Acciones para recuperar la libertad de cátedra

Antonio Gallego Raus

La respuesta de los profesores al disparate educativo no ha podido ser más decepcionante. Hay demasiado convidado de piedra en todo esto. La mayor parte de los docentes se ha acostumbrado al trágala. A base de hacer lo que les mandan sin rechistar se han vuelto sumisos como corderos. Muchos -eso creo- saben que tienen la culpa por ceder tantas veces, por bajarse los pantalones todos los días, por seguir la corriente: ante los padres que vienen dando voces, ante el alumno insolente que insulta e incordia, ante el pedagogo que te dice cómo has de dar la clase, ante la presión del director o el inspector para que regales aprobados… Al final lo que queda después de tanta concesión es la mala conciencia del colaboracionista y la consiguiente reluctancia al reconocer la parte de culpa que te corresponde por dejarte arrollar, por vivir arrodillado, por oficiar de cobarde durante veinte largos años. Un buen ejemplo de todo ello es la escasa atención que se le ha prestado a nuestro Manifiesto.

Sin embargo, es necesario, ahora más que nunca, que los docentes reconquisten la libertad de cátedra, secuestrada por mis queridos colegas, los psicopedagogos. No sé cuántos redaños necesitaría un deseducativo para plantar en el tablón de anuncios un rótulo que dijera “ACCIONES PARA RECUPERAR LA LIBERTAD DE CÁTEDRA”. Y a continuación un listado de tales acciones.

1. Utiliza la clase magistral tantas veces como te dé la gana y creas oportuno (sin desdeñar otros métodos).

2. No pases por la humillación de soportar una mediación de conflictos. Tu palabra vale más que la del alumno. No te humilles.

3. Exige a tus alumnos que memoricen todo aquel material que creas necesario para la comprensión y asimilación del tema que estés impartiendo.

4. No hagas caso del psicopedagogo cuanto te venga con lo de que coloques a los alumnos en U invertida para lograr comunicación entre ellos. Lo que necesitan es concentrarse cada uno en lo suyo, no mirarse las caras unos a otros.

5. Niégate a leer o rellenar papeleo que consideres inoportuno, inútil o absurdo. Necesitas tiempo para preparar tus clases, no para gastarlo en absurdeces.

6. Niégate en redondo a aprobar al alumno que no dé golpe y no rinda. No cedas ni un ápice. No consientas que te presionen. Si tu criterio como profesor de ese alumno no vale, que no te pregunten por tu decisión, pero que tampoco quieran contar con tu firma. No lo apruebes tú.

7. Examina a los alumnos con rigor, sin levantar la mano ni hacer la vista gorda.

8. Insiste en expulsar de clase al alumno o alumnos que se dediquen a reventarla. De hecho: expúlsalos. Si no te dejan, niégate a dar la clase en esa condiciones.

9. No colabores con absurdeces del tipo “Día de”. No son más que pérdidas de tiempo posmodernas.

10. Cuando tengas que sacar a tus alumnos de excursión, comprueba si han aprendido algo. Si no lo han hecho, quéjate a quien corresponda e insiste en que no ha valido para nada útil.

11. Si te vienen presionando con que utilices las nuevas tecnologías, plántate y diles que lo harás cuando lo creas conveniente.

12. Si el psicopedagogo te da lecciones sobre cómo dar tu clase, pregúntale si desea darla por ti. ¿No, verdad? Pues que te deje en paz.

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Categorías: Rebelión

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18 comentarios en “Acciones para recuperar la libertad de cátedra”

  1. Maximiliano Bernabé Guerrero
    27 mayo 2010 a 6:39 #

    Muy bueno, Antonio,
    Uno de los “papeles” imprescindibles con los que debemos inundar las mesas de las salas de profesores a partir de Septiembre de 2010. Yo los voy guardando todos, para utilizarlos dentro de muy poco.

  2. Ana Belén
    27 mayo 2010 a 8:02 #

    Estupendo artículo, Antonio. Otro más que debería estar colgado en los tablones de todas las salas de profesores. Un saludo!

  3. 27 mayo 2010 a 8:56 #

    Gracias, amigos. Por supuesto, se han quedado muchas cosas en el tintero. Habría que añadir algún punto sobre la “enseñanza de valores”. Muy en concreto sobre las cuestiones degeneradas del “género”: todas las presiones de “género” que lastiman el lenguaje (ellos y ellas, miembros y “miembras). Ya me entendéis. Y a la vista de a quién afecta más el fracaso escolar, habrá que pedirle al psicopedagogo de turno que programe acciones de discriminación “positiva” para los varones. Bueno, no, mejor no pedirle nada. Ya el barco se hunde solo.

    Cuando venga alguien con la insufrible memez de leer cuentos “igualitaristas” para contentar a la señora Aído/a y su tropa, mandarlo con mucha educación a freír espárragos.

    Por cierto, falta otro punto dedicado a lo de la lectura de libros clásicos atrozmente mutilados por quienes tienen alergia a leer lo bueno y obras del pasado. En fin, mucho habría que añadir. Cada docente que añada lo que crea oportuno. En realidad, cuantos más ítems engrosaran este breve listado original, mejor: ello ayudaría a tomar conciencia pública del alcance del hurto y del secuestro. Es hora de intentar quitarse el corsé de hierro que atenaza al docente. ¡Oh, Houdini, asístenos!

    Saludos.

  4. Juan
    27 mayo 2010 a 9:15 #

    ¡¡Cojonudo!!
    Son ideas que todos nosotros llevamos expresando y comentando, aunque sólo sea a la hora de tomar café, pero que tenemos muy claro. Puede que seamos minoría, pero los “disidentes” estamos cumpliendo estas reivindicaciones hace tiempo. No está mal recordarlas e invitar a nuestros compañeros, a todos, a seguirlas también. Entre otras razones porque son de sentido común y necesarias en estos días inciertos de tanta pedabobería.

    Saludos desde Crisis Educativa

  5. Juan
    27 mayo 2010 a 9:17 #

    (Se me olvidó)
    Ahora mismo lo imprimo y lo coloco en el tablón de anuncios de la sala de profesores.

    Saludos

  6. José Mari
    27 mayo 2010 a 11:26 #

    Jajajaja, magnífico artículo!!!! A por ellos, a por ellos.

  7. Fancisco Javier
    27 mayo 2010 a 11:44 #

    Estupendo, enormemente educativo, un verdadero servicio al bien común. Lo cuelgo de inmediato.

    Mis felicitaciones por tanta clarividencia.

  8. Leicalux
    27 mayo 2010 a 16:50 #

    Mil gracias por vuestros artículos en defensa de la libertad de cátedra. Tengo la desgracia de encontrarme, desde hace años, varada en uno de esos claustros de docentes “sumisos como corderos”, encabezado por un director aficionado a soltar, como quien no quiere la cosa, eso de que “la libertad de cátedra no existe.” Esta mañana mismo he imprimido los dos últimos posts y los he colgado en el tablón de la sala de profesores sin disimulos de ningún tipo. (Qué gran idea la de incluir una versión para imprimir). Sigo este blog diariamente desde hace varios meses y me encanta ver “en blanco y negro” muchas de las ideas que llevan años rondándome la cabeza. Da ánimos y apuntala la moral comprobar que somos más de los que parece. De nuevo, gracias.

  9. 27 mayo 2010 a 18:51 #

    Magnífica síntesis y enumeración de la reivindicación de la dignidad del docente frente a las imposiciones de la psicopedagogía y sus terminales.

    El único punto con el que no estoy totalmente de acuerdo es el de colocar al grupo de alumnos en U, que no tiene por qué estar mal. Aunque debe ser el profesor el que decida, sin aceptar presuntos modelos que son más “pedagógicos” ni intromisiones en su labor. O desprecios.

    Un saludo

  10. 27 mayo 2010 a 19:08 #

    Me tomo la libertad de resumir lo que nos propones, Antonio: sed profesores, que es ser algo muy importante, sed los dueños de lo que enseñáis y de cómo lo enseñáis. Acepto la propuesta, que hoy en día es una invitación a la rebelión, así está el país.

  11. diego martínez
    27 mayo 2010 a 19:19 #

    Ole tus cojones Antonio

  12. 27 mayo 2010 a 19:49 #

    Gracias a todos comentaristas por sus amables palabras.
    En efecto, Mariano, disponer a los alumnos en forma de U invertida no tiene por qué estar mal. Si hay que debatir algo, por ejemplo, me parece fenomenal. O para cualquier otra clase. Dependerá de lo que lleve pensado el docente. Lo que yo llevaba en mente al escribir ese punto es la idea, extendida en la secta pedagógica, de que una de las causas del fracaso en la enseñanza es que los profesores no ponen a los alumnos en U. Otra, igual de tonta, es que se sigue empleando masivamente la clase magistral. Su obsesión, como bien sabemos todos, es que fluya la comunicación entre los alumnos, y entre éstos y el docente. Cosa que puede estar muy bien según y cómo, pero que puede ser irrelevante o hasta contraproducente en otras ocasiones. En fin, estoy de acuerdo. La cuestión es que sea el docente, y nadie más, quien decida si dicha colocación es o no adecuada a sus propósitos. Y que compruebe sus efectos.

    No me dé las gracias, Leicalux. Lo meritorio y difícil no es exponer aquí estas reivindicaciones (ustedes las conocen de sobra), sino que se cuelguen en los tablones de anuncios y, más importante, que ningún docente se deje avasallar más. Nunca es tarde si la dicha es buena.

    Cierto, amigo Pablo, se puede resumir como tú lo haces. Creo, no obstante, que es buena idea que la rebelión tenga su puesta en escena con acciones afirmativas, expresas, públicas. Una de la más importante es el airear el documento que nos dejó el otro día el amigo David Arboledas.

    Saludos

  13. David Arboledas
    27 mayo 2010 a 20:25 #

    Una idea estupenda, Antonio. A comienzos de septiembre se colgará en el tablón de anuncios de la Sala de Profes de mi centro. Sabrán que he sido yo, porque de hecho todo lo que has escrito llevo años haciéndolo y seguiré sin bajarme los pantalones. Pero allí estarán los dos artículos, éste y el de ayer.
    Saludos.

  14. 28 mayo 2010 a 10:55 #

    Ojalá te secunden muchos compañeros, David. Ojalá tu valor y lucidez sirvan de ejemplo a todos los demás. Quizá fuera buena idea señalar día y hora de “inicio oficial de la rebelión” (que no es más que la reivindicación de la libertad de cátedra). Digamos: tal día, a tal hora, todos los docentes de deseducativos colgarán en el tablón de anuncios los documentos o artículos que se estimen necesarios. En fin, un acto simbólico anunciado desde aquí para que se enteren los que estén a favor y, no menos importante, los que estén en contra. Creo que eso, dentro de su modesta fuerza simbólica, ayudará a cada disidente a sentirse algo más acompañado, menos solo en su particular lucha. Si os parece bien, que así sea.

    Saludos.

  15. uff
    28 mayo 2010 a 11:10 #

    primero el manifiesto, luego los listados de acciones. Vaya compulsión la suya por figurar en los tablones y en las hojas de firmas… Su concepción de la libertad me parece bien empobrecedora.

  16. 28 mayo 2010 a 12:24 #

    ¿Por figurar dice usted? Me da absolutamente igual que vaya mi nombre en el artículo. Quédese como artículo anónimo. Me es indiferente. A mí me parece que su opinión sobre mi concepción de la libertad es pobre. Si es usted amigo de dialogar y dar razones, adelante. Quisiera saber por qué es empobrecedora , si es usted tan amable, Uff. Supongo que se puede discutir, ¿no?
    Saludos.

  17. Luzroja
    28 mayo 2010 a 19:38 #

    El caso es que el ejercicio atinado de la libertad de cátedra a los chicos les gusta, por lo visto los hay que ya están cansados de videos sorprendentes, de imágenes más o menos explícitas, de montajes en Power Point rellenos de diapositivas que sustituyen a las palabras….

    Puedo equivocarme, pero deseo ser hoy optimista… a veces ocurren cosas en las aulas que son difíciles de narrar, he aquí lo que me ocurrió hace tres días:

    El miércoles tuve que hacer una sustitución en un aula de 6º curso, tocaba lectura y ésta consistía en un fragmento del “diario de Ana Frank”, como la lectura no era muy extensa y las actividades me parecieron desacertadas, consideré oportuno antes de empezar la lectura situar a los chicos en las circunstancias político e históricas en la que tal diario fue escrito. Comencé mi relato lentamente, sólo usé la palabra, empecé a oír el silencio, los chicos parecían contener la respiración, la atención en lo que yo les decía me pareció sorprendente, mi “contextualización” (y perdónenme el palabro) duró tres cuartos de hora. Después leímos el fragmento, fue una lectura llena de dignidad. Ni que decir tiene que me marché de clase la mar de contento.
    Hoy, una de las chicas del grupo me ha dicho: “¿Sabes que estoy leyendo “el diario de Ana Frank”? No podéis imaginar cuánto me ha gustado esa declaración.

    Sí, hay que recuperar la libertad de cátedra, dejarse de las memeces insustanciales y darles a los chicos lo que mejor tengamos de nosotros mismos: nuestros conocimientos y nuestra libertad para entregárselos.

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