que el fracaso escolar se debe a que el profesorado es autoritario (no participa en cauces democráticos), individualista (incapaz de trabajar en colaboración), inadaptado (incapaz de afrontar los nuevos cambios sociales) y sin creatividad para efectuar una enseñanza constructiva y significativa (Logse dixit). De ese modo, durante toda la década de 1990 el profesor de Enseñanzas Medias ha sido denostado por buena parte de pedagogos (pedagogos que no han estado en un colegio o un instituto en su vida, aparte de su escolarización). El profesor ha sido considerado como el culpable de todos los males del sistema educativo. La culpabilización del profesorado ha estado tan normalizada que se llega a utilizar un lenguaje manifiestamente frívolo y exento de respeto.

Ese es el trasfondo ideológico de la enseñanza cercana al alumno, de la democracia en las aulas y las clases amenas made-in-Logse que propone el Ministro. Y con ello seguimos sufriendo la consecuencia de una generación de pedagogos —los pedagogos áulicos— que vivieron su juventud viendo morir en la cama al caimán, y que en la década de 1980 —quizá envalentonados tras bailar sobre la tumba del caimán— veía al profesor de Enseñanzas Medias —especialmente a los Catedráticos de Instituto— como un reducto del autoritarismo de la dictadura. Así, el profesor se convirtió en el nuevo culpable de las desigualdades sociales y de la exclusión social. De ahí que, desde los inicios de la reforma, los pedagogos áulicos la hayan emprendido sin piedad contra la condición profesional del profesor, hasta dejarlo casi totalmente desprotegido hoy en día.

Y una vez vencido el flanco de la autoridad del profesor, ya era fácil para la pedagogía instaurar el reinado de la relatividad del conocimiento: las materias escolares —afirman desde el inicio de la reforma— son imposiciones culturales que anulan la individualidad del alumno; las Lenguas Clásicas son inútiles y no aportan nada valioso al alumno; la misma inutilidad se afirma de las Humanidades, de las que se dice que son un reducto del pasado eclesial de España y contrario al espíritu de la Ilustración y de la Ciencia moderna. Con otro par. Y de ahí devino el rechazo de algunas asignaturas, especialmente las humanísticas, que han sido arrinconadas sistemáticamente desde el inicio de la reforma: primero, las Lenguas Clásicas; luego, la Historia, y ahora estamos en el proceso de eliminación de la Filosofía, que no sólo de la Religión. Y de ahí derivó el principio psico-pedagógico de la adaptación a los niveles psicológicos del alumno: lo importante ya no es qué se enseña (conocimiento), sino cómo se enseña (didáctica).

«En resumen —dice J. Delval en 1990—… Los problemas de la escuela no radican en lo que se enseña, sino en cómo se enseña, y mientras no se entienda esto todo esfuerzo de cambio será baldío. Creo que este es un punto fundamental si queremos cambiar algo en la educación.»

Y vaya si querían cambiar algo en la educación.

Todas esas creencias en torno a la educación fueron sintetizadas por los padres de la Logse, dando lugar al principio del “aprendizaje dialogado y participativo”, eso que hoy viene a afirmar en su declaración Ángel Gabilondo.

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Categorías: Panlogsianismo

Autor:José Penalva

José Penalva es profesor de la Universidad de Murcia y profesor visitante en la Universidad de Cambridge (GB).

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14 comentarios en “La argucia discursiva de Ángel Gabilondo”

  1. 9 junio 2010 a 8:05 #

    Muy bien, José, pero añado este matiz: lo que hace veinte o veinticinco años decían cuatro pedagogos imbéciles, irresponsables y que escondían su ambición en un discurso revolucionario, con ser disparatado y catastrófico, no estaba dicho aún entre las ruinas. ¿Sucede ahora lo mismo? ¿Se puede seguir siendo paidocéntrico y pedagógico después de lo que ha llovido? ¿Qué talla ética o profesional demuestran hoy en día este Enguita o Delval cuando asoman la nariz en los medios para defender aún los postulados que se han cargado la enseñanza en España? ¿Qué responsabilidad política o personal tiene un ministro de educación que, ante el actual estado de cosas, en lugar de dejarse la piel para cambiarlo, lo cual sería su obligación, se dedica a hacer genuflexiones ante la secta?

    • Francisco Javier
      9 junio 2010 a 16:45 #

      Pues está claro, ninguna talla moral y ningún sentido de la responsabilidad.

    • Francisco Javier
      9 junio 2010 a 16:48 #

      Pues está claro, ninguna talla moral y ningún sentido de la responsabilidad, ni de la verdad.

    • 9 junio 2010 a 17:36 #

      Gabilondo se ha rendido ante la secta pedagógica ante el primer embate, lo cual dice muy poco a su favor. Pero lo que tenemos que valorar, aunque ya lo sabemos en este foro, es que los pedagogos son muy fuertes y tienen mucho poder. Y para hacerles frente sólo un contrapoder muy decidido les podrá ganar la partida. Veinte años después de la catástrofe, los intereses creados son tan inmensos que sólo un cambio sustancial de estructuras podrá dar la vuelta a la situación.

  2. Maximiliano Bernabé Guerrero
    9 junio 2010 a 12:02 #

    Muy buen artículo. Una exposición impecable. La pregunta que me hago es: A los 20 años de comenzar a perpetrar el desastre, con la doctrina de la secta consolidada y asumida hasta por sus supuestos enemigos (el PP), ¿Es posible desmontar el catafalco y construir un sistema de enseñanza digno de tal nombre? Yo creo que sí, y nunca he sido optimista. Desde luego, nunca se conseguirá si nos ponemos las anteojeras educativas y, como consecuencia, entramos en un debate controlado dialéctiamente por los pedagogos. Sólo será posible en el marco de cambios de mayor calado, políticos si se quiere, para los que lo que será la situación política y económica española después del verano abre un cauce. ¿Alguien cree que es posible cambiar la enseñanza dejando igual nuestro sistema de taifas autonómicas, de democracia secuestrada por los partidos políticos, de sindicatos institucionales, y de seis partidillos nacionalistas como árbitros permanentes de la política nacional?

    • Francisco Javier
      9 junio 2010 a 16:42 #

      Dios te oiga, pero si ya resulta desolador comprobar lo difícil que es vislumbrar cambios en la educación, ¿qué esperar de la situación política (y económica y social ¡y cultural!)?

  3. Francisco Javier
    9 junio 2010 a 17:02 #

    ¿Qué margen de cambio queda entonces? Si los partidos recurren siempre a los tecnócratas pedabobos para establecer sus políticas educativas, no hay esperanza. Al entrar en su terreno serán abducidos y estaremos igual que siempre. Pero, ¿por qué a la hora de crear un sistema educativo hay que recurrir a ellos? ¿Por qué no a otros: catedráticos y profesores universitarios, académicos, profesores de Secundaria y Bachillerato, maestros, escritores, economistas, científicos, filósofos, …..? ¿Qué influencias tienen los Marchesi, Coll & Co. para que a pesar de lo evidente y tras dos décadas desastrosas de deriva educativa no sólo sigan ganando terreno, sino extendiendo fronteras (en concreto Latinoamérica a la que también llegarán o están ya llegando LOGSES, LODES,..? Me aburro.

    • 9 junio 2010 a 18:01 #

      Francisco Javier, ni llegarán ni están llegando… ¡LLEGARON ANTES!
      Marchesi y su coleguilla Polanco desembarcaron en Hispanoamérica a mediados de los setenta, y allí hicieron el caldo gordo con los créditos FAD. Era terreno abonado para estupideces pedabóbicas tipo Paolo Freire (todos mis respetos si al maestro de las favelas no se le saca de contexto). Lograron que una pequeña editorial, Santillana, se convirtiera en un emporio. Ahora Marchesi simplemente habita el lugar que durante tantos años se curró como un jabato: Secretario General de la OEI, para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

  4. Juan Poz
    9 junio 2010 a 18:28 #

    Podríamos comenzar por la reducción del currículo. Pocas asignaturas, fundamentales, y con horas suficientes. La banalización de la escuela ha consistido en convertirla en cajón de sastre. A la que se detecta un problema social, lo primero que se les ocurre a los políticos incultos es crear una asignatura: cocina, economía, sexo, circulación de vehículos, drogas… ¡Todo para la escuela hasta desfigurarla!, parece ser el objetivo final de quienes ignoran lo que es el hecho educativo. Ando preparando un artículo sobre las dificultades del proceso de aprendizaje y en el Juan de Mairena machadiano descubrí esto: “No pienso yo que la cultura, y mucho menos la sabiduría, haya de ser necesariamente alegre y cosa de juego. Es muy posible que los niños, en quienes el juego parece ser la actividad más espontanea, no aprendan nada jugando, ni siquiera a jugar”. Sin embargo, esa nefasta concepción lúdica del acto educativo ha arraigado en las mentes mentecatas de los mandamases que conciben la educación como una alienación, y así nos luce la calva…
    Abogo por reducir las materias a no más de seis por curso y estructurar éstos de tal manera que a lo largo de su vida escolar, los alumnos hayan aprendido algo sustantivo que les deje un poso eterno, o casi.

    • 9 junio 2010 a 22:27 #

      Y yo te apoyaré con todo mi ardor, porque siempre he pensado que una de las claves del descalabro es la perversión de los programas de estudios. El “convirtamos lo primero que está de moda en el HOLA en asignatura chachipiruli”. Véase: “Educación para la Ciudadanía” (50 minutos semanales en su pantalla).

  5. Maximiliano Bernabé Guerrero
    9 junio 2010 a 18:51 #

    Puede que acabar con el sistema logse-loesiano sea más fácil de lo que parece. Si lo miramos todo a través del prisma de los pedabobos es imposible, hasta te hacen chantaje moral cuando dicen ¿Pero cómo se va a acabar con esto cuando ya hay varias generaciones formadas de este modo? Pues acabando.
    Hay una anécdota de la Historia de Turquía que me gusta mucho. Cuando Kemal “Atatürk” se propuso europeizar el país, una de las cosas que emprendió fue sustituir el alfabeto islámico (siglos de uso, rica literatura, costumbre) por el latino, más sencillo a la hora de alfabetizar a la población. Encargó un estudio a una comisión y éste decía, más o menos: Tarea muy difícil, hay que empezar poquito a poco, textos en los dos alfabetos, éstos convivirán durante varios años… En suma, el cambio podría estar hecho en 20 años. Él se levantó y les dijo “Así no lo haremos nunca, dentro de tres meses todo lo que se imprima oficialmente estará con letras latinas” Y así fue, y así es hoy día en Turquía. Lo que quiero decir es DEROGACIÓN de casi todo lo legislado en enseñanza a partir de 1990, y barrido completo de pedagogos áulicos y su doctrina. Para esto hace falta un cambio político en profundidad.

  6. Jesús Alemán
    9 junio 2010 a 21:44 #

    Es realmente descorazonador ver cómo el discurso del propio ministro de educación se contagia y destila el lenguaje y las maneras de la secta pedagógica. De todos modos, no cabía albergar tampoco grandes esperanzas en un ministerio que está dentro de un gobierno perteneciente a un partido que es el gran responsable de los desmanes educativos de los últimos veinte años. Si esperanzas se quieren albergar, y a fin de cuentas dice el dicho que es lo último que se pierde, creo que no van a llegar ni por la vía del partido de la oposición (al que no le interesó dar un giro de 180 grados y se quedó en una tímida LOCE) ni por supuesto de las facultades de educación y sus “pedabobos”. La única baza posible tal vez sea la situación económica y social en la que nos encontramos, y que podríamos resumir con el título de la película: “Se acabó el pastel”: el pastel del “gratis total”; el pastel del despilfarro en todas y cada una de las administraciones de nuestro país; el pastel del pelotazo y el ladrillazo; el pastel de tanta subvención. Se acabó eso: la “subvención”: en su etimología latina, el “hecho de venir a sostener algo por debajo”. Pues ese es uno de los síntomas con los que se manifiesta el espíritu de la LOGSE: una ideología que viene a sostener a un inmenso rebaño de borregos: “pedabobos” que salen como rosquillas del horno de las facultades de educación y que han de colocarse en el sistema, políticos arrullados por el canto de las sirenas de la secta, y un alumnado y una población en general entregada a la jauja de la gratuidad y la ausencia de esfuerzo: libros, ordenadores, recursos, programas de refuerzo… y sobre todo títulos, muchos títulos. Con una población escolar “subsidiada” por ley orgánica, no me extraña que España ande a la cola en competitividad y productividad entre los países desarrollados: ¿Quién va a querer estudiar y formarse, cuando tantos títulos se regalan automáticamente? Pero de pronto llega la crisis y “se acabó el pastel”. Vamos a ver cómo los políticos y los “pedabobos” nos venden ahora las bondades de nuestro sistema educativo. Con la que está cayendo, sólo nos queda la esperanza de que el “recorte” llegue también a todos los ámbitos de la educación. Desde la economía, y desde los consiguientes cambios en la mentalidad social, es desde donde tal vez puede llegar únicamente un cambio de mentalidad en la enseñanza.

  7. Mariano
    10 junio 2010 a 9:02 #

    Hay dos claves en esta entrada y en uno de los comentarios:

    1.- Plantea el profesor Penalva
    ¿Es exagerado decir que el 100% de los pedagogos siguen a los líderes áulicos? Yo creo que más del 90% de los pedagogos españoles de hoy en día no conoce más principio y religión que la dicha. ¿Y qué pasa con el restante 10%?, preguntarán ustedes. Pues que están mirando para otro lado, no vaya a ser que tengan problemas cuando el noventa-por-ciento se siente en el tribunal que juzgue su acceso al puesto de trabajo.
    CONCLUSIÓN: Los grupos dominantes de la pedagogía oficial hacen imposible cualquier alternativa. Incluso hay pedagogos que tendrán miedo a pensar por su cuenta, por si no llegan a numerarios, no consolidan su puesto de asociado o se pueden despedir de la cátedra.

    2.- Dice Juan Poz:
    Podríamos comenzar por la reducción del currículo. Pocas asignaturas, fundamentales, y con horas suficientes.
    En la secundaria, el bachillerato y hasta en la universidad se da el mismo fenómeno, ligado al destrozo educativo: multitud de asignaturas o miniasignaturas, desvalorización de los saberes básicos, indistinción de materias fundamentales y marías. Es el diseño curricular. Un instrumento para dispersar y para dar el mismo valor a los conocimientos fundamentales que a la última ocurrencia del burócrata o pedagogo de turno.
    CONCLUSIÓN.- Debe haber una jerarquía clara de lo que es esencial saber en la escuela o en una facultad y de lo que es claramente accesorio

    Los tiros del discurso oficial me temo que van por el lado opuesto: siempre están hablando de la importancia de introducir temas transversales, educación vial, para la salud, la paz; asignaturas de libre configuración de dudosa utilidad; incorporación a la escuela de la enésima “innovación”, que suele ser una sandez.

    Y después las microasignaturas, que las hay hasta en los másteres oficiales, forman parte de una ficción absurda, hacen perder el tiempo, desorientan y despistan al estudiante sobre la copla con la que se tiene que quedar.

  8. Mari
    10 junio 2010 a 15:15 #

    Es posible que sea la economía, pero esperar a ver que pasa, no creo que sea la solución. Me parecería bien, para empezar, aceptar que para aprender hay que esforzarse, en entender, etc. y en apostar por un menor número de materias en Primaria y ESO. ¿Cuáles serían las imprescindibles por ejemplo en la ESO?, según tu criterio, Juan Poz. Y, ¿cuál el currículo de cada una de esas materias a grosso modo, para que a lo largo de su vida escolar los alumnos aprendan algo sustantivo…? También estoy de acuerdo en esto, menos transversalidad, ésta se da sin quererlo.

    Hecho en falta, desde la práctica, justificadas propuestas pedagógicas alternativas.

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