Me cisco en las competencias y en Bolonia

FANECA

(Por Juan Antonio García Amado*, miembro de FANECA)

Asco de tarde de domingo. Mañana se me acaba el plazo para “colgar” la Guía Docente de la asignatura que el año que viene impartiré en el nuevo Grado en Derecho. Tengo preguntas interesantes que nadie podrá responderme. Por ejemplo, por qué diablos no vale hacer un programa de los de toda la vida, con temario, bibliografía y unas pocas informaciones prácticas. Pues no, ahora no vale. Hay que enredarse en sandeces propias de pedagogos a la violeta. Otra vez las competencias, entre otras cosas.

Mi universidad ha puesto a nuestra disposición una especie de folleto con instrucciones y consejos sobre cómo hacer una Guía Docente. Miren este fragmento, por favor, miren este fragmento. Es largo, pero lo copio entero. Con él está todo dicho sobre la clase de autotocamientos mentales que se traen los que mandan en las universidades en esta época oscura. Luego me permitiré algún comentario más.

Dice en su página 7 el Modelo de Guía Docente de mi universidad:

“15) Son muchas las definiciones que existen en la bibliografía del término competencia, que se convierte en una de las “piedras angulares” del Espacio Europeo de Educación Superior. Hemos seleccionado la del “Proyecto Piloto Tuning”, que señala que las competencias representan “una combinación dinámica de atributos en relación con conocimientos, habilidades, actitudes y responsabilidades, que describen los resultados de aprendizaje de un programa educativo o lo que los alumnos son capaces de demostrar al final de un proceso educativo”.

16) Las competencias genéricas o transversales son aquellas comunes a cualquier titulación, tales como la capacidad de tomar decisiones, de aprender, de diseñar proyectos, etc. Por tanto, se puede afirmar que son las mismas, con independencia de la materia/asignatura dentro de la titulación e incluso que son las mismas para la gran mayoría de las titulaciones. Suelen venir especificadas en el “Libro Blanco” del Grado en cuestión, así como en el R.D. 1393/2007 por el que se establece la ordenación de las enseñanzas universitarias. Se recomienda que al plantearlas su enunciado sea corto, claro y comprensible por parte del estudiante. El “Proyecto Tuning” diferencia tres tipos de competencias genéricas o transversales: a) competencias instrumentales: relacionadas con el manejo de herramientas; b) competencias interpersonales: las que permiten mantener una buena relación social con los demás y c) competencias sistémicas: relacionadas con la obtención de una visión de conjunto y con la capacidad de gestionar adecuadamente la totalidad de la actuación. Algunos autores distinguen un cuarto tipo de otras competencias, no incluidas en las tres anteriores.

Arias Blanco (2009) incluye la capacidad de análisis y síntesis, de organización y planificación, de comunicación oral y escrita, el conocimiento de una lengua extranjera, el conocimiento de informática relativo al ámbito de estudio, la capacidad de gestión de la información, la resolución de problemas y la toma de decisiones como ocho ejemplos de competencias instrumentales. Entre las competencias interpersonales, enumera el trabajo en equipo, el trabajo en un equipo de carácter interdisciplinario, el trabajo en un contexto internacional, la habilidad en las relaciones interpersonales, el reconocimiento a la diversidad y multiculturalidad, el razonamiento crítico y el compromiso ético. Destaca dentro de las competencias sistémicas el aprendizaje autónomo, la adaptación a las nuevas situaciones, la creatividad, la capacidad de liderazgo, el conocimiento de otras culturas y costumbres, la iniciativa y el espíritu emprendedor, la motivación por la calidad y la sensibilidad hacia temas medioambientales. Por último, dentro del capítulo de otras competencias abarca la capacidad de aplicar los conocimientos teóricos a la práctica, el uso de internet como medio de comunicación y fuente de información, la experiencia previa, la capacidad para comunicarse con personas no expertas en una determinada materia, la capacidad de entender el lenguaje y las propuestas de otros especialistas, la ambición profesional, la capacidad de autoevaluación, el conocimiento de una segunda lengua extranjera y la capacidad de negociación.

Es conveniente que las competencias genéricas que se incluyan en cada guía docente vayan numeradas. No deberán resultar excesivas, ya que posteriormente habrá que justificar su evaluación, por lo que sólo se deberán incluir aquéllas que se vayan a trabajar en cada asignatura concreta”.

Y ahora que el que pueda me responda a esta pregunta: ¿por qué nos sometemos?

Pues miren, un servidor no se somete, o no del todo. Voy a hacer la Guía en cuestión, pero de guasa. A ver qué pasa. Ya les contaré. De momento, les doy este anticipo con ánimo de que prenda la rebelión.En el apartado “Competencias transversales o genéricas“, he puesto estas tres:

1/ Empatía intelectivo-emocional;

2/ Capacidad de síntesis reactiva;

3/ Razón práctica analítica compenetrada.

En el apartado “Recomendaciones o conocimientos previos necesarios” me he permitido el siguiente alarde de sinceridad:

“Recomendación: aplicarse al estudio con seriedad y como si se tuviese una férrea vocación intelectual y académica.Conocimientos previos: conviene un tanto que se domine la expresión castellana oral y escrita, así como las reglas más básicas de la aritmética. No está tampoco de más una cierta base de cultura general, a ser posible nacida de la lectura de libros de variada especie. No resultará ocioso el adecuado manejo de las normas más elementales de urbanidad”.

A la cuestión atinente a la “Metodología docente” contesto con las siguientes consideraciones de incuestionable hondura:

“La metodología docente que se utilizará en el proceso de enseñanza-aprendizaje, es decir, en las clases, combina múltiples aspectos:
a) Estáticos y dinámicos.
b) Ciertos y dudosos.
c) Heredados y aprendidos.
d) Testados y atestados.
Así que tendremos:
– Clases teóricas, en las que se impartirá teoría.
– Clases prácticas, en las que se practicará la teoría, como mínimo.
– Talleres (workshops): para reparar ideas en mal estado.
– Seminarios: desconocemos su diferencia con los talleres, pero se harán también y bajo ese nombre específico.
-También habrá tutorías de todos los tipos posibles: individuales y grupales, por un lado, y presenciales y virtuales, por otro. Como explican Drake y Morgan (New York, 2005, pp. 237 ss), la combinación de esas tipologías da las variantes siguientes, todas las cuales serán cultivadas aquí: 1) individual-presencial; 2) individual-virtual; 3) grupal-presencial; 4) grupal-virtual”.

Ahora tengo una pregunta para usted, estimado lector de nuestro mismo gremio. Que la enseñanza debemos tomárnosla muy en serio es indiscutible. Pero, ¿por qué nos tomamos seriamente estas patochadas de los pedabobos? ¿Por qué elaboramos estúpidas guías docentes como si no tuviéramos mejor cosa a la que dedicar el tiempo? ¿Por qué nos creemos nuestros propios cronogramas y hasta nos sometemos a las comisiones de compañeros mandangas que pretenden vigilarnos y apercibirnos si nos salimos un ratito del epígrafe que toca? ¿En tan poco nos tenemos? ¿Tan bajo hemos caído? ¿De verdad nos asusta esa coalición de conveniencia entre pedagogos incultos y burócratas sin seso? ¡Anda ya!

(*Juan Antonio García Amado es Catedrático de Universidad de Filosofía del Derecho en la Universidad de León y autor del blog Dura Lex.)

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13 comentarios en “Me cisco en las competencias y en Bolonia”

  1. muyasqueado
    4 junio 2010 a 7:13 #

    Es la extensión de la pedagogía de la logse/loe a la Universidad, situación mucho más grave.
    Los resultados de las leyes educativas socialistas ya los estamos saboreando, analfabetismo extendido en unos porcentajes muy superiores a los de épocas predemocráticas.
    Los babosos de la logse dirán que ahora hay más equidad, por estar toda la población recogida en las aulas de la ignorancia, una buena justificación.
    Sigo asombrándo ante las dehemenciales competencias que pretenden imponer. Parece que pretenden conseguir que los universitarios sean una especie de playboy, hablando varios idiomas, conociendo las tic a nivel de usuario, viajando por Europa con sus becas “orgasmus”, ejerciendo la capacidad de liderazgo, soportando los grotescos trabajo en grupo y unas cuantas frivolidades más.
    Aún más deprimido estoy porque nuestras autoriades persiguen, demostrando su ignorancia, el concepto de profesor que tiene profundos conocimientos y está dispuesto a transmitirlos a sus alumnos.
    Para cambiar de planeta, si esto es lo que viene.

  2. 4 junio 2010 a 10:00 #

    Hay que agradecer al autor de la entrada que los estragos de las mamarrachadas boloñesas se difundan y se den a conocer al máximo. Para que las conciencias despierten y vean cuán lejos está llegando la memez institucionalizada.

    Las Guías Docentes son una muestra más de la invasión y vampirización

    Las Guías Docentes se hacen en otras facultades con un pega y recorta de las sarcásticamente llamadas competencias, que están.

    Como se dice en otro comentario, es la extensión de la pedagogía a la universidad, de la que ya se ha hablado en este blog.

    El asunto es grave. Es la burocratización extrema, la limitación de facto de la libertad de cátedra del profesor. La inflación de papeles absurdos. El triunfo de la mediocridad. Y la forma de cubrir el vacío y la ignorancia con una fraseología farragosa y una jerga sólo apta para los iniciados.

    Los programas escuetos con una bibliografía de consulta eran un documento más honrado y más aplicable.

    La forma en la que se está aplicando Bolonia en la universidad española es un “bluff”, del que ya empiezan a ser conscientes algunos estudiantes. Se trata de una reconversión muy cutrona, dirigida por una especie invasora, tan peligrosa como el mejillón cebra. En la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid hay un cartel que convoca a una asamblea en la que van a hablar de los grados, entre ellos el de Maestro. Y reza así: “NOS HAN ENGAÑADO”.

    No sé cuánto tiempo tardarán en llevar al Código Penal “el timo del Máster”. A lo mejor no lo tipificarán nunca como delito. Pero moralmente es una estafa.

    Todo este tinglado lo apoya la inmensa mayoría de los rectores y del propio “establishment” universitario. Es un exponente de una grave putrefacción del sistema, que ha apostado por una ficción detrás de la cual se esconde la incapacidad de adecuar de verdad la enseñanza superior a las necesidades de formación de unos estudiantes que acceden a las aulas universitarias con un bagaje muy pobre en términos generales.

    Bolonia es la excusa para colar cualquier barbaridad, todas en la dirección del avance de la mediocridad, la incompetencia intelectual y el triunfo de los tecnócratas, burócratas y pedagogos que aspiran a controlarlo todo.

    El profesorado no creo que reaccione como colectivo ante esta invasión de la estulticia organizada. Hay tantos intereses, tanta endogamia, tanta falta de altura de miras, tanta fragmentación corporativa y territorial…. Ojalá me equivoque. Y se pudiera articular un movimiento fuerte para mandar todo esta enseñanza boloñesa al cubo de la basura.

    A los estudiantes les han vendido motos absurdas sobre lo que era Bolonia, entre las fábulas de ´Alice in Wonderland´ (discurso oficial) y con movilizaciones absurdas contra el neoliberalismo y la mercantilización (discurso de los tonto-alternativos). Tardarán en darse cuenta de la estafa que representa la nueva reforma universitaria, pero como es un timo en el que se rebaja el esfuerzo, ahí el sistema va a encontrar la complicidad de los clientes estafados.

    ¿Y la sociedad? Hace décadas que la universidad está de espaldas a la sociedad. Esta sólo demanda que sus hijos puedan tener un título, lo más barato posible. Y en este país de taifas y feudos de todo tipo a nadie le interesa medir la eficiencia real de un sistema que pagamos con nuestros putos impuestos.

    ¿Y la clase dirigente? Mejor no hablar. Los políticos de uno y otro signo, de ámbito nacional y autonómico, hasta ahora lo que han hecho ha sido mucho daño a la enseñanza universitaria.

    Sólo de vez en cuando un artículo aislado en alguna columna periodística, alguna voz lúcida que clama en el desierto rompe este círculo de ficciones, intereses mezquinos y mediocridad irrespirable.

    La Universidad debería unirse a la lucha contra esa plaga infecta de los pedagogos. Es nadar contra corriente. Pero si no lo hace, es el propio estatus de profesor universitario el que está en peligro.

    Si no hay dentro de un gobierno una cabeza con decisión y energía que ponga fin a tanto desmán, vamos a asistir a la degradación plena de las enseñanzas universitarias, impregnadas de burocracia y gilipolleces, exhibiendo una ficción, que como todas las ficciones diseñadas por los mandarines, terminará estallando y mostrando la verdadera faz del desastre. Igual que nos hemos despertado de la ensoñación y de la noche a la mañana hemos descubierto que somos y seremos más pobres. Entonces, algunos nos tememos, ya será demasiado tarde para remediar el inevitable desastre que se avecina.

    Y la respuesta a la pregunta retórica con la que concluye su artículo es. Hace falta una dosis de contestación y de rebeldía frente a la enésima agresión de la casta burocrático-pedagógica-parasitaria.

  3. 4 junio 2010 a 10:04 #

    Fe de erratas: Después de “vampirización” falta “llevada a cabo por los tecnoburócratas”

    Después de:
    “Las Guías Docentes se hacen en otras facultades con un pega y recorta de las sarcásticamente llamadas competencias, que están.” falta “en el Campus Virtual”

    Se fue la tecla (No sé si habrán infiltrado también en mi ordenador).

  4. 4 junio 2010 a 12:05 #

    Gracias al autor del artículo y a Mariano, por su penetrante comentario. Mi opinión sobre la letal extensión de la gangrena pedagógica a la universidad quizá peque de ingenua, pero creo poder defenderla con la lógica y los datos disponibles. En otras ocasiones la he expresado ya. Aquí no hay ni siquiera mala fe en quienes están amojamando todo el cuerpo del conocimiento y la enseñanza. Ni creo que responda a ningún plan preconcebido para entontecer a la población. Es muy sencillo: no tienen capacidad intelectual para tan mayúsculo ardid. Ni cultura. Nada de nada. ¿Algún dato que apoye esta suposición? En primer lugar, uno subjetivo, derivado de mi experiencia en la carrera de psicología: se nos instruyó en un páramo intelectual y cultural de vértigo. Ni rastro de filosofía. ¿Cómo alguien por completo ayuno de cultura clásica e intelectual va a poder pergeñar un plan para degradar las meninges de quienes sí las tienen más nutridas (la de los docentes con más preparación de cualquier especialidad)? Eso es un contrasentido. Es más: no sólo se nos instruyó para mostrarnos ajenos a la filosofía, sino incluso para que la despreciásemos. De aquellos vergeles de ignorancia positivista no pudieron salir arteros programadores del desastre, sino ingenuos programadores del desastre. En su ingenuidad, falta de doblez y acabada cerrilidad reside su eficacia. Como la de cualquier hormiga-soldado.

    Y un dato objetivo que debería dar qué pensar y que me reafirma en lo dicho: el 95% de los estudiantes de pedagogía acaban en ella porque no pueden acceder a otras carreras. Dicho de otro modo: es una carrera “maría”. Atrae a los menos dotados. Y lo gordo es que estamos dejando la enseñanza en sus manos. ¿Cuál podría ser el resultado? Ellos simplemente aplican lo que se les ha enseñado. Las teorías tontas atraen a los tontos. Simple cuestión de selección natural. Las que maneja la pedagogía no pueden ser más tontas. Los más inteligentes están en otras cosas, como es lógico. Obviamente, hay estudiantes de psicología y pedagogía muy inteligentes, pero desertan pronto de la militancia oficial y se preocupan de formarse por su cuenta y razón.

    ¿Alguien de arriba y con más cabeza ha colocado a los pedagogos en lugares estratégicos para idiotizar el sistema? Tampoco lo creo. Ni Zapatero ni Pajín ni todos estos iletrados están por encima de las tonterías que predican. Han pasado por el mismo proceso de selección: se han adherido como lapas a la ideología más tonta pero dominante. Acabaron en tan altos puestos de mando a base de mostrar incondicional y acrítica adhesión a la ideología en cuestión.

    ¿La banca, los empresarios quizá? Es cierto que a éstos les interesa una masa de población ignorante que sólo piense en consumir. Pero amigos míos, si llegásemos a alcanzar el misérrimo nivel intelectual que nos tienen destinado los pedagogos de postín, una cantidad ingente de ciudadanos no sabrá hacer una O con un canuto ni habrá trabajo para ocupar a tanto indocumentado. ¿Cuánto podrá consumir un ignaro en paro o en condición laboral precaria a perpetuidad? Se necesitan ignorantes consumidores, pero también productores con un mínimo de capacidad.

    Y, no obstante, aunque detrás de toda esta debacle se escondiera alguna mano de titiritero astuto, lo inquietante no es eso. Lo inquietante es la quietud con que los sectores críticos de la sociedad aceptan esta invasión de suprema gilipollez, la mansedumbre con que la mayoría traga el sapo. Si los pedagogos soban poltronas, no es por sus méritos intelectuales (¡claro está!), sino por demérito de los inteligentes que lo consienten. Si el padre se deja dominar por su niño de cuatro años, ¿le echaremos la culpa al niño? Pues eso, dejemos de echarle la culpa al tonto. Él sólo cumple con lo que sus neuronas le dictan.

    • Francisco Javier
      4 junio 2010 a 13:05 #

      Pero esa estupidez con mayúsculas es tal vez la expresión más temible del mal radical. Es justamente esa estupidez testaruda, opaca, inconsciente lo que la hace tan poderosa y difícil de vencer. Es necesario un gran esfuerzo para minar el muro de la idiocia. En eso estamos.

      • 4 junio 2010 a 14:18 #

        En efecto, Francisco Javier, eso lo que intento explicar: su poder reside en su ceguera, en que defienden sus creencias con fanatismo, con redomada irracionalidad. Sí, ese es uno de los grandes males de que aquí nos quejamos amargamente. Pero otro, peor si cabe, es la general aquiescencia de quienes deberían oponerse a la idiotez imperante, y no sólo hablo de profesores críticos y demás funcionarios hastiados; también me refiero a cualquier ciudadano culto que asiste doliente pero impertérrito al desmoronamiento de la cultura, aceptándolo como si de nuestro ineluctable destino se tratara. Hay una sensación de terrible impotencia ante el avance de la estupidez. Cada persona crítica cree ser demasiado poca cosa como para plantar cara a una situación que ya parece desmadrada y fuera de todo control inteligente. La reacción es demasiado tardía. Y la misma percepción de que llegamos tarde, desalienta y aboca al laxismo de no pocos. Ronda por la cabeza un amargo “ya no hay nada que hacer, esto se nos ha ido de las manos”. No negaré que es lo que a mí mismo me ocurre. Cada vez que intento ver el telediario y el busto parlante de turno inflige un terrible y continuado castigo al idioma, me doy al diablo y cierro. Cada vez que nos machacan con absurdeces de política correcta, de género, con cantos oficiales a la chabacanería galopante e higas a la cultura (la de verdad), me aprieta el pecho un chincho de asco indescriptible, de hartazgo y náusea. Pero no sé qué hacer para conjurar el estropicio. Nada realmente eficaz se me ocurre. Lo que hago, sea lo que sea, es sólo a instancias del sentido del deber, la necesidad de desahogarme o el pataleo anejo de la cólera, no porque crea que algo vaya a cambiar realmente.

        La rebeldía que aquí ensayamos e invocamos ha sido el remate de mi decepción, de mi pesimismo. Porque no estamos llamando a la rebelión a pobres campesinos incultos, sino a la parte de la sociedad más preparada intelectualmente, con el lacrimoso resultado de que a día de hoy apenas mil personas han apoyado con su firma el manifiesto. Y no es que nosotros no hayamos sabido conseguir más adhesiones. Hacemos lo que podemos, pero los milagros no son de nuestra competencia. Todavía no los dominamos. No tenemos nada que hacer, amigos. Que cada cual haga lo que su conciencia le dicte al enfrentarse a una causa perdida.

        A la quietud pasmosa de tantos, por impotencia, miedo, conformismo, pesimismo o laxismo, sucederá un malestar creciente de la ciudadanía. Pero no porque ésta vea fenecer la cultura –qué risa- sino porque los lobos del paro y la precariedad laboral asomarán el hocico tras la esquina: todavía más. Entonces vendrán las prisas, pero la respuesta será, probablemente, la que para estos casos tiene reservada la ley del péndulo. ¿Se responderá con inteligencia o simplemente se dará un golpe de mano ciego e igualmente cerril? ¿Qué cabe esperar de una sociedad que asiste gustosa o indiferente a la degradación de la cultura y la aplaude como si fuera un espectáculo? Nuestras sociedades (no sólo la española) han convertido en espectáculo diario el escarnio de la cultura. Es la “cultura” que se fagocita a sí misma. Celebraré oír razones y datos que puedan alimentar la esperanza. Yo no los conozco.

  5. Francisco Javier
    4 junio 2010 a 15:55 #

    Estimado Raus,

    te comprendo perfectamente y comparto tu hastío, la sensación de impotencia,… En todo caso, este blog lleva poco tiempo y su incidencia está siendo más que aceptable. De hecho me sorprende que se mantenga con salud. Es cierto que somos todavía muy pocos, pero quien sabe si los efectos un tanto imprevisibles de la red cibernética nos podrán dar alguna satisfacción más adelante. En cualquier caso, el número y la calidad de muchos de los artículos y reflexiones -los tuyos desde luego- que se van creando no debe minusvalorarse.

    Me ha sorprendido mucho el artículo sobre la Universidad de Juan Antonio García Amado. Yo no me imaginaba que la cochambre pedaboba podría llegar a tomar posiciones en la Universidad. Me equivocaba y lo siento mucho por los profesores universitarios al igual que por los pobres alumnos. Me pregunto cómo es posible que se puedan plantear estas cosas en serio ¡y que encima se lleven a la práctica!, y no sé contestar. Y me pregunto cómo es posible que la Universidad no esté ya alzándose en armas ante tal desvarío, ante tal insulto a la inteligencia. No puede ser. Mi esperanza es que en breve haya una reacción, empezando por los docentes. No puedo creer que en la Universidad se puedan tragar esta basura sin protestar; y profesores con sesera los hay seguro. La mala armonía preestablecida del mal (de la estupidez) no puede ser tan perfecta, tiene que hacer aguas por algún sitio.

    Un saludo.

    • 4 junio 2010 a 16:59 #

      Sí, amigo Francisco Javier, si yo también vengo a respirar aire puro en este rincón del océano digital. Cómo no. En todo no estaremos de acuerdo los autores pero sí en mucho y en lo suficiente. Y también disfruto y celebro estas reflexiones atinadas de todos vosotros. Mi pesimismo lo mezclo con rabia y sentido del deber y no dejo que me abata. No quiero ni pensar cuánta quina tuvo que tragar el pobre y genial Lázaro Carreter. Si yo, en mi ignorancia, la trago en dosis tóxicas, ¿cuánto no tragaría él? Él y otros como él. Lo pongo como ejemplo porque fue testigo (¡presencial!, ¡testigo presencial se dice ahora, Dios mío!) inerme del despojo, que denunció sin obtener ningún resultado visible. Ninguna institución le prestó oídos. Sólo unos pocos ciudadanos le leímos y reverenciamos. Sus dardos daban siempre en el blanco, mas ni siquiera escocían. Sus receptores tenían el antídoto en sus venas: la estupidez.

      Pero lo más triste, estimado Francisco Javier, llega cuando se comprende cómo es posible que nadie (ninguna institución y muy pocos hablantes) hiciera caso de un hombre tan sabio en cuestiones gramaticales. Y es triste porque la respuesta nos debería dejar en apnea a todos: no se le hizo caso porque sabía mucho, porque era un sabio. Ese es el punto. La estulticia reinante huye pavorosa del que sabe. Y esto significa que cuantas más muestras de inteligencia y solvencia se den aquí o en cualquier otro oasis virtual de la red, más espesa será la sordera de quienes deberían escuchar. Harto sabemos de qué nos tildan nuestros oponentes. Lázaro Carreter clamó en el desierto. Y lo hizo con ironía simpar, con lucidez y erudición magníficas. Y nada logró, salvo la sincera reverencia de unos cuantos. La barahúnda siguió su curso, ajena a su voz, sorda a cualquier voz en que brillara la luz de la inteligencia. Imparable.

      La idea de aunar en un blog diversas voces críticas es genial. La aplaudo todos los días. Pero no me quiero engañar respecto de nuestras posibilidades. Y estoy seguro de que Lázaro Carreter no escribía con la esperanza de cambiar el rumbo loco de la lengua. Escribía porque sabía que era su deber advertir a la tripulación que aquélla navegaba a la deriva. Escribía contra los malhablados para no morirse de rabia y asco. Con todo, ojalá lleves razón, Francisco Javier. Quizá yo esté equivocado. Cuánto me alegraría. Nada me gustaría más que celebrarlo con vosotros copa en mano… algún día.

      Un abrazo.

  6. Ania
    4 junio 2010 a 21:14 #

    Tal vez los enseñantes , al menos los de la pública, nos estemos muriendo de elitismo y segregacionismo “de carrera”.

    Tal vez estuviéramos más unidos, actuando, guerreando y firmando, si no nos sintiésemos ninguneados y despreciados “unos” colectivos por miembros de “otros”. Tal vez si fuéramos todos “contratados laborales públicos”…

    Pero el objetivo de l a publica parece consistir en que “todos seamos funcionarios”. En ello parecen estar de acuerdo nuestros amados zares sindicalistas, funcionarios de carrera y opositantes sempiternos varios: ¿No es esa la mentalidad de una mayoría de participantes de este foro?

    Mientras tanto ; el llevar media vida o una vida entera laboral sin haber sido seleccionado para el “club” nos hace parte de un sistema que a menudo nos recuerda que somos “aves de paso” y, a veces, -y en honor al término-(a alguno os parecerá peregrino), procuramos “pasar” para soltar lastre y evitar victimismo.

    Yo creo que se debiera limitar el tiempo de interinaje a unos pocos años o , mejor aún , hacer contratos laborales para todo el profesorado de la escuela pública

    La situción actual no favorece la unidad de acción. Hay demasiada división y resquemor.

    Sin acritud.

    Un saludo norteño.

  7. Juan
    6 junio 2010 a 20:26 #

    Cuando los profesores de secundaria hace ya años empezamos a darnos cuenta de lo que se nos venía encima con la LOGSE, y que denunciamos como un proceso de egebeización de la enseñanza secundaria, nadie nos hizo el mínimo caso. Los pocos disidentes fuimos desacreditados, ninguneados y vituperados como fachas, retrógrados y otros piropos parecidos. Personalmente no creí que fuera a llegar el mismo proceso hasta la universidad porque pensaba que con infantilizar la secundaria iba a ser suficiente para los planes de estos mendrugos. Estaba equivocado. Pero ahora os toca a vosotros, los profes de universidad, mover ficha. En secundaria todavía somos minoría, pero cada vez somos más los que tenemos las ideas claras en cuanto a las gilipolleces pedabobas. Ahora en la universidad a ver qué hacéis. Quizás tenga que venir desde el nivel educativo más alto del país la crítica definitiva que acabe con tanta tontería. Ánimo y paciencia.

  8. gonzalo rodríguez
    7 junio 2010 a 16:11 #

    Acabo de terminar un curso sobre “Introducción a la Docencia Universitaria”. Perdonar el francés, pero una mierda. Sólo he aprendido a no aprender ni, en consecuencia, a enseñar. Pero personalmente trago con toda la mierda que me meten por una única y exclusiva razón: Pueden echarme del trabajo si soy demasiado incómodo y tengo miedo. Probablemente debería ser más valiente, levantar la voz y decir que todo es una patochada inmensa que no ayuda nada. Pero no me atrevo, no sé a dónde iría sin trabajo. Así que trago y espero a tener acreditaciones y papeles varios, y el contrato. Entonces, ignoraré toda esa cháchara insustancial y estúpida que no lleva a nada. De momento, tengo que tragar y leer que no soy el único que está pensando que estamos quemando la educación aún más de lo que estaba.

    • Francisco Javier
      7 junio 2010 a 17:32 #

      Por supuesto, el trabajo es lo primero. A veces no queda más remedio que adoptar una actitud cínica para sobrevivir. Lo que me resulta sintomático es el temor que manifiestas, lo cual comprendo perfectamente ya que hasta los que se encuentran en situación funcionarial también manifiestan una conducta temerosa, señal de que avanzamos por muy mal cámino: el de la intolerancia, el miedo, el autoritarismo, la policía,… Te deseo suerte que se estabilce cuanto antes tu situación laboral para poder pasar a la resistencia.

  9. Francisco Javier
    5 febrero 2011 a 13:06 #

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