Los exámenes son cosas de derechas

José Penalva

Ángel Gabilondo declaró hace unos meses (el 19 enero 2010) que la educación no necesita “evaluaciones convencionales y memorísticas, sino más bien innovadoras”. Dedico aquí unas líneas para mostrar que con ello el Ministro está reafirmando, con rotundidad y alevosía, los dogmas de la LOGSE-LOE. En síntesis, está diciendo que los exámenes son cosas de derechas.

En efecto, según A. Marchesi —como es sabido, uno de los padres de la reforma educativa que ha situado a España en la Champions League de la OCDE—, el sistema educativo español obedece a una opción política progresista, donde la evaluación es concebida en oposición a los métodos tradicionales. Es decir, en oposición al examen que es, en esa mentalidad, selectivo, excluyente, uniformador. El examen, sintetiza Marchesi, es cosa “de derechas” (Marchesi, 2004). Con ello, no hace sino seguir los principios de J. Delval —el padre de los padres de la reforma—, quien en los albores del épico suceso sostuvo que para estudiar no era necesario el esfuerzo, y estigmatizó el aprendizaje memorístico, y, con él, el estudio de la gramática, las lenguas clásicas, las Humanidades…

Como ilustración, una perla:

“Sabemos con claridad —declara Delval en 1990— la dificultad que tienen los niños para entender los conceptos gramaticales, lo cual produce como resultado que la gramática sea una de las disciplinas que más dificultades les plantean, por la que menos interés manifiestan. (…) [El estudio de la lengua] presenta una gran dificultad, lo cual hace que su utilidad en la enseñanza primaria sea nula y en la secundaria muy reducida. La gramática es lo único que no hace falta enseñar. (…) [El estudio de la gramática] no contribuye para nada a mejorar la expresión (…) La precisión en la expresión verbal sólo puede alcanzarse expresándose, pero nunca estudiando gramática”.

¿Y qué decir de las lenguas clásicas? Son

“algo perfectamente inútil (excepto quizá para los curas)”,

afirma Delval. ¿Y la enseñanza de las Humanidades? Para Delval, eso de las Humanidades es un concepto impreciso, discutido y discutible.

Las consecuencias de aquellas tesis han sido dramáticas para el ámbito general de las Humanidades, y para la lengua, especialmente la nuestra, la española, y ha servido de pábulo a los nacionalismos extremos; pero ese es tema de otro artículo. Lo relevante ahora es incidir que esas tesis educativas han inspirado la teoría de la enseñanza vigente y dominante hoy: el constructivismo, el “aprendizaje dialogado y por consenso”, la idea de la enseñanza como un “contrato de aprendizaje entre iguales”, etc., que ha desarrollado especialmente C. Coll, el gran gurú de la pedagogía constructivista en la España actual.

Coll viene a decir que el examen es excluyente porque privilegia a los que más estudian. Esa afirmación podría resultar simplemente anecdótica. Pero el problema es más serio, porque Coll va más lejos: critica el examen por irrelevante porque previamente ha volatilizado los conocimientos escolares. Para él, los conocimientos (las asignaturas, las materias escolares) no son objetivos, sino que dependen del grupo social en que se insertan. Por tanto, si los conocimientos son relativos, el examen es una herramienta inútil para la evaluación. En consecuencia, afirma Coll, el alumno ya no sabe “más o menos”, sino que sabe “de una manera o de otra”. La evaluación, afirma Coll en 2002,

“implica una ruptura epistemológica: romper con una concepción cuantitativa y acumulativa del conocimiento y adoptar otra esencialmente cualitativo y multidimensional; asumir que los alumnos no simplemente saben más o menos, sino que saben de una manera o de otra”.

Cuando la asignatura es negociable

Aunque no lo diga, Coll está siguiendo un concepto de conocimiento que tuvo mucha fuerza en la pedagogía inglesa de principios de la década de 1970 (especialmente en el ámbito progresista), pero que fue duramente criticada en la de 1990 y hoy ya carece de vigor. Me refiere al concepto de conocimiento entendido en su totalidad como de un “producto de un grupo social” (normalmente burgués, centralista, capitalista, opresor, excluyente, cargado de mitos, que encasilla a los alumnos…). De tal supuesto se concluye, primero, que el conocimiento (esto es, las asignaturas escolares) debe ser construido por cada comunidad social particular; segundo, que el alumno debe también re-construir el contenido de las asignaturas escolares; y, tercero, que el proceso de evaluación de tales conocimientos debe ser “consensuado”, “negociado” entre profesor y alumno (enseñanza participativa). De ahí se deriva la idea de “evaluación innovadora” (porque el contenido de una asignatura escolar ya no lo “posee” el profesor, sino que es algo “negociable” entre el profesor y el alumno).

Y eso precisamente es lo que viene a sostener el actual Ministro de Educación, ex presidente de rectores y hermano de su hermano. Y ahora no ya sólo aplica tal idea a la educación secundaria, sino también a la educación superior. Esto no debe de extrañar, porque la reforma educativa universitaria en marcha (con motivo de los planes de Bolonia) va a suponer para la Universidad española lo que la Logse supuso para la Enseñanza Media.

Sin embargo, el hermano del hermano no se da cuenta de que con tales supuestos está afirmando que la verdad de las cosas no obedecen a argumentos racionales, sino a supuestos de tipo políticos, sociales(nacionalista, por ejemplo), etc., por lo general poco favorables a la discusión. Por tanto, el currículum escolar viene a quedar a merced de lo que una comunidad particular decide que sea; mañana pueden ser otros, pero hoy, en tal región, los contenidos pueden ser los que una nacionalidad (también concepto discutido y discutible) decida que sea. Y miel sobre hojuelas, porque esa idea de educación encaja a la perfección con las políticas nacionalistas.

Señor Ministro, ¿y los contenidos de la física y la biología?, ¿son también discutidos y discutibles? El Ministro sabrá que la comunidad científica internacional admite que existen verdades que pertenecen a la estructura interna del mundo (verdades del orden ontológico, ¿se acuerda del concepto, Ministro?). En el ámbito de las Humanidades, hay que recordarle al Ministro que diversos Académicos españoles de número, y de letra, han afirmado que el conocimiento de “las letras” es necesario para la orientación histórica, para el afinamiento de la capacidad de razonar, para la apertura del entendimiento, y para fortalecer la capacidad personal de la libertad, etc.

Las políticas educativas ‘progresistas’

Imagínese, Ministro, que aplicamos su tesis a los conocimientos que requiere el mercado laboral a los alumnos y futuros trabajadores. Tal mercado exige un tipo específico de formación, independientemente de que esas técnicas, habilidades y conocimientos hayan sido construidas por la subjetividad del futuro trabajador. Diluir el conocimiento en lo que quiera la comunidad regional, o lo que quiera aprender el alumno, ¿no condenaría al futuro trabajador a la exclusión del mercado? Eso quizá explique por qué las políticas educativas que últimamente ha padecido nuestro país (auto-denominadas “progresistas”) han servido para condenar especialmente a “los menos favorecidos”. Lo que es extremadamente chocante es que esas políticas educativas las han defendido unos “incluidos sociales”, ya integrados y gozosos de un trabajo digno.

Lo grave del asunto es que con esos supuestos no sólo se dilapida el examen, se volatiliza el contenido de las asignaturas, sino que también se está minando al sujeto personal que aprende (o que debería aprender). Porque, señor Ministro, si la mentalidad de cada individuo se diluye en su grupo social de pertenencia, ¿puede subsistir un sujeto personal racional capaz de discernir y de comprender que la realidad no se reduce a su contexto inmediato? ¿Podrá juzgar que la verdad no se reduce al telediario? ¿Es el sujeto personal un concepto también discutido y discutible? Y lo que es más inquietante todavía, ¿será discutido y discutible en La Noria?

(Imagen de Faro, www.e-faro.info)

Nota de Deseducativos: Damos la bienvenida a José Penalva, profesor de la Universidad de Murcia y profesor visitante en la Universidad de Cambridge (GB). Como fruto de la investigación en esta Universidad inglesa ha publicado los libros: Cartas de un maestro. Sobre la educación en la sociedad y la escuela actual (Ed. Biblioteca Nueva); y Claves del modelo educativo en España (Ed. La Muralla). Este y los siguientes artículos que, cedidos amablemente por su autor, se publicarán en Deseducativos, han ido apareciendo en el diario El Confidencial.

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Categorías: Panlogsianismo

Autor:José Penalva

José Penalva es profesor de la Universidad de Murcia y profesor visitante en la Universidad de Cambridge (GB).

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19 comentarios en “Los exámenes son cosas de derechas”

  1. 1 junio 2010 a 9:17 #

    Bienvenido, José. Con otros compañeros, vengo argumentando, casi desde que puse pie en Deseducativos, que la madre del cordero está en el relativismo que, altanero, nos señorea. Es clave no sólo para comprender la debacle académica que padecemos, sino la misma decadencia de la civilización (la cual quiero creer que es reversible). El relativismo precede al igualitarismo: permite afirmar que como una idea no es superior a otra (no es más cierta o más falsa), es absurdo conceder autoridad intelectual o moral a nadie en particular (al maestro respecto del alumno, al padre ante el hijo, al instruido frente al iletrado…). Por eso es tan necesaria una labor de artificiero y desactivar las bombas de relativismo que minan el campo del conocimiento. Vencido el relativismo, el igualitarismo caería por falta de sustento. Prometí un artículo para tratar estas cuestiones (y responder las preguntas de un querido compañero), pero su complejidad se opone a mi deseo de diligencia. Su artículo es magnífico.

  2. Mariano
    1 junio 2010 a 10:26 #

    Bienvenido a Deseducativos.

    Enhorabuena a David López Sandoval por el fichaje.

  3. Maximiliano Bernabé Guerrero
    1 junio 2010 a 11:57 #

    Bienvenido. Claridad, concisión, un gran artículo. Recordando ahora la gestación de la reforma logsiana a veces tengo la sensación de recapitular la génesis de una pesadilla. Cosas que se oían, incluso lo que te decía algún profesor “proto-guay” sobre sitios tipo “Summerhill” (yo hice COU en el curso 1989-90) y que años después cobraron entidad como piezas de un malérico rompecabezas. Incluso, lo que veíamos en el cine en aquellos tiempos. ¿Os acordáis de “El Club de los Poetas Muertos”? Cuánto daño mental hizo aquella pánfila película.

    • 1 junio 2010 a 17:57 #

      A esa película (que no pude ver completa porque el personaje de Robin Williams me estomaga) la llamo yo “El club de los poetas vivales”, porque, ciertamente, en su mensaje, en el protagonista y en la fácil crítica de los profesores tradicionales (recuerda esas memeces infantiloides que pululan por Internet) dsitinguí desde el principio la vitola de nuestros pedagógicos, pero antención a esto: ese mensaje pringoso suyo ha hecho verdaderos estragos.

    • 1 junio 2010 a 18:26 #

      ¡Si nos acordamos de la peliculita, Maximiliano! Recién ingresado en el Cuerpo me llama al Instituto alguien de la Dirección Provincial para preguntarme qué me había parecido el bodrio. ¡Los muy cretinos debían de pensar que gracias a la patochada se nos habían abierto las carnes buenipedagógicas! Y que seguro que íbamos por las aulas subidos a las mesas y gritando: ¡Capitán! ¡Mi capitán!
      ¡Cuanta gilipollez ha habido que aguantar! ¡Y lo que te rondaré, morena!

      Bienvenido, José, y un fuerte abrazo.

  4. Fancisco Javier
    1 junio 2010 a 12:17 #

    Una alegría el poder contar con tu voz.

    Leyendo tu artículo he sentido una vez más indignación por el modo como determinados personajes insultan una y otra vez a la inteligencia. Y me ha sugerido una medida más de resistencia:

    Los exámenes (de conocimientos, memorísticos, tradicionales) deben computar en los criterios de calificación el máximo. Incluso, si el profesor así lo determina, el 100 % de la nota. Nada de trabajitos, asistencia a clase, revisión de cuadernos, participación en clase,…. : EXÁMENES (no “controles”, sino exámenes).

    Muchas gracias y bienvenido.

  5. 1 junio 2010 a 13:47 #

    Enhorabuena. Un gran artículo

  6. Xoia
    1 junio 2010 a 15:39 #

    Excelente defensa de los exámenes y del conocimiento objetivo, que es el único conocimiento aceptable.

    Los exámenes son además la única forma relativamente objetiva de evaluar a un alumno. Es cierto que no todo lo que uno sabe se refleja en un examen, que hay chavales que saben más cosas (pocos chavales, cada vez menos…) de las que les preguntamos en los exámenes. Y es cierto que otros consiguen aprobar los exámenes pese a que interiormente sabemos que no han comprendido realmente la asignatura.

    Pero al menos, los exámenes no se basan en cosas tan peregrinas como el “interés por la asignatura” o “el trabajo cotidiano del alumno”.

    Porque… ¿alguien puede explicarme cómo valoro yo el interés de un alumno? ¿Tiene más interés Menganito porque me hace la pelota? ¿O Zutanito porque trae todos los deberes hechos aunque se los copie en la clase anterior a Pepito?

    Así que, exámenes, exámenes y exámenes. Y por cierto, deberíamos empezar a luchar para que en las programaciones se incluyese que la calificación será la media de los exámenes correspondientes y que no se puede aprobar la asignatura sin aprobar todos los exámenes. Porque en las programaciones de los departamentos cada vez se leen con más frecuencia cosas de tipo “evaluar el progreso del alumno dentro de sus posibilidades, teniendo en cuenta su dedicación…” Incluso en algunas programaciones te dicen qué porcentaje valdrán los exámenes en la nota final y que el alumno puede aprobar perfectamente con un trimestre suspenso si la media le sale aprobada, y perogrulladas similares.

  7. Ana Belén
    1 junio 2010 a 16:21 #

    ¡Hola!

    un artículo excelente. Las palabras que se citan de Delval acerca de las Humanidades, de la gramática en general y de las lenguas clásicas me hicieron llorar en su momento. Creo que no merecen ningún tipo de comentario. Haría bien en saber este señor que en Alemania llaman a la gramática “los ladrillos de la lengua”, también le vendría bien saber que en este mismo país dedican más de dos semanas a los exámenes de Selectividad y en Japón, que tienen un sistema educativo similar al alemán en su estructura, dedican muchas horas al estudio del japonés antiguo, aparte de las que tienen que dedicar a aprender los distintos tipos de escritura y los dos mil kanjis más o menos que componen su lengua. Pero, ¿cómo se puede relativizar el conocimiento? ¿quiénes se creerán estos individuos que son, que se permiten poner en tela de juicio los conocimientos que constituyen la base de una civilización? Desde luego, si lo que querían era des-civilizar al personal, vaya si lo han conseguido. Aquí lo que se estila es copiar lo peor de los demás si eso contribuye a tener al pueblo embobado. No le daré más vueltas, al fin y al cabo, su siniestro experimento probado en ratas ya todos sabemos el resultado que ha dado. Veinte años son más que suficientes. Veinte generaciones. ¡O TEMPORA, O MORES!
    Ah, que no se me olvide, felicitaciones a su autor y bienvenido.

  8. 1 junio 2010 a 18:23 #

    Un artículo absolutamente lúcido y bien construido. Gracias, José, por recordarnos los aforismos rebosantes de burricie con que esta gavilla de enemigos del saber, iluminados y tengo la impresión de que, en el fondo, ni demasiado cultos ni demasiado listos, sembraron esto que ahora padecemos y cuyas conscecuencias no son para tomárselas a risa. Quiero hacerte algunas puntualizaciones:
    1.- Como su obsesión y piedra de toque del sistema ha sido siempre el éxito entendido como ausencia de suspensos, la crfuzada contra el examen era absolutamente coherente y está en la línea de la feroz presión por el aprobado en todos los niveles; es, repito, el objetivo esencial.
    2.- Por eso, el conocimiento consensuado y el aprendizaje entre iguales y esas milongas no son más que eufemismos de lo dicho: ¡a aprobar por narices! En realidad, su filosofía se mueve en niveles más rastreros.
    3.- Particularmente dolorosas me resultan las sandeces de Albal o como se llame sobre la lengua, ya que esta es mi especialidad, y te resumo el asunto: se han cargado la asignatura, con la inocultable consecuencia de las pésimas repercusiones en comprensión y lectura, como revelan todas las pruebas externas que se hacen. Pero es lógico: si el sistema lo diseñan quienes no saben…
    4.- Y la última: como la educación es lo que es y no puede prescindir de algo tan esencial como los exámenes por mucho que les disgusten a cuatro iluminados, hemos podido ver a plena luz algunas aberraciones, como a los inspectores yendo por los centros obligando por presiones de los padres a poner pruebas de suficiencia (que la LOGSE se cargó) o la más gorda: la barbaridad que hicieron suprimiendo los exámenes de septiembre, que luego pudieron rescatar gracias al paréntiesis de la LOCE, pero que, durante los años en que no se hicieron, su carencia produjo perjuicos a un buen número de alumnos. Muchos somos los que jamás hemos dejado de hacer exámenes y de considerarlos el punto esencial de nuestra evaluación, y te digo más: tal y como van creciendo cada vez más los recursos de la picaresca y la desvergüenza de algunos para intentar engañarte con las cosas que hacen fuera de clase, yo personalmente cada vez voy prescindiendo más de trabajitos y demás monsergas, porque soy muy amigo de la evaluación objetiva.

    • Fancisco Javier
      1 junio 2010 a 18:37 #

      Y es que el examen es ciertamente objetivo. En un 99 % de los casos los alumnos que se interesan, que hacen el trabajo diario de forma ordenada y que atienden, siempre reflejan con exactitud en el examen ese esfuerzo que han hecho. Las calificaciones objetivas y los criterios de evaluación basados en otros parámetros transcurren en paralelo.

  9. David Arboledas
    1 junio 2010 a 19:35 #

    Ante todo dar la bienvenida al autor y gracias por la defensa del conocimiento objetivo. Guste o no, lo único realmente medible y objetivamente satisfactorio es un EXAMEN. ¿Qué médicos queremos formar sin exámentes y sin memorizar nada? ¿Se imaginan a un Magistrado escribiendo una sentencia sin haber nunca memorizado ni un sólo artículo? ¿Es real o kafkiano? En fin, al menos mis compañeros de departamento piensan como yo y blindamos muy, muy bien cómo se puede aprobar. Y sin aprobar los exámenes, desde luego que no aprueba nadie. Y así nos va… Jajajaj
    ¡Enhorabuena!

    • Francisco Javier
      2 junio 2010 a 20:12 #

      Es una más de las infinitas aporías de la retórica monstruosa pedagógica. Quieren ciudadanos eficaces y competitivos y a la vez denigran los procedimientos habituales de selección que son los que son. Un ejemplo especialmente claro de necedad es la marginación de la memoria. ¿Se imagina alguien a un estudiante de cualquier disciplina que no tenga que hacer un esfuerzo importante de retención? Que yo sepa, no hay ni un solo acto vital que no entrañe de un modo u otro la presencia latente de la memoria. Lo que me hace pensar que los pedagogos poseen una base teórica ínfima. La verdad es que esta gente no sé que coños estudia en la Universidad.

      Un saludo.

  10. Ania
    2 junio 2010 a 20:01 #

    Desgraciadamente haciendo exámenes también se puede falsear la evaluación objetiva de los conocimientos lo cual hacemos, cuando nos vemos obligados, para que nos dejen vivir , ofreciendo el nº de aprobados políticamente correcto que disuada a los “entes” de hacernos la vida imposible.

    De todos modos es absolutamente pertinente la denuncia del relativismo creciente que todo lo consiente y todo lo aprueba, la expansión del uno lo hace y los demás se lo copian , el hacernos los tontos , el pobrecito , qué problemas tiene y no da para más, el trágala con el trabajito hecho con tan buena intención aunque sea una chapuza y; la aberración que supone -y va en crescendo-, que el único que trabaje realmente para que el alumno titule ¡ sea el profesor! .

  11. Francisco Mendoza
    3 junio 2010 a 20:15 #

    ¿Decadencia de la civilización? ¡Qué pasada!
    Los exámenes no son de derechas ni de izquierdas, pero muchas de las las opiniones que aquí aparecen….
    Concluir que el comentario de Gabilondo, al margen de estar o no de acuerdo con el, supone que ha dicho que los exámenes son de derechas es una burda manipulación.
    Al parecer no todos los que estamos hartos del actual sistema educativo lo estamos por los mismos motivos.
    Mucho francotirador pepero…

    Un poquito de por favor.

    • Francisco Javier
      3 junio 2010 a 20:43 #

      Me parece que das por supuesto demasiadas cosas. El artículo en cuestión aporta razones para fundamentar sus tesis, cosa que Ud. no hace. Si no se explica mejor, su opinión será muy respetable pero arbitraria y carente de valor.

      No he votado nunca al PP, ni pienso votarlo jamás. Si lee un poco más, podrá leer unas críticas feroces contra la privatización de la enseñanza, principal caballo de batalla del PP. Y eso no quita que seamos críticos con la pedagogía progresista y otras posiciones que vienen de la izquierda (del PSOE) y que como todo el mundo sabe no son de izquierdad, sino mucho más de derechas de lo que se creen. Por suerte es posible pensar al margen de las ideologías cutres del pensamiento único.

    • Xoia
      4 junio 2010 a 14:58 #

      Usted puede opinar lo que quiera, eso no se lo niego. Pero no opine sobre la tendencia política de los demás sin conocerlos a fondo.

      Investigue un poco en los artículos que hay publicados en el blog y verá qué forofos del PP estamos hechos. Vamos, que yo tengo encima de mi cama la foto de Rajoy, a la que rezo todas las noches porque es poco menos que mi mesías. A su izquierda está Camps, cuya elegancia envidio en secreto mientras trato por todos los modos de que mi esposo aprenda a seguir su ejemplo. Y a su derecha tengo la foto de doña Espe, la grande de España, cuya basta (deliberadamente escrita con B) cultura y cuyo saber estar admiro, aunque no me atrevo a decirlo en alto, pues sé que nunca llegaré a ser como ella, mi heroína de cuento.

      Y por cierto, ejerza un poco la capacidad crítica que seguramente posée y se percatará de que el PSOE como mucho es una mala parodia de la izquierda. Deberían denunciarlos por autodenominarse “socialistas” y “obreros”. Despierte, Francisco, deje de estar abducido por la falsa izquierda, no se deje dominar tan fácilmente.

      Para su información, yo voto en blanco, y además hago toda la apología que puedo de ese tipo de voto.

  12. Francisco Mendoza
    7 junio 2010 a 9:23 #

    Aportar razones no consiste en entresacar opiniones para darnos la razón a nosotros mismos ni para afirmar nuestras propias conclusiones.
    Primero analizamos y después vienen las conclusiones. Lo que no podemos hacer es poner en boca de los demás afirmaciones que en realidad son nuestras.
    Si alguién afirma que los exámenes son de derechas (no se aporta la cita) debemos considerarlo una opinión estúpida y sin sentido. Igual sucede con el rechazo total a la necesidad de memorizar.
    Pero entiendo que cualquier profesor con sentido común debe equilibrar qué conocimientos deben ser memorizados y qué conocimientos deben ser comprendidos.
    Conozco profesores que leen sus apuntes en clase un año tras otro y se limitan a examinar al final de cada trimestre.
    Es el momento de volver a valoraciones de sentido común y no rechazar sistematicamente ni las prácticas educativas “tradicionales” ni las innovaciones necesarias. Los profesores no somos “examinadores”.
    Por cierto, la exigencia de esfuerzo y disciplina en los estudios tampoco es de derechas ni de izquierdas. Mejor será ponernos de acuerdo en conceptos claves de la educación y evitar discusiones inútiles o ataques furibundos tan habituales en este ¿foro?.

    • Fancisco Javier
      7 junio 2010 a 9:30 #

      En efecto, sentido común. Pero es que lo que se ha impuesto en el sistema educativo es todo lo contrario.

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