Progres

Recientemente he asistido a un ciclo de conferencias impartido por unos “progres” relativamente famosos y bien instalados en la vida. De esos catedráticos de Psicopedagogía y Sociología que, sin haber pisado nunca en su vida un aula de un colegio o instituto -si no fue en sus días de estudiantes-, no dejan de distribuir doctrina a mansalva, a veces, órdenes directas sobre cómo ha de actuar un docente. Digo órdenes porque unos cuantos de ellos son los asesores de varios gobiernillos autonómicos y aun del Ministerio de Educación del Estado, que ellos dicen. Uno tiene la sensación de que el contacto con las aulas lo obtuvieron viendo “El Club de los Poetas Muertos”. Sí, ya sé, me dirán: “ya está éste otra vez cayendo en sus perversiones particulares. No les puede ni ver, pero ahí está, escuchándoles y haciéndose litros de mala sangre”. ¿Qué quieren? Tengo este defecto. Nunca he minusvalorado al adversario, me gusta conocer de primera mano cómo piensa y cómo se expresa, aunque sólo sea para mejor rebatirlo. Esta vez, entre cabezada y cabezada (hay que ver lo plúmbeos que pueden llegar a ser estos apóstoles de la motivación y lo lúdico), me dio por pensar en cuáles son los rasgos definitorios del progre español, perdón, del Estado. Veamos:

  • Facilidad de palabra: Capacidad notable para insertar siempre tres o cuatro conceptos de forma machacona. Ya saben, las palabras de siempre, tan pisoteadas y arrastradas de cómo las ha dejado tanto farsante que anda suelto: libertad, democracia, paz, igualdad. Buen volumen de voz y tono de locutor radiofónico, antaño pregonero. Sumando estas dos cualidades resulta una gran capacidad para hacerse con un auditorio dócil y sin gran bagaje de cultura humanista. Curiosamente, después de un rato de estar largando subidos sobre una de esas tarimas que tanto denigran para los institutos, empiezan a caer en una artificiosidad y barroquismo compulsivos, de predicador en Cuaresma, de los de antes.
  • Trampas dialécticas para llevar al auditorio al huerto, o al redil si nos da por la ganadería. Me explico; se trata de un mecanismo que yo denominaría reductio ad fachorum. Si comienzo a hablar de los problemas de la enseñanza y, subrepticiamente, suelto algo sobre la “escuela franquista represora”, así como quien no quiere la cosa. Si lanzo mi perorata sobre una supuesta “autoridad democrática y cálida”, y a los treinta segundos dejo caer algo de un “taconazo”, o de disciplina militar (Pobre ejército, si muchos supieran la ONG en que lo han convertido…). No hace falta contar más, el artificio es sobradamente conocido: si tú no piensas como yo digo, eres un reaccionario, un retrógrado, y te vamos a linchar moralmente. Al tiempo que se sueltan estos silogismos ramplones, se cuelan medio de tapadillo, lindezas con carga de profundidad del tipo: “los adultos, por serlo, no saben más que los niños”, “hay que instalar a nuestro alrededor una red de iguales”, “los aseos diferenciados para alumnos y profesores son un rasgo de elitismo verticalista”.
  • Complejo de culpa sollozante y falso. Falso porque yo no lo siento lo más mínimo, pero trato de inocularlo a los otros. Se expresa de múltiples formas: “la escuela represora que padecí. La familia paternalista y castradora que sufrí. El machismo al que me llevan mis instintos criminales”. Y ya puestos, se puede ser más ambicioso, no cuesta: “mira que semos malos los occidentales, lo de la dinámica Norte-Sur, hay que ver… Pobrecillos negritos. Pobrecitos indios, lo malos que fuimos que los genocidamos a todos. Y a los guanches también. El cambio climático que hemos montado, que lo estamos destrozando . Si es que además himos sío unos racistas”. No importa que luego vaya en coche hasta para ir a mear, que tenga a un extranjero sin papeles para que me arregle el jardincillo y que siempre me compre la última chuminada que sacan, como si no supiera dónde y quién las hace.
  • Sentido del humor empalagoso. Soy un maestro de la ironía. Al final, como mucho todo se queda en ser un graciosillo. Diga lo que diga hay que soltar un chascarrillo multicultural, si puede ser con desprecio al contrario, mejor que mejor. Para eso sirven epítetos como “casposo”, “aguardentoso”. En cuanto aparece, la parroquia ya sabe que nos estamos refiriendo a un retrógrado. Ya que hablamos de parroquia, y por eso de que vivimos en un país occidental donde la cultura judeocristiana impregna desde el calendario hasta el ciclo de fiestas, no es difícil que aparezca en nuestro discurso algún hecho conectado con esto último. Ya tenemos el chiste asegurado sobre los panes y los peces, o lo que sea. Es que mola tanto ser un irreverente… Ah, eso sí, ahora que también sale mucho lo del velo islámico; sobre eso no hago bromas. Es que, sabe. usted, les tengo un poquitín de miedo. Los progres nunca fueron valientes. Que dicho así parece hasta el título de un western.
  • Elitismo desdeñoso. Más bien, engreimiento. Señoritismo. Pijerío. En el sentido que tiene pijo, si dejamos lo de la anatomía, como persona que imita gestos y afeites de una clase social superior. No hay más que fijarse en cómo visten. Para más información, podemos observar los ademanes y actitud vital de esos cantantes y artistas tan izquierdistas que todos conocemos.

Una vez que les hemos descrito, que no definido, que a riesgo de ser pesado ya no es necesario, sólo nos queda decirnos: que sean como quieran, pero, ¿por qué se han cebado en la enseñanza? La enseñanza es un campo de experimentación ideal para quienes les da por la ingeniería social. Esto lo supieron de sobra Goebbels y Stalin, y ahora sus émulos de barrio y universidad cortijil hispánica. En España se han alcanzado cotas alarmantes ya que estos señores y señoras se han autoconvencido de que ellos participaron en un suceso de alta calidad épica como fue el fin de una dictadura a mediados de la década de 1970. Fin porque el dictador murió en la cama y algunos de los suyos pactaron con unos cuantos de los otros, ávidos de pillar un cacho de poder o una satrapía, comunidad autónoma quiero decir, el cuidar un poco las formas. Sobre esto se han montado una película de la Resistencia francesa, y, de esta forma, gobierne quien gobierne, los progres se han asegurado la hegemonía moral en España desde aquellas ya lejanas fechas. Y mira que son pesados. Porque se han blindado, de una forma zafia, cierto, pero que nadie se atreve a perforar. La izquierda española es una entidad trascendente, a pesar de su pretendido laicismo. Trascendente porque cifra sus objetivos y principios fuera de sus organizaciones. No hay más que ver lo que sucede ante un error evidente, una metedura de pata de uno de ellos. Sus correligionarios inmediatamente lo excluyen, lo excomulgan. Lo que sucede es que no es un verdadero izquierdista, dicen. Cuando se trata de las alianzas del PSOE con las altas finanzas, muchos de sus votantes siguen esperando un supuesto “giro a la izquierda” que lo redima, como si esa izquierda fuera algo por encima de las organizaciones que se reconocen en ese concepto. Y en la enseñanza es donde han querido montar el juego de rol de una revolución que nunca existió. Claro que nosotros, los tiernos docentes, también les hemos ayudado a base de bien con el descenso de nuestra calidad académica y, ¿por qué no?, humana. Somos burócratas, y es lo que tiene. En fin, que si se encuentra a los conferenciantes progres, no se duerma, que esto es como una película de zombis y puede despertarse donde no le gustaría estar.

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Categorías: Crónicas del País de las Maravillas, Panlogsianismo

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5 comentarios en “Progres”

  1. JGV
    7 mayo 2010 a 12:44 #

    Yo ya sé muy bien quiénes son mis enemigos -los calé desde el primer año que tuve la desgracia de dedicarme a la enseñanza en este país de mierda. Así que no pierdo ni un minuto de mi tiempo en escuchar una de sus miserables puestas en escena. Son unos ignorantes, mediocres, resentidos y una lacra social. Personalmente hace tiempo ya que decidía no asistir a ni un solo curso de didáctica de nada y menos de mi especialidad (música), que se presta maravillosamente a las gilipolleces más escandalosas. A partir de ahora sólo haré algún curso si me place o si sinceramente lo considero necesario, importándome un bledo si certifico sexenios o lo que sea. Por lo demás coincido plenamente con tu excelente descripción del progre educativo, tal vez un tanto benevolente. Yo creo que merecen insultos aún peores y no se trata de de caer en lo soez, sino que llega un momento que es tal el daño (humano) que está gentuza hace que sólo merecen el insulto.

    Un saludo.

  2. Mariano
    7 mayo 2010 a 15:06 #

    Este artículo es impecable y totalmente necesario, porque todavía hay gente en la profesión docente y entre los ciudadanos no informados que no es consciente de la influencia que ejerce esa estirpe en el mundo educativo español. Y no sólo español. La descripción de ese colectivo tan funesto para la enseñanza es certera y nada hiperbólica. Se atiene a la mesura porque de ellos se podrían decir cosas peores.

    El problema grave es que estos pollos tienen cada vez más poder. Y que anhelan seguir incrementándolo. No sólo en los gabinetes ministeriales, donde entraron hace mucho tiempo, sino que son los que más han influido en el Máster de Formación del Profesorado, en muchos medios de comunicación, en partidos políticos, en sindicatos. Es que están en todas partes. En todas donde se corte el bacalao, se repartan prebendas y se pueda influir. Son un “establishment”, esperpéntico si queremos, ética y estéticamente deleznable. Pero “establishment”.

    Conclusión: Una condición necesaria del cambio educativo deseable, aunque no suficiente, es que estas personas tan gráficamente descritas en el artículo de Maximiliano Bernabé sean desenmascaradas. Y sobre todo que dejen de ser consideradas expertas en educación y pierdan todo el poder que tienen. Que no manden, que no influyan. Que los reconozcamos claramente como una plaga invasora que debe ser eliminada por fumigación. Que se vayan.

    En caso contrario, viviremos con la losa de este personal al que Fernando Lázaro Carreter llamaba “la infame turba de los pedagogos” llevando a la educación por la senda del disparate y encima aguantando su displicencia paternalista, directamente proporcional a su incompetencia intelectual y a su impostura ética y política.

  3. 7 mayo 2010 a 17:58 #

    Ese “establishment” que lamentablemente crece por doquier, en el mundillo de las TiC hay una ganadería dominante y petulante que aparece en todos los carteles, tiene como máximo objetivo medrar y cobrar dietas y conferencias. La educación les importa un pimiento, además de no saber en qué consiste en realidad ser maestro. Entre otras cosas porque no lo han sido nunca.

  4. Maximiliano Bernabé Guerrero
    11 mayo 2010 a 10:16 #

    Naturalmente que yo también sé quiénes son mis enemigos. Si embargo, a diferencia del querido JGV, sí pierdo algo de mi tiempo en las lamentables puestas en escena de estos ignorantes, mediocres y resentidos. Me trago ese sapo, y algunos más que no no cuento. Menospreciar al enemigo es abrirle la puerta para que siga dominando. Son infames pero, en absoluto, tontos. Para desmontar el edificio hay que conocer sus cimientos (no obstante frágiles) y luego desmontarlo, con decisión cuando llegue la hora. La coherencia ha de ser nuestra primera virtud. Estoy un poco harto de tanto colega que despotrica de LOGSE, LOE… y a continuación castiga a su hija… A PENSAR. De todos modos, es necesario mucha más gente con la rabia que muestras, JGV. Guárdala, que no te estalle, que la emplearás “por la causa”.

  5. Delia
    11 mayo 2010 a 22:24 #

    ¡Qué “escandalosos” comentarios! ¡Qué maravilla! ¡Qué suerte poder leeros!

    Maximiliano, JGV, Mariano…Ya era hora de que alguien pusiera por escrito y en la palestra todas estas ideas tan silenciadas en los centros. Este foro es un respiradero para el malestar de muchos y esperemos que inspiración y punto nuevo de partida para muchos.

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