Iatrogenia. Anotaciones a una nota

Francisco Javier González-Velandia Gómez

“Es llamativo que mientras la ciencia médica ha desarrollado desde antiguo el concepto de iatrogenia a fin de conocer el daño infligido por el médico al paciente, los “científicos de la educación” no hayan dedicado aún el menor esfuerzo a estudiar de manera rigurosa los daños infligidos por el pedagogo, y muy especialmente por el pedagogo-legislador, al educando. Los médicos imparten así una lección de modestia intelectual a los pedagogos, quienes, antes de lanzarse a construir modelos ideales sobre el deber-ser de la educación harían bien en aplicar el prudente principio que exige primum non nocere.

La presente nota forma parte de un extenso artículo titulado “Filosofía y educación (1978-2008)” y en el que su autor, Valentín Fernández Polanco, hace una profunda reflexión crítica sobre el devenir educativo español desde  la Ley General de Educación de 1970.  No es mi pretensión aquí hacer una reseña del artículo, que puede consultarse online, sino exponer una vez más algunos de los síntomas de ese cáncer social que es la pedagogía. La denominación de “cáncer social” me parece adecuada, ya que si bien es en la educación donde sus efectos son más evidentes, sus efectos devastadores se extienden a todos los ámbitos de la sociedad. La pedagogía convertida en un modo de ingeniería social se ha ido consolidando junto a la “dictadura de la publicidad” en una herramienta esencial del  Estado para propagar su ideología. A través de los aparatos de propaganda, en los que especialistas y tecnócratas se ponen al servicio del Estado-Capital, se moldea una subjetividad histórica que es, lógicamente, aquella que mejor se adecua al Poder Uno. No hay ámbito de la vida que escape a la mirada de los tecnócratas -entre los que los pedagogos tienen una lugar de primer orden-, de tal modo  que para cada uno de tales ámbitos se crea un discurso encaminado a formar individuos. La idea de “educación permanente” expresa con toda claridad la voluntad de dominio, que no debe quedar limitada a la escuela, sino a extender sus tentáculos por todo el planeta. Los especialistas determinan a través de un discurso inapelable, en tanto que viene garantizado por su “cientificidad”, cuáles son los modelos que constituyen una vida sana y buena. Cómo gestionar nuestra emocionalidad, cómo ejercer nuestra sexualidad de forma saludable, qué conductas resultan dañinas para nuestro organismo, cómo utilizar nuestro tiempo de ocio a fin de conseguir unos índices más satisfactorios de felicidad, cómo mantenernos bellos y deseables,…: no hay ni un solo resquicio libre sin normalizar, sin un discurso correlativo que dictamine, legisle, ordene, establezca taxonomías. De este modo la antigua misión de la Iglesia es reemplazada por un aparato especializado en pensar por y para el ciudadano. El Estado-Capital hace las funciones de padre, madre y gran hermano, para lo cual dispone de organismos especializados en el diseño de programas destinados al bienestar de todos. Para todos: bebés, niños, jóvenes, adultos y ancianos, la Administración tiene paquetes de ocio, salud física, salud mental y formación cultural. Aquí el que no aprende o no es feliz es porque no quiere. Ni que decir, que la idea ilustrada de emancipación carece de sentido desde el momento en que ya ha dejado de ser necesario el luchar por la libertad en un mundo en el que de facto y de iure la libertad se ha realizado.

Pero, ¿en qué sentido la pedagogía ha infligido daño a la sociedad? ¿Quiénes son los afectados? ¿Quiénes los responsables? Ya he dicho que se trata de un cáncer y además de un cáncer maligno con metástasis en todo el organismo.

Verdadero chivo expiatorio de la política educativa, el docente ha visto cómo de forma imparable su dignidad y sus condiciones laborales han ido cada vez a peor y peor. Resulta llamativo que los mismos profesores que habían conseguido unos niveles más que aceptables en los bachilleratos, pasasen a ser considerados una rémora para la revolución pedagógica. Toda la ira de los tecnócratas se dirigió contra el cuerpo de docentes, incapaces de aplicar de forma efectiva la nueva filosofía que ellos mismos se habían encargado de traducir de publicaciones anglosajonas en sus departamentos de la Universidad. Han pasado ya los años y la soberbia, el daño, los prejuicios siguen incólumes. Y así comprobamos cómo tras la insistencia en la necesidad continua de reciclar al profesorado, lo que subyace una vez más es la acusación de su falta de preparación, que una vez subsanada logrará por fin que los problemas se resuelvan. Algo que como hasta ellos mismos saben es una profunda falacia y que sólo sirve para prolongar la agonía de un sistema incompetente, es decir incapaz de adaptarse a la realidad y hacer un diagnóstico veraz de la misma. Primum non nocere.

Nada resulta más enervante para una persona dedicada a la enseñanza que el contemplar el rostro circunspecto y hastiado de un alumno, que tras los vanos intentos de su profesora por iniciar la clase, acaba siendo testigo de su explosión de violencia contenida como último recurso para poner orden. Algo sin duda desagradable. Que los alumnos motivados para el  estudio y deseosos de aprender han sido víctimas del sistema educativo es algo que nadie puede poner en duda. El derecho de todos en aras de la “comprehensividad” ha obrado perversamente contra el derecho de algunos a recibir una educación digna acorde con sus potencialidades. La nivelación por lo mínimo ha arruinado a todos aquellos que aspiraban a unos niveles elevados, así como a unas condiciones de estudio racionales. Son los grandes desatendidos. Este hecho, percibido muy pronto por la sociedad, podría haber sido un dinamitante del sistema educativo impuesto autoritariamente a la ciudadanía. No fue así por dos razones: 1) el establecimiento de la Educación Concertada, verdadera válvula de escape para un sector de la población que tarde o temprano se habría mostrado impaciente y receloso; 2) la paciencia y mansedumbre de maestros y profesores que, dígase lo que se diga, asumieron el cambio y se atuvieron heroicamente a las siempre cambiantes leyes, que no hacían sino repetir una y otra vez la misma horrible canción. No es cierto que la LOGSE y lo que vino después no se hiciesen realidad: los principios que defendía fueron, son aplicados con rigor. Y lo que resulta asombroso es que a pesar de ello y en contra de ello, el esfuerzo de los docentes ha conseguido seguir enseñando mal que bien sin caer en el abismo de la ignominia. Añado que muchos de estos alumnos con una buena disposición al estudio no sólo han visto transgredido su derecho a una educación a su altura, sino que además, contaminados por la molicie y desmotivados por un ambiente nada motivador, han terminado por asimilarse a la corriente general, malogrando su talento. Primum non nocere.

Todos estos daños podrían haber tenido su compensación, si el modelo educativo comprehensivo hubiera dados sus frutos entre los alumnos “más desfavorecidos” debido a sus condiciones socioeconómicas o naturales. No ha sido así en modo alguno. De hecho, y esto es algo que ha generado muchos equívocos y falsedades, es justamente en este ámbito de la población donde la resistencia al modelo impuesto por la escuela progresista ha sido más contumaz. Aquí la incompetencia del sistema llega a su punto álgido. El alumno no orientado al estudio siente como un atentado y una tomadura de pelo toda esa filosofía encaminada al desarrollo de su personalidad y su creatividad. Y el resultado es el que todos conocemos de sobra: el tremendo fracaso escolar. Un fracaso escolar previsible y consecuencia necesaria de la estructura educativa. Desde que entran por decreto en los centros de Secundaria, un elevado índice de alumnos está condenado a no traspasar la frontera del 2º de la ESO. Algunos llegarán todo lo más a 3º y abandonarán. Sin título, sin futuro, sin nada. Primum non nocere.

Tratamiento aparte merece la población inmigrante. Resulta en verdad vergonzosa la imagen del sistema educativo español ante un sector de la sociedad, que lejos de encontrar un medio de promoción propio del Primer Mundo lo que se ha encontrado es un sistema ineficaz y enfermizo. Todos los que nos dedicamos a la enseñanza hemos observado cómo una gran cantidad de alumnos procedentes de distintas regiones del planeta han ido degenerando hasta convertirse en uno más, es decir un fracaso más. Mencionaré dos casos: 1) Alumna rumana con un expediente sobresaliente en Primaria. Sus inicios no pueden ser mejores. Transcurridos dos años, el contagio es ya sintomático; los resultados cada vez peor y empieza a suspender asignaturas; la motivación ídem; y la que era un modelo de buenas manera ha dejado de serlo. 2) Alumno polaco, estudiante de guitarra. Aprovechando sus dotes es solicitado para dar un breve recital ante sus compañeros de clase. En un momento, apenas iniciada su interpretación, un golpe de bombo resuena fortissimo a lo que siguen risas y un alboroto prehistórico. Fin del concierto. El joven en cuestión recoge su instrumento y abandona el aula. Le aplaudo. Nunca más se pasó por el aula de música. Cosas de muchachos. Primum non nocere.

Capítulo aparte merecería la Educación Primaria en la que a juzgar por el perfil de alumnado que genera las cosas no deben andar mejor. El principio de promoción automática sienta las bases de una dinámica equívoca, que permite que alumnos con un desfase serio avancen directamente hacia el fracaso más estrepitoso, algo perfectamente perceptible en 1º de la ESO, momento en el que ya se puede  sentenciar sin temor a equívoco, que el alumno en cuestión no titulará de ninguna de las maneras, pues el daño ya está hecho y no tiene cura posible. A ello debemos añadir la cuestionabilidad de los principios didácticos que operan en la metodología de esta etapa y concretamente todo lo referido al aprendizaje de la lecto-escritura. Primum non nocere.

La degradación observada en la Secundaria se desplaza cada vez más al Bachillerato y la Formación Profesional. El abandono de estudios, los niveles muy deficientes y la tendencia al infantilismo es ya una realidad corroborada y que no hace sino añadir una nueva dificultad al lamentable panorama educativo. Resulta muy triste que la lacra de la enseñanza obligatoria se reproduzca en un ámbito en el que este tipo de problemática debería ser inexistente. La ausencia de hábitos de estudio consolidados y responsables, así como las deficiencias curriculares básicas (incluidas las actitudinales) hacen ya estragos en el Bachillerato y la FP. La minoría de edad se prolonga indefinidamente, abonando así el terreno para la expansión de la pedagogía a niveles en los que no debería ya tener sentido alguno. Y por último la Universidad, en la que a pesar de los mensajes propagandísticos de la Nomenklatura de que jamás había existido una generación mejor preparada, la realidad parece ser muy distinta, si nos hacemos eco de la opinión de una inmensa mayoría de profesores de Universidad que entre otras cosas nos informan de la ineptitud de legiones de universitarios para expresarse con un mínimo de corrección. Y otros datos, como la proliferación de cursos puente y  de adaptación para poder hacer frente a unos estudios superiores en los que la mercantilización y la presencia pedagógica son ya un hecho. Primum non nocere.

A la pregunta, entonces, de quiénes son los afectados por el Sistema Educativo, la respuesta no puede ser más obvia: la sociedad en su totalidad. ¡Con excepción de los gestores del Sistema! ¿Y los responsables? Por el momento, en este país nadie se responsabiliza, y lejos de haber una reflexión sobre hechos tan graves, contemplamos como en su  soberbia sin límites, los especialistas en ingeniería social continúan expandiendo impunemente su presencia en todas las esferas de la vida. ¿Llegará algún día en que un concepto análogo al de “iatrogenia” encuentre su lugar en el discurso pedagógico?

Tan sólo me queda recomendar encarecidamente la lectura del artículo mencionado de Fernández Polanco, en el que se ofrece una explicación brillantísima y bien documentada del fondo de las cuestiones aquí tratadas.

El artículo en cuestión,  además de otros escritos de interés general, puede leerse en la revista digital de pensamiento A parte rei, que tiene un apartado temático de educación.

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15 comentarios en “Iatrogenia. Anotaciones a una nota”

  1. Juan Poz
    29 mayo 2010 a 15:19 #

    Buena parte del mal que tan convincentemente describes proviene de la necesidad política de “vender” el voto a un cliente que, aun en su fatal ignorancia y vulgaridad, “ha de tener razón”. De ahí las constantes apelaciones a la inmensa sabiduría del electorado, a su incapacidad para equivocarse en el diagnóstico electoral, a la “proverbial sabiduría” de nuestras gentes, y toda suerte de elogios interesados que cultivan el huerto ideológico donde sólo crece la mala hierba de loa demagogia. De ahí se deriva la extensión del elogio a los hijos de los clientes, y de ahí la capacidad innata de nuestros jóvenes -la mejor juventud del planeta, de hacerles caso- para asimilar toda la sabiduría imaginable y, por supuesto, en cuatro lenguas. En lo único que llevan hiriente razón inconsciente las autoridades educativas es en esa denigrante comparación de los alumnos con las esponjas, pues tenemos una población como la porífera, incapaz de haber hecho un proceso evolutivo en más de 600 millones de años… El discurso político, lamentablemente, está estableciendo tópicos, lugares comunes que se proponen casi como artículos de fe, de un modo febril, de modo que el simple hecho de recurrir a ellos tenga la virtud de abortar un debate de ideas. En las autonomías con discurso nacionalista propio, además del de agitprop del PP, se sufre hasta límites que rozan la tortura psicológica.
    Si la crisis nos ha puesto ante el espejo de nuestras miserias relativas, bien merecemos que se declare otra de carácter social que tuviera el mismo efecto. En cualquier caso, hasta que la razón no se imponga a la religión -y no hay partido que no funcione como una iglesia, como “la” Iglesia-, poco provecho podremos sacar de cualquier intento emancipador. Lo curioso, sin embargo, es que lo primero que hayamos de reclamar es humildad a la hora de considerarnos individualmente, paara reconocer nuestras limitaciones.
    “Feliz el que reconoce a tiempo que sus deseos no van de acuerdo con sus facultades”, escribió Goethe. Aquí, sin embargo, y por decreto ministerial, no hay criatura que sea incapaz de estar a la altura de ese resabiao alemán…

  2. 29 mayo 2010 a 15:50 #

    El daño que se ha hecho con una filosofía huera y prometedora de paraísos inexistentes; sus escalofriantes dimensiones; la irresponsabilidad cobarde de sus culpables, irresponsabilidad referida tanto al comportamiento irreflexivo de quienes alegremente han puesto en práctica un sistema catastrófico sin la menor previsión en torno a los resultados como a la actitud miserable de no asumir luego la reparación de sus errores: cosas de las que hablas alto y claro. Conviene que quede constancia, aunque sea en una página de Internet, por si acaso algún día a estos les da por aducir que ellos no sabían, que nadie les había dicho. Pero lo malo es que saben muy bien (como también señalas) y por eso se han encargado de articular el entramado represivo más agobiante y dictatorial que se ha visto en los últimos cuarenta años en el sistema educativo español, un entramado que, a mi juicio, resulta insostenible en una democracia, no sé lo que está pasando últimamente en España a este respecto. ¿Quién es el enemgo a batir? ¿Quién es el que estorba? Ese profesor que aún cree que debe enseñar cosas: a por él, con los medios que todos conocemos (denuncias absurdas de padres, presiones, acusaciones basadas en kafkianas motivaciones burocráticas…); ese profesor que se niega a que su clase sea un circo: a por él; ese profesor para el que sus alumnos son las personas a las que debe hacer mejorar con sus enseñanzas, y no los clientes troquelados a los que debe suministrar una papilla facilona o comida basura pseudoeducativa al alcance incluso de quienes no están dispuestos a mover un dedo: a por él; ese profesor en cuyo ideario no entra el regalar aprobados: a por él; ese profesor que piensa por sí mismo y no se traga las ruedas de molino del paupérrimo credo pedagógico: a por él; ese profesor que pregunta en los claustros o no vota “sí” a todas las propuestas de la mesa: a por él; ese profesor que no regla aprobados: a por él… Y, sí, querido Javier: ese profesor es de los imbéciles que aún creen que la enseñanza es un instrumento de elevación personal y social de las personas y una de las pocas ayudas con las que cuentan los pobres para salir de pobres; ese profesor es de los que están viendo que el sistema educativo tan progresista instaurado por el PSOE y que tanto le está haciendo el juego a la derecha es terriblemente clasita y perjudicial para las clases menos favorecidas, pero vete a contarles esto a esos mandarines del ¿progresismo? que hoy tienen patente de corso en la enseñanza… En fin, ¿para qué me enrollo tanto? ¿Qué te voy a contar que tú no sepas? Por cierto, dos cosas: primera: los deseducativos soléis aludir al panorama totalitario orwelliano cuando os referís a lo que estamos padeciendo, pero yo creo que el modelo se parece más a lo de “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley; segunda: ¡qué perrito más guay!

    • Fancisco Javier
      31 mayo 2010 a 9:09 #

      Hola Pablo,

      llevas razón con lo de “Un mundo feliz”. La utopía en la que nos encontramos tiene más afinidades con el mundo feliz de Huxley, que con el totalitarismo orwelliano. Aunque hay términos en Orwell muy aprovechables como el de “traidor mental”, que es lo que somos los que aquí estamos. Por cierto, leeré el mundo feliz de Huxley, que sólo conozco de oídas y por una serie antigua de televisión.
      El perrito se llama Theo y sí que es guay, sobre todo por lo sociable, juguetón y mimoso que es. Cuando llego de trabajar y en especial cuando la muchachada del insti ha estado especialmente borrica, que es bastante normal, me produce una enorme paz sentarme con esta criatura tan sensata y alegre.

      Un saludo.

  3. Ana Belén
    29 mayo 2010 a 18:32 #

    Lo que hay que hacer es luchar para sacar a la sociedad de este pozo lleno de fango en el que se ha convertido este país. En diferentes momentos difíciles de la historia siempre hubo una revolución o movimiento que consiguió sacar a flote lo que estaba perdido o que era, por algún motivo, inalcanzable, revolución siempre llevada a cabo por una parte de la sociedad, o bien por las propias clases populares o bien de la mano de intelectuales, con el fin de alcanzar derechos o acabar con las perversiones del sistema, o ambas cosas a la vez. Cada día estoy más convencida de que eso es lo que necesita este país, pero viendo lo que hay me parece que por parte de la sociedad no va a haber revolución alguna. Desde luego, la política en España tiene que cambiar, así no vamos bien, eso está bastante claro. Lo que no se puede permitir es que una clase política inepta asesorada por personajes más ineptos todavía, cuya única preocupación es satisfacer su propia ambición, personal y política, haga y deshaga lo que le venga en gana afirmando que lo hace en nombre de 50 millones de personas. No hay derecho. No es justo. Y lo peor es el profundo y oscuro trasfondo político que se oculta tras todo esto, que desde luego, va mucho más allá del ámbito de la enseñanza, que no es más que el caldo de cultivo para unos incalificables fines.

    Un artículo estupendo. Voy a leer el artículo mencionado.

  4. 29 mayo 2010 a 19:10 #

    Magnífica la entrada y muy interesante el artículo recomendado. La cuestión es cómo hacer llegar a la sociedad y a la propia docencia cuáles son los perjuicios del pedagogismo.

    La eficacia de la terrorífica propaganda del sistema, cuyo poder contaminante es colosal, sumada a la falta de verdaderos interlocutores en la sociedad civil siguen contribuyendo a que el discurso educativo oficial, esa ficción incalificable, siga presente en los medios, en los tópicos, en los documentos oficiales del mundo educativo. Sea algo así como la ideología dominante. El tópico por excelencia.

    La lucha contra el cáncer pedagógico me temo que va a ser una lucha desigual, de resultado incierto. Pero es absolutamente necesaria. Como señalan otros comentaristas de este foro, toda la sociedad tendría que tomar conciencia de la profunda crisis de la educación, como parece que ahora se percibe ya sin fábulas ni ficciones que somos más pobres, que las apariencias ya no engañan y que las cifras son contundentes.

    Tanto la entrada como el artículo citado deberían formar parte de la bibliografía recomendable en un Máster de Antipedagogía, auténtica necesidad para nuestros estudiantes, esos de la generación mejor preparada de la historia (si no puedes con tu votante, adúlalo).

  5. Ana Belén
    29 mayo 2010 a 21:02 #

    Y estupenda revista A parte rei. Todo un descubrimiento.
    ¡Muchas gracias!

  6. 29 mayo 2010 a 23:36 #

    ¡Estupendo Francisco Javier! Quizás habría que considerar, como ya apunté por ahí en un PDF de “Deseducativos” (perdóname la propia cita, pero lo hago con la intención de resumir), que la producción político-pedagógica del “tonto impune” no constituye un fracaso del sistema educativo, sino su magnífico triunfo, porque al fin y al cabo no se pretendía otra cosa (https://deseducativos.files.wordpress.com/2009/10/deseducativos-5.pdf).
    Un saludo.

  7. 31 mayo 2010 a 10:23 #

    Excelente, Francisco Javier. Qué pena, de verdad lo digo, que esa lucidez no sea general entre el profesorado ni entre la ciudadanía en general. Qué pena. Ilustradores también los comentarios de los compañeros. Voy a leer el artículo.

  8. Fátima
    13 junio 2010 a 14:43 #

    Hola a todos, llego a este espacio por pura casualidad, he iniciado un diplomado en pedagogía y desarrollo del pensamiento y buscando cierta información sobre problemas de aprendizaje me llama la atención el término “iatrogenia” en este contexto. La primera vez que lo escuché fue de una psiquiatra, maestra, que para darnos un significado más socialmente identificado lo tradujo como “hacer la cagada”. Mis disculpas a los oídos sensibles.

    No debe sorprenderme que aún con el Atlántico de separación, escribo desde Guayaquil-Ecuador, lo que bien expresa Francisco Xavier sea la misma realidad acá. Realidad en cuanto a existir, a reconocerla, a incomodarnos, a protestar y… a que algo estamos dejando de hacer, o haciendo equivocadamente, para poder lograr esa expectativa tan anhelada.

    Se habla de cambiar el sistema, repito que por acá también se escucha de aquello, pero el sistema es el reflejo de qué ¿de lo que las personas somos y hacemos o dejamos de hacer? y si las personas somos consecuencia ¿de qué creen? ¿cómo “sacudirnos el polvo de la historia de la humanidad”? (debo anotar que esta expresión entre comillas es el referente de la ideología educativa de una institución en Argentina llamada La Cecilia, la Escuela de la Nueva Cultura).

    Es bastante complicado, porque creo que la mayoría, por facilismo, se encuentran cómodos como están y para qué complicarse con “revoluciones” que a la final sólo los van a llenar de stress y “seguramente” de enemigos que podrían atentar con lo que bien o mal ahora disfrutan.

    Querámoslo o no, somos el resultado de todo un proceso de condicionamientos, el mejor manejado el del miedo, que nos mantiene en este estado, el de parálisis; un “polvo” muy difícil de sacudirse, pero, NO IMPOSIBLE. ¿Cómo hacerlo? Yo he decidido hacerlo desde “mi pequeño mundo”, dispuesta a resistir las consecuencias, duras, muy duras, sobe todo cuando empiezan a afectar a los hijos que obviamente ya son el producto de ese ideal de romper esquemas para autoconstruir esa libertad, que finalmente sigue siendo relativa. Siempre habrá aquello de que lo que es bueno para unos, no necesariamente es bueno para todos. Aquí viene lo otro: valorar y dar valor a las diferencias y muchas infinitas cosas que pueden ir desmenuzándose.

    Raus resalta la lucidez de Francisco Xavier, ¿será que Francisco Xavier tiene conciencia de dónde radica la diferencia? y, por supuesto, quiera compartir la experiencia!

    Fátima

    • Francisco Javier
      13 junio 2010 a 17:53 #

      Estimada Fátima,

      llevas toda la razón cuando hablas del condicionamiento histórico. Nuestra existencia es histórica, nuestra subjetividad está constituida históricamente y de eso es imposible librarse. Sí es posible, sin embargo, resistir, ejercer la negatividad dialéctica, o dicho de otro modo: ejercer la libertad. Esta es la gran aportación de Occidente al mundo y estoy convencido de su verdad hoy y siempre. Las teorías pedagógicas, sobre las que tú sabes más que yo (soy simplemente un profesor de instituto), han de ser contempladas con distancia, uno no puede limitarse a recibirlas como si fueran verdades sin más, pues son muy cuestionables; que no nos engañe la jerga pseudocientífica. Y sobre todo, encubren un trasfondo ideológico que hay que poner a descubierto, trazar su genealogía y su arqueología (Foucault). No sé como estará la educación en Ecuador, si bien me temo que la presión educadora-posmoderna también se está dando al igual que en Europa. Mi punto de vista es muy simple: no creo en la pedagofagotización de la educación: la pedagogía me sobra por todos los lados. Sería interesante que nos contases algo sobre tu punto de vista.

      Un saludo.

      • Fátima
        13 junio 2010 a 21:14 #

        ¿Qué tal Francisco Xavier? Comparto tu punto de vista, pero ya eso depende del “criterio”, para mi la educación es construir ciertas bases que lo voy a hacer conforme al conocimiento que poseo y de acuerdo al terreno, no es lo mismo construir sobre arena que sobre roca, (lo que me permite modificar mis conocimientos en función de la demanda) y esta construcción de base va a permitir realizar cierta edificación, dependiendo de qué es lo que quiero; este querer no es estático ni estandarizado, todos no queremos lo mismo y puede que lo que hoy me pareció espectacular mañana ya no lo sea tanto. Pregunto ¿cuándo será que voy a saber qué es exactamente lo que quiero? por eso, esa base que se va construyendo debe ser lo suficientemente flexible, sin dejar de ser lo suficientemente resistente, para poder hacer cambios e incluso reconstruirla de acuerdo a la necesidad final.

        El problema, creo yo, no está en el paradigma sino en cómo lo usas y esto tiene que ver con las convicciones personales. Cuando sacaba mi licenciatura en educación nos enseñaban sobre todas estas corrientes pedagógicas y nos pidideron identificarnos con alguna, lo hice con el eclepticismo por aquello de que no hay verdades absolutas,( me valió una afrenta pública porque “la respuesta correcta” era el constructivismo!!??), en donde “tomar lo mejor de todas las corrientes o no”será una cuestión de criterio; este para mi es el punto álgido -tener criterio- entendido como discernimiento, una capacidad que no es precisamente lo que se potencia en el ámbito educativo, en todo nivel.

        Discernir, argumentar o confrontar lo que para el profesor es una verdad absoluta se convierten en desventajas para el alumno. Por eso mucho cuidado con esa oferta educativa de desarrollo del pensamiento crítico, porque en la realidad ningún maestro quiere asumir las consecuencias.

        Yo pienso que el aula (¿o “la jaula”?) debe convertirse en ese espacio que no confirme lo que dijo Garbiel García Márquez, que los grandes hombres sólo llegarán a ser grandes cuando abandonen las aulas de clases

        Respecto a lo de resistir y ejercer la negatividad dialéctica es lo que le está pasando a mi adolescente de quince años que no “tolera” los profesores mediocres y, en tanto y en cuanto no hay oídos que escuchen su voz de auxilio, boicotea la clase de alguna manera. Entonces nace el “desadaptado social”. Entiéndase que no es asunto de hormonas, es de capacidad y madurez intelectual.

        Seguiremos en contacto.

    • Francisco Javier
      13 junio 2010 a 19:58 #

      Creo que me puedo explicar mejor:

      Mira, si yo llamo estupido a un alumno, aunque ciertamente lo sea y además sea un monstruo (que existen) en todos los sentidos, mi Director/a me llamará a consulta para exigirme responsabilidades por mi conducta impropia de un profesor. Si la cosa va a más, el alumno y su familia interpondrán una reclamación formal y tendré que defenderme ante un profesional de la educación, digamos un inspector. Lo más probable es que se curse un expediente contra mí por los daños morales causados al individuo en cuestión, (retiro temporal de la profesión, amonestación verbal, multa, etc)

      Si un comité de tecnócratas pedagogos llevan a cabo una Ley de Educación (un Diseño Curricular) a nivel de Estado y esa Ley , tras un tiempo razonable, produce, que un país como España se sitúe a 20 puntos por debajo de la media de fracaso escolar en relación a lo que establece la Comunidad Europea como satisfactorio, ¿de quién es la responsabilidad? ¿A quién hay que reclamar ante el daño irreparable a la sociedad? Pero los psicopedagogos de este país no sólo niegan su responsabilidad, intentando arrojar sus excrecencias sobre otros (los profesores que no han sabido entender sus idioteces), sino que además exportan su doctrina a otras latitudes. Y me refiero a Latinoamérica, donde cierto exponente del desastre español (Alvaro Marchessi) forma parte de no qué organismo educativo (de renombre) encargado de asesorar técnicamente a los organismos educativos hispanos. ¡Qué peligro! ¡Qué falta de verguenza! En fin, cuánto lo siento por el mundo hispano.

      • Fátima
        13 junio 2010 a 22:04 #

        ¿Se repara el daño encontrando al culpable? Reconociendo la responsabilidad ¿qué se logra? Si ya me ha demostrado que es un incapaz o tal vez malicioso ¿le daría una segunda oportunidad para que intentara hacer correcciones y pudiera lavar su culpa? ¿Quiénes son los llamados a reclamar ante el daño irreparable? ¿Ante quién? ¿Qué sanción justa? ¿Por qué la evaluación debe hacerse cuando ya hay un daño y no en el proceso para poder prevenir desastres?

        Francisco Xavier, necesitamos que esa voz se escuche más fuerte por acá para evitar, por lo menos, que la desgracia se repita en otros lares.

    • Ania
      4 noviembre 2011 a 22:52 #

      La hija de 15 años de una pedagoga “no tolera a los progesores mediocres ” y “monta el poyo en clase”: como no podía ser de otra manera: nada nuevo bajo el sol.

      Le aseguro doña Fátima que su hija va a seguir encontrándose con “profesores mediocres” y montando poyos un día sí y otro también porque , en la mayoría de centros públicos que conozco, hasta el mejor profesor , en las condiciones dotacionales y legales actuales, parece poca cosa a una adolescente y más a una resabida incontinente de 15, con madre pedagoga que la anime.

      Encima creerás que tu hija y tú hacéis una gran labor metiendo en cintura a esos ineptos. La lleváis clara chica, muy clarita Fatimita.

      Si es que sin Fátimas pedagogas y sus hijas de 15, azotadoras de profesores, qué sería de nosotros inútiles educadores polis de guardería.

  9. JGV
    14 junio 2010 a 10:19 #

    Estoy convencido que los “paradigmas” sí son un problema. Y para decirlo con claridad, a mí personalmente me sobran los teóricos de la educación. Me va muy bien sin ellos.
    Me parece muy bien que elucubren en sus cavernas de la Universidad, o que experimenten con sus alumnos, pero NO SE PUEDE CONVERTIR LA EDUCACIÓN DE UN ESTADO EN UN CAMPO DE EXPERIMENTACIÓN PARA SUS OCURRENCIAS GENIALES. Un sistema educactivo debe generar buenos profesionales, médicos, arquitectos, informáticos, …. Y lo que es necesario es establecer unos PLANES DE ESTUDIOS exigentes y con un grado de objetividad lo suficientemente serio como para que un médico formado en la Universidad X delPaís P pueda ver reconocida su formación en otro País P1 y desde luego tener un nivel de profesionalidad lo suficientemente bueno para no infligir daños a sus pacientes (IATROGENIA).

    Respecto a lo de la dialéctica, pues no. Tus alumnos, como los míos, no creo que estén ejerciendo ninguna dialéctica de ningún tipo. No comparto la victimización del alumnado. Tal vez la situación sea distinta en tu País, pero aquí -en España y en Europa- en un elevado porcentaje, el rechazo del alumnado (inadaptado), proviene no tanto de la incompentencia de sus profes,como del simple hecho de que rechazan de plano el sistema educativo y no están por la labor de permanecer en un instituto cuatro años obligatoriamente. Sus pretensiones son otras, tal vez trabajar o dedicarse a aprender un oficio. No todos los alumnos están dispuestos a estudiar física, química o filosofía. Es muy sencillo. ¿No somos diferentes? ¿Por qué empeñarnos entonces en que todos pasen por el mismo rasero?

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