Recuperar la Literatura

Daniel Martín

Desde que la LOGSE unió los destinos de la Lengua y la Literatura en una sola asignatura, las dos sufrieron enormes bocados. La primera algo aguantó el tirón en cuanto es la principal rama del invento; sus males vienen más por el lado de la tiranía de lingüistas y filólogos. En cuanto a la segunda, dejó de ser una rama de las Humanidades y se convirtió en un sinsentido.

Nunca he entendido el sentido de estudiar Literatura según sus géneros. Tampoco entiendo por qué, desde siempre, se siguen estudiando los mismos autores, las mismas épocas, todo de esa manera entre dogmática y superficial que impide llegar al fondo del asunto. Góngora, que tiene mucho de renacentista en cuanto bebe directamente de Garcilaso y San Juan, de conceptista en cuanto compitió y aprendió de Lope Quevedo y, a veces, de gongorino, es, según los libros de texto, sólo el maestro de lo culterano, terrible mutilación del más grande poeta español. A pesar del cambio de los tiempos, se sigue sin estudiar a Sor Juana Inés de la Cruz, sin leer “El estudiante de Salamanca”, ninguneando a Galdós y reduciendo a Baroja, Unamuno, Cela, etc.

Sirvan estos ejemplos para mostrar el mal camino que lleva la materia. Claro que todo da igual porque, con el plan concebido por la LOGSE y continuado después, la enorme mayoría de los escolares españoles son incapaces de comprender la mayoría de las obras maestras de la literatura española, sea en el idioma que sea. Ni siquiera son capaces de entender las letrillas de Antonio Machado. ¿Cómo pedirles que vayan más allá de la letra de Juan Ramón?

La Literatura, tal y como se da y se estudia, no va a ninguna parte. Su unión a la Lengua ha servido también para cargarse el estudio humanístico. Sin latín, la filosofía “tomada” por el patético examen de Selectividad, y la Historia esclava de una planificación pésima, el alumnado español jamás se hará una idea de lo que supone ser humano, europeo, occidental.

En este mundo que vivimos, no sólo habría que ponernos a enseñar a leer a los chavales de tal manera que sean capaces de acercarse, incluso, al “Polifemo” de Góngora, sino que habría que llevarles hasta Shakespeare, Molière, Goethe… ¿Qué es un europeo sin conocer el mito de Fausto en su más sublime plasmación literaria? Pero si ni siquiera saben quién es Don Juan, como para hablar de Mefistófeles.

Cierto es que ahora se lee bastante. Literatura de mercadillo en forma de novelas fantásticas, vampíricas y demás engendros. Todo muy leve, superficial, intrascendente… nada profundo. Tarea mucho más sencilla que la de empujar a los alumnos a pensar, a llevarles por sendas que conduzcan a Tolstoi, Chéjov, Kafka, Carver, etc.

La Lengua y la Literatura, tal y como se enseñan ahora, son una mierda. No sirven para absolutamente nada. El estudio del idioma nacional -el sentido común de Unamuno- se pierde en palabros incomprensibles que alejan al alumno de su auténtico dominio. Así, da igual que les enseñemos dos fechas y cuatro características de los autores y sus épocas. Si, como los cabreros, son incapaces de entender a Don Quijote, estaremos fracasando estrepitosamente.

(Imagen: Chema Madoz)

Imprimir artículo

Share

Anuncios

Etiquetas:, ,

Categorías: Diagnósticos

Suscribir

Suscribirse a nuestros perfiles sociales y feed RSS para recibir actualizaciones.

13 comentarios en “Recuperar la Literatura”

  1. Juan Poz
    5 junio 2010 a 10:21 #

    Apreciado colega, no creo que te haga ningún favorr un juicio tan maximalista como éste: “La Lengua y la Literatura, tal y como se enseñan ahora, son una mierda”. En primer lugar porque, aunque las generalizaciones forman parte del entramado discursivo y argumentativo, recurrir a ellas empobrece el razonamiento. En segunddo lugar, porque es manifiestamente injusto un juicio de esa naturaleza. Háblame de cómo conciben las autoridades académicas la Literatura y cuáles son sus programas de exterminio respecto de la supervivencia de esa arte en nuestra sociedad, y quizás ahí podremos ponernos de acuerdo en un santiamén. Ahora bien, para quienes llevamos casi treinta años sorteando esas directrices para enseñar lo que nos parece oportuno, jugándonos acaso un expediente, una afirmación así no deja de ser muy insultante. Aquí en Cataluña, las autoridades han juzgado que con dos horas semanales podemos explcar la Historia de la Literatura española -aquí “en lengua castellana”- desde las Jarchas hasta Claudio Rodríguez, por poner uno autor no excesivamente joven, y se quedan tan panchas. Frente a eso, puedo tirarme un mes trabajando un soneto de Blas de Otero para afianzar el método de comentario literario de textos, por ejemplo, y no llegar, en la aplicación de ese antiprograma sino hasta la autobiografía de Teresa de Jesús, por poner otro ejemplo transgresor y a contracorriente. Quiero decir con todo esto que no hay que desconfir del sentido común de a quienes nos apasiona la literatura, porque, ¡afortunadamente!, hacemos de nuestrab capa un sayo y, amparados por la libertad de cátedra, y por las marxistas “condiciones objetivas” de nuestros cursos, tenemos una libertad que ya quisieran otras disciplinas. En estos tiempos dominados por la imagen en movimiento y el adocenamiento globalizador, raro es que podamos simplemente “acompañar” a nuestros alumnos al fenómeno literario, pero doy fe de que es posible, y doy fe de que la semilla fructifica aun en el más arisco de los secarrales, aunque tampoco me engaño respecto a nuestra capacidad de influencia. ¿De dónde venimos?, podríamos preguntar con Bécquer, y la respuesta es “de una minoría”, y ¿adónde vamos?, pues “a la inmensa minoría” juanramoniana. Pero en ese camino docente, ¡cuántas almas no hemos ganado todos para nuestra secta! Ese es el número de la esperanza. A él me aferro y él me hace de hierro, para resiistir los embates del desaliento. En el estercolero de la mediocridad sigue creciendo el jazminero del amor a la lectura.

    • 5 junio 2010 a 17:52 #

      Perdona Juan, pero no creo que de la expresión “La Lengua y la Literatura, tal y como se enseñan ahora, son una mierda” se pueda colegir que Daniel se está refiriendo a las actitudes concretas de los profesores de Lengua y Literatura. Estoy seguro que celebra la labor montaraz, de francotirador, que tú bien expones en tu comentario. En efecto, como bien dices, ahí estamos nosotros para que se produzca el pequeño milagro. Por supuesto.

      ¿Y cómo? Contra todo. Pese a todo. Intentando sortear los mil y un obstáculos que la Legislación vigente, nuestro presunto amparo, por el contrario nos interpone. Fracasando estrepitosamente en la mayor parte de los casos, alcanzando en ocasiones la más amarga de las desesperanzas.

      En este sentido, la clave de la entrada me parece acertadísima: “La Literatura, tal y como se da y se estudia, no va a ninguna parte. Su unión a la Lengua ha servido también para cargarse el estudio humanístico. Sin latín, la filosofía “tomada” por el patético examen de Selectividad, y la Historia esclava de una planificación pésima, el alumnado español jamás se hará una idea de lo que supone ser humano, europeo, occidental”.

      Un saludo, Juan, y un buen artículo Daniel.

  2. Luzroja
    5 junio 2010 a 11:51 #

    En Primaria no estamos mejor servidos.

    Mientras hay en 6º curso una EpC con 1,5 horas semanales y una Religión (o alternativa) con 1,5 horas semanales, tenemos una lengua castellana y literatura con 3,5 horas semanales.
    Nadie se hace cargo del tiempo tan monstruoso que se precisa en 5º y 6º para enseñar a escribir.

    Mientras en 1º,2º,3º.4º de Primaria lo que principalmente prima es aprender a: adquirir la fortaleza suficiente para poder escribir sin cansarse, hacerlo sin grandes errores ortográficos, alcanzar la capacidad de escribir sobre un sencillo texto leído, e iniciar al alumno en los textos autónomos, en 5º y 6º, escribir supone entrar en otra dimensión: primero hay que enseñarles el uso del borrador (siempre que pretendan hacer un texto escrito, tienen que saber que no les va a salir a la primera, que hay que hacer y rehacer el escrito hasta que quede bien y pasarlo a limpio para ser presentado, esta tarea es ingente) hay que aprender a puntuar bien (tanto acentos como, puntos, comas, paréntesis etc.) hay que escribir ordenando las ideas y ponderando la extensión, hay que enseñar a resumir, sintetizar, transformar, recrear un texto leído, e incluso a escribir sobre temas conocidos, (las tradicionales redacciones). Todo esto hay que dirigirlo, dar muestras, corregirlo (de forma individual), poner nota (si no, no lo hacen) y obligar al alumno a que rehaga el texto con las correcciones.

    No hay tiempo suficiente, por lo tanto se deja completamente de lado la escritura, despreciando la importancia tan crucial que tiene ésta para ordenar el pensamiento (hablar es algo rápido y desordenado, escribir es algo lento y meditado).

    Amigos y profesores de Instituto, los alumnos que os llegan NO SABEN ESCRIBIR tienen por lo tanto un competo desorden lingüístico y esto les impide poder entender textos de cierta complejidad.

    Que pretendáis que lean literatura entendiendo algo, es pedir peras al olmo.

    Un alumno en sexto curso debería haber leído: “El Lazarillo de Tormes”, “El Camino”, “El diario de Ana Frank”, “Un capitán de 15 años”, “El Conde Lucanor”, algunos cuentos de las “Mil y una Noches” mitos y leyendas tradicionales y una seleccionada antología poética. Esto no quita lugar a que cada cual lea lo que le apetezca de esa global literatucha que el mercado pone de propaganda.

    No hay tiempo para la “cocción a fuego lento”, se impone la “fast food”, que viene de la mano de la imagen, (por aquello de “más vale una imagen que mil palabras” y cuya validez como verdad pocos discuten).

  3. Francisco Javier
    5 junio 2010 a 20:19 #

    Desgraciadamente, al nivel que estamos, habría que empezar por lo más humilde: que los alumnos se aficionen a leer, que adquieran unos hábitos mínimos de lectura, que vayan creando su biblioteca persona,…l. Los clásicos están muy lejos de una gran mayoría de alumnos. Los niveles de comprensión, de expresión, de pensamiento de una inmensa mayoría están bajo mínimos. Primero empezar por aquí (en Primaria) y luego hablamos de los clásicos. Estupendo artículo.

  4. Luzroja
    5 junio 2010 a 23:16 #

    El alumno de Primaria no entiende la palabra escrita, acude principalmente a la imagen. La comodidad que hay en una imagen jamás la encontraremos en la lectura, los libros se compran por las imágenes (y bien lo saben los editores, que cuidan con esmero las imágenes minimizando el texto que parece una excusa para que el libro se pueda llamar libro y no “álbum de cromos”).

    Esta profusión de imágenes está por doquier, y el alumno entiende el texto por lo que ve, no por lo que lee.
    Si mantenemos este proceder en el tiempo, obtenemos chicos incapaces de leer 10 líneas sin ilustraciones.

    ¿Realmente consideramos importante leer? Creo que no, consideramos que la lectura es algo engorroso, complicado, confuso, tedioso y para evitarles estos malos tragos a nuestros hijos o a nuestros alumnos, les doramos la píldora, simplificamos los textos, suprimimos vocablos complicados, alteramos finales, hacemos adaptaciones pueriles, suprimimos las frases subordinadas, la conjuganción en subjuntivos, las frases largas…con ello fabricamos un producto de escasa calidad, dejándonos seducir por la falsa idea de conseguir que se aficionen a leer.

    Ningún chico se aficionará a leer, y mucho menos lo hará pasados los 10 años, si no ha sido entrenado en lo que a la lectura le da virtud: su potencia para transmitir ideas, pensamientos, conocimientos, valores, pasiones… potencia que está muy por encima de cualquier otra afición en la que el chiquillo se habitúa sin esfuerzo.

    Si el alumno encuentra en la lectura aquello que no puede estar en ningún otro lugar ,si consigue percibir la enormidad de lo desconocido y si atina a comprender que la puerta a ese mundo desconocido está en leer, entonces, el chico, se hará lector.

    Pero si la lectura que se le ofrece tiene la misma exigencia intelectual que la que le exige la tele, el video juego, o la consola…el alumno leerá mientras se lo manden, pero a partir de los 12 o 13 años, no leerá nada de nada, quizá lea algún que otro librito de moda como “El código Da Vinci” “El niño del pijama de rayas” o la pesada e infumable saga de “Harry Potter”.

    El niño por su cuenta puede leer cuanta basura le apetezca, pero en la escuela nada de eso, en ella hay que leer aquello que por sí mismo no leería nunca.

    • Ana Belén
      6 junio 2010 a 11:36 #

      Hola Luzroja,

      comparto absulutamente todo lo que dices, excepto tu comentario sobre “El niño con el pijama de rayas” y Harry Potter, sobre todo éste último. Su autora J. K Rowling es experta en mitología clásica y nórdica y en sus obras, el latín está presente en cada libro, en los conjuros, en los nombres, y tras los principales personajes se ocultan personajes históricos…Bueno, es que yo soy fan de Harry Potter, no lo puedo disimular. Pero es para gustos, evidentemente. Una saga que yo calificaría como “libritos de moda” es por ejemplo la de “Crepúsculo”. Hay un libro no autorizado por la autora que se titula “Los mundos mágicos de Harry Potter”, donde se explica el origen de los nombres, los conjuros, las criaturas, los personajes… a mi me pareció fascinante… Y otro dato a tener en cuenta es que son libros de cierta extensión, con una historia de fondo y sin ilustraciones. Otro tema es el negocio que vino después… y que como siempre deslució el espíritu de los libros…
      Y por supuesto en la escuela hay que hacer que lean los libros que ellos no leerían por su cuenta…
      Un saludo!

  5. Mari
    6 junio 2010 a 0:24 #

    Luzroja, tienes razón en lo del tiempo, falta tiempo para la Lengua en Primaria, pero, ¿qué hacer?
    La dificultad que entraña enseñar y aprender nuestro idioma con corrección es grande, si a esto unimos tener que enseñar a la vez Literatura e Historia de la Literatura lo es aún más, sí. Buscando la lógica, tal vez, lo correcto sería… que a partir de los 12 años el niño estudiara Morfología y Sintaxis, Ortografía, Fonología y Fonética, Léxico, Historia del Idioma y los diferentes tipos de textos: literarios y no literarios, para irse adentrando poco a poco en la Historia de la Literatura al mismo tiempo que estudia Historia, Arte, Filosofía…
    La Lengua, desde mi criterio, es difícil de enseñar, si lo que pretendemos es que los alumnos aprendan como es debido a expresarse tanto oralmente como por escrito.
    Enseñar y aprender nuestro idioma es difícil, porque no es sólo enseñar y aprender las diferentes clases de palabras, su morfología y ortografía, a analizar oraciones, etc. Conocer nuestro idioma implica expresarse adecuadamente, conocer todos los tipos de palabras y sus funciones dentro de la oración, las clases de oraciones, etc., así como diferenciarlas en un texto, distinguir entre las distintas clases de textos, producir textos (de diferentes tipos) utilizando las palabras más adecuadas, las oraciones más acordes a lo que se quiere decir; todo esto aliñado con algo de singularidad. Creo que, para llegar a expresarse con corrección – tanto hablado como por escrito -, el alumno ha tenido previamente que aprender a leer adecuadamente (expresiva y comprensivamente), haber ido adquiriendo un amplio vocabulario, buena caligrafía, ortografía, pronunciación, interpretando mensajes escritos y orales distintos cada vez más complejos: científicos, técnicos… literarios (en verso – lírico, épico y dramático – y en prosa – expositivos, argumentativos, narrativos, descriptivos y dialogados), haber memorizado reglas, etc.
    Tal vez, para enseñar conjunta y coordinadamente Lengua e Historia del Castellano y Literatura e Historia de la Literatura se deban utilizar – con alumnos de entre 12 y 16 – variados textos literarios y fragmentos de obras literarias griegas, romanas, medievales, renacentistas, etc. según la época que se esté estudiando – también en otras materias: Historia, Filosofía (interdisciplinariedad)… Nada nuevo, ya lo contemplaba la EGB.
    La evaluación de Lengua y Literatura tendría que ir encaminada a comprobar que el alumno es capaz de expresarse oralmente con corrección, distinguir entre los diferentes tipos de textos, de producir textos diversos y de conocer la Historia de la Literatura (principalmente la occidental y dentro de ésta más la castellana…)
    Es difícil…

    • Juan Poz
      6 junio 2010 a 17:15 #

      Mari, propones convertir a los niños en lingüistas, y ese no ha de ser el objetivo de nuestra asignatura, sino el de que sean competentes en su propia lengua o lenguas, según el caso. Es célebre ya en la profesión el artículo que publicó Luis Landero sobre la enseñanza del castellano -éste es el enlace: http://www.elpais.com/articulo/opinion/gramatico/palos/elpepiopi/19991214elpepiopi_3/Tes-. En él verás que la competencia expresiva de los alumnos no tiene nada que ver con el coonocimiento de la gramática. Eso, antes que Landero, ya lo denunciaba alguien tan poco sospechoso como Emilio Alarcos Llorach, quien defendía la misma tesis: no se ha de enseñar gramática a los niños, sino a saber usar la lengua. Lo que sucede es que para buena parte del profesorado les es más fácil enseñar la gramática, porque no les complica la vida, y, sobre todo, porque no tienen herramientas para enseñar a redactar. ¿Tú has visto las clases de lengua inglesa en los colleges americanos, por ejemplo? Digo visto por las series o las películas. Giran en torno a las lecturas programadas para los diferentes trimestres, y a partir de ellas se potencia, sobre todo, la comprensión y la redacción. ¿Suena a poco? Pues faltan horas de clase para llevar a la práctica un programa aparentemente tan poco ambicioso. En ese esquema de enseñanza, la corrección juega un papel fundamental, porque es a través de ella como se establece el diálogo educativo entre el profesor y el alumno. En fin, tan empachados vienen los alumnos de lo que ni entienden ni entenderán que se dejan por el camino de la Primaria lo esencial: saber hablar, inicarse en la comprensión, ampliar el lexico y progresar hacia los mensajjes complejos, amén de hacer los primeros pinitos en la redacción. Lo dejo aquí. El tema da para una tesis.

      • Fancisco Javier
        6 junio 2010 a 17:47 #

        Una de las pocas cosas sensatas que se han planteado en nuestros centros (en Madrid al menos) son los planes de lectura en el contexto de integración de las bibliotecas escolares en la red de bibliotecas públicas. Estoy de acuerdo en que el mejor modo de empezar es por aquí, leyendo y leyendo. Primero usar la lengua: leer, releer, escribir, corregir, declamar, memorizar, exponer, dialogar, razonar, desarrollar, pensar, imaginar, etc.. Tampoco ello es contrario al estudio de una gramática razonada y de las explicaciones conceptuales pertinentes. Pero sí estoy de acuerdo, que todo esto es prioritario a los análisis de la gramática estructural del Señor Chomsky. Al fin y al cabo, la mayoría de grandes escritores no han leído jamás a Chomsky (lo que no quiere decir que tenga un gran valor científico.)

  6. 6 junio 2010 a 7:18 #

    Excelente reflexión, Luzroja. La imagen como sustituto de las palabras. Aquello de “una imagen vale más que mil palabras” es falso de todo punto. Es gracias a la estructura lingüística de nuestra inteligencia que podemos “ver” e interpretar racionalmente el mundo. Mi gato ve mejor que yo, pero no lo mismo que yo; porque yo veo en función de conceptos inspirados en la realidad que, obviamente, son ajenos al felino. Para que una imagen tenga algún valor informativo debe ingresar en un cerebro organizado por la palabra/concepto. Cuando no es así, lo que el individuo ve no es diferente de lo que ve el gato. Es una cuestión de tanta importancia que da para un artículo. Otra lección que deberían aprender los pedagogos de la ignorancia.

  7. 6 junio 2010 a 18:58 #

    Parafraseando la célebre cita del camarada Vladimir Ilich Ulianov, podríamos decir: “¿Lectura para qué?”.

    Facultad de Educación. 3º de Magisterio. Curso 2007-2008. Literatura y su didáctica. Primeros días de clase. Sondeo de conocimientos previos. Ningún alumno ha oído hablar de Espronceda, ni de Sender ni de Pío Baroja. A dos o tres (de setenta en lista) les suena La vida es sueño. Nadie puede citar un dramaturgo del siglo XX. Tampoco pueden mencionar un narrador posterior a los 60. Excepto los best-sellers. A lo largo de un año apenas se consigue el nivel de un 2º de BUP de los de antes de los bárbaros. En las esferas oficiales son muchos los que consideran que para la formación de los futuros maestros el “canon” literario no vale. Y hay que sustituirlo por un “canon” pedagógico, impregnado de literatura juvenil e infantil, de juegos y actividades lúdicas y motivadoras. Por mucho que se hable de “educación literaria” como nueva especie, la constatación general es que el mundo del estudiante universitario de la especialidad mencionada más arriba está lejísimos de la lectura de textos cultos como actividad habitual. Con estos datos pensar en el futuro de la enseñanza de la literatura en la educación primaria se ilustraría con adjetivos que el pudor me impide escribir en un texto que vaya a ser publicado, aunque sea en un foro digital.

    Recuperar la literatura en la enseñanza, ahí es nada. Un desiderátum muy arduo en el actual marco educativo español. La reconversión de lo que las autoridades entendían como un bachillerato muy “academicista” desembocó en la pobreza que se viene sufriendo desde entonces, cuando llegaron los bárbaros imponiendo la estela destructiva de la LOGSE y sus disparates pedagógicos. El problema no es sólo la consecuencia del “diseño curricular” que jibarizó el contenido real de todas las asignaturas que tuvieran algo de sustancia. Es que todo el ambiente general del sistema escolar es hostil a aprender y a pensar más allá de un planteamiento utilitarista e inmediato. ¿Qué leer? A los doctrinarios del “método comunicativo” les parece más importante leer el prospecto del microondas, el equipo de música, un cómic o una página web cualquiera que bucear por textos ajenos al “entorno” del discente. Y de la lectura lo importante es saber “buscar la información”. Con arreglo a esos parámetros se hacen las evaluaciones de las competencias lectoras de los informes oficiales, con escasa presencia de textos literarios.

    Para la secta todo lo que no sea “educar para la vida”, en su ramplona visión de lo pragmático, es, simplemente, un saber inútil. Es que no dan más de sí. La proliferación de “marías” y asignaturas de saldo, incluso en la universidad, es una muestra de la degradación de las áreas de conocimiento que las autoridades desprecian como poco prácticas, nada modernas, que en el fondo consideran un reflejo y exponente de una enseñanza tradicional superada y obsoleta que no se ajusta al mundo actual. No es que sean malos tiempos para la lírica o que se aproxime un nuevo Farenheit 451, es que el canon literario se percibe como un estorbo y evaluar selectivamente ciertos conocimientos es para los bárbaros un signo retrógrado propio de tiempos nefastos que sólo los nostálgicos añoran.

    En estos años se han laminado las lenguas clásicas, se ha empequeñecido la filosofía, se ha trivializado todo el aprendizaje. No sólo el humanístico, también el artístico y la ciencia pura. Tienen en común todos ellos que no sirven para nada. Y se ha desvalorizado el conocimiento que no es estrictamente aplicable al instante. Es la cultura de lo efímero. Son las consecuencias de estar en manos de horteras, indocumentados y de una clase dirgente que quiere extender su mediocridad y su resentimiento. Y que ve con antipatía el pensamiento libre y el saber en sí. Sólo le interesa la cultura como espectáculo y como pátina para rodearse del artista o el escritor de moda. Como signo de glamour. Vivimos en una oclocracia o en una horterocracia. En ese contexto, intentar llevar a los alumnos por la senda de la literatura es una tarea muy difícil. Enseñar a estudiantes que tienen por lo general una base muy pobre en referencias, en hábitos académicos, en comprensión lectora, en vocabulario y en lo que los pedantuelos llamarían “competencia textual” es ir contra corriente. La literatura es un saber interdisciplinar. No es un saber autónomo. No se puede “construir” a partir de la nada.

    Toda la enseñanza se ha convertido en una gigantesca guardería. En la que al sector público se le ha asignado una función subsidiaria del privado, pese a la incongruencia de que ha sido la “izquierda” político-sindical la que ha diseñado todo el tinglado.

    Lo que a los estratos más dinámicos de la sociedad les preocupa es competir, aprovechar la formación académica para situarse mejor en el mercado y en la lucha por la vida. Para ese fin el diseño curricular del sistema educativo oficial no sirve porque sus resultados son pobres. Y los que se lo pueden permitir tienen que obtener fuera de sus circuitos la preparación que le va a permitir ser más competitivo: idiomas modernos, formación de postgrado más cara y selecta, práctica, pero de alto standing, no las optativas basura ni las adaptaciones curriculares de la bazofia generalizada para la masa. Quienes tengan medios para pagarse la enseñanza complementaria –al margen del sistema público- y otros privilegiados estarán en mejores posiciones en la línea de salida. El mundo real poco tiene que ver con la ficción buenista de los diseñadores de ciudadanías, temas transversales y demás baratijas.

    Pero preparación no es un sinónimo exacto de cultura. La cultura, sin más, apenas interesa ni a las autoridades ni a buena parte de la sociedad. Salvo como ornato. Sólo les vale a algunos individuos a título particular. Paradójicamente, la universalización de la enseñanza, tal como se ha hecho de mal, favorece que la cultura de calidad vuelva a ser más que antes un fenómeno de minorías.

    Y, sin embargo, el profesor de Lengua y Literatura, como el de cualquier otra materia, puede hacer en su clase lo que quiera. O lo que pueda y sepa. Otra cosa es cómo reaccione y colabore su público. En el fondo al poder le importa un rábano lo que cada docente haga en su aula. Aunque los más creyentes intenten propagar la doctrina pedagógica oficial y captar nuevos prosélitos. Si un profesor quiere jugar con plastilina, recomendar subproductos de literatura infantil o juvenil, hacer dinámicas de grupos o perder un trimestre haciendo un mural allá él. Como si se empeña en que sus alumnos aprendan literatura de verdad y amen la lectura como un fin en sí mismo. Es su problema. Si exceptuamos las vísperas de la selectividad, nada impide a un profesor explicar lo que le venga en gana en sus clases. Depende de su capacidad de resistir la presión del ambiente.

    Por eso, el comentario de Juan Poz a la entrada de Daniel Martín en DESEDUCATIVOS recoge una de las claves de la cuestión. Si el trabajo individual de un profesor remando en contra de la corriente puede conseguir algo en la enseñanza de la literatura, es logrando resultados sólo con “la inmensa minoría” juanramoniana. Y eso es lo triste. Que hoy el saber literario, con este sistema educativo, va a llegar a menos gente que con la escuela de antes de la LOGSE.

    Si comparamos las cuatro horas de Lengua más la cuatro de Literatura que había en el difunto COU con la asignación del currículum oficial a una asignatura unitaria en la que hay de hecho que sacrificar una de las dos por razones de tiempo… Si comparamos la consistencia general del bachillerato previo a la LOGSE con el que llevamos sufriendo desde hace casi dos décadas…. Si comparamos las lecturas obligatorias del temario de Literatura para la selectividad con el bagaje lector de los alumnos que acceden a las aulas universitarias…. Entonces entenderemos que se ha socializado y extendido la nada para el conjunto de la población en edad escolar. Es el diagnóstico más severo del modelo educativo que el “establishment” entiende como intocable. Un modelo en el que los saberes literarios, filosóficos y humanísticos han quedado reducidos a un segmento de población más pequeño. Absurdo. Y segregador, por cierto.

    Esa es la falacia de la enseñanza comprensiva. Si con un bachillerato selectivo (que a la altura de 1990 era ya bastante ´light´) el saber llegaba sólo a un sector de la población (el que sabía, quería y podía), con el actual modelo, la cultura propiamente dicha se convierte en un fenómeno mucho más minoritario que antes. Sin relevancia social. Y la preparación, que no es lo mismo que cultura, también es un fenómeno elitista y no generalizado. Para los sectores socialmente más humildes esa preparación es más ardua.

    Por contraste, tenemos que el sistema genera una gran masa consumidora (en tiempos de crisis un poco más reprimida), con un nivel crítico y de referencias muy empobrecido, sin apenas educación estética. Una subcultura niveladora por abajo, en la que los medios atienden la demanda de cultura basura y también aumentan la oferta para incrementar el beneficio. Se podrá decir que se regalan más libros que nunca y que las exposiciones puntuales tienen unas colas impresionantes. Y es que, de hecho, sólo interesa la cultura como consumismo. Pero eso sí. Tendremos muchos más titulados y podremos mantener la ficción de que hay “educación para todos”.

    Parodiando a Alaska, ¿A quién le importa? Hoy se venden muchas más obras literarias que nunca. Las ediciones han alcanzado en los últimos años cifras inimaginables hace décadas. El mercado fabrica novedades, productos editoriales, con proyección en el cine, la televisión, la red. Quizá con la coyuntura económica flojee hasta que remontemos el vuelo tras pagar nuestras deudas públicas y privadas.

    Por otro lado, la literatura de calidad, en cuanto creación, está más al alcance de la población que nunca. Hay más bibliotecas. Los lectores pueden leer si quieren. Otra cosa es extender, pregonar y difundir la literatura en la escuela, porque supone un esfuerzo intelectual; y eso es pecado para la secta pedagógica. Otra cosa es trasladar a toda la población la lectura de obras difíciles, que están fuera del entorno inmediato del alumno. Ese es su mérito. Le abren la puerta al lector a otros mundos. Otro asunto es superar las dificultades e integrar todos los saberes que son necesarios para adentrarse en el placer de la literatura con mayúsculas, con perdón. Eso no interesa: es costoso. Hace falta un sedimento que se cultiva con el tiempo para formar lectores. Sólo a quien día a día enseña literatura y ha decidido no claudicar le parece preocupante el panorama y capea el temporal como puede. Que no es poco.

  8. Mari
    8 junio 2010 a 15:05 #

    Juan Poz, agradezco tu comentario, ya conocía el artículo de Landero, pero gracias. Sí, ese parece ser el camino, el que comentas. No sé si por falta de una didáctica de la Lengua competente o… Tiene razón cuando dice, al menos así lo entiendo, que la comodidad del profesorado en algunos casos o la falta de preparación a la hora de enseñar a redactar es ¿habitual?; de lo dicho, se podría deducir que no son pocos los casos en los que se imparte la materia inadecuadamente.
    También tiene razón cuando dice que el tema da para una tesis.
    Me atrae el método de la corrección, pero éste también implica conocimiento exhaustivo de la lengua (de todas y cada una de sus partes) por parte del profesor. Si el alumno se expreso mal, si cometió errores ortográficos, etc. habrá que explicarles el o los motivos. Es posible que con este método vean los alumnos con más claridad el por qué es tan necesario expresarse lo más correctamente posible en el propio idioma.

    No sé que fue primero, la gallina o el huevo; lo que sí sé es que siempre existieron músicos de oído, algunos… sublimes, y maravillosos estudiosos de la música, algunos también extraordinarios. Del mismo modo hubo y hay personas que dominaron y dominan nuestra Lengua sin conocer la Gramática, etc. y otros autores estupendos que la conocían a la perfección, tampoco son pocos los que se han preocupado de cómo enseñarla. Pero esto es hablar de elegidos. Me conformo con que seguir leyendo, escuchando y aprendiendo.

  9. Ana Belén
    8 junio 2010 a 17:18 #

    Un análisis magnífico de la situación, Mariano, de aquello en lo que han convertido la enseñanza. Aún sigo preguntándome cómo hemos podido llegar a esto, cómo hemos podido descender tanto…y cómo tantas y tantas personas de esta profesión siguen mirando para otro lado o peor aún, negando la evidencia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: