Empirismo, relativismo y posmodernismo. La eliminación de la enseñanza

El artículo de Antonio Gallego Raus ha señalado lo que, a mi parecer, es una relación muy interesante entre el empirismo como filosofía de la ciencia y el relativismo de la posmodernidad. Quisiera abundar un poco en esta tesis con la intención de señalar los orígenes epistemológicos del mal en la educación. Por su puesto, y esto va de suyo, estas cuestiones epistémicas van ligadas a cuestiones ideológicas que, aunque alguna vez se toquen de pasada, no son el centro de este artículo.

Pero antes de comenzar esta reflexión interesante, pero difícil, quiero señalar dos puntos que han aparecido, uno en el artículo de Raus y otro en el debate. El primero de ellos es la cuestión del poder. ¿Quién ostenta el poder? ¿Son inteligentes los que lo ostentan o son, más bien, listos, trepas y aprovechados? La verdad es que hay de todo. No se puede responder a estas preguntas con un reduccionismo. Ahora bien, y sin caer en una teoría conspirativa de la historia, creo que al poder económico y político, fundamentalmente el primero, le interesa un tipo de ciudadano (esclavo o borrego.) Con ello quiero decir que las cosas están muy bien pensadas desde hace tiempo. El poder político que nosotros vemos no es más que un acólito de poderes superiores. Él también vive en el engaño. Ha sido en parte consciente de él pero está sometidos a él. Aunque pertenezca a la clase del poder, de los dominanates, vive esclavo de la ideología del poder. De ahí su empecinamiento a la hora de defender ciertas posturas: en nuestro caso es la educación, pero de forma más general, en la economía y su creencia en el mito del progreso que se plasma en la idea del crecimiento ilimitado. Y esto último a lo que he aludido aquí tiene mucho que ver con el tema de la enseñanza. Por eso he dicho siempre que el mal de la educación, aunque nosotros tenemos que aportar vías concretas de solución, y la primera es hacer que se tome consciencia del mal, viene de una marea de fondo de carácter social. Existe una ideología social dominante desde hace cuarenta años que afecta a todos los sectores de la sociedad. El de la educación es especial porque es precisamente el vehículo de la ideología del poder. De ahí que muestren tanto empeño y que intenten confirmar su ideología (falsa conciencia y falso pensamiento no argumentado) con pseudoteorías científicas de origen psicopedagógico. El engaño es global y se extiende a través del llamado pensamiento único que se vehicula por lo que se llaman las democracias liberales que no son ni democracias ni liberales. No son democracias porque son partitocracias oligárquicas en las que realmente el poder lo tienen los grandes monopolios. El poder político es comparsa e intermediario entre estos y el pueblo. Tampoco es liberal porque realmente lo que menos se defiende es la libertad, salvo la del enriquecimiento de unos pocos. Al contrario, es una sociedad cada vez más burocratizada. Una sociedad que vive en el engaño de la neolengua al estilo orwelliano, del doble pensar. Si hay un pensamiento único no hay pensamiento, porque el pensamiento es diálogo. No se admiten desde el poder las heterodoxias ni las disensiones. Por eso no hay libertad. La libertad es la libertad ilustrada: atrévete a saber, atrévete a pensar por ti mismo, a usar tu propia razón. El conocimiento es la libertad. Por eso la enseñanza elimina el conocimiento y la diferencia. La enseñanza es ideología. El poco conocimiento que hay está perfectamente dirigido. Vivimos en Matrix (bienvenido al desierto de lo real) o en la caverna platónica. Pensando que sabemos cuando no sabemos, creyendo que somos libres cuando no lo somos. Los medios de comunicación nos hacen creer que somos felices y libres, que podemos movernos donde queramos. En definitiva lo que están haciendo es moldear nuestras conciencias con determinada escala de valores que generan después un tipo de acción o de conducta. Nuestra libertad es una ficción y responde a los intereses del gran poder económico.

Lo que sucede es que un estado orwelliano puro nunca es posible. Por eso existen los disidentes, los herejes (los que piensan de otra manera) los que se atreven a discrepar, los hombres libres que ven el nihilismo al que va abocada esta civilización. Lo peor es que al nihilismo le sigue el fascismo. Si el ciudadano se convierte en un autómata que sólo mira su propio bienestar, que no tiene conocimiento ni criterio, es un esclavo. Y ahí es donde emerge el fascismo. Fascismo en el que ya creo que estamos inmersos. Por ejemplo, cuando hablamos de relativismo estamos hablando de una forma de fascismo. El relativismo implica que todo vale. Y ello significa la muerte del pensamiento. Porque para poder pensar es necesario el diálogo y éste se ejerce cuando hay algo en común, la razón, el logos. Es decir cuando admitimos que el otro puede tener más razón que yo o toda la razón, que yo puedo estar equivocado. Que el diálogo es aprender. Que aprender es abandonar la opinión personal para ascender a un conocimiento mejor probado y fundamentado, más universal y común. El relativismo, al negar todo esto, que es la base del pensamiento crítico, niega el pensamiento y de aquí es de donde surge el fascismo. No olvidemos que la pretensión del sistema de enseñanza es la de educar en el relativismo de las opiniones con la máscara de la democracia y la libertad de expresión; pero esto es un error, otro engaño de la ideología del poder. Y en qué consiste entonces el fascismo. Si todas las opiniones son equivalentes entonces la que se establece como verdad es la del más fuerte, la del poder. Y en esas estamos, tanto a nivel político, militar, como económico. La fuerza es la que otorga la razón. Y el ciudadano, engañado en la dinámica del consumo, obedece sumiso y obediente, sin conciencia, ni siquiera, de su estado de sumisión.

La barbarie tecnocientífica y tecnoeconómica en la que vivimos, y que nuestro sistema educativo reproduce (éste es el mal de fondo al que me quiero referir) se ha transformado en religión. Una religión débil, sin ética. Sólo mito y ritual. Una religión formal y vacía que ni siquiera reconocemos como tal, pero en la que participamos en cada acto de consumo y en la creencia en el progreso de la humanidad. Es esta idea de progreso un mito, el sustrato de toda la ideología en la que vivimos. Y esta religión es opio para el pueblo. Mantiene a la ciudadanía adormecida sin capacidad de reflexión y de toma de consciencia del estado oprimido en el que se encuentra. A lo peor, tampoco le interesa. Porque ya decía Kant que el hombre es autoculpable de su minoría de edad (su esclavitud), por dos vicios: la pereza y la cobardía. El optimismo ilustrado nos hacía pensar que el hombre ayudado por los doctos, y con las condiciones políticas apropiadas podría alcanzar la libertad, pensar por sí mismo. Dos siglos después tenemos que ser escépticos al respeto. Puede más el vicio, la pasión que la razón. Sólo la pasión de la libertad lo sobrepasa. Pero, quizás -éste es mi pesimismo antropológico, que lo apoyo en la etología y la evolución- la condición humana no dé más de sí. Somos seres gregarios por naturaleza. La democracia es una construcción para eliminar injusticias y producir igualdad y libertad, pero también es una forma de vida que tiene que ver con los ideales ilustrados, y esto, quizás, no esté al alcance de todos.

Como se ve, el tema del poder es más complejo de lo que parece. Por eso me he alargado un poco en la reflexión. Además he querido unir el mal en la enseñanza con el problema del poder y la sumisión. Ésta es la paradoja de Hume. Este autor decía que la paradoja del hombre es que nada valoraba más que la libertad, pero que en cuanto podía delegar en otro su uso, prefiere la comodidad del obedecer, mientras esté seguro y tranquilo. Y esto lo sabe el poder. Por eso nos distrae con la apariencia de la libertad que es el consumir. Por eso la rebeldía cada vez es menor y el fascismo sutil, en forma de democracia, mayor. Y por eso los políticos que nosotros vemos están inmersos en esta ideología y son los más esclavos de ella: es su catecismo, su religión.

Y con estas reflexiones, más extensas de lo que quería, enlazo con el segundo tema previo. La famosa frase de Ortega. Como bien señala Raus, la ha utilizado con la intención de ligarla, como vulgarmente se hace, al relativismo, como podía haber utilizado cualquier otra. Pero me ha gustado la aclaración de que ésta es la mitad de la sentencia orteguiana. Yo soy yo y mis circunstancias, si las salvo a éstas me salvo yo. Es bien sabido que la teoría de Ortega es el perspectivismo, una forma débil de relativismo, nada de radical y nihilista, como el posmoderno. La segunda parte sugiere que la vida es tarea. Y una de las tareas para Ortega es la de conquistar la paradoxa, es decir, la filosofía. Filosofar (entiéndase pensar libremente) es trascender la opinión propia y vulgar. El relativismo es la defensa de la opinión propia. Pero cuando defendemos nuestras propias opiniones sólo por el hecho de ser las nuestras (ideología dominante) lo que sucede es que las opiniones se convierten en nuestras tiranas. El relativismo nos hace esclavo de nuestras propias opiniones. Ahora bien, dudar de nuestras opiniones es la tarea de la libertad y del conocimiento. El conocimiento como ejercicio de la libertad. ¿Por qué se fomenta el relativismo en la escuela y se disminuye el conocimiento? Pues para producir ciudadanos borregos o esclavos del sistema de producción. En suma, replicantes, clones. Nuestro sistema educativo se ha ido convirtiendo, progresivamente, en un sistema fascista de pensamiento único en el que el objetivo es extirpar la libertad y producir ciudadanos moldeables y maleables con la intención de ser personal perfectamente adaptado al sistema prevalente. Individuos poco conflictivos y autosatisfechos. Y aquí enlazo con otro punto de Ortega. La democracia es el gobierno de la mayoría, pero la mayoría es amorfa, es la de los señoritos satisfechos. Aquellos que sólo son capaces de mirar su ombligo, los que no tienen ni pasado ni futuro. Funcionan como autómatas. Nuestros sistemas de enseñanza eliminan las ciencias básicas y las humanidades. Armas indispensables para conocerse a sí mismo. Se sustituye el conocimiento por las competencias básicas, un saber hacer pueril, pero perfectamente adaptado a la sacrosanta sociedad de la comunicación en la que vivimos. (Nótese aquí el mito del progreso que está en la base de todo, aunque no puedo analizarlo en este artículo.) Ortega fue un gran crítico de la democracia y defensor de la meritocracia porque veía que podíamos acabar en este nihilismo en el que nos encontramos. De ahí que la segunda parte de la sentencia de Ortega sea tan importante. Porque requiere de la tarea y del esfuerzo que es la libertad. Y, precisamente, esta tarea y este esfuerzo son los que superan el relativismo radical posmoderno en el que nos encontramos.

Y vamos ahora al tema del empirismo como origen del relativismo. El asunto hay que rastrearlo, a mi manera de ver, en el origen de las ciencias psicológicas y pedagógicas. Y, a mi entender, hay un error en el estatus científico de estas supuestas ciencias. El paradigma en el que se encuentran estas ciencias es el empirista o neopositivista. La filosofía neopositivista de principio de siglo lo que pretendía era demarcar lo que era ciencia de lo que no lo era. Y encontró el criterio de la mano de Wittgenstein (aunque éste tenía otras intenciones) y el Círculo de Viena, en el criterio de verificabilidad. Los enunciados científicos son aquellos que son verificables. Los únicos enunciados con sentido son los verificables. Así, se separa la ciencia de la no ciencia. La ciencia es el conjunto de los enunciados con significado o con sentido; es decir, los verificables. El criterio de sentido es un criterio de demarcación. Pero el neopositivismo fue superado por Popper y por Kuhn. En la primera mitad del siglo XX la psicología y la pedagogía pretenden alcanzar el estatus de ciencia, de modo que para obtenerlo pretenden mostrar que son ciencias empíricas y que cumplen con el criterio de verificación. Y de ahí viene el mal de la psicología y la pedagogía. El empirismo en estas ciencias nos ha llevado a lo que se llama la teoría de la caja negra. Si nosotros queremos investigar el comportamiento humano sólo nos podemos fijar en lo observable. Es decir, siguiendo el esquema de la psicología empírica, el estímulo y la respuesta. Lo que ocurra dentro del cerebro no nos importa. Eso es una caja negra a la que no podemos acceder en psicología. Aquí encontramos precisamente el origen de la teoría de motivación. Si lo observable son los estímulos y las respuestas y nosotros, según la ciencia psicológica nos dice, podemos modificar la conducta modificando los estímulos, entonces la enseñanza debe alzarse bajo el pilar de la motivación. Todo aquello que es inobservable, como la voluntad, cae fuera de la ciencia psicológica y es un sinsentido. Esto ha sido un tremendo error de la psicología que la pedagogía ha seguido a pies juntillas y que ha dado lugar a uno de los mayores fracasos educativos de la historia en España: la LOGSE-LOE. El fundamento epistemológico de la pedagogía que subyace a estas leyes es la teoría de la motivación. La modificación del comportamiento y la capacidad del aprendizaje se basan en la motivación. Entonces, el papel del profesor es el de animador. Además del error epistémico que esto conlleva, esta visión de la ciencia psicopedagógica lleva aparejado un error ético-antropológico tremendo con una profunda carga ideológica. Si lo único que nos interesa es la motivación y los resultados de ésta, que es lo únicamente empírico, entonces convertimos al alumno en un instrumento, un objeto. Es decir, estamos violando el principio ético máximo: el de la dignidad. El hombre es un fin en sí mismo, no un medio. Ahora bien, si introducimos el factor de la voluntad, que no es observable, entonces estamos considerando al individuo como un sujeto. Es decir, estamos actuando desde la perspectiva de la ética. Pero, claro, para los psicopedagogos, anclados en el paradigma positivista o empirista, la ética es un discurso sin sentido porque sus enunciados no son verificables. Y ésta es la ideología del cientificismo de la que somos herederos y a la que le debemos muchos de nuestros males educativos. En cambio, si educamos no sólo basándonos en la motivación, sino teniendo como centro la voluntad, entonces estamos tratando al alumno como un sujeto. Porque la voluntad es la libertad. Me explico. La voluntad es la capacidad de dominar mis pasiones. Mis pasiones me hacen esclavo. El dominio de mi voluntad me hace dueño de mis pasiones, me hace libre. Pero, para eso, necesito interiorizar la autoridad. La educación de la voluntad requiere de la autoridad y de la disciplina, no de la motivación. Esta última, en todo caso, es superficial. Esta autoridad es la que vamos interiorizando hasta que la hacemos nuestra y nos convertimos en sujetos autónomos. Aquellos que se dan a sí mismos la ley y que la obedecen. Ideal kantiano de la ilustración. La ilustración es pensar por sí mismo, es decir, darse a sí mismo la ley, ser nuestra propia guía, ser sujetos, fin en sí mismos, no objetos. Y esta obediencia a la ley, nuestra voluntad, es lo que nos hace libres y autónomos, sujetos únicos e irrepetibles. Pero, claro, nada de esto le interesa al poder. A éste le interesan los clones, lo maleable. De ahí que la motivación anule la libertad y nos haga esclavos de las pasiones. Cuando se dice que hay que enseñar divirtiendo y eliminar toda autoridad y disciplina, lo que se está diciendo y promoviendo es la esclavitud de las pasiones. La motivación funciona siempre a nivel emocional, no racional. La libertad, en cambio, requiere de la reflexión. Sobreponerse a las emociones y las pasiones. Requiere esfuerzo. Educarse es una tarea de la voluntad que intenta sobreponerse por todos los medios a la tiranía de las pasiones. ¿Por qué el relativismo tiene que ver con esto? Si la base de la educación es la motivación resulta que todas nuestras acciones son igualmente válidas porque proceden de la motivación previa. Nuestra conducta procede de las diferentes motivaciones. Pero los juicios de valor sobre lo empírico -estímulo-respuesta- exceden el ideal empirista de la ciencia. Toda conducta es, por tanto, defendible. Ahora bien, la conducta que se promocionará será la que al poder le interesa. En nuestro caso la de las competencias básicas. Por otro lado, el relativismo se introduce para minar las bases cognitivas de la educación. Si todo vale, todo conocimiento es trivial. Lo importante es aprender ciertas destrezas, todo lo demás es cuestionable. El conocimiento, que se basa en la reflexión, excede el esquema empirista, por tanto no es válido, sólo el que necesitemos para las competencias básicas. El conocimiento ha pasado al último plano en la enseñanza porque no cuadra con el esquema empirista de aprendizaje por motivación y con el relativismo que de ahí, junto con la ideología posmodernista que viene a coincidir con él, se sigue.

Pero, claro, el empirismo es una filosofía de la ciencia errónea, cosa de la que no se han dado cuenta los psicopedagogos. Ya Popper lo superó con su teoría de la refutación. Lo científico no es lo verificable sino lo falsable. Pero, además, la demarcación entre lo falsable y lo no falsable no es una demarcación de lo que tiene o no sentido. Tanto sentido tiene la ciencia como la ética, lo que ocurre es que los enunciados de la ética no son falsables. La ciencia queda destronada. Pero, además, Popper nos dice que no hay hechos puros. Todo hecho es interpretado a la luz de una teoría. Y toda teoría es una hipótesis o conjetura, no verdad definitiva. En el esquema motivación-conducta, cuando lo observamos, se introducen nuestras ideas previas, nuestras teorías.

Y aquí enlazamos con Kuhn que nos va a llevar al posmodernismo. Toda ciencia está sujeta a un paradigma. Todo paradigma se compone de varios elementos, el primero de ellos, que es el que nos interesa a nosotros, es el conjunto de ideologías, filosofías, visión del mundo, que tiene el científico y del cual generalmente es inconsciente. Ésta es la base que está más allá de la ciencia empírica en un paradigma pero que hace que el científico vea las cosas de una manera o de otra. Así, la observación de los hechos y la ciencia en su conjunto, no sólo está cargada de teoría, sino de ideología. Y aquí entramos en el terreno de la posmodernidad. Resulta que, curiosamente, como sugiere Antonio Raus y que espero que pronto desarrolle, aquí el empirismo y el posmodernismo se unen desde la perspectiva del relativismo. El relativismo -todo vale-, aunque tiene sus orígenes filosóficos (los sofistas) y antropológicos, no es actualmente una teoría, es una ideología de dominio por parte del poder, como hemos analizado antes. La posmodernidad predica la muerte de los grandes relatos de la humanidad, la muerte de la ilustración y de la ciencia. Y establece como máximo principio el del relativismo y el pragmatismo. Aquí surge una contradicción en la filosofía posmoderna. El relativismo se hace radical. Con lo cual es lo mismo que decir que se hace absoluto. Es decir, que el relativismo se establece como verdad absoluta. Es una ideología, un estado de conciencia. Ahora bien, el relativismo, como hemos demostrado, interesa al poder. Y la educación es el vehículo de la ideología; por tanto, el relativismo tiene que establecerse en la educación. Y, el esquema de la motivación lo hace perfectamente viable. El sistema de educación emerge de la ideología posmoderna-nihilista-fascista en la que nos encontramos y produce replicantes de esta ideología. La cosa es más grave de lo que parece. Espero, en el futuro, seguir analizando este difícil y espinoso tema.

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Categorías: Diagnósticos, Soluciones

Autor:Juan Pedro Viñuela Rodríguez

Profesor de ética y filosofía. Autor de Fin de milenio y otros ensayos. Una mirada etica a la tecnociencia y el progreso y Filosofía desde la trinchera. Director del seminario de CTS del IES MELÉNDEZ VALDÉS, y de la revista de ensayos Esbozos.

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9 comentarios en “Empirismo, relativismo y posmodernismo. La eliminación de la enseñanza”

  1. Raus
    9 mayo 2010 a 7:38 #

    Sencillamente brillante, Juan Pedro. Con facilidad pasmosa has unido las piezas del puzle. Y con gran erudición. Es acaso demasiada la riqueza argumentativa de este artículo como para hacer un comentario que le haga justicia. Te agradezco la rapidez con que lo has montado, porque me ahorra a mí muchas explicaciones al respecto. En especial en lo referente a la motivación (conductismo) y la voluntad.

    Pido disculpas por haber dejado caer mutilada la frase de Ortega, autor que leí con gran deleite, y de quien aprendí mucho por ser un agudísimo observador de la sociedad humana, en concreto la de nuestra era. Debí explicar que el relativista posmoderno ha reclutado a mocosuena y groseramente cualquier aforismo o teoría que considerare buena para su causa: Ortega, Einstein o lo que fuera. Debí haberme explicado mejor.

    Mi intención es explicar que el relativismo de la posmodernidad dimana, al menos en parte, del escepticismo anejo al positivismo radical humeano. El relativismo –todo relativismo- lleva en sí el germen del escepticismo solipsista: si lo universal no existe, sólo queda la subjetividad, la ilusión de cada yo para sí mismo. Ahí está el enlace, amigo Juan Pedro: el positivismo radical arriba en escepticismo, que es tanto como decir relativismo. Lo que yo deseo mostrar es que el relativismo actual es una de las consecuencias del escepticismo positivista. Ciertas disciplinas, como la psicología (lo has explicado de maravilla) adoptan el programa positivista por “envidia de la física”. En consecuencia, rechazan todo cuanto huela a teoría (insisto en que la muy cientifista APA se denomina ateórica): deben ceñirse a los datos de la experiencia (como si la experiencia humana fuera posible sin el concurso la razón). De ahí a la gilipollez de las competencias básicas media un pasito. Competencias básicas: lo básico, imprescindible, práctico y útil (definición que tomo del vídeo de Tiza Presa “Y tú… ¿Haces palmas? Parte 2.). El positivismo abomina, precisamente, de todo lo que no sea esto, pues teme incurrir en palabrería metafísica, que era justo el temor de Hume. En fin, lo que quisiera mostrar es el hilo rojo invisible que conecta a Hume con las competencias básicas. Explicar ese proceso me puede llevar algún tiempo. Espero que tú, o cualquier otro entendido, me corrijas si percibes que yerro en lo que sea.

    Saludos.

  2. 9 mayo 2010 a 7:49 #

    Aunque soy aficionado a la filosofía, especialidad de la que me gustaría saber más de lo que sé, tengo que reconocer que leyendo el artículo he sentido un poco de vértigo al ver tantas cosas mezcladas en un comentario de la dimensión del que escribes.

    A mi modo de ver el fundamento filosófico de la educación en nuestro país es el constructivismo y en tanto que esto es así, de ahí derivan sus carencias y sus limitaciones, que son muchas, entre otras negar el valor de la ciencia y la verdad, hacer una enseñanza en la que el profesor es un figura prescindible, o negar el debate.

    Pero yendo a tu comentario no encuentro ni una sola referencia al feminismo, ideología también constructivista, y se me hace difícil entender esto teniendo en cuenta el importante peso político y social de la misma y su relevancia en todo lo que afecta a la cultura y educación en nuestro país, desde hace ya más de un década.

    Por lo demás creo que fascista fue el régimen franquista y que por muchas críticas que podamos hacer a la situación política actual, y yo soy el primero en hacerlas, de ningún modo cabe confundir lo que pasa con el fascismo. Creo que tampoco se debe mezclar la democracia como sistema político con la defensa del mérito y la capacidad en la enseñanza cosas perfectamente compatibles.

    En cuanto a la educación propiamente dicha huiría de planteamientos elitistas, para entenderlo como un derecho que debe abarcar a la totalidad de la población y no me refiero a la defensa de tal cosa sobre el papel sino en la práctica política e ideológica, ya que como demuestra el sistema finés, se trata no sólo de un bello ideal sino de una idea perfectamente realizable en el plano práctico.

    Por lo demás decir que me he gustado especialmente como relatas el viaje de lo que haya entenderse por ciencia, partiendo del Círculo de Viena hasta llegar a la postmodernidad. Me gusta menos el tono pesimista que le das a tu escrito. Reconociendo que la situación no es fácil, como Gramsci ante el pesimismo de la razón opondría el optimismo de la voluntad.

  3. 9 mayo 2010 a 10:35 #

    Juan Pedro, hay que descubrirse ante el carácter apodíctico de tus reflexiones. Si acaso, yo le opondría una paradoja: Tu propio ensayo demuestra que el sistema no funciona, que la alienación radical del ser humano que persigue en modo alguno se cumple en tu persona ni, quiero pensarlo así, en la de muchos otros que son capaces de ver con claridad lo que tu has expuesto y reaccionar… Aquí me tengo que detener, porque la reacción de la lucidez frente a los logros alienadores del poder a veces consiste en “apagarse”, en reducirse al retiro del sabio que predicaba Fray Luis de León. Podemos luchar contra la tendencia general, por supuesto, pero, como tú muy bien señalas, sobreponerse al temor, a la cobardía y al servilismo que agradece el desvelo paternal de la autoridad no es rasgo común del común de los ciudadanos.
    Por otro lado, el analisis monolítico del Poder que tú haces quizá sí cae algo en la perspectiva de la conjura universal, a la que tan aficionado era Vázquez Montalbán en sus articulos periodísticos. Para él, la conjura universal del Poder funcionaba como los encantadores para D. Quijote. Es innegable que hay poderes fácticos que someten a los poderes representativos, y ahí es donde la acción social puede tener algún sentido, tanto desde la teoría como desde la práctica, aunque la Historia no invita ciertamente al optimismo: aún recuerdo con horror el corralito argentino y cómo el pueblo hubo de organizarse para salir adelante mediante una economía de trueque.
    Lo que es innegable es la laminación del famoso espíritu crítico que, supuestamente, corresponde al sistema educativo imbuir en los ciudadanos para que alcancen la condicion de tales en vez de meros súbditos del Mercado, es mucho mejor halagarles para que entiendan que el aprobado de hoy han de devolverlo en forma de voto mañana.

  4. Raus
    9 mayo 2010 a 10:52 #

    Estimado Emilio, en el artículo que preparo sobre estas cuestiones, abordaré el problema de género con algún detalle. El género (el feminismo de género) es, igualmente, un derivado del positivismo (conductismo en psicología), el resultado de pretender que la mente humana es una tabla rasa. Si es una tabla rasa (cosa que es totalmente falsa), entonces la conducta de hombre y mujer son construciones sociales. Esto es lo que afirma el feminismo en boga. Evidentemente, conviene desmentirlo y refutarlo por el bien de todos.
    Saludos.

  5. Fancisco Javier
    10 mayo 2010 a 8:56 #

    Estimado Juan Pedro,

    en tu artículo planteas cuestiones sumamente complejas y me hace comprender mejor algo que ya intuía, a saber: que aquello a lo que nos enfrentamos da mucho que pensar. Efectivamente la pedagogía actual, bajo la mascara del progresismo, no es otra cosa que el aparato de control del Estado-Capital en la esfera de la educación: aparato de propaganda y represión. No es que no sea tan progresista como se anuncia -como traté de aclarar en mi visión sobre el tema- , sino que directamente se alinea en el camino del protofascismo declarado. Aquí no se admite diálogo, ni consenso, ni nada; aquí lo que hay es autoridad, autoritarismo sin fisuras, que no admite disidencias -recordemos el caso Rabasco. Lo que resulta tan esperpéntico es el modo como está verdad innegable, se oculta bajo la máscara de una retórica progre que ni los mismos actores -exceptuando algunos pobres ilusos- se creen. Creo que una buena forma de mostrar la falsedad, la maldad, de este horror, sería invitar a todos aquellos radicales de la pedagogía de izquierdas a tomarse absolutamente en serio los principios revolucionarios que adornan su discurso: fin de las evaluaciones (tanto a alumnos como profesores): ¿no es la evaluación un medio de represión, de exclusión, de adoctrinamiento,..)?, fin de la obligatoriedad de seguir una enseñanza normalizada estatal: ¿no es ello expresión del carácter totalitario del Estado-Capital?; fin de los currículos legislados a nivel estatal: que cada alumno, cada familia, cada ciudadano elija libremente el tipo de saber que mejor se adapte a sus intereses, motivaciones; etc., etc., etc. ¿Nos tomamos a Foucault en serio? ¿La imaginación al poder?

    Un saludo

    • Borja Contreras
      10 mayo 2010 a 18:06 #

      Francisco Javier, me has dejado de piedra.
      Tuve la ocasión de trabajar un año, hace ya veinte, en el Fray Luis de Granada y allí coincidí con el profesor Rabasco.
      Desconocía todo el asunto. He buscado información y me parece directamente espeluznante.
      Trabajo en la Comunidad valenciana y aquí estamos viviendo casos con el mismo aroma; todo esto hace más necesaria aún la lucha contra el estado de cosas en el que nos movemos.

      • Fancisco Javier
        10 mayo 2010 a 19:04 #

        Estimado Borja:

        Sí, ciertamente, lo del caso Rabasco es espeluznante. Seguramente habrás leído algo en Magisnet. Por si acaso el link es:

        http://www.magisnet.com/noticia/5904/INFORMACION/caso-rabasco:-profesor-andaluz-acosado-ideas-pedag%C3%B3gicas.html

        A mi me parece tan grave, que considero necesario y de justicia que en este foro no olvidemos a este compañero y que denunciemos una y otra vez la situación para que se entere todo el mundo. Yo por mi parte, voy a intentar documentarme y si me lo admiten escribir un informe a todos los medios de comunicación que se me ocurran (País, Mundo, ABC, etc.).

        Un abrazo.

  6. Luis Omar
    16 abril 2011 a 21:11 #

    Buentas tardes Juan Pedro, soy Luis Omar, estudiante de último año en filosofía, de la PUCV de CHile. antes de leer este artículo leí uno tuyo sobre las éticas de Aristóteles y Kant, el cual filosóficamente hablando es muy bueno, pero las partes en que atacas a quemaropa el así llamado “posmodernismo” (sin especificar, clara y distintantemente, a que te refieres con eso) me parecen irresponsables, siguiendo la línea ética. Ahora, al leer este artículo, me parece que caes en absolutismos muy duros, te conviertes tu mismo en un absolutista al meter en el mismo saco a posmodernos con neopositivistas, a Popper con psicopedagogos! Hay una cuestión clave en filosofía y es tratar de pensar al pensador mismo en sus condiciones de producción de conocimiento, y ahí veo errores en tu argumentación: una cosa es estudiar larga y detalladamente lo que el pensador mismo penso y escribió, y otra cosa muy distinta es el uso que otros pensadores o personas en general hacen del autor y/o sus argumentos. Soy de Chile, y acá la educación es como un negativo del sistema educativo en España: la dictadura pinochetista, del 73, y sus consecuentes contituciones, en lo referente a educación (sobre la cual se ha modificado algo, mas no el grueso de lo expuesto por las huestes del ya fallecido “general), consiguieron que en la enseñanza de las humanidades se obviara todo estudio moderno y contemporáneo de la filosofía (aduciendo, en general, los mismos argumentos que tu aduces, justamente, para mejorar la educación… sic), es decir, en la mayoria de nuestras universidades lo único que se estudia es a los clásicos.

    Resultado: apagón cultural y educacional chileno que aún hoy perdura. Lo que quiero decir y tratar de indicar con esto es algo muy simple en verdad y es que no se puede categorizar la filosofía en “ismos” de una manera tan simplista como lo has hecho: primero, el posmodernismo en un movimiento, basicamente, arquitectonico y de diseño, contrapuesto a la arquitectura moderna. También hay posmodernismos en música, en intelectualismo general, etc.- Debes especificar a cual te refieres. Te dejo el link en wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Posmodernidad para que tases las incongruencias en la mixtura de disciplinas y etiquetas en que las colocas.

    Segundo, si hay algún autor que se estime a sí mismo como posmoderno es quizás Vattimo, o Mearly-Ponty, pues de Derrida a Deleuze hay un abismo, es más, Deleuze mismo se considera a si mismo, y si has leído el grueso de su obra te darás cuenta de ello, es casi escolástico, dada su escritura, y totalmente spinoziano en su ética, de fuerte raigambre estoica y aristotélica. Y Derrida nunca se consideró posmoderno, es más “odiaba” tal etiqueta y a los que se etiquetaban así. Y ya el círculo de Viena hubiera salido cual zombies a borrar tu asociación al así llamado “posmodernismo”, pues todo su intento era borrar el error de la filosofía continental fuertemente fenomenológica (por tanto, errada por demasiado poética)… Y ya dentro de esa escuela, como de sus sucesoras escuelas analíticas, hay un abismo entre Russel, Frege, Whitehead y Kripke, por nombrar algunos.

    Tercero: nunca una filosofía ha generado acontecimientos de grueso calibre, al menos en su contemporaneidad: que Alejandro Magno habla de las malas consecuencias de la filosofia aristotélica, dado que fue su discípulo, es un error: Alejandro cayo presa de la ideología de gobierno de corte oriental (de ahí que se haya echo coronar en casi todo lugar y haya impuesto satrapías, etc). En ese sentido, parece que las filosofías siempre responden críticamente a su contemporaneidad: el mundo actual, en su caos, no es producto del “posmodernismo”, como llamas a la filosofía actual, todo lo contrario, el mundo actual es producto de los actos de hombres para nada versados en filosofía, quizás haya alguno, pero te aseguro que no es ni el más popular ni el más escuchado en las juntas de gobierno de su país. En ese sentido, las filosofías contemporáneas responden a la realidad que las conforman (no conforman la realidad, como generalmente se cree), y los hechos que las marcaron, al menos en el siglo XX, son las dos grandes guerras y las esciciones que produjo la guerra fría, con la caída de Rusia y el advenimiento de las sociedades capitalistas. Pues el s. XX marco la epítome del hombre moderno, ergo, la sociedad actual no es contraria a las ideas ilustradas, sino que es su concreción última. Nos encotramos en una paradoja, y es entonces que nacen la filosofías, ya positivistas, ya existenciales, ya fenomenológicas, ya estructuralistas, ya post-estructuralistas, etc, todas muy diferentes y singulares, que intentan dar respuesta a la paradoja del hombre. Como dijo Hegel: el buho de Minerva siempre llega después de los hechos.

    Cuarto: Como ya enuncie más arriba, una cosa es el autor y otra muy distinta es lo que se hace con ese autor. Es cierto que hay un uso de Deleuze y Foucault, en especial, en las corrientes actuales de pedagogía y psicología educacional, pero, te digo sinceramente, que ese uso es de manual y muy pobre conceptualmente: se los coloca por referentes sólo por la forma de sus frases más que por el contenido en sí. Por ejemplo, en mis clases de Didáctica, el profesor utilizaba a Foucault para argumentar a favor de la técnología en las clases, de los test de inteligencia, etc. ya que, supuestamente, Foucault dice que el poder está en todas parte, a modo de dispositivos, y que se hace un buen uso de el adquiriendo ese poder. Ahora bien, Foucault sí dice tal cosa, pero sólo como momento “antitético” para argumentar luego en contra de ello y decir que la “normatividad” de las personas sólo la ejerce el poder estatal y sólo desde el punto de éste “está bien”. Ejemplos del mal uso del autor ya hay millones en las aulas de todo el mundo. Así pues, yo podría utilizar los mismos argumentos que tu y con la misma base ideológico-ética para irme en contra de los clásicos… pero eso sería una pérdida de tiempo (debido a la razones expuestas en el punto tercero), al igual que tus ataques a ciegas a la filosofía actual, y digo esto sin ánimos de pelear, pues estoy total acuerdo con que el sistema educacional actual es una monstruosidad, pues degenera el intelecto a la vez que convierte en ganado a los chicos, lo que se debe hacer es crear un sistema educacional autónomo, no estatal, y público, no en el sentido de administración estatal pública, sino que instaurado por los ciudadanos mismos, a través de juntas vecinales, que contacten con profesionales de cada asignatura y comenzar una verdadera educación, que como bien dices, requiere esfuerzo, ganas y responsabilidad.

    Saludos desde Chile!

    • 17 abril 2011 a 8:39 #

      Estimado Luis Omar. Le contestaré brevemente. En primer lugar le doy las gracias por haberse molestado en leer mis artículos y comentarlos. Pero siento disentir profundamente con usted. Creo que, de ninguna manera ha entendido mis artículos ni mis intenciones. Y además, creo que peca usted de una enorme afectación academicista. Yo puedo hablar de la posmodernidad sin mencionar a diferentes filósofos que se les llama posmodernos. Y, por otro lado, tampoco hay que confundir la posmodernidad con la filosofía de la sospecha. Pero no es esto lo que me interesa. Lo que a mi me importa, como filósofo mundano en la versión kantiana y como filósofo en el sentido de Popper son los problemas, no los términos ni los autores. Y yo he hablado de problemas que usted no ha tratado ni se ha referido, ocultándose en una pseudoerudición que no nos dice nada de lo que teníamos en cuestión. Por último lamento la dictadura que padeció, nosotros padecimos otra más brutal durante cuarenta años…pero no se equivoque, todo mi pensamiento, toda mi filosofía se dirige contra cualquier forma de poder que se transforme en absolutismo. Y eso es lo que he querido mostrar y que usted no ha entendido. Lo desarrollo más por extenso en otros de los artículos “La perversión de la razón ilustrada.” y en mis diferentes libros. Por otro lado, lo que no admito es que por defender a los clásicos y los grandes relatos de la humanidad, por ser un ilustrado tambaleante, que diría Popper, se me confunda con un absolutista. Soy un defensor de la sociedad abierta y de la libertad humana como máximo valor, siempre que éste esté en el equilibrio con la igualdad y a esto se le llama justicia. Por último, pensar que las ideas no tienen consecuencia es un desconocimiento de la historia de las ideas y de la historia universal, además, de extremadamente peligroso. Las ideas vienen del fondo de la historia y se materializan independientemente de que los gobernantes sean conscientes de ellas. Eche, sino un vistazo a la obra del reciente premio Nobel de economía Poul Krugman, “Las ideas tiene consecienas.” O a la obra de George Susang “El pensamiento secuestrado”, sobre el mismo tema. El neoliberalismo económico tiene sus raíces en la interpretación que del liberalismo se hace en el primer tercio del siglo XX y es una respuesta al keynesianismo y a la socialdemocracia, y se hace triunfante a partir de los setenta, en todos los ámbitos, incluida la educación. Pues bien, como se dice por aquí, de aquellos polvos estos lodos. Por otro lado, toda visión totalitaria hunde sus raíces en visiones deterministas de la historia, no hace falta que el gobernante sea consciente de ello, pero lo lleva a la praxis, vivencia esas ideas, porque en él ya no son tales, sino ideología y creencia. Por último, le sugiero que me hable de problemas y soluciones no de distingos entre autores, hace tiempo que abandoné el academicismo en pos de la filosofía mundana. No confunda filosofía con doxografía. La primera, a pesar de ser teórica, tiene una impronta práctica, es un intento de transformación ético-política. Como decía Unamuno, las ideas engendran un sentimiento y éste una acción. Hay que estar muy vigilante de nuestras ideas, que no se conviertan en ideologías o creencias y nos tiranicen. O, como decía Ortega, en las creencias se está, Las ideas se tienen.
      Un cordial saludo.

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